{"id":405232,"date":"2024-06-12T08:53:11","date_gmt":"2024-06-12T06:53:11","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405232"},"modified":"2023-08-18T20:54:14","modified_gmt":"2023-08-18T18:54:14","slug":"manual-del-visitador-del-pobre-xi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/manual-del-visitador-del-pobre-xi\/","title":{"rendered":"Manual del Visitador del Pobre (XI)"},"content":{"rendered":"<p>De los ni\u00f1os<\/p>\n<p>Aquel ser cuyo nombre maldecido aterra la comarca; aquel otro, blanco de la sangrienta curiosidad del vulgo, que camina hacia el pat\u00edbulo para expiar en \u00e9l sus inauditos cr\u00ed\u00admenes, fueron dos ni\u00f1os inocentes. puros&#8230;. risue\u00f1os, \u00edba\u00admos a decir; risue\u00f1os. no. porque la miseria y la dureza hela\u00adron en sus labios la risa infantil y en su alma el germen de las virtudes. Salvo raras excepciones. el hombre criminal fue un ni\u00f1o desdichado, a quien faltaron buenos ejemplos y cari\u00adcias. Tengamos esto bien presente y, al ver un ni\u00f1o descalzo, desnudo, hambriento, a quien nadie corrige ni ama pense\u00admos que, abandonado a su mala suerte, podr\u00e1 ser un hom\u00adbre criminal. Es doloroso ver tantos ni\u00f1os pobres como se pervierten en las calles y en sus casas.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o tiene el germen de los malos instintos y de las elevadas virtudes; el secreto de la educaci\u00f3n consiste en sofo\u00adcar los primeros, evitando las ocasiones de que se ejerciten y desarrollen, y en estimular las segundas. Todos nacemos con la facultad de amar y de aborrecer. Si nos rodean con una atm\u00f3sfera de amor, s\u00f3lo se desarrollar\u00e1n los afectos ben\u00e9vo\u00adlos; los opuestos quedar\u00e1n eternamente en embri\u00f3n: \u00bfa qui\u00e9n hemos de aborrecer? Si, por el, contrario, no hallamos m\u00e1s que hostilidad en derredor nuestro, la facultad de abo\u00adrrecer entra en una triste gimnasia, en que ella sola se ejerci\u00adta; la opuesta se debilita, como un miembro que no se usa; si desaparece, \u00bfa qui\u00e9n hemos de amar? Este es el caso de muchos ni\u00f1os que, no teniendo padres, o siendo \u00e9stos vicio\u00adsos y pervertidos, no representan en la familia m\u00e1s que una pesada carga. Como la infancia exige tantos y tan incesantes cuidados, como necesita tantos sacrificios de parte de los que han de protegerla, Dios ha puesto el m\u00e1s poderoso y el m\u00e1s noble de los instintos para ampararla; pero este instinto se debilita muchas veces por la miseria y por el vicio.<\/p>\n<p>Para comprender la conducta de ciertos jefes de familia, es preciso recordar que fueron tratados por sus padres lo mismo que tratan a sus hijos. No hay s\u00f3lo la <em>indigencia here\u00additaria, <\/em>hay tambi\u00e9n dureza y culpable abandono heredita\u00adrios. \u00a1Triste herencia, recogida fatalmente de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, para desgracia de todas! Vemos, pues, a un hom\u00adbre, a una mujer, que har\u00e1n de sus hijos lo que sus padres hicieron de ellos: el mal es grave, y la caridad necesita de todos sus esfuerzos para aminorarle, unas veces a conse\u00adcuencia del vicio, de la miseria otras, porque la miseria debi\u00adlita el cuerpo y deprava el alma. Ese ni\u00f1o tiene hambre, tiene fr\u00edo, su vida moral parece que no existe; est\u00e1 dominado por dos ideas fijas: comer y calentarse. Su madre tiene fr\u00edo y hambre; se ha acostumbrado a o\u00edrle llorar a \u00e9l y a sus her\u00admanos: mir\u00f3 su nacimiento como una desgracia, mira su existencia como un peso; es indiferente a sus gracias, dura con sus faltas, le dan pan cuando lo tiene, pero no le da cari\u00adcias. \u00a1Qu\u00e9 va a ser de ese pobre ni\u00f1o, que no oy\u00f3 nunca de la boca de su madre!: <em>\u00abiBendito Seas!