{"id":43733,"date":"2015-02-23T09:50:27","date_gmt":"2015-02-23T08:50:27","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=43733"},"modified":"2016-07-26T19:17:53","modified_gmt":"2016-07-26T17:17:53","slug":"la-pobreza-es-un-misterio","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-pobreza-es-un-misterio\/","title":{"rendered":"La pobreza es un misterio"},"content":{"rendered":"<h2>Introduccion<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/06\/pobreza2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-140707\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/06\/pobreza2-300x239.jpg?resize=300%2C239\" alt=\"pobreza2\" width=\"300\" height=\"239\" \/><\/a>La pobreza es un misterio, un misterio de vida y de muerte. Como todos los grandes misterios (Dios, el mun\u00addo, el ser del hombre, su origen y su destino), la pobreza siempre ha sido objeto de preocupaci\u00f3n y de estudio, y tambi\u00e9n de estrategias para suprimirla o al menos ate\u00adnuarla, desde los tiempos m\u00e1s remotos hasta hoy mismo.<\/p>\n<p>Pero los pobres parece que se empe\u00f1an en no desapare\u00adcer de la escena social. Es m\u00e1s: nunca en la larga historia de la humanidad ha habido tantos pobres como ahora, ni han sido tan visibles, a pesar de la gigantesca capacidad de la humanidad de hoy para producir riqueza. Este hecho brutal provoca sin remedio las preguntas que intentan acla\u00adrar el misterio: \u00bfde d\u00f3nde salen los pobres? \u00bfpor qu\u00e9 hay pobres?.<\/p>\n<p>Las respuestas a estas preguntas han sido numerosas y muy variadas. En cuanto al origen o causa de la pobreza (\u00bfpor qu\u00e9 hay pobres?), las respuestas se pueden reducir a tres tipos diferentes: la causa de la pobreza est\u00e1 en el mis\u00admo pobre, o bien en Dios, o en la sociedad.<\/p>\n<p>En primer lugar, la causa de la pobreza est\u00e1, se dice con frecuencia, en el pobre mismo, en sus vicios, en sus pocas ganas de trabajar. Esta respuesta tranquiliza la conciencia del que hace la pregunta, pues le oculta su posible propia responsabilidad y culpabilidad en el hecho de que exista la pobreza ajena. En la literatura laboral de los tiempos sal\u00advajes del capitalismo naciente en Inglaterra (finales del si\u00adglo XVIII y primera mitad del XIX) aparecen numerosos testimonios de empresarios, y aun de la legislaci\u00f3n civil, que defend\u00edan la conveniencia de los salarios bajos para no dar p\u00e1bulo a los vicios de la clase trabajadora, tales como la embriaguez.<\/p>\n<p>Hay que admitir sin reservas el hecho de que se dan pobres \u00abvoluntarios\u00bb, es decir, que se han empobrecido a s\u00ed mismos. Pero la respuesta no vale para la inmensa ma\u00adyor\u00eda de los pobres que permanecen en pobreza de la cuna a la tumba a lo largo de una vida laboriosa y decentemente virtuosa, ni tampoco para aquellos que, sin culpa propia, han nacido y crecido en circunstancias sociales de desam\u00adparo o de discriminaci\u00f3n. Por ejemplo, el minero negro de Sud\u00e1frica, o el hijo de gitanos en Espa\u00f1a; o, en cualquier lugar del mundo, el ni\u00f1o abandonado al nacer, y que ya desde el nacimiento juega con grandes desventajas de las que no es responsable en absoluto.<\/p>\n<p>Una segunda respuesta apunta como causa de la pobre\u00adza a Dios mismo. Dios hace a los pobres. Es su voluntad soberana la que ha establecido las diferencias entre ricos y pobres. A estos no les queda m\u00e1s que la resignaci\u00f3n ante un hecho establecido por el mismo Dios. Aunque parezca incre\u00edble, esta manera de intentar dar una respuesta apa\u00adrentemente religiosa al tremendo misterio de la pobreza se ha dado con mucha frecuencia incluso dentro de la Iglesia, sobre todo a lo largo del siglo XIX. Est\u00e1 lejos de haber desaparecido de la conciencia de muchos cat\u00f3licos y de gente piadosa.<\/p>\n<p>Advi\u00e9rtase que lo que se est\u00e1 diciendo con esa res\u00adpuesta es que Dios es el causante de la pobreza de las mu\u00adchedumbres pobres, y que quiere adem\u00e1s que las cosas permanezcan as\u00ed. He aqu\u00ed c\u00f3mo expresaba esta idea Mon\u00adtalembert, apologista del catolicismo, en un discurso ante la Asamblea Nacional de Francia el 20 de noviembre de 1848, discurso pronunciado precisamente en defensa de la religi\u00f3n cristiana:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00bf<em>Cu\u00e1l es el gran problema de hoy? Inspirar a los que no son propietarios el respeto por la propiedad. Pues bien: yo no conozco m\u00e1s que una receta para inspirar ese respeto y para hacer creer en la propiedad a los que no son propietarios; esa receta es hacerles creer en Dios, en el Dios del catecismo, en el Dios que ha dictado el dec\u00e1logo y castiga eternamente a los ladro\u00adnes. He aqu\u00ed la \u00fanica creencia popular que puede pro\u00adteger eficazmente la propiedad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otras veces se quiere fundamentar la existencia de los pobres en una especie de \u00abpromesa\u00bb de Jesucristo, quien en el evangelio de san Mateo nos asegura que <em>\u00aba los po\u00adbres los tendr\u00e9is siempre con vosotros\u00bb <\/em>(Mt 26,11). De lo que se deduce incre\u00edblemente que tratar de sacar a los po\u00adbres de su pobreza ser\u00eda una empresa imposible y no con\u00adveniente, pues se opone a una ense\u00f1anza del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Pero hay otras respuestas, sin duda m\u00e1s acertadas, al misterio de la pobreza que apuntan a la organizaci\u00f3n del trabajo, de la distribuci\u00f3n y de la propiedad. A veces se se\u00ad\u00f1ala esa causa para a\u00f1adir inmediatamente que esa organi\u00adzaci\u00f3n est\u00e1 muy bien y que no hay alternativa posible a ella.