{"id":40810,"date":"2014-10-30T08:13:30","date_gmt":"2014-10-30T07:13:30","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/accion-caritativo-social-en-la-iglesia-iii-hacia-una-accion-caritativa-mas-pastoral\/"},"modified":"2016-07-26T18:54:22","modified_gmt":"2016-07-26T16:54:22","slug":"accion-caritativo-social-en-la-iglesia-iii-hacia-una-accion-caritativa-mas-pastoral","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/accion-caritativo-social-en-la-iglesia-iii-hacia-una-accion-caritativa-mas-pastoral\/","title":{"rendered":"Acci\u00f3n caritativo-social en la Iglesia: III. Hacia una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s pastoral"},"content":{"rendered":"<h2>III. Hacia una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s pastoral<\/h2>\n<h3><em>1. <\/em><em>Una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s universal y desinteresada<\/em><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/caridad_iglesia_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-40802\" title=\"caridad_iglesia_01\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/caridad_iglesia_01-226x300.jpg?resize=226%2C300\" alt=\"\" width=\"226\" height=\"300\" \/><\/a><em>a) <\/em>La acci\u00f3n caritativa del cristiano no puede excluir aprio\u00adr\u00edsticamente a nadie; debe estar abierta a todos los hombres. Con la par\u00e1bola del buen samaritano Cristo nos quiere ense\u00f1ar que el amor verdadero no conoce esp\u00edritu de castas, ve en cada hombre necesitado al pr\u00f3jimo que le pide ayuda, y mira como al pr\u00f3jimo m\u00e1s pr\u00f3ximo al que mayor necesidad padece.<\/p>\n<p>Sin embargo, ya el mismo Cristo \u2014que, tanto con sus pa\u00adlabras como con sus ejemplos, nos manifiesta claramente la uni\u00adversalidad de su amor\u2014 no vacila en dirigir la mayor\u00eda de sus intervenciones milagrosas hacia \u00ablas ovejas de Israel\u00bb. Incluso en alguna ocasi\u00f3n esta preferencia nos resulta dif\u00edcil de com\u00adprender (por ejemplo las palabras que dirige a la mujer canana; Mt. 15, 27; Mc. 7, 28).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el cristiano puede conjugar la universalidad de su amor y de su acci\u00f3n caritativa con la preferencia por los her\u00admanos en la fe. M\u00e1s all\u00e1 de la pertenencia a una misma natura\u00adleza, el cristiano sabe tambi\u00e9n que la gracia une a los hermanos en el amor de Dios y en la comunidad de la Iglesia. Santo To\u00adm\u00e1s, poco amigo de exageraciones y de met\u00e1foras, opina que en el orden de la gracia \u00abnuestra alma tiene una comuni\u00f3n m\u00e1s \u00edntima con el pr\u00f3jimo que con el propio cuerpo\u00bb (II-II, q. 26, a. 5, ad 2). Y ya sabemos lo que es para Santo Tom\u00e1s la uni\u00f3n substancial del alma con el cuerpo. Es por esta raz\u00f3n que el Ap\u00f3stol nos manda que \u00abhagamos bien a todos, pero especial\u00admente a los hermanos en la fe\u00bb (Gal 6, 10), a aquellos que son \u00abnuestros hermanos\u00bb (Sant 2, 15). Es tambi\u00e9n por este motivo que se saluda a todos l6s hermanos con, el \u00ab\u00f3sculo santo\u00bb (1 Tes 5, 26; 1 Pet 5, 14) y que se ama a los hijos de una sola e id\u00e9ntica madre (cf. 2 Jo. 1, 13) y la fraternidad de la misma Iglesia (1 Pet 2, 17).<\/p>\n<p>Por lo menos potencialmente, nuestro pr\u00f3jimo <em>y <\/em>actualmen\u00adte lo es el que nos sale al paso en nuestra situaci\u00f3n concreta con su singularidad subjetiva, y en la medida en que lo hace. El pr\u00f3jimo tanto puede ser el buscado por m\u00ed como el que inesperadamente irrumpe en el \u00e1rea de mi existencia personal. Por la fe conocemos el llamamiento de todos los hombres a la filiaci\u00f3n de Dios en el Hijo y, al mismo tiempo, sabemos que a trav\u00e9s de la justificaci\u00f3n todos los justificados en Cristo son hermanos por la gracia (Mc 3, 31-35; cf. Jo 14, 21; 15, 14 s) y por lo tanto pueden amarse sobrenaturalmente.<\/p>\n<p>Es verdad que, cuando San Juan habla del amor al pr\u00f3jimo (por ejemplo en 1 Jo 3, 11.23; 4, 7), de hecho s\u00f3lo se refiere expl\u00edcitamente al amor entre <em>hermanos <\/em>(los creyentes) y a este amor lo considera como una forma perfecta de la caridad al pr\u00f3jimo. Para \u00e9l, los <em>hermanos <\/em>son los <em>re-nacidos <\/em>del mismo Padre, es decir, los cristianos, los creyentes en Jes\u00fas y miem\u00adbros de la comunidad. Sin embargo, esta caridad, aunque pri\u00admariamente debe existir entre hermanos, no se circunscribe a ellos. Puesto que el <em>agap\u00e9 <\/em>de la comunidad fraterna es el mismo de Dios, lleva inherente una dimensi\u00f3n de apertura y la ten\u00addencia al don gratuito para que otros lleguen a participar en esa comuni\u00f3n. El <em>agap\u00e9 <\/em>es din\u00e1mico, irradia hacia fuera en for\u00adma de testimonio. La m\u00e1xima expresi\u00f3n, de amor hacia los no cristianos es darles a conocer las maravilas del amor divino (Cf. J. M. Casab\u00f3, <em>La Teolog\u00eda moral en San Juan, <\/em>Fax, Ma\u00addrid 1970, p. 393-402).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n para San Pablo, hermanos, en sentido propio, s\u00f3lo lo son los justificados en Cristo; los otros est\u00e1n fuera de esta hermandad peculiar (1 Tes 4, 10-12; <em>cf. <\/em>1 Cor 5, 12.13; Col 4, 5). As\u00ed, las prescripciones paulinas sobre la conducta con los de fuera, en parte son abiertas (Rom 13, 8; 1 Tes 3, 12; 5, 15; Tit 3, 2; tambi\u00e9n 1 Cor 9, 19; 1 Tim 2, 1; Rom 13, 1; Tit 3, 1; Fil 2, 15; Rom 12, 17; 2 Cor 8, 21; 1 Tes 4, 12; 5, 22; Rom 15, 2; 1 Tim 4, 12) y en parte se\u00f1alan fuertemente las fronteras (Col 4, 5 cf. 2 Cor 6, 15; Ef 4, 28; 1 Tes 4, 11-12; Ef 5, 6-7; 2 Cor 6, 17). La delimitaci\u00f3n de la fraternidad cris\u00adtiana no tiene, sin embargo, por finalidad trazar un c\u00edrculo esot\u00e9rico sino que se hace en servicio de la totalidad (cf. Rom 5, 12-21).