{"id":405216,"date":"2024-05-26T08:42:02","date_gmt":"2024-05-26T06:42:02","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405216"},"modified":"2023-08-18T20:43:33","modified_gmt":"2023-08-18T18:43:33","slug":"manual-del-visitador-del-pobre-iii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/manual-del-visitador-del-pobre-iii\/","title":{"rendered":"Manual del Visitador del Pobre (III)"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 es el pobre?<\/p>\n<p>A esta pregunta no formulamos una respuesta categ\u00f3ri\u00adca; pero rara vez deja de notarse en nuestras palabras y accio\u00adnes cierto desd\u00e9n hacia los que socorremos; desd\u00e9n que en algunos casos es un matiz casi imperceptible; no est\u00e1 en lo que decimos, sino en el modo de decirlo, en la m\u00edmica, en la inflexi\u00f3n de la voz, en alguna cosa que se siente y revela lo superiores que somos, en nuestro concepto, al pobre que visitamos. Bien injustos debemos parecer a los ojos de Dios, bien rid\u00edculos a los de la raz\u00f3n, cuando presumimos de gigantes, contando por estatura propia el pedestal en que nos coloc\u00f3 la fortuna.<\/p>\n<p>Todos hemos formulado u o\u00eddo formular ciertos cargos contra el pobre, que constituyen la base de nuestro credo en la materia y son el punto de partida de muchas acusaciones injustas, de muchos irrealizables intentos.<\/p>\n<p>El pobre, decimos, falta a la verdad.<\/p>\n<p>Es descuidado.<\/p>\n<p>Es imprevisor.<\/p>\n<p>Es vicioso.<\/p>\n<p>Es ingrato.<\/p>\n<p>Si en vez de decir <em>el pobre, <\/em>dij\u00e9ramos <em>la pobreza, <\/em>ser\u00edamos m\u00e1s exactos y menos agresivos: porque los males que est\u00e1n en las cosas hacen pensar en grandes medios para evitarlos y mandan la tolerancia. Deteng\u00e1monos un poco a examinar hasta qu\u00e9 punto es responsable el pobre de las faltas que echamos en cara.<\/p>\n<p>&#8211; EL POBRE FALTA A LA VERDAD<\/p>\n<p>Un ni\u00f1o tiene hambre, tiene fr\u00edo, sus padres no pueden darle lumbre ni pan: sale a la calle, alarga la mano, nadie repara en \u00e9l. Dice que no tiene qu\u00e9 comer, todos pueden notar que est\u00e1 helado; pero todos pasan sin notarlo. Entonces exagera la verdad, como se esfuerza la voz para o\u00edr en medio del tumulto: dice que son seis hermanos, que sus padres est\u00e1n en el hospital, que no tiene padre ni madre, etc. Pasa uno, no lo cree; pasa otro, le da cr\u00e9dito, se mueve a compasi\u00f3n y le socorre. Aprende pr\u00e1cticamente que con la mentira alcanza lo que la verdad no consigui\u00f3. La mentira, pues, es un excelente medio, que adoptar\u00e1 sin escr\u00fapulo: sus padres no se lo reprueban; a nadie hace da\u00f1o con \u00e9l&#8230;; mien\u00adte un d\u00eda, dos, un a\u00f1o&#8230;, mentir\u00e1 toda la vida.<\/p>\n<p>La mentira del pobre es una consecuencia de la dureza del rico y de su abandono. Si la desgracia tal como es, sobra\u00addo triste en verdad, nos moviera a compasi\u00f3n, no tendr\u00eda objeto el exagerarla; y si fu\u00e9ramos a verla por nosotros mis\u00admos, quitar\u00edamos al infeliz hasta la idea del enga\u00f1o. Como est\u00e1 seguro que la mentira es lucrativa y que no se averigua la verdad, el pobre miente. En su lugar, \u00bfno mentir\u00edamos nosotros? Hip\u00f3crita o ciego el que lo sostenga.<\/p>\n<p>La mentira y el enga\u00f1o en el pobre son la transforma\u00adci\u00f3n de nuestra dureza; all\u00ed podemos estudiarla; est\u00e1 en relie\u00adve, deja ver su repugnante desnudez. Aceptemos la respon\u00adsabilidad de las faltas que incitamos a cometer y en vez de exclamar con altaner\u00eda: <em>\u00a1El pobre miente!, <\/em>digamos con amar\u00adgura: <em>iLe hemos obligado a mentir!