{"id":43811,"date":"2011-06-28T03:41:02","date_gmt":"2011-06-28T01:41:02","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=43811"},"modified":"2011-06-28T03:41:02","modified_gmt":"2011-06-28T01:41:02","slug":"cinco-anos-con-los-indios-aymaras-en-bolivia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/cinco-anos-con-los-indios-aymaras-en-bolivia\/","title":{"rendered":"Cinco a\u00f1os con los indios aymaras en Bolivia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Mujeres_aymara.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-43812\" title=\"Mujeres_aymara\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Mujeres_aymara-225x300.jpg?resize=225%2C300\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" \/><\/a>Me encuentro sin pueblo y sin una verdadera relaci\u00f3n pasto\u00adral con un grupo humano. En este momento me siento perdido y sin ra\u00edces en ninguna parte; y s\u00f3lo vengo a hablar de recuerdos. Esta charla podr\u00eda titularla: \u00abMemorias de mi pasado reciente\u00bb. Supone, pues, a\u00f1oranza y nostalgia de una etapa importante en mi vida. Estos meses inactivos entre el 28 de noviembre del 75 y el 11 de septiembre del 76 pueden ser frustrantes, si se prolon\u00adgan indefinidamente sin una opci\u00f3n inmediata, que vuelva a po\u00adnerme en contacto con el pueblo pobre y marginado que ya encontr\u00e9.<\/p>\n<p>Se ha dicho que: \u00abLo no asumido, no es redimido\u00bb. Ahora bien, dif\u00edcilmente se asume lo que no se siente, y s\u00f3lo sentimos como nuestro lo que nos toca de cerca. En mi proceso de acer\u00adcamiento al pueblo aymara necesit\u00e9 sensibilizarme en sus valores, preocupaciones, intereses, cultura; en todo lo que constitu\u00eda su modo propio de ser persona, distinto del que ya conoc\u00eda como m\u00edo. Me exigi\u00f3 convertirme a ellos en un esfuerzo lento de encar\u00adnaci\u00f3n en las estructuras de su vida. La ilusi\u00f3n del comienzo me ayud\u00f3 en el cambio brusco de lo m\u00edo a lo de ellos, expresado en la renuncia a este ambiente espa\u00f1ol para la entrega a aquel ambiente indio. Luego, ante los sucesivos choques entre ellos, necesit\u00e9 toda mi decisi\u00f3n, entusiasmo, optimismo, esfuerzo, resignaci\u00f3n y aguante para continuar all\u00ed sin abandonarles. Con rupturas y re\u00adconciliaciones, ayudado de unos y otros, fui encontr\u00e1ndome en aquel ambiente con una opci\u00f3n clara al formularla, pero dif\u00edcil y lenta en la realizaci\u00f3n. A este lento caminar lo llamo mi senda <em>( Camino <\/em>es de Monse\u00f1or Escriv\u00e1), que corre junto a otras.<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n que hago de estas vivencias m\u00edas es la m\u00eda; criticable, por tanto, desde otras perspectivas. Asumo desde ahora todos los otros juicios de los hechos que aqu\u00ed quiero exponer y tambi\u00e9n me permito la libertad de estar en desacuerdo.<\/p>\n<p>Hay una senda propia desde el momento de llegada al de salida; entre el 26 de agosto del 71, que me embarqu\u00e9 en Barce\u00adlona, y el 28 de noviembre del 75, que sal\u00ed del aeropuerto de El Alto de La Paz, capital de Bolivia. Comenc\u00e9 insert\u00e1ndome en un movimiento que quer\u00eda evangelizar al indio. Luego me sent\u00ed con el indio interpelando al equipo evangelizador. M\u00e1s tarde el miedo a morir y una err\u00f3nea valoraci\u00f3n de los acontecimientos me em\u00adpujaron a dar un paso en falso y tuve que salir. Desde aqu\u00ed des\u00adcubr\u00ed que a\u00fan no estaba preparado para la opci\u00f3n final y retro\u00adced\u00ed, abandonando.<\/p>\n<p>Ahora me presento aqu\u00ed ante ustedes como infiel a los cam\u00adpesinos aymaras para hablarles de lo profundamente fieles que son ellos.<\/p>\n<h2>Qu\u00e9 encontr\u00e9 al llegar<\/h2>\n<p>Sol\u00edamos hacer entre nosotros reuniones pastorales de pla\u00adnificaci\u00f3n y evaluaci\u00f3n. En una de esas reuniones del principio nos planteamos el problema de las finanzas, y en particular la cuesti\u00f3n de los estipendios.<\/p>\n<p>Leyendo por aquel entonces a Ezequiel, tropec\u00e9 sin preten\u00adderlo con este pasaje: \u00abMe fue dirigida la Palabra de Yav\u00e9: Hijo de hombre, habla de parte m\u00eda contra los pastores de Israel; h\u00e1blales y diles: Pobres de ustedes, pastores de Israel, que se apa\u00adcientan a s\u00ed mismos. \u00bfNo deber\u00edan los pastores dar de comer al reba\u00f1o ? Ustedes se han tomado la leche, se han vestido con lana y se comieron las ovejas m\u00e1s gordas. Pero no se preocuparon del reba\u00f1o. No han fortalecido a las d\u00e9biles, ni atendido a las enfer\u00admas, ni vendado a las heridas. No han reunido el reba\u00f1o, a la oveja apartada, ni buscado a la perdida. Al contrario, ustedes las han maltratado con violencia y dureza. Ellas se han dispersado por falta de pastor y se han convertido en presa de las fieras. Mis ovejas se han perdido por todos los cerros y por las altas lomas de todo el pa\u00eds, sin que nadie las cuide ni las busque\u00bb (Ezequiel, XXXIV, 1-6).<\/p>\n<p>Este pasaje, le\u00eddo en aquellas circunstancias, me abri\u00f3 los ojos sobre la actitud de algunos sacerdotes, que sal\u00edan al campo y sacaban con su ministerio sacramental el dinero del indio. Vol\u00adv\u00edan, luego, a la ciudad y lo gastaban con su mujer y con sus hijos, a quienes educaban en colegios de religiosos. Con estas premisas el problema de los estipendios era pr\u00e1cticamente insoluble y as\u00ed se qued\u00f3.