\u00bb <\/em>Ser\u00e1 el hombre que hallamos perverso, duro, y cuyos hijos debe amparar el visi\u00adtador del pobre.<\/p>\n<p>Seg\u00fan los grados del mal debe variar la clase del reme\u00addio. Hay familias tan pervertidas, que no queda otro recurso sino apartarlas de sus hijos, a lo cual no se oponen. Si son muy peque\u00f1os, la dificultad es grande, porque ni pueden colocarse en aprendizaje, o donde presten alg\u00fan servicio por el que ganen la <a href=\"http:\/\/comida.ni\/\">comida, ni<\/a> ser\u00e1 f\u00e1cil que los reciban en los establecimientos de beneficencia. donde se atiende a los hu\u00e9rfanos que dejan la miseria o la muerte. m\u00e1s bien que a los que deja el vicio. Si no nos fuere dado separar al ni\u00f1o de su viciosa familia. ampar\u00e9mosle all\u00ed cuanto nos sea posible, protej\u00e1mosle contra la brutalidad de sus padres. inspir\u00e9mos\u00adle odio a sus vicios. que \u00e9l tendr\u00e1 propensi\u00f3n a mirar como odiosos, procurando salvar el amor y el respeto que debe a los autores de sus d\u00edas. Si, por ejemplo, ve venir a su padre embriagado, dig\u00e1mosle: \u00abHijo m\u00edo, tu pobre padre es bien infeliz: gasta su caudal para comprar el desprecio y acaso el odio de los que le miran y adem\u00e1s pierde su salud y su tran\u00adquilidad, y todos estos males le vienen de haber presenciado desde que era peque\u00f1ito como t\u00fa malos ejemplos, y no haber tenido, como t\u00fa tienes, una persona que le amparase contra ellos. Aunque extraviado, es siempre tu padre, le debes la vida; y dejando a Dios el derecho de juzgarle, t\u00fa no tienes m\u00e1s que el de apartarte del camino que sigue, cuando sea malo. Compad\u00e9cele porque no tuvo, como t\u00fa, una mano que le sostuviese; prep\u00e1rate para darle el buen ejemplo que no ha podido darte: \u00bfqui\u00e9n sabe si a la vista de tus virtudes frenar\u00e1 sus vicios? Qui\u00e9n sabe si alg\u00fan d\u00eda, extendiendo hacia ti sus d\u00e9biles manos, te dir\u00e1 con l\u00e1grimas: \u00abiBendito seas, hijo m\u00edo: te debo la tranquilidad de los a\u00f1os que me restan y si el Se\u00f1or me perdona, te deber\u00e9 la salvaci\u00f3n de mi alma!\u00bb Ahora compadezc\u00e1mosle y roguemos a Dios para que se apiade de su miseria: ru\u00e9gale t\u00fa, a quien escuchar\u00e1 mejor, porque eres inocente y porque eres su hijo.\u00bb<\/p>\n<p>Procuremos siempre salvar la dignidad de los superio\u00adres, no reprendi\u00e9ndolos nunca delante de sus inferiores, y alejemos al ni\u00f1o antes de echar en cara a los padres su dure\u00adza o su descuido, faltas en que suelen incurrir con frecuen\u00adcia. La buena educaci\u00f3n exige una vigilancia continua, fre\u00adcuentes represiones y prohibiciones, que evitan los grandes castigos evitando las grandes faltas. Los pobres suelen hacer todo lo contrario: dejan a sus hijos en el mayor abandono durante la semana o el mes, que hagan lo que quieran, y, como es imposible que dejen de hacer algo malo, llega una hora, o un d\u00eda, en que los castigan, maltrat\u00e1ndolos con la mayor dureza: pasada aquella explosi\u00f3n, el ni\u00f1o vuelve a tener libertad de hacer lo que le parece y vuelve a hacer mal. Esforc\u00e9monos para evitar estas alternativas, que depravan enteramente al ni\u00f1o, por la libertad de que abusa, por la crueldad que le endurece y por la injusticia que le pervierte.