{"id":406391,"date":"2026-11-03T08:29:04","date_gmt":"2026-11-03T07:29:04","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=406391"},"modified":"2026-08-12T16:30:20","modified_gmt":"2026-08-12T14:30:20","slug":"servir-a-los-pobre-es-ir-a-dios-iii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/servir-a-los-pobre-es-ir-a-dios-iii\/","title":{"rendered":"SERVIR A LOS POBRE ES IR A DIOS (III)"},"content":{"rendered":"<p>SERVIR A LOS POBRE ES IR A DIOS (III)<\/p>\n<p>3.- \u00abEL BIEN DEL P\u00daBLICO\u00bb<\/p>\n<p>Debemos a san Vicente de Pa\u00fal la revoluci\u00f3n que, desde hace trescientos a\u00f1os, ha transformado la vida social, el esp\u00edritu de nuestras leyes, por las que hemos luchado, y que&#8230; son nuestra esperanza suprema. El pasado no ten\u00eda idea alguna de las instituciones que los estados, ante la presi\u00f3n de la opini\u00f3n, se han dado a s\u00ed mismos desde entonces: ayuda a los pobres, seguros de enfermedad, obligaci\u00f3n legal de socorrer a los desgraciados, de acudir en ayuda de las v\u00edctimas de la guerra, de las calamidades&#8230;, organizaci\u00f3n p\u00fablica de la ense\u00f1anza, aprendizaje de oficios\u00bb<\/p>\n<p>Esta idea es ciertamente halagadora para cualquiera que se considere disc\u00edpulo o seguidor de san Vicente de Pa\u00fal. Halagadora y exigente: el seguidor, la seguidora, de Vicente de Pa\u00fal no puede contentarse con la acci\u00f3n caritativa de tipo privado. Si por algo se distingue san Vicente de Pa\u00fal en la historia dram\u00e1tica de la caridad cristiana es por haber dotado a esa caridad con una fuerte conciencia social. Aquel que, urgido por el amor a Cristo, se vuelve hacia su hermano necesitado, no puede permanecer hoy ignorante de las causas que en la estructura misma de la sociedad generan la necesidad de su hermano.<\/p>\n<p>Pero tampoco puede volverse hacia las necesidades sociales con la mirada del pol\u00edtico o del reformador social, que s\u00f3lo se interesa por el orden p\u00fablico y el bienestar de los conjuntos sociales y olvida al hombre. Para el cristiano, para el que se siente inspirado por san Vicente, el \u00faltimo anciano olvidado, el paral\u00edtico \u00abin\u00fatil\u00bb, el ni\u00f1o no querido, nacido o que va a nacer, son tambi\u00e9n, uno por uno, hijos de Dios.<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de M\u00e9nabr\u00e9a supone, en primer lugar, que Vicente de Pa\u00fal es el responsable de que en la historia europea (y aun mundial) los poderes p\u00fablicos hayan comprendido que la beneficencia es competencia y obligaci\u00f3n de la autoridad p\u00fablica. No hace falta tener una mente sistem\u00e1ticamente marxista para comprender que los poderes p\u00fablicos nunca hubieran echado sobre sus hombros esa carga si no hubieran sido movidos a ello no por algo que se parezca ni de lejos a lo que llamamos caridad cristiana, sino por las crudas necesidades del sistema econ\u00f3mico capitalista, que precisamente en tiempos de san Vicente iniciaba sus primeros vuelos.<\/p>\n<p>El mismo M\u00e9nabr\u00e9a habla de la presi\u00f3n de la opini\u00f3n. Ahora bien, la opini\u00f3n de verdad decisiva en la marcha de los poderes p\u00fablicos hasta hace bien poco ha sido la opini\u00f3n de la clase social dominante que maneja esos poderes para su beneficio.<\/p>\n<p>Por poner un ejemplo en un terreno en que la intervenci\u00f3n de los poderes p\u00fablicos parece hoy obvia e inevitable a la conciencia moderna, el de la ense\u00f1anza: a las clases dominantes no les ha movido nunca a sacar a las masas del analfabetismo general la compasi\u00f3n por el analfabeto, como pod\u00eda mover a un Juan Bautista de la Salle o a un Jos\u00e9 de Calasanz, sino las necesidades del sistema econ\u00f3mico. La contabilidad, el manejo de muchos tipos de m\u00e1quinas, exigen un grado determinado de educaci\u00f3n escolar de las masas que hay que asegurar a toda costa para asegurar a su vez el funcionamiento del sistema econ\u00f3mico. Si al poder p\u00fablico le interesara de verdad la verdadera cultura para las masas, \u00bfpor qu\u00e9 en todos los pa\u00edses tienen acceso a los centros de ense\u00f1anza superior mayoritariamente los hijos de las clases dominantes?<\/p>\n<p>Se supone de ordinario, y aun parece suponerlo M\u00e9nabr\u00e9a, que en la historia de Europa el ejercicio de la caridad ha sido tradicionalmente asunto privado, fruto en cada caso de la caridad cristiana del bienhechor. Entre las instituciones sociales, s\u00f3lo la Iglesia gozar\u00eda de una especie de monopolio en el ejercicio organizado de la beneficencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>DE CONSTANTINO A VICENTE DE PA\u00daL<\/strong><\/p>\n<p>Sin embargo, no se puede afirmar llanamente que hasta los tiempos de san Vicente de Pa\u00fal y hasta el cambio de conciencia que supuso su actuaci\u00f3n, el ejercicio de la beneficencia fuera terreno exclusivo de la caridad privada, o monopolio a escala social de las diversas instituciones eclesi\u00e1sticas. La Iglesia y sus instituciones fueron sin duda las agencias sociales que por una especie de delegaci\u00f3n por parte de la sociedad medieval se ocupaban del ejercicio organizado de la beneficencia. Para ello contaba con suficientes medios materiales y con el prestigio de su status en el conjunto de la sociedad. Incluso contaba, desde tiempos muy tempranos, con un reconocimiento oficial de las autoridades civiles para el ejercicio de la beneficencia a escala social.<\/p>\n<p>El proceso de reconocimiento empez\u00f3 muy pronto, con Constantino, el primer emperador romano que concedi\u00f3 plena libertad social a la Iglesia. Un siglo escaso despu\u00e9s del edicto de Mil\u00e1n la religi\u00f3n cristiana se convierte por decreto imperial en la religi\u00f3n de estado del Imperio, lo que excluye a la vez el reconocimiento oficial de cualquier otro tipo de religi\u00f3n. El C\u00f3digo de Justiniano establece este punto en su ley inicial.