<\/p>\n<p>Bastante m\u00e1s tarde, casi al final de mi estad\u00eda entre los aymaras hice otro hallazgo decepcionante: \u00abLa Iglesia, instrumento co\u00adlonizador a nivel de conciencia en las manos o por lo menos al servicio del poder blanco\u00bb. Tal vez sea un juicio demasiado pre\u00adcipitado y atrevido. Sin embargo, significa que en un pasado no muy lejano el sacerdote ha sido utilizado en beneficio de una peque\u00f1a clase dominante o de s\u00ed mismo, manteniendo al campesino aymara en la esclavitud. Resulta inexplicable que el indio no se haya encontrado con Cristo, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de presencia de su Iglesia entre ellos. S\u00f3lo puedo interpretar este hecho triste achac\u00e1ndolo a la costumbre religiosa y al hombre blanco del poder, que estorbaron el encuentro del indio con Cristo.<\/p>\n<p>Soy consciente de estos dos hechos por haberme insertado desde mi llegada a Bolivia en una l\u00ednea pastoral distinta. Puedo llamarla un verdadero plan pastoral pensado seriamente para convertir al indio. Dos d\u00edas despu\u00e9s de llegar a La Paz, el equipo de sacerdotes de San Luis, del que form\u00e9 parte, me llev\u00f3 a la zona que luego ser\u00eda mi campo de trabajo. Fue mi primera frus\u00adtraci\u00f3n \u2014luego vendr\u00edan otras\u2014 : no entend\u00eda a aquella gente; hablaban otra lengua. Ten\u00eda que aprenderla; y con la lengua fui adentr\u00e1ndome en el m\u00e9todo de trabajo de este equipo.<\/p>\n<p>El n\u00facleo de su actividad evangelizadora lo constitu\u00edan las reuniones de catequistas en cuatro centros distintos. Quer\u00edamos que estos catequistas indios afrontasen la evangelizaci\u00f3n de su pueblo aymara, ya que nosotros nos sent\u00edamos incapaces de com\u00adpartir la miseria de una comunidad aymara. Estos cursillos o reuniones de catequistas \u2014agentes de la pastoral\u2014 estaban pen\u00adsados en funci\u00f3n de una iglesia local, laica, aut\u00f3noma, indoameri\u00adcana con ministros propios para el pueblo aymara. Seg\u00fan las ne\u00adcesidades espec\u00edficas de la pastoral del continente se buscan hoy otros servicios a la comunidad cristiana. Sintetizo con una cita:<\/p>\n<p>\u00abDentro del ministerio presbiteral en Am\u00e9rica Latina, se esboza un pluralismo en varios sentidos. En cuanto al grado de dedica\u00adci\u00f3n al ministerio. En cuanto a la formaci\u00f3n \u2014universitaria o puramente apost\u00f3lica\u2014 que reciben. En cuanto a estar ligados a una comunidad concreta o itinerante. En cuanto al ejercicio de trabajos profanos. Respecto al grado o forma de compromiso temporal. Para muchos, en cuanto al celibato, etc&#8230;\u00bb (Folleto CLAR: Informaci\u00f3n teol\u00f3gica y pastoral sobre Am\u00e9rica latina, p. 74). Estas reuniones de catequistas intentaban lo m\u00e1s impor\u00adtante pastoralmente.<\/p>\n<p>Junto a ellas hab\u00eda programadas unas visitas a las comunida\u00addes aymaras. La mayor\u00eda de las visitas no se hicieron por falta de tiempo.<\/p>\n<p>Continu\u00e1bamos, tambi\u00e9n, centralizando nuestra actividad pas\u00adtoral en el centro parroquial, el pueblo de los Wirajochas, alrededor del gran templo y de la casa del gran Tata Kura.<\/p>\n<p>Otra preocupaci\u00f3n m\u00e1s eran las grandes fiestas de estos cen\u00adtros, los pueblos. Un amigo dec\u00eda que la atenci\u00f3n a las fiestas de los pueblos \u00abera el precio a pagar para continuar trabajando con las comunidades aymaras\u00bb.<\/p>\n<p>De toda esta amalgama pastoral tan compleja part\u00ed yo despu\u00e9s de dos a\u00f1os a una opci\u00f3n m\u00e1s personal. Necesit\u00e9 dos a\u00f1os para descubrir otro plan y madurar mi opci\u00f3n. Me decid\u00ed en dos d\u00edas, despu\u00e9s de haberme provocado el sacerdote que me acompa\u00f1aba.<\/p>\n<h2>Qu\u00e9 descubr\u00ed en este plan pastoral<\/h2>\n<p>Las sorpresas son frecuentes en mi vida. Una de ellas en toda mi trayectoria en Bolivia ha sido ir trasladando una iglesia al pueblo aymara e ir descubriendo al mismo tiempo su ineficacia evangelizadora, a pesar de todos los buenos y grandes esfuerzos. Esto me llev\u00f3 a enjuiciar, ya desde aqu\u00ed, la labor misionera de la Iglesia que conoc\u00ed all\u00ed.<\/p>\n<p>Siempre me intrig\u00f3 la actitud resignada y a veces indiferente del indio, a todo lo que le llegase de fuera. De haberse encontrado con Cristo ser\u00eda un pueblo libre. \u00bfPor qu\u00e9 no lleg\u00f3 todav\u00eda a pesar de algunos esfuerzos? A ver si puedo encontrar los fallos de esos esfuerzos.<\/p>\n<p>En el hombre aymara hay una vivencia religiosa, puesta al ser\u00advicio de unas necesidades sentidas por \u00e9l mismo o proyectadas sobre \u00e9l seg\u00fan los intereses particulares del que hace la proyec\u00adci\u00f3n. Su experiencia religiosa la vive y la expresa en un \u00e1rea ne\u00adtamente natural, pero en niveles distintos.<\/p>\n<p>Un primer nivel natural-animista. En \u00e9l se relaciona con sus Achachila, Pachamama y Ajayunaka por intermedio del Yatiri. Un segundo nivel seudo-cristiano, de Im\u00e1genes-santunaka, Sa\u00adcramentonaka-Ritos servidos por el Tata Kura. A trav\u00e9s de estos dos niveles mantiene una relaci\u00f3n de temor con un poder divino tirano y caprichoso, al que ya est\u00e1 acostumbrado y que no le molesta excesivamente. Esta vivencia religiosa le hace imper\u00admeable a todo intento un poco serio de evangelizaci\u00f3n en nom\u00adbre de Cristo.<\/p>\n<p>Todos nuestros planes pastorales rebotaban en \u00e9l como pe\u00adlota sobre roca. Lo nuestro no le atra\u00eda excesivamente. Tal vez fu\u00e9semos nosotros culpables al hacer nuestro plan pastoral sin una previa encarnaci\u00f3n en su sensibilidad de pueblo agr\u00edcola.