{"id":44402,"date":"2011-07-27T02:22:57","date_gmt":"2011-07-27T00:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/susana-guillemin-%c2%a1religiosa-%c2%a1misionera\/"},"modified":"2011-07-27T02:22:57","modified_gmt":"2011-07-27T00:22:57","slug":"susana-guillemin-religiosa-misionera","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-religiosa-misionera\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: \u00a1Religiosa! \u00a1Misionera!"},"content":{"rendered":"<dl id=\"attachment_33649\" class=\"wp-caption alignright\" style=\"width: 247px\">\n<dt class=\"wp-caption-dt\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-33649\" title=\"Susana Guillemin, H.C.\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"Susana Guillemin, H.C.\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a><\/dt>\n<dd class=\"wp-caption-dd\">Susana Guillemin, H.C.<\/dd>\n<\/dl>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<div>\n<p><strong>A las religiosas, en Carcassonne, 9 de septiembre de 1967.<\/strong><\/p>\n<p>La primera de estas dos palabras parece atraer irresistiblemente a la segunda. Y en esto es en lo que debemos detenernos a reflexionar.<\/p>\n<p>\u00abLa Iglesia peregr\u00ednante es por su naturaleza misionera\u00bb, nos dice el Decreto \u00abAd Gentes\u00bb en el art\u00edculo 2\u00b0.<\/p>\n<p>Y es de toda l\u00f3gica que continuemos de esta manera: por su naturaleza de hijo de Dios, el cristiano, en este mundo, es misionero, y con mayor raz\u00f3n lo es la religiosa.<\/p>\n<p>En \u00abAd Gentes\u00bb encontramos las grandes l\u00edneas de nuestra reflexi\u00f3n de hoy:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">A) La misi\u00f3n se vive en la Iglesia como promulgaci\u00f3n de la misi\u00f3n de Cristo: es cuesti\u00f3n de conversi\u00f3n interior.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">B) La misi\u00f3n exige una gran sinceridad de \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb: aqu\u00ed se trata de la renovaci\u00f3n de las formas.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">C) La misi\u00f3n necesita de las religiosas: nos encontramos ante el valor espec\u00edfico de la consagraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">D) La misi\u00f3n re\u00fane al pueblo de Dios para el servicio de la evangelizaci\u00f3n del mundo: aqu\u00ed tenemos el testimonio de la unidad.<\/p>\n<p>Los tres primeros puntos interesan indistintamente a las religiosas misioneras fuera de su pa\u00eds y a las que trabajan en \u00e9ste.<\/p>\n<p>El \u00faltimo trata de las relaciones que deben sellar y manifestar la unidad profunda de la Misi\u00f3n en ambas situaciones diferentes.<\/p>\n<p><strong>A) Nuestra misi\u00f3n se sit\u00faa en la Iglesia y como prolongaci\u00f3n de la misi\u00f3n de Cristo<\/strong><\/div>\n<div>\n<p>Es necesario que dirijamos una mirada de Fe a nuestra misi\u00f3n tal y como se inscribe en la Iglesia y en Cristo, para descubrir as\u00ed la espiritualidad que debe animarla.<\/p>\n<p><em>1. La doctrina<\/em><\/p>\n<p>De lo que se trata es de una conversi\u00f3n del esp\u00edritu y de una conversi\u00f3n del coraz\u00f3n, a la luz de la Fe. S\u00f3lo por ese camino podremos llegar sin peligro a la conversi\u00f3n de la vida, a la renovaci\u00f3n que reclama de nosotras el Concilio. Antes de preguntamos: \u00abeQu\u00e9 debemos hacer?\u00bb, pregunt\u00e9monos siempre: \u00ab\u00bfQu\u00e9 debemos ser?\u00bb<\/p>\n<p>Me parece que actualmente, en medio del admirable movimiento de renovaci\u00f3n que se est\u00e1 efectuando en la vida religiosa, existe un peligro que se abre paso y se acent\u00faa: es el de dar la primac\u00eda a las transformaciones exteriores antes que a la evoluci\u00f3n interior; el de instaurar nuevas modalidades de vida y de acci\u00f3n antes de haber preparado a las Hermanas para que asuman en fe esas modificaciones. El acto inicial de la renovaci\u00f3n en una Congregaci\u00f3n es el de ponerse en estado de conversi\u00f3n; y pienso que el primer resultado, el m\u00e1s positivo de nuestros Cap\u00edtulos Generales, no ser\u00e1 tanto la reforma de las Constituciones cuanto el inmenso esfuerzo llevado a cabo simult\u00e1neamente por todas las Hermanas; esfuerzo que representa una especie de examen de conc\u00edencia y de revisi\u00f3n de vida de todo el Instituto y de cada Hermana en particular. Esta movilizaci\u00f3n de todas las potencias espirituales de una Congregaci\u00f3n \u2014potencias de s\u00faplica, de reflexi\u00f3n, de oraci\u00f3n, puesta en juego de las responsabilidades personales y comunitarias\u2014 es\u00a0el acto esencial de la renovaci\u00f3n, sin el cual todos los dem\u00e1s correr\u00edan el riesgo de permanecer infructuosos.<\/p>\n<p>Por eso, antes de preguntarnos: \u00ab\u00bfC\u00f3mo ser realmente misionera en medio de mis hermanos, signo de Dios entre los que no creen en El, c\u00f3mo anunciar a Jesucristo?\u00bb, empecemos por situarnos en el campo de la Fe, por convertir nuestro esp\u00edritu a las realidades de la Fe.