{"id":404024,"date":"2022-02-18T08:03:52","date_gmt":"2022-02-18T07:03:52","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=404024"},"modified":"2022-01-05T11:04:53","modified_gmt":"2022-01-05T10:04:53","slug":"santiago-masarnau-sobre-el-conocimiento-del-pobre","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-el-conocimiento-del-pobre\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (sobre el conocimiento del pobre)"},"content":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL DEL 10 DE ABRIL DE 1864.<\/p>\n<p>Obtenida la venia, el Sr. Presidente ley\u00f3 el siguiente discurso:<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1ores y amados hermanos en Jesucristo.<\/p>\n<p>\u00abEn la pen\u00faltima Junta general, que fue la del d\u00eda de la Inmaculada Concepci\u00f3n, tuve el honor de someter a la atenci\u00f3n de los socios activos que a ella asistieron algunas breves reflexiones sobre la verdadera \u00edndole de nuestra humilde Sociedad, su esp\u00edritu y su objeto, deduciendo de ellas los motivos poderosos que tenemos para amarla de coraz\u00f3n y agradecer mucho a Dios N. Sr. el favor grande que nos ha dispensado al llamarnos a ella.<\/p>\n<p>As\u00ed tambi\u00e9n esta noche, contando con la indulgencia de todos los presentes, me propongo decir algo sobre el conocimiento del pobre que, si bien se considera, es a la vez el verdadero origen y el verdadero objeto de nuestra humilde Sociedad. Ocupados de continuo en el servicio del pobre por la misericordia de Dios, en su trato y en su alivio, parece que nada puede interesarnos m\u00e1s que conocer bien al pobre, apreciar con acierto su posici\u00f3n respecto a nosotros y la nuestra respecto a \u00e9l, considerar lo que nos debe y lo que le debemos, etc. Este conocimiento requiere un estudio no- f\u00e1cil de hacer en medio del mundo, como nosotros estamos, y respirando de continuo su corrompida atm\u00f3sfera, porque as\u00ed como el aire se introduce en el pulm\u00f3n sin que podamos evitarlo, as\u00ed tambi\u00e9n las ideas se infiltran en el coraz\u00f3n casi sin que lo podamos advertir, y modifican m\u00e1s o menos nuestro modo de pensar y aun de obrar. Pero salgamos por un momento de la atm\u00f3sfera que habitualmente respiramos. En el santo retiro se nos ha ense\u00f1ado el medio. All\u00ed hemos experimentado la importancia de la meditaci\u00f3n que nunca podremos ponderar bastante, pues consiste en el uso m\u00e1s noble de nuestras m\u00e1s nobles facultades. Apliquemos este gran medio al estudio del pobre, y veamos lo que nos descubre en su conocimiento y lo que de este conocimiento debemos deducir.<\/p>\n<p>Parece imposible que despu\u00e9s de tanto bueno como se ha dicho y escrito sobre el pobre, prevalezcan todav\u00eda tan generalmente las ideas falsas que del pobre tiene el mundo y se esfuerza en generalizar. La primera es considerarle como desgraciado, para lo que basta que el sagrado Evangelio le declare feliz, pues ya se sabe que el esp\u00edritu del mundo es diametralmente opuesto al del Evangelio. Pero \u00bfc\u00f3mo los hombres de fe y muchos de entre nosotros mismos aceptamos sin examen tan equivocada idea, y decimos para recomendar a un pobre por quien nos interesamos vivamente, que es muy desgraciado en vez de decir que es muy pobre? Otra idea falsa es la de considerar al pobre como digno de compasi\u00f3n cuando puede muy bien serlo de envidia, puesto que la pobreza, aun la m\u00e1s extrema, no puede acarrearle en \u00faltimo resultado m\u00e1s que privaciones y sufrimientos que, si los sabe aprovechar, le valdr\u00e1n m\u00e1s que todas las satisfacciones y todos los goces imaginables. Otra idea falsa es la de considerar al pobre como merecedor de desprecio por sus vicios, por su ignorancia o por su pereza, que se se\u00f1alan como \u00fanicas causas de su supuesta desgracia, esto os, de su pobreza, cuando estamos viendo continuamente que esta dimana con frecuencia de causas muy diferentes y hasta que puede ser en ciertos casos un verdadero efecto de virtud.