<\/p>\n<p>La Conferencia Episcopal Boliviana reunida en Aiquile, ma\u00adyo, 73, defini\u00f3 program\u00e1ticamente su l\u00ednea pastoral en estos t\u00e9r\u00adminos: \u00abLa soluci\u00f3n no es s\u00f3lo buscar sacerdotes. La soluci\u00f3n misionera a nuestro alcance, con las fuerzas que ahora tenemos, parece m\u00e1s bien: hacer nacer la Iglesia en grupos humanos, hacer comunidades cristianas apost\u00f3licas; de ellas saldr\u00e1n los ministros para los servicios que les correspondan, tambi\u00e9n para su dilataci\u00f3n misionera. No se trata tanto de buscar personas a poner en nuestras instituciones para que funcionen como lo pen\u00adsamos, sino que las personas que viven el Evangelio hagan na\u00adcer la Iglesia en el coraz\u00f3n de los hombres para realizar y mani\u00adfestar la comuni\u00f3n. Dios, que da el crecimiento, dar\u00e1 a estas comunidades que ya viven la comuni\u00f3n, los ministros que nece\u00adsitan, hasta llegar a la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, expresi\u00f3n m\u00e1s fuerte de la Iglesia y la comuni\u00f3n. En ning\u00fan momento la Iglesia es tanto Iglesia como cuando celebra la Eucarist\u00eda\u00bb. Es un pro\u00adgrama bonito como canto de alondra, que no se hace o\u00edr todav\u00eda por los campesinos aymaras.<\/p>\n<p>Esa soluci\u00f3n misionera intuida en Aiquile quiz\u00e1 la dificulta\u00adsen nuestros planes pastorales indecisos, expresi\u00f3n de otra super-estructura pastoral en l\u00ednea misionera. Tengo la impresi\u00f3n de que aquellos planes pastorales aplastaban el alma india y alienaban al catequista, que no entraba a planificar con nosotros. En una de nuestras reuniones pastorales un di\u00e1cono aymara, ante la perspectiva de abandonar todos los sacerdotes y religiosas de la zona, tuvo miedo de quedarse solo y aplastado por nuestro montaje misionero. El que un catequista se pareciese m\u00e1s a nos\u00adotros que a su hermano indio de comunidad era un peligro cons\u00adtante.<\/p>\n<p>Con el tiempo fui enjuiciando nuestros planes pastorales, como medios para justificar actitudes misioneras y la ayuda eco\u00adn\u00f3mica extranjera.<\/p>\n<p>Creemos que la Iglesia es misionera por naturaleza; pero pocas veces llegamos a encarnar el Evangelio en nuestra propia vida para luego explicitarlo con nuestras palabras. Toda palabra, tambi\u00e9n la de Dios en nuestra boca, dirigida a un grupo desde fuera de su sensibilidad, empobrece, aliena y da\u00f1a. Para liberar hay que estar liberado; para redimir hay que sentirse redimido Una evangelizaci\u00f3n a distancia, que no llega a encarnarse en los sentimientos del pueblo a evangelizar, est\u00e1 hecha para justificar el modo de vida del evangelizador o de la instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica que le env\u00eda y le respalda. No creo que eso sea un fruto aut\u00e9ntico de la naturaleza misionera de la Iglesia de Cristo. Necesitamos desintoxicamos de tantos prejuicios misioneros acumulados so\u00adbre nosotros en el correr de la historia. Habr\u00e1 que terminar con el ir a conquistar a\u00fan en nombre de Cristo.<\/p>\n<p>En esta perspectiva las misiones cat\u00f3licas habr\u00e1n sido progra\u00admadas para hacer justicia a la estructura eclesi\u00e1stica en vez de servir a los pobres que necesitan de Cristo. El hombre occidental llega con sus planes, programas, plata, c\u00e1lculos, n\u00fameros, a\u00f1os de servicio, fotos, agrandando su archivo con los resultados, y ya se cree eficiente y justificado. Busca la eficacia, pero puesta a su servicio.<\/p>\n<p>Por el contrario, el indio pierde su tiempo en un saludo, en unas palabras, en un contacto directo, en un trabajo juntos, en un momento de descanso, o acogiendo al otro. Por eso, con la prisa del misionero por bautizar al mayor n\u00famero de infieles, el indio nunca fue evangelizado; sino manipulado como un dato \u00fatil a tener en cuenta en las estad\u00edsticas misioneras de la Iglesia.<\/p>\n<p>Aplicar todas estas observaciones al equipo que me recibi\u00f3 entre ellos y a su plan misionero es injusto y desagradecido; y me abstengo de hacerlo. Pero m\u00e1s all\u00e1 de mi peque\u00f1a zona de trabajo pude observar una doble actitud en algunas actuaciones misioneras. Por un lado pretend\u00edan evangelizar al pobre; quer\u00edan ser la Iglesia de los pobres; de los marginados. Por otro, no su\u00adfr\u00edan con los d\u00e9biles y permanec\u00edan con el poder, al que tambi\u00e9n serv\u00edan. Arturo Paoli tiene algo de raz\u00f3n al escribir: \u00abMuchos que se presentan como evangelizadores, no evangelizan, porque no han descubierto a \u00ablos otros\u00bb, poni\u00e9ndose valientemente de su parte. La diferencia est\u00e1 s\u00f3lo en que los evangelizadores han mirado con misericordia, con compasi\u00f3n, con \u00abbondad\u00bb a aquellos que los grandes miran con altaner\u00eda, con violencia, con codicia\u00bb (Arturo Paoli, <em>La perspectiva pol\u00edtica del Evangelio de Lucas, <\/em>p. 80).<\/p>\n<h2>Por qu\u00e9 hice mi opci\u00f3n<\/h2>\n<p>Hubo un momento en que ya no era capaz de continuar preso en la estructura parroquial y tampoco en el sistema que hab\u00edamos implantado, yendo de reuni\u00f3n en reuni\u00f3n sin tiempo suficiente para quedarse con el campesino. Romp\u00ed <em>y <\/em>planifiqu\u00e9 mi actividad desde otra perspectiva en colaboraci\u00f3n con los catequistas. Part\u00ed de esta vivencia religiosa: \u00abEl aymara, consumidor de productos religiosos, que le proporcionaba yo, igual que cualquiera otro tendero del lugar\u00bb. Quer\u00eda llegar a una Iglesia localizada en un grupo humano, que encontrase a Cristo presente donde dos o tres fuesen capaces de reunirse en su nombre. De este modo no necesitar\u00edan trasladarse de lugar para visitarlo en el templo o en la casa del cura del pueblo.