{"id":403774,"date":"2021-09-20T07:45:16","date_gmt":"2021-09-20T05:45:16","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403774"},"modified":"2021-07-17T11:46:21","modified_gmt":"2021-07-17T09:46:21","slug":"vicente-de-paul-y-luisa-de-marillac-cual-fue-su-relacion-iii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-y-luisa-de-marillac-cual-fue-su-relacion-iii\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac. Cu\u00e1l fue su relaci\u00f3n (III)"},"content":{"rendered":"<ol start=\"3\">\n<li>COLABORACI\u00d3N INTENSA (1629-1639)<\/li>\n<\/ol>\n<p>En medio de una actividad desbordante, cuaja poco a poco una colaboraci\u00f3n intensa, eficaz, entre Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac. Uno y otra est\u00e1n en la edad de la plena madurez: Luisa tiene 40 a\u00f1os, Vicente 50. Dos acontecimientos fundacio\u00adnales dan una s\u00f3lida base a esta colaboraci\u00f3n, y se\u00f1alan esta etapa. El primer acontecimiento tiene lugar el 6 de mayo de 1629: es el primer env\u00edo a misi\u00f3n de Luisa de Marillac. El se\u00f1or Vicente ha establecido en las tierras de la familia Gondi varias Cofrad\u00edas de la Caridad. Yendo a visitar la de Montmirail, pide a Luisa de Marillac que se re\u00fana con \u00e9l:<\/p>\n<p><em>El R. P de Gondy me ordena que vaya a verle a Montmirail&#8230; \u00bfLe dice su coraz\u00f3n que venga, se\u00f1orita? Si as\u00ed es&#8230;tendremos la dicha de vernos en Montmirail (SVP, I, 135)<\/em><\/p>\n<p>A seguida de la respuesta positiva de Luisa, Vicente de Pa\u00fal le hace llegar su env\u00edo a misi\u00f3n, redactado en un tono solemne, que recoge en parte la liturgia del \u00abItinerario de los cl\u00e9rigos\u00bb. \u00bfTiene Vicente en realidad conciencia de que es un aconteci\u00admiento importante, o m\u00e1s bien se deja llevar por el Esp\u00edritu? Le envi\u00f3 las cartas y la memoria que ser\u00e1n menester para su viaje.<\/p>\n<p><em>Vaya, pues, se\u00f1orita, en nombre de Nuestro Se\u00f1or. Ruego a su divina bondad que ella le acompa\u00f1e, que sea ella su consue\u00adlo en el camino, su sombra contra el ardor del sol, el amparo de la lluvia y del fr\u00edo, lecho blando en su cansancio, fuerza en su trabajo y que, finalmente, la devuelva con perfecta salud y llena de obras buenas (SVP, I, 135-136).<\/em><\/p>\n<p>Tras este primer viaje, durante el cual ha visto a Luisa en acci\u00f3n, Vicente va apoyarse en ella cada vez m\u00e1s para todo lo concerniente a las Cofrad\u00edas de la Caridad. Luisa de Marillac responde a las demandas de su director y se involucra m\u00e1s y m\u00e1s en el trabajo de las Cofrad\u00edas. Seg\u00fan va haciendo las diferentes visitas, Luisa informa al se\u00f1or Vicente de lo que comprueba, tanto en el plano de la organizaci\u00f3n de socorros, como en la manera de su distribuci\u00f3n. Nada olvida Luisa de todo el aspecto espiritual de esta acci\u00f3n. Expone los problemas que encuentra, y Vicente, en sus respuestas, deja a ella plena libertad de acci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Desea usted saber si tiene que hablar a la Caridad perso\u00adnalmente. As\u00ed me gustar\u00eda, ciertamente; pero no s\u00e9 si ser\u00e1 f\u00e1cil y oportuno. Eso les har\u00eda bien. Hable usted con la se\u00f1o\u00adrita Champlin y haga lo que Nuestro Se\u00f1or le inspire (SVP, I, 155-156).