{"id":405279,"date":"2024-07-26T08:30:03","date_gmt":"2024-07-26T06:30:03","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405279"},"modified":"2023-08-18T21:31:06","modified_gmt":"2023-08-18T19:31:06","slug":"el-signo-de-estos-tiempos-viii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-signo-de-estos-tiempos-viii\/","title":{"rendered":"El signo de estos tiempos (VIII)"},"content":{"rendered":"<p>Sobre el m\u00e9todo: ver, juzgar, actuar<\/p>\n<p><em>La actividad liberadora \u2014tambi\u00e9n la simple actividad ben\u00e9fico-caritativa\u2014 no puede limitarse a ser un reflejo condicionado por la compasi\u00f3n. Debe a\u00f1adir a ella un conocimiento previo de la situaci\u00f3n que se intenta liberar, y adem\u00e1s tener en cuenta los criterios de la Revelaci\u00f3n para que sea actuaci\u00f3n propia del reino de Dios.<\/em><\/p>\n<p>Esta tesis, complementaria en buena medida de la anterior, no pretende otra cosa que se\u00f1alar los cauces necesarios, en orden a una actuaci\u00f3n liberadora, de una energ\u00eda cuasi-espont\u00e1nea como es la compasi\u00f3n, que, como se observ\u00f3 anteriormente, no tiene de suyo un origen espec\u00edficamente cristiano, como no sea en el senti\u00addo del <em>anima naturaliter christiana <\/em>de Tertuliano. El m\u00e9todo que su\u00adgiere el t\u00edtulo de esta tesis es, aunque racional, pre-cient\u00edfico, pues est\u00e1 en el origen de toda ciencia te\u00f3rico-pr\u00e1ctica. Se da tambi\u00e9n en las acciones, aun las m\u00e1s nimias, de cada d\u00eda, incluso en las de car\u00e1cter rutinario y habitual como la de abrir una puerta conocida. En el origen de ellas se encuentra siempre un juicio racional sobre datos de la realidad. Con la percepci\u00f3n repetida de las mismas cir\u00adcunstancias el agente se habit\u00faa a actuar de un modo determinado sin la necesidad de plantearse cada vez de una manera consciente los detalles del juicio original.<\/p>\n<p>S\u00f3lo una variaci\u00f3n de las circunstancias le forzar\u00e1 a revisar su juicio y tambi\u00e9n, en consecuencia, el car\u00e1cter rutinario de su obrar.<\/p>\n<p>Una situaci\u00f3n que sea nueva para el agente (por ejemplo, abrir una ostra) pone autom\u00e1ticamente en marcha los mecanismos del juicio. Sin el intermedio de \u00e9ste, la acci\u00f3n ser\u00eda ciega; las probabilidades de acertar con el actuar adecuado estad\u00edsticamente escasas, e proporci\u00f3n inversamente proporcional a la complicaci\u00f3n de los datos en juego. En suma: la acci\u00f3n ser\u00eda con toda probabilidad una acci\u00f3n fallida.<\/p>\n<p>Cuando la acci\u00f3n es de importancia mayor, sobre todo si las circunstancias del caso son m\u00faltiples, como suelen serlo cuando se trata de acciones no simplemente mec\u00e1nicas sino sociales, se impone al actor un conocimiento previo lo m\u00e1s completo posible de ellas y un juicio reposado te\u00f3rico-pr\u00e1ctico que busca acercarse a la seguridad que puede proporcionar un juicio de car\u00e1cter cient\u00edfico. Siempre es posible el fallo, pues a menudo no se puede tener un conocimiento cabal de todas las circunstancias. Tambi\u00e9n los juicios cient\u00edficos fallan con cierta frecuencia (experimentos cuidadosamente preparados&#8230; y fallidos). El juicio cuidadoso y detallado busca no la seguridad total previa, sino al menos la alta probabilidad estad\u00edstica de que la acci\u00f3n prevista no resultar\u00e1 fallida o nociva. En el terreno del actuar hist\u00f3rico el no actuar hasta poseer una seguridad total previa no har\u00eda m\u00e1s que paralizar al agente humano potencial o, lo que es lo mismo, detener la historia.