{"id":40807,"date":"2014-10-26T08:43:30","date_gmt":"2014-10-26T07:43:30","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/accion-caritativo-social-en-la-iglesia-ii-hacia-una-accion-caritativa-mas-social\/"},"modified":"2016-07-26T18:54:22","modified_gmt":"2016-07-26T16:54:22","slug":"accion-caritativo-social-en-la-iglesia-ii-hacia-una-accion-caritativa-mas-social","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/accion-caritativo-social-en-la-iglesia-ii-hacia-una-accion-caritativa-mas-social\/","title":{"rendered":"Acci\u00f3n caritativo-social en la Iglesia: II. Hacia una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s social"},"content":{"rendered":"<h2>II. Hacia una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s social<\/h2>\n<h3><em>1. Una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s conforme <\/em><em>con las exigencias de la justicia<\/em><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/caridad_iglesia_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-40802\" title=\"caridad_iglesia_01\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/caridad_iglesia_01-226x300.jpg?resize=226%2C300\" alt=\"\" width=\"226\" height=\"300\" \/><\/a>La caridad jam\u00e1s puede encubrir la injusticia ni ser un freno para el cumplimiento escrupuloso de los deberes de justicia. Actualmente la opini\u00f3n p\u00fablica \u2014y muy especialmente la juventud\u2014 presenta muchas objecciones y reservas frente a la acci\u00f3n caritativa de las distintas instituciones de la Iglesia. El ambiente que nos rodea considera aquella acci\u00f3n como m\u00e1s o menos ileg\u00edtima y pasada de moda. Se piensa y se afirma que la acci\u00f3n caritativa, en el fondo, no es m\u00e1s que un pretexto para camuflar y a veces justificar externamente las faltas contra la justicia. Se asegura que esta \u00abcaridad\u00bb humilla al beneficiario ya que le alarga como \u00ablimosna\u00bb aquello a lo que tiene perfecto derecho de justicia. Se repite que los que practican la caridad a trav\u00e9s de las obras de misericordia tratan de dar satisfacci\u00f3n a sus conciencias faris\u00e1icas, cubriendo con un velo hip\u00f3crita la explotaci\u00f3n de las necesidades ajenas. Se asegura que, en mu\u00adchos casos, lo que se da al indigente, a trav\u00e9s de las obras de caridad, no es m\u00e1s que lo que previamente le ha sido robado, muchas veces por parte de los mismos que ahora le devuelven en forma de limosna una parte de lo que <em>es <\/em>absolutamente suyo.<\/p>\n<p>Estas acusaciones desconciertan y desalientan a muchas personas que consagran de buena fe y con una generosidad ad\u00admirable sus esfuerzos, su tiempo y su dinero a la acci\u00f3n cari\u00adtativa.<\/p>\n<p>No vamos a analizar la parte de raz\u00f3n que puede haber en estas acusaciones ni queremos defendemos contra ellas con ar\u00adgumentos apolog\u00e9ticos. Es mejor aceptar honestamente la parte de verdad que pueda haber \u2014y seguramente hay\u2014 en esta acusaci\u00f3n. Por desgracia aqu\u00ed y all\u00e1 se han dado casos que, si no justifican por lo menos explican estas reservas, prejuicios, objeciones, descripciones caricaturescas y acusaciones contra la pr\u00e1ctica de las obras de caridad.<\/p>\n<p>P\u00edo xi tuvo que salir al paso y desenmascarar valientemente la \u00abincoherencia y discontinuidad en la vida cristiana\u00bb de algu\u00adnos que, \u00abaparentemente fieles al cumplimiento de sus deberes religiosos, luego, en el campo del trabajo, o de la industria, de la profesi\u00f3n, en el comercio o en el empleo, por un deplorable desdoblamiento de conciencia, llevan una vida demasiado dis\u00adconforme con las claras normas de la justicia y de la caridad cristiana, dando as\u00ed grave esc\u00e1ndalo a los d\u00e9biles y ofreciendo a los malos f\u00e1cil pretexto para desacreditar a la Iglesia misma\u00bb <em>(Div. Redempt. <\/em>56; cf., tambi\u00e9n, n. 50-55).<\/p>\n<p>Algo m\u00e1s cerca de nosotros, P\u00edo mi recoge la parte de ver\u00addad que hay en algunas de aquellas acusaciones contra las obras de caridad y la expone en un p\u00e1rrafo que juzgo muy interesan\u00adte como posible toque de atenci\u00f3n para todos cuantos trabajan en instituciones de acci\u00f3n caritativa. \u00abLa due\u00f1a de casa \u2014dice el Papa\u2014&#8230; muchas veces es piadosa, es visitadora de los po\u00adbres de la ciudad, es favorecedora de las necesidades y de las obras buenas, pero&#8230; mira la pobreza m\u00e1s fuera que dentro de la <em>casa, <\/em>ignora que una pobreza m\u00e1s triste, la pobreza del co\u00adraz\u00f3n se alberga bajo su propio techo. Ni siquiera cae en la cuenta; jam\u00e1s se ha acercado, maternalmente, a su criada con coraz\u00f3n de mujer, en las horas de su trabajo o de su retiro\u00bb <em>(Aloc. a los reci\u00e9n casados, <\/em>5-V111-1942).<\/p>\n<p>El contratestimonio de esta \u00abcaridad\u00bb mixtificadora y adul\u00adterada es, quiz\u00e1s, lo que suscita mayor desconfianza con res\u00adpecto a las obras de caridad practicadas en y por la comunidad eclesial. Esto <em>es <\/em>triste y lamentable. Pero lo m\u00e1s triste es que, desgracidamente, las caricaturas aberrantes de la caridad se si\u00adguen dando y se dar\u00e1n hasta el fin del mundo. Tambi\u00e9n vale, para este campo concreto de la acci\u00f3n caritativa, la par\u00e1bola del Se\u00f1or sobre el trigo <em>y la <\/em>ciza\u00f1a (Cf. Mt. 13, 24 ss).<\/p>\n<p>Otros, demasiado ingenuos ante los slogans marxistas, creen que hay que rechazar la acci\u00f3n caritativa de la Iglesia porque resulta nefasta para la elevaci\u00f3n del proletariado, para el cam\u00adbio de las estructuras y para el triunfo r\u00e1pido de la justicia so\u00adcial. Para \u00e9stos tiene validez perenne y universal de tesis aque\u00adlla afirmaci\u00f3n de Anatole France seg\u00fan la cual \u00abla piedad del rico hacia el pobre es injuriosa y contraria a la fraternidad hu\u00admana\u00bb.