{"id":403241,"date":"2021-01-15T08:02:50","date_gmt":"2021-01-15T07:02:50","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403241"},"modified":"2020-11-17T18:04:03","modified_gmt":"2020-11-17T17:04:03","slug":"vicente-de-paul-maestro-de-sabiduria-vii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-maestro-de-sabiduria-vii\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, maestro de sabidur\u00eda (VII)"},"content":{"rendered":"<p>COMO CRISTO, SER<\/p>\n<p>La imitaci\u00f3n de Cristo<\/p>\n<p>El m\u00e1s poderoso motivo para vivir, al estilo evang\u00e9lico, la verdade\u00adra relaci\u00f3n con los m\u00e1s necesitados de este mundo, es el mismo Cristo. La imitaci\u00f3n de Cristo es un principio mayor en san Vicente. Su disc\u00edpu\u00adlo estima que ha de servir como \u00e9l ha servido. Cristo <em>\u00abquiso experimen\u00adtar en s\u00ed mismo todas las miserias&#8230;; tomar sobre su inocente persona todas nuestras pobrezas\u00bb<\/em><sup>. <\/sup><em>\u00abHay que hacer lo que hizo el Hijo de Dios en la tierra\u00bb \u00abcontinuar el ejercicio de su Hijo en la tierra\u00bb<\/em><sup>, <\/sup><em>\u00abexpresar al vivo la vocaci\u00f3n de Jesucristo\u00bb, <\/em>trabajando por la salva\u00adci\u00f3n de las pobres gentes. Y sobre todo, testimoniar con la propia vida y la propia misi\u00f3n la misericordia del Padre al modo de Cristo:<\/p>\n<p><strong><em>Esp\u00edritu de misericordia<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abCuando vayamos a ver a los pobres, hemos de entrar en sus senti\u00admientos para sufrir con ellos y ponernos en las disposiciones de aquel gran ap\u00f3stol que dec\u00eda: <\/em>Omnibus omnia factus sum <em>(1 Cor 9, 22), me he hecho todo para todos; de forma que no recaiga sobre nosotros la queja que anta\u00f1o hizo nuestro Se\u00f1or por boca de un profeta; <\/em>Sustinui qui simul mecum contristaretur, et non fuit <em>(Sal 68, 22), \u00abesper\u00e9 a ver si alguien se compadec\u00eda de mis sufrimientos, y no hubo nadie\u00bb. Para ello <\/em><em>es preciso que sepamos enternecer nuestros corazones y hacerlos capa\u00adces de sentir los sufrimientos y las miserias del pr\u00f3jimo, pidiendo a Dios que nos d\u00e9 el verdadero esp\u00edritu de misericordia, que es el esp\u00edritu pro\u00adpio de Dios: pues, como dice la iglesia, es propio de Dios conceder su misericordia y dar este esp\u00edritu&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>As\u00ed pues, tengamos misericordia, hermanos m\u00edos, y ejercitemos con todos nuestra compasi\u00f3n, de forma que nunca encontremos un pobre sin consolarlo, si podemos, ni a un hombre ignorante sin ense\u00f1arle en pocas palabras las cosas que necesita creer y hacer para su salvaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><strong>Vivir interiormente \u00aba lo san Vicente\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Hay un modo de vivir, \u00aba lo san Vicente\u00bb. En el plan interior y a nivel institucional. Cada uno est\u00e1 invitado a practicar las virtudes seg\u00fan su estado y condici\u00f3n. En n\u00famero de cinco para los Misioneros, y de tres para las Hijas de la Caridad. Nos vamos a parar en las de los Misioneros que parecen recapitular el pensamiento y la acci\u00f3n de san Vicente. Se dicen \u00abfundamentales\u00bb. La elecci\u00f3n del adjetivo es revelador: caracte\u00adrizan y forman al Misionero, digamos al vicenciano.<\/p>\n<p>El texto m\u00e1s general y apropiado es la conferencia del 22 de agos\u00adto de 1659 sobre las cinco virtudes fundamentales explicando las Reglas Comunes, Cap. II, art. 14. El p\u00e1rrafo concerniente dice:<\/p>\n<p><em>\u00abAunque hemos de hacer todo lo posible por guardar todas estas m\u00e1ximas evang\u00e9licas, por ser tan santas y \u00fatiles, hay algunas de ellas que son para nosotros m\u00e1s apropiadas que las demos, o sea las que reco\u00admiendan especialmente la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mortificaci\u00f3n y el celo de las almas; por eso, la congregaci\u00f3n se aplica\u00adr\u00e1 a ellas de un modo m\u00e1s especial, de forma que esas cinco virtudes sean como las facultades del alma de toda la