{"id":405228,"date":"2024-06-08T08:50:13","date_gmt":"2024-06-08T06:50:13","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405228"},"modified":"2023-08-18T20:51:58","modified_gmt":"2023-08-18T18:51:58","slug":"manual-del-visitador-del-pobre-ix","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/manual-del-visitador-del-pobre-ix\/","title":{"rendered":"Manual del Visitador del Pobre (IX)"},"content":{"rendered":"<p>De la correcci\u00f3n del pobre vicioso<\/p>\n<p>Entre los pobres, lo mismo que entre los ricos, se hallan muchas personas que, sin negar a Dios, le ofenden y, confe\u00adsando todas las verdades de la fe, obran lo mismo que si no creyesen ninguna. Pero si esta inconsecuencia no es peculiar al pobre, hay vicios que parecen serlo: porque la pobreza est\u00e1 rodeada de malos ejemplos y de malas tentaciones y porque la ausencia de los goces del esp\u00edritu le lleva a los goces mate\u00adriales, que tan f\u00e1cilmente degeneran en viciosos.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed es ocasi\u00f3n de recordar lo que sabemos de la difi\u00adcultad de que el pobre sea previsor; de las muchas ocasiones que tiene de caer y los pocos medios de levantarse; de lo r\u00e1pida que es la pendiente por donde la miseria conduce al vicio y al crimen. Todo esto hemos de recordarlo, para no desesperar sin motivo por haber supuesto facilidades que no existen, para no exigir del pobre m\u00e1s de lo que puede hacer y para apreciar en todo lo que vale cualquier paso, por peque\u00f1o que sea, en el camino de la enmienda.<\/p>\n<p>Bien es que hagamos notar al pobre creyente que con sus des\u00f3rdenes ofende a Dios; pero no hemos de confiar demasiado en la eficacia de este argumento; su confesor se lo habr\u00e1 hecho muchas veces, sin haber logrado que se corrija. La raz\u00f3n lucha mal con el h\u00e1bito y las abstracciones influyen poco en el \u00e1nimo de criaturas groseras. La mayor parte de las faltas del pobre vienen de abuso de los goces de los sentidos y como su origen es material, deben hasta cierto punto com\u00adbatirse materialmente. Al precepto religioso, al consejo, debe a\u00f1adirse la acci\u00f3n. No basta probarle que ofende a Dios y perjudica su salud y sus intereses en frecuentar tal o cual lugar; es preciso contribuir a que no vaya, cre\u00e1ndole obst\u00e1\u00adculos y sosteni\u00e9ndole en su buen prop\u00f3sito. El s\u00e1bado, por ejemplo, es un d\u00eda fatal para los jornaleros, que gastan por la noche en la taberna el fruto de su trabajo y el sustento de su familia. Esta los ve llegar a las altas horas de la noche ebrios de vino y de c\u00f3lera, d\u00e1ndole, en vez del fruto de su trabajo, malos tratamientos y malos ejemplos. En vano sus hijos hambrientos le piden pan; en vano su pobre mujer le supli\u00adca por Dios que le d\u00e9 para atenderlos; no es esposo, no es padre, es una furia que maltrata a los que deb\u00eda proteger, que desconoce la raz\u00f3n, que desoye la voz de la naturaleza, no escucha m\u00e1s que al demonio de la embriaguez, que seg\u00fan su temperamento le dice: R\u00ede, llora, blasfema, hiere o mata, no tengas piedad de tu esposa enferma, ni de tus inocentes hijos. y, cuando hayas agotado para el mal la fuerza que Dios te dic para hacer bien, cae como el fruto podrido de un \u00e1rbol sin vida y duerme un sue\u00f1o ignominioso para despertar en bra\u00adzos de la miseria, del remordimiento y de la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y este monstruo odioso y este ser degradado, que escu\u00adcha esta voz, era un hombre razonable y bueno antes de haberla escuchado.