{"id":405656,"date":"2024-12-06T08:51:36","date_gmt":"2024-12-06T07:51:36","guid":{"rendered":"https:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405656"},"modified":"2024-08-17T20:52:38","modified_gmt":"2024-08-17T18:52:38","slug":"historia-de-la-fundacion-de-nuestra-casa-mision-en-la-iglesuela-del-cid-vii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/historia-de-la-fundacion-de-nuestra-casa-mision-en-la-iglesuela-del-cid-vii\/","title":{"rendered":"HISTORIA DE LA FUNDACI\u00d3N DE NUESTRA CASA-MISI\u00d3N EN LA IGLESUELA DEL CID (VII)"},"content":{"rendered":"<p>XIV: LOS PRIMEROS FRUTOS<\/p>\n<p>Esto que se acaba de decir en el p\u00e1rrafo anterior parece que necesita alguna explicaci\u00f3n. Y la tiene muy natural. A pesar de las propagandas en contra de los frailes\u2014recordad que es as\u00ed corno se han empe\u00f1ado en llamarnos\u2014 y del aflojamiento en la devoci\u00f3n, por las causas que se indica\u00adron en p\u00e1rrafos anteriores, principalmente en los \u00faltimos a\u00f1os del Cura difunto, D. Manuel Izquierdo, mucha gente conservaba el esp\u00edritu de piedad y de temor de Dios, y estaban deseando que se establecieran los Padres para apro\u00advecharse de sus ministerios. Por esta raz\u00f3n, en los dos viajes que, antes de la instalaci\u00f3n, hab\u00eda hecho el Superior a La Iglesuela, le abordaron y acosaron con verdadero inter\u00e9s y anheloso af\u00e1n en el confesonario.<\/p>\n<p>Y vi\u00e9raisle horas y horas de varios d\u00edas escuchando a unos y otros, no con asombro, porque ya ten\u00eda larga expe\u00adriencia de lo que en el mundo suele acontecer, pero s\u00ed con alguna extra\u00f1eza, por lo que respecta a algunas personas en estas ocasiones comprendi\u00f3 que no era oro todo lo que reluc\u00eda. A\u00f1\u00e1dese decir que el pueblo llevaba fama, y ten\u00eda y tiene hechos de piadoso. Hab\u00eda alguna, no mucha, frecuencia de Sacramentos. Y nadie dejaba de confesarse, a lo menos en Cuaresma, siquiera por respeto humano, por temor de ser notados. Pues este enemigo tan desolador de las conciencias hab\u00eda hecho horrible estrago en las almas de unos y de otros: de los piadosos y devotos y de los que no lo eran. Esto pudo comprender con bastante fundamento y claridad, y se propuso su plan de ataque, de reparaci\u00f3n, de saneamiento, de salvaci\u00f3n de las v\u00edctimas, con la ayuda del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Ten\u00eda que predicar la Cuaresma inmediatamente, a los cinco o\u00a0\u00a0 seis d\u00edas. Los sermones cuaresmales a que nos he\u00admos obligado, si el Cura los quiere, son once, que se han de predicar desde el Mi\u00e9rcoles de Ceniza al domingo de Pasi\u00f3n, ambos inclusive. Y as\u00ed se ha hecho en las Cuares\u00admas siguientes. Pero en la primera no se hizo de ese modo. Calcul\u00f3 el Cuaresmero que era corto ese n\u00famero de sermo\u00adnes para llenar cumplidamente el plan que se hab\u00eda pro\u00adpuesto y conseguir el triunfo que apetec\u00eda; habl\u00f3 con el Cura Ec\u00f3nomo, y convino \u00e9ste en que, por excepci\u00f3n, predicase aquel a\u00f1o cuanto quisiese y pudiese. Y predic\u00f3, desde Carnaval, cuatro o\u00a0\u00a0 cinco veces por semana.<\/p>\n<p>El resultado fue satisfactorio. Los que no se rindieron, los que no quedaron vencidos, quedaron bien impresiona\u00addos o\u00a0\u00a0 desenga\u00f1ados y confundidos. Trat\u00f3 de poner de re\u00adlieve las causas que producen las confesiones sacr\u00edlegas, las nulas y las in\u00fatiles, y el peligro de condenaci\u00f3n en que se encuentran las almas que profanan los Sacramentos. fue desarrollando la materia paso por paso, detalle por detall\u00e9, con aplomo, con energ\u00eda, con ilaci\u00f3n. Sonde\u00f3 el abismo del coraz\u00f3n; registro sus pliegues y repliegues; revolvi\u00f3 las conciencias; examin\u00f3 el uso, o\u00a0\u00a0 mejor, el abuso de las po\u00adtencias an\u00edmicas, de