{"id":44393,"date":"2011-07-22T02:22:57","date_gmt":"2011-07-22T00:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/susana-guillemin-la-vida-comunitaria-doctrina-11-de-agosto-de-1967\/"},"modified":"2011-07-22T02:22:57","modified_gmt":"2011-07-22T00:22:57","slug":"susana-guillemin-la-vida-comunitaria-doctrina-11-de-agosto-de-1967","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-la-vida-comunitaria-doctrina-11-de-agosto-de-1967\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: La vida comunitaria. Doctrina, 11 de agosto de 1967"},"content":{"rendered":"<dl id=\"attachment_33649\" class=\"wp-caption alignright\" style=\"width: 247px\">\n<dt class=\"wp-caption-dt\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-33649\" title=\"Susana Guillemin, H.C.\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"Susana Guillemin, H.C.\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a><\/dt>\n<dd class=\"wp-caption-dd\">Susana Guillemin, H.C.<\/dd>\n<\/dl>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<div>\n<p>Hermanas, vamos a hablar de la Comunidad. Es uno de los puntos m\u00e1s delicados y uno de los que tienen mayor repercusi\u00f3n en las personas que les rodean. Saben ustedes muy bien que lo sobrenatural no destruye la naturaleza, sino que la eleva y perfecciona.<\/p>\n<p>No es una conferencia lo que voy a dar: no es cuesti\u00f3n de dar una conferencia a las propias Hijas. Voy a hacer con ustedes una especie de meditaci\u00f3n acerca de esas realidades sobrenaturales que encierra la comunidad religiosa.<\/p>\n<p>El hombre es por esencia un ser social. La comunidad es algo necesario a nuestra vida humana. No conocer\u00edamos el desarrollo, el ni\u00f1o permanecer\u00eda como un peque\u00f1o animal, si la comunidad familiar no se hiciera cargo de \u00e9l, no lo rodeara de afecto y valor. La vida cristiana est\u00e1 llamada a elevar la naturaleza social del hombre: es vida comunitaria por excelencia. En nuestra vida religiosa encontramos siempre el aspecto social y humano, una base humana y cristiana; debe llevar consigo y dar un testimonio de lo Absoluto; tenemos que llegar a alcanzar una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica: anunciar las realidades de la vida futura. En esta vida comunitaria cristiana, se inscribe como modelo de radicalidad.<\/p>\n<p>Fuerza es decir que nunca, tanto como ahora, se ha hablado de comunidad y de unidad: son t\u00e9rminos que se emplean de continuo y en todos los sentidos: comunidad de los pueblos, de las naciones, comunidad europea&#8230; La comunidad es una de las grandes necesidades de la hora actual.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>La idea de trabajar juntos, de agruparse, de defenderse en comunidad, como ahora se dice, es uno de los grandes pensamientos del mundo moderno, y no s\u00f3lo uno de sus grandes pensamientos o ideas, sino una de sus grandes necesidades.<\/p>\n<p>En la Iglesia existe la misma corriente: comunidad parroquial, comunidad diocesana, comunidad pastoral&#8230; la b\u00fasqueda de la unidad es una de las m\u00e1s fuertes caracter\u00edsticas del Concilio. El pensamiento, deseo, voluntad de unidad entre los cristianos es la idea principal, el hilo conductor que mueve a los cristianos, as\u00ed como a Pablo VI en la mayor\u00eda de sus pasos.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, podr\u00eda creerse que, en la hora actual, la comunidad religiosa debiera ser reconocida, en cierto modo exaltada y sostenida, por esa corriente comunitaria, esa corriente de uni\u00f3n, de unidad que circula por el mundo.