{"id":43573,"date":"2011-06-29T05:03:07","date_gmt":"2011-06-29T03:03:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/espiritualidad-vicenciana-prudencia\/"},"modified":"2011-06-29T05:03:07","modified_gmt":"2011-06-29T03:03:07","slug":"espiritualidad-vicenciana-prudencia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-prudencia\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Prudencia"},"content":{"rendered":"<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/prudente.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-43581\" title=\"prudente\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/prudente-241x300.jpg?resize=241%2C300\" alt=\"\" width=\"241\" height=\"300\" \/><\/a>En los 13 tomos de los textos de San Vicente (S\u00edgue\u00adme-CEME, Salamanca 1972-1986), \u00e9ste emplea 167 veces el vocablo \u00abprudencia\u00bb.<\/p>\n<p>Con relaci\u00f3n al vocablo \u00abprudencia\u00bb, utiliza 53 veces el adjetivo \u00abprudente\u00bb, 2 veces el ad\u00adjetivo \u00abimprudente\u00bb y una vez el adverbio \u00abim\u00adprudentemente\u00bb.<\/p>\n<p>Entre los actos de prudencia m\u00e1s se\u00f1alados: 72 veces \u00abguardar un secreto\u00bb; 71 veces \u00abno apresurarse\u00bb, y 45 veces \u00abpedir consejo\u00bb.<\/p>\n<ol>\n<li>La iconograf\u00eda m\u00e1s antigua y cercana a San Vicente (los dos retratos de Sim\u00f3n Fran\u00e7ois de Tours, y los grabados de Nicol\u00e1s Pitau, Van Schuppen, Re\u00adn\u00e9 Lochon y G\u00e9rard Edelinck) nos presentan a un Vicente de Pa\u00fal ya anciano. Es la imagen que nos queda; visualmente no podemos forjarnos un \u00abre\u00adtrato\u00bb de Vicente en plena madurez y menos a\u00fan en su juventud. Es una l\u00e1stima, porque la \u00abima\u00adgen que nos queda y entra por los ojos\u00bb es la de un hombre cargado de a\u00f1os, en el declive de su vida.<\/li>\n<li>La lentitud en el caminar, la palabra y los gestos pausados, parecen ser algunas de las ca\u00adracter\u00edsticas de la vejez, sobre todo si \u00e9sta es mi\u00adrada por hombres de generaciones m\u00e1s j\u00f3venes. De ah\u00ed las f\u00e1ciles generalizaciones: la juventud es imprudente, arriesgada, temeraria; la ancianidad es prudente, cautelosa, calculadora. \u00bfC\u00f3mo vie\u00adron a Vicente de Pa\u00fal sus contempor\u00e1neos? El sr. Olier, fundador del Oratorio de San Sulpicio, gran amigo y conocedor de Vicente, reporta una opi\u00adni\u00f3n del P. Condren: \u00abEl sr. Vicente tiene el ca\u00adr\u00e1cter de la prudencia\u00bb (cf. Faillon, Vie de M. Olier, 1, 313), y Vicente, a su vez, asegura: \u00abEl P. Con\u00addren, santo var\u00f3n de mucha prudencia\u00bb (IX, 478).<\/li>\n<li>Esta imagen de \u00abanciano prudente\u00bb viene reforzada por algunas de las frases que sol\u00eda re\u00adpetir el sr. Vicente, tales: \u00abNo tenga usted prisa en los asuntos\u00bb (II, 420); \u00abhay que ir haciendo las cosas poco a poco\u00bb (III, 137); \u00abir paso a paso sin pretender llegar pronto\u2026 hay mucho camino por hacer\u00bb (V, 416); \u00absiempre hemos procurado ir de\u00adtr\u00e1s, y no delante de la Providencia\u00bb (II, 383).<\/li>\n<\/ol>\n<h2>1. \u00bfQu\u00e9 es la prudencia, seg\u00fan san Vicente?<\/h2>\n<p>1. Por tres veces San Vicente habl\u00f3 sobre la pruden\u00adcia, con alguna extensi\u00f3n: en la conferencia a su comunidad, el 21 de marzo de 1659, explicando las Reglas Comunes, en el tema \u00absencillez y pru\u00addencia\u00bb (XI, 465-471); en la conferencia a su co\u00admunidad, el 29 de agosto de 1659, sobre \u00ablas m\u00e1ximas contrarias a las m\u00e1ximas evang\u00e9licas\u00bb (X1, 596); y en la conferencia del 3 de julio de 1660, sobre \u00ablas virtudes de Luisa de Marillac\u00bb (IX, 1220). En 1655, otra conferencia (XI, 856), pero no te\u00adnemos el texto.<\/p>\n<p><em>a) Naturaleza<\/em><\/p>\n<p>San Vicente comienza su explicaci\u00f3n con una adver\u00adtencia previa, para ahorrarse, sin duda, disquisi\u00adciones extempor\u00e1neas: \u00abYa conoc\u00e9is las defini\u00adciones de los doctores y los diversos sentidos que tiene (la palabra prudencia) en la Sagrada Es\u00adcritura\u00bb (XI, 465), y remite su auditorio al texto mismo de la Regla.<\/p>\n<p>Este texto encierra una amplia definici\u00f3n de la virtud de la \u00abprudencia\u00bb, definici\u00f3n que San Vicente uti\u00adlizar\u00e1, detall\u00e1ndola, en sucesivas intervenciones. Para facilitar al lector de este art\u00edculo el contacto directo con este texto, se reproduce a continua\u00adci\u00f3n: \u00abEs una virtud que nos hace hablar y obrar con discreci\u00f3n, por eso nos callaremos pruden\u00adtemente las cosas que no conviene decir, espe\u00adcialmente si son de suyo malas o il\u00edcitas, y re\u00adcortaremos, de las que en cierto modo son buenas, las circunstancias que van contra el ho\u00adnor de Dios o contienen alg\u00fan perjuicio contra el pr\u00f3jimo o pueden proporcionarnos motivo de va\u00adnidad. Y como esta virtud se refiere tambi\u00e9n, en la pr\u00e1ctica, a la elecci\u00f3n de los medios adecua\u00addos para conseguir el fin, tendremos como m\u00e1\u00adxima inviolable usar siempre los medios divinos para las cosas divinas y juzgar de las cosas se\u00adg\u00fan el sentimiento y juicio de Jesucristo, y nun\u00adca seg\u00fan el del mundo ni seg\u00fan los d\u00e9biles ra\u00adzonamientos de nuestro esp\u00edritu\u00bb (X1, 460).<\/p>\n<p>De ah\u00ed San Vicente saca algunas definiciones \u00absint\u00e9ti\u00adcas\u00bb de la prudencia. Por ejemplo: \u00abesta virtud quiere que se diga con discreci\u00f3n y juicio lo que haya que decir\u00bb (X1, 466); \u00abconsiste en hablar bien y obrar bien\u00bb (X1, 466); \u00abconsiste en juzgar y en obrar como ha juzgado y obrado la eterna sabi\u00addur\u00eda\u00bb (X1, 469); \u00abhace que uno procure hacer to\u00addas las cosas de la forma debida\u00bb (IX, 1220); \u00absa\u00adber portarse bien en todas las ocasiones, y \u00bfqu\u00e9 virtud hay para eso? La prudencia\u00bb (IX, 1220).<\/p>\n<p><em>b) Pr\u00e1ctica en el actuar del prudente<\/em><\/p>\n<p>Dos campos en que act\u00faa el hombre pru\u00addente: el de sus palabras y el de sus acciones. \u00ab<em>Es oficio del prudente<\/em> -afirma San Vicente-, <em>hablar con prudencia y no indiscretamente de todas las co\u00adsas y sin hacer da\u00f1o a nadie. \u00a1Oh, Salvador! \u00bfD\u00f3n\u00adde encontrar a esas personas que hablan sola\u00admente con la debida reserva, cuando conviene y con t\u00e9rminos juiciosos?\u2026 Es tambi\u00e9n oficio suyo hacer lo que se hace de una forma sensata y pru\u00addente y por un buen motivo, no s\u00f3lo en cuanto a la substancia de la acci\u00f3n, sino en sus circuns\u00adtancias, de modo que el prudente obra como es debido, cuando es debido y por el fin que es de\u00adbido<\/em>\u00bb y \u00ab<em>al obrar con discreci\u00f3n, hace todo seg\u00fan peso, n\u00famero y medida<\/em>\u00bb (XI, 466). Por fin, \u00ab<em>los pru\u00addentes, para ser prudentes, tienen que guardar el debido recato, circunspecci\u00f3n y discreci\u00f3n\u00bb <\/em>(XI, 466).<\/p>\n<p>Para que la actuaci\u00f3n del hombre prudente, sea verdaderamente prudente, San Vicente la va especifi\u00adcando consider\u00e1ndola en las maneras, en los me\u00addios, en la oportunidad y en su finalidad. \u00ab<em>La pru\u00addencia, como la sencillez regula las palabras y las acciones\u00bb <\/em>(XI, 466). Seg\u00fan los medios escogidos, la prudencia cristiana puede deSan Vicenteirtuarse en otras clases de prudencia: la prudencia de la carne, la del mundo, la humana, la pol\u00edtica, la temporal.<\/p>\n<p>San Vicente da algunas nociones sobre estas clases de prudencia: \u00abla prudencia de la carne y del mun\u00addo busca las riquezas, lo honores y los placeres, y se opone por completo a la verdadera pruden\u00adcia cristiana que nos aparta del afecto a esos bienes perecederos y aparentes para hacernos abrazar los bienes s\u00f3lidos y permanentes\u2026 Es objeto de la prudencia cristiana tomar el camino m\u00e1s corto y m\u00e1s seguro para la perfecci\u00f3n. De\u00adjemos la prudencia pol\u00edtica y temporal que s\u00f3lo busca \u00e9xitos temporales y a veces injustos, utili\u00adzando s\u00f3lo medios humanos e inciertos. Hable\u00admos de esta santa virtud que Nuestro Se\u00f1or acon\u00adseja a cuantos desean seguirle; es esa virtud la que nos hace llegar al fin al que \u00c9l nos quiere conducir, que es Dios. Es misi\u00f3n de la prudencia producir este maravilloso efecto; por medio de ella discernimos lo que es bueno y lo que es mejor para eso, y hace que nos sirvamos de medios di\u00advinos para las cosas divinas\u00bb (X1, 467).<\/p>\n<p>Cinco meses m\u00e1s tarde, San Vicente recuerda a los suyos que, seg\u00fan las Reglas: \u00abSatan\u00e1s procura siempre impedirnos la pr\u00e1ctica de estas m\u00e1ximas (las evang\u00e9licas), oponi\u00e9ndoles las suyas total\u00admente contrarias, todos pondr\u00e1n mucha pruden\u00adcia y vigilancia en combatirlas\u2026 sobre todo las que m\u00e1s se oponen a nuestro Instituto, que son: 1<sup>2<\/sup> la prudencia humana\u00bb. \u00bfEn qu\u00e9 consiste esta \u00abprudencia humana\u00bb? Lo explica diciendo: \u00abLa prudencia humana se opone a la sencillez. La sen\u00adcillez hace que una persona no obre nunca con doblez, que hable como piensa, que mire siem\u00adpre a Dios en las cosas divinas y nunca a s\u00ed mis\u00admo\u2026 La prudencia humana dice todo lo contra\u00adrio. \u00bfQu\u00e9 es la prudencia humana? El af\u00e1n de buscar los medios il\u00edcitos para progresar y con\u00adseguir lo que se ambiciona; el anhelo y esfuerzo continuo por satisfacer las inclinaciones de la na\u00adturaleza corrompida; de hecho, es eso lo que ve\u00admos en las personas que viven seg\u00fan esta pru\u00addencia de la carne\u2026 \u00bfQu\u00e9 es lo que quiere decir prudencia humana? Seguir las ideas humanas\u2026 La prudencia de la carne se mira a s\u00ed misma siem\u00adpre y en todas partes y hace que se usen medios indirectos para conseguir el fin propuesto. \u00a1Qu\u00e9 peligrosa es esta prudencia humana! \u00a1Quiera Dios que no exista jam\u00e1s en la Compa\u00f1\u00eda!\u00bb (XI, 594 596).<\/p>\n<p>Al dirigirse a las Hijas de la Caridad, y co\u00admentando las virtudes de Luisa de Marillac, ex\u00adclama: \u00abLa verdad es que nunca he visto a una persona con tanta prudencia como ella. La ten\u00eda en muy alto grado y desearla con todo mi cora\u00adz\u00f3n que la Compa\u00f1\u00eda tuviera esta virtud\u00bb (IX, 1220). Pero la prudencia a la que se refiere aqu\u00ed San Vicente es la prudencia en una de las pr\u00e1cticas de esa Com\u00adpa\u00f1\u00eda: \u00abLa prudencia consiste en ver los medios, los tiempos, los lugares en que hemos de hacer las advertencias y c\u00f3mo hemos de comportar\u00adnos en todas las cosas\u00bb. Y en vez de hablar de la \u00abprudencia humana\u00bb, menciona \u00abuna pruden\u00adcia falsa, que hace que uno no tenga en cuenta el lugar o el tiempo debido y que obliga a hacer inconsideradamente las cosas\u2026 Acordaos\u2026 de lo que les ha ocurrido a las que carec\u00edan de pru\u00addencia. Se han dejado llevar a ciertas cosas que finalmente les hicieron perder la vocaci\u00f3n\u2026 Pru\u00addencia, hijas m\u00edas, prudencia en todo\u2026 Ten\u00e9is que tomar la resoluci\u00f3n de practicar bien esta vir\u00adtud durante toda vuestra vida y pedir para ello la ayuda de Dios. Y \u00bfqui\u00e9n os ayudar\u00e1 en ello? Vues\u00adtra buena madre que est\u00e1 en el cielo\u2026 Por con\u00adsiguiente, prudencia; Dios os la conceder\u00e1 si se la ped\u00eds por amor a ella; pues aunque no se de\u00adbe rezar en p\u00fablico a las personas muertas que no est\u00e1n canonizadas, se les puede rezar en par\u00adticular. Por consiguiente, pod\u00e9is pedirle a Dios la prudencia por medio de ella\u00bb (IX, 1220s).<\/p>\n<p>2. Por 76 veces San Vicente da el calificativo de \u00abpru\u00addente\u00bb, o alaba la \u00abprudencia\u00bb de algunos con los cuales ha tratado. Estas personas pertenecen a diversos grupos sociales. Unos son Cardenales, co\u00admo Bagni, antiguo nuncio en Francia (1, 539) y Gri\u00admaldi, tambi\u00e9n nuncio en Par\u00eds (II, 360), o Durazzo, en G\u00e9nova (VII, 188); o miembros de la realeza (el Rey, VI, 496), de la nobleza (mariscal Fabert, VII, 501). Numerosos obispos (III, 140. 353; IV, 163; VI, 36. 362; X, 87. 92. 149; II, 10). Funcionarios de la Iglesia o del Estado (VI, 129. 441. 470; V, 166. 236). Entre los Religiosos menciona a los jesuitas (IX, 278) y al P. Condren del Oratorio de San Sul\u00adpicio (IX, 478). Entre los m\u00e1s cercanos subraya la prudencia de Luisa de Marillac (1, 193. 584;1X, 1220) y de las Hija de la Caridad Ana Hardemont (VII, 388). De entre los miembros de su comunidad, los PP. Dehorgny (VIII, 295), Lebreton (II, 30. 104. 113), Co\u00addoing (II, 65. 264. 354), Portail (III, 90), Jolly (VI, 484. 495; VI1, 357), Mart\u00edn (III, 353; VI, 30. 256; VI1, 256. 311; VIII, 185), Blatiron (1V, 473. 511), Chi\u00adroye (III, 127), Serre (V, 310, 582), Get (VI, 332. 562; VI1, 98; VIII, 317), Laudin (VI, 500; VI1, 488), Barry (VI1, 354. 355), Planchamp (VII, 118), De Beaumont (VI, 48; VII, 145), Senaux (VI1, 101. 116), Le Gouz (VII, 418), Cabel (VI, 532), F. Le Vacher (IV, 497), Du\u00adport (IV, 294), Durand (VIII, 90), Nacquart (XI, 257), Bourdoise (VIII, 145), Etienne (VIII, 160), Desdames (VIII, 218), un superior (III, 570), un director espiri\u00adtual (III, 572), varios superiores (IX, 408; X1, 301), hasta una vez al Hno. Barreau (VIII, 526). Tambi\u00e9n a sus amigos Fco. de Sales (X, 87. 92) y J. de Chan\u00adtal (X, 140).<\/p>\n<p>San Vicente \u00bffue \u00abgeneroso\u00bb en estos calificativos o en estas alabanzas? \u00bfo ve\u00eda reflejadas en estas personas sus propias cualidades de \u00abprudencia\u00bb? \u00bfo juzgaba que para valorar a una persona el test de \u00absu prudencia en el decir y en hacer\u00bb le bas\u00adtaba para clasificarlo? No lo sabemos. S\u00f3lo dis\u00adponemos de los datos rese\u00f1ados; pero no cabe duda de que San Vicente se rodeaba mayormente, en sus trabajos y en el reparto de responsabilidades, de personas que \u00e9l estimaba como \u00abprudentes\u00bb.