{"id":405586,"date":"2024-09-28T08:06:30","date_gmt":"2024-09-28T06:06:30","guid":{"rendered":"https:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405586"},"modified":"2024-08-17T13:08:11","modified_gmt":"2024-08-17T11:08:11","slug":"bula-de-canonizacion-de-san-vicente-de-paul-i","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/bula-de-canonizacion-de-san-vicente-de-paul-i\/","title":{"rendered":"BULA DE CANONIZACION DE SAN VICENTE DE PA\u00daL (I)"},"content":{"rendered":"<p>BULA DE CANONIZACION DE SAN VICENTE DE PA\u00daL EXPEDIDA POR LA SANTIDAD DEL PAPA CLEMENTE XII EN 16 DE JUNIO DE 1737<\/p>\n<p>CLEMENTE, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, PARA PERPETUA MEMORIA.<\/p>\n<p>La celestial Jerusal\u00e9n y Ciudad bienaventurada de Dios vivo, en que el Soberano Padre de familias da por igual a todos los que trabajaron en su vi\u00f1a el mismo denario de la vida eterna, tiene diversos lugares y moradas, que con\u00adseguir\u00e1 cada cual seg\u00fan sus m\u00e9ritos. As\u00ed, pues, como de\u00adsazonase grandemente a los Ap\u00f3stoles que Cristo hubiese de morir, y, adem\u00e1s de esto, por haber o\u00eddo que Pedro, el m\u00e1s esforzado y animoso de todos y que fuera constituido su jefe y cabeza, hab\u00eda de negar tres veces al Se\u00f1or al can\u00adtar del gallo, anduviesen temerosos de su propia flaqueza y con recelos de venir en posesi\u00f3n de la futura recompen\u00adsa, los consol\u00f3 Cristo, diciendo: <em>En la casa de mi Padre hay muchas mansiones. <\/em>Por las cuales palabras les dio a entender que ninguno de ellos, aunque tan desemejantes, ya en la fortaleza, ya en la constancia, ya en la justicia, se ver\u00eda excluido de aquella feliz morada, en la que hay muchas mansiones, es a saber: diversos grados de mereci\u00admiento en una sola vida eterna. Porque, ciertamente, una es la claridad del sol, otra la claridad de la luna, y otra la claridad de las estrellas, y una estrella se diferencia de otra en la claridad. Adem\u00e1s, en el Evangelio se hace menci\u00f3n de fecundidades diversas; porque hay un grano que rinde fruto de ciento, otro de sesenta, y otro de treinta: en donde el fruto de ciento se se\u00f1ala a los m\u00e1rtires, el de sesenta a las v\u00edrgenes y el de treinta a los otros. Muchas son, pues, las moradas en la casa de Dios; diversa la claridad de las es\u00adtrellas; y no uno, sino variado el fruto. As\u00ed, tambi\u00e9n, no es \u00fanica la corona que en tiempo de persecuci\u00f3n se recibe; tiene, asimismo, la paz sus coronas, con que ornan sus sie\u00adnes los que, derribando y haciendo cautivo al enemigo, salen vencedores en mil linajes de peleas. Porque palma de la continencia es tener a raya los apetitos desordenados de la carne; corona de la paciencia reprimir la ira y sopor\u00adtar con \u00e1nimo las injurias; menospreciar las riquezas no es sino triunfar de la avaricia, as\u00ed como es lauro de la fe so\u00adbrellevar las adversidades de la vida, estribando en la es\u00adperanza de los bienes futuros. Y el que no se levanta con las cosas pr\u00f3speras, por su humildad merece gloria; y el que est\u00e1 pronto para obrar misericordiosamente con los pobres, alcanza la recompensa del celestial tesoro; y el que no sabe lo que es envidia, antes con pac\u00edfico y manso co\u00adraz\u00f3n ama a sus hermanos, recibe en retorno el premio de la caridad y de la paz. En este estadio de las cristianas virtudes, el bienaventurado siervo de Dios, Vicente de Pa\u00fal lleg\u00f3 a conseguir estas palmas y coronas de santidad; y no s\u00f3lo \u00e9l, sino tambi\u00e9n muchos otros, a quienes indujo con su ayuda y ejemplo. Porque como esforzado soldado de Dios, despoj\u00e1ndose de cuanto pudiera estorbarle y arro\u00adjando lejos de s\u00ed el pecado, arremeti\u00f3 a pelear, no sin so\u00adbrepujar a los otros en virtud y esfuerzo, la batalla que le era presentada; y combati\u00f3 fidel\u00edsima y denodadamente hasta una muy avanzada ancianidad contra los pr\u00edncipes, potestades y gobernadores de este mundo de tinieblas, mereciendo en retorno ser coronado de gloria de manos del Se\u00f1or en la tierra de las eternas recompensas. Mas no contento Dios, que es el solo obrador de grandes maravi\u00adllas, con haberle dado all\u00e1 en el Cielo el premio de la eter\u00adna dicha, quiso tambi\u00e9n hacerle aqu\u00ed en la tierra ilustre con milagros y portentos, se\u00f1aladamente en aquel tiempo en que los novadores beb\u00edan los vientos por propalar en Francia, con falsos y fingidos milagros, sus errores, y tra\u00adtaban de perturbar la paz de la Iglesia Cat\u00f3lica y de apar\u00adtar de la unidad de la Sede Romana a los sencillos.