<\/em><\/p>\n<p>II &#8211; EL POBRE ES DESCUIDADO<\/p>\n<p>Para hablar de la miseria con acierto ser\u00eda menester conocerla; para conocerla, haberla estudiado. Este estudio, \u00bfqui\u00e9n le ha hecho? Respondemos sin vacilar. Nadie. El actor del terrible drama no puede hacer m\u00e1s que sufrir; para los espectadores no hay punto de vista posible desde donde puedan juzgar con acierto. En unos el exceso de la indife\u00adrencia, en otros el de la compasi\u00f3n, en todos el de la distan\u00adcia, no les permite formar una idea exacta.<\/p>\n<p>Nosotros no sabemos lo que es la miseria; ignoramos c\u00f3mo hace sufrir y sentir, c\u00f3mo modifica moralmente al desdichado que inmola y, no obstante, queremos dictarles leyes, y \u00a1ay del pobre si no las guarda! \u00bfQu\u00e9 dir\u00edamos del legislador que formulase un c\u00f3digo sin conocer la historia, las costumbres, las leyes anteriores, la religi\u00f3n, el estado social, ni el pa\u00eds que habitaba el pueblo a quien deb\u00eda regir? Pues ese legislador somos nosotros. Ignoramos lo que es la miseria, pero decimos al miserable: \u00abObra conforme a tales y tales reglas; de lo contrario, caer\u00e1 sobre ti el anatema de mi desprecio y de mi abandono\u00bb.<\/p>\n<p>El descuido del pobre, su dejadez y falta de aseo, nos parecen harto culpables y a veces disminuyen nuestra com\u00adpasi\u00f3n hacia \u00e9l. Para tal y tal cosa, decimos, no se necesita dinero; un poco de cuidado basta. El pobre ha de ser limpio porque lo somos nosotros y tener el propio esmero de sus trapos, que nosotros con nuestras galas: la l\u00f3gica no parece muy fuerte, pero no gastamos otra. Todos los argumentos que empleamos contra el descuido del pobre est\u00e1n sacados de nosotros mismos, de lo que nos agrada, nos conviene o nos obliga. Deteng\u00e1monos un momento a considerar si pueden ser unas mismas las inclinaciones y los deberes, cuando son tan diferentes las circunstancias.<\/p>\n<p>La limpieza es una cosa muy artificial y por ella se mide exactamente la civilizaci\u00f3n de un pueblo. Los ni\u00f1os son todos sucios; no hay ninguno que no se impaciente cuando se le asea y no trate de impedirlo: como es d\u00e9bil, sucumbe en la lucha, ni puede haber este triunfo. Entre otras tristes herencias recibe la de la suciedad y el abandono, estando muy complacido entre la mugre, que nos causa n\u00e1useas, y respirando sin disgusto la atm\u00f3sfera infecta, que nos parece irrespirable; el bienestar que resulta del aseo y del orden no lo comprende, no le ha gustado jam\u00e1s. Y luego, iqu\u00e9 prodi\u00adgios de esmero necesita para ser limpio el que no tiene m\u00e1s que alguna camisa haraposa, el que no necesita dormir ves\u00adtido, la madre que carece de ropa para mudar a sus hijos y de jab\u00f3n y de tiempo para lavarlos! Insensiblemente se cae en el abandono, porque lo que es dif\u00edcil todos los d\u00edas, de hecho viene a no ser posible ninguno.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 nos sucede, a pesar de nuestros h\u00e1bitos de toda la vida, cuando alguna pena grave nos aqueja? La mujer m\u00e1s pulcra, el hombre m\u00e1s elegante, \u00bfno tienen la barba crecida, el cabello desordenado, el vestido descompuesto? \u00bfCu\u00e1ndo se asean? Cuando se consuelan; o se tranquilizan al menos. Esto nos puede hacer comprender, por analog\u00eda, que la mise\u00adria, que impone privaciones a que no es posible habituarse y lleva en pos de s\u00ed dolores renovados siempre, predispone a ese descuido que le echamos en cara y por el cual m\u00e1s de una vez nos creemos autorizados para abandonarla. Seamos razo\u00adnables y justos y en vez de afirmar con acritud: <em>iEl pobre es descuidado! <\/em>\u00a1Digamos solamente: <em>es bien dif\u00edcil que la miseria no lleve en pos de s\u00ed la suciedad y el descuido!