{"id":403778,"date":"2021-09-24T07:47:27","date_gmt":"2021-09-24T05:47:27","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403778"},"modified":"2021-07-17T11:48:29","modified_gmt":"2021-07-17T09:48:29","slug":"vicente-de-paul-y-luisa-de-marillac-cual-fue-su-relacion-v","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-y-luisa-de-marillac-cual-fue-su-relacion-v\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac. Cu\u00e1l fue su relaci\u00f3n (V)"},"content":{"rendered":"<ol start=\"5\">\n<li>UNA AMISTAD FECUNDA (1642-1660)<\/li>\n<\/ol>\n<p>A lo largo, pues, de 17 a\u00f1os (1642-1660), Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac caminar\u00e1n juntos, aprendiendo a conocerse, a estimarse, a respetarse. La amistad que ahora les une, y que van a vivir en los 18 a\u00f1os finales de su existencia, yo la se\u00f1alar\u00eda con tres palabras: libertad, participaci\u00f3n, fuerza.<\/p>\n<p>LIBERTAD<\/p>\n<p>La libertad, esa independencia de esp\u00edritu que no est\u00e1 domi\u00adnada por el temor o el miedo, ni tampoco por los prejuicios, forma la base de las relaciones entre Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac. Ella les permite, en toda sencillez y verdad, expresar sus pensamientos, dar sus avisos, cada cual seguro de la acogida del otro. Libertad que adquiere cuerpo por la aceptaci\u00f3n de la propia responsabilidad, y que despierta la confianza mutua.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac, quien teme a menudo, ocasionar trastorno al se\u00f1or Vicente, le escribe en 1644:<\/p>\n<p><em>La confianza que nuestro buen Dios ha puesto en mi cora\u00adz\u00f3n hacia su caridad supera el temor que muy justamente debe\u00adr\u00eda tener de hacerme importuna (SLM, 124, c.120).<\/em><\/p>\n<p>F\u00f3rmulas semejantes brotan una y otra vez de su pluma, as\u00ed al concluir una carta de 1655:<\/p>\n<p><em>Pido muy humildemente perd\u00f3n a su caridad por la libertad que me tomo de hablarle con tanta llaneza (SLM, 462, c.496).<\/em><\/p>\n<p>Esta libertad de expresi\u00f3n se manifiesta d\u00eda a d\u00eda en la mane\u00adra como trata sobre la vida de las Hijas de la Caridad. Las deci\u00adsiones que se tomen estar\u00e1n transidas de la luz del evangelio y la de la propia reflexi\u00f3n. Propone Luisa cambios que le parecen necesarios en Chars, donde el p\u00e1rroco jansenista se muestra muy exigente:<\/p>\n<p><em>Desde ayer se me ha venido al pensamiento proponer a su caridad si le parecer\u00eda acertado, para no tener tantos choques con el cura de Chars, enviar all\u00ed a Sor Juana Cristina en lugar de Sor Turgis, y reservar a Sor Jacoba para Chantilly, porque preveo que vamos a tener que sacar tambi\u00e9n de Chars a la que all\u00ed queda (SLM, 240, c. 235)<\/em><\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal somete al juicio de Luisa la carta que ha escrito al Abad de Vaux, consejero espiritual de las Hermanas en el hospital de Angers:<\/p>\n<p><em>Le he escrito al se\u00f1or abad de Vaux que se comprometi\u00f3 usted verbalmente a proporcionar hermanas a ocho lugares antes de poderle enviar algunas a \u00e9l. Vea entonces si no estar\u00e1 esto en contradicci\u00f3n con lo que usted le dice (SVP, V 57).<\/em><\/p>\n<p>En 1650, la marquesa de Maignelay viene a pedir el env\u00edo de dos Hermanas a la parroquia de San Roque. El caso apura, la marquesa desea tener las dos Hermanas al d\u00eda siguiente. Luisa reacciona con reticencia, y expone las razones al se\u00f1or Vicente, quien no osar\u00eda decir que no a la hermana del antiguo General de las Galeras, Felipe Manuel de Gondi:<\/p>\n<p><em>A esto se oponen dos dificultades, una que es necesario pro\u00adponer a usted las que tendr\u00edamos que enviar y present\u00e1rselas para que las conozca, las que, antes de marchar; tendr\u00edan que hacer Ejercicios espirituales; la otra dificultad es que esa muchacha que se qued\u00f3 all\u00ed y al presente est\u00e1 casada, vive en la <\/em><em>misma casa en que tienen que residir las Hermanas y que su vecindad es un peligro para nosotras. Le suplico humildemente se tome la molestia de decirme lo que debo hacer en esta oca\u00adsi\u00f3n para no descontenten a la marquesa ni perjudicarnos. (SLM, 314, c. 320).