<\/p>\n<p>En el intento pastoral as\u00ed intuido, contaba con la colabora\u00adci\u00f3n de los catequistas, a quienes iba a dedicar lo mejor de mi tiempo e ilusi\u00f3n tanto en el centro parroquial como en las comu\u00adnidades aymaras. Opt\u00e9, pues, por reducir mi \u00e1rea de trabajo, que\u00add\u00e1ndome en un solo centro de veinte comunidades campesinas. Eran todav\u00eda demasiadas y termin\u00e9 trabajando solo con aquellas que mostraban algo de inter\u00e9s y designaban uno o dos posibles catequistas. Nunca pas\u00e9 de ocho comunidades visitadas. Sin prisa por querer convertir a todos, dispuse de m\u00e1s tiempo para unos pocos.<\/p>\n<p>Al hacer esta opci\u00f3n me qued\u00e9 solo, sin compa\u00f1ero, porque no hab\u00eda quien me acompa\u00f1ase. Dos meses antes de comenzar este nuevo tipo de vida, me preocupaba no tener a quien desear los buenos d\u00edas tan pronto como me levantase de la cama.<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 solo, porque quer\u00eda la amistad del campesino aymara; quer\u00eda ser su hermano. De haberme faltado el entusiasmo de los catequistas y la acogida cari\u00f1osa de las comunidades ayma\u00adras, me habr\u00eda hundido en el intento. Termin\u00e9 siendo un s\u00edmbolo entre ellos, sin pretenderlo. Comenzaba a ser m\u00e1s aymara que vecino del pueblo.<\/p>\n<p>El equipo de sacerdotes y religiosas en cuya zona continuaba mi actividad pastoral me advirtieron que uno solo no evangeli\u00adzaba. Para una misi\u00f3n as\u00ed, se necesitaba un equipo que significase la Iglesia que enviaba y era enviada. Ten\u00edan raz\u00f3n. Pero en mi caso particular les faltaba conocimiento del pueblo aymara y al mismo tiempo descubr\u00edan el fallo de toda la programaci\u00f3n pas\u00adtoral de aquel momento. Ellos proyectaban un equipo numeroso ambulante. Un equipo de seis agentes de la pastoral, formado por dos sacerdotes, dos religiosas \u2014ninguno aymara\u2014 y dos ca\u00adtequistas aymaras en una comunidad india se parecer\u00eda a una tormenta de piedra sobre un vi\u00f1edo en julio. El campesino es un hombre tranquilo, con una vida diaria llena de rutina, lenta y con sus ritmos propios. El campesino aymara lo es mucho m\u00e1s. El equipo estremecer\u00eda esa vida sedentaria sin ayudarla a crecer. Aquel equipo se volver\u00eda un proyecto precipitado y brusco en la vida calmada de aquel campesinado.<\/p>\n<p>Hab\u00eda a\u00fan otro condicionamiento en el equipo en formaci\u00f3n. Se volver\u00eda incapaz de romper la ligaz\u00f3n afectiva existente entre sacerdotes y religiosas para entrar en una verdadera comuni\u00f3n de sentimientos con el hombre aymara.<\/p>\n<p>Sin embargo, Cristo envi\u00f3 de dos en dos, y nunca a uno solo. Un hombre solo no hace Iglesia, como una golondrina sola no hace verano. Entonces ya era consciente de ello. Por este motivo, quise formar equipo evangelizador con los catequistas. Sab\u00eda tambi\u00e9n, que iba a un pueblo bautizado, y de alg\u00fan modo era ya Iglesia. Intent\u00e9 entonces que esa Iglesia incipiente se autoevange\u00adlizase en contacto con el Cristo del Evangelio. Descubr\u00ed as\u00ed que deb\u00eda seguir un proceso lento de acercamiento, incorporaci\u00f3n y encarnaci\u00f3n en la Iglesia aymara, que me ir\u00eda evangelizando y convirtiendo al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Los Hermanitos del Evangelio y los Hermanitos de Jes\u00fas de Carlos de Foucault influyeron tambi\u00e9n en mi opci\u00f3n. Llegar al coraz\u00f3n de un pueblo es lento y forzosamente largo. Este proceso de identificaci\u00f3n y encarnaci\u00f3n de la m\u00edstica de Carlos de Fou\u00adcault \u00abamigo de los hombres\u00bb lo contin\u00faan hoy las fraternidades postfoucaultianas en ambientes marginados y secularizados. All\u00ed tambi\u00e9n hay una.<\/p>\n<p>Durante una semana de reuniones con los catequistas de mi centro hicimos nuestro plan pastoral. El pimer paso era descen\u00adtralizar la parroquia y reducir la importancia que el templo del pueblo de vecinos hab\u00eda tenido hasta entonces. Se abrir\u00e1 s\u00f3lo los segundos y cuartos domingos de mes, concentrando en esos dos d\u00edas toda la atenci\u00f3n sacramental a la zona en atenci\u00f3n a la gran masa bautizada.<\/p>\n<p>El n\u00facleo de nuestro proyecto continuaba siendo las reunio\u00adnes de catequistas en el centro parroquial. Nos reun\u00edamos las tardes de los s\u00e1bados anteriores a los segundos y cuartos domin\u00adgos de mes. El domingo los catequistas colaboraban conmigo en atender a los que sent\u00edan alguna necesidad religiosa.<\/p>\n<p>La semana siguiente a esos dos domingos me iba a una comu\u00adnidad de lunes a viernes desapareciendo del pueblo y seg\u00fan un calendario fijado con ellos. Mi deseo era ayudar a nacer una co\u00admunidad cristiana en cada comunidad humana aymara. En estas comunidades el catequista era normalmente rechazado. Entonces buscaba con mi rol de Tata Kura reconciliar la comunidad con el catequista y viceversa, poni\u00e9ndome al servicio de ambos y apo\u00adyando al catequista, que carec\u00eda de importancia ante ellos por ser indio entre indios. Quer\u00eda as\u00ed que fuese naciendo la comunidad y su ministro en una mutua relaci\u00f3n de ayuda, amor y autocontrol. Durante mi permanencia en la comunidad viv\u00eda con una familia. Durante el d\u00eda hac\u00eda como ellos, y por la noche nos reun\u00edamos una o dos horas en reflexi\u00f3n sobre sus costumbres a la luz del Evangelio. Sol\u00edan ser m\u00e1s o menos libres. El viernes sal\u00eda f\u00edsica\u00admente cansado, pero psicol\u00f3gicamente fortalecido.