<\/em><\/p>\n<p>III &#8211; EL POBRE ES IMPREVISOR<\/p>\n<p>Si formamos una lista de los males que el pobre puede prever y anotamos en ella los que puede evitar, o atenuar siquiera despu\u00e9s de haberlos previsto, nos asaltar\u00e1 esta duda: La imprevisi\u00f3n, \u00bfes una grave falta o una providencial com\u00adpa\u00f1era que, velando al pobre los males del porvenir; le deja disfrutar el bien presente?<\/p>\n<p>El Pobre no puede realizar econom\u00edas. Si mantiene y educa a su familia, si coloca en la Caja de Ahorros algunas cortas cantidades para cuando le falte salud o le falte trabajo, hace mucho, hace m\u00e1s que probablemente har\u00edamos en su lugar los que le acusamos con ligereza. Si contempla su vejez, si la considera, debe aparec\u00e9rsele como un espectro, cuya mirada l\u00fagubre acibara todas sus alegr\u00edas. \u00bfPodr\u00e1 evitar que sus hijos, formando otra familia, le abandonen? \u00bfQue teniendo apenas lo necesario, obedezcan al instinto que nos hace atender primero a los que nos deben el ser, que a los que nos le han dado? \u00bfPodr\u00e1 evitar que sus fuerzas f\u00edsicas se debiliten y que llegue un d\u00eda en que nadie quiera darle un jornal? \u00bfPodr\u00e1 evitar la especie de desd\u00e9n con que se mira, cuando la pierde, al que no tiene m\u00e1s que la fuerza material? \u00bfPodr\u00e1 evitar que las enfermedades, compa\u00f1eras de la vejez y de la miseria, hagan amargu\u00edsimos los \u00faltimos d\u00edas de su vida y apresuren su muerte? Si pensara en el porvenir, \u00bfpudiera gozar del presente, ni tener una hora de contento y alegr\u00eda? Y si todo esto es cierto, \u00bfdebemos acusar al pobre por su imprevisi\u00f3n, o bendecir a Dios que se la env\u00eda?<\/p>\n<p>Es incomprensible para nosotros este olvido del porve\u00adnir y hay una fuerte propensi\u00f3n a condenar lo que no se comprende. Debemos notar un hecho, cuya analog\u00eda podr\u00e1 ayudarnos a disculpar la imprevisi\u00f3n del pobre. Si un hombre inmortal viniera a vivir entre nosotros; si viniera y viera c\u00f3mo amamos la vida, c\u00f3mo tememos la muerte, \u00bfcompren\u00adder\u00eda nuestro contentamiento, sabiendo que son tan conta\u00addos los d\u00edas que hemos de vivir sobre la tierra? Cada uno que pasa nos acerca a la tumba; pasa la ni\u00f1ez y la juventud, somos viejos: la muerte, esa muerte tan temida, est\u00e1 all\u00ed a dos pasos; y o no la miramos, o no la vemos, y seguimos alegremente nuestro viaje como si ignor\u00e1semos lo que hay al fin de \u00e9l. Los pobres no piensan en la vejez. Y nosotros, \u00bfpensamos en la muerte?<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, para que la previsi\u00f3n del pobre d\u00e9 resultado, debe ir acompa\u00f1ada de una serie no interrumpida de priva\u00adciones, y al exig\u00edrselas, tal vez no hemos calculado bien la fuerza que necesitan, ni si lo que pedimos se halla muy en armon\u00eda con la naturaleza humana. He aqu\u00ed una materia en que no es f\u00e1cil que juzguemos con acierto, porque no pode\u00admos tener experiencia propia. No sabemos lo dif\u00edcil que es quedarse con hambre todos los d\u00edas de una semana, de un mes, de un a\u00f1o, para no carecer enteramente de pan al a\u00f1o, al mes, al d\u00eda siguiente; no sabemos lo que es estar