<\/p>\n<p>De una manera o de otra aparece esta idea en la convicci\u00f3n capitalista y neocapitalista de que el crecimiento econ\u00f3mico exige una previa acumulaci\u00f3n de capital que no puede pro\u00adceder m\u00e1s que de la congelaci\u00f3n o la reducci\u00f3n de los sala\u00adrios y de la reducci\u00f3n de las prestaciones sociales.<\/p>\n<p>Nadie se atrever\u00eda hoy a formular esta idea con la bru\u00adtalidad con que la formula Voltaire en su <em>Diccionario filo\u00ads\u00f3fico <\/em>de 1764 (bajo la palabra <em>egalit\u00e9), <\/em>pero es la misma idea que se encuentra impl\u00edcita en los postulados de la econom\u00eda neocapitalista actual. Dice Voltaire:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEs imposible que los hombres que viven en sociedad no se distingan en dos clases: la de los ricos que mandan y la de los pobres que sirven; el g\u00e9nero hu\u00admano, tal como es, no puede subsistir si no hay una infinidad de hombres \u00fatiles que no poseen absoluta\u00admente nada\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Los socialismos de todos los matices, y en este tema tambi\u00e9n la doctrina social de la Iglesia, sit\u00faan en la orga\u00adnizaci\u00f3n social, y no en Dios ni el pobre mismo, las ver\u00addaderas causas de la pobreza. Pero ni los unos ni la otra caen en la trampa de pensar que la pobreza sea buena para la sociedad; o que sea in\u00fatil, o incluso da\u00f1ino para la so\u00adciedad, el hacer esfuerzos para intentar acabar con ella.<\/p>\n<p>Hay una diferencia sustancial entre las visiones socia\u00adlistas, de cualquier matiz que sean, y la visi\u00f3n cristiana. Las doctrinas socialistas, en particular la marxista, est\u00e1n convencidas de que el problema de la injusticia social y de la pobreza resultante encontrar\u00e1n remedio cumplido a tra\u00adv\u00e9s de una \u00abingenier\u00eda\u00bb social adecuada, que incluye la abolici\u00f3n de la organizaci\u00f3n capitalista de la econom\u00eda, pues \u00e9sta es, por s\u00ed misma y sin remedio, productora de desigualdades sociales clamorosas entre los propietarios de los medios de producci\u00f3n y los no propietarios.<\/p>\n<p>El cristiano que est\u00e9 sinceramente preocupado por la existencia de la pobreza y quiera trabajar por atenuarla o suprimirla, puede pensar leg\u00edtimamente que el socialista tiene raz\u00f3n. El problema de la pobreza, dice tambi\u00e9n el cristianismo, es ciertamente un problema de organizaci\u00f3n social. Pero no se arregla o se resuelve s\u00f3lo con t\u00e9cnicas nuevas de organizaci\u00f3n social. Pues en el fondo de las es\u00adtructuras sociales injustas no hay s\u00f3lo una desafortunada falta de acierto que no ha sabido encontrar las soluciones justas, sino el misterio del pecado personal y colectivo, y del pecado estructural resultante, pecado que ha producido la injusticia de la estructura: la ambici\u00f3n, el ego\u00edsmo, la falta de solidaridad, la adoraci\u00f3n de Mam\u00f3n, el miedo a la inseguridad y a la muerte (Hb 2,15). En suma: las tres concupiscencias que menciona san Juan, a las que est\u00e1 sometido <em>\u00abtodo lo que hay en el mundo\u00bb <\/em>(Un 2,16), tam\u00adbi\u00e9n por tanto las estructuras sociales y los hombres que las construyen.<\/p>\n<p>La pobreza social es, ciertamente, producto de la in\u00adjusta organizaci\u00f3n social; pero \u00e9sta misma es resultado del pecado. El problema de la injusticia y de la pobreza que resulta de ella es un problema ciertamente social y econ\u00f3\u00admico. Pero es a\u00fan m\u00e1s un problema humano y \u00e9tico, o m\u00e1s bien de falta de humanidad y de violaci\u00f3n de la \u00e9tica. Apunta, pues, al misterio de la existencia del pecado y al misterio de la existencia de los pobres, que son v\u00edctimas posiblemente del pecado propio, pero que son v\u00edctimas sobre todo de los pecados ajenos. En el fondo, lo mismo la existencia de la pobreza que de la injusticia que la produce, \u00abclaman a Dios\u00bb, y s\u00f3lo puede encontrar un principio de soluci\u00f3n y de remedio, un principio de redenci\u00f3n, en el misterio de Dios mismo.<\/p>\n<h2><strong>Antiguo Testamento<\/strong><\/h2>\n<p>El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios <em>\u00abpara que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados\u00bb <\/em>(Gn 1,26), como lugar\u00adteniente de Dios y en su nombre. S\u00f3lo Dios es creador y due\u00f1o radical de todo lo que existe fuera de \u00c9l: <em>\u00abLa tierra es m\u00eda\u00bb <\/em>(Lv 25,23). De Dios ha recibido la humanidad todo lo que hay en el mundo para que \u00e9ste lo trabaje y lo admi\u00adnistre en su nombre. \u00c9sta es la visi\u00f3n antropol\u00f3gica funda\u00admental que nos ofrece la Revelaci\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre el ser humano y las cosas materiales del mundo.