<\/p>\n<p>Regresando un d\u00eda de una comunidad, con la mochila a cues\u00adtas y acompa\u00f1ado de un palo para caminar, me encontr\u00e9 con un patr\u00f3n blanco montado en su caballo y la escopeta clavada en la montura. Nos saludamos, y me pidi\u00f3 que lo acompa\u00f1ase a su hacienda para bautizar, casar y misar. Tuve que responderle que no acostumbraba a visitar una comunidad aymara acompa\u00f1ado de su patr\u00f3n. Entonces empez\u00f3 a hablarme del abandono en que yo ten\u00eda el templo y sus santos. Cuando le dije que no me hab\u00eda hecho cura para cuidar paredes ni santos de barro o madera, se sorprendi\u00f3. A continuaci\u00f3n me inform\u00f3 de todos los rumores que corr\u00edan sobre m\u00ed. Que si era protestante, evang\u00e9lico; que si&#8230; Intent\u00f3 continuar entreteni\u00e9ndome; pero yo me sent\u00eda cansado, permaneciendo de pie junto a aquel antiguo profesor sentado en su caballo. Le invit\u00e9 a visitarme en mi casa para tomarnos al\u00adgunas botellas de cerveza y poder hablar con calma. Me prometi\u00f3 hacerlo; y lo hizo algunos meses m\u00e1s tarde, acompa\u00f1ado de otros para echarme; y me ech\u00f3 de all\u00ed.<\/p>\n<p>El medio ambiente en que me mov\u00eda era pobre. A ese medio deb\u00ed adaptar mis m\u00e9todos de trabajo, pensados tambi\u00e9n para ser utilizados por el catequista en sus reuniones de comunidad. Me val\u00eda de un N. T. en aymara, un cancionero aymara, un pizarr\u00f3n, el dibujo, la pregunta, l\u00e1minas, recortes de revistas, din\u00e1micas de grupo y fotolenguaje.<\/p>\n<h2>Qu\u00e9 descubr\u00ed en esta opci\u00f3n m\u00e1s personal<\/h2>\n<p>Hab\u00eda dado mis primeros pasos por el camino del abandono, del ir dejando cosas y casas. Forzosamente hab\u00eda de llevarme a una ruptura, a un enfrentamiento, a un sufrimiento, quiz\u00e1 a la derrota y a la muerte. La \u00faltima no se produjo f\u00edsicamente.<\/p>\n<p>Esta opci\u00f3n por el campesino aymara me hizo descubrir una mayor y m\u00e1s profunda necesidad de conversi\u00f3n de toda mi vida al Evangelio. No podr\u00eda permanecer mucho tiempo entre ellos sin Cristo. Sab\u00eda que no contaba con la fuerza de un partido pol\u00edtico que me respaldase, ni con la eficacia convincente de las armas, ni con el poder del dinero. S\u00f3lo era un pobre hombre ilu\u00adsionado con Cristo y empe\u00f1ado en compartirlo con el otro, tan distinto de m\u00ed como el campesino aymara del Altiplano boli\u00adviano. El riesgo era grande. Cada paso que daba por acercarme al pueblo aymara, sent\u00eda que me acercaba tambi\u00e9n a Cristo. Sin Cristo no hubiera podido avanzar hacia los aymaras y menos a\u00fan quedarme con ellos. Llegu\u00e9 a unir la fidelidad a Cristo con la fidelidad a los aymaras. En esta situaci\u00f3n record\u00e9 muchas veces estas palabras de San Vicente de Pa\u00fal: \u00abIl faut se donner \u00e1 Dieu&#8230; pour servir les pauvres\u00bb.<\/p>\n<p>S\u00e9 que tambi\u00e9n necesito de los dem\u00e1s para vivir. A pesar de todo no soy un solitario. Para bien o para mal tengo necesidad de los otros. Al sentirme solo en aquel ambiente tuve que salir de mi casa e irme a las comunidades aymaras para convivir con ellos. Sab\u00eda que si no les amaba de verdad no podr\u00eda continuar all\u00ed. Ellos tambi\u00e9n me ayudaron, porque sent\u00ed que les alegraba mi presencia. El camino para amar es saberse amado. Y nadie ama como los pobres cuando son amados. Me acogieron y me amaron, porque quer\u00eda amarlos como amigos y hermanos.<\/p>\n<p>Hasta ese momento no hab\u00eda descubierto los sentimientos del coraz\u00f3n aymara por falta de tiempo. No me hab\u00eda sentado a\u00fan junto a \u00e9l para que pudiese comunicarse conmigo. Supe entonces que si ese hombre aymara no me sensibilizaba, nunca sabr\u00eda sintonizar con \u00e9l; si no me evangelizaba no acertar\u00eda a hablarle de Cristo. Aprend\u00ed tambi\u00e9n que Cristo necesitaba del coraz\u00f3n de los pobres y sencillos para amarnos a lo pobre.<\/p>\n<p>El hombre aymara que descubr\u00ed era distinto del que ya cono\u00adc\u00eda. En su comunidad se revelaba hombre libre, cari\u00f1oso, aut\u00f3\u00adnomo, responsable, acogedor. En el pueblo parec\u00eda cobarde, sumiso, halagador, pordiosero, molesto. Tambi\u00e9n reaccionaba as\u00ed en el templo. En su comunidad se sent\u00eda seguro con su casa, su esposa, sus hijos, sus animales, sus tierras. En ese ambiente suyo de comunidad aparec\u00eda yo como marginado, m\u00e1s alienado y necesitado de \u00e9l, sin casa, sin esposa, sin hijos, sin animales, sin tierras, sin nadie y sin nada. Y \u00e9l pod\u00eda acogerme, me acog\u00eda y yo se lo agradec\u00eda, ya que entre ellos era yo el pordiosero. El y yo pudimos descubrir que el Padre de la Iglesia Cat\u00f3lica no era el redentor, el libertador, el salvador. Este liberador surg\u00eda desde dentro del indio como deseo, vida, verdad, fuerza, compa\u00f1ero, amigo. Este Cristo encarnado en ellos me interpelaba tambi\u00e9n desde ellos. Llegu\u00e9 a sentir junto a m\u00ed a un aymara noble, sufrido, acogedor, compasivo, sincero, amigo, compa\u00f1ero, comunicativo, atento, servicial, callado.