<\/em><\/p>\n<p>Vicente y Luisa no desean ni influenciarse, ni que prevalezca el perecer propio, ni mucho menos hacerse valer. Juntos buscan, desean que el papel desempe\u00f1ado d\u00e9 un paso por una humanidad mayor para con todos aquellos a los que sirven, y sea al mismo tiempo anuncio de Jesucristo. Es este car\u00e1cter tan desinteresado de su amistad lo que les permite expresar con toda libertad el propio pensamiento.<\/p>\n<p>Cuando se leen los Consejos de la Compa\u00f1\u00eda, donde se estu\u00addian los diferentes problemas, sorprende a uno el ver las opinio\u00adnes, a veces opuestas, de Vicente y de Luisa. A \u00e9sta le parece necesario recibir ni\u00f1os en las escuelas de las aldeas: las ni\u00f1as no pueden acudir, pues se les encomienda el cuidado de sus herma\u00adnos. Vicente de Pa\u00fal es taxativo: la escuela mixta est\u00e1 prohibida, tanto por el rey como por los obispos.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac querr\u00eda sacar del hospital de Nantes a las I lijas de la Caridad, pues encuentran all\u00ed tal oposici\u00f3n, tales cr\u00ed\u00adticas, que les es dif\u00edcil servir a los pobres enfermos. Al parecer, Vicente de Pa\u00fal no quiere oponerse al obispo La conquista de la libertad personal pasa por la toma de conciencia de las propias reacciones, tendencias, motivaciones en una elecci\u00f3n. Juzgarse con equidad es siempre dif\u00edcil. La verdadera amistad jam\u00e1s busca el dominar o convencer; m\u00e1s bien permite, merced a la confrontaci\u00f3n de ideas, de puntos de vista, un ahondamiento mayor en el conocimiento de s\u00ed. Luisa de Marillac desea esta relaci\u00f3n, que diferencia y hace crecer:<\/p>\n<p><em>Yo le suplico muy humildemente, se\u00f1or, que las debilidades de mi esp\u00edritu que le he hecho ver no induzcan a su caridad a la condescendencia, haci\u00e9ndole pensar que deseo acceda usted a mis pensamientos, porque esto est\u00e1 completamente alejado de mi voluntad y no experimento mayor placer que cuando razona\u00adblemente me veo contrariada, concedi\u00e9ndome Dios casi siempre la gracia de apreciar la opini\u00f3n de los dem\u00e1s mucho m\u00e1s que la m\u00eda, muy especialmente cuando se trata de su caridad, ya que entonces tengo la seguridad de ver con evidencia la verdad, aun en asuntos que durante alg\u00fan tiempo me hab\u00edan resultado ocul\u00adtos (SLM, 334, c. 345)<\/em><\/p>\n<p>PARTICIPACI\u00d3N<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s se tratan Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac, tanto m\u00e1s descubren su complementariedad. Comparten, no s\u00f3lo de sus puntos de vista sobre los acontecimientos, la vida de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, sino que se comunican ade\u00adm\u00e1s lo mejor que tienen, toda la hondura de su ser. El mutuo enriquecimiento que de ah\u00ed fluye presupone un largo proceso, cual sucede a toda germinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Poco a poco, Vicente de Pa\u00fal comunica a Luisa de Marillac la bondad de su mirada dondequiera recae, su paz profunda. Ha sido frecuente testigo del temperamento vivo y r\u00e1pido de la superiora de las Hijas de la Caridad, de sus juicios algo severos. No vacila\u00adr\u00e1 en decir delante de todas las Hermanas, durante la conferencia sobre las virtudes de Luisa de Marillac:<\/p>\n<p><em>Por eso a veces en la se\u00f1orita Le Gras aparec\u00edan algunos rasgos de mal genio. Pero aquello no era nada y me costar\u00eda mucho reconocer que hab\u00eda pecado. Lo que pasa es que ten\u00eda gran firmeza (SVP, IX, 1223).