<\/p>\n<p>\u00a1Con qu\u00e9 ligereza se suele juzgar del pobre! \u00a1Con qu\u00e9 facilidad se le condena! \u00a1C\u00f3mo se olvida el respeto que la pobreza por s\u00ed so merece, aun cuando no fuese m\u00e1s que por lo que con su palabra y ejemplo la ensalz\u00f3 nuestro Divino Salvador!<\/p>\n<p>No aceptemos, pues, las ideas generales de la pobreza. Estudiemos al pobre trat\u00e1ndole con mucha observaci\u00f3n. Meditemos lo que en su trato hayamos observado, y acaso nos avergonzaremos de haberle conocido tan mal y de haberle juzgado tan equivocadamente.<\/p>\n<p>Por de contado, hallaremos muchos pobres que no se han acarreado la pobreza por sus vicios. Veremos con frecuencia personas que de una mediana condici\u00f3n y aun de condici\u00f3n m\u00e1s que mediana en punto a intereses, han pasado a la pobreza por efecto de enfermedades largas, contratiempos inevitables, vicisitudes de la suerte y aun injusticias de los hombres.<\/p>\n<p>A \u00e9stos parece que nadie se atrever\u00e1 a negar el respeto que merecen y el derecho que tienen al sincero aprecio de sus semejantes. Pero se dice y se repite con harta frecuencia que el pobre tiene la culpa de serlo, que su falta de buena conducta, su poca afici\u00f3n al trabajo, sus vicios, son las causas verdaderas de su pobreza; y se cree que diciendo esto, ya est\u00e1 uno escusado de atender a sus necesidades, y que pueden o que deben olvidarse sus padecimientos.<\/p>\n<p>Examinemos, sin embargo, este punto que no puede ser de mayor inter\u00e9s para nosotros.<\/p>\n<p>O el pobre ha nacido en la pobreza, esto es, de padres tambi\u00e9n pobres; o despu\u00e9s de haber pasado una parte de su vida en condici\u00f3n m\u00e1s o menos desahogada, se ha visto, sean cuales fuesen las causas, reducido a la pobreza.<\/p>\n<p>En el primer caso, esto es, en el de haber nacido pobre, \u00bfcu\u00e1l ha sido su educaci\u00f3n y cu\u00e1l la instrucci\u00f3n que se le ha dado? Aun suponiendo que no haya recibido desde la cuna misma, como sucede muchas veces, en vez de educaci\u00f3n los m\u00e1s funestos ejemplos de todos los vicios, \u00bfqui\u00e9n le ha podido educar de cuantos le han rodeado? \u00bfqui\u00e9n le ha podido dar lo que no ha tenido para d\u00e1rselo? \u00bfqui\u00e9n le ha criado como se debe criar un hombre?<\/p>\n<p>Y respecto a la instrucci\u00f3n, \u00bfcu\u00e1l es la que debemos suponer que habr\u00e1 recibido? \u00bfcu\u00e1l es la que est\u00e1 al alcance del pobre, la que seda sin remuneraci\u00f3n alguna, la que puede adquirir el que no puede pagar?<\/p>\n<p>Consideremos un poco esos dos puntos y acaso nos asombremos, no ya de los vicios de los pobres, sino de las virtudes que a cada paso descubrimos en ellos.<\/p>\n<p>Pong\u00e1monos por un momento en su caso. Recordemos nuestra ni\u00f1ez. Supongamos que en vez del padre tan celoso de nuestro bien y de la madre tan virtuosa que Dios nos dio, hubi\u00e9ramos visto a nuestro lado, desde que abrimos los ojos a la luz, un padre y una madre dominados por las pasiones m\u00e1s vergonzosas, presenciando de continuo sus tumultuosas reyertas, oyendo sus horrendas blasfemias; que llegada la edad de empezarnos a instruir y durante toda ella, en vez de los profesores escogidos que se encargaron de nuestra ense\u00f1anza, hubi\u00e9ramos tenido que irla a buscar a la escuela de Diputaci\u00f3n, y luego al taller de un zapatero o cerrajero, etc., y calculemos cu\u00e1les ser\u00edan hoy nuestras ideas, cu\u00e1les nuestros h\u00e1bitos y aficiones, y cu\u00e1l ser\u00eda nuestro saber.