{"id":45088,"date":"2011-07-15T06:15:07","date_gmt":"2011-07-15T04:15:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/espiritualidad-vicenciana-vida-teologal\/"},"modified":"2011-07-15T06:15:07","modified_gmt":"2011-07-15T04:15:07","slug":"espiritualidad-vicenciana-vida-teologal","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-vida-teologal\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Vida teologal"},"content":{"rendered":"<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/vida_teologal.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-45115\" title=\"vida_teologal\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/vida_teologal-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a>La vida teologal es la expresi\u00f3n de la comu\u00adni\u00f3n de vida a que Dios nos llama en Cristo. El evangelio de san Juan presenta a Jesucristo co\u00admo la Palabra de Dios que se hace hombre para manifestar a los hombres el misterio de su Padre y comunicarles as\u00ed la \u00abvida eterna\u00bb, es decir, su propia vida que es la vida misma de Dios (Jn. 1, 1\u00ad18; 5, 37-38; 5, 32-40; 14, 10-12; etc.). A la revela\u00adci\u00f3n y donaci\u00f3n de Dios en Cristo, responde el hombre en la entrega total y confiada (DV, 5).<\/p>\n<p>En esa experiencia profunda del amor de Dios que se hace presente en Cristo, aprende Vicen\u00adte de Pa\u00fal a salir de s\u00ed mismo mediante una con\u00adversi\u00f3n radical, para apoyarse \u00fanicamente en Dios y vivir de la vida de Cristo (J. M. L\u00f3pez Ma\u00adside, <em>Uni\u00f3n con Dios y servicio de los pobres, <\/em>en <em>Studium Legionense <\/em>(1984)239-309). El le reve\u00adla el infinito amor de Dios al hombre y, a su vez, le ense\u00f1a el camino de ese amor que lo lleva a humillarse \u00abtomando la condici\u00f3n de esclavo\u00bb (Fil. 2, 7) y a ocuparse de la evangelizaci\u00f3n de los pobres y su identificaci\u00f3n con ellos. Desde esa experiencia, toda la vida de Vicente es un es\u00adfuerzo de uni\u00f3n e identificaci\u00f3n con Cristo. Su primer bi\u00f3grafo anota esta confesi\u00f3n del santo: <em>\u00abNada me agrada sino en Jesucristo\u00bb <\/em>(Abelly, 1, 28). Esta adhesi\u00f3n inquebrantable a Jesucristo se manifiesta y realiza en la vida teologal, una vida de fe, esperanza y caridad. <em>\u00abEs preciso <\/em>-recorda\u00adr\u00e1 a los misioneros- <em>que las virtudes teologales sean las primeras que se impriman en nuestros corazones\u00bb <\/em>(XI, 40). Es lo que santo Tom\u00e1s fun\u00addamenta como necesidad de \u00abprincipios divinos\u00bb que ordenen al hombre a la \u00abbienaventuranza sobrenatural\u00bb (SumTh. 1-II, q. 62, a. 1).<\/p>\n<p>San Vicente se apoya en la teolog\u00eda cl\u00e1sica, la de santo Tom\u00e1s y del Concilio de Trento, pero no es un te\u00f3rico de la vida espiritual y tampoco ex\u00adplica a base de conceptos en qu\u00e9 consiste esta vida teologal que define su opci\u00f3n fundamental. Simplemente transmite su experiencia, siempre pensando en la animaci\u00f3n de su Comunidad, de las Hijas de la Caridad, etc. (A. Dodin, <em>Th\u00e9ologie de la Charit\u00e9 selon st. Vincent de Paul, <\/em>en <em>Vin\u00adcentena <\/em>(1976)265). En este sentido, aunque \u00e9l conoce la teolog\u00eda de la \u00e9poca que acent\u00faa la dis\u00adtinci\u00f3n de fe, esperanza y caridad como virtudes teologales, su comunicaci\u00f3n siempre resulta glo\u00adbal, acerc\u00e1ndose a la comprensi\u00f3n teol\u00f3gica ac\u00adtual que, al hablar de fe, esperanza y caridad las llama \u00abactitudes fundamentales de la existencia cristiana\u00bb e incluso \u00abaspectos diversos de una sola actitud fundamental\u00bb (J. Alfaro, <em>Cristolog\u00eda y antropolog\u00eda, <\/em>Madrid 1973, 475).<\/p>\n<p>La vida teologal vicenciana es fe operante, es\u00adperanza comprometida y caridad efectiva. Estas ac\u00adtitudes fundamentales manifiestan y conforman el n\u00facleo de la existencia vicenciana: Amor y entrega total a Cristo, d\u00e1ndose a Dios para y en la evange\u00adlizaci\u00f3n y servicio de los pobres (cf. IX, 533. 919; XI, 374s[\/note]\u2022 Expresan la naturaleza de su uni\u00f3n con Dios y del servicio y entrega a los pobres.<\/p>\n<h2>I. Vida de Fe<\/h2>\n<p>Para san Vicente, la fe supone una entrega total a Dios en Jesucristo. Es, por lo tanto, una respuesta de toda su persona. Enlaza as\u00ed con la visi\u00f3n b\u00edblica, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, que abarca los aspectos de conoci\u00admiento-confesi\u00f3n de la acci\u00f3n salv\u00edfica de Dios, abandono y sumisi\u00f3n confiada a su palabra, y comuni\u00f3n de vida con Dios que espera su cum\u00adplimiento definitivo (Alfaro, <em>Esistenza cristiana, <\/em>Roma 1979. Aporta bibliograf\u00eda). A partir de esta visi\u00f3n global es como adquiere sentido el estu\u00addio de la fe vicenciana y el an\u00e1lisis de los diver\u00adsos aspectos y elementos que la integran.<\/p>\n<h3>1.1. La luz de la fe<\/h3>\n<p>La fe da el verdadero conocimiento, hace ver la realidad aut\u00e9ntica, la cosas tal como son en Dios. La visi\u00f3n humana est\u00e1 llena de ilusiones y apariencias. La raz\u00f3n humana no alcanza la raz\u00f3n divina. <em>\u00abLo que nos enga\u00f1a ordinariamente es la apariencia de bien seg\u00fan la raz\u00f3n humana, que nunca o muy raras veces se conforma con la di\u00advina\u00bb (II, 398). <\/em>Por eso, el primer paso es acudir a Dios y pedirle la luz que permita descifrar las ilu\u00adsiones (cf. X1, 626). Hay que dejar que la gracia de Dios penetre hasta el fondo del alma para que los ojos se conviertan en <em>\u00abojos cristianos y desapa\u00adrezcan las nubes del esp\u00edritu\u00bb <\/em>(cf. XI, 567). Esto supone el desprendimiento de toda atadura te\u00adrrena y la entrega a Dios sin reserva (cf. XI, 207; Coste, <em>MV, <\/em>III, 211s).