{"id":406387,"date":"2026-11-01T08:25:50","date_gmt":"2026-11-01T07:25:50","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=406387"},"modified":"2026-08-12T16:27:29","modified_gmt":"2026-08-12T14:27:29","slug":"servir-a-los-pobres-es-ir-a-dios-i","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/servir-a-los-pobres-es-ir-a-dios-i\/","title":{"rendered":"SERVIR A LOS POBRES ES IR A DIOS (I)"},"content":{"rendered":"<p>SERVIR A LOS POBRES ES IR A DIOS (I)<\/p>\n<p>1.- LA POBREZA ES UN MISTERIO<\/p>\n<p>La pobreza es un misterio, un misterio de vida y de muerte. Como todos los grandes misterios (Dios, el mundo, el ser del hombre, su origen y su destino), la pobreza siempre ha sido objeto de preocupaci\u00f3n y de estudio, y tambi\u00e9n de estrategias para suprimirla o al menos atenuarla, desde los tiempos m\u00e1s remotos hasta hoy mismo.<\/p>\n<p>Pero los pobres parece que se empe\u00f1an en no desaparecer de la escena social. Es m\u00e1s: nunca en la larga historia de la humanidad ha habido tantos pobres como ahora, ni han sido tan visibles, a pesar de la gigantesca capacidad de la humanidad de hoy para producir riqueza. Este hecho brutal provoca sin remedio las preguntas que intentan aclarar el misterio: \u00bfde d\u00f3nde salen los pobres? \u00bfpor qu\u00e9 hay pobres?<\/p>\n<p>Las respuestas a estas preguntas han sido numerosas y muy variadas. En cuanto al origen o causa de la pobreza (\u00bfpor qu\u00e9 hay pobres?), las respuestas se pueden reducir a tres tipos diferentes: la causa de la pobreza est\u00e1 en el mismo pobre, o bien en Dios, o en la sociedad.<\/p>\n<p>En primer lugar, la causa de la pobreza est\u00e1, se dice con frecuencia, en el pobre mismo, en sus vicios, en sus pocas ganas de trabajar. Esta respuesta tranquiliza la conciencia del que hace la pregunta, pues le oculta su posible propia responsabilidad y culpabilidad en el hecho de que exista la pobreza ajena. En la literatura laboral de los tiempos salvajes del capitalismo naciente en Inglaterra (finales del siglo XVIII y primera mitad del XX) aparecen numerosos testimonios de empresarios, y aun de la legislaci\u00f3n civil, que defend\u00edan la conveniencia de los salarios bajos para no dar p\u00e1bulo a los vicios de la clase trabajadora, tales como la embriaguez.<\/p>\n<p>Hay que admitir sin reservas el hecho de que se dan pobres \u00abvoluntarios\u00bb, es decir, que se han empobrecido a s\u00ed mismos. Pero la respuesta no vale para la inmensa mayor\u00eda de los pobres que permanecen en pobreza de la cuna a la tumba a lo largo de una vida laboriosa y decentemente virtuosa, ni tampoco para aquellos que, sin culpa propia, han nacido y crecido en circunstancias sociales de desamparo o de discriminaci\u00f3n. Por ejemplo, el minero negro de Sud\u00e1frica, o el hijo de gitanos en Espa\u00f1a; o, en cualquier lugar del mundo, el ni\u00f1o abandonado al nacer, y que ya desde el nacimiento juega con grandes desventajas de las que no es responsable en absoluto.<\/p>\n<p>Una segunda respuesta apunta como causa de la pobreza a Dios mismo. Dios hace a los pobres. Es su voluntad soberana la que ha establecido las diferencias entre ricos y pobres. A estos no les queda m\u00e1s que la resignaci\u00f3n ante un hecho establecido por el mismo Dios. Aunque parezca incre\u00edble, esta manera de intentar dar una respuesta aparentemente religiosa al tremendo misterio de la pobreza se ha dado con mucha frecuencia incluso dentro de la Iglesia, sobre todo a lo largo del siglo XIX. Est\u00e1 lejos de haber desaparecido de la conciencia de muchos cat\u00f3licos y de gente piadosa.<\/p>\n<p>Advi\u00e9rtase que lo que se est\u00e1 diciendo con esa respuesta es que Dios es el causante de la pobreza de las muchedumbres pobres, y que quiere adem\u00e1s que las cosas permanezcan as\u00ed. He aqu\u00ed c\u00f3mo expresaba esta idea Montalembert, apologista del catolicismo, en un discurso ante la Asamblea Nacional de Francia el 20 de noviembre de 1848, discurso pronunciado precisamente en defensa de la religi\u00f3n cristiana:<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el gran problema de hoy? Inspirar a los que no son propietarios el respeto por la propiedad. Pues bien: yo no conozco m\u00e1s que una receta para inspirar ese respeto y para hacer creer en la propiedad a los que no son propietarios; esa receta es hacerles creer en Dios, en el Dios del catecismo, en el Dios que ha dictado el dec\u00e1logo y castiga eternamente a los ladrones. He aqu\u00ed la \u00fanica creencia popular que puede proteger eficazmente la propiedad \u00bb<\/p>\n<p>Otras veces se quiere fundamentar la existencia de los pobres en una especie de \u00abpromesa\u00bb de Jesucristo, quien en el evangelio de san Mateo nos asegura que \u00aba los pobres los tendr\u00e9is siempre con vosotros \u00bb (Mt 26,1 1), De lo que se deduce incre\u00edblemente que tratar de sacar a los pobres de su pobreza ser\u00eda una empresa imposible y no conveniente, pues se opone a una ense\u00f1anza del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Pero hay otras respuestas, sin duda m\u00e1s aceitadas, al misterio de la pobreza que apuntan a la organizaci\u00f3n del trabajo, de la distribuci\u00f3n y de la propiedad. A veces se se\u00f1ala esa causa para a\u00f1adir inmediatamente que esa organizaci\u00f3n est\u00e1 muy bien y que no hay alternativa posible a ella.