{"id":45084,"date":"2011-07-14T06:15:07","date_gmt":"2011-07-14T04:15:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/espiritualidad-vicenciana-vicente-de-paul\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:43","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:43","slug":"espiritualidad-vicenciana-vicente-de-paul","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-vicente-de-paul\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Vicente de Pa\u00fal"},"content":{"rendered":"<h2>La infancia campesina (1580-1600)<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/cuadro_vicente.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-45094\" title=\"cuadro_vicente\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/cuadro_vicente-227x300.jpg?resize=227%2C300\" alt=\"\" width=\"227\" height=\"300\" \/><\/a>Son poco conocidos los primeros a\u00f1os de la biograf\u00eda de Vicente, empezando por el de su na\u00adcimiento, que los antiguos bi\u00f3grafos fecharon un\u00e1nimemente en el martes de Pascua de 1576. Pierre Coste demostr\u00f3 que no pudo ser \u00e9se el a\u00f1o de su nacimiento y propuso el de 1581. Profun\u00addizando en los argumentos del mismo Coste, hoy d\u00eda se cree m\u00e1s probable la fecha del 5 de abril de 1580, martes de Pascua. No se duda en cam\u00adbio de que el nacimiento se produjo en la aldea de Pouy, junto a Dax, en las Landas francesas, por m\u00e1s que en fechas todav\u00eda no lejanas cierta tra\u00addici\u00f3n espa\u00f1ola sostuviera la tesis de su naci\u00admiento en Tamarite de Litera, en la provincia es\u00adpa\u00f1ola de Huesca. Tercero de los seis hijos de una modesta familia campesina formada por Juan (o Guillermo) de Pa\u00fal y Bertranda de Moras, Vicen\u00adte se aplic\u00f3 en los primeros a\u00f1os a ayudar en los trabajos agr\u00edcolas y en la guarda del peque\u00f1o re\u00adba\u00f1o familiar. De esta \u00e9poca datan las primeras an\u00e9cdotas, m\u00e1s o menos legendarias. Seg\u00fan ellas, Vicente habr\u00eda sido un ni\u00f1o caritativo y piadoso, que gustaba de encomendarse a la Sant\u00edsima Vir\u00adgen ante una imagen suya colocada en el hueco de un roble y al que enternec\u00eda ya la miseria de los pobres. Este \u00faltimo rasgo le habr\u00eda impulsa\u00addo a repartir pu\u00f1ados de harina a los mendigos e incluso, en cierta ocasi\u00f3n, a entregar a uno de ellos sus peque\u00f1os ahorros personales. Gracias a los sacrificios familiares (su padre vendi\u00f3 al efecto un par de bueyes) y a la ayuda del juez de Pouy, Sr. de Comet, Vicente pudo iniciar estudios de en\u00adse\u00f1anza media en el colegio de los Franciscanos de Dax. Se dedic\u00f3 a ellos durante dos a\u00f1os (1595- 1597), al mismo tiempo que ejerc\u00eda funciones de preceptor con los hijos menores de su protector.<\/p>\n<p>A esta \u00e9poca pertenece otra an\u00e9cdota menos edificante que las de la infancia y que conocemos por el propio Vicente: la verg\u00fcenza que sent\u00eda cuando su padre le visitaba en el colegio <em>\u00abporque iba mal vestido y cojeaba un poco\u00bb. <\/em>Estimulado por su propia familia, Vicente emprendi\u00f3 el \u00fani\u00adco camino abierto entonces para la promoci\u00f3n social de las clases humildes: la carrera eclesi\u00e1s\u00adtica, que recorri\u00f3 r\u00e1pidamente: el 20 de diciem\u00adbre de 1596 recib\u00eda en Bidache las \u00f3rdenes me\u00adnores; el 19 de septiembre y el 19 de diciembre de 1598, respectivamente, el subdiaconado y el diaconado en Tarbes y, en fin, el 23 de septiem\u00adbre de 1600, en Ch\u00e1teau-l&#8217;Ev\u00e9que, de manos del obispo de P\u00e9rigueux, Francisco de Bourdeilles, el sacerdocio. La \u00faltima fecha plantea el problema de la irregularidad de la ordenaci\u00f3n sacerdotal de Vicente, quien en el momento de su ordenaci\u00f3n no ten\u00eda m\u00e1s que veinte a\u00f1os, es decir cuatro menos de los exigidos por el Concilio de Trento, si bien \u00e9ste no estaba a\u00fan promulgado en Fran\u00adcia y no lo ser\u00eda hasta 1614. En todo caso, el da\u00adto prueba por una parte, que Vicente estaba en\u00adtonces lejos de ser el fervoroso reformador que ser\u00eda m\u00e1s adelante y por otra, que su ordenaci\u00f3n sacerdotal, m\u00e1s que a una vocaci\u00f3n divina \u00ednti\u00admamente sentida, obedec\u00eda a una ambici\u00f3n hu\u00admana -demasiado humana- de abrirse camino en la vida.<\/p>\n<h2>Los a\u00f1os de peregrinaci\u00f3n y aprendizaje. La con\u00adversi\u00f3n (1600-1617)<\/h2>\n<p>Esa misma ambici\u00f3n sigui\u00f3 movi\u00e9ndole en sus a\u00f1os juveniles. Hizo s\u00f3lidos estudios ecle\u00adsi\u00e1sticos en las Universidades de Toulouse y Za\u00adragoza. En esta \u00faltima su estancia fue breve, in\u00adterrumpida acaso por el fallecimiento de su padre, ocurrido en 1598. Apenas ordenado, aspir\u00f3 a su primer beneficio eclesi\u00e1stico, la parroquia de Thil, en su di\u00f3cesis natal de Dax. No habi\u00e9ndolo ob\u00adtenido, realiz\u00f3 una peregrinaci\u00f3n a Roma (1600) y al regreso reanud\u00f3 los estudios en Toulouse hasta alcanzar en 1604 el t\u00edtulo de Bachiller en Te\u00adolog\u00eda. Para sufragar los estudios se ayud\u00f3 ins\u00adtalando un pensionado para colegiales que fue bastante concurrido. Aqu\u00ed se produce en la vida de Vicente una aventura imprevista, que \u00e9l mis\u00admo cont\u00f3 en dos cartas al Sr. de Comet. En ellas Vicente explica que una anciana de Castres le de\u00adj\u00f3 en herencia una suma que a ella le deb\u00eda otro individuo. Vicente se aprest\u00f3 a cobrar el legado. A este fin emprendi\u00f3 viaje a Castres, donde se encontr\u00f3 con la sorpresa de que el deudor, suje\u00adto poco recomendable, hab\u00eda huido a Marsella. Hasta all\u00e1 se fue Vicente, consiguiendo al fin que se le hiciera efectiva la suma. Pero al regresar por mar v\u00eda Marsella-Narbona, el barco en que viaja\u00adba fue apresado por piratas berberiscos y Vicente, con el resto del pasaje y la tripulaci\u00f3n fue lle\u00advado a T\u00fanez, donde fue vendido como esclavo. Durante dos a\u00f1os permaneci\u00f3 all\u00ed (1605-1607), pasando sucesivamente por cuatro amos distin\u00adtos. Habiendo convertido al \u00faltimo de ellos, un re\u00adnegado de Niza, Vicente huy\u00f3 con \u00e9l para llegar primero a Aguas Muertas y luego a Avi\u00f1\u00f3n. Mo\u00addernos cr\u00edticos de historia han puesto \u00e9sta en du\u00adda fund\u00e1ndose en algunas inexactitudes del re\u00adlato, en el silencio posterior de Vicente sobre el asunto y en su deseo de recuperar y destruir las dos cartas cuando se enter\u00f3 de que no hab\u00edan de\u00adsaparecido. Los hechos relatados por las cartas son, desde luego, posibles y nadie ha demostra\u00addo que su autor mintiera. Parece, pues, que, has\u00adta que nuevas evidencias demuestren lo contra\u00adrio, hay que creer a Vicente. Por lo dem\u00e1s, toda la narraci\u00f3n del cautiverio es, en su conjunto, una prueba m\u00e1s de que los ideales humanos de Vi\u00adcente en esta \u00e9poca distaban mucho del ideal tri\u00addentino. Siguieron distando todav\u00eda bastante tiem\u00adpo. De Avignon, Vicente se traslad\u00f3 a Roma en el s\u00e9quito del Vice-legado Pedro de Montorio (1607-1608), que le hab\u00eda cobrado simpat\u00eda y le hab\u00eda prometido su valimiento para la obtenci\u00f3n de alg\u00fan buen beneficio o, como Vicente dec\u00eda, <em>\u00abun honrado retiro\u00bb. <\/em>Pero, burlado en sus espe\u00adranzas, Vicente hubo de regresar a Francia, lo que hizo a finales de 1608, instal\u00e1ndose en Par\u00eds pa\u00adra continuar su b\u00fasqueda de empleo. Lo consigui\u00f3 