{"id":405811,"date":"2026-08-26T08:54:01","date_gmt":"2026-08-26T06:54:01","guid":{"rendered":"https:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405811"},"modified":"2026-08-11T14:56:51","modified_gmt":"2026-08-11T12:56:51","slug":"san-vicente-de-paul-y-la-caridad-viii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-y-la-caridad-viii\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal y la Caridad (VIII)"},"content":{"rendered":"<p>La fe<\/p>\n<p>LA REALIDAD DE LO INVISIBLE EN CRISTO<\/p>\n<p>Lo visible no es pues la \u00fanica realidad. Todo lo contrario, no es ni siquiera una realidad, es una sombra. \u00bfPor qu\u00e9 extra\u00f1arse de los cambios y variaciones? La Escritura declara que jam\u00e1s permanecemos en el mismo estado y vemos por lo dem\u00e1s a los hombres girar como veletas. Este cambio y estas variaciones denuncian la falsa solidez de lo creado. Quien construye sobre estas vanidades huecas e inconstantes es un necio.<\/p>\n<p>El sabio y el hombre de buen sentido reclaman igualmente para construir y construirse, una base s\u00f3lida, la roca que nadie ataca y que nadie conmueve. Al t\u00e9rmino de las indagaciones ser\u00e1 preciso convenir en que solas las verdades eternas son capaces de llenar nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero Vicente no se detiene en los arquetipos et\u00e9reos o en las esencias eternas. Se apoya sobre todo en las ense\u00f1anzas y en las promesas evang\u00e9licas. Esta eternidad s\u00f3lida es una vida, se concentra, dir\u00edase, en un rostro, el de Cristo.<\/p>\n<p>El Cristo que el Se\u00f1or Vicente contempla y adora, no es el calco de una verdad eterna, es un ser hist\u00f3rico, es el enviado del Padre para salvar a los hombres. El amor del Padre le ha comisionado para esta empresa, que conlleva el anonadamiento de Ia Encarnaci\u00f3n, los sufrimientos y la muerte. El Cristo misionero pone en movimiento a todo y en ese movimiento hay que colo\u00adcarse. Todo hombre debe asociarse a esta misteriosa aventura del Verbo Encarnado.<\/p>\n<p>R\u00e1pidamente, pero con mucha firmeza, Vicente nos da un re\u00adtrato interior de Jes\u00fas. Del lado del Padre, el Hijo de Dios no es sino estima, honor, amor. Esta disposici\u00f3n le invita a darse y le opone fundamentalmente al mundo malo que es, seg\u00fan san Juan, concuspiscencia de los ojos, concupiscencia de la carne, soberbia de la vida.<\/p>\n<p>LA TERMINACI\u00d3N EN CRISTO<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la muerte de Cristo no se ha interrumpido su vida. Prosigue en la Iglesia que la hace presente a todos los tiempos y en todos los lugares.<\/p>\n<p>Pero esta presencia de Jes\u00fas es una viva expresi\u00f3n de su es\u00adp\u00edritu. De la misma manera que Jes\u00fas se dirigi\u00f3 a los pobres, apa\u00adreci\u00f3 como un pobre, se nos representa por los pobres, la Iglesia de Jes\u00fas est\u00e1 centrada en los pobres y debe organizarse para ellos. Como Jes\u00fas, la Iglesia animada por el esp\u00edritu de Dios debe pri\u00admeramente dirigirse a los pobres. Estos lo merecen evidentemente a los ojos de la fe, pues son lugartenientes privilegiados de Dios. Son ellos quienes abren las puertas de la eternidad. Quien sepa volver la medalla ver\u00e1 en ellos la imagen viva de la vida y de la muerte de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Obran misteriosamente sobre nosotros. Por su presencia, nos piden que nos adaptemos a ellos. Tomando la actitud que Cristo ten\u00eda a su respecto, establece uno en s\u00ed mismo las disposiciones que preludian toda evangelizaci\u00f3n: el amor que previene tiene rostro de pobreza y de humildad.