<\/p>\n<p>Ya en el tiempo hist\u00f3rico, la Tierra Prometida se le en\u00adtrega al conjunto del pueblo elegido como don libre y gratuito de Dios (Gn 12,7), para que todo \u00e9l pueda vivir de esa tierra en paz y en abundancia.<\/p>\n<p>Todo lo que ha salido de las manos creadoras de Dios es bueno (Gn 1,3,10,12,18,21,25), en particular el hombre y la mujer, que son adem\u00e1s el objeto inmediato de la pri\u00admera bendici\u00f3n de Dios sobre lo creado: <em>\u00abLos bendijo Dios y les dijo&#8230; <\/em>\u00ab(Gen 1,28).<\/p>\n<p>La maldici\u00f3n, la ruptura de la armon\u00eda querida y creada por Dios <em>(\u00abVio Dios cuanto hab\u00eda hecho, y estaba muy bien\u00bb <\/em>Gn 1,31) es obra no de Dios, sino del hombre mismo (cap\u00edtulo 3 del libro del G\u00e9nesis) por su pretensi\u00f3n de <em>\u00abque\u00adrer ser como dioses\u00bb <\/em>(Gn 3,5); o sea, de querer arrogarse para s\u00ed mismo el saber, el poder y el dominio, que son pro\u00adpios s\u00f3lo de Dios: <em>\u00abHabiendo conocido a Dios, no le glori\u00adficaron como a Dios ni le dieron gracias&#8230;, sino que alar\u00addeando de sabios, se volvieron est\u00fapidos y adoraron a la criatura en vez de adorar al creador, llenos de toda injusti\u00adcia, perversidad y codicia\u00bb <\/em>(Rm 1,21-22,25,29).<\/p>\n<p>Este juicio tremendo de Dios sobre la historia humana lo aplica expresamente san Pablo a la historia de los paga\u00adnos. Pero tampoco el jud\u00edo se libra de \u00e9l, pues <em>&#8216;\u00e1 ti mismo te condenas, ya que haces esas mismas cosas \u00bb <\/em>(Rm 2,1).<\/p>\n<p>Y as\u00ed sucedi\u00f3, efectivamente, en la historia del pueblo elegido. La voluntad de Dios de que todo su pueblo vivie\u00adra en la tierra prometida en paz, en justicia y en abundan\u00adcia, pronto se vio frustrada por el acaparamiento de tierras y otros mecanismos de invenci\u00f3n humana, tales como el embargo por deudas o el pr\u00e9stamo usurario. Tambi\u00e9n por causas no sociales, sino naturales, tales como la muerte del marido o de los padres, que dejaban a viudas <em>y <\/em>hu\u00e9rfanos en situaci\u00f3n de desamparo y de pobreza, as\u00ed como por otros tipos de causas naturales sobre los que el hombre no ten\u00eda control: rayos, inundaciones&#8230;<\/p>\n<p>Los libros del \u00c9xodo, Lev\u00edtico y Deuteronomio multi\u00adplican las normas y prescripciones para tratar de remediar la injusticia y la pobreza resultantes. Los historiadores del antiguo Israel y los comentaristas b\u00edblicos suelen se\u00f1alar que tales normas se convert\u00edan en la pr\u00e1ctica con excesiva frecuencia en papel mojado. Este hecho nos remite una vez m\u00e1s a la maldad humana, que tampoco est\u00e1 ausente en el obrar del pueblo de Dios, ni del Antiguo ni del Nuevo Testamento. Pero las normas mismas dadas por Dios definen con nitidez la voluntad inequ\u00edvoca de Dios y su deseo de que se viva la solidaridad y la justicia entre sus criatu\u00adras humanas.<\/p>\n<p>La idea de la obligaci\u00f3n de socorrer a viudas, hu\u00e9rfa\u00adnos, extranjeros y pobres en general como voluntad expre\u00adsa de Dios atraviesa no s\u00f3lo los libros del Pentateuco sino los de todo el Antiguo Testamento, en particular los es\u00adcritos de los profetas. Pero los tres libros se\u00f1alados apun\u00adtan adem\u00e1s, y con mucho detalle, a mecanismos de justicia \u00abestructural\u00bb que no buscan simplemente ayudar al nece\u00adsitado ocasional, sino restablecer unas condiciones es\u00adtructurales de justicia social que permitieran vivir decen\u00adtemente a todos los miembros del pueblo. Se\u00f1alamos al\u00adgunos de esos mecanismos:<\/p>\n<ul>\n<li>contra el acaparamiento de tierras, la obligaci\u00f3n de devolverlas a sus antiguos propietarios cada cin\u00adcuenta a\u00f1os (Lv 25,10,13; <em>\u00abLa tierra no puede ven\u00adderse ni comprarse para siempre, porque la tierra es m\u00eda\u00bb <\/em>Lv 25,23 ss.);<\/li>\n<li>el uso de pesas y medidas justas (Dt 25,13; Lv 19,35);<\/li>\n<li>el salario justo <em>(\u00abNo explotar\u00e1s al jornalero humil\u00adde\u00bb <\/em>Dt 24,14);<\/li>\n<li>la devoluci\u00f3n de objetos de primera necesidad deja\u00addos en prenda por pr\u00e9stamo (los vestidos: Dt 24,12; la muela de molino, <em>\u00abporque ello ser\u00eda tomar en prenda la vida misma\u00bb <\/em>Dt 24,6; Ex 22,25-26);<\/li>\n<li>el derecho de los pobres a espigar en campo ajeno (Dt 24,19 ss; Lv 24,6; Ex 22,25-26); los diezmos que se han de dar a los pobres (Dt 26,12);<\/li>\n<li>numerosas prescripciones contra el pr\u00e9stamo usura\u00adrio (Ex 22,24; Lv 25,36; Dt 23,20);<\/li>\n<li>y tambi\u00e9n sobre la condonaci\u00f3n de deudas, <em>\u00abcon el <\/em><em>fin de que no haya ning\u00fan pobre entre vosotros\u00bb <\/em>(Dt 15,1-4).<\/li>\n<\/ul>\n<p>Esta impresionante lista de normas hubiera conseguido, si se hubieran guardado, el verdadero plan de Dios sobre la vida social de su pueblo: una vida de justicia, de solida\u00adridad y a la vez de suficiencia para todos.