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s frecuente que hallar artesanos h\u00e1biles en su oficio, de clara raz\u00f3n, de buenos sentimientos, y que ser\u00edan modelos <em>si no bebieran, <\/em>como dicen sus desdichadas familias Cuando est\u00e1n serenos conocen su error, le confiesan, le deploran, hacen sinceros prop\u00f3sitos de enmendarse; pero llega el d\u00eda fatal, est\u00e1n a solas con su dinero, con su h\u00e1bito con el amigo que les insta, les da el ejemplo y los arrastra. Despu\u00e9s de una semana de privaciones, de trabajo y de con\u00adtar las horas, tiene dinero a su disposici\u00f3n, puede sentarse sin consultar el reloj, y hablar y re\u00edr, y comer de un manjar m\u00e1s apetitoso que el ordinario. y beber de una bebida que le agra\u00adda en extremo, y le alegra y le vigoriza, y le hace decir cosas que celebran sus amigos, y celebrar con entusiasmo las que ellos dicen, excitados de la misma manera.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 tiene para combatir esta tentadora perspectiva? El sentimiento religioso debilitado; la tenue voz del deber, que nadie le recuerda; la idea de su familia, en cuyo seno podr\u00eda tener goces tranquilos y puros, pero que ya no lo son para \u00e9l porque su alma depravada necesita las acres excita\u00adciones del vicio. Adem\u00e1s, \u00e9l no entra en la taberna a embria\u00adgarse, entra a beber.<\/p>\n<p>Deteng\u00e1mosle antes que entre; deteng\u00e1mosle material\u00admente. Hagamos la visita, no en su casa, sino en el lugar en que cobra, y no le abandonemos hasta ver si nos es posible apartarle del sitio fatal. Suponiendo que el pobre nos mirara como sus verdaderos amigos, que nos amara, sin lo cual es imposible toda correcci\u00f3n; suponiendo que habremos teni\u00addo presentes todas nuestras reglas generales, y entre ellas la de la oportunidad, podremos rogarle en nombre de Dios, de su pobre familia y del nuestro, que no vaya a dar sus recur\u00adsos, su salud y su tranquilidad, en cambio de un placer pasa\u00adjero. Pid\u00e1moselo como un favor que le agradeceremos siem\u00adpre y en cambio del cual estamos prontos a otorgarle el que nos pida. Aquellas horas que hab\u00eda de emplear en sus culpa\u00adbles goces, no vayamos a pretender que las dedique a escu\u00adchar nuestras exhortaciones, o a estar tranquilamente con su familia: graduemos la enmienda, si queremos hacerla posi\u00adble. Busqu\u00e9mosle otra diversi\u00f3n, en que pierda su tiempo y una parte de su dinero, pero en que al menos conserve su raz\u00f3n y su salud.<\/p>\n<p>Si no podemos evitar absolutamente que el pobre entre en la taberna, rogu\u00e9mosle que nos d\u00e9 en dep\u00f3sito su jornal, una parte siquiera, que le llevaremos el lunes, evitando as\u00ed que durante la semana vayan todas sus ropas a la casa de pr\u00e9stamos. Hagamos cuanto est\u00e9 de nuestra parte para dis\u00adminuir el tiempo que pasa bebiendo: algunos minutos, media hora, una, podr\u00e1n conducirnos, si no a que rompa absolutamente aquel h\u00e1bito fatal, al menos a que no le sacri\u00adfique sino cierta cantidad de tiempo y de dinero y nunca su raz\u00f3n. A veces nos parecer\u00e1 bien duro tener que transigir con los vicios; pero cuando no se pueden extinguir, hay que resignarse a disminuir sus fatales consecuencias; y establecer en ellos alguna cosa que se asemeje a m\u00e9todo o regla es cami\u00adno para hacerlos desaparecer.