{"id":41358,"date":"2014-11-09T08:52:07","date_gmt":"2014-11-09T07:52:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/espiritualidad-vicenciana-marianismo-vicenciano\/"},"modified":"2014-11-09T08:52:07","modified_gmt":"2014-11-09T07:52:07","slug":"espiritualidad-vicenciana-marianismo-vicenciano","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-marianismo-vicenciano\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Marianismo vicenciano"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/sagfamiliacanz2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-41359\" title=\"sagfamiliacanz2\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/sagfamiliacanz2-221x300.jpg?resize=221%2C300\" alt=\"\" width=\"221\" height=\"300\" \/><\/a>\u00ab\u2026La devoci\u00f3n mariana constituye una comprobaci\u00f3n im\u00adportante. Su difusi\u00f3n era extraordinaria, tanto a nivel teologal como popular. Expres\u00e1base en la fundaci\u00f3n de congregacio\u00adnes y cofrad\u00edas, o en la introducci\u00f3n de practicas y ceremo\u00adnias, o bien en la publicaci\u00f3n de libros de devoci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>\u00abPocas son las alusiones de san Vicente de Pa\u00fal a la de\u00advoci\u00f3n mariana. Andr\u00e9 Dodin ha valorado citas y referen\u00adcias. Giuseppe Incerti-Taddel, en cambio, explica el <em>silen\u00adcio <\/em>del santo por el cuidado de evitar los excesos de la devoci\u00f3n, escogiendo una especie de v\u00eda media entre los extremos del \u00e9nfasis y la negaci\u00f3n\u00bb (L. Mezzadri, <em>San Vi\u00adcente de Pa\u00fal y la religiosidad popular, <\/em>en <em>Vicente de Pa\u00fal, la inspiraci\u00f3n permanente, <\/em>CEME, Salamanca 1982, p. 106s).<\/p>\n<p>Esta cita introductoria resume lo que este ar\u00adt\u00edculo quiere decir.<\/p>\n<h2>I. La extraordinaria floraci\u00f3n mariana en tiempos de san Vicente.<\/h2>\n<p>Es absolutamente necesario, para justipreciar la devoci\u00f3n doctrinal y pr\u00e1ctica de Vicente de Pa\u00fal a la Virgen Mar\u00eda, hacernos cargo del am\u00adbiente mariano de su tiempo. Sin su conocimiento, carecer\u00edamos de perspectiva para calificar su de\u00advoci\u00f3n. Afortunadamente, el estudio del ambiente mariano de los siglos XVI y XVII ha sido profusamente realizado y est\u00e1n a nuestra disposici\u00f3n to\u00addos los datos deseables.<span id='easy-footnote-1-41358' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-marianismo-vicenciano\/#easy-footnote-bottom-1-41358' title='Cf. R. LAURENTIN, &lt;em&gt;La Virgen Mar\u00eda &lt;\/em&gt;(separata de &lt;em&gt;Ini\u00adciaci\u00f3n Teol\u00f3gica, &lt;\/em&gt;tomo III, pp. 191-246, Herderi, Librer\u00eda Parroquial, M\u00e9xico, 1972; A. DODIN, &lt;em&gt;El culto a Mar\u00eda y la experiencia religiosa de san Vicente de Pa\u00fal, &lt;\/em&gt;en &lt;em&gt;Anales, &lt;\/em&gt;1975-5, pp. 388-404, y en &lt;em&gt;Vincentiana, &lt;\/em&gt;1975-4, pp. 207-225; L. MEZZADRI, &lt;em&gt;San Vicente de Pa\u00fal y la religiosidad popular, &lt;\/em&gt;en &lt;em&gt;Vicente de Pa\u00fal, la inspiraci\u00f3n permanente, &lt;\/em&gt;CEME, 1982, pp. 106-112; &lt;em&gt;Nuevo Diccionario de Mariolog\u00eda, &lt;\/em&gt;Paulinas, Ma\u00addrid, 1988, pp. 847ss.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Dentro del \u00abritmo alternativo de progreso y de\u00adcadencia, de fervor y de silencio\u00bb, por el que Re\u00adn\u00e9 Laurentin se siente sorprendido al recorrer la historia de Mar\u00eda en el tiempo de la Iglesia, \u00abdurante los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XVI vuelve a renacer el entusiasmo; comienza un nuevo pe\u00adr\u00edodo; el movimiento mariol\u00f3gico se extiende r\u00e1pidamente, sobre todo de 1619 a 1630, y llega a su cumbre de 1630 a 1650, para desplomarse despu\u00e9s, como agotado por su rapid\u00edsimo crenimiento\u00bb (Laurentin, <em>o.c.<\/em>, 21.24-25).<\/p>\n<p>Pero del tiempo anterior a ese entusiasmo de los siglos XVI y XVII Laurentin llega a afirmar: \u00abUno se horroriza cuando se considera la situa\u00adci\u00f3n desastrosa en que se hallaba la devoci\u00f3n a Mar\u00eda al estallar la crisis protestante\u2026 cada vez se nutre m\u00e1s de alimentos adulterados, milagros de pacotilla, t\u00f3picos equ\u00edvocos y charlataner\u00edas in\u00adconsistentes\u00bb (ib. 24). El mismo Lutero (1483- 1564) escribe en 1523: \u00abSi no fuera por los abu\u00adsos en que ha venido a dar el culto a Mar\u00eda, no insistir\u00eda en que se lo abandone totalmente\u00bb <em>(Obras, <\/em>Weimar, II, 61) . El Concilio de Trento, contra lo que podr\u00eda suponerse, termina en 1563 sin haber tratado la cuesti\u00f3n mariana, que queda en una situaci\u00f3n particularmente deficiente. El Concilio se limita a afirmar la legitimidad del cul\u00adto a la Virgen (Ds 1821-1825) y a declarar, a pro\u00adp\u00f3sito del decreto sobre la universalidad del pe\u00adcado original, que la intenci\u00f3n del Concilio no es incluir en \u00e9l a Mar\u00eda (Ds 1516; cf. <em>Nuevo diccio\u00adnario de Mariolog\u00eda, <\/em>o. c. 847)<\/p>\n<p>Como tantas veces se ha dicho, todo el que\u00adhacer de Trento y todo el movimiento de refor\u00adma cat\u00f3lica suscitado por \u00e9l, no se puede redu\u00adcir a reacci\u00f3n antiprotestante. Ser\u00eda totalmente desmesurado. Tampoco se puede reducir a eso la floraci\u00f3n mariana de los siglos XVI y XVII de que estamos hablando. Hab\u00eda un sincero esfuerzo de mejoramiento de la Iglesia, de quien uno de sus m\u00e1s insignes representantes en Francia fue Vi\u00adcente de Pa\u00fal. Y no puede caber duda de que, en la mente de los reformadores cat\u00f3licos, la devo\u00adci\u00f3n a Mar\u00eda era un medio notable para ese me\u00adjoramiento.<\/p>\n<p>Esa floraci\u00f3n mariana se caracterizaba por la abundancia y tambi\u00e9n por la exageraci\u00f3n. Dodin describe la devoci\u00f3n del gobierno y del pueblo, la de te\u00f3logos y espirituales. Como ejemplo, ci\u00adta la \u00abBibliotheca Mariana\u00bb, de Maracci Hip\u00adpolyte, aparecida en Roma en 1648, con 3. 600 autores y 6. 