<\/p>\n<p>A partir del mismo Constantino la Iglesia empieza a ser la beneficiaria de una serie de concesiones econ\u00f3micas y jur\u00eddicas que pronto la convierten en el poder social m\u00e1s fuerte hasta la \u00e9poca de las monarqu\u00edas absolutas e incluso, en gran parte de la Europa occidental, hasta el tiempo de las revoluciones burguesas. No son s\u00f3lo concesiones de dinero, de tierras, de templos paganos, o el derecho a percibir rentas sobre los impuestos de las ciudades. Importantes concesiones jur\u00eddicas convierten poco a poco a los obispos en figuras cuasi-p\u00fablicas con derecho incluso de supervisi\u00f3n sobre las decisiones de los tribunales civiles, del trato de los presos en las c\u00e1rceles, de redenci\u00f3n de cautivos y esclavos, de protecci\u00f3n de menores, e incluso de supervisi\u00f3n de los precios en los mercados p\u00fablicos.<\/p>\n<p>No es el obispo una figura declaradamente p\u00fablica en los \u00faltimos siglos del Imperio. Pero su prestigio creciente y las sucesivas concesiones por parte de la autoridad civil le convierten progresivamente en una figura de primera importancia social sobre la que caer\u00e1 incluso el gobierno civil en sentido estricto en algunas ciudades de los primeros siglos medievales. Incluso fuera de ellas el obispo recibe con frecuencia el t\u00edtulo de pater populi y de pater civitatis. Entre las muchas funciones sociales que la Edad Media lleg\u00f3 a colocar sobre los hombros del jefe de la iglesia local se cuenta la reconstrucci\u00f3n de las ciudades romanas y la defensa militar en tiempos de asedio.<\/p>\n<p>A pesar de todo esto, y en contra de una opini\u00f3n muy extendida, hay que mantener que \u00abno se puede pensar en un monopolio de la caridad (por parte de la Iglesia). El ejercicio de la caridad era parte de la Misi\u00f3n tradicional de la Iglesia, pero la acci\u00f3n episcopal y la de otros dirigentes eclesi\u00e1sticos (monasterios&#8230;) pod\u00eda coexistir con la del estado \u00ab. Coexist\u00eda de hecho, as\u00ed como coexist\u00eda con la acci\u00f3n ben\u00e9fica de la aristocracia feudal, de la burgues\u00eda ciudadana, e incluso de las clases populares trabajadoras. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la extensa actividad ben\u00e9fica de los gremios y de las cofrad\u00edas populares.<\/p>\n<p>La Iglesia, por su lado, no consider\u00f3 nunca como monopolio suyo la pr\u00e1ctica de la beneficencia, sino que, aunque por un lado la practic\u00f3 sistem\u00e1ticamente en mayor escala que ninguna otra agencia social, no dej\u00f3 por eso de recordar a los individuos y a los poderes establecidos sus obligaciones en este terreno. Una frase del peque\u00f1o tratado del siglo XIII atribuido a santo Tom\u00e1s de Aquino, De eruclitione principum, resume muy bien lo que pudi\u00e9ramos<\/p>\n<p>calificar como tradicional doctrina de la Iglesia en relaci\u00f3n al ejercicio de la autoridad p\u00fablica tambi\u00e9n en la iglesia: \u00abDios ha constituido a los gobernantes en la iglesia para que protejan a los sencillos, a los pobres y a los que no tienen poder\u00bb. Pero no s\u00f3lo en la iglesia. El mismo Tom\u00e1s de Aquino resume escuetamente en estos t\u00e9rminos la obligaci\u00f3n que tienen las autoridades civiles de asistir a los necesitados: \u00abEl que gobierna debe cuidar de los necesitados a expensas del erario p\u00fablico.<\/p>\n<p>No se ha arrogado pues la Iglesia en ning\u00fan momento el monopolio de la beneficencia social, ni ha dejado de recordar a los poderes p\u00fablicos su obligaci\u00f3n en este terreno. Lo que s\u00ed ha sucedido muy a menudo a lo largo de la historia ha sido que ante el derrumbe o la incapacidad del poder p\u00fablico o su falta de voluntad, se convirtiera la Iglesia en el agente principal de beneficencia social. Esto suced\u00eda sobre todo en los tiempos en que las diversas instituciones eclesi\u00e1sticas (di\u00f3cesis, monasterios, \u00f3rdenes religiosas, fundaciones&#8230;) fueron el elemento econ\u00f3mico m\u00e1s poderoso de las sociedades europeas, situaci\u00f3n que se dio aproximadamente desde el siglo VIII hasta el tiempo de las diversas revoluciones burguesas.<\/p>\n<p>Si se examina con cuidado la historia de la beneficencia, y si no se deja uno llevar por t\u00f3picos generalizados, nos parece que se puede afirmar que, en su conjunto, la actuaci\u00f3n de la Iglesia en el terreno de la beneficencia a escala p\u00fablica (n\u00f3tese) ha estado presidida por un sentido de suplencia de los fallos de la autoridad civil en un terreno que, de suyo, en la teor\u00eda teol\u00f3gica tradicional se ha considerado como competencia propia de esa autoridad.<\/p>\n<p>De las tres funciones que ya san Agust\u00edn atribuye al poder civil, el famoso \u00abtriplex officium imperandi, providendi et consulendi\u201d, personas e instituciones eclesi\u00e1sticas han asumido una u otra, o las tres, en numerosas ocasiones hist\u00f3ricas, sin excluir el oficio de mandar. Pero nunca se ha pensado en la teolog\u00eda oficial que fuera ninguna de las tres competencia propia de la instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica. Es esto cierto incluso en relaci\u00f3n al officium consulendi, ense\u00f1ar a los ciudadanos cu\u00e1l es el verdadero inter\u00e9s p\u00fablico en los diversos casos, oficio que, por su cercan\u00eda con las competencias del magisterium eclesi\u00e1stico puede dar lugar, lo ha dado y lo sigue dando tambi\u00e9n hoy, a numerosos malentendidos y cruces de competencias. Funci\u00f3n supletoria, s\u00ed; pero tambi\u00e9n funci\u00f3n de \u00abconciencia\u00bb del poder p\u00fablico, precisamente por ser la Iglesia el sujeto del officium magisterii, funci\u00f3n que no le corresponde en modo alguno al poder civil.<\/p>\n<p>El poder civil ha sido constituido por Dios (Rm 13,1) para asegurar el orden, la uni\u00f3n y la paz, pero tambi\u00e9n para combatir el mal, y por eso mismo aparece como una secuela del pecado original por las servidumbres que impone. En l\u00ednea con el escepticismo evang\u00e9lico sobre el ejercicio de la autoridad (Mt 20,25), san Agust\u00edn denuncia \u00e1speramente la pasi\u00f3n de dominar por la fuerza, la corrupci\u00f3n de las autoridades, la explotaci\u00f3n de los d\u00e9biles . Y termina con aquella terrible denuncia que sin duda refleja la realidad de su tiempo, por no decir tambi\u00e9n del nuestro: \u00abSi no se da la justicia, \u00bfqu\u00e9 son los reinos sino enormes latrocinios?