<\/p>\n<p>Con todo, no se dejaba llevar por f\u00e1ciles en\u00adtusiasmos. Ten\u00eda sus reservas. Al P. Cogl\u00e9e, su\u00adperior de Sedan, que ha tenido que soportar el ca\u00adr\u00e1cter de uno de sus cohermanos, le aconseja: \u00abLos m\u00e1s prudentes dicen a veces cosas de las que luego se arrepienten y que se deben a que se han visto sorprendidos\u2026 Espero que podr\u00e1 ha\u00adcerse con \u00e9ste si lo soporta con caridad, si le ad\u00advierte con prudencia\u00bb (V, 56).<\/p>\n<h2>II. La prudencia en el hablar<\/h2>\n<p>1. San Vicente la ha sintetizado en la frase ya men\u00adcionada: \u00abesta virtud quiere que se diga con dis\u00adcreci\u00f3n y juicio lo que haya que decir\u00bb (XI, 466). Y en su contraria: \u00abcallar prudentemente las co\u00adsas que no conviene decir\u00bb (X1, 460). Estas dos modalidades de ejercer la \u00abprudencia en el hablar\u00bb equivalen, con frecuencia y en la pr\u00e1ctica, a \u00abguar\u00addar secreto\u00bb.<\/p>\n<p>En la conferencia a las Hijas de la Caridad, del 6 de enero de 1658, San Vicente trata, en parte, del \u00abse\u00adcreto\u00bb. Recuerda, primero, el art\u00edculo 35 de su Re\u00adgla: \u00abSobre todo, callar\u00e1n con mucho cuidado las cosas que obligan a secreto, especialmente lo que se hace o dice en las conferencias, comuni\u00adcaciones y confesiones, etc.\u00bb. Y explica: \u00abCuan\u00addo se trata de un secreto, tiene que guardarlo de tal forma que, si lo revela, peca mortalmente. Y esto es tan verdadero, hijas m\u00edas, que aunque se eche una excomuni\u00f3n por una cosa que se sabe en secreto, no hay obligaci\u00f3n de revelarla\u00bb. El charlista, que no el orador, no se da cuenta o no desea rectificar las exageraciones en que ha in\u00adcurrido, sin hacer las distinciones necesarias, co\u00admo lo har\u00e1 m\u00e1s adelante en el transcurso de su charla-conversaci\u00f3n. Y prosigue: \u00abEs secreto lo que se os conf\u00eda en secreto, tal como se hace en el cap\u00edtulo de las comunidades, y lo que se os di\u00adce por comunicaci\u00f3n o confesi\u00f3n. Pues bien, los que revelan algo sobre estas cosas pecan contra el secreto. Por ejemplo\u2026 si alguna de vosotras re\u00adcibiera mal lo que digo y se lo fuera a decir a los extra\u00f1os, obrar\u00eda mal. Si se recibiera mal alguna cosa que dijese el confesor en la confesi\u00f3n y se lo dijera a otro, es pecado y quiz\u00e1s llegue a pe\u00ad cado mortal en algunos casos\u2026 As\u00ed pues, est\u00e1is obligadas a guardar secreto en lo referente a to\u00addo lo que hemos dicho, de forma que no est\u00e1 per\u00admitido hablar de ello, a no ser para edificaci\u00f3n, y nunca para pasar el rato y mucho menos para murmurar de ello\u00bb (1X, 1011s)<\/p>\n<p>Por 70 veces San Vicente pide, recomienda, solicita o exige la guarda de un secreto. Y, en otras dos oca\u00adsiones, habla de un procedimiento inesperado en su habitual comportamiento: \u00abConvendr\u00e1 que ten\u00adgamos un lenguaje cifrado; si no usa usted nin\u00adguno, yo podr\u00eda envi\u00e1rselo desde aqu\u00ed\u00bb (III, 43), le escribe al Hno. Barreau, por aquel entonces en funciones de c\u00f3nsul de Francia en Argel. Y al P. Blatiron, superior en G\u00e9nova: \u00abMe dice usted que hay en su casa un inspector que advierte y ano\u00adta todo lo que ocurre; le ruego que me diga si es franc\u00e9s y su nombre en t\u00e9rminos encubiertos\u00bb (III, 486).<\/p>\n<p>2. Ya es sabido que la ense\u00f1anza impartida por San Vicente, a trav\u00e9s de su correspondencia epistolar o sus conferencias, no es una ense\u00f1anza siste\u00admatizada. Es una ense\u00f1anza extra\u00edda de su ex\u00adperiencia personal, cotejada o imbricada a sus co\u00adnocimientos de teolog\u00eda. Ense\u00f1anza, y no hay que olvidarlo, expresada o formulada en un len\u00adguaje y unas im\u00e1genes muy ajenas a las culturas actuales, posteriores de m\u00e1s de tres siglos a las que \u00e9l vivi\u00f3. Hay que contar siempre con este desfase y, en muchos casos, tomar \u00abcum grano salis\u00bb algunas de las f\u00f3rmulas y de las im\u00e1genes expresadas en los textos vicencianos, \u00fanica ba\u00adse de este art\u00edculo.<\/p>\n<p>a) San Vicente da una gran importancia a la \u00abguarda de un secreto\u00bb. Y los \u00absecretos a guardar\u00bb, es de\u00adcir, aquellos conocimientos que est\u00e1 prohibido comunicar a otros, ya porque esta divulgaci\u00f3n puede causar da\u00f1o a un tercero, ya en virtud de una promesa hecha, no son de los llamados se\u00adcretos profesionales, ni de orden sacramental, como es obvio, sino que se refieren a asuntos ca\u00adsi siempre de orden administrativo de las dos co\u00admunidades que \u00e9l fund\u00f3 o de las relaciones de sus miembros entre s\u00ed y con la gente con la cual de\u00adben tratar en virtud de sus funciones o apostola\u00addos.<\/p>\n<p>Se puede atisbar la importancia que le da por estas afirmaciones suyas: \u00abEl alma de esta cues\u00adti\u00f3n es el secreto con todo el mundo\u00bb (II, 354); \u00abse\u00adcreto inviolable el de los Consejos\u00bb (X, 732); \u00abmien\u00adtras las cosas sigan estando en secreto en la Compa\u00f1\u00eda, el diablo no se mezclar\u00e1 en ellas\u2026 As\u00ed pues, mis queridas Hermanas, mantened vues\u00adtros asuntos en secreto\u2026 Hijas m\u00edas, \u00a1qu\u00e9 im\u00adportante es saber guardar el secreto!\u00bb (IX, 1230); \u00abel secreto es el nervio de una comunidad\u00bb (XI, 825).<\/p>\n<p>Esta importancia la dibuja con peculiares ras\u00adgos: \u00abQue esto quede s\u00f3lo para los o\u00eddos de su coraz\u00f3n\u00bb (II, 454); \u00ab<em>le digo esto solamente a su coraz\u00f3n\u00bb <\/em>(VI, 499); <em>\u00abdejad la lengua en casa\u00bb <\/em>(IX, 247), a las que deben visitar las casas de las Herma\u00adnas; <em>\u00abpor tanto, hijas m\u00edas, un candado en la bo\u00adca\u00bb <\/em>(IX, 1240), antes de proceder a la elecci\u00f3n de una superiora en lugar de la se\u00f1orita Le Gras.<\/p>\n<p>A veces la obligaci\u00f3n del secreto es tempo\u00adral. As\u00ed: <em>\u00abLe ruego no hablar de eso todav\u00eda\u00bb, <\/em>id\u00e9n\u00adtica recomendaci\u00f3n que hace al P. Portail sobre el cambio, en Roma, entre los PP. Codoing y De\u00adhorgny (II, 413); y al P. Lambert-aux-Couteaux, so\u00adbre una pr\u00f3xima reuni\u00f3n, en Par\u00eds (IV, 157); <em>y \u00abno le diga usted nada por ahora\u00bb <\/em>(V, 141), al P. Co\u00adgl\u00e9e, anunci\u00e1ndole que est\u00e1 en <em>\u00abb\u00fasqueda de marfil para que se lo env\u00eden al se\u00f1or Demyon\u00bb, <\/em>se\u00f1or que era cu\u00f1ado del marqu\u00e9s de Fabert. Se\u00adcretos, estos tres, de importancia muy relativa y de vigencia provisional.<\/p>\n<p>b) A veces, por el contrario, el secreto a guar\u00addar debe ser de alguna importancia, ya que, o bien San Vicente \u00e9l mismo se lo impone, o bien lo impo\u00adne a otras personas. Al P. Codoing, superior en Annecy: \u00abUnicamente su hijo (de una persona que ha dado una fuerte suma a la Congregaci\u00f3n), que me ha dado la noticia, otra persona y yo sa\u00adbemos de qui\u00e9n se trata, y no se lo puedo decir a nadie\u00bb (II, 87). Igualmente, a prop\u00f3sito de una futura fundaci\u00f3n, le dice a un sr. Maurisse: \u00abSi us\u00adted ve oportuno tratar este asunto con el P. Va\u00adgeot, superior del seminario (de Saintes), \u00e9l sa\u00adbr\u00e1 mantener el secreto lo mismo que yo\u00bb (IV, 372).<\/p>\n<p>c) Tambi\u00e9n impone el secreto, y por 15 oca\u00adsiones, a otras personas. Repite una misma f\u00f3r\u00admula: \u00abno lo diga a nadie\u00bb (II, 312. 349. 375); \u00abpor favor, no hablar de eso\u00bb (II, 305. 359); \u00abno hable nunca con nadie de eso\u00bb (II, 87); \u00abatenci\u00f3n a no hablar de eso\u00bb, \u00abque no se hable de eso\u00bb, \u00abno hablar absolutamente con nadie de este asunto\u00bb, \u00abmantener todo esto en secreto\u00bb (II, 126; III, 109; V, 202; III, 305). Las imposiciones, en ciertos ca\u00adsos, son m\u00e1s imperativas: \u00abmantenga todo esto muy en secreto\u00bb, \u00abque quede esto en secreto\u00bb, \u00abpor favor, secreto\u00bb, \u00abno diga a nadie lo que le escribo\u00bb, \u00abno diga a nadie el por qu\u00e9 de mi es\u00adcrito y por qu\u00e9 averiguo\u00bb, \u00abque quede secreto en\u00adtre nosotros\u00bb (II, 354; III, 108; V, 467; VIII, 26; II, 320).<\/p>\n<p>d) \u00bfA qu\u00e9 se debe tanta insistencia en \u00abguar\u00addar secreto\u00bb, tanto m\u00e1s que la mayor\u00eda de estos corresponsales eran autoridades civiles, ecle\u00adsi\u00e1sticas o superiores de sus Comunidades? Se podr\u00eda, tal vez, proponer una explicaci\u00f3n. El \u00abmun\u00addo\u00bb o \u00abmundillo\u00bb en que se mov\u00eda el sr. Vicente era, en resumidas cuentas, un \u00abmundillo\u00bb agita\u00addo por anhelos, aspiraciones, intereses tanto humanos como espirituales. La novedad de las mismas fundaciones provocaba reacciones de in\u00adcomprensi\u00f3n, de oposici\u00f3n. El sr. Vicente cami\u00adnaba sobre terrenos resbalosos; cualquier \u00abfuga de noticias\u00bb, sobre todo relacionadas con funda\u00adciones, pod\u00eda echar a pique lo proyectado.<\/p>\n<p>Pero si el secreto sobre tr\u00e1mites de asuntos administrativos se comprende que fuese guar\u00addado y, a fortiori, tras las reiteradas insistencias del sr. Vicente, se puede pensar que su insis\u00adtencia en otros campos ten\u00eda su raz\u00f3n de ser por otros motivos. Es el caso que menciona en una carta al P. De Beaumont, superior de Richelieu, del 6 de febrero de 1659: \u00abMe han dicho que esas Hermanas (de la casa de Richelieu) saben todo lo que se hace y lo que ocurre en casa de ustedes. Esto puede provenir de que algunos de los nuestros tienen demasiado trato con ellas; y apenas se le ocurre a uno decir cualquier cosa a una sola, la verdad es que poco despu\u00e9s lo sa\u00adben todas las dem\u00e1s; hemos de evitarlo, no ha\u00adblando con ellas ni de paso ni de otra forma m\u00e1s que de cosas necesarias\u00bb (VI1, 385).<\/p>\n<p>e) Entre los motivos para guardar un secre\u00adto, San Vicente da uno de orden espiritual: honrar el silencio de Nuestro Se\u00f1or. Por cuatro veces lo utiliza: al P. Codoing, superior en Roma, al anunciarle que le enviar\u00e1 el proyecto de Reglamento general de la Congregaci\u00f3n, le escribe: \u00abUsted es el prime\u00adro y el \u00fanico a quien se lo comunico; haga el favor de honrar en esto el silencio de Nuestro Se\u00f1or ante cualquiera que sea, por cierta raz\u00f3n especial que yo tengo\u00bb (II, 258). Al P. Get, solici\u00adt\u00e1ndole informes sobre la marcha del seminario en Montpellier, le dice: \u00abLe ruego que quede es\u00adto entre nosotros dos y que se esfuerce en hon\u00adrar el silencio de Nuestro Se\u00f1or con todos los de\u00adm\u00e1s, asegur\u00e1ndole que por mi parte lo cumplir\u00e9 tambi\u00e9n con su respuesta\u00bb (V1, 385). Al P. Get, en\u00adcargado del seminario de Montpellier, con relaci\u00f3n a su regreso a Marsella y la noticia de ello al obis\u00adpo: \u00abY si el se\u00f1or obispo de Montpellier todav\u00eda no le ha dicho nada, creo, puesto que su semi\u00adnario va como va, har\u00e1 bien en disponerle tran\u00adquila y certeramente a que acepte su regreso a Marsella; pero que no le diga que yo le he escri\u00adto\u2026 Le ruego, padre, que honre el silencio de Nuestro Se\u00f1or en esta ocasi\u00f3n a prop\u00f3sito de la presente y con cualquier persona\u00bb (VIII, 223). Y a las Damas de la Caridad del hospital de Par\u00eds, en su reglamento: \u00abHonrar\u00e1n el silencio de Nuestro Se\u00f1or en todas las cosas que se refieran a la compa\u00f1\u00eda, ya que el pr\u00edncipe de este mundo se aprovecha de las cosas santas que se divulgan con ligereza\u00bb (X, 968).<\/p>\n<p>f) Al tratarse de dinero y por diversos moti\u00advos, tambi\u00e9n pide el secreto. As\u00ed al P. Codoing con referencia a una letra de cambio de 1. 900 libras: \u00abHaga el favor de avisarme de lo que ha\u00adga. Es necesario el secreto a prop\u00f3sito de esa cantidad, por miedo a que\u2026\u00bb (II, 229). Al P. Get le ha enviado una letra de cambio de 1. 400 li\u00adbras, la mitad para T\u00fanez y la otra mitad para Ar\u00adgel, y le escribe: \u00ab<em>Le mando las cartas que en\u00adv\u00edo a a cada uno de los PP. Le Vacher, para su aplicaci\u00f3n, que debe mantenerse en secreto por los inconvenientes que surgir\u00edan si los esclavos tuviesen noticia de que ese dinero es para rescatar a los que est\u00e1n en mayor peligro de pervertirse\u00bb <\/em>(V1, 250). Y en una consulta del P. Rivet sobre la usura: <em>\u00abLe ruego me indique los diversos casos de usura, cuya resoluci\u00f3n desea usted. Le contestar\u00e9 a cada uno de ellos, pero entretanto puede seguir los principios de la Sor-bona, sin hablar nunca en contra de los que pue\u00adden tener opiniones contrarias, sino honr\u00e1ndo\u00adlos y vener\u00e1ndolos como padres nuestros. No le diga a nadie lo que le escribo, a no ser a los nuestros, bajo secreto, y a nadie m\u00e1s\u00bb <\/em>(VI1, 197). Esta duda sobre la usura est\u00e1 en relaci\u00f3n con el problema moral del pr\u00e9stamo o del inter\u00e9s co\u00admo provecho de una operaci\u00f3n financiera, pues durante mucho tiempo se impugn\u00f3 la morali\u00addad de esta operaci\u00f3n, la cual no es f\u00e1cil de es\u00adtablecer, pues supone cierto n\u00famero de condi\u00adciones y un tipo razonable de inter\u00e9s. Por otra parte, la usura es un pecado que comete el usu\u00adrero al prestar dinero con un inter\u00e9s excesiva\u00admente elevado, sobre todo cuando el inter\u00e9s ha sido establecido por ley.<\/p>\n<p>g) En los asuntos internos de sus Comuni\u00addades (Padres y Hermanas, y a\u00fan las Damas de la Caridad), particularmente en lo tocante a las asambleas, reuniones, consejos o fundaciones en marcha, San Vicente es tajante en pedir la guarda del secreto.<\/p>\n<p><em>\u00abLe ruego <\/em>-escribe al P. Thibault- <em>que advier\u00adta a las personas de quienes se aconseja para el buen orden de su casa y de sus asuntos, que guarden secreto absoluto de todas las cosas que se proponen en sus peque\u00f1as reuniones, por ra\u00adzones que puede usted imaginarse\u00bb <\/em>(IV, 250). En Richelieu no terminan las enemistades; al P. De Beaumont, p\u00e1rroco, le sugiere reuniones con uno o dos feligreses para enterarse y resolver en su acci\u00f3n pacificadora, <em>\u00abpero esto deber\u00e1 hacerse tan secretamente que nadie sepa nada de estas reu\u00adniones y mucho menos de los temas que hayan tratado en ellas\u00bb <\/em>(VI, 418).