{"id":405252,"date":"2024-06-30T08:09:03","date_gmt":"2024-06-30T06:09:03","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405252"},"modified":"2023-08-18T21:10:41","modified_gmt":"2023-08-18T19:10:41","slug":"el-cristo-de-las-hijas-de-la-caridad-iv","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-cristo-de-las-hijas-de-la-caridad-iv\/","title":{"rendered":"El Cristo de las Hijas de la Caridad (IV)"},"content":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV: etapas del seguimiento<\/p>\n<p>Segunda conversi\u00f3n<\/p>\n<p>De santa Luisa de Marillac s\u00f3lo conserva\u00admos unos papeles generalmente sin fecha, a veces notas peque\u00f1as, que escribe mientras hace oraci\u00f3n, o quiere recordar cuando vaya a su habitaci\u00f3n. El a\u00f1o 1645, cuando tiene 54 a\u00f1os, se propone ir escribiendo su oraci\u00f3n m\u00eds\u00adtica o <em>contemplativo <\/em>sin decir por qu\u00e9 lo escrib\u00eda. Y comienza describiendo lo que le pas\u00f3 22 a\u00f1os antes.<\/p>\n<p>Ayudada por sus directores, la joven Luisa hab\u00eda penetrado hondamente en la oraci\u00f3n al estilo de los espirituales renano-flamencos o m\u00edstica abstracta. Y un d\u00eda el Esp\u00edritu de Jes\u00fas le abri\u00f3 las puertas de la contemplaci\u00f3n m\u00edstica que la llen\u00f3 de temor porque sinti\u00f3 que Dios la purificaba para desvanecer la pesada nube de su nacimiento y superar el sufrimiento en la en\u00adfermedad de su marido.<\/p>\n<p>Durante quince a\u00f1os, se hab\u00eda esforzado en la oraci\u00f3n en forma de meditaci\u00f3n y el 20 de enero de 1622, con los inicios de la enfermedad de Antonio Le Gras, Dios se le present\u00f3 sin que ella lo reconociese. Se le present\u00f3 duro y terri\u00adble para purificarla de todo aquello que ella sola no pod\u00eda erradicar de las entra\u00f1as de su vida interior. Era la <em>noche pasiva de los sentidos <\/em>de la que hablan san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jes\u00fas. Este Dios entre claridad y oscuridad la purificar\u00e1 hasta junio de 1623 y, de una ma\u00adnera m\u00e1s suave, hasta diciembre de 1625, ter\u00adminando con la muerte de su marido.<\/p>\n<p>En las navidades del 1621 al 1622, la noche se hizo horrible. Las frases que us\u00f3 Luisa para narrar esta experiencia purificadora estreme\u00adcen. Ella lo recordar\u00e1 a\u00f1os m\u00e1s tarde: \u00abTales penas llegaron a tal punto que, si las hubiese dicho y hubiese hecho lo que ellas me impulsa\u00adban a hacer, yo creo que se habr\u00eda juzgado&#8230;\u00bb Y le dio miedo terminar la frase. En marzo de 1623 no pod\u00eda m\u00e1s de tanto dolor y acudi\u00f3 a su t\u00edo Miguel. No sabemos lo que le dec\u00eda, pero la respuesta perfila lo hondo de su dolor: \u00abSe\u00f1o\u00adrita, no puedo decirle en pocas palabras lo que pienso sobre lo que me ha escrito\u00bb.<\/p>\n<p>La noche m\u00edstica avanz\u00f3 hasta llegar a su explosi\u00f3n en los meses de mayo-junio de 1623. Dios se sirvi\u00f3 de la enfermedad de su esposo que hab\u00eda introducido en su esp\u00edritu herido un complejo de culpabilidad:<\/p>\n<p>\u00abEn el a\u00f1o 1623, el d\u00eda de santa M\u00f3nica, Dios me hizo la gracia de hacer voto de viudez, si Dios se llevaba a mi marido. El d\u00eda de la As\u00adcensi\u00f3n siguiente, ca\u00ed en un gran abatimiento de esp\u00edritu por la duda que ten\u00eda de si deb\u00eda dejar a mi esposo como lo deseaba insistente\u00admente, para reparar mi primer voto y tener m\u00e1s libertad para servir a mi pr\u00f3jimo. Dudaba tam\u00adbi\u00e9n si el apego que ten\u00eda a mi director no me impedir\u00eda tomar otro, ya que se hab\u00eda ausen\u00adtado por mucho tiempo y tem\u00eda estar obligada a ello. Y ten\u00eda tambi\u00e9n gran dolor con la duda de la inmortalidad del alma. Lo que me hizo estar desde la Ascensi\u00f3n a Pentecost\u00e9s en una aflicci\u00f3n incre\u00edble.<\/p>\n<p>El d\u00eda de Pentecost\u00e9s, oyendo la Misa o haciendo oraci\u00f3n en la Iglesia, en un instante, mi esp\u00edritu qued\u00f3 iluminado acerca de sus dudas. Y fui advertida que deb\u00eda permanecer con mi marido, y que llegar\u00eda un tiempo en que estar\u00eda en situaci\u00f3n de hacer voto de po\u00adbreza, castidad y obediencia, y que estar\u00eda en una peque\u00f1a comunidad en que otras har\u00edan lo mismo. Entend\u00ed entonces estar en un lugar para servir al pr\u00f3jimo, pero no pod\u00eda com\u00adprender c\u00f3mo podr\u00eda ser, porque deb\u00eda haber idas y venidas. Se me advirti\u00f3 tambi\u00e9n que deb\u00eda permanecer en paz en cuanto a mi direc\u00adtor, y que Dios me dar\u00eda otro, que me hizo ver, seg\u00fan me parece, y yo sent\u00ed repugnancia en aceptarlo; sin embargo, consent\u00ed, pareci\u00e9n\u00addome que no era todav\u00eda cuando deb\u00eda hacerse este cambio. Mi tercera pena me fue quitada con la seguridad que sent\u00ed en mi esp\u00edritu que era Dios quien me ense\u00f1aba todo lo que ante\u00adcede, y que, existiendo Dios, no deb\u00eda dudar de lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Siempre he cre\u00eddo haber recibido esta gra\u00adcia del Bienaventurado Monse\u00f1or de Ginebra [san Francisco de Sales], por haber deseado mucho, antes de su muerte, comunicarle esta aflicci\u00f3n y por haber sentido despu\u00e9s gran de\u00advoci\u00f3n y recibido por este medio muchas gracias; y en aquel entonces, tuve alg\u00fan motivo para creerlo, del que ahora no me acuerdo\u00bb.<\/p>\n<p>Todo el escrito da la sensaci\u00f3n de encon\u00adtrarnos ante un complejo de culpabilidad del que se vale Dios para purificarla y revelarle, al mismo tiempo, la misi\u00f3n que le reservaba, como una parte del carisma que hab\u00eda comenzado a darle a los diecis\u00e9is a\u00f1os.<\/p>\n<p>Sucede un hecho desgraciado: en un mo\u00admento trascendental para el porvenir econ\u00f3mico de la familia, el esposo cae gravemente enfermo. Dios castiga a la familia, es el primer pensa\u00admiento de la mujer que tiene miedo a Dios. La causa es algo malo que ha hecho, alg\u00fan pecado que ha cometido. Y Luisa hace un raciocinio de una l\u00f3gica incuestionable: Su marido es bueno y su hijo, un ni\u00f1o de nueve a\u00f1os, es inocente. Ella se siente la culpable por no haber cumplido su \u00abprimer voto\u00bb de ser religiosa, por el contrario, se cas\u00f3. Y ahora, Dios la castiga quit\u00e1ndole al esposo. Inmediatamente, brota en ella el deseo de aplacar a Dios, de borrar el pecado, haciendo lo contrario, para que Dios vuelva a ser su amigo: \u00abYo deb\u00eda abandonar a mi marido\u00bb.<\/p>\n<p>Junto con estas penas f\u00edsicas y psicol\u00f3gicas, aparecen las espirituales. Su afectividad y su inseguridad la llevan a apegarse entra\u00f1ablemente a su director Juan Pedro Camus, obispo de Belley, que debe alejarse de Par\u00eds por mucho tiempos, y surge en ella una lucha: por un lado, sabe que debe buscar un nuevo director, y por otro, \u00abteme estar obligada a ello\u00bb. Piensa que debe, pero no quiere, y sufre.<\/p>\n<p>Finalmente, echa la vista atr\u00e1s y ve sus 16 a\u00f1os de oraci\u00f3n sincera, ha sentido la dulzura del encuentro con Dios en la oraci\u00f3n y, de golpe, la oscuridad negra de una noche; se ve pecadora y hundida; todo ha sido una ilusi\u00f3n y una mentira; Dios se ha burlado de ella. \u00bfO es que Dios no existe, ni el alma es inmortal? \u00bfTodo se acaba en la tierra con la muerte? Esta duda es terrible para una mujer que ama a Dios de verdad, aunque ahora sea de noche.<\/p>\n<p>El mismo Esp\u00edritu Santo la sacar\u00e1 de la Noche. Ella es pasiva, a no ser en la callada aceptaci\u00f3n, por medio de la fe, la esperanza y el amor, de la presencia purificadora de Dios. Todas las se\u00f1ales lo indican: Los verbos est\u00e1n en pasiva: \u00abfui advertida, se me asegur\u00f3, me fue quitada\u00bb. Es decir, ella es pasiva y hay <em>Otro <\/em>que es el activo. Luisa tiene el convencimiento y la certeza de que este Otro que act\u00faa es Dios: \u00abDios me dio la seguridad que sent\u00ed en mi esp\u00ed\u00adritu de que era Dios quien me ense\u00f1aba\u00bb.<\/p>\n<p>Y es que las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas que hab\u00eda llevado hasta entonces con las virtudes y las po\u00adtencias humanas, ya no eran suficientes para desprenderla del apego al mundo de los senti\u00addos, de la disipaci\u00f3n de la imaginaci\u00f3n en las cosas materiales, de la dispersi\u00f3n de la memoria en su pasado. Y es entonces cuando la fe, espe\u00adranza y caridad la colocan en un punto en que el Esp\u00edritu de Jes\u00fas la va a purificar por s\u00ed mismo y de una manera <em>sobrehumana <\/em>para que se convierta en un ser espiritual. Es lo que suele llamarse en el camino del seguimiento, desde que lo emple\u00f3 un contempor\u00e1neo de santa Luisa, Luis Lallemant, <em>segunda conversi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>La presencia m\u00edstica del Esp\u00edritu de Jes\u00fas queda confirmada con tres fen\u00f3menos m\u00edsticos: todo es de repente, sin que ella lo provoque ni pueda impedirlo y en un instante; el Esp\u00edritu la llena de paz y tranquilidad; y el recuerdo es im\u00adborrable. Si descontamos peque\u00f1as dudas, re\u00adcuerda fijamente y con detalle todo lo sucedido entonces, a pesar de escribirlo 22 a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Ni cuando acaeci\u00f3 esta escena ni en los a\u00f1os inmediatos Luisa de Marillac comprendi\u00f3 el sen\u00adtido m\u00edstico ni la importancia que ten\u00eda en la es\u00adpiritualidad y menos en su vida contemplativa. Tampoco se imagin\u00f3 que en ese momento el Es\u00adp\u00edritu divino empezaba a mostrarle su carisma. Debi\u00f3 considerarlo como una de tantas realidades espirituales comunes a todas las personas que buscan a Dios sinceramente. Es normal, por lo tanto, que nada escribiera sobre aquella Noche en el Acto de Protesta, en la Oblaci\u00f3n a la Virgen o en el Reglamento de Vida.