<\/em><\/p>\n<p>Lenta, pacientemente Vicente lleva a Luisa a vivar en paz, a variar su mirada, a asemejarse a Jes\u00fas, manso y humilde de cora\u00adz\u00f3n. As\u00ed cuando las j\u00f3venes marchan, abandonan la vocaci\u00f3n, la superiora de la Compa\u00f1\u00eda lo acusa dolorosamente. Es severa en el juicio de esas Hermanas, y a la vez se reconoce culpable de no haberlas sabido ayudar. El se\u00f1or Vicente la tranquiliza:<\/p>\n<p><em>Es usted demasiado impresionable por la salida de sus hijas. En nombre de Dios, se\u00f1orita, esfu\u00e9rcese en adquirir la gracia de la aceptaci\u00f3n de tales momentos. Es una misericordia de Nuestro Se\u00f1or con la Compa\u00f1\u00eda el que la purgue de esta mane\u00adra, y esto ser\u00e1 una de las primeras cosas que Nuestro Se\u00f1or le har\u00e1 ver en el cielo (SVP, III, 436).<\/em><\/p>\n<p>Cuesta a ciertas Hermanas el adquirir la competencia nece\u00adsaria para ense\u00f1ar el catecismo, hacer una sangr\u00eda; otras no hacen el esfuerzo necesario a esta formaci\u00f3n, que encuentra ella demasiado dura. Luisa se pregunta entonces si deben con\u00adtinuar en la Compa\u00f1\u00eda. El se\u00f1or Vicente apela a su paciencia y discernimiento:<\/p>\n<p><em>Sobre el deseo que tiene usted de deshacerse de las herma\u00adnas in\u00fatiles, no acabo de entender de qu\u00e9 inutilidad se queja usted; si es de las que no valen o no saben actuar despu\u00e9s de haberlas ejercitado durante alg\u00fan tiempo y no tienen efectiva\u00admente ninguna cualidad y ninguna esperanza de enmienda, har\u00e1 usted bien en despedirlas; pero si es de las que no est\u00e1n a\u00fan bien preparadas para las ocupaciones de la Caridad, y por eso no pueden dedicarse a ellas, o est\u00e1n impedidas por alguna enfermedad de la que pueden curar; me parece que habr\u00e1 que tener con ellas toda la paciencia que se pueda.(SVP, III, 387).<\/em><\/p>\n<p>Luisa se apercibe poco a poco de sus impaciencias, de su exagerada ansiedad, de su tendencia a dramatizar:<\/p>\n<p><em>Cometo muchas faltas por mi excesiva prontitud, sin hablar de las que son por malicia. Suplico a su caridad me alcance misericordia (SLM, 332).<\/em><\/p>\n<p>Agradece su ayuda al se\u00f1or Vicente:<\/p>\n<p><em>Agradezco humildemente a su caridad el bien que me ha hecho. Me parece que cuando me dejo llevar por mis temores, que me ponen en estado de verdadera aflicci\u00f3n, necesito que se me trate con un poco de dureza (SLM, 189)<\/em><\/p>\n<p>La benevolencia, la mansedumbre, la longanimidad, virtudes t\u00edpicas del buen se\u00f1or Vicente, impregnan progresivamente el coraz\u00f3n de Luisa, lo transforman, lo enriquecen, algo que ella reconoce humildemente. En 1655 escribe con ocasi\u00f3n de una dificultad en el hospital de San Dionisio:<\/p>\n<p><em>Ruego a su caridad me diga si tengo yo algo que hacer en este respecto, si no es admirar la Providencia, proponerme el dar a conocer su bondad y sus efectos y estar persuadida de que es buena cosa sufrir y esperar con paciencia la hora de Dios en los asuntos m\u00e1s dif\u00edciles, a lo que con tanta frecuencia se resis\u00adte mi temperamento demasiado precipitado (SLM, 481).<\/em><\/p>\n<p>Solucionada una dificultad con sor Juana, de la parroquia de San Mart\u00edn, Luisa puede escribir al se\u00f1or Vicente (agosto de 1656):<\/p>\n<p><em>Esto debe convencerme todav\u00eda m\u00e1s de cu\u00e1n bueno es saber esperar las disposiciones de la divina Providencia (SLM; 503).