{"id":40759,"date":"2015-02-12T04:27:28","date_gmt":"2015-02-12T03:27:28","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=40759"},"modified":"2016-07-26T16:58:15","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:15","slug":"la-sociedad-en-la-que-vivio-vicente-de-paul","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-sociedad-en-la-que-vivio-vicente-de-paul\/","title":{"rendered":"La Sociedad en la que vivi\u00f3 Vicente de Pa\u00fal"},"content":{"rendered":"<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/predicacion.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-139617\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/predicacion-300x206.jpg?resize=300%2C206\" alt=\"predicacion\" width=\"300\" height=\"206\" \/><\/a>En el esp\u00edritu de Vicente de Pa\u00fal vida, pensamiento y acci\u00f3n se entremezclan y se clarifican desde el interior. Por eso es impo\u00adsible abordar a este creyente comprometido y arriesgado al mar\u00adgen de la circunstancia pol\u00edtica, social, econ\u00f3mica, religiosa en la que su existencia tiene lugar. Su vida y su pensamiento son un for\u00adcejeo constante por asimilar una realidad que le viene dada y por responder, desde la receptividad abierta y acogedora del entorno a los problemas que la misma historia le depara. No es posible des\u00adcubrir el <em>sentido <\/em>de la historia, hacer une relectura de la \u00abescri\u00adtura de la historia\u00bb, interpretar el <em>acontecimiento Vicente de Pa\u00fal, <\/em>sin conocer la <em>arqueolog\u00eda de la historia. <\/em>Todo lo dem\u00e1s no ser\u00eda m\u00e1s que proyectar los fantasmas inconsistentes de quien construye un \u00abdiscurso\u00bb vac\u00edo de sentido <em>y <\/em>de objeto. Olvidarlo, ser\u00eda descono\u00adcer que Vicente de Pa\u00fal pertenece a ese g\u00e9nero de hombres cuya vida y pensamiento se desarrollan en interacci\u00f3n rec\u00edproca. El dato de lo vivido, la circunstancia que lo ocasiona, la experiencia que engendra y prolonga se convierten en fuente fecunda de reflexi\u00f3n y \u00e9sta de comportamiento pr\u00e1ctico. Por eso su vida se constituye en pauta hermen\u00e9utica de su pensamiento y su doctrina es la for\u00admulaci\u00f3n de <em>su fe y de su experiencia. <\/em>En esta fe y en esta expe\u00adriencia integra lo que ve y oye, lo que detecta o sospecha, es decir el mundo pol\u00edtico, social, econ\u00f3mico, religioso en el que se desar\u00adrolla su existencia.<\/p>\n<h3>Dificultades para comprender la historia institucional del tiempo de Vicente de Pa\u00fal<\/h3>\n<p>Analizar la sociedad, en la que vivi\u00f3 Vicente de Pa\u00fal (1581-1660), no es aplicarla unos esquemas preestablecidos, sacados de unos sistemas antiguos o nuevos, concebidos al margen de ella. El his\u00adtoriador no tiene que construir sistemas preestablecidos. Su fun\u00adci\u00f3n es observar, descubrir, tratar de comprender y de ayudar a comprender.<\/p>\n<p>Todas las clasificaciones escol\u00e1sticas, jur\u00eddicas o mundanas desaparecen ante lo esencial: <em>esta sociedad es ante todo una socie\u00ad<\/em><em>dad rural, que se organiza en funci\u00f3n de la tierra. <\/em>Se desarrolla en unos marcos demogr\u00e1ficos, econ\u00f3micos, jur\u00eddicos y mentales, que ayudan a comprenderla.<\/p>\n<p>En este sentido hay que observar que la noci\u00f3n de \u00absociedad de \u00f3rdenes\u00bb, incluso si es interesante, \u00fatil y con mucha frecuencia exacta, no puede explicar totalmente lo que es esta sociedad. El formalismo intransigente de la noci\u00f3n de \u00absociedad de clases\u00bb es igualmente \u00fatil y en alguna medida exacta, pero est\u00e1 todav\u00eda mucho m\u00e1s lejos de dar raz\u00f3n de lo que es esta sociedad. Para compren\u00adder la sociedad del tiempo de Vicente de Pa\u00fal, se requiere pene\u00adtrarla lentamente, analizar su aspecto demogr\u00e1fico, econ\u00f3mico, social, pol\u00edtico y religioso. Nuestra relectura de la historia de esta sociedad se realiza necesariamente en lo \u00abescritos\u00bb y \u00ablo relatado\u00bb. Si no tenemos desdichadamente todos los secretos de esta clave que nos permita interpretarlos, si podemos se\u00f1alar los peligros que nos acechan a la hora de examinarlos.<\/p>\n<p><strong>Primer peligro: <\/strong><em>las fuentes<\/em><\/p>\n<p>Durante mucho tiempo la historia institucional de la Francia del tiempo de Vicente de Pa\u00fal se ha alimentado casi exclusivamente de textos oficiales: ordenanzas, reglamentos administrativos, ins\u00adtrucciones dirigidas a quienes deb\u00edan aplicarlas y hacerlas aplicar en las provincias. Por lo mismo hab\u00eda una tendencia a sobre esti\u00admar la eficacia de la \u00abmonarqu\u00eda administrativa\u00bb. No se puede dudar del valor de estos documentos. Pero al mismo tiempo se requiere admitir que no nos informan de la aplicaci\u00f3n concreta de estas decisiones tomadas al m\u00e1s alto nivel del gobierno de la naci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, dada su repetici\u00f3n, nos inclinar\u00edamos a dudar de su efi\u00adcacia. Son otras fuentes \u2014 notariales, judiciales, privadas \u2014 las que permiten hoy percibir mucho mejor las resistencias concretas a las \u00f3rdenes provenientes del poder central.<\/p>\n<p><strong>Segundo peligro<\/strong>: <em>la atomizaci\u00f3n de los estudios de las instituciones<\/em><\/p>\n<p>Se puede, de acuerdo con una l\u00f3gica aparente, abordar sucesi\u00advamente los Consejos del rey, los agentes de ejecuci\u00f3n, los cuer\u00adpos judiciales, los agentes a trav\u00e9s de los cuales se ejerce la fun\u00adci\u00f3n fiscal, el reclutamiento y la organizaci\u00f3n de los ej\u00e9rcitos, las c\u00e9lulas de la vida local. Todos estos aspectos han sido tratados en obras excelentes, a las que remitimos. De lo que se trata es de aprehender las grandes l\u00edneas del funcionamiento global del sis\u00adtema en su evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Tercer peligro: <\/strong><em>la tentaci\u00f3n de una historia rectil\u00ednea<\/em><\/p>\n<p>No se puede dudar de la eficacia creciente, a trav\u00e9s del siglo XVII, del aparato o sistema del poder central en la sociedad fran\u00adcesa, cuyo progreso decisivo se sit\u00faa al final del mismo y durante el reinado de Luis XIV. Pero este progreso no se llev\u00f3 a cabo sin reacciones y contragolpes: peri\u00f3dicamente la coyuntura pol\u00edtica, o econ\u00f3mica, o militar pon\u00edan en tela de juicio lo que se conside\u00adraba ya por adquirido.<\/p>\n<h2>I. Aspecto demogr\u00e1fico<\/h2>\n<p>La sociedad del tiempo de Vicente de Pa\u00fal estaba arraigada s\u00f3lidamente en un territorio de cerca de medio mill\u00f3n de kil\u00f3me\u00adtros cuadrados. En este territorio viv\u00edan unos veinte millones de habitantes. Esta cifra certifica que Francia fue con mucho el reino m\u00e1s poblado de Europa, a excepci\u00f3n de la lejana Rusia. Esta fuerza demogr\u00e1fica concurre a explicar su potencia pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Tal cantidad de habitantes aseguraba al rey de Francia recur\u00adsos materiales muy sustanciales. De esos aproximadamente veinte millones de habitantes, al menos doce millones eran productores y por consiguiente casi tantos contribuyentes. Aqu\u00ed se encuentra el fil\u00f3n m\u00e1s fuerte de la potencia francesa del rey Luis. Es sufi\u00adciente que estos s\u00fabditos no sean miserables y que admitan pagar los impuestos para que no s\u00f3lo est\u00e9n aseguradas las empresas gubernamentales, incluida la guerra, sino tambi\u00e9n para que el futuro del pa\u00eds se vea sin una inquietud grave. A pesar de las resis\u00adtencias de los contribuyentes, el sistema fiscal termina por ser tole\u00adrado, incluso si hoy nos parece desigual, mediocre, pesado. Los hechos constatan que los habitantes, exceptuados algunos estamen\u00adtos sociales, algunas regiones y en determinados a\u00f1os, contin\u00faan viviendo, trabajando y pagando. Esta casi constante veintena de millones de habitantes nos lleva a afirmar que, a pesar de tantos aspectos miserables y de tantos episodios tr\u00e1gicos, la relativa riqueza del pa\u00eds constituy\u00f3 uno de los grandes factores de su soli\u00addez. A esta riqueza hay que a\u00f1adir tanto la variedad de clima, de tierras y de agua como el coraje y la ingeniosidad de los hombres que trabajan la tierra.<\/p>\n<p>Para un reino de esta extensi\u00f3n, una densidad de 40 habitan\u00adtes por kil\u00f3metro cuadrado constitu\u00eda una transformaci\u00f3n acep\u00adtable, incluso si hoy nos parece modesta. Este equilibrio \u00f3ptimo, entre econom\u00eda y poblaci\u00f3n, es lo que Francia pod\u00eda soportar dado su tipo de producci\u00f3n, su nivel t\u00e9cnico, sus modalidades de con\u00adsumo y de comercio, sus costumbres f\u00edsicas y sus h\u00e1bitos mentales.