<\/p>\n<p>La justicia social tiene en el Antiguo Testamento una clara ra\u00edz \u00faltima de car\u00e1cter religioso, pues expresa ine\u00adqu\u00edvocamente l\u00e1 voluntad de Dios mismo. Pero a\u00fan hay m\u00e1s: de que se cumplan o no las exigencias de la justicia querida por Dios depende el que Dios mismo derrame o no derrame su bendici\u00f3n sobre su pueblo: <em>\u00abYhav\u00e9 no te otor\u00adgar\u00e1 su bendici\u00f3n en la tierra que \u00e9l mismo te da en he\u00adrencia m\u00e1s que si escuchas todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy. Entonces Yhav\u00e9 Dios te bendecir\u00e1\u00bb <\/em>(Dt 15,4-6).<\/p>\n<h2>Nuevo Testamento<\/h2>\n<p>Como en tantos otros aspectos, la revelaci\u00f3n del Nuevo Testamento asume ciertamente pero a la vez supera la vi\u00adsi\u00f3n propia del Antiguo Testamento, seg\u00fan el principio ex\u00adpresado por el Se\u00f1or mismo: <em>\u00abNo he venido a abolir la Ley y los profetas, sino a darles cumplimiento\u00bb (Mt <\/em>5,17), es decir, a darles plenitud. En el Nuevo Testamento Dios no es ya meramente el defensor de los pobres, sino que se identi\u00adfica con ellos: <em>\u00abCuanto hicisteis a uno de estos hermanos m\u00edos m\u00e1s peque\u00f1os, a M\u00ed me lo hicisteis\u00bb <\/em>(Mt 25,40). Dios no escucha simplemente el clamor de los pobres, ni sim\u00adplemente asume su causa, sino que, por un lado, acepta vo\u00adluntariamente la condici\u00f3n de vida de los pobres <em>(\u00absiendo rico se hizo pobre\u00bb <\/em>2Cor 8,9), y se encama, se hace hom\u00adbre, para anunciar a los pobres la Buena Noticia de su libe\u00adraci\u00f3n y redenci\u00f3n (Lc 4,18).<\/p>\n<p>Arriba hicimos la observaci\u00f3n de que el misterio de la pobreza no es ante todo un problema meramente econ\u00f3mico y social, sino m\u00e1s bien un problema de humanidad y de \u00e9ti\u00adca. Ahora debemos a\u00f1adir: desde la perspectiva nueva que trae al mundo la encarnaci\u00f3n del Verbo en pobreza, el mis\u00adterio de la pobreza es ante todo un problema teol\u00f3gico. Dios mismo se revela a s\u00ed mismo en la pobreza. Por ello el cre\u00adyente en el Dios de Jesucristo encontrar\u00e1 en el trabajo por los pobres el camino privilegiado para llegar a Dios: <em>\u00abVe\u00adnid, benditos.., porque me disteis de comer\u00bb <\/em>(Mt 25,34 ss.).<\/p>\n<p>En cuanto a lo que hemos denominado mecanismos de justicia social, los evangelios son mucho m\u00e1s parcos que el Antiguo Testamento. Pero, en compensaci\u00f3n, apelan a lo que m\u00e1s interesa: la conversi\u00f3n radical del coraz\u00f3n y el rechazo total del hacer un \u00eddolo de los bienes materiales. Las cr\u00edticas del Se\u00f1or contra la sicolog\u00eda pervertida que produce el deseo de riquezas cobran tonos de extremada dureza. No proceden tales cr\u00edticas del resentimiento ni del deseo de condenaci\u00f3n del rico, sino de la convicci\u00f3n de que tambi\u00e9n para el rico hay salvaci\u00f3n&#8230;, si se convierte (Lc 19,8-9), pues es precisamente la riqueza lo que pone en peligro su salvaci\u00f3n (Lc 18,25).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el acceso a Dios a trav\u00e9s de la fe en Jesu\u00adcristo exige de todo ser humano unas condiciones de renuncia (es decir, de poner el amor a Jesucristo por encima de cualquier otro amor: a los familiares y aun a la vida propia: Lc14,26) que en el caso de las posesiones mate\u00adriales se expresa en esta sentencia lapidaria: <em>\u00abEl que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo\u00bb <\/em>(Lc 14,33).<\/p>\n<p>Dos cosas pretende el Se\u00f1or con el conjunto de su en\u00adse\u00f1anza sobre los bienes materiales. La primera, funda\u00admental, es allanar el camino del ser humano en su peregri\u00adnar hacia Dios, pues amor a Dios (primero y fundamental mandamiento) y amor a las riquezas son del todo incom\u00adpatibles (Lc 16,13). La segunda se refiere al pr\u00f3jimo (se\u00adgundo mandamiento): en ning\u00fan lugar de su evangelio in\u00adsin\u00faa el Se\u00f1or que los bienes materiales sean malos y que por eso ser\u00eda buena idea quemarlos o destruirlos. La mejor manera de liberarse del peligro de dejarse esclavizar por ellos es d\u00e1rselos a los pobres (dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica-social) para estar as\u00ed en disposici\u00f3n de seguirle (dimensi\u00f3n teol\u00f3gica) (Lc 18,22).<\/p>\n<p>Buenos conocedores de su verdadero esp\u00edritu, los cris\u00adtianos de la primera generaci\u00f3n se pusieron enseguida a inventar modos de convertir en pr\u00e1ctica y en historia viva las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or acerca de los bienes materiales. Pues hab\u00edan comprendido muy bien que lo que el Se\u00f1or buscaba ante todo con sus ense\u00f1anzas era la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n (sin excluir en modo alguno la \u00abreforma so\u00adcial\u00bb consiguiente que resultar\u00eda de una tal conversi\u00f3n), no impusieron a nadie como obligatoria la renuncia literal y efectiva a las posesiones materiales. San Pedro se lo dice expresamente a Anan\u00edas (Hch 5,4).<\/p>\n<p>Pero pronto vieron que la existencia de necesitados en\u00adtre ellos era un antitestimonio de su fe en Jesucristo. Ense\u00adguida se inventaron \u00abmecanismos\u00bb de distribuci\u00f3n y parti\u00adcipaci\u00f3n que garantizaban que nadie pasara entre ellos ne\u00adcesidad (Hch 2,44-45). San Pablo apela al esp\u00edritu de esta primera experiencia cristiana de la comunidad de Jerusa\u00adl\u00e9n, y la formula en t\u00e9rminos de igualdad para las comuni\u00addades cristianas convertidas del paganismo. Les propone un plan de compartir entre cristianos <em>\u00abpara que vuestra abundancia remedie su necesidad\u00bb, <\/em>y, para que llegado el caso, <em>\u00absu abundancia pueda remediar vuestra necesidad, y reine as\u00ed la igualdad\u00bb <\/em>(2Cor 8,14).