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Leamos esta frase del Decreto: \u00ab&#8230; de aqu\u00ed proviene el deber de la Iglesia de propagar la Fe y la salvaci\u00f3n de Cristo; de una parte, en virtud del mandato expreso que de los Ap\u00f3stoles hered\u00f3&#8230;; de otra, en virtud de la vida que a sus miembros infunde Cristo&#8230;\u00bb (art. 5.).<\/p>\n<p>Sin llevar demasiado lejos la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, es f\u00e1cil de medir todo el alcance de nuestra misi\u00f3n si la consideramos as\u00ed. Estamos muy lejos de una simple dependencia disciplinaria; es una verdadera incorporaci\u00f3n a la Iglesia y a Cristo; es la vida de Cristo la que se expresa a trav\u00e9s de la nuestra. Ah\u00ed radica toda nuestra alegr\u00eda, toda nuestra fuerza, toda nuestra confianza y la irreductible Esperanza que no nos abandonar\u00e1 nunca. No se puede mantener una vida misionera con todas sus dificultades, si no se est\u00e1 firmemente cimentado en esa roca. Saber por la Fe que estamos en la Iglesia, que obramos dentro de la acci\u00f3n de Cristo, confiere todo su valor a nuestra vida y nos establece con toda seguridad en la Verdad eterna.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo individual, sino corporativamente: el sentido de la incorporaci\u00f3n profunda de nuestros Institutos religiosos a la Iglesia, \u00abdados por ella al Se\u00f1or, ordenados a su misi\u00f3n, inseparables de su vida y de su santidad\u00bb, como lo ense\u00f1a \u00abLumen Gentium\u00bb, es una de las convicciones de base esenciales para toda vida religiosa misionera.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n doctrinal y m\u00edstica de la misi\u00f3n debe llevarnos infaliblemente a otras concepciones pr\u00e1cticas coincidentes con ella.<\/p>\n<p><em>2. La pr\u00e1ctica<\/em><\/p>\n<p>En primer lugar, la convicci\u00f3n de que nuestra incorporaci\u00f3n a la Iglesia tiene que hacer nacer en nosotras la voluntad de trabajar efectivamente en uni\u00f3n estrecha y profunda con todos los \u00f3rganos de la Iglesia. Nuestro esp\u00edritu debe estar imbuido por la preocupaci\u00f3n de manifestar exteriormente la unidad de la misi\u00f3n de la Iglesia, preocupaci\u00f3n que le servir\u00e1 de gu\u00eda en cualquier decisi\u00f3n que tengamos que tomar<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Y esto no es exclusivo de las religiosas, de nosotras, de cada una de nosotras; ha de ser norma tambi\u00e9n de nuestros Institutos. Y pienso que cada uno de ellos tiene que realizar cada vez m\u00e1s conscientemente y cada vez m\u00e1s eficazmente, su inserci\u00f3n vital, la de sus actividades, en la gran Misi\u00f3n de la Iglesia. Trataremos de encontrar algunas aplicaciones pr\u00e1cticas de ello en la \u00faltima parte de esta charla. Por el momento, continuamos refiri\u00e9ndonos al plano de las actividades de esp\u00edritu que, nacidas de la Fe, tienen que transformar progresivamente nuestra mentalidad para, finalmente, influir en toda nuestra vida. Me parece que, frente a esas realidades sobrenaturales, no basta una adhesi\u00f3n intelectual; se precisa una adhesi\u00f3n espiritual que no puede conseguirse si no es mediante la oraci\u00f3n. Tiene que operarse una verdadera conversi\u00f3n de esp\u00edritu en nosotras, y ello sin interrupci\u00f3n.<\/p>\n<p>Existe una tendencia actual \u2014relacionada con la evoluci\u00f3n del mundo\u2014 a crear t\u00e9cnicas de apostolado. Es cierto que el apostolado puede emplear algunos medios t\u00e9cnicos y que sin duda es bueno poner la t\u00e9cnica al servicio del apostolado; pero \u00e9ste no estar\u00e1 nunca ligado de manera infalible a cualquier tipo de t\u00e9cnicas. Entrar en la Misi\u00f3n de Cristo es ante todo crear en nosotras la adhesi\u00f3n a El, \u00abdar a conocer con confianza el misterio de Cristo&#8230; sin avergonzarse del esc\u00e1ndalo de la cruz\u00bb. Ser\u00eda necesario leer todo el art\u00edculo 24 del Decreto que detalla la espiritualidad misionera:<\/p>\n<p>\u00abCon una vida realmente evang\u00e9lica, con mucha paciencia, con longanimidad, con suavidad, con caridad sincera&#8230; en la experiencia intensa de la tribulaci\u00f3n y de la absoluta pobreza&#8230; est\u00e9 convencido de que la obediencia es virtud caracter\u00edstica del ministro de Cristo&#8230; no descuidar la gracia que poseen&#8230; renovar su esp\u00edritu constantemente&#8230;\u00bb (art. 24).<\/p>\n<\/div>\n<p>3. <em>El alma de una vida misionera<\/em><\/p>\n<div>\n<p>Este doble movimiento de conversi\u00f3n del esp\u00edritu y del coraz\u00f3n a la mis\u00ed\u00f3n teologal, podr\u00edamos decir que constituye el alma misma de una vida misionera, y el alma de la renovaci\u00f3n que tenemos que llevar a cabo para vivir esa vida. Si nuestra Fe es total en ese punto, estaremos prontas a afrontar, a operar la conversi\u00f3n de la vida: tal es el objeto de nuestro segundo punto.