<\/p>\n<p>En el segundo caso, esto es, en el de haber nacido el pobre en otra posici\u00f3n y haber pasado despu\u00e9s a la pobreza, hay motivo para suponer en \u00e9l m\u00e1s educaci\u00f3n sin duda y mayor instrucci\u00f3n; pero en cambio la verg\u00fcenza con que tiene que luchar, esa verg\u00fcenza respetable que (en nuestra opini\u00f3n al menos) se puede muy bien distinguir del orgullo, es una remora para todo y que le impide hacer muchas cosas que con sobrada ligereza criticamos que no las haga, mientras que tampoco nosotros las har\u00edamos en su caso.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, se\u00f1ores, convendr\u00e1 tal vez llamar la atenci\u00f3n hacia la intolerancia exagerada que tenemos para con los defectos ajenos, y en particular para aquellos de los que nosotros mismos adolecemos. Y siendo el orgullo el m\u00e1s general, es tambi\u00e9n al que m\u00e1s propensos estamos todos, no solo a condenar, sino a suponer sin bastante fundamento.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 tiene de extra\u00f1o que un pobre que se ha visto en una posici\u00f3n desahogada se averg\u00fcence de que se sepa que no tiene camisa, que sus hijos est\u00e1n descalzos, que su mujer baja al rio, etc.? \u00a1Pues qu\u00e9 \u00bfno hay en el fondo de esta misma verg\u00fcenza algo de honradez muy respetable? \u00a1Pues qu\u00e9! \u00bfse pretender\u00e1 que el hombre, por el mero hecho de ser pobre, est\u00e9 exento de los sentimientos m\u00e1s propios del coraz\u00f3n humano? \u00bfSe le exigir\u00e1 que no sienta como hombre?<\/p>\n<p>Pero supongamos que est\u00e1 vencida toda la repugnancia que no puede menos de ofrecer a una persona criada y educada en otra posici\u00f3n el aceptar el trabajo propio de la \u00faltima clase de la sociedad. No es poco suponer, y, sin embargo, lo vemos sin el asombro que debi\u00e9ramos verlo. Vemos a un hombre de educaci\u00f3n y finura ponerse a ganar un jornal de pe\u00f3n de alba\u00f1il; a una mujer que se hab\u00eda visto servida por criadas, ponerse a vender agua en el Prado; vemos, digo, sin la admiraci\u00f3n que merecen estos ejemplos; y cuando el pobre, tanto este como el que naci\u00f3 pobre, se descuida un poco en el trabajo, clamamos inmediatamente: \u00abEs un perezoso, no quiere trabajar, que sufra el hambre&#8230;\u00bb \u00a1Y esto lo decimos los que pasamos por caritativos y creemos serlo!<\/p>\n<p>Pero no consiste tanto en falta de caridad como en falta de consideraci\u00f3n. Pensemos un poco y nos ocurrir\u00e1 que la aversi\u00f3n al trabajo no deja de ser bastante general, y qu\u00e9 si los que estamos dedicados a ocupaciones infinitamente m\u00e1s agradables y productivas que las de los pobres, la experimentamos con frecuencia, \u00bfqu\u00e9 tiene de extra\u00f1o que el pobre, sujeto por lo com\u00fan a tareas tan duras como ingratas y poco remuneradas, la experimente tambi\u00e9n? Porque las tareas del pobre, es preciso tenerlo presente, suelen llenar todo su d\u00eda; y cuando hemos proporcionado a un hombre que en todo su d\u00eda gane dos pesetas, o a una pobre mujer que gane una en doce horas, vanos parece que hemos hecho una gran cosa y que aquel hombre o aquella mujer est\u00e1n bien y no necesitan m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00a1Con qu\u00e9 ligereza, no puedo menos de repetir, se juzga de todo lo que ata\u00f1e al pobre! \u00a1Con cu\u00e1nta injusticia se le suele condenar!<\/p>\n<p>Si del examen de la pereza del pobre pasamos al de sus vicios, descubriremos tambi\u00e9n lo equivocado de las ideas que generalmente reinan sobre ese punto, y que tan f\u00e1cilmente se aceptan sin el debido examen.<\/p>\n<p>El vicio m\u00e1s com\u00fan del pobre, que es la bebida, no seremos nosotros seguramente los que dejemos de condenarle, pero s\u00ed diremos con la convicci\u00f3n basada en el trato y la observaci\u00f3n, que de cien casos los noventa, y nueve ofrecen circunstancias atenuantes que no se pueden despreciar, si es que de veras se quiere juzgar con acierto de la malicia real que el vicio prueba.