<\/p>\n<p>Por tanto, para conformarnos con la divina voluntad, excitar a los fieles a correr por los caminos de salud, re\u00adprimir la maldad de los perversos y confundir la audacia de los herejes, venimos en decretar, hoy en este d\u00eda, en virtud de nuestra apost\u00f3lica autoridad, que el siervo de Dios Vicente sea reverenciado y venerado con el culto y honores propios de los santos por todo el pueblo fiel, cuyo r\u00e9gimen ha sido puesto en nuestras manos, no obs\u00adtante nuestra indignidad, por soberana dignaci\u00f3n de la Di\u00advina Providencia. Al\u00e9grese, pues, y regoc\u00edjese la Iglesia, porque le ha dado Dios un nuevo abogado que ofrezca, por los pecados del pueblo, sus ruegos al Se\u00f1or. Al\u00e1banle todos los fieles, ven\u00e9renle y ad\u00f3renle en aquellas maneras con que Dios es honrado en sus santos. Celebremos, por tanto, con salmos, himnos y espirituales c\u00e1nticos, con la compunci\u00f3n del coraz\u00f3n y misericordia para con los po\u00adbres, el espiritual triunfo del siervo de Dios, y la victoria esclarecida que alcanz\u00f3 del mundo y del demonio. Lev\u00e1n\u00adtense templos en su honor a Dios inmortal; mas nosotros, que somos templos vivos de Dios, temamos afearnos y profanarnos con la mancha de humana corrupci\u00f3n, y pro\u00adcuremos que nada inmundo ni profano tenga cabida en el templo de Dios, esto es, en nuestras almas, no sea que, irri\u00adtado el Se\u00f1or, abandone el lugar de su morada. Ofr\u00e9zcanse dones y presentes sobre los altares del siervo de Dios, para honrar su memoria; mas sobre todo y muy principalmente cuidemos de ofrecer a Dios nuestros cuerpos en hostia viva, santa, agradable en sus ojos, que es el culto racional que le debemos. Por \u00faltimo, sean tenidas en reverencia, vene\u00adraci\u00f3n y culto, las santas estatuas y sagradas im\u00e1genes de Vicente; pero nosotros pongamos se\u00f1aladamente particular estudio y diligencia en reproducir en nosotros mismos per\u00adfecta copia de sus virtudes, y en sacar, ayudados de la di\u00advina gracia y en cuanto la flaqueza de cada uno lo sufra, un fiel trasunto de su santa vida,<\/p>\n<p>En la humilde aldea de la di\u00f3cesis de Acqs, llamada Ranquines (Pouy), naci\u00f3 a la luz del mundo, de padres pobr\u00edsimos, pero piadosos, Vicente de Pa\u00fal, que en su ni\u00ad\u00f1ez, cual otro Abel inocente, fue pastor de ovejas, y cuya persona y dones mir\u00f3 Dios con ojos de amor y compla\u00adcencia. Porque viviendo vida inocente y pura, con sus pri\u00advaciones y ayunos ofrec\u00eda a Dios un muy agradable sacri\u00adficio de piedad; puesto que, al volver del molino, distribu\u00eda a los pobres harina y el pan que sus padres le daban para sustentarse parcamente, cediendo a la virtud lo que cercenaba de su propio alimento, a fin de que sus ayunos y abs\u00adtinencias se tornasen en refecci\u00f3n y hartura de los pobres. Ni la pobreza del piadoso mozuelo era parte a empecer su ardiente caridad; y puesto caso que fuese poco lo que po\u00add\u00eda sacar de sus haberes, todav\u00eda con la grandeza y gene\u00adrosidad de su alma sobrepujaba la penuria y escasez de di\u00adneros. As\u00ed fue que en cierta ocasi\u00f3n, a ejemplo de aquella pobrezuela viuda, que mereci\u00f3 ser loada del Se\u00f1or, porque no de lo que le sobraba, sino de su pobreza dio todo cuanto ten\u00eda, es a saber, lo necesario a su propio sustento, puso \u00e9l en manos de un pobre, que le sali\u00f3 al encuentro, sin reser\u00advarse nada, un medio escudo, que de su trabajo y a poder de cotidianos ahorros \u00e9 ingeniosa templanza hab\u00eda allegado poco a poco.<\/p>\n<p>Retirado por su padre de la vida campestre y pastoril que hac\u00eda, fue enviado a Acqs para vacar a los estudios bajo la direcci\u00f3n de los Religiosos Franciscos; lo cual hizo con mucho empe\u00f1o y diligencia, port\u00e1ndose con tanta pu\u00adreza de costumbres y piedad para con Dios, que fue a la par el modelo de sus iguales. y la admiraci\u00f3n de sus ma\u00adyores. Por donde despu\u00e9s de instruirse diligentemente en los estudios teol\u00f3gicos, primero en Tolosa, y en Zaragoza luego, subi\u00f3 por cada una de las Sagradas \u00d3rdenes, como por sus grados, a la sublime dignidad del Sacerdocio, casto, humilde, modesto, cual conviene que sean los llamados a tener a Dios por herencia.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s de haber sido elevado \u00e1. la digni\u00addad sacerdotal, como creciese la fama de su virtud y letras, fue nombrado, cuando se hallaba ausente y no ten\u00eda noti\u00adcia de lo que se trataba, para un muy ping\u00fce beneficio; mas como entendiese que no pod\u00eda llegar a poseerlo sin disputarlo antes en juicio, hizo renuncia de \u00e9l de buena gana y libremente; porque, queriendo m\u00e1s sufrir la injuria y soportar el detrimento que de esta cesi\u00f3n le proven\u00eda, que no entrar en litigio con su hermano, prefiri\u00f3 carecer de esta copiosa renta que no pod\u00eda alcanzar sino pleitean\u00addo, cosa de la que, corno \u00e9l dec\u00eda, deb\u00eda huir todo ecle\u00adsi\u00e1stico.<\/p>\n<p>Entre tanto, para acudir, sin ser gravoso a nadie; a su sustento y al de su pobre madre con el fruto de honesto trabajo y laudable laboriosidad, ense\u00f1\u00f3 Humanidades pri\u00admero en Buzet, pueblo importante de la di\u00f3cesis de Tolosa, y despu\u00e9s en la ciudad misma. Y porque su principal cuidado y singular solicitud, era no s\u00f3lo ilustrar los tiernos entendimientos de los j\u00f3venes con un conocimiento est\u00e9ril o fr\u00eda noticia de las cosas divinas (?), sino muy principal y se\u00f1aladamente estimular sus almas a abrazar la celestial sa\u00adbidur\u00eda, \u00e9 informar sus costumbres conforme a lo que pide la sublime alteza y santidad de la cristiana perfecci\u00f3n, distinguidos se\u00f1ores confiaban sus hijos empe\u00f1adamente al cuidado del siervo de Dios, para que, bajo la evang\u00e9lica direcci\u00f3n y en la escalera de piedad de var\u00f3n tan se\u00f1alado, se adelanta en la escala del Se\u00f1or y en la alt\u00edsima ciencia de los Santos.