<\/p>\n<p>La teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n ha insistido repetidamente en que la acci\u00f3n liberadora debe, en primer lugar, basarse en un conocer la situaci\u00f3n social dada de un modo suficiente; primer paso, <em>ver <\/em>para una actuaci\u00f3n que se quiere eficaz en lo posible. Alg\u00fan te\u00f3logo ha denominado a este primer paso la <em>mediaci\u00f3n socio-anal\u00edtica <\/em>refiri\u00e9ndose al conocimiento detallado de situaciones complejas. En efecto: aunque el ser humano es capaz de conocimientos sint\u00e9ticos casi intuitivos de situaciones sociales relativamente simples las complejas exigen para su tratamiento adecuado diversos grados de tratamiento anal\u00edtico. Es precisamente en este primer paso donde se impone la utilidad como instrumento de an\u00e1lisis de las modernas ciencias sociales. Conocer \u00ablas causas de la pobreza\u00bb para poder actuar correctamente sobre ellas, no es en muchos casos accesible a la intuici\u00f3n, ni con cierta frecuencia responden esas causas objetivamente a lo que de ellas piensa la opini\u00f3n com\u00fan, el \u00absentido com\u00fan\u00bb, o los medios de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es precisamente en este punto en el que han brotado las cr\u00edticas m\u00e1s duras contra la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n dentro y fuera de la Iglesia, pues no pocos de sus autores han mostrado una preferencia nada disimulada por los principios anal\u00edticos propios del pensamien\u00adto de Marx, a quien se considera, y no s\u00f3lo por razones teol\u00f3gicas, el gran hereje. No hay duda de que lo fue. Aceptar su pensamiento <em>in toto <\/em>acabar\u00eda no ya s\u00f3lo con la posibilidad de una verdadera li\u00adberaci\u00f3n hist\u00f3rica como parece que lo est\u00e1 mostrando la historia reciente de los pa\u00edses comunistas) sino con la existencia misma del Dios liberador.<\/p>\n<p>Pero no hay nada que impida al te\u00f3logo usar leg\u00edtimamente ins\u00adtrumentos anal\u00edticos dondequiera que se puedan hallar, si resultan efectivamente \u00fatiles para conocer mejor la realidad, y mientras sea posible desgajados de visiones te\u00f3ricas globales incompatibles con la fe del te\u00f3logo. No hace falta renunciar a la fe, ni tampoco hace falta confesarse marxista ortodoxo, para aprender del materialismo hist\u00f3rico formulado por Marx y Engels que todo en la sociedad, tam\u00adbi\u00e9n las ideas religiosas, est\u00e1 sometido a influencias nada superfi\u00adciales por parte de las condiciones materiales de la existencia. Re\u00adcu\u00e9rdese a Marx Weber, nada marxista, y sus agudas observaciones sobre la influencia del status social que da la riqueza en la visi\u00f3n de la religi\u00f3n como fuerza legitimadora de un tal status. Por con\u00adtraste, observa el mismo Weber, las religiones de salvaci\u00f3n y de es\u00adperanza han nacido y crecido invariablemente en los estratos so\u00adciales oprimidos; sin excluir, por supuesto, al cristianismo (ni a su predecesor, la religi\u00f3n hebrea).<\/p>\n<p>El segundo paso, <em>juzgar, <\/em>la <em>mediaci\u00f3n hermen\u00e9utica, <\/em>proyecta la luz de la palabra de Dios sobre la realidad descubierta por el an\u00e1lisis, y no ya s\u00f3lo la luz de principios filos\u00f3ficos, por nobles que \u00e9stos sean (tal, por ejemplo, \u00ablos derechos humanos\u00bb). \u00bfCu\u00e1l es el juicio de Dios sobre las grandes desigualdades (descubiertas por el an\u00e1lisis) del mundo?, \u00bfqu\u00e9 quiere Dios para los pobres, sujetos pacientes de la desigualdad?, \u00bflegitima la palabra revelada de Dios tal situaci\u00f3n, es indiferente a ella, o m\u00e1s bien protesta contra ella y la condena?<\/p>\n<p>El tercer paso, <em>actuar, <\/em>responde a la pregunta: \u00bfqu\u00e9 pide del cre\u00adyente el juicio de Dios?, y abre el camino a opciones y estrategias pastorales concretas que intentan encarnar en la historia el manda\u00adto y los imperativos de la Revelaci\u00f3n. En resumen: el <em>actuar <\/em>propo\u00adne las formas concretas que sugiere el segundo paso, <em>juzgar, <\/em>para aplicarlo a los hallazgos del primero, <em>ver <\/em>la realidad social.