congregaci\u00f3n y las accio\u00adnes de cada uno de nosotros se vean siempre animadas por ellas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El primer argumento de Vicente que aboga en favor de la elecci\u00f3n de las cinco virtudes, como se puede esperar de \u00e9l, es Cristo. Para hacer la voluntad de su Padre, anunciar su benevolencia y ense\u00f1arla a los hom\u00adbres, ha legado <em>\u00abel consejo de las m\u00e1ximas evang\u00e9licas\u00bb. <\/em>La expresi\u00f3n merece nuestra atenci\u00f3n, dado que san Vicente nos indica, de paso, que estamos aqu\u00ed en el dominio de los consejos y que hemos de tener un gran inter\u00e9s espiritual tanto en recibirlos como en vivirlos. Invitaci\u00f3n y proposici\u00f3n que nos conducen hacia la perfecci\u00f3n deseada desde el pri\u00admer p\u00e1rrafo de las Reglas Comunes. Adem\u00e1s Cristo practic\u00f3 <em>\u00abestas m\u00e1xi\u00admas evang\u00e9licas\u00bb, <\/em>esto es, <em>\u00abla sencillez, la humildad, la dulzura, la mortificaci\u00f3n y el celo por las almas\u00bb. <\/em>Vicente afirma con fuerza: <em>\u00abEsa fue su finalidad, su gloria y su honor; de ah\u00ed hemos de deducir que, como nuestra intenci\u00f3n no debe ser otra m\u00e1s que la de seguir a nuestro Se\u00f1or y conformarnos enteramente a \u00e9l&#8230;\u201d<\/em><\/p>\n<p>Nosotros tenemos un gran inter\u00e9s en vivirlas para el cultivo de la santidad como acabamos de decir. Nos apartan de la mediocridad, nos alejan <em>\u00abdel afecto a las cosas terrenas<sup>109<\/sup>\u00bb y \u00abde tres poderosos enemi\u00adgos: la pasi\u00f3n de tener bienes, de tener placeres y de tener libertad\u00bb<sup>11<\/sup>\u00b0. <\/em>\u00a1Gran beneficio, seg\u00fan san Vicente, llevar a la pr\u00e1ctica estas m\u00e1ximas evang\u00e9licas! Nos conducen a la libertad cristiana. De esclavos henos aqu\u00ed libres, nada nos podr\u00e1 retener como cautivos; <em>\u00abla mortificaci\u00f3n de vues\u00adtros placeres y la sumisi\u00f3n a la voluntad de Dios os hacen triunfar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Como son muchas las m\u00e1ximas evang\u00e9licas, ser\u00eda aconsejable leer todo el cap\u00edtulo segundo de la Reglas Comunes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n; el fundador se centra en cinco y mantiene la proa fija en ellas. Mirad su insistencia: <em>las cuales \u2014ya que son muchas en n\u00famero&#8230; he escogido especialmente las que son m\u00e1s propias del misionero; \u00bfcu\u00e1les son? Siempre he cre\u00eddo y he pensado que eran la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mortificaci\u00f3n y el celo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Solo Dios<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>La sencillez consiste en hacer todas las cosas por amor de Dios, sin tener otra finalidad en todas las acciones m\u00e1s que su gloria. En eso es en lo que consiste propiamente la sencillez. Todos los actos de esta vir\u00adtud consisten en decir las cosas sencillamente, sin doblez ni artificio; ir derecho a nuestro prop\u00f3sito, sin rodeos ni andar con recovecos. La sen\u00adcillez consiste, por tanto, en hacerlo todo por amor de Dios rechazando toda mezcla, ya que la simplicidad es la negaci\u00f3n de toda composici\u00f3n. Por eso, como en Dios no se da composici\u00f3n alguna, decimos que es un acto pur\u00edsimo y un ser simplic\u00edsimo. Por consiguiente, hay que desterrar cualquier mezcla, para buscar solamente a Dios. Pues bien, hermanos m\u00edos, si hay personas en el mundo que deben tener esta virtud, son los misioneros, ya que toda nuestra vida se emplea en ejercer actos de cari\u00addad para con Dios o para con el pr\u00f3jimo. Y en ambos casos hemos de pro\u00adceder sencillamente, de forma que, si se trata de cosas que hemos de hacer, que se refieren a Dios y dependen de nosotros, hay que huir de los artificios, ya que Dios se complace y comunica sus gracias solamente a las almas sencillas. Y si miramos a nuestro pr\u00f3jimo, como hemos de asistirle corporal y espiritualmente, hemos de evitar parecer cautelosos, taimados, astutos, y sobre todo no decir nunca una palabra de dos sen\u00adtidos. \u00a1Qu\u00e9 lejos ha de estar todo eso de un misioneron.