al cabo de dos a\u00f1os (1610) al ser nombrado pri\u00admero capell\u00e1n en el palacio de la reina Margarita de Valois y poco despu\u00e9s abad comendatario de San Leonardo de Chaumes. Pero la abad\u00eda, lejos de beneficiarle econ\u00f3micamente, result\u00f3 un avis\u00adpero de pleitos. Vicente renunci\u00f3 a ella en 1616. En Par\u00eds, Vicente entr\u00f3 en contacto con los c\u00edr\u00adculos piadosos que pululaban entonces en la ca\u00adpital de Francia. Acaso le llevaron hacia ellos dos desgraciados episodios de que fue protagonista en estos primeros a\u00f1os de su estancia en Par\u00eds. Primero se vio acusado injustamente de robo por su compa\u00f1ero de pensi\u00f3n, un paisano suyo que ostentaba el cargo de juez de Sore. Vicente se sin\u00adti\u00f3 impotente y desasistido. Poco despu\u00e9s se vio acometido de una violenta tentaci\u00f3n contra la fe, que le imped\u00eda incluso recitar el Credo. Cuando arreciaba la tentaci\u00f3n, se limitaba a llevarse la mano al pecho, donde, bajo la sotana, ten\u00eda co\u00adsido el s\u00edmbolo de la fe. Empez\u00f3 entonces a fre\u00adcuentar el hospital de la Caridad y asistir all\u00ed a los enfermos Por ese camino le lleg\u00f3 la liberaci\u00f3n. Un d\u00eda hizo \u00abla <em>firme e irrevocable resoluci\u00f3n de en\u00adtregarse de por vida, por amor de Jesucristo, al servicio de los pobres\u00bb. <\/em>Apenas formulado este voto la tentaci\u00f3n se disip\u00f3 y jam\u00e1s volvi\u00f3 a asal\u00adtarle. El episodio fue decisivo para la transforma\u00adci\u00f3n espiritual de Vicente, para su conversi\u00f3n, que se vio luego favorecida y confirmada por otra serie de sucesos. Conoci\u00f3 por entonces a Pedro de B\u00e9rulle, el futuro Cardenal y, durante alg\u00fan tiempo, se hosped\u00f3 en el Oratorio reci\u00e9n funda\u00addo por \u00e9ste (11-11-1611). A B\u00e9rulle debi\u00f3 Vicen\u00adte su nombramiento como p\u00e1rroco de Clichy (1612) en sustituci\u00f3n de Francisco Codoing, que hubo de dejar la parroquia al ingresar en el Ora\u00adtorio. En Clichy Vicente despleg\u00f3 un celo verda\u00adderamente apost\u00f3lico. Adem\u00e1s de reparar y embellecer la iglesia y catequizar a los fieles, fun\u00addando para ellos la cofrad\u00eda del Rosario, se preo\u00adcup\u00f3 de formar un grupito de aspirantes al sa\u00adcerdocio, entre los que figuraba Antonio Portail, joven cl\u00e9rigo entonces, que ser\u00eda ya su compa\u00ad\u00f1ero inseparable durante toda la vida. Pero en septiembre de 1613, tambi\u00e9n gracias a B\u00e9rulle, Vicente entraba en la casa de los poderosos se\u00ad\u00f1ores Felipe Manuel de Gondi y Margarita de Silly en calidad de preceptor de los hijos del noble ma\u00adtrimonio. Como tal, no s\u00f3lo se ocupaba de la edu\u00adcaci\u00f3n de los ni\u00f1os sino que instru\u00eda religiosa\u00admente a la servidumbre y a los vasallos de las di\u00adversas posesiones de la familia y se convert\u00eda en insustituible director espiritual de la se\u00f1ora de la casa. Fueron estas ocupaciones las que le reve\u00adlaron su verdadera misi\u00f3n y el modo concreto de realizarla. La confesi\u00f3n de un campesino mo\u00adribundo en la aldea de Gannes y el serm\u00f3n que, como consecuencia de ella, predic\u00f3 a los habi\u00adtantes de Folleville el 25 de enero de 1617 ex\u00adhort\u00e1ndoles a hacer confesi\u00f3n general, le descu\u00adbrieron la miseria espiritual del pobre pueblo cam\u00adpesino. Concibi\u00f3 por ello el designio de entre\u00adgarse exclusivamente a su evangelizaci\u00f3n. Con tal prop\u00f3sito dej\u00f3 secretamente la casa de los Gon\u00addi para trasladarse a la lejana parroquia de Ch\u00e2tillon-les-Dombes (Ch\u00e2tillon-sur-Chalaronne), en la di\u00f3cesis de Lyon, cuyo nombramiento obtuvo tambi\u00e9n con la ayuda de B\u00e9rulle. En Ch\u00e2tillon, donde se entreg\u00f3 con ardor y \u00e9xito a corregir las costumbres, reavivar el fervor de los cat\u00f3licos, atraer a los protestantes y reformar a un clero re\u00adlajado e indolente, tuvo la segunda gran experien\u00adcia de su vida, complemento de la de Folleville. Un domingo de aquel verano de 1617, probablemente el 20 de agosto, cuando se dispon\u00eda a celebrar la Misa, le avisaron de la extrema situaci\u00f3n de una familia de las afueras de la poblaci\u00f3n. Dedic\u00f3 la homil\u00eda a exhortar a los fieles a socorrer a aque\u00adllos desgraciados. Su sorpresa fue grande cuan\u00addo, al encaminarse \u00e9l a visitarlos despu\u00e9s de la Misa, se encontr\u00f3 con una muchedumbre que iba o ven\u00eda de hacer lo mismo. Concibi\u00f3 enton\u00adces la idea de fundar una asociaci\u00f3n de se\u00f1oras comprometidas a servir personalmente a los po\u00adbres de la poblaci\u00f3n. La cofrad\u00eda qued\u00f3 erigida oficialmente en la capilla del hospital el 8 de di\u00adciembre de aquel mismo a\u00f1o. <em>\u00abEl pobre pueblo se muere de hambre y se condena\u00bb, <\/em>fue la con\u00adclusi\u00f3n que dedujo Vicente de una y otra expe\u00adriencia. Esa idea se convertir\u00eda en adelante en eje de su vida y ella le dictar\u00eda sus grandes realiza\u00adciones: la Misi\u00f3n y la Caridad. Entre tanto, los se\u00ad\u00f1ores de Gondi, angustiados por la ausencia de su capell\u00e1n, recurrieron a todos los medios para hacerle volver a Paris, lo que al fin consiguieron. Pero el Vicente que regres\u00f3 a Par\u00eds el 23 de di\u00adciembre de 1617 era otro hombre, consciente ahora de su vocaci\u00f3n y su misi\u00f3n.<\/p>\n<h2>La madurez creadora. Las fundaciones (1617-1633)<\/h2>\n<p>A los treinta y siete a\u00f1os, Vicente hab\u00eda des\u00adcubierto su vocaci\u00f3n definitiva y se hallaba en po\u00adsesi\u00f3n de las l\u00edneas doctrinales que iban a inspi\u00adrarle. A su formaci\u00f3n en la escuela de B\u00e9rulle y de San Francisco de Sales, a quien conoci\u00f3 y tra\u00adt\u00f3 en 1618, completada con la lectura de otros au\u00adtores espirituales entre los que hay que destacar al capuchino ingl\u00e9s Benito de Canfield, Vicente de\u00adb\u00eda una visi\u00f3n cristoc\u00e9ntrica que hac\u00eda del Verbo encarnado el eje de la vida espiritual. Sus expe\u00adriencias personales le hicieron corregir la \u00f3ptica de sus maestros en sentido menos especulativo. Para \u00e9l el Cristo a quien debe referirse toda la vi\u00adda es el evangelizador de los pobres. Los pobres revelan a Cristo y a ellos, a ejemplo de Cristo, de\u00adbe primariamente dirigirse la evangelizaci\u00f3n, que, para ser completa, debe ser realizada con la pa\u00adlabra y con las obras, es decir, con la predica\u00adci\u00f3n y la acci\u00f3n caritativa. Vicente se convirti\u00f3 as\u00ed en el m\u00edstico de la acci\u00f3n, una acci\u00f3n guiada e iluminada por la fe, alimentada por la oraci\u00f3n y los sacramentos, liberada de todo apego a los bienes mundanos y totalmente orientada a la imi\u00adtaci\u00f3n de Cristo. Acci\u00f3n que procura no adelan\u00adtarse nunca a la voluntad de Dios, sino esperar siempre, para actuar, el signo de la Divina Provi\u00addencia y que se traduce en obras el amor: <em>\u00abAme\u00admos a Dios, hermanos m\u00edos; amemos a Dios, pe\u00adro que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de nuestro rostro\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>De esas convicciones nacieron sucesivamente las grandes creaciones vicencianas, primero a t\u00ed\u00adtulo personal y luego a t\u00edtulo colectivo. Desde su regreso a la casa de los Gondi empez\u00f3 a misio\u00adnar los dominios de sus protectores, ayudado por el joven Portail y otros compa\u00f1eros ocasionales. El 8 de febrero de 1619 fue nombrado capell\u00e1n general de las galeras, cargo que le puso en con\u00adtacto con uno de los sectores m\u00e1s desgraciados de la sociedad francesa, los galeotes, a quienes predic\u00f3 una misi\u00f3n en Burdeos en 1623. Pronto sinti\u00f3 la necesidad de asociar de modo estable a los sacerdotes deseosos de consagrarse a la evan\u00adgelizaci\u00f3n del campo. Fue as\u00ed como surgi\u00f3, me\u00addiante un contrato entre Vicente y los se\u00f1ores de Gondi firmado el 17 de abril de 1625 la <em>Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, <\/em>cuyo capital fundacional fueron 45. 