000 obras impresas o manuscritas sobre la Virgen Mar\u00eda. Piensa que \u00abera eviden\u00adte que la mayor parte de las expresiones del cul\u00adto mariano cat\u00f3lico estaban m\u00e1s o menos mar\u00adcadas por un sentimiento de <em>reacci\u00f3n, <\/em>por una voluntad de afirmaci\u00f3n contra los pareceres, po\u00adco ben\u00e9volos, formulados por los seguidores de la <em>religi\u00f3n reformada <\/em>sobre la Virgen Mar\u00eda y su culto. Desconocer esta secreta animosidad, ol\u00advidar esta leg\u00edtima voluntad de justificaci\u00f3n, nos impedir\u00eda percibir los resortes, quiz\u00e1 m\u00e1s pode\u00adrosos, de ciertas devociones marianas\u00bb. Y dis\u00adtingue dos corrientes: la que se podr\u00eda denomi\u00adnar teol\u00f3gica, a modo de \u00abpiedad especulativa, que sit\u00faa a la Virgen como Mar\u00eda en Jes\u00fas y busca a Jes\u00fas en Mar\u00eda\u00bb, y la de \u00abcontenido m\u00e1s popular, de tonalidad afectiva m\u00e1s poten\u00adte\u00bb, que llega a \u00absimplificar y cosificar la devo\u00adci\u00f3n\u00bb (Dodin, o. c., 389-393).<\/p>\n<p>Mezzadri enfoca el tema desde la \u00abreligi\u00f3n del pueblo\u00bb y nos habla de la ignorancia, de las supersticiones-brujer\u00edas-posesiones-milagrer\u00edas, de las devociones-peregrinaciones-procesiones\u2026 y nos muestra a un san Vicente m\u00e1s af\u00edn a una \u00abreligi\u00f3n para el pueblo\u00bb que a una \u00abreligi\u00f3n del pueblo\u00bb, si bien su proyecto religioso inclu\u00eda a los pobres como agentes de caridad\u00bb (Mezzadri, o. c., 90ss). Por supuesto, el tema de la religi\u00f3n del pueblo o de la religiosidad popular, tal como hoy lo entendemos, pertenec\u00eda al futuro lejano (V. de Dios, Simbolismo y religiosidad popular, en La Medalla Milagrosa: doctrina y celebraci\u00f3n, CEME, Salamanca 1986, 42-54).<\/p>\n<p>En medio de todo esto, nos resulta tan curiosa e intrigante la actitud mesurada de Vicente de Pa\u00fal, distanci\u00e1ndose en \u00e9nfasis mariano tanto de sus directores y compa\u00f1eros generacionales (Pe\u00addro de B\u00e9rulle, Andr\u00e9 Duval, Juan Santiago Olier, Juan Eudes), como de la devoci\u00f3n mariana del pueblo, que sentimos la necesidad de investigar sus posibles motivos, como haremos posterior\u00admente.<\/p>\n<h2>II. Las relativamente pocas alusiones del san\u00adto a la devoci\u00f3n mariana en su doctrina.<\/h2>\n<p>Dice Dodin que \u00aben las 8. 000 p\u00e1ginas de tex\u00adtos de la obra epistolar de san Vicente, apenas po\u00addemos contar 80 pasajes relativos a la Virgen\u00bb (o. c., 388).<\/p>\n<p>Yo he contado cuidadosamente 206, sin in\u00adcluir en ellas las f\u00f3rmulas de despedida (\u00absoy, en el amor de nuestro Se\u00f1or y de su santa Ma\u00addre, su muy obediente y humilde servidor\u00bb), ni invocaciones como \u00absancta Maria succurre mi\u00adseris\u00bb o rezos del avemar\u00eda, etc., ni las repeti\u00adciones de una misma frase como ocurre vgr. en los reglamentos de las diversas Caridades, ni, ob\u00adviamente, las ocasiones en que, en las confe\u00adrencias a las Hijas de la Caridad, las citas las ha\u00adcen \u00e9stas y no el santo.<\/p>\n<p>La distribuci\u00f3n de estos 206 textos es la si\u00adguiente (el tomo va entre par\u00e9ntesis): 23 (I), 9 (II), 6 (III), 3 (IV), 3 (VI), 5 (VII), 4 (VIII), 46 (IX-1), 47 (IX-2), 15 (XI-3), 11 (IX-4) y 34 (X). De las 206 citas, 93 pertenecen a las conferencias a las Hi\u00adjas de la Caridad, lo que constituye el 45 por ciento.<\/p>\n<p>De todos modos, la cosa cuantitativa no tie\u00adne mayor importancia y sigue siendo cierto lo que a\u00f1ade Dodin: que \u00abVicente de Pa\u00fal habla de la Vir\u00adgen solamente de paso, en t\u00e9rminos cl\u00e1sicos y en un tono moderado\u00bb (o. c., 388).<\/p>\n<p>Intentar\u00e9 a continuaci\u00f3n una descripci\u00f3n su\u00admaria de que lo que esas citas contienen:<\/p>\n<p>1 San Vicente siente y vive la devoci\u00f3n a la Virgen y lo notable es que su piedad no es \u00abes\u00adpeculativa\u00bb, sino \u00abde contenido popular, de to\u00adnalidad afectiva\u00bb (aunque no exactamente en el sentido que da Dodin a estas dos corrientes, pues el santo s\u00ed \u00abbusca a Mar\u00eda en Jes\u00fas y a Jes\u00fas en Mar\u00eda\u00bb, y de ninguna manera \u00abcosifica\u00bb la devo\u00adci\u00f3n). Ya lo anuncian las dos cartas de la cautivi\u00addad (1, 80. 82). Habla positivamente de los san\u00adtuarios marianos, especialmente de aquellos en que proyectan fundaciones de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n: as\u00ed Notre-Dame de Lorm <em>\u00abpara que sir\u00advan a Dios y honren a la gloriosa Virgen Mar\u00eda\u00bb <\/em>(VI, 56. 153); Notre-Dame de la Rose, <em>\u00ablugar que est\u00e1 bajo la especial protecci\u00f3n de la gloriosa Vir\u00adgen Mar\u00eda\u00bb <\/em>(VI, 546); Notre-Dame de Trois-Epis, <em>\u00abbajo la especial protecci\u00f3n de la gloriosa Madre de su Hijo nuestro Se\u00f1or\u00bb <\/em>(VI1, 275); Notre-Dame de Betharram, <em>\u00abdonde frecuentemente se hacen milagros\u00bb <\/em>(VI1, 379. 516).<\/p>\n<p>En esta su devoci\u00f3n popular, pasa de la sim\u00adplicidad con que explica al hereje de Montmirail el culto a las im\u00e1genes de Mar\u00eda, a proponer ejem\u00adplos llenos de ingenuidad, como el de los turcos que rezan una especie de rosario y respetan mu\u00adcho al Se\u00f1or y a la sant\u00edsima Virgen (IX, 1146), o el del hombre que dej\u00f3 de jurar al confesarse en una iglesia de nuestra Se\u00f1ora un d\u00eda de fiesta de la Virgen (IX, 277)<\/p>\n<p>Por otra parte las devociones marianas que recomienda son las devociones m\u00e1s simples del pueblo de Dios: el Rosario (IX, 212-213; 1092. 1145-1147; X, 90. 200. 887, etc.), el Oficio de la Virgen, sus Letan\u00edas, el Angelus (IX, 1104), el Ave\u00admar\u00eda, la Salve, las jaculatorias (Sancta Maria suc\u00adcurre miseris, Sub tuum praesidium, Mater gra\u00adtiae mater misericordiae, Mater Dei memento mei: X, 731. 230). No le faltan detalles, como cuando le promete a Luisa de Marillac \u00abcelebrar ma\u00f1ana, fiesta de la Encarnaci\u00f3n, la santa misa frente al cuadro\u00bb de la Virgen que la santa hab\u00eda pintado y le hab\u00eda enviado (II, 491; cf. X, 906). Y concluye: \u00abOs exhorto a que teng\u00e1is siempre mucha devoci\u00f3n a la Virgen\u00bb (IX-1, 213; cf. IX\u00ad2, 1146; X, 509).