<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 transformaci\u00f3n se obr\u00f3 en santa Luisa seg\u00fan pasaban los a\u00f1os! Luisa, al mismo tiempo, enriquece a Vicente de Pa\u00fal con su sentido de la organizaci\u00f3n. Obligada a posponer la confe\u00adrencia a las Hermanas, ha visto a menudo lo enojoso en los olvi\u00addos de Vicente: ella se har\u00e1 su memoria. Cuando est\u00e1 prevista una conferencia, manda una breve nota de aviso:<\/p>\n<p><em>Ruego humildemente a su caridad recuerde&#8230; la necesidad que tenemos de la conferencia que ha tenido usted la bondad de prometernos para ma\u00f1ana jueves (SLM, 184)<\/em><\/p>\n<p><em>Ruego respetuosamente a su caridad recuerde que de hoy en <\/em><em>ocho d\u00edas nos ha prometido la conferencia (SLM, 235).<\/em><\/p>\n<p>Cuando estima que el se\u00f1or Vicente tarda mucho en fijar una fecha, ella se torna humilde, suplicante y le invita a distribuir su tiempo, para no dejarse sorprender por lo imprevisto:<\/p>\n<p><em>Le ruego humildemente nos haga la caridad, que su bondad nos ha hecho esperar y de la que estamos tan necesitadas. No dejar\u00e1n de presentarse siempre las ocasiones que se lo han impedido; a no ser que nos haga usted el honor de no esperar\u00adlas. Perdone esta libertad (SLM, 68).<\/em><\/p>\n<p>Las relaciones de diversas conferencias nos ponen de mani\u00adfiesto que Vicente de Pa\u00fal supo organizarse para acudir en las fechas previstas y, desde 1655, comentar regularmente las Reglas que acaban de aprobarse. Luisa de Marillac dar\u00e1 asimis\u00admo parte al se\u00f1or Vicente de sus expectativas en cuanto al porve\u00adnir de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. A fuer de mujer intuitiva, capta c\u00f3mo esta comunidad, de un estilo totalmente nuevo en el siglo XVII, s\u00f3lo podr\u00e1 subsistir dependiendo, no de los obispos, sino del superior general de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n. Esa actitud va en sentido inverso a la del concilio de Trento, que reafirma la autoridad de los obispos: son los respon\u00adsables de toda la vida cristiana en sus di\u00f3cesis. Ahora bien, Luisa no cesa de decir y repetir que las Hijas de la Caridad son simples bautizadas, feligresas y no religiosas: \u00bfpor qu\u00e9 entonces sus\u00adtraerlas a la autoridad del obispo local? Se trata, para Luisa, del Porvenir del servicio de los pobres. Sabe que muchos obispos son contrarios a toda vida consagrada en pleno mundo: las visitandinas de Francisco de Sales han sido enclaustradas por el obispo de Lyon; en Bordeaux, la congregaci\u00f3n fundada por Juana de Lestonnac tuvo que encerrarse en su establecimiento, a instancias del obispo. Si las Hijas de la Caridad dejan de ir y venir por las calles, en las aldeas, \u00a1adi\u00f3s servicio de los pobres a domicilio!<\/p>\n<p>Luisa tratar\u00e1 de convencer a Vicente de Pa\u00fal para que, a efec\u00adtos jur\u00eddicos, sea el responsable eclesi\u00e1stico de las Hijas de la Caridad. Ser\u00e1 un esfuerzo duro y prolongado. El se\u00f1or Vicente rechaza la propuesta de Luisa, est\u00e1 sujeto a las decisiones del Concilio de Trento, no quiere tocar la autoridad de los obispos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n tiene como objetivo las misiones rurales y la obra de los seminarios. En 1646 obtie\u00adne del arzobispo de Par\u00eds, bajo cuya autoridad queda puesta, el reconocimiento de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Luisa est\u00e1 muy descontenta, se niega a hablar a las Hermanas de tal reconocimiento.