<\/p>\n<p>Puesto que Jes\u00fas muri\u00f3 por todos los hombres y, consiguien\u00adtemente, todos est\u00e1n llamados a esa fraternidad sobrenatural, el amor sobrenatural al pr\u00f3jimo debe extenderse a todos los hombres y actualizarse en aquellos que necesitan su ayuda en el \u00e1mbito espiritual o en el material (Lc 10, 30-37; Mt 25, 31-46).<\/p>\n<p>Evidentemente la proximidad en la fe no es el \u00fanico cri\u00adterio de prioridad. Tambi\u00e9n el volumen y la urgencia de la mi\u00adseria o necesidad son \u00edndices que hay que tener en cuenta, lo mismo que el parentesco, la proximidad territorial y tempo\u00adral, etc. (Cf. II-II, p. 26, a. 1-13).<\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar de la jerarqu\u00eda que puede establecerse en los destinatarios de las obras de caridad, la acci\u00f3n caritativa, de suyo, siempre debe estar abierta a horizontes universales. As\u00ed nos lo ense\u00f1a Jes\u00fas (Cf., por ejemplo, Mt 5, 38-47; Lc 6, 29-36; 14, 12-14; Mt 20, 25-26; Mc 10, 42-43; Lc 22, 24-27; Mc 11, 25; Mt 6, 14-15; 18, 21-22; Lc 17, 26; Mt 5, 23-24; Lc 10, 25-37; 6, 35-36; etc.) y, tras de \u00e9l, toda la tradici\u00f3n, dentro de la cual juega un papel muy importante San Agust\u00edn, el cual clama: \u00abDilatentur spatia caritatis\u00bb (Sem. 69, 1) y \u00abExtiende la caridad por todo el orbe si quieres amar a Cristo, por\u00adque los miembros de Cristo se hallan esparcidos por todo el mundo.\u00bb (In Joan. X, 8). Pablo VI, en distintas alocuciones, hace hincapi\u00e9 en la universalidad de nuestra caridad (cf., por ejemplo, homil\u00eda de 17-XI-1963; alocuci\u00f3n de 29-VI-1963; ho\u00admil\u00eda de 17-V-1964; radiomensaje de 22-XII-1964; alocuci\u00f3n de 29-IX-1967; etc).<\/p>\n<p>b) Adem\u00e1s de universal y jerarquizada, nuestra acci\u00f3n ca\u00adritativa debe ser desinteresada. Cristo, con sus palabras y ejem\u00adplos, nos lo ense\u00f1a y manda. Al hacer alguna obra de caridad nuestra mano izquierda debe ignorar lo que hace la derecha (Mt. 6, 3). Jes\u00fas no ama a quienes \u00absaben\u00bb que hacen una obra buena, a quienes practican la caridad con aire de gandes se\u00f1ores. Por eso prohibe la caridad ruidosa de los fariseos. En este terre\u00adno hay que evitar la pr\u00e1ctica de las obras de caridad como me\u00addio ego\u00edsta para asegurar la propia salvaci\u00f3n o para hacer pro\u00adselitismo de mala ley. Expliquemos algo m\u00e1s estos dos fines icaceptables.<\/p>\n<p>aa) Es verdad que la revelaci\u00f3n del Nuevo Testamento recurre a la recompensa y al castigo como est\u00edmulo que ayuda a la conciencia para obrar el bien. Tambi\u00e9n es verdad que el Concilio de Trento se vio obligado a definir contra los refor\u00admadores que \u00abel justo no peca cuando obra el bien con vistas a la recompensa eterna\u00bb (Denz. 841). Sin embargo, el premio y el castigo no deben convertirse en motivo \u00fanico ni siquiera principal de nuestra acci\u00f3n caritativa. Jam\u00e1s podemos dar la exclusiva ni siquiera la primac\u00eda, en el ejercicio de la caridad, el \u00abs\u00e1lvate a ti mismo\u00bb, \u00absalva tu alma\u00bb o \u00ab\u00bfme aprovechar\u00e1 esto para la eternidad?\u00bb. Si obramos principalmente por estos motivos, nuestro amor f\u00e1cilmente dejar\u00eda de ser amor para con\u00advertirse en una especie de \u00abego\u00edsmo sobrenatural\u00bb y nuestra acci\u00f3n aparecer\u00eda coloreada de hipocres\u00eda. Cuando el cristiano, con el dinero de sus limosnas o con su acci\u00f3n personal, piensa m\u00e1s en comprarse el cielo y asegurarse la salvaci\u00f3n del alma que en auxiliar al pr\u00f3jimo, hay que confesar lealmente que, en este caso, m\u00e1s que caridad se da un ego\u00edsmo m\u00e1s o menos camuflado que opera a alto inter\u00e9s, convirtiendo la caridad en medio y a los necesitados en instrumento o trampol\u00edn para ga\u00adnarse la gloria eterna. Con ello es muy f\u00e1cil caer en una moral interesada, en un amor sospechoso, que dista mucho de ser aut\u00e9ntica caridad. Cuando se ama de verdad al hombre, se le debe amar en s\u00ed mismo y por s\u00ed mismo y a fondo perdido. Lo dem\u00e1s ya vendr\u00e1 por a\u00f1adidura.<\/p>\n<p>No podemos negar que con frecuencia nuestro amor a los dem\u00e1s es muy imperfecto e interesado. Hacemos obras que lla\u00admamos \u00abde caridad\u00bb por la esperanza de \u00abagradar\u00bb y de \u00abga\u00adnarnos\u00bb a Dios a trav\u00e9s de aquella acci\u00f3n. Tal vez sea \u00e9ste el sentido en que ordinariamente se usa la expresi\u00f3n \u00abamar al pr\u00f3\u00adjimo por Dios\u00bb. Pero en este caso es muy posible que no se <em>d\u00e9 <\/em>amor de caridad sino sinplemente ejercicio de una virtud moti\u00advada por la esperanza de obtener un bien mayor. \u00a1Esto no es amor de caridad! Nuestra preocupaci\u00f3n, en este caso, no es amar sino \u00abganarnos\u00bb a Dios y \u00abasegurar\u00bb nuestra bienaventu\u00adranza eterna. Si nos dejamos obsesionar por la preocupaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n personal, posiblemente hagamos el bien al pr\u00f3jimo. Lo amaremos efectivamente, si por amor entendemos hacer el bien a alguien, pero no lo amaremos <em>afectivamente, <\/em>porque no crearemos entre nosotros y \u00e9l aquella relaci\u00f3n cordial y fervien\u00adte