<\/p>\n<p>A las almas, no se llega por los grandes ra\u00adzonamientos o discursos filos\u00f3ficos, sino a trav\u00e9s de la predicaci\u00f3n conforme a la luz de la fe que va siempre acompa\u00f1ada <em>\u00abde una cierta unci\u00f3n celestial, que se derrama secretamente en el co\u00adraz\u00f3n de los creyentes\u00bb <\/em>(XI, 724). La fe la da Dios a los sencillos. Ellos creen, palpan, saborean las palabras de la vida, porque los ha enriquecido con una fe viva que les permite penetrar las verdades. Por eso, aunque hay que tener ciencia y estudiar, ha de ser sobriamente. La fe ha de ser sobria e \u00edntegra, aceptando prontamente lo que la Igle\u00adsia propone. Cuando uno se quiere apoyar en la sutileza del razonamiento y en la luz de la ciencia corre peligro de quedar deslumbrado, como le pasa al que intenta mirar al sol (cf. Abelly, <em>o. c., <\/em>III, 4). En este sentido, ha de entenderse el mie\u00addo de san Vicente a verse envuelto en \u00ablos erro\u00adres de alguna nueva doctrina\u00bb (X1, 730).<\/p>\n<p>La discrepancia entre la visi\u00f3n aparente y la de la fe se hace particularmente visible frente a las dificultades y, sobre todo, ante los pobres. Aqu\u00ed, se manifiesta sensiblemente la necesidad de la gracia para mirar las cosas como son en Dios y no dejarse enga\u00f1ar por las apariencias. La fe no s\u00f3lo hace ver a los hombres todos iguales en dignidad y tratarlos sin \u00abacepci\u00f3n de perso\u00adnas\u00bb, sino que tambi\u00e9n permite reconocer en el pobre un estado de vida m\u00e1s conforme al que lle\u00adv\u00f3 nuestro Se\u00f1or Jesucristo (cf. X1, 712). M\u00e1s a\u00fan, penetra en la cara m\u00e1s oscura de la miseria hu\u00admana y descubre la realidad como es en Dios, pre\u00adcisamente en esa cara desagradable. \u00ab<em>No hemos de considerar a un pobre campesino o a una po\u00adbre mujer seg\u00fan su aspecto exterior, ni seg\u00fan la impresi\u00f3n de su esp\u00edritu, dado que con frecuen\u00adcia no tienen ni la figura ni el esp\u00edritu de las per\u00adsonas educadas, pues son vulgares y groseros. Pero dadle la vuelta a la medalla y ver\u00e9is con las luces de la fe que son los que representan al Hi\u00adjo de Dios que quiso ser pobre\u00bb <\/em>(XI, 725). Cuan\u00addo la luz de la fe alcanza la claridad que ten\u00eda en san Vicente, ver a los pobres en Jesucristo, des\u00adcubrir que son hermanos nuestros y miembros de Jesucristo es una verdad que casi se puede pal\u00adpar. <em>\u00abAl servir a los pobres, se sirve a Jesucristo\u2026 Y esto es tan verdad como que estamos aqu\u00ed\u00bb <\/em>(IX, 240).<\/p>\n<h3>1.2. La confianza de la fe<\/h3>\n<p>La luz de la fe es ahora el punto de apoyo de la visi\u00f3n. El fundamento de la confianza del hom\u00adbre no est\u00e1 ya en sus propias fuerzas, sino en Dios, y de ah\u00ed su seguridad (cf. II1, 124; 1V, 370). Es\u00adte punto de apoyo es decisivo a la hora de actuar, pues lleva a hacerlo dependiendo de Dios. Bus\u00adcar el apoyo de los hombres puede significar el dejar de lado la mira de Dios (cf. VIII, 295) . La con\u00adfianza de la fe es la que mantiene y conforta en los momentos dif\u00edciles. En medio de las dificul\u00adtades, cuando todo parece imposible al hombre, se muestra claro que su fuerza est\u00e1 en Dios, <em>\u00abque da una fe, una claridad, una evidencia de fe tan grandes que se desprecia todo; no se asusta uno entonces ante la muerte\u00bb <\/em>(XI, 84s). Esa claridad y seguridad de la fe (cf. Hebr. II, 1) constituye la verdadera riqueza del hombre. \u00ab<em>La fe es una gran posesi\u00f3n para los pobres, ya que una fe viva ob\u00adtiene de Dios todo cuanto razonablemente que\u00adremos. Hijas m\u00edas, si sois verdaderamente po\u00adbres, sois tambi\u00e9n verdaderamente ricas, ya que Dios es vuestro todo\u00bb <\/em>(IX, 99s).<\/p>\n<p>La confianza en Dios se traduce expl\u00edcitamente en un apoyarse en Jesucristo, cuya persona y doctrina no pueden fallar (cf. X1, 417). Esta expe\u00adriencia es tan viva que san Vicente se atreve a pre\u00adguntar, casi en tono conminatorio: <em>\u00abDecidme, \u00bfno dice la verdad nuestro Se\u00f1or? Y puesto que nos la dice siempre, \u00bfpor qu\u00e9 no lo creemos?<\/em>\u00bb (IX, 130).<\/p>\n<h3>1.3. Fe operante<\/h3>\n<p>La fe vicenciana no se queda en puro asenti\u00admiento. Lleva a la entrega a Jesucristo, a la con\u00adfianza absoluta en Dios. Pero esto no le basta, ne\u00adcesita probar esta entrega, ser activa. Es la fe que se expresa en obras, seg\u00fan la doctrina tridentina tan profundamente asimilada por san Vicente (cf. J. Le Brun, Le grande si\u00e9cle de la spiritualit\u00e9 francai\u00adse et ses lademains, en DS, V(1964)929) que, se\u00adg\u00fan el Vaticano II, se manifiesta en \u00abobediencia\u00bb y \u00abtestimonio\u00bb (DV, 5, 8, 10; LG, 12, 32, 35). Hay que desconfiar de una fe inactiva, inoperante. Vendr\u00eda a resultar un enga\u00f1o para uno mismo (cf. XI, 733). Quien reconoce a Jesucristo no puede menos de sumarse a su misi\u00f3n. Esta experiencia es la que hace madurar la fe de Vicente de Pa\u00fal. Sumergi\u00addo en la noche de la tentaci\u00f3n contra la fe, se es\u00adfuerza en actuar por fe y servir a Jesucristo, prin\u00adcipalmente en la visita y consuelo a los pobres enfermos del Hospital de la Caridad, en el barrio de Saint-Germain. Y finalmente, para honrar m\u00e1s a Jesucristo y para imitarlo m\u00e1s perfectamente de lo que hasta entonces hab\u00eda hecho, decide en\u00adtregar toda su vida por su amor en el servicio de los pobres. En ese momento, su fe adquiere tal claridad que en adelante ver\u00e1 las verdades de fe con luz singular (cf. Abelly, o. c., III, 117-119).