<\/p>\n<p>Habiendo ido a Marsella a recibir cierta cantidad de di\u00adnero que se le deb\u00eda de un legado hereditario, como des\u00adpu\u00e9s para tornarse a Tolosa navegase con Tiento favorable de Marsella a Narbona, dio en manos de los turcos, quienes, despu\u00e9s de dar muerte al patr\u00f3n de la nave y a algunos otros, se llevaron cautivo al \u00c1frica a Vicente, herido de una flecha, despojado de sus vestidos <strong>y <\/strong>cargado de cade\u00adnas. Muchos y recios trabajos tuvo que padecer de la cruel\u00addad extrema de los turcos por no dar de mano a la ley de su Dios y Se\u00f1or, entendiendo que no son dignas las pasio\u00adnes de este tiempo para la gloria advenidera, que ser\u00e1 re\u00advelada en nosotros.<\/p>\n<p>Cuentan que, como en cierta ocasi\u00f3n viese a uno de sus consiervos reciamente fatigado por la incomportable pesa\u00addumbre de sus cadenas, no teniendo medio de aliviar las miserias de aquel infeliz, se puso el siervo de Dios a s\u00ed mismo los grillos y cadenas de su infortunado compa\u00f1ero, para socorrer la ajena necesidad a costa de su cuerpo. Destinado a las duras faenas del campo por el \u00faltimo y nada compa\u00adsivo de sus amos, pues tuvo tres en todo el tiempo de su cautiverio, sol\u00eda <em>ser <\/em>visitado con mucha frecuencia por una de las concubinas de su se\u00f1or, nacida en el mahometismo, pero deseos\u00edsima de conocer las pr\u00e1cticas y creencias de la Religi\u00f3n Cristiana. Cierto d\u00eda, despu\u00e9s de hacerle muchas preguntas acerca de Dios y de la Religi\u00f3n de Cristo, mand\u00f3le entonar algo de los c\u00e1nticos de Si\u00f3n. Cant\u00f3 entonces el siervo de Dios el salmo: <em>Super flumina Babylonis illic sedimus et flevimus, <\/em>y otros piadosos c\u00e1nticos. Y mientras resonaba en las incircuncisas orejas de la mahometana, por boca de Vicente, el sagrado c\u00e1ntico del Se\u00f1or, obr\u00f3 Dios en el coraz\u00f3n de aquella profana mujer de arte tal, que per\u00adcibiese un poquito de suavidad de la celestial dulcedumbre. Restituida a casa, fue luego a ver a su marido, que, por se\u00adguir los desvar\u00edos de Mahoma, hab\u00eda apostatado de la fe cristiana \u00a0y le ech\u00f3 en cara el haber dado de mano a su religi\u00f3n, la cual juzgaba ella blasfemia, ya por lo que hab\u00eda o\u00eddo a su esclavo, ya tambi\u00e9n por el desacostumbrado pla\u00adcer que hab\u00eda experimentado oy\u00e9ndole cantar las divinas alabanzas, tal cual no esperaba gozar en el para\u00edso de sus padres. Conmovido con las palabras de la mujer, tom\u00f3 los ojos a ver su horrible estado aqu\u00e9l imp\u00edo; reprob\u00f3lo y de\u00adtermin\u00f3 de salir de \u00e9l ayudado de su santo esclavo Vicente, con quien, despu\u00e9s de poner en regla sus negocios, huy\u00f3 de manos de los turcos en un esquife o barquichuelo, diri\u00adgi\u00e9ndose a Francia, donde Vicente le present\u00f3 al Vicelegado de la Santa Sede en Avi\u00f1\u00f3n, quien, despu\u00e9s de guar\u00addar las sagradas ceremonias y de imponerle penitencia, le reconcili\u00f3 con la Iglesia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto pas\u00f3 el Siervo de Dios a Roma para venerar las sagradas reliquias de los m\u00e1rtires con cuya san\u00adgre, purificada la Ciudad que hab\u00eda sido asiento de la superstici\u00f3n, vino a ser madre y maestra de la Religi\u00f3n, y para postrarse ante los sepulcros de los Ap\u00f3stoles, y rendir homenaje de veneraci\u00f3n a la C\u00e1tedra de Pedro, cuya dig\u00adnidad nunca se amengua ni sufre menoscabo, puesto caso que sea indigno el que le sucede.<\/p>\n<p>Vuelto a Francia, por consejo del piados\u00edsimo var\u00f3n Pe\u00addro Berulle, fundador de la Congregaci\u00f3n del Oratorio de Jes\u00fas y despu\u00e9s Cardenal de la S. I. R., tom\u00f3 a su cargo, primero en la Di\u00f3cesis de Par\u00eds y luego en la de Ly\u00f3n, la administraci\u00f3n de una parroquia, donde, constituy\u00e9ndose de veras en modelo de su grey, condujo por los caminos del Se\u00f1or las ovejas que le hab\u00edan sido encomendadas, y las nutri\u00f3 con el pasto de la palabra y el ejemplo. Y por\u00adque la mies es ciertamente mucha, mas los obreros pocos, recibi\u00f3 en su casa, para sustentarlos y educarlos, a varios cl\u00e9rigos j\u00f3venes, haciendo con los cuales vida com\u00fan impon\u00edalos en la ley del Se\u00f1or, a fin de que, llegados a ma\u00adyor edad, pudiesen con la divina palabra y doctrina de sa\u00adlud edificar la Iglesia de Dios.<\/p>\n<p>La fama de la piedad de Vicente y el buen olor de su santa vida llegaron a San Francisco de Sales, quien le puso al frente de las religiosas llamadas de la Visitaci\u00f3n, cuyo monasterio hab\u00eda sido erigido poco hac\u00eda en Par\u00eds. En el dif\u00edcil cargo que se le hab\u00eda confiado, vigilante guardi\u00e1n de siervas de Dios y prudente director de almas, puso de ma\u00adnifiesto y comprob\u00f3 con los hechos cu\u00e1n verdadero y acer\u00adtado era el juicio del muy santo Obispo, que abiertamente afirmaba no conocer sacerdote m\u00e1s digno que Vicente. As\u00ed fue que, por espacio de cuarenta a\u00f1os, con prudencia, cui\u00addado y solicitud singulares, mir\u00f3 el bienaventurado siervo de Dios por el bien de aquellas santas v\u00edrgenes, conduci\u00e9n\u00addolas por la senda de salud, para que las que, dando de mano a las concupiscencias de la carne, se hab\u00edan ya con\u00adsagrado a Dios en cuerpo y en esp\u00edritu, llevasen su obra a la cima de la perfecci\u00f3n y mediante la observancia de los divinos preceptos lograsen las recompensas que el Se\u00f1or tiene prometidas.