<\/p>\n<p>Estaremos prontas a asumir las condiciones particulares de determinada situaci\u00f3n o experiencia misionera.<\/p>\n<p>Estaremos prontas a adaptar nuestra vida religiosa a las exigencias apost\u00f3licas.<\/p>\n<p>Estaremos prontas a comprender a la gente, a hacer nuestras sus dificultades.<\/p>\n<p><strong>B) La misi\u00f3n exige una gran sinceridad de encarnaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>\u00abMas El asumi\u00f3 la entera naturaleza humana cual se encuentra en nosotros, miserables y pobres, pero sin el pecado\u00bb (\u00abAd Gentes\u00bb, art. 3).<\/p>\n<p>\u00abLa Iglesia, para poder ofrecer a todos el misterio de la salvaci\u00f3n <em>y <\/em>la vida tra\u00edda por Dios, debe insertarse en todos estos grupos con el mismo afecto con que Cristo se uni\u00f3 por su encarnaci\u00f3n a las determinadas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivi\u00f3\u00bb (art. 10).<\/p>\n<p>Y ahora es el momento de preguntarnos: \u00ab\u00bfQu\u00e9 tenemos que hacer?\u00bb<\/p>\n<p>F\u00e1cilmente nos encontrar\u00edamos inclinadas a considerar el trabajo de la renovaci\u00f3n como una tarea concreta, con un principio y un fin, en la que habr\u00edamos de insertar unas estructuras, establecer unos m\u00e9todos definitivamente adaptados. Y entonces querr\u00edamos que se nos fijase de una manera precisa \u00ablo que hay que hacer\u00bb para responder a la voluntad de la Iglesia. Nos gustar\u00eda rec\u00edbir \u00f3rdenes que pusieran a resguardo nuestra responsabilidad, que trazaran unos l\u00edmites en el tiempo y en el espacio a lo que hubiera que hacer. Pero el pensamiento de la Iglesia es completamente distinto: una vez que ha fijado los principios rectores, la \u00abdoctrina\u00bb de la renovaci\u00f3n adaptada, la iglesia deja a cada Instituto el cuidado de proveer a ponerlos por obra seg\u00fan el carisma propio. La conversi\u00f3n al Evangelio no es un acto puntual, que queda hecho sin m\u00e1s, sino un estado de conversi\u00f3n permanente en el que deben vivir nuestras Congregaciones; estado de vigilancia <em>y <\/em>de b\u00fasqueda.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>No podremos nunca \u00abinstalarnos\u00bb en una renovaci\u00f3n bien determ\u00ednada, limitada, perfilada, tranquilizadora, que ha de hacer infaliblemente de nosotras misioneras como es debido&#8230; Lo que tendremos que vivir es una renovaci\u00f3n diaria, siempre en acci\u00f3n, que brote de un esp\u00edritu, de una mentalidad impregnada de la realidad teol\u00f3gica de la Misi\u00f3n que acabamos de evocar <em>y <\/em>de otros dos puntos de doctrina que Vaticano II pone de relieve: se les podr\u00eda llamar \u00abpuntos clave\u00bb. Son: la doctrina del laicado en la Iglesia y las relaciones de la Iglesia con el mundo. Cuantas opc\u00edones tengamos que hacer han de ir iluminadas por estos tres focos de luz:<\/p>\n<ol>\n<li>La Iglesia, en su Misi\u00f3n, necesita de la vida religiosa;<\/li>\n<li>En la Misi\u00f3n de la Iglesia, el laicado tiene un puesto y unas responsabilidades prop\u00edas;<\/li>\n<li>\u00abLa Iglesia&#8230; su raz\u00f3n de ser es actuar como fermento <em>y <\/em>como alma de la sociedad&#8230;\u00bb (G.S., 40 pfo. 2).<\/li>\n<\/ol>\n<p>Por lo tanto, tenemos que preguntarnos de qu\u00e9 se compone la verdadera cercan\u00eda misionera a las personas a las que estamos enviadas. E inmediatamente se nos viene al pensamiento la primera respuesta: Conocerlas.<\/p>\n<p><em>1. Conocer<\/em><\/p>\n<p>No es f\u00e1cil llegar a un verdadero conocimiento de las personas. Con frecuencia, creemos conocerlas, y nos enga\u00f1amos miserablemente. Suponemos en ellas reacciones semejantes a las nuestras; con facilidad creer\u00edamos que las opiniones que manifiestan exteriormente, que algunas maneras de ser o de pensar que nos chocan est\u00e1n calcadas de un fondo interior semejante al nuestro.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Me parece que la primera condici\u00f3n para el conocimiento es saber que no llegaremos nunca a conocerlas totalmente, sobre todo si nos separan de ellas diferencias de origen social, de pa\u00eds o de raza. Conocer quiere decir \u00abnacer con\u00bb, y nosotras no hemos nacido con esas personas con las que tratamos: esta diferencia radical permanecer\u00e1 siempre.<\/p>\n<p>Tendremos que ir naciendo poco a poco a todo lo que constituye su mentalidad y su vida. Evidentemente, para ello es muy de desear una formaci\u00f3n racional. \u00bfC\u00f3mo? Confesemos sencillamente que est\u00e1 todav\u00eda por descubrir y que son muy pocas las religiosas que han seguido cursos de pastoral o de psicosociolog\u00eda. El programa de estudios de los Juniorados que se est\u00e1n organizando ahora por todas partes, tendr\u00eda que tener en cuenta esta necesidad. Una formaci\u00f3n para la pastoral en un lugar determinado mediante el estudio y mediante contactos diversos, testimonios, pr\u00e1cticas&#8230; tendr\u00eda que implantarse. Pero estemos persuadidas de que por muy necesar\u00edo que esto sea, no nos aportar\u00e1 sino ejemplos, m\u00e9todos de conocimiento, antes que un conocimiento verdadero: saber mirar, saber escuchar, saber descubrir los signos. S\u00f3lo del contacto con las personas brota las cercan\u00eda de coraz\u00f3n y de esp\u00edritu.