<\/p>\n<p>Esto que decimos de la embriaguez, podemos aplicarlo a todos los vicios del pobre sin otras diferencias que las exi\u00adgidas por su diversa \u00edndole. No nos contentemos nunca con preceptos y ruegos, consejos y amenazas; busquemos obst\u00e1\u00adculos materiales y opong\u00e1monos materialmente a la mala acci\u00f3n hasta donde nos sea posible. Los lugares en que el pobre ha pecado parecen ejercer sobre su moralidad un fatal influjo. Aquella puerta por donde entr\u00f3 tantas veces deses\u00adperado y culpable; aquella ventana por donde amenaz\u00f3 arro\u00adjar a los que maltrataba; aquellas paredes donde resonaron sus blasfemias e imprecaciones; aquel lecho donde vio sufrir sin compasi\u00f3n y donde sufri\u00f3 sin consuelo; aquellas perso\u00adnas que viven cerca de \u00e9l, que est\u00e1n en el secreto de todos sus extrav\u00edos, que son despreciables o le desprecian, haci\u00e9ndole siempre da\u00f1o con su mal ejemplo o con sus desdenes: todo esto forma como una atm\u00f3sfera alrededor del pobre, y el recuerdo vivo de su vida pasada viene a ser un obst\u00e1culo para la correcci\u00f3n de su vida futura. Hay notables ejemplos de malhechores que, llevados a pa\u00edses remotos, han variado de conducta al mismo tiempo que de clima. Nosotros no pode\u00admos, por regla general, llevar a nuestros pobres muy lejos del lugar en que han sido viciosos; pero en muchos casos no ser\u00e1 dif\u00edcil hacerlos cambiar de poblaci\u00f3n encomend\u00e1ndolos al cuidado de alguna persona caritativa, que se encargue de dirigirlos. Si tanto no es posible, convendr\u00e1 al menos cam\u00adbiar de barrio, de casa. En la nueva no es conocido por sus des\u00f3rdenes; tiene, pues, su honra que conservar. No est\u00e1n en la vecindad el enemigo que le provocaba ni el amigo que le pervert\u00eda, ni la mala mujer, ni la taberna, ni el garito que ten\u00eda costumbre de frecuentar. Todo es nuevo, todo es dife\u00adrente, y este cambio le predispone para el de su conducta.<\/p>\n<p>El pobre vicioso no suele ser trabajador; la ociosidad y el vicio se eslabonan para formar la cadena que le retiene en la m\u00e1s miserable de las esclavitudes. El trabajo, ese \u00e1ngel cus\u00adtodio del hombre, inspira una especie de horror al que ha adquirido el h\u00e1bito de no trabajar. El mendigo sufre la des\u00adnudez y el hambre, arrostra la intemperie y el desprecio: ofrecedle alimento, vestido, techo, consideraci\u00f3n, en cambio de trabajo, y rehusa.<\/p>\n<p>Este atractivo de la vagancia en la miseria es para nos\u00adotros incomprensible: admit\u00e1moslo como un hecho bien probado, para no imaginar que hicimos cuanto pod\u00edamos hacer, cuando proporcionamos trabajo al pobre que no tiene h\u00e1bito de trabajar.<\/p>\n<p>Para el vicioso vago, la vuelta al trabajo es la virtud; \u00a1y qu\u00e9 de obst\u00e1culos tiene que vencer en este penoso camino! Gradu\u00e9moselos seg\u00fan sus fuerzas. No vayamos a exigir que est\u00e9 todo el d\u00eda trabajando el que no trabajaba nunca. Para empezar content\u00e9monos con tres horas, con dos, con media, y utilicemos dos circunstancias: el placer del descanso y el hast\u00edo de la ociosidad. No vayamos, sin embargo, a creer que este hast\u00edo es en el pobre lo que en nosotros: las facultades de su alma son mucho menos activas y cae con facilidad en una especie de letargo moral, en que ve pasar las horas sin que apenas lo advierta.<\/p>\n<p>El placer del descanso es grande para todo, y hemos de procurar que le saboree nuestro pobre vago. Tambi\u00e9n hemos de hacer cuanto nos sea posible para que su trabajo sea bien retribuido, aun m\u00e1s de lo que valga: no hay limosna m\u00e1s \u00fatil que la que contribuye a convertir un hombre vicioso en hombre honrado.<\/p>\n<p>Si es posible, busquemos para nuestro pobre el trabajo que le sea menos penoso: alent\u00e9mosle, vigil\u00e9mosle; no sea\u00admos duros cuando falte: manifest\u00e9mosle nuestra gratitud cuando cumpla, y hagamos por poner en relieve ante su vista cu\u00e1nto gana para con Dios, a quien no ofende; para con los hombres, a quienes no inspira desprecio; para su situaci\u00f3n material, que es mucho mejor. No vayamos a decirle que puede trabajar con el mismo esfuerzo que otro, puesto que tiene sus miembros sanos: reconozcamos la dificultad de romper el mal h\u00e1bito, y que al principio necesita mucha buena voluntad, mucha fuerza y mucha perseverancia, haci\u00e9ndole notar, al mismo tiempo, que su m\u00e9rito aumenta en proporci\u00f3n que es mayor el obst\u00e1culo que tiene que superar, y que este obst\u00e1culo no puede ser superior a sus fuerzas, porque el deber no es nunca imposible.