<\/p>\n<p><em>El crecimiento<\/em><\/p>\n<p>Nos quedan muchos res\u00famenes de sus ora\u00adciones, aunque la mayor\u00eda sin fecha. Su lenguaje es sencillo. No da sensaci\u00f3n de nada extra\u00adordinario, porque no quiere exponer ninguna te\u00ador\u00eda, ni explicar o analizar su oraci\u00f3n. Ella \u00fanicamente quiere decirle a su director con toda naturalidad lo que le pasa en la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En esas notas vemos que hay momentos en que pasa de la oraci\u00f3n meditada a la oraci\u00f3n m\u00eds\u00adtica. Aparecen verbos en pasivo, luces y amor producidos en ella por el Esp\u00edritu de Jes\u00fas; todo sucede de repente, sin esperarlo, sin intervenci\u00f3n de ella; con efectos de felicidad espiritual&#8230; \u00abY esas solas palabras, <em>Dios es el que es, <\/em>me tranquili\u00adzaron por completo\u00bb, escribe a san Vicente.<\/p>\n<p>En algunos trozos no aparece n\u00edtidamente el car\u00e1cter m\u00edstico de la oraci\u00f3n. Si no se leen detenidamente, puede aparecer como un senti\u00admiento humano corriente, pero si los examina\u00admos con atenci\u00f3n, se siente la acci\u00f3n del Esp\u00edritu y la pasividad de Luisa\u00bb. Son trozos dominados por el verbo <em>sentir: <\/em>sentir consuelo, gran sentimiento, le ha dado sentimiento.<\/p>\n<p>Otras veces aparece m\u00e1s clara la experien\u00adcia m\u00edstica. Son p\u00e1ginas en las que se respira la pasividad de la persona humana: \u00abTendr\u00e9 gran confianza en \u00e9l que me ha dado sentimiento de seguridad, que sin mirar mi miseria e impo\u00adtencia, \u00e9l har\u00e1 todo en m\u00ed\u00bb. Pero otras veces, la presencia del Esp\u00edritu de Jes\u00fas, de una manera incontrolada por el hombre, la leemos entre l\u00ed\u00adneas. No son palabras las que traen esa presen\u00adcia, es todo el ambiente del escrito: \u00abEl d\u00eda de san Benito&#8230; habiendo rehusado comulgar y sin\u00adtiendo gran dolor por mis pecados me sent\u00ed ex\u00adtraordinariamente presionada por el deseo de la santa comuni\u00f3n, y ped\u00eda a Dios que si era su santa voluntad, que se lo hiciera ver a mi confe\u00adsor. Y \u00e9ste sin hablarle, me hizo llamar para este asunto, y sent\u00ed gran consuelo; siendo para m\u00ed una gracia especial\u00edsima de la santa Providencia.<\/p>\n<p>Y la bondad de Dios me dio a conocer su gran amor en que habi\u00e9ndome olvidado de alg\u00fan pe\u00adcado, y sabiendo que no hab\u00eda nada m\u00e1s que el pecado que me pudiera separar de Dios (me dio a entender) que su amor era tan grande que n\u00ed el mismo pecado le pod\u00eda impedir venir a m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Paso a paso Luisa de Marillac caminaba por esa oraci\u00f3n tan misteriosa que, aunque <em>pa\u00adsiva, <\/em>era ella quien la <em>hac\u00eda. <\/em>Hab\u00eda sido llamada a servir a los pobres, viviendo una vida de ora\u00adci\u00f3n hasta los estados m\u00e1s altos de la contem\u00adplaci\u00f3n m\u00edstica al que llegaron el ap\u00f3stol san Pablo, santa Teresa de Jes\u00fas, san Juan de la Cruz y san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>La palabra m\u00edstica ha sido usada en tantos sentidos religiosos, filos\u00f3ficos, psicol\u00f3gicos y hasta mundanos que se puede decir que cada autor le da el sentido personal que a \u00e9l le inte\u00adresa: m\u00edstica de la filosof\u00eda, del teatro, del arte, de un paisaje, m\u00edstica de la acci\u00f3n, del servicio al pobre, de la vejez\u2026 En la religi\u00f3n cat\u00f3lica todav\u00eda se considera actual el sentido que le dieron los grandes m\u00edsticos espa\u00f1oles santa Te\u00adresa de Jes\u00fas y san Juan de la Cruz: sentir, ex\u00adperimentar de una manera pasiva e inmediata la presencia del Esp\u00edritu divino en nuestra alma, en nuestro interior profundo, y que en la conciencia supera la experiencia ordinaria y objetiva, de tal manera que a la experiencia m\u00edstica se la suele definir como <em>sobrehumana. <\/em>En breves palabras, algunos suelen definirla como <em>conciencia de uni\u00f3n directa, \u00edntima, pasiva e inmediata <\/em><em>con Dios Uno y Trino que el Esp\u00edritu nos da a conocer en Jes\u00fas de Nazaret. <\/em>El centro de la m\u00edstica est\u00e1 en la <em>experiencia pasiva, inmediata y directa de la presencia divina <\/em>que no es fruto del esfuerzo del hombre, sino un don gratuito de la Trinidad.<\/p>\n<p>Cuando leemos las experiencias m\u00edsticas que relata santa Luisa de Marillac, nos damos cuenta de que habla no de lo que sabe por estudio, sino de lo que ha sentido en su propia experiencia y se da cuenta de que su lenguaje es insuficiente, porque la divinidad es inaccesible e inefable; por eso emplea la expresi\u00f3n <em>me pareci\u00f3. <\/em>Y es que la presencia de la divinidad siempre es <em>oscura, <\/em>ya que, como el sol, es una luz tan inmensamente potente que ciega si intentamos mirarla directa\u00admente. Los hombres en esta vida tan solo pode\u00admos contemplar su reflejo en la creaci\u00f3n. Ha sido, adem\u00e1s, una experiencia pasiva comunicada gra\u00adtuitamente por el Esp\u00edritu divino, que se ha apo\u00adsentado en su interior sin que ella pudiera evitarlo. De ah\u00ed que exprese sus vivencias en forma pasiva: <em>se me dijo, , me dio a conocer; fui arreba\u00adtada.<\/em><\/p>\n<p>La experiencia de la uni\u00f3n suele realizarse de dos formas: la m\u00edstica de los esponsales, que su\u00adcede seg\u00fan la analog\u00eda del noviazgo, de los des\u00adposorios y del matrimonio espiritual del alma generalmente con Cristo, como la sintieron san Bernardo, san Francisco de As\u00eds, santa Teresa de Jes\u00fas. La otra forma de experimentar la uni\u00f3n del alma con Dios es la m\u00edstica de las esencias, representada por los m\u00edsticos renano-flamencos y san Juan de la Cruz, y en Francia, por B\u00e9rulle, Canfield, Miguel de Marillac y por los espirituales de la Escuela Abstracta. Esta m\u00edstica concibe la uni\u00f3n con Dios como experiencia de la uni\u00f3n del ser creado con el Ser Creador, de cuyo Ser Absoluto participa el ser del hombre. Esta es la forma en la que Luisa de Marillac experimenta la presencia de la divinidad en su ser, como lo ex\u00adperiment\u00f3 en unos Ejercicios de los comienzos de su viudez: \u00abQue la infinita perfecci\u00f3n de Dios en\u00adcierra en s\u00ed la de todas las criaturas que, todas ellas, no act\u00faan, necesaria o voluntariamente, si no es por su solo poder; esto debe darme una gran confusi\u00f3n, haci\u00e9ndole contribuir, en cierto modo, a mis iniquidades, por permisi\u00f3n suya; y para no ser ya causa de tal da\u00f1o, pondr\u00e9 con la ayuda de su gracia, una atenci\u00f3n m\u00e1s frecuente en su santa presencia de la que no salgo nunca, aunque yo no lo piense\u00bb. Esta idea la ten\u00eda tan clavada que a\u00fan la conservaba al final de su vida: \u00abQue en el \u00fanico verdadero ser de Dios se halla la esencia de todos los dem\u00e1s seres que por su Bondad ha creado&#8230; Y como todo ha sido creado de \u00c9l con un orden perfect\u00edsimo, me aplicar\u00e9, m\u00e1s que hasta ahora lo he hecho, a vivir lo m\u00e1s ordenada que pueda, honrando ese sagrado orden que en la creaci\u00f3n puso la verdadera y \u00fanica divinidad\u00bb.<\/p>\n<p><em>El Puro amor<\/em><\/p>\n<p>Es clarificadora e impresionante una p\u00e1gina que dej\u00f3 escrita de su mano, no se sabe si para ella misma, para su director y superior Vicente de Pa\u00fal o para animar a sus hijas: \u00abLas almas verdaderamente pobres y deseosas de servir a Dios deben tener gran confianza en que al venir a ellas el Esp\u00edritu Santo y no encontrar resisten\u00adcia alguna, las dispondr\u00e1 convenientemente para cumplir la sant\u00edsima voluntad de Dios&#8230;<\/p>\n<p>Y para llegar a ese estado de no-resistencia, es preciso establecerse en obediencia, como los Ap\u00f3stoles, y en el reconocimiento sincero de nuestra impotencia, desprendi\u00e9ndonos por com\u00adpleto de todas las criaturas y hasta de Dios mismo en cuanto a los sentidos&#8230; Y al venir el Esp\u00edritu Santo a las almas as\u00ed dispuestas, el ardor de su amor consumir\u00e1 todos los obst\u00e1culos a las operaciones divinas, establecer\u00e1 en ellas las leyes de la santa Caridad y les dar\u00e1 fortaleza para obrar por encima de la potencia humana&#8230;<\/p>\n<p>El amor que debemos tener a Dios ha de ser tan puro que no debemos pretender en la recepci\u00f3n de sus gracias m\u00e1s particulares nada m\u00e1s que la gloria de su Hijo, puesto que Nues\u00adtro Se\u00f1or nos lo ense\u00f1\u00f3 en la persona de los Ap\u00f3stoles a quienes, al prometerles el Esp\u00edritu Santo, les asegur\u00f3 que por El ser\u00eda glorificado.