<\/p>\n<p>2. <em>Escuchar<\/em><\/p>\n<p>No hay muchas personas que sepan escuchar con verdadera atenci\u00f3n, con la intenci\u00f3n de acoger lo que se les dice con gran respeto al pensamiento, del otro, aun cuando sea contrario al suyo. \u00a1Estamos tan preocupados con lo que debemos decirle \u2014por su bien, seg\u00fan creemos\u2014, que no prestamos m\u00e1s que una atenci\u00f3n distra\u00edda a lo que \u00e9l nos dice! y nos quedamos estancados sin avanzar un palmo en la compenetraci\u00f3n con nuestros hermanos.<\/p>\n<p>Si medit\u00e1ramos un poco \u00abEcclesiam suam\u00bb, sabr\u00edamos que \u00abLo primero de todo, aun antes de hablar, <em>es <\/em>escuchar la voz,m\u00e1s a\u00fan, el coraz\u00f3n del hombre; comprenderlo en cuanto sea posible, respetarlo y, donde lo merezca, secundarlo&#8230; El clima del di\u00e1logo es la amistad&#8230;\u00bb (n. 80, ed. BAC 1972). Sigue siendo realmente verdad que no llegamos a conocer bien sino con el coraz\u00f3n. La verdadera cercan\u00eda con las personas es interior, reside en esa caridad permanente que nos une a ellas.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>3. <em>Convivir<\/em><\/p>\n<p>Mirar, escuchar, dialogar, todo esto supone que vivimos con las personas, que convivimos con ellas, y de ah\u00ed es de donde brotan, precisamente, todas las dificultades. \u00bfC\u00f3mo y hasta qu\u00e9 punto hay que convivir con la gente? \u00bfC\u00f3mo conciliar esta convivencia con la vida de Comunidad?, \u00bfcon las exigencias y el testimonio de los votos y la separaci\u00f3n inherente a nuestra vida religiosa? \u00bfC\u00f3mo hacer para que nuestra vida entre ellas sea presencia y signo de Dios y de la Iglesia?<\/p>\n<p>No hay respuestas perentorias y un\u00e1nimes a estas preguntas. Por lo dem\u00e1s, tampoco se presentan de la misma manera a todas las Congregaciones, dada la diversidad de vocaciones espec\u00edficas. Tratemos de apuntar a las m\u00e1s se\u00f1aladas, buscando elementos posibles de soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una frase de Mons. Ancel puede servirnos de faro durante esta b\u00fasqueda:<\/p>\n<p>\u00abLa presencia de un ap\u00f3stol no es aut\u00e9ntica sino en la medida en que sabe unir el conformismo sociol\u00f3gico con el no conformismo espiritual\u00bb <em>(Cinq ans avec les <\/em>ouvriersCenturion, 1963); frase que podemos traducir como sigue: nuestra presencia misionera en nuestro lugar de acci\u00f3n no llevar\u00e1 consigo a Dios sino en la medida en que nos acerquemos y asemejemos a la gente que nos rodea, aunque permaneciendo profundamente lo que somos, es decir, religiosas. Ah\u00ed radica todo el dilema.<\/p>\n<p>Es \u00e9ste uno de los problemas que obsesionan sin cesar la conciencia de todas las Hermanas y m\u00e1s a\u00fan la de todas las Superioras. Es cierto que la mayor\u00eda de las veces damos la impresi\u00f3n de ser de otra clase que las personas a quienes servimos. Y estoy pensando preferentemente en los Institutos que por vocaci\u00f3n se dirigen a los que suelen llamarse \u00ablos pobres\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>No tengo la pretensi\u00f3n de resolver hoy este problema, pero tampoco nos est\u00e1 permitido eludirlo. Vivimos junto a la gente y nuestra presencia tiene que ser misionera, es decir, tiene que anunciar el Evangelio, y con frecuencia, la aparente riqueza de nuestras instalaciones y de nuestra vida se interpone entre nosotras y Cristo. Sabemos muy bien que esa riqueza no est\u00e1 ordenada a nosotras sino a la actividad que de ella se sirve: escuela, hospital, hogar infantil o, inclusive, casa de formaci\u00f3n o de retiro para las Hermanas&#8230; Parece que ser\u00eda una utop\u00eda el querer privar a la Iglesia o a la Comunidad de ese cuerpo exterior de Instituciones que no forman, hablando en propiedad, su misi\u00f3n, pero que est\u00e1n al servicio de \u00e9sta. Sin embargo, a los ojos de todos esa riqueza nos \u00abmarca\u00bb con su sello y amenaza con falsear el testimonio que damos<\/p>\n<p>Tendr\u00eda que ser posible separar la Comunidad de la Instituci\u00f3n en la que se inserta, tanto en lo referente a la vida de las Hermanas como en el plano econ\u00f3m\u00edco (la claridad en las finanzas) Esto parece una verdadera revoluci\u00f3n en nuestras posiciones tradicionales, pero se presenta como el camino que en el futuro permitir\u00e1 a las religiosas recobrar su independencia apost\u00f3lica. Llevarlo a cabo r\u00e1pidamente y de una sola vez, ser\u00eda peligroso; pero prepararnos espiritualmente, dar unos primeros pasos mediante alguna reali7aci\u00f3n cuidadosamente estudiada, parece un deber. En esto, m\u00e1s que en cualquiera otra cosa, la primera condici\u00f3n que debe asegurarse es la de la convicci\u00f3n \u00edntima de las religiosas que fueran a hacerse cargo de la experiencia.