<\/p>\n<p>No obstante este mantenimiento de unos veinte millones de habitantes, considerado en per\u00edodos de larga duraci\u00f3n, hay que se\u00f1alar que esta poblaci\u00f3n no resultaba joven, porque envejec\u00eda demasiado de prisa. La edad media de vida era de 35 a\u00f1os y la mor\u00adtalidad infantil alcanzaba a 1 de cada 4 nacidos antes de cumplir el a\u00f1o.<\/p>\n<p>En algunos a\u00f1os, y sobre todo en algunas \u00e9pocas de los mis\u00admos, la poblaci\u00f3n rural se transformaba, al verse sometida a osci\u00adlaciones abruptas, a veces brutales. Las cosechas insuficientes, seguidas de epidemias, acompa\u00f1adas de las guerras, diezmaban con sus v\u00edctimas a la poblaci\u00f3n. La muerte aparec\u00eda entonces con tres rostros apocal\u00edpticos, a veces distintos, con frecuencia entremez\u00adclados. Estas tres calamidades, temidas por los hombres desde el comienzo de los siglos, se lanzaban sobre los s\u00fabditos del rey de Francia.<\/p>\n<h3>La guerra<\/h3>\n<p>La guerra, que es siempre atroz y reviste la forma de atroci\u00addad de su \u00e9poca, causaba cantidad de v\u00edctimas, especialmente en las regiones de Lorena, Champa\u00f1a, Picard\u00eda y en los alrededores de Par\u00eds. Los desastres de la guerra desconcertaban y arruinaban al pueblo, al impedir el trabajo, el comercio y el mercado. Los ej\u00e9r\u00adcitos dejaban con frecuencia a su paso, sobre todo en el Norte y en el Este, contagio, devastaci\u00f3n, miseria y muerte. Esta soldadesca violenta y desenfrenada no tuvo l\u00edmites en sus excesos.<\/p>\n<h3>La peste<\/h3>\n<p>Hasta 1650 la geograf\u00eda de Francia se vio cubierta por \u00abel mal que esparce el terror\u00bb. La peste bub\u00f3nica o pulmonar, aparec\u00eda y caminaba frecuentemente con fuerza devastadora. Algunos vera\u00adnos, en cortas sacudidas aterradoras, lleg\u00f3 a diezmar la cuarta o tercera parte de los habitantes de una regi\u00f3n, de una provincia. Inmediatamente que aparec\u00eda una grave epidemia, se provocaba el p\u00e1nico entre los habitantes. A pesar de las precauciones y con\u00adjuros contra ella, el mal invad\u00eda los cuerpos y se propagaba por el espacio.<\/p>\n<p>Otras epidemias menos \u00abespectaculares\u00bb, pero quiz\u00e1s m\u00e1s peli\u00adgrosas, pudieron provocar en algunas provincias otras \u00abcrisis de mortalidad\u00bb. La viruela diezmaba cada 5 a\u00f1os a los ni\u00f1os de 3 a 7 a\u00f1os. Las gripes, la malaria y las disenter\u00edas no dejaron de cobrarse millares de v\u00edctimas, sobre todo inmediatamente despu\u00e9s de las fuertes crisis de subsistencia.<\/p>\n<h3>El hambre<\/h3>\n<p>El hambre se present\u00f3 en escena con frecuencia y regularidad, sobre todo en el Norte, Centro y Este de Francia. Su origen se deb\u00eda a fen\u00f3menos atmosf\u00e9ricos y era la consecuencia de una econom\u00eda demasiado cereal, de un conjunto de costumbres econ\u00f3micas y sociales que impon\u00edan una estructura mental.<\/p>\n<p>La gran mayor\u00eda de los franceses de esta \u00e9poca se alimentaba principalmente, a veces casi \u00fanicamente, de gachas, de sopa y de pan. En la alimentaci\u00f3n de los pobres dominaban los cereales.<\/p>\n<p>La cosecha de trigo, al menos en una parte del reino, no era suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas. La tierra, des\u00adprovista de abonos, mal arada, produc\u00eda muy poco. La lentitud de la informaci\u00f3n y de los transportes imped\u00eda socorrer r\u00e1pidamente. Cuando se propagaban rumores de \u00abcarest\u00eda\u00bb, agravando la ame\u00adnaza, los precios se doblaban, a veces se triplicaban. Imposible poder comprar. La mitad de los franceses buscaban otros alimen\u00adtos, generalmente infectos, enviaban a los ni\u00f1os a pedir, robaban, se encolerizaban violentamente contra los acaparadores, lleg\u00e1ndo\u00adles a amenazar y a golpear. El hambre de los a\u00f1os 30 provoc\u00f3 enfer\u00admedades. Las calamidades de 1649-1653 causadas por cuatro malas cosechas, por cuatro hambres acumuladas, se vieron agravadas por las tropas vagabundas del tiempo de la Fronda, por la inseguridad de los caminos. La correspondencia, dirigida a Vicente de Pa\u00fal, relata escenas de antropofagia y otras miserias. En realidad la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n se alimentaba muy deficiente e insuficien\u00adtemente. Sin duda la \u00abcarest\u00eda\u00bb fue la causa principal de la crisis demogr\u00e1fica del tiempo de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>El hecho de que, despu\u00e9s de uno o dos a\u00f1os de mala cosecha, la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n sea reducida a la enfermedad y a la ina\u00adnici\u00f3n muestra claramente los defectos esenciales de esta econo\u00adm\u00eda y de esta sociedad. Al mismo tiempo indica que la mayor\u00eda de los campesinos no gozan de independencia econ\u00f3mica ni cosechan lo suficiente para subsistir. Y el mundo de los obreros y de los peque\u00f1os artesanos de la ciudad no poseen recursos suficientes para afrontar esta carest\u00eda. Cuando \u00e9sta es brutal, hace aparecer a la vez la mediocridad de los mecanismos econ\u00f3micos y la extrema desigualdad de las diferencias sociales.<\/p>\n<p>Las grandes crisis demogr\u00e1ficas de 1630 y las de 1648-1653 coin\u00adciden con las grandes crisis econ\u00f3micas, desencadenas por un aumento c\u00edclico considerable de los precios del trigo. Por consi\u00adguiente no es exagerado pretender que el precio del trigo consti\u00adtuy\u00f3 un verdadero \u00abbar\u00f3metro\u00bb demogr\u00e1fico, y que de la crisis eco\u00adn\u00f3mica de tipo antiguo surgi\u00f3 la crisis demogr\u00e1fica de tipo antiguo. Si la vida y la muerte de los hombres dependen de los precios del trigo, es porque los cereales dominan la econom\u00eda y la socie\u00addad. Esto supone que la mayor\u00eda de los hombres no puede cose\u00adchar suficiente trigo para vivir, o bien no posee suficientes recur\u00adsos para comprarlo cuando su precio aumenta considerablemente. La crisis agr\u00edcola produce entonces una crisis econ\u00f3mica y \u00e9sta desencadena al mismo tiempo los da\u00f1os del pan caro, del hambre, del paro obrero, de la miseria y de la muerte.<\/p>\n<p>Sin embargo esta poblaci\u00f3n, sometida a estos contragolpes bru\u00adtales, trata de afrontar la obsesi\u00f3n de la muerte con una fuerza espe\u00adcial del impulso vital: la reproducci\u00f3n humana se desarrolla a un ritmo suficiente para dar p\u00e1bulo a la muerte y para defender la raza.<\/p>\n<h2>II. Aspecto econ\u00f3mico<\/h2>\n<p>A veces se ha preguntado si en la sociedad del tiempo de Vicente de Pa\u00fal, como en todo el Antiguo R\u00e9gimen, el sistema jur\u00eddico y pol\u00edtico no hab\u00eda sido \u00abdeterminado\u00bb por el tipo de econom\u00eda y los \u00abmodos de producci\u00f3n\u00bb en los cuales se desarroll\u00f3. La existencia de v\u00ednculos entre lo econ\u00f3mico, lo social, lo pol\u00edtico e incluso lo mental no puede sorprender m\u00e1s que a los ingenuos.<\/p>\n<p>Con frecuencia se utilizan los criterios de los te\u00f3ricos, de los autores de <em>memorias, <\/em>de los hombres de gobierno, la correspon\u00addencia administrativa para reconstruir la <em>econom\u00eda antigua. <\/em>Ello equivale simplemente a escuchar y reproducir los sistemas de unos, las declaraciones y las justificaciones de otros. Toda teor\u00eda es ante todo un testimonio sobre los te\u00f3ricos y su entorno. Igualmente los textos legislativos como los montones de papel de la administra\u00adci\u00f3n oficial, testimonian ante todo el medio ambiente que los ha producido.<\/p>\n<p>Otro m\u00e9todo m\u00e1s humilde y m\u00e1s lento, practicado paciente\u00admente desde hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os, parece m\u00e1s seguro. Se trata de analizar al microscopio los archivos de las parroquias. S\u00f3lo por este medio se puede llegar a conocer de manera <em>cuantitativa <\/em>el aspecto econ\u00f3mico de la sociedad del tiempo de Vicente de Pa\u00fal. Ello significa que el historiador paciente gana en seguridad, lo que pierde en extensi\u00f3n y en pretensi\u00f3n. La multiplicaci\u00f3n de los an\u00e1\u00adlisis locales y provinciales, desde hace veinte a\u00f1os, termina por construir una imagen de la econom\u00eda francesa del siglo XVII, capaz de proporcionar una s\u00edntesis provisional de la misma.<\/p>\n<p>A la mirada del hombre de hoy, es decir a distancia, la Francia del siglo XVII se le puede presentar como un terreno agr\u00edcola rico, pero con un gran retraso t\u00e9cnico, una industria o \u00abmanufactura\u00bb, seg\u00fan el t\u00e9rmino de la \u00e9poca, textil mediocre, pero interesante por proporcionar a los campesinos una ayuda econ\u00f3mica, una fortuna nacional importante, pero inm\u00f3vil y, en consecuencia, infruct\u00edfera.