<\/p>\n<p>Vemos que el pensamiento conciliar est\u00e1 impregnado, por una parte, del sentido de la dignidad de la persona humana y de su car\u00e1cter social, y, por otra, del car\u00e1cter comunitario de la vocaci\u00f3n del hombre. El hombre no puede realizarse sino en la comunidad. \u00abGaudium et Spes\u00bb resume esta idea: \u00abEl hombre es, en efecto, por su \u00edntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Decimos, pues, que en este mundo y en esta Iglesia, la comunidad debiera ocupar un lugar privilegiado. Pero nos vemos obligadas a comprobar que no es as\u00ed. Acaso la comunidad religiosa como tal no haya sido nunca tan discutida, controvertida, amenazada, como ahora. Se la ataca por muchas razones: como destructora de la pesonalidad humana, como obst\u00e1culo al esfuerzo apost\u00f3lico y, en todo caso, como contraria a ciertos valores humanos y sociales.<\/p>\n<p>En la misma comunidad religiosa surge otro peligro, la tendencia a convertirse en equipo humano y social. Voy a citarles una frase que, a mi juicio, es muy representativa de todo un movimiento actual que representa el peligro concreto que amenaza a la comunidad, frase que se ha pronunciado en un coloquio de religiosas, al que yo asist\u00eda, en Am\u00e9rica Latina: \u00abLo esencial de la comunidad religiosa radica en la vitalidad de la amistad fraterna\u00bb. Ahora bien, esto es completamente falso. Lo esencial no es la amistad fraterna: eso no forma m\u00e1s que una parte de la comunidad religiosa, un resultado, una necesidad, pero no es lo esencial. En un tiempo, se neg\u00f3 el valor de la amistad fraterna, y ahora se descubre el valor humano del equipo, del sentido comunitario, de la amistad entre personas, como fuente de energ\u00eda para la acci\u00f3n, fuente de ayuda fraterna, y, sin reflexionar, se traslada esto al plano religioso, haciendo abstracci\u00f3n de las miras de la Fe.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><em>Esquema hist\u00f3rico de las actitudes de la Iglesia frente a los valores <\/em><em>humanos y el pensamiento del mundo<\/em><em> <\/em><\/p>\n<p>En la Edad Media, siglos de Fe, pero de ignorantismo humano, en los que, fuerza es decirlo, los valores humanos y los valores sociales no estaban demasiado desarrollados, todas las fuerzas, toda la potencia educadora en el mundo, dimanaron de los valores cristianos. A esos valores cristianos, a esas miras de Fe, debemos la educaci\u00f3n cristiana aun en terrenos que, en principio, deber\u00edan corresponder sencillamente a la iniciativa del hombre y de la sociedad. De la Fe y de los valores cristianos parti\u00f3 el impulso humano en aquellos tiempos.<\/p>\n<p>Durante el Renac\u00edmiento y posteriormente con la influencia de la Revoluci\u00f3n, se tom\u00f3 conciencia de los valores humanos y sociales, independientemente de la Fe y de la Iglesia. Se dio como una especie de liberaci\u00f3n del mundo de ese poder de la Iglesia, que era una potencia formativa pero que, hay que reconocerlo, hab\u00eda invadido el campo puramente humano y social. Toma de conciencia de los valores humanos: de la belleza, el arte, la literatura&#8230; Luego, durante la Revoluci\u00f3n, aquellas famosas Libertad, Igualdad, Fraternidad, que son aut\u00e9nticos valores, se consideraron como en oposici\u00f3n a los valores sobre naturales, a los valores de la Fe.<\/p>\n<\/div>\n<p>En el siglo XIX, esa oposici\u00f3n se acentu\u00f3 y dej\u00f3 una huella en la espiritualidad de la Iglesia. Se sal\u00eda de la Revoluci\u00f3n, de esa, en cierto modo, rebeli\u00f3n contra Dios y contra la Iglesia, y dominaba un sentimiento general de culpabilidad. Se puso entonces el acento sobre la vaciedad de las cosas humanas, la reparaci\u00f3n de los excesos cometidos, la muerte a la naturaleza&#8230; Ya ven, era una especie de espiritualidad de la renuncia, de la mortificaci\u00f3n, de la negaci\u00f3n de los valores humanos y de los valores naturales.