<\/p>\n<p>A la misma conclusi\u00f3n, llega por el camino de la experiencia pastoral. No son los razona\u00admientos ni la ilustraci\u00f3n de las verdades los que convencen, sino precisamente la fe operante. Ah\u00ed, es donde se reconoce que el Esp\u00edritu Santo act\u00faa en la Iglesia (cf. XI, 729).<\/p>\n<p>En definitiva, lo que cuenta para san Vicente es \u00abuna fe que se traduce en amor\u00bb y el amor que se hace efectivo (Ga1. 5, 6).<\/p>\n<h2>II. La esperanza y la adorable provicencia de Dios<\/h2>\n<p>Toda una vida de fe, esperanza y amor que\u00adda al descubierto en la siguiente confesi\u00f3n: \u00abPor eso, siento una devoci\u00f3n especial en ir siguien\u00addo paso a paso la adorable Providencia de Dios\u00bb (II, 176). Esta frase encierra toda la existencia vi\u00adcenciana. Ante todo, se expresa la prevalencia \u00fanica del punto de vista de Dios. Todo ha de en\u00adfocarse con esa perspectiva. La actuaci\u00f3n cobra sentido en el plano de la Providencia. Despu\u00e9s de aceptar con confianza la realidad en la que Dios habla, ser\u00e1 preciso \u00abseguir paso a paso\u00bb sus in\u00addicaciones. Pero quien da vida a este compromi\u00adso, es el mismo Dios, su \u00abadorable Providencia\u00bb, la uni\u00f3n a Jesucristo.<\/p>\n<h3>2.1. Mirar s\u00f3lo a Dios<\/h3>\n<p>El principio que dirige y fundamenta el pen\u00adsamiento y la acci\u00f3n de san Vicente, es sin du\u00adda su fe. Esta le permitir\u00e1 leer todos los aconte\u00adcimientos y ver todas las situaciones a la luz de Dios. Est\u00e1 convencido de que cualquier otra co\u00adsa que no sea dirigida por la gloria de Dios, no servir\u00e1 m\u00e1s que de perjuicio. Es necesario mirar s\u00f3lo a Dios y a su gloria (cf. X1, 530s). Las mis\u00admas dificultades tienden a veces a que se reco\u00adnozca la acci\u00f3n de Dios en una obra. A \u00c9l se le debe atribuir todo bien. <em>\u00abSi hay alg\u00fan bien en nosotros y en nuestra manera de vivir, es de Dios y \u00c9l es quien tiene que manifestarlo, si lo cree conveniente\u00bb <\/em>(V1, 169s). La entrega total a Dios lleva, a imitaci\u00f3n de Jesucristo, a someter\u00adse a la divina Providencia como un jumento que obedece a todo lo que se quiere, cuando se quie\u00adre y de la manera que se quiere (cf. X1, 530s). La clave est\u00e1 en no mirar m\u00e1s que a Dios. <em>\u00ab\u00a1Oh Compa\u00f1\u00eda\u2026! \u00a1Si quisiera Dios animarte de su es\u00adp\u00edritu para que no mirases m\u00e1s que a Dios en to\u00addas tus acciones y sufrimientos, qu\u00e9 vida tan santa llevar\u00edas entonces\u00bb <\/em>(IX, 1144).<\/p>\n<h3>2.2. Abandono en la divina Providencia<\/h3>\n<p>El actuar de cada d\u00eda es para san Vicente un ejercicio profundo de esperanza y confianza en Dios. Una confianza fruto de la esperanza que lle\u00adna de fe, nos lleva a creer \u00abque Dios nos con\u00adceder\u00e1 la gracia de llegar al cielo, con tal que nos sirvamos de los medios que \u00c9l nos da\u00bb (1X, 1049). Esta confianza lleva a aceptar los caminos de la Providencia sean cuales sean, aun los de la cruz, las enfermedades, la tristeza, los abandonos in\u00adteriores. Hay que abandonarse a la Providencia por completo, \u00ablo mismo que el ni\u00f1o al cuidado de su madre\u00bb (IX, 1050). La confianza en Dios no tiene otro l\u00edmite que el modelo del Hijo confian\u00addo en su Padre (cf. 1X, 1057).<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal reconoce la voz de Dios, su voluntad, en los sucesos de cada d\u00eda. Los acon\u00adtecimientos son como los pasos por los que nos gu\u00eda la divina Providencia. <em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 felicidad no que\u00adrer m\u00e1s que lo que Dios quiere, no hacer m\u00e1s que lo que la Providencia nos va se\u00f1alando en cada ocasi\u00f3n, y no tener nada m\u00e1s que lo que nos d\u00e9 su Providencia!\u00bb <\/em>(III, 170). No importan las cir\u00adcunstancias ni el signo de los acontecimientos. Debemos recibirlos todos con la misma \u00abbuena disposici\u00f3n\u00bb, <em>\u00abcreyendo que todo lo que suce\u00adde es lo mejor para nosotros, aunque sea con\u00adtrario a nuestros sentimientos\u00bb <\/em>(VII, 240).<\/p>\n<p>El primer movimiento es dar ocasi\u00f3n a la Pro\u00advidencia para que se manifieste. De ah\u00ed, el lema de procurar \u00ab<em>seguir la adorable Providencia de Dios en todas las cosas y no ir por delante de ella\u00bb <\/em>(III, 174). Sin embargo, el momento de la Provi\u00addencia no excusa del propio esfuerzo. <em>\u00abHay que confiar en Dios, dedicarnos a nuestras tareas y encomendar todo lo dem\u00e1s a la Providencia\u00bb <\/em>(IV, 344). Hay que esperarlo todo de la Providen\u00adcia como si no hubiera ning\u00fan medio humano, pe\u00adro al mismo tiempo servirse de todos los medios l\u00edcitos y posibles como si Dios no tuviera que ayudarnos. Dos palabras definen certeramente esta actitud vicenciana ante el paso de la Provi\u00addencia: <em>\u00abApresur\u00e9monos lentamente\u00bb <\/em>(V, 374). Con raz\u00f3n, pudo ser considerado san Vicente co\u00admo uno de los hombres m\u00e1s prudentes de su tiempo y, a la vez, como un innovador y un ge\u00adnio de la acci\u00f3n (Coste, <em>o. c., <\/em>III, 229; Abelly, <em>o. c., <\/em>III, 247).<\/p>\n<h3>2.3. Indiferencia activa y pasiva<\/h3>\n<p>Hay un campo donde la respuesta a la Provi\u00addencia est\u00e1 clara. Hay que cumplir lo mandado y evitar lo prohibido. De no mediar un motivo en contra, se aconseja seguir lo que repugna a la na\u00adturaleza.<span id='easy-footnote-1-45088' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-vida-teologal\/#easy-footnote-bottom-1-45088' title='Se ha aplicado a san Vicente el esquema tomista desarrollado por san  Francisco de Sales sobre la voluntad de Dios significada o de signo y la  voluntad de benepl\u00e1ci\u00adto. Cf. J. Kapusciak, &lt;em&gt;il compimento della volont\u00e1 di Dio co\u00adme principio unificatore fra azione e preghiera in san Vin\u00adcenzo de Paoli, &lt;\/em&gt;Roma 1982, 98-149.