<\/em><\/p>\n<p>En un mundo lleno de astucia y doblez, \u00a1la sencillez! En una encues\u00adta hecha en el momento del <em>aggiornamento <\/em>postconciliar, se puso de manifiesto que lo que m\u00e1s agradaba a los seminaristas dirigidos por los vicencianos franceses (esto es muy perceptible en el cuerpo de profeso\u00adres de los Grandes Seminarios y de las Escuelas Apost\u00f3licas), es justa\u00admente la sencillez. Pienso en rostros muy concretos y les rindo homena\u00adje. La pr\u00e1ctica ha alcanzado el deseo de san Vicente. Me encanta esta corta pero divertida admonici\u00f3n: <em>\u00ab\u00a1Adi\u00f3s la Misi\u00f3n, adi\u00f3s su esp\u00edritu, si no tiene sencillez!\u201d.<\/em><\/p>\n<p>En diversos lugares, Vicente da testimonio de su propia forma de actuar: <em>\u00abLa virtud que m\u00e1s aprecio y en la que pongo m\u00e1s atenci\u00f3n en mi conducta&#8230; <\/em>\u00bb. Y a\u00f1ade en otro lugar: <em>\u00abDios me ha dado un aprecio tan grande de la sencillez, que la llamo mi Evangelio\u00bb<\/em><sup>. <\/sup>He aqu\u00ed una perspectiva llena de sentido, ir directamente a Dios y a los dem\u00e1s, en coherencia con uno mismo.<\/p>\n<p>La segunda m\u00e1xima es la humildad: anonadarse ante Dios, cambiar uno mismo (nos damos cuenta que la primera expresi\u00f3n suena mal hoy en d\u00eda, ya que nuestra sociedad propugna la realizaci\u00f3n de todo el ser), pero la b\u00fasqueda es positiva; se quiere <em>\u00abcolocar a Dios en el coraz\u00f3n\u00bb. <\/em>En el primer lugar. La raz\u00f3n de este trabajo de anonadamiento ser\u00e1 necesario quiz\u00e1s llamarlo <em>kenosis, y <\/em>es apost\u00f3lico:<\/p>\n<p><em>\u00abNuestra finalidad son los pobres, la gente vulgar del pueblo; si no nos acomodamos a ellos, no podremos servirles en nada; el medio para que podamos aprovecharles es la humildad, porque la humildad hace que nos anonademos y nos pongamos en las manos de Dios, soberano ser&#8230; Pero yo dir\u00eda que es \u00e9se el estado que conviene a la Misi\u00f3n; y entonces hemos de temer que, si no somos as\u00ed, no tenemos el esp\u00edritu de verdaderos misioneros\u00bb<\/em><sup>118.<\/sup><\/p>\n<p>Con estas palabras, expresiones de su tiempo, se nos invita a hacer\u00adnos peque\u00f1os con los peque\u00f1os. Tenemos aqu\u00ed una argumentaci\u00f3n que\u00adrida por san Vicente: todos los valores fundamentales tienen una finali\u00addad misionera. Ellos dignifican nuestra vocaci\u00f3n, son \u00fatiles a nuestro trabajo apost\u00f3lico y nos permiten vivir como testigos. Sin contar que estimulan y alimentan nuestra vida espiritual, como lo recomienda la Regla de los Misioneros:<\/p>\n<p><strong><em>El nudo de toda vida espiritual<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Pues bien, esta humildad, que tantas veces nos recomienda Jesu\u00adcristo con su palabra y su ejemplo y en cuya adquisici\u00f3n debe trabajar la compa\u00f1\u00eda con todas sus fuerzas, ha de tener tres condiciones: la pri\u00admera, juzgarnos con toda sinceridad dignos de desprecio; la segunda, sentirnos contentos de que los dem\u00e1s conozcan nuestros defectos y nos desprecien por ellos; la tercera, ocultar el poco bien que Dios haga por medio de nosotros o en nosotros, pensando en nuestra propia bajeza, y, si esto no es posible, atribuirlo totalmente a la misericordia de Dios y a los m\u00e9ritos de los dem\u00e1s. Aqu\u00ed es donde est\u00e1 el fundamento de la per\u00adfecci\u00f3n evang\u00e9lica y el nudo de toda la vida espiritual. Quien tenga esta virtud obtendr\u00e1 f\u00e1cilmente todas las dem\u00e1s; y el que no la tenga, se ver\u00e1 tambi\u00e9n privado de las que parece que tiene y vivir\u00e1 en continuas preocupaciones.<\/em><\/p>\n<p>La tercera m\u00e1xima es la mansedumbre, de origen muy salesiano. Tiene el mismo objetivo: soportar a aquellos que evangelizamos a pesar de sus limitaciones y de su car\u00e1cter rudimentario en todos los aspectos, principalmente en el nivel cultural. Porque nuestro apostolado nos acerca o nos debiera acercar a los peque\u00f1os y a la gente a veces frus\u00adtrada y simple, debemos aceptar esta camarader\u00eda y adaptarnos a su temperamento, a su educaci\u00f3n, a su estilo de vida mediante la manse\u00addumbre. Esta virtud permite aproximarse a la realidad sin ser agresivos ni despectivos, sino en estado de servicio. Mansedumbre rima con res\u00adpeto; nosotros aceptamos a las personas tal como son y las amamos por lo que son.