<\/p>\n<p>Los sufrimientos morales, propios de la pobreza y desconocidos de los que no se encuentran en ella, abruman de manera al hombre que no ha recibido la suficiente instrucci\u00f3n religiosa para saber padecer, que no es de extra\u00f1ar, aunque s\u00ed de sentir, que busque alivio en el \u00fanico medio que se le ofrece a su alcance, que es la embriaguez. No debiera hacerlo, es verdad; pero t\u00e9ngase en cuenta la fuerza de la tentaci\u00f3n a que est\u00e1 expuesto por su situaci\u00f3n y de la que nosotros estamos exentos por la nuestra.<\/p>\n<p>Algo an\u00e1logo sucede con el juego. Casi todos los pobres juegan a la loter\u00eda, y lo extra\u00f1amos. Si el que juega supiese que hab\u00eda de perder, no jugar\u00eda; y es bien cierto que hasta los m\u00e1s ricos, cuando juegan, lo hacen con el deseo, que tan f\u00e1cilmente se cambia en esperanza, de ganar. Pero en el pobre ese deseo y esa esperanza no pueden menos de sor mucho m\u00e1s vehementes que en el que no lo es, porque el pobre desea, no lo superfluo para satisfacer sus caprichos, como le sucede al rico, sino lo necesario para vivir, y lo busca a todo trance. No debiera hacerlo as\u00ed, es verdad; pero t\u00e9ngase en cuenta, como dec\u00edamos antes, la fuerza de la tentaci\u00f3n y los escasos o ningunos medios de que est\u00e1 provisto para resistirla.<\/p>\n<p>La mentira es bastante com\u00fan, por desgracia, entre los pobres; pero y \u00bfacaso no lo es tambi\u00e9n entre los que no lo son? La diferencia est\u00e1 en que el pobre miente por necesidad, a su modo de ver, y el rico miente por vanidad a todas luces. El pobre miente para procurarse un socorro que no va a lograr sin mentir. El al menos as\u00ed lo cree y la experiencia muchas veces se lo confirma. Su mentira por lo tanto no es excusable, pero arguye m\u00e1s debilidad que malicia, m\u00e1s ignorancia que depravaci\u00f3n, y es sin comparaci\u00f3n m\u00e1s acreedora al perd\u00f3n que la del rico. Sin embargo, esta pasa desapercibida o elogiada, y la del pobre ofende a todos con una exageraci\u00f3n inexplicable.<\/p>\n<p>Si pasamos al examen de todos los dem\u00e1s vicios de que m\u00e1s generalmente suelen adolecer los pobres, hallaremos siempre lo mismo, a saber, que adolecen de ellos m\u00e1s por ser hombres que por ser pobres, que las pasiones les arrastran por carecer de la suficiente educaci\u00f3n e instrucci\u00f3n para luchar con ellas, y que, en fin, hay una tendencia general a exagerar sus vicios y defectos, as\u00ed como la hay a escusar los mismos u otros mayores en personas que no pertenecen a la clase de pobres.<\/p>\n<p>Pero, se\u00f1ores, todav\u00eda falta considerar lo principal, y es que el pobre, aun suponi\u00e9ndole vicioso \u00a0e inmoral, es acreedor a nuestro amor por el mero hecho de ser pobre, y \u00fa que hagamos todos los esfuerzos posibles para corregir sus vicios, porque si no \u00bfa qu\u00e9 se reducir\u00eda la limosna espiritual, cuya superioridad sobre la material continuamente estamos encomiando? Si amamos al pobre de coraz\u00f3n, al descubrir en \u00e9l un vicio, una pasi\u00f3n que le domina, un crimen que ha cometido, \u00bfle hemos de abandonar por eso? \u00bfNo es por el contrario entonces cuando debemos redoblar nuestros esfuerzos para ganar su confianza y ayudarle con nuestras luces, nuestras reprensiones y consejos, etc., a corregirse, a vencerse y a salir cuanto antes de su peligroso estado? \u00bfQu\u00e9 dir\u00edamos de un facultativo que llamado a visitar a un enfermo y enterado de la gravedad de su mal por el estado del pulso y dem\u00e1s s\u00edntomas, se incomodase con \u00e9l por hallarle enfermo de peligro y le abandonase?