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> Pero la Providencia dirige tambi\u00e9n a tra\u00adv\u00e9s de los acontecimientos y sucesos de cada d\u00eda, aun de los imprevistos. Para estar prontos a dar una respuesta en esta situaci\u00f3n, se requie\u00adre en primer lugar una indiferencia activa. Esta indiferencia, por una parte, lleva al desapego <em>\u00abde nuestro juicio, de nuestra voluntad, de nuestras inclinaciones y de todo lo que no es Dios\u00bb <\/em>(XI, 532), y, por otra parte, llena de amor de Dios e inclina a todo lo que lleva a \u00c9l (XI, 526).<\/p>\n<p>En segundo lugar, la respuesta es de acep\u00adtaci\u00f3n de cualquier acontecimiento agradable o triste, <em>\u00abcreyendo que todo lo que sucede es lo mejor para nosotros, aunque sea contrario a nues\u00adtros sentimientos\u00bb <\/em>(VI1, 240; cf. IX, 86). La con\u00adfianza absoluta en Dios lleva a vivir la misma ex\u00adperiencia de san Pablo: \u00abcon los que aman a Dios, con los que \u00c9l ha llamado siguiendo su pro\u00adp\u00f3sito, \u00c9l coopera en todo para su bien\u00bb (Rom. 8, 28). De verdad, <em>\u00abel gran secreto de la vida espiritual es poner en sus manos todo lo que amamos, abandon\u00e1ndonos a nosotros mismos para todo lo que \u00c9l quiera, con una perfecta con\u00adfianza en que todo ir\u00e1 mejor\u00bb (VI <\/em>I I, 243s). San Vi\u00adcente ten\u00eda esta experiencia de s\u00ed mismo y de la vida de la Compa\u00f1\u00eda, tanto en lo concerniente a las personas como a los bienes (cf. X1, 739. 364).<\/p>\n<h3>2.4. <em>La propia acci\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>La Providencia act\u00faa y se manifiesta a trav\u00e9s de la acci\u00f3n humana. La vida se desarrolla y rea\u00adliza en la acci\u00f3n. La respuesta vicenciana a la in\u00advitaci\u00f3n de la divina Providencia no puede que\u00addarse s\u00f3lo en pureza de intenci\u00f3n, ni siquiera en el campo de la indiferencia activa y pasiva. Hay que poner en marcha todas las facultades que con\u00adducen a analizar, consultar, experimentar y ob\u00adservar.<span id='easy-footnote-2-45088' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-vida-teologal\/#easy-footnote-bottom-2-45088' title='cf. Abelly, &lt;em&gt;o. c., &lt;\/em&gt;III, 259. En este sentido ha escrito Cos\u00adte: \u00abLo que \u00e9l llama Providencia se confunde pr\u00e1cticamente con la experiencia\u00bb, &lt;em&gt;o. c., &lt;\/em&gt;III, 232.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> Esto es, una b\u00fasqueda activa y cumpli\u00admiento de la voluntad de Dios. <em>\u00abEn resumen, el ejercicio de hacer siempre la voluntad de Dios es m\u00e1s excelente que todo esto, ya que compren\u00adde la indiferencia y la pureza de intenci\u00f3n y todas las dem\u00e1s maneras practicadas y aconsejadas\u00bb <\/em>(XI, 447).<\/p>\n<p>El motor de toda respuesta, del seguir paso a paso a la divina Providencia, es el conformarse a Jesucristo, haci\u00e9ndolo todo por amor de Dios. <em>\u00abNo basta con hacer las cosas que Dios nos or\u00addena, sino que adem\u00e1s es preciso hacerlas por amor de Dios; cumplir la voluntad de Dios, y cum\u00adplir esa misma voluntad de Dios seg\u00fan su volun\u00adtad, es decir, lo mismo que nuestro Se\u00f1or cum\u00adpli\u00f3 la voluntad de su Padre durante su estancia en la tierra\u00bb <\/em>(XI, 309; cf. XI, 448s. 209s).<\/p>\n<h2>III. Existencia en caridad<\/h2>\n<p>La caridad de Vicente de Pa\u00fal llega a arraigar tan profundamente en su ser que se dir\u00eda que le es connatural. Una connaturalidad que es fruto de su \u00abhumanidad compasiva\u00bb penetrada del amor de Dios (cf. M. Leuret-Dupanloup, <em>Le coeur de Saint Vincent de Paul. <\/em><em>Splendeur de chant\u00e9 et de fraternit\u00e9 humaine, <\/em>Paris 1971, 311). Su vida es una existencia en caridad (cf. Abelly, <em>o. c., <\/em>III, 259; A. Dodin, <em>Th\u00e9ologie de la chant\u00e9 selon st. <\/em><em>Vincent de Paul, <\/em>en <em>Vincentiana <\/em>(1976)263-284). El dina\u00admismo del amor impregna, conduce y consume toda su vida. <em>\u00abConsumirse por Dios, no tener bie\u00adnes ni fuerzas m\u00e1s que para gastarlos por Dios, es lo que hizo nuestro Se\u00f1or, que se consumi\u00f3 por amor a su Padre\u00bb <\/em>(X, 222; cf. VI1, 474). Su vi\u00adda adquiere una expresi\u00f3n de amor que no escapa a sus contempor\u00e1neos. \u00abQu\u00e9 dichosos son us\u00adtedes al poder ver y o\u00edr todos los d\u00edas a un hom\u00adbre tan lleno de Dios\u00bb, declara Bossuet a sus mi\u00adsioneros (Collet, <em>Vie de st. Vincent de Paul, <\/em>Nancy 1748, II, 113).<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que profundiza en el amor de Dios, crece y vive en el amor al pr\u00f3jimo, a los pobres. Por y en el amor de Cristo llega a la experiencia del amor misericordioso de Dios hacia los hombres y a su encuentro amoroso con los pobres. Aqu\u00ed, est\u00e1 la ra\u00edz de su pasi\u00f3n por los po\u00adbres (cf. Coste, o. c., III, 225). Aqu\u00ed, adquiere pleni\u00adtud su visi\u00f3n de los pobres en la fe y se justifica su esfuerzo continuo por \u00abseguir paso a paso\u00bb la divina Providencia. El fundamento est\u00e1 en el mis\u00adterio de Cristo que, como Hijo, es portador de to\u00addo el amor del Padre (Jn. 3, 16. 35), un amor que abarca a todos los hombres (Ef. 1, 6 ss.). Algunas expresiones de san Vicente son especialmente re\u00adveladoras de la experiencia profunda del amor de Dios en Jesucristo. \u00abMiremos al Hijo de Dios: \u00a1qu\u00e9 coraz\u00f3n tan caritativo! \u00a1qu\u00e9 llama de amor! Jes\u00fas m\u00edo, danos, por favor, qu\u00e9 es lo que te ha sacado del cielo\u2026 \u00a1Oh Salvador! \u00a1Fuente de amor humillado hasta nosotros y hasta un suplicio in\u00adfame!