000 libras entregadas por los nobles patrocinadores. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, el 24 de abril de 1626, obtuvo la aprobaci\u00f3n can\u00f3nica del Arzobispo de Par\u00eds. La naciente instituci\u00f3n se es\u00adtableci\u00f3 primeramente en el Colegio de Bons Enfants (Vicente, que entre tanto se hab\u00eda licen\u00adciado en Derecho por la Sorbona, era rector del mismo desde el 1 de marzo de 1624) y, a partir de 1632, en el priorato de San L\u00e1zaro. Vicente se preocup\u00f3 en seguida de obtener la aprobaci\u00f3n de la Santa Sede. Tras laboriosas gestiones, obs\u00adtaculizadas en parte por B\u00e9rulle, que acaso ve\u00eda en la obra de su antiguo disc\u00edpulo una compe\u00adtencia peligrosa para su Oratorio, la consigui\u00f3 me-chante la Bula \u00abSalvatoris Nostri\u00bb de Urbano VIII (12 de enero de 1633). En los primeros a\u00f1os, la naciente Congregaci\u00f3n se dedic\u00f3 exclusivamente a la predicaci\u00f3n de Misiones, pero muy pronto la Providencia le depar\u00f3 otro campo de aposto\u00adlado: la reforma del clero. En 1628, el obispo de Beauvais, Agust\u00edn Potier, habl\u00f3 a Vicente de la ne\u00adcesidad de instruir bien pastoral y espiritualmen\u00adte a los j\u00f3venes que se dispon\u00edan a recibir las sa\u00adgradas \u00f3rdenes. <em>\u00abEse pensamiento viene de Dios, Monse\u00f1or\u00bb <\/em>exclam\u00f3 Vicente y acept\u00f3 con entu\u00adsiasmo el encargo de dirigir la pr\u00f3xima ordenaci\u00f3n sacerdotal. As\u00ed empezaron los <em>Ejercicios a orde\u00adnandos, <\/em>que Vicente organiz\u00f3 a manera de cursillo intensivo de formaci\u00f3n espiritual y minis\u00adterial en los principales deberes y oficios del sa\u00adcerdote. La obra se extendi\u00f3 pronto a otras di\u00f3cesis y, en particular, a la de Par\u00eds. De ella nacer\u00eda pocos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1633, . otra acti\u00advidad vicenciana para la reforma del clero: las <em>Conferencias de los Martes, <\/em>asociaci\u00f3n de ecle\u00adsi\u00e1sticos que se compromet\u00edan a reunirse una vez a la semana para dedicarse a meditar sobre los deberes sacerdotales y estudiar algunos pun\u00adtos de moral o liturgia.<\/p>\n<p>Entre tanto, Vicente no descuidaba el otro as\u00adpecto de su vocaci\u00f3n, la preocupaci\u00f3n por las ne\u00adcesidades materiales de los pobres. La cofrad\u00eda fundada en Ch\u00e2tillon se hab\u00eda difundido por una gran parte de Francia. Vicente y sus compa\u00f1eros la fundaban en todas las localidades donde predi\u00adcaban la misi\u00f3n, como se lo ordenaba formalmente la Bula Salvatoris Nostri. Muchas parroquias de Par\u00eds la hab\u00edan establecido. Pero entonces surgi\u00f3 un problema imprevisto. Bastantes de las nobles se\u00f1oras que integraban las caridades parisinas se resist\u00edan a ejercer personalmente los humildes ofi\u00adcios exigidos por la asociaci\u00f3n, sobre todo el de llevar la comida a los pobres y cuidar a los enfer\u00admos en sus domicilios. Vicente concibi\u00f3 enton\u00adces un nuevo proyecto: crear una comunidad de chicas que se dedicaran en exclusiva a esos que\u00adhaceres. Su estrecha asociaci\u00f3n con una de las Damas de la Caridad, Luisa de Marillac, noble viu\u00adda del Sr. Antonio Le Gres que se hab\u00eda puesto bajo su direcci\u00f3n espiritual desde 1624 y el en\u00adcuentro casual con una buena muchacha de Suresnes, Margarita Naseau, que deseaba precisa\u00admente ejercer esa caritativa actividad, le dieron los medios para realizarlo. Puso a la joven y a otras que poco a poco se le fueron juntando, bajo la di\u00adrecci\u00f3n de la se\u00f1orita Le Gres. Con ellas form\u00f3 el 29 de noviembre de 1633 la cofrad\u00eda o com\u00adpa\u00f1\u00eda de las <em>Hijas de la Caridad, <\/em>que tuvieron co\u00admo primera casa madre el domicilio de la Srta. Le Gras. En 1633, Vicente hab\u00eda puesto en pie todas las instituciones mediante las cuales iba a llevar a cabo, en su larga y fecunda vida, sus grandes realizaciones.<\/p>\n<h2>Veinte a\u00f1os de realizaciones (1633-1653). Em\u00adpresas apost\u00f3licas<\/h2>\n<p>Bajo la direcci\u00f3n de Vicente, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n dio cima a una vasta empresa de re-cristianizaci\u00f3n -reevangelizaci\u00f3n, dir\u00edamos hoy- de la sociedad francesa. La actividad principal fueron las misiones. \u00c9stas eran jornadas intensivas de predicaci\u00f3n y otros ejercicios piadosos destinados a reavivar la fe y regenerar las costumbres de las parroquias en que se predicaban. Conforme al ideal tridentino, en ellas ocupaba un lugar prefe\u00adrente la confesi\u00f3n general, que liberaba al fiel del peso de una vida pecaminosa. Pero la preparaci\u00f3n para la confesi\u00f3n iba precedida de una intensa la\u00adbor catequ\u00e9tica, en que se reinculcaban a los fie\u00adles las verdades esenciales de la doctrina cristia\u00adna. Todo se hac\u00eda con sencillez suma, conforme a un m\u00e9todo ideado por el propio Vicente y que \u00e9l en su humildad denominaba el peque\u00f1o m\u00e9\u00adtodo. \u00c9ste exig\u00eda, de un parte, un lenguaje sen\u00adcillo, adaptado a la comprensi\u00f3n popular, y, de otra, un esquema claro y eficaz que llevaba al audito\u00adrio a la reflexi\u00f3n sobre los motivos, exigencias y medios de los preceptos que se predicaban. En una Iglesia invadida por la ret\u00f3rica barroca y cla\u00adsicista, el peque\u00f1o m\u00e9todo supuso una verdade\u00adra revoluci\u00f3n. Que sepamos, s\u00f3lo desde las dos casas de Par\u00eds, Bons Enfants y San L\u00e1zaro, se predicaron 840 misiones entre 1625 y 1660. En muchas de ellas tom\u00f3 parte Vicente perso\u00adnalmente, Sabemos, por ejemplo que, todav\u00eda en 1653, a sus setenta y dos a\u00f1os de edad, predic\u00f3 las de Rueil y S\u00e9vran. Las misiones se revelaron de una eficacia asombrosa. Se convert\u00edan herejes, se restitu\u00edan bienes mal adquiridos, se extirpaba la blasfemia y la borrachera, se regularizaban ma\u00adtrimonios, se apaciguaban odios inveterados, se restablec\u00eda la pr\u00e1ctica sacramental. Es decir, cum\u00adpl\u00edan con su objetivo fundamental que, seg\u00fan Vi\u00adcente era <em>\u00abdar a conocer a Dios a los pobres, anunciarles a Jesucristo, decirles que est\u00e1 cerca el Reino de Dios y que ese reino es para los po\u00adbres\u00bb. <\/em>Complemento de las misiones fue la obra de los ejercicios espirituales que Vicente esta\u00adbleci\u00f3 en la casa de San L\u00e1zaro. Concurr\u00edan a ella toda clase de personas, que, gratuitamente, re\u00adcib\u00edan durante diez d\u00edas un intenso entrenamien\u00adto espiritual. Sin ser original -Vicente part\u00eda de la conocida y experimentada f\u00f3rmula ignaciana- la pr\u00e1ctica resultaba novedosa por su aplicaci\u00f3n a nuevas situaciones y a un nuevo tipo de ejerci\u00adtantes. Tuvieron un \u00e9xito enorme. Se calcula que por t\u00e9rmino medio, cada a\u00f1o acud\u00edan a San L\u00e1\u00adzaro unas 700 personas, hasta el