\u00bb. Si eso se da de hecho, en manos de la Iglesia y de la caridad privada va a caer tambi\u00e9n una funci\u00f3n adicional que procede precisamente de la injusticia estructural de la sociedad, de toda sociedad: el tratar de aliviar los efectos terribles de causas inscritas en las estructuras mismas del poder y de la organizaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Estos son problemas permanentes de toda convivencia humana organizada. Luchar por la creaci\u00f3n de estructuras sociales justas es vocaci\u00f3n inevitable y primera del cristiano hoy y siempre. Pero creer que alg\u00fan sistema, alg\u00fan d\u00eda, llegar\u00e1 a instituir e implantar un orden social tan providente y tan justo que har\u00e1 in\u00fatil el ejercicio de la caridad privada, o que relegar\u00e1 la tradicional funci\u00f3n caritativa de la Iglesia al museo de las curiosidades hist\u00f3ricas, es una especie de muy ingenuo utopismo. No ha habido a\u00fan en la historia un sistema de organizaci\u00f3n social que no haya llevado en su mismo seno la semilla de los mayores latrocinios. En su misma estructura y en los hombres que la manejan. As\u00ed pues, hay que decir una vez m\u00e1s: providencia p\u00fablica, s\u00ed, y en primer lugar; pero tambi\u00e9n caridad privada.<\/p>\n<p>En su conjunto la Edad Media consigui\u00f3 en manos de la Iglesia un nivel de asistencia social a los necesitados que, a juicio de un experto, no ha tenido paralelo posteriormente hasta los tiempos actuales. En este aspecto el siglo XIII fue, como en tantos otros, un siglo privilegiado. El padre Congar hace la advertencia justa de que en aquellos tiempos el sistema de beneficencia se basaba en unos presupuestos morales y religiosos de car\u00e1cter personal que descuidaban los aspectos de reforma estructural. Esto es cierto en gran parte, pero \u00e9l mismo se\u00f1ala el car\u00e1cter local y limitado de los poderes p\u00fablicos y de las estructuras sociales de convivencia para explicar la ausencia de una conciencia generalizada de necesidad de reforma de estructuras. Adem\u00e1s, hay que tener en cuenta que, a lo largo de la mayor parte de los tiempos medievales, el problema social realmente urgente no era el de la reforma de las estructuras, sino el de su consolidaci\u00f3n para asegurar la mera supervivencia f\u00edsica de la poblaci\u00f3n. Una de las fuentes primarias de la organizaci\u00f3n feudal fue el sometimiento m\u00e1s o menos voluntario, pero voluntario a veces, de los vasallos a un se\u00f1or que pudiera asegurar la defensa de la colectividad contra m\u00faltiples agresores (v\u00e9anse sobre este aspecto los estudios de Marc Bloch sobre el feudalismo).<\/p>\n<p>El mismo siglo XIII conoci\u00f3 los comienzos de una decidida intervenci\u00f3n del elemento laico en el terreno de la beneficencia (hospitales, orfanatos, ense\u00f1anza&#8230;). y tambi\u00e9n del poder p\u00fablico, sobre todo del municipal, que comenz\u00f3 a devengar de los ciudadanos h\u00e1biles una contribuci\u00f3n fija, la conocida posteriormente en Francia como taxe des pauvres, para el alivio de los necesitados. Este movimiento de creciente intervenci\u00f3n \u00absecular\u00bb en un terreno tradicional de la Iglesia se debe a causas m\u00faltiples, adem\u00e1s de a un creciente \u00ababsentismo\u00bb de las autoridades religiosas, cada vez m\u00e1s ocupadas en los asuntos temporales y m\u00e1s insensibles a las exigencias de la legislaci\u00f3n can\u00f3nica sobre el uso de los bienes eclesi\u00e1sticos. Hay que mencionar tambi\u00e9n el crecimiento vertiginoso del n\u00famero de necesitados en ciertas \u00e9pocas por causa de la peste y de las guerras, los desplazamientos consiguientes de poblaci\u00f3n, los comienzos de un proletariado urbano que ha abandonado los campos, o ha sido expulsado de ellos, y acude a las ciudades en busca de un trabajo que, en tiempos m\u00e1s recientes, el incipiente capitalismo no es capaz de proporcionar.<\/p>\n<p>Los comienzos de este movimiento de laicizaci\u00f3n de la asistencia ben\u00e9fica son muy anteriores a la Reforma protestante, y su desarrollo posterior no se debe por tanto s\u00f3lo a ella. \u00abLa realidad es que la secularizaci\u00f3n fue com\u00fan a cat\u00f3licos y protestantes por igual, y fue una respuesta l\u00f3gica a la necesidad de control\u00bb. De control de los pobres por parte del resto de la sociedad, pues el m\u00f3vil caritativo que estaba tan vivo en la tradici\u00f3n medieval es ahora sustituido por razones de control social que tienen poco que ver con la caridad cristiana: \u00abApenas hace falta subrayar que a las autoridades les preocupa menos la pobreza que los pobres, menos la caridad que el mantenimiento del orden social. En el fondo del nuevo inter\u00e9s por la beneficencia hab\u00eda un miedo profundo al proletariado\u00bb. Motivaci\u00f3n que ha permanecido viva hasta nuestros d\u00edas, y que malamente se puede ver como una mejora sobre el motivo tradicional de la caridad.<\/p>\n<p>Ya en pleno siglo XVI, un siglo antes de la aparici\u00f3n de la figura decisiva de Vicente de Pa\u00fal, Luis Vives, un seglar, encarna la figura de transici\u00f3n que por un lado resume lo mejor de la tradici\u00f3n patr\u00edstica y medieval, y, por otro, anuncia los nuevos tiempos. \u00abNadie ha recibido para su uso exclusivo el cuerpo, el alma, la vida, el dinero&#8230; Todo aquel que no reparte entre los pobres lo que le sobra despu\u00e9s de cubrir las necesidades naturales, es un ladr\u00f3n\u201d. \u00bfQu\u00e9 puede llamarse nuestro de las cosas, excepto el uso de las mismas? El dominio s\u00f3lo lo posee Dios; nosotros somos s\u00f3lo usufructuarios\u201d. Vives tiene un muy agudo sentido social del ser del hombre (\u00abLa vida entera y el bienestar de los hombres dependen de la ayuda de los dem\u00e1s\u00bb), y un conocimiento realista, aunque sea intuitivo y precient\u00edfico, de las causas de las desigualdades sociales: \u00abLos ricos miran a los pobres no como a hombres, sino como a asnos y bueyes\u00bb. (Recu\u00e9rdese aquello del Journal de Richelieu en que califica de \u00abmulos\u00bb a la sufrida poblaci\u00f3n trabajadora francesa.). \u00abSi examinamos bien las cosas, nosotros somos los culpables de los vicios de los pobres\u201d.