\u2026 S\u00f3lo, nuestro Se\u00f1or ha podido dejarse arrastrar por el amor a las criaturas hasta dejar el trono de su Padre para venir a tomar un cuerpo sujeto a debilidades. \u00bfY para qu\u00e9? Para estable\u00adcer entre nosotros por su ejemplo y su palabra la caridad con el pr\u00f3jimo\u00bb (XI, 555).<\/p>\n<p>La vida de san Vicente se inserta en esta co\u00adrriente de amor de Cristo que tiene su origen en el Padre. En este sentido, presenta su vocaci\u00f3n a los misioneros: \u00abHemos sido escogidos por Dios como instrumentos de su caridad inmensa y paternal\u00bb (XI, 553). Ese mismo esp\u00edritu est\u00e1 en el origen de las Hijas de la Caridad. \u00abPor eso, es\u00adt\u00e1is destinadas a representar la bondad de Dios delante de esos pobres enfermos\u00bb (IX, 915).<\/p>\n<p>La inserci\u00f3n en esta vocaci\u00f3n de amor le lle\u00adva a vivir en toda profundidad la primac\u00eda absolu\u00adta del amor de Dios y de su gloria, la indisolubili\u00addad del amor a Dios y al pr\u00f3jimo, y el servicio y evangelizaci\u00f3n de los pobres como garant\u00eda del amor a Dios y a Jesucristo. Para transmitir esta experiencia, sigue especialmente la teolog\u00eda de san Pablo y de san Juan.<\/p>\n<h3>3.1. Primac\u00eda absoluta del amor de Dios<\/h3>\n<p>El amor de Dios es el principio y el fin de to\u00addo amor. Todo nace de que Dios \u00abes infinita\u00admente amable\u00bb. El mismo acto de amor a Dios queda subordinado a la bondad de Dios. Parafra\u00adseando a san Francisco de Sales, dice san Vi\u00adcente: \u00abSi esto es as\u00ed, un coraz\u00f3n verdadera\u00admente lleno de caridad, que sabe lo que es amar a Dios, no querr\u00eda ir hacia \u00c9l, si Dios no se ade\u00adlantase y lo atrajese por su gracia\u00bb (XI, 136) . Es\u00adte amor de Dios embarga toda la persona y ya no se vive m\u00e1s que para Dios. \u00abEs un fuego que ac\u00adt\u00faa sin cesar; mantiene siempre en vilo, siempre en acci\u00f3n, a la persona que se ha dejado abrasar una vez por \u00e9l\u00bb (X1, 132; cf. II, 276s).<\/p>\n<p>Pero san Vicente pasa en seguida al terreno de la acci\u00f3n. As\u00ed como el amor efectivo est\u00e1 en hacer caso del mensaje de Jesucristo, as\u00ed la pri\u00admac\u00eda del amor de Dios la considera sobre todo en el ejercicio de la caridad. En primer lugar, el amor de Dios no s\u00f3lo lleva a amarlo sobre todo, sino que pide tambi\u00e9n hacer que los dem\u00e1s lo amen. <em>\u00abNo me basta con amar a Dios, si no lo ama mi pr\u00f3jimo\u00bb. <\/em>Hay que hacer todo lo posible porque los hombres amen a Dios. El amor de Dios debe dirigir toda la vida. Sin ese amor, aun las mejores acciones quedar\u00edan sin sentido y, por lo tanto, sin valor. Su medida es exigente hasta el extremo. \u00ab<em>Valdr\u00eda m\u00e1s morir que hacer algo contra su gloria y su puro amor\u00bb. <\/em>No puede ser de otra manera, porque el modelo es Jesucristo. <em>\u00abHay que imitar al Hijo de Dios que no hac\u00eda na\u00adda sino por el amor que ten\u00eda a Dios su Padre\u00bb <\/em>(IX, 38)<\/p>\n<p>Dios llena de tal forma el coraz\u00f3n de Vicente que no sufre que una buena acci\u00f3n sea hecha sin referirla a la gloria de Dios. Es una constante de su ense\u00f1anza, tanto a trav\u00e9s de sus conferen\u00adcias y repeticiones de oraci\u00f3n, como a lo largo de su numerosa correspondencia. \u00abLa gloria de Dios\u00bb y \u00abde nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb es como el leit\u00admotiv en sus cartas.<\/p>\n<h3>3.2. Indisolubilidad del amor a Dios y al pr\u00f3jimo<\/h3>\n<p>Al hilo de los textos evang\u00e9licos Vicente pro\u00adfundiza su vivencia y reflexi\u00f3n. La existencia vi\u00adcenciana expande toda su riqueza y su caridad ad\u00adquiere fisonom\u00eda propia por la indisolubilidad con que sella la uni\u00f3n con Dios y el servicio a los po\u00adbres en Cristo. La caridad abarca no s\u00f3lo el amor a Dios, sino tambi\u00e9n al pr\u00f3jimo por amor de Dios. Ambos movimientos, de amor a Dios y al pr\u00f3ji\u00admo, se implican mutuamente, siendo el amor de Dios el origen, fuente y meta de todo amor.<\/p>\n<p>La primera raz\u00f3n de la indisolubilidad del amor a Dios y al pr\u00f3jimo, la ve san Vicente en que as\u00ed se cumple m\u00e1s perfectamente la Ley. Acude a la argumentaci\u00f3n de santo Tom\u00e1s y concluye, ani\u00admado de su propia experiencia: \u00abDadme a un hombre que ame a Dios solamente, un alma elevada en contemplaci\u00f3n que no piense en sus hermanos; esa persona, sintiendo que es muy agradable esta manera de amar a Dios, que le parece que es lo \u00fanico digno de amor, se detie\u00adne a saborear esa fuente infinita de dulzura. Y he aqu\u00ed, otra persona que ama al pr\u00f3jimo, por muy vulgar y rudo que parezca, pero lo ama por amor de Dios. \u00bfCu\u00e1l de esos dos amores cre\u00e9is que es el m\u00e1s puro y desinteresado? Sin duda, que el se\u00adgundo, pues de ese modo se cumple la ley m\u00e1s perfectamente\u00bb (XI, 552s; cf. SumTh II-II, q. 27, a. 8, c.).<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, profundiza en ese dinamismo interno que liga el amor a Dios y el amor al pr\u00f3ji\u00admo. En el fondo, quien ama a Dios tiene que amar a aqu\u00e9l a quien Dios ama. Por lo mismo, el que ama al pr\u00f3jimo se est\u00e1 haciendo acreedor del amor de Dios, porque Dios ama al pr\u00f3jimo, al po\u00adbre {cf. Xl, 273). El verdadero fundamento de esa unidad est\u00e1 en el misterio de la Creaci\u00f3n y de la Redenci\u00f3n. Por la creaci\u00f3n, el hombre es imagen de Dios y como tal merece ser amado. Pero, ade\u00adm\u00e1s, por la Redenci\u00f3n, Dios lo ha hecho objeto de su amor especial y lo considera como hijo en Jesucristo.