<\/p>\n<h3>Una econom\u00eda de un aplastante predominio agr\u00edcola<\/h3>\n<p>Para comprender la Francia del tiempo de Vicente de Pa\u00fal, y por consiguiente su realidad econ\u00f3mica, se requiere no olvidar que es un pa\u00eds agr\u00edcola. De un ochenta a un ochenta y cinco por ciento, los franceses del siglo XVII viven en el mundo rural y sus ocupa\u00adciones son rurales. Incluso, al menos el cincuenta por ciento de los trabajos de la manufactura textil se realizan en la campi\u00f1a.<\/p>\n<p>Este aplastante predominio agr\u00edcola se expresa no s\u00f3lo en la b\u00fasqueda casi angustiosa de la subsistencia \u2014 los cereales \u2014 sino tambi\u00e9n en la necesidad de cambiar o vender a fin de \u00abcomprar\u00bb la moneda indispensable para pagar a los recaudadores de impues\u00adtos reales. Hablaremos de ello cuando nos refiramos a la realidad o aspecto social.<\/p>\n<h3>Una industria o \u00abmanufactura\u00bb mediocre<\/h3>\n<p>La \u00abmanufactura\u00bb en el siglo XVII franc\u00e9s, evoca m\u00e1s una nebulosa de obreros dispersos, aunque relativamente especializa\u00addos de un producto natural simple, como la lana, que una concen\u00adtraci\u00f3n de edificios y de trabajadores. Es menester insistir en el car\u00e1cter mediocre, subordinado y dependiente de la manufactura con relaci\u00f3n a la econom\u00eda predominantemente agr\u00edcola de la que hemos hablado anteriormente. Se requiere a\u00f1adir igualmente que eran m\u00e1s numerosos los que trabajaban en el mundo rural en el tejido de la lana que los obreros asalariados de las ciudades. S\u00f3lo en los trabajos de blanqueo, de te\u00f1ido y de comercializaci\u00f3n la mano de obra era m\u00e1s numerosa en las ciudades que en la campi\u00f1a.<\/p>\n<p>Dado lo reducido del sector metal\u00fargico y lo fluctuante del sec\u00adtor de la construcci\u00f3n, la manufactura en el tiempo de Vicente de Pa\u00fal se basaba esencialmente en el textil. Este predominio del tex\u00adtil se deb\u00eda al consumo interno y a la exportaci\u00f3n. Al requerir una mano de obra importante, proporcionaba un suplemento salarial a cientos de miles de campesinos. Esta manufactura textil, a la vez masiva y dispersa, desempe\u00f1\u00f3 un papel mucho m\u00e1s importante de lo que deja suponer el valor bruto de su producci\u00f3n. Incluso si este valor no lleg\u00f3 al cinco por ciento del producto nacional bruto y el n\u00famero de sus productores apenas sobrepas\u00f3 el cinco por ciento de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>Los transportes<\/h3>\n<p>Los transportes, una de las fuentes de movilizaci\u00f3n de bienes, resultaban lentos, inc\u00f3modos y costosos en el siglo XVII franc\u00e9s.<\/p>\n<p>El transporte realizado por los caminos y por las grandes cal\u00adzadas o \u00abcaminos reales\u00bb, adem\u00e1s de no ser seguro, era caro y lento. El polvo o el barro, seg\u00fan las diversas \u00e9pocas del a\u00f1o, la falta de arreglo, al no ocuparse apenas de ellas, alargaban los viajes inter\u00adminablemente: la media era de una legua a la hora, es decir, de cua\u00adtro a cinco kil\u00f3metros. S\u00f3lo los m\u00e1s r\u00e1pidos, los que \u00abcubr\u00edan el correo\u00bb, y a condici\u00f3n de cambiar de caballos en cada etapa, pod\u00edan alcanzar el vertiginoso ritmo de veinte kil\u00f3metros a la hora. Las empresas m\u00e1s r\u00e1pidas realizaban como m\u00e1ximo entre cuarenta y cincuenta kil\u00f3metros al d\u00eda.<\/p>\n<p>Los abundantes impuestos de \u00abpeage\u00bb encarec\u00edan los gastos del transporte. \u00danicamente los comerciantes y los organismos ofi\u00adciales enviaban las mercanc\u00edas por este medio y solamente las per\u00adsonas acomodadas viajaban en los coches de caballos. En estas con\u00addiciones se explica la explotaci\u00f3n por personas atentas a los nego\u00adcios del monopolio del transporte del correo y del personal por tierra desde el tiempo de Luis <strong>XIII. <\/strong>Entre otras Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>El transporte predominante en esta \u00e9poca se realizaba a tra\u00adv\u00e9s de r\u00edos navegables y mares. Si se tiene en cuenta que los r\u00edos resultaban innavegables m\u00e1s de la mitad del a\u00f1o, a causa de la sequ\u00eda o de las crecidas, se puede mantener que a\u00fan este medio de transporte nos parece modesto. Por a\u00f1adidura los agentes con\u00adtrolaban todas las estaciones fluviables y exig\u00edan en ellas cantidad de derechos e impuestos, especialmente a trav\u00e9s del Loira. Tan numerosos y complicados eran, que los mejores especialistas de hoy no pueden llegar a precisarlos.<\/p>\n<p>La mediocridad, la inseguridad, el coste elevado de los trans\u00adportes concurren a confirmar que la Francia del tiempo de Vicente de Pa\u00fal es una naci\u00f3n compuesta de mosaicos campesinos, provin\u00adciales, irregulares, en la que predomina la vida local, dispersa, mal comunicada. Igualmente ayudan a explicar, y de manera decisiva, la dificultad de reinar en ella y de ver que las decisiones del poder central lleguen a ser conocidas y escuchadas en toda la extensi\u00f3n del reino. Esto contribuye a proteger el gusto por la independen\u00adcia provincial y la pasividad individualista que dominan en esta sociedad.<\/p>\n<h3>Un sistema monetario complicado y vetusto<\/h3>\n<p>Resulta dif\u00edcil explicar lo que fue el sistema monetario del siglo XVII franc\u00e9s. Lo relacionado con la moneda y el cr\u00e9dito ofrecen tanta complejidad que no se puede hablar de ello m\u00e1s que con una \u00absimplificaci\u00f3n casi escandalosa\u00bb.<\/p>\n<p>La libra turnesa (de Tours) (moneda unitaria francesa en uso en el siglo XVII) no ten\u00eda ninguna consistencia monetaria. El valor de la libra en gramos de plata fue de 18 hacia 1500, de 11 hacia 1600, de 8 de Richelieu a Colbert. Esta evoluci\u00f3n constata la deva\u00adluaci\u00f3n de la moneda casi en cascada. Por encima del valor de la libra turnesa exist\u00eda el \u00abescudo de oro\u00bb y desde 1640 el \u00abluis de oro\u00bb. Por debajo del valor de la libra exist\u00edan peque\u00f1as monedas, sin gran valor para los particulares avisados. Y sin embargo era la moneda con la que se pagaba al pueblo, lo que le llevaba a veces a sublevarse. Las monedas de oro y de plata, fundamento de la riqueza de un pa\u00eds, no abundaban en Francia, debido a que apenas pose\u00eda metales preciosos.<\/p>\n<p>Algunos factores complican este cuadro monetario simplista: En primer lugar porque el valor de cada moneda era fijado por orden real. Un medio c\u00f3modo para devaluarla. Adem\u00e1s, hasta 1640, las monedas eran mal acu\u00f1adas, lo que permit\u00eda a h\u00e1biles artesa\u00adnos meterlas en \u00e1cido para extraer parte del oro o de la plata que conten\u00edan. Por a\u00f1adidura circulaban en Francia diferentes mone\u00addas extranjeras, especialmente la moneda de cobre espa\u00f1ol, la inglesa, la italiana, la imperial, etc. Esta circulaci\u00f3n de moneda extranjera, prohibida en principio, no solamente termin\u00f3 siendo tolerada sino tambi\u00e9n legalizada. Esta diversidad de moneda cor\u00adriente permit\u00eda una especulaci\u00f3n frecuente, incluso en contra de la moneda del rey. Se lleg\u00f3 as\u00ed a hacer desaparecer del mercado la moneda del oro y a veces incluso la de plata. Todo ello provo\u00adcaba unas operaciones complicadas, que no siempre favorec\u00edan a la econom\u00eda francesa.<\/p>\n<p>Los comerciantes, especialmente los extranjeros, ten\u00edan su curso particular del cambio de moneda: un escudo ficticio del valor de tres libras representaba a la moneda francesa en los mercados extranjeros, principalmente en Amsterdan. Pero no se puede olvi\u00addar que la Banca de Amsterdan, de una solidez incomparable, sos\u00adten\u00eda y controlaba toda la econom\u00eda de las Provincias Unidas, ade\u00adm\u00e1s de ser el centro mercantil del dep\u00f3sito del mundo. Los comer\u00adciantes y los pol\u00edticos franceses encontraban all\u00ed el trigo b\u00e1ltico en los momentos de \u00abcarest\u00eda\u00bb, la artiller\u00eda sueca y la p\u00f3lvora lie\u00adjesa en tiempo de guerra, incluso los arenques de cuaresma y la lana espa\u00f1ola. Y, por supuesto, los prestamistas a grandes intereses.<\/p>\n<p>Se\u00f1alemos, finalmente, que Francia en el siglo XVII no ten\u00eda Banca de Estado, ni siquiera una banca privada s\u00f3lida y estable. Se daba el t\u00edtulo de banquero a algunos comerciantes importantes que realizaban el cambio, prestaban a grandes intereses, partici\u00adpaban en negocios complicados y oscuros, cuyo objetivo principal consist\u00eda en aprovecharse del infantilismo financiero de un Estado que no ten\u00eda ni presupuesto ni finanzas regulares. Nada en abso\u00adluto se asemejaba en Francia a una Bolsa.