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n de Vives no limita el ejercicio de la caridad a la limosna ocasional, sino que lo refiere al remedio de todas las necesidades del ser humano necesitado: \u00abLa misericordia no consiste s\u00f3lo en dar unas monedas sino en toda obra que pueda remediar de alg\u00fan modo la miseria humana\u00bb. La extensi\u00f3n de la pobreza exige, por otro lado, una intervenci\u00f3n decidida de los poderes p\u00fablicos para poner remedio a ella: \u00abEl magistrado prudente y celoso por el bien p\u00fablico no debe permitir que una parte tan grande de la sociedad (los pobres) sea no s\u00f3lo in\u00fatil sino da\u00f1osa para s\u00ed misma y para los demas\u00bb<\/p>\n<p>No es un c\u00e1ndido Luis Vives, y sabe muy bien que la apropiaci\u00f3n de la funci\u00f3n ben\u00e9fica por parte de los poderes p\u00fablicos, que no son siempre angelicales en el ejercicio de sus funciones, corre el peligro de empeorar la situaci\u00f3n que trata de remediar: &#8216;No es l\u00edcito a nadie regalarse con los bienes destinados a los pobres. Esta advertencia no es ociosa, porque hay algunos que, debiendo ser los ministros o sirvientes de los hospitales, parecen los due\u00f1os.<\/p>\n<p>Este hombre da la impresi\u00f3n de haber vivido en nuestro tiempo, el de las fortunas creadas a costa del \u00abbien del p\u00fablico\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>CARIDAD PRIVADA, PROVIDENCIA P\u00daBLICA: SAN VICENTE DE PA\u00daL<\/strong><\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abel bien del p\u00fablico\u00bb es de san Vicente; aparece con cierta frecuencia bajo su pluma. Esta expresi\u00f3n es cifra de una manera de ver las cosas. Vicente de Pa\u00fal es un hombre preocupado por el bien de las colectividades sociales: \u00ablas pobres gentes\u00bb (otra expresi\u00f3n suya), los cautivos, los desplazados por la guerra, los ni\u00f1os abandonados&#8230; No es que se interese por una teor\u00eda de los entes sociales, las estructuras pol\u00edticas y econ\u00f3micas que, si fueran perfectas, asegurar\u00edan el bienestar universal. Aunque s\u00ed en relaci\u00f3n a las estructuras de la Iglesia, no aparece en su campo de visi\u00f3n un parecido inter\u00e9s por la reforma pol\u00edtico-social. O bien simplemente decidi\u00f3 que \u00e9ste no era terreno suyo, o bien, lo que es mucho m\u00e1s probable, no era posible en su tiempo plantearse otras alternativas de ordenamiento social. Todos los tratadistas pol\u00edticos de la \u00e9poca, sin una sola excepci\u00f3n, analizan la sociedad francesa tal como estaba constituida de hecho, no la ponen en cuesti\u00f3n. La cr\u00edtica social sistem\u00e1tica no aparecer\u00eda hasta unos cien a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>No los entes sociales ni las estructuras de la colectividad social, sino los seres humanos que componen la colectividad: eso es lo que de verdad preocupa a Vicente de Pa\u00fal. S\u00f3lo que su caridad tampoco se detiene en el caso individual, aunque s\u00ed se interesa por \u00e9l, sino que llega, o trata de llegar, a los inn\u00fameros casos v\u00edctimas de una situaci\u00f3n social dada.<\/p>\n<p>En este aspecto, aunque la originalidad radical que le atribuye M\u00e9nabr\u00e9a nos parece algo exagerada, s\u00ed hay que decir que en la historia de la beneficencia p\u00fablica Vicente de Pa\u00fal ocupa un lugar decisivo que abre definitivamente las puertas a una visi\u00f3n moderna de la misma beneficencia: el bienestar de los necesitados es responsabilidad primaria de los poderes p\u00fablicos, y no mero campo de ejercicio para la caridad privada.<\/p>\n<p>Es un lugar com\u00fan decir que Vicente de Pa\u00fal fue responsable de que la corte real, la aristocracia y la alta burgues\u00eda cobraran conciencia de sus obligaciones sociales en relaci\u00f3n a los pobres, pero hay que repetirlo una vez m\u00e1s porque fue as\u00ed. De los muchos casos que aparecen en su biograf\u00eda podr\u00edamos recordar, por ejemplo, la fundaci\u00f3n en Marsella del hospital para los condenados a galeras en 1645 por orden de la reina regente, Ana de Austria, y con letras patentes de Luis XIV. Los fondos para el mantenimiento del hospital, 20.000 libras anuales, proced\u00edan en buena parte (12.000 libras) de los impuestos que percib\u00eda el erario p\u00fablico en la Provenza.<\/p>\n<p>Sin duda que un verdadero esp\u00edritu caritativo hubiera luchado no por el alivio de la suerte de los galeotes, sino por la abolici\u00f3n pura y simple de tan nefasta instituci\u00f3n. Pero hay que preguntarse si eso era simplemente posible, aunque fuera muy deseable, en aquel momento. Hay que preguntarse eso, pero poni\u00e9ndose en aquel momento, y no mirando desde hoy hacia atr\u00e1s con los ojos de un ciudadano del siglo XX que cuenta con motores de explosi\u00f3n o de propulsi\u00f3n nuclear para mover los barcos que transportan sus alimentos y hacen sus guerras. La abolici\u00f3n de los galeotes hubiera supuesto la desaparici\u00f3n total de la marina francesa en el Mediterr\u00e1neo, lo cual ser\u00eda muy de desear (por lo menos en cuanto a la guerra se refer\u00eda) si desaparecieran a la vez todas las marinas, tambi\u00e9n la otomana, que se disputaban el dominio del Mediterr\u00e1neo.<\/p>\n<p>Por otro lado, aunque hab\u00eda entre los condenados a galeras muchos casos de injusticia palmaria (se condenaba a galeras, por ejemplo, por no pagar deudas), en su conjunto la condena a galeras era equivalente a la condena carcelaria de nuestros pa\u00edses llamados modernos. El coraz\u00f3n sensible de nuestro ciudadano deber\u00eda votar hoy paralelamente no por la reforma carcelaria, sino por la simple supresi\u00f3n de las c\u00e1rceles.