<\/p>\n<p>El testimonio de san Vicente es convincente en esta cita de gran ins\u00adpiraci\u00f3n:<\/p>\n<p><strong><em>Compadecer<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Los mismos condenados a las galeras, con los que estuve alg\u00fan tiempo, se ganan por ese medio; cuando en alguna ocasi\u00f3n les habl\u00e9 secamente, todo se perdi\u00f3; por el contrario, cuando alab\u00e9 su resignaci\u00f3n, cuando me compadec\u00ed de sus sufrimientos, cuando les dije que eran felices de poder tener su purgatorio en este mundo, cuando bes\u00e9 sus cadenas, cuando compart\u00ed sus dolores y mostr\u00e9 aflicci\u00f3n por sus des\u00adgracias, entonces fue cuando me escucharon, dieron gloria a Dios y se pusieron en estado de salvaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>He aqu\u00ed el esquema que se establece: <em>la sencillez <\/em>nos asemeja a Dios, <em>la humildad <\/em>nos reviste de \u00c9l y <em>la mansedumbre <\/em>nos pone en situa\u00adci\u00f3n de servidores.<\/p>\n<p>Queda por decir que estas tres virtudes presuponen un medio radi\u00adcal que es la mortificaci\u00f3n. Para vivir en comunidad <em>\u00absin estar siempre con rencillas\u00bb<\/em><sup>122 <\/sup>y siempre disposici\u00f3n de evangelizar. Ascesis, austeri\u00addad, penitencia, exigencia, todas estas palabras aproximan a la virtud solicitada. Se comprende aqu\u00ed el sustantivo \u00abmuerte\u00bb y esto no es exul\u00adtante, pero Cristo no se ha dado un placer viniendo <em>\u00abpara servir y no para ser servido\u00bb. <\/em>Vivimos y trabajamos en su escuela, y hemos apren\u00addido que hay que morir a uno mismo para vivir en \u00c9l. Dejemos que san Vicente nos d\u00e9 una lecci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong><em>La ascesis de los Misioneros<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Es tan necesaria esta virtud que no podr\u00edamos vivir sin ella; lo repi\u00adto, no podr\u00edamos vivir unos con otros, si nuestros sentidos interiores y exteriores no son mortificados; y no s\u00f3lo es necesaria entre nosotros, sino tambi\u00e9n con el pueblo, con el que hay tanto que sufrir. Cuando vamos a una misi\u00f3n, no sabemos d\u00f3nde nos alojaremos, ni qu\u00e9 es lo que haremos; nos encontramos con cosas muy distintas de las que esper\u00e1\u00adbamos y la providencia muchas veces echa por tierra todos nuestros pla\u00adnes. Por tanto, \u00bfqui\u00e9n no ve que la mortificaci\u00f3n tiene que ser insepa\u00adrable de un misionero, no s\u00f3lo para trabajar con el pobre pueblo, sino tambi\u00e9n con los ejercitantes, los ordenandos, los galeotes y los escla\u00advos? Porque, si no somos mortificados \u00bfc\u00f3mo vamos a sufrir lo que hay que sufrir en todas estas tareas? El pobre padre Le Vacher, del que no tenemos noticias, que est\u00e1 entre los pobres esclavos con peligro de <\/em><em>peste, y probablemente su hermano, \u00bfpueden esos misioneros ver c\u00f3mo sufren las personas que les ha encomendado la providencia, sin sentir ellos mismos sus penas? No nos enga\u00f1emos, hermanos m\u00edos, los misio\u00adneros deben ser mortificados.<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Ser\u00e1 preciso tambi\u00e9n mostrarse celosos, es decir, llenos de ardor, inflamados! <em>\u00abEl celo consiste en un puro deseo de hacerse agradable a Dios y \u00fatil al pr\u00f3jimo. Celo de extender el reino de Dios, celo de pro\u00adcurar la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo. \u00bfHay en el mundo algo m\u00e1s perfecto? Si el amor de Dios es fuego, el celo es la llama; si el amor es un sol, el celo es su rayo. El celo es lo m\u00e1s puro que hay en el amor de Dios\u00bb<\/em><sup>.