<\/p>\n<p>Se sabe que los an\u00e1lisis econ\u00f3micos permanecen un tanto abs\u00adtractos, si se les corta de su soporte social. De ah\u00ed que los fen\u00f3me\u00adnos monetarios s\u00f3lo se comprenden cuando se les sit\u00faa en los mar\u00adcos sociales. Con relaci\u00f3n a \u00e9stos se puede afirmar que en la Fran\u00adcia de Vicente de Pa\u00fal se encontraban niveles muy diferentes de fortuna. Y es en ellos donde los problemas monetarios se plantea\u00adban de manera muy diferente:<\/p>\n<p>La fortuna de la mayor\u00eda de los franceses, constituida por peque\u00f1os y medianos campesinos, consist\u00eda en las cosechas bajo todas sus formas. Todo lo dem\u00e1s que pod\u00edan necesitar para vivir o subsistir, lo consegu\u00edan por intercambios de productos, por un trabajo suplementario, por otros servicios recibidos o por deudas consignadas en su pasivo. La moneda sonante y contante s\u00f3lo la necesitaban para pagar los impuestos reales. La manera de conse\u00adguirla era mediante la venta de peque\u00f1os productos caseros, adqui\u00adriendo compromisos de trabajo o adquiriendo deudas con los posee\u00addores de dicha moneda, mediante hipoteca de sus tierras. En los medios populares, la moneda brill\u00f3 sobre todo por su rareza, su escasez o su ausencia.<\/p>\n<p>Los problemas monetarios franceses se presentaron de manera muy distinta en los niveles m\u00e1s altos de la sociedad, espe\u00adcialmente en los grandes comerciantes y financieros. Unos y otros, juntamente con algunos ministros, se lamentaban de la escasez de las buenas monedas de oro y plata. Se puede dudar de lo exacto de estos lamentos. La prueba se encuentra en que, cuando hay suce\u00adsiones importantes y dif\u00edciles de arreglar, aparecen centenas y mil\u00adlares de escudos o luises de oro y de libras de plata. El mismo fen\u00f3\u00admeno se reproduce cuando se realizan brillantes matrimonios y sobre todo cuando se establecen los arrendamientos de los impues\u00adtos reales entre el rey y los grandes financieros. En estos casos se ven llegar a los domicilios de los notarios, a los patios de las man\u00adsiones de los grandes y al ministerio de finanzas, cantidad de car\u00adretas o de carrozas transportando monedas de oro y plata.<\/p>\n<p>Solamente en el m\u00e1s alto escal\u00f3n de comerciantes y finan\u00adcieros, el papel, es decir, la letra de cambio o billete, constituy\u00f3 la moneda real. Esta se apoyaba en la existencia de mercanc\u00edas y sobre todo en el cr\u00e9dito, es decir, en la confianza de los comercian\u00adtes y financieros, ya que todos se conoc\u00edan. Los financieros repre\u00adsentan una de las figuras m\u00e1s famosas de este tiempo. Ellos cons\u00adtituyen la prueba m\u00e1s clara de la incapacidad de la realeza francesa de organizar sus presupuestos y sus finanzas. A pesar de ser las \u00absanguijuelas\u00bb del reino, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Richelieu, el Anti\u00adguo R\u00e9gimen no pudo prescindir de ellos ni ellos, a su vez, del Estado.<\/p>\n<h2>III. Aspecto social<\/h2>\n<p>En el siglo XVII los estamentos de la sociedad permanecen los mismos de la tradici\u00f3n. En el reino se hac\u00eda la distinci\u00f3n entre los que oraban, los que luchaban y los que trabajaban, \u00abestos \u00faltimos innobles, por ser \u00fatiles\u00bb. Estas distinciones configuraban la \u00abestra\u00adtificaci\u00f3n social\u00bb cuyos estamentos eran el <em>clero, <\/em>la <em>nobleza <\/em>y el <em>pueblo <\/em>o <em>Tercer Estado.<\/em><\/p>\n<p>El fundamento de tales distinciones se arraiga en la dignidad, estima y calidad de servicios, de acuerdo con las estructuras men\u00adtales de la \u00e9poca, encarnan una concepci\u00f3n religiosa y militar de la sociedad y refleja una econom\u00eda primitiva. Correlativas a fun\u00adciones sociales, estas distinciones no corresponden ni a rendimien\u00adtos econ\u00f3micos ni a competencias personales. Se requiere se\u00f1alar, como lo hemos hecho en la introducci\u00f3n, que la realidad social con\u00adcreta no concuerda exactamente con esta estructura jer\u00e1rquica y hier\u00e1tica. El favor del rey y la econom\u00eda produc\u00edan en la pr\u00e1ctica otro estilo de vida social menos inamovible y diferentemente estruc\u00adturado y dignificado. Ello significa que un \u00aborden\u00bb o estamento en apariencia \u00fanico encubr\u00eda realidades muy diversas. Un \u00fanico estamento: el clero. \u00a1Pero en su interior cu\u00e1ntas jerarqu\u00edas! La nobleza jam\u00e1s lleg\u00f3, a pesar de sus tentativas durante la Fronda, a organizarse como el clero. En cuanto al \u00abTercer Estado\u00bb \u2014 y su terminolog\u00eda ya es esclarecedora \u2014 fue un \u00abestamento negativo\u00bb, al que s\u00f3lo se defin\u00eda por aquello de lo que se le exclu\u00eda: el servicio de Dios y la \u00absangre azul\u00bb. Y sin embargo, en su interior se situaba la verdadera <em>frontera, <\/em>la que separaba el mundo de los participan\u00adtes en el poder y el de los excluidos, el mundo de los nobles y el de los an\u00f3nimos, la \u00e9lite y las masas.<\/p>\n<h3>El clero<\/h3>\n<p>El <em>clero <\/em>de Francia, corporaci\u00f3n tradicional como la nobleza y la burgues\u00eda, goz\u00f3 de una gran influencia en la sociedad del siglo XVII franc\u00e9s. Esta influencia se origin\u00f3 en las riquezas que pose\u00eda y en los recursos financieros que utilizaba. Los bienes constitu\u00ed- dos por las propiedades eclesi\u00e1sticas y religiosas, a las que hay que a\u00f1adir las rentas e impuestos percibidos por el personal de la Iglesia, constituyen un tercio (1\/3) de la riqueza total de la naci\u00f3n. Si la econom\u00eda de la naci\u00f3n no se resinti\u00f3 demasiado, se debi\u00f3 a que el sistema de <em>colaci\u00f3n <\/em>de beneficios, la <em>encomienda, <\/em>puso en circulaci\u00f3n la mayor parte de esta riqueza. En el grado superior de la jerarqu\u00eda, los obispos eran personajes importantes, cuya influencia se hac\u00eda sentir en la pol\u00edtica del rey y en la sociedad. El p\u00e1rroco era un \u00abse\u00f1or\u00bb y somet\u00eda a sus parroquianos al \u00abdiezmo\u00bb.<\/p>\n<p>Dejando aparte su funci\u00f3n religiosa, el alto clero reuni\u00f3 entre sus miembros a personas de origen noble o burgu\u00e9s. Con el favor del rey y la confirmaci\u00f3n del Papa, las diversas noblezas y burgue\u00ads\u00edas instalaban a sus segundones en el episcopado y en los mejores conventos, en los que viv\u00edan de las rentas se\u00f1oriales y de la tierra, unidas a sus funciones. Exceptuado el bajo clero de los vicarios y de los sacerdotes \u00abhabituales\u00bb, es decir, sin beneficio y sin minis\u00adterio pastoral preciso, los p\u00e1rrocos urbanos y rurales gozaron de una buena situaci\u00f3n, en comparaci\u00f3n de la mayor\u00eda de los campe\u00adsinos y de los obreros de la ciudad. Estas diferencias entre \u00abbajo\u00bb y \u00abalto clero\u00bb nos manifiestan que este grupo social se vio some\u00adtido, tanto o m\u00e1s que los otros grupos sociales, a la disgregaci\u00f3n tradicional del estamento jur\u00eddico de la sociedad.<\/p>\n<p>La gran cantidad de sacerdotes y religiosos es otro aspecto del poder e influencia de la Iglesia, del clero, que lleg\u00f3 a representar el dos por ciento de la poblaci\u00f3n. Una encuesta, realizada con minu\u00adciosidad alrededor de 1660, constata 136 arzobispos y obispos, 40.000 p\u00e1rrocos, 40.000 entre vicarios, capellanes, confesores de religiosas, sacerdotes \u00abhabituales\u00bb, 5.000 abades o priores secula\u00adres, 16.000 can\u00f3nigos. Todos ellos suman 101.000 eclesi\u00e1sticos del clero secular. El n\u00famero de religiosos es de 82.600, de los cuales 35.600 pertenecen a comunidades, que viven de rentas y trabajos, y 47.000 a las \u00f3rdenes mendicantes antiguas o reformadas, que \u00abviven y prosperan por la mendicidad\u00bb.<\/p>\n<p>Este resumen indica que la Iglesia de Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal, el clero, primer \u00aborden del reino, detentaba un gran poder <em>econ\u00f3mico, jur\u00eddico y social.<\/em><\/p>\n<h3>La nobleza<\/h3>\n<p>La <em>nobleza <\/em>es definida por los juristas como el \u00absegundo orden de la naci\u00f3n\u00bb. Esta definici\u00f3n encubre una realidad muy compleja y un grupo social dif\u00edcil de limitar.<\/p>\n<p>La nobleza, que representaba entre el cuatro y el cinco por ciento de la poblaci\u00f3n, encubr\u00eda situaciones muy diversas. Como los dem\u00e1s grupos sociales, la nobleza se vio confrontada en el siglo XVII a la realidad socio-econ\u00f3mica. Realidad que provoc\u00f3 en ella una disgregaci\u00f3n, a pesar de mantener la unidad de nombre.<\/p>\n<p>Ella viv\u00eda principalmente, a veces casi \u00fanicamente, de sus bie\u00adnes ra\u00edces, de la renta de la tierra que recib\u00eda a trav\u00e9s de diversos canales. Algunos nobles gozaban de pensiones, que el rey les con\u00adced\u00eda por medio de beneficios, funciones, dignidades.