<\/p>\n<p>2. Sin embargo, nuestro santo exige mode\u00adraci\u00f3n, condiciones, \u00abbuen orden\u00bb en la devoci\u00f3n mariana. \u00abHe quedado consolado por el buen or\u00adden que pone usted en la devoci\u00f3n a nuestra Se\u00ad\u00f1ora de Fieulaine\u00bb, le escribe al Hno. Juan Parre, a quien el obispo de Noyon hab\u00eda encomendado regular la devoci\u00f3n desordenada del pueblo en aquel santuario (VIII, 38. 65. 75 ).<\/p>\n<p>Vicente expresa un tanto rudamente su des\u00adconfianza ante visiones y visionarios, y le escribe as\u00ed al P. Lambert a prop\u00f3sito de una de las ilu\u00adminadas de Chinon: <em>\u00abDesenti\u00e9ndase cuanto antes de esa joven y acons\u00e9jela que no se en\u00adtretenga en todas esas visiones que tiene\u2026 Ni<\/em> <em>nuestro Se\u00f1or ni la sant\u00edsima Virgen ten\u00edan esas visiones y se ajustaban a la vida ordinaria\u00bb <\/em>(II, 82\/ II, 96).<\/p>\n<p>A veces reprim\u00eda los viajes de peregrinaci\u00f3n a los santuarios marianos por parte de misione\u00adros (IV, 348) e Hijas de la Caridad: \u00ab\u00bfEs que no es buena la devoci\u00f3n a la Virgen? S\u00ed, es buena; pero no basta con que sea bueno lo que hace\u00admos; es menester que nuestra acci\u00f3n tenga las condiciones que son necesarias\u00bb (IX, 685. 689. 783).<\/p>\n<p>Esta moderaci\u00f3n se la pide tambi\u00e9n a Luisa de Marillac: \u00abSiga usted con sus oraciones en honor de la gloriosa Virgen Mar\u00eda, pero solamen\u00adte durante su enfermedad; luego ya hablaremos\u00bb (IV, 248). Incluso llega a pedirle que abandone la pr\u00e1ctica del \u00abpeque\u00f1o rosario\u00bb que ella hab\u00eda ide\u00adado (cf. II, 492), lo que hizo la santa con obedien\u00adcia pero con \u00abun poco de dolor\u00bb (IV, 195).<\/p>\n<p>3. A la misma Luisa de Marillac le recomien\u00adda, ante todo, en relaci\u00f3n con la Virgen Mar\u00eda, que honre e imite sus estados y actitudes: sus penas (1, 134. 185; IX-2, 683); su alegr\u00eda (1, 383); su paz y tranquilidad (1, 173; VII, 360).<\/p>\n<p>Una de las actitudes marianas que m\u00e1s re\u00adsalta y explaya san Vicente es la escucha de la Palabra (IX-1, 364. 370-371)y la pr\u00e1ctica de las m\u00e1\u00adximas evang\u00e9licas (XI, 428)<\/p>\n<p>Resalta asimismo los tres misterios de Mar\u00eda, que, como dice Dodin, \u00abse le hacen constante\u00admente presentes en su meditaci\u00f3n\u00bb:<\/p>\n<p>En primer lugar, la Inmaculada Concepci\u00f3n (IV, 551), misterio \u00edntimamente relacionado con el de su perfecci\u00f3n, de que tanto habla nuestro san\u00adto (IX, 1031; XI, 312. 277. 335), relacionado tambi\u00e9n con las virtudes de pureza y de humildad, de que enseguida hablaremos; as\u00ed como con las dispo\u00adsiciones para comulgar bien (IX, 229. 312; X, 34. 43). (Es muy interesante, en el Reglamento de las Conferencias de los Martes, la menci\u00f3n de Ma\u00adr\u00eda dentro de la f\u00f3rmula de renovaci\u00f3n de las Pro\u00admesas Bautismales y Presbiterales, que propone san Vicente a los miembros de las Conferencias para el d\u00eda de Jueves Santo: X, 143-144; cf. X, 145. 891; RC. HC.).<\/p>\n<p>En segundo lugar, la Anunciaci\u00f3n y la Encar\u00adnaci\u00f3n, misterio que san Vicente describe con admiraci\u00f3n amorosa (XI, 606) y que relaciona tam\u00adbi\u00e9n con la humildad (IX, 1077), con la comuni\u00f3n y con la oraci\u00f3n del Avemar\u00eda y del Angelus.<\/p>\n<p>Y en tercer lugar, la Visitaci\u00f3n, misterio ejem\u00adplar para las Damas de la Caridad: <em>\u00abHonrar\u00e1n la visita de la sant\u00edsima Virgen cuando fue a visitar a su prima con prontitud y alegr\u00eda\u00bb <\/em>(X, 570), mis\u00adterio que debe ser actuado en los viajes de las Hi\u00adjas de la Caridad (1. 509) y en las visitas de los co\u00admisionados del santo a las casas de los misioneros (II, 207) y de las Hijas (IX, 245-246); misterio, ade\u00adm\u00e1s, donde el canto del Magn\u00edficat revela el atrac\u00adtivo de la humildad a los ojos de Dios (IX, 965).<\/p>\n<p>Trat\u00e1ndose de \u00abestados\u00bb, Vicente habla con su habitual naturalidad del matrimonio de la Vir\u00adgen Mar\u00eda y san Jos\u00e9: \u00abEl matrimonio es una cosa santa; la Virgen Mar\u00eda se cas\u00f3\u00bb (IX, 575). Aconseja a los que se van a casar que \u00abtengan devoci\u00f3n y honren el matrimonio de san Jos\u00e9 y la sant\u00edsima Virgen\u00bb (II, 136). Y le escribe a Luisa, invitada a una boda, que Dios bendiga a los no\u00advios \u00aby le d\u00e9 a usted las disposiciones que tuvo la sant\u00edsima Virgen cuando asisti\u00f3 con su Hijo a la boda de Can\u00e1\u00bb (III, 498).<\/p>\n<p>4. Quiz\u00e1s en lo que m\u00e1s se explaya Vicente es en la ejemplaridad de la Virgen Mar\u00eda en las virtudes cristianas m\u00e1s predilectas de su espiri\u00adtualidad. El lema de que <em>\u00abnuestro Se\u00f1or y tam\u00adbi\u00e9n su santa Madre sean su gu\u00eda\u00bb, <\/em>se lo propo\u00adne a Luisa de Marillac y a todos (1, 402).<\/p>\n<p>Conocemos su predilecci\u00f3n por las cuatro vir\u00adtudes que <em>\u00abest\u00e1n representadas por los cuatro ex\u00adtremos de la cruz, a saber la humildad, la caridad, la obediencia y lapaciencia\u00bb <\/em>(IX, 1064). Son las vir\u00adtudes de las j\u00f3venes campesinas (IX, 91ss.), las virtudes s\u00f3lidas, las que considera propias del <em>\u00abesp\u00edritu de las verdaderas Hijas de la Caridad\u00bb <\/em>(IX, 1077). No son exactamente virtudes que re\u00adsalta en otras ocasiones \u2013sencillez, humildad, man\u00adsedumbre, mortificaci\u00f3n y celo de la salvaci\u00f3n de las almas\u2013 (X, 476); pero son equivalentes y el san\u00adto las motiva con el ejemplo de la sant\u00edsima Vir\u00adgen.<\/p>\n<p>La humildad alcanza el primer lugar en la idea que san Vicente se hace de la Virgen Mar\u00eda. \u00abEs la virtud de Jesucristo, la virtud de su santa Ma\u00addre, la virtud de los mayores santos\u2026 y la virtud que m\u00e1s necesitan los misioneros\u00bb (XI, 745). La luminiscencia de la humildad de Mar\u00eda se exte\u00adrioriza con toda claridad en el Magnificat (IX, 609\u00ad610; 965).