<\/p>\n<p>A las Hijas de la Caridad, habl\u00e1ndoles sobre la \u00abvisita a las casas\u00bb: \u00abEs un asunto de los m\u00e1s dif\u00edciles\u2026 Hay que ser tan prudente, tan preca\u00advido, tan manso, tan secreto, \u00a1ah!, secreto co\u00admo en la confesi\u00f3n\u00bb (IX, 246). Les est\u00e1 hablando sobre la sencillez y les comenta: \u00abHe aqu\u00ed otra nueva se\u00f1al: decir las cosas como uno las pien\u00adsa. La se\u00f1orita pregunta algo a alguna\u2026 pero lue\u00adgo viene otra hermana a preguntaros qu\u00e9 es lo que os ha dicho la se\u00f1orita: hay que callarse, si existe alg\u00fan inconveniente en darlo a conocer\u2026 Hay cosas que es preciso callar, como por ejem\u00adplo, cuando los superiores os han recomendado secreto, o cuando hay peligro de perjudicar al pr\u00f3jimo. Entonces la prudencia os manda callar\u00bb (IX, 546). Est\u00e1 terminando la conferencia sobre las virtudes de Luisa de Marillac y, con muchas circunlocuciones va planteando la necesidad de buscar a la se\u00f1orita Le Gras una sucesora, y les dice: \u00abOs recomiendo mucho que no vay\u00e1is ha\u00adblando de vuestros asuntos con los de fuera. Se\u00adcreto, hijas m\u00edas,\u2026 Me dir\u00e9is, pero \u00bfqu\u00e9 mal hay en hablar de esas cosas? No hablamos de nada malo, sino de cosas buenas.- S\u00ed, hijas m\u00edas, de suyo no son malas esas cosas de las que ha\u00adbl\u00e1is. Pero, como se trata de un misterio y est\u00e1n en juego los asuntos de Dios, hay que guardar secreto. Mientras las cosas sigan estando en se\u00adcreto en la Compa\u00f1\u00eda, el diablo no se mezclar\u00e1 en ellas, pero apenas las conozca el mundo, el pr\u00edncipe de este mundo intentar\u00e1 derribarla. As\u00ed pues, mis queridas hermanas, mantened vues\u00adtros asuntos en secreto\u00bb (IX, 1230). En el consejo del 8 de septiembre de 1655, se le plantea el si\u00adguiente caso: \u00abComo hab\u00eda una hermana nueva en la reuni\u00f3n, la se\u00f1orita pregunt\u00f3 si era nece\u00adsario guardar el secreto de lo que se trataba en el consejo. Nuestro venerado Padre respondi\u00f3: S\u00ed, y le ruego, se\u00f1orita, y a todas ustedes, her\u00admanas, que me permitan repetir la petici\u00f3n que les he hecho otras veces, que es rogaros que se obliguen ustedes a ello, o sea, a guardar el se\u00adcreto de todo lo que aqu\u00ed se diga. No es que ten\u00adga motivos para temer en lo que se refiere a la se\u00f1orita Le Gras, ya que es una persona de las m\u00e1s discretas que conozco, sino para prevenir\u00adles a todas, ya que puede haber alg\u00fan esp\u00edritu cu\u00adrioso que querr\u00eda saber de ustedes lo que se ha tratado\u00bb (X, 822s). En el consejo del 11 de abril de 1651, hay que elegir a una hermana asisten\u00adta. San Vicente detalla las condiciones que debe tener y, entre \u00e9stas, a\u00f1ade: \u00abTambi\u00e9n es muy importan\u00adte\u2026 llevar en el debido secreto los asuntos de la Compa\u00f1\u00eda\u00bb (X, 798).<\/p>\n<p>Igual exigencia para las asambleas de los sa\u00adcerdotes de la Misi\u00f3n. En la primera asamblea ge\u00adneral, en 1642, les dice: \u00abNo ten\u00edan que hablar fuera de la asamblea con nadie, ni siquiera con los dem\u00e1s participantes, sobre las cosas que se tratasen en la asamblea ni de ning\u00fan otro que se refiriese al gobierno de la Compa\u00f1\u00eda, con ning\u00fan pretexto de ninguna clase\u00bb (X, 357). Yen la asam\u00adblea de 1651, que vers\u00f3 mayormente sobre los votos, repiti\u00f3: \u00abNo hablar de lo que se dice, ni con los de la asamblea, ni con los dem\u00e1s. Guar\u00addar secreto; en ello insisti\u00f3 mucho\u00bb, y al final, \u00abguardar siempre el secreto\u00bb (X, 396. 415).<\/p>\n<p>Esas exigencias ser\u00edan, en 1658, codificadas en las Reglas Comunes, en el cap. Vlll, art. 10: \u00abTodos procurar\u00e1n con la mayor fidelidad guar\u00addar el secreto, no s\u00f3lo acerca de las cosas per\u00adtenecientes a la confesi\u00f3n y a la direcci\u00f3n, sino tambi\u00e9n acerca de lo que se hace o se dice en el cap\u00edtulo, sobre faltas y penitencias, y en ge\u00adneral sobre todas aquellas cosas cuya manifes\u00adtaci\u00f3n sabemos est\u00e1 prohibida por los superio\u00adres o por su naturaleza\u00bb (X, 500).<\/p>\n<p><strong>ACOTACI\u00d3N <\/strong><\/p>\n<p>El lector de estas \u00abinsistencias en guardar se\u00adcreto\u00bb, lector de a finales del siglo XX, en que las comunicaciones y las participaciones y las co\u00adrresponsabiiidades trenzan tupidas redes entre los hombres y las sociedades, este lector se que\u00adda un tanto perplejo. Perplejidad porque consta\u00adta que muchas de las consignas y ense\u00f1anzas vi\u00adcencianas no \u00abencajan\u00bb en la escala de valores que marcan a la sociedad actual, o corresponden a costumbres o im\u00e1genes de \u00abotros tiempos\u00bb, e, incluso chocan con algunas normativas de la pro\u00adpia Iglesia.<\/p>\n<p>1. Esta perplejidad puede obedecer al olvido o desconocimiento del ambiente cultural y reli\u00adgioso en que vivi\u00f3 San Vicente. Al querer hacer una trans\u00adposici\u00f3n a los tiempos actuales, un lector de los textos vicencianos un tanto olvidadizo de las evo\u00adluciones costumbristas del lenguaje, puede f\u00e1cil\u00admente incurrir en el destrozo del texto arrancado a su contexto. Ahora bien, en estos casos, por ex\u00adceso o por defecto, el lector de referencia pue\u00adde llegar a afirmar que la ense\u00f1anza vicenciana est\u00e1 \u00absuperada\u00bb, o bien, a asegurar que para vi\u00advir esta ense\u00f1anza en nuestros tiempos, no hay otro camino que \u00abdecir y hacer hoy\u00bb como \u00abde\u00adc\u00eda y hac\u00eda San Vicente hace tres siglos\u00bb.<\/p>\n<p>Por otra parte, San Vicente es un hombre que, si bien sigue un mismo sendero para alcanzar un fin \u00fani\u00adco y preciso, ha sido sometido a diversas muta\u00adciones. De modo que se podr\u00eda decir que San Vicente no es uno sino varios, por lo menos tres a partir de sus experiencias del a\u00f1o 1617. Cualquier acucio\u00adso lector puede cotejar las diferencias de estilo y de contenidos de las cartas y de las conferencias en las tres siguientes \u00e9pocas de su vida: 1617\u00ad1634, un per\u00edodo de 17 a\u00f1os cuando el sr. Vi\u00adcente contaba de los 36 a los 53 a\u00f1os de edad; 1634-1645, per\u00edodo de 11 a\u00f1os, entre sus 53 y 64 a\u00f1os; y un tercer per\u00edodo, 1645-1660, lapso de 15 a\u00f1os, entre sus 64 y 79 a\u00f1os de edad. Para mayor ilustraci\u00f3n del contexto socio-cultural, co\u00adtejar estas diferencias con los acontecimientos que envolv\u00edan este mismo contexto; varios de los bi\u00f3grafos de San Vicente presentan estos cuadros en paralelos.<\/p>\n<p>Para comprender, pues, estos textos vicen\u00adcianos, y en particular aqu\u00e9llos que pueden causar perplejidad, se debe proceder a un doble ejercicio de ex\u00e9gesis, o de hermen\u00e9utica, que comporta, igual que cualquier otra empresa de esta \u00edndole, una labor de poda de las ramas superfluas y otra de lim\u00adpieza de la hojarasca. Despojados de estos ele\u00admentos advenedizos, el tronco y los tallos sostie\u00adnen y riegan con mayor intensidad y libertad, con su savia, el \u00e1rbol o la planta en su integridad. Es la labor semejante del \u00abaggiomamento\u00bb que el Vati\u00adcano II pidi\u00f3 a la Iglesia, y, en \u00e9sta, particularmente a las \u00d3rdenes y Congregaciones religiosas: volver a sus or\u00edgenes. Esta vuelta supon\u00eda, en primer lu\u00adgar, el conocimiento exacto de lo que quiso su Fundador y, por ende, captar el genuino sentido de sus palabras y de sus escritos desgajados del entorno cultural que los envolv\u00eda, ya que, como se comprobaba frecuentemente, las ramas superfluas de \u00abun estilo\u00bb o la hojarasca de \u00abunas costum\u00adbres\u00bb, imped\u00edan adentrarse en la idea propia de San Vicente. Tarea incompleta a\u00fan, pues, como dijo Yves-Ma\u00adrie Berc\u00e9 en <em>Colloque international d&#8217;Etudes vincentiennes, <\/em>edic C. L. V., Roma 1983, p. V: \u00abLa inmensa reputaci\u00f3n de Vicente Depaul va acom\u00adpa\u00f1ada extra\u00f1amente de lagunas y oscuridades en su biograf\u00eda, de imprecisiones e incertidumbres sobre sus obras. A pesar de los vol\u00famenes de car\u00adtas, documentos y conferencias que la paciencia de Pedro Coste ha logrado reunir, el campo de los estudios vicencianos no est\u00e1 cerrado. Nuestras ignorancias provienen, ciertamente, de las insu\u00adficiencias de las fuentes\u2026 y tambi\u00e9n de la mo\u00addestia y de los silencios voluntarios de San Vicente\u00bb. Personalmente, he sentido siempre faltar en las bio\u00adgraf\u00edas un cap\u00edtulo titulado \u00abLos silencios del sr. Vicente\u00bb. En la \u00abbiograf\u00eda de San VicenteP\u00bb, ed. BAC, Ma\u00addrid 1981, J. M. Rom\u00e1n, en la p. 85, esboza un cap\u00edtulo sobre \u00ablos silencios del sr. Vicente\u00bb, es\u00adbozo tan solo y, adem\u00e1s, tangencial, a prop\u00f3sito del silencio de Vicente sobre el contenido de sus dos cartas al sr. De Comet (I, 75-88).<\/p>\n<p>2. La discreci\u00f3n es parte integrante de la pru\u00addencia. San Vicente no deja de recordarlo a algunos de los superiores de sus Comunidades. Escribe al P. Codoing: <em>\u00abMe ha complacido mucho saber por la que usted escribi\u00f3 al P. Soufliers, su manera de dar \u00f3rdenes. A prop\u00f3sito del P. Soufliers, haga el favor de escribirme a m\u00ed todas las cosas y no a otros. Le dice usted algo sobre los PP. Germ\u00e1n y Ploesquellec que no conviene que sepa nadie m\u00e1s que yo, lo mismo que, a ser posible, cual\u00adquier defecto de alguno de los de la compa\u00f1\u00eda\u2026 Que usted le escriba a otro para que me lo diga a m\u00ed no me har\u00e1 apresurar la respuesta\u00bb (II, 228). <\/em>A Sor Avoya Vigneron, Hija de la Caridad, un tan\u00adto descontrolada por un cambio de casa e indis\u00adpuesta contra Luisa de Marillac, San Vicente, despu\u00e9s de reprocharle la imprudencia de sus palabras, le di\u00adce: <em>\u00abTodo lo que tenga que decirle a ella <\/em>(Luisa de Marillac) <em>o a m\u00ed sobre su hermana, sobre sus tareas o sobre sus preocupaciones, mant\u00e9ngalo en secreto\u00bb <\/em>(VI1, 369).<\/p>\n<p>La discreci\u00f3n no impide que el sr. Vicente ponga al tanto a un superior de alguna informa\u00adci\u00f3n sobre un cohermano que acaba de recibir en su casa: <em>\u00abLo que voy a decirle del P. De la Fos\u00adse es en secreto y le ruego que no hable de ello con nadie en el mundo; es que mostraba cierta discrepancia con las verdades indiscutibles y de\u00adcididas por la Iglesia; pero ha vuelto de ello, gra\u00adcias a Dios. Creo que es mi obligaci\u00f3n avisarle de esto, para que vigile usted un poco su conducta, sin que \u00e9l se d\u00e9 cuenta. \u00c9l desea hacer unos ejer\u00adcicios espirituales bajo su direcci\u00f3n<\/em>\u00bb (VI, 104).<\/p>\n<p>Extrema la discreci\u00f3n en el caso de una en\u00adfermedad del P. Alm\u00e9ras: \u00abNo he querido comu\u00adnic\u00e1rselo a su buen padre (\u00e9ste, de secretario del rey y tesorero de Francia, hab\u00eda sido admitido en la C.M. a la edad de 81 a\u00f1os), porque se preo\u00adcupar\u00eda mucho. Aguardar\u00e9 a que me escriba usted de nuevo antes de decirle nada a nadie, es\u00adperando que esta reca\u00edda no tendr\u00e1 consecuen\u00adcias y que no me ver\u00e9 obligado a dar una mala noticia, cuando apenas acabo de anunciar una buena\u00bb (VI, 510).<\/p>\n<p>3. Como los misioneros de la Congregaci\u00f3n son enviados a diversas naciones, San Vicente les reco\u00admienda la prudencia en el modo de convivir con gente desconocida: \u00abHay que obrar en Roma co\u00admo en Roma y respetar las costumbres de los lu\u00adgares, si no son viciosas\u00bb, y \u00abno hay que tomar partido por ninguno; s\u00f3lo las personas neutrales pueden reunir los esp\u00edritus\u00bb (1, 485). Al P. Codoing, que se encuentra en Roma gestionando los asun\u00adtos de la Congregaci\u00f3n, San Vicente le hace las siguientes observaciones: \u00abF\u00edjese, padre, c\u00f3mo usted y yo nos dejamos llevar demasiado por nuestras opi\u00adniones (sobre la manera de dar las clases). Sin em\u00adbargo, est\u00e1 usted en un lugar donde se necesita una exquisita prudencia y circunspecci\u00f3n. Siem\u00adpre he o\u00eddo decir que los italianos son las perso\u00adnas m\u00e1s precavidas del mundo y que suelen desconfiar de las personas que van aprisa. La pru\u00addencia, la paciencia y la mansedumbre lo logran todo entre ellos y con el tiempo; y como se sa\u00adbe que nosotros, los franceses, vamos demasia\u00addo aprisa, les gusta dejarnos mucho tiempo en la calle, sin comprometerse con nosotros\u00bb (II, 197).<\/p>\n<p>Y al concluir esta secci\u00f3n de la \u00abprudencia en el hablar\u00bb, dos intervenciones de San Vicente en que su prudencia maneja, con fina iron\u00eda, su misma discreci\u00f3n. Al P. Escart, un cohermano original y \u00abdif\u00edcil\u00bb, le escribe: \u00abRecib\u00ed la suya con un con\u00adsuelo especial\u00edsimo, al ver la forma como ha re\u00adcibido usted lo que le escrib\u00ed sobre la preocupa\u00adci\u00f3n que siente usted por lo del P. Codoing. \u00a1Ay, padre, cu\u00e1ntas gracias le doy a Dios por ello, as\u00ed como por el celo que le ha dado en la observan\u00adcia de las reglas y por el progreso en la virtud de la persona de que habla! Pero como el celo, lo mis\u00admo que las dem\u00e1s virtudes, se convierte en vicio por exceso, hay que tener mucho cuidado para no perderse en este laberinto, porque el celo que se sale fuera de los l\u00edmites de la caridad con el pr\u00f3jimo ya no es celo, sino pasi\u00f3n de antipat\u00eda\u00bb (II, 116).<\/p>\n<p>A Luisa de Marillac: \u00abMe duele que deje su\u00adcumbir su esp\u00edritu a unas cuantas aprensiones in\u00fatiles, que m\u00e1s bien son impedimento que pro\u00adgreso para su salud\u2026 Para el se\u00f1or de Marillac, deseo todo lo que crea bueno usted, pero cuide de no enredarse en nada. En estas cosas me pa\u00adrece que hay que estar dispuestos a aceptar los avisos que da aqu\u00e9l a quien se ha pedido conse\u00adjo; y cuando le diga algo en contra de sus senti\u00admientos, no habr\u00e1 que volver dos veces sobre ello\u00bb (1, 205).