<\/p>\n<p>Mas la encendida caridad de Vicente no quedaba ence\u00adrrada en el claustro de las religiosas; antes, persuadido \u00edntimamente que no hay negocio tan alto y excelente como entender en la cura y sanaci\u00f3n de las almas, para armar espiritual batalla contra los ardores de la carne y corrup\u00adci\u00f3n del mundo, contra la soberbia y malicia de este siglo, contra las calamidades y miserias de los hijos de Ad\u00e1n, contra la ignorancia de los p\u00e1rvulos, y, para decirlo de una vez, contra los malignos esp\u00edritus, levant\u00f3 un ej\u00e9rcito de esforzados varones que peleasen las batallas del Se\u00f1or. A cuyo fin fund\u00f3 el a\u00f1o de 1625 la Congregaci\u00f3n de Sacerdo\u00adtes seculares de la Misi\u00f3n, quienes, menospreciando y abriendo mano a los placeres \u00f3 halagos de este mundo y reunidos para vivir en comunidad, sin poseer nada propio, una muy santa \u00e9 inmaculada vida, pasaran sus d\u00edas dados a la oraci\u00f3n, a la lecci\u00f3n espiritual, a las piadosas exhorta\u00adciones y dem\u00e1s ejercicios de este g\u00e9nero, para instruir de este modo a los cl\u00e9rigos seculares en la ciencia del Se\u00f1or, en las ceremonias eclesi\u00e1sticas y en las funciones propias de su sagrado ministerio, y estimular a los laicos, por me\u00addio de la meditaci\u00f3n de los divinos preceptos y de las co\u00adsas celestiales, acorrer como deben por los caminos de salud; los cuales Sacerdotes se obligar\u00e1n a Dios, con voto perpe\u00adtuo, para ejercer la apost\u00f3lica tarea de las santas misiones, se\u00f1aladamente en las aldeas, en los caser\u00edos y dem\u00e1s luga\u00adres del campo, donde rara vez brilla la luz de la evang\u00e9lica verdad a los que est\u00e1n de asiento en tinieblas y en sombra de muerte; y ofrecer\u00e1n al Dador de todo bien, sin hin\u00adcharse con ning\u00fan linaje de soberbia, ni dejarse llevar de pertinacias turbulentas, ni de envidias, antes por el contra\u00adrio, modestos, respetuosos, mansos, el don preciad\u00edsimo de una vida toda paz y concordia y de un celo ardoroso por la gloria de Dios y salud eterna de los pr\u00f3jimos.<\/p>\n<p>Mas la cristiana caridad para con el pr\u00f3jimo, que nace como de su fuente de la caridad para con Dios, y mediante la cual, por modo admirable, se llega como por sus gra\u00addos a la perfecci\u00f3n del amor divino, no s\u00f3lo mira por el bien espiritual de las almas, sino que atiende adem\u00e1s a las necesidades del cuerpo. Por tanto, encendido el siervo de Dios en el fuego de consumada caridad, no se daba manos a acudir al remedio y servicio, as\u00ed de las almas como de los cuerpos, procurando con todas sus fuerzas la salud espiri\u00adtual y corporal de sus pr\u00f3jimos, mas de tal arte, que el cuidado de los cuerpos se enderezase al bien o provecho de las almas, con el cual ha de tenerse cuenta ante todo. Por lo que compadeci\u00e9ndose, con entra\u00f1as de misericordia verdadera, de las calamidades y angustias de los desgra\u00adciados, se\u00f1aladamente de los enfermos, de los cargados de a\u00f1os, de los ni\u00f1os y de las doncellas, los cuales todos im\u00adpotentes por su flaqueza y falta de fuerza para valerse a s\u00ed mismos, y destituidos de ordinario del arrimo que han me\u00adnester, s\u00e9 ven oprimidos del peso de sus miserias, instituy\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda llamada de las Hijas de la Caridad, quienes gastan su vida en cuidar y servir, d\u00eda y noche, con singu\u00adlar solicitud, a los ni\u00f1os, a los necesitados y a todo linaje de enfermos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, no s\u00f3lo en cada una de las parroquias de las ciudades, sino tambi\u00e9n en las de las aldeas y villas fund\u00f3 juntas de Se\u00f1oras que, con sol\u00edcito cuidado y diligente em\u00adpe\u00f1o, aliviasen la estrechez y angustias de los desvalidos, procurasen remedios, as\u00ed corporales como espirituales, a los enfermos, diesen favor y ayuda a los necesitados, dinero a los pobres, vestido a los desnudos, consuelo, en fin, a los afligidos. Trabaj\u00f3 asimismo por erigir en los lugares donde no hab\u00eda, fomentar en los que hab\u00eda y difundir por do\u00adquiera las piadosas Congregaciones de las Hijas de la Cruz, de la Providencia y de Santa Genoveva, cuyo principal ins\u00adtituto es educar \u00e9 instruir en las labores propias de su estado y en las buenas costumbres a las ni\u00f1as pobres, de modo que al llegar a mayor edad no se hallen ignorantes de la Ley del Se\u00f1or ni de los divinos misterios, ni ociosas aprendan a discurrir de casa en casa, y hablando lo que no conviene se vayan tras Satan\u00e1s, o no sabiendo trabajar con sus manos y apret\u00e1ndolas las necesidades dom\u00e9sticas, se vean empujadas, en fuerza de su pobreza y miseria, a los vi\u00adcios y pecados.<\/p>\n<p>BULA DE CANONIZACION DE SAN VICENTE DE PA\u00daL EXPEDIDA POR LA SANTIDAD DEL PAPA CLEMENTE XII EN 16 DE JUNIO DE 1737<\/p>\n<p>CLEMENTE, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, PARA PERPETUA MEMORIA.