<\/p>\n<p>De las relaciones entre humildad y caridad, habla san Vicente en la conferencia 91 a las Hi\u00adjas de la Caridad (30. 12. 1657). Si se consideran menos perfectas que aquellas de quienes podr\u00ed\u00adan murmurar, \u00abhar\u00e1n de la Compa\u00f1\u00eda un para\u00edso, una sociedad de almas bienaventuradas en la tie\u00adrra, alg\u00fan d\u00eda tendr\u00e1n los cuerpos llenos de glo\u00adria en compa\u00f1\u00eda de nuestro Se\u00f1or y de la sant\u00ed\u00adsima Virgen\u00bb (IX, 1000). Hemos de tolerarnos, pues \u00absolamente Jesucristo y la sant\u00edsima Vir\u00adgen han estado libres de imperfecciones y s\u00f3lo ellos no han tenido necesidad de ser tolerados\u00bb (IX, 1031; cf. IX, 150. 153).<\/p>\n<p>El ejemplo de la obediencia de Jes\u00fas a Mar\u00eda y Jos\u00e9 lo esgrime el santo innumerables veces (VII, 165; IX, 34. 82. 83. 220. 876. 878. 1108). La obe\u00addiencia de Mar\u00eda es modelo de disponibilidad para un cambio de destino \u00abcon alegr\u00eda, manse=\u00addumbre y caridad\u00bb (IX, T01; cf., IX, 1217). La obe\u00addiencia debe ser tambi\u00e9n virtud de los superiores, quienes, a su ejemplo, han de confiar en la gra\u00adcia de estado: <em>\u00abTenga una devoci\u00f3n especial a la direcci\u00f3n que tuvo la sant\u00edsima Virgen sobre la per\u00adsona de nuestro Se\u00f1or, y todo marchar\u00e1 bien<\/em>\u00bb (II, 103; cf. III, 584). Por otra parte, los superiores son siervos: \u00ab<em>Uno de estos d\u00edas, estando en un monasterio de las Anunciadas seg\u00fan creo, me dijo su superiora que la llamaban ancilla. Esto me hizo pensar en vosotras. Esta palabra ancilla es una palabra latina que quiere decir sierva; \u00e9se fue el t\u00edtulo que la sant\u00edsima Virgen adopt\u00f3 cuando dio su consentimiento al \u00e1ngel para el cumplimiento de la voluntad de Dios en el misterio de la En\u00adcarnaci\u00f3n de su Hijo; lo cual me ha hecho pensar que, en adelante, en vez de llamar a las herma\u00adnas superioras, no utilizaremos m\u00e1s que la pala\u00adbra de hermana sirviente, \u00bfqu\u00e9 os parece?<\/em>\u2026\u00bb (IX, 81).<\/p>\n<p>Otras dos virtudes de la virgen Mar\u00eda deste\u00adllan de continuo en las palabras del santo: la mo\u00addestia-pureza, y la pobreza. \u00ab<em>Ella ten\u00eda tanta mo\u00addestia y pudor, que, aunque la saludaba un \u00e1ngel para ser madre de Dios, sin embargo, su mo\u00addestia fue tan grande que se turb\u00f3, sin mirarlo<\/em>\u00bb (IX, 97; cf. IX, 954. 970). \u00ab<em>La sant\u00edsima Virgen sal\u00eda por las necesidades de su familia y para aliviar y consolar a los pobres, pero era siempre en la pre\u00adsencia de Dios; y fuera de eso, permanec\u00eda siem\u00adpre tranquila en su casa, conversando espiritual\u00admente con Dios y con los \u00e1ngeles<\/em>\u00bb (IX, 315). El ejemplo de la castidad del Hijo de Dios, \u00ab<em>que qui\u00adso cambiar la naturaleza de las cosas y nacer de una virgen<\/em>\u00bb (XI, 682) y, en su prosecuci\u00f3n, la guar\u00adda de los sentidos, la delicadeza en el trato, la efi\u00adcacia de los ministerios, la devoci\u00f3n a Mar\u00eda, son los valores que maneja nuestro santo (cf. IX, 213. 1180; XI, 127. 670. 678. 679. 682). \u00ab<em>Oh san\u00adt\u00edsima Virgen, pide al Se\u00f1or este favor por noso\u00adtros, p\u00eddele una verdadera pureza para nosotros, sacerdotes, estudiantes, seminaristas, hermanos coadjutores, y para toda la Compa\u00f1\u00eda<\/em>\u00bb (XI, 321),<\/p>\n<p>Su doctrina sobre la pobreza, en lo que hace al ejemplo de Mar\u00eda, la desarrolla san Vicente en sus conferencias a las Hijas de la Caridad. Ante todo, \u00abpensemos en la pobreza del Hijo de Dios y de su santa Madre\u00bb (IX, 77), \u00abexperiment\u00e9\u00admosla\u00bb (IX, 84n), \u00absint\u00e1monos felices de seguir\u00adlos\u00bb (IX, 889). El primero se gan\u00f3 la vida con el trabajo de sus manos y luego tuvo que ser ayu\u00addado por las piadosas mujeres (IX, 398s. 1200). \u00abY \u00bfsab\u00e9is de qu\u00e9 viv\u00eda la sant\u00edsima Virgen cuando estaba en la tierra, y de qu\u00e9 viv\u00eda nuestro Se\u00f1or? De pan. Entr\u00f3 en la casa del fariseo \u2013nos dice la sagrada Escritura\u2013 para comer pan; y en otros va\u00adrios lugares lo mismo. Solamente una vez se dice que comi\u00f3 carne: fue cuando comi\u00f3 el cor\u00addero pascual con sus ap\u00f3stoles; y otra vez que comi\u00f3 pescado. \/Bendito sea Dios!\u00bb (IX, 96). Es\u00adtas peregrinas ex\u00e9gesis que a veces hace nues\u00adtro santo hay que contemplarlas en el marco de una charla a j\u00f3venes campesinas que trata pre\u00adcisamente, \u00e9sta, \u00abde la imitaci\u00f3n de las j\u00f3venes campesinas\u00bb. Sigamos. Otros dos motivos de pobreza plantea san Vicente: el fin de la Compa\u00ad\u00f1\u00eda o servicio de los pobres (IX, 748-749) y el es\u00adp\u00edritu del mundo \u2013codicia de los ojos\u2013 (IX, 398), con lo cual la pobreza empalma con la obra y el tes\u00adtimonio, el inicio y la denuncia. En funci\u00f3n de es\u00adto, las Hijas de la Caridad entran en la Compa\u00f1\u00eda con la condici\u00f3n sine qua non de abrazar la po\u00adbreza y de profesarla con el voto correspondien\u00adte (IX, 882-883).<\/p>\n<p>Finalmente, la Virgen Mar\u00eda es tambi\u00e9n mo\u00addelo, tema y recurso de oraci\u00f3n. Ya la hemos contemplado como virgen oyente, orante y prac\u00adticante al hablar de su escucha de la Palabra y de su pr\u00e1ctica de las M\u00e1ximas evang\u00e9licas. Tambi\u00e9n la presenta el santo como tema y como recurso: \u00abservirse de su mirada para todas las oraciones\u00bb, verlo todo con los sentidos y el esp\u00edritu, con el alma de Mar\u00eda (IX, 47-48; cf. IX, 1109). O bien: \u00abllevad la mano al rosario que pende de vuestra cintura, o a la medalla o cruz que hay all\u00ed, . elevad vuestro esp\u00edritu a Dios y decidle\u2026\u00bb (IX, 53).