<\/p>\n<p>\u00abNinguna tierra sin due\u00f1o\u00bb, dec\u00eda el adagio. A estos v\u00ednculos entre el se\u00f1or y la tierra se a\u00f1ad\u00edan, seg\u00fan la diversidad de regio\u00adnes, innumerables derechos \u00abfeudales\u00bb y le conced\u00edan ser juez en las jurisdicciones ordinarias. En toda la extensi\u00f3n del \u00abse\u00f1or\u00edo\u00bb \u2014 en el que hab\u00eda tierras que no le pertenec\u00edan \u2014 exig\u00eda sus dere\u00adchos y percib\u00eda una suma cada vez que se transmit\u00eda una renta o se realizaba una compraventa de rentas o de inmuebles entre cam\u00adpesinos. En la iglesia, donde por derecho de patrimonio nombraba al p\u00e1rroco, el noble era tratado con distinci\u00f3n, signo de su condi\u00adci\u00f3n. La exenci\u00f3n de pagar los impuestos reales, especialmente la \u00abtaille\u00bb, le distingu\u00eda claramente de los plebeyos.<\/p>\n<p>La nobleza intent\u00f3 por todos los medios ser una clase \u00abdomi\u00adnante\u00bb, a trav\u00e9s de su influencia en los asuntos y cargos p\u00fablicos, y \u00abprivilegiada\u00bb. Quiso distinguirse de los dem\u00e1s grupos sociales por el manejo de las armas y por un estilo de vida fastuoso, incluso cuando sus recursos no correspond\u00edan a semejante despilfarro. Todo ello explica el mito que se cre\u00f3 en torno a la nobleza y la con\u00adciencia que \u00e9sta tuvo de su distinci\u00f3n. Si la nobleza no fue amada en el siglo XVII franc\u00e9s, no dej\u00f3, sin embargo, de ser envidiada. La prueba est\u00e1 en que la burgues\u00eda aspir\u00f3 a ser noble y, para con\u00adseguirlo, no dud\u00f3 en pagar grandes sumas de dinero al rey.<\/p>\n<p>En realidad, los nobles eran \u00abclientes\u00bb. Clientes, clientela, estas palabras evocan un sistema social, en el que el favoritismo, la fide\u00adlidad, la dependencia tienen preeminencia. La nobleza en Fran\u00adcia no se salv\u00f3 m\u00e1s que por el favor del rey. Al mismo tiempo el aumento de clientes acrecent\u00f3 el poder de quien utiliz\u00f3 el favori\u00adtismo. As\u00ed pensaban los \u00abgrandes\u00bb, que lo eran, sin duda, por el favor del rey, pero m\u00e1s todav\u00eda porque le forzaban a otorgarles estos privilegios en raz\u00f3n del temor que le inspiraban. Richelieu, cliente del rey, y \u00e9l mismo se\u00f1or de otra clientela, har\u00eda todo lo posible para reducir la nobleza a la sumisi\u00f3n y a la dependencia. Depen\u00addencia econ\u00f3mica y sumisi\u00f3n pol\u00edtica se unieron para humillar y disgregar a la nobleza.<\/p>\n<h3><strong>Tercer estado o pueblo<\/strong><\/h3>\n<p>A diferencia del clero y de la nobleza, el estamento llamado <em>Tercer Estado <\/em>se caracteriza por la heterogeneidad de sus compo\u00adnentes, ya que en \u00e9l se agrupaban sectores muy dispares social, cul\u00adtural y econ\u00f3micamente hablando.<\/p>\n<h4><em>La burgues\u00eda<\/em><\/h4>\n<p>El t\u00e9rmino burgues\u00eda en el siglo XVII franc\u00e9s envuelve y revela diversas categor\u00edas dentro de la misma \u00abestratificaci\u00f3n social\u00bb. En ella se distingue la burgues\u00eda inactiva y la activa.<\/p>\n<p><em>La burgues\u00eda inactiva <\/em>estaba constituida por los rentistas del Estado y del pueblo y viv\u00eda de los arrendamientos de sus propie\u00addades (casas, tierras, etc.) y del producto de rentas constituidas, sobre todo en Par\u00eds. Con el resto de los grupos, que compon\u00edan la burgues\u00eda, pose\u00edan entre el quince y el veinte por ciento de la tierra.<\/p>\n<p><em>La burgues\u00eda activa, <\/em>muy unida al r\u00e9gimen a trav\u00e9s de sus diver\u00adsas actividades, participaba en el buen funcionamiento de la admi\u00adnistraci\u00f3n de la monarqu\u00eda.<\/p>\n<p>M\u00e1s importante que la enumeraci\u00f3n de las diferentes burgue\u00ads\u00edas \u2014 alta, mediana, peque\u00f1a \u2014 interesa se\u00f1alar, al menos que todas ellas absorb\u00edan la mayor parte de la renta del reino y no olvi\u00addar su significaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Lo mismo que los nobles, los burgueses eran propietarios y, a veces se\u00f1ores, la diferencia consist\u00eda en que pose\u00edan menos tier\u00adras y menos se\u00f1or\u00edos. Por el contrario, se sabe que su administra\u00adci\u00f3n fue ordinariamente m\u00e1s inteligente, m\u00e1s contenciosa, en defi\u00adnitiva, m\u00e1s fraudulenta que la de la mayor\u00eda de los nobles. Rete\u00adniendo, a veces por miles, letras de cambio, recibos, cr\u00e9ditos, es decir hipotecas, ten\u00edan la posibilidad de aumentar su hacienda, haciendo disminuir, a veces, las propiedades de los nobles y, con frecuencia, las tierras de los campesinos. Anticipando semillas, grano, herramientas, telas, salarios, los obreros de la ciudad y los peque\u00f1os campesinos depend\u00edan totalmente de ellos. Por a\u00f1adidura, se hac\u00edan nombrar, con frecuencia administradores de las propie\u00addades de la nobleza y del clero e instalados en estas funciones lucra\u00adtivas se beneficiaban de nuevos r\u00e9ditos de la tierra.<\/p>\n<p>Otra fuente de riqueza, dif\u00edcilmente comprensible para el mundo de hoy, se encontraba entre las manos de la burgues\u00eda del siglo XVII; toda funci\u00f3n p\u00fablica, jur\u00eddica o administrativa, era vita\u00adlicia. El funcionario la heredaba o la compraba. Sometidos al sistema de compra-venta, los cargos p\u00fablicos se convirtieron en inver\u00adsi\u00f3n, en negocio. R. Mousnier ha estudiado con detalle y profun\u00addidad el aumento de su cotizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por asociaciones y compa\u00f1\u00edas algunos burgueses se convirt\u00adieron en arrendatarios de los impuestos y derechos del rey. El nego\u00adcio consist\u00eda en anticipar la suma prefijada de sus rentas y recu\u00adperarla despu\u00e9s ampliamente a expensas de los contribuyentes habituales. As\u00ed se puede comprender la potencia de algunas fami\u00adlias de la burgues\u00eda y la posibilidad que ten\u00edan de aprovechar todas las ocasiones para invertir ventajosamente su capital. Es cierto que algunos de estos burgueses pod\u00edan haber sido tratados de usure\u00adros y ladrones. Sin embargo era necesario recurrir a sus servicios, puesto que el dinero escaseaba y todas las clases sociales, incluso el rey, lo necesitaban.<\/p>\n<p>No se puede dudar de que, desde 1630 hasta finales del siglo XVII, la burgues\u00eda tuvo en el Estado mon\u00e1rquico un papel de m\u00e1xima importancia.<\/p>\n<p><em>CORPORACIONES DE ARTESANOS<\/em><\/p>\n<p>Las corporaciones de artesanos eran agrupaciones de patro\u00adnos, oficiales y obreros de diversas profesiones: tejedores, curti\u00addores, tintoreros, alba\u00f1iles, carpinteros, aserradores, herreros, car\u00adniceros, cuchilleros, etc. Estas corporaciones constitu\u00edan dos gran\u00addes grupos: libres (m\u00e9tiers regles) y \u00abjuradas\u00bb (m\u00e9tiers jur\u00e9s).<\/p>\n<p><em>EL MUNDO DE LOS PATRONOS<\/em><\/p>\n<p>El estudio de los patronos \u2014 fabricantes urbanos \u2014 revela tres tipos de empresa, que corresponden a tres tipos sociales, a pesar de la aparente unidad de la profesi\u00f3n: el <em>fabricante vendedor, <\/em>de cuya independencia econ\u00f3mica no se puede dudar; <em>el simple fabri\u00ad<\/em><em>cante, <\/em>peque\u00f1o patr\u00f3n, que intenta guardar su autonom\u00eda, pero que en realidad depende de los grandes comerciantes; el <em>patrono que <\/em><em>no posee m\u00e1s que un telar, <\/em>asalariado de un g\u00e9nero apenas privile\u00adgiado.<\/p>\n<p><em>LOS OBREROS ASALARIADOS DE LA CIUDAD<\/em><\/p>\n<p>En la base de la escala de esta ciudad urbana, la masa de los obreros asalariados (m\u00e1s de la mitad en Amiens, m\u00e1s de un tercio en Beauvais, numerosos en otras partes, especialmente en Lyon y Par\u00eds) amontonada y hambrienta, agobiada por la dominaci\u00f3n econ\u00f3mico-social de la burgues\u00eda comerciante, se alojaba en los arrabales y en los barrios miserables. Sin tierras, sin ser propieta\u00adrios de sus casas, sin mobiliario apenas, sin lencer\u00eda; su salario constitu\u00eda el \u00fanico medio de vida. Pero este salario era siempre incierto, lo mismo que el empleo. Adem\u00e1s todo un sistema de anticipos, proporcionados por los patronos, convert\u00eda a estos obreros en una especie de perpetuos deudores, totalmente sometidos al poder de dichos jefes. Deudas y analfabetismo hac\u00edan de los trabajadores manuales no especializados un mundo dominado y dependiente.<\/p>\n<p>Los m\u00e1s pobres de estos obreros, excluidos de un contrato de trabajo a causa de su edad o de su enfermedad, permanec\u00edan al mar\u00adgen de toda organizaci\u00f3n y corporaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los obreros m\u00e1s favorecidos, los que no conoc\u00edan ni un solo d\u00eda de paro, recib\u00edan su salario entre 260 y 290 d\u00edas al a\u00f1o, dado el n\u00famero excesivo de d\u00edas de fiesta, y este salario era de diez soles en Beauvais y en Amiens, de doce soles en las mejores ciudades como Par\u00eds, Lyon, Rouen. Pero estas cifras deben relacionarse con el coste de la vida.