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal ha pasado a la historia general, y no s\u00f3lo a la historia de la Iglesia, ciertamente, por su capacidad de compasi\u00f3n, por su gran coraz\u00f3n. Pero lo que ha hecho de \u00e9l una figura verdaderamente significativa en la historia de la lucha contra la pobreza ha sido m\u00e1s bien su capacidad de conocimiento de las necesidades sociales m\u00e1s urgentes, la de movilizaci\u00f3n de recursos personales y materiales, y la de dise\u00f1ar cuidadosas estrategias para responder con la mayor eficacia posible con los recursos disponibles a las necesidades descubiertas. En suma: ha pasado a la historia y sigue siendo hoy un ejemplo y modelo v\u00e1lido en el terreno la acci\u00f3n social y caritativa, por su consumada racionalidad. Su ver es tan exhaustivo como lo permiten los medios de conocimiento de la realidad social disponibles en la \u00e9poca; su <em>actuar <\/em>es, aunque ambicioso en sus proyectos, ajustado a las limitaciones de sus recursos. Recu\u00e9rdese, por ejemplo, su cauta decisi\u00f3n de ir encarg\u00e1ndose de la asistencia a los ni\u00f1os abandonados s\u00f3lo de un modo progresivo, adaptando en cada paso el n\u00famero de ni\u00f1os asistidos, a los recursos personales y econ\u00f3micos disponibles, sin dejarse arrastrar por una compasi\u00f3n que le hubiera llevado a hacerse cargo de todos ellos, sin tener los medios suficientes, para librarlos de una muerte prematura. En cuando a su <em>juzgar, <\/em>la canonizaci\u00f3n no hizo m\u00e1s que dar el sello oficial a un esp\u00edritu profundamente evang\u00e9lico reconocido y admirado como tal por sus mismos contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>No es esto en modo alguno un estudio biogr\u00e1fico sobre san Vicente, y no nos detendremos por ello en la descripci\u00f3n de sus muchas obras que muestran hasta la saciedad el talante tan profundamente evang\u00e9lico y, a la vez, tan racional y capaz de acci\u00f3n como fue el de san Vicente de Pa\u00fal. Hay, sin embargo, dos hechos en su biograf\u00eda que parecen haber puesto a prueba su capacidad para tener en cuenta uno u otro de los tres pasos que se consideran imprescindibles para una adecuada actuaci\u00f3n liberadora. Nos detenemos en ellos con algo m\u00e1s de detalle. Son ambos hechos muy importantes por su trascendencia social; ambos pertenecen a los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, ya septuagenario, cuando se podr\u00eda esperar que la energ\u00eda desbordante de sus a\u00f1os maduros estar\u00eda ya en declive. No lo estaba, como lo prueba la valent\u00eda de su intervenci\u00f3n en ambos.<\/p>\n<p>El primer hecho se refiere al Hospital General de Par\u00eds. Recib\u00eda este nombre un gran proyecto, ideado inicialmente por la asocia\u00adci\u00f3n de Damas de la Caridad fundada por san Vicente, para proveer de cobijo, alimentaci\u00f3n y trabajo a los miles de pobres que pululaban por las calles de Par\u00eds y malviv\u00edan de peque\u00f1os trabajos ocasionales, del robo o de la mendicidad. El proyecto fue pronto asumido por las autoridades bajo la impresi\u00f3n, probablemente realista, de que superaba la capacidad organizativa de sus primeras promotoras. No era original la idea, pues otras ciudades de Francia y de varias naciones europeas hab\u00edan ya ensayado la f\u00f3rmula con bastante \u00e9xito. En lo que se ha denominado en la historia posterior como \u00abel gran encerramiento de los pobres\u00bb, se trataba en realidad no de mejorar la suerte de los pobres; menos a\u00fan de promoverlos o liberarlos de sus precarias condiciones sociales. Lo que se busca\u00adba ante todo era asegurar, encerrando a los pobres en varios edifi\u00adcios de propiedad p\u00fablica, el orden p\u00fablico y la seguridad de las calles para la gente de orden, y extraer del trabajo forzado de los pobres h\u00e1biles el rendimiento econ\u00f3mico que se pudiera.