<\/p>\n<h2>III. La prudencia en el obrar<\/h2>\n<p>Los modos para actuar con prudencia, seg\u00fan el pensamiento de San Vicente y que se desprende de sus escritos, se acomodan a las circunstancias de personas, de lugares, y a su peculiar manera de \u00abmaniobrar\u00bb seg\u00fan el control de su tempera\u00admento sangu\u00edneo. Estos modos pueden agru\u00adparse en cinco ac\u00e1pites. Son los siguientes:<\/p>\n<h3>1. \u00abNo apresurarse\u00bb<\/h3>\n<p>a) El ir \u00abtranquilamente, sin prisas\u00bb (1, 202) es una de las m\u00e1s frecuentes consignas que da y que se da a s\u00ed mismo. Consigna que antes de ejecu\u00adtar la acci\u00f3n misma, se convierte en: \u00abTomarse tiempo para pensar\u00bb (1, 242); \u00abes conveniente que yo piense en ello alg\u00fan tiempo delante de Dios\u00bb (II, 326); \u00abpensar\u00e9 en ello y analizar\u00e9 las ventajas e inconvenientes delante de Dios\u00bb (II, 396); \u00abde\u00adbe usted escuchar la propuesta sin resolverla en\u00adseguida, sino pedir tiempo para pensar en ello\u00bb (IV, 317); \u00absin embargo, quiero pensar un poco m\u00e1s en ello\u00bb (V, 314); \u00abhe respondido (al nuncio) que, trat\u00e1ndose de una propuesta importante, ha\u00adb\u00eda que pensarlo seriamente\u00bb (VI, 553); \u00abestad se\u00adguras que no se hace nada sin haber\u00edo pensado bien\u00bb (IX, 69); \u00abno hay que proponer nada sin ha\u00adberlo examinado ante Dios y sin haber reconoci\u00addo que era justo\u00bb (X1, 614). A Luisa de Marillac le aconseja el uso de \u00abpensarlo\u00bb para \u00abdeshacerse de una vocaci\u00f3n problem\u00e1tica\u00bb (se trataba de una viuda \u00abruda, melanc\u00f3lica y tosca\u00bb): \u00abCreo que hay que despedirla con mansedumbre y decirle que hay que pensarlo mucho\u00bb (1, 345). Y al P. Co\u00addoing, en Roma, y siempre en quisquillas con San Vicente, le espeta este alfilerazo: \u00abMe habla usted de al\u00adgunos de la Compa\u00f1\u00eda distintos de los primeros que ya me hab\u00eda usted pedido. Le dir\u00e9 que me gustar\u00eda que pensase usted las cosas antes de de\u00adcirlas, ya que, al cambiar tan f\u00e1cilmente de opi\u00adni\u00f3n, resulta que las cosas no se pueden realizar como usted pensaba \u00faltimamente\u00bb (II, 325).<\/p>\n<p>b) Pero antes de \u00abpensarlo bien\u00bb, San Vicente requiere toda la documentaci\u00f3n pertinente: \u00abEsperar\u00e9 a to\u00admar una decisi\u00f3n hasta que usted me escriba\u00bb (II, 429) y se trataba del abad de Beaulieu que de\u00adseaba obtener el obispado de su hermano difun\u00adto y que dec\u00eda ser sacerdote, \u00abpero algunos que me han hablado y que lo conocen no saben na\u00adda\u00bb (!).<\/p>\n<p>Los asuntos sobre los cuales solicita docu\u00admentaci\u00f3n o mayor informaci\u00f3n se refieren a fun\u00addaciones en su mayor parte. Tales son los casos de un proyecto presentado por una se\u00f1orita de Arras: \u00abEs dif\u00edcil dar un parecer acertado sin sa\u00adber las circunstancias de un asunto\u00bb (V, 14); en la petici\u00f3n de un cambio de propiedad: \u00abNo s\u00e9 d\u00f3n\u00adde se encuentran esos prados que la se\u00f1ora lu\u00adgarteniente general le pide en cambio. Me infor\u00admar\u00e9 del P. Gicquel para decirle lo que pienso sobre esta propuesta\u00bb (V, 395); al serle ofrecida una iglesia en Tur\u00edn: \u00abSi esa propuesta sigue ade\u00adlante, haga el favor de escribirme, -le dice al P. Mart\u00edn- indic\u00e1ndome las razones en favor y en contra con todo detalle, para que yo pueda indi\u00adcarle lo que pienso. Hemos de recibir con respe\u00adto todo lo que Dios nos presenta y examinar lue\u00adgo las cosas con todas sus circunstancias, para hacer lo que m\u00e1s convenga\u00bb (V, 603); al ofrecer\u00adle un priorato con parroquia, en Saint-Joire: \u00abMe indica usted que las rentas son pocas, pero no me dice cu\u00e1les son. Le ruego -escribe al P. Mart\u00edn-que me indique a cu\u00e1nto ascienden las rentas del priorato y de cada prebenda, de d\u00f3nde se sacan, cu\u00e1les son las cargas y a qu\u00e9 nos quieren obligar; de otra forma no podr\u00edamos tomar ninguna deci\u00adsi\u00f3n en este negocio\u00bb (VIII, 54). El can\u00f3nigo Pe\u00addro Dulys es un eclesi\u00e1stico \u00ablleno de celo, pero de esp\u00edritu inquieto, agitado, enredador, incons\u00adtante\u00bb y ofrece a San Vicente una fundaci\u00f3n en el santuario de Trois-Epis, cerca de Colmar, fundaci\u00f3n que ya hab\u00eda ofrecido y retirado a dos Comunidades; San Vicente, que no es un ingenuo, le contesta: \u00abPara cono\u00adcer la voluntad de Dios, nos falta saber cu\u00e1ndo desea el se\u00f1or obispo de Basilea y usted que se haga esa fundaci\u00f3n, y c\u00f3mo, cu\u00e1les son las con\u00addiciones a las que ustedes nos quieren someter, si desea usted primero entregarnos su priorato pa\u00adra que sea unido a nuestra Congregaci\u00f3n y si el se\u00f1or obispo quiere hacer dicha uni\u00f3n, qu\u00e9 ren\u00adtas tiene, cu\u00e1les son sus cargas y qu\u00e9 es lo que usted quiere reservarse. Ser\u00eda de desear que tu\u00adviera usted la bondad de informarnos plenamen\u00adte de sus intenciones antes de seguir adelante, para que, por nuestra parte, pueda usted estar se\u00adguro de si podemos o no podemos hacer la fun\u00addaci\u00f3n ya que se trata de una fundaci\u00f3n a per\u00adpetuidad\u00bb (VI I, 274s).<\/p>\n<p>Si los asuntos se refieren a dinero, extrema la demanda de informaciones. Desde Roma, el P. Jolly ha pedido libros para el cardenal Brancaccio y el P. Hilarion; San Vicente le averigua: \u00abNo s\u00e9, padre, si se trata de hacerles un regalo a los dos, o si tie\u00adnen pensado pagarlos ellos. Esperar\u00e9 su res\u00adpuesta antes de decidir nada\u00bb (VII, 36); el Hno. Barreau, en Argel, es un \u00abcaso de alegre admi\u00adnistraci\u00f3n del dinero para los rescates de los es\u00adclavos\u00bb; San Vicente, ya \u00abbastante mosqueado\u00bb, escribe al P. Get, en Marsella: \u00abDespu\u00e9s de esto y de otras muchas faltas de este Hermano anteriores a \u00e9sta, no tenemos que fiarnos mucho de su ex\u00adcesiva facilidad por no decir ligereza. S\u00ed le envia\u00admos dinero, \u00bfno hemos de temer que seguir\u00e1 abusando y que, en vez de pagar las deudas, con\u00adtraer\u00e1 otras nuevas? Pens\u00e1ndolo bien, creo que convendr\u00e1 retrasar esos socorros que pide; d\u00ed\u00adgame cu\u00e1l es su opini\u00f3n\u00bb (VIII, 267); hay un l\u00edo en una de las Caridades, pues funcionarios de la jus\u00adticia han querido conocer el estado de las cuen\u00adtas; San Vicente escribe a Luisa de Marillac: \u00abEsa perso\u00adna (la srta. Tranchot, Dama de la Caridad)\u2026 me ha dicho que usted hab\u00eda enviado a buscar al se\u00ad\u00f1or Roche, y le hab\u00eda dicho que no se atrever\u00eda \u00e9l a sostener delante de usted lo que da como hecho. Pues bien, \u00e9l dice que es verdad, pero que usted le ha dicho o hecho cosas equivalen\u00adtes. Le he dicho que hay que pensar estas mis\u00admas cosas para poder tener una opini\u00f3n bien fun\u00addada y que no me hablase nunca de esas cosas ya que no quer\u00eda o\u00edr hablar nunca de ellas\u00bb (II, 444); los capuchinos de Sedan se le quejan \u00abde que la casa de ustedes, que ten\u00eda costumbre de darles limosna todas las semanas\u2026 no quiere actual\u00admente seguir socorri\u00e9ndoles\u00bb y San Vicente averigua del actual superior, P. Cogl\u00e9e: \u00abLe ruego que me in\u00addique cu\u00e1nto se les daba anteriormente por semana o por mes, si se les da ahora algo y cu\u00e1n\u00adto, qu\u00e9 razones ha habido para recortarles esa li\u00admosna o para suprim\u00edrsela, si es porque ellos est\u00e1n mejor o porque ustedes tienen alguna difi\u00adcultad y, finalmente, qu\u00e9 es lo que opina esa familia de la petici\u00f3n que hacen estos Padres pa\u00adra que se les vuelva a socorrer. Cuando me haya informado usted de todo esto, veremos qu\u00e9 es lo que conviene hacer. Entretanto le ruego que no diga a nadie que yo le he escrito sobre esto\u00bb (V, 526).<\/p>\n<p>Igual exigencia de informaci\u00f3n cuando hay que pensar sobre problemas de personas. Un cl\u00e9\u00adrigo de la Misi\u00f3n se ha quejado de un Padre; San Vicente reacciona: \u00abDeseo suspender mi juicio a prop\u00f3\u00adsito de su carta hasta que me hable del asunto del P\u2026 Me cuesta creer que su conducta sea co\u00admo usted indica y que estas palabras que tanto le han herido a usted hayan salido sin motivo de sus labios. S\u00e9 que\u2026 tiene una gran mansedum\u00adbre, que no se ha quejado nadie de \u00e9l hasta aho\u00adra, y que su carta me resulta tanto m\u00e1s extra\u00f1a cuanto que su paciencia ha sido considerable con usted, no s\u00f3lo para soportar sus faltas, sino para ocultarlas a los dem\u00e1s\u00bb (III, 314); se piensa en\u00adtregar una parroquia a un Padre indeciso en su vocaci\u00f3n, San Vicente se opone: \u00abconvendr\u00e1 que se des\u00adcargue usted de ese beneficio pero en otra per\u00adsona; ya le indicar\u00e9 alguno que sea bueno para ello; d\u00e9jemelo pensar un poco\u00bb (V, 112); el P. Cruoly, superior en Le Mans, ha hecho un ofre\u00adcimiento al obispo, que no resulta claro al sr. Vi\u00adcente: \u00abMe parece que me dec\u00eda usted que al se\u00ad\u00f1or obispo no le parece bien que recibamos a los ordenandos, si no les damos de comer a nuestra costa, y que incluso no cree conveniente que re\u00adcibamos gratis a una parte de ellos, si no los recibimos a todos; como la frase que usted me dice resulta un poco oscura, le ruego que me acla\u00adre m\u00e1s ampliamente lo que realmente dijo\u00bb (V, 395); le han llegado quejas sobre el P. B\u00e9lart, San Vicente le amonesta: \u00abHe recibido las dos cartas que usted me ha escrito\u2026 Me parece que dice usted m\u00e1s de lo que yo veo, pues tengo demasiadas pruebas de su afecto al seminario para dudar nun\u00adca de \u00e9l; esto hace que suspenda mi juicio sobre las quejas que me han dado de su comportamiento demasiado seco hasta que usted me haya dicho qu\u00e9 es lo que ha pasado. No estar\u00eda tan preocu\u00adpado como estoy si no me hubieran indicado des\u00adde tres o cuatro sitios distintos los malos efectos que se han seguido de ello\u00bb (VI, 363); al P. Get se le ha pedido que deje Marsella y vaya a fundar una casa\/seminario en Montpellier; el cambio no es f\u00e1\u00adcil a causa de presiones por otros intereses, San Vicente le recomienda: \u00abNo le doy ning\u00fan consejo parti\u00adcular sobre ello; esperar\u00e9 a que usted me expon\u00adga el plan y la situaci\u00f3n de todo para indicarle lue\u00adgo mi opini\u00f3n\u00bb (VI1, 457) y, como un a\u00f1o despu\u00e9s se ha resuelto que regrese a Marsella, San Vicente va \u00abcon pies de plomo\u00bb: \u00abYa le he dicho que me he tomado el honor de escribirle al se\u00f1or obispo de Montpe\u00adllier a prop\u00f3sito de su residencia en Marsella, y co\u00admo no le he ofrecido a nadie en lugar de usted, yo esperar\u00eda su respuesta para ver si es oportuno hacerle esa proposici\u00f3n\u00bb (VI II, 275). Y, en tres oca\u00adsiones un tanto especiales, contesta al P. Jolly, en Roma: \u00abMe preguntaba usted si es conveniente que durante las misiones, si hay alguna persona que sepa poner remedio a ciertas enfermedades corporales, se le permita dedicarse a ello. Debe\u00adr\u00eda usted explicarme esto un poco mejor, pues deduzco de esta pregunta que alguno se ha de\u00addicado anteriormente a ello y es conveniente que sepa de qui\u00e9n se trata, cu\u00e1les son los remedios que ha aplicado y para qu\u00e9 clase de males. As\u00ed pues, le ruego que me lo indique antes de que pue\u00adda contestarle\u00bb (V1, 376); hay un sacerdote \u00abal que la gente llama \u00abbuen padre\u00bb que no es de las nue\u00advas opiniones\u00bb, San Vicente contesta al P. Delville: \u00abDeber\u00eda haberme dicho usted cu\u00e1l es el motivo por el que los jesuitas, seg\u00fan dice, le persiguen. Cuando me lo haya explicado usted, ya le indicar\u00e9 si convie\u00adne envi\u00e1rnoslo o no\u00bb (V1, 526); el P. Laudin, supe\u00adrior en Le Mans, est\u00e1 en arreglos con los admi\u00adnistradores, pero no cuenta con ninguna persona de autoridad para apoyarlo y propone uno; San Vicente le contesta: \u00abMe habla usted del sr. de La Bataill\u00e9\u00adre como de un amigo que nos aprecia; alabo a Dios por ello; pero me han dicho que no tiene nin\u00adg\u00fan cr\u00e9dito en la ciudad, por eso, creo que no hay motivos para apresurarse. Examinaremos opor\u00adtunamente los art\u00edculos que nos ha enviado\u00bb (VIII, 182).<\/p>\n<p>c) Para el momento de actuar, San Vicente constata que: \u00abDios saca mucha gloria del tiempo que se emplea en considerar maduramente\u00bb (II, 176) y confiesa: \u00absiento devoci\u00f3n especial en ir siguiendo paso a paso la Providencia de Dios\u00bb (II, 176). Con\u00adf\u00eda: \u00abTenga confianza en que las cosas de Nues\u00adtro Se\u00f1or no se estropean por emplear m\u00e1s tiem\u00adpo en considerarlas\u00bb (II, 185); \u00ablos asuntos de Dios se van haciendo poco a poco\u00bb (II, 190); \u00absiem\u00adpre hemos procurado ir detr\u00e1s y no delante de la Providencia\u00bb (II, 383); \u00aben las cosas de Dios el que anda con prisas, retrocede\u00bb (II, 398).<\/p>\n<p>Su consejo en la acci\u00f3n: \u00abNo nos apresuremos en lo que tenemos que hacer\u00bb (I I \u00bf232); \u00abno ten\u00adga usted prisa en los asuntos\u00bb (II, 420); \u00abno apre\u00adsuremos las cosas, vayamos con calma\u00bb (II, 515); \u00abapresur\u00e9monos lentamente\u00bb (V, 374), que es el \u00abfestina lente\u00bb de los antiguos; \u00abme parece bien que aclare estas cosas\u2026 habr\u00e1 que ir haciendo las cosas poco a poco\u00bb (VI, 59); \u00abme parece que re\u00adsuelve usted con demasiada prisa las cosas\u00bb (II, 398); \u00abpara hacerlo mejor no tiene usted que tener prisas\u00bb (II, 493). A veces la acci\u00f3n ya est\u00e1 en marcha como en el caso de una muchacha que hay que retirar de la casa de la se\u00f1ora de Suivry, y el sr. Vicente le dice a Luisa de Marillac: \u00aben\u00adtre tanto veremos lo que hay que hacer\u00bb (1, 308). Y a la misma Luisa de Marillac sobre reclamos de los Chevitanos: \u00abhay que examinar con toda cal\u00adma de d\u00f3nde viene el mal y pensar en el reme\u00addio\u00bb (1, 308).