<\/p>\n<p>De una manera o de otra aparece esta idea en la convicci\u00f3n capitalista y neocapitalista de que el crecimiento econ\u00f3mico exige una previa acumulaci\u00f3n de capital que no puede proceder m\u00e1s que de la congelaci\u00f3n o la reducci\u00f3n de los salarios y de la reducci\u00f3n de las prestaciones sociales.<\/p>\n<p>Nadie se atrever\u00eda hoy a formular esta idea con la brutalidad con que la formula Voltaire en su Diccionario filos\u00f3fico de 1764 (bajo la palabra egalit\u00e9), pero es la misma idea que se encuentra impl\u00edcita en los postulados de la econom\u00eda neocapitalista actual. Dice Voltaire:<\/p>\n<p>\u00abEs imposible que los hombres que viven en sociedad no se distingan en clos clases: la de los ricos que mandan y la de los pobres que sirven; el g\u00e9nero humano, tal conto es, no puede subsistir si no hay una infinidad de hombres \u00fatiles que no poseen absolutamente nada\u00bb<\/p>\n<p>Los socialismos de todos los matices, y en este tema tambi\u00e9n la doctrina social de la Iglesia, sit\u00faan en la organizaci\u00f3n social, y no en Dios ni el pobre mismo, las verdaderas causas de la pobreza. Pero ni los unos ni la otra caen en la trampa de pensar que la pobreza sea buena para la sociedad; o que sea in\u00fatil, o incluso da\u00f1ino para la sociedad, el hacer esfuerzos para intentar acabar con ella.<\/p>\n<p>Hay una diferencia sustancial entre las visiones socialistas, de cualquier matiz que sean, y la visi\u00f3n cristiana. Las doctrinas socialistas, en particular la marxista, est\u00e1n convencidas de que el problema de la injusticia social y de la pobreza resultante encontrar\u00e1n remedio cumplido a trav\u00e9s de una \u00abingenier\u00eda\u00bb social adecuada, que incluye la abolici\u00f3n de la organizaci\u00f3n capitalista de la econom\u00eda, pues \u00e9sta es, por s\u00ed misma y sin remedio, productora de desigualdades sociales clamorosas entre los propietarios de los medios de producci\u00f3n y los no propietarios.<\/p>\n<p>El cristiano que est\u00e9 sinceramente preocupado por la existencia de la pobreza y quiera trabajar por atenuarla o suprimirla, puede pensar leg\u00edtimamente que el socialista tiene raz\u00f3n. El problema de la pobreza, dice tambi\u00e9n el cristianismo, es ciertamente un problema de organizaci\u00f3n social. Pero no se arregla o se resuelve s\u00f3lo con t\u00e9cnicas nuevas de organizaci\u00f3n social. Pues en el fondo de las estructuras sociales injustas no hay s\u00f3lo una desafortunada falta de acierto que no ha sabido encontrar las soluciones justas, sino el misterio del pecado personal y colectivo, y del pecado estructural resultante, pecado que ha producido la injusticia de la estructura: la ambici\u00f3n, el ego\u00edsmo, la falta de solidaridad, la adoraci\u00f3n de Mam\u00f3n, el miedo a la inseguridad y a la muerte (Hb 2,15). En suma: las tres concupiscencias que menciona san Juan, a las que est\u00e1 sometido \u00abtodo lo que hay en el mundo\u00bb (IJn 2,16), tambi\u00e9n por tanto las estructuras sociales y los hombres que las construyen.<\/p>\n<p>La pobreza social es, ciertamente, producto de la injusta organizaci\u00f3n social; pero \u00e9sta misma es resultado del pecado. El problema de la injusticia y de la pobreza que resulta de ella es un problema ciertamente social y econ\u00f3mico. Pero es a\u00fan m\u00e1s un problema humano y \u00e9tico, o m\u00e1s bien de falta de humanidad y de violaci\u00f3n de la \u00e9tica. Apunta, pues, al misterio de la existencia del pecado y al misterio de la existencia de los pobres, que son v\u00edctimas posiblemente del pecado propio, pero que son v\u00edctimas sobre todo de los pecados ajenos. En el fondo, lo mismo la existencia de la pobreza que de la injusticia que la produce, \u00abclaman a Dios\u00bb, y s\u00f3lo puede encontrar un principio de soluci\u00f3n y de remedio, un principio de redenci\u00f3n, en el misterio de Dios mismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>ANTIGUO TESTAMENTO<\/strong><\/p>\n<p>El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios \u00abpara que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados \u00bb (Gn 1,26), como lugarteniente de Dios y en su nombre. S\u00f3lo Dios es creador y due\u00f1o radical de todo lo que existe fuera de \u00c9l: &#8216;La tierra es m\u00eda \u00bb (LV 25,23). De Dios ha recibido la humanidad todo lo que hay en el mundo para que \u00e9ste lo trabaje y lo administre en su nombre. Esta es la visi\u00f3n antropol\u00f3gica fundamental que nos ofrece la Revelaci\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre el ser humano y las cosas materiales del mundo.