{"id":405222,"date":"2024-06-02T08:46:21","date_gmt":"2024-06-02T06:46:21","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405222"},"modified":"2023-08-18T20:47:24","modified_gmt":"2023-08-18T18:47:24","slug":"manual-del-visitador-del-pobre-vi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/manual-del-visitador-del-pobre-vi\/","title":{"rendered":"Manual del Visitador del Pobre (VI)"},"content":{"rendered":"<p>De la habitaci\u00f3n del pobre y de su vestido<\/p>\n<p>Sin necesidad de dinero podemos hacer mucho bien al pobre, aun materialmente. La miseria produce, entre otros Males, una apat\u00eda, que parece preferir los dolores al trabajo de buscarles remedio, y un abandono que la caracteriza siempre y en todas partes.<\/p>\n<p>Nicholls, al hablar de la miseria en Irlanda, dice que, vien\u00addo la entrada de las pobres chozas obstruidas por el esti\u00e9rcol y toda clase de inmundicias, preguntaba a los colonos c\u00f3mo no la limpiaban, y ellos le respond\u00edan: <em>\u00a1Somos tan pobres! <\/em>A prime\u00adra vista, la respuesta parece absurda: para barrer un poco no se necesita ser rico, pero este <em>\u00a1somos tan pobres!, <\/em>bien meditado, tiene su ra\u00edz profunda en el coraz\u00f3n humano y explica y dis\u00adculpa gran n\u00famero de hechos que nuestra ligereza condena. Porque son tan pobres, se hacen sucios; porque son tan pobres, se cansan de luchar contra la fortuna, que los ha vencido tan\u00adtas veces; porque son tan pobres, no sienten las molestias, ator\u00admentados por los dolores; porque son tan pobres, se degradan y caen en una apat\u00eda que no es fil\u00f3sofo estoicismo ni cristiana resignaci\u00f3n, sino brutal indolencia.<\/p>\n<p>Prepar\u00e9monos, pues, a trabajar, muchas veces sin fruto, contra el descuido del pobre, pensando que Dios recompen\u00adsar\u00e1 nuestro buen deseo y que a los ojos de la caridad no es nunca peque\u00f1o el bien que se hace, ni el mal que se evita.<\/p>\n<p>Procuremos mejorar las condiciones higi\u00e9nicas de la habi\u00adtaci\u00f3n del pobre, cuidando mucho de hacerlo de modo que \u00e9l no sospeche nunca que es nuestra comodidad, y no su bien, el m\u00f3vil de semejante conducta. Si el aire est\u00e1 viciado, cosa muy com\u00fan, podemos abrir la ventana, con un pretexto cualquiera, notando la buena vista que all\u00ed se disfruta para observar un objeto que hay enfrente, etc., etc.; y luego, como por descuido, la dejaremos abierta. Podr\u00e1 ser que el pobre note una grata impresi\u00f3n con el aire renovado y entonces ya no hay m\u00e1s que hacer; pero podr\u00e1 ser que no, porque la miseria embota hasta el instinto de conservaci\u00f3n. Entonces, ya en pie para marchar\u00adnos, debemos explicarle, del mejor modo que podamos, que el aire, respir\u00e1ndole, se vicia, se hace infecto, y, si no se renueva, basta por s\u00ed solo para producir a la larga enfermedades y agra\u00advar desde luego cualquiera que se padezca: despu\u00e9s le pedimos permiso para abrir un poco, y nos vamos, a fin de que nunca imagine que lo hemos hecho por comodidad nuestra.<\/p>\n<p>Otras veces, por el contrario, hay que evitar la entrada del viento, que penetra por todas partes. Se tapan con pape\u00adles, llevados al efecto, las rendijas; se pide un poco de yeso en la obra m\u00e1s inmediata para cubrir unos agujeros; se pone un bramante en cruz para que sostenga el papel de una ventani\u00adlla, en donde el viento le romp\u00eda siempre; se unen algunos pedazos de estera vieja o alfombra para cubrir el fr\u00edo ladrillo, etc., etc. El pobre, que nada de esto remediaba, apenas ve que ponemos manos a la obra, es otro hombre. iCon qu\u00e9 activi\u00addad nos ayuda! iCon qu\u00e9 solicitud procura que no nos man\u00adchemos, que no hagamos esfuerzos que puedan perjudicar\u00adnos! iInfeliz! iLo que no hac\u00eda por s\u00ed, lo hace por nosotros! iParece que no ama sino porque le amamos!