punto de que el propio Vicente comparaba el viejo priorato con el arca de No\u00e9 <em>\u00abdonde toda clase de animales, gran\u00addes y peque\u00f1os, eran bien recibidos\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>La evangelizaci\u00f3n directa del pobre pueblo no hizo a Vicente descuidar esa otra dimensi\u00f3n de su vocaci\u00f3n que era la reforma del clero. Es m\u00e1s, para \u00e9l, una y otra estaban \u00edntimamente unidas pues era in\u00fatil reformar al pueblo si se le confia\u00adba luego a pastores ineptos. <em>\u00abHacer efectivo el evangelio\u00bb, <\/em>seg\u00fan una f\u00f3rmula que Vicente gus\u00adtaba de repetir, era formar buenos sacerdotes. Pa\u00adra ello, Vicente explot\u00f3 a fondo las posibilidades de las obras descubiertas en su anterior etapa: -los ejercicios a Ordenandos y las Conferencias de los Martes. Los primeros, establecidos pr\u00e1ctica\u00admente en todas las casas de la Congregaci\u00f3n, fueron poco a poco dando origen a verdaderos se\u00adminarios inspirados m\u00e1s o menos de cerca en el modelo tridentino. Convencido de que diez u once d\u00edas eran poco tiempo para dar a los candi\u00addatos la formaci\u00f3n que necesitaban y contando con la colaboraci\u00f3n de algunos obispos, empez\u00f3 a extender, primero a dos meses, luego a seis, el per\u00edodo de preparaci\u00f3n para las \u00f3rdenes. M\u00e1s tarde duplic\u00f3 el tiempo al hacer obligatoria una es\u00adtancia antes de recibir el diaconado y otra antes del sacerdocio. Por fin se fij\u00f3 en dos a\u00f1os la \u00e9po\u00adca total de preparaci\u00f3n. Lo esencial del Semina\u00adrio vicenciano era la formaci\u00f3n espiritual de los futuros sacerdotes y su entrenamiento en las fun\u00adciones sacerdotales: celebraci\u00f3n de la Eucaris\u00adt\u00eda y administraci\u00f3n de los sacramentos, sobre todo de la confesi\u00f3n. El primer seminario de es\u00adtas caracter\u00edsticas fue el de Annecy, fundado en 1642. Tambi\u00e9n la primera casa parisina de la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, la de Bons Enfants, se transform\u00f3 en Seminario. Vicente no era el \u00fani\u00adco en dedicarse a esta obra. Otros operarios apos\u00adt\u00f3licos como Juan Jacobo Olier en San Sulpicio, Adri\u00e1n Bourdoise en San Nicol\u00e1s de Chardonnet, los Oratorianos dirigidos por Carlos de Condren en San Magloire o San Juan Eudes en su Breta\u00ad\u00f1a natal aplicaban al mismo problema soluciones m\u00e1s o menos originales. En el fondo se trataba de implantar la reforma propugnada por Trento, que tanto hab\u00eda tardado en introducirse en Fran\u00adcia y que ahora se hac\u00eda por fin realidad gracias en gran parte a los esfuerzos de Vicente. <em>\u00abNues\u00adtras peque\u00f1as ocupaciones\u2026 <\/em>-dec\u00eda \u00e9l- <em>han origi\u00adnado la emulaci\u00f3n de todos\u2026 no solamente en el asunto de las misiones, sino tambi\u00e9n en el de los seminarios\u00bb <\/em>y un historiador profano, Henry Kamen, considera que, de hecho, la aportaci\u00f3n m\u00e1s decisiva de Vicente a la reforma de la Igle\u00adsia francesa fue su contribuci\u00f3n a la formaci\u00f3n del clero.<\/p>\n<p>Las Conferencias de los Martes eran el com\u00adplemento natural de los seminarios. J\u00f3venes ecle\u00adsi\u00e1sticos deseosos de vivir a fondo su vocaci\u00f3n se congregaban en ellas para recibir de Vicente orientaci\u00f3n y aliento en sus prop\u00f3sitos. Las Con\u00adferencias se difundieron r\u00e1pidamente y pronto hubo asociaciones semejantes en muchas di\u00f3\u00adcesis francesas. En todas ellas reun\u00edan a los hom\u00adbres m\u00e1s distinguidos y eminentes. El m\u00e1s pres\u00adtigioso de ellos, Bossuet, declar\u00f3 que \u00abVicente era el alma de la piadosa asamblea\u00bb. Llegaron a ser una moda. Moda que Vicente utiliz\u00f3 no s\u00f3lo para la formaci\u00f3n espiritual de los congregantes sino tambi\u00e9n para realizaci\u00f3n de empresas apos\u00adt\u00f3licas, tales como la asistencia espiritual al Hos\u00adpital de Par\u00eds -el H\u00f3tel-Dieu-, la capellan\u00eda del Hos\u00adpital General, o la predicaci\u00f3n de misiones en la Corte, en ciertos barrios parisienses y en otras po\u00adpulosas ciudades, donde la Congregaci\u00f3n de la Mi\u00adsi\u00f3n ten\u00eda vedada la entrada por su exclusiva de\u00addicaci\u00f3n a los pobres del campo.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n apost\u00f3lica de Vicente tuvo su pro\u00adyecci\u00f3n tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras fran\u00adcesas. En 1641 estableci\u00f3 una fundaci\u00f3n en Ro\u00adma, donde ten\u00eda un delegado desde varios arios antes. Las fundaciones en Italia se incrementa\u00adron luego con las de G\u00e9nova (1645) y Tur\u00edn (1654). Todas ellas se dedicaron a los mismos ministe\u00adrios que desarrollaba la casa madre de San L\u00e1za\u00adro, es decir, fundamentalmente, misiones y ejercicios a ordenandos, que, en Roma, fueron de\u00adclarados obligatorios para todos los ordenandos de la di\u00f3cesis por disposici\u00f3n de Alejandro VII. En 1645 envi\u00f3 misioneros a Irlanda, donde sostu\u00advieron la fe de los perseguidos cat\u00f3licos irlande\u00adses y donde la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n tuvo su protom\u00e1rtir en la persona del joven Tadeo Lee. M\u00e1s tarde pasaron de Irlanda a Escocia y las Is\u00adlas H\u00e9bridas con el mismo cometido. En 1651 fue el turno de Polonia, a donde los misioneros fueron reclamados por la reina del pa\u00eds que era una ilustre dama francesa, Luisa Gonzaga, que en su \u00e9poca parisiense hab\u00eda pertenecido a la Aso\u00adciaci\u00f3n de las Damas de la Caridad.<\/p>\n<p>Escenario privilegiado de la acci\u00f3n pastoral de Vicente fueron los territorios berberiscos del Norte de \u00c1frica, Argel y T\u00fanez, a donde Vicente envi\u00f3 misioneros para que auxiliaran espiritual y materialmente a los cautivos cristianos all\u00ed con\u00adcentrados por los piratas. Con el fin de facilitar su labor, Vicente consinti\u00f3 que uno de sus misio\u00adneros fuera nombrado Vicario Apost\u00f3lico y, al mis\u00admo tiempo, desempe\u00f1ara las funciones de C\u00f3n\u00adsul de Francia. En esa doble calidad, al tiempo que trabajaban por mantener viva la fe de los encar\u00ad celados, les procuraban todo g\u00e9nero de ayuda material: protestaban contra los malos tratos e in\u00adjusticias, tramitaban rescates, actuaban como es\u00adtafeta y oficina de giro entre los cautivos y sus familiares\u2026 En estos ministerios se distinguie\u00adron los hermanos Le Vacher, Felipe y Juan, quie\u00adnes, con celo y denuedo incansables -\u00ab<em>trabajan d\u00eda y noche\u00bb, <\/em>comentaba Vicente- cosecharon es\u00adpl\u00e9ndidos frutos de santidad entre los esclavos. Entre ellos destaca el joven mallorqu\u00edn Pedro Bor\u00adguny, quien, habiendo renegado de la fe, se con\u00advirti\u00f3 despu\u00e9s por la predicaci\u00f3n de los misione\u00adros, comunic\u00f3 su decisi\u00f3n al Pach\u00e1 y fue por ello condenado a morir en la hoguera, donde, en fra\u00adse de Vicente <em>\u00abentreg\u00f3 a manos de Dios su al\u00adma pura como el oro limpio en el crisol\u00bb. <\/em>Si la misi\u00f3n de Argel y T\u00fanez no pod\u00eda considerarse es\u00adtrictamente como misi\u00f3n ad gentes, ya que no se propon\u00eda la conversi\u00f3n de los musulmanes, en cambio Vicente se hizo cargo de proveer de personal a un territorio plenamente misional en Madagascar. Esta isla constitu\u00eda una colonia fran\u00adcesa encomendada a la Compa\u00f1\u00eda de Indias. Vi\u00adcente, deseoso de poseer como