<\/p>\n<p>Tampoco san Pablo propone el plan como una orden, lo dice expresamente (v.8), sino inspirado por el ejemplo de generosidad de Jesucristo, <em>\u00abel cual siendo rico, por voso\u00adtros se hizo pobre\u00bb <\/em>(v.9). Ya hacia el final de su vida re\u00adsume as\u00ed lo que, bas\u00e1ndose en las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or mismo, ense\u00f1aba la comunidad cristiana a sus miembros ri\u00adcos, que por cierto no eran a\u00fan por aquellos tiempos dema\u00adsiado numerosos en la iglesia cristiana:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abA <em>los ricos de este mundo recomi\u00e9ndales que no se\u00adan altaneros ni pongan su esperanza en la inseguri\u00addad de las riquezas, sino en Dios, que nos provee es\u00adpl\u00e9ndidamente de todo para que lo disfrutemos; que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad; de esta forma ir\u00e1n atesorando para el futuro un exce\u00adlente fondo con el que podr\u00e1n adquirir la verdadera vida\u00bb <\/em>(1Tm 6,17-19).<\/p>\n<h2><strong>La tradici\u00f3n cristiana<\/strong><\/h2>\n<p>El Se\u00f1or, que conoce muy bien el coraz\u00f3n del hombre (Jn 2,24-25), nunca supuso que sus seguidores \u00edbamos a ser siempre fieles a su ense\u00f1anza. Por ello cuenta con, y ofrece a todos, la conversi\u00f3n y la penitencia. Efectiva\u00admente: hay que admitir sin ninguna reserva que los cristia\u00adnos estamos muy lejos de haber incorporado en los veinte siglos de historia del cristianismo las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or en lo que se refiere a los bienes de este mundo, a la cari\u00addad, a la justicia, a los pobres.<\/p>\n<p>Pero si no ha sido siempre fiel en la pr\u00e1ctica, no pod\u00eda la tradici\u00f3n cristiana ser cristiana sin mantener la fidelidad al Se\u00f1or por lo menos en la ense\u00f1anza. Ah\u00ed est\u00e1n, como testigos de su fidelidad en los primeros siglos, los grandes Padres de la Iglesia, que mantuvieron viva la ense\u00f1anza evang\u00e9lica primitiva y la aplicaron sin miedo, sufriendo a veces por ello incomprensi\u00f3n y aun persecuci\u00f3n, a los problemas de injusticia y de pobreza de su tiempo.<\/p>\n<p>No hace falta citar nombres; est\u00e1n todos sin excepci\u00f3n, aun los de corte m\u00e1s m\u00edstico, tal por ejemplo san Gregorio de Nisa. De \u00e9l son estos p\u00e1rrafos impresionantes, tomados de la <em>Homil\u00eda sobre el amor a los pobres:<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 ganas ante Dios con ayunar, si con tu maldad das dentelladas a tu hermano, si le arrebatas injusta\u00admente lo suyo al pobre? En estos d\u00edas ha llegado una multitud de desamparados, y podemos ver por todas partes manos que se nos tienden. La casa de estas gentes es el cielo raso. Visten harapos, no tienen m\u00e1s cosecha que la voluntad de los que les alargan una li\u00admosna. Su mesa son las rodillas encogidas, su lecho el santo suelo, su ba\u00f1o el r\u00edo. Llevan esa vida errante y agreste no porque as\u00ed lo hayan querido, sino por impo\u00adsici\u00f3n de la desgracia y de la necesidad. Soc\u00f3rreles con tu ayuno, s\u00e9 generoso con estos hermanos v\u00edctimas del infortunio. Dale al hambriento lo que quitas a tu est\u00f3mago. Abraza al afligido como al oro. Estrecha con tus manos al enfermo como si de ello dependiera tu salud y la de tu mujer y tus hijos y de toda tu vida. No desprecies a esos que yacen tendidos como si no valie\u00adran nada. Considera qui\u00e9nes son y descubrir\u00e1s su dig\u00adnidad: ellos nos representan la persona del Salvador. Los pobres son los despenseros de los bienes que espe\u00adramos, los porteros del reino de los cielos, los que abren a los buenos y cierran a los malos e inhumanos. Toda obra que se haga por ellos grita, ante aquel Juez que conoce los corazones, con voz m\u00e1s fuerte que un pregonero. Pero nosotros, a pesar de que cada letra de la Escritura nos ense\u00f1a a imitar a Nuestro Se\u00f1or y Creador, lo dirigimos todo a nuestro propio goce, y no tenemos ninguna cuenta con los necesitados y ninguna preocupaci\u00f3n por los pobres. Sed sobrios en vuestras necesidades vitales; no pens\u00e9is que todo es vuestro. Debe haber tambi\u00e9n una parte para los pobres de Dios. Pues la verdad es que todo es de Dios, padre de todos los hombres. Los hombres todos somos hermanos de una misma familia; los hermanos deben entrar por partes iguales en la herencia, si queremos ser justos\u00bb <\/em>(P.G. 46,455-468).<\/p>\n<p>La idea de san Gregorio de Nisa, <em>\u00ablos pobres nos repre\u00adsentan al Salvador\u00bb, <\/em>se basa indudablemente en el evange\u00adlio, y se convirti\u00f3 a su vez en el mundo cristiano en la clave para entender el misterio de Cristo a trav\u00e9s de la escandalo\u00adsa e hiriente realidad social de la existencia de los pobres. En el hombre que sufre, Cristo mismo sufre. As\u00ed fue en la conciencia general europea por lo menos hasta los tiempos de san Vicente de Pa\u00fal, y sigue si\u00e9ndolo a\u00fan en los tiempos modernos en gentes de aut\u00e9ntica visi\u00f3n cristiana, tal por ejemplo el beato Federico Ozanam.