<\/p>\n<p>Con su salario, los obreros m\u00e1s favorecidos dif\u00edcilmente pod\u00edan alimentar con pan a su familia. Sin embargo estas condiciones de vida eran las mejores para los obreros de Beauvais. Si surg\u00eda alg\u00fan imprevisto: enfermedad del padre, tener cuatro o cinco hijos, este presupuesto familiar se desequilibraba y la familia ten\u00eda que recur\u00adrir, para poder subsistir, a las instituciones caritativas incluso los a\u00f1os de equilibrio econ\u00f3mico y de buenas cosechas.<\/p>\n<p>Los obreros menos favorecidos, cuyo salario era de cinco a ocho soles por d\u00eda \u2014 las viudas y muchachas cobraban dos o tres soles \u2014 no ten\u00edan la posibilidad de comprar el pan necesario para ali\u00admentarse.<\/p>\n<p>Cuando la cosecha del a\u00f1o era mala y sobre todo si el mismo fen\u00f3meno se repet\u00eda al a\u00f1o siguiente, con las consiguientes subi\u00addas del precio del trigo y sobre todo del pan, los salarios registra\u00adban por este hecho una devaluaci\u00f3n, aun cuando el valor nominal fuera el mismo. Desgraciadamente, la baja de este salario acaec\u00eda en per\u00edodos de crisis. Estas bajas de diez a veinte por ciento cons\u00adtitu\u00edan un beneficio apreciable para los fabricantes y negociantes. Los obreros no ten\u00edan m\u00e1s remedio que aceptar esta disminuci\u00f3n de salario. En realidad era preferible un salario nominal y real\u00admente disminuido que el no tener ninguno. Si la crisis alimenticia se agravaba, provocando una crisis textil y manufacturera, se desen\u00adcadenaba la crisis econ\u00f3mico-social. Los obreros ten\u00edan entonces que someterse al paro obrero parcial y despu\u00e9s al total y a veces prolongada. La falta de salario les entregaba al hambre, a la mise\u00adria y a las instituciones caritativas. Durante estos per\u00edodos la \u00abmor\u00adtalidad\u00bb popular intensa diezmaba a los obreros: las instituciones caritativas dispon\u00edan de recursos muy peque\u00f1os para luchar con\u00adtra un mal que ten\u00eda sus ra\u00edces en la estructura econ\u00f3mica y social de la \u00e9poca. En realidad millares de hogares obreros llegaban al extremo de la aflicci\u00f3n, cuando el torbellino de la muerte no arre\u00adbataba su vida, sumergida en una miseria terrible.<\/p>\n<p>La dominaci\u00f3n de la fabricaci\u00f3n y del comercio, ejercida por el grupo restringido de grandes negociantes, establec\u00eda las venta\u00ads de este grupo con el da\u00f1o consiguiente para la multitud de arte\u00adsanos \u2014 fabricantes y obreros \u2014 reducidos a la mendicidad, a la indigencia y los m\u00e1s pobres al hambre, a la miseria. Toda fortuna proviene de luchas, de conquistas, que suponen unos vencidos. Lo pie en el tiempo de Vicente de Pa\u00fal hizo morir a unos, enriqueci\u00f3 a otros; disimularlo, no ser\u00eda honrado.<\/p>\n<h4><em>Los campesinos<\/em><\/h4>\n<p>La sociedad, lo mismo que la econom\u00eda o que el Estado en tiempo de Vicente de Pa\u00fal, se apoy\u00f3 en la masa m\u00e1s numerosa, m\u00e1s eminentemente productiva, m\u00e1s dependiente: la masa de los cam\u00adpesinos. <em>\u00abUn a\u00f1o de interrupci\u00f3n en el cultivo de la tierra hubiese sido, la muerte para todos\u00bb. <\/em>Ellos proporcionaron con su tra\u00adbajo los bienes al pa\u00eds, cultivando un terreno del que pose\u00edan bas\u00adtante menos de la mitad. Y esta propiedad, al ser de tipo se\u00f1orial, no era jam\u00e1s completa. Por a\u00f1adidura un tercio (1\/3) de las tierras francesas estaba repartido muy desigualmente.<\/p>\n<p>Como toda sociedad humana, la sociedad campesina deja aparecer oposiciones brutales y tonalidades infinitas. Se conoce mejor a los ricos y medianos labradores, que a los jornaleros del campo a los propietarios de peque\u00f1as parcelas. El campesino pobre del siglo XVII es, a\u00fan hoy, muy mal conocido.<\/p>\n<p>Dada la organizaci\u00f3n del mundo rural, cuatro categor\u00edas se pre\u00adcipitaban sobre el trabajo y el producto de los campesinos: la comu\u00adnidad rural, la iglesia, el Se\u00f1or y el rey, este \u00faltimo con los m\u00e1s fuertes y variados impuestos. Las exigencias fiscales del Estado y de los se\u00f1ores \u2014 eclesi\u00e1sticos o laicos \u2014 absorb\u00edan la mayor parte de las ganancias y reduc\u00edan la poblaci\u00f3n campesina, si la venta de los productos hab\u00eda sido baja, a una miseria extrema y, con fre\u00adcuencia, a la desesperaci\u00f3n y a la rebeli\u00f3n.<\/p>\n<p>Las rentas estipuladas en especie pod\u00edan pagarse m\u00e1s f\u00e1cil\u00admente. Para las dem\u00e1s era necesario hacerlo en met\u00e1lico. Para con\u00adseguirlo, los peque\u00f1os y medianos labradores se endeudaban siem\u00adpre con los mismos acreedores. A la deuda constantemente consi\u00adgnada, se a\u00f1ad\u00edan los intereses desde el primer momento. En el momento de pagar a los recaudadores de la contribuci\u00f3n rural y abonar los arrendamientos, los campesinos se ve\u00edan presa de una multitud de acreedores.<\/p>\n<p>Los pobres campesinos, obligados a vender una parte de su herencia para poder pagar sus deudas y encontrar con qu\u00e9 alimen\u00adtar a sus familias en los per\u00edodos de carest\u00eda y de indigencia, ter\u00adminan por perder su herencia inmediatamente despu\u00e9s de la cri\u00adsis demogr\u00e1fica. El hambre y la miseria arrancan a estos pobres campesinos sus tierras y les obligan, a veces, a trabajar como arren\u00addatarios las parcelas recibidas en otro tiempo en herencia. Esta conquista urbana y burguesa de la tierra progresa al mismo ritmo y tiempo que crecen las deudas de los campesinos. Durante el siglo XVII, la burgues\u00eda prosigui\u00f3 su ofensiva contra la propiedad campesina.<\/p>\n<p>El conocimiento del mundo campesino revela al menos, tres tipos sociales diferentes, a pesar de la aparente unidad de nombre.<\/p>\n<p>El <em>labrador <\/em>es el campesino que posee los medios necesarios y en particular los utensilios para explotar los bienes rurales que posee o arrienda. De ah\u00ed que haya que distinguir, aunque de forma muy gen\u00e9rica, los <em>labradores-propietarios y <\/em>los <em>labradores- <\/em><em>arrendatarios.<\/em><\/p>\n<p>Los estratos superiores de la sociedad rural est\u00e1n constitui\u00addos por los <em>labradores ricos, <\/em>que poseen de veinte a treinta hect\u00e1\u00adreas, grandes colonos, recaudadores de se\u00f1or\u00edas. Su estudio, sobre todo su existencia, contribuyen a explicar la incomodidad, la mise\u00adria de los campesinos pobres, reducidos casi a ser sus deudores y sus asalariados. No s\u00f3lo alquilan sus utensilios de trabajo, sino tambi\u00e9n prestan dinero. Su rango social proviene de esta fuerza econ\u00f3mica. Si no siempre poseen una gran superioridad econ\u00f3mica, sin embargo con mucha frecuencia dominan la vida campesina.<\/p>\n<p>El <em>labrador mediano <\/em>raramente pose\u00eda m\u00e1s de una decena de hect\u00e1reas. Con su par de caballos, acompa\u00f1ados con frecuencia de una yegua, labra sus tierras, ara para sus vecinos m\u00e1s pobres y explota alg\u00fan arrendamiento que puede igualar en extensi\u00f3n a su propiedad. Interesantes los a\u00f1os buenos, estos arrendamientos constituyen, por el contrario, cargas pesadas los a\u00f1os dif\u00edciles, puesto que el aumento del arriendo es constante. El conjunto de su ganado, por t\u00e9rmino medio, no alcanza proporciones importan\u00adtes. Mediocres propietarios, medianos arrendatarios, apenas fue\u00adron otra cosa que modestos campesinos con un par de caballos.<\/p>\n<p>La cl\u00e1sica clasificaci\u00f3n del mundo campesino en obrero rural y labrador olvida a todo un <em>grupo de campesinos <\/em>bastante nume\u00adroso en algunas regiones de Francia. Estos pose\u00edan peque\u00f1as parcelas de tierra y trabajaban otras que arrendaban, al mismo tiempo que criaban un peque\u00f1o n\u00famero de animales. De esta manera pod\u00edan vivir, aunque muy pobremente. Su apariencia de <em>indepen\u00ad<\/em><em>dencia <\/em>econ\u00f3mica se limita estrictamente a los a\u00f1os muy buenos. En los a\u00f1os de mala cosecha no pueden vivir del producto de sus tierras, de la explotaci\u00f3n de su trabajo, si no es contrayendo deu\u00addas. Con estos grupos de campesinos hay, quiz\u00e1s, que relacionar a los <em>obreros y propietarios al mismo tiempo de algunas peque\u00f1as parcelas. <\/em>Todos ellos constitu\u00edan aproximadamente los dos tercios (2\/3) de los campesinos. Muchos de ellos deb\u00edan encontrar otras ocu\u00adpaciones para poder vivir. Su condici\u00f3n de vida no fue f\u00e1cil, su nivel social fue bajo.