<\/p>\n<p>5) Tema favorito de san Vicente es la pre\u00adsencia de la Virgen Mar\u00eda en sus fundaciones: Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, Damas de la Caridad e Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Ya en el contrato de fundaci\u00f3n de la Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, se establece que los Se\u00f1o\u00adres de Gondi pretenden fundarla para la salvaci\u00f3n de los pobres campesinos\u2026 \u00abpara honrar el mis\u00adterio de la encarnaci\u00f3n, de la vida y muerte de Je\u00adsucristo, por amor a su sant\u00edsima Madre\u00bb (X, 238). En 1636 san Vicente env\u00eda al P. Boudet a Chartres \u00abpara que nuestro Se\u00f1or tenga piedad de esta pe\u00adque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda, por la intercesi\u00f3n de la santa Vir\u00adgen\u00bb (1, 382).<\/p>\n<p>Las Caridades se fundan bajo el patrocinio de la Virgen Mar\u00eda \u00abporque la Madre de Dios es in\u00advocada y tomada como patrona para las cosas importantes y todo resulte y redunde para gloria del buen Jes\u00fas, su Hijo\u00bb (X, 567; cf. X, 685. 571. 594. 631. 667. 964). La vocaci\u00f3n de las Damas de la Caridad se parece a la de la sant\u00edsima Virgen (X, 937) y a las de las mujeres que siguieron a Je\u00ads\u00fas y le proporcionaban a \u00e9l y a los pobres las co\u00adsas necesarias (X, 962). Por eso \u00abuno de los prin\u00adcipales puntos de esta Asociaci\u00f3n es honrar a nuestro Se\u00f1or y a su santa Madre\u00bb (X, 584. 602. 609. 659). Primero con toda suerte de actos pia\u00addosos: al levantarse \u00abinvocando el santo nombre de Jes\u00fas y el de su santa Madre al pie de la ca\u00adma\u00bb (X, 625); rezando el rosario, las Letan\u00edas, el Angelus, el Avemar\u00eda, la Salve, los cinco padrenuestros y cinco avemar\u00edas (X, 602. 631. 651), con\u00adfesando y comulgando el d\u00eda de \u00abnuestra Se\u00f1o\u00adra de agosto\u00bb (X, 583). Y segundo en el servicio a los pobres, especialmente en la visita domici\u00adliaria (X, 570), en la invitaci\u00f3n a los enfermos pa\u00adra que coman \u00abpor amor a Dios y a su santa Ma\u00addre\u00bb (X, 578), en la exhortaci\u00f3n a que conf\u00eden en Dios y en su santa Madre cuando est\u00e9n en peli\u00adgro de muerte (X, 580), en la <em>\u00abcelebraci\u00f3n de una misa y el rezo devoto cada una de tres Rosarios por los pobres difuntos, cuando buenamente pue\u00addan\u00bb <\/em>(X, 625).<\/p>\n<p>De alguna manera san Vicente aplica a las Hi\u00adjas de la Caridad la relaci\u00f3n de Mar\u00eda con la Igle\u00adsia: \u00abMiembro excelent\u00edsimo, tipo y ejemplar, ma\u00addre amant\u00edsima\u00bb (GS 53). Ante todo, tambi\u00e9n <em>\u00abla Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad se ha fundado para amar a Dios, servirle, y honrar a nuestro Se\u00ad\u00f1or, su due\u00f1o, y a la sant\u00edsima Virgen\u00bb <\/em>(IX 1, 38).<\/p>\n<p><em>1. <\/em><em>\u00abSant\u00edsima Virgen, t\u00fa que eres la <\/em>madre <em>de esta Compa\u00f1\u00eda\u00bb <\/em>(IX, 843). He aqu\u00ed una expe\u00adriencia hondamente sentida por Luisa de Mari\u00adIlac y Vicente de Pa\u00fal: la Virgen Mar\u00eda cuidaba con especial amor maternal de las Hijas de la Ca\u00adridad (cf. IX, 1147-1148). La Virgen Mar\u00eda es la va\u00adledora, la guardiana de la peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda de los que se entregan: <em>\u00abSant\u00edsima Virgen, t\u00fa que ha\u00adblas por aqu\u00e9llos que no tienen voz y no pueden hablar, te suplicamos que asistas a esta peque\u00ad\u00f1a Compa\u00f1\u00eda\u2026\u00bb <\/em>(IX, 733). La devoci\u00f3n a Mar\u00eda es asimismo un medio eficac\u00edsimo para la evangeli\u00adzaci\u00f3n y servicio de los pobres: <em>\u00abQuien ama mu\u00adcho a nuestro Se\u00f1or y a la sant\u00edsima Virgen es co\u00admo una llama de amor que penetra en el coraz\u00f3n de aqu\u00e9llos a los que ama\u00bb <\/em>(IX, 916).<\/p>\n<p><em>2. <\/em><em>\u00abOs parec\u00e9is en cierto modo a la sant\u00edsi\u00adma Virgen, ya que sois <\/em>madres y v\u00edrgenes <em>a la vez\u00bb <\/em>(IX, 137). Se lo dice el santo a sus hijas sobre to\u00addo a prop\u00f3sito de la obra de los ni\u00f1os abandona\u00addos, <em>\u00aba fin de que, como ella, verdaderas madres y v\u00edrgenes a la vez, la imit\u00e9is en el cuidado, vigi\u00adlancia y amor que ten\u00eda para con su Hijo\u00bb <\/em>(IX, 145). Esta tipolog\u00eda mariana la expresa tambi\u00e9n bella\u00admente en una oraci\u00f3n al final de la conferencia 98 (IX, 1079).<\/p>\n<p>3. Finalmente, <em>la Virgen Mar\u00eda es Hija de la Caridad de manera eminente. <\/em>Muchas veces re\u00adcurre el santo a explicar el nombre de Hija de la Caridad, <em>\u00abesto es hijas de Dios que es amor, hi\u00adjas que tienen la profesi\u00f3n de amar a Dios y al pr\u00f3\u00adjimo\u00bb <\/em>(X, 693. 703; IX, 33; cf. XII, 249). Nadie m\u00e1s Hija de la Caridad que la Virgen Mar\u00eda, <em>\u00abhija del Padre, madre del Hijo y esposa del Esp\u00edritu San\u00adto\u00bb, <\/em>como quer\u00edan expresar las tres cuentas pe\u00adque\u00f1as del peque\u00f1o rosario de Luisa de Marillac (II, 492-493).<\/p>\n<h2>III. La explicaci\u00f3n del \u00absilencio\u00bb mariano de san Vicente<\/h2>\n<p>De acuerdo con Mezzadri cuando escribe que \u00abel problema no consiste en la criba de algunos textos ni en la selecci\u00f3n de frases dispersas, sino que asume el significado de toda su exis\u00adtencia\u00bb (o. c., 90). Por su parte Dodin resume el significado de esta existencia de san Vicente cuan\u00ad do dice que \u00abjam\u00e1s su devoci\u00f3n mariana se agota en frondosidades est\u00e9riles o en manifes\u00adtaciones excesivamente ruidosas\u00bb; que, para el santo, \u00abno llegar hasta los hechos que autentifi\u00adcan el amor de Dios es enga\u00f1arse peligrosa\u00admente\u00bb; que \u00abreduce su devoci\u00f3n mariana a la hu\u00admildad, la donaci\u00f3n o entrega, y el servicio\u00bb (o. c., 395. 398. 