{"id":41862,"date":"2021-01-20T08:10:07","date_gmt":"2021-01-20T07:10:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/espiritualidad-vicenciana-mision-ad-gentes\/"},"modified":"2020-11-21T19:57:59","modified_gmt":"2020-11-21T18:57:59","slug":"espiritualidad-vicenciana-mision-ad-gentes","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-mision-ad-gentes\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Misi\u00f3n Ad Gentes"},"content":{"rendered":"<h2>I. Un carisma en expansi\u00f3n<\/h2>\n<h3>Encuentro con Dios en los acontecimientos<\/h3>\n<p>La misi\u00f3n <em>ad gentes <\/em>del Sr. Vicente, como to\u00addas sus dem\u00e1s obras, no nace de doctrinas o pla\u00adnes preconcebidos, sino de la lectura que \u00e9l hace de los acontecimientos. Para \u00e9l, los acon\u00adtecimientos son signos de Dios que revelan su vo\u00adluntad en la historia. No es de extra\u00f1ar que diga: <em>\u00abNadie sab\u00eda lo que eran las misiones\u00bb, \u00abno pen\u00ads\u00e1bamos encargarnos de los ordenandos\u00bb, \u00abno pens\u00e1bamos ir a Berber\u00eda\u00bb. <\/em>Tambi\u00e9n dir\u00e1: <em>\u00abNo pens\u00e1bamos en Madagascar cuando vinieron a ha\u00adcernos la propuesta\u00bb <\/em>(XI, 296). A sus 72 a\u00f1os, el Sr. Vicente alude a un principio fundamental que guiaba su vida, el de no adelantarse a la Provi\u00addencia: <em>\u00abMuchas veces se estropean las obras buenas por ir de prisa\u2026 El bien que Dios quiere se realiza por s\u00ed mismo\u2026 As\u00ed es como empeza\u00adron todas las obras que actualmente llevamos\u2026 Dios se sirvi\u00f3 de nosotros sin que supi\u00e9ramos has\u00adta d\u00f3nde \u00edbamos a llegar\u00bb <\/em><span id='easy-footnote-1-41862' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-mision-ad-gentes\/#easy-footnote-bottom-1-41862' title=''><sup>1<\/sup><\/a><\/span>V, 499).<\/p>\n<h3>Cada obra a su tiempo<\/h3>\n<p>Entre los muchos acontecimientos de la lar\u00adga vida del Sr. Vicente (1580-1660), algunos fue\u00adron experiencias fundantes, especialmente l\u00faci\u00addas, intuiciones originales de encuentro con Dios que iluminaron su vida. En estas experiencias, descubri\u00f3 de una manera muy particular a Cristo evangelizador de los pobres, descubri\u00f3 a los po\u00adbres como nuestros maestros y se\u00f1ores, como nuestros jueces. A sus 37 a\u00f1os (1617), el Sr. Vi\u00adcente ha salido ya de su mediocridad y nada le detiene, su actividad es fren\u00e9tica y se multiplican sus obras.<\/p>\n<p>Desde sus 59 a\u00f1os (1639), conservarnos en los escritos del Sr. Vicente alusiones a las misio\u00adnes <em>ad gentes <\/em>y diversos tanteos y proyectos de misi\u00f3n. A sus 68 a\u00f1os (1648), asume la misi\u00f3n de Madagascar. La voluntad de Dios se le ha mani\u00adfestado por el Nuncio y la Congregaci\u00f3n de Pro\u00adpaganda Fide. Esta misi\u00f3n marca la cima de su experiencia misionera. Cada cosa se ha hecho a su tiempo: \u00ab<em>Todas las cosas principales que se han hecho en esta Compa\u00f1\u00eda me parece que si se hubieran hecho antes de lo que se hicieron no habr\u00edan estado bien hechas. Lo puedo decir esto de todas sin excepci\u00f3n alguna\u00bb <\/em>(II, 176). El Sr. Vi\u00adcente emprende la misi\u00f3n <em>ad gentes <\/em>como una evoluci\u00f3n homog\u00e9nea, un desarrollo de su mi\u00adsi\u00f3n primera y de su fe y caridad misioneras. El Sr. Vicente empieza su misi\u00f3n rural en un se\u00f1o\u00adr\u00edo feudal, con una experiencia aparentemente casual, pero pronto esta misi\u00f3n se har\u00e1 nacional y m\u00e1s tarde romper\u00e1 fronteras. Los no cristianos son tambi\u00e9n pobres, son pobres espiritual y ma\u00adterialmente, son los pobres de pa\u00edses lejanos (XI, 395-6).<\/p>\n<h2>II. Escenario misional en la \u00e9poca del sr. Vicente<\/h2>\n<h3>Los patronatos<\/h3>\n<p>Los siglos XVI y XVII asisten asombrados a los viajes de los navegantes que descubren nuevas tierras. El Papa hab\u00eda encomendado a Portugal (1452) y a Espa\u00f1a (1493) la evangelizaci\u00f3n de los pa\u00edses descubiertos. Por bulas papales se crearon los patronatos regios. Los Papas delegaron, a t\u00ed\u00adtulo de privilegio, una parte importante de su ju\u00adrisdicci\u00f3n a estos monarcas cat\u00f3licos. Era una soluci\u00f3n de emergencia. La propagaci\u00f3n de la fe deber\u00eda ser el fin principal de la colonizaci\u00f3n. El pa\u00adtronato regio dirige la evangelizaci\u00f3n a costa del erario p\u00fablico, construye iglesias, sustenta el cul\u00adto y a los cl\u00e9rigos, presenta personas para los ofi\u00adcios eclesi\u00e1sticos, garantiza la ense\u00f1anza religio\u00adsa\u2026 Espa\u00f1a envi\u00f3 un promedio de 90 misioneros al a\u00f1o durante el s. XVI y unos 100 al a\u00f1o duran\u00adte el s. XVII. Los patronatos fueron eficaces en su momento. El a\u00f1o que naci\u00f3 el Sr. Vicente (1580), hab\u00eda en la Am\u00e9rica espa\u00f1ola 5 arzobispados, 24 obispados y 370 casas religiosas. Ese mismo a\u00f1o se cre\u00f3 la di\u00f3cesis de Manila (Filipinas).<\/p>\n<p>Para el tiempo del nacimiento del Sr. Vicen\u00adte, Roma hab\u00eda visto ya que los patronatos, no obs\u00adtante sus ventajas, le creaban dificultades. Hab\u00eda serios inconvenientes: injerencia del estado, fal\u00adta de coordinaci\u00f3n, conflictos jurisdiccionales. A ello, se junt\u00f3 el declinar pol\u00edtico de Espa\u00f1a y Por\u00adtugal. Se hac\u00eda imprescindible la creaci\u00f3n de un organismo central de la Santa Sede que dirigiera la actividad misional. De este convencimiento naci\u00f3 la S. Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide (22 junio 1622). Los patronatos siguieron en sus res\u00adpectivos territorios. Los misioneros del Sr. Vi\u00adcente no fueron \u00abpatronalistas\u00bb (de patronato), fueron \u00abpropagandistas\u00bb (de Propaganda Fide).<\/p>\n<h3>Con la hegemon\u00eda pol\u00edtica de Francia fue pasan\u00addo a ella la misional<\/h3>\n<p>En el primer tercio del s. XVII en Francia, la misi\u00f3n <em>ad gentes <\/em>lleg\u00f3 a estar muy viva entre las \u00f3rdenes religiosas. Desde 1632, los jesuitas pu\u00adblicaban sus famosas <em>Relationes <\/em>sobre misiones extranjeras. Se le\u00edan en la Corte y en muchos gru\u00adpos y comunidades. El Sr. Vicente las hac\u00eda leer en el comedor. Eran una llamada a la vida heroi\u00adca. Eran tiempos de epopeya. S. Chaplin inicia la colonizaci\u00f3n de Canad\u00e1 en 1608. All\u00ed hay un gran esfuerzo misionero franc\u00e9s y mueren los prime\u00adros m\u00e1rtires. M\u00e1s tarde, otras \u00f3rdenes (capuchi\u00adnos, dominicos, carmelitas\u2026) llegan a las Antillas y al Pr\u00f3ximo Oriente. A partir de 1640, el man\u00addato misionero prende tambi\u00e9n en el episcopa\u00addo, en el clero y hasta en los laicos. Hay una es\u00adpecie de <em>moda misionera. <\/em>De Francia, salen los primeros Vicarios Apost\u00f3licos de la S. C. de Pro\u00adpaganda Fide. Ya en 1642 se habla de fundar el Seminario de Misiones Extranjeras en Par\u00eds. En 1642, un autor an\u00f3nimo publica un buen manual de misionolog\u00eda titulado <em>Mem\u00f3ires et lnstructions chr\u00e9tiennes sur le suject des Missions \u00e9trange\u00adres. <\/em>Este libro esboza la teolog\u00eda de la misi\u00f3n y un plan completo de la organizaci\u00f3n de la misi\u00f3n extranjera. Berulle y Olier consideran que apartar a los sacerdotes diocesanos de la misi\u00f3n <em>ad gen\u00adtes <\/em>es mutilar su sacerdocio. Ven que la obliga\u00adci\u00f3n misionera brota del bautismo y de la incor\u00adporaci\u00f3n al Cuerpo M\u00edstico de Cristo. Se considera que Francia debe sustituir a Espa\u00f1a que se ha he\u00adcho indigna y ha abusado de las bendiciones con\u00adcedidas. Francia se siente el arsenal de la Iglesia. La Francia cristiana debe responder desde la Cor\u00adte a la aldea, desde los contemplativos a los hos\u00adpitalarios.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente refleja esta inquietud misione\u00adra de la iglesia de Francia en varias ocasiones. En 1643, afirma: \u00abNo lo digo s\u00f3lo por nosotros, sino de los misioneros del Oratorio, de la doctrina cris\u00adtiana, los misioneros capuchinos, de los misio\u00adneros jesuitas\u2026 Ved c\u00f3mo se van hasta las Indias, al Jap\u00f3n, al Canad\u00e1\u00bb (XI, 55-56). Cuando en 1652 le escribe el P. Dufour, a quien ha destinado a Ma\u00addagascar, alabando la vocaci\u00f3n misionera como la mayor le dice: \u00abOfr\u00e9zcase a \u00e9l (Dios) de nue\u00advo como un obrero al que ha llamado a una mi\u00adsi\u00f3n tan elevada, la m\u00e1s \u00fatil y santificadora que hay en la tierra, como es la de atraer almas al co\u00adnocimiento de Jesucristo y marchar a extender su imperio en los lugares donde el demonio reina hace tiempo. Y ahora, vemos incluso c\u00f3mo mu\u00adchos religiosos salen de sus claustros y muchos sacerdotes de su pa\u00eds para ir a predicar el evan\u00adgelio a los infieles. Y si llegaran a faltar, ser\u00eda menester quitarles a los cartujos su soledad pa\u00adra enviarlos all\u00e1\u00bb. (IV, 348). Para el Sr. Vicente, es clara la universalidad y urgencia de la vocaci\u00f3n mi\u00adsionera: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 restringimos a un punto y ponernos l\u00edmites mediante un cuarto cuando te\u00adnemos toda la circunferencia del c\u00edrculo?