<\/p>\n<div>\n<p>Pues bien, ahora, parece que, a pesar de algunos excesos, desembocamos, sin embargo, en cierto equilibrio. Nuestro tiempo y la Iglesia en estos momentos, sobre todo a la luz del Concilio, acaban de descubrir los valores humanos y de atribuirles su verdadero papel. Esos valores han recibido de la Iglesia una especie de reconocimiento oficial, pero l\u00facido por lo que se refiere a las consecuencias que podr\u00eda traer una exaltaci\u00f3n exagerada de lo que esos valores son y de su alcance.<\/p>\n<p>Pero \u00a1ay!, a nuestros pobres esp\u00edritus humanos les cuesta trabajo mantenerse en equilibrio, y, actualmente, corremos el riesgo, despu\u00e9s de haber renegado de esos valores humanos, de haberlos depreciado en nombre de la vida cristiana y de la vida religiosa, corremos el riesgo de darles, ahora, una especie de plus val\u00eda que podr\u00eda llegar hasta el error.<\/p>\n<p>Acabo de citarles un ejemplo sobre esa cuesti\u00f3n del sentido de la fraternidad en el equipo humano, fraternidad que es excelente; pero si se da no ya como una parte, un aspecto, de la vida religiosa, sino como lo esencial de la comunidad religiosa, me parece que el ejemplo citado es absolutamente representativo de una serie de errores que amenazan con comprometer la vida religiosa en su sustancia, en su impulso, y de los que, realmente, tenemos que guardarnos.<\/p>\n<p>Nunca se ha hablado tanto como ahora de \u00abequipo\u00bb, de trabajo en equipo, de reflexi\u00f3n en equipo&#8230; y, por consiguiente, de manera instintiva, las religiosas usan del mismo lenguaje. Se habla de equipo comunitario \u2014como tambi\u00e9n de equipo sacerdotal\u2014 y no es que sea malo decirlo. Se puede hablar muy bien del equipo comunitario, aunque sin dejar de atribuir a ese equipo comunitario todo su valor religioso; pero hay que tener mucho cuidado de no deslizarse de un simple t\u00e9rmino a una realidad, porque la comunidad es algo muy distinto a un equipo de trabajo, incluso a un equipo sacerdotal. Hay algo diferente, algo espec\u00edfico en el equipo religioso. Tendr\u00edamos que decir que no se trata de un equipo de trabajo, ni de un equipo profesional, ni de un equipo apost\u00f3lico, ni siquiera de un equipo fraterno&#8230; o mejor dicho, para expresar toda la verdad, podemos afirmar que es todo eso, pero que lo es secundariamente, como expresiones diversas de lo que es su realidad profunda.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>En la comunidad religiosa debemos saber descubrir un equipo de trabajo, un equipo profesional, un equipo apost\u00f3lico, tenemos que saber descubrir tambi\u00e9n un equipo fraterno, unos corazones unidos. Pero nada de todo eso constituye su realidad profunda y su raz\u00f3n de ser&#8230; La comunidad religiosa saca su raz\u00f3n de ser y fija su finalidad en Dios mismo, que es uno y trino, tres en su unidad sustancial. Toda comunidad, por peque\u00f1a que sea, por min\u00fascula, insignificante y modesta que sea, es la \u00ednfima reproducci\u00f3n, la prolongaci\u00f3n, el signo de la vida trinitaria. Ah\u00ed es donde encontramos la verdadera justificaci\u00f3n de la vida comunitaria, nuestra raz\u00f3n de ser, de la misma manera que es en Dios en el que encontramos la justificaci\u00f3n de nuestros votos.<\/p>\n<p><em>\u00bfPor qu\u00e9 estamos en Comunidad?