<\/p>\n<p>Esto es todo lo que ha de pretender el alma que ama a Dios, y la mayor dicha que puede obtener es la de cooperar a dar testimonio de la gloria de aquel, cuya ignominiosa muerte llen\u00f3 de asombro al mundo. Si como Dios no mere\u00adciera ya la pureza de ese amor y de ser el \u00fanico objeto de todos nuestros afectos, habr\u00eda que rendir a su humanidad santa los deberes de gra\u00adtitud a la fuerza de su amor\u00bb.<\/p>\n<p>Es el punto final de su espiritualidad, el <em>puro amor. <\/em>Es hacia el a\u00f1o 1653 cuando santa Luisa comienza a animar a las Hermanas a bus\u00adcar el puro amor; y en los a\u00f1os finales de su vida este amor se convirti\u00f3 en el motivo m\u00e1s atrayente del abandono en Dios. Un amor que no esperaba recompensa, un amor puro o puro amor sin escoria. Siempre se hab\u00eda sentido em\u00adbelesada por el amor m\u00e1s puro que puede exis\u00adtir en la creaci\u00f3n. Muchos escritores del siglo XVII trataron este tema. Era la b\u00fasqueda del amor a Dios en toda su pureza sin ning\u00fan inte\u00adr\u00e9s personal, ni por el cielo ni por miedo al in\u00adfierno. De tal manera que si un alma supiera que Dios quer\u00eda -por un imposible- que se condenara, el alma lo aceptar\u00eda gustosa por agradar a Dios.<\/p>\n<p>Un siglo antes estas ideas hab\u00edan conmo\u00advido a Espa\u00f1a, llegando a la exageraci\u00f3n -con\u00addenada- de los alumbrados, que defend\u00edan que, si el m\u00edstico est\u00e1 pose\u00eddo de Dios, ya no peca, aunque haga las mayores aberraciones sexua\u00adles. En el siglo XVII se discutir\u00e1n en Francia hasta su condenaci\u00f3n en la faceta quietista. Y este es el motivo por el que, desde la muerte de santa Luisa la m\u00edstica es mirada con recelo y la mujer m\u00edstica es considerada sospechosa. De ah\u00ed que Gobillon borrara de los escritos de santa Luisa todo signo de misticismo y recom\u00adpusiera sus meditaciones.<\/p>\n<p>No se sabe si Luisa de Marillac asume estas ideas del capuchino Lorenzo de Par\u00eds, de san Francisco de Sales o de ella misma, de su ple\u00adnitud de amor. San Francisco de Sales mani\u00adfiesta \u00abque si, imagin\u00e1ndose un imposible, supiera que su condenaci\u00f3n era un poco m\u00e1s agradable a Dios que su salvaci\u00f3n, dejar\u00eda su salvaci\u00f3n y correr\u00eda a su condenaci\u00f3n\u00bb. Santa Luisa ley\u00f3 frecuentemente el <em>Tratado del Amor de Dios, <\/em>en especial el libro IX. Ella, dirigida por san Vicente, no pod\u00eda afirmar tanto como san Francisco de Sales. Se lo imped\u00eda, adem\u00e1s, su psicolog\u00eda. En un momento de su vida le ex\u00adpresa a su amado Esposo que desea amarlo con un amor tan puro que \u00abno pueda pretender jam\u00e1s ning\u00fan gozo que no sea el de estar sumisa a su agrado -pero como si le diera miedo lo que acababa de escribir, a\u00f1ade- y a las leyes que la pureza de tu amor me propone\u00bb<sup>24<\/sup>.<\/p>\n<p>Pudo haber le\u00eddo la obra del capuchino Lo\u00adrenzo de Par\u00eds, <em>El palacio del amor divino de Jes\u00fas y del alma cristiana. <\/em>Tambi\u00e9n pone la acepta\u00adci\u00f3n del infierno si, por un imposible, Dios qui\u00adsiera su condenaci\u00f3n. Seguramente Luisa conoc\u00eda a Lorenzo de Par\u00eds y no es dif\u00edcil que alguna vez le abriera su coraz\u00f3n en el convento del arrabal de Saint-Honor\u00e9, cuando so\u00f1aba con ser capuchina. Hay muchas semejanzas en ideas y en frases, especialmente en la concep\u00adci\u00f3n del amor, del desprendimiento, del amor propio, en las divisiones de la voluntad. O ha\u00adberlo escuchado en alg\u00fan serm\u00f3n, como el ser\u00adm\u00f3n an\u00f3nimo <em>El amor de Magdalena, <\/em>que hoy se atribuye a B\u00e9rulle.<\/p>\n<p>As\u00ed llegamos a una espiritualidad un tanto extra\u00f1a -parece- para unas Hijas de la Cari\u00addad, llamadas a una perfecci\u00f3n m\u00e1s alta que otras personas\u00bb, pues para ellas la reflej\u00f3 santa Luisa de Marillac en este escrito pocos a\u00f1os antes de morir. Est\u00e1 empapado del m\u00e1s puro amor divino que puede darse en la tierra, y que s\u00f3lo puede destruirse por el amor propio. Ciertamente est\u00e1n escritos despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, pues se los dirige a ellas; corresponden a una fecha en que hab\u00eda llegado a lo m\u00e1s alto de la santidad; la uni\u00f3n de elementos vicencianos y n\u00f3rdicos es perfecta, con predominio de estos \u00faltimos. Santa Luisa los titula, en medio del escrito: \u00abPr\u00e1ctica del puro amor\u00bb. Y emociona ver que \u00a1el centro del puro amor no es la divinidad, sino Jesucristo!<\/p>\n<p>Son fruto de varias meditaciones. Pone es\u00adpecial atenci\u00f3n en su redacci\u00f3n punto por punto. Se apoya en Juan, 12, 28-34, y m\u00e1s con\u00adcretamente en el v. 32: \u00abY yo, cuando sea levan\u00adtado de la tierra, atraer\u00e9 a todos hacia m\u00ed\u00bb. El estilo es moderado; no hay extremismos, no aparece la aceptaci\u00f3n del infierno si, por un im\u00adposible, fuera esa la voluntad de Dios. Para ella el Puro Amor se identifica con el desprendi\u00admiento total de las criaturas y hasta de s\u00ed misma en cuatro pasos, recalcando la palabra \u00abtodo\u00bb. \u00abDemos, pues, el primer paso para seguirle que es el de decir con todo nuestro coraz\u00f3n: 1) <em>yo lo quiero, <\/em>amado Esposo, lo quiero as\u00ed y para pro\u00adb\u00e1rtelo, 2) <em>te sigo <\/em>hasta, 3) el pie de <em>la cruz <\/em>que escojo por mi claustro&#8230; 4) A los pies, pues, de esta cruz santa y sagrada que yo adoro, es donde <em>sacrifico todo <\/em>lo que podr\u00eda impedir la pu\u00adreza del amor que T\u00fa quieres de m\u00ed, sin que por ello pueda yo pretender jam\u00e1s ning\u00fan gozo que no sea <em>el estar <\/em>sumisa a <em>tu agrado<\/em>. Pero como si le diera miedo lo que acababa de escribir, a\u00f1ade un p\u00e1rrafo que aten\u00faa el rigorismo: \u00aby a las leyes que la pureza de tu amor me propone\u00bb. Y termina con frase exigente: \u00abNo se espanten, queridas hermanas, aun cuando con esta pala\u00adbra <em>todo <\/em>no pretenda exceptuar nada\u00bb.<\/p>\n<p><strong><em>Uni\u00f3n transformante por el puro amor<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Para seguir a Cristo de una manera tan pro\u00adfunda se necesita haber experimentado un gozo nada com\u00fan, y parece que santa Luisa lo expe\u00adriment\u00f3. Es el gozo que siente una esposa \u00abal in\u00adtentar conformarse a su esposo\u00bb. Se siente esposa de Jesucristo, no solo en el sentido teo\u00adl\u00f3gico que san Vicente explica a las Hermanas, sino en la experiencia m\u00edstica en la que lo vivi\u00f3 santa Teresa de Jes\u00fas y san Juan de la Cruz.<\/p>\n<p>El seguimiento se encarna en la vida de ser\u00advicio a los pobres, pero se recorre en el interior del alma. Santa Luisa lo descubri\u00f3 en la oraci\u00f3n contemplativa, a solas con Jes\u00fas, donde se re\u00adaliza un intercambio de vida entre los dos: \u00abEl lunes en la santa comuni\u00f3n, de repente, sent\u00ed que se me advert\u00eda o que deseaba que nuestro Se\u00f1or viniese a m\u00ed acompa\u00f1ado de sus virtudes para comunic\u00e1rmelas\u00bb. Es un intercambio transformante en el sentido pleno de los \u00faltimos grados de la m\u00edstica tradicional. En el momento en que recibe a Jes\u00fas en desposorio (5 de fe\u00adbrero de 1630) acepta \u00absoportar todas las difi\u00adcultades que encontrar\u00eda, recibi\u00e9ndolas como en comunidad de bienes\u00bb, al igual que en los matrimonios terrenos.<\/p>\n<p>El puro amor, para Luisa, es el final del se\u00adguimiento a Jesucristo, por eso, ella que tanto hablaba de la divinidad absoluta, dirige el amor puro no a Dios inmenso, sino a Jesucristo cru\u00adcificado. \u00abYo te sigo -exclama en una explosi\u00f3n de amor- hasta el pie de la cruz que elijo por mi claustro\u00bb. La uni\u00f3n sublime de la Hija de la Ca\u00adridad se realiza con el Crucificado. Y el puro amor consiste en desprenderse de todo, recal\u00adcando la palabra <em>todo, <\/em>para abrazarse a la cruz en un desprendimiento total, hasta de ella misma; \u00abporque si somos tuyas -ora- ya no seremos nuestras y, si pensamos ser tuyas, \u00bfno ser\u00e1 un latrocinio usar de nosotras?\u00bb.