<\/p>\n<p>Las autoridades tuvieron la idea de poner en manos de los hom\u00adbres de san Vicente y de \u00e9l mismo la atenci\u00f3n espiritual a los po\u00adbres encerrados, trabajo en que era un experto desde hac\u00eda m\u00e1s de treinta a\u00f1os por su actividad entre los condenados a galeras. Los problemas t\u00e9cnicos de habilitaci\u00f3n de edificios, provisi\u00f3n de fon\u00addos, reclusi\u00f3n de los pobres y organizaci\u00f3n de los trabajos se los reservaba para s\u00ed misma la autoridad civil. Aunque un aspecto del proyecto tuvo un \u00e9xito limitado, pues todos los pobres que pudie\u00adron huyeron de Par\u00eds o se ocultaron para evitar el encerramiento, no hab\u00eda nada en el proyecto que superara la capacidad de acci\u00f3n por parte de las autoridades, como se hab\u00eda demostrado en las ciu\u00addades, en particular en Lyon, que lo hab\u00edan llevado a cabo con \u00e9xito.<\/p>\n<p>De manera que los puntos primero y tercero del \u00abm\u00e9todo\u00bb, ver y actuar, hab\u00edan sido tenidos debidamente en cuenta. San Vicente estudi\u00f3 durante alg\u00fan tiempo la oferta, pero acab\u00f3 por rechazarla con la excusa de falta de personal. Fue un gesto sorprendente en un hombre como \u00e9l, preocupado durante tantos a\u00f1os por la suerte material y espiritual de toda suerte de pobres, y que hab\u00eda adem\u00e1s fundado con \u00e9xito pocos a\u00f1os antes una especie de hospital general en peque\u00f1a escala, el asilo del Nombre de Jes\u00fas. Obs\u00e9rvese que el proyecto le daba resueltos los aspectos del problema que no estaban a su alcance por su magnitud: autoridad para retirar a los pobres de su vida ociosa y peligrosa en las calles, y medios materiales suficientes.<\/p>\n<p>Pero, aunque san Vicente ten\u00eda contra el proyecto objeciones t\u00e9cnicas de detalle (no le gustaba, por ejemplo, que se limitara a los pobres de Par\u00eds y excluyera a los forasteros), ten\u00eda contra \u00e9l una objeci\u00f3n mayor que fue la que le llev\u00f3 a la decisi\u00f3n de negar su colaboraci\u00f3n, aunque fuera \u00e9sta s\u00f3lo de car\u00e1cter espiritual. A san Vicente no le gustaba nada que se encerrara a los pobres por la fuerza. Aunque pobres, eran libres y tan hijos de Dios como las autoridades que daban la orden de encierro. Fallaba, en resumen, el segundo paso del m\u00e9todo. A la luz de criterios evang\u00e9licos bien asimilados por su alma y vividos durante tantos a\u00f1os en el trabajo por los pobres, hab\u00eda que <em>juzgar <\/em>aquella manera de \u00abliberar\u00bb a los pobres como inaceptable. Los pupilos del \u00abhospital general\u00bb fundado por \u00e9l mismo, los del asilo del Nombre de Jes\u00fas, no s\u00f3lo acud\u00edan a \u00e9l de forma voluntaria totalmente, sino que desde el primer momento se form\u00f3 a sus puertas una larga lista de espera. Del Hospital General promovido por las autoridades se escap\u00f3 todo el que pudo. Parecer\u00eda que el verdadero inter\u00e9s de los pobres tal como lo perciben ellos mismos y los aut\u00e9nticos criterios evang\u00e9licos son a veces, como en este caso, coincidentes.<\/p>\n<p>La otra actuaci\u00f3n de san Vicente que pasamos ahora a comentar fue una actuaci\u00f3n fallida. No falt\u00f3 en ella el cuidadoso estudio del problema, el <em>ver, <\/em>ni fallaron los criterios evang\u00e9licos que la motivaron (aunque en este caso, como veremos enseguida, el <em>juzgar <\/em>se muestra audaz y sorprendente). Fall\u00f3, a la hora de <em>actuar, <\/em>un elemento (nunca mejor empleado el t\u00e9rmino, pues se trata de un elemento atmosf\u00e9rico) sobre el que ni san Vicente ni los otros actores pod\u00edan ejercer ning\u00fan control, ni pod\u00edan siquiera hab\u00eda previsto.