<\/p>\n<p>La celestial Jerusal\u00e9n y Ciudad bienaventurada de Dios vivo, en que el Soberano Padre de familias da por igual a todos los que trabajaron en su vi\u00f1a el mismo denario de la vida eterna, tiene diversos lugares y moradas, que con\u00adseguir\u00e1 cada cual seg\u00fan sus m\u00e9ritos. As\u00ed, pues, como de\u00adsazonase grandemente a los Ap\u00f3stoles que Cristo hubiese de morir, y, adem\u00e1s de esto, por haber o\u00eddo que Pedro, el m\u00e1s esforzado y animoso de todos y que fuera constituido su jefe y cabeza, hab\u00eda de negar tres veces al Se\u00f1or al can\u00adtar del gallo, anduviesen temerosos de su propia flaqueza y con recelos de venir en posesi\u00f3n de la futura recompen\u00adsa, los consol\u00f3 Cristo, diciendo: <em>En la casa de mi Padre hay muchas mansiones. <\/em>Por las cuales palabras les dio a entender que ninguno de ellos, aunque tan desemejantes, ya en la fortaleza, ya en la constancia, ya en la justicia, se ver\u00eda excluido de aquella feliz morada, en la que hay muchas mansiones, es a saber: diversos grados de mereci\u00admiento en una sola vida eterna. Porque, ciertamente, una es la claridad del sol, otra la claridad de la luna, y otra la claridad de las estrellas, y una estrella se diferencia de otra en la claridad. Adem\u00e1s, en el Evangelio se hace menci\u00f3n de fecundidades diversas; porque hay un grano que rinde fruto de ciento, otro de sesenta, y otro de treinta: en donde el fruto de ciento se se\u00f1ala a los m\u00e1rtires, el de sesenta a las v\u00edrgenes y el de treinta a los otros. Muchas son, pues, las moradas en la casa de Dios; diversa la claridad de las es\u00adtrellas; y no uno, sino variado el fruto. As\u00ed, tambi\u00e9n, no es \u00fanica la corona que en tiempo de persecuci\u00f3n se recibe; tiene, asimismo, la paz sus coronas, con que ornan sus sie\u00adnes los que, derribando y haciendo cautivo al enemigo, salen vencedores en mil linajes de peleas. Porque palma de la continencia es tener a raya los apetitos desordenados de la carne; corona de la paciencia reprimir la ira y sopor\u00adtar con \u00e1nimo las injurias; menospreciar las riquezas no es sino triunfar de la avaricia, as\u00ed como es lauro de la fe so\u00adbrellevar las adversidades de la vida, estribando en la es\u00adperanza de los bienes futuros. Y el que no se levanta con las cosas pr\u00f3speras, por su humildad merece gloria; y el que est\u00e1 pronto para obrar misericordiosamente con los pobres, alcanza la recompensa del celestial tesoro; y el que no sabe lo que es envidia, antes con pac\u00edfico y manso co\u00adraz\u00f3n ama a sus hermanos, recibe en retorno el premio de la caridad y de la paz. En este estadio de las cristianas virtudes, el bienaventurado siervo de Dios, Vicente de Pa\u00fal lleg\u00f3 a conseguir estas palmas y coronas de santidad; y no s\u00f3lo \u00e9l, sino tambi\u00e9n muchos otros, a quienes indujo con su ayuda y ejemplo. Porque como esforzado soldado de Dios, despoj\u00e1ndose de cuanto pudiera estorbarle y arro\u00adjando lejos de s\u00ed el pecado, arremeti\u00f3 a pelear, no sin so\u00adbrepujar a los otros en virtud y esfuerzo, la batalla que le era presentada; y combati\u00f3 fidel\u00edsima y denodadamente hasta una muy avanzada ancianidad contra los pr\u00edncipes, potestades y gobernadores de este mundo de tinieblas, mereciendo en retorno ser coronado de gloria de manos del Se\u00f1or en la tierra de las eternas recompensas. Mas no contento Dios, que es el solo obrador de grandes maravi\u00adllas, con haberle dado all\u00e1 en el Cielo el premio de la eter\u00adna dicha, quiso tambi\u00e9n hacerle aqu\u00ed en la tierra ilustre con milagros y portentos, se\u00f1aladamente en aquel tiempo en que los novadores beb\u00edan los vientos por propalar en Francia, con falsos y fingidos milagros, sus errores, y tra\u00adtaban de perturbar la paz de la Iglesia Cat\u00f3lica y de apar\u00adtar de la unidad de la Sede Romana a los sencillos.<\/p>\n<p>Por tanto, para conformarnos con la divina voluntad, excitar a los fieles a correr por los caminos de salud, re\u00adprimir la maldad de los perversos y confundir la audacia de los herejes, venimos en decretar, hoy en este d\u00eda, en virtud de nuestra apost\u00f3lica autoridad, que el siervo de Dios Vicente sea reverenciado y venerado con el culto y honores propios de los santos por todo el pueblo fiel, cuyo r\u00e9gimen ha sido puesto en nuestras manos, no obs\u00adtante nuestra indignidad, por soberana dignaci\u00f3n de la Di\u00advina Providencia. Al\u00e9grese, pues, y regoc\u00edjese la Iglesia, porque le ha dado Dios un nuevo abogado que ofrezca, por los pecados del pueblo, sus ruegos al Se\u00f1or. Al\u00e1banle todos los fieles, ven\u00e9renle y ad\u00f3renle en aquellas maneras con que Dios es honrado en sus santos. Celebremos, por tanto, con salmos, himnos y espirituales c\u00e1nticos, con la compunci\u00f3n del coraz\u00f3n y misericordia para con los po\u00adbres, el espiritual triunfo del siervo de Dios, y la victoria esclarecida que alcanz\u00f3 del mundo y del demonio. Lev\u00e1n\u00adtense templos en su honor a Dios inmortal; mas nosotros, que somos templos vivos de Dios, temamos afearnos y profanarnos con la mancha de humana corrupci\u00f3n, y pro\u00adcuremos que nada inmundo ni profano tenga cabida en el templo de Dios, esto es, en nuestras almas, no sea que, irri\u00adtado el Se\u00f1or, abandone el lugar de su morada. Ofr\u00e9zcanse dones y presentes sobre los altares del siervo