<\/p>\n<p>A ninguno de los Padres de la Iglesia, ni tampoco al pensamiento teol\u00f3gico posterior, se le ocurri\u00f3 pensar que fuera Dios de alg\u00fan modo el autor de la pobreza. Las terri\u00adbles invectivas de algunos de ellos contra los ricos de su tiempo muestran a las claras lo que pensaban sobre cu\u00e1l era la clase social que produc\u00eda la pobreza de las muche\u00addumbres, d\u00f3nde estaban realmente sus causas: los salarios bajos, la esclavitud, el lujo, el ego\u00edsmo de los poderosos, los pr\u00e9stamos usurarios, el acaparamiento de tierras, la acumulaci\u00f3n de oficios p\u00fablicos.<span id='easy-footnote-1-43733' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/la-pobreza-es-un-misterio\/#easy-footnote-bottom-1-43733' title='Existen muchos estudios y antolog\u00edas sobre el pensamiento social de los Padres de la Iglesia. Recordamos dos en particular: la monumental obra &lt;em&gt;El mensaje social de los Padres de la Iglesia, &lt;\/em&gt;de R. Sierra Bravo, ed. Ciudad Nueva, Madrid, 1989, y el agudo comentario-estudio de textos elegidos de los Santos Padres y de la tradici\u00f3n posterior hasta hoy, de J.I. Gonz\u00e1lez Faus, &lt;em&gt;Vicarios de Cristo. Los pobres en la teolog\u00eda y en la espiritualidad cristianas, &lt;\/em&gt;ed. Trotta, Madrid, 1991.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Hubo siempre cristianos, y no pocos, que tomaron las ense\u00f1anzas de Jesucristo en su sentido literal de radical desprendimiento y participaci\u00f3n de bienes, en particular los monjes, aunque no s\u00f3lo ellos. Pero tambi\u00e9n para el resto de la sociedad, la que no se encerraba en los monas\u00adterios, los Padres y la teolog\u00eda posterior fueron elaborando una doctrina exigente que se hizo patrimonio com\u00fan en el mundo cristiano, doctrina que pretend\u00eda remediar las gran\u00addes injusticias sociales y proveer a todos de medios sufi\u00adcientes de vida.<\/p>\n<p>Tal doctrina se resume en la idea de la limosna. Esta palabra, tan devaluada hoy, implicaba unas consecuencias muy fuertes para la vida pr\u00e1ctica y se enmarcaba en un conjunto muy s\u00f3lido de ideas teol\u00f3gicas y socio-econ\u00f3micas elaboradas por una larga tradici\u00f3n de la que es el mejor testigo santo Tom\u00e1s de Aquino en el siglo XIII:<\/p>\n<ul>\n<li>Dios es el \u00fanico due\u00f1o verdadero de todas las co\u00adsas <em>(Summa Theologica <\/em>II-11,61,1);<\/li>\n<li>la intenci\u00f3n de Dios al crear el mundo es que to\u00addos los seres humanos puedan vivir de \u00e9l con su\u00adficiencia;<\/li>\n<li>el r\u00e9gimen de propiedad privada es leg\u00edtimo, y es adem\u00e1s el m\u00e1s adecuado para que haya orden so\u00adcial y mayor abundancia de bienes (II-11,62,2);<\/li>\n<li>el propietario, sin embargo, no debe tener las cosas como suyas propias sino como comunes, de tal manera que las comparta con otros cuando estos las necesiten. Todo propietario es por tanto s\u00f3lo un mero administrador (11-11,32,5 <em>ad secundum);<\/em><\/li>\n<li>en cuanto a la limosna: se debe dar a los pobres por derecho natural y por mandamiento de Dios (Lc 11,41) todo lo \u00absuperfluo\u00bb, es decir, lo que no se necesite para mantener con suficiencia la vida propia y la de los suyos (II-I1,32,5;66,7);<\/li>\n<li>por su parte, el que se encuentra en necesidad ex\u00adtrema puede coger de donde sea lo que necesita pa\u00adra salir de ella. Al hacer eso, no roba, pues en caso de necesidad extrema todas las cosas son comunes, cumpli\u00e9ndose as\u00ed la intenci\u00f3n fundamental de Dios sobre los bienes de este mundo (11-11,66,7);<\/li>\n<li>a todo esto hay que a\u00f1adir la firme oposici\u00f3n contra la usura, que se mantuvo invariablemente despu\u00e9s en la Iglesia a lo largo de m\u00e1s de tres\u00adcientos a\u00f1os (11-11,78,1 ss.).<\/li>\n<\/ul>\n<p>En contra de lo que a menudo se le ha reprochado, hay que afirmar que el pensamiento cristiano tradicional nunca ha pensado que la atenci\u00f3n a los necesitados fuera objeto s\u00f3lo de la caridad privada, y no tambi\u00e9n competencia de la autoridad p\u00fablica. Testigo de ello es una vez m\u00e1s santo Tom\u00e1s de Aquino, quien en su obra <em>De regimine principum <\/em>afirma lapidariamente: <em>\u00abEl que gobierna debe cuidar de los necesitados a expensas del erario p\u00fablico\u00bb <\/em>(Libro II, c.15).<\/p>\n<p>Con lo cual el misterio de la pobreza, sin dejar de ser lo que hab\u00eda sido en la tradici\u00f3n, el terreno privilegiado para el ejercicio de la verdadera caridad, se formula ahora co\u00admo tambi\u00e9n un problema de organizaci\u00f3n social y de res\u00adponsabilidad del poder p\u00fablico, como representante de to\u00adda la sociedad, que debe velar en primer lugar por el bien com\u00fan, es decir por el bien de todos.