<\/p>\n<p>Procuremos que el ni\u00f1o vaya a la escuela, aunque sea muy peque\u00f1o, menos por lo que puede aprender all\u00ed, que para evitar lo que aprender\u00eda en su casa y en la calle. El pri\u00admer d\u00eda vayamos nosotros mismos a llevarle; el ni\u00f1o, que va con temor, se animar\u00e1, nos lo agradecer\u00e1 mucho, y el maes\u00adtro le tratar\u00e1 con m\u00e1s consideraci\u00f3n. Volvamos con frecuen\u00adcia a informarnos de nuestro protegido: si su conducta es buena, elogi\u00e9mosle en presencia de todos; si no, esperemos a estar solos con \u00e9l para reprenderle, ense\u00f1\u00e1ndole alguna chucher\u00eda, que tenemos el disgusto de no poderle dar, por\u00adque no la merece. Hagamos lo posible porque el ni\u00f1o vaya decentemente vestido; si no, se burlar\u00e1n de \u00e9l sus compa\u00f1e\u00adros, y los ni\u00f1os son extraordinariamente sensibles al rid\u00edcu\u00adlo, hasta el punto de arrostrar algunos la c\u00f3lera de sus padres, antes que ir a la escuela en que les <em>ponen motes. <\/em>Como el ni\u00f1o pobre no tiene la culpa de serlo, la burla que se refiere a su traje es de las m\u00e1s injustas, y esto bastar\u00eda tal vez para depra\u00advarle, porque no hay cosa que m\u00e1s pervierta que la injusticia.<\/p>\n<p>Importa, pues, mucho que nuestro ni\u00f1o vaya vestido con decencia y, como hay que contar poco con el esmero de su madre para cuidarle la ropa, convendr\u00e1 interesar su amor propio para que \u00e9l no la destruya mucho. Si tal vez nos pare\u00adce que hay riesgo de hacerle vano, este extremo ser\u00e1 menos temible que el opuesto.<\/p>\n<p>Los d\u00edas festivos son un terrible escollo para el pobre, de cualquier edad que sea: la ociosidad es en sus manos un arma de cien bocas, que se dispara en todas direcciones, sin que \u00e9l sepa c\u00f3mo. El d\u00eda en que no hay escuela, el ni\u00f1o pobre tiene el mal ejemplo de su casa y de la calle, el riesgo de que le coja el coche que pasa, de caerse del alto corredor en que brinca, o al pozo que nadie tapa. Como no hay quien le vigile, sus travesuras van gradu\u00e1ndose hasta convertirse muchas veces en verdaderas maldades, que sus compa\u00f1eros aplauden, que los vecinos denuncian y que sus padres castigan con dureza: el d\u00eda de fiesta suele acabar para \u00e9l tristemente, y cuando menos es una mala lecci\u00f3n. Reuni\u00e9ndose algunas personas caritativas, ser\u00eda muy f\u00e1cil alternar en la custodia que necesi\u00adtan los ni\u00f1os pobres los d\u00edas festivos. \u00bfVeis esas criaturas que hacen ese ruido infernal, que se entretienen en manchar los vestidos de los que pasan, que fuman, que blasfeman maqui\u00adnalmente, que juegan a la baraja, que se combinan para adquirir por cualquier medio alg\u00fan dinero con que dar p\u00e1bulo a sus nacientes vicios? \u00bfQuer\u00e9is verlos transforma\u00addos? Sacadlos al campo. Ver\u00e9is qu\u00e9 felices y qu\u00e9 buenos son, jugando con agua, con tierra, y respirando aire puro en un sitio ba\u00f1ado por el sol. Ver\u00e9is c\u00f3mo hacen casas, y