<\/p>\n<p>Tampoco recurriremos aqu\u00ed a la apolog\u00e9tica ni siquiera va\u00admos a dar una respuesta directa a estos ataques. Lo que nos in\u00adteresa es subrayar los principios de la doctrina de la Iglesia sobre las relaciones justicia-caridad en la vida pr\u00e1ctica. Los erro\u00adres y abusos ocurridos en este campo no pueden poner en duda la claridad y vigencia de aquella doctrina.<\/p>\n<p>El amor al pr\u00f3jimo y la justicia no s\u00f3lo no se oponen sino que son inseparables y se complementan mutuamente. Separar la caridad y la justicia ser\u00eda la perversi\u00f3n del amor cristiano. La caridad inspira la justicia y la exige rigurosamente. La jus\u00adticia es la primera exigencia, el limite \u00ednfimo, el punto de parti\u00adda y la \u00abconditio sine qua non\u00bb de la caridad. Amar es, ante todo, respetar efectivamente la dignidad personal y los derechos inalienables del pr\u00f3jimo; no se ama al pr\u00f3jimo si no se desea que reciba todo lo que le es debido. El amor cristiano im\u00adplica y radicaliza las exigencias de la justicia, les da una moti\u00advaci\u00f3n nueva y una fuerza ulterior, ya que Cristo ha conferido valor divino al hombre y ha muerto por todos nuestros herma\u00adnos. En la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo ha sido establecida la fraternidad universal, que debe ser realizada en este mundo como anticipo de la futura participaci\u00f3n comunitaria en la vida inmortal de Cristo glorificado. En cada hombre nos encontra\u00admos con Cristo.<\/p>\n<p>Este respeto al pr\u00f3jimo es un presupuesto elemental e im\u00adprescindible y, al mismo tiempo, un fruto de la aut\u00e9ntica cari\u00addad. All\u00ed donde \u00e9sta. <em>es <\/em>sincera, engendra una delicadeza y una atenci\u00f3n que no se pliegan a ning\u00fan equ\u00edvoco. Aquellos cristianos que viven y practican la acci\u00f3n caritativa en su genuino sentido son aut\u00e9nticos modelos de este respeto a los hombres, que es la forma m\u00e1s esencial de la justicia. All\u00ed donde este respeto falla, no puede hablarse de caridad. Nadie puede, por consiguiente, escudarse en que practica la caridad para descuidar sus deberes de justicia, a los cuales el cristiano \u2014como hombre y como cristiano\u2014 queda rigurosamente obligado (Cfr. Sant. 5, 4-6).<\/p>\n<p>Esta inseparabilidad de la caridad y de la justicia es m\u00e1s vivamente percibida en nuestros d\u00edas, pero no es una novedad. La tradici\u00f3n genuina dentro de la Iglesia ha percibido siempre esta relaci\u00f3n y, desde hace muchos siglos, la ha expresado con palabras expl\u00edcitas. No podemos alargarnos sobre este punto pero me permito citar algunos ejemplos:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00abDelante de Dios no hay caridad sin justicia, ni justicia sin caridad\u00bb (Pedro Cris\u00f3logo, serm\u00f3n 145).<\/li>\n<li>Hacer la caridad all\u00ed donde se debe practicar la justicia ser\u00eda querer aplicar un b\u00e1lsamo sobre una llaga que conserva toda su infecci\u00f3n\u00bb (Catalina de Siena, citado por P. M. Richaud, <em>Carita <\/em><em>e <\/em><em>vita <\/em><em>sociale, <\/em>Roma 1962, p. 11).<\/li>\n<li>\u00abLa caridad, desde luego, de ninguna manera puede considerarse como un suced\u00e1neo de la justicia, debida por obligaci\u00f3n e inicuamente dejada de cumplir\u00bb (P\u00edo xt, <em>Quadrag. anno, <\/em>n. 137).<\/li>\n<li>La caridad no puede atribuirse este nombre si no res\u00adpeta las exigencias de la justicia\u00bb (P\u00edo xt, <em>Divini Re\u00ad<\/em><em>demptoris, <\/em>n. 50).<\/li>\n<li>\u00abPara que este ejercicio de la caridad sea verdadera\u00admente irreprochable y aparezca como tal, es necesario&#8230; cumplir antes que nada las exigencias de la justicia, pa\u00adra no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por raz\u00f3n de justicia\u00bb <em>(Apostol. actuositatem, <\/em>8).<\/li>\n<\/ul>\n<p>Esta inseparabilidad y reciprocidad entre el amor v la jus\u00adticia las encontramos expresadas ya de alguna manera en la B\u00edblia. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento dan enor\u00adme importancia a la justicia y al amor entre los hombres. La alianza de Yahv\u00e9 con Israel implica una exigencia de fidelidad y justicia por parte de todo el pueblo escogido. En Antiguo Testamento presenta indivisiblemente unidas entre s\u00ed las dos exigencias fundamentales de alianza: la fidelidad a Yahv\u00e9 \u2014co\u00adnectada con el culto y en la confesi\u00f3n monote\u00edsta\u2014 y los de\u00adberes de amor y de justicia para con los hombres. Ambas exi\u00adgencias tienen un mismo fundamento: el amor de Yahv\u00e9, que ha elegido y liberado a Israel. La respuesta de Israel al Dios de la alianza incluye, inseparablemente unidas, la dimensi\u00f3n reli\u00adgiosa (de cara a Dios) y la \u00e9tica (de cara al pr\u00f3jimo). Por otra parte, el anuncio del \u00abReino de Dios\u00bb \u2014tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento\u2014 apunta hacia un Mes\u00edas que proclamar\u00e1 la justicia y liberar\u00e1 a los oprimidos (Cfr. Is 49; 9-13; 55, 1-3; 65, 13; 66, 10; Le 1, 52; Is 9, 11, 2-4; 61, 1; Sal 72 1-4.12-13; etc). M\u00e1s tarde, en la vida y el mensaje de Jes\u00fas encontramos radicalizadas las exigencias del Antiguo Tes\u00adtamento sobre el amor al pr\u00f3jimo y la justicia: une, pr\u00e1ctica\u00admente, en un solo mandamiento el amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo (Mt 22, 38-40; 7, 12; Mc 12, 31; Lc 10, 25-37; 6, 27-38), urge la misericordia sobre el sacrificio (Mt 9, 13; 12, 17; cfr. Os 6, 6) y sobre la observancia externa de la Ley (Mt 23, 23-25; Lc 11, 29.42), hace de los pobres, despreciados y marginados un signo, una imagen y un \u00absacramento\u00bb de su pre\u00adsencia en el mundo (Mt 25, 31-46), etc.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, en la Escritura se ense\u00f1a la existencia de un nexo muy fuerte entre la justicia y el amor, por una parte, y el amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo, por otra. Si este nexo ya queda claramente insinuado en el Antiguo Testamento, en el Nuevo se hace del amor al pr\u00f3jimo el cumplimiento concreto de la uni\u00f3n con Dios. El amor supremo de Dios a los hombres \u2014cu\u00adya realizaci\u00f3n es Cristo\u2014 exige la respuesta del amor a Dios, cumplido efectivamente en el amor a los hombres. La dimensi\u00f3n vertical y horizontal de la existencia cristiana quedan as\u00ed inse\u00adparablemente unidos: la primera exige la segunda y la segunda constituye el \u00fanico medio de cumplir aut\u00e9nticamente la primera.