<\/p>\n<p>Sea que alentemos al pobre para que trabaje o que pro\u00adcuremos arrancarle a sus h\u00e1bitos viciosos, tengamos presen\u00adte lo que ya hemos observado: que no hay cosa m\u00e1s propia para desalentarle que pintar muy f\u00e1cil el camino de la enmienda, que \u00e9l halla erizado de dificultades. Entonces des\u00adconf\u00eda de su fuerza o de nuestra inteligencia, y dice: <em>\u00abNo puedo\u00bb, <\/em>o <em>\u00abNo s\u00e9\u00bb, <\/em>cosas a cual m\u00e1s fatales: porque la regene\u00adraci\u00f3n del pobre consiste en la idea que tenga de s\u00ed y del que le dirige; adem\u00e1s de que le falta un gran est\u00edmulo para esfor\u00adzarse a ser <a href=\"http:\/\/mejor.si\/\">mejor si<\/a> le falta la seguridad\u00a0 de que hay quien aprecia el m\u00e9rito de su conducta y se le tiene en cuenta y se le agradece. Por el <a href=\"http:\/\/contrario.si\/\">contrario, si<\/a> nos ve convencidos de que la obra que emprende es ardua: si le aplaudimos a cada paso que da en el buen camino, como de una victoria dif\u00edcil, esto le alienta, halagando a la vez su coraz\u00f3n su amor propio.<\/p>\n<p>El amor propio del pobre: he aqu\u00ed un auxiliar poderoso, y ojal\u00e1 que pudi\u00e9ramos contar con \u00e9l siempre que intente\u00admos corregirle. Cualquiera que sea el vicio de que queramos extirpar, investiguemos si la persona que en \u00e9l incurre con\u00adserva alg\u00fan resto de dignidad. Esta dignidad del pobre no vayamos a medirla por la nuestra. porque, aunque en el fondo tenga mucha semejanza, en la forma variar\u00e1 tanto que, si juzgamos por apariencias, calificaremos de degradado a un hombre que no lo est\u00e9. Semejante error ser\u00eda fatal, porque nos privar\u00eda de un medio muy eficaz de influir en el \u00e1nimo del pobre extraviado. Los vicios del pobre son groseros y lle\u00adgan a degradarle; esta degradaci\u00f3n es lenta y a veces ni siquiera la advierte; pero si se la presentamos con vivos colo\u00adres, si comparamos lo que fue y lo que pod\u00eda ser con lo que es, esta comparaci\u00f3n le impresiona, como nos impresionar\u00eda la copia de nuestro rostro demacrado o deforme, puesta al lado de un retrato hecho cuando \u00e9ramos bellos y robustos. Pero si conserva alguna dignidad, hemos de manifestar al pobre vicioso hasta d\u00f3nde le ha hecho descender el vicio, cuidando de no humillarle. Esto lo conseguiremos doli\u00e9n\u00addonos de su mal y no desconfiando nunca de que pueda ponerle remedio. As\u00ed como la indiferencia exaspera en vez de corregir, la compasi\u00f3n suaviza cualquier cargo, y las faltas que se miran como accidentales no humillan, porque para el amor propio, como para el coraz\u00f3n, la esperanza ilumina el cuadro m\u00e1s sombr\u00edo.<\/p>\n<p>Para corregir a nuestro pobre, pidamos auxilio a todas las ideas, afectos e inclinaciones; pero notemos que todas parecen obrar con cierta intermitencia; que alguna vez lla\u00admamos a la raz\u00f3n, al deber y al sentimiento, y guardan silen\u00adcio como si estuvieran dormidos; s\u00f3lo el amor propio vela y responde siempre.