<\/p>\n<p>Ya en el tiempo hist\u00f3rico, la Tierra Prometida se le entrega al conjunto del pueblo elegido como don libre y gratuito de Dios (Gn 12,7), para que todo \u00e9l pueda vivir de esa tierra en paz y en abundancia.<\/p>\n<p>Todo lo que ha salido de las manos creadoras de Dios es bueno (Gn 1,3,10,12,18,21,25), en particular el hombre y la mujer, que son adem\u00e1s el objeto inmediato de la primera bendici\u00f3n de Dios sobre lo creado: \u00abLos bendijo Dios y les dijo\u00bb: (Gen 1,28).<\/p>\n<p>La maldici\u00f3n, la ruptura de la armon\u00eda querida y creada por Dios ( \u00abVio Dios cuanto hab\u00eda hecho, y estaba muy bien \u00bb Gn 1,31) es obra no de Dios, sino del hombre mismo (cap\u00edtulo 3 del libro del G\u00e9nesis) por su pretensi\u00f3n de \u00abquerer ser como dioses \u00bb (Gn 3,5); o sea, de querer arrogarse para s\u00ed mismo el saber, el poder y el dominio, que son propios s\u00f3lo de Dios: &#8216;Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias&#8230;, sino que alardeando de sabios, se volvieron est\u00fapidos y adoraron a la criatura en vez de adorar al creador, llenos de toda. injusticia, perversidad y codicia \u00bb (Rm 1,21-22,25 ,29).<\/p>\n<p>Este juicio tremendo de Dios sobre la historia humana lo aplica expresamente san Pablo a la historia de los paganos. Pero tampoco el jud\u00edo se libra de \u00e9l, pues \u00aba ti mismo te condenas, ya que haces esas mismas cosas \u00bb (Rm 2, 1).<\/p>\n<p>Y as\u00ed sucedi\u00f3, efectivamente, en la historia del pueblo elegido. La voluntad de Dios de que todo su pueblo viviera en la tierra prometida en paz, en justicia y en abundancia, pronto se vio frustrada por el acaparamiento de tierras y otros mecanismos de invenci\u00f3n humana, tales como el embargo por deudas o el pr\u00e9stamo usurario. Tambi\u00e9n por causas no sociales, sino naturales, tales como la muerte del marido o de los padres, que dejaban a viudas y hu\u00e9rfanos en situaci\u00f3n de desamparo y de pobreza, as\u00ed como por otros tipos de causas naturales sobre los que el hombre no ten\u00eda control: rayos, inundaciones&#8230;<\/p>\n<p>Los libros del \u00c9xodo, Lev\u00edtico y Deuteronomio multiplican las normas y prescripciones para tratar de remediar la injusticia y la pobreza resultantes. Los historiadores del antiguo Israel y los comentaristas b\u00edblicos suelen se\u00f1alar que tales normas se convert\u00edan en la pr\u00e1ctica con excesiva frecuencia en papel mojado. Este hecho nos remite una vez m\u00e1s a la maldad humana, que tampoco est\u00e1 ausente en el obrar del pueblo de Dios, ni del Antiguo ni del Nuevo Testamento. Pero las normas mismas dadas por Dios definen con nitidez la voluntad inequ\u00edvoca de Dios y su deseo de que se viva la solidaridad y la justicia entre sus criaturas humanas.<\/p>\n<p>La idea de la obligaci\u00f3n de socorrer a viudas, hu\u00e9rfanos, extranjeros y pobres en general como voluntad expresa de Dios atraviesa no s\u00f3lo los libros del Pentateuco sino los de todo el Antiguo Testamento, en particular los escritos de los profetas. Pero los tres libros se\u00f1alados apuntan adem\u00e1s, y con mucho detalle, a mecanismos de justicia \u00abestructural\u00bb que no buscan simplemente ayudar al necesitado ocasional, sino restablecer unas condiciones estructurales de justicia social que permitieran vivir decentemente a todos los miembros del pueblo. Se\u00f1alamos algunos de esos mecanismos:<\/p>\n<ul>\n<li>contra el acaparamiento de tierras, la obligaci\u00f3n de devolverlas a sus antiguos propietarios cada cincuenta a\u00f1os (LV 25,10, 13; \u00abLa tierra no puede venderse ni comprarse para siempre, porque la tierra es n\u00eda \u00bb LV 25,23 ss.);<\/li>\n<li>el uso de pesas y medidas justas (Dt 25,13; Lv 19,35);<\/li>\n<li>el salario justo ( \u00abNo explotar\u00e1s al jornalero humilde \u00bb 24,14);<\/li>\n<li>la devoluci\u00f3n de objetos de primera necesidad dejados en prenda por pr\u00e9stamo (los vestidos: Dt 24,12; la muela de molino, &#8216;porque ello ser\u00eda tomar en prenda la vida misma \u00bb Dt 24,6; Ex 22,25-26);<\/li>\n<li>el derecho de los pobres a espigar en campo ajeno (Dt 24,19, Lv 24,6; Ex 22,25-26);<\/li>\n<li>los diezmos que se han de dar a los pobres (Dt 26, 1 2);<\/li>\n<li>numerosas prescripciones contra el pr\u00e9stamo usurario (Ex 22,24; Lv 25,36; Dt 23,20);<\/li>\n<li>y tambi\u00e9n sobre la condonaci\u00f3n de deudas, \u00abcon el fin de que no haya ning\u00fan pobre entre vosotros (Dt 15,1-4).<\/li>\n<\/ul>\n<p>Esta impresionante lista de normas hubiera conseguido, si se hubieran guardado, el verdadero plan de Dios sobre la vida social de su pueblo: una vida de justicia, de solidaridad y a la vez de suficiencia para todos.