<\/p>\n<p>Este testimonio no deber\u00eda tener como \u00fanico objetivo el de la pobreza, sino tambi\u00e9n el de la semejanza de vida, el de renunciar a los privilegios en puestos, horarios, etc. Los privilegios, cualesquiera que sean, ya no se aceptan ni se comprenden en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Esto se refiere sobre todo al testimonio colectivo, pero facilitar\u00eda tambi\u00e9n mucho el estilo de vida personal de las Hermanas. Mucho habr\u00eda que decir acerca de esto, porque no se reduce s\u00f3lo a algunas normas exteriores: servirse de un 2 CV en vez de un coche m\u00e1s grande y confortable o bien de una bicicleta, o ir sencillamente a pie seg\u00fan los lugares&#8230; y otros detalles semejantes. El movimiento misionero tiende a asemejarnos a la gente en todos los detalles de nuestra vida: costumbres, alimentaci\u00f3n, hasta el mismo lenguaje, lo que no quiere decir adoptar una manera de hablar vulgar o impropia; es el amor que tenemos a todos el que nos inspirar\u00e1 la nota justa en esa semejanza exterior que nos ha de llevar poco a poco a ser verdaderamente una de ellos. Cuanto, gracias a la caridad, m\u00e1s real sea esa apariencia, tanto m\u00e1s aptas seremos para transmitir el mensaje. Nuestra \u00e9poca est\u00e1 marcada, m\u00e1s que otras, por el hecho de que la gente, ya sean franceses o no, aceptan con dificultad lo que viene de fuera, lo que se les ofrece desde arriba, y lo esperan todo de su propio grupo humano. La sinceridad de nuestra integraci\u00f3n es esencial, a condici\u00f3n de que deje transparentar los valores de la consagraci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Nuestra proximidad o cercan\u00eda a la gente ser\u00e1 siempre diferente de la de los seglares; tenemos que tener cuidado en ello, ahora sobre todo en que reina una especie de confusi\u00f3n en los esp\u00edritus, que no saben ya distinguir el papel propio de la vida religiosa y el del laicado Existe el peligro de que se produzca una a modo de diluci\u00f3n de la vida religiosa dentro de aqu\u00e9l y hemos de estar vigilantes. Si la vida religiosa no tiene otra cosa que decir que el mismo laicado, se acab\u00f3 su raz\u00f3n de ser: seamos valientes en ser lo que somos, para servir a la Iglesia.<\/p>\n<p><strong>C) La misi\u00f3n necesita de las religiosas<\/strong><\/p>\n<p>Se trata ahora de poner sobre la mesa el problema tan actual del signo de Dios que ha de ser la vida religiosa en el mundo:<\/p>\n<ol>\n<li>signo de consagraci\u00f3n: los votos;<\/li>\n<li>s\u00edgno de unidad: la vida comunitaria.<\/li>\n<\/ol>\n<\/div>\n<p><em>1. Signo de consagraci\u00f3n<\/em><\/p>\n<div>\n<p>Los votos son como las tres l\u00edneas de fuerza en las que se apoya nuestra consagraci\u00f3n para realizarse en plenitud.<\/p>\n<p>Se crea en nosotros un movimiento espiritual de desprendimiento de una misma, de desposesi\u00f3n de los bienes materiales por la pobreza, del coraz\u00f3n por la castidad, de nuestra voluntad propia por la obediencia.<\/p>\n<p>Esto no tiene sentido sino con miras a la posesi\u00f3n de Dios; s\u00f3lo El puede justificar lo que parece locura a los ojos de los hombres. Lo que constituye un drama en la hora actual es que la disminuci\u00f3n de la Fe impide a nuestros contempor\u00e1neos descubrir el lazo que nos une a Dios, y en nuestro don total no ven ya sino aquello que les parece una mutilaci\u00f3n de una vida humana o bien, intentan buscar una explicaci\u00f3n en compensaciones tales como una vida tranquila, la seguridad de que no se ha de carecer de nada&#8230; etc.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 ser\u00eda necesario empezar por recordar que la primera finalidad de nuestra consagraci\u00f3n no es la de ser un signo; su finalidad est\u00e1 en s\u00ed misma, en el hecho de ser consagraci\u00f3n, y aun suponiendo que el universo entero no llegara a comprenderla, quedar\u00eda plenamente justificada por la alabanza y homenaje a Dios que encierra. Esto bastar\u00eda.<\/p>\n<p>No pienso que ninguna de nosotras haya ingresado en su Instituto para ser un signo; todas lo hemos hecho por amor de Dios, y El har\u00e1 lo que quiera, lo que El quiera de esa entrega total que le hemos hecho de nosotras mismas. De todas formas, esto no nos dispensa de ver c\u00f3mo podremos hacerla visible, sobrenaturalmente luminosa para nuestros hermanos. Y esto no es f\u00e1cil.