\u00bb (Dodin, SVP, Entretiens\u2026, p. 1030).<\/p>\n<h2>III. El sr. Vicente y la Sagrada Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide<\/h2>\n<h3>Misioneros de la sagrada Congregaci\u00f3n de Pro\u00adpaganda<\/h3>\n<p>Esta Congregaci\u00f3n est\u00e1 directa o indirecta\u00admente en todas las iniciativas ad gentes del Sr. Vicente. Hoy se llama Congregaci\u00f3n para la Evan\u00adgelizaci\u00f3n de los Pueblos. Esta Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide se crea tres a\u00f1os antes (1622) de que el Sr. Vicente funde la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (1625). La competencia de este dicas\u00adterio romano abarcaba el mundo en general, por delegaci\u00f3n del Papa, aunque, de hecho, no se in\u00admiscu\u00eda en territorios de patronatos, a no ser por v\u00eda de consejo o direcci\u00f3n normativa. Mons. In\u00adgoli, su primer secretario (1622-1649), escribi\u00f3 un famoso memorial contra el derecho de patro\u00adnato. Esta S. Congregaci\u00f3n acumulaba todas las atribuciones de todas las Congregaciones roma\u00adnas \u00aben lo referente a la fe en pa\u00edses herejes o infieles\u00bb. Al principio, ten\u00eda una competencia ge\u00adneral para ortodoxos, herejes, protestantes e in\u00adfieles. Esto influy\u00f3 al proyectar el Sr. Vicente env\u00edos de misioneros, por ejemplo, al norte de Eu\u00adropa. \u00bfD\u00f3nde encontrar misioneros? Ten\u00eda que ser, sobre todo, en Francia. De la Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide salieron, como creaci\u00f3n ori\u00adginal, los Prefectos y Vicarios Apost\u00f3licos. El P. Nacquart, primer misionero enviado por el Sr. Vi\u00adcente a Madagascar, fue Prefecto Apost\u00f3lico y los hermanos Le Vacher, Juan y Felipe, fueron Vica\u00adrios Apost\u00f3licos en Argel y T\u00fanez respectiva\u00admente.<\/p>\n<h3>Contactos del Sr. Vicente con la Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide<\/h3>\n<p>La Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide, hoy lla\u00admada Congregaci\u00f3n para la Evangelizaci\u00f3n de los Pueblos, fue decisiva en la proyecci\u00f3n misionera del Sr. Vicente. En el s. XVII, no hab\u00eda una dis\u00adtinci\u00f3n clara entre misiones interiores y extranje\u00adras. En una repetici\u00f3n de oraci\u00f3n (1657), dice el Sr. Vicente: \u00abLa sagrada Congregaci\u00f3n de Pro\u00ad paganda Fide es la que tiene el poder de enviar a dichas misiones, ya que el Papa que es el \u00fanico que tiene poder para enviar misioneros por todo el mundo, le ha concedido esta facultad y este en\u00adcargo. Esta Congregaci\u00f3n ha recibido poder del Papa para enviar por toda la tierra y es la que nos ha enviado a nosotros. Pues bien, \u00bfno es \u00e9sta una verdadera vocaci\u00f3n?\u00bb (XI, 297). A partir de la fun\u00addaci\u00f3n de la casa de Roma (1641), la relaci\u00f3n del Sr. Vicente con la Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide fue frecuente para informar, para exponer sus iniciativas misioneras y escuchar las propuestas de ese dicasterio, para pedir licencias\u2026 En Cos\u00adte podemos ver un largo epistolario (IV, 26, 86-88, 92-94, 289-291, 320-3, 458, 509); (V, 16-19, 403- 5, 524, 547); (VII, 179); (VIII, 114, 229).<\/p>\n<h3>La casa de Roma y el Colegio-Seminario de la Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide<\/h3>\n<p>Es esta casa la \u00fanica que abre el Sr. Vicente por propia iniciativa. Le permite el contacto di\u00adrecto con la Santa Sede. Mons. Ingoli aprob\u00f3 su apertura (X, 345). El nuevo esp\u00edritu que animaba a los Sacerdotes de la Misi\u00f3n pronto impresion\u00f3 a la Curia Romana. En Roma, va buscando el Sr, Vicente firmeza y catolicidad para su misi\u00f3n. El Pa\u00adpa Alejandro VII hab\u00eda encomendado la direcci\u00f3n espiritual del Colegio-Seminario de la Congrega\u00adci\u00f3n de Propaganda Fide a los misioneros del Sr. Vicente 11657). El Sr. Vicente anima al P. Jolly a que cuide la formaci\u00f3n de esos alumnos \u00abque van a ir por todos los rincones de la tierra\u00bb. Cuan\u00addo la Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide pens\u00f3 agregar a este colegio un seminario para sacer\u00addotes destinados a la misi\u00f3n ad gentes quiso en\u00adcargar a los misioneros del Sr. Vicente incluso la direcci\u00f3n disciplinar del mismo. El Sr. Vicente ve las dificultades operativas, pero a pesar de todo, dice: \u00abBendito sea Dios que piensa en esta po\u00adbre y ruin Compa\u00f1\u00eda para servir a la Iglesia Uni\u00adversal\u2026 Si Su Santidad acepta la propuesta &#8216;in nomine Domini&#8217; habr\u00e1 que obedecer\u00bb (VI, 495); Cfr. ; (VII, 359). En su \u00faltima carta al P. Joily, su\u00adperior de Roma, un mes antes de morir (13-VIII\u00ad1660) le dice: \u00abDoy gracias a Dios de que le ha\u00adya llegado el proyecto que se ha formado en Ro\u00adma de establecer all\u00ed un seminario para las mi\u00adsiones extranjeras. Si Dios quiere su ejecuci\u00f3n se servir\u00e1 de Vd. y le dar\u00e1 su bendici\u00f3n\u00bb (VI II, 359).<\/p>\n<h2>IV. La hora de la misi\u00f3n Ad Gentes<\/h2>\n<p>El Sr. Vicente vivi\u00f3 60 a\u00f1os de sacerdocio (1600-1660). Fueron a\u00f1os de cambio acelerado y profundo en la Iglesia francesa. A\u00f1os de recep\u00adci\u00f3n tard\u00eda de Trento y de reforma cat\u00f3lica. La idea de misi\u00f3n <em>ad gentes, <\/em>en el Sr. Vicente, no surge <em>ex nihilo. <\/em>No hay un salto cualitativo entre la misi\u00f3n a los pobres de Francia y la misi\u00f3n a los pobres infieles. Su proyecto de misi\u00f3n es una respuesta actual y abierta a las necesidades de la Iglesia postridentina. Poco a poco constatar\u00e1 la dimensi\u00f3n universal de su obra (XI, 395). Dijimos que en el s. XVII no hab\u00eda una clara distinci\u00f3n en\u00adtre misiones interiores y extranjeras. Hay en el Sr. Vicente una evoluci\u00f3n <em>in crescendo. <\/em>Al menos en el subconsciente, que es donde decidimos la ma\u00adyor parte de las cosas, el Sr. Vicente act\u00faa as\u00ed. El mero hecho de pedir que su Congregaci\u00f3n sea re\u00adconocida como de derecho pontificio implicaba ya la apertura a la misi\u00f3n universal. Por eso la Con\u00adgregaci\u00f3n de Propaganda Fide le contesta: <em>\u00abSi se instituyese una congregaci\u00f3n que tenga como finalidad las misiones, como es \u00e9sta, se indigna\u00adr\u00edan las dem\u00e1s congregaciones que no querr\u00edan ya suministrar misioneros a esta Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide\u00bb <\/em>(X, 270). La Congregaci\u00f3n de Propaganda estaba en intensa captaci\u00f3n de mi\u00adsioneros. En la Bula de aprobaci\u00f3n de su Con\u00adgregaci\u00f3n, el Papa habla de <em>\u00abcasas que se fun\u00adden en cualquier sitio\u00bb <\/em>(X, 316).<\/p>\n<p>La escasez de personal, los compromisos con los obispos franceses y las peticiones de nuevas fundaciones le impiden pensar en el exterior. Acababa de nacer su Congregaci\u00f3n. En 1639, ca\u00adtorce a\u00f1os despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, le dice a Mons. Ingoli que le ha propuesto unir la Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n a la C. de Propaganda Fide: <em>\u00abCuando le habl\u00e9 de enviarle misioneros se tra\u00adtaba de una simple propuesta. Pero ahora me se\u00adr\u00eda imposible porque, al presente, hemos au\u00admentado el n\u00famero de misioneros de Aguillon, hemos dado otros cuatro para fundar en Alet y vamos a enviar otros cuatro a Ginebra\u00bb <\/em>(1, 573). En 1642, escrib\u00eda el P. Codoing: <em>\u00abEsta peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda se ha educado en esta disposici\u00f3n de que dej\u00e1ndolo todo, cuando quiera Su Santidad enviarla &#8216;a ca pite ad calcem&#8217; a esos pa\u00edses, ir\u00e1 de muy buen grado\u00bb <\/em>(II, 214). En la obediencia al P. Nacquart, al enviarlo a Madagascar (1648), le in\u00addica que, de acuerdo con las Reglas que existen ya desde la aprobaci\u00f3n de la comunidad, la mi\u00adsi\u00f3n \u00abad gentes\u00bb est\u00e1 aceptada en la Congrega\u00adci\u00f3n de la Misi\u00f3n si Dios llama: <em>\u00abSeg\u00fan las Re\u00adglas de nuestro Instituto estamos obligados a atender a la salvaci\u00f3n de las almas en cualquier sitio a donde Dios nos llame, sobre todo en lu\u00adgares donde hay mayor necesidad y faltan otros operarios evang\u00e9licos\u2026 y sabiendo que en las Indias, especialmente en la Isla de Madagascar, hay una gran penuria de operarios y es muy abun\u00addante la mies\u2026 os destinamos y os enviamos por la presente para que, seg\u00fan las funciones de nuestro Instituto, os dediqu\u00e9is a la salvaci\u00f3n de las almas\u00bb <\/em>(X, 379).