<\/p>\n<p>Ese campesino aymara amigo me convenci\u00f3 de que el pobre es capaz de vivir a plenitud y en comunidad el Evangelio. Era un colaborador entusiasta, responsable y alegre si se sab\u00eda moti\u00advarlo descubriendo sus intereses. Cerca de mi parroquia un grupo misionero italiano levant\u00f3 un hospital, llamado Aymara, para los aymaras. Sin embargo, el campesino aymara se mostraba des\u00adconfiado y permanec\u00eda alejado del hospital; apenas entraba por sus puertas. Por el contrario, visit\u00e9 comunidades aymaras muy in\u00adteresadas en todo tipo de cursillos. Ellos mismos los organizaban y quer\u00edan mi colaboraci\u00f3n en su misma comunidad. Esto me hizo saber que una comunidad en su proceso de liberaci\u00f3n llegaba a descubrir sus necesidades y encontraba el camino para solucionar sus problemas. S\u00f3lo hac\u00eda falta esperar sin precipitaci\u00f3n y a su ritmo.<\/p>\n<p>Sin embargo, el proceso de conversi\u00f3n evang\u00e9lica es m\u00e1s que un programa humanamente realizable. El folleto de CLAR, antes citado se pregunta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 significa llevar al latinoamericano a un cristianismo de conversi\u00f3n, de fe personal? \u00bfQu\u00e9 significa aqu\u00ed la conversi\u00f3n? Supone varios cambios personales, pero no es nin\u00adguno de ellos aislado. Supone por de pronto un cambio de ideas, de ideolog\u00eda, de sistema intelectual&#8230; Hay adem\u00e1s un cambio psicol\u00f3gico, es decir, de centro de inter\u00e9s en la vida. Antes los valores centrales eran el dinero, el trabajo, el prestigio&#8230; Ahora hay un deslizamiento hacia los religiosos, la caridad, la persona de Jesucristo. Un cambio moral o de costumbre. Se abandonan vicios, rencores, se lucha contra el ego\u00edsmo. Se pasa de la \u00abmoral de verg\u00fcenza\u00bb a la moral del pecado. La conversi\u00f3n cristiana incluye eso y es m\u00e1s que eso. Es un cambio de orientaci\u00f3n de la vida. Es visualizar todo en Jesucristo y actuar en referencia a El. Es ver el mundo y sus tareas al mismo tiempo relativizadas y dignas de mayor compromiso\u00bb (F. C., p. 59). Algunas p\u00e1ginas despu\u00e9s este folleto, con la autoridad que le asiste, vuelve a afir\u00admar: \u00abEn Am\u00e9rica Latina el Evangelio no es visto ni aceptado como un absoluto ni como una exigencia total y existencial\u00bb (F. C., p. 94).<\/p>\n<p>Ser\u00eda ingenuo por mi parte, si ahora defendiese que todo hombre aymara se dejaba concientizar f\u00e1cilmente por el Evange\u00adlio, personalizando su fe en Jesucristo. No era tan f\u00e1cil la tarea. Recuerdo a una anciana moribunda que quer\u00eda confesarse y no nos pudimos entender. La confesi\u00f3n para ella era curarse de sus dolores f\u00edsicos. Termin\u00f3 ech\u00e1ndome de su lado. Me encontr\u00e9 por todas partes muchos opositores cat\u00f3licos y tenaces, que re\u00adchazaban el Evangelio por ser \u2014seg\u00fan ellos\u2014 un escrito de curas. No era palabra de Dios. No cre\u00edan, aunque estaban bautizados, y se burlaban de los que tomaban el Evangelio seriamente para convertirse. La conversi\u00f3n evang\u00e9lica todav\u00eda hoy contin\u00faa siendo un don de Dios, y nadie est\u00e1 seguro de esa conversi\u00f3n, de ser un convertido ya; ni siquiera la misma Iglesia de Cristo. S\u00f3lo algunos pocos entienden esto.<\/p>\n<h2>Qu\u00e9 qued\u00f3 despu\u00e9s<\/h2>\n<p>Por todos los medios a mi alcance me propuse llegar a una Iglesia cat\u00f3lica encarnada en el pueblo aymara. Deseaba que aquella iglesia de rostros morenos sintiese, viviese y expresase su entrega a Cristo en indio. Pero no lo logr\u00e9. Puede que a\u00fan se est\u00e9 lejos de alcanzarlo. Ahora me preocupa que el lento proceso aymara de acercamiento a Cristo sea frustrado por la precipita\u00adci\u00f3n y por la falta de cuidado. Contin\u00faa necesitando hombres de fe, que le acompa\u00f1en en su duro caminar con el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Mi mejor amigo aymara, el joven Gabino Quispe, me dijo en agosto del 75: \u00abSi te vas, se har\u00e1n todos protestantes; y nuestro trabajo s\u00f3lo les habr\u00e1 servido a ellos\u00bb. Me vine y no s\u00e9 si son ya protestantes. De todos modos, cat\u00f3licos o no, algo qued\u00f3 en aquel ambiente, que tambi\u00e9n fue m\u00edo. Comienzan a saber que son hom\u00adbres libres, iguales a los otros blancos; y que no deben esclavi\u00adzarse a nadie. Les queda la esperanza de un futuro mejor, hecha carne y hueso en algunos hombres sensibilizados evang\u00e9licamente.<\/p>\n<p>Una tarde los blancos del pueblo encarcelaron al catequista Gabino Quispe. El estaba solo y tuvo miedo. Lo tuvieron preso una tarde, una noche y una ma\u00f1ana. S\u00f3lo lo soltaron cuando tres campesinos reclamaron su libertad y despu\u00e9s de firmar, coaccionados, un documento para el Ministerio del Interior y en contra de m\u00ed. Al otro d\u00eda, la comunidad lo envi\u00f3 a encontrarse conmigo y camin\u00f3 todo el d\u00eda hasta toparme. Su visita dio origen al informe que envi\u00e9 al arzobispo de La Paz, causa de mi salida. Este joven catequista, reflexionando sobre este acontecimiento suyo, se expresaba as\u00ed: \u00abMe sent\u00eda un palito tirado en el camino, que tem\u00eda ser pisado por los que pasaban, ya que pod\u00eda romperse. Pasaron, lo pisaron y no se rompi\u00f3. Y el palito se sinti\u00f3 m\u00e1s fuerte y se alegr\u00f3, porque no se hab\u00eda roto\u00bb.