<\/p>\n<p>Contra el consejo de Luisa, les hablar\u00e1 de \u00e9l en una conferen\u00adcia. M\u00e1s de seis meses ser\u00e1n necesarios para que Luisa de Marillac se calme y presente de nuevo al se\u00f1or Vicente sus argumentos:<\/p>\n<p><em>Me ha parecido que Dios ha establecido mi alma en una grande paz y sencillez en la oraci\u00f3n, muy imperfecta por parte m\u00eda, que he hecho acerca de la necesidad que tiene la Compa\u00ad\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad de hallarse siempre, sucesiva\u00admente, bajo la direcci\u00f3n de la divina Providencia le ha dado, tanto en lo espiritual como en lo temporal; y en ella he cre\u00eddo haber visto que ser\u00eda m\u00e1s ventajoso para su gloria que la Com\u00adpa\u00f1\u00eda llegara a desaparecer por completo que estar bajo otra direcci\u00f3n, ya que esto parece ser\u00eda contrario a la voluntad de Dios&#8230; Espero que, si su caridad ha escuchado de Nuestro Se\u00f1or lo que me parece haberle dicho en la persona de san Pedro, que sobre ella quer\u00eda edificar esta Compa\u00f1\u00eda, persevera\u00adr\u00e1 en el servicio que ella le pide para instrucci\u00f3n de los peque\u00ad\u00f1os y alivio de los enfermos (SLM, 233-234)<\/em><\/p>\n<p>A\u00f1os tras a\u00f1o volver\u00e1 una y otra vez Luisa sobre estos dos puntos: la voluntad de Dios y el servicio. Sabe bien que el se\u00f1or Vicente es muy sensible, y que un d\u00eda se dejar\u00e1 convencer.<\/p>\n<p>Aprende paciencia: ser\u00e1 una espera de 9 a\u00f1os. Por fin, hacia 1654, Vicente acepta solicitar del arzobispo de Par\u00eds, cardenal de Retz, una nueva aprobaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad las Hijas de la Caridad, a la cual pone bajo la autoridad del superior general de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y de sus suce\u00adsores. El 18 de enero de 1655, el documento es firmado en Roma por el cardenal de Retz, all\u00ed exiliado.<\/p>\n<p>Luisa es dichosa, no por su \u00e9xito, sino porque la Compa\u00f1\u00eda podr\u00e1 proseguir, seg\u00fan el designio de Dios, la obra comenzada. La Compa\u00f1\u00eda podr\u00e1 ser fiel al carisma que Dios le ha conferido. Escribe a Vicente de Pa\u00fal en octubre de 1655:<\/p>\n<p><em>Tenemos gran necesidad de sus \u00f3rdenes v santa direcci\u00f3n en todo para perfecci\u00f3n de la obra (SLM, 474).<\/em><\/p>\n<p>La participaci\u00f3n entre Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac ha llegado a ser en verdad una comuni\u00f3n en la que cada cual da y recibe, donde cada uno pone al servicio del otro todo lo que tiene, todo lo que es. Su amistad verdadera, basada en la s\u00f3lida convicci\u00f3n de una misma misi\u00f3n, les ha llevado a una aceptaci\u00f3n en profundidad de sus diferencias, y les ha procurado un inmen\u00adso enriquecimiento rec\u00edproco.<\/p>\n<p>FUERZA<\/p>\n<p>La amistad entre Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac es fuer\u00adza: saben que pueden contar uno con otro en toda circunstancia, sobre todo en los momentos dif\u00edciles. Luisa lo expresa claramen\u00adte en 1657:<\/p>\n<p><em>Es cierto que las necesidades de la Compa\u00f1\u00eda nos urgen un tanto a que nos reunamos con usted; me parece ver mi esp\u00edritu embotado y en tinieblas, \u00a1tan d\u00e9bil es! Toda su fortaleza y su descanso est\u00e1n, despu\u00e9s de Dios, en ser por amor de El, mi muy Honorable Padre, su muy humilde y obediente servidora (SLM, 536).<\/em><\/p>\n<p>La amistad entre Vicente y Luisa es una fuerza, pues no es b\u00fasqueda de s\u00ed; es b\u00fasqueda conjunta de la conformidad con Jesucristo. \u00a1Cu\u00e1ntas veces no han le\u00eddo a la luz del evangelio los peque\u00f1os acontecimientos diarios! En una asamblea de las Damas de los Ni\u00f1os Exp\u00f3sitos, la se\u00f1ora de Herse ha pedido a cada Dama una contribuci\u00f3n pecuniaria, para subvenir a las necesidades de la obra. Ello disgusta a Luisa, quien teme no acuda nadie a la reuni\u00f3n. Vicente responde:<\/p>\n<p><em>El viernes veremos qu\u00e9 pasa con la propuesta de la se\u00f1ora de Herse. Sobre las injurias que puedan llover sobre la compa\u00ad\u00f1\u00eda, puesto que se trata de hacer el bien, no tienen que impor\u00adtarnos (SVP, III, 482).