<\/p>\n<h2>V. Evoluci\u00f3n del compromiso misionero del sr. Vicente siempre <em>in crescendo<\/em><\/h2>\n<p>Podemos ver los jalones m\u00e1s importantes en su evoluci\u00f3n respecto a la misi\u00f3n <em>ad gentes. <\/em>A sus 54 a\u00f1os (1634), nueve a\u00f1os despu\u00e9s de fundada la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, habla de un joven maronita de Constantinopla, que estaba en con\u00adtacto con el P. Coudray en Roma y manifiesta in\u00adter\u00e9s por la Compa\u00f1\u00eda (1, 253). Ten\u00eda 59 a\u00f1os (1639) cuando escribi\u00f3 el escrito m\u00e1s antiguo que con\u00adservamos en que alude a la misi\u00f3n extranjera. Es una carta al P. Lebreton en Roma para Mons. In\u00adgoli (1, 573) Cfr. ; (1, 539-543). En 1604, Mons. In\u00adgoli le pide dos misioneros para acompa\u00f1ar a un obispo de otra comunidad a la misi\u00f3n de Per\u00adnanbuco (Brasil). Deber\u00e1n ser de Avi\u00f1\u00f3n. El Sr. Vi\u00adcente no se niega, pero trata de buscarlos en otra comunidad. No tiene a nadie en Avi\u00f1\u00f3n. Esta\u00adblece un principio claro: S\u00f3lo el Papa puede en\u00adviar <em>ad gentes y <\/em>todos los eclesi\u00e1sticos tienen obligaci\u00f3n de obedecerlo. Al celebrar la misa, tie\u00adne una experiencia privilegiada y ofrece a su Di\u00advina Majestad la Compa\u00f1\u00eda para ir <em>\u00aba donde Su Santidad ordene\u00bb <\/em>(II, 45-46). Matiza, sin embar\u00adgo, su ofrecimiento pidiendo que la direcci\u00f3n y dis\u00adciplina de los misioneros enviados est\u00e9 en manos del Superior General. En el per\u00edodo de 1643-47, la Congregaci\u00f3n de Propaganda pide Sacerdotes de la Misi\u00f3n para Persia. Uno deber\u00e1 suceder a Mons. Duval, obispo de Babilonia. El Sr. Vicente est\u00e1 enterado de lo que se trama por <em>\u00abuna bue\u00adna religiosa\u00bb. <\/em>Pero quiere mayor evidencia de que es la voluntad de Dios. Por una parte, sabe que alguien ha dicho que \u00ab<em>los misioneros que no van a socorrer a las almas infieles que perecen est\u00e1n en camino de condenaci\u00f3n\u00bb <\/em>(II, 346), pero, en con\u00adtra, est\u00e1 la escasez de misioneros y el que hay muchas razones para dudar que el Se\u00f1or quiera sacar obispos del cuerpo de la Compa\u00f1\u00eda y que ahora no hay nada que hacer en Babilonia donde est\u00e1 prohibido hablar contra la religi\u00f3n de Maho\u00adma so pena de muerte (II, 346-347). A pesar de todo, su conciencia de la urgencia misionera es tal que est\u00e1 dispuesto a pasar por encima de to\u00addo. Sabe que all\u00ed sobra el boato episcopal como sucede con los obispos armenios. Nuestro Se\u00f1or y los ap\u00f3stoles renunciaron a toda pompa. Dir\u00e1 m\u00e1s tarde: <em>\u00abSomos nosotros los que llevarnos la talega al hombro,\u2026 pobres espigadores detr\u00e1s de los grandes misioneros\u00bb <\/em>(XI, 189). Al fin, deci\u00adde desprenderse de uno de sus dos asistentes, el P. Lamberto aux Couteaux, y le escribe a Mons. Ingoli dici\u00e9ndole: <em>\u00abEs como si me arrancaran un ojo o me cortaran un brazo\u00bb <\/em>(III, 147). Tambi\u00e9n hab\u00eda que desembolsar 6. 000 escudos. Despu\u00e9s de todo, no se pudo llevar a cabo esta misi\u00f3n sin que sepamos por qu\u00e9. En 1645, env\u00eda misione\u00adros a T\u00fanez para atender a esclavos cristianos. En 1646, env\u00eda al P. Le Soudier a Sal\u00e9 (Marruecos).<\/p>\n<p>Un padre recoleto le gana la delantera y el Sr. Vi\u00adcente le ordena detenerse en Marsella (III, 430). Esto le escarment\u00f3 y no mandar\u00e1 ya a nadie sin facultades previas. Este mismo a\u00f1o, dos misio\u00adneros Regaron a Argel para atender a los cristia\u00adnos esclavos. Otros llegaron a Irlanda aplastada por las tropas protestantes. En esta naci\u00f3n mu\u00adri\u00f3 en 1651 Tadeo Lee a manos de las tropas que le cortaron las manos y los pies en presencia de su madre. Es el protom\u00e1rtir de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. En 1647, se nota un cambio en el Sr. Vicente. El no tener las casas llenas en Fran\u00adcia ya no es un motivo para no enviar misioneros <em>ad gentes. (III, 143). <\/em>En 1648, <em>motu propio, <\/em>el Sr. Vicente pide a la Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide la autorizaci\u00f3n para dirigir la misi\u00f3n de las tres Arabias y le ruega tenga a bien designar un vice\u00adprefecto (III, 309, 348). No lleg\u00f3 a materializarse. En 1651, los misioneros llegan a Escocia e Islas H\u00e9bridas. En 1652, piensa en Am\u00e9rica, en una ex\u00adpedici\u00f3n a la Guayana. No se lograr\u00e1 porque el que la organiza no tiene las facultades de la Congre\u00adgaci\u00f3n de Propaganda Fide. Entre 1654-55, hay conversaciones para enviar misioneros a Suecia y Dinamarca. En 1656, la Congregaci\u00f3n pide un misionero para el L\u00edbano. El Sr. Vicente ofrece a Thomas Berthe. No se pudo realizar. En 1648, asume una acci\u00f3n misionera directa encarg\u00e1n\u00addose su Compa\u00f1\u00eda de la misi\u00f3n de Madagascar.<\/p>\n<p>Muchos misioneros de distintas \u00f3rdenes vi\u00adsitaban al Sr. Vicente, unos para pedirle fondos dadas sus influencias (IV, 349), otros para que hi\u00adciera de mediador entre misioneros. El Sr. Vi\u00adcente apoy\u00f3 al Sr. Pallu, miembro de la Confe\u00adrencia de los Martes, que fue cofundador de la Sociedad de Misiones Extranjeras de Par\u00eds. Dicho se\u00f1or se alojaba, en Roma, en la casa de los mi\u00adsioneros del Sr. Vicente (VI, 540). La actitud del Sr. Vicente, ante las misiones <em>ad gentes, <\/em>pasa de la <em>\u00abadmiraci\u00f3n y oraci\u00f3n\u00bb <\/em>en 1639 (II, 212), al <em>\u00abgran afecto y devoci\u00f3n\u00bb <\/em>(III, 35), de impresionarle mu\u00adcho esa vocaci\u00f3n (II, 400) a considerarla <em>\u00abla m\u00e1s \u00fatil y santificadora que hay en la tierra\u00bb <\/em>(IV, 348). Al asumir la misi\u00f3n de Madagascar, la misi\u00f3n <em>ad gentes <\/em>tiene un lugar esencial e intenso en su pro\u00adyecto misionero.<\/p>\n<h2>VI. Motivaci\u00f3n misionera del sr. Vicente<\/h2>\n<p>Sin pretender sistematizar, que no es la in\u00adtenci\u00f3n, ni el estilo del Sr. Vicente, vamos a tra\u00adtar de ver los motivos que tiene el Sr. Vicente pa\u00adra su compromiso misionero <em>ad gentes. <\/em><\/p>\n<h3>Un amor misionero<\/h3>\n<p>Justamente se le ha llamado \u00abap\u00f3stol de la caridad\u00bb. Pero, \u00a1cuidado con reducionismos! La caridad es multidimensional. El amor fontal del Pa\u00addre es el origen de todos los env\u00edos, de todas las misiones. Dios lo tiene todo y quiere compartir\u00adlo, quiere que seamos felices. El amor de Dios es expansivo, desbordante. <em>El amor le hizo al Padre entregar a su Hijo <\/em>(IX, 147; XI, 535). La misi\u00f3n de la Iglesia tiene su origen en ese amor (C. Vat. II., AG 2).<\/p>\n<p>La caridad, por naturaleza, necesita comuni\u00adcarse, es misionera y el misionero debe actuar mo\u00advido por esa caridad apost\u00f3lica (C. Vat. II., AG 7). En el carisma vicenciano, la caridad tiene la pri\u00admac\u00eda. Es el amor universal, afectivo y efectivo. Los misioneros del Sr. Vicente no son religiosos y no est\u00e1n, como se dec\u00eda antes, en estado de perfecci\u00f3n, sino <em>\u00aben estado de caridad\u00bb <\/em>(XV, 564). El misionero cumple su misi\u00f3n porque ama a Cris\u00adto y a quienes \u00e9l ama: <em>\u00abEl estado de la Misi\u00f3n es un estado de amor\u2026, que hace profesi\u00f3n de lle\u00advar al mundo a la estima y al amor de nuestro Se\u00ad\u00f1or\u00bb <\/em>(XV, 736), Los misioneros que contin\u00faan la misi\u00f3n de Cristo han de estar llenos de su esp\u00ed\u00adritu de compasi\u00f3n y misericordia. El amor es el medio m\u00e1s eficaz de convertir herejes (II, 377). El misionero debe transmitir ese amor de Dios en Cristo que le env\u00eda. Debe llevar a todas partes su fuego, a todas partes ese fuego de amor\u2026: a Ber\u00adber\u00eda, las Indias, el Jap\u00f3n (XI, 190). Nos escogi\u00f3 para llevar ese amor a toda la tierra: <em>\u00abHemos si\u00addo escogidos por Dios como instrumentos de su caridad inmensa y paternal que desea reinar y ensancharse en las almas\u2026 Por tanto, nuestra vocaci\u00f3n consiste en ir, no a una parroquia, ni s\u00f3\u00adlo a una di\u00f3cesis, sino por toda la tierra; \u00bfpara qu\u00e9? para abrasar los corazones de todos los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios que vino a traer fuego a la tierra para inflamar\u00eda de su amor\u2026 He sido enviado no s\u00f3lo para amar a Dios, sino para hacerlo amar. No me basta con amar a Dios si no lo ama mi pr\u00f3jimo\u00bb <\/em>(XI, 553-554). Para llevar ese amor a todo el mundo, el misionero debe experimentarlo primero \u00e9l: <em>\u00abSi es cierto que hemos sido llamados para llevar a nuestro alre\u00addedor y por todo el mundo el amor de Dios, si he\u00admos de inflamar con \u00e9l a todas las naciones, si tenemos la vocaci\u00f3n de ir a encender este fue\u00adgo divino por toda la tierra, si esto es asi: \u00a1cu\u00e1n\u00adto he de arder yo mismo en este fuego divino!\u00bb <\/em>(XI, 554).<\/p>\n<p>El amor misionero es fuerte hasta la muerte: \u00abEntregu\u00e9monos a Dios para ir por toda la tierra a llevar su santo evangelio\u2026 Que no nos arre\u00addren las dificultades; se trata de fa gloria del Pa\u00addre Eterno y de la eficacia de la palabra y de la pasi\u00f3n de su Hijo\u00bb (XI, 290). La salvaci\u00f3n de los hombres es un asunto tan importante que han de emplearse todas nuestras fuerzas, aunque mu\u00adramos \u00abcon las armas en la mano\u00bb. Por un mi\u00adsionero m\u00e1rtir por caridad, Dios suscitar\u00e1 otros (XI, 290).