<\/p>\n<p>La justicia social tiene en el Antiguo Testamento una clara ra\u00edz \u00faltima de car\u00e1cter religioso, pues expresa inequ\u00edvocamente la voluntad de Dios mismo. Pero a\u00fan hay m\u00e1s: de que se cumplan o no las exigencias de la justicia querida por Dios depende el que Dios mismo derrame o no derrame su bendici\u00f3n sobre su pueblo: \u00abYhav\u00e9 no te otorgar\u00e1 su bendici\u00f3n en la tierra que \u00e9l mismo te da en herencia m\u00e1s que si escuchas todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy. Entonces Yhav\u00e9 Dios te bendecir\u00e1 (Dt 15,4-6).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NUEVO TESTAMENTO<\/strong><\/p>\n<p>Como en tantos otros aspectos, la revelaci\u00f3n del Nuevo Testamento asume ciertamente pero a la vez supera la visi\u00f3n propia del Antiguo Testamento, seg\u00fan el principio expresado por el Se\u00f1or mismo: \u00bb No he venido a abolir la Ley y los profetas, sino a darles cumplimiento \u00bb (Mt 5,17), es decir, a darles plenitud. En el Nuevo Testamento Dios no es ya meramente el defensor de los pobres, sino que se identifica con ellos: \u00abCuanto hicisteis a uno de estos hermanos m\u00edos m\u00e1s peque\u00f1os, a M\u00ed me lo hicisteis \u00bb (Mt 25,40). Dios no escucha simplemente el clamor de los pobres, ni simplemente asume su causa, sino que, por un lado, acepta voluntariamente la condici\u00f3n de vida de los pobres (\u00absiendo rico se hizo pobre \u00bb 2Cor 8,9), y se encarna, se hace hombre, para anunciar a los pobres la Buena Noticia de su liberaci\u00f3n y redenci\u00f3n (LC 4,18).<\/p>\n<p>Arriba hicimos la observaci\u00f3n de que el misterio de la pobreza no es ante todo un problema meramente econ\u00f3mico y social, sino m\u00e1s bien un problema de humanidad y de \u00e9tica. Ahora debemos a\u00f1adir: desde la perspectiva nueva que trae al mundo la encarnaci\u00f3n del Verbo en pobreza, el misterio de la pobreza es ante todo un problema teol\u00f3gico. Dios mismo se revela a s\u00ed mismo en la pobreza. Por ello el creyente en el Dios de Jesucristo encontrar\u00e1 en el trabajo por los pobres el camino privilegiado para llegar a Dios: &#8216;Venid, benditos.., porque me disteis de comer \u00bb (Mt 25,34 ss.).<\/p>\n<p>En cuanto a lo que hemos denominado mecanismos de justicia social, los evangelios son mucho m\u00e1s parcos que el Antiguo Testamento. Pero, en compensaci\u00f3n, apelan a lo que m\u00e1s interesa: la conversi\u00f3n radical del coraz\u00f3n y el rechazo total del hacer un \u00eddolo de los bienes materiales. Las cr\u00edticas del Se\u00f1or contra la sicolog\u00eda pervertida que produce el deseo de riquezas cobran tonos de extremada dureza. No proceden tales cr\u00edticas del resentimiento ni del deseo de condenaci\u00f3n del rico, sino de la convicci\u00f3n de que tambi\u00e9n para el rico hay salvaci\u00f3n&#8230; , si se convierte (LC 19,8-9), pues es precisamente la riqueza lo que pone en peligro su salvaci\u00f3n (LC 18,25).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el acceso a Dios a trav\u00e9s de la fe en Jesucristo exige de todo ser humano unas condiciones de renuncia (es decir, de poner el amor a Jesucristo por encima de cualquier otro amor: a los familiares y aun a la vida propia: Lc14,26) que en el caso de las posesiones materiales se expresa en esta sentencia lapidaria: \u00abEl que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo (LC 14,33).<\/p>\n<p>Dos cosas pretende el Se\u00f1or con el conjunto de su ense\u00f1anza sobre los bienes materiales. La primera, fundamental, es allanar el camino del ser humano en su peregrinar hacia Dios, pues amor a Dios (primero y fundamental mandamiento) y amor a las riquezas son del todo incompatibles (LC 16,13). La segunda se refiere al pr\u00f3jimo (segundo mandamiento): en ning\u00fan lugar de su evangelio insin\u00faa el Se\u00f1or que los bienes materiales sean malos y que por eso ser\u00eda buena idea quemarlos o destruirlos. La mejor manera de liberarse del peligro de dejarse esclavizar por ellos es d\u00e1rselos a los pobres (dimensi\u00f3n antropol\u00f3gicasocial) para estar as\u00ed en disposici\u00f3n de seguirle (dimensi\u00f3n teol\u00f3gica) (LC 18,22).<\/p>\n<p>Buenos conocedores de su verdadero esp\u00edritu, los cristianos de la primera generaci\u00f3n se pusieron enseguida a inventar modos de convertir en pr\u00e1ctica y en historia viva las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or acerca de los bienes materiales. Pues hab\u00edan comprendido muy bien que lo que el Se\u00f1or buscaba ante todo con sus ense\u00f1anzas era la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n (sin excluir en modo alguno la \u00abreforma social\u00bb consiguiente que resultar\u00eda de una tal conversi\u00f3n), no impusieron a nadie como obligatoria la renuncia literal y efectiva a las posesiones materiales. San Pedro se lo dice expresamente a Anan\u00edas (Hch 5,4).