<\/p>\n<p>Hemos visto c\u00f3mo, con frecuencia, se desconoce nuestra <em>pobreza y <\/em>c\u00f3mo, con frecuencia tamb\u00ed\u00e9n, es menor materialmente hablando que la de las personas con quienes tratamos; \u00bfc\u00f3mo, pues, van \u00e9stas a adivinar el despojo interior en que debemos vivir? \u00bfc\u00f3mo van a ligar ese despojo con Dios? Tendr\u00e1 que ser gracias al abandono gozoso que hagamos de todo: nuestra facilidad en prestar lo que nos pertenece, en compartir lo que recibimos, en dejar un puesto de influencia, en salir de un oficio, de una casa que nos son queridos; en el desinter\u00e9s de la Comunidad, no dando la impresi\u00f3n de que hacemos negocios. Se trata de un esp\u00edritu de servicio sencillo y fraternal, de una fraternidad \u2014podr\u00edamos decir\u2014 en el uso de los bienes. Probar con nuestra vida que nada es nuestro, no s\u00f3lo el dinero. La pobreza es uno de los puntos que m\u00e1s motivos de b\u00fasqueda ofrecen a las Congregaciones.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>La <em>castidad <\/em>religiosa tampoco se manifiesta ahora lo mismo que antes; en el contexto social actual se ha modificado extraordinariamente el comportamiento de la religiosa, y algunos signos exteriores de modestia religiosa hoy no se comprender\u00edan. Han ca\u00eddo muchas barreras, pero el claustro interior permanece y la gente no s\u00f3lo comprende sino espera que una Hermana se niegue a verlo todo, a escucharlo todo, a permit\u00edrselo todo, y ello con alegr\u00eda&#8230; sencillamente, porque pertenece a Cristo.<\/p>\n<p>El signo es la alegr\u00eda, porque esa alegr\u00eda manifiesta la plenitud de un amor que se siente colmado. El mundo de hoy est\u00e1 \u00e1vido de verdadera alegr\u00eda; no sabe d\u00f3nde encontrarla y la busca en los placeres en los que jam\u00e1s la encuentra. Si llega a descubrirla en nosotras, fuera de esos placeres, intuye d\u00f3nde est\u00e1 su fuente y empieza a escuchar la llamada que le dirige nuestra Fe viva. La alegr\u00eda es lo que descubre que Dios ha tomado insensiblemente plena posesi\u00f3n de nuestro esp\u00edritu y de nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>A la alegr\u00eda se une el amor universal. Las almas v\u00edrgenes son las m\u00e1s afectuosas, las m\u00e1s entregadas sin condiciones, atentas sin cesar a los dem\u00e1s, liberadas de s\u00ed mismas y de todo.<\/p>\n<p>La castidad se reconoce sobre todo por la caridad libre y gozosa.<\/p>\n<p>Sin duda, lo m\u00e1s dif\u00edcil es revelar la <em>obediencia. <\/em>Es que durante mucho tiempo se la ha presentado de una manera necia, yo dir\u00eda caricaturesca. Y en estos momentos tropezamos con tantos prejuicios que hay que ser prudentes. Me parece que las Hermanas que m\u00e1s han evolucionado, que son las m\u00e1s \u00abresponsables\u00bb en su acci\u00f3n y en las que se reconocen valores indiscutibles, tendr\u00edan que imponerse la tarea de dar a conocer a su alrededor y de manera inteligente su obediencia. Esa obediencia que abarca toda su vida, cosa que ninguna renovaci\u00f3n har\u00e1 desaparecer, muy al contrario. Cuando la obediencia es aut\u00e9ntica, la gente la reconoce y no puede menos de admirarla; si llega a calumniada, es que nosotras mismas vacilamos ante ella.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Una cosa que la gente comprende mucho mejor es la obediencia social y la obediencia a la Iglesia; no nos perdona que quebrantemos los reglamentos profesionales y ni siquiera los administrativos; espera encontrarnos sumisas a las directrices de los organismos y movimientos de la Iglesia. En esto podemos hallar como un primer anuncio, un anuncio lejano de la obediencia religiosa.<\/p>\n<p>2. <em>Signo de unidad<\/em><\/p>\n<p>La adhesi\u00f3n plena, y gozosa tambi\u00e9n, a las transformaciones que son consecuencia de la b\u00fasqueda actual de la Iglesia es un signo que se acent\u00faa d\u00eda tras d\u00eda. Se da una corriente de pensamiento en el mundo de los creyentes que va sustituyendo la noci\u00f3n de \u00abcongregaci\u00f3n\u00bb por la de \u00abvida religiosa\u00bb. Se trata de un movimiento de conjunto que se est\u00e1 dibujando y que arrastra a todos los Institutos a colaborar en la tarea de la Iglesia. Poco a poco se va revelando la complementariedad de las diversas Congregaciones, cuya fuerza y eficacia residen \u2014residir\u00e1n ya en adelante\u2014 en la unidad de esp\u00edritu, en la voluntad firme de llevar una acci\u00f3n concertada, ordenada y coordenada. El esfuerzo de unidad es primordial para la renovaci\u00f3n de nuestro estado de vida y su valoraci\u00f3n lo mismo que para su calidad misionera univeral.<\/p>\n<p>Ya no es cuesti\u00f3n de contentarse con una colaboraci\u00f3n reservada exclusivamente a los Institutos religiosos entre s\u00ed, lo que dar\u00eda lugar a que en el Pueblo de Dios surgieran dos grupos paralelos en marcha hacia el Reino. La ayuda mutua lleva consigo la promoci\u00f3n rec\u00edproca que se da cuando todas las partes est\u00e1n dispuestas tanto a recibir como a dar.