<\/p>\n<p>As\u00ed se inicia la vida de Jes\u00fas en los corazones humanos. A decir verdad, esta vida se ha merecido gracias a la muerte de Jes\u00fas. Pero la muerte de Jes\u00fas no obra mec\u00e1nicamente. Todav\u00eda menos inmediata y necesariamente. Depende de la aceptaci\u00f3n humana y para vivir en Jesucristo hace falta consentir en morir con Je\u00adsucristo. \u00bfEn qu\u00e9 consiste esta muerte m\u00edstica instaurada por el bautismo? En una vida de mortificaci\u00f3n o con toda exactitud en una vida semejante a la de Cristo en la tierra. Parad\u00f3jicamente morimos en Jesucristo mediante la vida de Jesucristo.<\/p>\n<p>Esta vida por Cristo y en Cristo permanece escondida sin duda, misteriosa. No por eso deja de exigir esa muerte a s\u00ed mismo. Sin esa renuncia y esa humildad que vac\u00edan a un alma de s\u00ed mismo no se puede \u00abverdaderamente\u00bb vivir en Cristo y Cristo no puede obrar en el alma. Es en las almas vac\u00edas de s\u00ed mismas donde Cristo no solamente subsiste, sino que act\u00faa y obra. No hay vid ni acci\u00f3n sino en Jesucristo.<\/p>\n<p><strong>La prudencia<\/strong><\/p>\n<p>\u00abEl Se\u00f1or Vicente, declaraba el Padre Ch. de Condren, tiene el car\u00e1cter de la prudencia\u00bb. Esta prudencia consist\u00eda con toda precisi\u00f3n en ajustarse al modo del que la sabidur\u00eda eterna hab\u00eda vivido y hablado. Prudencia, camino de sencillez, pureza de intenci\u00f3n, eran para el Se\u00f1or Vicente todo uno.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo obraba esa regulaci\u00f3n conforme a la sabidur\u00eda eterna? Vicente apelaba muy a menudo a tres preceptos que daban a la vida en Cristo y en Dios su estilo y su cu\u00f1o.<\/p>\n<p>El primero concierne al enderezamiento y fijeza de la intenci\u00f3n. Hace falta, repet\u00eda a menudo Vicente, comenzar por Dios, mirar a Dios desde el comienzo, hace falta pedir una participaci\u00f3n en el esp\u00edritu de Dios, una participaci\u00f3n en la visi\u00f3n de Dios. Hace falta comenzar por las cosas de Dios, hay que hacer sus cosas, \u00e9l har\u00e1 las nuestras. Hay que ver las cosas como son en Dios y no como aparecen, de otra manera nos enga\u00f1ar\u00edamos gravemente.<\/p>\n<p>El segundo precepto es a la vez una expresi\u00f3n y un control de esta fijeza en lo invisible. \u00bfC\u00f3mo saber si la acci\u00f3n que nos da a Dios nos asume totalmente? Si sostiene bien los \u00abextremos\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed al amor afectivo debe siempre corresponder el amor efec\u00adtivo; de otra suerte es una ilusi\u00f3n. Igualmente, a la mortificaci\u00f3n interior debe siempre corresponder la mortificaci\u00f3n exterior, si no, demuestra uno evidentemente no ser mortificado, ni interior ni exteriormente. Aun el amor y la uni\u00f3n con Dios de\u00adben tener en cuenta un tercer t\u00e9rmino. No basta que yo ame a Dios, asegura Vicente, si mi pr\u00f3jimo no le ama. Hay que unirse al pr\u00f3jimo para unirse a Dios.<\/p>\n<p>La \u00faltima regla concierne al r\u00e9gimen de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo mismo que la acci\u00f3n de Dios arraiga por decirlo as\u00ed en la inmutable esencia divina, y son eternos e inmutables sus desig\u00adnios, as\u00ed el t\u00e9rmino de la acci\u00f3n debe siempre ser firme e inva\u00adriable.<\/p>\n<p>Pero as\u00ed como Dios var\u00eda su expresi\u00f3n para alcanzarnos, se refracta y parece progresar en el tiempo utilizando los aconte\u00adcimientos cambiantes, as\u00ed tambi\u00e9n hay que utilizar el tiempo y los acontecimientos para adaptarse m\u00e1s profundamente a Dios y comunicar literalmente con su querer y no querer. Firme invariable en el fin, dulce y suave en los medios, he ah\u00ed, para Se\u00f1or Vicente, el alma del buen r\u00e9gimen.<\/p>\n<p>Estos tres preceptos dan a la doctrina del Se\u00f1or Vicente, la fisonom\u00eda, sus rasgos caracter\u00edsticos.<\/p>\n<ul>\n<li>La vida debe ensancharse sin cesar en la acci\u00f3n.<\/li>\n<li>La vida y la acci\u00f3n no tienen profundidad y verdad m. que en la fe.