propia una par\u00adcela de territorio misionero, asumi\u00f3 en nombre de su congregaci\u00f3n la responsabilidad plena de la evangelizaci\u00f3n de la isla. En 1648 envi\u00f3 a ella la primera expedici\u00f3n de misioneros, a la que si\u00adguieron otras cinco, de las que s\u00f3lo tres llegaron a su destino. Vicente no se desanim\u00f3 ni por las dificultades de los viajes ni por la hostilidad de los propios colonos franceses ni por la implacable mortandad que fue aniquilando uno tras otro a to\u00addos los misioneros. <em>\u00abS\u00f3lo he quedado yo para darle la noticia\u00bb, <\/em>le escrib\u00eda en 1656 uno de ellos, Santos Bourdaise, al darle cuenta de las sucesi\u00advas muertes de los componentes de la tercera ex\u00adpedici\u00f3n. A pesar de esa sangr\u00eda constante, Vi\u00adcente no se desanim\u00f3. <em>\u00abAlabado sea Dios por la vida y por la muerte\u00bb, <\/em>fue su reacci\u00f3n. Ning\u00fan obs\u00adt\u00e1culo, ninguna p\u00e9rdida fueron capaces de des\u00adviar su voluntad de servir a la Iglesia en la misi\u00f3n ad gentes. Misi\u00f3n para la que ofrec\u00eda a sus hom\u00adbres orientaciones metodol\u00f3gicas nuevas. Fruto de ellas fue la publicaci\u00f3n del primer libro impre\u00adso en lengua malgache y que no es otra cosa que la traducci\u00f3n del catecismo de la doctrina cristia\u00adna compuesto y usado por Vicente en las misio\u00adnes de Francia.<\/p>\n<h2>Veinte a\u00f1os de realizaciones (1633-1653). Em\u00adpresas caritativas<\/h2>\n<p>La distinci\u00f3n entre empresas apost\u00f3licas y empresas caritativas en la vida de Vicente de Pa\u00fal es puramente metodol\u00f3gica. Para Vicente, caridad era todo. Tambi\u00e9n las misiones y los seminarios. Pero una gran parte de su actividad estuvo dedicada directamente a obras de caridad corporal. A ellas nos referimos al hablar de sus empresas caritativas.<\/p>\n<p>En ellas ocuparon lugar prioritario las carida\u00addes parroquiales o cofrad\u00edas de caridad deriva\u00addas de la fundada en Ch\u00e2tillon en 1617. Vicente y sus misioneros las propagaron por toda Francia hasta formar una verdadera red de asistencia so\u00adcial. Su finalidad primitiva era asistir a los pobres enfermos de cada lugar o parroquia. Pronto am\u00adpliaron su horizonte a toda clase de necesitados. Vicente las dot\u00f3 de un reglamento meticuloso, a la vez detallista y ambicioso. Hubo caridades de se\u00f1oras y caridades mixtas, compuestas indis\u00adtintamente por hombres y mujeres. Como una asociaci\u00f3n especializada, Vicente cre\u00f3 en Par\u00eds otra asociaci\u00f3n, la de las Damas del H\u00f3tel Dieu, integrada por se\u00f1oras de la alta sociedad, que, adem\u00e1s de atender a los internos de aquel cen\u00adtro hospitalario, actuaron como apoyo log\u00edstico para las m\u00e1s variadas empresas caritativas em\u00adprendidas por Vicente.<\/p>\n<p>Ya dijimos que, para compensar las inevitables limitaciones de las caridades, Vicente fund\u00f3 en 1633, con la valiosa ayuda de Luisa de Marillac, las Hijas de la Caridad. Estas se configuraron des\u00adde el principio como una verdadera comunidad, pero rechazando decididamente el ser conside\u00adradas religiosas. Era una precauci\u00f3n de todo pun\u00adto necesaria, ya que en el lenguaje can\u00f3nico de la \u00e9poca, religiosa equival\u00eda a clausura y \u00e9sta hu\u00adbiera hecho imposible la labor de las Hermanas. Las Hijas de la Caridad fueron, al principio, me\u00adras auxiliares de las cofrad\u00edas de Caridad. Despu\u00e9s de un breve per\u00edodo de formaci\u00f3n llamado \u00abSe\u00adminario\u00bb para evitar el t\u00e9rmino religioso de novi\u00adciado, las Hermanas eran enviadas de dos en dos a las parroquias donde funcionaban las caridades y all\u00ed, viviendo en una habitaci\u00f3n de alquiler, se ocupaban en llevar la comida a los pobres de la vecindad, proporcionarles cuidados sanitarios y limpiar sus viviendas. Con frecuencia, una de ellas se ocupaba en ense\u00f1ar las primeras letras a las ni\u00f1as pobres del barrio.<\/p>\n<p>Poco a poco, la instituci\u00f3n fue tomando a su cargo otras obras. A partir de 1639 se estable\u00adcieron en hospitales como el de Angers, funda\u00addo en esa fecha y al que Vicente destin\u00f3 doce Her\u00admanas. La primera expedici\u00f3n fue acompa\u00f1ada personalmente por Luisa de Marillac. Angers fue seguido por otros muchos en diversas ciudades francesas.<\/p>\n<p>Una de las m\u00e1s dolorosas plagas de la socie\u00addad francesa del siglo XVII eran los ni\u00f1os exp\u00f3\u00adsitos. S\u00f3lo en Par\u00eds, cientos de criaturas eran abandonadas cada a\u00f1o en las calles, preferente\u00admente a las puertas de las iglesias. Vicente en\u00adtr\u00f3 en contacto con el problema, agudizado por las p\u00e9simas condiciones en que funcionaba la ca\u00adsa-cuna de la ciudad. Decidi\u00f3 afrontar la situa\u00adci\u00f3n. Para ello requiri\u00f3 la ayuda econ\u00f3mica de las<\/p>\n<p>Damas y cont\u00f3 con la incondicional colaboraci\u00f3n de las Hijas de la Caridad. Se empez\u00f3 en 1638 por un modesto ensayo con doce ni\u00f1os elegidos por sorteo. En 1640 <em>\u00abse tom\u00f3 la decisi\u00f3n de recibir a todos los ni\u00f1os exp\u00f3sitos\u00bb. <\/em>Para hacerlo se ne\u00adcesitaban cantidades cada vez mayores y locales cada vez m\u00e1s amplios. Vicente acudi\u00f3 a todas las puertas y, poco a poco, fue allegando los recur\u00adsos necesarios. Pero las necesidades econ\u00f3mi\u00adcas eran s\u00f3lo una parte de las preocupaciones de Vicente. Hab\u00eda que dotar a la obra y las abnega\u00addas operarias que en ella trabajaban de una m\u00eds\u00adtica. Vicente dedic\u00f3 a ello una parte importante de sus exhortaciones a misioneros, Damas e Hi\u00adjas de la Caridad. Algunos de los p\u00e1rrafos m\u00e1s elo\u00adcuentes de su oratoria se encuentran precisa\u00admente en esas alocuciones. A las Damas, que, a la vista de los gastos siempre crecientes que exi\u00adg\u00eda la obra, se sent\u00edan tentadas de abandonarla les dijo un d\u00eda: \u00ab<em>La vida y la muerte de estos pe\u00adque\u00f1os est\u00e1n en sus manos. Dejen por un mo\u00admento de ser sus madres y er\u00edjanse en sus jue\u00adces. Ha llegado la hora de pronunciar sentencia. Sepamos si tienen ustedes misericordia\u00bb. <\/em>Ante las Hijas de la Caridad, Vicente ponderaba la gran\u00addeza espiritual de la misi\u00f3n que se les confiaba: cuidando de esos ni\u00f1os -les dec\u00eda- <em>\u00abos parecer\u00e9is en cierto modo a la Sant\u00edsima Virgen, ya que se\u00adr\u00e9is madres y v\u00edrgenes a la vez\u00bb. <\/em>Y cuando tam\u00adbi\u00e9n los misioneros se mostraron cansados del esfuerzo que supon\u00eda secundar a Damas y Her\u00admanas en la atenci\u00f3n a los exp\u00f3sitos, Vicente re\u00adanim\u00f3 su generosidad record\u00e1ndoles que <em>\u00absi nues\u00adtro bondadoso Salvador dijo a sus disc\u00edpulos: &#8216;De\u00adjad que los ni\u00f1os se acerquen a m\u00ed&#8217;, \u00bfpodemos nosotros rechazarlos y abandonarlos cuando vie\u00adnen a nosotros, sin abandonarle a \u00c9l?\u00bb. <\/em>A los ojos de muchos admiradores de Vicente de Pa\u00fal, su amor a los exp\u00f3sitos ha llegado a ser el s\u00edmbolo mismo de la caridad vicenciana. Fue tambi\u00e9n la obra que m\u00e1s admiraron los fil\u00f3sofos agn\u00f3sticos o de\u00edstas de los siglos XVIII Y XIX, que por ello le contaron entre los grandes bienhechores de la humanidad. La iconograf\u00eda devota sigui\u00f3 la co\u00adrriente, lo que explica el favor que ha gozado la imagen del santo que le representa con un ni\u00f1i\u00adto en brazos y otros dos mayorcitos agarrados a su sotana. Pero, por meritoria que fuera, no fue \u00e9sa la \u00fanica obra de Vicente.