<\/p>\n<p>Estando enfermo, le escribe a Luisa de Mari-nao que \u00abesta peque\u00f1a molestia me ofrece la ocasi\u00f3n de pensar un poco m\u00e1s en nuestros pe\u00adque\u00f1os asuntos de la Caridad; despu\u00e9s de eso, si Nuestro Se\u00f1or nos da vida, trabajaremos m\u00e1s expresamente en ellos. Su carta me hizo ver an\u00adteayer que hab\u00eda en su esp\u00edritu cierto pesar por ello. \u00a1Dios m\u00edo! Cu\u00e1n feliz es, se\u00f1orita, al tener el correctivo de las prisas. Las obras que hace el mismo Dios no se estropean jam\u00e1s por el no-ha\u00adcer de los hombres\u00bb (1, 578).<\/p>\n<p>Constata el \u00abmal resultado de las cosas he\u00adchas con precipitaci\u00f3n\u00bb (1, 445). As\u00ed que le reco\u00admienda al P. Alm\u00e9ras, por aquel entonces supe\u00adrior en Roma, algo enfermo y apesadumbrado: \u00abNo emprenda nada por encima de sus fuerzas, no tenga prisas, no ponga demasiado \u00edmpetu en las cosas, vaya despacio, no se esfuerce dema\u00adsiadas (IV, 137). A las Hermanas de Valpuiseaux que hab\u00edan sufrido saqueos por parte de los sol\u00addados y bandoleros, pero que siguen trabajando en medio de dificultades, San Vicente les anima: \u00abvuelvo de nuevo, hermanas m\u00edas, a pedirles expresa\u00admente que se cuiden mucho para que recuperen pronto sus fuerzas perdidas; no tengan prisa en trabajar; antes es menester que se pongan del to\u00addo bien\u00bb (1V, 384). A un misionero, el P. Rivet, profesor de seminario y predicador de misiones, preocupado por una de \u00e9stas en curso: \u00abNo tenga usted prisa y, en lugar de un mes, tarde seis semanas en las misiones importantes, como es \u00e9sa con la que se ha comprometido\u00bb (V, 463). Y a otro misionero, el P. F. Le Vacher, en misi\u00f3n en Argel: \u00abTenemos muchos motivos para dar gra\u00adcias a Dios por el celo que le da a usted por la salvaci\u00f3n de los pobres esclavos; pero ese celo no es bueno, si no es discreto. Parece ser que ha emprendido demasiadas cosas al principio\u2026 Muchas veces se estropean las buenas obras por ir demasiado aprisa\u00bb (IV, 499). El sr. Le Feron, t\u00edo de Nicol\u00e1s Etienne, por entonces cl\u00e9rigo de la Misi\u00f3n, desea entregar a la Congregaci\u00f3n el im\u00adportante priorato de Saint-Martin; San Vicente queda tan \u00abaturdido\u00bb como cuando le propusieron el prio\u00adrato de San L\u00e1zaro, y escribe: \u00abCreo que con\u00advendr\u00e1 que lo dejemos por ahora, no s\u00f3lo para cor\u00adtar los entusiasmos de la naturaleza, a la que le gustar\u00eda que las cosas ventajosas se realizaran enseguida, sino para ponernos en la pr\u00e1ctica de la santa indiferencia y darle a Nuestro Se\u00f1or la oca\u00adsi\u00f3n de manifestarnos sus deseos. Sin embargo, habr\u00e1 que seguir encomend\u00e1ndole el asunto. Si \u00c9l quiere que se lleve a cabo (pero no se llev\u00f3 a cabo), el retraso no nos har\u00e1 ning\u00fan da\u00f1o y, cuan\u00adto menos pongamos de lo nuestro, m\u00e1s pondr\u00e1 \u00c9l de lo suyo\u00bb (V, 51 Os).<\/p>\n<p>A veces la consigna de \u00abno apresurarse\u00bb es determinada por motivos personales del mismo San Vicente: \u00abNo acabo de ver claramente el proyecto del P. Codoing; habr\u00e1 que aguardar con paciencia\u00bb (II, 453); \u00abhaga el favor de decirle (al P. B.) que yo no contesto a quienes no hacen lo que les he pe\u00addido, y que, cuando \u00e9l lo haga, entonces le con\u00adtestar\u00e9\u00bb (V, 503); al marqu\u00e9s de Chandenier, con\u00adtestando a una consulta sobre una fundaci\u00f3n: \u00abhe enviado su carta a sus se\u00f1ores hermanos y les he dicho, sin hacer nada para inclinarles hacia un lado o hacia otro, creyendo que no corresponde a un pobre sacerdote como yo dar su juicio en un asunto en el que hay que tener en cuenta tantas circunstancias considerables, que a m\u00ed me bas\u00adtaba con proponerles la cosa y no hacer nada m\u00e1s\u00bb (V, 472); al P. Rivet, superior de Saintes: \u00abcuando le ped\u00ed que se cuidara usted de esa fa\u00admilia, fue con la intenci\u00f3n de que hiciese usted todas las funciones de superior; pero no le di el nombramiento para ello, pues tengo la costum\u00adbre de examinar anteriormente el talante de los que empiezan a ejercer dicho cargo para evitar que suceda lo que sucedi\u00f3 hace tiempo a dos sacer\u00addotes que quisieron gobernar a su antojo y que redujeron a dos casas a un estado tan lamenta\u00adble que apenas han podido levantar cabeza des\u00adde entonces\u00bb (V, 555s). Y un peque\u00f1o ardid para deSan Vicenteirtuar las \u00abideas de hacer un retiro\u00bb fuera de su comunidad: \u00aben cuanto al retiro que quiere ir a hacer el P\u2026 con los carmelitas descalzos, ha he\u00adcho usted (P. Blatiron) muy bien en aconsejarle que no vaya\u2026 Si insiste mucho dicho Padre, ru\u00e9\u00ad guele que tenga paciencia y d\u00edgale que, como no puede darle el permiso que solicita, escribir\u00e1 us\u00adted al general de la Compa\u00f1\u00eda y h\u00e1galo as\u00ed efec\u00adtivamente. De esta forma, mientras se espera la respuesta, va corriendo el tiempo y muchas ve\u00adces la tentaci\u00f3n se deSan Vicenteanece\u00bb (IV, 97); al P. Jolly, en Roma: \u00absigo aguardando los planos de la ca\u00adsa de los se\u00f1ores Mattei con las condiciones de venta en cuanto al precio y las garant\u00edas. Cuan\u00addo los hayamos recibido, veremos si conviene\u00bb (VII, 339). Estando ya avanzado el proyecto del Hospital General en Par\u00eds para el \u00abencerramien\u00adto\u00bb de los pobres, a la propuesta que se le hizo, San Vicente contest\u00f3: \u00abnosotros no estamos a\u00fan decidi\u00addos a comprometernos en esas tareas por no co\u00adnocer suficientemente si es voluntad de Dios, pero, si lo emprendemos, ser\u00e1 al principio sola\u00admente en plan de prueba\u00bb (VI, 240).<\/p>\n<p>d) Respuestas a unas quejas y una confesi\u00f3n que resume el pensamiento de San Vicente sobre su con\u00adsigna de \u00abno apresurarse\u00bb. Contesta al P. Co\u00addoing, por entonces superior en Annecy: \u00abMe di\u00adce usted que piensa poner el dinero a renta en manos del se\u00f1or conde de N. ; esto me da oca\u00adsi\u00f3n para decirle que me preocupa esto un poco y que me parece que hubiera sido mejor comprar o hacer construir alguna casa. Ya s\u00e9 que tambi\u00e9n esto tiene sus dificultades, pero si usted me hu\u00adbiera escrito dici\u00e9ndome sus intenciones y razo\u00adnes, yo las hubiese pensado delante de Dios, lo mismo que procur\u00e9 hacer con las del contrato, pe\u00adro ya es demasiado tarde\u2026 Me objetar\u00e1 usted que suelo tardar mucho, que a veces tiene que esperar por seis meses una respuesta que se po\u00addr\u00eda haber dado en un mes y que entretanto se pierden las oportunidades y no se hace nada. A esto le responder\u00eda que es cierto que soy dema\u00adsiado lento para responder y para hacer las cosas, pero que sin embargo no he visto todav\u00eda que se haya estropeado ning\u00fan asunto por mi retraso, si\u00adno que todo se ha hecho a su debido tiempo y con todas las cosas bien pensadas y las precau\u00adciones necesarias; sin embargo, me propongo en el futuro contestarle lo antes posible despu\u00e9s de haber recibido sus cartas y haber considerado la cosa delante de Dios, que saca mucha gloria del tiempo que se emplea en considerar madura\u00admente las cosas que se refieren a su servicio, como son todas las que nosotros llevamos entre manos. As\u00ed pues, haga el favor de corregirse de esa rapidez en resolver y decidir las cosas y yo procurar\u00e9 corregirme de mi negligencia\u00bb (II, 175s).<\/p>\n<h3>2. \u00abAconsejarse\u00bb<\/h3>\n<p>\u00abPedir consejo\u00bb o \u00abaconsejarse\u00bb es para San Vicente una norma de prudencia, no solamente para evi\u00adtar un traspi\u00e9, sino para asegurarse de tomar los medios m\u00e1s eficaces en conexi\u00f3n con el fin que se quiere alcanzar. Una de sus frases puede dar el tono de esta norma: \u00abimponerme el yugo de no hacer nada importante sin pedir consejo; por eso Dios me concede todos los d\u00edas nuevas lu\u00adces para que comprenda la importancia que tie\u00adne el obrar de esa manera y me da la devoci\u00f3n de no hacer nada sin consultar\u00bb (II, 263).<\/p>\n<p>a) Empieza por dar ejemplo de ello, pidiendo \u00e9l mismo consejo. Se ha ofrecido a la Congrega\u00adci\u00f3n, en 1647, el obispado de Babilonia, pues varios lo han rechazado. El Sr. Vicente narra al P. Dehorgny, superior entonces en Roma, estos ava\u00adtares, y que, incluso ha pensado en el P. Lamberto para ese cargo, y a\u00f1ade: <em>\u00abpero todav\u00eda no me he decidido, y aunque le he hablado de este plan general y le he pedido su consejo para esto y \u00e9l se ha ofrecido muchas veces a ir hasta el fin del mundo, nunca le he dicho que pensaba enviarlo all\u00e1 y no sabe nada todav\u00eda\u2026 Sin embargo sus\u00adpender\u00e9 la decisi\u00f3n hasta saber lo que usted me escriba sobre ello, a fin de atender a sus razones, si son mejores que las m\u00edas\u00bb (III, 166-167). <\/em>Duda de la rectitud de intenci\u00f3n de una posible vocaci\u00f3n, y escribe al P. Laudin: <em>\u00ab\u00bfquerr\u00e1 darme su opini\u00f3n sobre \u00e9l?\u00bb <\/em>(VII, 198). Al P. Jolly, superior en Ro\u00adma, le pide qu\u00e9 hacer ante una intervenci\u00f3n del Nuncio: <em>\u00abme pidi\u00f3 una declaraci\u00f3n de nuestras in\u00adtenciones por escrito (si ten\u00edamos algo que decir ante el trabajo misionero de los PP. de la Doctri\u00adna Cristiana, que hab\u00edan obtenido hacer votos simples como nosotros) y a\u00f1adi\u00f3 que a esos bue\u00adnos Padres les gustar\u00eda mucho que nuestra Com\u00adpa\u00f1\u00eda les comunicase los privilegios que tiene. Eso me dio motivo para decirle al se\u00f1or Nuncio <\/em>(Cebo Piccolomini) <em>que, si esos buenos Padres nos exponen por escrito lo que pretenden de noso\u00adtros, veremos qu\u00e9 es lo que podemos hacer. Creo que debo ponerle a usted al corriente de todo pa\u00adra que me diga qu\u00e9 es lo que opina\u00bb <\/em>(VI1, 400); no se f\u00eda mucho de las palabras del <strong>P. <\/strong>Boucher y consulta al P. Portail: <em>\u00abel P. Boucher me ha es\u00adcrito dos veces\u2026 con los buenos sentimientos y gratitud que Dios le da. Le ruego, que me indi\u00adque si he de hacerle caso\u00bb <\/em>(III, 116); el procura\u00addor general le ha enviado una nota sobre que \u00ablos carniceros no venden carne\u00bb y se dirige a la du\u00adquesa de Aiguillon: <em>\u00abla se\u00f1ora duquesa es nues\u00adtro recurso en todas nuestras necesidades; le su\u00adplico, pues, humildemente que nos d\u00e9 su buen consejo en el siguiente asunto: es probable que la ciudad compre los bueyes y los corderos que los mercaderes han llevado a Poissy y que los car\u00adniceros no quieren comprar por causa del nuevo impuesto que han cargado sobre el ganado y que quieren utilizar nuestros terrenos para que pasten aqu\u00ed los bueyes y los corderos. Se trata, se\u00f1ora, de un grave perjuicio para nosotros; tenemos to\u00addos los terrenos sembrados de grano, avena y heno, y todas las murallas est\u00e1n plantadas de pe\u00adrales, casi todos de peras de invierno y de melo\u00ad cotoneros. Llevan plantados s\u00f3lo cinco a\u00f1os y es\u00adt\u00e1n cargados de flores. Parece ser que recoge\u00adremos mucha fruta este a\u00f1o. Seg\u00fan eso, se\u00f1o\u00adra, piense en el da\u00f1o que recibiremos; pues apar\u00adte de la p\u00e9rdida que habr\u00eda de unas arpentas de trigo y de avena, los bueyes ramonear\u00e1n los \u00e1rboles y los destrozar\u00e1n, de modo que s\u00f3lo quedar\u00e1n los tocones, que tardar\u00e1n otros tres o cuatro a\u00f1os en dar fruto y los melocotoneros se perder\u00e1n por completo. Le ruego muy humilde\u00admente que nos d\u00e9 su consejo sobre lo que hemos de hacer\u00bb <\/em>(IV, 534); otro asunto totalmente distinto: se dirige a un Superior: <em>\u00able ruego me aconseje lo que debo hacer con una de nuestras casas de la que me comunican que el Superior es poco ob\u00adservante de las reglas, asiste raramente a los ac\u00adtos de comunidad, sobre todo, a la oraci\u00f3n, se preocupa poco de ayudar a las almas que le han sido confiadas_ est\u00e1 siempre por el campo y tie\u00adne para ello un caballo en el establo sin permitir que le ocupen en otra cosa. Le ruego, Padre, que me d\u00e9 un consejo sobre todo eso\u00bb <\/em>(IV, 583).<\/p>\n<p>San Vicente pide consejo, pero, si no sigue el que le dan, se excusa. Un Superior quiere construir en una casa que requiere reparaciones, y le contes\u00adta por la negativa: \u00absi es que no tengo raz\u00f3n, car\u00adgo con la culpa; y si usted me ofrece una raz\u00f3n mejor, la escuchar\u00e9 de coraz\u00f3n\u00bb (V, 420).<\/p>\n<p>b) Seg\u00fan San Vicente, los asuntos de importancia re\u00adquieren que el interesado busque consejo. Lo re\u00adpite varias veces: \u00ablos que mandan no hagan na\u00adda de consideraci\u00f3n sin el parecer de los dem\u00e1s\u00bb (V, 53); \u00abconsultar en los asuntos importantes con personas prudentes\u00bb (V, 537); \u00abel pedir consejo no s\u00f3lo no es ninguna cosa mala, sino que, por el con\u00adtrario, hay que hacerlo cuando se trata de una co\u00adsa importante o cuando no somos capaces de decidirnos por nosotros mismos\u00bb (IV, 39); \u00abno to\u00admar decisi\u00f3n en asuntos importantes, sin haber consultado y recibido respuesta\u00bb (VII, 151). Mis\u00adma coletilla al P. Cogl\u00e9e, un tanto precipitado en actuar: \u00abotra vez, cuando pida usted alg\u00fan con\u00adsejo, convendr\u00eda que espere la respuesta\u00bb (IV, 328). \u00abNo obre en este caso, ni en otros de im\u00adportancia, sin consejo de los Padres y la opini\u00f3n de los amigos\u00bb (VII, 217) \u00absi es un asunto impor\u00adtante, \u00bfqu\u00e9 hacer?, pedir consejo\u00bb (XI, 625).<\/p>\n<p>c) Aun en los asuntos de menor importancia, San Vicente dice: \u00abno hago nunca nada sin el parecer de los consultores de la Congregaci\u00f3n\u00bb (II, 515); \u00aban\u00adtes de encargarle la direcci\u00f3n de esta casa, he consultado a los m\u00e1s antiguos\u00bb (V, 459); \u00abcomo esta propuesta es nueva, he querido tratarlo con nuestros mayores\u00bb (VI, 568); a un obispo: \u00abtras ha\u00adber estudiado su propuesta y recibido el consejo de nuestros mayores, hemos decidido atenernos a la resoluci\u00f3n ya tomada\u00bb (VIII, 479); \u00abel Superior no har\u00e1 nada sin pensarlo bien y sin haberse acon\u00adsejado\u00bb (IV, 373); \u00abno haga ninguna proposici\u00f3n nueva, sin avisarme de antemano\u00bb MI1, 234); \u00ab<em>tenemos que hacerlo con el debido consejo\u00bb <\/em>(IV, 574).