de Dios, para honrar su memoria; mas sobre todo y muy principalmente cuidemos de ofrecer a Dios nuestros cuerpos en hostia viva, santa, agradable en sus ojos, que es el culto racional que le debemos. Por \u00faltimo, sean tenidas en reverencia, vene\u00adraci\u00f3n y culto, las santas estatuas y sagradas im\u00e1genes de Vicente; pero nosotros pongamos se\u00f1aladamente particular estudio y diligencia en reproducir en nosotros mismos per\u00adfecta copia de sus virtudes, y en sacar, ayudados de la di\u00advina gracia y en cuanto la flaqueza de cada uno lo sufra, un fiel trasunto de su santa vida,<\/p>\n<p>En la humilde aldea de la di\u00f3cesis de Acqs, llamada Ranquines (Pouy), naci\u00f3 a la luz del mundo, de padres pobr\u00edsimos, pero piadosos, Vicente de Pa\u00fal, que en su ni\u00ad\u00f1ez, cual otro Abel inocente, fue pastor de ovejas, y cuya persona y dones mir\u00f3 Dios con ojos de amor y compla\u00adcencia. Porque viviendo vida inocente y pura, con sus pri\u00advaciones y ayunos ofrec\u00eda a Dios un muy agradable sacri\u00adficio de piedad; puesto que, al volver del molino, distribu\u00eda a los pobres harina y el pan que sus padres le daban para sustentarse parcamente, cediendo a la virtud lo que cercenaba de su propio alimento, a fin de que sus ayunos y abs\u00adtinencias se tornasen en refecci\u00f3n y hartura de los pobres. Ni la pobreza del piadoso mozuelo era parte a empecer su ardiente caridad; y puesto caso que fuese poco lo que po\u00add\u00eda sacar de sus haberes, todav\u00eda con la grandeza y gene\u00adrosidad de su alma sobrepujaba la penuria y escasez de di\u00adneros. As\u00ed fue que en cierta ocasi\u00f3n, a ejemplo de aquella pobrezuela viuda, que mereci\u00f3 ser loada del Se\u00f1or, porque no de lo que le sobraba, sino de su pobreza dio todo cuanto ten\u00eda, es a saber, lo necesario a su propio sustento, puso \u00e9l en manos de un pobre, que le sali\u00f3 al encuentro, sin reser\u00advarse nada, un medio escudo, que de su trabajo y a poder de cotidianos ahorros \u00e9 ingeniosa templanza hab\u00eda allegado poco a poco.<\/p>\n<p>Retirado por su padre de la vida campestre y pastoril que hac\u00eda, fue enviado a Acqs para vacar a los estudios bajo la direcci\u00f3n de los Religiosos Franciscos; lo cual hizo con mucho empe\u00f1o y diligencia, port\u00e1ndose con tanta pu\u00adreza de costumbres y piedad para con Dios, que fue a la par el modelo de sus iguales. y la admiraci\u00f3n de sus ma\u00adyores. Por donde despu\u00e9s de instruirse diligentemente en los estudios teol\u00f3gicos, primero en Tolosa, y en Zaragoza luego, subi\u00f3 por cada una de las Sagradas \u00d3rdenes, como por sus grados, a la sublime dignidad del Sacerdocio, casto, humilde, modesto, cual conviene que sean los llamados a tener a Dios por herencia.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s de haber sido elevado \u00e1. la digni\u00addad sacerdotal, como creciese la fama de su virtud y letras, fue nombrado, cuando se hallaba ausente y no ten\u00eda noti\u00adcia de lo que se trataba, para un muy ping\u00fce beneficio; mas como entendiese que no pod\u00eda llegar a poseerlo sin disputarlo antes en juicio, hizo renuncia de \u00e9l de buena gana y libremente; porque, queriendo m\u00e1s sufrir la injuria y soportar el detrimento que de esta cesi\u00f3n le proven\u00eda, que no entrar en litigio con su hermano, prefiri\u00f3 carecer de esta copiosa renta que no pod\u00eda alcanzar sino pleitean\u00addo, cosa de la que, corno \u00e9l dec\u00eda, deb\u00eda huir todo ecle\u00adsi\u00e1stico.<\/p>\n<p>Entre tanto, para acudir, sin ser gravoso a nadie; a su sustento y al de su pobre madre con el fruto de honesto trabajo y laudable laboriosidad, ense\u00f1\u00f3 Humanidades pri\u00admero en Buzet, pueblo importante de la di\u00f3cesis de Tolosa, y despu\u00e9s en la ciudad misma. Y porque su principal cuidado y singular solicitud, era no s\u00f3lo ilustrar los tiernos entendimientos de los j\u00f3venes con un conocimiento est\u00e9ril o fr\u00eda noticia de las cosas divinas (?), sino muy principal y se\u00f1aladamente estimular sus almas a abrazar la celestial sa\u00adbidur\u00eda, \u00e9 informar sus costumbres conforme a lo que pide la sublime alteza y santidad de la cristiana perfecci\u00f3n, distinguidos se\u00f1ores confiaban sus hijos empe\u00f1adamente al cuidado del siervo de Dios, para que, bajo la evang\u00e9lica direcci\u00f3n y en la escalera de piedad de var\u00f3n tan se\u00f1alado, se adelanta en la escala del Se\u00f1or y en la alt\u00edsima ciencia de los Santos.<\/p>\n<p>Habiendo ido a Marsella a recibir cierta cantidad de di\u00adnero que se le deb\u00eda de un legado hereditario, como des\u00adpu\u00e9s para tornarse a Tolosa navegase con Tiento favorable de Marsella a Narbona, dio en manos de los turcos, quienes, despu\u00e9s de dar muerte al patr\u00f3n de la nave y a algunos otros, se llevaron cautivo al \u00c1frica a Vicente, herido de una flecha, despojado de sus vestidos <strong>y <\/strong>cargado de cade\u00adnas. Muchos y recios trabajos tuvo que padecer de la cruel\u00addad extrema de los turcos por no dar de mano a la ley de su Dios y Se\u00f1or, entendiendo que no son dignas las pasio\u00adnes de este tiempo para la gloria advenidera, que ser\u00e1 re\u00advelada en nosotros.