<\/p>\n<p>A veces hallaremos pobres que, al parecer, han perdido toda idea de decoro: observ\u00e9moslos cuidadosamente; arroje\u00admos sobre su alma el elogio y el vituperio, como se arroja una materia inflamable donde ha habido fuego, para cercio\u00adrarse de que se halla completamente extinguido. Es raro que en el coraz\u00f3n del hombre se borre por completo ninguna disposici\u00f3n, sea para el mal, sea para el bien. Vemos a una criatura degradada, porque su falta la hizo caer y el mundo la pis\u00f3 en vez de darle la mano para que se levantase. Todo cuanto la rodea le dice: \u00abEres vil\u00bb, y lo cree, y lo es, en efec\u00adto; no se halla en su coraz\u00f3n ning\u00fan vestigio de la dignidad humana. Pero he aqu\u00ed que llega a una persona que le dice: \u00abEres desgraciada; te apartaste del buen camino; puedes vol\u00adver a \u00e9l. Muchos de los que te desde\u00f1an valen menos que t\u00fa y los que valen mucho m\u00e1s te compadecen y te aman, y enjugar\u00e1n con su mano tus l\u00e1grimas de dolor, y recibir\u00e1n en su coraz\u00f3n, como en un c\u00e1liz, tus l\u00e1grimas de arrepenti\u00admiento. Prueba a levantarte y hallar\u00e1s apoyo. Cuando hayas rasgado y arrojado lejos de ti la t\u00fanica inmunda que te cubre, ver\u00e1s c\u00f3mo te aprecian los buenos y te respetan los mejores.\u00bb Y cuando el que as\u00ed hable una a la palabra la acci\u00f3n; cuando busca al pobre degradado, y le alivia, y le consuela, y es defe\u00adrente con \u00e9l, y le llama hermano y amigo, y penetra sin repugnancia en su habitaci\u00f3n y en su alma, tal vez esta pobre alma revive, como un asfixiado a quien se le devuelve el aire, y la criatura de Dios aparece con todas sus nobles facultades.<\/p>\n<p>Si hemos de rehabilitar un hombre a los ojos del mundo, es preciso rehabilitarle antes a sus propios ojos; por\u00adque no puede inspirar aprecio si antes no se aprecia \u00e9l mismo. Para conseguirlo no nos contentemos con darle pruebas de amor y deferencia; que la reciba tambi\u00e9n de otras personas ben\u00e9volas; formemos en derredor suyo como un dique de caridad, que le ponga a cubierto de las oleadas de desprecio con que el mundo le quiere derribar cada vez que intenta levantarse.<\/p>\n<p>Podr\u00e1 ser que hayamos de echar mano, no s\u00f3lo del amor propio, sino de la vanidad; no s\u00f3lo de la dignidad, sino del orgullo; no s\u00f3lo de sus buenas cualidades, sino de otras que por su tendencia o su exageraci\u00f3n puedan parecer peligrosas. La naturaleza humana es tan miserable, que, a veces, no hallando en ella virtudes bastante fuertes, hay que combatir las pasiones unas con otras. En muchos casos hacemos por vanidad o por miedo lo que no har\u00edamos por deber, y la c\u00f3le\u00adra nos hace romper un mal h\u00e1bito que no romper\u00edamos por raz\u00f3n. Estos medios no son buenos; pero habremos de acep\u00adtarlos cuando no tengamos otros, porque lo peor de todo es dejar al pobre extraviado que siga su fatal camino, sin oponerle ning\u00fan obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>Si queremos conseguir que el pobre vicioso se corrija, hemos de vigilar cuidadosamente sus diversiones: el ocio, hasta el descanso del pobre, es un abismo en que cae muchas veces, porque no tiene para distraerse sino goces materiales y groseros, que le conducen al vicio. Nosotros no podemos llenar el deplorable vac\u00edo que la sociedad deja en este punto; pero hasta donde nos sea posible, procuremos que nuestros pobres se distraigan de una manera honesta; inspir\u00e9mosles el gusto del campo y de ciertos juegos en que ejerciten sus fuerzas f\u00edsicas: no nos parezca que malgastamos los caudales de la caridad comprando al pobre alg\u00fan objeto que no se crea de necesidad, porque no sirve m\u00e1s que para entretenerle. No s\u00f3lo de pan vive el hombre y el pobre, que tantas semejanzas tiene con los ni\u00f1os, necesita, como ellos, juguetes para que se entretenga sin hacerse da\u00f1o.