<\/p>\n<p>La caridad aut\u00e9ntica no s\u00f3lo implica y exige necesariamente las exigencias de la justicia; las trasciende. Despu\u00e9s de cumplidos con rigurosa escrupulosidad todas las exigencias de la justicia, podr\u00edamos decir con San Pablo \u00abla caridad permanece\u00bb (I Cor 13, 8). M\u00e1s a\u00fan,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abes indispensable que permanezca. No puede adquirir un rostro que la identifique con la justicia. Porque la caridad perfecciona la obra de la justicia: constituye su motivaci\u00f3n pero no se confunde con ella. Es preciso que se mantenga en una caridad aut\u00e9ntica, plena\u00bb <em>(X <\/em><em>Asamblea de Caritas <\/em><em>Internationalis, <\/em>V-1975, Homil\u00eda de Mons. Benelli).<\/p>\n<p>As\u00ed es; la caridad al pr\u00f3jimo despu\u00e9s de robustecer el sen\u00adtido de la justicia, de interiorizar hasta el fondo del coraz\u00f3n sus exigencias y de ser el alma que alienta a su observancia, todav\u00eda debe ir y va mucho m\u00e1s lejos. Porque la justicia no llega a su plenitud interior sino en el amor. Por el hecho de ser cada hombre la imagen visible de Dios invisible y el hermano de Cristo, el cristiano encuentra en cada persona al mismo Dios con una exigencia absoluta de justicia y de amor. Amor que no se detiene, una vez cumplida la justicia, sino que sigue ayudando a aquellas personas y atendiendo aquellos casos de los que, te\u00adniendo solamente en cuenta la justicia, podr\u00edamos desentendernos tranquilamente. La justicia no entiende estas palabras y he\u00adchos que s\u00f3lo dicta y pone en pr\u00e1ctica la caridad: \u00abAl que quiera litigar contigo para quitarte la t\u00fanica, d\u00e9jale tambi\u00e9n el manto&#8230; Da a quien te pida y no vuelvas la espalda a quien desea de ti algo prestado&#8230; Si am\u00e1is a los que os aman \u00bfqu\u00e9 recompensa tendr\u00e9is?\u00bb (Mt 5, 40.42.46). \u00abCuando hagas una comida, llama a los pobres, a los tullidos, a los cojos y a los ciegos y tendr\u00e1s la dicha de que no pueden pagarte\u00bb (Lc 14, 13-14). \u00abLa caridad es long\u00e1nime, es benigna&#8230; no busca lo suyo&#8230; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera. todo lo tolera\u00bb (I Cor 13, 4.5.7). \u00abNosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos\u00bb (I Jo 3, 16). Todo esto va mucho m\u00e1s all\u00e1 de las exigencias de la justicia pero cae de lleno dentro de los postulados de la caridad.<\/p>\n<p>Este amor al pr\u00f3jimo impulsa a comprometerse seriamente en favor de los hermanos que padecen cualquier tipo de injusti\u00adcia para ayudarles a liberarse de su esclavitud o servidumbre. Anima a preparar el terreno para que los l\u00edmites y horizontes de la justicia se vayan ensanchando, de suerte que lo que hoy to\u00addav\u00eda no se sale del campo de la caridad ma\u00f1ana entre en la esfera de los deberes de justicia, lo que hoy no pasa de ser una exigencia \u00edntima de la propia conciencia, ma\u00f1ana llegue a cris\u00adtalizar en norma jur\u00eddica.<\/p>\n<p>No faltan los testimonios que manifiestan, de alguna manera, c\u00f3mo la caridad va m\u00e1s all\u00e1 que la justicia, enriqueciendo y en\u00adsanchando generosamente su campo de acci\u00f3n:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00abLa paz es obra indirecta de la justicia, es decir, en cuanto remueve los obst\u00e1culos; pero es obra directa de la caridad, porque la caridad, por su propia raz\u00f3n de ser, es causa de la paz&#8230; (Santo Tom\u00e1s, II-II, q. 29, a. 3 ad 3).<\/li>\n<li>\u00ab(El remedio del problema social) se ha de esperar prin\u00adcipalmente de una gran efusi\u00f3n de la caridad; de la ca\u00adridad cristiana que comprend\u00eda en s\u00ed toda la Ley del Evangelio\u00bb (Le\u00f3n xm, <em>Rerum novarum, <\/em>n. 41).<\/li>\n<li>\u00ab\u00a1Cu\u00e1nto se enga\u00f1an esos incautos que, atentos s\u00f3lo al cumplimiento de la justicia, y de la conmutativa nada m\u00e1s, rechazan soberbiamente la ayuda de la caridad!\u00bb (P\u00edo XI, <em>Quadrag. anno, <\/em>n. 137).<\/li>\n<li>\u00abLa justicia alcanza su plenitud interior solamente en el amor. Siendo cada hombre realmente imagen visible de Dios invisible y hermano de Cristo, el cristiano encuentra en cada hombre a Dios y la exigencia absoluta de jus\u00adticia y de amor que es propia de Dios\u00bb (S\u00ednodo de los Obispos, 1971, <em>La justicia en el mundo).<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>Esta inseparabilidad y complementariedad de la caridad y la justicia aparece como una idea dominante y constante en los mensajes de Pablo vi, el cual no cesa de inculcarla repetidamente en sus alocuciones (Cfr. alocuciones 28-VIII-1968; 13-XI-1969; 27-X-1971; 1-V-1972; 28-IX-1972; 27-V-1973; 3-X-1973; 14-XII-1973, etc). Para las relaciones entre la caridad y la jus\u00adticia en los Papas, puede verse J.Y. Calvez-J. Perr\u00edn, <em>Iglesia y <\/em><em>Sociedad Econ\u00f3mica, <\/em>Mensajero, Bilbao 1965, p. 229-245, donde hay gran abundancia de textos).<\/p>\n<h3>2. <em>Una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s atenta a la promoci\u00f3n humana <\/em><em>y social<\/em><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/caridad_iglesia_02.