<\/p>\n<p>d) Entre los asuntos llevados a su consulta, uno sobre \u00abmilagros\u00bb; al Hno. Parre le contesta: \u00aben cuanto a la devoci\u00f3n y a la afluencia de gen\u00adte hacia el lugar donde se encontr\u00f3 esa imagen, convendr\u00eda avisar al se\u00f1or obispo o a los vicarios generales, para que se informasen de los pre\u00adtendidos milagros y detener los abusos, si los hu\u00adbiera\u00bb (VII, 509). Y, de su experiencia de campe\u00adsino: \u00abno conviene cortar el heno mientras dure este tiempo de lluvias, a pesar de lo que le dicen los obreros\u00bb (1, 484), advierte al P. Marceille, ec\u00f3\u00adnomo de San L\u00e1zaro. Y, de su experiencia en la correspondencia: \u00abtenga cuidado con las perso\u00adnas a las que escribe, y que se ande con pre\u00adcauci\u00f3n\u00bb (IV, 496); \u00abes conveniente debido al pe\u00adligro de que se pierdan algunas cartas, repetir brevemente una o dos veces el contenido de las anteriores, cuando se trata de algo importante\u00bb (IV, 302); \u00abnunca escriba sobre asuntos de Esta\u00addo\u2026 todas las cartas corren el peligro de ser le\u00ed\u00addas\u00bb (II, 272). Y a los superiores, pensando en el futuro: \u00abPadre, le ruego que en adelante conser\u00adve las cartas que le escriban a usted y a los de esa casa, de cualquier parte que sea, cuando con\u00adtengan alg\u00fan detalle interesante que pueda tener importancia o que pueda servir de instrucci\u00f3n en el futuro. No tiene que hacer con ellas m\u00e1s que atarlas en diversos legajos, seg\u00fan su contenido, o seg\u00fan el a\u00f1o de recepci\u00f3n y, una vez empa\u00adquetadas, guardarlas en un lugar destinado a ello, en el que los que vengan despu\u00e9s puedan bus\u00adcarlas en caso de necesidad. Y si hay algunas an\u00adtiguas en la casa, haga tambi\u00e9n el favor de reco\u00adgerlas, seg\u00fan el orden indicado\u00bb (VIII, 399). San Vicente, hombre prudente, ve\u00eda \u00ablejos\u00bb y aconsejaba to\u00admar precauciones para el futuro. Lo mismo en cuanto a las misiones populares; escrib\u00eda a los Su\u00adperiores: \u00abruego que lleven nota en su casa, si no lo han hecho todav\u00eda, de todas las misiones que se hagan en el futuro e incluso de las que se han hecho, indicando las circunstancias siguientes lo mejor posible\u00bb y da los datos de estas como fi\u00adchas: \u00ab7\u00b0, cu\u00e1ntas misiones se han hecho en su casa desde su fundaci\u00f3n; 2\u00b0, el mes y el a\u00f1o en que se han hecho; 3\u00b0, el lugar y la di\u00f3cesis de ca\u00adda misi\u00f3n y si tienen alguna obligaci\u00f3n o funda\u00adci\u00f3n para ello; 4\u00b0, cu\u00e1nto dista ese lugar de la ciu\u00addad donde est\u00e1 establecida su casa; 5\u00b0, cu\u00e1ntos comulgantes hubo; 6\u00b0, cu\u00e1ntos misioneros y qui\u00e9n era su director; 7\u00b0, cu\u00e1nto tiempo dur\u00f3; 8\u00b0, si re\u00adsult\u00f3 bien o mal y por qu\u00e9; 9\u00b0, en qu\u00e9 tiempo es preferible hacerla; 10\u00b0, si se estableci\u00f3 all\u00ed la Caridad; 1 1\u00b0, si hay herejes; 12\u00b0, cu\u00e1les son los lugares m\u00e1s abandonados y que tengan mayor ne\u00adcesidad de misi\u00f3n en su di\u00f3cesis y en los alre\u00addedores y dem\u00e1s circunstancias de inter\u00e9s. Esto se tiene que entender sobre todo para el futuro\u00bb (VIII, 290) y sigue precisando m\u00e1s indicaciones.<\/p>\n<p>Como se ve, el ojo avizor y la prudencia de San Vicente se hab\u00eda adelantado a los modernos datos esta\u00add\u00edsticos recogidos en ficheros.<\/p>\n<p>e) Una de las caracter\u00edsticas de San Vicente en la pr\u00e1ctica de la prudencia, es que, a\u00fan siendo muy personal en sus ideas se rodeaba siempre de gru\u00adpos de asesores o consejeros. Dispon\u00eda de un cuerpo de estos consejeros para los asuntos ad\u00administrativos de sus dos Comunidades; a su vez, \u00e9stas dispon\u00edan de sus consejos generales o par\u00adticulares. Aseguraba: \u00abnada se resuelve ni eje\u00adcuta m\u00e1s que despu\u00e9s de varias consultas\u00bb (1, 292); \u00abdespu\u00e9s de muchas oraciones, de pedir consejo a varias personas y de haber celebrado varias reuniones para ello, se ha cre\u00eddo que ser\u00eda mejor\u2026\u00bb (V, 206). Insiste varias veces: \u00aben todo eso (dificultades entre los Premonstratenses) veo yo varias razones en favor y en contra, pero co\u00admo no se las puedo escribir ni puede resolverse esta cuesti\u00f3n por carta, creo que es necesario con\u00adsultar a algunos doctores y algunos buenos Pa\u00addres religiosos\u00bb (IV, 315). Al P. Berthe, reci\u00e9n lle\u00adgado a Roma para tratar del asunto de los votos, le aconseja: \u00abconsulte con alguna persona de ex\u00adperiencia en estas cosas que tenga habilidad pa\u00adra solucionarlas\u00bb (IV, 539). Hablando a los suyos sobre las inspiraciones para conocer la voluntad de Dios, San Vicente, que \u00abhila muy delgado en eso de las inspiraciones\u00bb, les dice: \u00abmuchas veces Dios ilumina el entendimiento y mueve el coraz\u00f3n pa\u00adra inspirar su voluntad, pero se necesita el grani\u00adto de sal para que no nos enga\u00f1emos. Entre esa muchedumbre de pensamientos y de senti\u00admientos que se nos echan encima, hay algunos aparentemente buenos pero que no provienen de Dios ni son seg\u00fan su voluntad; por tanto hay que examinarlos bien, recurrir al mismo Dios y pre\u00adguntarle c\u00f3mo puede hacerse eso, considerar los motivos, el fin y los medios, para ver si todo es\u00adt\u00e1 sazonado seg\u00fan su gusto, consultar a los hom\u00adbres prudentes y aconsejarse de los que tienen cuidado de nosotros\u2026 Hacer una cosa que parezca razonable es cumplir la voluntad de Dios. Esto se debe entender siempre con ese grano de sal de la prudencia cristiana y con el consejo de los que nos dirigen, ya que pudiera ser que una cosa fue\u00adra razonable por su naturaleza, pero no en las presentes circunstancias de lugar, de tiempo o de forma; en ese caso no habr\u00eda que hacerla\u00bb (XI, 452-453; cf. la misma idea en XI, 806).<\/p>\n<p>Si hay que ir a un proceso, entonces: \u00abplei\u00adteamos lo menos posible y, cuando nos vemos obligados a hacerlo, pedimos siempre consejo dentro y fuera\u00bb (III, 63); \u00abque la Congregaci\u00f3n no emprenda jam\u00e1s ning\u00fan proceso, que consulte previamente a los abogados y les pregunte si la causa es cierta; si es dudosa, que la deje\u00bb (X, 410).<\/p>\n<p>Si hay rumores en contra de la Compa\u00f1\u00eda, \u00abm\u00e1s vale fallar con el consejo de esos dos bue\u00adnos esp\u00edritus (el comendador de Sillery y el P. Felipe de Gondy), que entrometerse uno por s\u00ed mis\u00admo\u00bb (1, 476-477); y en otro asunto: \u00abestoy aguar\u00addando la \u00faltima decisi\u00f3n que han de tomar los se\u00ad\u00f1ores Th\u00e9lon y Midot. Me he tomado el honor de escribir al primero para contestar su carta. Habr\u00e1 que seguir su parecer. \u00bfQu\u00e9 hacer entonces?\u00bfNo ser\u00e1 mejor fallar con su consejo que correr un riesgo por nuestra cuenta?\u00bb (III, 415). Al P. Durand, superior de Agde: \u00abno decida nada en ning\u00fan asunto, por poco importante que sea, sin cono\u00adcer su opini\u00f3n (de sus cohermanos), sobre todo la de su asistente. En cuanto a m\u00ed, re\u00fano a los m\u00edos cuando hay que resolver alguna dificultad de gobierno, bien sea de las cosas espirituales y eclesi\u00e1sticas, o bien de las temporales; y cuando se trata de \u00e9stas, consulto tambi\u00e9n con los en\u00adcargados de ellas; les pido incluso el parecer a los Hermanos en lo que toca al cuidado de la casa y a sus oficios, debido al conocimiento que tienen de ello. Esto hace que Dios bendiga las resolu\u00adciones que se toman de com\u00fan acuerdo\u00bb (VI, 68). Y si el asunto se refiere al rey, entonces \u00abpedir consejo al gobernador\u00bb (IV, 39). Encontrando difi\u00adcultades a unas propuestas del P. Delville, le ad\u00advierte: \u00ab\u00e9stas son las principales razones, entre otras varias, que nos impiden secundar sus in\u00adtenciones. Y para decirle tambi\u00e9n mis senti\u00admientos, me parece que habr\u00eda sido mejor que no hubiera ido usted tan adelante sin pedir consejo\u00bb (V1, 568).<\/p>\n<p>Un claro ejemplo de como San Vicente actuaba con prudencia en los consejos lo tenemos en las ac\u00adtas de las 29 sesiones de ellos con las Hijas de la Caridad (X, 731-873).<\/p>\n<h3>3. \u00abInvariable en el fin, moderado en los medios\u00bb<\/h3>\n<p>a) La prudencia, en general, y es una cons\u00adtante en San Vicente, es el t\u00e9rmino medio en el decir y en el andar; lo que comanda es el fin a perseguir. Sus comunidades tienen su raz\u00f3n de ser en el ob\u00adjetivo por el cual las fund\u00f3. Un a\u00f1o y diez meses antes de su muerte vislumbraba algunas deSan Vicenteia\u00adciones en su Congregaci\u00f3n; de ah\u00ed, muy proba\u00adblemente, sus invectivas al finalizar su conferen\u00adcia del 6 de diciembre de 1658 sobre la finalidad de la C.M. : \u00abdespu\u00e9s que yo me vaya, vendr\u00e1n lobos rapaces, y de entre vosotros surgir\u00e1n falsos hermanos que os anunciar\u00e1n cosas perversas y os ense\u00f1ar\u00e1n lo contrario de lo que os he dicho; pero no los escuch\u00e9is, son falsos profetas. Lle\u00adgar\u00e1 incluso a haber esqueletos de misioneros que intentar\u00e1n insinuar falsas m\u00e1ximas para arrui\u00adnar, si pudieran, estos fundamentos de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda; a \u00e9sos es a los que hay que resistir\u00bb (XI, 396).<\/p>\n<p>Trece a\u00f1os antes, escrib\u00eda al P. Codoing, su\u00adperior en Roma: \u00abquiero creer que las condicio\u00adnes que ponen para el seminario del se\u00f1or car\u00ad denal Barberini no son tan opuestas a nuestro g\u00e9nero de vida que alteren lo esencial. Si as\u00ed fue\u00adra, Dios m\u00edo, m\u00e1s valdr\u00eda encerrarnos dentro de nuestra peque\u00f1a concha. No quiera Dios que nin\u00adg\u00fan motivo humano nos haga aflojar en ning\u00fan asunto que hayamos cre\u00eddo de Dios. La m\u00e1xima que han dejado aqu\u00e9llos que han sido llamados por Dios a alguna nueva obra, es que no se cam\u00adbie nada bajo ning\u00fan pretexto que sea\u00bb (II, 393). No cambiar nada\u2026 que \u00abaltere lo esencial\u00bb; lue\u00adgo, si no lo altera, se aceptan los cambios nece\u00adsarios o razonables. Por tres ocasiones pronun\u00adcia su f\u00f3rmula de prudencia \u00abun Superior tiene que ser firme en los fines y humilde y manso en los medios, firme en la observancia de las reglas y santas costumbres de la Compa\u00f1\u00eda, pero apaci\u00adble en los medios para hacerlas observar\u00bb (II, 252); \u00abhay que ser firmes en el fin y suaves en los me\u00addios\u00bb (VI, 558); \u00abmantenerse invariable en el fin y moderado en los medios para llegar a \u00e9l\u00bb (II, 302).<\/p>\n<p>San Vicente es sumamente maleable en lo que no es esencial; habil\u00edsimo en explicar las razones de las excepciones que otorga o se otorga a s\u00ed mismo. En cambio se muestra inflexible en lo tocante a cuestiones de doctrina de la Iglesia y en oponer\u00adse a las opiniones que discurren fuera del sendero del com\u00fan de los doctores. Sus intervenciones a prop\u00f3sito del Jansenismo son aleccionadoras, in\u00adcluso la prudencia y la energ\u00eda con que actu\u00f3 en el seno de sus Comunidades (III, 296-304, 303; IX, 337; X, 104-106; XI, 83).<\/p>\n<p>b) En los casos de moral, su prudencia, fir\u00adme en lo esencial, es m\u00e1s d\u00factil frente a las per\u00adsonas. As\u00ed trat\u00e1ndose de dos concubinarios: \u00absi puede usted, le escribe al P. Cogn\u00e9e, superior de Sedan, separar por las buenas a esas dos per\u00adsonas que viven como marido y mujer y que no lo son, sin tener que enviar a la mujer a Par\u00eds, se\u00adr\u00e1 lo mejor que pueda hacer, aconsej\u00e1ndole que se retire a otra parte, o bien al hombre que se aleje de ella, sin que eso sea demasiado p\u00fabli\u00adco\u00bb (IV, 506). Y en cuanto a la explicaci\u00f3n del 6\u00b0 Mandamiento: \u00able suplico, Padre, que reco\u00admiende m\u00e1s precauci\u00f3n que nunca en la expli\u00adcaci\u00f3n del sexto mandamiento y en las pregun\u00adtas que se hacen sobre \u00e9l. Si no ponemos cuidado en eso, la Compa\u00f1\u00eda sufrir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda por ello\u00bb (1, 463); y diez d\u00edas m\u00e1s tarde al mismo P. Lamberto: \u00aben cuanto a lo que dice que el P. Codoing se detiene mucho en explicar el sexto mandamiento, le suplico, Padre, le diga que le rue\u00adgo muy humildemente, no hable m\u00e1s, en Ri\u00adchelieu ni en ning\u00fan otro sitio, a no ser con mu\u00adcha sobriedad, por ciertas razones que le dir\u00e9 y que son de mucha importancia\u2026 Le ruego ex\u00adpresamente que haga comprender a la Compa\u00ad\u00f1\u00eda de mi parte que sean sumamente precavidos en la explicaci\u00f3n y en las preguntas del sexto mandamiento\u00bb (1, 466. 467).<\/p>\n<p>c) Una medida de prudencia que San Vicente repite constantemente: \u00abcu\u00eddese mucho por favor y ha\u00adga de mi parte esta misma recomendaci\u00f3n a esos padres que trabajan con tanto inter\u00e9s\u00bb (VIII, 299). Con su experiencia de m\u00faltiples remedios, la apli\u00adca a las enfermedades del alma que sufren los es\u00adclavos en Argel; en sus instrucciones al P. Le Va\u00adcher: \u00abno hay que empe\u00f1arse en abolir dema\u00adsiado aprisa las cosas que est\u00e1n en uso entre ellos, a\u00fan cuando sean malas\u2026 Mu\u00e9strese con\u00addescendiente con la debilidad humana en todo cuanto pueda. No digo que sea menester apro\u00adbar o permitir sus des\u00f3rdenes; lo que digo es que los remedios tienen que ser suaves y benignos en la situaci\u00f3n en que est\u00e1n, y aplicados con gran precauci\u00f3n\u00bb (IV, 498). Pero para asegurar la salud f\u00edsica de sus misioneros no va con remilgos: \u00abno hago el m\u00e1s m\u00ednimo caso de todos esos proyec\u00adtos de fundaci\u00f3n\u2026 que no tienen m\u00e1s que bue\u00adnos deseos pero sin querer gastar nada en ello. Har\u00e1 usted bien, le escribe al P. Jolly, en decir\u00adles que no basta con que se proporcione un alo\u00adjamiento a los misioneros, sino que hay que dar\u00adles los medios para que puedan vivir y trabajar\u00bb (VII, 183); \u00abno se comprometa usted con ning\u00fan lugar en donde no haya medios para mantener\u00adse\u00bb, le pide al P. Ozenne, en Varsovia (VII, 217).