<\/p>\n<h3>Evangelizaci\u00f3n y salvaci\u00f3n<\/h3>\n<p>El Sr. Vicente defendi\u00f3 con todas sus fuerzas, contra el jansenismo, la universalidad de la re\u00addenci\u00f3n. Cristo muri\u00f3 por todos. Le interesan las verdades fundamentales de la soteriolog\u00eda por su incidencia misionera. El jansenismo de su tiem\u00adpo habla del papel casi exclusivo de la gracia en la salvaci\u00f3n del hombre sin que apenas importe la colaboraci\u00f3n humana, habla de una Iglesia co\u00adrrompida que Dios quiere destruir, de una Iglesia de \u00e9lites. Niega la redenci\u00f3n universal y en su ri\u00adgorismo moral y espiritual separa al pueblo de los sacramentos. Nada m\u00e1s contrario a la intuici\u00f3n fundamental de san Vicente y a su vocaci\u00f3n co\u00admo instrumento del amor misericordioso de Dios para la salvaci\u00f3n de todos (III, 300-304). El Sr. Vi\u00adcente afirmar\u00e1 que Dios no quiere destruir la Igle\u00adsia, sino reformarla desde dentro, una Iglesia uni\u00adversal abierta a todos. Estas herej\u00edas encienden su celo por la propagaci\u00f3n de la Iglesia en otros pa\u00edses (III, 37, 165; XI, 244, 245, 289).<\/p>\n<p>En la l\u00ednea de la teolog\u00eda de su tiempo, el Sr. Vicente piensa que la salvaci\u00f3n est\u00e1 \u00edntimamen\u00adte ligada al anuncio de la Palabra y al conocimiento de los misterios fundamentales de nuestra fe (XI, 387-388). Los te\u00f3logos est\u00e1n divididos sobre qu\u00e9 es necesario conocer para salvarse. El Sr. Vi\u00adcente sabe que muchos autores no est\u00e1n de acuerdo con san Agust\u00edn y santo Tom\u00e1s y otros porque es muy exigente el conocimiento que pi\u00adden. A \u00e9l tambi\u00e9n le parece duro ese requeri\u00admiento. Pero, por ir a lo seguro, repite mucho la necesidad de instruir a todos en las verdades ne\u00adcesarias para la salvaci\u00f3n. Unos, por ejemplo exi\u00adg\u00edan la fe expl\u00edcita en Cristo, otros dec\u00edan que bastaba la impl\u00edcita. \u00bfQu\u00e9 pasa con el viejo prin\u00adcipio <em>Fuera de la Iglesia no hay salvaci\u00f3n? <\/em>En los s. XVI y XVII, se recrudeci\u00f3 la controversia por el descubrimiento de enormes poblaciones de in\u00add\u00edgenas no cristianos. Ya los Padres hab\u00edan ha\u00adblado de una acci\u00f3n de Dios en los paganos que invenciblemente desconozcan los misterios fun\u00addamentales de nuestra fe y sigan la ley natural. Se dec\u00eda: <em>Facienti quod est in se Deus non de\u00adnegat gratiam. <\/em>Hoy, sabemos que, por caminos que Dios s\u00f3lo conoce, Dios les puede hacer par\u00adticipar en el misterio de Cristo. Pero los infieles siguen estando fuera del modo ordinario de sal\u00advaci\u00f3n inaugurado por Cristo. De ah\u00ed, la necesidad de las misiones.<\/p>\n<h3>Tenemos las mismas cartas de misi\u00f3n que los ap\u00f3stoles<\/h3>\n<p>Al hablar del peque\u00f1o m\u00e9todo, el Sr, Vicente afirma que el solemne mandato misionero del Se\u00f1or Resucitado: \u00ab<em>Euntes in mundum\u2026 Id por todo el mundo, in mundum universum, por todo el mundo y predicad el evangelio a toda creatu\u00adra\u00bb <\/em>(Mt, 28, 1 6) se dirige tambi\u00e9n a toda la Com\u00adpa\u00f1\u00eda: <em>\u00ab\u00a1Oh Salvador! Nosotros tenemos las mis\u00admas cartas credenciales que los ap\u00f3stoles\u00bb <\/em>(XI, 165). Este ep\u00edlogo de Mateo es la clave y re\u00adsumen de todo el evangelio. Es un \u00abId\u00bb univer\u00adsal, sin l\u00edmites. \u00abId\u00bb, no esper\u00e9is a que vengan. Se pregunta el Sr. Vicente <em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 quiere decir misionero? Quiere decir enviado de Dios. A vo\u00adsotros es a quienes os ha dicho el Se\u00f1or: &#8216;Eun\u00adtes in mundum universum, praedicate evange\u00adlium omni creaturae'\u00bb. <\/em>Hay que estar dispuesto a dejar comodidades y descanso para ir a esas tie\u00adrras <em>\u00abb\u00e1rbaras e infieles\u00bb <\/em>(XI, 342, 764).<\/p>\n<h3>La Iglesia tiene la palabra<\/h3>\n<p>El Sr. Vicente, hombre de fe, ve a Cristo Hijo del Padre, pero, a la vez, lo ve hombre concreto, evangelizador como lo describen los sin\u00f3pticos. Cristo es la <em>regla de la Misi\u00f3n. <\/em>La Iglesia es con\u00adtinuadora de esa misi\u00f3n de Cristo y, para ello, de\u00adbe estar movida por su Esp\u00edritu. La eclesiolog\u00eda del Sr. Vicente, aunque belarminiana, no olvida la Iglesia como misterio y proyecto salvador. Aplica a la Iglesia las im\u00e1genes b\u00edblicas de Cuerpo de Cristo, Santa Esposa del Salvador, vi\u00f1a del Se\u00f1or, mies,\u2026 Las dos \u00faltimas las usa en un contexto directamente misionero (VIII, 114, 115). Con la ca\u00adtegor\u00eda \u00abReino de Dios\u00bb, el Sr. Vicente explica la vocaci\u00f3n misionera de la Iglesia (XI, 281, 387). Dios reina, sobre todo en los justos, pero ese reinado debe extenderse por la conquista de las almas. El Sr. Vicente, desde su mirada de fe, respeto y cari\u00f1o, defiende y reconoce al Papa <em>\u00abcomo otra especie de hombre\u00bb <\/em>(XI, 692). <em>El puede enviar mi\u00adsioneros \u00abad gentes\u00bb <\/em>(III, 147). Su Compa\u00f1\u00eda se ha educado en esta disposici\u00f3n de obediencia y de atenerse a la voluntad de Dios que se mani\u00adfiesta por el Papa (II, 214). Dios habla por <em>\u00abaque\u00adllos en quienes reside el poder o por la pura ne\u00adcesidad\u00bb <\/em>(XI, 396).<\/p>\n<h3>En la l\u00f3gica de Folleville y Ch\u00e2tillon<\/h3>\n<p>Los infieles son pobres. Surgen nuevos pobres a medida que se ensancha el horizonte geogr\u00e1fi\u00adco. No son las misiones <em>ad gentes <\/em>cronol\u00f3gica\u00admente las primeras, ni el fin propio y \u00fanico de sus fundaciones, pero, como consecuencia de su ser\u00advicio a Cristo en el pobre, deber\u00e1n los misione\u00adros del Sr. Vicente ir a cualquier lugar donde el pobre se encuentre (P. Richard McCullen). Hoy coincide que los pa\u00edses m\u00e1s de misi\u00f3n son los m\u00e1s pobres, el Tercer Mundo. Le dice al P. Nac\u00adquart, primer misionero de Madagascar: <em>\u00abHay que tener el coraz\u00f3n del Hijo de Dios que nos dispone para ir, como \u00e9l hubiera ido, si hubiese cre\u00eddo conveniente la sabidur\u00eda divina, a predicar la conversi\u00f3n a las naciones pobres<\/em>\u00bb (XI, 190). Ad\u00advierte a los suyos: \u00abTened cuidado, no sea que Dios os retire esa gracia y os castigue quit\u00e1ndo\u00ados esa vocaci\u00f3n\u00bb (XI, 188).<\/p>\n<h3>Los m\u00e1s alejados son los m\u00e1s abandonados<\/h3>\n<p>Los m\u00e1s alejados <em>(ale plus eloign\u00e9es) <\/em>son los m\u00e1s abandonados (\u00ab<em>le plus abandonn\u00e9es}. <\/em>La ex\u00adpresi\u00f3n \u00ablos m\u00e1s lejanos\u00bb, en boca del Sr. Vi\u00adcente, significa el superlativo de la miseria y aban\u00addono espiritual y material. Las necesidades de aqu\u00ed no pueden ser objeci\u00f3n para no ir a Mada\u00adgascar, a las Indias, a Berber\u00eda, a pa\u00edses lejanos. Nuestra vocaci\u00f3n de \u00abevangelizare pauperibus\u00bb es aqu\u00ed y all\u00ed. El que piense de otra manera es un falso hermano. Hay que acercarse a los que es\u00adt\u00e1n lejos sin alejarse de los que est\u00e1n cerca (XI, 395-397). Pide a Dios que los misioneros es\u00adt\u00e9n siempre preparados para ir a <em>pa\u00edses lejanos. <\/em>Se pregunta si es mejor pedir el ir a pa\u00edses leja\u00adnos o no pedir ni rehusar nada. Al menos, pide a sus misioneros esta disponibilidad, un estado de \u00abindiferencia\u00bb, para ir a pa\u00edses lejanos. Si hay al\u00adguna dificultad, se expondr\u00e1 al superior y se es\u00adtar\u00e1 a lo que \u00e9l diga (XI, 362).<\/p>\n<h3>Peligro de que desaparezca la Iglesia en Europa<\/h3>\n<p>Este es un motivo personal, circunstancial. La ignorancia, la corrupci\u00f3n y la herej\u00eda hacen estra\u00adgos en Europa. Crece en oleadas el celo del Sr. Vicente ante la situaci\u00f3n. Repite su temor de que desaparezca la Iglesia de Europa por las depra\u00advadas costumbres. Esto le enciende en celo por propagar la Iglesia por los pa\u00edses no cristianos. Te\u00adme que, por ejemplo, en cien a\u00f1os haya desapa\u00adrecido la Iglesia de Europa. Piensa que tal vez Dios quiera trasladar la Iglesia a otras partes. El Se\u00f1or ha prometido que est\u00e1 con la Iglesia has\u00adta el fin del mundo, pero no ha prometido que es\u00adtar\u00e1 establecida aqu\u00ed o all\u00ed. En alguna ocasi\u00f3n cul\u00adpa a los sacerdotes por la situaci\u00f3n, que pueden ser los mayores enemigos de la Iglesia (XI, 244, 245, 289. Cfr. ;III, 37, 165).<\/p>\n<h2>VII. La misi\u00f3n de Madagascar<\/h2>\n<h3>Comienzos de la evangelizaci\u00f3n de una Isla que est\u00e1 \u00abbajo Capricornio\u00bb<\/h3>\n<p>As\u00ed la llama el Sr. Vicente. Es \u00e9sta la acci\u00f3n misionera <em>ad gentes <\/em>m\u00e1s importante realizada por el Sr. Vicente y sus misioneros. Esta isla fue descubierta por los portugueses en 1500. Era punto de apoyo en la ruta a la India. Los domini\u00ad cos y jesuitas portugueses iniciaron una reduci\u00adda evangelizaci\u00f3n en el sur de la Isla. Ahora era colonia francesa. Esta Congregaci\u00f3n estaba tra\u00adtando con los carmelitas descalzos cuando el Nun\u00adcio de Par\u00eds se adelant\u00f3 y contact\u00f3 al Sr. Vicen\u00adte. Los carmelitas renunciaron a hacerse cargo y la Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide encarg\u00f3 al Sr. Vicente la responsabilidad de evangelizar la Is\u00adla. En Madagascar estaba todo por hacer. El Sr. Vicente despu\u00e9s de consultar a los suyos, ve cla\u00adra la voluntad de Dios (III, 255;1V, 354;VI, 21;X, 382).