<\/p>\n<p><em>Ver. <\/em>Un almirante de la marina francesa de guerra, de valor y competencia bien probados y reconocidos, tuvo un buen d\u00eda la idea de organizar una expedici\u00f3n naval de invasi\u00f3n para liberar a cuan\u00adtos esclavos cristianos fuera posible de entre los miles que sufr\u00edan cautividad en Argel No era la primera vez que se ten\u00eda tal idea en las naciones cristianas. Nada menos que el emperador Carlos V la hab\u00eda emprendido en el siglo anterior varias veces, con fortuna varia.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a o\u00eddos de san Vicente noticia del plan. No s\u00f3lo le pare\u00adci\u00f3 la idea excelente y posible, sino que se sum\u00f3 a ella activamente desde el principio. El mismo llevaba ya a\u00f1os dedicando hombres y dinero al rescate de cautivos por medios pac\u00edficos, con infinitas dificultades y no muy brillantes resultados. Dada la magnitud del problema (en el norte de \u00c1frica hab\u00eda por aquel entonces tal vez treinta mil cristianos en cautividad, o m\u00e1s), los varios cientos que consigui\u00f3 liberar no eran, por as\u00ed decirlo, m\u00e1s que una gota de agua en el oc\u00e9ano. Pero, lo que era peor, el sistema de pago en met\u00e1lico por rescate empeoraba a la larga el problema que pretend\u00eda reme\u00addiar. En efecto: el dedicarse a hacer cautivos cristianos aparec\u00eda a los ojos del corsario musulm\u00e1n, y lo era en efecto, un negocio muy lucrativo, tanto m\u00e1s rentable cuanto mayor fuera el n\u00famero de cris\u00adtianos apresados.<\/p>\n<p>El plan del almirante ten\u00eda el apoyo de la corona y de altos per\u00adsonajes pol\u00edticos. La empresa ofrec\u00eda sus buenos riesgos de impre\u00advisibles repercusiones incluso en la alta pol\u00edtica. El gran sult\u00e1n de Constantinopla, a cuya soberan\u00eda estaba sometida buena parte del norte de Africa, incluyendo Argel, ten\u00eda firmados con la monarqu\u00eda francesa acuerdos varios de no agresi\u00f3n mutua. San Vicente se ase\u00adgur\u00f3 personalmente, a trav\u00e9s del embajador franc\u00e9s en Constanti\u00adnopla, de que el gran sult\u00e1n no pondr\u00eda objeciones a la expedici\u00f3n del almirante. Ten\u00eda el sult\u00e1n sus buenas razones para permitir una tal operaci\u00f3n como lecci\u00f3n de escarmiento a las autoridades loca\u00adles argelinas, muy inclinadas a no hacer excesivo caso de los acuer\u00addos firmados que preve\u00edan, entre otras cosas, la prohibici\u00f3n de cap\u00adturar a los s\u00fabditos de las autoridades firmantes. De manera que por ese lado se evitaba el riesgo mayor de un posible conflicto, que tal vez acabara en guerra, entre esas dos grandes potencias del Mediterr\u00e1neo. No contento con dar su apoyo moral, san Vicente ofreci\u00f3 ayuda financiera a la expedici\u00f3n en la forma de veinte mil libras que guardaba en dep\u00f3sito precisamente para la compra de libertad de un n\u00famero de cautivos.<\/p>\n<p><em>Juzgar. <\/em>En la mucha correspondencia de san Vicente que ha IIegado a nosotros sobre este episodio no aparece ni rastro de escr\u00fapulo o de problema moral no ya sobre la expedici\u00f3n en s\u00ed misma sino ni siquiera sobre la legitimidad de su propia intervenci\u00f3n en ella. El hecho es sorprendente en la vida de un comprobado hombre de paz como \u00e9l, e imitador, no s\u00f3lo en la vida personal, de la mansedumbre de Jesucristo. \u00bfQu\u00e9 hac\u00eda un tal hombre interviniendo en una operaci\u00f3n militar de invasi\u00f3n de un pa\u00eds extranjero? Una intervenci\u00f3n de ese tipo no pod\u00eda llevarse a cabo sin que se produjeran muertes violentas por uno y otro lado. \u00bfNo llevaba ya \u00e9l treinta a\u00f1os trabajando por dar vida (humana, y divina tambi\u00e9n) a los pobres?