<\/em><\/p>\n<p>D\u00eda a d\u00eda Vicente de Pa\u00fal va descubriendo toda la rica perso\u00adnalidad de su colaboradora. Comprueba que Luisa de Marillac est\u00e1 muy a su gusto entre las Damas de la Caridad, que sabe hablarles, que no teme hacerles las observaciones que precisan. Y le pide que vaya y devuelva la vida a antiguas Cofrad\u00edas de la Caridad que periclitan:<\/p>\n<p><em>Tienen necesidad de usted en la Caridad de san Sulpicio, en donde se ha dado ya alg\u00fan comienzo; pero esto va tan mal, seg\u00fan me han dicho, que es una l\u00e1stima. Quiz\u00e1s Dios le resen&#8217;a la ocasi\u00f3n de trabajar all\u00ed (SVP, I, 171).<\/em><\/p>\n<p>Algunos meses m\u00e1s tarde es una Dama de la Caridad quien le ruega:<\/p>\n<p><em>La se\u00f1orita Tranchot desear\u00eda verla en Villeneuve-Saint-Georges, donde va mal la Caridad, y creo que Nuestro Se\u00f1or reserva a usted el \u00e9xito de esta buena obra (SVP, I, 189).<\/em><\/p>\n<p>Vicente ha comprendido pronto que Luisa tiene un gran sen\u00adtido de la organizaci\u00f3n, que es precisa. Y emplea su competencia en la redacci\u00f3n de los reglamentos. El trabajo es verdaderamen\u00adte com\u00fan: ella redacta, \u00e9l corrige.<\/p>\n<p><em>Le enviar\u00e9, por medio del se\u00f1or p\u00e1rroco o alg\u00fan otro, el reglamento de la Caridad, que he modificado en lo que convie\u00adne para Montreuil. Ya lo ver\u00e1; y si hay algo que quitar o que a\u00f1adir, d\u00edgamelo, por favor (SVP, I, 167).<\/em><\/p>\n<p>En 1631 Luisa de Marillac pone en marcha una Cofrad\u00eda en su parroquia de San Nicol\u00e1s de Chardonnet. Redacta el regla\u00admento y lo presenta a Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p><em>Es usted una mujer valiente por haber acomodado de esta forma el reglamento de la Caridad, y me parece bien (SVP, 178).<\/em><\/p>\n<p>Luisa es mujer intuitiva, r\u00e1pida, siempre presta a ir por delan\u00adte. En 1632, la Torre San Bernardo, pr\u00f3xima a la calle San V\u00edc\u00adtor, es habilitada para recibir a los galeotes enfermos. Luisa va de inmediato a visitarles. Vicente est\u00e1 admirado:<\/p>\n<p><em>La caridad con esos pobres forzados es de un m\u00e9rito incom\u00adparable delante de Dios. Ha hecho bien en asistirles y har\u00e1 bien si lo sigue haciendo en la forma que pueda (SVP, I, <\/em>222).<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente sabe que una acci\u00f3n individual corre el peli\u00adgro de no proseguirse. Interroga, pues, a Luisa sobre una posible acci\u00f3n colectiva:<\/p>\n<p><em>Piense un poco si podr\u00eda encargarse de ellos la Caridad de san Nicol\u00e1s, al menos por alg\u00fan tiempo; usted les ayudar\u00e1 con el dinero que queda. Pero \u00a1qu\u00e9 se le va a hacer! Esto es dif\u00edcil, y es lo que me hace poner este pensamiento en su gusto por la aventura (SVP, I, <\/em>222).<\/p>\n<p>La abundante correspondencia de este per\u00edodo (al menos una carta semanal) desborda con toda naturalidad el trabajo misionero. Vicente y Luisa comparten las m\u00ednimas noticias dia\u00adrias: as\u00ed cuando Vicente cae del caballo, la falta de agua en San L\u00e1zaro, el viaje de la se\u00f1ora Goussault (una Dama de la Cari\u00addad) a Angers, la preocupaci\u00f3n en materia de dinero, las refle\u00adxiones sobre los acontecimientos:<\/p>\n<p><em>Estoy como usted, se\u00f1orita; no hay nada que me apene tanto como la incertidumbre; pero deseo ciertamente que Dios quiera concederme la gracia de hacerme totalmente indiferen\u00adte, y a usted tambi\u00e9n. Seg\u00fan eso, nos esforzaremos por conse\u00adguir, con la ayuda de Dios, esta santa virtud (SVP, I, 283).