<\/em><\/p>\n<p>Porque Dios es uno y tres. Hemos venido a este mundo con un solo fin: unirnos a Dios y poder ir un d\u00eda a compartir su vida trinitaria. En realidad, estamos invitadas a perdemos en Dios. \u00abRecapitularlo todo en Cristo\u00bb. El Se\u00f1or nos llama a perdernos en El, a unimos a El, y a esa luz es como debemos contemplar nuestra vida comunitaria y la comunidad en la que estamos insertas. En la Sant\u00edsima Trinidad encontramos el ejemplo m\u00e1s perfecto, pero tambi\u00e9n el m\u00e1s exigente, de nuestra vida comunitaria.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Consideremos que la Sant\u00edsima Trinidad envi\u00f3 a Cristo al mundo, sin duda, por un fin general, que es la Redenci\u00f3n; era preciso redimir a la humanidad. Pero no olvidemos que la Encarnaci\u00f3n era ya un fin suficiente. Si Cristo quiso encarnarse, fue para que nosotros, los hombres, en cierto modo, nos diviniz\u00e1ramos. Recordemos lo que decirnos todos los d\u00edas en el ofertorio de la Misa, cuando el sacerdote echa el agua en el c\u00e1liz. Pedimos a Dios, que se dign\u00f3 compartir nuestra hutnanidad, que nos haga sumirnos, perdernos, en su divinidad. Tal es el gran movimiento. El Se\u00f1or quiere constituir con toda la humanidad ese Cuerpo de Cristo que va a insertarse en la vida de la Sant\u00edsima Trinidad. El Cuerpo M\u00edstico de Cristo no es s\u00f3lo algo que debe existir en este mundo gracias a la uni\u00f3n de todos los cristianos: es el Cuerpo del Hijo de Dios que se constituye para estar unido al Se\u00f1or, por toda la eternidad, en el seno de la Trinidad Santa. Cada una de ustedes puede, en sus oraciones, meditar en esta dimensi\u00f3n eterna de la comunidad cristiana por una parte, y de nuestras comunidades religiosas por otra.<\/p>\n<p>Descendamos de estas consideraciones quiz\u00e1 un poco elevadas, para ver c\u00f3mo la Sant\u00edsima Trinidad es el ejemplo de nuestras comunidades. La Sant\u00edsima Trinidad es una comuni\u00f3n de personas unidas entre s\u00ed en una perfecta unidad. La verdadera comunidad religiosa no es s\u00f3lo un grupo de personas reunidas, sino una comuni\u00f3n de personas, en la que cada una es necesaria a las dem\u00e1s y debe sentirse reconocida y aceptada. No se trata de una absorci\u00f3n de las personas en provecho de la comunidad; no se trata tampoco de una sumisi\u00f3n de la comunidad en provecho de una u otra de las personas.<\/p>\n<p>Seg\u00fan sea nuestra manera de considerar la comunidad, as\u00ed va a ser nuestra forma de comportarnos en ella. Bueno ser\u00e1 observar que la mayor\u00eda de las Hermanas que se quejan de no encontrar en la comunidad lo que vinieron a buscar en ella, son las que olvidan lo que ellas mismas tienen que aportar. Pensemos en ello. La comunidad no es s\u00f3lo un medio, un ambiente, en el que tenemos que recibir, expansionarnos, encontrar afecto, alegr\u00eda, apoyo para nuestra vida espiritual, gu\u00eda y aliento para la acci\u00f3n que ejercitamos&#8230; Desde luego, todo esto es cierto; pero la comunidad es tambi\u00e9n un ambiente al que nosotras tenemos que aportar: y en primer lugar, a \u00abnosotras mismas\u00bb, tal y como somos, con todo lo que Dios nos da, los pensamientos de nuestra mente, el calor de nuestro coraz\u00f3n, nuestra entrega y abnegaci\u00f3n&#8230; Estamos al servicio de la comunidad, de la misma manera que la comunidad est\u00e1 a nuestro servicio.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Con esto tocamos un punto muy delicado. La comunidad religiosa verdadera debe desembocar, ir a parar a una especie de intercomunicaci\u00f3n espiritual, intelectual y no temo decir, afectiva \u2014en el buen sentido de la palabra\u2014, apost\u00f3lica y dem\u00e1s Esta especie de comunicabilidad de los valores entre cada uno de los miembros de la comunidad, es uno de los elementos esenciales para formar una comunidad verdadera.