<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n de notar la admirable facilidad con que el pobre, por lo com\u00fan, se presta a las amonestaciones del que le quiere de veras, como llegue a persuadirse de ello. Podr\u00edamos citar ejemplos repetid\u00edsimos de la docilidad del pobre para seguir nuestros consejos, teniendo a veces que vencer para ello hasta los sentimientos m\u00e1s fuertes de la naturaleza, como sucede en la separaci\u00f3n de los amancebados, en la reconciliaci\u00f3n de los enemigos, en la aceptaci\u00f3n de la pobreza misma, cuando se presentan medios para salir de ella que no merecen nuestra aprobaci\u00f3n. \u00a1Cu\u00e1ntos y cu\u00e1ntos casos liemos visto de estos que han pasado ignorados del mundo como la violeta de la soledad, cuyo perfume nadie percibe, y que hubieran merecido publicarse muy alto para consuelo de la humanidad!<\/p>\n<p>\u00a1S\u00ed! El estudio del pobre no puede menos de conducirnos a su conocimiento, y este conocimiento no puede menos de conducirnos a su amor.<\/p>\n<p>Se entiende que todo lo dicho se refiere al verdadero pobre y no al que aparenta serlo para robar las limosnas que no le pertenecen. En toda ciudad populosa hay una clase bastante considerable de gentes que aparentan ser ricas y que sin embargo est\u00e1n muy distantes de serlo. As\u00ed tambi\u00e9n hay una clase de gentes que aparentan ser pobres y que tampoco pertenecen a esta respetable clase. Llenos de necesidades facticias que no pueden satisfacer, minan lo imposible por agenciarse socorros, esto es, dinero, pues lo dem\u00e1s no les gusta, y sacan grao partido de la buena fe de los incautos. Guard\u00e9monos bien de confundir\u00e1 unos con otros. Al efecto, nos ser\u00e1 de grande utilidad la visita a domicilio, que disgusta tanto a esa clase de falsos pobres como gusta y consuela a los verdaderos. Observaremos el efecto que producen nuestros socorros en especie., que tanto aprecia el verdadero pobre, mientras que el pobre falso solo quiere dinero, porque sus apuros suelen ser siempre muy urgentes y no admiten otro alivio que el del dinero. Descubriremos f\u00e1cilmente por la conversaci\u00f3n si se trata de enga\u00f1arnos, o si realmente pertenece a la clase do verdadero pobre el que solicita nuestro socorro. Estas precauciones no son necesarias en pueblos peque\u00f1os, en los que todos se conocen; pero en los grandes son indispensables, y cuando nos patentizan el enga\u00f1o de los que nos buscan como pobres dignos no lo siendo, debemos manifestarles sencillamente que los hemos conocido y que no han hecho bien en tratar de enga\u00f1arnos.<\/p>\n<p>Ancho campo nos queda siempre en que ejercitar nuestra caridad, porque el n\u00famero de los verdaderos pobres es muy considerable y por lo com\u00fan mucho mayor del que podemos socorrer y aliviar.<\/p>\n<p>Dediqu\u00e9monos, pues, a estos con alma y coraz\u00f3n. Consagr\u00e9mosles toda la atenci\u00f3n, todo el tiempo, todo el amor que podamos, Nunca haremos bastante por ellos. Nunca les pagaremos suficientemente el bien que nos hacen. Ellos dicen con frecuencia: \u00a1qu\u00e9 ser\u00eda de nosotros si no fuera por las buenas almas! (que as\u00ed nos llaman). Con cu\u00e1nta m\u00e1s raz\u00f3n podemos nosotros decir: \u00a1qu\u00e9 ser\u00eda de nosotros si no fuera por los pobres!<\/p>\n<p>Trataba una se\u00f1ora de establecer una asociaci\u00f3n de caridad en cierto pueblo, y como se la dijese que no era necesaria para nada, exclamaba: \u00a1Compad\u00e9zcanse ustedes de los pobres! Los pobres, la respond\u00edan, est\u00e1n suficientemente socorridos. Pues \u00a1compad\u00e9zcanse ustedes de los ricos! repon\u00eda ella llevada de su buen deseo, y a esto no se supo que contestarla.