<\/p>\n<p>El sistema de colonizaci\u00f3n franc\u00e9s se pare\u00adc\u00eda al anglo-holand\u00e9s. Se hac\u00eda por compa\u00f1\u00edas comerciales a las que el Estado conced\u00eda la co\u00adlonizaci\u00f3n y explotaci\u00f3n del territorio. Ten\u00edan obli\u00adgaci\u00f3n de llevar sacerdotes para atender a los co\u00adlonos y evangelizar a los ind\u00edgenas. La Sociedad de Oriente ten\u00eda el monopolio desde 1642. Le iba mal en el negocio. Luego entr\u00f3 su rival el duque de Meilleraye. La rivalidad entre ambos afect\u00f3 al Sr. Vicente que mezcl\u00f3 admirablemente su hu\u00admilde obsequio y su firmeza. No hab\u00eda barcos cuando se quer\u00eda. Sal\u00edan cuando sal\u00edan. Los fran\u00adceses hab\u00edan establecido un fuerte en el sur de la Isla, en Fort-Dauphin.<\/p>\n<h3>Dificultades de todas clases<\/h3>\n<p>Los colonos eran en su mayor parte aventu\u00adreros, ex-presos, desgarrados buscadores de ga\u00adnancias f\u00e1ciles. Tambi\u00e9n hab\u00eda hugonotes. El pri\u00admer Gobernador, Sr. Pronis, era hugonote. El Sr. Flacourt, que le sucedi\u00f3, era un hombre terco, au\u00adtoritario, que miraba s\u00f3lo el inter\u00e9s comercial. S\u00f3\u00adlo cre\u00eda en la fuerza. Pensaba que los nativos no eran hombres. No se aten\u00eda a lo estipulado con los misioneros. El P. Nacquart le dice al Sr. Vicente que no se f\u00ede de lo que oye. Quisiera volver a Francia para informar. El P. Nacquart se plantea el problema de las guerras injustas contra los na\u00adtivos con robos, incendios, muertes, inmoralida\u00addes,\u2026 Muy dif\u00edcil se lo pon\u00edan a los misioneros con tan malos ejemplos. Los ind\u00edgenas ten\u00edan una religi\u00f3n polite\u00edsta dirigida a los <em>\u00abolis\u00bb. <\/em>Ten\u00edan pavor al diablo y de ah\u00ed la gran influencia de los <em>\u00abombiases\u00bb <\/em>(hechiceros). Era una isla descono\u00adcida. Los ind\u00edgenas, al ser robados, traicionados,\u2026 se hac\u00edan violentos. Dos misioneros murieron a garrotazos despu\u00e9s de haber tratado de envene\u00adnarlos.<\/p>\n<h3>Distancias y comunicaciones<\/h3>\n<p>La distancia hac\u00eda la misi\u00f3n casi imposible. La traves\u00eda duraba seis meses en el mejor de los casos. Era una odisea. Muchos mor\u00edan en el in\u00adtento. Los barcos no eran galeones espa\u00f1oles o portugueses, sino barcos privados peque\u00f1os, de poca garant\u00eda. Montarse en ellos supon\u00eda auda\u00adcia y gran motivaci\u00f3n. De las seis expediciones que tuvieron lugar en tiempo del Sr. Vicente, en tres, hubo naufragios.<\/p>\n<h3>Las seis expediciones en vida del Sr. Vicente<\/h3>\n<p>El Sr. Vicente tiene conciencia de que la mi\u00adsi\u00f3n ad gentes es la m\u00e1s alta y contagia esa con\u00advicci\u00f3n a sus misioneros. Los que llegaron fueron de las tres primeras expediciones. Envi\u00f3 21 mi\u00adsioneros, tres repetidos. La edad media era de 35 a\u00f1os, el m\u00e1s joven ten\u00eda veintid\u00f3s y el mayor 47. Todos duraron poco en la Isla. El que m\u00e1s dos a\u00f1os, un mes y catorce d\u00edas. La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n tendr\u00eda entonces (1648) unos 200 miem\u00adbros. En vida del Sr. Vicente dur\u00f3 la aventura do\u00adce a\u00f1os (1648-1660). Despu\u00e9s de muerto, otros doce. Los misioneros iban, a tiempo completo, in\u00adcluso en el viaje daban catequesis, misiones, pre\u00adparaban para el precepto pascual, celebraban las cuarenta horas\u2026 Anunciaban la Buena Nueva don\u00adde fuera. La primera expedici\u00f3n (1648) la com\u00adpon\u00edan los PP. Nacquart (31 a\u00f1os) y Gondr\u00e9e (28 a\u00f1os). El Sr. Vicente, al destinar al P. Nacquart, le invita a echar la red con valent\u00eda, le invita a la aventura por la gloria de Dios (III, 255-260). El P. Gondr\u00e9e muri\u00f3 al a\u00f1o de llegar. El P. Nacquart que\u00add\u00f3 s\u00f3lo. Nacquart era un hombre despierto, de grandes dotes de gobierno, \u00e1gil, equilibrado, bon\u00addadoso, que hablaba con fuego e iba directo a los corazones. Entusiasmado programa su sue\u00f1o mi\u00adsionero. Sue\u00f1a con una iglesia, una comunidad de seis misioneros, un seminario para nativos, cua\u00adtro hermanos expertos en oficios, Hijas de la Ca\u00adridad\u2026 Cuatro cartas que env\u00eda al Sr. Vicente son cuatro largos informes (III, 398-409; 500-534; 536\u00ad551; 562-567). Pregunta, con San Francisco Ja\u00advier, d\u00f3nde est\u00e1n los doctores que pierden el tiempo en las academias mientras faltan quienes partan el pan a tantos pobres infieles (III, 533). Su naturaleza desbordante no tuvo en cuenta el medio en que se mov\u00eda y muri\u00f3 despu\u00e9s de una correr\u00eda apost\u00f3lica. Fue llorado por los nativos y sentido y elogiado por Flacourt. El Sr. Vicente se enter\u00f3 cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde. Maravilla c\u00f3mo en dieciocho meses (1649-50) pudo componer el pri\u00admer catecismo en malgache siguiendo el cate\u00adcismo tridentido de Francia. Supon\u00eda un gran es\u00adfuerzo expresar los contenidos de nuestra fe en una lengua sin fe equivalente. Despu\u00e9s de tres\u00adcientos a\u00f1os, este catecismo ha sido reimpreso por los luteranos y un ejemplar del mismo fue re\u00adgalado a Juan Pablo II cuando visit\u00f3 la Isla.<\/p>\n<p>La segunda expedici\u00f3n la compon\u00edan los PP. Mousnier, Bourdaise y el Hno. Forest (V, 474\u00ad482). Mousnier muri\u00f3 a los meses en una peno\u00adsa expedici\u00f3n. Bourdaise hab\u00eda tenido dificultad en sus estudios, pero el Sr. Vicente intuy\u00f3 su va- l\u00eda humana y espiritual. Qued\u00f3 s\u00f3lo y fue el que m\u00e1s tiempo dur\u00f3. Resucit\u00f3 el entusiasmo y la estima de los ind\u00edgenas. Era tenaz, inasequible al desaliento. Ten\u00eda \u00e9xito como cirujano, era m\u00e1s poderoso que los \u00abombiases\u00bb. La gente se atro\u00adpellaba por o\u00edrle y verle rezar el breviario. Mien\u00adtras, el Sr. Vicente est\u00e1 moviendo todos los re\u00adsortes para enviarle compa\u00f1eros. Est\u00e1 detr\u00e1s de todo. Le pide moderaci\u00f3n en su celo (V, 474, 497; VIII, 146). La tercera expedici\u00f3n la componen los PP. Dufour, Pr\u00e9vost y Belleville. Este \u00faltimo, hi\u00adjo de familia noble de Normand\u00eda era un hombre de gran coraje. Muri\u00f3 en el viaje al llegar a Cabo Verde y fue arrojado al mar que \u00abes el cemen\u00adterio de los que mueren en \u00e9l\u00bb comenta el Sr. Vi\u00adcente. Los otros dos misioneros murieron a los cuatro meses. Otra vez queda Bourdaise s\u00f3lo. Dice al Sr. Vicente: \u00abNo he quedado sino yo pa\u00adra darle la noticia\u00bb (VI, 186). Poco despu\u00e9s muri\u00f3 tambi\u00e9n Bourdaise de disenter\u00eda. El Sr. Vicente, al dirigirse a su comunidad, usa un ap\u00f3strofe dra\u00adm\u00e1tico (1658): \u00abP. Bourdaise, \u00bfsigue Vd. todav\u00eda vivo o no? Si est\u00e1 Vd. vivo, Dios quiera conser\u00advarle la vida. Si est\u00e1 ya en el cielo, rece por no\u00adsotros\u00bb (VI II, 145; XI, 377). La cuarta, quinta y sex\u00adta expediciones (1656, 1658, 1660), despu\u00e9s de incre\u00edbles aventuras, no pudieron llegar a Mada\u00adgascar. La cuarta expedici\u00f3n naufrag\u00f3 en la embocadura del Loira. Murieron treinta de los setenta. Entre los que se salvaron en una balsa estaba el Hno. Crist\u00f3bal que arengaba levantan\u00addo un crucifijo. Los dos sacerdotes se hab\u00edan quedado en tierra. La quinta expedici\u00f3n tuvo que atracar en Lisboa debido a una tempestad y al sa\u00adlir fue apresada por un nav\u00edo espa\u00f1ol y retorn\u00f3 a Francia (VII; 2II, 212). La sexta expedici\u00f3n enca\u00adll\u00f3 al bordear la Gironda. Se salvaron en un es\u00adquife despu\u00e9s de quince d\u00edas en el mar sin esperanza. Reanudado el viaje, encallaron en el Cabo de Buena Esperanza y recogidos por un na\u00adv\u00edo holand\u00e9s volvieron a Francia cuando ya hab\u00eda muerto el Sr. Vicente. El Sr. Vicente, misionero entre sus misioneros, est\u00e1 detr\u00e1s de todas estas aventuras y hero\u00edsmos.