los sentidos internos y externos; agit\u00f3 vigorosamente el fondo del alma en el ejercicio de todas sus facultades; ahond\u00f3, en fin, y profundiz\u00f3 hasta llegar al suelo, removiendo todo el cieno en \u00e9l depositado, hasta ponerlo a la vista de los menos perspicaces, as\u00ed como se hace subir y aparecer sobre la superficie el de un estanque corrompido, cuando se apalean y sacuden fuertemente sus aguas, y se produjo un movimiento notable de terror y es\u00adpanto, pero saludable, en la generalidad del auditorio. Hubo duros, pertinaces, obstinados, \u00bfd\u00f3nde no los hay en tiem\u00adpos de tanta obcecaci\u00f3n \u00e9 incredulidad?; pero la conmoci\u00f3n general se hizo visible. Y como atribulados y confusos se les oyeron muchas veces estas y otras exclamaciones: \u00a1Estamos perdidos! \u00a1Si lo que dice el Padre es verdad, nunca hemos hecho buenas confesiones! \u00a1Nos vamos a con\u00addenar sin remedio! Y se avivaba m\u00e1s y mas el inter\u00e9s por oir al predicador. Y en las cocinas, y en los campos, y en los caminos, ese era el tema de las conversaciones. Y la afluencia de oyentes era la mayor que pod\u00eda esperarse. Del pueblo y las mas\u00edas y de los lugares cercanos, a los cuales comunicaban sus impresiones los naturales. Todo esto vio el P. Cuaresmero desde los primeros d\u00edas. Y lo vio y oy\u00f3 tambi\u00e9n, tres semanas despu\u00e9s, el compa\u00f1ero que le fue enviado por el Sr. Visitador.<\/p>\n<p>Porque cuando tan temprano, espont\u00e1neo y saludable movimiento not\u00f3 el Cuaresmero, rog\u00f3 al pueblo que no empezasen el cumplimiento de Iglesia el domingo se\u00f1alado, sino que&#8217; esperaran una semana m\u00e1s, para que recibieran mayor instrucci\u00f3n de cosas muy necesarias antes de con\u00adfesarse. Y les dijo que no pasasen pena por la confesi\u00f3n, que todos se confesar\u00edan con Misionero, si quer\u00edan, porque ten\u00eda pedido un Padre a Madrid y esperaba que pronto se lo enviar\u00edan.<\/p>\n<p>Con efecto, se hab\u00eda apresurado el Superior a escribir al Sr. Visitador, y, refiri\u00e9ndole detalladamente, y con toda exactitud, lo que acontec\u00eda, le dijo que el movimiento era de misi\u00f3n que le ped\u00edan confesiones generales y era de esperar que las har\u00edan muchas gentes; que era natural que\u00adrer hacerlas con el P. Misionero precisamente, y as\u00ed lo ma\u00adnifestaban; que era imposible oir \u00e9l solo a todos, y, por tanto, que se impon\u00eda la necesidad de que enviase un Mi\u00adsionero apto y con condiciones para el caso. Y le envi\u00f3 sin demora al Sr. Ib\u00e1\u00f1ez (Jos\u00e9), quien fue testigo de todas estas cosas, y despu\u00e9s cooperador valioso en estas y en las otras que se ir\u00e1n relatando, port\u00e1ndose como bueno y mereciendo muy justamente el nombre de activo cofundador de la casa de La Iglesuela.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a \u00e9sta el 4 de Marzo de 1902, en un d\u00eda verda\u00adderamente desapacible, \u00e1spero, temible. El coche no llegaba m\u00e1s que hasta el Coll de Ares del Maestrazgo. Hubo de montar en un macho, y caminar luchando contra el viento norte y contra la ventisca, y nevando lleg\u00f3 a medio d\u00eda a Villafranca del Cid, donde comi\u00f3, y, como no conoce la cobard\u00eda, nevando se present\u00f3 en La Iglesuela media hora antes de tener que irse a predicar el Superior en la Parroquia.<\/p>\n<p>Inmediatamente se entreg\u00f3 al ejercicio del ministerio sagrado de la Confesi\u00f3n, y tuvo un noviciado de prueba, pero satisfactorio. Hasta que \u00e9l lleg\u00f3 el Superior confesaba dos o\u00a0\u00a0 tres d\u00edas cada semana, por las ma\u00f1anas, en la Parro\u00adquia. Las restantes ma\u00f1anas y las tardes todas lo hac\u00eda en la cueva de Bel\u00e9n. Despu\u00e9s confesaban simult\u00e1neamente aqu\u00ed y all\u00e1. El compa\u00f1ero, dos, tres, cuatro d\u00edas, con dos, tres, cuatro horas de tarea, en la Parroquia. El Superior, en casa, como se ha dicho al final del p\u00e1rrafo anterior. Muchas, much\u00edsimas almas, casi todas las que se confesaban con los Misioneros, y aun algunas que lo hac\u00edan con los otros Sacerdotes, hac\u00edan confesi\u00f3n general. El trabajo fue pesado, pero grato y provechoso. \u00a1Dios sea bendito!