<\/p>\n<p>Cuentan que, como en cierta ocasi\u00f3n viese a uno de sus consiervos reciamente fatigado por la incomportable pesa\u00addumbre de sus cadenas, no teniendo medio de aliviar las miserias de aquel infeliz, se puso el siervo de Dios a s\u00ed mismo los grillos y cadenas de su infortunado compa\u00f1ero, para socorrer la ajena necesidad a costa de su cuerpo. Destinado a las duras faenas del campo por el \u00faltimo y nada compa\u00adsivo de sus amos, pues tuvo tres en todo el tiempo de su cautiverio, sol\u00eda <em>ser <\/em>visitado con mucha frecuencia por una de las concubinas de su se\u00f1or, nacida en el mahometismo, pero deseos\u00edsima de conocer las pr\u00e1cticas y creencias de la Religi\u00f3n Cristiana. Cierto d\u00eda, despu\u00e9s de hacerle muchas preguntas acerca de Dios y de la Religi\u00f3n de Cristo, mand\u00f3le entonar algo de los c\u00e1nticos de Si\u00f3n. Cant\u00f3 entonces el siervo de Dios el salmo: <em>Super flumina Babylonis illic sedimus et flevimus, <\/em>y otros piadosos c\u00e1nticos. Y mientras resonaba en las incircuncisas orejas de la mahometana, por boca de Vicente, el sagrado c\u00e1ntico del Se\u00f1or, obr\u00f3 Dios en el coraz\u00f3n de aquella profana mujer de arte tal, que per\u00adcibiese un poquito de suavidad de la celestial dulcedumbre. Restituida a casa, fue luego a ver a su marido, que, por se\u00adguir los desvar\u00edos de Mahoma, hab\u00eda apostatado de la fe cristiana \u00a0y le ech\u00f3 en cara el haber dado de mano a su religi\u00f3n, la cual juzgaba ella blasfemia, ya por lo que hab\u00eda o\u00eddo a su esclavo, ya tambi\u00e9n por el desacostumbrado pla\u00adcer que hab\u00eda experimentado oy\u00e9ndole cantar las divinas alabanzas, tal cual no esperaba gozar en el para\u00edso de sus padres. Conmovido con las palabras de la mujer, tom\u00f3 los ojos a ver su horrible estado aqu\u00e9l imp\u00edo; reprob\u00f3lo y de\u00adtermin\u00f3 de salir de \u00e9l ayudado de su santo esclavo Vicente, con quien, despu\u00e9s de poner en regla sus negocios, huy\u00f3 de manos de los turcos en un esquife o barquichuelo, diri\u00adgi\u00e9ndose a Francia, donde Vicente le present\u00f3 al Vicelegado de la Santa Sede en Avi\u00f1\u00f3n, quien, despu\u00e9s de guar\u00addar las sagradas ceremonias y de imponerle penitencia, le reconcili\u00f3 con la Iglesia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto pas\u00f3 el Siervo de Dios a Roma para venerar las sagradas reliquias de los m\u00e1rtires con cuya san\u00adgre, purificada la Ciudad que hab\u00eda sido asiento de la superstici\u00f3n, vino a ser madre y maestra de la Religi\u00f3n, y para postrarse ante los sepulcros de los Ap\u00f3stoles, y rendir homenaje de veneraci\u00f3n a la C\u00e1tedra de Pedro, cuya dig\u00adnidad nunca se amengua ni sufre menoscabo, puesto caso que sea indigno el que le sucede.<\/p>\n<p>Vuelto a Francia, por consejo del piados\u00edsimo var\u00f3n Pe\u00addro Berulle, fundador de la Congregaci\u00f3n del Oratorio de Jes\u00fas y despu\u00e9s Cardenal de la S. I. R., tom\u00f3 a su cargo, primero en la Di\u00f3cesis de Par\u00eds y luego en la de Ly\u00f3n, la administraci\u00f3n de una parroquia, donde, constituy\u00e9ndose de veras en modelo de su grey, condujo por los caminos del Se\u00f1or las ovejas que le hab\u00edan sido encomendadas, y las nutri\u00f3 con el pasto de la palabra y el ejemplo. Y por\u00adque la mies es ciertamente mucha, mas los obreros pocos, recibi\u00f3 en su casa, para sustentarlos y educarlos, a varios cl\u00e9rigos j\u00f3venes, haciendo con los cuales vida com\u00fan impon\u00edalos en la ley del Se\u00f1or, a fin de que, llegados a ma\u00adyor edad, pudiesen con la divina palabra y doctrina de sa\u00adlud edificar la Iglesia de Dios.<\/p>\n<p>La fama de la piedad de Vicente y el buen olor de su santa vida llegaron a San Francisco de Sales, quien le puso al frente de las religiosas llamadas de la Visitaci\u00f3n, cuyo monasterio hab\u00eda sido erigido poco hac\u00eda en Par\u00eds. En el dif\u00edcil cargo que se le hab\u00eda confiado, vigilante guardi\u00e1n de siervas de Dios y prudente director de almas, puso de ma\u00adnifiesto y comprob\u00f3 con los hechos cu\u00e1n verdadero y acer\u00adtado era el juicio del muy santo Obispo, que abiertamente afirmaba no conocer sacerdote m\u00e1s digno que Vicente. As\u00ed fue que, por espacio de cuarenta a\u00f1os, con prudencia, cui\u00addado y solicitud singulares, mir\u00f3 el bienaventurado siervo de Dios por el bien de aquellas santas v\u00edrgenes, conduci\u00e9n\u00addolas por la senda de salud, para que las que, dando de mano a las concupiscencias de la carne, se hab\u00edan ya con\u00adsagrado a Dios en cuerpo y en esp\u00edritu, llevasen su obra a la cima de la perfecci\u00f3n y mediante la observancia de los divinos preceptos lograsen las recompensas que el Se\u00f1or tiene prometidas.