<\/p>\n<p>En una carta a uno de sus hombres, el superior de la casa de Marsella, en cuyo puerto se preparaba la expedici\u00f3n, le sugiere que hable con el almirante y le diga de su parte que no podr\u00eda llevar a cabo una mejor empresa para la gloria de Francia. Este pod\u00eda ser un poderoso motivo para un hombre como el almirante; lo es con toda seguridad, pues su oficio y profesi\u00f3n, en la que tanto hab\u00eda destacado, era precisamente luchar militarmente por la gloria de Francia. Pero la gloria de Francia no significaba nada para un hombre como Vicente de Pa\u00fal, de manera que si el motivo dado por \u00e9l explica suficientemente, y acertadamente, las motivaciones sicol\u00f3gicas del almirante, no nos revela nada sobre las motivaciones que le llevaron a \u00e9l mismo a intervenir en este caso. No hay ni rastro en su voluminosa correspondencia y en sus conferencias, de que a san Vicente le preocupara la gloria de Francia como naci\u00f3n, eso a pesar de las fuertes tentaciones de nacionalismo en unos tiempos como aquellos en que Francia se vio envuelta en guerras de expansi\u00f3n y de supervivencia con media Europa. \u00c9l nunca trabaj\u00f3 por la gloria de Francia, sino por la vida, primero, de los pobres de Francia y, posteriormente, por la vida de los pobres a secas, fueran \u00e9stos de Francia, de Polonia, de Italia, de Irlanda, de Escocia o de Madagascar.<\/p>\n<p>Pero s\u00ed ten\u00eda el proyecto un aspecto que era el decisivo para jus\u00adtificar su apoyo. Los cautivos cristianos, franceses o no, viv\u00edan una vida de condiciones infrahumanas, peores a\u00fan que la de los cam\u00adpesinos franceses o la de los pastores de la campi\u00f1a romana evan\u00adgelizados a\u00f1os antes por sus hombres. Comprobados los l\u00edmites de la eficacia del rescate monetario como medio para resolver el pro\u00adblema masivo de la liberaci\u00f3n de esclavos, san Vicente crey\u00f3 que el proyecto del almirante presentaba una s\u00f3lida posibilidad de re\u00adsolverlo en gran escala. No pod\u00eda resolverlo de una manera defini\u00adtiva. Las \u00abcausas\u00bb de la cautividad proced\u00edan, por supuesto, de mucho m\u00e1s lejos, eran mucho m\u00e1s profundas, y no se pod\u00edan borrar de un plumazo por una simple invasi\u00f3n, aunque fuera \u00e9sta de envergadu\u00adra y tuviera \u00e9xito. Nacieron nada menos que en el siglo VIII, con las primeras invasiones musulmanas sobre Europa, y estaban firme\u00admente incrustadas en los intereses y rivalidades de todas las nacio\u00adnes de la cuenca del Mediterr\u00e1neo. Pero sobre esas \u00abcausas\u00bb san Vicente no ten\u00eda, evidentemente, la m\u00e1s m\u00ednima posibilidad de ac\u00adci\u00f3n. No le asust\u00f3 el car\u00e1cter de fuerza del medio empleado por el almirante. Desde los estudios teol\u00f3gicos de su juventud en Toulouse, Vicente sab\u00eda muy bien que puede haber casos extremos de opresi\u00f3n injusta que es l\u00edcito para un cristiano tratar de resolver por la fuerza\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 (II-II,q. 40, a.1).<\/p>\n<p><em>Actuar. <\/em>La intervenci\u00f3n de san Vicente en el proyecto se limit\u00f3 a los datos que hemos mencionado: precauciones para evitar com\u00adplicaciones previsibles de alta pol\u00edtica internacional, aliento al al\u00admirante, ayuda financiera. El llevarlo a cabo de hecho qued\u00f3 en manos del almirante, de sus hombres y de sus barcos. Estos no pudieron ni acercarse a las costas argelinas por el persistente mal es\u00adtado del mar. Un grupo peque\u00f1o de cautivos, unos treinta, logr\u00f3 alcanzar a nado las naves del almirante y conseguir as\u00ed su liberaci\u00f3n. Los otros miles de cautivos continuaron en su triste situa\u00adci\u00f3n. San Vicente sigui\u00f3 hasta su muerte con su trabajo de tratar de redimir uno a uno a todos los que pudiera a cambio de dinero.<\/p>\n<p>Jaime Corera CM<\/p>\n<p>La Milagrosa 1994<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre el m\u00e9todo: ver, juzgar, actuar La actividad liberadora \u2014tambi\u00e9n la simple actividad ben\u00e9fico-caritativa\u2014 no puede limitarse a ser un reflejo condicionado por la compasi\u00f3n. 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