<\/p>\n<p>XV: DOS MESES A OBSCURAS<\/p>\n<p>Entre tanto no estaba desatendida la reforma de la casa del Aladrero, que ten\u00edamos comprada, seg\u00fan se dijo al fin del p\u00e1rrafo XII. En ella se hizo acopio de materiales para empezar las obras en la primavera. Sesenta o\u00a0\u00a0 setenta cahices de cal, cincuenta y tres de yeso, algunas docenas de tablas, tablones y otros maderos, estaban depositados all\u00ed antes de Semana Santa, y en Mayo deb\u00eda de trabajarse ya.<\/p>\n<p>Mas el hombre compone y Dios dispone. Y unos hom\u00adbres impiden y desconciertan lo que otros combinan e in\u00adtentan, o\u00a0\u00a0 todo a un tiempo. Porque la casa de la calle de Ondevilla no nos conven\u00eda para definitiva. Solamente la torn\u00e1bamos para empezar a vivir. Nos era preciso edificar otra de planta despu\u00e9s. Pero esto era multiplicar gastos y vivir muchos a\u00f1os muy a disgusto. Y el Se\u00f1or, siempre tan bueno para con los suyos, impidi\u00f3 estos efectos por modo muy sencillo, por medio de los Fueros de Arag\u00f3n, de los cuales quiso hacer uso una hermana del vendedor. Vaya. usted a atar cabos cuando es la Providencia quien obra y dispone! Porque \u00bfqui\u00e9n pudo sospechar que en los primeros pasos que los Paules hab\u00edan de dar para establecerse en La Iglesuela habr\u00edan de intervenir los Fueros de Arag\u00f3n, para desvanecer sus proyectos y conatos primero, para favore\u00adcerles despu\u00e9s? Porque lo que pareci\u00f3 un trastorno y una desgracia, result\u00f3 un acierto y un beneficio, como se ver\u00e1 despu\u00e9s de dos p\u00e1rrafos. \u00a1Es Nuestro Se\u00f1or de esa manera sabio, pr\u00f3vido, bondadoso!<\/p>\n<p>Seg\u00fan esos Fueros, cuando cualquiera quiere enajenar, vender una finca, sus hermanos tienen derecho preferente a comprarla, y pueden impedir que la adquiera otro no hermano. Ten\u00eda el vendedor una hermana que quer\u00eda po\u00adseer casa en La Iglesuela, por vanidad m\u00e1s que por nece\u00adsidad o\u00a0\u00a0 utilidad, por no ser menos que otros parientes que van a veranear a dicho pueblo, residiendo en casa propia. Por no ser menos que su hermano, que ten\u00eda \u2014ten\u00eda, per-que ahora ya no existe\u2014 otra adem\u00e1s de la que quer\u00eda vender. Tuvo dicha se\u00f1ora noticia de los tratos que hab\u00eda entre nosotros, entr\u00f3 en ganas de poseer la que ya era casa nuestra, aunque fuese con postergaci\u00f3n y da\u00f1o nuestro \u2014as\u00ed lo declar\u00f3 ella misma\u2014, \u00e9 inconsiderada y ambiciosa se empe\u00f1\u00f3 en quit\u00e1rnosla, y lo consigui\u00f3.<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles Santo recibi\u00f3 el Superior una carta de su esposo, que entonces era Alcalde de Calanda, en la cual manifestaba en nombre de su esposa, que estaban resueltos a impedirnos la adquisici\u00f3n de la casa, porque la quer\u00edan ellos para s\u00ed. El Superior dio cuenta del veto al vendedor, y escribi\u00f3 a los reclamantes, a quienes conoc\u00eda y hab\u00eda tratado. Aqu\u00e9l declar\u00f3 que de ninguna manera la vender\u00eda a su hermana, y que la casa, o\u00a0\u00a0 ser\u00eda de los Padres, o\u00a0\u00a0 no ser\u00eda de nadie. Y excit\u00f3 al Superior a que prosiguiese obrando en ella como suya. Su afirmaci\u00f3n se ha cumplido. La casa no fue de los Padres ni la ha adquirido su hermana. Su exci\u00adtaci\u00f3n no tuvo efecto, porque su hermana, desoyendo toda clase de respetos, atenciones y representaciones, insisti\u00f3 en su decisi\u00f3n y amenaz\u00f3 con ir a los tribunales. El