403). Por eso, Incerti-Taddei califica a Vi\u00adcente de \u00abmaestro de la sospecha\u00bb con cita de textos suyos muy significativos, como los que hablan del peque\u00f1o m\u00e9todo de predicaci\u00f3n o del amor efectivo. Sospecha sobre todo de lo que se aleja del Evangelio y de lo excesivamente ex\u00adterior y sentimental (Incerti-Taddei, <em>Devozione mariana nella tradizione vincenziana, <\/em>en <em>Annali. <\/em>87 (1980) 366-394).<\/p>\n<p>Sospechas que albergan tambi\u00e9n los textos del Vaticano II dentro de su apuesta decidida por la devoci\u00f3n mariana: la falsa exageraci\u00f3n doctri\u00adnal; lo que puede inducir a error a los hermanos separados acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia; el sentimentalismo est\u00e9ril y transitorio y la vana credulidad (LG 67; cf. MC 32. 35. 39).<\/p>\n<p>El Vaticano II, por su deseo de adecuaci\u00f3n a la cultura de nuestro tiempo, por el progreso de los estudios eclesiales y por su voluntad ecum\u00e9\u00adnica, hubo de insistir en lo m\u00e1s esencial: Cristo, su Evangelio, la misi\u00f3n de la Iglesia. Como con\u00adsecuencia entraron en discernimiento dos estilos, de ser cristiano, de los que la devoci\u00f3n a Mar\u00eda ha sido un signo (y tambi\u00e9n muchas veces una v\u00edctima). Estilos que se pueden simplificar (de\u00admasiado) en vertical y horizontal, afectivo y efec\u00adtivo, \u00edntimo y comunitario. Y la idea o visi\u00f3n de Mar\u00eda sigue las mismas huellas: celeste o terre\u00adna, entronizada o peregrina, en el templo o en la calle.<\/p>\n<p>Vicente parece preferir el segundo de estos estilos. Desmintiendo la primera idea que uno se hace de su figura, es un santo moderno. Sus supuestas desconfianza, lentitud, silencio son siempre pasos hacia adelante, lo mismo en es\u00adpiritualidad que en evangelizaci\u00f3n que en culto. Una espiritualidad \u00abpasiva\u00bb que empalma con una actividad que no cesa, una predicaci\u00f3n \u00abme\u00addiocre\u00bb (IX, 548) que se adelanta al curso literario y oratorio de su tiempo, y una devoci\u00f3n \u00abmini\u00admalista\u00bb que resulta apta lo mismo para desins\u00adtalar fanatismos que para reclamar resultados.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s opuesto, sin embargo, al estilo del santo que cualquier tipo de demagogia o de abanderamiento. En la devoci\u00f3n mariana, como en toda la religiosidad popular, suelen entrar en dial\u00e9ctica tres niveles: el del pueblo y sus devo\u00adciones, con deformaciones notables, pero tambi\u00e9n con intuici\u00f3n de lo que da sentido a la vida y a sus situaciones; el de los reformistas sin matices, que se fijan s\u00f3lo en las deformaciones y \u00fanica\u00admente ofrecen soluciones te\u00f3ricas y a\u00fan nihilis\u00adtas; y el de la Iglesia institucional, que tiene que ser fiel al dep\u00f3sito revelado y tambi\u00e9n a las di\u00adversas sensiblidades, sobre todo a las del pueblo pobre. Desde \u00abel significado de toda su existen\u00adcia\u00bb, tenemos que decir enseguida que el lugar de Vicente no es el de los reformistas sin m\u00e1s, sino, a la vez, un lugar entre el pueblo y un lugar dentro de la Iglesia. Hemos visto que \u00absinti\u00f3 y vivi\u00f3 la devoci\u00f3n a la Virgen, no de manera es\u00adpeculativa, sino popular y afectiva\u00bb. Pero quiso hacerlo tambi\u00e9n desde la verdad evang\u00e9lica y eclesial, silenciosa, s\u00f3lida y eficazmente. \u00bfPode\u00admos pensar que este modo de hacerlo fue algu\u00adna especie de protesta contra la \u00abpompa\u00bb mariana de su tiempo, mucho m\u00e1s que cuesti\u00f3n de d\u00e9fi\u00adcit, te\u00f3rico o devocional, en su devoci\u00f3n a la Vir\u00adgen Mar\u00eda? (cf. XI, 518-520; tambi\u00e9n sus charlas sobre el amor de Dios, los excesos que hay que evitar en el amor de Dios, las verdaderas luces y las ilusiones: IX, 733-734; XI, 132ss. ; XI, 617ss.). El \u00faltimo cap\u00edtulo de este articulo, a continuaci\u00f3n, puede aclarar la respuesta a esta pregunta.<\/p>\n<h2>IV. Valoraci\u00f3n de la doctrina y devoci\u00f3n marianas de san Vicente<\/h2>\n<p>1. Vicente de Pa\u00fal no fue un te\u00f3logo acad\u00e9\u00admico ni en devoci\u00f3n mariana ni en ninguna otra cosa. Fue un sacerdote bien formado, cuyo ca\u00adrisma no consisti\u00f3 en la intensificaci\u00f3n del estu\u00addio sino en la acci\u00f3n en favor de los pobres. Es\u00adcribi\u00f3 muchas cartas y pronunci\u00f3 muchas pl\u00e1ticas y repeticiones de oraci\u00f3n, pero jam\u00e1s dict\u00f3 c\u00e1te\u00addra ni escribi\u00f3 libros. Le importaba m\u00e1s la cien\u00adcia competente que la ciencia eminente. Su doctrina no era te\u00f3rica sino vital y funcional. Le nac\u00eda ante todo de su fe y experiencia y la apli\u00adcaba a las situaciones y a los ministerios. Era un misionero \u00absabio y humilde\u00bb, un doctor (sin t\u00edtu\u00adlo) \u00abbueno y piadoso\u00bb, como quer\u00eda que fueran sus misioneros. De todo ello se deduce lo asis\u00adtem\u00e1tico y circunstancial de su doctrina. Por eso hemos titulado este art\u00edculo \u00abmarianismo vicen\u00adcieno\u00bb y no \u00abmariolog\u00eda vicenciana\u00bb. Sin esta \u00f3p\u00adtica para contemplarlo, no se puede entender en absoluto a san Vicente ni san Vicente puede de\u00adcir gran cosa a nadie.<\/p>\n<p>2. Las veces que cita a la Virgen Mar\u00eda sin que la persona y el nombre de su Hijo Jesucristo la precedan y acompa\u00f1en acaso no superan la de\u00adcena . \u00abNuestro Se\u00f1or y su santa Madre\u00bb es frase favorita suya. Nunca presenta a Mar\u00eda desgajada de su Hijo y de su Evangelio. El lema conciliar de \u00abla sant\u00edsima Virgen, Madre de Dios, en el mis\u00adterio de Cristo y de su Iglesia\u00bb, no lo desarrolla el santo te\u00f3ricamente, pero lo vive y lo expresa. Mar\u00eda escucha la palabra de Dios y la cumple: \u00abMejor que ning\u00fan otro, penetr\u00f3 en su sentido y la practic\u00f3\u00bb, nos dice Vicente (XI, 428). El Ave\u00admar\u00eda y el Magnificat son sus credenciales. Ma\u00ad r\u00eda camina \u00abunida a su Hijo en la obra de la sal\u00advaci\u00f3n desde el momento de la concepci\u00f3n vir\u00adginal de Cristo hasta su muerte\u00bb (LG 57). Los misterios de Mar\u00eda son ante todo misterios de Jes\u00fas y esos misterios son los que el santo con\u00adtempla desde una lectura justa