<\/p>\n<p>La parroquia qued\u00f3 descentralizada al cerrarse el templo del pueblo, inutilizado para todo acto lit\u00fargico. Los catequistas y sus comunidades pidieron un per\u00edodo de tres a cuatro a\u00f1os para su reapertura. Durante ese tiempo habr\u00edan de darse signos claros de un cambio de actitud en los llamados \u00abvecinos\u00bb. Deber\u00eda pro\u00adducirse una reconciliaci\u00f3n con los campesinos aymaras para un reencuentro en el templo, signo de la comuni\u00f3n del Pueblo de Dios, peregrino en este mundo. Pero los del pueblo presionaban sobre el obispo para abrirlo lo antes posible. No s\u00e9 si lo habr\u00e1n logrado ya.<\/p>\n<p>Todos aquellos acontecimientos tambi\u00e9n dejaron en m\u00ed su huella. Me convenc\u00ed de que es humanamente imposible recon\u00adciliar al que oprime y al oprimido entre s\u00ed. La Iglesia lo intent\u00f3 siempre y continuar\u00e1 intent\u00e1ndolo. Hasta hoy lo hizo cediendo a la presi\u00f3n de los fuertes y aumentando el dolor de los d\u00e9biles, porque a\u00fan no ha podido prescindir del poder constituido.<\/p>\n<p>Sin embargo, nuestra Iglesia se siente enviada al mundo para predicar a todos la conversi\u00f3n al Evangelio. Luego son los ricos los que se sientan en ella, y los pobres quedan fuera. Se ha olvidado la Misi\u00f3n de Jes\u00fas proclamada en Nazaret: \u00abMe envi\u00f3 a traer la Buena Nueva a los pobres, a anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos que pronto van a ver. A despedir libres a los opri\u00admidos&#8230;\u00bb (Lc IV, 18). Y se ha olvidado eso, porque el demonio del poder nos ha convencido de que tambi\u00e9n los ricos quieren convertirse al Evangelio, y tal vez m\u00e1s que los pobres. Pero los ricos no sienten necesidad de Cristo. Cristo para ellos es un pa\u00adsatiempo, o en el mejor de los casos algo que contribuye a su felicidad o a calmar sus conciencias, interpretado desde la pers\u00adpectiva de los pobres, la gran mayor\u00eda del mundo.<\/p>\n<p>La marginaci\u00f3n del hombre del Altiplano boliviano me ha convencido de que es imposible reconciliar al rico y al pobre, mientras el rico no deje de serlo. El ut\u00f3pico Arturo Paoli escribe: \u00abLa liberaci\u00f3n de los pueblos ricos est\u00e1 en manos de los pueblos pobres. En esta hora tr\u00e1gica del mundo, es urgente que surjan evangelizadores que miren finalmente a los ricos, a los opresores, con la mirada de los pobres. S\u00f3lo esto puede liberarles. No se evangelizar\u00e1n jam\u00e1s los pobres si se les mira con los ojos de los poderosos, aun cuando fuesen ojos de misericordia, de bondad y de dulzura. S\u00f3lo se evangelizar\u00e1 a los ricos, mir\u00e1ndolos con los ojos de los pobres y denunci\u00e1ndolos con su mirada, con la dig\u00adnidad y la conciencia de ser verdaderamente los otros&#8230; Todas las decisiones que puedan tomar quienes tienen la responsabilidad de anunciar al Cristo, ser\u00e1n in\u00fatiles y frustrantes sin este cambio radical de perspectiva, sin la aceptaci\u00f3n de que el poder de de\u00adcisi\u00f3n, la iniciativa de la salvaci\u00f3n, viene de los pobres y de los oprimidos. No basta para expresar este cambio de \u00f3ptica la sim\u00adpat\u00eda plat\u00f3nica y la camarader\u00eda f\u00e1cil; es necesario asumir la his\u00adtoria de los pobres, sus fatigas, su silenciosa paciencia\u00bb (A. <strong>P., <\/strong><em>o. c., <\/em>p. 89-90).<\/p>\n<h2>Un miembro solitario de la C. M.<\/h2>\n<p>Tuve momentos nada f\u00e1ciles en Bolivia. Pero los d\u00edas m\u00e1s tensos fueron del 26 de julio a la noche del 7-8 de noviembre. Durante estos tres meses largos, tom\u00e9 decisiones, que me des\u00adcubrir\u00edan luego no integrado en el proceso que hab\u00eda iniciado a\u00f1o y medio antes. La m\u00e1s importante la hice los primeros d\u00edas de agosto. En un momento de lucidez vi que deb\u00eda irme con los campesinos aymaras a una comunidad para permanecer unidos ante los blancos. Esta decisi\u00f3n me exig\u00eda entonces romper con todo mi pasado. Tuve miedo y retroced\u00ed buscando el apoyo de la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica reconciliadora, de la que me sent\u00eda tam\u00adbi\u00e9n parte, para que nos apoyase en el enfrentamiento protago\u00adnizado por los no indios. Ese fue mi error. Hab\u00eda sobrevalorado la estructura eclesi\u00e1stica y en ella me hab\u00eda sobrevalorado a m\u00ed mismo. La noche del 7-8 noviembre esa jerarqu\u00eda me pidi\u00f3 que me retirase y me retir\u00e9. En realidad ya me hab\u00eda retirado antes en agosto.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n pesaba sobre m\u00ed el estar solo. Psicol\u00f3gicamente me desconcertaba la falta de otro u otros compa\u00f1eros que conti\u00adnuasen el camino iniciado por m\u00ed. Es un s\u00edntoma m\u00e1s de mi falta de integraci\u00f3n en aquel proceso.<\/p>\n<p>A pesar de todos mis buenos deseos no me hab\u00eda encarnado en el pueblo aymara. Era bastante m\u00e1s dif\u00edcil de lo que me hab\u00eda imaginado al comienzo. Estos descubrimientos han sido mo\u00admentos duros en mi vida. Y sobre todo en esos momentos sent\u00ed necesidad de la comunidad. Pero mi comunidad evang\u00e9lica de la que formo parte estaba lejos.<\/p>\n<p>Las comunidades evang\u00e9licas motivadas por el Evangelio y no por evasiones o impotencias, viven visiblemente lo absoluto de Dios y la radicalidad del Evangelio, convirti\u00e9ndose en levadura de sus comunidades eclesiales. Viven de la esperanza y proyec\u00adtadas hacia el Reino futuro, que intentan hacer presente ya, encarnadas en una comunidad eclesial. Las comunidades evang\u00e9\u00adlicas son carismas de Dios para situaciones dif\u00edciles de su Iglesia. De ah\u00ed que deber\u00edan estar presentes en situaciones humanamente dif\u00edciles, casi imposibles.