<\/p>\n<p>Se puede vivir reunidas, unas al lado de otras, cada una exigiendo que las dem\u00e1s aporten algo, sin que en absoluto se haya constituido una comunidad. Se podr\u00e1 suponer que existe una colectividad, es decir, una reuni\u00f3n de individuos que provee a las necesidades de todos. Pero no se forrna una comuni\u00f3n de personas si no existe esa tmi\u00f3n de esp\u00edritus y corazones que hace la comunidad religiosa. La colectividad es una agrupaci\u00f3n de individuos que se re\u00fanen, porque resulta mucho m\u00e1s barato alimentar a cincuenta personas juntas que de una en una&#8230; es, pues, una reuni\u00f3n por inter\u00e9s, pero en la que no existe comunicaci\u00f3n de los valores personales; cada uno no da al otro lo que \u00e9l es; no hay comunicaci\u00f3n de personas.<\/p>\n<p>Lo que forma la comunidad religiosa es la comuni\u00f3n de los esp\u00edritus y los corazones, al nivel m\u00e1s espiritual de su relaci\u00f3n con Dios. A eso tenemos que tender. Tenemos que sentirnos responsables, cada una all\u00e1 donde Dios nos ha colocado, de comunicar a los dem\u00e1s \u2014con la debida medida\u2014 lo que el Seilor nos da en el plano espfritual y en el plano intelectual. Existe un respeto humano que es una verdadera plaga de las comunidades. Se habla de todo, excepto del Se\u00f1or y de la propia vida espiritual. No se atreve una. Se da una especie de pudor que impide comunicar lo que pertenece al terreno espiritual y a la vida interior. Tenemos, sin embargo, que dejar transparentarse nuestro don espiritual. Toda nuestra vida tendr\u00eda que ser sencillamente la transparencia de nuestras relaciones con Dios. Tal es la finalidad de la \u00abrepetici\u00f3n de oraci\u00f3n\u00bb, de la preparaci\u00f3n a la oraci\u00f3n, de la conferencia del viernes (acerca de estos ejercicios creo que han debido ustedes de reflexionar y cambiar impresiones). Son puntos fuertes, momentos fuertes de nuestra existencia; pero no s\u00f3lo en ellos, sino en toda nuestra vida deber\u00eda darse esa comunicaci\u00f3n espiritual, en la que, evidentemente, hay que obrar con tacto. Porque no hay nada m\u00e1s odioso que las personas que tienen la man\u00eda de edificar y de comunicar sus hermosos pensamientos. Es odioso, y si se quiere acabar con los intercambios espirituales, no hay m\u00e1s que hacerlo. Es insoportable&#8230; Ahora bien, si vivimos realmente con el Se\u00f1or, en todo lo que hacemos, en nuestros razonamientos acerca de las cosas concretas y pr\u00e1cticas, en las decisiones que tomamos, en nuestras conversaciones en los recreos y otras, con toda normalidad, de una manera muy sencilla y natural, se trasluce que estamos pensando en El y que Le buscamos en todo.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Esa nuestra vida profunda debemos comunicarla a la comunidad. Con esa comunidad religiosa en la que estamos insertas, debemos compartir nuestra vida espiritual. Es algo muy importante. Tenemos con nuestra comunidad la deuda de nuestra oraci\u00f3n, del valor de nuestra uni\u00f3n con Dios. Una Hermana que vive en la presencia de Dios lo lleva con ella a donde quiera que vaya, y esto es una manera de servir a la comunidad. Una Hermana que se aleja de Dios, que vive en pecado \u2014no me refiero a pecado grave, sino a pecado venial habitual\u2014, que no busca la intimidad con el Se\u00f1or, priva de algo a la comunidad, porque la tibieza de un alma ejerce una terrible influencia sobre su comunidad religiosa. Mientras que su b\u00fasqueda de Dios, aun cuando no se manifieste en palabras, entra\u00f1a una presencia del Se\u00f1or y eleva a la comunidad por el solo hecho de esa actitud interior.