<\/p>\n<p>Al hablar de la caridad fraterna en comunidad, san Vicente da como raz\u00f3n de la uni\u00f3n, y aun de la uniformidad, entre los miembros de la comu\u00adnidad, la imitaci\u00f3n de la unidad e intimidad que existe en la Sant\u00edsima Trinidad. \u00ab<em>Manteng\u00e1monos en este esp\u00edritu, si queremos tener en nosotros la imagen de la adorable Trinidad, si queremos te\u00adner una santa uni\u00f3n con el Padre, con el Hijo y con el Esp\u00edritu Santo\u00bb <\/em>(Xl, 548; cf. IX, 67. 940; cf. Jn 17, 11. 21).<\/p>\n<p>Un motivo m\u00e1s de la inseparabilidad del amor de Dios y del amor al pr\u00f3jimo nace de la expe\u00adriencia de quien ha vivido la afirmaci\u00f3n de san Juan: \u00abQuien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en El\u00bb (1 Jn. 4, 16). El amor al pr\u00f3\u00adjimo se funda en el amor de Dios que nos ha da\u00addo a su propio Hijo. Es un amor que viene de Dios. Quien ama con ese amor, participa de la vi\u00adda de Dios, se puede llamar hijo de Dios. As\u00ed, ex\u00adplica san Vicente el mismo nombre de Hijas de la Caridad: \u00ab\u00bfQu\u00e9 <em>cre\u00e9is, hermanas m\u00edas, que quiere decir este hermoso nombre: Hijas de la Ca\u00adridad? Nada m\u00e1s que hijas del buen Dios. Ya que el que est\u00e1 en la caridad, est\u00e1 en Dios, y Dios en \u00e9l\u00bb (IX, 67). <\/em><\/p>\n<h3>3.3. Del amor de Cristo al amor de Dios y al ser\u00advicio de los pobres<\/h3>\n<p>La caridad vicenciana m\u00e1s que de reflexiones y de conceptos teol\u00f3gicos arranca de una perso\u00adna, de Cristo (A. Dodin, <em>o. c., <\/em>276). En Cristo, des\u00adcubre san Vicente el inmenso amor de Dios, misterio escondido, que se nos revela en el dar\u00adnos a su propio Hijo. La misericordia y el amor de Dios manifestados en Jesucristo superan toda comprensi\u00f3n humana. <em>\u00abEs <\/em>menester-exclama el santo- <em>que nos eleven las luces de lo alto para ha\u00adcernos ver la altura y la profundidad, la anchura y la excelencia de este amor\u00bb <\/em>(XI, 552; cf. Ef 3, 18). Y Cristo manifiesta su total entrega y amor al Pa\u00addre precisamente en el cumplimiento de la Re\u00addenci\u00f3n. Un nombre envuelve y encierra conti\u00adnuamente el amor que san Vicente ve irradiar de Cristo. Es la palabra tan frecuente en sus labios: \u00a1Oh Salvador!<\/p>\n<p>Cristo es al mismo tiempo el modelo y la ra\u00adz\u00f3n del amor, de la caridad. El camino que ha de seguir todo el que ama a Dios, es conformarse lo m\u00e1s posible a su Hijo, siempre conscientes de la debilidad humana.<span id='easy-footnote-3-45088' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-vida-teologal\/#easy-footnote-bottom-3-45088' title='Esta idea que aflora constantemente en el pensa\u00admiento de san Vicente,  es fruto de una vivencia profunda. Un ejemplo lo tenemos en las Reglas  Comunes de la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, 1, 1.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span> La compenetraci\u00f3n con Je\u00adsucristo es m\u00e1s necesaria, si cabe, para quien in\u00adtenta vivir y participar en su misma misi\u00f3n. En to\u00addo caso, la verdadera conformaci\u00f3n requiere que, seg\u00fan la inspiraci\u00f3n de la teolog\u00eda paulina del bau\u00adtismo, toda la persona, su vida y acci\u00f3n queden permeabilizadas por la vida de Cristo.<\/p>\n<p>De acuerdo con la visi\u00f3n vicenciana, hay dos actitudes que definen la vida de Cristo: amor al Padre y caridad para con los hombres (cf. VI, 370; XI, 42s. 735s1. Jesucristo muestra su gran amor al Padre tomando la forma de siervo y aceptando to\u00adda la miseria humana. En su Encarnaci\u00f3n, se ha\u00adce hermano de todo hombre. Por eso, su rostro est\u00e1 unido al rostro singular de cada hombre, in\u00adcluso de los que no tienen a veces ni figura de hombre (cf. Xl, 725). Al verdadero hombre, ima\u00adgen de Dios y hermano de Jesucristo, s\u00f3lo se le encuentra desde el amor de Dios. De ah\u00ed, el le\u00adma vicenciano de darse a Dios para el servicio de los pobres (cf. IX, 919. 533). Pero, a su vez, el amor y servicio a los pobres es la garant\u00eda del amor a Cristo y a Dios. <em>\u00abAl servir a los pobres, se sirve a Jesucristo. Hijas m\u00edas, \u00a1cu\u00e1nta verdad es esto! Servir a Jesucristo en la persona de los pobres\u2026 Una hermana ir\u00e1 diez veces cada d\u00eda a ver a los enfermos, y diez veces encontrar\u00e1 en ellos a Dios\u00bb <\/em>(IX, 240. 302).<\/p>\n<h3>3.4. La uni\u00f3n a Dios en el servicio de los pobres<\/h3>\n<p>La conformaci\u00f3n a Jesucristo lleva a san Vi\u00adcente a la uni\u00f3n con Dios en el servicio de los pobres y, a su vez, por el servicio a los pobres realiza la conformaci\u00f3n a Jesucristo y la uni\u00f3n con Dios. Su vocaci\u00f3n se centra en hacer aquello que Jesucristo vino a hacer a la tierra (cf. XI, 324).<\/p>\n<p>Entra san Vicente en la doble vertiente de la vida de Cristo. Por una parte, quiere continuar la misi\u00f3n de Cristo en cuanto manifestaci\u00f3n de la infinita misericordia de Dios hacia el hombre, ha\u00adcia el pobre, y por otra, intenta seguir a Cristo en su amor hacia el Padre, manifestado en el dar su vida por los hombres. Ambas dimensiones se im\u00adplican mutuamente en la vocaci\u00f3n vicenciana, que vive inseparablemente el amor de Dios y el servicio de los pobres.