<\/p>\n<p>Otro sector social especialmente marginado y necesitado de ayuda era el constituido por los galeotes, es decir, los delincuentes condenados a galeras. En todas las naciones europeas se apli\u00adcaba esta pena, que prove\u00eda a la marina de gue\u00adrra de mano de obra gratuita. Sus condiciones eran singularmente penosas. \u00abYo <em>he visto a esos pobres hombres tratados como bestias\u00bb, <\/em>decla\u00adr\u00f3 una vez Vicente, quien hab\u00eda entrado muy tem\u00adpranamente en contacto con esta lacra. En 1619 hab\u00eda sido nombrado capell\u00e1n real de las Galeras por mediaci\u00f3n del se\u00f1or de Gondi, que era Ge\u00adneral de las mismas. Una de sus primeras activi\u00addades fue organizar una misi\u00f3n en las galeras an\u00adcladas en el puerto de Burdeos en 1623. M\u00e1s adelante empez\u00f3 a preocuparse de los forzados que, encarcelados en Par\u00eds, esperaban su trasla\u00addo a los barcos. El legado de un piadoso caballe\u00adro le permiti\u00f3 crear una comunidad de Hijas de la Caridad destinada a asistirlos. Su cometido era ha\u00adcerles la comida, lavarles la ropa, proveerlos de lo necesario para el traslado a Marsella, cuidar a los enfermos, limpiar los calabozos. Los actos de caridad que en estos menesteres ejercitaron fue\u00adron con frecuencia heroicos. Llegados a Marse\u00adlla y embarcados en la flota, los prisioneros de\u00adpend\u00edan directamente de Vicente como capell\u00e1n real. Le correspond\u00eda dar las directrices genera\u00adles para la atenci\u00f3n espiritual y el nombramiento de los capellanes particulares. Con este fin fun\u00add\u00f3 en Marsella una casa de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, en cuyo superior deleg\u00f3 sus funcio\u00adnes, pero siguiendo muy de cerca la actividad por medio de una frecuent\u00edsima correspondencia. La comunidad estaba obligada a misionar todas las galeras cada cinco a\u00f1os, lo que se cumpl\u00eda rigu\u00adrosamente con abundantes frutos de conversio\u00adnes a veces espectaculares y ejerc\u00eda al mismo tiempo funciones de estafeta para la correspon\u00addencia y el env\u00edo de dinero a los prisioneros. En el aspecto material, Vicente no par\u00f3 hasta con\u00adseguir, en colaboraci\u00f3n con el obispo de Marse\u00adlla y un miembro de la Compa\u00f1\u00eda del Ssmo. Sa\u00adcramento, el caballero De la Coste, la fundaci\u00f3n de un hospital para los enfermos. Fue una mejo\u00adra inmensa. Los que ingresaban en el centro pro\u00adcedentes de las galeras, <em>\u00abcre\u00edan pasar del infier\u00adno al para\u00edso\u00bb. <\/em>Una leyenda antigua pretend\u00eda que, en una ocasi\u00f3n, Vicente hab\u00eda hecho liberar a un galeote sustituy\u00e9ndole \u00e9l mismo en el ban\u00adco de la galera donde estaba siendo azotado por el c\u00f3mitre. Si no es hist\u00f3rico, el relato acierta en el esp\u00edritu con que Vicente despleg\u00f3 su celo en favor de aquellos desgraciados. Personalmente y a trav\u00e9s de sus misioneros y sus Hijas de la Ca\u00adridad se puso incondicionalmente al servicio de los condenados, persuadido de que <em>\u00abla caridad con esos pobres forzados es un m\u00e9rito incomparable delante de Dios\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>El rostro m\u00e1s habitual y visible de la pobreza eran los mendigos. \u00c9stos eran muy numerosos. Especialmente en las grandes ciudades consti\u00adtu\u00edan una verdadera plaga, producto de la inade\u00adcuada estructura social, del belicismo guberna\u00admental y de coyunturas econ\u00f3micas adversas. Pululaban por las calles y caminos en grupos que con frecuencia se convert\u00edan en bandas de malhechores. Vicente, aunque atento a buscar remedios m\u00e1s radicales, practic\u00f3 tambi\u00e9n la li\u00admosna y con generosidad desmedida. Hizo de San L\u00e1zaro el m\u00e1s espl\u00e9ndido centro de benefi\u00ad cencia de Par\u00eds. Adem\u00e1s de las limosnas ocasio\u00adnales, que eran innumerables, diariamente se re\u00adpart\u00eda comida a los pobres del barrio y tres veces por semana, pan y sopa a todos los mendigos que llamaban a la puerta. Cada trimestre se invert\u00edan en este menester m\u00e1s de mil kilos de trigo. La casa lleg\u00f3 a endeudarse considerablemente. A Vicente no le importaba. A las cr\u00edticas de sus pro\u00adpios compa\u00f1eros de comunidad contest\u00f3 con una frase que le define: <em>\u00ablos pobres\u2026 son mi peso y mi dolor\u00bb. <\/em>Para alivio m\u00e1s permanente de tantos necesitados hizo levantar un peque\u00f1o asilo, lla\u00admado del Nombre de Jes\u00fas, para trabajadores impedidos y ancianos. Las Hijas de la Caridad se encargaban de la atenci\u00f3n material y los misio\u00adneros de la direcci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>Para hacerse idea de la amplitud del esfuer\u00adzo caritativo de Vicente, a las obras fundadas y dirigidas por \u00e9l hay que sumar otra multitud de ini\u00adciativas a las que facilit\u00f3 ayuda, direcci\u00f3n espi\u00adritual, asesoramiento jur\u00eddico, limosna o gestiones administrativas. Puede decirse que no hubo em\u00adpresa de caridad del tiempo en que no intervi\u00adniera Vicente de una u otra manera. Tales fueron, por ejemplo, el hospital o asilo de las \u00abpetites maisons\u00bb para matrimonios desprovistos de recursos, ti\u00f1osos, locos y otros enfermos, el or\u00adfanato de Cahors, el movimiento en favor de los emigrados irlandeses, las j\u00f3venes en peligro re\u00adcogidas por las Hijas de la Providencia, las hu\u00e9r\u00adfanas de la Srta. L&#8217;Estang, las arrepentidas de Santa Magdalena, las peque\u00f1as escolares de las Hijas de la Cruz y, sobre todo, los afectados por la desolaci\u00f3n producida por las inacabables gue\u00adrras de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>La guerra o, mejor, las guerras, forman parte del horizonte nacional e internacional en que se desarroll\u00f3 la vida entera de Vicente. Desde el es\u00adtallido de la guerra de los treinta a\u00f1os en 1618 has\u00adta la paz de los Pirineos de 1659, Francia -y con ella una buena parte de Europa- vivi\u00f3 en perma\u00adnente estado de guerra. Pero hay que destacar dos per\u00edodos principales: 1636-1639, con ocasi\u00f3n de la ocupaci\u00f3n de Lorena por las tropas impe\u00adriales, y 1650-1664, por el estallido de la Fronda y la prolongaci\u00f3n del conflicto franco-espa\u00f1ol, que tuvo su principal escenario en las regiones nor\u00adte\u00f1as de Francia de Champa\u00f1a y Picard\u00eda. Eran guerras crueles, en que no se respetaban los de\u00adrechos m\u00e1s elementales. La poblaci\u00f3n civil, ade\u00adm\u00e1s de las privaciones propias que impon\u00eda la situaci\u00f3n b\u00e9lica, ten\u00eda que sufrir el pillaje de los soldados de uno y otro bando, que rivalizaban en crueldad hacia los campesinos en su ansia de bo\u00adt\u00edn o, simplemente, de v\u00edveres, ya que las tropas ten\u00edan que vivir sobre el terreno. El hambre se aba\u00adt\u00eda sobre las regiones afectadas con caracteres apocal\u00edpticos y a ella se sumaba la peste, que diezmaba las poblaciones. La acci\u00f3n de Vicente abarc\u00f3 todos los aspectos. Mont\u00f3 oficinas para la asistencia a los desplazados y la recaudaci\u00f3n de fondos, organiz\u00f3 el env\u00edo de v\u00edveres, ropa y he\u00adrramientas a las zonas devastadas. Reparti\u00f3 dinero entre los expoliados. Cre\u00f3 equipos de enterra\u00addores que limpiaran de cad\u00e1veres los campos de batalla. Envi\u00f3 Hijas de la Caridad a los hospitales de campa\u00f1a. Puso en marcha un servicio de informaci\u00f3n para dar a conocer a la opini\u00f3n p\u00fablica y, sobre todo, a las clases pudientes, los estra\u00adgos de la situaci\u00f3n. Ejerci\u00f3 su influencia personal para obtener de los gobernantes medidas que devolvieran la paz a la martirizada naci\u00f3n. Todo ello le vali\u00f3 que varias de las poblaciones asisti\u00addas le proclamaran \u00abPadre de la Patria\u00bb.