<\/em><\/p>\n<p>La muerte de fieles compa\u00f1eros de camino es un momento en que la amistad osa articular toda su ternura, donde el sentimien\u00adto se torna fortaleza para superar el dolor de la desaparici\u00f3n de un ser querido. En 1653 conmociona al se\u00f1or Vicente la muerte en Polonia de su querido Padre Lamberto. Luisa le escribe, toda emoci\u00f3n, toda afecto:<\/p>\n<p><em>\u00bfNo soy muy osada, mi muy Honorable Padre, al atreverme a mezclar mis l\u00e1grimas con la acostumbrada sumisi\u00f3n de usted a las disposiciones de la divina Providencia, mis flaquezas con la fortaleza que Dios le da para cargar con la parte tan grande que Nuestro Se\u00f1or tan a menudo le ofrece en sus sufrimientos? Por amor suyo, d\u00e9 usted a la naturaleza lo que necesita para desahogarse y lo que es necesario para su conservaci\u00f3n. No puedo ocultarle, mi muy Honorable Padre, que mi dolor es grande, pero su caridad me ha ense\u00f1ado a amar la voluntad de Dios tan justa y misericordiosa (SLM, 405).<\/em><\/p>\n<p>En 1658 toca al se\u00f1or Vicente, con todo su afecto, acompa\u00f1ar en el sentimiento a Luisa, cuando fallece una de las primeras Hijas de la Caridad, B\u00e1rbara Angiboust:<\/p>\n<p><em>Entretanto honremos la paz con que acept\u00f3 la sant\u00edsima Vir\u00adgen la voluntad de Dios en la muerte de su Hijo (SVP, VII, 360).<\/em><\/p>\n<p>Honrar la vida de Jesucristo en la tierra, conformar sus vidas a la de \u00c9l, esos consejos que Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac con tanta frecuencia han dado a las Hermanas, ellos mismo los viven plenamente.<\/p>\n<p>Luisa sinti\u00f3 en particular la fuerza de la amistad de Vicente con motivo de los problemas que a ella planteaba su hijo Miguel. Halla en Vicente un consejero seguro, un apoyo s\u00f3lido. En las horas m\u00e1s dolorosas, cuando Miguel desaparece sin dejar rastro, Luisa no duda en lanzar verdaderos gritos de socorro:<\/p>\n<p><em>No puedo tener ayuda de nadie en el mundo, ni la he tenido nunca m\u00e1s que de su caridad (SLM, 127). Me es imposible bus\u00adcar consuelo en nadie m\u00e1s&#8230; \u00a1Qu\u00e9 dolor tan grande! (SLM, 138). Perdone mi demasiado violenta aprensi\u00f3n por la cosa que m\u00e1s he temido siempre en la persona de quien le he hablado&#8230; En nombre de Dios, amado Padre, no me abandone en esta necesidad (SLM, 657).<\/em><\/p>\n<p>Vicente, en su gran bondad, se esfuerza por devolver la paz a esta madre dolorida y angustiada:<\/p>\n<p><em>En nombre de Dios, se\u00f1orita, no se preocupe usted por el se\u00f1or baill\u00ed (su hijo). \u00bfNo ve usted el cuidado extraordinario que Nuestro Se\u00f1or ha tenido con \u00e9l casi sin usted? Deje obrar a su divina Majestad; el mostrar\u00e1 a su madre, que cuida de tan\u00adtos ni\u00f1os, la satisfacci\u00f3n que de ella tiene con el cuidado que pondr\u00e1 en su hijo; no podr\u00e1 usted superarlo nunca en bondad (SVP, 397).<\/em><\/p>\n<p>Desde 1655, Vicente y Luisa ven c\u00f3mo decae su salud, como aumentan las enfermedades con la edad. Uno tiene 75 a\u00f1os, 65 la otra, edad muy avanzada para aquella \u00e9poca, cuando la esperan\u00adza de vida es de 37 a\u00f1os. Con tanta mayor fuerza experimentan entonces la veracidad de su amistad. \u00c9sta se traduce en multitud de peque\u00f1as atenciones llenas de delicadeza. Inquieta a Luisa el estado de salud de Vicente, que no puede dejar su habitaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Suplico humildemente a su caridad me permita que le pida noticias verdaderas de su salud y, por el amor de Dios, no tenga prisa por salir (SLM, 565).