<\/p>\n<p>En primer lugar, san Vicente se une al Cristo que encarna la misericordia de Dios, en particu\u00adlar, al presentarse \u00c9l mismo como evangelizador de los pobres (cf. RC. CM Presentaci\u00f3n a modo de carta; XI, 381-398; cf. Lc 4, 18; ls 61, 1-2). Se trata de entrar en los mismos sentimientos de Jesucristo, que, lleno de misericordia y amor hacia los hombres, dej\u00f3 \u00abel trono de su Padre\u00bb y quiso participar en todas las miserias del hombre. El esp\u00edritu de compasi\u00f3n es el que hizo venir a Je\u00adsucristo del cielo a la tierra. \u00abVela a los hombres privados de su gloria y se sinti\u00f3 afectado por su desgracia\u00bb (XI, 560)<sup><\/sup>.<span id='easy-footnote-4-45088' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-vida-teologal\/#easy-footnote-bottom-4-45088' title='Una m\u00edstica de la misericordia como elemento es\u00adpec\u00edfico de la  espiritualidad vicenciana se apunta en A. M. Rossetti, OP, S. Vincenzo  mistico della misericordia, en Di\u00advos Thomas (1960)442-455.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span> La uni\u00f3n a Dios en Jesucristo pasa por la compasi\u00f3n, por la participaci\u00f3n en la situaci\u00f3n de los pobres. \u00abCuando vayamos a ver a los pobres, hemos de entrar en sus sentimien\u00adtos y ponernos en las disposiciones de aquel gran ap\u00f3stol que dec\u00eda: me he hecho todo para todos\u00bb (X1, 233; cf. 1Cor 9, 22). Al unirse a Jesucristo evan\u00adgelizador de los pobres, se llega a participar de la misericordia de Dios, como ense\u00f1a santo Tom\u00e1s (SumTh II-II, q. 30, a. 4, ad 3). Por eso, es preciso pedir a Dios que \u00abnos d\u00e9 el verdadero esp\u00edritu de misericordia, que es el esp\u00edritu propio de Dios: pues, como dice la Iglesia, es propio de Dios con\u00adceder misericordia y dar este esp\u00edritu\u00bb (XI, 233s). Ese esp\u00edritu de misericordia es el que ense\u00f1a a en\u00adternecer el coraz\u00f3n y capacita para sentir los su\u00adfrimientos y miserias del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>La misericordia con los pobres se manifiesta en el servicio espiritual y corporal. El servicio in\u00adtegral es una constante de todas las obras vicen\u00adclanes, porque todas se esfuerzan por continuar la misi\u00f3n cumplida por Jesucristo (cf. I. Zedde, L&#8217;evagelizzazione dei poveri secondo san Vincen\u00adzo de&#8217;Paoli, Roma 1972, 99). La Hijas de la Cari\u00addad saben que su labor no es s\u00f3lo atender al cuerpo, sino tambi\u00e9n al alma. Al explicar las reglas sobre el servicio a los enfermos, san Vicente ma\u00adnifiesta su verdadera vocaci\u00f3n al servicio integral. \u00abPorque mirad, mis queridas hermanas, es muy importante servir a los pobres corporalmente; pe\u00adro la verdad es que nunca ha sido \u00e9se el plan de nuestro Se\u00f1or al hacer vuestra Compa\u00f1\u00eda, cuidar solamente de los cuerpos; porque no faltar\u00e1n per\u00adsonas para ello. La intenci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or es que asist\u00e1is a las almas de los pobres enfermos\u00bb (1X, 917). Sin embargo, a los misioneros que corr\u00edan el peligro de desentenderse de las necesidades corporales y quedarse s\u00f3lo en la atenci\u00f3n de lo es\u00adpiritual, recalca con insistencia la obligaci\u00f3n de atender tambi\u00e9n las necesidades temporales. \u00abDe modo que, si hay algunos entre nosotros que cre\u00adan que est\u00e1n en la Misi\u00f3n para evangelizar a los pobres y no para cuidarlos, para remediar sus ne\u00adcesidades espirituales y no las temporales, les di\u00adr\u00e9 que tenemos que asistirlos y hacer que los asis\u00adtan de todas las maneras, nosotros y los dem\u00e1s\u00bb (XI, 393). Es preciso, como gusta de repetir el San\u00adto, \u00abhacer efectivo el evangelio\u00bb.<\/p>\n<p>Imitando otra dimensi\u00f3n del misterio de Cris\u00adto, san Vicente se esfuerza por llegar a la comu\u00adni\u00f3n con Dios a trav\u00e9s del servicio al pobre. Co\u00admo Cristo realiza y vive su amor e intimidad con el Padre en el cumplimiento de la redenci\u00f3n y la salvaci\u00f3n del hombre, as\u00ed, \u00e9l intenta culminar su amor y uni\u00f3n con Dios a trav\u00e9s del servicio y la evangelizaci\u00f3n de los pobres. Servir al pobre es entrar en la actitud de Jesucristo, que muestra su amor al Padre dando la vida por la salvaci\u00f3n de los hombres. \u00c9ste es el sentido profundo que descubre en la vocaci\u00f3n de Hija de la Caridad. \u00abHac\u00e9is profesi\u00f3n de dar la vida por el servicio del pr\u00f3jimo, por amor a Dios. \u00bfHay alg\u00fan acto de amor que sea superior a \u00e9ste? No, pues es evi\u00addente que el mayor testimonio de amor es dar la vida por lo que se ama; y vosotras dais toda vues\u00adtra vida por la pr\u00e1ctica de la caridad; por lo tanto, la dais por Dios\u00bb (IX, 418).<\/p>\n<p>San Vicente ve en la entrega y servicio al po\u00adbre el camino de la santidad m\u00e1s eminente, equi\u00adparable a la del martirio. En efecto, aclara con argumento de autoridad: \u00abUn santo Padre dice que todo el que se entrega a Dios para servir al pr\u00f3jimo, y sufre de buena gana todas las dificul\u00adtades que all\u00ed encuentre, es m\u00e1rtir\u00bb. M\u00e1s a\u00fan, en este caso la entrega y el sufrimiento, por ser constantes, son mayores que en los m\u00e1rtires que sufren un tormento pasajero. Con propiedad se puede llamar y tener \u00abcomo m\u00e1rtires de Je\u00adsucristo\u00bb a quienes vivan este servicio a los po\u00adbres. (IX, 256).<\/p>\n<p>El camino del pobre es tambi\u00e9n el camino m\u00e1s seguro para ir hacia Dios, seg\u00fan el testimo\u00adnio del evangelista san Juan: \u00abporque quien no ama a su hermano, a quien est\u00e1 viendo, a Dios, a quien no ve, no puede amarlo\u00bb (1 Jn 4, 20). Pe\u00adro, adem\u00e1s, san Vicente encuentra el sumo de su uni\u00f3n con Dios en el servicio y la evangelizaci\u00f3n de los pobres, porque viene a amar ya con el amor de Dios, seg\u00fan la expresi\u00f3n del mismo evan\u00adgelista. \u00abDios es amor: quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en \u00e9l\u00bb (1 Jn 4, 16). Es decir, entonces vive de la vida de Dios (cf. I. de la Potterie, Adnotationes in exegesim Pri\u00admae Epistolae s. loannis, Romae 1971, 131).