<\/p>\n<p>Cuando esta comunidad evang\u00e9lica pierde el sentido abso\u00adluto de Dios, se convierte en ghetto, en algo artificial y margi\u00adnado en s\u00ed mismo, en c\u00edrculo cerrado para masoquistas y s\u00e1di\u00adcos; o de lo contrario es digerida por la sociedad de consumo, diluy\u00e9ndose en ella. \u00abLa vida consagrada \u2014dice el documento de la CLAR\u2014, como estilo evang\u00e9lico en contraste con los \u00abvalores humanos\u00bb, deber\u00eda ser protesta y profec\u00eda en medio de sociedades que buscan formas m\u00e1s humanas, libres y fraternales\u00bb (D. C., p. 77). Deber\u00edan estar m\u00e1s presentes y m\u00e1s encarnadas en el tercer mundo que en los pa\u00edses superdesarrollados. A veces no entiendo las comunidades evang\u00e9licas hechas a imagen y seme\u00adjanza de los pa\u00edses ricos en que viven encarnadas. Tampoco en\u00adtiendo aquellas comunidades religiosas, dulcemente vividas en s\u00ed mismas, que evitan la molestia del otro, porque les inquieta, si invade sus refugios. Las comparo a las tres tiendas que Pedro quiso levantar sobre el Tabor, cuando la Transfiguraci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>En cuanto a nuestra comunidad opino sinceramente que se mueve fuera del \u00e1rea de renovaci\u00f3n propia de nuestra funda\u00adci\u00f3n; fuera, por tanto, de la experiencia vivida por San Vicente de Pa\u00fal. Cada vez me gusta m\u00e1s la actitud realista y exigente de Vicente de Pa\u00fal entre tanta juerga renovadora y folkl\u00f3rica. El es el hombre que m\u00e1s directo lleva a encarnarse en el mundo cam\u00adpesino.<\/p>\n<p>En esta hora de Am\u00e9rica Latina tanto Medell\u00edn como las dis\u00adtintas Conferencias Episcopales latinoamericanas han hecho ya sus declaraciones pastorales program\u00e1ticas. Sin embargo faltan todav\u00eda los medios necesarios para encarnar todos esos buenos deseos en el hombre latinoamericano con la urgencia del momento presente. All\u00ed a\u00fan contin\u00faa siendo la hora de Vicente de Pa\u00fal, hombre de acci\u00f3n, fe y prudencia.<\/p>\n<h2>Un final<\/h2>\n<p>En un atardecer de luz rosa sobre el Lago Sagrado de los In\u00adcas, el Titicaca, me reun\u00eda en Carabuco con las Hijas de la Ca\u00adridad para la Eucarist\u00eda. Eran mis \u00faltimas tardes de Altiplano aymara. Una de las lecturas dec\u00eda: \u00abLos hijos de Israel empezaron otra vez a quejarse. Dec\u00edan: \u00ab\u00bfQui\u00e9n nos dar\u00e1 carne para co\u00admer? \u00a1C\u00f3mo echamos de menos el pescado, que com\u00edamos gratis en Egipto, y los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos! Aqu\u00ed, en cambio, ya no tenemos ganas de vivir\u00bb&#8230; Mois\u00e9s oy\u00f3 llorar y reclamar al pueblo y le dijo a Yav\u00e9h: \u00ab\u00bfEs que te he desagradado para que hayas echado sobre m\u00ed la carga de todo este pueblo ? \u00bfAcaso he concebido a todo este pueblo y lo he dado a luz? \u00bfY ahora tendr\u00eda que llevarlo en mi regazo como lleva la nodriza al ni\u00f1o de pecho, hasta la tierra que prometiste a sus padres ? \u00bfDe d\u00f3nde voy a sacar carne para d\u00e1rsela a todo este pueblo, que me llora diciendo : Danos de comer? No puedo cargar yo solo con todo este pueblo, es demasiado pesado para m\u00ed. Si me tratas as\u00ed, prefiero que me mates, si es que realmente me quieres, antes que seguir viviendo en estos apuros\u00bb\u00bb (N\u00fam XI, 5-15).<\/p>\n<p>En aquel momento de la lectura me sent\u00ed aludido en este pasaje. Estaba cansado y sin saber por donde tirar. Me confort\u00f3 descubrir en el gran Mois\u00e9s un momento psicol\u00f3gico parecido. Trabajar para que un pueblo asuma responsablemente su destino no es nada rom\u00e1ntico; resulta muy duro y a veces se llega tambi\u00e9n a desear la muerte.<\/p>\n<p>Se busca en esta cultura occidental cristiana y capitalista una opci\u00f3n por el campesino empobrecido. En este grupo humano del que somos parte, el poder econ\u00f3mico s\u00f3lo invierte en \u00e1reas ren\u00adtables, que le proporcionan mayor beneficio. Esclaviza al hom\u00adbre someti\u00e9ndolo a un salario injusto e injustamente repartido. Lo valora en cuanto puede ganar un sueldo y lo obliga a exhibirse para probar que vale, porque tiene. Crea as\u00ed el \u00abhombre econ\u00f3\u00admico\u00bb. El que no entre en esta perspectiva, porque no puede o no quiere, queda marginado, despose\u00eddo, devaluado y debilitado. El campesino y su \u00e1rea sufren esta marginaci\u00f3n. Tendr\u00e1 que saberlo el que opte por el hombre del campo, ya que su opci\u00f3n va en contra de todos los valores establecidos por la sociedad de consumo y se condena a quedarse marginado. Debe ir, adem\u00e1s, sin poder, sin valer y sin tener, para que el campesino pueda recibirlo en su casa y ayudarle a ser m\u00e1s persona.<\/p>\n<p>En esta nueva encarnaci\u00f3n podr\u00e1 experimentar el momento psicol\u00f3gico de Mois\u00e9s antes recordado. Llegar\u00e1 a sentir cansan\u00adcio, deseos de huir, y a\u00fan deseos de muerte. Pero no hay otro camino. Es el camino de la cruz de Cristo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me encuentro sin pueblo y sin una verdadera relaci\u00f3n pasto\u00adral con un grupo humano. 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