<\/p>\n<h2><strong>La tradici\u00f3n vicenciana<br \/>\n<\/strong><\/h2>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal se inscribe de lleno, por supuesto, en la tradici\u00f3n cristiana. En un tiempo en que las autorida\u00addes civiles se inclinaban a resolver el problema de la cre\u00adciente pobreza urbana a trav\u00e9s de los llamados Hospitales Generales (edificios p\u00fablicos en los que se encerraba por la fuerza a los mendigos y ociosos), Vicente de Pa\u00fal se des-marca de esa pol\u00edtica, y lo hace movido por la convicci\u00f3n de que el pobre es imagen viva de Jesucristo. Por ello mis\u00admo al pobre no se le puede privar de la libertad por la fuer\u00adza. Se le debe tratar con suma delicadeza y respeto, pues los pobres son, como Cristo, <em>\u00abnuestros amos y se\u00f1ores\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En estas ideas Vicente de Pa\u00fal es s\u00f3lo el testigo de un larga tradici\u00f3n cristiana en un tiempo en que buena parte de la sociedad empezaba a considerar la existencia de los pobres s\u00f3lo como un problema de orden p\u00fablico que se pod\u00eda resolver con t\u00e9cnicas adecuadas. A\u00fan estamos en ello. En esta visi\u00f3n secularizada la pobreza no es ya un signo que se\u00f1ala al Dios de Jesucristo, ni tampoco interpela a nadie como prueba del pecado personal o social. La pobreza es un mero problema de ingenier\u00eda social, pero no de caridad por el pr\u00f3jimo. No tiene, pues, por qu\u00e9 comprometer vitalmente a quien trabaja por el pobre; por ejemplo a los bur\u00f3cratas de los diversos ministerios de bienestar social.<\/p>\n<p>En lo que se suele destacar como m\u00e1s t\u00edpico suyo, no es sin embargo san Vicente del todo original. Apenas hay una idea suya sobre los pobres que no la deba \u00e9l mismo a la tradici\u00f3n cristiana anterior. La misma expresi\u00f3n citada arriba ( <em>\u00ablos pobres son nuestros amos y se\u00f1ores\u00bb), <\/em>que se considera com\u00fanmente como muy propia suya, se en\u00adcuentra en la Regla de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusal\u00e9n, del siglo XII.<\/p>\n<p>S\u00ed fue Vicente de Pa\u00fal un innovador en la visi\u00f3n de la pobreza como un problema de colectividades sociales (campesinos, esclavos, ni\u00f1os abandonados, desplazados por la guerra&#8230;), para las que se buscan remedios tambi\u00e9n colectivos de nuevas t\u00e9cnicas de asistencia. No se limita su visi\u00f3n a considerar la pobreza como un problema que afecta s\u00f3lo a individuos aislados a los que hay que soco\u00adrrer uno por uno.<\/p>\n<p>En cuanto a lo que hemos denominado t\u00e9cnicas de asistencia, que es el aspecto en el que san Vicente s\u00ed de\u00admuestra abundantes signos de originalidad, destacamos las siguientes:<\/p>\n<ul>\n<li>el estudio cuidadoso previo de la realidad exacta de la necesidad que se trata de remediar o de re\u00adsolver;<\/li>\n<li>la movilizaci\u00f3n y organizaci\u00f3n de personas vo\u00adluntarias de todas las clases sociales;<\/li>\n<li>la captaci\u00f3n sistem\u00e1tica de recursos privados y p\u00fablicos;<\/li>\n<li>la cuidadosa y racional administraci\u00f3n de los re\u00adcursos;<\/li>\n<li>su distribuci\u00f3n seg\u00fan las necesidades variadas de los necesitados;<\/li>\n<li>el uso de propaganda impresa para informar a la opini\u00f3n p\u00fablica acerca de las necesidades exis\u00adtentes;<\/li>\n<li>la colaboraci\u00f3n con otras fuerzas sociales y reli\u00adgiosas, sin excluir a aquellas de las que se discre\u00adpa fuertemente (jansenistas&#8230;);<\/li>\n<li>la creaci\u00f3n de grupos nuevos en la historia de la Iglesia, de sacerdotes, laicos, mujeres c\u00e9libes en comunidad, laicas solteras, casadas y viudas, para trabajar organizadamente por los pobres.<\/li>\n<\/ul>\n<p>A\u00f1adimos, finalmente, un punto que se ha puesto en du\u00adda incluso por parte de expertos que conocen bien a san Vi\u00adcente. Nos referimos a la cuesti\u00f3n de si san Vicente tuvo conciencia de que la pobreza masiva de su tiempo fuera producida por causas pol\u00edtico-sociales estructurales, y de si, en consecuencia, pens\u00f3 \u00e9l en tratar de buscar remedios a su vez pol\u00edtico-sociales, y no ya de sola asistencia individual u organizada.<\/p>\n<p>A las dos cuestiones hay que responder inequ\u00edvocamente que s\u00ed. No vamos a dar aqu\u00ed los detalles, pero s\u00ed menciona\u00adremos un hecho particularmente revelador. En una ocasi\u00f3n muy comprometida en que las complicadas rivalidades pol\u00edticas entre las autoridades municipales de Par\u00eds y el primer ministro Mazarino hab\u00edan producido entre la poblaci\u00f3n de la capital, sobre todo, como suele suceder, entre la pobla\u00adci\u00f3n pobre, una situaci\u00f3n de escasez y aun de hambre, Vi\u00adcente de Pa\u00fal tuvo la ocurrencia de acudir al mism\u00edsimo Mazarino para pedirle nada menos que dimitiera. Cualquie\u00adra puede ver que este es un caso paladino (aunque no por cierto el \u00fanico en su biograf\u00eda) en que Vicente de Pa\u00fal in\u00adtent\u00f3 remediar con medios de naturaleza pol\u00edtica los males causados a los pobres por una mala pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Dos siglos despu\u00e9s de san Vicente de Pa\u00fal el beato Fede\u00adrico Ozanam se inscribe tambi\u00e9n de lleno en la visi\u00f3n cris\u00adtiana del pobre como un misterio que nos habla directa\u00admente de Cristo. Tampoco Ozanam es original en eso, ni pod\u00eda serlo, ni menos a\u00fan pretend\u00eda serlo. \u00c9l tambi\u00e9n perte\u00adnece a una corriente de sensibilidad que tiene su origen en el mismo Cristo. Pero, igual que en el caso de san Vicente de Pa\u00fal, Ozanam vive una fe no s\u00f3lo inspirada por esa idea, sino centrada en ella:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 haremos para ser verdaderamente cat\u00f3licos si\u00adno lo que m\u00e1s agrada a Dios? Socorramos a nuestro pr\u00f3jimo como lo hac\u00eda Jesucristo\u00bb <\/em>(Lettres, F.O., Bloud et Gay, Par\u00eds, t.III, p.47), pues <em>\u00abvosotros &#8211; <\/em>los pobres &#8211; <em>sois nuestros amos, y nosotros seremos vues\u00adtros servidores\u00bb <\/em>(t.I, p.243).