<\/p>\n<p>Pero pronto vieron que la existencia de necesitados entre ellos era un antitestimonio de su fe en Jesucristo. Enseguida se inventaron \u00abmecanismos\u00bb de distribuci\u00f3n y participaci\u00f3n que garantizaban que nadie pasara entre ellos necesidad (Hch 2,44-45). San Pablo apela al esp\u00edritu de esta primera experiencia cristiana de la comunidad de Jerusal\u00e9n, y la formula en t\u00e9rminos de igualdad para las comunidades cristianas convertidas del paganismo. Les propone un plan de compartir entre cristianos \u00abpara. que vuestra abundancia remedie su necesidad y, para que llegado el caso, \u00absu abundancia pueda remediar vuestra necesidad, y reine as\u00ed la igualdad\u00bb (2Cor 8,14).<\/p>\n<p>Tampoco san Pablo propone el plan como una orden, lo dice expresamente (v.8), sino inspirado por el ejemplo de generosidad de Jesucristo, \u00abel cual siendo rico, por vosotros se hizo pobre \u00bb (v.9). Ya hacia el final de su vida resume as\u00ed lo que, bas\u00e1ndose en las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or mismo, ense\u00f1aba la comunidad cristiana a sus miembros ricos, que por cierto no eran a\u00fan por aquellos tiempos demasiado numerosos en la iglesia cristiana:<\/p>\n<p>\u00abA los ricos de este mundo recomi\u00e9ndales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la inseguridad de las riquezas, sino en Dios, que nos provee espl\u00e9ndidamente de todo para que lo disfrutemos; que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad; de esta forma ir\u00e1n atesorando para el futuro un excelente fondo con el que podr\u00e1n adquirir la verdadera vida\u00bb (ITm 6, 17-19).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>LA TRADICI\u00d3N CRISTIANA<\/strong><\/p>\n<p>El Se\u00f1or, que conoce muy bien el coraz\u00f3n del hombre (Jn 2,24-25), nunca supuso que sus seguidores \u00edbamos a ser siempre fieles a su ense\u00f1anza. Por ello cuenta con, y ofrece a todos, la conversi\u00f3n y la penitencia. Efectivamente: hay que admitir sin ninguna reserva que los cristianos estamos muy lejos de haber incorporado en los veinte siglos de historia del cristianismo las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or en lo que se refiere a los bienes de este mundo, a la caridad, a la justicia, a los pobres.<\/p>\n<p>Pero si no ha sido siempre fiel en la pr\u00e1ctica, no pod\u00eda la tradici\u00f3n cristiana ser cristiana sin mantener la fidelidad al Se\u00f1or por lo menos en la ense\u00f1anza. Ah\u00ed est\u00e1n, como testigos de su fidelidad en los primeros siglos, los grandes Padres de la Iglesia, que mantuvieron viva la ense\u00f1anza evang\u00e9lica primitiva y la aplicaron sin miedo, sufriendo a veces por ello incomprensi\u00f3n y aun persecuci\u00f3n, a los problemas de injusticia y de pobreza de su tiempo.<\/p>\n<p>No hace falta citar nombres; est\u00e1n todos sin excepci\u00f3n, aun los de corte m\u00e1s m\u00edstico, tal por ejemplo san Gregorio de Nisa. De \u00e9l son estos p\u00e1rrafos impresionantes, tomados de la Homil\u00eda sobre el amor a los pobres:<\/p>\n<p>Qu\u00e9 ganas ante Dios con ayunar, si con tu, naaldad das dentelladas a tu hermano, si le arrebatas injustamente lo suyo al pobre? En estos d\u00edas ha llegado una multitud de desamparados, y podemos ver por todas partes manos que se nos tienden. La casa de estas gentes es el cielo raso. Visten harapos, no tienen m\u00e1s cosecha que la voluntad de los que les alargan una limosna. Su mesa son las rodillas encogidas, su lecho el santo suelo, su ba\u00f1o el r\u00edo. Llevan esa vida errante y agreste no porque as\u00ed lo hayan querido, sino por imposici\u00f3n de la desgracia y de la necesidad. Soc\u00f3rreles con tu ayuno, s\u00e9 generoso con estos hermanos v\u00edctimas del infortunio. Dale al hambriento lo que quitas a tu est\u00f3mago. Abraza al afligido como al oro. Estrecha con tus manos al enfermo como si de ello dependiera tu salud y la de tu mujer y tus hijos y de toda tu vida. No desprecies a esos que yacen tendidos como si no valieran nada. Considera qui\u00e9nes son y descubrir\u00e1s su. dignidad: ellos nos representan la persona del Salvador. Los pobres son los despenseros de los bienes que esperamos, los porteros del reino de los cielos, los que abren a los buenos y cierran a los malos e inhumanos. Toda obra que se haga por ellos grita, ante aquel Juez que conoce los corazones, con voz m\u00e1s fuerte que un pregonero. Pero nosotros, a pesar de que cada letra de la Escritura nos ense\u00f1a a imitar a Nuestro Se\u00f1or y Creador, lo dirigimos todo a nuestro propio goce, y no tenemos ninguna cuenta con los necesitados y ninguna preocupaci\u00f3n por los pobres. Sed sobrios en vuestras necesidades vitales; no pens\u00e9is que todo es vuestro. Debe haber tambi\u00e9n una parte para los pobres de Dios. Pues la verdad es que todo es de Dios, padre de todos los hombres. Los hombres todos somos hermanos de una misma familia; los hermanos deben entrar por partes iguales en la herencia, si queremos ser justos (P.G. 46,455-468).