<\/sup><\/p>\n<p>Para Vicente todo est\u00e1 encadenado. As\u00ed lo pone de relieve en nume\u00adrosas ocasiones y lo dice en una s\u00edntesis magistral donde cada uno puede extraer el soplo y el impulso misionero:<\/p>\n<p><strong><em>El esp\u00edritu de la Misi\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Bien, \u00a1bendito sea Dios! \u00a1Dejemos ya el pasado! Tomemos nuevas resoluciones de adquirir este esp\u00edritu, que es nuestro esp\u00edritu; porque el esp\u00edritu de (a Misi\u00f3n es un esp\u00edritu de sencillez, de humildad, de mansedumbre, de mortificaci\u00f3n y de celo. \u00bfLo tenemos o no lo tenemos?<\/em><\/p>\n<p><em>Pero, padre, \u00bfqu\u00e9 hacer para ello? Es menester que esas cinco vir\u00adtudes sean como las facultades del alma de toda la congregaci\u00f3n; es menester que as\u00ed como el alma conoce por el entendimiento, quiere por la voluntad y se acuerda por la memoria, tambi\u00e9n un misionero obre por estas virtudes. Se trata, por ejemplo, de hacer esto o aque\u00adllo; hay que predicar; tengo que hacerlo, pero sencillamente y por Dios; nada de finuras ni de fanfarrias; que cada uno hable como quie\u00adra, con tal que la predicaci\u00f3n sea seg\u00fan el esp\u00edritu de sencillez. Pero entonces nos llenaremos de confusi\u00f3n en nuestras predicaciones. Pues bien, un verdadero misionero dir\u00e1 enseguida: \u00abYo acepto esta confu\u00adsi\u00f3n; con ella podr\u00e9 vencer mi orgullo\u00bb; porque, fijaos bien, querer obrar de otra manera es querer aparentar y hacer el fanfarr\u00f3n. Hablar sencillamente, \u00e9sa es la naturaleza de nuestro esp\u00edritu; de la bondad de la Misi\u00f3n se juzgar\u00e1 por la sencillez, por la humildad, y as\u00ed en lo <\/em><em>dem\u00e1s. Esa es la manera con que hemos de juzgarnos; por eso es por lo que tengo que obrar, si tengo que hacer alguna cosa; en una palabra, todo lo que Dios pide de nosotros en las m\u00e1ximas evang\u00e9licas se encuentra en estas cinco virtudes.<\/em><\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n de Vicente es imperativa y nos alcanza m\u00e1s all\u00e1 de los siglos: <em>\u00abProcuremos cada uno encerrarnos en estas cinco virtudes lo mismo que los caracoles en sus conchas, y hagamos que nuestras accio\u00adnes sean expresi\u00f3n de estas virtudes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El pensamiento vicenciano sobre estas actitudes fundamentales es tan rico que merece al menos una modesta tentativa de s\u00edntesis.<\/p>\n<p>Vicente nos invita a focalizar nuestra mirada en Cristo. Sus orienta\u00adciones son ante todo cristol\u00f3gicas. Vicente nos pide que contemplemos al Cristo sencillo (verdadero), humilde (servidor), manso (con perfecto dominio de s\u00ed), mortificado (eligi\u00f3 salvar al mundo en la cruz), y lleno de celo, digamos, ardiente. El celo de Dios lo devora: <em>\u00abHe venido a pren\u00adder fuego a la tierra\u201d, <\/em>dice en Lc 12,49.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n \u00aba lo san Vicente\u00bb conduce a los pobres; adoptar el comportamiento vicenciano, es revestirse de las actitudes funcionales, pr\u00e1cticas. La finalidad de las cualidades morales fundamentales es apos\u00adt\u00f3lica, pastoral, misionera; alguien ha dicho \u00abprofesional\u00bb. Intento ser pobre para mejor servir a los pobres.<\/p>\n<p>Somos sencillos, humildes, mansos, mortificados y con celo entre nosotros para serlo mejor entre aquellos de los que somos responsables. No comprender\u00edan que nosotros seamos, por vocaci\u00f3n, llamados para estar cerca de ellos por la motivaci\u00f3n de Cristo, y de hecho, lejos de ellos, por nuestro comportamiento cotidiano. Es la fractura m\u00e1s amena\u00adzante que desaf\u00eda a toda vida vicenciana.<\/p>\n<p>Estos cinco puntos fuertes han de ser vividos en comunidad para que \u00e9sta sea mejor evangelizadora. Nuestro primer compromiso es el testi\u00admonio. Las gentes comprender\u00e1n mejor que tendemos hacia estas acti\u00adtudes si comenzamos por vivirlas entre nosotros.<\/p>\n<p>Con la definici\u00f3n de estas orientaciones de vida vemos aparecer pun\u00adtos de insistencia que pueden reagruparse en torno a la idea de compromiso, de energ\u00eda, de fuerza. Parece que el comportamiento vicenciano de las cinco virtudes requiere ante todo de nosotros la voluntad. Como persona de acci\u00f3n, el vicenciano asume riesgos, se atreve, emprende. Se mantiene firme despu\u00e9s de haber tomado la decisi\u00f3n que cree que es la mejor. Tiene esta voluntad porque en \u00e9l habita <em>la fuerza del amor.