<\/p>\n<h2>Veinte a\u00f1os de realizaciones (1633-1653). Em\u00adpresas eclesiales<\/h2>\n<p>La notoriedad adquirida por Vicente gracias a sus m\u00faltiples empresas apost\u00f3licas y caritativas dieron a su figura dimensiones nacionales. Las al\u00adtas esferas del poder pol\u00edtico y eclesial se inte\u00adresaron por el ya prestigioso sacerdote y se ase\u00adguraron su colaboraci\u00f3n. El Cardenal Richelieu empez\u00f3 a consultarle en 1638 sobre los candi\u00addatos al episcopado. La reina Ana de Austria le llam\u00f3 en 1643 junto al lecho de su esposo ago\u00adnizante, Luis XIII, para que le ayudase a bien mo\u00adrir y, al inaugurar su regencia, lo tom\u00f3 por confe\u00adsor y lo hizo miembro del Consejo de Conciencia, organismo asesor del soberano en los asuntos eclesi\u00e1sticos y, especialmente, en el nombra\u00admiento de obispos. Figuraba en \u00e9l junto a Maza\u00adrino y, seg\u00fan dec\u00eda el mismo Cardenal, con m\u00e1s influencia que \u00e9l en los nombramientos. Huma\u00adnamente, en esos momentos alcanz\u00f3 Vicente la plenitud de su carrera. La alcanz\u00f3 tambi\u00e9n en su vocaci\u00f3n de reformador de la Iglesia de Francia, hasta el punto de que un autor contempor\u00e1neo dice de \u00e9l que el Rey hab\u00eda puesto la Iglesia en sus manos. Una pl\u00e9yade de nuevos obispos, aba\u00addes, can\u00f3nigos, beneficiados, p\u00e1rrocos y vicarios empez\u00f3 a ocupar los puestos claves de la ma\u00adquinaria eclesial, llevando a todas partes el esp\u00ed\u00adritu de reforma. Tanto m\u00e1s cuanto muchos de los reci\u00e9n nombrados continuaban manteniendo con Vicente relaciones estrechas y consult\u00e1ndo\u00adle sobre los problemas que encontraban en el de\u00adsempe\u00f1o de sus oficios. Igualmente notable fue su influencia en la reforma de las \u00f3rdenes reli\u00adgiosas, en la represi\u00f3n de los esc\u00e1ndalos p\u00fabli\u00adcos -blasfemia, duelos, libros perniciosos- y en la oposici\u00f3n al progreso de la herej\u00eda.<\/p>\n<p>En asuntos estrictamente pol\u00edticos, Vicente no intervino. Su acci\u00f3n en ese terreno se limit\u00f3 a propiciar soluciones pacificadoras de los con\u00adflictos. As\u00ed, en 1640, se postr\u00f3 delante de Ri\u00adchelieu para pedirle que diese la paz a Francia y en 1649, ante el problema de la Fronda, le sugi\u00ad ri\u00f3 a Mazarino que, cual otro Jon\u00e1s, se arrojase al mar, es decir, dimitiese, para calmar la tem\u00adpestad, consejo que, naturalmente, el poderoso cardenal se guard\u00f3 bien de seguir y que le vali\u00f3 a Vicente su declarada hostilidad.<\/p>\n<p>En cambio, en la lucha contra el Jansenismo, Vicente desempe\u00f1\u00f3 un papel de primer plano. El Jansenismo debe su nombre a un sacerdote fla\u00admenco, Cornelio Janssen o \u00abJansenio\u00bb, futuro obispo de Ipres. Durante sus estudios en la Sor-bona de Par\u00eds, Jansenio trab\u00f3 amistad con Jean Duvergier de Hauranne, descendiente de una im\u00adportante familia de Bayona, que ha pasado a la his\u00adtoria con el sobrenombre de Abad de Saint Cyran. Saint Cyran y Jansenio convivieron durante siete a\u00f1os en el dominio familiar del primero, intensa\u00admente dedicados al estudio de la Sagrada Escri\u00adtura y los Santos Padres. El resultado de sus cavilaciones fue una nueva teor\u00eda sobre las rela\u00adciones entre la naturaleza y la gracia bastante pr\u00f3xima a las tesis calvinistas y que ten\u00eda como consecuencia un extremado rigorismo moral y desmesuradas exigencias para la recepci\u00f3n de la eucarist\u00eda y la concesi\u00f3n de la absoluci\u00f3n sacra\u00admental a los pecadores. Los disc\u00edpulos de Saint Cyran llevar\u00edan estas consecuencias hasta el \u00falti\u00admo extremo, lo que dar\u00eda lugar a ruidosas contro\u00adversias sobre la comuni\u00f3n frecuente. Vicente ha\u00adb\u00eda sido tambi\u00e9n amigo de Saint Cyran. Durante alg\u00fan tiempo compartieron incluso el alojamiento y llegaron a hacer bolsa com\u00fan. Pero Vicente no sigui\u00f3 a su amigo cuando \u00e9ste emprendi\u00f3 un ca\u00admino equivocado. Le separaban de \u00e9l ideas b\u00e1si\u00adcas y el concepto mismo de Iglesia. Vicente, evangelizador de los pobres, no pod\u00eda estar de acuerdo con la pr\u00e1ctica jansenista seguida por Saint Cyran y su partido de exigir la contrici\u00f3n y el cumplimiento de la penitencia antes de conce\u00adder la absoluci\u00f3n sacramental. Un inicio de ruptura se produjo en una tormentosa entrevista celebra\u00adda en 1637, al intentar Vicente avisar a su antiguo amigo de los rumores que corr\u00edan sobre \u00e9l de sos\u00adtener opiniones y pr\u00e1cticas opuestas a la doctrina de la Iglesia. Saint Cyran acab\u00f3 tachando a Vi\u00adcente de ignorante y dici\u00e9ndole que se maravilla\u00adba de que su Congregaci\u00f3n le aguantase como su\u00adperior. Ello no obstante, Vicente se mantuvo por entonces fiel a la vieja amistad y cuando Richelieu hizo detener a Saint Cyran encerr\u00e1ndole en el cas\u00adtillo de Vicennes y emprendi\u00f3 su procesamiento. Vicente, citado como testigo, eludi\u00f3 toda palabra de condena, recurri\u00f3 a evasivas cuando se le in\u00adterrog\u00f3 sobre puntos concretos y trat\u00f3 de inter\u00adpretar en sentido ortodoxo las afirmaciones m\u00e1s sospechosas atribuidas a Saint Cyran. El proceso no lleg\u00f3 a su conclusi\u00f3n por la muerte de Riche\u00adlieu en 1642 y la subsiguiente excarcelaci\u00f3n de Saint Cyran decretada por Mazarino a su acceso al poder. Tambi\u00e9n Saint Cyran falleci\u00f3 poco des\u00adpu\u00e9s {1643) y entonces se abri\u00f3 una nueva fase de la controversia. La publicaci\u00f3n en 1640 del Au\u00adgustinus, la obra capital de Jansenio, y la activa campa\u00f1a que los disc\u00edpulos de Saint Cyran, lide\u00adrados por el famoso Antonio Arnauld emprendie\u00adron para propagar ideas suyas como la de las dos cabezas de la Iglesia e imponer sus pr\u00e1cticas dis\u00adciplinares, en particular su rechazo de la comuni\u00f3n frecuente se\u00f1alaron el comienzo de las hostilida\u00addes. Vicente, libre de las trabas que hasta enton\u00adces le hab\u00edan puesto consideraciones de amistad personal, tom\u00f3 sin vacilaciones, como miembro del Consejo de conciencia y como particular, el parti\u00addo contrario. En el terreno pr\u00e1ctico, que era el suyo, fue el l\u00edder indiscutible del movimiento an\u00adtijansenista y el promotor infatigable de la apela\u00adci\u00f3n a Roma y de la condenaci\u00f3n por \u00e9sta del libro y las ideas de Jansenio. Escribi\u00f3 cartas acla\u00adratorias, recab\u00f3 firmas de obispos y otras perso\u00adnalidades para solicitar la intervenci\u00f3n romana, financi\u00f3 y orient\u00f3 a la delegaci\u00f3n que con este ob\u00adjeto se traslad\u00f3 a la ciudad eterna. Algunas de las m\u00e1s importantes reuniones destinadas a planear la estrategia de la lucha antijansenista se celebra\u00adron en su casa de San L\u00e1zaro y bajo su presiden\u00adcia. Fue entonces cuando, en contraste con sus reticencias en el proceso de 1639, declar\u00f3: <em>\u00abel se\u00f1or de Saint Cyran\u2026 ni siquiera cre\u00eda en los