<\/p>\n<p>Las ideas de Ozanam <em>\u00absobre la caridad hacen de ella lo que es realmente: el centro <\/em>y <em>el motor de toda la vida cristiana\u00bb <\/em>(L. Celier, en <em>Federico Ozanam, <\/em>ed. Claret, Barcelona, 1975, p.96).<\/p>\n<p>Todo esto que venimos diciendo describe a Ozanam como un cristiano de inspiraci\u00f3n netamente vicenciana. Pero de Ozanam hay que a\u00f1adir algo m\u00e1s. Creemos que se puede asegurar que \u00e9l, mejor que nadie desde la muerte de san Vicente, ha sabido no s\u00f3lo recoger y prolongar su he\u00adrencia, sino adem\u00e1s formularla de nuevo para los tiempos y los problemas de la nueva organizaci\u00f3n social que naci\u00f3 de la revoluci\u00f3n industrial y de la revoluci\u00f3n francesa, or\u00adganizaci\u00f3n en la que a\u00fan estamos viviendo. Pero este punto lo desarrollamos con m\u00e1s detalle en otro trabajo.<\/p>\n<p>Ozanam, se dijo arriba, se inscribe de lleno en la tradi\u00adci\u00f3n vicenciana de la visi\u00f3n del pobre. Muy suyo es, por ejemplo, el inter\u00e9s atento y el trabajo personalizado por el pobre concreto. Pero tambi\u00e9n es muy suya una visi\u00f3n de horizonte amplio que busca no s\u00f3lo el alivio de las necesi\u00addades concretas, sino la regeneraci\u00f3n, la transformaci\u00f3n de la sociedad entera:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abSomos demasiado j\u00f3venes para intervenir en la lu\u00adcha social. \u00bfNos quedaremos por eso pasivos en me\u00addio de un mundo que sufre y gime? No: a\u00fan tenemos un camino para prepararnos. Antes de preocuparnos por hacer el bien a escala social podemos intentar hacer el bien a algunos; antes de regenerar a toda Francia, podemos aliviar a algunos de sus pobres\u00bb <\/em>(Lettres, I 143).<\/p>\n<h2><strong>Punto final<\/strong><\/h2>\n<p>Para ser cristiano, hoy y en todo tiempo, hay que empe\u00adzar por donde dijo el Se\u00f1or, por la conversi\u00f3n (Mc 1,15). Para ser un alma de inspiraci\u00f3n vicenciana, hay que empe\u00adzar, como lo hicieron san Vicente de Pa\u00fal y el beato Fede\u00adrico Ozanam, tambi\u00e9n por la conversi\u00f3n y la dedicaci\u00f3n de la propia vida a los pobres, prolongando as\u00ed en la historia de hoy la misi\u00f3n misma de Jesucristo.<\/p>\n<p>Para algunos, para los que sientan la llamada, la pobre\u00adza evang\u00e9lica se mostrar\u00e1 radicalmente en el desprendi\u00admiento de bienes a favor de los pobres (Lc 14,33; 18,22). No todos son llamados a esta forma de seguimiento literal de Jesucristo, pero s\u00ed somos llamados todos a una conver\u00adsi\u00f3n y dedicaci\u00f3n de la persona y de sus capacidades, in\u00adcluyendo los bienes materiales, a trabajar por los pobres de Jesucristo.<\/p>\n<p>Esta \u00abopci\u00f3n\u00bb por los pobres est\u00e1 ya suficientemente clara en el evangelio para quien sepa leerlo sin prejuicios sociales de clase. Y adem\u00e1s ha sido expl\u00edcitamente recor\u00addada y puesta al d\u00eda por el Concilio Vaticano <strong>II <\/strong>y por el conjunto e la doctrina social de la Iglesia desde su primer documento, la enc\u00edclica <em>Rerum novarum <\/em>de Le\u00f3n XIII ha\u00adce ya m\u00e1s de cien a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero toda conversi\u00f3n sincera no puede dejar de impli\u00adcar, si no un desprendimiento radical de los bienes pro\u00adpios, al menos una participaci\u00f3n generosa de los mismos bienes con los necesitados. Recu\u00e9rdese la hermosa historia de Zaqueo en el evangelio de san Lucas: <em>\u00abHoy ha llegado la salvaci\u00f3n a esta casa\u00bb <\/em>(Lc 19, 1-10), le dice el Se\u00f1or cuando Zaqueo expresa su voluntad de reparar las injusti\u00adcias cometidas por \u00e9l, y de dar la mitad de sus bienes a los pobres.<\/p>\n<p>Con frecuencia, y con toda la raz\u00f3n, se dice que no son tanto palabras y discursos, sino obras, lo que necesita el mundo para encontrar remedio a sus sufrimientos. Por su parte, la fe cristiana se hace cre\u00edble al mundo cuando \u00e9ste ve con los ojos a los disc\u00edpulos del Se\u00f1or haciendo por los pobres las obras que el Se\u00f1or mismo hizo. No hay mejor prueba de que se cree de verdad en \u00c9l: <em>\u00abEn esto conoce\u00adr\u00e1n todos que sois mis disc\u00edpulos&#8230;\u00bb <\/em>(Jn 13,35).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLa Iglesia est\u00e1 vivamente comprometida en esta causa, porque la considera como su misi\u00f3n, su servi\u00adcio, como prueba de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la Iglesia de los pobres\u00bb <\/em>(Juan Pablo II, <em>Laborem exercens, <\/em>8).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introduccion La pobreza es un misterio, un misterio de vida y de muerte. 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