<\/p>\n<\/div>\n<p>As\u00ed es como, en nuestro intento leal de situarnos debidamente con relaci\u00f3n a los seglares, hemos de tomar conciencia de la vocaci\u00f3n propia de \u00e9stos dentro de la Iglesia y suscitar entre ellos responsables capaces de dar toda su medida apost\u00f3lica. Participamos en la misma tarea y tenemos que tener la misma preocupaci\u00f3n misionera. La vida religiosa no se sit\u00faa autoritariamente por encima de los seglares, ni tampoco por debajo de ellos, sino a su lado, como un signo de lo absoluto de Dios, como un testimonio de la Esperanza cristiana y como una proclamaci\u00f3n viva de que Dios basta a los que Le aman.<\/p>\n<div>\n<p>La presencia interior es la que da claridad, visibilidad al signo exterior aparente. No hay asodaci\u00f3n sistem\u00e1tica entre una situaci\u00f3n, una actitud y la transmisi\u00f3n de la Fe. Ning\u00fan g\u00e9nero de vida, ning\u00fan gesto es por s\u00ed mismo un signo, aunque nosotras, por nuestra parte, tengamos que velar por que nuestro g\u00e9nero de vida y nuestras actitudes est\u00e9n en armon\u00eda con nuestro ambiente de misi\u00f3n. Lo que confiere valor de signo a nuestra vida es la caridad interior que la anima, esa Caridad que es Dios mismo y que nos invadir\u00e1 en la medida en que nosotras nos dejemos poseer por El.<\/p>\n<p>En cambio, lo que nos impide ser \u00absignificativas\u00bb no son tanto determinadas situaciones cuanto una posible ausenda de Dios, quien debe estar siempre activamente presente; ausencia que dejar\u00e1 campo libre a ciertas faltas de justicia, de lealtad, de respeto, de disponibilidad, a ciertas incomprensiones de los dem\u00e1s. Lo verdaderamente eficaz es una verdadera vida teologal.<\/p>\n<p>Se dice ahora que ciertos signos exteriores, como por ejemplo el h\u00e1bito religioso, no tienen ya significaci\u00f3n alguna para nuestros contempor\u00e1neos porque llevan consigo la carga de muchos prejuicios. Sin embargo, \u00a1qu\u00e9 ausencia de Dios supondr\u00eda su total desaparici\u00f3n! \u00bfSer\u00eda realtnente m\u00e1s f\u00e1cil acercarse a la gente suprimiendo estos signos? Por mi parte, no lo creo.<\/p>\n<p>Ning\u00fan signo ser\u00e1 elocuente a menos de ir presentado con amor y por amor.<\/p>\n<\/div>\n<p>Los santos no necesitan buscar mucho los medios mejores: pongamos un santo dondequiera que sea, y de cualquier manera que act\u00fae ir\u00e1 a Cristo.<\/p>\n<div>\n<p>Lamentablemente, no somos santas; pero en realidad eso es lo que la gente espera de nosotras.<\/p>\n<p><strong>D) La misi\u00f3n re\u00fane al pueblo de Dios para el servicio de la evangelizaci\u00f3n del mundo<\/strong><\/p>\n<p>El \u00faltimo punto que tratar es el de la colaboraci\u00f3n estrecha de todos al servicio de la Misi\u00f3n; hablaremos en particular de las religiosas.<\/p>\n<p>Pensar con esp\u00edritu misionero. Hacerse cargo de las necesidades misioneras. Formar a las Hermanas con miras a las Misiones. Esto interfiere tanto en el aspecto pr\u00e1ctico de la acci\u00f3n como en el aspecto m\u00edstico.<\/p>\n<p><em>1. Pensar con esp\u00edritu misionero<\/em><\/p>\n<p>En necesario proseguir el desarrollo del esp\u00edritu misionero, ya iniciado, entre las Hermanas y en cuanto al gobierno de los Institutos. He quedado impresionada, cuando he visitado alg\u00fan pa\u00eds misionero, al comprobar qu\u00e9 presente estaba en los esp\u00edritus la inquietud de anunciar el Evangelio y c\u00f3mo influ\u00eda en todos los gestos, en todas las opciones, desde la m\u00e1s importante a la m\u00e1s peque\u00f1a. Era como la presencia de un amor que reina plenamente en una vida: todo lo dem\u00e1s queda ordenado a ese amor.<\/p>\n<p>Si nos dedicamos a formar a nuestras Hermanas y a formamos nosotras mismas, ese amor invadir\u00e1 poco a poco toda nuestra vida y orientar\u00e1 nuestra manera de ser, de ense\u00f1ar, de cuidar, de mandar, de tratar con las personas. Toda actitud verdaderamente evang\u00e9lica \u2014actitudes de lealtad, de justicia, de caridad\u2014 hace a Dios presente, hace sentir su presencia.<\/p>\n<\/div>\n<p><em>2. Hacerse cargo de las necesidades de las misiones<\/em><\/p>\n<div>\n<p>Pensar con esp\u00edritu misionero es tambi\u00e9n hacerse cargo de las necesidades de las misiones, ya sean necesidades de personal, por supuesto, como tambi\u00e9n las de tipo econ\u00f3mico. La comunicaci\u00f3n de bienes preconizada por el Concilio (\u00abPerfectae Caritatis\u00bb, art. 13) podr\u00eda tener su m\u00e1s urgente aplicaci\u00f3n, su primer campo de ensayo en la ayuda proporcionada a las Misiones. Dentro de un mismo Instituto, esto es realmente f\u00e1cil; entre Institutos diversos, ser\u00eda m\u00e1s laborioso y dif\u00edcil. Quiz\u00e1 hubiera que crear un Organismo Central que buscara los m\u00e9todos adecuados. (Mientras tanto, ya existe un Organismo Central merecedor de la confianza de todas las Congregaciones Religosas: las Obras Misionales Pontificias, animadas por la Uni\u00f3n Pontificia Misionera, a la cual, seg\u00fan el deseo expl\u00edcito del Santo Padre \u2014cf. \u00abGraves et Increscentes\u00bb\u2014 deber\u00edan agregarse todas las Comunidades locales&#8230; y recibir el Bolet\u00edn Internacional <em>Omnis Terra).