<\/p>\n<p>Se dice todo esto para que se vea, en un caso escogido al azar de la biograf\u00eda de san Vicente, los l\u00edmites de lo que se suele llamar reforma estructural. No es lo mismo so\u00f1arla que poder llevarla a la pr\u00e1ctica. Vicente de Pa\u00fal nunca perdi\u00f3 el tiempo en sue\u00f1os, sino que se dedic\u00f3 a llevar a cabo reformas estructurales (y no s\u00f3lo la pr\u00e1ctica de la caridad individual) que le parec\u00edan posibles. Si no van a desaparecer las c\u00e1rceles o las galeras, no es lo mismo ni de lejos para el preso o para el galeote pasar hambre y fr\u00edo que no pasarlos, ni es lo mismo tener que sufrir malos tratos a manos de los carceleros o de los c\u00f3mitres que no sufrirlos. De la \u00abreforma carcelaria\u00bb llevada a cabo por Vicente de Pa\u00fal a trav\u00e9s de sus hijas de la caridad entre los galeotes queda, entre otros muchos, este testimonio aleccionador: al pasar de sus anteriores condiciones a la nueva situaci\u00f3n, los galeotes se consideran transportados \u00abde aquel infierno al hospital, que ellos llaman un para\u00edso; solamente con entrar en \u00e9l se les ve sanar de la mitad de sus males.<\/p>\n<p>Hablando de reforma de estructuras, lo que proced\u00eda en el caso de los esclavos del norte de \u00c1frica hubiera sido llegar a un acuerdo fraternal con las autoridades mahometanas que liquidara definitivamente las animosidades cristiano-musulmanas y las rivalidades comerciales y militares. Eso se pod\u00eda so\u00f1ar, pero \u00bfera posible llevarlo a cabo? Para empezar, a las autoridades locales argelinas les gustaba hacer la pirater\u00eda por su cuenta y no prestar mucha atenci\u00f3n a las \u00f3rdenes de la Sublime Puerta, sobre todo cuando \u00e9sta intentaba mantener relaciones de cierta cordialidad con el poder franc\u00e9s. Tambi\u00e9n se pod\u00eda pensar en la invasi\u00f3n de Argel, y ante la presumible resistencia, liquidar a la poblaci\u00f3n nativa, o al menos someterla, para poder liberar as\u00ed a los esclavos cristianos. Algo parecido vino a hacer la naci\u00f3n francesa a mediados del siglo XIX. El resultado: los esclavos fueron, hasta la sangrienta guerra de liberaci\u00f3n algo m\u00e1s de cien a\u00f1os despu\u00e9s, los nativos argelinos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se pod\u00eda, dejando a un lado otros sue\u00f1os de reforma estructural m\u00e1s profunda, iniciar un movimiento sistem\u00e1tico de liberaci\u00f3n de cautivos a fuerza de movilizar el inter\u00e9s y el dinero de los poderes p\u00fablicos y de los particulares. Eso es exactamente lo que hizo Vicente de Pa\u00fal. El resultado: la liberaci\u00f3n, en un per\u00edodo de unos trece a\u00f1os, de unos 1.200 cautivos a un costo de un mill\u00f3n y medio de libras, \u00abo sea, de unos 600 millones al menos de nuestra moneda de 1959 &#8217;80. Para esos 1.200 cautivos liberados la reforma \u00abestructural\u00bb ya estaba hecha una vez puestos en libertad. En cuanto al resto de los muchos miles que permanecieron en cautividad, se hubieran conformado sin duda con una reforma estructural similar.<\/p>\n<p>Problemas semejantes se suscitan al pensar, por ejemplo, en la cuesti\u00f3n de los ni\u00f1os abandonados. Una caridad definitiva hubiera intentado construir una sociedad tal que no segregara la peste social del abandono por parte de sus padres de los miembros m\u00e1s d\u00e9biles que la componen, los reci\u00e9n nacidos. \u00bfHa conseguido tal cosa ninguna sociedad hist\u00f3rica? \u00bfLo conseguir\u00e1 en el futuro? Mientras tanto no queda m\u00e1s que, como hizo Vicente de Pa\u00fal, apelar a la conciencia p\u00fablica y privada para que se encarguen del cuidado sistem\u00e1tico y continuo de los ni\u00f1os abandonados. Luego hay que conseguir hacer de ellos lo que consiguen con mayor o menor fortuna la mayor parte de las madres. A falta de madres, las hijas de la caridad los cuidaban y educaban hasta que los pon\u00edan \u00aben estado de subsistir por su propio trabajo e industria\u00bb. Es decir: hasta remover la causa que los hab\u00eda convertido desde su nacimiento en seres destituidos en la sociedad, la incapacidad de valerse por s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>No se dice todo esto para delinear un Vicente de Pa\u00fal ignorante o temeroso de atacar las causas de los males sociales, Cuando la causa \u00faltima estaba al alcance de su mano y de su perspicacia, la atacaba sin miedo a los riesgos que eso podr\u00eda ocasionar a sus obras o a su persona, incluso cuando las probabilidades de \u00e9xito fueran escasas, siempre que fueran de todos modos posibles.<\/p>\n<p>Precisamente este ejemplo de la atenci\u00f3n organizada a los ni\u00f1os abandonados muestra el lugar relativo de san Vicente de Pa\u00fal en la historia de la conciencia p\u00fablica en el terreno de la beneficencia. Exist\u00eda ya mucho antes de san Vicente la asistencia p\u00fablica a los ni\u00f1os, En el mismo Par\u00eds, seg\u00fan el testimonio preciso y rigurosamente hist\u00f3rico que encontramos en Abelly, se recog\u00edan en lo que se denominaba La Couche (la Cuna) por orden de la polic\u00eda algunos de los ni\u00f1os abandonados. El trato de los ni\u00f1os era de verdadero horror, como en todos los casos antiguos y modernos en que un \u00abcoraz\u00f3n\u00bb burocr\u00e1tico parece apiadarse del desgraciado, destina algunos fondos para el remedio de sus necesidades, y luego lo olvida con la esperanza vana de que ya ha resuelto el problema. En La Couche el problema se agravaba de hecho, pues la mayor parte de los ni\u00f1os mor\u00edan de langueur, dice Abelly. Las sirvientas encargadas de ellos los drogaban para librarse de sus lloros molestos, e incluso los vend\u00edan a pordioseros que luego se serv\u00edan de ellos, mutil\u00e1ndolos a veces, para excitar la compasi\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p>Como en tantas otras obras que san Vicente no cre\u00f3 sino que encontr\u00f3 ya en existencia, su labor en este terreno transformar\u00e1 el problema elev\u00e1ndolo a otra altura y poniendo los principios de su soluci\u00f3n a escala social. Para eso hizo falta, primero, excitar de verdad la conciencia de los que por sus medios econ\u00f3micos y por su posici\u00f3n social pod\u00edan intentar una soluci\u00f3n al problema: organizar la asistencia y dotarla de los medios que garantizaran su continuidad. Es cierto que el planteamiento vicenciano de la asistencia ben\u00e9fica ha dado a \u00e9sta una altura p\u00fablica que no ten\u00eda m\u00e1s que t\u00edmidamente antes de \u00e9l. En este sentido dice verdad M\u00e9nabr\u00e9a.