<\/p>\n<p>Se ha dicho ya cu\u00e1n conveniente es, para corregir al pobre, ponerle en situaci\u00f3n de que pueda hacer por s\u00ed alg\u00fan bien, y nunca daremos demasiada importancia a este medio, tan eficaz como poco apreciado. Todos los que estudian al hombre observan que se liga m\u00e1s \u00edntimamente con las per\u00adsonas por el bien que les hace, que por el que recibe de ellas. Es muy frecuente hallar ingratos; muy raro mirar con indi\u00adferencia al que hemos favorecido. Los beneficios hechos pre\u00addisponen a amar, dan como una nueva vida a los sentimien\u00adtos ben\u00e9volos, y son, por lo mismo, un eficaz elemento de moralidad. La satisfacci\u00f3n que se experimenta al hacer bien modifica los malos instintos, muchas veces calma la fiebre de las pasiones; es como la luz de la aurora, cuyas sonrosadas tintas embellecen hasta los objetos m\u00e1s toscos. Se ha visto en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n que la c\u00f3lera de un hombre, que no pod\u00edan conmover ruegos ni l\u00e1grimas, qued\u00f3 desarmada por el recuerdo de un beneficio: el que ha hecho bien una vez parece que contrae consigo mismo el santo compromiso de volver a ser bueno. Adem\u00e1s, el que dispensa un beneficio da a su personalidad cierta importancia, se siente elevado a la categor\u00eda de bienhechor, y su amor propio halagado le pre\u00addispone a formar de s\u00ed y de su valer una aventajada idea. Esto importa mucho para corregir al pobre envilecido, cuya rege\u00adneraci\u00f3n halla, como uno de los mayores obst\u00e1culos, la menguada idea que de s\u00ed mismo tiene. Hacedle el dispensa\u00addor de alg\u00fan beneficio y esto le elevar\u00e1 a sus propios ojos y acaso exclame en su coraz\u00f3n: \u00abTodav\u00eda soy hombre.\u00bb<\/p>\n<p>Tal vez diremos: \u00bfC\u00f3mo el desvalido ha de hacer bien? \u00bfCon qu\u00e9 medios cuenta?\u00bb En la escala inmensa, infinita, de los dolores humanos. apenas hay infeliz que no pueda hallar otro que lo sea mucho m\u00e1s V a quien le es dado llevar auxi\u00adlio y consuelo. Al desvalido podr\u00e1 no ocurrirle la idea de hacer bien, ya porque a su parecer no tiene recursos, ya por\u00adque el extremo de miseria, como el de grandeza, suele ser ego\u00edsta. Nosotros tenemos mil medios para sacar a nuestro pobre de su error y de su desdichada apat\u00eda. Podemos hacer\u00adle ver pr\u00e1cticamente cu\u00e1nto bien puede realizar el que se cre\u00eda in\u00fatil, y darle medios para ello, convirti\u00e9ndole en muchos casos en el dispensador de muchos beneficios. Al principio podemos comisionarle para que preste los auxilios materiales compatibles con su situaci\u00f3n, haci\u00e9ndole tambi\u00e9n portador de alguna limosna, indemniz\u00e1ndole por el tiempo que emplea en su comisi\u00f3n; porque el pobre no tiene otro patrimonio que el tiempo y nosotros, que debemos recor\u00add\u00e1rselo muchas veces, conviene que no lo olvidemos nunca. Si no est\u00e1 muy pervertido pronto dejar\u00e1 de ser un mero ins\u00adtrumento, pronto tomar\u00e1 una parte activa en el bien que hace, pronto sentir\u00e1 halagado su amor propio por la confian\u00adza que de \u00e9l hacemos, por el hermoso papel que representa, y su coraz\u00f3n, al consolar, se hallar\u00e1 consolado. El bien tiene una atracci\u00f3n poderosa, y al o\u00edrse bendecir, la blasfemia se detiene en los labios del maldiciente.