que exige la verdadera caridad. Nuestros hermanos se be\u00adneficiar\u00e1n de nuestra ayuda, de nuestra dedicaci\u00f3n <em>a causa de Dios al que precisamos llegar, en vista de la meta que a toda costa queremos conseguir. <\/em>Pero estos motivos, m\u00e1s propios de la esperanza que de la caridad, no consiguen hacernos amar a Dios en nuestros hermanos, a Dios, que se encuentra en ellos y que, por esta raz\u00f3n, los hace dignos de amor en s\u00ed mismos y por s\u00ed mismos. Esta falta de amor <em>afectivo <\/em>es lo que lamentaba un enfermo, hablando de la religiosa que lo atend\u00eda: \u00abElla es de una dedicaci\u00f3n ilimitada, pero tengo la impresi\u00f3n de que no se interesa lo m\u00e1s m\u00ednimo por m\u00ed: soy para ella como un simple escabel para alcanzar el cielo no se interesa del escabel sino que s\u00f3lo se sirve de \u00e9l.\u00bb <em>(F\u00e9tes et Saisons, <\/em>n. 10. Sobre la uni\u00f3n del amor afectivo y efectivo en San Vicente de Pa\u00fal, cf. A. Dodin, <em>San Vicente de Pa\u00fal, ap\u00f3stol y doctor de la ca\u00ad<\/em><em>ridad, <\/em>en <em>Asambleas del Se\u00f1or, <\/em>n. 66. pp. 79-82).<\/p>\n<p>Esta actitud exageradamente interesada en la pr\u00e1ctica de la acci\u00f3n caritativa \u2014basada en una moral de compensaciones ce\u00adlestes\u2014 ha sido objeto de muchas cr\u00edticas. Las reprochaba N. Berdiaeff (La <em>destination de l&#8217;homme, <\/em>Paris 1935, p. 245), se burla de ella Sartre <em>(La Naus\u00e9e, <\/em>Paris 1973, p. 110), la despre\u00adcian los marxistas (Cf. <em>R\u00e9flexes et reflexions marxistes <\/em>en <em>Eco\u00ad<\/em><em>nomie et Humanisme, <\/em>1945, p. 135)&#8230; Al mismo hombre hon\u00adrado de la calle le repugna el c\u00e1lculo interesado del cristiano vulgar cuya prudencia burguesa ha querido convertir la acci\u00f3n caritativa en una especie de prima de seguro sobre la eternidad. Se podr\u00edan aplicar a \u00e9stos aquelas palabras duras de Papini: \u00abEsperan con unas cuantas limosnas de calderilla&#8230; comprar a bajo precio un lugar preferente en el cielo\u00bb <em>(Cartas del Papa <\/em><em>Celestino VI a los hombres, <\/em>p. 132).<\/p>\n<p>Quien practica la acci\u00f3n caritativa, principal o exclusiva\u00admente con vistas a una recompensa o por miedo a un castigo, olvida que tales especulaciones son imposibles y al mismo tiem\u00adpo in\u00fatiles antes Dios, puesto que El recompensar\u00e1 con <em>creces <\/em>la caridad desinteresada (Cf. Mt 20, 1-16; Lc 6, 38; 1 Cor 13, 5).<\/p>\n<p>No queda truncado el hilo entre la caridad desinteresada y la b\u00fasqueda de la bienaventuranza. Cuando un cristiano tra\u00adbaja para realizar su propio destino, debe hacerlo adhiri\u00e9ndose cada vez m\u00e1s estrechamente a Cristo. Pero, en la misma medida en que va realizando esta adhesi\u00f3n, se va introduciendo en un mundo nuevo. Ya no es \u00e9l quien vive, sino que es Cristo quien vive en \u00e9l (Gal 2, 20). Entonces se hace capaz de experimen\u00adtar los mismos sentimientos de Cristo, de amar a los dem\u00e1s con celo divino, con la misma ternura que Cristo, de obrar presio\u00adnado por el amor a aqu\u00e9l cuya pasi\u00f3n prolonga por el bien de la Iglesia, de ser anatema por los dem\u00e1s como Cristo se hizo maldici\u00f3n por nosotros&#8230; (Cf. Gal 3, 13; 2 Cor. 5, 21; Rom. 8, 3). He aqu\u00ed el cambio. Arrancando de la preocupaci\u00f3n por me\u00adrecer una eternidad bienaventurada, el cristiano se encuentra de pronto introducido en la intimidad de Cristo y participando de su vida y de sus sentimientos. Entonces su actividad cambia de orientaci\u00f3n. Ya no est\u00e1 enfocada hacia una recompensa ex\u00adterior que le atrae y estimula sino que se hace obediente a un impulso interior que le empuja a avanzar. (Cf. G. Didier, <em>D\u00e9sin\u00ad<\/em><em>t\u00e9ressement du chr\u00e9tien, <\/em>Paris 1955, pp. 227-228).<\/p>\n<p>Todo lo dem\u00e1s vendr\u00e1 por a\u00f1adidura. Jam\u00e1s podremos ga\u00adnar en generosidad a Dios ni a Cristo. San Vicente de Pa\u00fal es bien expl\u00edcito en este punto. He aqu\u00ed su pensamiento que ex-pingamos un tanto al azar entre sus obras:<\/p>\n<p>Cristo est\u00e1 presente en los pobres y considera como hecho a s\u00ed mismo lo que se haga a ellos (XIII, 427-428; V, 615; IX, 324, 325, 332; X, 126, 610, 680; VI, 496-497). Estos seres, humanamente despreciables son en realidad grandes se\u00f1ores. Gozan de un sorprendente privilegio: abren las puertas del cie\u00adlo (IX, 253; X, 109). A quienes les sirven, dan mucho m\u00e1s que recompensas terrenas (IX, 252), pero ya en este mundo les pa\u00adgan con una alegr\u00eda inefable, una felicidad singular (IX, 88; X, 680-682). Los que sirven a los pobres no tienen miedo a la muerte. Los \u00e1ngeles, atentos, velan por ellos y cuentan todos sus pasos (X, 5). Por todo esto, concluye San Vicente: \u00abNo disponemos de mejor manera de asegurar nuestra eterna felici\u00addad que viviendo y muriendo al servicio de los pobres, entre los brazos de la Providencia, en una actual renuncia de nosotros mismos para seguir a Jesucristo (III, 393) (Nos referimos a la edici\u00f3n de las obras de San Vicente de Pa\u00fal, hecha por Pierre Coste (Paris 1920-1925) en 14 vols. Los n\u00fameros romanos in\u00addican el tomo y los dem\u00e1s la p\u00e1gina).<\/p>\n<p>3bb) Este desinter\u00e9s de la acci\u00f3n caritativa debe manifes\u00adtarse tambi\u00e9n en otra vertiente que puede parecer menos ego\u00edsta e incluso coloreada positivamente de celo apost\u00f3lico. Me refiero a la acci\u00f3n caritativa como instrumento de proselitismo.