de las palabras evang\u00e9licas. Vicente admira repetidas veces el hecho de que \u00abs\u00f3lo el Hijo de Dios y su santa Ma\u00addre han sido totalmente perfectos\u00bb, pero la dife\u00adrencia, en \u00e9nfasis y extensi\u00f3n, que les concede es infinita. A prop\u00f3sito del enterramiento de una difunta en San L\u00e1zaro, como quer\u00eda santa Luisa de Marillac, le escribe Vicente: \u00abHonre la dife\u00adrencia de los sepulcros de nuestro Se\u00f1or y de la sant\u00edsima Virgen\u00bb (1, 363). San Vicente honr\u00f3 la diferencia entre ambos (lo de menos fueron los sepulcros), a sabiendas de que con ello no dis\u00adminu\u00eda el honor de \u00abla gloriosa Virgen Mar\u00eda\u00bb, co\u00admo gustaba llamarla. La mayor gloria de Mar\u00eda no consiste en ser igual a Jes\u00fas, sino en ser la pri\u00admera de sus disc\u00edpulos dentro del cristianismo, as\u00ed como la primera de los pobres dentro de la Igle\u00adsia de los pobres.<\/p>\n<p>3. Mar\u00eda, para san Vicente, es una mujer del pueblo mucho m\u00e1s que una estatua en su hor\u00adnacina dorada. Naturalmente, Mar\u00eda es m\u00e1s que una mujer, es la madre del Hijo de Dios. Pero, lo mismo que \u00e9ste se hizo \u00abuno de tantos\u00bb, ella apareci\u00f3 como una de tantas. \u00bfC\u00f3mo la contem\u00adpla con preferencia nuestro santo? Exactamente como lo hace el Evangelio: mujer de escucha y oraci\u00f3n; de ilusi\u00f3n y obediencia; virgen y madre cuando el Hijo es concebido, cuando nace y siem\u00adpre; mujer de dolor y de paz, de amor y de fami\u00adlia, de silencio y modestia, de humildad y traba\u00adjo, de pobreza y servicio, \u00abpasiva\u00bb y activa\u2026 Un p\u00e1rrafo de la Marialis Cultus nos da el sentido de esta visi\u00f3n de Mar\u00eda que tiene el santo: \u00abLa san\u00adtidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar los ojos a Mar\u00eda, la cual brilla como mo\u00addelo de virtud ante toda la comunidad de los ele\u00adgidos. Virtudes s\u00f3lidas, evang\u00e9licas: la fe y la d\u00f3cil aceptaci\u00f3n de la palabra de Dios; la obe\u00addiencia generosa; la humildad sencilla; la caridad sol\u00edcita; la sabidur\u00eda reflexiva; la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos, agradecida por los bienes recibidos, que ofrece en el templo, que ora en la comunidad apost\u00f3li\u00adca; la fortaleza en el destierro, en el dolor; la po\u00adbreza llevada con dignidad y confianza en el Se\u00f1or; el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz; la delicadeza provisora; la pureza virginal; el fuer\u00adte y casto amor esponsal. De estas virtudes de la Madre se adornar\u00e1n los hijos, que con tenaz pro\u00adp\u00f3sito contemplan sus ejemplos para reprodu\u00adcirlos en su vida. Y tal progreso en la virtud apa\u00adrecer\u00e1 como consecuencia y fruto maduro de aquella fuerza pastoral que brota del culto tribu\u00adtado a la Virgen\u00bb (n\u00ba 57).<\/p>\n<p>Culto, fuerza pastoral, virtudes marianas, es la l\u00f3gica que establece Pablo VI en esta \u00faltima fra\u00adse. Pero tambi\u00e9n es cierta, acaso m\u00e1s, la l\u00f3gica inversa: virtudes, fuerza pastoral, culto mariano. Las virtudes de la vida cotidiana de Mar\u00eda la cons\u00adtituyen \u00abmaestra de vida espiritual\u00bb (MC 21) y, en consecuencia, de fuerza pastoral. Esto es lo que ense\u00f1a Vicente. Y \u00abno precisamente por el tipo de vida que ella llev\u00f3, y menos por el ambiente socio-cultural en que se desarroll\u00f3, hoy supera\u00addo, sino porque en sus condiciones concretas de vida, ella se adhiri\u00f3 total y responsablemente a la voluntad de Dios y la puso en pr\u00e1ctica; porque su acci\u00f3n estuvo animada por la caridad y por el es\u00adp\u00edritu de servicio; es decir, porque fue la primera y la m\u00e1s perfecta disc\u00edpula de Cristo, lo cual tie\u00adne valor universal y permanente\u00bb (ib., 35). El pa\u00adso de las condiciones concretas de la vida de Ma\u00adr\u00eda a las condiciones concretas de la vida de un cristiano del siglo XVII, lo realiza Vicente de mo\u00addo espont\u00e1neo, sencillo y sabio. Su capacidad de \u00abaplicaci\u00f3n\u00bb del dato er\u00edstico o mariano es admi\u00adrable. Como vive lo que dice, la Virgen Mar\u00eda emerge de pronto como una Hija de la Caridad, o como un misionero, o como un laico de aque\u00adllos a quienes \u00e9l hablaba y sigue hablando. Esta es la \u00abautoridad\u00bb del discurso del santo. La Vir\u00adgen Mar\u00eda surge como modelo y compa\u00f1era cer\u00adcana y entra\u00f1able para el alma y la vida, la oraci\u00f3n y la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. Como es natural, le corresponde a Mar\u00eda, por su condici\u00f3n femenina de virgen-esposa-ma\u00addre, una relaci\u00f3n especial y directa con la mujer. San Vicente la descubre enseguida y la va a ma\u00adnejar en su trato espiritual y apost\u00f3lico con tan\u00adtas mujeres de su tiempo. Podemos esbozar tres puntos: Lo que el santo hizo por la mujer; su vi\u00adsi\u00f3n de Mar\u00eda en la mujer; su predilecci\u00f3n por un tipo determinado de mujer como revelaci\u00f3n de su modo m\u00e1s propio de ver a la Virgen Mar\u00eda.<\/p>\n<p>La mujer estar\u00e1 siempre en deuda con Vi\u00adcente de Pa\u00fal, porque \u00e9l ampli\u00f3 genialmente los horizontes de su vida en un tiempo cerrado a ellas. Las mujeres laicas recuperaron, gracias a \u00e9l, el ministerio propio de la caridad con sus inago\u00adtables posibilidades (X, 953. 957). Y las mujeres religiosas rompieron el reclusorio de los conven\u00adtos para llenar, yendo y viniendo, las calles de los pobres y las casas de los enfermos (IX, 1088).<\/p>\n<p>Una de las dimensiones esenciales de la fe de Vicente era la contemplaci\u00f3n continua de Dios en las personas y acontecimientos. Esa visi\u00f3n de fe se intensificaba con la contemplaci\u00f3n de Ma\u00adr\u00eda en toda mujer. Y en esto hay un sorprenden\u00adte testimonio del santo que a primera vista pudiera parecer banal: \u00abYo ten\u00eda por m\u00e1xima mirar a la es\u00adposa del se\u00f1or General (Margarita de Silly, se\u00f1o\u00adra de Gondi) como a la Virgen\u00bb (1, 377; IX-1, 27; X, 769, etc.). A sus misioneros les pide una actitud equivalente (XI, 719-720). Y a las Hijas de la Cari\u00ad dad les dice que miren a Mar\u00eda en las superioras (IX, 27), en sus Hermanas (IX, 831) y en toda mu\u00adjer: \u00abSi ten\u00e9is que tratar con una mujer, pensad que es con la sant\u00edsima Virgen\u00bb (IX, 1152).