<\/p>\n<p>Mas la encendida caridad de Vicente no quedaba ence\u00adrrada en el claustro de las religiosas; antes, persuadido \u00edntimamente que no hay negocio tan alto y excelente como entender en la cura y sanaci\u00f3n de las almas, para armar espiritual batalla contra los ardores de la carne y corrup\u00adci\u00f3n del mundo, contra la soberbia y malicia de este siglo, contra las calamidades y miserias de los hijos de Ad\u00e1n, contra la ignorancia de los p\u00e1rvulos, y, para decirlo de una vez, contra los malignos esp\u00edritus, levant\u00f3 un ej\u00e9rcito de esforzados varones que peleasen las batallas del Se\u00f1or. A cuyo fin fund\u00f3 el a\u00f1o de 1625 la Congregaci\u00f3n de Sacerdo\u00adtes seculares de la Misi\u00f3n, quienes, menospreciando y abriendo mano a los placeres \u00f3 halagos de este mundo y reunidos para vivir en comunidad, sin poseer nada propio, una muy santa \u00e9 inmaculada vida, pasaran sus d\u00edas dados a la oraci\u00f3n, a la lecci\u00f3n espiritual, a las piadosas exhorta\u00adciones y dem\u00e1s ejercicios de este g\u00e9nero, para instruir de este modo a los cl\u00e9rigos seculares en la ciencia del Se\u00f1or, en las ceremonias eclesi\u00e1sticas y en las funciones propias de su sagrado ministerio, y estimular a los laicos, por me\u00addio de la meditaci\u00f3n de los divinos preceptos y de las co\u00adsas celestiales, acorrer como deben por los caminos de salud; los cuales Sacerdotes se obligar\u00e1n a Dios, con voto perpe\u00adtuo, para ejercer la apost\u00f3lica tarea de las santas misiones, se\u00f1aladamente en las aldeas, en los caser\u00edos y dem\u00e1s luga\u00adres del campo, donde rara vez brilla la luz de la evang\u00e9lica verdad a los que est\u00e1n de asiento en tinieblas y en sombra de muerte; y ofrecer\u00e1n al Dador de todo bien, sin hin\u00adcharse con ning\u00fan linaje de soberbia, ni dejarse llevar de pertinacias turbulentas, ni de envidias, antes por el contra\u00adrio, modestos, respetuosos, mansos, el don preciad\u00edsimo de una vida toda paz y concordia y de un celo ardoroso por la gloria de Dios y salud eterna de los pr\u00f3jimos.<\/p>\n<p>Mas la cristiana caridad para con el pr\u00f3jimo, que nace como de su fuente de la caridad para con Dios, y mediante la cual, por modo admirable, se llega como por sus gra\u00addos a la perfecci\u00f3n del amor divino, no s\u00f3lo mira por el bien espiritual de las almas, sino que atiende adem\u00e1s a las necesidades del cuerpo. Por tanto, encendido el siervo de Dios en el fuego de consumada caridad, no se daba manos a acudir al remedio y servicio, as\u00ed de las almas como de los cuerpos, procurando con todas sus fuerzas la salud espiri\u00adtual y corporal de sus pr\u00f3jimos, mas de tal arte, que el cuidado de los cuerpos se enderezase al bien o provecho de las almas, con el cual ha de tenerse cuenta ante todo. Por lo que compadeci\u00e9ndose, con entra\u00f1as de misericordia verdadera, de las calamidades y angustias de los desgra\u00adciados, se\u00f1aladamente de los enfermos, de los cargados de a\u00f1os, de los ni\u00f1os y de las doncellas, los cuales todos im\u00adpotentes por su flaqueza y falta de fuerza para valerse a s\u00ed mismos, y destituidos de ordinario del arrimo que han me\u00adnester, s\u00e9 ven oprimidos del peso de sus miserias, instituy\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda llamada de las Hijas de la Caridad, quienes gastan su vida en cuidar y servir, d\u00eda y noche, con singu\u00adlar solicitud, a los ni\u00f1os, a los necesitados y a todo linaje de enfermos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, no s\u00f3lo en cada una de las parroquias de las ciudades, sino tambi\u00e9n en las de las aldeas y villas fund\u00f3 juntas de Se\u00f1oras que, con sol\u00edcito cuidado y diligente em\u00adpe\u00f1o, aliviasen la estrechez y angustias de los desvalidos, procurasen remedios, as\u00ed corporales como espirituales, a los enfermos, diesen favor y ayuda a los necesitados, dinero a los pobres, vestido a los desnudos, consuelo, en fin, a los afligidos. Trabaj\u00f3 asimismo por erigir en los lugares donde no hab\u00eda, fomentar en los que hab\u00eda y difundir por do\u00adquiera las piadosas Congregaciones de las Hijas de la Cruz, de la Providencia y de Santa Genoveva, cuyo principal ins\u00adtituto es educar \u00e9 instruir en las labores propias de su estado y en las buenas costumbres a las ni\u00f1as pobres, de modo que al llegar a mayor edad no se hallen ignorantes de la Ley del Se\u00f1or ni de los divinos misterios, ni ociosas aprendan a discurrir de casa en casa, y hablando lo que no conviene se vayan tras Satan\u00e1s, o no sabiendo trabajar con sus manos y apret\u00e1ndolas las necesidades dom\u00e9sticas, se vean empujadas, en fuerza de su pobreza y miseria, a los vi\u00adcios y pecados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BULA DE CANONIZACION DE SAN VICENTE DE PA\u00daL EXPEDIDA POR LA SANTIDAD DEL PAPA CLEMENTE XII EN 16 DE JUNIO DE 1737 CLEMENTE, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, PARA PERPETUA MEMORIA. 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Pero hay naciones que durante su vida mantuvieron con \u00e9l \u00edntimos y fecundos contactos. Tal en primer lugar Francia, en\u2026","rel":"","context":"En \u00abVicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"Vicente de Pa\u00fal","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"SANV","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/04\/SANV.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":119558,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-y-su-entronque-hispanico-vii\/","url_meta":{"origin":405586,"position":5},"title":"San Vicente de Pa\u00fal y su entronque hisp\u00e1nico (VII)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"21\/08\/2022","format":false,"excerpt":"Art\u00edculo II: Emparentamiento teol\u00f3gico y asc\u00e9tico. 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