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-40803\" title=\"caridad_iglesia_02\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/caridad_iglesia_02.jpg?resize=300%2C270\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"270\" \/><\/a>A trav\u00e9s de su acci\u00f3n caritativa, ejercida a lo largo de los siglos la Iglesia \u2014desde su mismo nacimiento hasta nuestros d\u00edas\u2014, en distintos grados y de formas muy diversas, ha veni\u00addo preocup\u00e1ndose de socorrer los variados casos y las m\u00faltiples situaciones de miseria en que se ven envueltos los hombres. Una buena serie de monograf\u00edas existentes nos permiten cono\u00adcer con objetividad y riqueza de detalles la obra caritativa lle\u00advada a cabo por los Papas, Ordenes mon\u00e1sticas, algunos san\u00adtos, etc. (Cf. R. Herrmann, <em>Le charit\u00e9 de l&#8217;Eglise, <\/em>Ed. Salvator, Mulhouse, 1961, y las cinco monograf\u00edas hist\u00f3ricas publicadas por Ed. Caritas, de Roma).<\/p>\n<p>Ahora bien, durante muchos siglos, esta acci\u00f3n caritativa de la Iglesia, que ha florecido y cristalizado en un gran n\u00famero de obras e instituciones, tuvo como objetivo preferente y casi exclusivo paliar y socorrer la miseria de unas personas pertene\u00adcientes a una categor\u00eda social determinada pero sin <em>combatir <\/em>\u2014por lo menos de una mera directa y expl\u00edcita\u2014 sus causas. Atacaba generosamente el mal pero sin preocuparse demasiado por cegar sus fuentes. En este contexto ambiental apareci\u00f3 San Vicente de Pa\u00fal y naci\u00f3 su obra en favor de los pobres y ne\u00adcesitados.<\/p>\n<p>Pero, a finales del siglo pasado, empezaron a aparecer al\u00adgunas iniciativas que, sin salirse del car\u00e1cter tradicional de la asistencia caritativa, eran ya susceptibles de convertirse en obras sociales bajo la influencia de una concepci\u00f3n nueva de las re\u00adlaciones que deben mediar entre los diferentes grupos de la sociedad. Entre los pioneros de esa nueva orientaci\u00f3n de la asis\u00adtencia caritativa hay que contar con Federico Ozanam, el cual ciertamente, ocupa un puesto muy destacado dentro de esta incipiente nueva l\u00ednea de la caridad social (Cf., por ejemplo, <strong>J-B. <\/strong>Duroselle, <em>Les d\u00e9buts du catholicisme sociale en France, <\/em>PUF, Paris, 1951, pp. 154-198; Pativilca, <em>Federico Ozanam, <\/em>Derd\u00e9e 1958).<\/p>\n<p>Esta nueva orientaci\u00f3n \u2014preparada con muchos ensayos y vacilaciones por parte de personas y grupos, que fueron madu\u00adrando lentamente un pensamiento y una acci\u00f3n social\u2014 supuso un notable enriquecimiento para la acci\u00f3n caritativa de la Igle\u00adsia. Recogiendo estos logros, Le\u00f3n XIII, en su enc\u00edclica. <em>Rerum <\/em><em>novarum <\/em>(1891) afirmaba expl\u00edcitamente que la caridad tradi\u00adcional no bastaba para poner remedio a las miserias injustas que en aquel momento afectaban a la clase obrera; por este motivo, el Papa ped\u00eda procedimientos nuevos para socorrer aquellas situaciones y necesidades. Esta toma de posici\u00f3n ofi\u00adcial tuvo una influencia extraordinaria para que la acci\u00f3n cari\u00adtativa tradicional se fuera abriendo lentamente a las nuevas orientaciones y se fuera .enriqueciendo con un contenido y es\u00adtilo m\u00e1s social.<\/p>\n<p>Evidentemente, tanto la acci\u00f3n caritativa de corte tradicio\u00adnal (acci\u00f3n ben\u00e9fico-asistencial) como la que inicia su nacimien\u00adto a fines del siglo pasado (acci\u00f3n caritativo-social) tratan de mejorar la situaci\u00f3n de los pobres y necesitados. Sin embargo, hay algunas diferencias de matiz entre ambas. La primera atiende m\u00e1s a ciertas miserias existentes, muchas veces inevitables, fij\u00e1ndose preferentemente en la situaci\u00f3n en que se encuentra la persona necesitada y en la urgencia de la necesidad a cubrir, sin entretenerse en analizar sus causas y el grado de responsa\u00adbilidad que puede imputarse al mismo afectado, sin detenerse a discutir qui\u00e9n est\u00e9 m\u00e1s obligado a socorrer tal situaci\u00f3n o c\u00f3mo hubiera podido evitarse \u00e9sta, sin retardar la intervenci\u00f3n de car\u00e1cter operativo y eficaz con consideraciones previas y dis\u00adtingos, con hip\u00f3tesis te\u00f3ricas y supuestos futuribles.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n social, en cambio, pone su acento en el deseo de reforma social y de mejora de la situaci\u00f3n de unos hombres que, como consecuencia de unas estructuras injustas, dif\u00edcilmen\u00adte consiguen vivir de una manera plenamente humana con su trabajo ya que siempre se encuentran cogidos y trabados en la red de relaciones sociales y estructurales que condiciona su vi\u00adda y su acci\u00f3n. La acci\u00f3n social, en sentido estricto, no se fija tanto en estos o aquellos pobres y necesitados cuanto en la pobreza y miseria existentes, y, una vez captada en su volumen, investiga las fuentes de d\u00f3nde proviene o las causas que la pro\u00advocan, intenta encontrar las medidas adecuadas para cegar aque\u00adllas fuentes o combatir estas causas y, finalmente, se lanza a ponerlas en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Las diversas organizaciones que tienen su origen en el es\u00adp\u00edritu de San Vicente de Pa\u00fal deben seguir siendo agentes de la caridad pronta y eficiente. Por eso deben acudir prontas all\u00ed donde haya una miseria, una necesidad, sin perder tiempo en preliminares m\u00e1s o menos artificiales y sospechosos, sin \u00abcatalo\u00adgar a las personas seg\u00fan las apreciaciones pol\u00edticas o de otro orden, para medir la benevolencia y las ayudas que merecen\u00bb sin \u00abdespreciar la caridad hacia los <em>pobres <\/em>de hoy, bajo el pre\u00adtexto de preparar un r\u00e9gimen social m\u00e1s justo para <em>ma\u00f1ana\u00bb <\/em><em>(Aloc. a la X Asamblea de Caritas Internationalis, <\/em>17-V-1975).<\/p>\n<p>Como advierte el Papa, \u00absemejantes actitudes contrastan con la par\u00e1bola del Buen Samaritano, que sigue siendo siempre el \u00edn\u00addice la caridad cristiana; ayudar, sobre el terreno, al hombre en apuros al que algunos hubieran considerado \u00abcomo extran\u00adjero\u00bb (Id.). Ser\u00eda oportuno mencionar aqu\u00ed otras palabras de Pablo VI que abundan en el mismo sentido, como las que dirigi\u00f3 a las Damas de la Caridad de San Vicente el 27 de octu\u00adbre de 1971.