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad han sido llamadas a este amor, ya que Jes\u00fas, \u00abno contento con el amor general de todas las almas llamadas, quiere tener algunas muy queridas, escogidas por la pureza de su amor\u00bb. Al llegar a la cima de este amor tan sublime y tan desconocido en la tierra Luisa ha llegado ya al final del segui\u00admiento, ya puede exclamar: \u00abVivamos, pues, como muertas en Jesucristo y como tales, nin\u00adguna resistencia a Jes\u00fas, ninguna acci\u00f3n si no es por Jes\u00fas, ning\u00fan pensamiento m\u00e1s que en Jes\u00fas, en fin, no vivir nada m\u00e1s que para Jes\u00fas y para el pr\u00f3jimo, a fin de que en este amor que une, yo ame todo lo que ama Jes\u00fas, y que por este amor cuyo centro es el amor eterno de Dios a sus criaturas, obtenga yo de su bondad las gracias que su misericordia me quiere dar\u00bb.<\/p>\n<p><em>El Puro Amor fruto del Esp\u00edritu de Jes\u00fas<\/em><\/p>\n<p>Aunque el escrito empieza dirigi\u00e9ndose a las Hijas de la Caridad como si fuera una peque\u00f1a explicaci\u00f3n, est\u00e1 redactado como el fruto de una oraci\u00f3n en la que ha sentido la presencia del Puro Amor en la uni\u00f3n trinitaria, en la creaci\u00f3n y en la encarnaci\u00f3n del Hijo. Hab\u00eda hecho un esquema que no ha podido seguir, al ser arrebatada por la presencia divina. Todo el escrito es un mon\u00f3logo dirigido a las tres Personas de la Trinidad.<\/p>\n<p>No es la \u00fanica vez que se extas\u00eda con el Puro Amor. Meditando sobre la sagrada comuni\u00f3n, manifiesta id\u00e9nticos sentimientos, aunque los re\u00addactase de forma expositiva: \u00abHemos de conside\u00adrar qu\u00e9 motivo puede haber tenido Dios para esta acci\u00f3n tan admirable e incomprensible para los sentidos humanos (la sagrada Comuni\u00f3n); y como no podremos encontrar otro que su puro amor, debemos, con actos de admiraci\u00f3n, adora\u00adci\u00f3n y amor, dar gloria y honor a Dios en agra\u00addecimiento de este invento amoroso para unirse a nosotros; unas veces pregunt\u00e1ndole si no era ya bastante con haberse hecho hombre para ganar nuestro coraz\u00f3n por entero; otras, pidi\u00e9ndole nos diga qu\u00e9 hay en nosotras que quiera El hacer suyo a tan alto precio, para ofrec\u00e9rselo.<\/p>\n<p>La vida espiritual consiste en la respuesta que damos a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en nosotros para que sigamos a Jesucristo en la salvaci\u00f3n de los pobres. Si comparamos la vida humana que solemos llamar asc\u00e9tica con la vida sobrehumana que la tradici\u00f3n llama m\u00edstica, notamos que la diferencia est\u00e1 en la manera de actuar el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>La actividad del Esp\u00edritu divino en nosotros puede realizarse de dos maneras, de acuerdo con las etapas en el camino del seguimiento: una a trav\u00e9s de la inteligencia y la voluntad que activan las virtudes de fe, esperanza y caridad y las dem\u00e1s virtudes. Es el hombre, por lo tanto, guiado y ayudado por el Esp\u00edritu de Jes\u00fas, el que realiza activamente con su <em>esfuerzo <\/em>(en griego <em>ascesis) <\/em>la vida espiritual. A esta etapa la tradici\u00f3n la conoce por <em>asc\u00e9tica. <\/em>Es la m\u00e1s corriente, y al ser este el modo humano y normal de obrar, en la asc\u00e9tica el hombre no siente, no experimenta ni la presencia ni la actuaci\u00f3n del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n el Esp\u00edritu de Jes\u00fas puede apoderarse de tal manera de la inteligencia y de la voluntad del hombre, que sea \u00c9l quien active las virtudes, a trav\u00e9s de carismas que, tradicionalmente, son llamadas los siete <em>dones <\/em>del Esp\u00ed\u00adritu Santo. El hombre es pasivo y siente que, en su mente, sin que \u00e9l pueda impedirlo ni los haya producido, le brotan pensamientos y afec\u00adtos producidos por el Esp\u00edritu de Jes\u00fas. Por eso, esta acci\u00f3n del Esp\u00edritu divino \u2014fuera de lo normal\u2014 se considera sobrehumana, y, al no ser la forma natural de actuar las potencias huma\u00adnas, el hombre se da cuenta de la presencia di\u00advina y su acci\u00f3n. Se conoce por <em>m\u00edstica. <\/em>Durante la oraci\u00f3n m\u00edstica generalmente el Es\u00adp\u00edritu divino act\u00faa por medio de los dones de inteligencia y sabidur\u00eda, y se conoce como <em>ora\u00adci\u00f3n contemplativa.<\/em><\/p>\n<p>Conviene aclarar que no todos los autores de espiritualidad dan el mismo significado a <em>experimentar la presencia del Esp\u00edritu divino. <\/em>Admi\u00adtiendo todos que no se trata de una experiencia sensible, a pesar de que frecuentemente los m\u00eds\u00adticos emplean el verbo <em>sentir, <\/em>algunos autores retratan la experiencia como un acto de la cons\u00adciencia m\u00e1s o menos firme, pero ordinario y com\u00fan dentro del conocimiento, otros autores la igualan simplemente a una experiencia de fe. La experiencia m\u00edstica es un convencimiento m\u00e1s profundo y seguro de la presencia divina en lo m\u00e1s \u00edntimo de la persona. Segundo Galilea lo explica as\u00ed: \u00abEs la convicci\u00f3n, experimentada \u00abimprecisamente\u00bb (san Juan de la Cruz) en el fondo del esp\u00edritu, m\u00e1s all\u00e1 de la sensibilidad y del razonamiento, de que el Dios de Jes\u00fas est\u00e1 presente en nosotros, en los dem\u00e1s y en la his\u00adtoria, as\u00ed como en la naturaleza&#8230; Contemplar a Dios es saber vivencialmente que estamos en sus manos\u00bb. Aunque a veces, al explicarlo, no sabemos si la considera como un convenci\u00admiento humano y natural m\u00e1s que sobrehu\u00admano operado por el Esp\u00edritu Santo\u00bb. Jos\u00e9 Mar\u00eda Vigil y Pedro Casald\u00e1liga confiesan: \u00abSin negar lo que haya de intuici\u00f3n correcta en lo que los grandes m\u00edsticos y te\u00f3logos quer\u00edan decir con esas expresiones, nosotros&#8230; realiza\u00admos nuestra experiencia de Dios desde unos planteamientos y unas categor\u00edas diversos. Nosotros testimoniamos nuestra experiencia de Dios cuando decimos que sentimos estar cola\u00adborando con el Se\u00f1or en la creaci\u00f3n inacabada, tratando de continuarla\u00bb.<\/p>\n<p>Santa Luisa conoc\u00eda lo que era <em>experiencia m\u00edstica, <\/em>no porque se lo hubiesen explicado o haberlo le\u00eddo, sino por vivirlo y experimentado en la oraci\u00f3n. Al final de su vida comprendi\u00f3 que su oraci\u00f3n contemplativa era obra del Es\u00adp\u00edritu de Jes\u00fas que se convirti\u00f3 en el eje de su vida. No es extra\u00f1o, entonces, que, en 1657, tres a\u00f1os antes de morir, hiciera los Ejercicios anuales \u00fanicamente sobre las <em>Razones de darse a Dios para participar en la recepci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo el D\u00eda de\u00a0 Pentecost\u00e9s.<\/em><\/p>\n<p>Ella misma dice que durante los Ejercicios muchas oraciones fueron de contemplaci\u00f3n. Es la divinizaci\u00f3n de la mujer pose\u00edda totalmente por la fuerza del Esp\u00edritu divino: \u00abNo es, pues, bastante que me ense\u00f1es, oh Salvador m\u00edo, los medios para prepararme a la venida del Esp\u00edritu Santo, sino que hace falta, alma m\u00eda, tratar de verdad en vaciarse de todos los impedimentos, y actuar, o mejor dicho dejar actuar plenamente a la gracia que el Esp\u00edritu Santo quiere derra\u00admar en todas las potencias de nuestro ser; y esto no puede ser sino por una destrucci\u00f3n de mis malos h\u00e1bitos que en ocasiones se oponen a ello.<\/p>\n<p>Quita mi ceguera, Luz eterna! \u00a1Da sencillez a mi alma, Unidad perfecta! \u00a1Humilla mi coraz\u00f3n para asentar el fundamento de tus gracias! y que la capacidad de amar que has puesto en mi alma no se detenga ya nunca m\u00e1s en el desarreglo de mi propia suficiencia que no es, en efecto, m\u00e1s que un obst\u00e1culo y un impedimento al puro Amor que he de tener con la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Confusi\u00f3n, pues, para m\u00ed a causa de mis enga\u00f1os que tantas veces me han atado a la fal\u00adsedad, apart\u00e1ndome de la Verdad eterna \u00a1Consume todo esto, fuego del Amor divino, aunque yo no merezca tal gracia!\u00bb<\/p>\n<p>Los creyentes cristianos tienen mucho que aportar a la asignatura pendiente de conciliar modernidad con espiritualidad, y en especial los continuadores de san Vicente y de santa Luisa con la misi\u00f3n de construir una espiritualidad que sea capaz de traer el Reino de Dios a los pobres, un Reino de justicia y de paz, de convi\u00advencia y fraternidad, de respeto y solidaridad, empezando por implantarlo primero en el inte\u00adrior humano, y luego en la vida de los pobres.