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>No creemos bastante en todo esto. En nuestro tiempo, se ha insistido sobre todo en ciertos conocimientos de psicolog\u00eda, en la din\u00e1mica de grupos&#8230; No tengo nada que objetar en contra de ello, est\u00e1 bien; pero no sirve para nada si el fondo \u00edntimo de la persona no est\u00e1 unido a Dios, no est\u00e1 pronto a comunicarse a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el v\u00ednculo interior de las relaciones trinitarias? Es el AMOR el que une a la Trinidad; es la CAIUDAD el factor de la unidad trinitaria. Tambi\u00e9n es la caridad la que debe unir a la comunidad. Si cada uno de sus miembros se encuentra verdaderamente en estado de caridad, el v\u00ednculo de la caridad unir\u00e1 los corazones. Si los miembros est\u00e1n unidos por la caridad fraterna, Dios est\u00e1 ah\u00ed. Si cada miembro, cada alma de Hija de la Caridad de la comunidad local se halla verdaderamente en estado de caridad hacia sus compa\u00f1eras y hacia Dios, posee a Dios, Dios est\u00e1 en ella, y hay, entonces, una presencia de Dios en el alma de su compa\u00f1era, en el alma de cada uno de los miembros. Esa es la esencia misma de la comunidad religiosa: la caridad en sus dos dimensiones, caridad hacia Dios de la que dimana la caridad hacia los hermanos.<\/p>\n<p>Entonces es cuando llegamos a esta palabra de Cristo: \u00abDonde est\u00e1n dos o tres congregados en mi nombre, all\u00ed estoy yo en medio de ellos\u00bb. Se da una verdadera presencia de Dios en medio de la comunidad, que se opera por la caridad. Si vivo en caridad, produzco la caridad de Dios. El hecho de que me haya abierto a la comunidad, hace que me abra a Dios y que sea una presencia de Dios en medio de mi comunidad.<\/p>\n<p>Tratemos, pues, de vivir en Dios para que Dios est\u00e9 en nosotras, y as\u00ed encontraremos el verdadero nudo, el verdadero v\u00ednculo de nuestra caridad fraterna. La formaci\u00f3n de la vida en comunidad es, ni m\u00e1s ni menos, una formaci\u00f3n a la caridad, Ser\u00eda necesario reflexionar en esta caridad profunda y en el estado de nuestro coraz\u00f3n: lo importante no es el sentimiento que experimento hacia una persona, sino lo que mi voluntad permite y consiente como pensamientos y disposiciones. Debo considerar a cada una de mis hermanas con la mayor benevolencia; debo mirarla como el Se\u00f1or la mira, con AMOR, INDULGENCIA, y como me miro a m\u00ed misma. Cuando yo cometo una falta, encuentro todas las excusas posibles; pues a la otra debo concederle esas mismas excusas, porque bien sabemos que hay un fondo de mal en nosotros.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Si, en una casa, ninguna aceptase jam\u00e1s un pensamiento contrario a la benevolencia hacia una u otra de sus compa\u00f1eras, la comunidad llevar\u00eda una vida perfecta. No hay necesidad de metodolog\u00eda de la comunidad: se encuentra ah\u00ed, en esa bondad profundad de cada una de las Hermanas, en la disculpa y tolerancia de las faltas. Esa disposci\u00f3n interior es la que constituye la caridad y la que, por v\u00eda de consecuencia, hace a Dios presente.