materia\u00adlizados por las ocupaciones y los h\u00e1bitos de toda la vida y renunciar al <em>hecho <\/em>de un goce <em>material presente, <\/em>por la idea de evitar un mal <em>futuro; <\/em>no nos hacemos cargo de que el hom\u00adbre es antes que todo d\u00e9bil y paciente, con m\u00e1s aptitud para sufrir los males, que para evitarlos, y que por cada mil que resistan el dolor, apenas habr\u00e1 uno que resista a la tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si consideramos bien todas estas cosas, seremos m\u00e1s indulgentes con el pobre, comprendiendo que no es muy f\u00e1cil que se prive de los goces materiales el que no conoce otros y cu\u00e1n dif\u00edcil es que reserve cada d\u00eda una parte del jor\u00adnal que \u00edntegro no basta para satisfacer sus necesidades.<\/p>\n<p>Sus necesidades&#8230; Entend\u00e1moslo bien, porque los pobres est\u00e1n siempre con hambre; y no se entienda que hablamos de los mendigos, sino de los que pueden trabajar y trabajan. Notemos, si no, que cuando la casualidad o la com\u00adpasi\u00f3n, en un d\u00eda solemne, dan al pobre todo lo que quiera comer, come cuatro, seis, ocho veces m\u00e1s de la cantidad que constituye su comida ordinaria. Seamos muy circunspectos antes de dirigir al pobre un nuevo cargo y, en vez de acusar\u00adle de imprevisor, pensemos que la previsi\u00f3n en \u00e9l es en muchos casos de una utilidad harto problem\u00e1tica y es en todos dificil\u00edsima.<\/p>\n<p>IV &#8211; EL POBRE ES VICIOSO<\/p>\n<p>El hombre es vicioso en general: los vicios del pobre son m\u00e1s groseros, est\u00e1n m\u00e1s visibles, y sus consecuencias, si no m\u00e1s fatales, son m\u00e1s ostensibles; por eso se le dirigen cargos m\u00e1s severos. Seguramente el vicio es odioso, donde quiera que est\u00e9; pero suele ser m\u00e1s disculpable all\u00ed donde parece m\u00e1s repugnante.<\/p>\n<p>El vicio viene de la preponderancia de la materia sobre el esp\u00edritu. \u00bfY qu\u00e9 hacemos para espiritualizar al pobre, para hacer penetrar la luz de la religi\u00f3n y de la ciencia, la verdad bajo todas sus formas, a trav\u00e9s de esa ruda corteza, que cubre sus m\u00e1s nobles facultades? \u00bfQu\u00e9 hacemos para arrancarle de la taberna, del garito, de la org\u00eda? \u00bfPor qu\u00e9 la ley da tutor al ni\u00f1o, al joven? \u00bfEs tal vez porque su cuerpo es d\u00e9bil? No: es porque es d\u00e9bil su raz\u00f3n. La del pobre lo es siempre; es menor toda la vida y menor sin que haya nadie que se encar\u00adgue de su tutela. De ni\u00f1o, de joven, ni de adulto, \u00bfqui\u00e9n le ense\u00f1a grandes verdades, ni le inspira elevadas ideas? \u00bfQui\u00e9n vigila sus juegos ni sus diversiones, para que la necesidad de descanso no se convierta en fuente de corrupci\u00f3n? \u00a1El descanso del pobre! He aqu\u00ed su m\u00e1s terrible enemigo. Tras una semana de trabajo y de privaciones, el s\u00e1bado por la noche no le preocupa la idea de madrugar al d\u00eda siguiente y tiene dine\u00adro. iQu\u00e9 tentaci\u00f3n! All\u00ed est\u00e1 la taberna, donde entrar con sus amigos a gozar los \u00fanicos goces que \u00e9l comprende. Primero se bebe, se habla y se r\u00ede; luego&#8230; Dios perdone al pobre que peca y al rico que no procura apartarle del pecado<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos vicios se evitar\u00edan, cu\u00e1ntos cr\u00edmenes nada m\u00e1s que con pagar al jornalero el lunes antes de entrar a trabajar, en vez del s\u00e1bado cuando deja el trabajo! \u00a1Cu\u00e1ndo podr\u00eda moralizarse al pobre, ocup\u00e1ndose de su d\u00eda de fiesta tan fatal para \u00e9l y haciendo que le distribuyese entre sus deberes de cristiano y sus entretenimientos de hombre racional! \u00a1El pobre, como los ni\u00f1os, se divierte con tan poco! Nosotros, al visitarle, no podemos evitar este abandono; pero debemos tenerle presente, para ser tolerantes con los vicios del pobre, que tiene menos elementos que nosotros para resistir a ellos.