<\/p>\n<p>Cuando hablo de proselitismo, lo entiendo en sentido peyo\u00adrativo, como \u00abuna especie de corrupci\u00f3n del testimonio cristia\u00adno\u00bb. Es decir, lo que intentamos excluir de la acci\u00f3n caritativa es aquel proselitismo que condena el Concilio Vaticano u en su Declaraci\u00f3n sobre la libertad religiosa y que reza as\u00ed: \u00abEn la divulgaci\u00f3n de la fe religiosa y en la introducci\u00f3n de costumbres hay que abstenerse siempre de cualquier clase de actos que pue\u00addan tener sabor a coacci\u00f3n o a persuasi\u00f3n inhonesta o menos recta, sobre todo cuando se trata de personas rudas o necesita\u00addas. Tal comportamiento debe considerarse como abuso del de\u00adrecho propio y lesi\u00f3n del derecho ajeno.\u00bb (n. 4). Y en el Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, el Concilio afir\u00adma tambi\u00e9n: \u00abLa Iglesia prohibe severamente que a nadie se obligue o induzca o se atraiga por medios indiscretos a abrazar la fe&#8230;\u00bb n. 13). Tambien el <em>Directorio del Ecumenismo, <\/em>recha\u00adcha el proselitismo en los n. 28 y 46, y lo mismo hizo Pablo vi, en la audiencia de 28 de abril de 1967, hablando al \u00abSecreta\u00adriado para la uni\u00f3n de los Cristianos\u00bb.<\/p>\n<p>Aplicando esta doctrina a nuestro terreno, hay que decir que la caridad y la acci\u00f3n caritativa no pueden convertirse en medio. Son un valor absoluto: no se pueden hacer servir para otros prop\u00f3sitos. Esto equivaldr\u00eda a faltar a la justicia con res\u00adpecto al pr\u00f3jimo y a su libertad y querer coaccionado con nues\u00adtra ayuda.<\/p>\n<p>El celo apost\u00f3lico no es conquista coactiva ni sectarismo sino s\u00f3lo ofrecimiento de amor. Excluye cualquier idea orgu\u00adllosa de superioridad porque lo que la caridad quiere es que nos hagamos servidores del pr\u00f3jimo; huye de cualquier argu\u00admentaci\u00f3n falaz porque quiere la verdad; proscribe toda discu\u00adsi\u00f3n violenta y litigosa porque la cuesti\u00f3n est\u00e1 en escuchar jun\u00adtos la palabra que est\u00e1 por encima del uno y del otro; rechaza hacer cualquier presi\u00f3n porque va tanto contra la libertad del hermano como contra la propia.<\/p>\n<p>La misericordia, las iniciativas de beneficencia, etc. no pue\u00adden ser consideradas utilitariamente como medio de evangeliza\u00adci\u00f3n porque el amor no puede ser medio para otros fines. Todo esto debe ser expresi\u00f3n de amor genuino. El amor y la mise\u00adricordia deben ser verdaderos; s\u00f3lo entonces lo que se hace en virtud de ellos, revela a Dios que es amor y lo hace llegar a las almas.<\/p>\n<p>El encuentro con el pobre o necesitado no es un medio pa\u00adra conquistarlo. Es una ocasi\u00f3n para poner al Dios salvador en presencia del hombre que debe salvarse. Mediante la caridad nosotros debemos ser sacramento del coraz\u00f3n de Cristo, del en\u00adcuentro entre Dios y el hombre. En el aut\u00e9ntico amor al pr\u00f3ji\u00admo, no somos nosotros los que amamos sino Dios que ama en nosotros (cf. Gal 2, 20); es El quien, con nuestras manos, con nuestro dinero, con nuestra amistad, se hace \u00abprovidencia\u00bb pa\u00adra el otro y le habla. Toda chispa de verdadero amor al pr\u00f3jimo es una epifan\u00eda de Dios. Y cuando Dios se revela en el amor a los hermanos, \u00e9stos no pueden menos que seguir su brillo. He aqu\u00ed porque, en todos los tiempos, la caridad ha sido y sigue siendo el camino a la verdad. Este es el \u00fanico, verdade\u00adro y eficaz apostolado. Ser ap\u00f3stoles de un Dios-Amor significa no llevar otra cosa que el amor en la donaci\u00f3n de s\u00ed y en el servicio.<\/p>\n<p>Sin embargo, es necesario a\u00f1adir que ser\u00eda otra forma de faltar a la caridad y a la justicia ocultar sistem\u00e1ticamente al pr\u00f3jimo nuestra fe y los motivos evang\u00e9licos de nuestra acci\u00f3n caritativa. El pr\u00f3jimo tiene el derecho de conocer el nombre y ver el rostro de la Iglesia que lo socorre y ayuda para que \u2014a trav\u00e9s de las obras buenas de sus miembros\u2014 pueda glorificar al Padre celestial (Mt. 5, 16). Por otra parte, la Iglesia tiene el derecho y el deber de propagar la caridad que la anima para que su esfuerzo se haga comunitario \u2014es decir, exista una ac\u00adci\u00f3n caritativa de la comunidad eclesial\u2014 y as\u00ed asegure mejores condiciones de eficiencia en su acci\u00f3n. Adem\u00e1s, el hombre al que ella se dirige, siente muchas veces necesidad de una fami\u00adlia. Si el encuentro con un hombre de bien es siempre benficio\u00adso, lo es mucho m\u00e1s la entrada en una familia. Sentirse amado por alguien que pasa, es un alivio que dura unos minutos; per\u00adtenecer a una familia, es un apoyo permanente.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, ni ostentaci\u00f3n ni timidez vergonzosa; acci\u00f3n lle\u00adna de sencillez y de naturalidad. Como Cristo, que, despu\u00e9s de obrar sus milagros en favor de los enfermos y necesitados, esquivaba la exaltaci\u00f3n y los aplausos, pero jam\u00e1s ocultaba su identidad al obrarlos. (Cf., por ejemplo, Mt. 14, 22; Mc. 6, 45; Jo. 6, 15; 4, 26; 9, 37; Mt. 8, 4; Mc. 1, 34; 3, 12; etc.)