<\/p>\n<p>Con respecto a las lecturas, podemos aplicar al pobre vicioso la mayor parte de las reglas adoptadas para el pobre incr\u00e9dulo, solamente que al primero se le pueden dar a leer libros religiosos y morales, sin m\u00e1s preparaci\u00f3n que gimna\u00adsia que necesite su entendimiento para comprenderlos. Como no hay libro tan elocuente como el mundo, si sabe\u00admos observarle, siempre que sea posible le ense\u00f1aremos la moral en acci\u00f3n, present\u00e1ndole ejemplos de las virtudes que ha de imitar y las fatales consecuencias de los vicios de que debe corregirse. Una visita a un hospital puede ser para un pobre crapuloso lecci\u00f3n mucho m\u00e1s elocuente que las que podemos sacar de todos los moralistas.<\/p>\n<p>Hemos indicado ya cu\u00e1nto importa que el pobre que intentamos corregir se aleje de los lugares en que tuvo una vida licenciosa; ahora debemos hacernos cargo de la influen\u00adcia que la casa que habita tiene en su g\u00e9nero de vida.<\/p>\n<p>Nunca se deplorar\u00e1 bastante el que nada se atienda a la moral en las construcciones, el que no est\u00e9n dispuestas de modo que puedan alojar a la vez pobres y ricos, el que la pobreza se arroje a lugares dados, como una lepra, para que all\u00ed aglomerada se multiplique por s\u00ed misma y eleve a la quin\u00adta potencia el vicio y la desesperaci\u00f3n. El hombre de buena voluntad e inteligente, se tiene alguna influencia en los des\u00adtinos de su patria o en la opini\u00f3n de sus conciudadanos, bien ser\u00e1 que clame contra la aglomeraci\u00f3n de la miseria; pero el visitador del pobre, como tal, no debe alzar la voz para acu\u00adsar a nadie: su misi\u00f3n es ir por el camino que la caridad orde\u00adna, levantar al ca\u00eddo, consolar al triste, sin investigar si la sociedad pudo evitar las l\u00e1grimas del uno y la ca\u00edda del otro: ve los males, y los siente, y los consuela; halla su origen en la imperfecci\u00f3n humana y busca remedio en Dios.<\/p>\n<p>Reducidos, pues, a combatir los dolorosos efectos de causas que debemos olvidar como visitadores del pobre, pro\u00adcuremos que no se halle el que hemos de corregir en esas casas que en las grandes poblaciones habitan la miseria, el vicio y el crimen, y que, con el nombre de <em>casas de vecindad, <\/em>son focos de corrupci\u00f3n. Entrad por ese portal inmundo a ese patio que no lo es menos; mirad cuatro, seis u ocho puer\u00adtas que dan a \u00e9l; alzad la vista, y ver\u00e9is dos, tres o m\u00e1s corre\u00addores, que conducen a un gran n\u00famero de habitaciones. Las aguas inmundas, los despojos de verduras, los huesos, todo est\u00e1 por el suelo, ofendiendo a la vista y a la salud. Ser\u00e1 muy raro que a ninguna hora hall\u00e9is paz. Dos vecinas ri\u00f1en sobre qui\u00e9n barre y qui\u00e9n ensucia la escalera; dos hombres est\u00e1n para venir a las manos porque uno echa en cara al otro que ha estado en presidio, y \u00e9ste le contesta que todos los que hab\u00eda all\u00ed eran m\u00e1s honrados que el que le recuerda esta cir\u00adcunstancia; un ni\u00f1o da alaridos desgarradores, v\u00edctima del feroz castigo de un padre irritado; un vago entretiene el d\u00eda cantando canciones obscenas, mientras llega la noche y sale a ejercer alguna industria que no paga contribuci\u00f3n; un matrimonio mal avenido ri\u00f1e y pasa a v\u00edas de hecho, hacien\u00addo necesaria la intervenci\u00f3n de la autoridad; dos mujeres livianas se insultan con palabras que escandalizar\u00edan en cual\u00adquier otra parte, pero que all\u00ed apenas son notadas: todos gri\u00adtan, y se denuestan, y blasfeman, porque no aparece una camisa tendida a poco en el corredor, o porque hay que pagar una multa a consecuencia de haber quedado la noche antes el portal abierto y sin luz, etc., etc.