<\/p>\n<p>La embriaguez, o cuando menos, el abuso de los vinos y licores, es una de las causas, la m\u00e1s poderosa tal vez, de los extrav\u00edos del pobre. Vemos o sabemos que el que no tiene pan para el d\u00eda emplea los pocos maravedises de que dispo\u00adne en el aguardiente de por la ma\u00f1ana. Esto nos indigna, ins\u00adpir\u00e1ndonos acaso la idea de retirarle un socorro que no mere\u00adce quien gasta en vicios sus pocos recursos. Reflexionemos un poco antes de condenar sin apelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El abuso de las bebidas espirituosas tiene su origen unas veces en la taberna, \u00fanica distracci\u00f3n que halla el pobre, y otras <em>en una ley fisiol\u00f3gica. <\/em>Teng\u00e1moslo muy presente. Nosotros nos escandalizamos de que beba aguardiente el que no tiene pan, \u00a1y los fisi\u00f3logos nos dicen que es una cosa natural y conforme con las leyes de nuestra organizaci\u00f3n! Las bebidas alcoh\u00f3licas reaniman el cuerpo abatido por la miseria, dan vigor a toda la econom\u00eda, embotan la sensaci\u00f3n del hambre, producen un bienestar f\u00edsico y a veces moral, que el miserable no puede conseguir de otro modo. Este vigor artificialmente adquirido pasa luego, la reacci\u00f3n viene despu\u00e9s, y el desdichado busca nueva fuerza en un nuevo est\u00edmulo. Este medio violento es fatal para la salud, que no tarda en resentirse: del uso se pasa al abuso: el h\u00e1bito adqui\u00adrido en la miseria se conserva, aun cuando se haya mejorado de posici\u00f3n, y la enfermedad y el vicio degradan el cuerpo y pierden el alma del que se abandona a la embriaguez.<\/p>\n<p>Pero en muchos casos, no lo olvidemos, su origen est\u00e1 en una propensi\u00f3n natural, en una ley fisiol\u00f3gica, que nos manda reparar nuestras fuerzas ante todo, buscar alimento a la combusti\u00f3n que da calor a nuestros miembros, aunque a la larga el combustible haya de ser fatal.<\/p>\n<p>Seamos, pues, tolerantes, muy tolerantes, con los vicios cuyo origen es una desgracia.<\/p>\n<p>V &#8211; EL POBRE ES INGRATO<\/p>\n<p>En vez de exclamar: \u00abiEl pobre es ingrato!\u00bb, hablar\u00edamos con m\u00e1s exactitud diciendo que el hombre en general no es muy agradecido. \u00bfSon tan raros los ejemplos de ingratitud entre las personas bien acomodadas? Por desgracia son m\u00e1s f\u00e1ciles de contar los que recuerdan los beneficios, que los que los olvidan.<\/p>\n<p>El pobre, decimos, se acostumbra a recibir el bien que se le hace, como si se le debiera en justicia. \u00bfY nosotros no creemos que se nos debe el bien que recibimos? \u00bfSomos muy escrupulosos para investigar si es merecido?<\/p>\n<p>Hay dos razones para que el pobre nos parezca menos agradecido que lo es realmente. La primera, lo brusco de su lenguaje, la dificultad que halla en expresarse de una mane\u00adra parecida a la nuestra, lo poco habituado que est\u00e1 a la expansi\u00f3n de los efectos ben\u00e9volos, de que tan rara vez es objeto: tambi\u00e9n necesita educarse la gratitud. La segunda causa es que a veces damos el nombre de favor a la justicia y creemos de muy buena fe que fuimos buenos y generosos, cuando realmente no hemos sido m\u00e1s que justos.