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad recitan todos los d\u00edas el comienzo de la famosa frase de san Juan de la Cruz: \u00abA la tarde te examinar\u00e1n en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado, y deja tu condici\u00f3n\u00bb. Es decir, que nos preguntar\u00e1n qu\u00e9 ha hecho nuestro amor por los pobres. Nos preguntar\u00e1n con toda crudeza y sin tapujos, si es justo intentar reflexionar sobre la m\u00edstica de santa Luisa de Marillac, cuando en Espa\u00f1a hay m\u00e1s de cuatro millones de para\u00addos que no tienen para vivir, y los <em>sin papeles <\/em>se esconden para que no se los devuelva al hambre y a la miseria o a la muerte. Y respondemos que mucho, pues la m\u00edstica de santa Luisa nos en\u00adse\u00f1a que la uni\u00f3n sobrehumana que Dios hizo con ella se la dio gratuitamente por puro amor, y que este amor gratuito nos lleva a d\u00e1rselo a los pobres, nos lleva a la denuncia prof\u00e9tica de injusticia ante el sufrimiento del inocente. De santa Luisa de Marillac podemos aprender la necesidad de vivir la m\u00edstica y la contempla\u00adci\u00f3n, como vitalidad y fuerza hasta llegar al \u00abpuro amor\u00bb, y entreg\u00e1rselo a los pobres\u00bb, pues nadie puede dar amor si no lo tiene ni amar al pobre si antes no ha experimentado que Dios lo ama gratuitamente, porque es pobre.<\/p>\n<p>Tenemos que comprometernos con nuestra tierra y nuestra historia porque son las \u00fanicas que tenemos para vivir, y aqu\u00ed tenemos que im\u00adplantar el Reino de Dios. M\u00e1s a\u00fan, todo santo es m\u00edstico y todo m\u00edstico es santo, pues en la m\u00edstica se entra cuando se ha llegado a la san\u00adtidad y la santidad es la uni\u00f3n con Dios por medio del amor a los pobres, nos dice Jes\u00fas y nos aclaran Santiago y Juan en sus cartas\u00bb&#8217;. La m\u00edstica nos lleva imparablemente a sentir que Dios est\u00e1 presente en los pobres que forman parte de una sociedad que debemos transfor\u00admar en un Reino de Dios. Con otro lenguaje dir\u00eda que ser m\u00edsticos nos hace experimentar a Dios en la realidad del inundo, contemplar su Reino en nuestra historia y descubrir la Historia de la Salvaci\u00f3n en la \u00fanica Historia humana. Y as\u00ed, la m\u00edstica nos compromete a una pro\u00adfunda responsabilidad, pues cuanto m\u00e1s m\u00edsti\u00adcos seamos, seremos m\u00e1s prof\u00e9ticos y m\u00e1s comprometidos con el servicio de los pobres.<\/p>\n<p>Est\u00e1n apareciendo movimientos que quie\u00adren revitalizar el cristianismo y hasta su sentido m\u00edstico, buscando una experiencia de uni\u00f3n con Dios, un conocimiento experimental de Dios, un sentir y experimentar amorosamente la pre\u00adsencia de Dios en el alma, en nuestro interior. Aunque el nombre no lo sea, la realidad m\u00edstica es de gran actualidad. Hacen de testigos las fra\u00adses de un te\u00f3logo jesuita, Rahner, cuando es\u00adcribe que <em>el cristiano de ma\u00f1ana ser\u00e1 m\u00edstico o no ser\u00e1 cristiano; <\/em>y la de un escritor y fil\u00f3sofo fran\u00adc\u00e9s, Malraux: El hombre del siglo XXI ser\u00e1 re\u00adligioso o no existir\u00e1. M\u00e1s bien es una frase atribuida a Malraux poco antes de morir en 1976. Frase que matiz\u00f3 en una entrevista al se\u00admanario franc\u00e9s Le Point en 1975: Lo que yo digo es m\u00e1s incierto; yo digo que <em>no excluyo la posibilidad de un acontecimiento espiritual a escala planetaria. <\/em>Es decir, que Malraux so\u00f1aba con que todo el mundo fuera m\u00edstico en el siglo XXI. Y si esta frase ha dado la vuelta al mundo y se ha repetido hasta la saciedad, ha sido por\u00adque muchos pensadores y ensayistas han venido reivindicando desde el \u00faltimo cuarto del siglo XX la urgencia de un rearme espiritual.<\/p>\n<p>Continuando con la preocupaci\u00f3n de Malraux, otro franc\u00e9s, el pol\u00edtico Jacques Delors en 1992 insisti\u00f3 en proclamar esta inquietud: \u00abSi en los diez a\u00f1os que vienen no hemos con\u00adseguido <em>dar un alma, una espiritualidad, <\/em>un signi\u00adficado a Europa, habremos perdido la partida\u00bb. Y en 1997 finalmente la Uni\u00f3n Europea reco\u00adnoci\u00f3 y aprob\u00f3, de una manera oficial el pro\u00adgrama \u00abdar un alma a Europa\u00bb, \u00abun alma para Europa, \u00e9tica y espiritualidad\u00bb.<\/p>\n<p>Puede ser dif\u00edcil que se cumpla la predicci\u00f3n de Rahner, el sue\u00f1o de Malraux o el deseo de Delors, tal como est\u00e1 manifest\u00e1ndose la socie\u00addad actual, pues la Iglesia que hab\u00eda modelado la vida personal, familiar y social, y que form\u00f3 un cristianismo, hoy se est\u00e1 desmoronando, hasta preguntarse J. Delumeau: \u00abEl cristia\u00adnismo, \u00bfva a morir?\u00bb, y Tillard: \u00abSomos los \u00fal\u00adtimos cristianos\u00bb. El cristianismo ha perdido el lugar que ocupaba, y ya no dirige la sociedad. Sin embargo, lo que desaparece es una forma de cristianismo, no el cristianismo. Y esta nueva forma de cristianismo, acaso sea la que propo\u00adn\u00eda Rahner: que nosotros, los que vivimos ahora en el siglo XXI, o somos m\u00edsticos o deja\u00admos de ser cristianos. M\u00edsticos al estilo de los grandes m\u00edsticos tradicionales en la Iglesia.<\/p>\n<p><em>Contemplaci\u00f3n y servicio<\/em><\/p>\n<p>Para asimilarlo debemos comenzar por no confundir vida contemplativa con oraci\u00f3n con\u00adtemplativa. La vida contemplativa es un estado religioso en el que las personas que la abrazan dedican su vida a la oraci\u00f3n contemplativa. Esta no es la vida de los seguidores de san Vi\u00adcente que dedican su vida al servicio de los po\u00adbres. Pero tambi\u00e9n ellos dedican momentos del d\u00eda a la oraci\u00f3n con la obligaci\u00f3n de alcanzar la contemplaci\u00f3n. Si la vida espiritual del cristiano se desarrolla en el seguimiento de Cristo y tanto m\u00e1s plenamente se vive el seguimiento cuanto m\u00e1s se identifica con la humanidad de Jes\u00fas, la humanidad de Jes\u00fas comienza su misi\u00f3n con las tentaciones, signo de los obst\u00e1culos que di\u00adficultan el servicio, y termina en la muerte y re\u00adsurrecci\u00f3n, pero en mitad del camino sucede la transfiguraci\u00f3n, presentada por los evangelistas como inseparable de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante un tiempo los tres ap\u00f3stoles expe\u00adrimentan en el Tabor, a\u00fan con los sentidos, la presencia de la divinidad. Es esa oraci\u00f3n que hoy llamamos contemplaci\u00f3n m\u00edstica, grado m\u00e1s que forma de oraci\u00f3n. Y a este grado de oraci\u00f3n pueden llegar todos los bautizados, pues en el bautismo se nos dan la gracia justifi\u00adcante, las virtudes y el Esp\u00edritu Santo con sus dones. Si en la oraci\u00f3n activa es el orante quien ejercita las virtudes de fe, esperanza y caridad para encontrarse con Dios, en la oraci\u00f3n m\u00eds\u00adtica o contemplativa es el Esp\u00edritu Santo el que las activa y se une al hombre por medio de los dones. Por eso la oraci\u00f3n contemplativa es de\u00adfinida como pasiva y sobrehumana.<\/p>\n<p>Santa Luisa no pod\u00eda vivir siempre en la monta\u00f1a. Acaso al principio segu\u00eda a Cristo con una mirada demasiado estrecha hacia ella, su hijo y su marido, y Dios la subi\u00f3 a la monta\u00f1a y la introdujo en una nube oscura, donde expe\u00adriment\u00f3 con la fe la presencia divina, pero ten\u00eda que descender de la monta\u00f1a y mezclarse con los problemas y situaciones reales de los pobres concretos para darles esperanza y soluciones comprometidas, como lo experiment\u00f3 en unos Ejercicios tres a\u00f1os antes de morir: \u00abMi oraci\u00f3n ha sido m\u00e1s de contemplaci\u00f3n que de razona\u00admiento, con gran atractivo por la Humanidad santa de Nuestro Se\u00f1or y el deseo de honrarla e imitarle lo m\u00e1s que pudiera en la persona de los pobres y de todos mis pr\u00f3jimos, ya que en alguna lectura he aprendido que nos hab\u00eda en\u00adse\u00f1ado la caridad para suplir la impotencia en que estamos de rendir ning\u00fan servicio a su per\u00adsona, y esto ha penetrado en mi coraz\u00f3n de ma\u00adnera especial y muy \u00edntima\u00bb. La oraci\u00f3n m\u00edstica la compromet\u00eda con los pobres. Ante las angustias y necesidades de los pobres, Luisa, como Mois\u00e9s, escucha lo que Dios le dice: veo <em>y escucho los grito, de mi pueblo, vete y s\u00e1calos de la es\u00adclavitud <\/em>o lo que Jes\u00fas manda a los ap\u00f3stoles: <em>levantaos y bajemos de la montar\u00eda\u00a0 a donde viven los pobres con sus problemas.<\/em><\/p>\n<p>El amor contemplativo debe tomar posesi\u00f3n de la persona activa y cultivarlo en el servicio. La fe la llena de la esperanza de poder cumplir el mandamiento que nos trasmiti\u00f3 Jes\u00fas antes de morir: \u00abque os am\u00e9is unos a otros, como yo os he amado\u00bb (Jn 15, 12). Porque el amor divino tiene que expresarse en el servicio a los pobres, como escrib\u00eda a una Hermana un mes antes de morir: D\u00edgame \u00absi mientras trabajan en el servi\u00adcio exterior, su interior se ocupa, por amor de Nuestro Se\u00f1or, en velar sobre s\u00ed mismas&#8230; Sin esto, sabe usted muy bien que las acciones exte\u00adriores, aun cuando sean para el servicio de los pobres, no pueden agradar mucho a Dios ni me\u00adrecernos recompensa, puesto que no van unidas a las de Nuestro Se\u00f1or que siempre trabaja con la mira puesta en Dios su Padre\u00bb<sup>48<\/sup>. No olvide\u00admos que el Esp\u00edritu de Jes\u00fas introdujo a Luisa de Marillac en lo m\u00e1s alto de la contemplaci\u00f3n m\u00edstica yendo a visitar las Caridades de Asni\u00e9res y Saint-Cloud.