<\/p>\n<p>El servicio est\u00e1 determinado \u00fanicamente por la necesidad del pr\u00f3jimo: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la llamada? \u00bfD\u00f3nde se pide auxilio? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la necesidad? Esta es la \u00fanica o principal pregunta que se formula y se escucha, y que exige una respuesta r\u00e1pida. Cuando un hombre o una familia pasan hambre, necesitan ves-tido o medicamentos, buscan cobijo o trabajo, no los vayamos con planes, programas, an\u00e1lisis sociol\u00f3gicos o hip\u00f3tesis de tra\u00adbajo. Tampoco les exijamos complicados tr\u00e1mites burocr\u00e1ticos o les torturemos con largos interrogatorios y esperas. Hay que actuar de acuerdo con la necesidad, su volumen y urgencia.<\/p>\n<p>\u00bfQue alguna vez nos enga\u00f1an? Es muy posible. Tambi\u00e9n es lamentable. Atendiendo a la advertencia de Pablo, nuestra ca\u00adridad debe crecer constantemente \u00aben conocimiento y en toda discreci\u00f3n\u00bb (Fil. 1, 9) y evitar, en lo posible, que los p\u00edcaros, los aprovechados y los sin escr\u00fapulos se lleven lo que es ne\u00adcesario para los verdaderamente necesitados. Sin embargo, es preferible que alguna vez nos enga\u00f1en que, por exceso de in\u00advestigaciones, tr\u00e1mites y controles, alg\u00fan necesitado de verdad quede sin la ayuda necesaria o que \u00e9sta le llegue tarde.<\/p>\n<p>Esta caridad \u00abhumilde y c\u00e1lida, paciente y desinteresada&#8230;\u00bb \u2014por decirlo con palabrass de Pablo vi aplicables a vuestras Conferencias\u2014 \u00abprolonga los milagros de Cristo, tan atento a detectar el sufrimiento humano y a responder a las peticiones imprevistas de las personas y de las muchedumbres\u00bb <em>(Aloc. a la <\/em><em>X Asamblea de Caritas Internationalis, <\/em>17-V-1975).<\/p>\n<p>Ahora bien, el Evangelio hace descubrir al ejercicio de la caridad cristiana, las dimensiones divinas del servicio prestado: en \u00faltimo t\u00e9rmino es al mismo Dios a quien se dirige este ser\u00advicio, a trav\u00e9s del hombre que se ha interpuesto en nuestro camino, porque \u00abtodo el que ama al que le engendr\u00f3, ama al engendrado de El\u00bb (I Jo. 5, 1). As\u00ed nos habla San Juan, repi\u00adtiendo pr\u00e1cticamente la misma ense\u00f1anza que el Se\u00f1or nos re\u00advela para la hora del juicio (Mt. 25, 31 ss). Y es a este t\u00edtulo que el servicio toma el nombre de caridad, porque la fe lo ilu\u00admina y la gracia lo inspira. La materia no cambia, pero el acto interior est\u00e1 iluminado por &#8216;una nueva luz y animado por una nueva fuerza \u00abde lo alto\u00bb con lo cual el enriquecimiento perso\u00adnal es de otro orden. \u00abSin este testimonio de caridad&#8230; no se puede reconocer a los disc\u00edpulos de Cristo (Cf. Jo. 13, 35), no se puede reconocer a la Iglesia\u00bb (Pablo vi, <em>Aloc. a la X Asam\u00adblea de Caritas Internationalis, <\/em>17-V-1975).<\/p>\n<p>Una vez debidamente subrayada la funci\u00f3n espec\u00edfica de las obras vicencianas, nada impide y todo exige que su acci\u00f3n sea cada vez m\u00e1s social, \u00abbuscando y estudiando la manera de hacerla m\u00e1s en consonancia con las exigencias y la mentalidad de hoy&#8230; Las condiciones de hoy no son las de hace m\u00e1s de un siglo, y requieren, por lo mismo, una adaptaci\u00f3n continua aunque lo dem\u00e1s est\u00e9 en plena armon\u00eda con el esp\u00edritu de San Vicente y de Federico Ozaman\u00bb. (Pablo vi, <em>Aloc. a las Con\u00ad<\/em><em>ferencias de S. Vicente de Pa\u00fal, <\/em>1-V-1972).<\/p>\n<p>Para que efectivamente lo sea, deber\u00e1n esforzarse por co\u00adnocer cada vez mejor los hechos (situaciones, miseria, necesida\u00addes, etc.) en toda su amplitud, gravedad y conexi\u00f3n posibles. Este conocimiento no debiera llegar \u00fanicamente a los socios de las obras vicencianas sino que es muy conveniente que se di\u00adfunda ampliamente, cuanto m\u00e1s, mejor, para despertar as\u00ed una conciencia amplia y profunda de responsabilidad ante aquellos hechos.<\/p>\n<p>Hay que evitar que las obras de caridad se conviertan, real o aparentemente, en una especie de \u00abopio del pueblo\u00bb que enerve la voluntad de quienes reciben su ayuda impidi\u00e9ndoles buscar una mejora o cambio de estructuras. Estas obras no de\u00adben producir la resignaci\u00f3n ante la injusticia, ni reprimir los esfuerzos para combatirla, ni embotar el sentido y los deseos de una mayor justicia social, ni frenar las ansias de una mejor distribuci\u00f3n de la renta, ni acallar las cr\u00edticas contra la desigual\u00addad de oportunidades&#8230;<\/p>\n<p>En el ejercicio de las obras de misericordia hay que ir en\u00adsanchando inteligentemente los horizontes: hay que pensar en hoy, pero prever el futuro; hay que solventar las necesidades actuales, pero quitar la causa de las necesidades de ma\u00f1ana; hay que pensar en las personas, pero no olvidarse de las estruc\u00adturas que les condicionan la vida; hay que pensar en el hombre, pero tambi\u00e9n en la comunidad; hay que pensar en la ge\u00adneraci\u00f3n presente, pero sin olvidar la futura&#8230;<\/p>\n<p>Es preciso que en la ayuda a los pobres y necesitados \u00e9stos puedan participar activamente con su voz y con sus obras en su propia promoci\u00f3n, y que la acci\u00f3n caritativa de car\u00e1cter asis\u00adtencial se oriente, en la medida de lo posible, hacia el desarro\u00adllo integral y arm\u00f3nico de los beneficiarios, ayud\u00e1ndoles a lle\u00advar una vida conforme con su dignidad de personas humanas y de hijos de Dios (Cf. Pablo vi, Aloc. de 11-V-1966).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de lo que hemos dicho, f\u00e1cilmente puede verse que la acci\u00f3n caritativa de car\u00e1cter tradicional y la acci\u00f3n so\u00adcial no se excluyen sino que se reclaman y complementan mu\u00adtuamente. En el caso de las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal y de las dem\u00e1s obras vicencianas ser\u00eda consolador que to\u00addos sus socios aceptaran, como algo indiscutible, que sus obras de ayuda y asistencia a los pobres y necesitados deben estar empapadas siempre de contenido social. De este maridaje con lo social no se seguir\u00e1 ninguna p\u00e9rdida para las riquezas pro\u00adpias de la acci\u00f3n caritativa de las organizaciones vicencianas; todo lo contrario, quedar\u00e1n autom\u00e1ticamente aumentadas con el efecto \u2014m\u00e1s que sumativo, multiplicador\u2014 de la vertiente social.