<\/p>\n<h3>Final de doce a\u00f1os heroicos<\/h3>\n<p>El P. Nacquart bautiz\u00f3 unos 75. Quer\u00eda ase\u00adgurarse. El P. Bourdaise bautiz\u00f3 unas 300 fami\u00adlias. Aparte de otros logros, no parece humana\u00admente hablando corresponderse el esfuerzo con los resultados. Pero el \u00edmpetu misionero que Ma\u00addagascar dio a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n per\u00addurar\u00e1 mientras \u00e9sta exista. Es la herencia del esp\u00edritu misionero del Fundador. Los muertos mandan y si son santos m\u00e1s. La fe se fortalece d\u00e1ndola. A la muerte del Sr. Vicente, su sucesor, el Sr. Almer\u00e1s, envi\u00f3 33 misioneros en los doce a\u00f1os siguientes de los cuales s\u00f3lo 2 regresaron vivos. La situaci\u00f3n se hizo insostenible: se can\u00adcelaron los viajes de las navieras, estallaron re\u00adbeliones,\u2026 El Sr. Almer\u00e1s consult\u00f3 con los m\u00e1s se\u00f1alados de la Congregaci\u00f3n y tuvo que dis\u00adcontinuar, por el momento, la misi\u00f3n. Pero nun\u00adca fue abandonada del todo. Hay una larga historia de los hijos del Sr. Vicente, all\u00ed cerca, en las Islas Mascare\u00f1as, Isla de Mauricio y Reuni\u00f3n. Desde all\u00ed, hicieron intentos de volver desde 1713. Por fin, en 1896 se reabri\u00f3 la misi\u00f3n de Madagascar, floreciente hoy. Se cumplieron las palabras del Fundador: \u00ab<em>Dios, a veces oculta a sus servidores los frutos de sus trabajos por razones muy jus\u00adtas, pero no deja de triunfar y mucho, aunque los misioneros no vean sus beneficios\u00bb<\/em><\/p>\n<h2>VIII. Notas para una misionolog\u00eda vicenciana<\/h2>\n<p>El Sr. Vicente toca la mayor parte de los te\u00admas de la misionolog\u00eda. Pero nada m\u00e1s lejano de su pensamiento que hacer elaboraciones teol\u00f3\u00adgicas. El es un hombre de acci\u00f3n. Se mueve den\u00adtro de la teolog\u00eda de su tiempo respondiendo, desde su experiencia de fe, a las preguntas que presenta la misi\u00f3n. Dispersos en sus conferen\u00adcias y cartas hay muchos temas misionol\u00f3gicos tratados de paso.<\/p>\n<h3>La finalidad de la misi\u00f3n ad gentes<\/h3>\n<p>Para el Sr. Vicente, el fin de la misi\u00f3n \u00abad gentes\u00bb es la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas (II, 45). Es el anuncio de Cristo y la exten\u00adsi\u00f3n de su Reino (IV, 348). El anuncio de Cristo con\u00adlleva la implantaci\u00f3n de su Iglesia. Por eso, dir\u00e1 que son bienaventurados los que pueden cola\u00adborar en la extensi\u00f3n de la Iglesia (III, 37). Pasa\u00addas las disputas previas al C. Vat. II, hoy se da una formulaci\u00f3n omnicomprensiva del fin de la mi\u00adsi\u00f3n que incluye todos los elementos que dis\u00adpersamente menciona el Sr. Vicente: anuncio de Cristo, implantaci\u00f3n de la Iglesia, hacer efectivos los valores del Reino (justicia, amor, solidaridad, paz\u2026). Hacer efectivo el evangelio, hacer todo lo anunciado por los profetas (XI, 391). Todo junto. Claro est\u00e1 que nada tiene que ver con lo colonial y pol\u00edtico. Por eso, el P. Nacquart se desahoga con \u00e9l repudiando los abusos de la colonia francesa en Madagascar (II, 538). Al no haber distinci\u00f3n en aquel tiempo entre misiones interiores y extran\u00adjeras (Abelly II, 118-120), el Sr, Vicente habla de dos tareas: una de defensa y crecimiento de la fe en los pa\u00edses cat\u00f3licos y otra de conversi\u00f3n en los pa\u00edses paganos como hacen los conquista\u00addores (XI, 245).<\/p>\n<h3>Clero nativo<\/h3>\n<p>El establecimiento de la Iglesia requiere obis\u00adpos y sacerdotes ind\u00edgenas. El Sr. Vicente as\u00ed lo cree y pide al Papa Inocencio X que nombre obis\u00adpos en Tonkin y Conchinchina para que evange\u00adlicen a los nativos y ordenen sacerdotes (IV, 579). Pero tiene algunas reservas contra la pronta or\u00addenaci\u00f3n de ind\u00edgenas. Recuera que \u00ab<em>los padres jesuitas siempre han puesto muchas dificultades para admitir en las \u00f3rdenes sagradas a las per\u00adsonas de aquellos pa\u00edses de las Indias\u2026 y s\u00f3lo han admitido a los hijos de padre o de madre que fue\u00adse europea\u00bb <\/em>(XI, 196). En este af\u00e1n de dar base cristiana a los ind\u00edgenas, el Sr. Vicente prepar\u00f3 y bautiz\u00f3 en Par\u00eds a un malgache esperando pu\u00addiera ser alg\u00fan d\u00eda, al menos, catequista e int\u00e9r\u00adprete de los misioneros (VI1, 70).<\/p>\n<h3>La misi\u00f3n y sus diversas tareas<\/h3>\n<p>La una y \u00fanica misi\u00f3n de la Iglesia se realiza en diversas tareas complementarias. La misi\u00f3n empieza por el testimonio. El Sr. Vicente ve a Je\u00ads\u00fas primero actuando y despu\u00e9s ense\u00f1ando. So\u00adl\u00eda decir que los misioneros no convierten por sa\u00adbios, sino por buenos. A los primeros misioneros de Madagascar les recomienda que \u00abse esfuer\u00adcen en vivir con las personas que tengan que tra\u00adtar en olor de suavidad y de buen ejemplo\u00bb (III, 257). La misi\u00f3n es tambi\u00e9n anuncio. Para el Sr. Vicente, la salvaci\u00f3n est\u00e1 ligada al anuncio de las verdades fundamentales de la fe. Al P. Nacquart le dice que conviene comenzar por demostrar la verdad del Primer Ser Soberano y la convenien\u00adcia del misterio de la Trinidad, la necesidad del mis\u00adterio de la Encarnaci\u00f3n, . ., (II1, 257-258). La misi\u00f3n como promoci\u00f3n es esencial en toda evangeliza\u00adci\u00f3n vicenciana. Se trata de cumplir lo anunciado por los profetas, de hacer efectivo el evangelio: \u00abSi alguno cree que ha venido a la misi\u00f3n para evangelizar a los pobres y no para cuidarlos, pa\u00adra remediar sus necesidades espirituales y no las temporales, le dir\u00e9 que tenemos que asistirlos y hacer que los asistan de todas las maneras\u00bb (XI, 282; XI, 393). Algunos rasgos de la misi\u00f3n como inculturaci\u00f3n aparecen claros en el Sr. Vicente. S\u00f3\u00adlo puede salvarse lo que ha sido asumido por el hombre. La cultura es parte del hombre. Cristo asumi\u00f3 todo menos el pecado (Fil 2, 7; Heb 4, 15). El Sr. Vicente recomienda a sus misioneros de Madagascar que se adapten a la gente usan\u00addo, no sutiles razonamientos de la teolog\u00eda, sino de la naturaleza, que se sirvan de cuadros e im\u00e1\u00adgenes. El Esp\u00edritu va por delante del misionero. Podr\u00e1n encontrar muchas cosas buenas (semina Verbi). Por eso \u00abel misionero no hace m\u00e1s que desarrollar en ellos las se\u00f1ales que Dios ha deja\u00addo de s\u00ed mismo\u00bb (III, 257-58). Para hacerles ver a los malgaches la maldad del hombre ca\u00eddo le di\u00adce al P. Nacquart que lo puede hacer <em>\u00abmediante los des\u00f3rdenes que ellos mismos condenan pues tambi\u00e9n ellos tienen leyes, reyes y castigos\u00bb (III, 258). <\/em>Quiz\u00e1 el elemento m\u00e1s importante de una cultura es la lengua. El Sr. Vicente reconoce que f\u00e1cilmente los misioneros pueden caer en la ten\u00adtaci\u00f3n de hablar la lengua materna. Esto le dis\u00adgusta grandemente. Entonces viene la insatis\u00adfacci\u00f3n, el decir que no se vale y el querer regresar a la patria. El Sr. Vicente es tajante. Hay que aprender la lengua del pa\u00eds, sea Polonia o Mada\u00adgascar\u2026 La Compa\u00f1\u00eda tiene que pedir a Dios el don de lenguas. No hay que desanimarse. Pone como ejemplos a los ap\u00f3stoles, a los misioneros jesuitas y al P. Nacquart que, en menos de cua\u00adtro meses, entend\u00eda y se hac\u00eda entender en mal\u00adgache (V, 508, 517;XI, 342-43, 375).<\/p>\n<h3>Selecci\u00f3n y formaci\u00f3n de las vocaciones misio\u00adneras<\/h3>\n<p>El Sr. Vicente discierne con mucho cuidado los esp\u00edritus. Prueba a las personas antes de enviar\u00adlas. Si el resultado es positivo ser\u00eda osad\u00eda resis\u00adtir al Esp\u00edritu. Est\u00e1 plenamente convencido de que los que fueron a misiones ten\u00edan vocaci\u00f3n. No duda de que Belleville, Dufour y Pr\u00e9vost fue\u00adron llamados por Dios. Los tres lo pidieron mu\u00adchas veces (XI, 296). Abelly nos informa de que no quer\u00eda mandar a nadie por su propia iniciativa. S\u00f3lo enviaba a los que lo hab\u00edan pedido varias ve\u00adces y era clara su llamada porque un hombre lla\u00admado por Dios hace m\u00e1s que muchos que no tie\u00adnen verdadera vocaci\u00f3n (Abelly, o. c., II, 461). Los dos primeros en ir a Madagascar lo hab\u00edan pedi\u00addo (III, 255). El P. Mousnier hab\u00eda hecho voto de rezar el rosario para obtener la gracia de ir a mi\u00adsiones. Al P. Dufour, al que disuadi\u00f3 de ser car\u00adtujo, cuando le pide ir a Berber\u00eda le dice: <em>\u00abSien\u00addo ese servicio una vocaci\u00f3n extraordinaria es preciso examinar y orar a Dios para que nos ha\u00adga conocer si le llama,\u2026 para tener mayor segu\u00adridad de que es la voluntad de Dios\u00bb (III, 444). <\/em>Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, lo destin\u00f3 a Madagascar, aunque tard\u00f3 cinco en marchar. Mientras tanto, Vicente manten\u00eda y alimentaba aquella vocaci\u00f3n misio\u00adnera (ES V, 398). El Se\u00f1or Vicente es exigente en las cualidades que deben tener los misioneros. Es-coge entre los mejores: <em>\u00abEn la Compa\u00f1\u00eda hay muy pocos que tengan los talentos que se ne\u00adcesitan para una misi\u00f3n de semejante importan\u00adcia\u00bb <\/em>(V, 46). El P. Nacquart es <em>\u00abla mejor hostia\u00bb y <\/em>los dos primeros misioneros de Madagascar son <em>\u00abdos de los mejores sujetos de la Compa\u00f1\u00eda\u00bb. <\/em>No considera estos env\u00edos una sangr\u00eda aunque le cuesten.