<\/p>\n<h2>Conclusi\u00f3n<\/h2>\n<p>La vida teologal vicenciana arranca de un cen\u00adtro y fundamento: la persona de Cristo. En el encuentro con Jesucristo descubre Vicente de Pa\u00fal el inmenso amor de Dios al hombre y la ver\u00addad de todo hombre (GS, 22), en particular de los pobres (LG, 8; Mt. 25, 31-46). Jesucristo, que se presenta como evangelizador de los pobres, ha\u00adce visible el amor misericordioso de Dios y, al mismo tiempo, manifiesta su amor y entrega to\u00adtal al Padre al dar su vida por la salvaci\u00f3n de los hombres (Jn. 10, 17-18; Ef. 5, 1). Esa experiencia personal del amor de Dios que se manifiesta en Cristo, cautiva a san Vicente y lo lleva a recono\u00adcer con san Pablo: \u00abEl vivir humano de ahora es un vivir de la fe en el Hijo de Dios, que me am\u00f3 y se entreg\u00f3 por mi\u00bb (Ga1. 2, 20). En esa determi\u00adnaci\u00f3n existencial, quedan comprometidas todas las potencias an\u00edmicas: entendimiento, voluntad y sentimiento; y est\u00e1n comprendidas todas las di\u00admensiones de la vida teologal: apertura a Dios, conversi\u00f3n radical, confianza absoluta en Jesu\u00adcristo y sus ense\u00f1anzas, y entrega amorosa y efectiva en el amor de Dios (cf. W. Kasper, <em>La fe que excede todo conocimiento, <\/em>Sal Terrae, San\u00adtander 1988, 58-61).<\/p>\n<p>La existencia vicenciana se asienta en la fe, que empe\u00f1a toda la persona, conocimiento-afec\u00adto-acci\u00f3n. La luz de la fe da una visi\u00f3n nueva que hace ver las cosas como son en Dios y no como aparecen a los hombres. La verdad que nace de esa luz lleva a apoyarse totalmente en Dios, a entregarse al seguimiento amoroso de Jesucristo. Y tanto la luz como la confianza se hacen aut\u00e9n\u00adticas en el compromiso existencial y en la acci\u00f3n. As\u00ed, la praxis no s\u00f3lo es resultado y consecuen\u00adcia, sino tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n constitutiva de la misma fe (cf. J. Alfaro, <em>Revelaci\u00f3n cristiana, fe y teolog\u00eda, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 1985, 119). En la perspectiva vicenciana de la vida teologal, la fe es siempre operante, la esperanza activa y la caridad efectiva. La fe se act\u00faa en la pr\u00e1ctica de la vida diaria mediante las obras que encarnan la espe\u00adranza y el amor (Ga1. 5, 6; Sant. 2, 16-26). Las obras vienen a ser la prueba de la fe y confianza en Dios, la forma de demostrar que se ama a Dios (cf. XI, 733s).<\/p>\n<p>La plenitud de la fe se manifiesta en el amor de Dios cumplido en el amor a los hombres. El conocimiento y amor de Dios se realiza y adquiere su autenticidad en el amor fraterno (lJn 4, 7-8. 20), que en la experiencia vicenciana se concreta en la relaci\u00f3n con los pobres. El rostro de los pobres se convierte en el rostro desfigurado de Cristo (cf. XI, 725), el servicio de los pobres equivale al ser\u00advicio de Cristo (cf. IX, 240. 302) y la dedicaci\u00f3n a los pobres significa la entrega y el amor a Dios (cf. IX, 653). El amor a Dios y al pr\u00f3jimo, la uni\u00f3n con Dios y el servicio de los pobres est\u00e1n inse\u00adparablemente unidos en la vida teologal vicen\u00adciana. De suerte que, por el amor y la uni\u00f3n con Dios, se camina al servicio de los pobres, y por la entrega al cuidado de los pobres, se llega a la comuni\u00f3n con Dios. Ambos movimientos quedan reflejados en el doble lema vicenciano: l&lt; <em>Entregarse a Dios para amar a nuestro Se\u00f1or y servirlo en la persona de los pobres corporal y es\u00adpiritualmente\u00bb <\/em>(IX, 553) y unirse <em>\u00abcon el pr\u00f3jimo por la caridad para unirnos con Dios mismo por Jesucristo\u00bb <\/em>(XI, 426).<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>L. ABELLY, La vie du venerable serviteur de Dieu Vincent de Paul\u2026 Paris 1664.- P. COSTE, El gran santo del gran siglo. El se\u00f1or Vicente, 3 v. CEME, Salamanca 1990-1992.- G. COLUCCIA, Espiritualidad vicenciana, espiritualidad de la acci\u00f3n, CEME, Salamanca 1979.- J. DELARUE, Vicente de Pa\u00fal. La fe que dio sentido a sus vida, CEME, Salamanca 1977.- J. CALVET, San Vicente de Pa\u00fal, CEME, Salamanca 1979.- A. DODIN, Th\u00e9ologie de la chant\u00e9 selon saint Vin\u00adcent de Paul, en Vincentiana (1976)63-84.- A. DODIN, San Vicente de Pa\u00fal y la caridad, CEME, Salamanca 1977.- A. DODIN, L&#8217;esprit vincentien. Le secret de Saint Vincent de Paul, Paris 1981. \u00adJ. M. IB\u00c1\u00d1EZ, Vicente de Pa\u00fal y los pobres de su tiempo, S\u00edgueme, Salamanca 1977.- J. M. IB\u00c1\u00d1EZ, Vicente de Pa\u00fal, realismo y encarna\u00adci\u00f3n, S\u00edgueme, Salamanca 1982.- J. MORIN\u201e Histoire d&#8217;une regard sur le pauvre, en Au temps de St. Vincent-de-Paul\u2026et aujourd&#8217;hui, Bordeaux 1981, pp. 41-43.- A. ORCAJO-M. P\u00c9\u00adREZ FLORES, San Vicente de Pa\u00fal. II Espiritua\u00adlidad y selecci\u00f3n de escritos, BAC, Madrid 1981.- A. REDIER, Vicente de Pa\u00fal, todo un ca\u00adr\u00e1cter, CEME, Salamanca 1977.- C. RICCARDI, Umanesimo cristocentrico di San Vincenzo de&#8217;Paoli, en Annali (1979) 8-25.- J. M. Ro\u00adM\u00c1N, San Vicente de Pa\u00fal. I Biograf\u00eda, BAC, Ma\u00addrid 1981.- E. M. RossE<sup>&#8211;<\/sup>rri, San Vincenzo mistico della misericordia, en Divus Tho\u00admas (1960) 442-455<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n La vida teologal es la expresi\u00f3n de la comu\u00adni\u00f3n de vida a que Dios nos llama en Cristo. 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