<\/p>\n<p><em>Presencia y pasividad<\/em><\/p>\n<p>Estamos hablando continuamente de la Presencia del Esp\u00edritu de Jes\u00fas en el alma de Luisa de Marillac. A veces hay m\u00edsticos que ven a Jes\u00fas, oyen sus palabras, etc., pero propia\u00admente estas visiones y palabras no son la m\u00eds\u00adtica, sino fen\u00f3menos extraordinarios que pueden acompa\u00f1ar o no a la m\u00edstica. La presen\u00adcia del Esp\u00edritu de Jes\u00fas en la m\u00edstica, no es una presencia f\u00edsica u objetiva a la que ella puede llegar como a un objeto que estudie o medite, ni tampoco de la presencia sustancial divina que siempre est\u00e1 en todas las cosas cre\u00adadas para que no vuelvan a la nada y que Luisa resumen en una frase: \u00abConsiderando que soy de Dios por su Ser \u00fanico y por la creaci\u00f3n, que son los dos fundamentos de mi pertenencia, me he visto pertenecerle tambi\u00e9n por la conserva\u00adci\u00f3n que es el sost\u00e9n de mi ser y como una cre\u00adaci\u00f3n continua\u00bb<sup>50<\/sup>. La presencia m\u00edstica es una presencia real del Esp\u00edritu de Jes\u00fas que quiere comunicarse y unirse a su persona en el interior y que Luisa experimenta por revelaci\u00f3n divina. Requer\u00eda que ella la aceptara y la acogiera a trav\u00e9s de una actitud de fe porque la pasividad no es absoluta en ninguna persona m\u00edstica. Si la Trinidad le ped\u00eda que la acogiera, esto s\u00f3lo pod\u00eda hacerlo por medio de una actitud de fe que solemos llamar experiencia de fe.<\/p>\n<p>En muchos p\u00e1rrafos de sus pensamientos la comunicaci\u00f3n m\u00edstica aparece con tanta cla\u00adridad, que quedamos admirados al ver c\u00f3mo una mujer tan activa pudo tener tales vivencias divinas expresadas frecuentemente con el mo\u00addismo <em>me pareci\u00f3. <\/em>Es el lenguaje de lo inefable: \u00abEn la santa misa, al entregarme decididamente a la santa Virgen para ser de Dios seg\u00fan su be\u00adnepl\u00e1cito con el deseo de imitar su santa vida, me pareci\u00f3 que nuestro Se\u00f1or presentaba a su santa Madre mi indignidad en el pasado y en el futuro; y, pensando que era aceptada, le ped\u00ed que le fuera manifestado a mi Padre espiritual algo sobre las cosas que tengo que pregun-tarle\u00bb.<\/p>\n<p><em>Su vida espiritual en plenitud<\/em><\/p>\n<p>Santa Luisa alcanza la plenitud en la vida casi divina. Jes\u00fas desea posesionarse entera\u00admente de ella como su due\u00f1o y esposo. Po\u00adniendo las palabras en boca de la santa, nos emocionan: \u00abDe tiempo en tiempo, especialmente en las grandes solemnidades&#8230; Me pare\u00adci\u00f3 que a mi alma se le daba a entender que su Dios quer\u00eda venir a m\u00ed, no como a un lugar de recreo o alquilado, sino como a su propia here\u00addad o lugar que le pertenece enteramente\u00bb. \u00abDe pronto sent\u00ed que era advertida de desear que nuestro Se\u00f1or viniese a m\u00ed acompa\u00f1ado de sus virtudes para comunic\u00e1rmelas\u00bb.<\/p>\n<p>Santa Luisa tuvo la suerte de encontrar en el momento oportuno a san Vicente<sup>55<\/sup>, que con\u00adsidera esta oraci\u00f3n como algo fuera de lo com\u00fan, como la oraci\u00f3n de una mujer aden\u00adtrada en Dios. Y se la respeta, y, admitiendo esta realidad, la dirige hacia lo que Dios pide de ella.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, despu\u00e9s de sentir a Dios en la ora\u00adci\u00f3n, corre gozosa a cont\u00e1rselo a su director y a pedirle ayuda: \u00abPadre: Mi coraz\u00f3n, lleno to\u00addav\u00eda de gozo por la inteligencia que me parece que Dios le ha dado de esas palabras: \u00a1Dios es mi Dios! y del sentimiento que he tenido de la gloria que todos los bienaventurados le dan, movidos por esta verdad, no puedo menos de escribirle esta tarde para suplicarle que me ayude a emplear debidamente estos excesos de gozo\u00bb.<\/p>\n<p>Y sin p\u00e9rdida de tiempo san Vicente le res\u00adponde en el mismo papel por medio de la misma persona que le hab\u00eda tra\u00eddo la misiva: \u00abSe\u00f1orita: \u00a1Bendito sea Dios por las caricias con que su divina Majestad la honra! Hay que recibirlas con respeto y devoci\u00f3n, pensando en alguna cruz que le est\u00e1 preparando. Su bondad suele preparar a las almas que ama de esta forma, cuando las desea crucificar\u00bb. Tambi\u00e9n \u00e9l hab\u00eda sido iniciado en la espiritual beruliana y desde ella hab\u00eda entrado en la m\u00edstica. Y aunque hac\u00eda ya bastantes a\u00f1os que, por influencia de san Francisco de Sales y el encuentro con los po\u00adbres, iba viviendo una espiritualidad que hoy llamamos vicenciana, conoc\u00eda muy bien por ha\u00adberla experimentado, la espiritualidad renano-flamenca; y viviendo esta espiritualidad hab\u00eda pasado tambi\u00e9n \u00e9l la Noche m\u00edstica de los sentidos.<\/p>\n<p><em>Desposorio m\u00edstico<\/em><\/p>\n<p>Como el final de todo el caminar junto a Dios, san Vicente sabe llevarla, sin violentar su personalidad, hasta lo m\u00e1s alto de la m\u00edstica, al desposorio espiritual del que habla santa Teresa con tanto entusiasmo en la Morada sexta, y al que pocos m\u00edsticos consta que hayan llegado. Santa Luisa, como siempre, se lo cuenta a san Vicente con lenguaje tan natural y en una situa\u00adci\u00f3n tan ordinaria, que nos extra\u00f1a que una oraci\u00f3n tan sublime pueda presentarse tan sen\u00adcilla. Por eso no suele repararse en ello, y hasta se ha querido explicar c\u00f3mo una prolongaci\u00f3n de su matrimonio con Antonio Le Gras, ya que sucedi\u00f3 en el aniversario de su boda.<\/p>\n<p>El aut\u00f3grafo es un informe enviado a san Vicente sobre las visitas que hizo a las Carida\u00addes de Asni\u00e9res y Saint-Cloud el 19 de diciem\u00adbre de 1629 y el 5 de febrero de 1630. Ten\u00eda 38 a\u00f1os de edad, llevaba 22 a\u00f1os de oraci\u00f3n y desde hac\u00eda unos 8 en la oraci\u00f3n recib\u00eda la ex\u00adperiencia de Dios. Identific\u00e1ndose signo y ca\u00adrisma, el desposorio m\u00edstico -cima apetecida de la contemplaci\u00f3n- se realiz\u00f3 en medio del ser\u00advicio a los pobres -cima humana de la presencia amorosa de Jesucristo en el pobre-. Pues no hay dos experiencias de Dios, sino una sola. A la experiencia del Esp\u00edritu de Jes\u00fas en la oraci\u00f3n o en la eucarist\u00eda, suele llamarse contem\u00adplaci\u00f3n, y a la experiencia del mismo Esp\u00edritu de Jes\u00fas en los pobres, suele llamarse m\u00edstica. Y, cosa curiosa, hac\u00eda tan s\u00f3lo unos meses que se hab\u00eda entregado expresamente a los pobres. \u00abEl mi\u00e9rcoles de las cuatro t\u00e9mporas de Navi\u00addad sal\u00ed para ir a Asni\u00e9res, temiendo hacer el viaje a causa de mis enfermedades, me sent\u00ed for\u00adtalecida a la vista de la obediencia que me hac\u00eda ir all\u00e1. Y en la santa comuni\u00f3n de aquel d\u00eda me sent\u00ed presionada a hacer un acto de fe, y este sentimiento me dur\u00f3 mucho tiempo; pare\u00adci\u00e9ndome que Dios me dar\u00eda la salud, con tal que yo creyese que \u00e9l pod\u00eda, contra toda apa\u00adriencia, darme fuerza, y que \u00e9l lo har\u00eda, acor\u00add\u00e1ndome a menudo de la fe que hizo andar a san Pedro sobre las aguas. Y a lo largo de todo el viaje, me parec\u00eda obrar sin ninguna interven\u00adci\u00f3n de m\u00ed misma, con gran consuelo de que Dios quisiese que, aunque indigna como soy, ayudase a mi pr\u00f3jimo a conocerle.<\/p>\n<p>El d\u00eda de santa \u00c1gueda, 5 de febrero, sal\u00ed para Saint-Cloud. En la santa comuni\u00f3n me pa\u00adreci\u00f3 que nuestro Se\u00f1or me daba el pensa\u00admiento de recibirlo como a esposo de mi alma, y a\u00fan que esto era ya una forma de desposorios, y me sent\u00ed tan fuertemente unida a Dios en esta consideraci\u00f3n que para m\u00ed fue extraordinaria y tuve el pensamiento de dejarlo todo para seguir a mi esposo y de mirarlo de aqu\u00ed en adelante como a tal, y de soportar las dificultades que encontrar\u00eda como recibi\u00e9ndolas en comunidad de bienes\u00bb.<\/p>\n<p>Esta larga experiencia de Dios, se presenta como un desposorio m\u00edstico. Adem\u00e1s del len\u00adguaje impreciso para expresar una experiencia m\u00edstica inefable: \u00abme pareci\u00f3\u00bb&#8230;, y del senti\u00admiento convencido del desposorio realizado, est\u00e1n presentes las caracter\u00edsticas del acto con\u00adtemplativo: Luisa no interviene, es sujeto pasivo donde nuestro Se\u00f1or realiza; aparece nuestro Se\u00f1or que le comunica algo y Luisa experi\u00admenta una sensaci\u00f3n sobrenatural fuera de lo com\u00fan. Es un sentimiento de bienestar que le dura largo tiempo y que le ha grabado nuestro Se\u00f1or, y ella es consciente de que Jes\u00fas ha re\u00adalizado algo extraordinario en ella y lo acepta por la fe. Este algo le parece ser un desposorio espiritual y lo considera como ya realizado, \u00aby \u2014dice ella\u2014 me sent\u00ed tan fuertemente unida a Dios en esta consideraci\u00f3n que para m\u00ed fue ex\u00adtraordinaria, y tuve el pensamiento de dejarlo todo para seguir a mi Esposo y de mirarlo de aqu\u00ed en adelante como a tal\u00bb. Y recalca que, a ra\u00edz de este desposorio hay, como en el matri\u00admonio humano, una comunicaci\u00f3n de bienes.