<\/p>\n<p>La idea de san Gregorio de Nisa, \u00ablos pobres nos representan al Salvador se basa indudablemente en el evangelio, y se convirti\u00f3 a su vez en el mundo cristiano en la clave para entender el misterio de Cristo a trav\u00e9s de la escandalosa e hiriente realidad social de la existencia de los pobres. En el hombre que sufre, Cristo mismo sufre. As\u00ed fue en la conciencia general europea por lo menos hasta los tiempos de san Vicente de Pa\u00fal, y sigue si\u00e9ndolo a\u00fan en los tiempos modernos en gentes de aut\u00e9ntica visi\u00f3n cristiana, tal por ejemplo el beato Federico Ozanam.<\/p>\n<p>A ninguno de los Padres de la Iglesia, ni tampoco al pensamiento teol\u00f3gico posterior, se le ocurri\u00f3 pensar que fuera Dios de alg\u00fan modo el autor de la pobreza. Las terribles invectivas de algunos de ellos contra los ricos de su tiempo muestran a las claras lo que pensaban sobre cu\u00e1l era la clase social que produc\u00eda la pobreza de las muchedumbres, d\u00f3nde estaban realmente sus causas: los salarios bajos, la esclavitud, el lujo, el ego\u00edsmo de los poderosos, los pr\u00e9stamos usurarios, el acaparamiento de tierras, la acumulaci\u00f3n de oficios p\u00fablicos]\n<p>Hubo siempre cristianos, y no pocos, que tomaron las ense\u00f1anzas de Jesucristo en su sentido literal de radical desprendimiento y participaci\u00f3n de bienes, en particular los monjes, aunque no s\u00f3lo ellos. Pero tambi\u00e9n para el resto de la sociedad, la que no se encerraba en los monasterios, los Padres y la teolog\u00eda posterior fueron elaborando una doctrina exigente que se hizo patrimonio com\u00fan en el mundo cristiano, doctrina que pretend\u00eda remediar las grandes injusticias sociales y proveer a todos de medios suficientes de vida.<\/p>\n<p>Tal doctrina se resume en la idea de la limosna. Esta palabra, tan devaluada hoy, implicaba unas consecuencias muy fuertes para la vida pr\u00e1ctica y se enmarcaba en un conjunto muy s\u00f3lido de ideas teol\u00f3gicas y socio-econ\u00f3micas elaboradas por una larga tradici\u00f3n de la que es el mejor testigo santo Tom\u00e1s de Aquino en el siglo XIII:<\/p>\n<ul>\n<li>Dios es el \u00fanico due\u00f1o verdadero de todas las cosas (Summa Theologica 11-11,61, 1);<\/li>\n<li>la intenci\u00f3n de Dios al crear el mundo es que todos los seres humanos puedan vivir de \u00e9l con suficiencia;<\/li>\n<li>el r\u00e9gimen de propiedad privada es leg\u00edtimo, y es adem\u00e1s el m\u00e1s adecuado para que haya orden social y mayor abundancia de bienes (11-11,62,2);<\/li>\n<li>el propietario, sin embargo, no debe tener las cosas como suyas propias sino como comunes, de tal manera que las comparta con otros cuando estos las necesiten. Todo propietario es por tanto s\u00f3lo un mero administrador (11-11,32,5 ad secundum);<\/li>\n<li>en cuanto a la limosna: se debe dar a los pobres por derecho natural y por mandamiento de Dios (LC 11,41) todo lo \u00absuperfluo\u00bb, es decir, lo que no se necesite para mantener con suficiencia la vida propia y la de los suyos (11-11,32,5;66,7);<\/li>\n<li>por su parte, el que se encuentra en necesidad extrema puede coger de donde sea lo que necesita para salir de ella. Al hacer eso, no roba, pues en caso de necesidad extrema todas las cosas son comunes, cumpli\u00e9ndose as\u00ed la intenci\u00f3n fundamental de Dios sobre los bienes de este mundo (11-11,66,7);<\/li>\n<li>a todo esto hay que a\u00f1adir la firme oposici\u00f3n contra la usura, que se mantuvo invariablemente despu\u00e9s en la Iglesia a lo largo de m\u00e1s de trescientos a\u00f1os (11-11,78,1 ss.).<\/li>\n<\/ul>\n<p>En contra de lo que a menudo se le ha reprochado, hay que afirmar que el pensamiento cristiano tradicional nunca ha pensado que la atenci\u00f3n a los necesitados fuera objeto s\u00f3lo de la caridad privada, y no tambi\u00e9n competencia de la autoridad p\u00fablica. Testigo de ello es una vez m\u00e1s santo Tom\u00e1s de Aquino, quien en su obra De regimine principum afirma lapidariamente: \u00abEl que gobierna debe cuidar de los necesitados a expensas del erario p\u00fablico \u00bb (Libro II, c. 1 5),<\/p>\n<p>Con lo cual el misterio de la pobreza, sin dejar de ser lo que hab\u00eda sido en la tradici\u00f3n, el terreno privilegiado para el ejercicio de la verdadera caridad, se formula ahora como tambi\u00e9n un problema de organizaci\u00f3n social y de responsabilidad del poder p\u00fablico, como representante de toda la sociedad, que debe velar en primer lugar por el bien com\u00fan, es decir por el bien de todos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>LA TRADICI\u00d3N VICENCIANA<\/strong><\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal se inscribe de lleno, por supuesto, en la tradici\u00f3n cristiana. En un tiempo en que las autoridades civiles se inclinaban a resolver el problema de la creciente pobreza urbana a trav\u00e9s de los llamados Hospitales Generales (edificios p\u00fablicos en los que se encerraba por la fuerza a los mendigos y ociosos), Vicente de Pa\u00fal se desmarca de esa pol\u00edtica, y lo hace movido por la convicci\u00f3n de que el pobre es imagen viva de Jesucristo. Por ello mismo al pobre no se le puede privar de la libertad por la fuerza. Se le debe tratar con suma delicadeza y respeto, pues los pobres son, como Cristo, \u00abnuestros amos y se\u00f1ores\u201d .