<\/p>\n<h3>2. <em>Una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s inserta en la pastoral de conjunto<\/em><\/h3>\n<p>Damos por supuesto el conocimiento de lo que es la pas\u00adtoral de conjunto \u2014tema de tanta actualidad e importancia en el momento presente\u2014 y tambi\u00e9n de lo que son las acciones eclesiales en la estructura de la din\u00e1mica pastoral de la Iglesia. Recordemos, simplemente, en un repaso tan r\u00e1pido como superficial, que las tres grandes acciones eclesiales \u2014en definiti\u00adva tres vertientes de una misma acci\u00f3n eclesial\u2014 son la acci\u00f3n prof\u00e9tica, la acci\u00f3n lit\u00fargica y la acci\u00f3n pastoral del servicio cristiano. La <em>acci\u00f3n prof\u00e9tica <\/em>es la que efect\u00faa la Iglesia al transmitir su mensaje, bien sea a trav\u00e9s de la evangelizaci\u00f3n de los alejados, de la catequesis de los iniciados o del robusteci\u00admiento de los fieles en torno a la Eucarist\u00eda, sobre todo median\u00adte la homil\u00eda. La <em>acci\u00f3n lit\u00fargica <\/em>la lleva a cabo la Iglesia me\u00addiante la oraci\u00f3n comunitaria, la celebraci\u00f3n de los sacramen\u00adtos y, muy especialmente, con la asamblea eucar\u00edstica en torno del altar. La <em>acci\u00f3n pastoral del servicio cristiano <\/em>es la que rea\u00adliza la Iglesia de suerte que la comunidad sea un signo de amor en su unidad mediante la puesta en com\u00fan de las voluntades (gobierno), de los bienes (caridad) y de los esfuerzos para la promoci\u00f3n apost\u00f3lica e instauraci\u00f3n cristiana de lo temporal (apostolado). (Cf. Florist\u00e1n y M. Useros, <em>Teolog\u00eda de la ac\u00adci\u00f3n pastoral, <\/em>BAC, Madrid 1968, p. 257 ss).<\/p>\n<p>La acci\u00f3n caritativa, encuadrada dentro del servicio total cristiano o de la solicitud pastoral de la Iglesia en un sentido estricto, es esencial en la edificaci\u00f3n del Reino. Su ejercicio de\u00adbe situarse en la pastoral de conjunto, que tiene por base fun\u00addamental a la Iglesia local. La acci\u00f3n caritativa es un ministe\u00adrio de la Iglesia. Al Estado competen, evidentemente, todos aquellos servicios que nacen desde la justicia humana. La cari\u00addad cristiana es por su origen, motivo y fin, distinta del servi\u00adcio social estatal, ya que su fundamento reside en el amor de Dios.<\/p>\n<p>Por ser la Iglesia la realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la verdad y del amor en Cristo a trav\u00e9s de la comunidad cristiana, la acci\u00f3n caritativa es esencial en la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo. \u00abTodo ejercicio de apostolado \u2014afirma el decreto del C. Vati\u00adcano u sobre el apostolado de los laicos\u2014 tiene su origen y su fuerza en la caridad\u00bb (AA 8).<\/p>\n<p>a) Esta inserci\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa en la acci\u00f3n pas\u00adtoral debe darse, ante todo, a nivel del ministerio de la palabra. El mensaje cristiano que transmite el ministerio prof\u00e9tico es en realidad un mensaje de amor y de misericordia. Y la fe, que busca como fin este ministerio de la palabra, de nada servir\u00eda sin la caridad (1 Cor. 13, 1), ya que \u00abel fin de la proclamaci\u00f3n es la caridad que procede de un coraz\u00f3n limpio, de una con\u00adciencia recta y de una fe sincera.\u00bb (1 Tim 1, 5). Por consiguien\u00adte, la predicaci\u00f3n debe insistir sobre el punto central del mayor de los mandamientos (Mt. 22, 37-40), del mandamiento \u00abnue\u00advo\u00bb (Jo. 13, 34) y t\u00edpicamente cristiano, es decir, el del amor. \u00abQueremos \u2014escrib\u00eda P\u00edo xi en la enc\u00edclica <em>Divini Redempto\u00ad<\/em><em>ris <\/em>(1937)\u2014 que se exponga sin descanso, de palabra y por escrito, este divino precepto, precioso distintivo dejado por Cris\u00adto a sus verdaderos disc\u00edpulos; este precepto, que nos ense\u00f1a a ver en los que sufren al mismo Jes\u00fas en persona y que nos manda amar a todos los hombres como a nuestros hermanos con el mismo amor con que el divino Salvador nos ha amado.\u00bb (n. 48). Nadie pretender\u00e1 que este deseo del Papa ya haya sido realizado. A pesar de todos los esfuerzos laudables de la cate\u00adquesis y de la predicaci\u00f3n, la exigencia fundamental de la cari\u00addad todav\u00eda queda demasiado ahogada por la exuberante flora de las recomendaciones y exposiciones sobre temas menos esen\u00adciales.<\/p>\n<p>b) Esta inserci\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa en la acci\u00f3n pas\u00adtoral debe conseguirse y manifestarse tambi\u00e9n en el culto y, muy especialmente, en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. Es tradi\u00adcional en la Iglesia la afirmaci\u00f3n de que el significado \u00faltimo de la Eucarist\u00eda es la \u00abunidad y la caridad\u00bb (Denz. 415). Santo Tom\u00e1s dice que la Eucarist\u00eda es el \u00absacramento de la unidad eclesi\u00e1stica\u00bb (III, q. 67, a. 2). Siguiendo esta corriente tradicio\u00adnal, el Concilio Vaticano u afirma que \u00abson los sacramentos, y, sobre todo la Eucarist\u00eda, los que comunican y alimentan en los fieles la caridad, que es como el alma de todo apostolado\u00bb (AA 3), ya que el sacrificio eucar\u00edstico es \u00abv\u00ednculo de caridad\u00bb (SC 47). \u00abLa comunidad cristiana se hace exponente de la pre\u00adsencia de Dios en el mundo, pues por el sacrificio eucar\u00edstico pasa con Cristo al Padre; nutrida cuidadosamente con la pala\u00adbra de Dios, da testimonio de Cristo, y, finalmente, anda en la caridad y se inflama de esp\u00edritu apost\u00f3lico.\u00bb (AG 15). Por con\u00adsiguiente, \u00abtodos los ministerios &#8216;eclesi\u00e1sticos y obras de apos\u00adtolado est\u00e1n \u00edntimamente trabados con la Sagrada Eucarist\u00eda y a ella se ordenan.\u00bb (PO 4) (Cf. Card. Gom\u00e1, <em>La Eucarist\u00eda <\/em><em>y la vida cristiana, <\/em>Barcelona 1947, 4.a ed., I, pp. 323-346; M. Huftier, <em>Eucarist\u00eda y caridad en San Agust\u00edn, en Asambleas del <\/em><em>Se\u00f1or, <\/em>n. 55, pp. 69-89).