<\/p>\n<p>Sin contradecir nada de lo que venimos afirmando sobre la necesidad de que la acci\u00f3n caritativa tenga cada vez m\u00e1s un car\u00e1cter social, hemos de afirmar, al mismo tiempo, que esta misma acci\u00f3n caritativa ha de ser cada vez m\u00e1s personalizada. En estos momentos, en que es tan f\u00e1cil y se da con tanta frecuencia la masificaci\u00f3n y esclavitud de la persona, vale la pena subrayar la importancia de los contactos personales y alentar a que no disminuyan sino que, en la medida de lo posible, se multipliquen, es decir, mejoren todav\u00eda en cantidad y calidad. Las obras de caridad deben tener siempre como centro a la persona, no a la persona en abstracto sino a la persona en concreto, a cada una de las personas con su manera de ser en y con sus circunstancias especiales. Esto no quiere decir que haya que privatizar los problemas. La caridad debe ir m\u00e1s all\u00e1 del individuo, contemplar la situaci\u00f3n social y apuntar hacia una mejora o cambio de estructuras. Quiere decir \u00fanicamente que los beneficiarios de nuestras obras de caridad \u2014sean nuestros vecinos o vivan en el tercer mundo, sean los de hoy o los de ma\u00f1ana\u2014 deben ser tomadas muy en serio y tratados como personas concretas que no quedan diluidas en una masa amorfa y an\u00f3nima de los \u00abpobres\u00bb o \u00abnecesitados\u00bb.<\/p>\n<p>Hay que evitar todo car\u00e1cter despersonalizador en la acci\u00f3n caritativa y fomentar la relaci\u00f3n personal. Ojal\u00e1 en todas las ayudas a los necesitados mediara un trato personal, nada pa\u00adternalista, humillante o hiriente, sino humilde, c\u00e1lido, sencillo, fraternal, tal como nos han ense\u00f1ado los santos.<\/p>\n<p>Nuestras obras de caridad tienen que ser una aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica de aquel objetivo que persigue como punto esencial la doctrina social de la Iglesia: el respeto de la persona humana.<\/p>\n<h3>3. <em>Una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s organizada y eficaz<\/em><\/h3>\n<p>Como quiera que la Iglesia es una unidad de ser en el amor y la caridad es en ella una funci\u00f3n esencial, es preciso que esta Iglesia sea perceptible como una comunidad que practica la caridad. Pero, adem\u00e1s, la virtud de la caridad pide que la acci\u00f3n caritativa sea lo m\u00e1s eficaz posible. Esta eficacia exige una or\u00adganizaci\u00f3n racional, tal vez cient\u00edfica. S\u00f3lo de esta manera se puede conseguir, ordinariamente, una ayuda m\u00e1s substancial, profunda y durable para los necesitados (Cf. Pablo vi, Aloe. 28-IX-1972, punto III).<\/p>\n<p>Un particular es incapaz de descubrir todas las necesida\u00addes y m\u00e1s a\u00fan de atenderlas&#8230; El individuo percibe las nece\u00adsidades de una manera \u00absubjetiva\u00bb, mientras que con una buena \u00aborganizaci\u00f3n\u00bb es m\u00e1s f\u00e1cil descubrir y calibrar debidamente el grado objetivo de necesidad y de urgencia. Con una buena or\u00adganizaci\u00f3n resulta m\u00e1s f\u00e1cil prever con mayor eficacia y tambi\u00e9n curar de ra\u00edz unas determinadas miserias en vez de paliarlas sim\u00adplemente. Con una buena organizaci\u00f3n resulta m\u00e1s f\u00e1cil dialo\u00adgar con las instituciones estatales o paraestatales <em>y <\/em>aprovechar las posibles ayudas que ellas ofrecen, como tambi\u00e9n organizar sistemas de publicidad con t\u00e9cnicas modernas&#8230;<\/p>\n<p>En suma, si las necesidades superan siempre las posibili\u00addades de unas personas dispersas, la caridad tiene que salir al paso de esas deficiencias y combatirlas reuniendo y acoplando todas las fuerzas y recursos de la comunidad.<\/p>\n<p>En virtud de esta misma caridad que exige el aprovecha\u00admiento m\u00e1ximo de los recursos \u2014siempre insuficientes\u2014 y su m\u00e1xima eficacia, habr\u00e1 que tener en cuenta la Econom\u00eda y el Derecho, recurrir a los t\u00e9cnicos de la contabilidad, aprovechar los avances de la Antropolog\u00eda, Sociolog\u00eda y Psicolog\u00eda, utilizar medios m\u00e1s r\u00e1pidos y eficaces de comunicaci\u00f3n y propaganda&#8230;<\/p>\n<p>La caridad no puede despreciar todos estos instrumentos providenciales \u2014conseguidos con el trabajo de los hombres\u2014, ni prescindir de estos medios tan fecundos y eficaces. Es pre\u00adciso aprovechar todo lo bueno de la civilizaci\u00f3n actual para dar un efecto multiplicador a las fuerzas de nuestra acci\u00f3n caritativa.<\/p>\n<p>Pero, al mismo tiempo, hay que poner cuidado en no tras\u00adplantar al ejercicio de la caridad las lacras de la actual sociedad de producci\u00f3n y de consumo. Es preciso evitar que entre en nuestra acci\u00f3n caritativa \u2014junto con la organizaci\u00f3n y la t\u00e9c\u00adnica el vicio de la despersonalizaci\u00f3n. Cabr\u00eda aplicar a este pe\u00adligro unas palabras de P\u00edo mi, pronunciadas en el radiomensaje de Navidad de 1953: \u00abLa obra maestra y monstruosa, al mismo tiempo, de esta \u00e9poca, ha sido la de transformar al hombre en un gigante del mundo f\u00edsico a costa de su esp\u00edritu, reducido a pigmeo en el mundo sobrenatural y eterno\u00bb (Cf. <em>Mater et Ma\u00ad<\/em><em>gistra, <\/em>243). Es el mismo peligro denunciado por Bergson, Ca\u00adrrel, Bayet, Corts Grau. \u00abEn este cuerpo desmesuradamente agrandado, el alma sigue siendo hoy lo que era, demasiado pe\u00adque\u00f1a para llenarlo, demasiado d\u00e9bil para dirigirlo\u00bb (H. Berg\u00adson).