<\/em><\/p>\n<p>A veces la participaci\u00f3n se ahonda hasta la revisi\u00f3n de vida. El se\u00f1or Vicente recapacita sobre su manera de actuar, demasia\u00addo ego\u00edsta:<\/p>\n<p><em>Acu\u00e9rdese especialmente de pedir a Dios por m\u00ed, que, encontr\u00e1ndome ayer entre la ocasi\u00f3n de realizar una promesa que hab\u00eda hecho o un acto de caridad para con una persona que nos puede hacer bien o mal, dej\u00e9 el acto de caridad para cum\u00adplir con mi promesa, con lo que dej\u00e9 muy descontenta a aquella persona; esto no me preocupa tanto como el haber seguido mi inclinaci\u00f3n al obrar como he obrado (SVP, I, 165).<\/em><\/p>\n<p>Un d\u00eda cree descubrir la importancia de una colaboraci\u00f3n total con los seglares. Escribe a Luisa de Marillac:<\/p>\n<p><em>Se\u00f1orita, ser\u00e1 conveniente que trate con la se\u00f1ora Goussault y con la se\u00f1orita Poulallion lo referente a Germana, para sa\u00adber su opini\u00f3n. Solo hace dos d\u00edas que se me ha ocurrido esta manera de obrar, que me parece que es de cordialidad y defe\u00adrencia; y quiz\u00e1s les haya podido molestar que las haya hecho tomar la \u00faltima resoluci\u00f3n acerca de su empleo sin hab\u00e9rselo dicho (SVP, I, 221).<\/em><\/p>\n<p>Luisa, por su parte, descubre todo el valor de Vicente de Pa\u00fal. Puede dirigirse con seguridad plena a este consejero espiritual: le refiere los goces que halla en su trabajo misionero, sus temores a dejarse captar por los elogios. \u00c9l responde el 7 de diciembre de 1630:<\/p>\n<p><em>Contin\u00fae, entre tanto, tranquila y una su esp\u00edritu a las bur\u00adlas, los desprecios y malos tratos que sufri\u00f3 el Hijo de Dios, cuando se vea usted honrada y estimada. Ciertamente, se\u00f1ori\u00adta, un esp\u00edritu verdaderamente humilde se humilla tanto en los honores como en los desprecios y hace como la abeja que fabri\u00adca su miel tanto con el roc\u00edo que cae sobre el ajenjo como con el que cae sobre la rosa (SVP, I, 160).<\/em><\/p>\n<p>No teme ella hablarle de la relaci\u00f3n con el hijo, y acepta los sabios reproches del sacerdote educador:<\/p>\n<p><em>Por lo que se refiere a su hijo, ya lo ver\u00e9; pero tranquil\u00edce\u00adse, por favor, ya que puede confiar en que est\u00e1 bajo la especial protecci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or y de su santa Madre&#8230; \u00bfY qu\u00e9 dire\u00admos de esa excesiva ternura? Ciertamente, se\u00f1orita, me parece que debe usted trabajar delante de Dios por tranquilizarse, ya que esa ternura s\u00f3lo sirve para confundir su esp\u00edritu y le priva de la tranquilidad que Nuestro Se\u00f1or desea en su coraz\u00f3n (SVP, 1137).<\/em><\/p>\n<p>Las palabras de Vicente de Pa\u00fal est\u00e1n a veces repletas de humor. Luisa las acepta con toda sencillez:<\/p>\n<p><em>Ciertamente, Nuestro Se\u00f1or ha hecho bien al no tomar a usted como madre suya, ya que usted no piensa encontrar la voluntad de Dios en la preocupaci\u00f3n maternal que \u00c9l requiere de usted para su hijo; quiz\u00e1s es que piensa usted que esto le impedir\u00e1 cumplir la voluntad de Dios en otra cosa; esto es imposible ya que la voluntad de Dios no se opondr\u00e1 jam\u00e1s a la voluntad de Dios. Honre, pues, la tranquilidad de la santa Vir\u00adgen en un caso parecido (SVP, I, 173).