<\/p>\n<p>En estas ideas Vicente de Pa\u00fal es s\u00f3lo el testigo de una larga tradici\u00f3n cristiana en un tiempo en que buena parte de la sociedad empezaba a considerar la existencia de los pobres s\u00f3lo como un problema de orden p\u00fablico que se pod\u00eda resolver con t\u00e9cnicas adecuadas. A\u00fan estamos en ello. En esta visi\u00f3n secularizada la pobreza no es ya un signo que se\u00f1ala al Dios de Jesucristo, ni tampoco interpela a nadie como prueba del pecado personal o social. La pobreza es un mero problema de ingenier\u00eda social, pero no de caridad por el pr\u00f3jimo. No tiene, pues, por qu\u00e9 comprometer vitalmente a quien trabaja por el pobre; por ejemplo a los bur\u00f3cratas de los diversos ministerios de bienestar social.<\/p>\n<p>En lo que se suele destacar como m\u00e1s t\u00edpico suyo, no es sin embargo san Vicente del todo original. Apenas hay una idea suya sobre los pobres que no la deba \u00e9l mismo a la tradici\u00f3n cristiana anterior. La misma expresi\u00f3n citada arriba (\u00ablos pobres son nuestros amos y se\u00f1ores &#8216;D, que se considera com\u00fanmente como muy propia suya, se encuentra en la Regla de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusal\u00e9n, del siglo XII.<\/p>\n<p>S\u00ed fue Vicente de Pa\u00fal un innovador en la visi\u00f3n de la pobreza como un problema de colectividades sociales (campesinos, esclavos, ni\u00f1os abandonados, desplazados por la guerra&#8230;), para las que se buscan remedios tambi\u00e9n colectivos de nuevas t\u00e9cnicas de asistencia. No se limita su visi\u00f3n a considerar la pobreza como un problema que afecta s\u00f3lo a individuos aislados a los que hay que socorrer uno por uno.<\/p>\n<p>En cuanto a lo que hemos denominado t\u00e9cnicas de asistencia, que es el aspecto en el que san Vicente s\u00ed demuestra abundantes signos de originalidad, destacamos las siguientes:<\/p>\n<ul>\n<li>el estudio cuidadoso previo de la realidad exacta de la necesidad que se trata de remediar o de resolver;<\/li>\n<li>la movilizaci\u00f3n y organizaci\u00f3n de personas voluntarias de todas las clases sociales;<\/li>\n<li>la captaci\u00f3n sistem\u00e1tica de recursos privados y p\u00fablicos;<\/li>\n<li>la cuidadosa y racional administraci\u00f3n de los recursos;<\/li>\n<li>su distribuci\u00f3n seg\u00fan las necesidades variadas de los necesitados;<\/li>\n<li>el uso de propaganda impresa para informar a la opini\u00f3n p\u00fablica acerca de las necesidades existentes;<\/li>\n<li>la colaboraci\u00f3n con otras fuerzas sociales y religiosas, sin excluir a aquellas de las que se discrepa fuertemente (jansenistas<\/li>\n<li>la creaci\u00f3n de grupos nuevos en la historia de la Iglesia, de sacerdotes, laicos, mujeres c\u00e9libes en comunidad, laicas solteras, casadas y viudas, para trabajar organizadamente por los pobres.<\/li>\n<\/ul>\n<p>A\u00f1adimos, finalmente, un punto que se ha puesto en duda incluso por parte de expertos que conocen bien a san Vicente. Nos referimos a la cuesti\u00f3n de si san Vicente tuvo conciencia de que la pobreza masiva de su tiempo fuera producida por causas pol\u00edtico-sociales estructurales, y de si, en consecuencia, pens\u00f3 \u00e9l en tratar de buscar remedios a su vez pol\u00edtico-sociales, y no ya de sola asistencia individual u organizada.<\/p>\n<p>A las dos cuestiones hay que responder inequ\u00edvocamente que s\u00ed. No vamos a dar aqu\u00ed los detalles, pero s\u00ed mencionaremos un hecho particularmente revelador. En una ocasi\u00f3n muy comprometida en que las complicadas rivalidades pol\u00edticas entre las autoridades municipales de Par\u00eds y el primer ministro Mazarino hab\u00edan producido entre la poblaci\u00f3n de la capital, sobre todo, como suele suceder, entre la poblaci\u00f3n pobre, una situaci\u00f3n de escasez y aun de hambre, Vicente de Pa\u00fal tuvo la ocurrencia de acudir al mism\u00edsimo Mazarino para pedirle nada menos que dimitiera. Cualquiera puede ver que este es un caso paladino (aunque no por cierto el \u00fanico en su biograf\u00eda) en que Vicente de Pa\u00fal intent\u00f3 remediar con medios de naturaleza pol\u00edtica los males causados a los pobres por una mala pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Dos siglos despu\u00e9s de san Vicente de Pa\u00fal el beato Federico Ozanam se inscribe tambi\u00e9n de lleno en la visi\u00f3n cristiana del pobre como un misterio que nos habla directamente de Cristo. Tampoco Ozanam es original en eso, ni pod\u00eda serlo, ni menos a\u00fan pretend\u00eda serlo. El tambi\u00e9n pertenece a una corriente de sensibilidad que tiene su origen en el mismo Cristo. Pero, igual que en el caso de san Vicente de Pa\u00fal, Ozanam vive una fe no s\u00f3lo inspirada por esa idea, sino centrada en ella:<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 haremos para ser verdaderamente cat\u00f3licos sino lo que m\u00e1s agrada a Dios? Socorramos a nuestro pr\u00f3jimo como lo hac\u00eda Jesucristo \u00bb (Lettres, F.O., Bloud et Gay, Par\u00eds, t.lll, 1147), pues \u00abvosotros &#8211; los pobres &#8211; sois nuestros amos, y nosotros seremos vuestros servidores \u00bb (t.l, p.243).