<\/p>\n<p>Muchas veces, la cama de un enfermo que debe sudar y est\u00e1 sudando se halla colocada en el sitio m\u00e1s expuesto al viento, o donde se percibe m\u00e1s ruido, que molesta al que sufre un fuerte dolor de cabeza, etc. Ni el paciente ni los que le rodean lo echan de ver; not\u00e9moslo nosotros, y pong\u00e1mos\u00adle remedio hasta donde sea posible.<\/p>\n<p>Hay pobres, a quienes por su temperamento, perjudica m\u00e1s habitar en parajes l\u00f3bregos y h\u00famedos; debemos hacer todo cuanto est\u00e9 en nuestra mano para que cambien de habi\u00adtaci\u00f3n, porque hay familias que se envenenan paulatinamen\u00adte con el aire que respiran y que con un peque\u00f1o auxilio podr\u00edan hallar otra vivienda que no les fuese fatal.<\/p>\n<p>El aseo de la casa tambi\u00e9n nos dar\u00e1 que hacer: sin embargo, por regla general, nuestra visita, hecha cuando no se espera, basta para que las cosas vayan un poco m\u00e1s en orden. Pocas ser\u00e1n las familias que no traten de asear algo su habitaci\u00f3n, para recibirnos en ella. Las hay, no obstante, y con ellas es preciso recurrir a remedios supremos. La violen\u00adcia y la c\u00f3lera nada consiguen, la amenaza de retirar el soco\u00adrro debe economizarse mucho, dej\u00e1ndola para casos m\u00e1s graves: los medios supremos no son medios violentos, en confirmaci\u00f3n de lo cual citaremos un hecho.<\/p>\n<p>Hab\u00eda una familia pobre, sumamente descuidada, y una se\u00f1ora que la visitaba se vali\u00f3 in\u00fatilmente de mil medios para que barriese la habitaci\u00f3n. Un d\u00eda entr\u00f3 con una esco\u00adba y se puso a barrer. Los pobres quisieron impedirlo: fue inexorable; se acusaron, los disculp\u00f3; le representaron lo vil de la ocupaci\u00f3n. \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 lav\u00f3 Jesucristo los pies a sus dis\u00adc\u00edpulos, les dijo, sino para ense\u00f1arnos a prestar servicios humildes a los que son menos que nosotros?\u00bb Concluida su faena, a\u00f1adi\u00f3: \u00abMe llevar\u00e9 la escoba para otra vez\u00bb. \u00abNo, se\u00f1ora, no\u00bb, dijeron a un tiempo la mujer y el marido, con\u00admovidos visiblemente; y desde, entonces no hubo en el barrio casa m\u00e1s barrida que la suya.<\/p>\n<p>Si de la habitaci\u00f3n del pobre pasamos a su vestido, ser\u00e1n a\u00fan m\u00e1s graves las dificultades que se nos presentan.<\/p>\n<p>La mujer pobre que tiene cuatro o seis hijos, es imposi\u00adble que los traiga decentes y, en la imposibilidad de hacer todo lo que convendr\u00eda, concluye por no hacer nada. As\u00ed el pobre adquiere desde ni\u00f1o el h\u00e1bito de vivir en la desnudez y la inmundicia, que ni aun puede notar, aquejado por el hambre y el fr\u00edo. As\u00ed, sucede con frecuencia que vestimos a una familia necesitada y al poco tiempo la hallamos cubierta de harapos. La ropa interior no se lava, la exterior no se quita para dormir, ni se cose un rasg\u00f3n, ni se echa una pieza. Es verdaderamente para desalentar.