<\/em><\/p>\n<p>Esto implica una cierta no-violencia en provecho de la verdadera violencia. Hay como un desplazamiento de la voluntad de poder. Nues\u00adtras energ\u00edas son empleadas en una lucha contra nosotros mismos con el fin de llevar a cabo buenas obras para evangelizar a los pobres. Es necesario hacerse violencia para dominar la c\u00f3lera y ser manso; es necesario hacerse violencia para ser sencillo en el estilo de vida, en nuestra manera de pensar y de comunicar, cuando es m\u00e1s f\u00e1cil apare\u00adcer sabio o importante; es necesario hacerse violencia para ser humil\u00adde, al nivel de los peque\u00f1os, cuando es m\u00e1s gratificante vivir con los ricos y de tener cierto poder; es necesario hacerse violencia para optar por la cruz en nuestra vida cuando es mucho m\u00e1s f\u00e1cil huir del esfuer\u00adzo y del sacrificio; en fin, es necesario hacerse violencia para optar resueltamente por el avance del Reino de Dios cuando nos tienta la pereza o la insensibilidad. Este es el verdadero sentido aceptable de la mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de <em>\u00ablas virtudes fundamentales\u00bb <\/em>no puede existir sin la gracia de Dios. Solo el Esp\u00edritu da la fuerza para ser sencillos, humildes, mansos, mortificados y con celo. Para vivir de este modo es preciso actuar en esta direcci\u00f3n y orar para obtenerlo. En este sentido, el hom\u00adbre de oraci\u00f3n es capaz de todo.<\/p>\n<p>Estas cinco virtudes nos sit\u00faan en el camino de La Bienaventuran\u00adzas. No ser\u00e1 dif\u00edcil encontrar puntos de convergencia con cada una de las Bienaventuranzas. Hay en ellas una especie de condensaci\u00f3n del Evangelio. Vicente dice: <em>\u00abLa sencillez, este es mi evangelio\u00bb, <\/em>nosotros podemos decir; \u00abLas cinco virtudes, he aqu\u00ed nuestro evangelio\u00bb.<\/p>\n<p>Se ha hecho notar que las cinco virtudes son \u00abvirtudes de equili\u00adbrio\u00bb. La expresi\u00f3n es del padre Juan Mor\u00edn, poco antes de su muerte, en 1987. Es preciso decir que Vicente es el santo del justo medio. En \u00e9l nada hab\u00eda de excesivo. Situ\u00e1ndonos en la verdad con relaci\u00f3n a Dios, en la mansedumbre con relaci\u00f3n a los otros y poni\u00e9ndonos en el camino del Crucificado (por la mortificaci\u00f3n bien comprendida), nos convertimos en apasionados del Reino, llenos de celo, digamos de ardor.<\/p>\n<p>Vicente es un apasionado. Es un meridional que ha puesto toda su energ\u00eda al servicio de Dios en los pobres. Estaba habitado por el entu\u00adsiasmo, la fogosidad, la llama. Me parece que esta pasi\u00f3n por el Reino est\u00e1 muy presente en el texto que nos puede servir de meditaci\u00f3n final y que tiene valor de testamento:<\/p>\n<p><strong><em>La intensidad ante todo<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>En Madagascar los misioneros predican, confiesan, catequizan con\u00adtinuamente desde las cuatro de la ma\u00f1ana hasta las diez, y luego desde las dos de la tarde hasta la noche; el resto del tiempo lo dedican al ofi\u00adcio y a visitar a los enfermos. \u00a1Esos s\u00ed que son obreros! \u00a1Esos s\u00ed que son buenos misioneros! \u00a1Quiera la bondad de Dios darnos el esp\u00edritu, que los anima y un coraz\u00f3n grande, ancho, inmenso! <\/em>Magn\u00edficat anima mea Dominum!: <em>es preciso que nuestra alma engrandezca y ensalce a Dios, y para ello que Dios ensanche nuestra alma, que nos d\u00e9 amplitud de entendimiento para conocer bien la grandeza, la inmensidad del poder y de la bondad de Dios; para conocer hasta d\u00f3nde llega la obligaci\u00f3n que tenemos de servirle, de glorificarle de todas las formas posibles; anchu\u00adra de voluntad, para abrazar todas las ocasiones de procurar la gloria de Dios. Si nada podemos por nosotros mismos, lo podemos todo con Dios. S\u00ed, la Misi\u00f3n lo puede todo, porque tenemos en nosotros el ger\u00admen de la omnipotencia de Jesucristo<sup>127<\/sup>.