<\/p>\n<p>Las ideas de Ozanam \u00absobre la caridad hacen de ello lo que es realmente: el centro y el motor de toda la vida cristiana \u00bb (L. Celier, en Feclerico Ozanant, ed. Claret, Barcelona, 1975, p.96).<\/p>\n<p>Todo esto que venimos diciendo describe a Ozanam como un cristiano de inspiraci\u00f3n netamente vicenciana.<\/p>\n<p>Pero de Ozanam hay que a\u00f1adir algo m\u00e1s. Creemos que se puede asegurar que \u00e9l, mejor que nadie desde la muerte de san Vicente, ha sabido no s\u00f3lo recoger y prolongar su herencia, sino adem\u00e1s formularla de nuevo para los tiempos y los problemas de la nueva organizaci\u00f3n social que naci\u00f3 de la revoluci\u00f3n industrial y de la revoluci\u00f3n francesa, organizaci\u00f3n en la que a\u00fan estamos viviendo. Pero este punto lo desarrollamos con m\u00e1s detalle en otro trabajo.<\/p>\n<p>Ozanam, se dijo arriba, se inscribe de lleno en la tradici\u00f3n vicenciana de la visi\u00f3n del pobre. Muy suyo es, por ejemplo, el inter\u00e9s atento y el trabajo personalizado por el pobre concreto. Pero tambi\u00e9n es muy suya una visi\u00f3n de horizonte amplio que busca no s\u00f3lo el alivio de las necesidades concretas, sino la regeneraci\u00f3n, la transformaci\u00f3n de la sociedad entera:<\/p>\n<p>\u00abSomos demasiado j\u00f3venes para intervenir en la lucha social. \u00bfNos quedaremos por eso pasivos en medio de un mundo que sufre y gime? No: a\u00fan tenemos un camino para prepararnos. Antes de preocuparnos por hacer el bien a escala social podemos intentar hacer el bien a algunos; antes de regenerar a toda Francia, podemos aliviar a algunos de sus pobres\u00bb (Lettres, 1 143).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>PUNTO FINAL<\/strong><\/p>\n<p>Para ser cristiano, hoy y en todo tiempo, hay que empezar por donde dijo el Se\u00f1or, por la conversi\u00f3n (Mc 1,15). Para ser un alma de inspiraci\u00f3n vicenciana, hay que empezar, como lo hicieron san Vicente de Pa\u00fal y el beato Federico Ozanam, tambi\u00e9n por la conversi\u00f3n y la dedicaci\u00f3n de la propia vida a los pobres, prolongando as\u00ed en la historia de hoy la misi\u00f3n misma de Jesucristo.<\/p>\n<p>Para algunos, para los que sientan la llamada, la pobreza evang\u00e9lica se mostrar\u00e1 radicalmente en el desprendimiento de bienes a favor de los pobres (LC 14,33; 18,22). No todos son llamados a esta forma de seguimiento literal de Jesucristo, pero s\u00ed somos llamados todos a una conversi\u00f3n y dedicaci\u00f3n de la persona y de sus capacidades, incluyendo los bienes materiales, a trabajar por los pobres de Jesucristo.<\/p>\n<p>Esta \u00abopci\u00f3n\u00bb por los pobres est\u00e1 ya suficientemente clara en el evangelio para quien sepa leerlo sin prejuicios sociales de clase. Y adem\u00e1s ha sido expl\u00edcitamente recordada y puesta al d\u00eda por el Concilio Vaticano II y por el conjunto de la doctrina social de la Iglesia desde su primer documento, la enc\u00edclica Rerum novarum de Le\u00f3n XIII hace ya m\u00e1s de cien a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero toda conversi\u00f3n sincera no puede dejar de implicar, si no un desprendimiento radical de los bienes propios, al menos una participaci\u00f3n generosa de los mismos bienes con los necesitados. Recu\u00e9rdese la hermosa historia de Zaqueo en el evangelio de san Lucas: \u00abHoy ha llegado la salvaci\u00f3n a esta casa \u00bb (LC 19, 1-10), le dice el Se\u00f1or cuando Zaqueo expresa su voluntad de reparar las injusticias cometidas por \u00e9l, y de dar la mitad de sus bienes a los pobres.<\/p>\n<p>Con frecuencia, y con toda la raz\u00f3n, se dice que no son tanto palabras y discursos, sino obras, lo que necesita el mundo para encontrar remedio a sus sufrimientos. Por su parte, la fe cristiana se hace cre\u00edble al mundo cuando \u00e9ste ve con los ojos a los disc\u00edpulos del Se\u00f1or haciendo por los pobres las obras que el Se\u00f1or mismo hizo. No hay mejor prueba de que se cree de verdad en El: \u00abEn esto conocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00edpulos&#8230; &#8216; (Jn 13,35).<\/p>\n<p>\u00abLa Iglesia est\u00e1 vivamente comprometida en esta causa, porque la considera conto su misi\u00f3n, su. servicio, como prueba de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la Iglesia de los pobres \u00bb (Juan Pablo II, Laborem exercens, 8).<\/p>\n<p>Jaime Corera<\/p>\n<p>La Milagrosa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SERVIR A LOS POBRES ES IR A DIOS (I) 1.- LA POBREZA ES UN MISTERIO La pobreza es un misterio, un misterio de vida y de muerte. 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