<\/p>\n<p>d) La prudencia en las misiones tiene sus exi\u00adgencias; San Vicente las se\u00f1ala aunque puedan molestar a algunos: \u00aba\u00f1ado, escribe al P. Cabel, superior de Sedan, mis deseos a esas advertencias que le han hecho de que no sea tan largo en sus ser\u00admones. Sabemos por experiencia que esa pro\u00adlongaci\u00f3n impide el fruto y sirve \u00fanicamente pa\u00adra ejercitar la paciencia de los oyentes, mientras que un discurso breve y pat\u00e9tico produce con frecuencia buenos efectos\u00bb (VI, 557-558). Al P. Rivet, superior de Saintes, que vive cerca de las Benedictinas de Cognac, algunas de ellas \u00abpo\u00adsesas del esp\u00edritu maligno\u00bb, le dice: \u00absiento mu\u00adcho esas cosas que est\u00e1n pasando en las Bene\u00addictinas\u2026 Ha hecho usted bien en excusarse de ser uno de los exorcistas; ser\u00e1 conveniente que pida a los que desean comprometerse a ello que le dispensen, ya que hay otros muchos buenos religiosos que podr\u00e1n ejercer santamente este oficio\u00bb (VIII, III).<\/p>\n<p>e) En la distribuci\u00f3n de ropa a los necesita\u00addos, la prudencia del Sr. Vicente va acompa\u00f1ada de cierta astucia. Al Hno. Parre, encargado de es\u00adtos repartos, le escribe: \u00abque se informe cuida\u00addosamente en cada cant\u00f3n y en cada aldea de cu\u00e1ntos son los pobres que tendr\u00e1n necesidad de pedir ropa el invierno que viene, o toda o parte de la misma, a fin de que pueda calcularse el gas\u00adto que habr\u00e1 que hacer y puedan ir prepar\u00e1ndo\u00adse\u2026 Convendr\u00e1 que escriba usted los nombres de esas pobres gentes a fin de que cuando lle\u00adgue la hora de hacer la distribuci\u00f3n, se les pue\u00adda dar esa limosna. Para distinguirlos bien, habr\u00eda que verlos en sus casas, para conocer de cerca a los m\u00e1s necesitados y a los que no lo son tan\u00adto\u2026 Puede usted utilizar algunas personas pia\u00addosas y prudentes, que acudan personalmente a los pobres y que les informen sinceramente de la situaci\u00f3n de cada uno. Pero es preciso que es\u00adtos informes se hagan sin que los pobres sepan para qu\u00e9 son, pues de lo contrario los que tienen ya alguna ropa la ocultar\u00e1n para hacer ver que es\u00adt\u00e1n desnudos\u00bb (VI, 348-349). Y otro caso para el Hno. Parre: \u00abel se\u00f1or Delahaye, de\u00e1n de Noyon, ha recomendado a un pobre hombre, llamado se\u00ad\u00f1or Sablonniere, dici\u00e9ndonos que ha quedado arruinado por el campamento volante que acam\u00adp\u00f3 en Miremont, que le rob\u00f3 sus animales y sus muebles y destruy\u00f3 sus sembrados. A las se\u00f1o\u00adras (de la Caridad) les gustar\u00eda que les dijese si es verdad, si no le queda nada a ese pobre hom\u00adbre para reponerse ni para subsistir, si tiene hi\u00adjos y cu\u00e1ntos. Ind\u00edquenos, por favor, todo lo que pueda averiguar\u00bb (VIII, 97-98).<\/p>\n<p>f) San Vicente ha insistido que la sencillez de la pa\u00adloma no debe separarse de la prudencia de la ser\u00adpiente. En sus actuaciones es dif\u00edcil a veces de\u00adsentra\u00f1ar hasta qu\u00e9 punto van juntas. En el caso del monasterio de San Eutropio, \u00aben el que se han cometido, dice \u00e9l, grandes abominaciones\u00bb, es\u00adt\u00e1 en marcha un proceso; San Vicente interviene, pero no abiertamente, para conseguir el nombramiento de tres jueces. Encarga al P. Codoing, en Roma, que agilice estos nombramientos, pero le a\u00f1ade: \u00abh\u00e1galo usted de forma que no parezca que se ha mezclado usted abiertamente en ello\u00bb (II, 239). Y en el caso del Visitador can\u00f3nico de los con\u00adventos de la Orden de la Visitaci\u00f3n, le menciona al P. Dufestel, superior de Annecy: \u00abme olvid\u00e9 de decirle al P. Codoing que no se mezclase en el asunto del Visitador de Santa Mar\u00eda. Que bien es\u00adt\u00e1 el no meterse m\u00e1s que en lo que se nos ha mandado\u00bb (II, 250-251).<\/p>\n<h3>4. \u00abHay que hilar muy fino\u00bb\u2026<\/h3>\n<p>a) En el trato entre los hombres y las muje\u00adres, San Vicente est\u00e1, se podr\u00eda decir, como obsesiona\u00addo por los peligros que en este trato puedan ha\u00adber. Tiene frases, comparte consignas que, en la actualidad, nos parecen de \u00abotro mundo\u00bb. Ya en una conferencia a las Hijas de la Caridad del 30 de mayo de 1647, al comentar las Reglas \u00abse de\u00adtuvo el sr. Vicente en el art\u00edculo que habla de evi\u00adtar ofender a Dios mortalmente, sobre todo en lo que se refiere a la castidad, tomando toda clase de precauciones para conservarla, sin dejar entrar a los hombres en la habitaci\u00f3n y no entreteni\u00e9n\u00addose a hablar por la calle con personas de sexo diferente. Y, si se ven obligadas, tienen que hilar muy fino. Hijas m\u00edas, esto se entiende de los hombres con los que no os detendr\u00e9is nunca por la calle, a no ser por extrema necesidad. Hay que hilar muy fino. Decidles lo que teng\u00e1is que decirles lo m\u00e1s sucintamente que se pueda, y, despu\u00e9s, despedirse de ellos\u00bb (IX, 303).<\/p>\n<p>Esta \u00abobsesi\u00f3n\u00bb tiene una clara explicaci\u00f3n que \u00e9l mismo da a sus Hermanas: \u00ablas religiosas est\u00e1n encerradas y no tienen muchas veces oca\u00adsi\u00f3n de tratar con personas de fuera; pero no pa\u00adsa eso con vosotras, porque una Hija de la Cari\u00addad est\u00e1 siempre en medio del mundo. Ten\u00e9is una vocaci\u00f3n que os obliga a asistir indiferentemen\u00adte a toda clase de personas, hombres, mujeres, ni\u00f1os y en general a todos los pobres que os ne\u00adcesiten, como lo hac\u00e9is por la gracia de Dios. Pues bien, si es as\u00ed, \u00bfcu\u00e1l es el medio para que os conserv\u00e9is en la pureza? Os lo dec\u00eda \u00faltima\u00admente: no permit\u00e1is que entre nadie en vuestras habitaciones sin mucha necesidad\u00bb (IX, 1010).<\/p>\n<p>El \u00abno dejar entrar a los hombres en vuestras habitaciones\u00bb es una de las consignas m\u00e1s re\u00adpetidas cuando San Vicente se dirige a sus Hermanas: \u00absobre todo no dej\u00e9is a los hombres entrar en vuestras habitaciones, aunque sea vuestro con\u00adfesor, ni a m\u00ed mismo; si voy a veros y no cumplo con esto, en raz\u00f3n de mi disposici\u00f3n, y quisiera entrar en vuestra habitaci\u00f3n, cerradme la puerta y no me dej\u00e9is entrar, ni al P. Portail, ni a un Her\u00admano de la Misi\u00f3n, si fuera alguno, ni a nadie. Sed firmes en eso\u00bb (IX, 684-685); \u00absab\u00e9is bien que, si admit\u00eds a un hombre en vuestra habitaci\u00f3n, os po\u00adn\u00e9is en peligro de cometer alg\u00fan pecado contra la pureza, pues es muy dif\u00edcil guardarla si no se huye de las ocasiones de perderla. Por esa mis\u00adma raz\u00f3n os hemos recomendado que no admi\u00adt\u00e1is a ning\u00fan sacerdote, ni laico, por ninguna ra\u00adz\u00f3n, ni siquiera a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, ni a m\u00ed mismo, a no ser en caso de enfermedad\u00bb (IX, 738). Alguna presenta objeciones: \u00abpero, pa\u00addre, yo soy del campo y viene a verme mi her\u00admano; \u00e9l no sabe nada de nuestras obligaciones y me ruega que le d\u00e9 de comer; es de noche: \u00bfqu\u00e9 he de decirle? Si le despido, le parecer\u00e1 mal que no le d\u00e9 alojamiento y me tendr\u00e1 por una ingra\u00adta\u00bb; le contesta el Sr. Vicente: \u00abp\u00f3rtate como de\u00adbes, pres\u00e9ntale tus excusas; mirad, si le recib\u00eds una vez, pronto vendr\u00e1 vuestro primo y os pedi\u00adr\u00e1 lo mismo. M\u00e1s a\u00fan, como un pecado trae otros, despu\u00e9s de haberle recibido, le dir\u00e9is: \u00abno tene\u00admos cama, pero aqu\u00ed hay un catre donde dormir; o bien, dormir\u00e9 yo con mi hermana y te dejare\u00admos mi cama\u00bb &#8211; \u00ab\u00bfVerdad, hijas m\u00edas, que ha ocurrido esto algunas veces?\u2026 Hab\u00e9is quedado expuestas seguramente a la tentaci\u00f3n contra la pureza. \u00a1C\u00f3mo! \u00bfDejar\u00e1 una Hermana a un hom\u00adbre dormir en su propia habitaci\u00f3n y hasta en su misma cama? Esto deber\u00eda asustaros\u00bb (IX, 909- 910; cf. otras indicaciones semejantes, en IX, 978, 979, 1238).<\/p>\n<p>Las situaciones pueden complicarse, al ir a las casas de los enfermos o al pasar por las calles. San Vicente les pone en guardia: \u00abla regla os ad\u00advierte que es un gran inconveniente para vosotras deteneros a hablar con alguien cuando vais por la calle, as\u00ed como tambi\u00e9n en la casa adonde se os env\u00eda a cuidar enfermos. Por consiguiente no hay que pararse en la calle a hablar con los hom\u00adbres, ni tampoco con las mujeres\u2026 No ten\u00e9is que entreteneros con los criados, ni con las due\u00f1as, a no ser que se necesite en favor de los pobres, pero es preciso que eso sea brevemente\u00bb (IX, 1009). Y no solamente hablar con los hom\u00adbres, sino tambi\u00e9n no encontrarse con ellos \u00aba so\u00adlas\u2026 ni mirar jam\u00e1s al rostro, ni escuchar sus ga\u00adlanter\u00edas\u00bb (IX, 96); \u00abno os digo solamente que guard\u00e9is los mandamientos, sino que ni mir\u00e9is si\u00adquiera a un hombre a la cara\u00bb (IX, 852).<\/p>\n<p>Al referirse a los sacerdotes y particularmen\u00adte a los confesores, San Vicente acent\u00faa las precaucio\u00adnes: \u00abponeos delante de los ojos que son per\u00adsonas que tienen el poder\u2026 Nunca llegar\u00e9is a honrarlos bastante. Por eso no les habl\u00e9is nunca, sino con una especial modestia, de tal forma que no os atrev\u00e1is casi a levantar los ojos en su pre\u00adsencia\u2026 Cuando les habl\u00e9is sobre las necesida\u00addes de alg\u00fan enfermo, que sea breve y sucinta\u00admente y jam\u00e1s en su domicilio; no, hijas m\u00edas, jam\u00e1s; vale m\u00e1s aguardarlos en la iglesia. Si hay alguna necesidad apremiante, repito, que sea apremiante, y no pod\u00e9is dejarlo para otra ocasi\u00f3n, entonces podr\u00e9is ir a su casa, pero nunca solas. Qu\u00e9 es lo que iba a hacer una Hermana sola en casa de un sacerdote\u2026 Si el caso apremia, pod\u00e9is tomar una Hermana con vosotras, decirle el asun\u00adto\u2026 y marchar luego. Si el sacerdote os quisiese detener para hablar de otra cosa\u2026 por una o dos veces podr\u00edais responder, y si despu\u00e9s de eso, os quisiera entretener m\u00e1s tiempo, decidle, padre, exc\u00faseme, tengo que hacer\u2026 Hay que tra\u00adtar siempre con ellos con mucha seriedad y con\u00adcisi\u00f3n\u00bb (IX, 286); \u00abno hay que mirar a los sacer\u00addotes como hombres sino como sacrificadores y mediadores entre Dios y nosotros. Si los mir\u00e1is de ese modo, no tendr\u00e9is ning\u00fan miedo de que suceda alg\u00fan mal\u00bb (IX, 963); \u00abquerer charlar es\u00adpecialmente con los eclesi\u00e1sticos, es algo que ten\u00e9is que evitar; sobre todo con \u00e9stos, pues con el pretexto de piedad lo que se intenta es buscar cierta satisfacci\u00f3n, y de ordinario se empieza por buenos movimientos, al parecer por una parte y por otra; el afecto empieza poco a poco por lo es\u00adpiritual; de ah\u00ed se pasa a demostr\u00e1rselo al otro\u2026 Esas peque\u00f1as satisfacciones verbales que em\u00adpezaron por algo espiritual, se convierten luego en sensuales\u2026 Luego, se va uno comprome\u00adtiendo poco a poco en motivos carnales. Y mu\u00adchas veces se deja la vocaci\u00f3n por buscar esa sa\u00adtisfacci\u00f3n. Por eso, apenas sint\u00e1is apego a alg\u00fan confesor, dejadle; os echar\u00e1 a perder. Hijas m\u00edas, si supierais qu\u00e9 malo es comprometerse con un confesor\u2026 \u00a1no os lo pod\u00e9is imaginar!\u00bb (IX, 1176-1177); \u00abos lo recomiendo mucho, que no os apegu\u00e9is a una parroquia, a ciertas perso\u00adnas, a los confesores\u2026 si os dijera el da\u00f1o que este apego ha hecho en algunos lugares\u2026 M\u00e1s vale que me calle. Ni apegarse a los confesores, ni a nada. Hijas m\u00edas, hay ciertas cosas que son capaces de destruir a la Compa\u00f1\u00eda. Y \u00e9sta es una de ellas\u2026 No visitar a los sacerdotes en sus ca\u00adsas, fuera del caso en que sean pobres y enfer\u00admos, y entonces no ir sola, siempre dos juntas, y, si solamente pudiese ir una, tomar compa\u00f1e\u00adra a una mujer o joven del lugar\u00bb (IX, 1201-1202).<\/p>\n<p>b) A los sacerdotes de la Misi\u00f3n, les consig\u00adn\u00f3 en sus Reglas Comunes cap. IV, art. 2\u00b0: \u00abJam\u00e1s hablar\u00e1n a solas con mujeres en lugar y tiempo indebidos; cuando hablaren con ellas o les escri\u00adbieren, se abstendr\u00e1n por completo de palabras que, aunque piadosas, manifiesten afectuosa ter\u00adnura para con ellas; y cuando las oigan en con\u00adfesi\u00f3n, lo mismo que al hablar con ellas fuera de la confesi\u00f3n, no se aproximar\u00e1n demasiado a ellas, guard\u00e1ndose de presumir de su castidad\u00bb (X, 484). En la conferencia del 8 de junio de 1658: \u00abdigo que hay que tener cuidado con las muje\u00adres; cuando haya algo que decirles o que tratar con ellas, hay que hacerlo siempre en un sitio donde se nos pueda ver; si es en el locutorio, no cerrar la puerta, incluso es mejor no entrar si\u00adquiera en el locutorio. Tengo que deciros que hay alguien entre nosotros que, apenas van a decirle que hay en la puerta una mujer preguntando por \u00e9l, enseguida corre a meterse en el locutorio pe\u00adque\u00f1o y cierra la puerta a medias y est\u00e1 all\u00ed a ve\u00adces durante mucho rato. Bien, hermanos m\u00edos, evitemos esas frecuentes conferencias in\u00fatiles con las mujeres; hablemos con ellas s\u00f3lo cuan\u00addo sea necesario. S\u00e9 muy bien que es un sexo con el que estamos obligados a veces a tratar, pe\u00adro procuremos que s\u00f3lo sea en caso de necesi\u00addad, y adem\u00e1s hacerlo con brevedad, aunque con\u00adcedi\u00e9ndoles el tiempo que necesiten para que nos digan lo que tienen que proponernos. Por ejemplo, esas pobres Hermanas de la Caridad, ten\u00adgo que tratar con ellas sobre todo lo que ha de hacerse\u00bb(XI, 338). \u00abOtro medio\u2026 huir del trato con las religiosas, incluso con las m\u00e1s reforma\u00addas\u2026 Pero sabed que esas conversaciones son un filtro diab\u00f3lico, pues somos hombres y hom\u00adbres como los dem\u00e1s. Se compromete uno so capa de devoci\u00f3n; siempre se empieza por ah\u00ed, sabe Dios d\u00f3nde se va a parar. Por tanto, enco\u00admiendo a la Compa\u00f1\u00eda que no acepte nunca un cargo que le obligue a dirigir, guiar y tratar con las religiosas, a conversar con ellas\u2026 Otro medio: no escribir nunca con mucho cari\u00f1o; esto enciende el fuego, engendra el afecto y compromete a los dem\u00e1s a que respondan tambi\u00e9n con cari\u00f1o ca\u00adda vez m\u00e1s. Por amor de Dios, hermanos m\u00edos, recomiendo que os absteng\u00e1is de todo trato per\u00adsonal o epistolar con las mujeres. Tengo aqu\u00ed una o dos de esas cartas, y qu\u00e9 cartas. \u00bfLas leer\u00e9? M\u00e1s vale que no lo haga\u2026 Otro medio: no tener devotas\u2026 \u00a1qu\u00e9 peligroso es eso! Hay que temer por la Compa\u00f1\u00eda cuando vengan esas devotas alabando a aquel confesor a quien han abierto su coraz\u00f3n y su conciencia. \u00a1Mala cuesti\u00f3n es \u00e9sa! \u00a1Desgraciada la Compa\u00f1\u00eda que tenga que sufrir a semejantes personas! Son un grave peligro. S\u00e9 de un lugar donde las mujeres son tan afectuo\u00adsas con su confesor que m\u00e1s vale no hablar\u00bb (XI, 685-686).