<\/em><\/p>\n<p>Oremos:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Oh Salvador, Se\u00f1or, Dios m\u00edo! T\u00fa trajiste del cielo a la tierra esta doctrina, la recomendaste a los hombres y la ense\u00f1aste a los ap\u00f3stoles, a quienes, entre los consejos que les diste, les dijiste que esta doctrina es como la base del cristianismo y que todo lo que no se cimiente en ella estar\u00e1 cimentado sobre arena; ll\u00e9nanos de este esp\u00edritu. Se\u00f1or Dios m\u00edo, que has sellado con este esp\u00edritu a esta peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda, esp\u00edritu tan necesario para que responda a su vocaci\u00f3n, t\u00fa eres su autor; me atrevo, Se\u00f1or, a decir que s\u00f3lo t\u00fa ser\u00e1s el culpable de que no lo tengamos, ya que todos nosotros ardemos en el deseo de poseerlo. Disp\u00f3n nuestros corazones a recibir este esp\u00edritu&#8230; Este es el fin por el que nos hemos hecho misioneros: ser sencillos, humildes, mansos, mortificados y celo\u00adsos por la gloria de Dios. Es lo que hemos de pedirle y lo que hemos de esperar de su divina bondad&#8230; \u00a1Qu\u00e9 Dios nos conceda esta gracia. <\/em><\/p>\n<p><strong>La profusi\u00f3n de los valores vicencianos<\/strong><\/p>\n<p>Las virtudes aconsejadas a las Hijas de la Caridad son tres: senci\u00adllez, humildad, caridad; desde su punto de vista, ellas son tambi\u00e9n ele\u00adgidas a causa del servicio a los pobres. Las <em>Constituciones <\/em>las presentan as\u00ed: \u00abDepender del Esp\u00edritu Santo es dejarle crear en s\u00ed mismo la seme\u00adjanza con el Cristo, manso y humilde de coraz\u00f3n. Este esp\u00edritu evang\u00e9\u00adlico es el que, seg\u00fan san Vicente, debe animar a la Compa\u00f1\u00eda: <em>\u00abDios quiere que las Hijas de la Caridad se dediquen especialmente a la pr\u00e1c\u00adtica de la humildad, la sencillez y la caridad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La humildad las lleva a dar gracias de Dios, en la aceptaci\u00f3n de sus limitaciones y las mantiene en el esp\u00edritu de sirvientes. La sencillez las pone en armon\u00eda con Dios, las hace amar la verdad y actuar con trans\u00adparencia y coherencia. Como acaba de escribir Benedicto XVI, la caridad se realiza en la verdad, la verdad de las cosas y las situaciones en gene\u00adral. Entonces las hermanas est\u00e1n obligadas a vivir la caridad: <em>\u00abLa cari\u00addad de Jesucristo crucificado nos apremia\u00bb, <\/em>seg\u00fan la divisa dejada por la fundadora, santa Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>Esta caridad presenta tres caras, a imagen de la sant\u00edsima Trinidad. Amar a Dios, vivir en comuni\u00f3n entre ellas e ineludiblemente servir. Podemos multiplicar las citas, pero nos contentaremos con \u00e9sta de her\u00admosa inspiraci\u00f3n, dirigida a todos:<\/p>\n<p><em>Nuestros amos y se\u00f1ores<\/em><\/p>\n<p><em>Vuestro principal empleo, despu\u00e9s del amor de Dios y del deseo de haceros agradables a su divina Majestad, tiene que ser servir a los pobres enfermos con mucha dulzura y cordialidad, compadeci\u00e9ndoos de su mal y escuchando sus peque\u00f1as quejas, como tiene que hacerlo una buena madre; porque ellos os miran como a sus madres nutricias y como a personas enviadas por Dios para asistirles. Por eso est\u00e1is destinadas a representar la bondad de Dios delante de esos pobres enfermos .Pues bien, como esta bondad se comporta con los afligidos de una forma dulce y caritativa, tambi\u00e9n vosotras ten\u00e9is que tratar a los pobres enfermos como os ense\u00f1a esa misma bondad, esto es, con dulzura, con compasi\u00f3n y con amor: pues ellos son vuestros amos, y tambi\u00e9n los m\u00edos. Existe cierta compa\u00f1\u00eda, cuyo nombre no me viene ahora a la memoria, que llama a los pobres nuestros se\u00f1ores y nuestros amos; y tienen raz\u00f3n, pues ellos son los grandes se\u00f1ores del cielo; a ellos le toca abrir sus puertas, como se nos dice en el evangelio.