Superior no quiso pleitear, ni fingir tampoco, por m\u00e1s que se lo aconsejaban, proponi\u00e9ndole &#8216;medios de eludir el efecto de la apelaci\u00f3n a los Fueros. Lo primero se lo prohib\u00edan las Reglas y muchos escritos del Santo Padre, autor de ellas. Lo segundo, adem\u00e1s de ser contrario a su car\u00e1cter y modo natural de ser, se lo imped\u00eda su conciencia, porque no que\u00adr\u00eda obrar in <em>fraudem legis. Y <\/em>se resolvi\u00f3 a escribir al due\u00f1o de la casa que rescind\u00eda el contrato verbal que ten\u00edan he\u00adcho, y por tanto que quedaba otra vez por suya.<\/p>\n<p>Y ten\u00eda escrita la carta una noche para ponerla al si\u00adguiente d\u00eda en el correo, cuando le dan aviso de haber lle\u00adgado al pueblo aquella tarde el reclamante, y de que ven\u00eda a citarle a juicio para que hiciese cesi\u00f3n de los derechos que tuviera adquiridos sobre la casa del Aladrero. Puso el Supe\u00adrior inmediatamente su carta en el correo, para poder afir\u00admar que ya hab\u00eda escrito y enviado la carta al due\u00f1o con la renuncia<sub>.<\/sub> de la casa, y esper\u00f3 los sucesos, que no tardaron.<\/p>\n<p>A las nueve de la ma\u00f1ana del siguiente d\u00eda fue a ver al Superior el Juez municipal- &#8211;gracias que nos quer\u00eda bien-\u00ady d\u00edjole que se le hab\u00eda presentado Santapau, apellido del reclamante, pidi\u00e9ndole que extendiese papeleta de citaci\u00f3n a juicio contra el Superior de los Paules, y que sus preten\u00adsiones eran que cediese sus derechos adquiridos sobre la casa del Aladrero, y le entregase las cartas y escritos que acerca de este asunto tuviera. Que \u00e9l hab\u00eda intentado di\u00adsuadirle de lo del juicio, aconsej\u00e1ndole una entrevista privada; pero que no pudo conseguirlo. Que se tom\u00f3 tiempo para hablar con el Superior anticipadamente, y que deseaba saber c\u00f3mo se podr\u00eda arreglar el asunto sin pasar adelante, porque \u00e9l de ning\u00fan modo quer\u00eda que el Superior fuese al tribunal. Para que se comprenda esta benevolencia oficiosa, s\u00e9pase que el Juez era el esposo de la Sra. Pepa, de quienes se dio noticia en el p\u00e1rrafo XII.<\/p>\n<p>Responde el Superior: \u00abBien, vamos a juicio. Con dos palabras quedar\u00e1n enervadas las energ\u00edas de ese se\u00f1or, apagados sus fuegos y paralizados sus br\u00edos. Con decirle que nadie tiene derecho sobre la correspondencia privada, y que ninguno puede dar lo que no tiene, estar\u00e1 \u00e9l despa\u00adchado y sus planes desbaratados. Porque yo tengo ya he\u00adcha la devoluci\u00f3n de la casa a su due\u00f1o\u00bb. Pero el Juez de ning\u00fan modo quiso consentir en que el Superior fuese a la casa de la Villa, mucho menos al tribunal; propuso vol\u00adver con el reclamante a visitar al Superior para entenderse, como lo realizaron y se entendieron. O mejor, sucedi\u00f3<\/p>\n<p>aquello de&#8211;cal\u00f3 el chapeo,\u00a0\u00a0\u00a0 requiri\u00f3 la espada,\u2014mir\u00f3 al soslayo,\u2014fuese\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 y no hubo nada. Casi c\u00f3mica fue la escena. Por lo menos su principio. Porque el Sr. Santapau es buen mozo, y fue oficial carlista, y el Superior le recibi\u00f3 con un poquito de chacota. Pero, en fin, se formaliz\u00f3 la conversaci\u00f3n y desvaneci\u00e9ronse los humos con que se ha\u00adb\u00eda presentado. Trabajo le costaba creer que hubiese es\u00adcrito a su cu\u00f1ado el Superior, porque dec\u00eda que dos d\u00edas antes, o\u00a0\u00a0 sea al salir \u00e9l de Calanda, no hab\u00eda tal; pero al fin se redujo, y qued\u00f3 terminado el incidente.<\/p>\n<p><em>ANALES 1907<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XIV: LOS PRIMEROS FRUTOS Esto que se acaba de decir en el p\u00e1rrafo anterior parece que necesita alguna explicaci\u00f3n. Y la tiene muy natural. 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