<\/em><\/p>\n<p>Luisa reconoce y estima toda la complementariedad que Vicente de Pa\u00fal aporta, el sacerdote de origen campesino que sabe de la necesidad de largas maduraciones, cuando quisiera ella recoger ya la cosecha. Un cambio de estilo en las cartas demuestra que la relaci\u00f3n entre Vicente de Pa\u00fal y Luisa de MariIlac ha variado realmente. Mientras que todos aquellos primeros a\u00f1os el se\u00f1or Vicente escrib\u00eda a su dirigida d\u00e1ndole el tratamien\u00adto de \u00abhija m\u00eda\u00bb, desde 1629 la llama \u00abSe\u00f1orita\u00bb. Ambos dejan la relaci\u00f3n de dependencia de la hija para con el padre.<\/p>\n<p>Se reconocen mutuamente como responsables, siempre com\u00adpartiendo las orientaciones de sus compromisos.<\/p>\n<p>El segundo acontecimiento fundacional de esta \u00e9poca es la puesta en marcha de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Esta fundaci\u00f3n permite ver en Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac una comprensi\u00f3n diferente de cada realidad, una concepci\u00f3n algo divergente en distintos puntos.<\/p>\n<p>El impulso de caridad que se ha desarrollado por los cam\u00adpos de la Isla de Francia gana poco a poco la capital. Se esta\u00adblecen las Cofrad\u00edas de la Caridad en muchas parroquias de Par\u00eds. Son numerosas las damas de la nobleza que desean tomar parte en ellas. Pero r\u00e1pidamente surgen dificultades. Esas se\u00f1o\u00adras no est\u00e1n habituadas a los simples quehaceres, que los pobres necesitan en sus tugurios: para servirles tienen ellas muchas criadas. Ellas mismas \u00bfc\u00f3mo podr\u00edan subir a los pisos de esos tugurios, llevando una gran marmita con potaje, o asear la habi\u00adtaci\u00f3n del enfermo? No, sino que todas estas humildes tareas, se las encargan a sus sirvientas. Las Damas de la Caridad est\u00e1n animadas de la preocupaci\u00f3n por el pobre, se avienen a echar mano de los propios bienes para ir en su socorro, pero las cria\u00addas act\u00faan m\u00e1s bien como quien cumple \u00f3rdenes. Vicente de Pa\u00fal y Luisa se interrogan sobre el porvenir de las Cofrad\u00edas en la capital.<\/p>\n<p>Es entonces cuando, en el transcurso de una Misi\u00f3n en Suresnes, aldehuela al noroeste de Par\u00eds, encuentra Vicente de Pa\u00fal a una joven, Margarita Naseau, una pastora llena de iniciativas. Ha aprendido a leer mientras guardaba las vacas: se ha hecho con un abecedario, acude con regularidad al p\u00e1rroco quien va ense\u00f1\u00e1n\u00addole las letras, lecci\u00f3n que ella se recita en el campo y, cuando no sabe m\u00e1s, pregunta a viandantes \u00abcon aspecto de que saben leer\u00bb. Comprende luego la importancia de la instrucci\u00f3n y re\u00fane en torno a s\u00ed ni\u00f1as a las que ense\u00f1a, lo mismo que en las aldeas vecinas. Asimismo ayuda a ni\u00f1os deseosos de ser sacerdotes. Y escucha la predicaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente y se propone entonces ir a Par\u00eds para servir a los pobres enfermos.