<\/p>\n<p>En otro momento, igualmente trascenden\u00adtal, siente que nuestro Se\u00f1or la hab\u00eda pose\u00eddo y obraba en ella como sujeto de operaciones sin intervenci\u00f3n ninguna de su parte. Es la Uni\u00f3n Transformante de la que hablan santa Teresa de Jes\u00fas y san Juan de la Cruz como la uni\u00f3n m\u00edstica m\u00e1s sublime que se da en la contempla\u00adci\u00f3n. Y tambi\u00e9n en otra ocasi\u00f3n nos cuenta con toda ingenuidad: \u00abMe parec\u00eda que nuestro buen Dios me pidi\u00f3 mi consentimiento -y yo se lo di enteramente- para obrar por \u00e9l mismo lo que quiere ver en m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p><strong><em>La uni\u00f3n m\u00edstica es con Jes\u00fas<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Influenciada por su director Vicente, se va uniendo d\u00eda a d\u00eda a la persona humana de Jes\u00fas, aunque, como B\u00e9rulle, no pueda evitar que considere siempre la Humanidad de Jes\u00fas en cuanto divinizada. Pero es con la Humani\u00addad de Jes\u00fas con quien ya quiere unirse en la oraci\u00f3n contemplativa, cuando medita <em>la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, la Redenci\u00f3n del Hijo de Dios, la Pasi\u00f3n y la Resurrecci\u00f3n<\/em>, <em>la Imitaci\u00f3n de <\/em><em>Jesucristo en su muerte, la Fidelidad en el servicio a Jes\u00fas, la Eucarist\u00eda, <\/em>en los temas sobre <em>San Dionisio y el Hermano Antonio, <\/em>y en los temas sobre <em>Mar\u00eda<sup>67<\/sup>.<\/em><\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar que en una explosi\u00f3n m\u00eds\u00adtica exclame: \u00abVivamos, pues, muertos en Jesu\u00adcristo, y como tales, nada de resistir a Jes\u00fas, no m\u00e1s actuar si no es para Jes\u00fas y para el pr\u00f3jimo, a fin de que, en este amor, ame yo todo lo que Jes\u00fas ama\u00bb. Y Jes\u00fas amado por s\u00ed mismo se prolonga en el pobre, haciendo presente el <em>amaos como yo os he amado: <\/em>\u00a0Pues en una lectura -escribe ella- he aprendido que Jes\u00fas nos hab\u00eda ense\u00f1ado la caridad para suplir la impotencia de rendir ning\u00fan servicio a su persona\u00bb.<\/p>\n<p>El cambio ha sido profundo, haci\u00e9ndonos pensar como en una nueva vida. La Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios pasa a ser el eje sobre el que gira su vida espiritual, poniendo la salvaci\u00f3n de los hombres en el momento mismo de la Encarna\u00adci\u00f3n, como lo hab\u00eda hecho Duns Escoto, y que seguramente Luisa lo hab\u00eda le\u00eddo en B\u00e9rulle. La persona de Jes\u00fas asume la presencia de la divi\u00adnidad en la tierra por medio de la Encarnaci\u00f3n y de la Eucarist\u00eda, con un papel diferente: \u00abHa\u00adbiendo bastado la Encarnaci\u00f3n para redimirnos, parece que el darse a nosotros en la sagrada Hos\u00adtia, es puramente para nuestra santificaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Presencia de Dios en la tierra por la Encar\u00adnaci\u00f3n y la Eucarist\u00eda, y tambi\u00e9n en el hombre. El Dios eterno e inmenso deja paso a la \u00abpre\u00adsencia continua, aunque invisible\u201d de Jes\u00fas en el alma. Es una presencia por la aplicaci\u00f3n que el Padre hace al hombre de los m\u00e9ritos de su Hijo encarnado; ya que, por la encarnaci\u00f3n, la Trini\u00addad est\u00e1 unida al hombre en Jesucristo. En \u00c9l el Creador se une a la criatura y, al mirar al hombre, ve a su Hijo y perdona y acepta las acciones de las criaturas, aplic\u00e1ndoles los m\u00e9ritos del Verbo: \u00abEs como el aire sin el cual el alma no tiene vida, y es as\u00ed como yo he visto la redenci\u00f3n de los hom\u00adbres en la encarnaci\u00f3n, y su santificaci\u00f3n por me\u00addio de la uni\u00f3n del hombre con Dios en la persona de su Hijo por esta presencia, aplicando continuamente sus m\u00e9ritos a cada alma, atada a la uni\u00f3n personal de un Dios con el hombre\u00bb.<\/p>\n<p>Y convertida ya en una persona abismada en Dios, durante la oraci\u00f3n contemplativa no puede menos que continuar exclamando en forma de interrogantes: \u00ab\u00bfHay algo m\u00e1s excelente, en el cielo y en la tierra, que este tesoro? \u00bfC\u00f3mo vivir fuera de raz\u00f3n despu\u00e9s de haberse entregado to\u00adtalmente para prepararse a este bien infinito? \u00bfNo deber\u00eda yo desear morir, \u00a1oh Dios m\u00edo! tan pronto como lo hubiera recibido? Vivir tanto como a \u00c9l le agrade, pero de tu vida que es toda de Amor. \u00a1Que no pueda yo desde este mundo derramarme en el oc\u00e9ano de tu Ser divino!\u00bb.<\/p>\n<p>Si el <em>puro amor <\/em>consiste en amar a Dios de una manera desinteresada, buscando tan solo su gloria, \u00bfhay que desprenderse de todas las cosas creadas que no sean Dios, si se oponen a sus planes? \u00bfManda Dios que lo amemos de tal manera que debamos rechazar todo lo cre\u00adado porque causa placer sensible?<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu de Jes\u00fas nos dirige en el des\u00adprendimiento de las cosas creadas que causan injusticia a los dem\u00e1s, los humilla, margina o da\u00f1a; y a dominar las ansias de poder pasando por encima de cualquiera sin tener en cuenta su dignidad y sus derechos. Es \u00c9l quien ilumina a las Hijas de la Caridad en la ascesis como una <em>exigencia del amor y <\/em>una manera m\u00e1s clara de de\u00admostrarlo en las cosas que cuestan. Lo asumen a <em>imitacci\u00f3n de Jes\u00fas crucificado, porque las acerca a los que sufren. <\/em>Sin embargo, a menudo hemos considerado la ascesis como un rechazo de las realidades terrenas a pesar de ser todas creadas por Dios que las valora como cosas buenas. Acaso porque hemos olvidado la presencia del Esp\u00edritu de Jes\u00fas como luz y fuerza en nuestra vida.<\/p>\n<p>Esta ascesis un tanto destructiva era la que viv\u00edan los espirituales del entorno de Luisa de Marillac y ella misma. Sin embargo, santa Luisa ya propon\u00eda el desprendimiento, no como un desprecio de las cosas materiales, sino como una exigencia del doble mandamiento de \u00abamar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Lc 10, 27).<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu de Jes\u00fas hab\u00eda inspirado a Luisa de Marillac fundar las Hijas de la Cari\u00addad para instaurar el Reino de Dios entre los pobres. Y tambi\u00e9n que esta empresa no se rea\u00adlizar\u00eda si las Hermanas no estaban dispuestas a <em>una renuncia total y radical <\/em>de todo lo que poseen y de la misma persona, para servir mejor a los pobres.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac descubre que a <em>una renun\u00adcia total y radical <\/em>se le resisten los tres instintos de todo hombre: <em>no morir, <\/em>que entorpece uni\u00adversalizar el amor. Su objetivo es uno mismo. Resistir al Esp\u00edritu Santo es rehuir la castidad como fruto del amor, es vivir la sexualidad sin control. Otro instinto es <em>querer alcanzar la pervi\u00advencia <\/em>gozando en la vida de las riquezas y re\u00adchazando cualquier sacrificio que imponga la <em>pobreza. Y <\/em>el tercer instinto es querer <em>dominar a los dem\u00e1s, <\/em>mantener el propio juicio sin ceder ante nadie. Resistir al Esp\u00edritu Santo es <em>querer imponer.<\/em><\/p>\n<p><em>Los consejos evang\u00e9licos<sup>,<\/sup><\/em><\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad que buscan el puro amor con la fuerza del Esp\u00edritu de Jes\u00fas, inten\u00adtan controlar los tres instintos de toda persona viviendo los consejos evang\u00e9licos que confir\u00adman por medio de los votos de castidad, po\u00adbreza y obediencia.<\/p>\n<p><em>La castidad<\/em><\/p>\n<p>No se puede negar que las Hijas de la Ca\u00adridad hacen voto de castidad por amor a Dios y para seguir a Jesucristo m\u00e1s radicalmente o, corno El mismo dijo, <em>por el Reino de los Cielos <\/em>(Mt 19, 12), pero siempre pensando en los pobres. Por eso, su voto no es sencillamente un voto de castidad perfecta, sino de <em>castidad perfecta en el celibato. <\/em>Y estas dos cosas, castidad perfecta y celibato, que se comprometen a \u00abguardar\u00bb, su\u00adponen que la Hija de la Caridad renuncia a la pervivencia en los hijos. Es como un dejar de existir para que vivan los pobres. Con el ins\u00adtinto de sobrevivir que entrega a Dios se des\u00adprende de su persona y de su vida por amor a \u00e9l y a los pobres. Hace el voto de castidad no solo para dominar el instinto sexual o renunciar a los placeres sexuales, sino tambi\u00e9n para en\u00adtregar su persona y su vida a Dios y a los po\u00adbres\u00bb&#8217;. La castidad \u00ablibera el coraz\u00f3n\u00bb para <em>realizar una Alianza con Dios <\/em>y el celibato la hace disponible para servir en cualquier momento a cualquier pobre de cualquier lugar. Ah\u00ed est\u00e1 el puro amor, dif\u00edcil de cumplir si no se lo inspira el Esp\u00edritu divino: desprenderse de un tercio de su persona, del ansia de sobrevivir en los hijos. Es desprenderse del amor a s\u00ed mismo y a los hijos, para hacerse universal hacia todos por el amor del Esp\u00edritu de Jesucristo.