<\/p>\n<p>\u00abHilando delgado\u00bb, S. V, precavido, escribi\u00f3 a Luisa de Marillac cuando buscaba una casa para su incipiente grupo de Hermanas: \u00able ruego me indique si ha alquilado alg\u00fan alojamiento y d\u00f3nde lo ha tomado. Quiz\u00e1s crea que yo tengo alg\u00fan motivo referente a usted, por el que creo que no es conveniente que se aloje en estos barrios (cer\u00adca de San L\u00e1zaro). No es as\u00ed, ni mucho menos; se lo aseguro. La raz\u00f3n es \u00e9sta: estamos en me\u00addio de gentes que lo observan todo y juzgan de todo. Apenas nos viesen entrar dos o tres veces en su casa, se pondr\u00edan a hablar y a sacar con\u00adsecuencias que no podr\u00edamos decir hasta d\u00f3nde llegar\u00edan\u00bb (1, 346).<\/p>\n<p>Desde el siglo XVII las costumbres en el tra\u00adto y en la convivencia entre hombres y mujeres, y tambi\u00e9n entre sacerdotes y religiosas o consa\u00adgradas en la vida apost\u00f3lica, han cambiado mu\u00adcho, incluso la legislaci\u00f3n eclesi\u00e1stica sobre los confesores. Sin embargo, hoy como ayer, la naturaleza humana es siempre la misma, y el es\u00adp\u00edritu que anima las consignas, avisos y reco\u00admendaciones de San Vicente sobre este trato, permane\u00adce v\u00e1lido e inc\u00f3lume. Como dec\u00eda \u00e9l, \u00abhay que hilar muy fino\u00bb, pues, como dice tambi\u00e9n, <em>\u00abel diablo se mezcla en todas partes y hemos visto que ocurr\u00edan casos tan extra\u00f1os que parece ne\u00adcesario evitarlos de antemano\u00bb, <\/em>como el que se\u00ad\u00f1ala en el consejo de las Hermanas (X, 778).<\/p>\n<h3>5. \u00abTomar precauciones para que no le enga\u00f1en\u00bb<\/h3>\n<p>\u00abHilaba fino\u00bb tambi\u00e9n en cuesti\u00f3n de \u00abvoca\u00adciones\u00bb, seg\u00fan se comprueba en los tres si\u00adguientes grupos de textos:<\/p>\n<p>a) En cuanto a la C.M. : \u00absomos precavidos m\u00e1s que antes para recibir a los postulantes que se presentan, especialmente a los j\u00f3venes, ya que hay muy pocos que se ofrezcan a Dios co\u00admo deben\u00bb (1V, 155) le dice al P. Blatir\u00f3n. Al P. Del\u00adville, que hab\u00eda enviado a dos \u00abpara entrar en la Congregaci\u00f3n, . uno de ellos, le dice San Vicente, lo ha to\u00admado con ganas, pero no as\u00ed el otro que ha da\u00addo motivos a toda la casa de juzgar que no vale para nosotros. Hubiera sido conveniente que, an\u00adtes de enviarlo, nos hubiera dicho usted que era cojo, pues nos hubi\u00e9ramos fijado en ello y le habr\u00edamos ahorrado el trabajo de venir y el de vol\u00adverse, como ha tenido que hacerlo, ya que de or\u00addinario, en la forma de ser de esas personas hay algo extra\u00f1o, tal como hemos visto en \u00e9l. Si me responde que hay en la Compa\u00f1\u00eda algunos Padres que cojean, le dir\u00e9 que en estos momentos hay solamente uno o dos y que este defecto no se nota en ellos casi nada en comparaci\u00f3n con \u00e9s\u00adte. Esto me ofrece la ocasi\u00f3n de pedirle que en adelante no nos mande a nadie hasta despu\u00e9s de que le hayamos prometido recibirle; para ello, co\u00admun\u00edqueme usted sus deseos, su condici\u00f3n, su edad, los estudios que han hecho y sus disposi\u00adciones corporales y espirituales. Nuestro semi\u00adnario ha crecido mucho; no podemos pasar del n\u00fa\u00admero razonable para no cargarnos demasiado\u00bb (VI, 137). De nuevo al P. Delville: \u00abhan llegado los tres postulantes que nos ha enviado; los hemos acogido con afecto, como venidos de su parte. Me indica usted la raz\u00f3n por la que nos hab\u00eda envia\u00addo a aquel cojo, que se march\u00f3 recientemente; yo ya me hab\u00eda imaginado que le hab\u00edan urgido para ello y que, al no tener fuerzas para resistir las presiones de quienes quer\u00edan enviarlo, se vio usted obligado a condescender con ellos. Quie\u00adro creer que ha sido eso mismo lo que ha ocu\u00adrrido con uno de estos tres\u2026 en el que no ha en\u00adcontrado usted las cualidades que se necesitan para la Compa\u00f1\u00eda; sin embargo nos lo ha envia\u00addo para darles gusto a los que intercedieron por \u00e9l, no teniendo \u00e1nimos para rechazarlo, viendo en \u00e9l cierta buena voluntad. Y siento mucho que as\u00ed sea, por el disgusto que tendr\u00e1 al saber que no lo hemos recibido\u2026 demasiado flojo en lat\u00edn; todas las personas a las que he dicho que exa\u00adminen sus se\u00f1ales de vocaci\u00f3n, han juzgado que no las tiene\u2026 Esto me obliga a rogarle expresa\u00admente que no obligue a los riesgos del viaje a na\u00addie que no le parezca llamado por Dios. No lo son todos los que se presentan, por lo menos aque\u00adllos que no tienen las disposiciones de cuerpo y de esp\u00edritu convenientes a nuestro instituto y a nuestras tareas\u2026 Debe usted tomar muchas pre\u00adcauciones para que no le enga\u00f1en\u00bb (VI, 148-149).<\/p>\n<p>Hay que indagar bien los motivos o las mo\u00adtivaciones de las vocaciones porque la vocaci\u00f3n que no viene de Dios \u00abno es m\u00e1s que la sombra de la verdadera, aunque se cubra de hermosos pretextos y de muy buenos h\u00e1bitos\u00bb, advierte al P. Delville. En efecto, escribe al P. Jolly: \u00abno me parece conveniente, ni mucho menos, que reci\u00adba usted en la Compa\u00f1\u00eda a ese muchacho del campo que se ha presentado para ser Hermano coadjutor, pues, por muy buena voluntad que ten\u00adga, no puede uno estar muy seguro de un hom\u00adbre que ha cometido tres homicidios\u00bb (V1, 470).<\/p>\n<p>San Vicente felicita al P. Dupont, Superior de Tr\u00e9\u00adguier, por su labor de \u00abpromotor vocacional\u00bb que dir\u00edamos ahora: \u00abme gusta el inter\u00e9s que tiene us\u00adted por todo ello\u00bb; pero hay uno o varios peros, ya que precisa: \u00abtodav\u00eda no hemos dado permi\u00adso a nadie para que nos env\u00ede a los postulantes que ellos juzguen id\u00f3neos para la Compa\u00f1\u00eda, sin que nos los propusieran antes y hubieran recibi\u00addo nuestra respuesta. Creo que no debe usted tampoco hacerlo, debido al disgusto que tendr\u00eda al ver que le devolvemos algunos en los que no hubi\u00e9ramos encontrado las cualidades requeri\u00addas, y que tendr\u00edan motivos para quejarse de us\u00adted por haberles hecho hacer un viaje in\u00fatil. Cuan\u00addo alguno se presenta, conviene no enviarlo sin haberlo probado durante alg\u00fan tiempo, aunque parezca una buena persona y de buenas inten\u00adciones; y durante esta prueba puede usted indi\u00adcarnos su nombre, su edad, su condici\u00f3n, sus es\u00adtudios, si tiene padre y hermanos, si son pobres o bien acomodados, si tiene alg\u00fan t\u00edtulo o medio para alcanzarlo; si ha sido virtuoso anteriormen\u00adte o llevaba una vida disipada, qu\u00e9 motivos tiene para dejar el mundo y hacerse misionero, si tie\u00adne buen juicio, si es de cuerpo bien hecho y tie\u00adne salud, si habla correctamente, si ve bien, y en fin si est\u00e1 dispuesto a hacerlo todo y sufrirlo to\u00addo, a ir a cualquier sitio para el servicio de Dios, seg\u00fan se le indique por la santa obediencia. Por\u00adque hay que sondearlos en todo y advertirlos, an\u00adtes de prometerles nada, de las dificultades que podr\u00e1n encontrar en el seminario y m\u00e1s tarde en los empleos que hayan de tener y en nuestra ma\u00adnera de vivir\u00bb (VI1, 94).<\/p>\n<p>\u00abHay que hilar fino\u00bb, pues hay casos, como el de uno que desea entrar a la C.M., pero, es\u00adcribe San Vicente al P. Laudin, \u00abel Hermano N, tiene un hermano estudiando en Le Mans, con ganas de entrar en la Compa\u00f1\u00eda, le ruego que me indique cu\u00e1ntos a\u00f1os tiene, qu\u00e9 estudios ha hecho, qu\u00e9 cualidades de esp\u00edritu y qu\u00e9 disposiciones de cuerpo\u2026 pero tengo miedo de que sea el pen\u00adsamiento de su hermano lo que le atrae, o bien la curiosidad de ver Par\u00eds, o las dos cosas al mis\u00admo tiempo, m\u00e1s que el deseo de renunciar al mundo por completo\u00bb (VII, 197-198). Y otro caso sobre el que contesta al P. Mart\u00edn, superior de Tur\u00edn: \u00abme dice usted que se ha presentado un sacerdote joven para entrar en la Compa\u00f1\u00eda, que pertenece a la Congregaci\u00f3n de San Felipe Ne\u00adri, y que despu\u00e9s de haberle animado a seguir en su Congregaci\u00f3n y haberle expuesto la dificultad que ponemos para recibir a los de otras comu\u00adnidades, sigue pidiendo entrar con nosotros, de\u00adseando alejarse de sus parientes y ser totalmente de Dios, y que, con esta idea, ha pedido ya su despido, aunque no se lo han concedido. La ver\u00addad es que estas razones parecen leg\u00edtimas, pe\u00adro a\u00fan cuando hubiera otras m\u00e1s fuertes, no hay que pensar en recibirlo, porque la experiencia demuestra que los que salen de una comunidad para entrar en otra no resultan bien en ninguna\u00bb (VII, 482).<\/p>\n<p>Y si la oposici\u00f3n a las \u00abvocaciones\u00bb provie\u00adne de un obispo, San Vicente tan respetuoso y pruden\u00adte con los Prelados, no se inmuta: \u00abme dice us\u00adted, escribe al P. Serre, superior de Saint-M\u00e9en, en la di\u00f3cesis de Saint-Malo, que el obispo de Saint-Malo se ha quejado suavemente de que hab\u00edamos recibido en nuestra Compa\u00f1\u00eda a algu\u00adnos de sus diocesanos. No por eso hemos de de\u00adjar de recibir a los que se presenten, si los juzga usted id\u00f3neos y debidamente dispuestos. \u00bfNo le parece razonable que la Compa\u00f1\u00eda que le ha pro\u00adporcionado sacerdotes para su seminario y para las misiones, tome algunos de su di\u00f3cesis, lo mismo que de las dem\u00e1s, cuando Dios los en\u00adv\u00eda?\u00bb (V, 597). Pero, San Vicente adapta su prudencia a las circunstancias. Escribe al P. Jolly, Superior en Roma, el 11 de enero de 1658: \u00abme alegra sa\u00adber que una persona que ha hecho voto de ser religioso cumpla con su promesa entrando en nuestra Compa\u00f1\u00eda, aunque no sea una religi\u00f3n. Sin embargo, hemos de tener cuidado en no re\u00adcibir a esas personas, si no son esp\u00edritus bien he\u00adchos y bien decididos\u00bb (VII, 44).<\/p>\n<p>b) En cuanto a las Hijas de la Caridad, pre\u00adcauciones tambi\u00e9n en su reclutamiento: \u00abme ha\u00adbla usted, escribe a un sacerdote de la Misi\u00f3n, de tres buenas j\u00f3venes que desean pertenecer a la Caridad. Como han concebido ese deseo en medio del fervor de la misi\u00f3n que ha hecho us\u00adted\u2026 habr\u00e1 que ver si las enfr\u00eda un poco el tiem\u00adpo. Es conveniente probarlas y retrasar su en\u00adtrada. Haga el favor de decirme qu\u00e9 edad tienen, si saben leer y escribir, o hacer otra cosa, a qu\u00e9 se han dedicado hasta ahora, si han estado sir\u00adviendo, o si han estado siempre al lado de sus parientes. No basta que tengan buena salud; ha\u00adbr\u00e1 que saber si son robustas o medianamente fuertes, ya que en esta peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda no hay sitio para personas d\u00e9biles o delicadas\u2026 Ser\u00e1 menester que traigan ropa, o por lo menos diez escudos cada una para su primer h\u00e1bito, y algo de dinero para poder regresar, en el caso de que no valgan o no puedan acomodarse a nuestras normas\u00bb (V, 600).<\/p>\n<p>La Superiora de Saint-Fargeau parece ser una excelente \u00abpromotora vocacional\u00bb. Se le env\u00eda una nota con muchos datos pertinentes para se\u00adleccionar a las j\u00f3venes aspirantes; entre ellas: \u00abese deseo que cunde entre ese gran n\u00famero de j\u00f3venes que desean entrar en su Compa\u00f1\u00eda no es una se\u00f1al segura de que Dios las llame, so\u00adbre todo si las anima alg\u00fan pensamiento huma\u00adno m\u00e1s que la inspiraci\u00f3n divina. Puede ser, sin embargo, que en algunas, haya ese movimiento divino; por eso har\u00e1 usted bien en mantenerlas en esa buena voluntad, aunque no es conve\u00adniente enviarlas todas al mismo tiempo. Escoja dos o tres de las que est\u00e1n mejor dispuestas y de las m\u00e1s id\u00f3neas\u00bb (VII, 48).<\/p>\n<p>c) \u00a1Ojo!, tambi\u00e9n a los ejercitantes que van a la casa de Roma; al P. Jolly le escribe: \u00abme ale\u00adgra mucho saber que tiene usted siempre un gran n\u00famero de ejercitantes. Tiene que tener us\u00adted cuidado, no sea que algunos, con el pretex\u00adto del retiro, busquen m\u00e1s bien la mesa. Hay al\u00adgunos que les gusta pasar tranquilamente siete u ocho d\u00edas de descanso, sin que les cueste na\u00adda\u00bb (VI1, 322). Ojo avizor del prudente San Vicente ; no se f\u00eda de las apariencias por ang\u00e9licas que revolo\u00adteen entre efluvios de inciensos y jazmines\u2026<\/p>\n<p>Nota final: el pensamiento de San Vicente sobre \u00abla prudencia\u00bb lo pueden expresar estas frases su\u00adyas: \u00abel exceso en la pr\u00e1ctica de las virtudes no es menos vicioso que el defecto\u00bb (II, 359): \u00abla virtud no est\u00e1 nunca en los extremos, sino en la discreci\u00f3n\u00bb (III, 90); \u00abacomode los gastos a sus fuerzas y no emprenda nada m\u00e1s que lo que pue\u00adda hacer\u00bb (III, 462); \u00abguarde la debida mesura, Dios no le exige que vaya m\u00e1s all\u00e1 de los medios que le proporciona\u00bb (VII, 431); \u00abvayamos tran\u00adquilamente en nuestras pretensiones\u00bb (II, 393).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n En los 13 tomos de los textos de San Vicente (S\u00edgue\u00adme-CEME, Salamanca 1972-1986), \u00e9ste emplea 167 veces el vocablo \u00abprudencia\u00bb. 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