<\/p>\n<p>No vamos a exponer ahora las relaciones de la Eucarist\u00eda con el amor fraterno, punto que por s\u00ed solo podr\u00eda constituir el tema de estudio de toda una Semana. S\u00f3lo queremos apuntar algunos aspectos que pueden constituir una buena fuente para orientar pastoralmente el inter\u00e9s de los fieles hacia la ayuda a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00eda posible hacer de nuestras celebraciones eucar\u00edsticas el momento solemne de una aut\u00e9ntica comuni\u00f3n de bienes en\u00adtre todos los hermanos? La historia puede ofrecernos una base preciosa para restaurar una tradici\u00f3n <em>casi <\/em>desaparecida.<\/p>\n<p>Un primer elemento nos lo brinda San Pablo en la denun\u00adcia que hace de falta de comuni\u00f3n de bienes temporales en las celebraciones de la Cena del Se\u00f1or entre los Corintios (Cf. 1 Cor. 11, 17 ss). El Se\u00f1or hab\u00eda instituido la Eucarist\u00eda en la cena pascual. Esto introdujo la costumbre de que los cristianos se reunieran en una comida familiar (agap\u00e9). Era costumbre griega que en las fiestas familiares las personas reunidas apor\u00adtaran sus propias viandas, las cuales, colocadas sobre la mesa, constitu\u00edan la provisi\u00f3n com\u00fan de todos. Los m\u00e1s pudientes ven\u00edan con su abundancia y los m\u00e1s pobres con su relativa es\u00adcasez, pero exist\u00eda comuni\u00f3n a la hora de participar. San Pablo denuncia la cicateria de unos y la humillaci\u00f3n de los otros por\u00adque los ricos reservaban para s\u00ed sus propias provisiones. Esto creaba divisi\u00f3n en la comunidad o asamblea convocada para la comuni\u00f3n en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. As\u00ed se lamen\u00adtaba: \u00abOigo que al reuniros (como Iglesia) hay entre vosotros escisiones.\u00bb Esta falta de caridad duele a Pablo, y quiere que todos conozcan su reprobaci\u00f3n de estos hechos, dici\u00e9ndoles que, reunidos de la manera que lo hacen, es imposible celebrar la cena del Se\u00f1or. Porque hay un signo evidente de falta de co\u00admuni\u00f3n: toma cada uno su propia cena y, mientras unos pasan hambre, otros quedan ebrios. Falta la comunidad de bienes que caracterizaba la vida de los cristianos de la primera comunidad de Jerusal\u00e9n (Act. 4, 32-37) y que pod\u00eda encontrar en la Cena un exponente y una pr\u00e1ctica en la participaci\u00f3n de las apor\u00adtaciones de todos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Pablo hay una constante hist\u00f3rica: une lazo estrecho entre el culto lit\u00fargico y la caridad fraterna, entre el ofrecimiento del pan y del vino necesarios para el sacrificio eucar\u00edsticos y el ofrecimiento de otros alimentos y objetos nece\u00adsarios para ayudar a los pobres y necesitados.<\/p>\n<p>San Justino menciona la acci\u00f3n caritativa de las comunida\u00addes cristianas de su \u00e9poca (hacia el a\u00f1o 150) hablando de la liturgia dominical.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLos que tienen bienes acuden en socorro de los pobres; nos ayudamos mutuamente en todo momento &#8230;Los que tienen los medios y los que los desean, dan lo que quieren, seg\u00fan su buena voluntad. El fruto de las colectas se man\u00adda a casa del presidente. Este viene en socorro de las viudas y de los hu\u00e9rfanos o de aquellos que, como con\u00adsecuencia de una enfermedad, se encuentran en necesi\u00addad; sin olvidar a los prisioneros y a los extranjeros. Se tiene cuidado de todo tipo que aquellos que se encuen\u00adtran en alguna necesidad.\u00bb (I <em>Apol. <\/em>67).<\/p>\n<p>De hecho se establece gradualmente un v\u00ednculo muy \u00edn\u00adtimo entre la beneficencia y la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. La colecta para las necesidades sociales de la comunidad se in\u00adtegra en la Misa y constituye una participaci\u00f3n activa de los fieles tanto en el culto como en la caridad. Tambi\u00e9n las comidas de beneficencia llamadas \u00abagap\u00e9s\u00bb ten\u00edan un sello marcada\u00admente lit\u00fargico. Separadas de las reuniones eucar\u00edsticas de la ma\u00f1ana, y cada vez con mayor frecuencia ofrecidas a los po\u00adbres por los mismos particulares, sol\u00eda presidirlas el obispo (cuando \u00e9l no pod\u00eda, un presb\u00edtero o un di\u00e1cono) y a ellas se invitaban a las viudas. Tertuliano dice que estas comidas acos\u00adtumbraban a ser por la tarde en un clima de decencia y de piedad <em>(Apol. <\/em>39).<\/p>\n<p>El obispo \u2014que ten\u00eda un papel esencial en la organizaci\u00f3n de la caridad\u2014 era ayudado por di\u00e1conos tanto en las celebra\u00adciones lit\u00fargicas como en el cuidado de los pobres. Ellos se encargaban de las cuestaciones y colectas, de la administraci\u00f3n y reparto de los recursos recogidos.<\/p>\n<p>Las oblaciones, ligadas a la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, y las colectas especiales en met\u00e1lico, ordinariamente mensuales, nu\u00adtr\u00edan el presupuesto ordinario de la comunidad. Los cristianos ahorraban generosamente sobre su tren de vida y pon\u00edan sus ayunos al servicio de la caridad. \u00abSi alguno no tiene nada para dar, que ayune y d\u00e9 a su hermano lo que habr\u00eda gastado aquel d\u00eda\u00bb <em>(Didascalia I, 5, <\/em>c. 1-6).