<\/p>\n<p>Que la Sant\u00edsima Trinidad sea nuestro ejemplo en nuestra vida comunitaria y el modelo de nuestras relaciones interpersonales, con ese lazo profundo de la caridad, como el Esp\u00edritu es la uni\u00f3n en el seno de la vida Trinitaria. La Sant\u00edsima Trinidad, que se basta a S\u00ed misma, se ha abierto, sin embargo, al mundo. No ha querido encerrarse en S\u00ed, aun cuando nada, absolutamente nada, la obligaba a salir, si no un exceso de caridad: ese exceso de amor que existe en el seno de la Trinidad, ha sido el autor de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A ejemplo de la Sant\u00edsima Trinidad, una comunidad religiosa debe abrirse al exterior. Una comunidad que no cumpla ese movimiento de abrirse a los dem\u00e1s, no es una verdadera comunidad religiosa. Esta, que ha de ser un foco de caridad, tiene que insertarse, inscribirse en comuni\u00f3n con todos los organismos de la Iglesia que la rodean.<\/p>\n<p>Hay, no obstante, ciertos peligros en esta apertura al mundo, porque hay que abrirse, s\u00ed, al mundo, pero sin dejar de ser uno mismo.<\/p>\n<p>Preciso es decir que las comunidades han permanecido demasiado cerradas en s\u00ed mismas, ya por sus m\u00e9todos apost\u00f3licos, sus obras, su g\u00e9nero de espiritualidad, o por su falta de relaci\u00f3n con otras comunidades o una especie de separaci\u00f3n de la vida parroquial Todo esto actualmente debe quedar superado. El testimonio de unidad y caridad que debemos dar fracasar\u00eda si no se extendiera a las relaciones con todos aquellos que viven en torno nuestro y con los organismos de la Iglesia.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Pero en esta apertura de las comunidades, dos peligros se abren paso. El primer es que lleguemos, algo as\u00ed como a diluirnos en el laicado. Se hace tan grande aproximaci\u00f3n entre la vida religiosa y el laicado, que se corre el riesgo de repudiar lo que le es propio y adoptar una vida tan semejante a la vida seglar, que la vida religiosa no tendr\u00e1 ya raz\u00f3n de ser propia. Por otra parte, el trabajo y la uni\u00f3n con el conjunto de las otras comunidades religiosas se hacen ahora tan estrechos, que existe tambi\u00e9n el peligro de olvidar la vocaci\u00f3n espec\u00edfica de cada Instituto, llegando a ser cada uno de ellos absolutamente semejante a los dem\u00e1s. Hay en esto como una p\u00e9rdida del propio sabor, que acabar\u00eda por ser una disminuci\u00f3n de la riqueza de la Iglesia.<\/p>\n<p>Debemos conservar, para bien de la Iglesia, lo que es espec\u00edfico a la vida religiosa, por una parte, y lo que es espec\u00edfico a la propia vocaci\u00f3n, por otra.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, nos queda un aspecto bajo en el que considerar nuestra vida comunitaria: es el aspecto apost\u00f3lico, cuya autenticidad descubrimos en las palabras mismas de Cristo, en el Evangelio. En la oraci\u00f3n que dirige a su Padre, le dice: \u00abQue sean UNO, Padre, como T\u00fa y Yo somos UNO\u00bb y a continuaci\u00f3n da como la finalidad y la raz\u00f3n de esta s\u00faplica: \u00abpara que el mundo crea\u00bb. Esta unidad en la comunidad se nos presenta como el signo que hace germinar la Fe en las almas. Y se puede a\u00f1adir que, si la palabra de Cristo necesitara una confirmad\u00f3n, la encontrar\u00edamos en los primeros Hechos de la Iglesia, en los que vemos que la caridad y la uni\u00f3n entre los hermanos cristianos era lo que les hac\u00eda distinguirse y arrastrar a otros a que abrazaran la Fe. La unidad en la comunidad, esa presencia de la caridad, hace brotar la Fe&#8230; no lo olvidemos nunca.