<\/p>\n<p>Margarita se encuentra con Luisa de Marillac, quien le expli\u00adca lo que se espera de ella. Muy pronto su ardor se hace comu\u00adnicativo. Otras campesinas se presentan para servir en las Cofra\u00add\u00edas. La Caridad de Par\u00eds tendr\u00e1 vida. Luisa acoge a todas estas campesinas y las distribuye por las diferentes parroquias; ella regula los peque\u00f1os conflictos que se declaran entre las \u00abservi\u00addoras de las caridades\u00bb y las Damas. Una profunda intuici\u00f3n se despierta en el coraz\u00f3n de Luisa: bajo la \u00abLuz\u00bb de su Pentecos\u00adt\u00e9s, piensa en la peque\u00f1a comunidad al servicio de los pobres, en su \u00abir y venir\u00bb. Reunir en comunidad a todas estas j\u00f3venes, \u00bfno ser\u00eda una idea eficaz? El servicio es duro, a veces los enfermos son exigentes, puede presentarse el des\u00e1nimo.<\/p>\n<p>Habla de su proyecto a Vicente de Pa\u00fal. \u00c9ste no lo ve en abso\u00adluto como necesario, y lo hace todo por disuadir a su colaboradora:<\/p>\n<p><em>Usted se debe a Nuestro Se\u00f1or y a su santa Madre; entr\u00e9gue\u00adse a ellos y al estado en que la han puesto, esperando que ellos indiquen que desean alguna otra cosa de usted (SVP, 1, 141).<\/em><\/p>\n<p>Cort\u00e9s, pero firmemente, Luisa interviene de nuevo. La res\u00adpuesta de su director sigue siendo la misma: no ve la necesidad de agrupar a las j\u00f3venes que sirven en las Cofrad\u00edas:<\/p>\n<p><em>En cuanto a lo otro, le ruego una vez para siempre que no piense en ello, hasta que Nuestro Se\u00f1or haga ver lo que \u00c9l quie\u00adre, ya que ahora da sentimientos contrarios&#8230; Usted busca con\u00advertirse en sierva de esas pobres muchachas y Dios quiere que sea sierva de \u00c9l y quiz\u00e1s de otras muchas personas a las que no servir\u00eda de esa otra forma. Y aunque s\u00f3lo fuera sierva de Dios, \u00bfno es bastante para Dios el que su coraz\u00f3n honre la tranquili\u00addad del de Nuestro Se\u00f1or? (SVP, 1, 175).<\/em><\/p>\n<p>Dios habla por los acontecimientos: en febrero Margarita Naseau muere de la peste, contagiada por una enferma a la que hab\u00eda acostado en su lecho. Tan temprana muerte interpela con fuerza a Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac. La caridad no puede desde\u00f1ar de la prudencia. El proyecto de Luisa es recogi\u00addo por Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p><em>Y en relaci\u00f3n con el asunto que lleva entre manos, todav\u00eda no tengo el coraz\u00f3n bastante iluminado ante Dios por una difi\u00adcultad que me impide ver si es \u00e9sa la voluntad de su divina Majestad. Le pido, se\u00f1orita, que le encomiende este asunto durante estos d\u00edas en que \u00c9l comunica con mayor abundancia las gracias del Esp\u00edritu Santo, as\u00ed como el propio Esp\u00edritu Santo. Insistamos, pues, en nuestras oraciones y mant\u00e9ngase muy alegre (SVP, I, 251-252).<\/em><\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es, entonces, la dificultad que crea un problema a Vicente de Pa\u00fal? Su carta no lo explica, mas se adivina f\u00e1cilmen\u00adte. Constituir un grupo, una comunidad con las sirvientas de las Cofrad\u00edas, bajo la responsabilidad de Luisa de Marillac, \u00bfno amenaza con da\u00f1ar a las mismas Cofrad\u00edas? \u00bfEs en verdad nece\u00adsario que haya dos grupos distintos? Y otra cuesti\u00f3n debe a\u00fan acosar al se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: \u00bfpuede pedirse a unas campesi\u00adnas vivir en comunidad una vida totalmente consagrada a Dios? En el siglo XVII la vida religiosa, que requer\u00eda dote, estaba reservada a las familias nobles o burguesas. \u00bfEra razonable la propuesta de una comunidad de nuevo estilo?