<\/p>\n<p>Desde estos tiempos de San Justino, Tertuliano y San Ci\u00adpriano, las aportaciones para el culto y las limosnas para los pobres se hacen coincidir, bajo el nombre general de \u00abofrendas\u00bb, entre la liturgia de la palabra <em>y <\/em>la liturgia sacramental dentro de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica. Los necesitados eran considerados como una \u00abcosa de la Iglesia\u00bb <em>y, <\/em>por este motivo, al atender a los medios para su propio sustento (culto, clero, templo) presta atenci\u00f3n tambi\u00e9n en aquellos que carecen de medios.<\/p>\n<p>A partir del s. VI se encuentra pr\u00e1cticamente en todas las liturgias la oblaci\u00f3n de los fieles en el marco de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica: en la oriental, en la galicana, en la milanesa, en la norteafricana, en la moz\u00e1rabe, en la romana&#8230; En esta \u00faltima liturgia, como es evidente en las celebraciones papales, de las aportaciones recogidas en solemne rito, se separaban dos panes y la parte de vino necesario para aquella Eucarist\u00eda. El resto se repart\u00eda entre los pobres, para cuyo servicio se hab\u00eda creado el ministerio de los di\u00e1conos, los cuales eran cabezas de las siete diacon\u00edas de la Ciudad Eterna para la atenci\u00f3n de los ne\u00adcesitados.<\/p>\n<p>En todo esto aparece la estrecha relaci\u00f3n entre el concepto de limosna y de sacrificio. Habida cuenta que, junto a la ofren\u00adda eucar\u00edstica, pod\u00edan ofrecerse otros dones y primicias (miel leche, aves, etc.), y quedando sentado que s\u00f3lo deb\u00edan servir para el altar ciertos dones (aceite para las l\u00e1mparas, cera, in\u00adcienso, adem\u00e1s del pan y vino para la consagraci\u00f3n), se estipul\u00f3 qu\u00e9 \u00abtodos los dem\u00e1s frutos deb\u00edan ser enviados a casa del obispo o del presb\u00edtero\u00bb porque no se les consideraba materia l\u00edcita para ser ofrecida en el altar. De aqu\u00ed naci\u00f3 la distinci\u00f3n entre \u00aboblationes communes\u00bb \u2014que se hac\u00edan comunitariamente dentro de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica y se reduc\u00edan a las ma\u00adterias necesarias para el sacrificio y el altar\u2014 y las \u00aboblationes peculiares\u00bb \u2014que ya, en un principio, sol\u00edan hacerse \u00abforis sep\u00adtam altaris\u00bb (aunque dentro del templo) y, luego, pasaron \u00abad domun Episcopi\u00bb, tuvieron un car\u00e1cter m\u00e1s personal que co\u00admunitario y se extend\u00edan a toda clase de objetos mientras se tratase \u00abde propriis et licitis rebus\u00bb. La cuarta parte de estas \u00aboblaciones peculiares\u00bb era reservada para los pobres.<\/p>\n<p>Con la entrada en la Edad Media, disminuyen las oblacio\u00adnes y se pierde conciencia del v\u00ednculo entre la Eucarist\u00eda y la caridad. Poco a poco van apareciendo las bandejas y los ce\u00adpillos cerca del altar, donde los fieles depositaban sus donativos, pero que ya quedaban desvinculados de la celebraci\u00f3n eucar\u00edsti\u00adca. Por otra parte, cuando el dinero empieza a sustituir los an\u00adtigos donativos en especie, va decayendo el inter\u00e9s por la obla\u00adci\u00f3n dominical. Sin embargo, Gregorio vi&#8217;, en 1078, recuerda y renueva la antigua oblaci\u00f3n \u00abut omnis christianus procuret ad missarum solemnia aliquid Deo ()fierre\u00bb, y la obligaci\u00f3n se extiende, seg\u00fan las Decretales de Graciano, a cuantos hubieran cumplido los 14 a\u00f1os y hubieran hecho la primera comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>En diversas alternativas de desaparici\u00f3n y restauraci\u00f3n en una u otra forma, se ha llegado hasta los tiempos actuales, en que todav\u00eda \u2014por lo menos en algunas parroquias rurales\u2014los familiares de los difuntos del a\u00f1o ofrecen dentro de la Misa, pan, velas y limosnas para distribuir a los pobres. Algo similar hacen los administradores de las cofrad\u00edas en sus fiestas titulares.<\/p>\n<p>No estar\u00eda mal dar o devolver a las colectas una forma m\u00e1s digna y un sentido m\u00e1s profundo, consider\u00e1ndolas como una ofrenda hecha primariamente a Dios que, s\u00f3lo a trav\u00e9s del altar, llega a los destinatarios humanos De esta manera, el dinero \u2014a causa del cual Cristo fue entregado\u2014 aportado por los fieles, reunidos en asamblea eucar\u00edstica, entra en el \u00abcosmos sa\u00adcramental\u00bb y se convierte en s\u00edmbolo de la sangre del Se\u00f1or que debe llegar all\u00ed donde sea necesaria a los pobres.<\/p>\n<p>De lo que acabamos de decir pueden sacarse algunos ele\u00admentos para educar a los fieles sobre las oblaciones en la Misa, las colectas, la disciplina cuaresmal y la de los dem\u00e1s d\u00edas de penitencia. Se trata de despertar el sentido de la caridad y con este objetivo conviene hacer revivir la costumbre \u2014tan apre\u00adciada por los primer\u00f3s cristianos\u2014 de consagrar a la ayuda del pr\u00f3jimo el dinero ahorrado gracias al ayuno (cf. <em>Pastor de Her\u00ad<\/em><em>mas, V, <\/em>3, 7; San Le\u00f3n, <em>Sermones XII-XX; <\/em>etc.) San Juan Cris\u00f3stomo, por ejemplo, rechazaba considerar como verdadero ayuno aquel que no iba acompa\u00f1ado de limosnas <em>(Homil. in <\/em>Mat 77, 6). Su punto de vista sigue siendo de actualidad en estos momentos en que muchos fieles orientan su penitencia hacia la privaci\u00f3n de ciertos placeres (tabaco, licores, espect\u00e1cu\u00adlos). Hay que persuadirles que este dinero ahorrado debe tra\u00adducirle en limosnas a los necesitados para adquirir todo su valor.