<\/p>\n<p><em>Los obreros del campo \u2014 <\/em>jornaleros \u2014 eran frecuentemente lo muy pobres y de los \u00abm\u00e1s miserables se ignora casi todo\u00bb. A veces les llamaba \u00abmendigos\u00bb, aunque tuvieran residencia. Lo que se sabe con certeza por los registros parroquiales, es su muerte en masa cuando una epidemia pasajera o el \u00abhambre c\u00edclica\u00bb apare\u00adc\u00edan. Ellos constituyen con los mendigos el estrato inferior de la sociedad rural. Tributarios de empleos irregulares formaban el mayor n\u00famero de pobres. La estructura campesina y social impe\u00add\u00eda a los obreros del campo todo esfuerzo eficaz para salir de la miseria econ\u00f3mica y social.<\/p>\n<h4><em>Pobres<\/em><\/h4>\n<p>El sentido de la palabra <em>pobre <\/em>en el siglo XVII no tiene sola\u00admente una significaci\u00f3n econ\u00f3mica. En sentido amplio, <em>pobre <\/em>es el que sufre, el que se encuentra en la desdicha, el afligido. En una aceptaci\u00f3n m\u00e1s estricta, <em>pobre <\/em>es el que se encuentra viviendo continuamente en la \u00abescasez\u00bb, en la \u00abnecesidad\u00bb, en la \u00abpenuria\u00bb. Fure\u00adti\u00e9re, en su <em>Dictionnaire, <\/em>da esta definici\u00f3n del pobre: <em>\u00abel que no <\/em><em>tiene las cosas necesarias para sustentar su vida\u00bb. <\/em>Pobres son, en consecuencia, aquellos que est\u00e1n expuestos cada d\u00eda a caer por debajo del m\u00ednimo vital biol\u00f3gico.<\/p>\n<p>La definici\u00f3n m\u00e1s exacta del pobre la encontramos en J.P. Camus, obispo de Belley (1581-1652) cuando escribe: <em>\u00abPobre es el <\/em><em>que no tiene otro medio para vivir m\u00e1s que su trabajo\u00bb<\/em>. Esta relaci\u00f3n entre pobre y mundo del trabajo, entre pauperismo y cesa\u00adci\u00f3n de trabajo se evoca muchas veces en el siglo XVII.<\/p>\n<p>En realidad el siglo XVII considera pobres a quienes est\u00e1n cons\u00adtantemente amenazados de caer f\u00e1cilmente en la pobreza, dada la incertidumbre en que se encuentran todos los d\u00edas de poder con\u00adseguir los medios necesarios para poder subsistir. Ello indica, y en definitiva explica, que el siglo XVII llama pobres a quienes est\u00e1n acechados cada d\u00eda por la pobreza y, al m\u00e1s m\u00ednimo incidente de la coyuntura hist\u00f3rica (mala cosecha, crisis agr\u00edcola, que desenca\u00addena siempre una crisis textil y manufacturera, en definitiva una crisis econ\u00f3mica y social con todas las consecuencias que implica) se encuentran acosados, a veces incluso, apu\u00f1alados por ella. El mundo de los pobres es el de la necesidad, el de la ausencia de reser\u00advas, especialmente de reservas alimenticias; es el mundo condenado a vivir en la obsesi\u00f3n de poder conseguir el pan de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>El mundo de los pobres es, en definitiva, el mundo de la depen\u00addencia en raz\u00f3n de su ignorancia y de su endeudamiento end\u00e9mico con los \u00abpoderosos\u00bb, los \u00abburgueses\u00bb que intentan llegar por todos los medios a su alcance a \u00abla conquista de la tierra\u00bb. De la pobreza a la mendicidad la diferencia <em>s\u00f3lo es de grado, no de naturaleza: <\/em>esta idea parece esencial en el estudio de la realidad social del siglo XVII. La prueba se encuentra en que la mendicidad, concebida como un recurso casi ordinario de las clases humildes, es un rasgo caracter\u00edstico de la estructura social de la Francia del tiempo de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<h4><em>Mendigos<\/em><\/h4>\n<p>El vocabulario empleado, para definir a los mendigos, no es s\u00f3lo revelador de la estructura mental de la sociedad, sino suma\u00admente significativo de la historia social. El <em>mendigo <\/em>es el que no puede ganarse la vida y se ve obligado a recurrir a la ayuda de los dem\u00e1s para poder subsistir. Ello significa que ha ca\u00eddo en el mundo de la pobreza y que no puede salir de ella. Por eso el \u00fanico recurso normal de su existencia es dedicarse a la mendicidad. J.P. Camus es, quiz\u00e1s, quien de nuevo nos da la definici\u00f3n m\u00e1s exacta del t\u00e9r\u00admino mendigo en la primera mitad del siglo XVII: al pobre <em>\u00abque <\/em><em>no tiene otro recurso m\u00e1s que su trabajo para mantener su vida\u00bb, <\/em>opone el mendigo, <em>\u00abque no s\u00f3lo se encuentra privado de todo recurso, <\/em><em>sino reducido a tal grado de miseria, que no puede ganarse la vida por su trabajo, incluso aunque lo desee, bien porque est\u00e1 impedido por dolencia o enfermedad, bien por falta de empleo aun cuando est\u00e9 en plena salud y tenga capacidad suficiente, si se le empleara en el trabajo\u00bb<\/em>. En esta sociedad estratificada en \u00ab\u00f3rdenes\u00bb jerar\u00adquizados en \u00abestados\u00bb, los <em>mendigos <\/em>en buena salud se encuentran en lo m\u00e1s bajo de la escala social.<\/p>\n<p>Para reaccionar contra la pol\u00edtica social de la monarqu\u00eda admi\u00adnistrativa y por un instinto de sana vitalidad, los grupos de mendi\u00adgos se convierten a veces en bandas numerosas. Estas bandas cobi\u00adjan tanto la mendicidad como forma de acci\u00f3n, como el bandolerismo de truhanes. La mendicidad encubre entonces la actividad de vulgares criminales y se practica a gran escala. Estas asocia\u00adciones criminales se desarrollan en gran parte de Francia, sobre todo inmediatamente despu\u00e9s de la dispersi\u00f3n de numerosas compa\u00f1\u00edas de soldados o de licenciamiento de personas a quienes alimentaba la guerra o a quienes viv\u00edan de ella como par\u00e1sitos. Las autoridades llegan a sospechar con fundamento que el mundo de los mendigos dispone de una organizaci\u00f3n interna. La opini\u00f3n m\u00e1s corrientemente extendida es que esta organizaci\u00f3n est\u00e1 estruc\u00adturada seg\u00fan el modelo de los bandidos. Se requiere se\u00f1alar que todos los mendigos no eran, ni mucho menos, disimuladores de enfermedades o\/y criminales. Sin embargo la ociosidad es en s\u00ed misma, desde el siglo XVII \u2014 en raz\u00f3n de las ideas humanistas v mercantilistas \u2014 un crimen, ya que lleva en ella, seg\u00fan la sabi\u00addur\u00eda popular, el germen del crimen: \u00abLa mendicidad es escuela de toda maldad\u00bb. Este simple hecho es suficiente con frecuen\u00adcia para que la colectividad trate a los mendigos, en su conjunto, como criminales, enga\u00f1adores y perezosos.<\/p>\n<h4><em>Vagabundos, desalmados<\/em><\/h4>\n<p>El t\u00e9rmino <em>vagabundo <\/em>se precisa lentamente a trav\u00e9s del siglo XVII a medida y ritmo que el vagabundeo se convierte en delito. Al ser definido por los juristas con mayor precisi\u00f3n, el t\u00e9rmino adquiere su <em>sentido <\/em>preciso. Para el jurista Simon, que escribe en I642, el <em>\u00abvagabundo es el que ha abandonado su domicilio y el lugar <\/em><em>de su residencia para robar y vivir del bandidaje y, como se <\/em><em>dice, vagar de un lugar a otro, perezoso y m\u00e1s inclinado a hacer <\/em><em>el mal que el bien, lo que va contra las buenas costumbres <\/em><em>y <\/em>por <em>eso la ley le persigue y le hace perder el privilegio de <\/em><em>su residencia\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Un edicto de 1656, referente a la seguridad ciudadana de Par\u00eds, define con mayor precisi\u00f3n al vagabundo:<\/p>\n<p><em>\u00abSer\u00e1n declarados vagabundos y desalmados (&#8216;gens sans aveu) <\/em><em>quienes no tengan ninguna profesi\u00f3n ni oficio ni bienes para subsistir; quienes no puedan hacer certificar su vida honrada y sus buenas costumbres por personas honradas, conocidas y dignas de fe y que sean de condici\u00f3n honorable\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>En la definici\u00f3n del vagabundo aparece la expresi\u00f3n de desal\u00admado. El t\u00e9rmino es muy significativo en la sem\u00e1ntica de la pobreza: muestra que la sociedad francesa de esta \u00e9poca sit\u00faa a todo un grupo de pobres al <em>margen <\/em>de la sociedad. El pobre y el mendigo forman parte, con frecuencia, de la sociedad. Al vagabundo, por el contrario, se le define por su ausencia de v\u00ednculos sociales: no tiene domicilio. No se puede olvidar que el vagabundeo es un de\u00adlito. La reprobaci\u00f3n de la ausencia de domicilio crece hasta el final del siglo XVII, cuando se llega a hacer del vagabundo igual a desalmado.<\/p>\n<p>El desalmado <em>(\u00abgens sans aveu&#8217;) <\/em>es aquel a quien nadie quiere reconocer como suyo, aquel de quien ning\u00fan hombre digno de fe se quiere presentar como garante. No tener la garant\u00eda de nadie, equivale a estar al margen de la sociedad, a no pertenecer a nin\u00adguna estructura corporativa. Ello es grave en una sociedad donde \u00abclientela\u00bb y \u00abcorporaci\u00f3n\u00bb constituyen los v\u00ednculos sociales. Si se a\u00f1ade que los vagabundos y, a veces, algunos mendigos viven voluntariamente al margen de la sociedad, es decir, \u00absin someterme a las reglas de la religi\u00f3n y de la raz\u00f3n\u00bb, se puede imaginar su esta\u00adtuto social. Porque todos ellos constituyen un peligro social para el orden p\u00fablico, ya que su vida se presenta como <em>anormal, <\/em>es decir, no respetan las normas vigentes en la sociedad; porque violan la eminente <em>dignidad del orden colectivo, <\/em>se les margina de la socie\u00addad, al mismo tiempo que les busca la polic\u00eda y los poderes judi\u00adciales les condenan.