<\/p>\n<p>Hay que procurar por todos los medios que este c\u00famulo de papeles, programas, tel\u00e9fonos, m\u00e1quinas de escribir, B3M, etc., que a veces son precisos para hacer eficaz la acci\u00f3n caritativa, sean tenidos en lo que realmente son \u2014puros instrumentos sujetos a la ley del \u00abtanto-cuanto\u00bb\u2014 y que no ahoguen en lo m\u00e1s m\u00ednimo el esp\u00edritu de la caridad evang\u00e9lica que debe ani\u00admar toda nuestra acci\u00f3n y debe darle color y sentido. La cari\u00addad organizada no puede convertirse jam\u00e1s en una \u00abgran m\u00e1quina\u00bb que no se ocupa sino de \u00abcausas\u00bb y de \u00abcosas\u00bb. Todo lo contrario, debe ser un medio para dar al amor su realidad efectiva y para expresar de forma bien patente una de las fun\u00adciones m\u00e1s esenciales de la comunidad eclesial (Cf. Pablo vi, Aloe. 28-IX-1972).<\/p>\n<p>Evidentemente, no podemos prescindir de la organizaci\u00f3n ni de la t\u00e9cnica si queremos conseguir eficacia. Pero hay que sortear el peligro de convertir la acci\u00f3n caritativa en una em\u00adpresa cualquiera de las que producen bienes de consumo. Que la organizaci\u00f3n, la t\u00e9cnica y la b\u00fasqueda de la eficacia no con\u00adviertan jam\u00e1s la acci\u00f3n de las Conferencias y de las otras orga\u00adnizaciones vicencianas en una \u00absociedad an\u00f3nima productora de obras buenas\u00bb y a los beneficiarios en \u00abclientes y consumidores de nuestra obras de caridad\u00bb. Hay que evitar el riesgo \u2014de\u00adnunciado por Pablo vi en su alocuci\u00f3n a los participantes en X Asamblea de Caritas Internacionalis\u2014 \u00abde lanzarse a una empresa de ayuda racional, ciertamente, pero an\u00f3nima que de\u00adsaf\u00eda a la apertura del coraz\u00f3n, que no sabe ver a la persona detr\u00e1s de la necesidad\u00bb (17-V-1975).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aqu\u00ed se requiere el \u00absuplemento del alma\u00bb pedido por Bergson y Pablo vi (Cf. <em>Las dos fuentes de la moral y de <\/em><em>la religi\u00f3n, <\/em>p. 380; Pablo vi, Aloc. 74-1965).<\/p>\n<p>Advirtamos, finalmente, que a pesar de la organizaci\u00f3n de las obras de caridad, siempre quedar\u00e1 un amplio campo de ac\u00adci\u00f3n al ejercicio de la caridad cristiana de las personas particu\u00adlares (Cf. <em>Mater et Magistra, <\/em>120). Siempre queda en pie la obligaci\u00f3n del amor y de la ayuda de car\u00e1cter personal y espon\u00adt\u00e1neo. Las organizaciones e instituciones caritativas no dispen\u00adsan a las conciencias de sus propias obligaciones, ni de sus de\u00adcisiones adultas de cristiano, ni del cumplimiento privado del precepto del amor.<\/p>\n<h3>4. <em>Una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s concientizada<\/em><\/h3>\n<p>No basta con que la acci\u00f3n caritativa de las organizaciones vicencianas respeten escrupulosamente la justicia y trasciendan generosamente sus exigencias, animadas como est\u00e1n por la vir\u00adtud cristiana de la caridad.<\/p>\n<p>Deben tener muy presente la doctrina social de la Iglesia, empaparse de sus principios y orientaciones y contrastar cons\u00adtantemente su actuaci\u00f3n con las directrices que ella presenta. El hacerlo, actualmente, no es excesivamente dif\u00edcil. Desde la Rerum Novarum, de Le\u00f3n mil, en 1891, hasta el documento <em>La justicia en el mundo, <\/em>del S\u00ednodo de los Obispos en 1971, han aparecido una larga serie de documentos pontificios que marcan con suficiente claridad los derroteros que deben seguir los cristianos y todos los hombres de buena voluntad en este amplio y dif\u00edcil campo de las relaciones sociales. Recordemos \u00fanicamente los documentos m\u00e1s importantes a partir de la Re\u00adrum Novarum, que representa el despegue oficial del magisterio pontificio en la promulgaci\u00f3n de la doctrina social de la Iglesia. Tenemos la enc\u00edclica <em>Quadragesimo anno, <\/em>de P\u00edo xr (1931), el Radiomensaje de Pentecost\u00e9s de P\u00edo xii (1941) las enc\u00edclicas <em>Mater et Magistra <\/em>(1961) y <em>Pacem in terris <\/em>(1963), de Juan XXIII la constituci\u00f3n pastoral <em>Gaudium et spes <\/em>del Concilio Vaticano II (1965) la enc\u00edclica <em>Populorum progressio <\/em>(1967), de Pablo vi, la carta apost\u00f3lica <em>Octogesima adveniens <\/em>(1971), de Pablo vi, y el documento <em>La justicia en el mundo, <\/em>del S\u00ednodo de los Obis\u00adpos (1971).<\/p>\n<p>Para no fijarnos m\u00e1s que en el documento del S\u00ednodo-1971, qu\u00e9 duda cabe que todas las organizaciones inspiradas en la doc\u00adtrina y el ejemplo de San Vicente de Pa\u00fal deben tenerlo muy presente, no para poner en pr\u00e1ctica todo cuanto en \u00e9l se dice \u2014muchas de las acciones que all\u00ed se proponen est\u00e1n tal vez fue\u00adra de su campo propio, pero s\u00ed para mentalizarse y estar cada vez m\u00e1s en comuni\u00f3n con unas corrientes que, en materia de justicia, hoy soplan recias dentro de la Iglesia y que son recha\u00adzadas por algunos como si fueran heterodoxas.<\/p>\n<p>Las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal y las dem\u00e1s obras vicencianas deben tener conciencia de que hoy el mundo est\u00e1 marcado \u00abpor el gran pecado de la injusticia\u00bb el cual \u00abcon su perversidad contradice el plan del Creador\u00bb (S\u00ednodo 1971). Y deben darse cuenta de que ante esta situaci\u00f3n surgen por doquiera exigencias radicales de igualdad y participaci\u00f3n, de respeto a la dignidad del hombre y a sus derechos fundamentales. Esta situaci\u00f3n del mundo es un desaf\u00edo a la Iglesia y, ante este reto, ella debe mostrarse portadora de un mensaje de es\u00adperanza y de amor. Pero este mensaje ser\u00e1 inv\u00e1lido si no de\u00admuestra su eficacia en el empe\u00f1o por la liberaci\u00f3n del hombre. Su testimonio debe realizarse a trav\u00e9s del amor eficazmente comprometido en la liberaci\u00f3n integral del hombre, es decir, con una solidaridad real y comprometida en la liberaci\u00f3n de los m\u00e1s pobres, marginados y oprimidos.