<\/p>\n<p>A mi juicio, ser\u00e1 Luisa de Marillac, gran se\u00f1ora de Par\u00eds, quien va a ejercer su influencia en el campesino gasc\u00f3n. Ella conoce bien a las j\u00f3venes, su ansia de vivir entregadas a Dios, la seriedad de su vida espiritual. Ha conversado adem\u00e1s largamen\u00adte con Margarita Naseau, durante los tres a\u00f1os de su servicio a los enfermos en las parroquias de Par\u00eds. Seg\u00fan Luisa, esta nueva comunidad o cofrad\u00eda dar\u00e1 apoyo a sus j\u00f3venes: apoyo no menor en el trabajo que en la vida espiritual.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, el agrupar a las j\u00f3venes permitir\u00e1 asegurarles una formaci\u00f3n mejor, mejor conocimiento de esas j\u00f3venes, antes de enviarlas adonde se las pide. Luisa, pues, insiste. En agosto de 1633, Vicente de Pa\u00fal hace su retiro anual: ruega, reflexiona y el d\u00eda final hace llegar a Luisa un breve mensaje:<\/p>\n<p><em>Creo que su \u00e1ngel bueno ha hecho lo que me indicaba en la que me escribi\u00f3. Hace cuatro o cinco d\u00edas que ha comunicado con el m\u00edo a prop\u00f3sito de la Caridad de sus hijas; pues es cier\u00adto que me ha sugerido con frecuencia el recuerdo y que he pen\u00adsado seriamente en esa buena obra; ya hablaremos de ella, con la ayuda de Dios, el viernes o el s\u00e1bado, si no me indica antes otra cosa (SVP, I, 266).<\/em><\/p>\n<p>Este encuentro es decisivo. Luisa puede proponer a las j\u00f3ve\u00adnes el intento de la aventura. Algunas aceptan, otras rehusan. El 29 de noviembre de 1633, Luisa recibe en su casa a 4 \u00f3 5 (no se sabe exactamente) \u00abpara hacer que vivan en comunidad\u00bb, escri\u00adbe su primer bi\u00f3grafo.<\/p>\n<p>Curiosamente, nunca hablar\u00e1 Vicente de Pa\u00fal de aquel 29 de noviembre.<\/p>\n<p>Cuando evoca los comienzos de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, los hace remontarse a 1630, a\u00f1o en que se present\u00f3 a \u00e9l Margarita Naseau. \u00bfPor qu\u00e9 ese silencio, mientras que refiere largamente el acontecimiento de Folleville, que se\u00f1ala el origen de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, o bien el acontecimiento de Ch\u00e1tillon, que suscit\u00f3 la creaci\u00f3n de las Cofrad\u00edas de la Caridad? Si, para interpretar estos hechos, recurro a los datos de la psico\u00adlog\u00eda moderna, dir\u00eda que Vicente olvid\u00f3 del todo un suceso que no fue de su iniciativa, del que no fue autor ni actor. Puede a\u00f1a\u00addirse que el olvido se hizo tal vez m\u00e1s pleno, en cuanto que lo acontecido fue obra de una mujer, \u00a1a la cual siempre se conside\u00adra superior el var\u00f3n! Por su parte, Luisa se complacer\u00e1 en con\u00admemorar la jornada que conmocion\u00f3 su vida. Un 28 de noviem\u00adbre escribe:<\/p>\n<p><em>Tal d\u00eda como ma\u00f1ana, har\u00e1 unos cinco o siete a\u00f1os, empe\u00adzaron las primeras a vivir en Comunidad, aunque fue muy pobremente. Y esta tarde he tenido un pensamiento que me da mucha alegr\u00eda, y es que as\u00ed, por la gracia de Dios, son mejores que al principio (SLM, p. 52).