<\/li>\n<li>La vida en la fe debe prolongarse sin cesar, adaptar para mantener su intenci\u00f3n de eternidad.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Seg\u00fan las vocaciones y los estados, Vicente calificaba los esfuerzos en t\u00e9rminos de virtudes: la humildad, la sencillez, la mortificaci\u00f3n, el celo, etc. Ped\u00eda cinco virtudes a los misioneros y no exig\u00eda m\u00e1s que tres a las Hijas de la Caridad. Cada cual, mirando al Se\u00f1or Vicente, sab\u00eda muy bien lo que ten\u00eda que hacer. Era la prudencia viviente.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente, se dec\u00eda habitualmente, no cambia, el Se\u00f1or Vicente es siempre el Se\u00f1or Vicente. Evocaba claramente la inmutable ternura de Dios. A todos parec\u00eda asimismo prodigiosamente flexible y d\u00factil. Este intuitivo, cuyas emociones e impulsos hubiesen podido provocar cat\u00e1strofes, chocaba a sus interlocutores por su reserva y provocaba en torno a s\u00ed un apaciguamiento que muchos consideraban como milagroso. Su alma se ejercitaba y se desplegaba en la presentaci\u00f3n siempre concreta y muy clara de sus pensamientos y de sus sentimientos. Hablaba pasando sin esfuerzo de una consideraci\u00f3n a una escena viva casando con gracia lo visible y lo invisible, aliando asimismo la finura gascona al respeto y a la afectuosa hombr\u00eda de bien. M\u00e1s que un recuerdo, su conversaci\u00f3n era una presentaci\u00f3n de Jes\u00fas una puesta en presencia de su misterio en los pobres.<\/p>\n<p><strong>El esp\u00edritu y el misterio de la caridad<\/strong><\/p>\n<p>Y, sin embargo, quien quisiera reducir la doctrina del Se\u00f1or Vicente a esos tres preceptos, se arriesgar\u00eda mucho a dejar escapar lo mejor de su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Observ\u00e9mosle dirigi\u00e9ndose a los misione ros y a las Hijas de la Caridad, a los ignorantes o a los espirituales: su discurso no es m\u00e1s que un \u00absigno\u00bb, su doctrina no es m\u00e1s que la envoltura a menudo parcial y siempre ef\u00edmera de un esp\u00edritu que ha de so\u00adbrevivirle. Considerados en s\u00ed y por s\u00ed mismos esos revestimientos protectores clan el cambio y deforman. Reducen y atosigan lo que ten\u00edan la misi\u00f3n de salvaguardar y de proclamar. De la misma suerte \u00abuna doctrina espiritual\u00bb reducida a esas articulaciones esquel\u00e9ticas o a esas consideraciones edificantes no es ya un alimento capaz de sostener un esfuerzo o de inclinar un alma a Dios: es un residuo.<\/p>\n<p>Pese a su pasi\u00f3n por catequizar, el Se\u00f1or Vicente, ese cam\u00adpesino hecho santo, parece especialmente agraciado para im\u00adplantar esta convicci\u00f3n en todas las sazones de la vida. La doc\u00adtrina no es colecci\u00f3n de conceptos o encadenamiento de princi\u00adpios, es el esfuerzo de una vida que ensaya a secundar el desplie\u00adgue de otra vida: la vida de Jes\u00fas en las almas. El valor de una ense\u00f1anza no se mide pues por lo que concentra o lo que retiene, sino por lo que evoca o recuerda.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente desalienta con una sonrisa todas las con\u00adsagraciones de f\u00f3rmula, todas las canonizaciones de m\u00e9todo. Hab\u00eda tenido por t\u00e1ctica rehusar los exorcismos espectaculares y abordar al demonio, lejos del teatro, entre bastidores y en par\u00adticular. Usa de las mismas industrias y rechaza suavemente las sistematizaciones simplificadoras. Ama el orden, el rigor, el m\u00e9\u00adtodo, las precisiones, sin duda alguna, pero no se deja cifrar en f\u00f3rmulas aritm\u00e9ticas. Su esp\u00edritu pasa a trav\u00e9s de las palabras. Seg\u00fan la vocaci\u00f3n de sus oyentes cambia el contenido de sus ex\u00adpresiones y orienta a los misioneros en la humildad y a las Hijas de la Caridad en la sencillez. Con toda seguridad, hacen falta cinco virtudes, para ser buen \u00abcontinuador de Jes\u00fas\u00bb: la hu\u00admildad, la sencillez, la mortificaci\u00f3n, la mansedumbre y el celo, pero basta con tres virtudes: la caridad, la humildad y la senci\u00adllez para convertirse en una verdadera hija de Dios. No hay error posible. Cada cual, mirando al Se\u00f1or Vicente, sab\u00eda no solamente lo que ten\u00eda que ser sino todo lo que deb\u00eda hacer. Invenciblemente, hac\u00eda olvidar las palabras y las frases, pon\u00eda frente por frente de la tarea esencial: despojarse de s\u00ed, ofrecerse a Cristo, al que da a las almas. \u00bfQu\u00e9 importa el que se inviertan o se alternen las f\u00f3rmulas? Hay que despojarse de s\u00ed, para llenarse de Dios, hay que darse a Dios para despojarse de s\u00ed. Lo esencial, se ve y siente, es darse.<\/p>\n<p>La misma libertad respecto a las palabras, cuyo contenido espiritual se renueva. La uniformidad religiosa tiene sus exigencias y \u00e9l lo recuerda, la continuidad se opone a la naturaleza y la constri\u00f1e para razonarla. Pero la fijaci\u00f3n, la esclerosis, el inmovilismo, son tambi\u00e9n las enfermedades mortales del alma. Quien se repite sin cesar, var\u00eda m\u00e1s de lo que piensa porque se deteriora. El secreto de la continuidad est\u00e1 en la fidelidad. Sin pausa, Dios trabaja; tambi\u00e9n sin tregua, nos invita a asociarnos a sus iniciativas, a secundar sus ingeniosidades, a hacer que se despliegue las m\u00faltiples formas de su \u00fanico amor.<\/p>\n<p>Seamos firmes, no desistamos, tales son las consignas. Pero tambi\u00e9n, qu\u00e9 error cerrarse sobre s\u00ed mismo en nombre de un principio. La firmeza es una ductilidad permanente. Se desarrolla como una energ\u00eda vital. Se fortifica y enriquece en la voluntad de unirse a todos, en la intenci\u00f3n nunca totalmente ilusoria de hacer que se derritan al sol de la bondad divina las corazas de amor propio m\u00e1s duras que acero templado.<\/p>\n<p>Humilde y tenaz, Vicente cursa as\u00ed su noviciado de la caridad. Los mejores sujetos saben que no profesar\u00e1n m\u00e1s que en la eternidad. Aqu\u00ed abajo, las fiebres debilitadoras suceden a las fiebres din\u00e1micas, los espejismos falaces hurtan las certidumbres primeras. \u00bfQui\u00e9n llega jam\u00e1s a desechar definitivamente esos famtasmas de caridad que vagabundean desde las puertas del Ed\u00e9n hasta las sesiones del juicio de Dios? Solos los pobres, esos m\u00edseros vivientes, tienen alg\u00fan poder sobre ellos. Pero nadie tiene derecho a servirse de \u00e9stos como de un instrumento. Ser\u00eda sacr\u00edlego. Aun para un buen fin, \u00abla caridad\u00bb no puede colonizar a los pobres. Un paternalismo mal bautizado no es m\u00e1s que una a\u00f1agaza tan repugnante como el ego\u00edsmo sentimental que emplea el sufrimiento de los pobres como desag\u00fce de su piedad.<\/p>\n<p>El Pobre de Dios que Vicente introduce en la conversaci\u00f3n no garantiza la buena conciencia, al contrario la inquieta. No olvida al verdadero Dios pues no puede tolerar su ausencia. Es que en efecto recibe su poder y su nobleza del Cristo humillado que no tiene m\u00e1s que esta voz para hacerse o\u00edr bien. La vocaci\u00f3n eterna del pobre consiste en denunciar la sensualidad que se entromete por doquier. Su poder es extremo, su clarividencia te\u00admible. En la Iglesia, es un rico, un Se\u00f1or. Por dondequiera que pasa, puede prender el fuego que no muere. Pese a su garbo de indigente, nutre a todos los que viven para servirle. El Se\u00f1or Vicente se convirti\u00f3 en uno de sus primeros clientes. A los ham\u00adbrientos de Dios que le rodean y le piden una \u00abdoctrina\u00bb, tiende silenciosamente el pan de los pobres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fe LA REALIDAD DE LO INVISIBLE EN CRISTO Lo visible no es pues la \u00fanica realidad. 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