<\/p>\n<p>Sin duda que, aun reduciendo su n\u00famero conforme la raz\u00f3n manda, quedar\u00e1n entre los pobres muchos ingratos; la ingratitud nos afligir\u00e1, es natural; pero no debe producir en nosotros c\u00f3lera ni desaliento. Si no hallase m\u00e1s que criaturas agradecidas, resignadas, prontas a enmendarse, \u00bfd\u00f3nde esta\u00adr\u00eda el m\u00e9rito del visitador del pobre? \u00bfD\u00f3nde su virtud? \u00bfQu\u00e9 premio en el cielo, qu\u00e9 respeto en la tierra merecer\u00eda el que marchase tranquilamente por un camino, donde no hubiera abrojos ni precipicios, derramando bienes a derecha e izquierda, sin esfuerzo alguno de su parte? La ingratitud es una prueba: sufr\u00e1mosla, y dichoso el que no la merezca como castigo.<\/p>\n<p>Pero si ante Dios la ingratitud es un gran pecado, res\u00adpecto de nosotros, \u00bfno debe considerarse como una gran desventura? Si hemos padecido en la vida, si una mano pia\u00addosa ha venido a consolarnos, si hemos derramado las dulc\u00ed\u00adsimas l\u00e1grimas de la gratitud, bien celestial de los tristes, lejos de irritamos contra el ingrato, le compadeceremos, como al que le falta un miembro o un sentido, y diremos al dejarle: \u00abiInfeliz!, \u00a1tiene la desgracia de no agradecer!\u00bb<\/p>\n<p>Estas reflexiones que hacemos sobre las faltas del pobre no significan que debamos sancionarlas; por el contrario, combat\u00e1moslas sin descanso; pero debemos llevar a esta lucha: calma, tolerancia, verdadero conocimiento del origen y extensi\u00f3n del mal que queremos remediar; en una palabra, esp\u00edritu de caridad. El pobre no se corrige por acriminar sus vicios y darle para su enmienda facilidades que no existen; al contrario, con esta conducta se la exaspera y se la desalienta. Todos tenemos conciencia y propensi\u00f3n a reconocer nues\u00adtras faltas pero, si se exageran, el amor propio y el esp\u00edritu de justicia toman la iniciativa, la pasi\u00f3n hace o\u00edr su voz, y empe\u00adzando por defender nuestro derecho, concluimos por defen\u00adder nuestra culpa.<\/p>\n<p>Meditemos bien la parte de responsabilidad que cabe al pobre en sus faltas y aun restemos caritativamente algo, seguros de que no hay como hacerle gracia, para que \u00e9l se haga justicia. Cuando tratemos del remedio, no so\u00f1emos facilidades que no existen, que conducen a exigencias absur\u00addas e injustos cargos. Para que una cosa dif\u00edcil se haga impo\u00adsible, no hay como pintarla f\u00e1cil.<\/p>\n<p>El pobre se extrav\u00eda, necesita toda su fuerza para volver al buen camino; si le pintamos su enmienda como cosa que no exige sino un leve esfuerzo, le hace y, vi\u00e9ndole in\u00fatil, des\u00adconf\u00eda de nosotros y de s\u00ed mismo, se desalienta y se exaspe\u00adra, pensando en que le enga\u00f1emos acerca de las grandes difi\u00adcultades que tiene que vencer, o que negamos justicia al m\u00e9rito de haberlas vencido. Esto no lo expresa tal vez con claridad, pero lo siente, y tiene una frase con que muy a menudo formula nuestros errores: <em>\u00ab\u00a1Los se\u00f1ores no saben lo que son trabajos!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Que nunca digan esto nuestros pobres. Procuremos, por el contrario, que el desdichado repita estas palabras como una bendici\u00f3n: <em>\u00ab\u00a1Parece que los se\u00f1ores han sido pobres, seg\u00fan nos comprenden y nos disculpan y nos consuelan!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Concepci\u00f3n Arenal<\/p>\n<p>Bilbao 2009<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 es el pobre? 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