<\/p>\n<p>Por otra parte, es admirable constatar c\u00f3mo en tan corto espacio de tiempo desde la funda\u00ad ci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n, el Sr. Vicente pudo en\u00adtusiasmar y preparar tantos misioneros. Collet lo ha descrito bien: <em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 fibra, qu\u00e9 coraje, qu\u00e9 grandeza de alma, qu\u00e9 desprendimiento de todo inter\u00e9s personal, qu\u00e9 celo por la gloria de Dios, qu\u00e9 talento para formar en pocos a\u00f1os, incluso meses, misioneros listos para hacerlo y sufrirlo to\u00addo. Siempre ten\u00eda misioneros que le ped\u00edan ir. J. Gu\u00e9rin, por ejemplo, hab\u00eda deseado ser m\u00e1rtir en\u00adtre los cautivos de T\u00fanez\u00bb (Collet, o. c., 1, 409). <\/em><\/p>\n<h3>Laicos misioneros<\/h3>\n<p>El Sr. Vicente es figura prof\u00e9tica y precursor en la movilizaci\u00f3n del laicado misionero. Estaba todav\u00eda muy por venir el compromiso del laico con las misiones <em>ad gentes, <\/em>que es de nuestro siglo. Pero el Sr. Vicente se enfrenta con el pen\u00adsamiento de su \u00e9poca. Discrepa de san Francis\u00adco Javier. Todos los cristianos deben evangeli\u00adzar, El fin de la primera Cofrad\u00eda est\u00e1 en la l\u00ednea del de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de las Hi\u00adjas de la Caridad. La mujer tiene tambi\u00e9n voca\u00adci\u00f3n misionera. Esta movilizaci\u00f3n de los laicos no nace de la teor\u00eda, sino del contacto con la reali\u00addad (X, 579, 645, 937, 952-533). Las Damas de la Caridad colaboraron entusiastas con la Sociedad de Misiones Extranjeras de Par\u00eds, con la misi\u00f3n de Babilonia y otras. Facilitaron ayuda a numero\u00adsas misiones (Collet, o. c., II, 61-63).<\/p>\n<h2>IX. \u00bfHijas de la Caridad, misioneras?<\/h2>\n<p>Obispos, sacerdotes y religiosos eran los \u00fani\u00adcos que iban a la misi\u00f3n extranjera. La hora de las religiosas fue el s. XIX. En la \u00e9poca del Sr. Vi\u00adcente, hab\u00eda alg\u00fan t\u00edmido intento respecto a las religiosas. Las Hilas de la Caridad, aunque no son religiosas, tienen que situarse en este contexto. El Sr. Vicente consider\u00f3 seriamente el enviar Hi\u00adjas de la Caridad a Madagascar y, si no lo hizo, fue probablemente por no ver todav\u00eda la cosa se\u00adgura y por la peligrosidad de los viajes. Pero en\u00adcendi\u00f3 en ellas la conciencia misionera. Los mi\u00adsioneros de Madagascar las piden (V, 279;IX, 743). El Sr. Vicente se lo cuenta complacido a las Her\u00admanas para animarlas (IX, 472, 473, 743). Las Her\u00admanas se entusiasman. Muchas quieren ir con los misioneros. El Sr. Vicente contesta complacido a Sor Nicolasa Har\u00e1n, que le escribi\u00f3 ofreci\u00e9ndose para Madagascar: <em>\u00abHe le\u00eddo con alegr\u00eda su carta, sobre todo por los deseos que tiene de ir a ser\u00advir a Dios en Madagascar. Ese movimiento que Dios le ha concedido de ir a Madagascar es agra\u00addable a Dios y debe continuar ofreci\u00e9ndose para ir o quedarse, seg\u00fan sea su benepl\u00e1cito\u00bb <\/em>(VI, 245). Esta Hermana fue la tercera Superiora General despu\u00e9s de Santa Luisa.<\/p>\n<p>Cuando se corri\u00f3 entre las Hermanas que al\u00adgunas se iban a embarcar, el Sr. Vicente aclara el asunto (VII, 391). Santa Luisa refleja esta in\u00adquietud misionera cuando dice que la mayor parte de las Hermanas no quieren que la em\u00adbarcaci\u00f3n vaya sin ellas. En la conferencia del 18-X-1655, sobre el fin de la Compa\u00f1\u00eda, les dice: <em>\u00abAs\u00ed es como hab\u00e9is de portaros para ser bue\u00adnas Hijas de la Caridad, para ira donde Dios quie\u00adra; si es a \u00c1frica, a \u00c1frica; al ej\u00e9rcito, a las Indias, a donde os pidan \u00a1enhorabuena!\u00bb <\/em>(IX, 752). El 29- IX-1655, dialogando la explicaci\u00f3n de las Regias, les dice: \u00abYa <em>hab\u00e9is o\u00eddo que se les enviar\u00e1 y se les mandar\u00e1 volver cuando se juzgue conve\u00adniente. Ten\u00e9is que estar en esta disposici\u00f3n de ir a cualquier parte ya que se os pide de diver\u00adsos lugares. En Madagascar, nuestros padres nos piden que les enviemos algunas Hijas de la Caridad. Hay cuatro mil quinientas leguas hasta all\u00ed y se necesita seis meses de viaje. Hijas m\u00edas, os digo esto para ver los designios de Dios sobre vosotras. Disponeos, pues, hijas m\u00edas, y en\u00adtregaras a Nuestro Se\u00f1or para ir a donde a \u00e9l le plazca \u00bfEst\u00e1is dispuestas para ir a cualquier par\u00adte sin excepci\u00f3n? Si, Padre, dijeron ellas\u00bb <\/em>(IX, 743). Es claro que el Sr. Vicente quiere a las Hijas de la Caridad misioneras. Las ve as\u00ed prof\u00e9ticamen\u00adte en el futuro. Espera el momento que no lle\u00adgar\u00e1 para \u00e9l. Pero s\u00ed para el P. Juan Bautista Etienne, Superior General quien, reconociendo la ra\u00edz misionera de las Hijas de la Caridad, misio\u00adneras por naturaleza, las env\u00eda a China en 1847. Fue la primera Congregaci\u00f3n, como tal, que en\u00advi\u00f3 misioneras <em>ad gentes. <\/em><\/p>\n<p>A la Madre Mar\u00eda de la Encarnaci\u00f3n, el Sr. Vi\u00adcente la anima a ir a Canad\u00e1 con la viuda Sra. Le Peltrie aunque un benedictino y un jesuita la ha\u00adb\u00edan desaconsejado (IX, 1054).<\/p>\n<h2>X. Espiritualidad misionera del sr. Vicente<\/h2>\n<p>Continuador de la misi\u00f3n de Cristo evangeli\u00adzador de los pobres, el esp\u00edritu misionero del Sr. Vicente lo lleva, en los \u00faltimos veinte a\u00f1os de su vida, a aprovechar todas las oportunidades para hablar y actuar a favor de la misi\u00f3n <em>ad gentes. <\/em>Tie\u00adne una gran devoci\u00f3n a San Francisco Javier.<\/p>\n<p>Hace leer en el refectorio de San L\u00e1zaro su vi\u00adda. Entre los libros que llevan los misioneros a Ma\u00addagascar, van la vida y las cartas del gran ap\u00f3s\u00adtol de las Indias. Invita siempre a los misioneros de paso a que cuenten sus experiencias. \u00a1Con qu\u00e9 devoci\u00f3n lee las cr\u00f3nicas misioneras que le llegan de los suyos! Las manda copiar para que lleguen a todos. Su esp\u00edritu de humildad comunitaria le impide imprimirlas (VI, 34, 170, 410, 427, 540). El Sr. Vicente vive la misi\u00f3n como si estuviera en pri\u00ad mera fila. Todo le repercute. Collet resume su compromiso misionero con Madagascar as\u00ed: <em>\u00abEs\u00adta misi\u00f3n le cost\u00f3 infinito y prob\u00f3 su paciencia m\u00e1s que ninguna otra, revel\u00f3 su grandeza de coraz\u00f3n y su sumisi\u00f3n constante a los designios de Dios. Cuentan mucho en ella sus misioneros, pero pue\u00adde decirse que \u00e9l cuenta mucho m\u00e1s\u00bb. <\/em>(Collet, o. c., I, 435). Cuando alguien insin\u00faa posibles pre\u00adferencias por una naviera u otra dir\u00e1 dolorido: <em>\u00abNo he mirado nunca m\u00e1s que el servicio de Dios\u00bb <\/em>(VII, 45). Al P. Nacquart le hace recuento de las virtu\u00addes del misionero: <em>\u00abS\u00f3lo la humildad es capaz de soportar esta gracia; el perfecto abandono de to\u00addo lo que Vd. es y puede ser, con la exhuberan\u00adte confianza en su soberano Creador. Necesita una fe tan grande como la de Abrah\u00e1n, la caridad de san Pablo, el celo, la paciencia, la deferencia, la pobreza, la solicitud, la discreci\u00f3n, la integridad de costumbres y un gran deseo de consumirse to\u00adtalmente por Dios; todo eso le ser\u00e1 tan necesa\u00adrio como al gran san Francisco Javier\u00bb (III, <\/em>256). Aqu\u00ed nos vamos a fijar en tres virtudes misione\u00adras del Sr. Vicente y en la disponibilidad que re\u00adquiere.<\/p>\n<h3>Discernimiento<\/h3>\n<p>El discernimiento es siempre resultado de una intensa experiencia de amor a los dem\u00e1s (Fil 1, 9). Ante tantas contrariedades, la situaci\u00f3n de Madagascar, desde el punto de vista humano, era desesperada. Hab\u00eda razones para dudar si Dios quer\u00eda o no servirse de \u00e9l en aquel momento pa\u00adra aquella misi\u00f3n. Parec\u00eda temeraria, imposible (ABELLY, <em>o. c., <\/em>II, 236-237). Eran muchas las difi\u00adcultades: falta de barcos, problemas con las Com\u00adpa\u00f1\u00edas, traves\u00eda muy peligrosa, situaci\u00f3n colo\u00adnial, hugonotes, guerras y masacres de nativos, clima, condiciones de vida, muerte de la mayor parte de los misioneros. Dudar es humano. Tam\u00adbi\u00e9n el Sr. Vicente conoci\u00f3 la duda y se desaho\u00adg\u00f3 con el Se\u00f1or: <em>\u00abSon incomprensibles los ca\u00adminos de Dios\u2026 Se\u00f1or, parec\u00eda que t\u00fa quer\u00edas establecer tu imperio en aquellos pa\u00edses\u2026 y aho\u00adra, sin embargo, permites que perezca\u2026 en el mismo puerto\u00bb <\/em>(XI, 261). Eran razonamientos de prudencia humana. Pero hac\u00eda mucho tiempo que para el Sr. Vicente lo sensato para la raz\u00f3n humana pod\u00eda no ser lo sensato para Dios por\u00adque: <em>\u00abNadie hab\u00eda pensado ir all\u00ed, fue el Nuncio, el representante del Papa, esto es Dios, el que nos ha llamado\u00bb <\/em>(XI, 264). Al no comprender <em>\u00abesos golpes tan sensibles\u00bb, <\/em>el Sr. Vicente baja la cabeza, besa la mano de Dios que lo hiere y adora la conducta admirable de Dios que <em>\u00abquie\u00adre probarnos\u00bb, <\/em>que trata a la Compa\u00f1\u00eda como a su propio Hijo, como a los Ap\u00f3stoles y a la Iglesia naciente. Nosotros debemos hacer nuestra parte. Dios da \u00e9xito a la perseverancia (VII, 432, 434. VIII, 145-46, 292).