re\u00fanen plantas y flores, y buscan insectos, e inventan mil juegos, en que ejercitan su cuerpo sin depravar su alma. Su felicidad ser\u00e1 mayor si para amenizar sus juegos les compr\u00e1is algunos objetos con que puedan variarlos, y no tendr\u00e1 l\u00edmites, si a\u00f1ad\u00eds un poco de pan y queso. Ver\u00e9is con qu\u00e9 impaciencia esperan la hora en que vais por ellos y c\u00f3mo os aman; y cuando al ponerse el sol les hag\u00e1is notar la belleza de las nubes que le reflejan y la melanc\u00f3lica magnificencia de ese espect\u00e1culo, que dici\u00e9ndonos: <sup>&#8211;<\/sup>\u00a1tienes un d\u00eda menos!\u00bb, pare\u00adce preguntarnos: \u00bfqu\u00e9 empleo has hecho de \u00e9l?\u00bb, ver\u00e9is c\u00f3mo est\u00e1n dispuestos a rezar con vosotros la oraci\u00f3n de la tarde y a volver a sus casas mejores V m\u00e1s dichosos que salie\u00adron de ellas.<\/p>\n<p>Para sostener los sentimientos religiosos de nuestro ni\u00f1o, no s\u00f3lo habremos de suplir el vac\u00edo que sus padres dejan, sino neutralizar el efecto de sus malos ejemplos. No basta llevarle a misa; hay que decirle que su padre no va y blasfema, porque no sabe lo que dice ni lo que hace; que de la ignorancia y de la corrupci\u00f3n resulta una terrible enfer\u00admedad del alma, que se llama impiedad: el ni\u00f1o tiene pro\u00adpensi\u00f3n a creer esto, porque se lo dice una persona que es mejor y sabe m\u00e1s que su padre. Roguemos a \u00e9ste que no nos contrar\u00ede en la educaci\u00f3n religiosa de su hijo. Podemos decirle que, aun suponiendo que fuesen patra\u00f1as lo que le ense\u00f1amos, \u00bfa qu\u00e9 conducen? A que su hijo le ame y le res\u00adpete hasta donde es posible, a que sea sobrio, trabajador y paciente; cosas todas que le convienen mucho, por lo cual es de esperar que no se oponga a nuestra obra, al menos en la mayor parte de los casos.<\/p>\n<p>Debemos ver con toda la frecuencia posible a nuestro ni\u00f1o, ya en su casa, ya en la escuela, o en el establecimiento ben\u00e9fico, o en casa del maestro donde le hayamos puesto en aprendizaje. Que ni a \u00e9l ni a los que le rodean les ocurra la idea de que est\u00e1 solo en el mundo, sino que, por el contra\u00adrio, sepan que hay una persona que vigila y se interesa efi\u00adcazmente en su suerte. El trato frecuente nos pondr\u00e1 tami\u00e9n en estado de estudiar su aptitud e inclinaciones, estudio indispensable para guiarle. La eficacia de un castigo o de un est\u00edmulo var\u00eda seg\u00fan el car\u00e1cter del ni\u00f1o a quien se dirige. y la vocaci\u00f3n que no se ve o no se respeta le hace desgraciado y le pervierte.<\/p>\n<p>A veces decimos: \u00abEste ni\u00f1o tiene inclinaci\u00f3n a tal cosa\u00bb; o bien: \u00abNo manifiesta inclinarse a nada\u00bb, y en los dos casos nos enga\u00f1amos. Es f\u00e1cil equivocar la aptitud con el ins\u00adtinto de imitaci\u00f3n, que hace el ni\u00f1o educable y le impele a repetir los actos que presencia muchas veces; es f\u00e1cil tam\u00adbi\u00e9n que la aptitud de un ni\u00f1o no se haya manifestado, por\u00adque en el limitado c\u00edrculo que vive no vio el objeto que deb\u00eda despertarla. Observemos bien al nuestro para no hacerle seguir un camino diferente del que le traz\u00f3 la naturaleza: su felicidad y su virtud se interesan en ello igualmente.