<\/em><\/p>\n<p>Vicente y Luisa captar\u00e1n diversamente el acontecimiento del 29 de noviembre, pero una y otro son conscientes de sus respon\u00adsabilidades para con este grupo de j\u00f3venes. Es por ello que asu\u00admen conjuntamente la formaci\u00f3n de las Hermanas que llegan en un n\u00famero cada vez mayor; y conjuntamente reflexionan sobre las llamadas que les provienen de numerosas aldeas. Luisa redacta los reglamentos, Vicente los examina y corrige; Luisa asegura toda la formaci\u00f3n que yo llamar\u00eda \u00abprofesional\u00bb \u2014apren\u00addizaje de la lectura y escritura, cuidados a los enfermos&#8230; , Vicente da conferencias que miran a lo espiritual.<\/p>\n<p>La mutua ayuda es evidente. El optimismo de Vicente devuel\u00adve la serenidad a Luisa de Marillac, que est\u00e1 m\u00e1s envuelta en las peque\u00f1as dificultades diarias: as\u00ed cuando, habi\u00e9ndola herido la actitud de cierta joven, da a ella nuevos \u00e1nimos:<\/p>\n<p><em>No se extra\u00f1e de ver la rebeld\u00eda de esa pobre criatura. Otras muchas veremos, si vivimos; no sufriremos tanto por ellas como Nuestro Se\u00f1or sufri\u00f3 por las nuestras. Somet\u00e1monos a su volun\u00adtad en el caso presente (SVP, I, 493).<\/em><\/p>\n<p>Cuando fallece una Hermana, Vicente, admirado del trabajo de todas estas Hijas de la Caridad, exalta la belleza y grandeza de su vocaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Muri\u00f3 en el ejercicio del divino amor, ya que muri\u00f3 en el de la caridad (SVP, I, 284).<\/em><\/p>\n<p>La total colaboraci\u00f3n no borra las diferencias. Se las percibe siempre subyacentes. As\u00ed Luisa desea que reciban una buena formaci\u00f3n pedag\u00f3gica las Hermanas que salen hacia las aldeas para instruir a las ni\u00f1as pobres. Le parece que las religiosas ursulinas se adaptan bien a la preparaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad para su nueva funci\u00f3n. Habla de ello al se\u00f1or Vicente, y he aqu\u00ed lo que contesta \u00e9l:<\/p>\n<p><em>No espero mucho de esa manera de comunicarse las Ursulinas con sus hijas. Sin embargo, env\u00edelas, si le parece bien (I, 447).<\/em><\/p>\n<p>A trav\u00e9s de las cartas se percibe que el se\u00f1or Vicente empu\u00adja poco a poco a Luisa de Marillac a asumir la plena direcci\u00f3n de las Hijas de la Caridad. \u00abGobierne\u00bb, le dice repetidas veces. Ante las Damas de la Caridad presenta a Luisa como la Supe\u00adriora de las Hijas de la Caridad. Escribe, tras una reuni\u00f3n que vers\u00f3 sobre los ni\u00f1os exp\u00f3sitos:<\/p>\n<p><em>Toda la compa\u00f1\u00eda considera necesario que esa casa depen\u00adda de la Superiora de las Hijas de la Caridad, como le escrib\u00ed, y que vaya a pasar all\u00ed siete u ocho d\u00edas, si su salud lo permite (SVP, I, 447).<\/em><\/p>\n<p>Todas las veces que escribe a Luisa de Marillac, Vicente insiste: \u00abSon sus hijas\u00bb. Luisa no est\u00e1 muy de acuerdo. Respon\u00adde a Vicente: \u00abLo son tambi\u00e9n de usted\u00bb. He aqu\u00ed como conclu\u00adye la carta:<\/p>\n<p><em>Padre, todas sus hijas se toman la libertad de [encomendar]se a su Caridad (SVP, I, 390; SLM, p. 27)<\/em><\/p>\n<p>Las epidemias de peste, frecuentes en el siglo XVII, causan la muerte de numerosos colaboradores y amigos. Vicente se inquieta por Luisa y no cesa de hacerle recomendaciones:<\/p>\n<p><em>No puedo decirle cu\u00e1nta necesidad tiene el pobre pueblo de que viva usted largo tiempo, y no lo he visto nunca con tanta claridad como al presente (SVP, I, 344).