<\/p>\n<p>Con efecto, se\u00f1ores, la vista del pobre, su trato, el ocuparse en su alivio, nos procura una clase de goces que el mundo se empe\u00f1a en ignorar por su desgracia, pero que son muy superiores a cuantos \u00e9l ofrece: porque nuestro coraz\u00f3n necesita m\u00e1s de consuelo para sus dolores que de aguij\u00f3n para sus deseos, y el consuelo mayor, la experiencia nos lo ense\u00f1a, se recibe consolando, al paso que los deseos excitados, tanto si se satisfacen como si no se logran satisfacer, traen siempre en pos de s\u00ed muy amargos dejos.<\/p>\n<p>Agradezcamos por lo tanto a Dios N. Sr. con todo nuestro coraz\u00f3n el gran favor que nos ha dispensado al llamarnos al seno de una Sociedad que, sin mira alguna humana, se ocupa en el servicio del pobre. Reconozc\u00e1moslo \u2018como una distinci\u00f3n insigne, como una gracia muy particular, como un honor que de ning\u00fan modo merecemos, y procuremos por todos los medios a nuestro alcance corresponder a tan grande beneficio, creciendo todos los d\u00edas en nuestro amor al pobre, en nuestro esmero y cuidado en servirle, en nuestra diligencia para procurarle todo el bien que podamos espiritual y material; y al pedir, como debemos hacerlo de continuo, a Dios N. Se\u00f1or los auxilios de su divina gracia necesarios para todo eso, no nos olvidemos de pedir tambi\u00e9n por los ciegos de alma, que no ven en el pobre m\u00e1s que un ser abyecto y despreciable, y en la mano descarnada que nos tiende el remedio de los males m\u00e1s graves de nuestra alma, el remedio del \u00fanico mal verdadero que es el pecado, puesto que la limosna alcanza su perd\u00f3n. Nuestro incomparable Fr. Luis de Granada lo dice admirablemente con las siguientes palabras. \u00abLos pobres son m\u00e9dicos de nuestras llagas, y las manos \u00abque ante nos extienden, son remedios que nos dan. Ni es tanta parte \u00abel m\u00e9dico para dar salud a nuestros cuerpos cuando extiende las \u00abmanos y nos aplica los emplastos, cuanto lo son las del pobre cuando las extiende a recibir nuestra limosna para curar las llagas de \u00abnuestra \u00e1nima.\u00bb<\/p>\n<p>Se\u00f1ores y amados hermanos en Jesucristo: Hemos terminado en este d\u00eda los santos ejercicios del Retiro, que se encaminan principalmente a la reforma de la vida y a la adopci\u00f3n de buenas y santas resoluciones para conseguirla. A m\u00ed me parece que una de estas debe ser la de amar al pobre m\u00e1s todav\u00eda de lo que le hemos amado hasta aqu\u00ed, crecer en su aprecio y respeto, reconociendo los grandes beneficios que le debemos y procurando todo lo posible corresponder a ellos, tanto por su verdadero bien, por su bien espiritual, como por el nuestro, que es el grande objeto a que debemos consagrar toda nuestra vida.<\/p>\n<p>No concluir\u00e9 sin manifestar en nombre de todos mis queridos consocios de Madrid, y particularmente de los que hemos tenido la buena, suerte de asistir a los dichos ejercicios, nuestra profunda gratitud hacia el respetable se\u00f1or sacerdote de la Congregaci\u00f3n de nuestro Santo Patrono que ha tenido la bondad de d\u00e1rnoslos, as\u00ed como tambi\u00e9n a los se\u00f1ores administrador y penitenciario de la iglesia de Nuestra Se\u00f1ora de Loreto en que se han verificado, por los muchos favores que nos han dispensado, no solo poniendo la iglesia a nuestra disposici\u00f3n y conserv\u00e1ndonosla con el mayor esmero, en todas las horas necesarias para los ejercicios, sino celebrando ellos mismos el santo sacrificio de la Misa para nosotros, que nada de esto merecemos, y que por lo mismo lo debemos agradecer tanto m\u00e1s. Que el Se\u00f1or les premie su bondad, su generosidad, el afecto que dispensan a nuestra humilde Sociedad! Deber nuestro es ped\u00edrselo de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL DEL 10 DE ABRIL DE 1864. 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