<\/p>\n<p>Pero la caridad nunca se cansa y todo lo sobrelleva. Exhortemos un d\u00eda y otro, y siempre sin irritamos, pensando que en aquel abandono hay m\u00e1s desgracia que culpa. Busquemos en la familia el individuo que sea menos descuida\u00addo y, con amonestaciones, ruegos y ofertas, veamos de corre\u00adgirle: si le hacemos dar el primer paso, casi todo est\u00e1 hecho, porque se complacer\u00e1 en verse m\u00e1s limpio, en que le distinga\u00admos, d\u00e1ndole la preferencia, y en ver que le consideran m\u00e1s en todas partes, porque sabido es cu\u00e1nto influye el traje para todo. Al mismo tiempo que est\u00edmulos al que procura enmendarse, procuremos que el incorregible reciba humillaciones, sin que sospeche que hemos contribuido a ellas, y aunque nos parezca duro, consistamos en que sufra los rigores de la estaci\u00f3n, ya que no cuida el traje que podr\u00eda ponerle a cubierto de ellos, y dig\u00e1\u00admosle con pesar: \u00abAmigo m\u00edo, me duele en el alma ver a usted en este estado; pero como darle un vestido es tirarlo y hay tan\u00adtos que lo necesitan, no puedo en conciencia hacerlo.\u00bb Lo suave del lenguaje y lo duro del castigo tal vez logren corregirle.<\/p>\n<p>En el desorden y abandono del traje, la falta est\u00e1 princi\u00adpalmente en las mujeres, y a ellas hay que dirigirse, apelando a sus afectos ben\u00e9volos, a su amor propio, a su instinto de abnegaci\u00f3n. Una prenda que no cuidar\u00eda por su comodidad, tal vez la cuide porque se la hemos llevado el d\u00eda de su santo o el del nuestro, encarg\u00e1ndole que la conserve como una memoria. Acaso se anime a coser si le regalamos una linda cajita que contenga hilos, dedal y agujas. Puede que la mueva la gratitud o el deseo de agradarnos y que haga por nosotros lo que no har\u00eda por ella misma. Encarezcamos la belleza de sus hijos, que resaltar\u00eda s\u00f3lo con lavarles la cara y un d\u00eda, con aire de broma, saquemos del bolsillo un pedazo de jab\u00f3n y haga\u00admos que se laven los ni\u00f1os. El que lo haga sin llorar recibir\u00e1 en premio alg\u00fan regalillo y la oferta de alg\u00fan otro siempre que le hallemos con las manos y la cara limpia. Tal vez baste esto para que todos se laven y la pobre madre se anime. Alent\u00e9mosla de modo que comprenda que sabemos toda la dificultad y todo el valor que tienen sus esfuerzos, haci\u00e9ndole ver cu\u00e1n meritorios ser\u00e1n para con Dios y para con el mundo, porque las personas caritativas que entran en casa del pobre, dicen como un gran elogio: <em>iLa tiene tan limpia!<\/em><\/p>\n<p>Este cuidado material del pobre puede tener conse\u00adcuencias que no sean materiales.<\/p>\n<p>El hombre f\u00edsico y el moral est\u00e1n unidos de tal manera que, modificado el uno, rara vez deja de modificarse el otro. La postraci\u00f3n del \u00e1nimo le hace ser descuidado con su per\u00adsona y el aseo levanta su esp\u00edritu. Si al que yace en la miseria le visti\u00e9ramos decentemente, d\u00e1ndole una buena habitaci\u00f3n, ver\u00edamos que sus pensamientos se elevaban, que sus inclina\u00adciones eran menos bajas. Por eso al corregir al pobre por su descuido, no le hacemos s\u00f3lo un servicio material, sino que le ponemos en camino de ser mejor, y con la higiene de su cuerpo le preparamos la salud del alma.<\/p>\n<p>Concepci\u00f3n Arenal<\/p>\n<p>Bilbao 2009<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De la habitaci\u00f3n del pobre y de su vestido Sin necesidad de dinero podemos hacer mucho bien al pobre, aun materialmente. 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