<\/em><\/p>\n<p>Vicente responde con igual gentileza a trav\u00e9s de su secretario:<\/p>\n<p><em>Suplico humildemente a su caridad me permita que le pida noticias verdaderas de su salud y, por el amor de Dios, no tenga prisa por salir (SVP, VI, 131)<\/em><\/p>\n<p>Sintiendo a la muerte venir, uno y otra se expresan el agra\u00addecimiento por todo lo comunicado rec\u00edprocamente. En marzo de 1659 es Vicente quien se dirige a Luisa:<\/p>\n<p><em>Nunca la caridad me ha parecido tan apreciable y tan ama\u00adble como ahora. \u00a1Bendito sea Dios que manifiesta tan bien su amor en el de usted, a quien doy de nuevo las gracias con todo mi coraz\u00f3n! (SVP, 395).<\/em><\/p>\n<p>Luisa da las gracias al se\u00f1or Vicente en enero de 1660:<\/p>\n<p><em>La obra de Dios, la que con tanta firmeza, mi muy Honora\u00adble Padre, ha sostenido su caridad contra todas las oposiciones (SLM, 651).<\/em><\/p>\n<p>Con la mayor sencillez tambi\u00e9n, Vicente y Luisa van a ayu\u00addarse en la preparaci\u00f3n para la salida de este mundo, con objeto de nacer para el otro. Los buenos deseos que intercambian seg\u00fan termina el a\u00f1o 1659 son reflejo de su mutuo conocimiento y del ansia por estar siempre dentro de la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Luisa es la primera en escribir:<\/p>\n<p><em>La poca salud que Dios le da a \u00c9l suplico se la conserve hasta el total cumplimiento de sus designios sobre usted, para gloria suya (SLM, 639).<\/em><\/p>\n<p>Y Vicente manda una nota que redacta su secretario:<\/p>\n<p><em>Le deseo a la se\u00f1orita Le Gras la plenitud del Esp\u00edritu para su alma y la conservaci\u00f3n de tan buen madre a su compa\u00f1\u00eda, para que ella le comunique cada vez m\u00e1s los dones de ese mismo Esp\u00edritu (SVP, VI, 531).<\/em><\/p>\n<p>Suavemente, siempre deseosos de estar unidos a la voluntad de Dios, aceptan el hecho de que ya no podr\u00e1n verse:<\/p>\n<p><em>Perm\u00edtame, mi muy Honorable Padre, le exponga que mi impotencia para hacer ning\u00fan bien me impide tener ninguna cosa grata a Nuestro Se\u00f1or que poder ofrecerle, aparte de mi pobre renovaci\u00f3n, a no ser la privaci\u00f3n del \u00fanico consuelo que su bondad me ha proporcionado desde hace 35 a\u00f1os, y que acepto por su amor tal y como su Providencia lo ordena, espe\u00adrando de su bondad y de la caridad de usted una misma ayuda, por v\u00eda interior, se la pido a usted por el amor de la uni\u00f3n del Hijo de Dios con la naturaleza humana (SLM, 639).<\/em><\/p>\n<p>La amistad entre Vicente y Luisa est\u00e1 ahora allende todo trato, se ha hecho tan simple y transl\u00facida, que no necesita ya de soporte humano. El 14 de marzo de 1660, env\u00eda Vicente este breve mensaje a Luisa, en trance de muerte:<\/p>\n<p><em>Usted parte la primera y, si Dios me perdona mis pecados, espero ir pronto a reunirme con usted en el cielo.<\/em><\/p>\n<p>Fue una amistad que tuvo su fuente y modelo en Jesucristo, cuya Encarnaci\u00f3n revel\u00f3 el amor de Dios hacia la humanidad. Amistad que se bas\u00f3 en la autenticidad, es decir, aceptando uno profundamente la identidad del otro, reconociendo y respetando su complementariedad. Esta amistad se hizo comuni\u00f3n a imagen de la Trinidad, el gran misterio donde se vive la donaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca, en la unidad y la diversidad. Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac enriquecieron la Iglesia con sus fundaciones para la humanizaci\u00f3n y evangelizaci\u00f3n de los pobres. Sobre todo, ilumi\u00adnaron el mundo con el testimonio de una vida sencilla, humilde y repleta de amor.<\/p>\n<p>Elisabeth Charpy<\/p>\n<p>CEME 2010<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNA AMISTAD FECUNDA (1642-1660) A lo largo, pues, de 17 a\u00f1os (1642-1660), Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac caminar\u00e1n juntos, aprendiendo a conocerse, a estimarse, a respetarse. 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