<\/p>\n<p>Estas escenas, y otras de peor g\u00e9nero, tiene a la vista la desdichada familia virtuosa que la miseria lanza bajo el mismo techo que el crimen. Si vais a visitarla, los perros os ladrar\u00e1n, sin que su amo los llame; las mujeres no se aparta\u00adr\u00e1n de donde est\u00e1n sentadas; los hombres silbar\u00e1n desde\u00f1o\u00adsamente en vez de saludaron, y los ni\u00f1os procurar\u00e1n echaros agua, o tierra, o piedrecillas, por los agujeros de la ruinosa \u00a0escalera. Por uno de esos contrastes que se ven en estas casas. tal vez hall\u00e9is un hombre que se descubre respetuosamente a vuestro paso; tal vez otro, que gana la vida vendiendo flo\u00adres, os ofrece una, que recib\u00eds con emoci\u00f3n y gratitud de aquel pobre, que nada os debe, pero que os quiere bien, por\u00adque os ha visto pasar a socorrer a su vecino. Este, al referiros sus desdichas, cuenta por una de las mayores la de estar en aquella casa, donde, a pesar de vivir aislado, ve tantos peli\u00adgros y tantos malos ejemplos para sus hijos. Estas escenas, que afligen al pobre virtuoso, ya se comprende hasta qu\u00e9 punto har\u00e1n dif\u00edcil la correcci\u00f3n del que no lo sea. All\u00ed est\u00e1n siempre los malos ejemplos y las malas tentaciones; ninguna maldad escandaliza, ninguna virtud se hace respetar, y el vicio se aplaude, y se silba y escarnece el arrepentimiento. Si podemos arrancar de aqu\u00ed a nuestro pobre y llevarle a un rin\u00adc\u00f3n de alg\u00fan \u00faltimo piso de una casa decente, habremos dado un gran paso. El aseo del portal y de la escalera, la pre\u00adsencia del portero, le dar\u00e1n la idea de entrar y salir con un poco m\u00e1s de compostura: sus horas intempestivas chocar\u00e1n, ser\u00e1n molestas; tratar\u00e1 de volver un poco m\u00e1s temprano.<\/p>\n<p>Sus blasfemias, sus obscenidades, causar\u00e1n un gran esc\u00e1ndalo; ser\u00e1 preciso modificar un poco su lenguaje, bajar la voz, por temor de que lo echen. Y all\u00ed no hay ni el mal ejemplo, ni la mala tentaci\u00f3n, ni el est\u00edmulo para ser <a href=\"http:\/\/malo.ni\/\">malo ni<\/a> la burla si se corrige. All\u00ed vive solo, o cerca de alguna fami\u00adlia honrada, y no tiene m\u00e1s obst\u00e1culo para enmendarse que el que le venga del h\u00e1bito y de sus torcidas <a href=\"http:\/\/inclinaciones.si\/\">inclinaciones si<\/a> en la misma casa podemos buscar al pobre extraviado un amigo que le dirija y le sostenga, \u00a1cu\u00e1nto habremos hecho para su regeneraci\u00f3n! El pobre es una criatura de Dios, un ser moral; y no debemos descuidar ni los preceptos religio\u00adsos, ni las amonestaciones, ni las lecturas, ni los consejos pero el pobre est\u00e1 muy materializado y las circunstancias materiales, que han influido mucho en su ca\u00edda, pueden contribuir, m\u00e1s de lo que pensamos, a su correcci\u00f3n y enmienda.<\/p>\n<p>Concepci\u00f3n Arenal<\/p>\n<p>Bilbao 2009<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De la correcci\u00f3n del pobre vicioso Entre los pobres, lo mismo que entre los ricos, se hallan muchas personas que, sin negar a Dios, le ofenden y, confe\u00adsando todas las verdades de la fe, obran &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/manual-del-visitador-del-pobre-ix\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":405207,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[28],"tags":[],"class_list":["post-405228","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-formacion-vicenciana"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Manual del Visitador del Pobre (IX) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/manual-del-visitador-del-pobre-ix\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Manual del Visitador del Pobre (IX) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"De la correcci\u00f3n del pobre vicioso Entre los pobres, lo mismo que entre los ricos, se hallan muchas personas que, sin negar a Dios, le ofenden y, confe\u00adsando todas las verdades de la fe, obran ... 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