<\/p>\n<p>Vicente contempla a Maria en la mujer. Al principio en las mujeres nobles (Silly, Marillac, Goussault, etc.), pero su b\u00fasqueda recala en las j\u00f3venes campesinas, en las mujeres sencillas del pueblo. As\u00ed se expresa lncerti-Taddei, ha\u00adblando de las Hijas de la Caridad: \u00abMar\u00eda era efectivamente una mujer pobre Je pueblo, mu\u00adjer como las dem\u00e1s, con las mangas recogidas y el sudor en la frente. \u00bfQui\u00e9n ha recobrado es\u00adta imagen de Mar\u00eda? \u00bfQui\u00e9n ha buscado en Ma\u00adr\u00eda no a la mujer extraordinaria sino a la humil\u00adde Virgen Mar\u00eda? No digo: qui\u00e9n ha hecho esto con palabras, desarrollando una reflexi\u00f3n al res\u00adpecto (en esta perspectiva Teresa de Lisieux se\u00adr\u00eda m\u00e1s importante que el Fundador), sino digo: \u00bfqui\u00e9n, sin razonar, ha hecho esto, ha cambia\u00addo la flecha de la br\u00fajula desde el norte de las grandes mujeres m\u00edsticas al sur de las mujeres sencillas del pueblo? El silencio mariano de Vi\u00adcente se hace capacidad de acoger, de las per\u00adsonas y hechos de la vida, esta nueva orienta\u00adci\u00f3n, que da un nuevo rostro a la misma Madre de Dios. Todo cambio que se opera para trans\u00adformar el rostro de la mujer, cambia impl\u00edcita\u00admente el rostro de Mar\u00eda, y quiz\u00e1s es tambi\u00e9n verdad lo contrario\u2026 Por esto Vicente, el cam\u00adpesino pobre, tiene la inspiraci\u00f3n sorprendente de rezar un d\u00eda de esta manera verdaderamen\u00adte extraordinaria y absolutamente moderna: \u00abSant\u00edsima Virgen, t\u00fa que hablas por aquellos que no tienen voz y no pueden hablar, te supli\u00adcamos que asistas a esta peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda: contin\u00faa y acaba una obra que es la mayor del mundo\u2026\u00bb (IX, 733). Lo que m\u00e1s maravilla de es\u00adta oraci\u00f3n son unas palabras del todo insospe\u00adchables en la boca del santo: llama a la peque\u00ad\u00f1a compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad la obra m\u00e1s grande del mundo. Ha sido efectivamente una obra grand\u00edsima: delinear un nuevo perfil de la mujer en el pueblo de Dios y, al hacerlo, proponer tambi\u00e9n un nuevo modo de ver a la Madre de Dios\u00bb (o. c., 386-387).<\/p>\n<p>Esta trasposici\u00f3n de la figura de Mar\u00eda a la fi\u00adgura de una Hija de la Caridad no quita su pre\u00adsencia y trasparencia en la figura de cualquier otro tipo de mujer cristiana. Lo que aqu\u00ed se dice es que el estilo de vida de una buena Hija de la Caridad refleja la figura de Mar\u00eda seg\u00fan la ve\u00eda y sent\u00eda Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>5. Dijimos que la Virgen Mar\u00eda, en las pala\u00adbras de san Vicente, aparece siempre precedi\u00adda y acompa\u00f1ada por su Hijo Jesucristo. Tam\u00adbi\u00e9n aparece muchas veces precediendo y acompa\u00f1ando a las otras mujeres del Evangelio a modo de comunidad servidora de los pobres. El amor a Dios, dice Vicente, \u00abera el motivo de todas las acciones de la sant\u00edsima Virgen y de las buenas mujeres que serv\u00edan a los pobres ba\u00adjo la direcci\u00f3n de nuestra Se\u00f1ora y los ap\u00f3sto\u00adles: santa Magdalena, santa Mar\u00eda, santa Mar\u00eda Salom\u00e9, Susana y santa Juana de Cusa, mujer del procurador de Herodes, a las que os sent\u00eds tan felices do suceder\u00bb (IX, 38-39; cf. X, 962; I, 183. 397, etc.).<\/p>\n<p>Ser\u00eda inconcebible imaginar en san Vicente una imagen de Mar\u00eda ajena al servicio de los po\u00adbres. Supondr\u00eda una negaci\u00f3n de s\u00ed mismo, co\u00adsa que, si en ning\u00fan aspecto ocurri\u00f3 desde su plena conversi\u00f3n a Dios, menos iba a ocurrir en su contemplaci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, \u00edntima\u00admente unida a Jes\u00fas, el evangelizador de los pobres. Los misterios de Mar\u00eda derivan en acti\u00adtudes misioneras. Inmaculada Concepci\u00f3n, Anunciaci\u00f3n, Visitaci\u00f3n, son paradigma del \u00abd\u00e1r\u00adsenos Dios\u00bb, \u00abdarnos a Dios\u00bb, \u00abdarnos a los pobres\u00bb. No se trata de devociones. Se trata de actitudes necesarias para la evangelizaci\u00f3n de los pobres contempladas en el alma de la Vir\u00adgen Mar\u00eda, reina de los ap\u00f3stoles y estrella de la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Resumiendo todo lo dicho con expresiones de Dodin, podemos concluir as\u00ed: San Vicente pare\u00adce un pariente pobre de la familia mariana de su tiempo. Pero no nos fiemos de las apariencias: es m\u00e1s rico por lo que oculta que por lo que dice ex\u00adpresamente. Su devoci\u00f3n a la Virgen \u00abes una ac\u00adtitud b\u00e1sica, fundamental, de todo su ser. Forma parte, la m\u00e1s \u00edntima, de su religi\u00f3n; armoniza y vivifica enteramente su experiencia religiosa\u00bb tIncerti-Taddei, <em>o. c., <\/em>399).<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>La bibliograf\u00eda directa es muy escasa. Adem\u00e1s de las obras citadas en las Notas, ver:<\/p>\n<p>A. ORCAJO, C.M., <em>El seguimiento de Jes\u00fas seg\u00fan Vicente de Pa\u00fal, <\/em>cap\u00edtulo V, . La Milagrosa, Ma\u00addrid, 1990, pp. 101-114.- T. MARQUINA, C.M., <em>San Vicente de Pa\u00fal y la Sant\u00edsima Virgen, <\/em>en <em>Anales, <\/em>1978-3, pp. 224-234.- J. P. RENOUARD, C.M., <em>Sentido mariano en la experiencia es\u00adpiritual de san Vicente, <\/em>en <em>Las apariciones de la Virgen Mar\u00eda a santa Catalina Labour\u00e9, <\/em>CE-ME, Salamanca, 1981, pp. 11-25).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00ab\u2026La devoci\u00f3n mariana constituye una comprobaci\u00f3n im\u00adportante. 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