Con\u00adcilios\u00bb. <\/em>Cuando el 9 de junio de 1653 se promul\u00adg\u00f3 al fin la condenaci\u00f3n de Jansenio, Vicente re\u00adcibi\u00f3 y comunic\u00f3 la noticia con alborozo y grandes sentimientos de gratitud al Se\u00f1or por haber libra\u00addo a su Iglesia de tan perniciosa herej\u00eda. La lucha antijansenista es, en cierto sentido, la culminaci\u00f3n de la vocaci\u00f3n vicenciana. El triunfo del Jansenis\u00admo hubiera dejado sin sentido todo el esfuerzo vi\u00adcenciano por acercar la religi\u00f3n a los pobres y for\u00admar un clero bien entrenado en la administraci\u00f3n de los sacramentos. La reforma de la Iglesia fran\u00adcesa, tan animosamente emprendida por un gru\u00adpito de hombres de buena voluntad entre los que sobresal\u00eda Vicente, hubiera entrado en un callej\u00f3n sin salida o se habr\u00eda reducido a un tard\u00edo remedo de la reforma protestante. Y no olvidemos que, pa\u00adra colocar a Vicente de Pa\u00fal, en el papel hist\u00f3rico que le corresponde, hay que ver en \u00e9l, por enci\u00adma de cualquier otra consideraci\u00f3n, un reformador de la Iglesia. Reducirlo a un mero fil\u00e1ntropo, pre\u00adocupado solamente de la suerte material de los me\u00adnos favorecidos es empeque\u00f1ecerle.<\/p>\n<h2>La l\u00facida ancianidad (1653-1660)<\/h2>\n<p>En 1653, a los setenta y tres a\u00f1os de edad, Vicente hab\u00eda coronado felizmente sus principales empresas. Se internaba en una ancianidad peno\u00adsa en lo fisiol\u00f3gico, pero l\u00facida y laboriosa. Aun\u00adque cesado por Mazarino en el Consejo de conciencia, continu\u00f3 ocup\u00e1ndose de mejorar a la Iglesia y, sobre todo de ultimar los detalles de la institucionalizaci\u00f3n de sus fundaciones. En 1655 consigui\u00f3 del Papa Alejandro VII la aprobaci\u00f3n de los votos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y en 1658 distribuy\u00f3 a sus misioneros, impresas, las Reglas Comunes de la Compa\u00f1\u00eda que luego les explic\u00f3 punto por punto en las conferencias o pl\u00e1\u00adticas que semanalmente dirig\u00eda a la comunidad y que constituyen su verdadero testamento espiri\u00adtual. Lo mismo hizo con las Hijas de la Caridad. Se neg\u00f3 en cambio a hacerse cargo del Hospital Ge\u00adneral creado por el gobierno para encerrar a los mendigos. Vicente era enemigo de las medidas de fuerza: <em>\u00abla coacci\u00f3n puede ser un obst\u00e1culo a los planes de Dios\u00bb. <\/em>Su prop\u00f3sito no hab\u00eda sido nun\u00adca suprimir artificialmente la mendicidad y menos a\u00fan, ocultarla sin remediarla. Entre las satisfac\u00adciones recibidas en sus \u00faltimos a\u00f1os figuran la gran misi\u00f3n de Metz, predicada por los sacerdo\u00adtes de las Conferencias de los Martes con el ase\u00adsoramiento de sus misioneros y la de ver c\u00f3mo el Papa hac\u00eda obligatorios en Roma los ejercicios a ordenandos predicados en la casa de la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n de Monte Citorio. Las dos obras capitales de Vicente, la misi\u00f3n y la reforma del clero recib\u00edan as\u00ed el m\u00e1s alto de los refrendas.<\/p>\n<p>Pero los a\u00f1os avanzaban irremediablemente y la salud de Vicente se resent\u00eda. Diversas enfer\u00admedades la hab\u00edan minado a lo largo de su vida. Joven a\u00fan, una grave dolencia contra\u00edda en casa de los Gondi le hab\u00eda dejado como secuela inter\u00admitentes hinchazones de las piernas que en oca\u00adsiones le imped\u00edan andar. Hacia 1620 empez\u00f3 a padecer una fiebre peri\u00f3dica -mi fiebrecilla, la lla\u00admaba \u00e9l- que le asaltaba a intervalos irregulares y era posiblemente alguna especie de paludismo. Particularmente graves fueron los ataques que padeci\u00f3 en 1644 y 1649, hasta el punto de que se temi\u00f3 seriamente por su vida, Su \u00faltima enfer\u00admedad puede decirse que comenz\u00f3 en 1656, con fiebres alt\u00edsimas e inflamaci\u00f3n de la parte inferior de las piernas, hasta la rodilla. Para colmo de ma\u00adles, a primeros de 1658 padeci\u00f3 un accidente al romperse una ballesta de su carroza, que volc\u00f3. Vicente recibi\u00f3 una fuerte contusi\u00f3n en la cabe\u00adza. Poco despu\u00e9s se le declar\u00f3 un absceso en un ojo, que le produc\u00eda atroces sufrimientos. A los dolores f\u00edsicos se sumaron los padecimientos mo\u00adrales. En el curso del \u00faltimo a\u00f1o de su vida vio <strong>de\u00ad<\/strong>saparecer uno tras otro a sus m\u00e1s \u00edntimos cola\u00adboradores: Alano de Solminihac, el celoso obispo de Cahors, compa\u00f1ero de armas en la lucha con\u00adtra el Jansenismo y en otras muchas empresas; Antonio Portail, su primer disc\u00edpulo y compa\u00f1ero de misi\u00f3n; Luisa de Marillac, la cofundadora de las Hijas de la Caridad; el abad de Chandenier, infati\u00adgable valedor de Vicente mediante su conexiones con las altas esferas de la nobleza y de la Iglesia\u2026 Vicente lo sufri\u00f3 todo sin una sola queja. Su es\u00adtado se agrav\u00f3 a\u00fan m\u00e1s en los primeros meses de 1660. Ya no le fue posible salir de su habitaci\u00f3n ni siquiera para celebrar la santa misa. La muerte sobrevino el 27 de septiembre de ese a\u00f1o, a las cinco menos cuarto de la ma\u00f1ana, sentado en un sill\u00f3n junto a la chimenea y rodeado de sus hijos espirituales que, sol\u00edcitamente, se turnaban para cuidarle y sugerirle piadosas jaculatorias. An\u00adtes de morir bendijo, a petici\u00f3n de los presentes, todas y cada una de sus obras. Su \u00faltima palabra antes de morir fue el nombre de Jes\u00fas. Un testi\u00adgo ocular dice que \u00abpermaneci\u00f3 bello y m\u00e1s ma\u00adjestuoso de ver que nunca\u00bb. Hab\u00eda sido la suya una existencia plenamente realizada que, sin embar\u00adgo, estaba destinada a producir despu\u00e9s de su muerte, sus mejores frutos. De Vicente de Pa\u00fal, en efecto, beatificado el 21 de agosto de 1729 y canonizado el 16 de junio de 1737, arranca la po\u00adderosa corriente de espiritualidad conocida como vicencianismo cuyos herederos son, ante todo, los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, las Hijas de la Caridad, la comunidad m\u00e1s numerosa de la Iglesia, las asociaciones seglares fundadas por \u00e9l o bajo su inspiraci\u00f3n, como las Voluntarias de la Caridad y las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal, pero que pertenece a la Iglesia entera, que por Vicente de Pa\u00fal, descubri\u00f3 una nueva dimen\u00adsi\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>L. ABELLY, La Vie du venerable serviteur de Dieu Vincent de Paul\u2026, Paris. Florentin Lambert. 1664, 3 tomos en 1 vol. : XVIII+260 480 274 p. ( vers. espa\u00f1ola en CEME 1994).- P. COLLET, La vie de Saint Vincent de Paul, instituteur de la C.M. et des Filies de la Charit\u00e9\u2026- Nancy. A. Lescure. 1749, 2 vols. : (5)+XX&#8217;Vl+588 X+615 p. .- U. MAYNARD, Saint Vincent de Paul. Sa vie, son temps. ses oeuvres, son influence, Pa\u00adris. Bray. 1860. 4 vols. : XXI1+456 476 495 488, &#8211; P. COSTE, El gran santo del gran siglo. El se\u00f1or Vicente, CEME, Salamanca 1990-1992, 3 vol. 316, 444, 400 pg. .- J. M&#8217; ROM\u00c1N FUENTES, San Vicente de Pa\u00fal. Biograf\u00eda. Present. de Ri\u00adchard McCullen. 2a edic. Madrid. BAC. 1982.- XXI I +707 p.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La infancia campesina (1580-1600) Son poco conocidos los primeros a\u00f1os de la biograf\u00eda de Vicente, empezando por el de su na\u00adcimiento, que los antiguos bi\u00f3grafos fecharon un\u00e1nimemente en el martes de Pascua de 1576. 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