<\/em><\/p>\n<p><em>En nombre de Dios, cons\u00e9rvese bien. Vea la necesidad que tenemos de su peque\u00f1ez y lo que esa obra llegar\u00eda a ser sin usted (SVP, I, 392).<\/em><\/p>\n<p>Aunque no se han conservado sus cartas, Luisa tiene las mis\u00admas atenciones para con el se\u00f1or Vicente, cuyas respuestas prue\u00adban lo inquieta que est\u00e1:<\/p>\n<p><em>Esto me obliga a terminar agradeciendo el cuidado que tiene de mi salud (SVP, I, 267). Todav\u00eda no han desaparecido mis fiebrecillas, ya sabe que suelen durar un poco (SVP, I, 344).<\/em><\/p>\n<p>Durante todo este per\u00edodo, tan desbordante de actividad, se ahonda el conocimiento mutuo de Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac: cada uno de ellos ve mejor las cualidades, las riquezas del otro, pero tambi\u00e9n los peque\u00f1os defectos.<\/p>\n<p>Hacen la experiencia de la complementariedad. Vicente de Pa\u00fal, acaparado por sus m\u00faltiples funciones, f\u00e1cilmente olvida sus promesas, sus citas; lo reconoce con humildad:<\/p>\n<p><em>Siempre me olvido de encargar que compren las estampas de sus hijas (SVP, I, 305). Le ruego que me excuse por no haber podido ir a ver a sus hijas (SVP, I, 407).<\/em><\/p>\n<p>Luisa no duda en hacerle ver que se ha olvidado de acudir:<\/p>\n<p><em>Me ha olvidado usted en relaci\u00f3n con la necesidad que le manifest\u00e9 ten\u00eda de hablarle (SLM, p. 28, c. 10).<\/em><\/p>\n<p>Es en la verdad como Vicente y Luisa se esfuerzan por vivir a una, por progresar juntos:<\/p>\n<p><em>Con mucho gusto le advertir\u00e9 de sus faltas y no dejar\u00e9 pasar ni una., escribe Vicente en respuesta a una petici\u00f3n de Luisa (SVP, 1, 431).<\/em><\/p>\n<p>Muy sencillamente, con mucha delicadeza, Vicente hace obser\u00advar a Luisa que es a veces demasiado seria:<\/p>\n<p><em>Le ruego est\u00e9 siempre alegre, aunque tenga que disminuir un poco esa peque\u00f1a seriedad que la naturaleza le ha dado y que la gracia endulza (SVP, I, 499).<\/em><\/p>\n<p>Aunque comprueba que Luisa va a menudo r\u00e1pida, con pri\u00adsas, Vicente le reconoce que compensa su lenta prudencia:<\/p>\n<p><em>Esta peque\u00f1a molestia me ofrece la ocasi\u00f3n de pensar un poco m\u00e1s en nuestros peque\u00f1os asuntos de la Caridad; despu\u00e9s de eso, si Nuestro Se\u00f1or nos da vida, trabajaremos m\u00e1s expre\u00adsamente en ellos. Su carta me hizo ver anteayer que hab\u00eda en su esp\u00edritu cierto pesar por ello. \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Cu\u00e1n feliz es, se\u00f1ori\u00adta, al tener el correctivo de las prisas! Las obras que hace el mismo Dios no se estropean jam\u00e1s por el no-hacer de los hom\u00adbres. Le ruego que conf\u00ede en \u00c9l (SVP, I 578).<\/em><\/p>\n<p>Elisabeth Charpy<\/p>\n<p>CEME 2010<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COLABORACI\u00d3N INTENSA (1629-1639) En medio de una actividad desbordante, cuaja poco a poco una colaboraci\u00f3n intensa, eficaz, entre Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac. 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