<\/p>\n<p>(Para todo este ep\u00edgrafe pueden consultarse con mucho pro\u00advecho las siguientes obras: J. A. Jungmann, <em>El sacrificio de la Misa, <\/em>BAC, Madrid 1953, pp. 629-656; M. Righetti, <em>Historia <\/em><em>de la Liturgia, <\/em>BAC, Madrid 1956, II, pp. 268-276; J. Colson, <em>Evangelisation et pastorale d&#8217;ensemble dans le NT, <\/em>ponencia presentada en la apertura de la V Asamblea de Caritas Inter\u00adnationalis (Roma 1960); A. Lanquetin, <em>Caritas et la pastorale, <\/em>comunicado presentado en la reuni\u00f3n de Caritas de Europa (Venecia 1970).<\/p>\n<h3><em>3. Una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s coordinada<\/em><\/h3>\n<p>En el campo de la acci\u00f3n caritativa \u2014como en los dem\u00e1s campos apost\u00f3licos\u2014 hay que huir de los celos mutuos. Hay trabajo para todos. Aun trabajando muy unidos, quedar\u00e1 mu\u00adcho campo por cubrir, mucha tarea a realizar. Si en vez de co\u00adordinar esfuerzos con otras instituciones y organismos de la Igle\u00adsia, que trabajan en el mismo campo o en parcelas semejantes, perdemos el tiempo criticando los unos de los otros o, lo que ser\u00eda peor todav\u00eda, par\u00e1ndonos mutuamente la zancadilla, echariamos a perder un tiempo, unas energ\u00edas y unos recursos que, bien encauzados y arm\u00f3nicamente conjugados, paliar\u00edan nota\u00adblemente muchas situaciones dif\u00edciles. No hablemos del esc\u00e1n\u00addalo que producir\u00eda una tan evidente falta de caridad en una pretendida acci\u00f3n caritativa.<\/p>\n<p>Esto exige mantener siempre un di\u00e1logo noble y unas re\u00adlaciones cordiales con todos los organismos paralelos de la Igle\u00adsia para llevar a cabo una acci\u00f3n m\u00e1s eficaz. Nunca se encare\u00adcer\u00e1 bastante la importancia y necesidad del esp\u00edritu de uni\u00f3n y de colaboraci\u00f3n entre estas instituciones y grupos eclesiales. Aqu\u00ed habr\u00eda que repetir una y otra vez la solemne consigna de nuestro divino Redentor: \u00abut sint unum\u00bb.<\/p>\n<p>Sin esta uni\u00f3n de las mentes y de los corazones no puede haber colaboraci\u00f3n eficaz. Nacer\u00e1n competencias y rivalidades, surgir\u00e1n discusiones y divergencias que consumir\u00e1n el tiempo y enervar\u00e1n los \u00e1nimos para la acci\u00f3n caritativa. Por esto no es de extra\u00f1ar que los papas, en repetidas ocasiones, hayan insistido en la necesidad de la uni\u00f3n entre los grupos de aposto\u00adlado. Citemos s\u00f3lo dos ejemplos ya algo antiguos (de P\u00edo xi) y dos recientes (de Pablo vi) para ilustrar este punto.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa concordia de los \u00e1nimos y la convergencia de las fuer\u00adzas es, por decirlo as\u00ed, la primera condici\u00f3n, sin la cual no podr\u00e1n llevarse de ninguna manera a feliz t\u00e9rmino cuales\u00adquiera empresas o esfuerzos&#8230; de la Iglesia\u00bb (P\u00edo xi, Carta \u00abEx officiis\u00bb, 10-XI-1933).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abAntes de todo&#8230; despu\u00e9s de todo&#8230; por encima de todo, uni\u00f3n, uni\u00f3n, uni\u00f3n; uni\u00f3n de caridad, uni\u00f3n de pensa\u00admiento, uni\u00f3n de actividades, uni\u00f3n de santa disciplina.\u00bb (P\u00edo xi, Aloc. 31-V-1936).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEs preciso coordinar las fuerzas (en la acci\u00f3n caritativa) porque, hoy sobre todo, las tentativas aisladas, aunque muy laudables, son poco eficaces; es preciso comunicar las experiencias, unificar obras e iniciativas an\u00e1logas o com\u00adplementarias&#8230;, seguir de buen grado las disposiciones de cada obispo a fin de evitar la dispersi\u00f3n y la inutilidad.\u00bb (Pablo vi, Aloe. 13-XI-1969).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab(Es preciso por parte de todos) un esfuerzo para crear armon\u00eda y uni\u00f3n en el ejercicio de la caridad, de manera que las distintas instituciones asistenciales, sin perder su propia autonom\u00eda, sepan obrar con esp\u00edritu de sincera co\u00adlaboraci\u00f3n entre s\u00ed, superando individualismos y antagonis\u00admos, y subordinando los intereses particulares a las supe\u00adriores exigencias del bien general de la comunidad. Una coordinaci\u00f3n racional de estas iniciativas no s\u00f3lo facilitar\u00e1 un intercambio de experiencias y de ayudas, sino que tam\u00adbi\u00e9n se manifestar\u00e1 como providencial sobre todo en casos de emergencia, cuando sea preciso organizar intervencio\u00adnes con la generosa contribuci\u00f3n de todas las di\u00f3cesis.\u00bb (Pablo vi, Aloe. de 22-IX-1972).<\/p>\n<p>Pongo punto final a esta disertaci\u00f3n ya excesivamente ex\u00adtensa. Ojal\u00e1 que esta IV Semana de Estudios Vicencianos nos mueva a todoS a ponemos con m\u00e1s entusiasmo, m\u00e1s acierto y m\u00e1s eficacia al servicio de los pobres y necesitados. Ellos deben ser, en definitiva, \u00abnuestros se\u00f1ores y nuestros maestros\u00bb, como quiere San Vicente de Pa\u00fal (IX, 59), al hacer suya una vieja forma utilizada entre los hospitalarios de Italia.<\/p>\n<p>Como \u2014seg\u00fan San Agust\u00edn\u2014 \u00aben lo que se ama no se en\u00adcuentra trabajo, o bien se ama el trabajo\u00bb (De bono viduitatis, 26), con \u00e9l os digo \u2014y con esto acabo\u2014 \u00abama y haz lo que quieras\u00bb (In. Ep. I Joan. 7, 8).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>III. Hacia una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s pastoral 1. Una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s universal y desinteresada a) La acci\u00f3n caritativa del cristiano no puede excluir aprio\u00adr\u00edsticamente a nadie; debe estar abierta a todos los hombres. 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