<\/em><\/p>\n<p>Esta caridad es tambi\u00e9n el motor de la vida y de la espiritualidad de las Voluntarias de la Caridad. Las voluntarias, herederas de las Damas de la Caridad, son invitadas a vivir solidariamente unas con las otras y con las mujeres y los hombres a los que sirven. Han sido instituidas <em>\u00abpara honrar el amor que Nuestro Se\u00f1or siente por los pobres\u00bb. <\/em>Su servicio no es otra cosa que entrega y bondad para con ellos, pero procede del amor mutuo, seg\u00fan la hermosa expresi\u00f3n que aparece con frecuencia: <em>\u00abSe querr\u00e1n mutuamente como personas a las que Nuestro Se\u00f1or ha unido y ligado con su amor\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La palabra \u00abamistad\u00bb es incluso pronunciada, mientras que las tres virtudes dadas m\u00e1s tarde a las Hijas de la Caridad aparecen a partir del 8 de diciembre de 1617, cuando se estableci\u00f3 la Cofrad\u00eda. M\u00e1s tarde, la misma instancia se verificar\u00e1 en el Reglamento de las Damas del H\u00f3tel-Dieu. Es preciso actuar <em>\u00abpor puro amor de Dios, mirando \u00fanicamente al bien mayor que pueda hacerse (\u00a1\u00e1gape!). <\/em>Estamos en la cima de la vida de Vicente y de su espiritualidad: \u00a1Todo por Dios y sus pobres!<\/p>\n<p>Los miembros de la sociedad San-Vicente insisten sobre dos virtudes forjadas en la escuela del bienaventurado Federico Ozanam y que Vicen\u00adte no habr\u00eda desaprobado.<\/p>\n<p>Ante todo la alegr\u00eda. Evitar los rostros ce\u00f1udos, las miradas tristes, los pensamientos y actos amargos; disolver las nubes que ensombrecen la vida y la vocaci\u00f3n, todo esto no es m\u00e1s que obedecer la consigna renovada de Vicente a Luisa: <em>\u00abMant\u00e9ngase muy alegre\u00bb. <\/em>Todo vicenciano gustar\u00e1 poder repetir la respuesta de sor Andrea a esta pregunta: <em>\u00abEntonces, hermana, \u00bfno hay nada en el pasado que le cause temor?\u00bb, ella me respondi\u00f3: \u00abNo, Padre, no hay nada, a no ser que sent\u00eda mucha satisfacci\u00f3n al ir por esos pueblos a ver a esas buenas gentes; volaba de gozo por poder servirles\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La cordialidad, <em>\u00abesa exultaci\u00f3n del coraz\u00f3n\u00bb, <\/em>es algo natural. Comunica alegr\u00eda a los dem\u00e1s y muestra la uni\u00f3n de corazones: <em>\u00abNada de diferencias, sino un mismo afecto, un mismo aprecio de la virtud, un mismo horror al mal\u00bb. <\/em>Estar siempre contento del otro, he aqu\u00ed el mejor efecto de la caridad y de la alegr\u00eda. El vicenciano hace suya la c\u00e9lebre frase: <em>\u00abSi la caridad fuera una manzana, la cordialidad seria su color\u00bb. <\/em>Nunca debe recurrir a la mezquindad ni a la divisi\u00f3n. Es el hombre de todas las paciencias y de todos los di\u00e1logos, siempre en uni\u00f3n con la gran familia vicenciana, viviendo e irradiando el esp\u00edritu de san Vicente.<\/p>\n<p>Quiere ser en fin equitativo y amante de la justicia, en nombre de los pobres. Por esto, presta especial atenci\u00f3n a los disminuidos, respeta por encima de todo a la persona, se niega a todo esp\u00edritu de partido, recordando que, en nombre del derecho natural, <em>\u00ablos deberes de justi\u00adcia son preferibles a los de la caridad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Oremos:<\/p>\n<p><em>\u00a1Salvador de nuestras almas! T\u00fa, por amor, quisiste morir por los hombres y dejaste en cierto modo tu gloria para d\u00e1rnosla y, por este medio, hacernos como otros dioses, tan semejantes a ti como era posi\u00adble. Imprime en nuestros corazones esa caridad, a fin de que alg\u00fan d\u00eda podamos ir a unirnos con esa hermosa Compa\u00f1\u00eda de la Caridad que hay en el cielo. Tal es la s\u00faplica que te hago, Salvador de nuestras almas&#8230; Haz pues, Se\u00f1or, que todas ellas se sientan llenas de amor hacia ti, hacia el pr\u00f3jimo y hacia sus otras hermanas.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Renouard<\/li>\n<\/ol>\n<p>Ceme<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMO CRISTO, SER La imitaci\u00f3n de Cristo El m\u00e1s poderoso motivo para vivir, al estilo evang\u00e9lico, la verdade\u00adra relaci\u00f3n con los m\u00e1s necesitados de este mundo, es el mismo Cristo. 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