<\/p>\n<p>No es lo m\u00e1s extraordinario de la personalidad de Vicente de Pa\u00fal, con serlo mucho, su genio organizador. La verdadera grandeza de san Vicente est\u00e1 en su papel de \u00abconvertidor\u00bb de conciencias. El que la sociedad, a trav\u00e9s de sus \u00f3rganos p\u00fablicos, llegue a crear un mecanismo de asistencia ben\u00e9fica es ciertamente muy de admirar. Pero lo verdaderamente milagroso es convencer a las conciencias de los ciudadanos y de los depositarios del poder de que tienen una obligaci\u00f3n moral de hacerlo.<\/p>\n<p>Mientras el primer ministro de una naci\u00f3n piense, como lo hac\u00eda Richelieu, o como lo hacen las clases dominantes, que sus ciudadanos m\u00e1s sufridos son poco m\u00e1s que animales de carga y de trabajo, es claro que el papel del poder civil y econ\u00f3mico ser\u00e1 m\u00e1s de explotaci\u00f3n que de providencia ben\u00e9fica. Si \u00e9sta se da, se deber\u00e1 m\u00e1s al inter\u00e9s por mantener el orden p\u00fablico y al ciudadano llano en buen estado de producci\u00f3n que a inter\u00e9s genuino por su persona. Esto \u00faltimo s\u00f3lo es posible cuando se mira a los pobres, incluso a los improductivos, como a \u00abnuestros amos y se\u00f1ores\u00bb, o sea, cuando se les mira con verdadera caridad. Pero para mirarles con caridad hace falta una radical conversi\u00f3n de la conciencia individual y de la conciencia social. A falta de ella, el pobre, el obrero, siempre ser\u00e1 atendido por la providencia p\u00fablica en cuanto sea \u00fatil para el funcionamiento del sistema.<\/p>\n<p>El cristiano que dice que la caridad privada (el convencimiento personal de la urgencia de asistir al individuo necesitado) debe ser sustituida de una vez para siempre por la lucha por el cambio de estructuras, no hace m\u00e1s que hacer el juego a todos los sistemas de organizaci\u00f3n social hoy existentes en el mundo; todos son incapaces de ver m\u00e1s que los conjuntos sociales y descuidan sin remedio al hombre, al caso individual.<\/p>\n<p>Pero tampoco ser\u00eda hoy cristiano (y no ser\u00eda, por tanto, de inspiraci\u00f3n vicenciana) enternecerse ante la necesidad individual y proceder como si las estructuras sociales dadas no tuvieran nada que ver con el bienestar de las personas individuales. Aguda conciencia social, s\u00ed, pero animada por un coraz\u00f3n caritativo. Kamen lo ha visto claro en san Vicente de Pa\u00fal, \u00abcuyos esfuerzos hay que identificar con los m\u00e1s altos ideales cristianos de entrega a los pobres. &#8216;Dios ama a los pobres&#8217;, subrayaba, &#8216;y ama a quienes los aman&#8230; Busquemos a los m\u00e1s pobres, o los m\u00e1s desvalidos, y reconozc\u00e1moslos ante Dios como amos y se\u00f1ores nuestros&#8217;. Aunque la idea era medieval (Kamen quiere decir sin duda \u00abcristiana\u00bb), Vicente operaba dentro del marco de la nueva actitud hacia la beneficencia\u201d (nueva: de obligaci\u00f3n por parte de los poderes p\u00fablicos).<\/p>\n<p>Operaba dentro de ese marco, ciertamente, pero tambi\u00e9n guardaba sus distancias por razones precisamente de caridad cristiana. Hemos visto arriba c\u00f3mo uno de los motivos hist\u00f3ricos que movieron a los poderes p\u00fablicos a preocuparse por la beneficencia fue el temor al desorden social. En consecuencia, los pa\u00edses cristianos, a lo largo del siglo XVI y sobre todo en el XVII, pensaron que una manera eficaz de resolver el problema de la mendicidad p\u00fablica era el simple expediente de encerrar por la fuerza a los pobres en asilos y hospitales. La conocida historia del Hospital General de Par\u00eds en tiempos de san Vicente es s\u00f3lo un ejemplo de esta curiosa pol\u00edtica ben\u00e9fica.<\/p>\n<p>Nacida la idea del entusiasmo generoso de las Damas de la Caridad fundadas por el mismo Vicente , fue \u00abapoyada con fuerza por el rey y por el parlamento\u00bb, dice san Vicente en una carta. Se trataba de un proyecto a escala gigantesca, con espacio para encerrar a gran parte de los mendigos y vagabundos que pululaban por las calles de Par\u00eds. Hasta 20.000 pobres podr\u00edan pasar por una tal instituci\u00f3n en un solo a\u00f1o . Pues bien: a pesar de la presi\u00f3n de la corte y de las Damas, Vicente renuncia a hacerse cargo del Hospital General a no ser que se diera asilo en \u00e9l \u00absolamente a los que quieran venir de propia voluntad, sin forzar a nadie.<\/p>\n<p>Para el obsesionado por la reforma de estructuras, suprimir el hambre y el fr\u00edo de los mendigos en una instituci\u00f3n como la del Hospital General tiene que aparecer, y as\u00ed apareci\u00f3 a los contempor\u00e1neos de san Vicente, como una soluci\u00f3n brillante. Pero hay reformas estructurales (y tambi\u00e9n reformas revolucionarias) que buscan el bien general a un costo tal (en este caso la privaci\u00f3n de la libertad) que una conciencia de verdad caritativa no podr\u00eda nunca aceptar. En otras palabras, no puede la conciencia cristiana aceptar una reforma de estructuras, por ben\u00e9fica que sea en su intenci\u00f3n, a costa de cualquier cosa. Hay l\u00edmites que una verdadera caridad por los seres humanos no puede nunca traspasar.<\/p>\n<p>En el fondo de todas estas diferencias late una cuesti\u00f3n de visi\u00f3n del evangelio (si es que al reformador de estructuras le interesa el evangelio). De la pr\u00e1ctica de san Vicente de Pa\u00fal se puede extraer una visi\u00f3n social del evangelio y una pr\u00e1ctica de caridad p\u00fablica y privada que nos parecen v\u00e1lidas tambi\u00e9n para hoy. Hay que examinar con cuidado todo intento de reforma social que pretenda basarse en exigencias evang\u00e9licas. No para rechazarlo, sino para asegurarse de que efectivamente est\u00e1 acorde con una visi\u00f3n leg\u00edtima del evangelio. Pues tambi\u00e9n hoy puede suceder lo que Collet piensa se daba entre Mazarino, otro primer ministro y cardenal, y Vicente de Pa\u00fal, que \u00abten\u00edan m\u00e1ximas tan opuestas que uno se ver\u00eda tentado a creer que hab\u00edan estudiado dos evangelios diferentes\u00bb. Es claro, por la historia posterior, que la visi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal era sin duda la leg\u00edtima.