<\/p>\n<p><em>La pobreza<\/em><\/p>\n<p>Son muy variados los frutos que las rique\u00adzas aportan a quienes las poseen: comodidad y seguridad para vivir en el presente y en el fu\u00adturo. Hoy d\u00eda el fruto m\u00e1s apetecido y que m\u00e1s unifica los instintos de cada hombre es <em>el poder <\/em>que les otorga el dinero a quienes lo poseen. Las personas que controlan la econom\u00eda mun\u00addial se han convertido en un gobierno que di\u00adrige un Estado extendido por toda la tierra. Los poseedores del dinero tienen poder para con\u00adtrolar las legislaciones nacionales e internacio\u00adnales y para cambiar los gobiernos. El af\u00e1n de poder es insaciable, llevando a no contentarse con el poder que se posee y a ambicionar cada vez m\u00e1s. Esto es resistir al Esp\u00edritu Santo por amor material.<\/p>\n<p>En este punto se centra el voto de pobreza de las Hijas de la Caridad de acuerdo con Jes\u00fas, cuando le dijo a aquel acaudalado: \u00abA\u00fan te falta una cosa. Todo cuanto tienes v\u00e9ndelo y rep\u00e1rtelo entre los pobres, y tendr\u00e1s un tesoro en los cielos; luego, ven y s\u00edgueme\u00bb (Lc 18, 22). Las Hijas de la Caridad no hacen voto de no poseer, sino <em>de no tener poder, <\/em>de no poder usar sus bienes sin permiso. Su voto de pobreza no va tanto a vivir pobremente -que va- cuanto a no poder disponer de los frutos de sus bienes sin permiso. Las Hermanas saben que sus bienes no les dan ni comodidades ni poder, pues los superiores no les pueden autorizar el uso de sus bienes si no es en favor de los pobres. La mejor\u00eda que les podr\u00eda dar el dinero sobre otras Hermanas que carecen de \u00e9l, queda anulado. Todas son iguales. La comunidad provee a todas por igual. Es un voto que \u00ablas abre al amor de todos y las impulsa a poner al servicio de sus hermanos su persona\u201d. Conducidas por el puro amor del Esp\u00edritu de Jes\u00fas se despren\u00adden de otro tercio de su persona, del ansia de poder usar.<\/p>\n<p><em>La obediencia<\/em><\/p>\n<p>Este voto envuelve todas las actuaciones de las Hijas de la Caridad para elegir libremente en favor de los pobres. Obedecer significa que uno escucha al Esp\u00edritu divino. Obedecer no es so\u00admeterse a la voluntad de la Hermana Sirviente sino ponerse con la Hermana Sirviente a buscar la voluntad de Dios para instaurar su Reino entre los pobres. Ah\u00ed est\u00e1 la originalidad del voto de obediencia de las Hijas de la Caridad: \u00abobediencia al Superior General de la Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, conforme a sus Constituciones y Estatutos\u00bb. Es el voto de obedecer no a una persona de la comunidad o de la Provin\u00adcia, sino a la autoridad que le viene de Dios al Superior General. El voto al Superior General le da libertad para optar al puro amor desinte\u00adresado y a desprenderse del \u00faltimo tercio que le quedaba de su persona, de la libertad de elegir en provecho propio. Es desprenderse del propio juicio para saber acoger el parecer de las com\u00adpa\u00f1eras y de los pobres como una parte inte\u00adgrante de su ser. Porque el juicio es lo que la afianza en ser ella misma y la convence de que es ella y no otra. Por eso, santa Luisa concreta que para entregar el juicio propio es necesario saber <em>ceder ante el parecer de las otras. <\/em>De esta forma deja de hacer resistencia a la direcci\u00f3n del Es\u00adp\u00edritu Santo y alcanza el puro amor.<\/p>\n<p>Santa Luisa termina as\u00ed su ense\u00f1anza: \u00abAmemos, pues, este amor y comprendamos su duraci\u00f3n que no depende en manera alguna de nosotros, y para ello traigamos con frecuencia a la memoria todas las acciones de la vida de nues\u00adtro Amante para imitarle; quien no contento del amor general de todas las almas llamadas, quiere tener otras predilectas, elevadas por la pureza de su Amor. Y antes de entrar en la pr\u00e1c\u00adtica de esta alta proposici\u00f3n, admiremos la bon\u00addad de nuestro Amante y con esa sencillez de la paloma que \u00c9l nos pide, pregunt\u00e9mosle si nos ama y si quiere ser amado por nosotras.<\/p>\n<p>\u00a1Se\u00f1or m\u00edo! he recibido no s\u00e9 qu\u00e9 luz nueva acerca de un amor no com\u00fan que deseas de las criaturas a las que escoges para que ejerzan en la tierra la pureza de tu amor. Aqu\u00ed tienes un peque\u00f1o grupo, \u00bfpodr\u00edamos preten\u00adderlo? Me parece que tenemos ese deseo en el coraz\u00f3n, pero el conocimiento de nuestra fla\u00adqueza que se manifiesta en nuestras infideli\u00addades pasadas, nos hace temer que nos rechaces. No obstante, el recordar que no has limitado el n\u00famero de veces en que hemos de perdonar a nuestros enemigos, nos hace creer que t\u00fa har\u00e1s con nosotras lo mismo, y puesto que es as\u00ed, creemos que nos amas.<\/p>\n<p>Verdaderamente nos amas, puesto que eres uno con tu Padre que ha querido testimoniar\u00adnos su amor d\u00e1ndonos a su Hijo, que eres t\u00fa. Y tenemos la seguridad de que quieres que te amemos, puesto que tu Ley antigua y nueva nos lo manda y que nos prometes que seremos ama\u00addas por tu Padre, que vendr\u00e1s a nosotros con tu Padre y permanecer\u00e9is en nosotros si os amamos. \u00a1Poder del amor!&#8230; \u00a1Admirable tesoro oculto en lo m\u00e1s \u00edntimo del alma!&#8230; \u00a1Excelencia del hombre! \u00bfQui\u00e9n pudiera conocerte?; todos los hombres quedar\u00edan cautivados. T\u00fa eres el objeto de la eternidad gloriosa de las almas elevadas al cielo, pues estando en el alma, Dios quiere habitar en ella. \u00a1Oh Amor puro, cu\u00e1nto te amo! Pues eres fuerte como la muerte, aparta de mi cuanto te sea contrario.<\/p>\n<p><em>Conclusi\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>La m\u00edstica se puede alcanzar viviendo el vicencianismo. Brota entonces una pregunta \u00bfpor qu\u00e9 no se ha considerado m\u00edstica a santa Luisa de Marillac hasta ahora? Porque hasta el siglo XX solamente estaba al alcance de los estudio\u00adsos sus cartas, que por lo general son cartas para el servicio y para la vida comunitaria, mientras que sus escritos espirituales publica\u00addos por Gobillon con el nombre de Meditacio\u00adnes, no eran nada m\u00e1s que unas composiciones rehechas por \u00e9l a base de trozos escritos por la santa. Pero tanto en estas Meditaciones como en la Vida de la Se\u00f1orita Le Gras que escribi\u00f3, Gobillon hab\u00eda quitado todo trazo de m\u00edstica. \u00bfPor qu\u00e9? Porque en Francia, debido al quietismo, la m\u00edstica hab\u00eda quedado en entredicho, y era sospechosa de herej\u00eda quietista o semi-quietista toda persona que experimentara fen\u00f3\u00admenos m\u00edsticos o hablara de m\u00edstica.<\/p>\n<p>\u00abTanto entre eclesi\u00e1sticos como entre civiles, se toleraban cada vez menos las manifestacio\u00adnes p\u00fablicas de misticismo, y especialmente cuando se trataba de mujeres. Esto cort\u00f3 las alas a las m\u00edsticas, quienes en much\u00edsimos casos y sobre todo durante los periodos m\u00e1s creado\u00adres de su existencia sol\u00edan llevar una vida semi-religiosa en la que la compasi\u00f3n hacia el pr\u00f3jimo se fund\u00eda con la apasionada autodisoluci\u00f3n en el Amante divino. Por tanto, hubo que aislarlas de manera m\u00e1s eficaz, pero tam\u00adbi\u00e9n controlarlas m\u00e1s severamente a trav\u00e9s de sus confesores y gu\u00edas espirituales. Sin em\u00adbargo, a menudo ocurr\u00eda, como tantas veces en el pasado, que el gu\u00eda se volv\u00eda poco a poco un igual y un amigo, o incluso un disc\u00edpulo, lo que planteaba problemas cada vez m\u00e1s delicados\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Benito Mart\u00ednez Betanzos, cm<\/p>\n<p>CEME, 2017<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV: etapas del seguimiento Segunda conversi\u00f3n De santa Luisa de Marillac s\u00f3lo conserva\u00admos unos papeles generalmente sin fecha, a veces notas peque\u00f1as, que escribe mientras hace oraci\u00f3n, o quiere recordar cuando vaya a su &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-cristo-de-las-hijas-de-la-caridad-iv\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":405246,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[28],"tags":[],"class_list":["post-405252","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-formacion-vicenciana"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>El Cristo de las Hijas de la Caridad (IV) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-cristo-de-las-hijas-de-la-caridad-iv\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"El Cristo de las Hijas de la Caridad (IV) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Cap\u00edtulo IV: etapas del seguimiento Segunda conversi\u00f3n De santa Luisa de Marillac s\u00f3lo conserva\u00admos unos papeles generalmente sin fecha, a veces notas peque\u00f1as, que escribe mientras hace oraci\u00f3n, o quiere recordar cuando vaya a su ... 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