<\/p>\n<\/div>\n<p>Cuando tenemos dificultades en nuestra vida comunitaria, cuando tenemos que soportar caracteres dif\u00edciles, cuando en la casa en que est\u00e1n destinadas no encuentran los elementos necesarios para constituir una verdadera comunidad, que cada una de ustedes, aporte, ella, por lo menos, todos los esfuerzos personales que le sea posible, para que no deje de darse ese testimonio de caridad y unidad. El verdadero germen del apostolado, de que tanto se habla, radica ah\u00ed, erl esa car\u00eddad profunda que constituye la comunidad religiosa, la comunidad de Iglesia, en esa caridad que hace nacer la Fe en las almas.<\/p>\n<div>\n<p>Pienso que si vivi\u00e9ramos verdaderamente en esa caridad profunda, en esa caridad divina, aportar\u00edamos ese signo evang\u00e9lico que es semilla de Fe. Y de eso somos responsables. El alcance apost\u00f3lico de la comunidad es un hecho: tenemos que estar completamente convencidas de ello, para darle la mayor importancia.<\/p>\n<p>Actualmente, a la sombra de una b\u00fasqueda que se acent\u00faa en la Iglesia y de un movimiento que parte de ciertos pa\u00edses, se intenta cierta tecnolog\u00eda o metodolog\u00eda del apostolado. Creo que no hay que despreciar esto ni minimizarlo, pues se trata de un esfuerzo de gran importancia, de muy grande alcance. Pero una vez m\u00e1s tenemos que decirnos que no son las t\u00e9cnicas ni las iniciativas humanas \u2014aun cuando sean necesarias\u2014 las que llegar\u00e1n a convertir al mundo obrero, a convertir a las masas descristianizadas, a penetrar en el mundo actual que ha perdido la Fe. Llegaremos a ello mediante la const\u00edtuci\u00f3n de la unidad en el seno de las comunidades religiosas y eclesiales, con el v\u00ednculo de la Caridad. Tal es el signo evang\u00e9lico y a \u00e9l tenemos que volver. Entonces&#8230; cuando, por ejemplo, ma\u00f1ana tengamos que considerar los aspectos particulares de nuestra vida comunitaria, lo haremos desde la Fe.<\/p>\n<p>Lo que hoy les he dicho era un poco arduo, pero de tal manera es la base de todo lo dem\u00e1s, que tenemos que empezar por ah\u00ed, por convencernos de ello. Lo primero de todo es tener miras de Fe. Tenemos que asentar nuestra vida y nuestras convicciones en la Fe, antes de ver c\u00f3mo hacer la aplicaci\u00f3n en la pr\u00e1ctica, en la vida diaria.<\/p>\n<\/div>\n<p>La vida en comunidad es la presencia de Dios asegurada por la Caridad; es el signo evang\u00e9lico por excelencia que har\u00e1 germinar la Fe en las almas. Y s\u00f3lo a partir de esto, podremos razonar todo lo dem\u00e1s. No se puede comenzar por \u00ablo dem\u00e1s\u00bb, y dejar lo primero para despu\u00e9s. Empecemos, ante todo<sup>.<\/sup>, por ver de qu\u00e9 somos responsables ante Dios y ante la Iglesia. Somos responsables ante Dios de dar a la Iglesia ese signo de Caridad, ese signo de unidad que es una comunidad religiosa perfecta. Y esto, no s\u00f3lo en el conjunto de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, sino en cada una de nuestras casas, en nuestras comunidades locales y en las situaciones en que nos vemos colocadas.<\/p>\n<p>Ma\u00f1ana, pues, veremos la pr\u00e1ctica, las dificultades y tambi\u00e9n las nuevas posibilidades: la oraci\u00f3n en com\u00fan, c\u00f3mo asegurar un esp\u00edritu de comunidad, cuando la vida en com\u00fan se reduce a poca cosa; a veces, los tiempos vividos juntas son pocos, y, sin embargo, a partir de ellos, tienen que quedar constituidos un alma, un coraz\u00f3n, un esp\u00edritu com\u00fan. Tenemos que llegar a la realidad de la comunidad religiosa a trav\u00e9s de todas nuestras dificultades cotidianas. Ma\u00f1ana lo veremos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Susana Guillemin, H.C. Hermanas, vamos a hablar de la Comunidad. Es uno de los puntos m\u00e1s delicados y uno de los que tienen mayor repercusi\u00f3n en las personas que les rodean. 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