<\/p>\n<p>Los documentos, que nos informan acerca de los vagabundos, los proporcionan los registros judiciales, parroquiales, hospitala\u00adrios. Estos registros nos ayudan a precisar su silueta. En la pro\u00adporci\u00f3n de dos tercios (2\/3) son hombres, cuya edad oscila entre los 15 y 50 a\u00f1os. Entre ellos se encuentran errantes, que mendigan exhibiendo \u00falceras, heridas o enfermedades perfectamente imita\u00addas, vagando de un lugar a otro en busca de un trabajo hipot\u00e9\u00adtico. Otros tipos de vagabundos, mejor caracterizados, se encuen\u00adtran entre maestros de escritura, maestros de escuela, m\u00fasicos de paso, falsos peregrinos, quienes \u00abbajo pretexto de piedad\u00bb mendi\u00adgan de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, de regi\u00f3n en regi\u00f3n, cl\u00e9rigos errantes, sacerdotes de paso. Una tercera categor\u00eda la cons\u00adtituyen los gitanos. En algunas \u00e9pocas la sociedad militar propor\u00adciona, m\u00e1s exactamente habr\u00eda que decir restituye, otro tipo de vagabundos. Se trata de esa laya de buscones que siguen a la tropa, entre mendicantes, vagabundos e insinuantes; de esta partida de paisanos, pordioseros y ganapanes, cobardemente a recaudo de las botas militares, \u00e1vidos del momento del saqueo despu\u00e9s de la ocu\u00adpaci\u00f3n de la plaza. Despu\u00e9s de desertar o de ser licenciados en masa durante la campa\u00f1a de invierno asedian y devastan la campi\u00f1a.<\/p>\n<p>El mayor n\u00famero de vagabundos, sin embargo, lo forman jornaleros agr\u00edcolas y peque\u00f1os campesinos. En un siglo donde el impuesto fiscal es de <em>repartici\u00f3n, <\/em>la miseria y la huida de unos puede tener efectos acumulativos. Quienes han resistido durante alg\u00fan tiempo, despu\u00e9s de haberse sublevado en masa contra las aplas\u00adtantes cargas fiscales y ser aplastados, terminan, al verse sobre\u00adcargados de impuestos, por abandonar su hogar y sus tierras. Espe\u00adcialmente lo hacen cuando los soldados queman los pueblos o se llevan la cosecha. En la Francia de Vicente de Pa\u00fal, crisis econ\u00f3\u00admicas y fuertes cargas fiscales, sin olvidar la pol\u00edtica del gobierno que se instala en la guerra y en el despilfarro, tienen una influen\u00adcia directa en la errancia y el vagabundeo. La \u00abconquista de la tierra\u00bb, emprendida por unos cuantos acaparadores burgueses, obliga a los peque\u00f1os campesinos, endeudados con estos acreedo\u00adres, a vender sus tierras y a abandonar sus hogares. El \u00fanico medio de subsistir para estos campesinos es lanzarse a los grandes cami\u00adnos y unirse a los grupos de mendigos, vagabundos y truhanes, orga\u00adnizados para vivir de robos, saqueos, limosnas arrancadas por ame\u00adnazas y por la violencia.<\/p>\n<h4><em>Actitudes y comportamientos ante los pobres<\/em><\/h4>\n<p>Las actitudes mentales y sociales de los hombres y de la socie\u00addad del siglo XVII en relaci\u00f3n con los pobres olvidan a veces, y otras perciben, la conciliaci\u00f3n parad\u00f3jica del esc\u00e1ndalo de la miseria vivida \u2014 pobreza real \u2014 y la estima espiritual de la pobreza \u2014 vir\u00adtud que introduce en la vida cristiana \u2014. Desdichadamente en sus actitudes y comportamientos los individuos y la sociedad del tiempo de Vicente de Pa\u00fal disocian con frecuencia la pobreza \u2014 como noci\u00f3n espiritual y realidad psicol\u00f3gica \u2014 del contexto econ\u00f3mico- social. De ah\u00ed la contradicci\u00f3n de esta sociedad entre la proclama\u00adci\u00f3n de <em>\u00abla eminente dignidad de los pobres\u00bb <\/em>y la decisi\u00f3n por decreto real del <em>\u00abencerramiento de los pobres\u00bb. <\/em>Semejante contra\u00addicci\u00f3n se arraiga en haber ido sustituyendo los criterios evang\u00e9\u00adlicos de servicio a los pobres por los del mercantilismo de la \u00e9poca, orientados a crear una econom\u00eda nacional y por criterios mora\u00adles y religiosos de matiz represivo y moralizador, encamina\u00addos a \u00abreglar\u00bb y \u00abgobernar\u00bb la vida de los pobres que viven al mar\u00adgen de toda regla social y religiosa. Estos criterios y estas actitu\u00addes explican el que algunas obras y actividades caritativas de neto matiz evang\u00e9lico en beneficio de los pobres se convirtieran en ope\u00adraciones represivas, cobraran un aire de control policial y provo\u00adcaran el \u00abencerramiento de los pobres\u00bb en el Hospital general. Encerramiento decretado por un edicto real de 27 de abril de 1656.<\/p>\n<p>El edicto fija y determina la organizaci\u00f3n temporal y espiritual del hospital. La ejecuci\u00f3n de este edicto es asegurada con celo por una compa\u00f1\u00eda de arqueros. Se sabe perfectamente que el pro\u00adcedimiento es poco apreciado por Vicente de Pa\u00fal, que lo juzga no solamente imposible sino inhumano.<\/p>\n<p>En realidad el Hospital general constituye un lugar inhumano, al ser un mundo cerrado, un mundo separado. Esta separaci\u00f3n significa que los pobres son considerados como elementos <em>asocia- <\/em><em>les. Y <\/em>como a tales se les encierra como a otros asociales: prostitu\u00adtas, dementes, hijos pr\u00f3digos. Todos los que viven en contradicci\u00f3n con el buen orden o que se dedican a \u00abactividades criminales\u00bb o vergonzosas, creando un peligro para el sistema colectivo, forman una poblaci\u00f3n de marginados a quienes hay que encerrar. Los pobres pertenecen a ese mundo. Se les encierra para castigarles, corregirles, preparar su integraci\u00f3n en la sociedad, obligarles a tra\u00adbajar y a cumplir las normas de la Iglesia.<\/p>\n<p>La vida perezosa o\/y viciosa que llevan vagabundos y mendi\u00adgos \u00bfpuede justificar el car\u00e1cter represivo de esta legislaci\u00f3n que concierne tanto a vagabundos y mendigos como a pobres y necesi\u00adtados reducidos a la miseria por el paro o la carest\u00eda?. Los textos legislativos, lo mismo que los partidarios del encerramiento de los pobres, olvidan analizar las causas del pauperismo. Semejante olvido impide distinguir a los unos de los otros. La consecuencia de esta falta de an\u00e1lisis es grave: la condenaci\u00f3n, al mismo tiempo <em>y <\/em>sin ninguna distinci\u00f3n del campesino, del obrero, del artesano empobrecido por las crisis econ\u00f3mico-sociales, y del mendigo y vagabundo que hacen de la mendicidad y del robo un oficio, un medio de vida. El Estado centralista o absolutista ignora o afecta ignorar que a efectos econ\u00f3mico-sociales hay que responder con causas del mismo g\u00e9nero y no con medidas moralizadoras y opre\u00adsivas. No se trata de mantener la buena conciencia de parlamenta\u00adrios y burgueses, sino de solucionar la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de la parte m\u00e1s inferior de la sociedad. La abstracci\u00f3n de la cultura y el rigorismo moral de la \u00e9poca cl\u00e1sica tienen su influencia y signi\u00adficaci\u00f3n en la decisi\u00f3n real del encerramiento de los pobres.<\/p>\n<p>Esta voluntad de encerrar a los pobres est\u00e1 sostenida por razo\u00adnes de hecho y por un movimiento de ideas. Pero al mismo tiempo la aplicaci\u00f3n de esta legislaci\u00f3n rigurosa del decreto real suscita oposiciones y resistencias en una parte de la opini\u00f3n p\u00fablica. Entre otros, y de manera m\u00e1s sensible y concreta, se encuentran la gente sencilla y muchos esp\u00edritus l\u00facidos y evang\u00e9licos. Vicente de Pa\u00fal es uno de ellos. El prefiere exclamar y clamar: <em>\u00abLos pobres que no saben ad\u00f3nde ir ni qu\u00e9 hacer, que sufren y que se multiplican todos los d\u00edas constituyen mi peso y mi dolor\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por haber escuchado el clamor de estos pobres, por haber com\u00adprendido que la causa de los pobres es la Causa de Dios, por haber comprometido y arriesgado su vida y haberla entregado a Dios I lasta llegar a consumirla en el servicio de estos desdichados, estas miserias ambulantes, estos pobres se lo agradecieron e hicieron I un ser humanamente grande y cristianamente santo. Pero de esto ser\u00e1n otros quienes les hablen.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n En el esp\u00edritu de Vicente de Pa\u00fal vida, pensamiento y acci\u00f3n se entremezclan y se clarifican desde el interior. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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