<\/em><\/p>\n<p>El hacerse cargo de las Misiones desde el plano moral es todav\u00eda m\u00e1s importante. Por ejemplo, es esencial sostener puestos misioneros de avanzadilla. Ser\u00eda muy conveniente que cada uno de esos puestos estuviera hermanado con una Comunidad religiosa que lo apoyara. Las religiosas misioneras podr\u00edan rehacer sus fuerzas espirituales en esa Comunidad que ser\u00eda para ellas lugar de intercambio, de esparcimiento, de informaci\u00f3n, de china religioso. Ya ven que es muy importante.<\/p>\n<p>En una vida misionera es algo vital el poder contar con medios de \u00abrecuperaci\u00f3n\u00bb. Las situaciones son duras, desgastan el esp\u00edritu y el cuerpo; parece indispensable contar con un apoyo, con ocasiones peri\u00f3dicas de poder rehacer las fuerzas. El entorno no ejerce su influencia solamente en los seglares; tambi\u00e9n lo hace en nosotras, <em>y <\/em>el ambiente materialista, degradado, en que tma Hermana puede verse llamada a vivir su situaci\u00f3n misionera tiene una influencia en ella como en los dern\u00e1s. Por no hablar m\u00e1s que de una situaci\u00f3n ya cl\u00e1sica: las religiosas hospitalarias que viven en un ambiente m\u00e9dico, tan f\u00e1cilmente materializado, necesitan m\u00e1s que otras que se las ayude en su vida de Fe. No pueden, con el pretexto de \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb, hacerse totalmente semejantes a las dem\u00e1s personas que las rodean.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>3. <em>Formar con miras a las Misiones<\/em><\/p>\n<p>Vamos s\u00f3lo a evocar los problemas de formaci\u00f3n mediante unas cuantas frases hechas, mil veces repetidas. Esta formaci\u00f3n es indispensble; no se improvisa a un misionero para un lugar y para un grupo humano determinados; el tiempo consagrado a esta formaci\u00f3n no es tiempo perdido, sino ganado; si se descuida esto, el tiempo pretendidamente ganado para la acci\u00f3n resulta casi siempre perdido para la misi\u00f3n, y a la inversa.<\/p>\n<p>Cada Instituto trabaja en la formaci\u00f3n de sus miembros, ciertamente, pero cada vez m\u00e1s van surgiendo iniciativas que tienden a proporcionar medios de formaci\u00f3n que se ponen a la disposici\u00f3n de todas las Congregaciones.<\/p>\n<p>Las Uniones y Federaciones de Religiosas desenvuelven una creciente actividad y se ve c\u00f3mo se est\u00e1 dibujando claramente una dimensi\u00f3n global corporativa de la vida religiosa.<\/p>\n<p>Se va instaurando tambi\u00e9n una cooperaci\u00f3n en todos los terrenos y hay motivos para creer que esta cooperaci\u00f3n se intensifique todav\u00eda m\u00e1s La Uni\u00f3n de las Superioras Mayores ha establecido una Comisi\u00f3n especializada para las Misiones; y la primera actividad de la Uni\u00f3n Internacional de las Superioras Generales ha sido en favor de la ayuda mutua misionera.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 el testimonio evang\u00e9lico m\u00e1s elocuente, el m\u00e1s bello acto misionero de que pueda congratularse nuestra generaci\u00f3n, sea el de haber acabado con el \u00abaislacionismo\u00bb religioso, tendencia referida a determinadas Congregaciones o aislacionismo del estado religioso en general, que, creyendo bastarse a s\u00ed mismo, ha trabajado solo. En esto hemos de ver un signo de unidad del que hemos de tomar conciencia y al que debemos aportar todo nuestro respaldo.<\/p>\n<\/div>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>Como conclusi\u00f3n, dos cosas muy sencillas:<\/p>\n<ol>\n<li>Si la Iglesia, toda ella, es misionera, nuestros Institutos lo son tambi\u00e9n. No son solamente unas cuantas religiosas del Instituto las que son misioneras por la posici\u00f3n de avanzadilla que ocupan, sino que lo es toda la Congregaci\u00f3n que por ello debe ser la que sostiene la Misi\u00f3n.<\/li>\n<li>Es bueno, es obligatorio estudiar las implantaciones (o fundaciones) que escoger y los medios que emplear para mostrar a nuestros hermanos el signo de Dios que les induzca a creer. Pero, por necesarios que sean, los estudios y los m\u00e9todos no dejan de ser secundarios. Nos hipnotizamos con frecuencia con los medios y los resultados visibles, mientras que lo esencial es hacer a Dios presente por la autenticidad de nuestra uni\u00f3n con El.<\/li>\n<\/ol>\n<p>La luminosidad que puedan tener los signos procede de la santidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Susana Guillemin, H.C. A las religiosas, en Carcassonne, 9 de septiembre de 1967. La primera de estas dos palabras parece atraer irresistiblemente a la segunda. 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A la comunidad El clima en que ha transcurrido para nosotras este retiro, ha sido ante todo un clima de unidad. Nos hemos dado cuenta, hemos palpado, hemos sentido que est\u00e1bamos en comunidad perfecta de sentimientos y de voluntad con nuestras Hermanas del mundo entero. 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