<\/p>\n<p>Pero lo que debemos procurar con m\u00e1s cuidado es ins\u00adpirarle cari\u00f1o. Que sus disposiciones ben\u00e9volas no queden en eterno letargo por falta de acci\u00f3n; que sienta, que agra\u00addezca, que ame; y este amor ser\u00e1 el hilo que le conducir\u00e1 fuera del laberinto de vicios en que le coloc\u00f3 su mala suerte. Hay ni\u00f1os que, incorregibles para sus padres que los maltra\u00adtan, se corrigen por amor y respeto hacia una persona que reconocen muy superior a ellos y que los trata con cari\u00f1o. El ni\u00f1o que se ve abandonado de todos est\u00e1 dispuesto a hacer mucho por la \u00fanica persona a quien ama y de quien es amado.<\/p>\n<p>Hay pobres, y son los m\u00e1s, que no descuidan la educa\u00adci\u00f3n de sus hijos deliberadamente, sino por ignorancia, por desidia y porque las circunstancias hacen muy dif\u00edcil que los atiendan m\u00e1s que en la parte material, y aun esto con traba\u00adjo. En este caso, cuando existe el lazo del cari\u00f1o, es m\u00e1s f\u00e1cil la tarea del visitador del pobre. Traza un plan de educaci\u00f3n acomodado a las circunstancias y basado siempre en amparar al ni\u00f1o sin abrumarle, en apartarle de la calle y malos ejem\u00adplos, en estimular sus sentimientos ben\u00e9volos y generosos, y en conducirle m\u00e1s bien con la esperanza del premio que por el temor del castigo; exhorta, aconseja, ense\u00f1a, apoya, auxilia y saca siempre alg\u00fan fruto.<\/p>\n<p>Para no desesperar, para no calificar de indignos de nuestra protecci\u00f3n al ni\u00f1o que no se corrige y al padre que no pone en pr\u00e1ctica los medios de corregirle, debemos tener muy en cuenta sus malas circunstancias y hasta qu\u00e9 punto la miseria endurece, exaspera, debilita y hace poco menos que imposibles la dulzura, la constancia y la fuerza que la educaci\u00f3n necesita. \u00ab\u00bfC\u00f3mo castiga usted tan cruel\u00admente a esa pobre ni\u00f1a?\u00bb, dec\u00eda una se\u00f1ora a cierta mujer del pueblo que maltrataba a su hija. \u00abiEst\u00e1 una tan desespe\u00adrada!\u00bb, le contest\u00f3. \u00abiVaya una raz\u00f3n!\u00bb, diremos, i0h, s\u00ed una terrible raz\u00f3n! iEs tan dif\u00edcil que sea bueno, que sea justo, el que est\u00e1 desesperado!<\/p>\n<p>Concepci\u00f3n Arenal<\/p>\n<p>Bilbao 2009<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De los ni\u00f1os Aquel ser cuyo nombre maldecido aterra la comarca; aquel otro, blanco de la sangrienta curiosidad del vulgo, que camina hacia el pat\u00edbulo para expiar en \u00e9l sus inauditos cr\u00ed\u00admenes, fueron dos ni\u00f1os &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/manual-del-visitador-del-pobre-xi\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":405207,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[28],"tags":[],"class_list":["post-405232","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-formacion-vicenciana"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Manual del Visitador del Pobre (XI) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/manual-del-visitador-del-pobre-xi\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Manual del Visitador del Pobre (XI) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"De los ni\u00f1os Aquel ser cuyo nombre maldecido aterra la comarca; aquel otro, blanco de la sangrienta curiosidad del vulgo, que camina hacia el pat\u00edbulo para expiar en \u00e9l sus inauditos cr\u00ed\u00admenes, fueron dos ni\u00f1os ... 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