<\/p>\n<h3>Fortaleza<\/h3>\n<p>El amor es siempre fuerte. El don de fortale\u00adza es el don del amor fuerte incluso hasta el mar\u00adtirio. El Sr. Vicente habla de misi\u00f3n y martirio. Da gracias a Dios porque ha dado a su Compa\u00f1\u00eda el esp\u00edritu del martirio. (Xl, 190, 281, 290, 298). Pi\u00adde a la Compa\u00f1\u00eda que est\u00e9 dispuesta a quemar su vida por Dios y el pr\u00f3jimo, sea en las Indias o en pa\u00edses todav\u00eda m\u00e1s lejanos: \u00abYo mismo, aun\u00adque viejo y caduco, no dejo de tener dentro de m\u00ed esta disposici\u00f3n y estoy dispuesto e incluso a marchar a las Indias para ganar all\u00ed almas para Dios, aunque tenga que morir por el camino o en el barco\u00bb (XI, 281). La fortaleza no impide la ter\u00adnura. Al Sr. Vicente, las peripecias de sus misio\u00adneros le arrancan l\u00e1grimas de alegr\u00eda y de grati\u00adtud a Dios, pero tambi\u00e9n l\u00e1grimas amargas por su muerte. El exponerse a tantos peligros por la sal\u00advaci\u00f3n del pr\u00f3jimo ya es un martirio (VIII, 145, XI, 292). El Sr. Vicente no conoce el des\u00e1nimo, el desaliento ante los fracasos continuos, las cr\u00edticas de los suyos, las odiseas de los viajes y las muer\u00adtes de los suyos. Se enciende cuando habla de posibles misioneros cobardes. No los aguanta. Los llama \u00abpollos mojados\u00bb, \u00abcad\u00e1veres de mi\u00adsioneros\u00bb. Los misioneros que mueren en el es\u00adtablecimiento de la Iglesia son santos. No le im\u00adportan los gastos econ\u00f3micos, unas 8. 000 libras en 1658 cuando el capital total fundacional de la Congregaci\u00f3n hab\u00eda sido de 40. 000 libras. No se puede abandonar ni una sola alma por miedo a gas\u00adtos. S\u00f3lo el poder hacer conocer a los infieles la belleza de nuestra religi\u00f3n ser\u00eda raz\u00f3n suficiente para esos gastos (VII, 45, 107). No quiere creer que haya cobardes por el naufragio de una de las ex\u00adpediciones. Al enterarse de la muerte de los PP. Dufour, Belleville y Pr\u00e9vost, comenta: \u00abQuiz\u00e1 di\u00adga alguno de esta compa\u00f1\u00eda que es preciso dejar Madagascar: es la carne y la sangre las que ha\u00adblan as\u00ed\u2026; pero yo estoy seguro que el esp\u00edritu ha\u00adbla de otro modo\u2026 \u00bfSer\u00e1 posible que seamos tan cobardes y tan poco hombres?\u2026 Decidme, \u00bfSe\u00adr\u00eda un buen ej\u00e9rcito aquel que, por haber perdido dos mil o tres mil o cinco mil hombres lo aban\u00addonase todo? \u00a1Bonito ser\u00eda ver un ej\u00e9rcito de ese calibre, huidizo y comod\u00f3n! Pues lo mismo hemos de decir de la Misi\u00f3n, \u00a1bonita compa\u00f1\u00eda ser\u00eda la de la Misi\u00f3n si, por haber tenido cinco o seis ba\u00adjas, abandonase la obra de Dios!, \u00a1una compa\u00f1\u00eda cobarde apegada a la carne y a la sangre! No, yo no creo que en la compa\u00f1\u00eda haya uno solo que ten\u00adga tan pocos \u00e1nimos y no est\u00e9 dispuesto a ocu\u00adpar el lugar de los que han muerto\u00bb (XI, 296-298).<\/p>\n<h3>Caridad apost\u00f3lica (Celo)<\/h3>\n<p>El misionero es el hombre de la caridad, ori\u00adgen y sentido de la misi\u00f3n. La vocaci\u00f3n vicen\u00adciana se fundamenta en ese amor difusivo y compasivo de Dios. La caridad apost\u00f3lica (celo), principio unificador de la vida del misionero, na\u00adce con el amor y crece con \u00e9l: \u00abSi el amor de Dios es fuego, el celo es la llama; si el amor es un sol el celo es su rayo. El celo es lo m\u00e1s puro que hay en el amor de Dios\u00bb (XI, 590). El misionero es lla\u00admado a encender el fuego divino por toda la tie\u00adrra (XI, 554). Al dar cuenta, en 1655, del horario agotador de los misioneros de Madagascar y Ber\u00adber\u00eda, comentaba: \u00ab\u00c9sos son obreros! \u00a1\u00c9sos son buenos misioneros! Quiera la bondad de Dios darnos el esp\u00edritu que los anima y un coraz\u00f3n lar\u00adgo, ancho, inmenso\u00bb\u2026 \u00abEl P. Le Vacher de Argel es un hombre todo fuego\u00bb (XI, 122, 203). Pero el celo debe ser discreto. El Sr. Vicente previene a sus misioneros aconsej\u00e1ndoles comer al menos una vez al d\u00eda, tener cuidado con las austeridades, no vadear los r\u00edos y mantenerse con la ropa mo\u00adjada,\u2026 Al P. Bourdaise, a quien cree vivo, le es\u00adcribe una carta pat\u00e9tica y le recuerda que debe \u00abmoderar su celo\u00bb (VIII, 147). El mundo es pe\u00adque\u00f1o para sus misioneros. Quieren llegar a la In\u00addia, a China y al Jap\u00f3n. El mismo Sr. Vicente, a sus casi ochenta a\u00f1os, confiesa con toda senci\u00adllez: \u00abEsto (de las misiones) me da nuevos y gran\u00add\u00edsimos deseos de poder, en medio de mis pe\u00adque\u00f1os achaques, ir a acabar mi vida en un cha\u00adparral\u00bb (V, 185).<\/p>\n<h3>Disponibilidad para la misi\u00f3n: Un aviso para ob\u00adjetores<\/h3>\n<p>La disponibilidad para ir a la misi\u00f3n ad gentes se convierte para \u00e9l en signo de la autenticidad de la vocaci\u00f3n (XI, 281, 362). El mismo Sr. Vicen\u00adte, no hay cosa que desee tanto como ir, si fue\u00adra posible, de compa\u00f1ero del primer misionero de Madagascar (III, 260): \u00bfSon demasiadas y muy di\u00adversas las obras emprendidas? \u00bfMuy ambicio\u00adsas? \u00bfPara qu\u00e9 esto y aquello? Se le encienden los ojos al Sr. Vicente al o\u00edr esto. Los tales ser\u00e1n misioneros flojos, cobardes y lo dice: \u00abSi alguno llegara a proponer m\u00e1s tarde en la compa\u00f1\u00eda que se quitase esta pr\u00e1ctica, se abandonase este hos\u00adpital, se retirase a los que trabajan en Berber\u00eda, se quedasen aqu\u00ed, no fuesen all\u00e1, se dejase esta tarea y no se acudiese a las necesidades de le\u00adjos, que dijeseis con energ\u00eda a esos falsos her\u00admanos: Se\u00f1ores, dejadnos con las leyes de nues\u00adtros padres\u2026 Ser\u00e1n esp\u00edritus libertinos, libertinos, libertinos\u2026 Ser\u00e1n gentes comodonas, personas que no viven m\u00e1s que en un peque\u00f1o c\u00edrculo\u00bb (XI, 397). La misi\u00f3n ad gentes es una de las obras m\u00e1s importantes dentro del fin de la Congrega\u00adci\u00f3n de <em>\u00abEvangelizare pauperibus\u00bb. <\/em>No se men\u00adcionan en las Reglas. Pero, siguiendo el esp\u00edritu del Fundador, las Constituciones actuales de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n dicen: <em>\u00abEntre las obras de apostolado de la Congregaci\u00f3n, ocupan un lu\u00adgar destacado las misiones <\/em>&#8216;ad gentes'\u00bb (Const., art. 16). Lo mismo afirman las Constituciones de las Hijas de la Caridad: <em>\u00abLa Compa\u00f1\u00eda es misio\u00adnera por naturaleza\u00bb <\/em>(Const. 2, 10). A sus 78 a\u00f1os (6-XII-1658), en su conferencia sobre el fin de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, el Sr. Vicente sale al paso de posibles futuros objetores, esp\u00edritus de contradicci\u00f3n y comodones, que criticar\u00e1n la am\u00adplitud de sus obras despu\u00e9s de su muerte: \u00ab<em>Ha\u00adbr\u00e1 algunos que criticar\u00e1n esas obras, no lo du\u00add\u00e9is; otros dir\u00e1n que es demasiado ambicioso enviar misioneros a pa\u00edses lejanos, a las Indias, a Berber\u00eda. Pero, Dios y Se\u00f1or m\u00edo, \u00bfno enviaste t\u00fa a santo Tom\u00e1s a las Indias y a los dem\u00e1s ap\u00f3s\u00adtoles por toda la tierra? \u00bfNo quisiste que se en\u00adcargaran del cuidado de todos los pueblos\u2026? No importa; nuestra vocaci\u00f3n es &#8216;Evangelizare pau\u00adperibus'\u00bb <\/em>(XI, 395).<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>L. ABELLY, La vie du V\u00e9nerable serviteur de Dieu Vicent de Pa\u00fal, Paris, 1644.- P. COLLFT, La vie du Saint Vicent de Pa\u00fal, Nanncy, 1748.- P. COSTE, Saint Vicent de Pa\u00fal. Correspondance, Entretiens, Documents, 14 vols., Par\u00eds, 1920\u00ad1925.- P. COSTE, Le grand saint du grand si\u00e9\u00adc\u00ede. Monsieur Vincent, Par\u00eds, 1932.- A. COPPO, San Vincenzo e i suoi rapporti con la S. Con\u00adgregazione de Propaganda Fide, Vicentiana 16 (1972), 173-180.- H. C. ESPARZA, San Vi\u00adcente de Pa\u00fal y la misi\u00f3n \u00abad gentes\u00bb, Ca\u00adminos de Misi\u00f3n, Madrid, dic. 1980, abril 1992, julio 1992, abril 1993, junio 1993.- A. DODIN, Entretiens spirituels du Saint Vincent de Pa\u00fal aux missionaires, Par\u00eds 1960; Mission et cha\u00adrit\u00e9 (1969), 52-62.- A. FLICHE-V. MART\u00cdN, His\u00adtoria de la Iglesia, vols. XX, XXII y XXIX, Va\u00adlencia; Memoires de la Congregation de la Mission, vol. 9, Par\u00eds, 1986.-J. <strong>M. <sup>5<\/sup><\/strong> ROM\u00c1N, San Vicente de Pa\u00fal, I, 420-448, B. A. C., Madrid 1981.- SAN VICENTE DE PA\u00daL, Obras Completas, 12 vols., S\u00edgueme, Salamanca, 1972 &#8211; 1986. \u00adG. de VAUMAS, L&#8217;\u00e9v\u00e9il miassionaire de la Fran\u00adce de Henri IV a la fondation des missiones \u00e9treng\u00e9res, Lyon 1942.- G. VAN WINSEN, San Vicente y las misiones extranjeras, Anales, Madrid (1979), 420-444; La expansi\u00f3n de la C.M. pendant la vie de Saint Vincent, Vicentia\u00adna (1984), 515-542.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. 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