<\/p>\n<p>Las obras vicencianas no pueden desentenderse de la con\u00adclusi\u00f3n pr\u00e1ctica que el S\u00ednodo-1971 adopta ante esta situaci\u00f3n, a saber, que no se puede separar la predicaci\u00f3n del Evangelio de la acci\u00f3n en favor de la justicia por el hecho de ser esta acci\u00f3n una parte constitutiva del Evangelio y de la misi\u00f3n de la Iglesia. Esta acci\u00f3n pide que se participe en la transformaci\u00f3n del mundo, en la liberaci\u00f3n de toda situaci\u00f3n opresiva.<\/p>\n<p>De acuerdo con esta conclusi\u00f3n, el S\u00ednodo-1971 se\u00f1ala tres l\u00edneas de actuaci\u00f3n: el testimonio en favor de la justicia, la edu\u00adcaci\u00f3n para la justicia y el compromiso en favor de la justicia. Apuntaremos muy r\u00e1pidamente algunas directrices sobre cada una de estas tres l\u00edneas.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">a) <em>El testimonio en favor de la justicia. <\/em>La misi\u00f3n del cris\u00adtianismo y de los cristianos, hoy, es la misma de siempre: dar testimonio de Jesucristo, de su muerte y resurrecci\u00f3n. Pero, para que este testimonio merezca cr\u00e9dito, debe ir acompa\u00f1ado de un testimonio tangible de justicia. Si un cristiano quiere de verdad ser signo cre\u00edble de esperanza, no basta con que haga promesas de un m\u00e1s all\u00e1 feliz sino que debe esforzarse y contribuir a rea\u00adlizar, ya desde ahora y aqu\u00ed, la justicia y fraternidad en el mun\u00addo. La salvaci\u00f3n cristiana no puede olvidar una contribuci\u00f3n sincera para la liberaci\u00f3n de las \u00abpresiones y abusos que sofo\u00adcan la libertad e impiden a la mayor parte del g\u00e9nero <strong>humano <\/strong>participar en la edificaci\u00f3n y en el disfrute de un mundo m\u00e1s justo y m\u00e1s fraterno\u00bb (S\u00ednodo-1971).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Esto exige evitar la colaboraci\u00f3n con estructuras opresoras, aunque sea para defender los intereses personales o de grupo. Exige pasar de una mentalidad desinteresada de los problemas humanos que comportan la injusticia, a un cristianismo seria\u00admente comprometido en la liberaci\u00f3n de todos los hombres, especialmente <em>de <\/em>los m\u00e1s pobres. Esto debe hacerse por la v\u00eda pac\u00edfica, buscando y trabajando con todas las fuerzas para con\u00adseguir una transformaci\u00f3n urgente, audaz y profundamente in\u00adnovadora de las estructuras, sin condenar a priori cualquier tipo de participaci\u00f3n violenta en los conflictos sociales y pol\u00edticos, ni creer tampoco que el cristianismo aut\u00e9ntico no ha empezado hasta ahora.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Todos los miembros del Pueblo de Dios tenemos obligaci\u00f3n de dar testimonio claro de justicia. Pero este testimonio no es nada f\u00e1cil y requiere discernimiento, especialmente en lo que hace referencia al uso de los bienes temporales: \u00absobriedad en los gastos personales y familiares, supresi\u00f3n del lujo, modera\u00adci\u00f3n en el uso de tantas diversiones y espect\u00e1culos, con mucha frecuencia caros\u00bb (Metropolitanos, <em>Estabilizaci\u00f3n y actividad <\/em><em>cristiana, <\/em>15-1-1960).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>b) <\/em><em>La educaci\u00f3n para la justicia. <\/em>Es preciso formar hom\u00adbres que no vivan para s\u00ed sino para los dem\u00e1s. Esta empresa choca con muchos obst\u00e1culos, pero no por ello puede abando\u00adnarse. Esta educaci\u00f3n para la justicia debe ser permanente y pr\u00e1ctica y debe darse en todos los niveles: en la familia, escue\u00adla, catequesis, parroquia, movimientos apost\u00f3licos, medios de comunicaci\u00f3n social, etc.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>c) <\/em><em>El compromiso en favor de la justicia. <\/em>Este compromi\u00adso exige una toma de conciencia de la propia responsabilidad y una actuaci\u00f3n. Esta actuaci\u00f3n variar\u00e1 mucho seg\u00fan el puesto que se ocupa en la sociedad y seg\u00fan el carisma recibido. A las comunidades cristianas \u00abtoca discernir, con ayuda del Esp\u00edritu Santo, en comuni\u00f3n con los obispos responsables, en di\u00e1logo con los dem\u00e1s hermanos cristianos y todos los hermanos de bue\u00adna voluntad, las opciones y los compromisos que conviene asu\u00admir para realizar las transformaciones sociales, pol\u00edticas y eco\u00adn\u00f3micas que parezcan necesarias con urgencia en cada caso\u00bb <em>(Octog. adven., <\/em><strong>4).<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Este compromiso ser\u00e1, a veces, de car\u00e1cter pol\u00edtico; otras veces ser\u00e1 una simple contribuci\u00f3n para mover la opini\u00f3n p\u00fa\u00adblica en apoyo de los programas para la justicia; otras, tendr\u00e1 una formalidad distinta&#8230; En esta b\u00fasqueda de los medios que puedan contribuir a la correcci\u00f3n de las situaciones injustas s\u00f3\u00adlo deben quedar excluidas la pasividad, la ineficacia y aquellos medios que sean incompatibles con el compromiso cristiano. En el campo social \u00abtodos los hombres est\u00e1n llamados a una empresa com\u00fan\u00bb y \u00abesta cooperaci\u00f3n&#8230; debe ir perfeccion\u00e1n\u00addose cada vez m\u00e1s\u00bb <em>(Unit. redint., <\/em>12).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Las Conferencias de San Vicente de P\u00e1\u00fal y las dem\u00e1s or\u00adganizaciones vicencianas deber\u00e1n asumir la parte que les co\u00adrresponda en este testimonio en favor de la justicia, en esta ac\u00adci\u00f3n educativa para la justicia y en este compromiso en favor de la justicia. Evidentemente, no todo corresponde a ellas en este triple campo, ni siquiera la parte m\u00e1s importante, pero al\u00adgo s\u00ed y no pueden desentenderse de la parte que les incumba, por peque\u00f1a e insignificante que fuera, \u00a1que no lo es!<\/p>\n<p>(Para todo este ep\u00edgrafe, que se refiere a la acci\u00f3n caritativa m\u00e1s concientizada, puede verse nuestra conferencia de 1-11-1975 en Majadehonda, publicada en el bolet\u00edn <em>Caritas <\/em>n. 130, marzo 1975, pp. 17-30).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>II. Hacia una acci\u00f3n caritativa m\u00e1s social 1. 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