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>LA HISTORIA POSTERIOR<\/strong><\/p>\n<p>La toma de conciencia por parte del poder civil de la necesidad de intervenir en el terreno de la beneficencia p\u00fablica tiene, como vimos, ra\u00edces muy antiguas; unos inicios pac\u00edficos y progresivos, a partir aproximadamente de los siglos XII-XIII, y un intento final de monopolizaci\u00f3n violenta. A este \u00faltimo estado se lleg\u00f3, entre las naciones europeas, en Francia con la gran revoluci\u00f3n. (En Espa\u00f1a, algo m\u00e1s tarde, con las diversas desamortizaciones que llevan popularmente el nombre de Mendiz\u00e1bal.) Hoy pr\u00e1cticamente todos los pa\u00edses act\u00faan en el terreno de la beneficencia con una filosof\u00eda pol\u00edtica que tiene sus ra\u00edces en la revoluci\u00f3n francesa. Otra gran influencia, el establecimiento de la seguridad social, tiene ra\u00edces algo m\u00e1s cercanas, el canciller Bismarck.<\/p>\n<p>A partir de esos hechos, el bienestar del pueblo es obligaci\u00f3n y competencia exclusiva del estado. Para llegar a ello antes fue necesario privar a la Iglesia de su situaci\u00f3n de cuasi-monopolio en este terreno, y privarle tambi\u00e9n de los medios econ\u00f3micos y jur\u00eddicos de llevarlo a cabo. En el terreno legal, la Asamblea Constituyente no admite que el clero siga disfrutando de un estatuto corporativo privilegiado dentro de la naci\u00f3n. Seg\u00fan la expresi\u00f3n de Mirabeau, el clero se convierte en un \u00aboficial p\u00fablico\u00bb y asalariado del estado. Antes ha habido que secularizar los bienes eclesi\u00e1sticos. El texto constituyente pasa los bienes eclesi\u00e1sticos a manos de la naci\u00f3n, \u00abcorriendo a cargo de \u00e9sta el proveer de una manera conveniente a los gastos del culto, al mantenimiento de ministros, y al alivio de los pobres\u201d.<\/p>\n<p>Como se ve, la intenci\u00f3n de la Constituyente es la de conseguir un monopolio total en el terreno de la beneficencia social, usando para ello los bienes expropiados a la Iglesia. La realidad del uso de esos bienes fue muy otra. La venta de los bienes eclesi\u00e1sticos proporcion\u00f3 a la revoluci\u00f3n los recursos necesarios para vivir los primeros a\u00f1os dif\u00edciles y para mantener durante largo tiempo las guerras contra el extranjero en defensa de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por otro lado, la laicizaci\u00f3n de los bienes no fue tan radical como hace suponer el texto constituyente. La supresi\u00f3n de las \u00f3rdenes religiosas no alcanz\u00f3 de lleno, \u00aben cuanto al presente \u00ab, a las congregaciones dedicadas a la ense\u00f1anza y a los establecimientos de caridad. S\u00ed fueron disueltas lo mismo la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n que las Hijas de la Caridad. Pero en cuanto a \u00e9stas, a los diez a\u00f1os escasos hubo que restaurarlas por decreto oficial de 22 de diciembre de 1800, ante la petici\u00f3n clamorosa de varios departamentos franceses que ve\u00edan el deterioro de la asistencia a los enfermos en los hospitales despu\u00e9s de la expulsi\u00f3n de las hermanas.<\/p>\n<p>Merece la pena citar el texto del decreto, pues expone al vivo los l\u00edmites de la caridad \u00aboficial\u00bb y el valor de la verdadera caridad cristiana: \u00abConsiderando que la ayuda que necesitan los enfermos puede ser administrarla s\u00f3lo por personas consagradas por su estado al servicio de los hospitales y movidas por el entusiasmo de la cariad; considerando que, entre todos los hospitales de la rep\u00fablica, los administrados con m\u00e1s cuidado, m\u00e1s inteligencia y m\u00e1s econ\u00f3micamente son los que han llamado a su servicio a los miembros de este instituto (el de las Hijas de la Caridad), cuyo \u00fanico fin era la pr\u00e1ctica de todo tipo de caridad sin l\u00edmite alguno; decretamos que la ciudadana Deleau (la superiora general en el momento de la supresi\u00f3n) sea autorizada por las presentes a formar disc\u00edpulas para el servicio de los hospitales.<\/p>\n<p>Como se dijo arriba, la revoluci\u00f3n francesa ha puesto las bases hist\u00f3ricas de lo que pudi\u00e9ramos calificar como la visi\u00f3n moderna de la beneficencia p\u00fablica, que desde ahora va a ser competencia primera del estado. Para que se diera este hecho ha sido necesario que se dieran antes dos condiciones. La primera fue la concentraci\u00f3n y centralizaci\u00f3n del poder p\u00fablico subsiguiente a la destrucci\u00f3n de las competencias locales (autoridad feudal, regiones); la segunda fue la concentraci\u00f3n de medios econ\u00f3micos. Para llegar a \u00e9sta fue necesaria, en Europa, la destrucci\u00f3n de la Iglesia como potencia econ\u00f3mica. A partir de ese momento, el estado puede considerarse, y se considera, como responsable del bienestar general. A lo largo del siglo XIX y del XX se van creando los diversos sistemas de asistencia y de previsi\u00f3n social que hoy consideramos normales. Un esp\u00edritu de verdad caritativo no puede menos que aceptar con sinceridad el resultado final de esta evoluci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Con sinceridad, ciertamente, pero tambi\u00e9n con un deje de escepticismo. Como es bien sabido, la revoluci\u00f3n francesa result\u00f3 ser una revoluci\u00f3n burguesa. Marca el fin de los poderes hist\u00f3ricos tradicionales (monarqu\u00eda, aristocracia, Iglesia) y el comienzo del predominio social de una clase que hasta hoy mismo dirige los destinos del mundo occidental. La francesa fue sin duda en su ejecuci\u00f3n una revoluci\u00f3n con amplio protagonismo popular. Pero, como ya advirtieron Marx y Engels, rara vez recogen los frutos de una revoluci\u00f3n los que se juegan la vida por ella. Aquello de \u00abLibertad, Igualdad, Fraternidad\u00bb suena sin duda muy bien, y todo hombre sincero debe aceptarlo con entusiasmo. Pero hay que ver con cuidado qu\u00e9 es lo que las palabras altisonantes dejan en la penumbra sin mencionarlo.<\/p>\n<p>No se crea que los dirigentes de la revoluci\u00f3n no sab\u00edan del todo lo que hac\u00edan, y que por eso omitieron aspectos que el ideal de una verdadera igualdad y fraternidad no debe omitir, Veamos lo que dice Georges Lefebvre, uno de los historiadores que mejor han estudiado la complicada historia de la revoluci\u00f3n: &#8216;Si la Asamblea descart\u00f3 la menci\u00f3n de la &#8216;felicidad general&#8217; como objetivo de la asociaci\u00f3n pol\u00edtica fue porque quiso impedir que se invocase la igualdad para exigir la mejora de la suerte de los desheredados de la fortuna e impedir que la igualdad jur\u00eddica se transformara en igualdad social . \u00abLas clases populares urbanas no hab\u00edan conseguido ninguna ventaja positiva con la revoluci\u00f3n&#8230; Al prohibir la asociaci\u00f3n (de los obreros) y la huelga&#8230; la revoluci\u00f3n burguesa dejaba a las clases populares indefensas frente a la nueva econom\u00eda<\/p>\n<p>Todo esto no fue s\u00f3lo un efecto de ning\u00fan determinismo hist\u00f3rico inconsciente. Que los l\u00edderes burgueses sab\u00edan muy bien lo que buscaban aparece expresado con toda candidez en un discurso de Boissy d&#8217; Anglas en 1795: \u00abDeb\u00e9is garantizar la propiedad de los ricos&#8230; Debemos ser gobernados por los mejores salvo pocas excepciones, s\u00f3lo encontrar\u00e9is semejantes hombres entre los que poseen una propiedad&#8230; Un pa\u00eds gobernado por los propietarios se sit\u00faa en el orden social; aqu\u00e9l en el que gobiernan los no propietarios se sit\u00faa en el estado natural . Por \u00abestado natural\u00bb nuestro hombre se refiere al estado de anarqu\u00eda y de guerra universal, en la tradici\u00f3n de Hobbes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como sucedi\u00f3 tambi\u00e9n en Espa\u00f1a con las desamortizaciones del siglo XIX, la secularizaci\u00f3n de los bienes eclesi\u00e1sticos no hizo m\u00e1s que enriquecer a\u00fan m\u00e1s a los terratenientes ricos, dejando al peque\u00f1o agricultor y al pe\u00f3n agr\u00edcola exactamente donde estaban antes de la revoluci\u00f3n<\/p>\n<p>Se puede afirmar que la revoluci\u00f3n hizo posible que la beneficencia pasara a manos del poder p\u00fablico. Lo hizo posible, pero el poder p\u00fablico no lo ha llevado a cabo por propia iniciativa. Casi sin excepci\u00f3n, todas las conquistas de beneficencia social se han conseguido como fruto de presiones populares o por miedo a la rebeli\u00f3n social, y no por concesi\u00f3n generosa y providente del poder p\u00fablico. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la historia de la sindicaci\u00f3n obrera. No ha habido un solo pa\u00eds en el que el conseguirla no haya sido fruto de luchas populares, casi siempre sangrientas ante la oposici\u00f3n de los poderes p\u00fablicos.<\/p>\n<p>La teofilantrop\u00eda, una de las varias \u00abreligiones\u00bb laicas inventadas por los hombres de la revoluci\u00f3n con el fin de llenar el hueco dejado por la desacreditada Iglesia Cat\u00f3lica, colocaba en su pante\u00f3n figuras hist\u00f3ricas tales como S\u00f3crates, Rousseau, Washington y&#8230; Vicente de Pa\u00fal. Curiosa mezcolanza. S\u00f3crates sab\u00eda muy bien que para dedicarse al lujo de pensar ten\u00eda que contar con la existencia de esclavos que le alimentaran con su trabajo. No consta que Washington se diera cuenta de ello, pero s\u00ed consta que ten\u00eda esclavos<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> . Vicente de Pa\u00fal se dedic\u00f3 a liberarlos, y sus hijas de la caridad se dedicaron a recoger y criar los hijos que Rousseau iba abandonando descuidadamente.<\/p>\n<p>Esos son algunos de los hombres cuyas ideas han contribuido a construir el mundo moderno. Ninguno de ellos, con la excepci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, ten\u00eda ni asomo de compasi\u00f3n por mejorar la suerte del \u00abpobre pueblo que se condena y se muere de hambre\u00bb, como dec\u00eda con frecuencia el mismo Vicente de Pa\u00fal. Las reformas inspiradas por esos hombres han dado como resultado una nueva estructura social, m\u00e1s poderosa ciertamente, m\u00e1s providente posiblemente, que las estructuras anteriores. Es decir, llega a mucha m\u00e1s gente que la beneficencia anterior, y trata de cubrir m\u00e1s aspectos de la vida social y privada.<\/p>\n<p>Pero se puede dudar de que lo haga mejor, si dejamos de lado lo que se debe a avances t\u00e9cnicos, como en medicina o en t\u00e9cnicas pedag\u00f3gicas. Y ciertamente se puede afirmar que lo hace con menos coraz\u00f3n y con escaso inter\u00e9s por el caso individual, sobre todo si se trata de ciudadanos \u00abin\u00fatiles\u00bb desde el punto de vista de la producci\u00f3n econ\u00f3mica. Lo que le falta a la \u00abestructura\u00bb actual es lo que le sobraba a un hombre como Vicente de Pa\u00fal: caridad y conciencia.<\/p>\n<p>Jaime Corera<\/p>\n<p>La Milagrosa<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Aunque no se lo dicen en la escuela a los ni\u00f1os norteamericanos, este bienhechor de la humanidad muri\u00f3 de resultas de una pulmon\u00eda que cogi\u00f3 por ir mal abrigado una noche de invierno a dormir con una de sus esclavas negras. En cuanto a la Constituci\u00f3n americana, fruto de otra revoluci\u00f3n, la historiograf\u00eda reciente en Norteam\u00e9rica viende destacando la idea de que se<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SERVIR A LOS POBRE ES IR A DIOS (III) 3.- \u00abEL BIEN DEL P\u00daBLICO\u00bb Debemos a san Vicente de Pa\u00fal la revoluci\u00f3n que, desde hace trescientos a\u00f1os, ha transformado la vida social, el esp\u00edritu de &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/servir-a-los-pobre-es-ir-a-dios-iii\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":405098,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[226],"tags":[],"class_list":["post-406391","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-espiritualidad-vicenciana"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>SERVIR A LOS POBRE ES IR A DIOS (III) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/servir-a-los-pobre-es-ir-a-dios-iii\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"SERVIR A LOS POBRE ES IR A DIOS (III) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"SERVIR A LOS POBRE ES IR A DIOS (III) 3.- \u00abEL BIEN DEL P\u00daBLICO\u00bb Debemos a san Vicente de Pa\u00fal la revoluci\u00f3n que, desde hace trescientos a\u00f1os, ha transformado la vida social, el esp\u00edritu de ... 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