{"id":403220,"date":"2020-12-25T08:20:36","date_gmt":"2020-12-25T07:20:36","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403220"},"modified":"2020-11-12T15:21:59","modified_gmt":"2020-11-12T14:21:59","slug":"padre-nuestro-viii-perdona-nuestras-ofensas","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/padre-nuestro-viii-perdona-nuestras-ofensas\/","title":{"rendered":"Padre Nuestro (VIII) Perdona nuestras ofensas"},"content":{"rendered":"<p>Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden<\/p>\n<p>ESTA PETICI\u00d3N del padrenuestro es la m\u00e1s prolija y minuciosamente explicada por Agust\u00edn. No me aven\u00adturo si digo que en ella se encuentra una de las claves personales del obispo de Hipona, ya que por ella des\u00adfilan las m\u00faltiples facetas del hombre-Agust\u00edn: Concien\u00adcia de pecado y experiencia de la gracia, universali\u00addad del pecado, intervenci\u00f3n del M\u00e9dico divino, el examen de conciencia como pacto con Dios, efecto reconciliador de la limosna, autocr\u00edtica de s\u00ed mismo, honradez intelectual y cr\u00edtica de amigos, enemigos y de herejes. Entrar a fondo en el tema de la gracia y su di\u00e1logo con los pelagianos y semipelagianos exigir\u00eda toda una monograf\u00eda que, por ahora, posponemos.<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Conciencia de pecado y experiencia de la gracia<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El obispo de Hipona es un hombre que tiene concien\u00adcia y experiencia de la acci\u00f3n del pecado y de la gra\u00adcia en su persona. Sabe que ha pecado mucho, que se le ha perdonado m\u00e1s, y est\u00e1 agradecido por ello al Dios de las misericordias. En muchos pasajes de sus obras tiene conciencia de hijo pr\u00f3digo. San Agust\u00edn ha sido un bravo pecador y un bravo santo. Hombre, cuando pecador e, igualmente hombre, cuando santo, sin con\u00adcesiones ni median\u00edas.<\/p>\n<p>Precisamente, una de las caracter\u00edsticas de la religi\u00f3n revelada es la adquisici\u00f3n de la conciencia de pe\u00adcado, como l\u00edmite, y la redenci\u00f3n de toda angustia por el perd\u00f3n de los pecados.<\/p>\n<p>En contraposici\u00f3n del pensamiento pelagiano, Agust\u00edn dir\u00e1 que todos somos pecadores, pero que no por eso deja la Iglesia de ser la esposa de Cristo.<\/p>\n<p>El acercamiento a la Escritura ha producido en Agust\u00edn un doble impacto que jam\u00e1s podr\u00e1 olvidar: la inocencia de la palabra de Dios, que lo convence de pecado, y la autoridad incontrastable de Cristo, que disipa la nostalgia por fil\u00f3sofos como Pit\u00e1goras, Plat\u00f3n o Arist\u00f3teles.<\/p>\n<p>Cuando afirmamos que Agust\u00edn tiene conciencia de pecado, hay que entenderlo tal como lo explica \u00e9l mis\u00admo. Esto es, una vez que el hombre ha sido regenera\u00addo por las aguas bautismales, el creyente tiene la ne\u00adcesidad de borrar los pecados peque\u00f1os con la esponja de la oraci\u00f3n, ya que la oraci\u00f3n no tiene fuerza para limpiar los pecados que matan de golpes.<\/p>\n<p>La conciencia de hijo pr\u00f3digo, indudable en Agust\u00edn, no es tanto producto de un arrepentimiento masoquista cuanto de experiencia de fealdad. Despu\u00e9s de haberse contemplado en el espejo de Dios, lo mismo que el hijo de la par\u00e1bola de Lucas en su padre, Agust\u00edn se siente anonadado en su encuentro con Dios, pero no duda en aceptar el perd\u00f3n, precisamente porque el amor del Pa\u00addre le ayuda a superarse. Agust\u00edn tiene el coraje de de\u00adcir que de haberle ido bien sin Dios, quiz\u00e1 no hubiera vuelto a \u00e9l. Pero, \u00bfde qu\u00e9 lugar no hace volver Dios a los fugitivos? M\u00e1s a\u00fan. Por mucho que nos alejemos de Dios, all\u00ed est\u00e1 \u00e9l, averiguando nuestros caminos.<\/p>\n<p>Siempre a la b\u00fasqueda de la verdadera ra\u00edz de su desvar\u00edo, Agust\u00edn hace pie y culpa a su orgullo. Quiso buscar a Dios por sus propias fuerzas en la Escritura, y esta fue la causa de su ca\u00edda. Sus feligreses son mu\u00adcho m\u00e1s felices que \u00e9l. Como no ha olvidado tan tre\u00admenda lecci\u00f3n, educar\u00e1 a su comunidad en una fe pura y sana: \u00abYo, en cambio, \u00a1pobre de m\u00ed!, teni\u00e9ndome por id\u00f3neo para volar, sal\u00ed del nido y antes de tender las alas di conmigo en el suelo. Mas el bondadoso Se\u00f1or, porque no me pisaran y mataran los transe\u00fantes, me alz\u00f3 y volvi\u00f3 al nido\u00bb.<\/p>\n<p>Este dar \u00abconmigo en el suelo\u00bb tiene mucha impor\u00adtancia en la teolog\u00eda agustiniana. Se suele decir que Agust\u00edn, precisamente por refutar las propias fuerzas exhibidas por Pelagio, reduce a cero la autonom\u00eda hu\u00admana. M\u00e1s bien habr\u00e1 que decir que Agust\u00edn, precisa\u00admente por tener conciencia de sus fuerzas, advierte que no son suficientes y, en consecuencia, exalta la inter\u00advenci\u00f3n de Dios: \u00abLa noche se me convirti\u00f3 en luz, puesto que desconfi\u00e9 de poder pasar tanto mar duran\u00adte la noche, y de superar tanto camino, y de llegar has\u00adta el t\u00e9rmino perseverando hasta el fin; mas esto lo consegu\u00ed gracias a Aquel que me busc\u00f3 habiendo hui\u00addo yo, que hiri\u00f3 mi espalda con el azote del castigo, que llam\u00e1ndome me apart\u00f3 de la muerte, que me ilu\u00admin\u00f3 la noche\u00bb.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Universalidad del pecado<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Agust\u00edn es un ret\u00f3rico por formaci\u00f3n, de figuras pl\u00e1s\u00adticas como estilista, y de ideas universales como pen\u00adsador de los grandes misterios cristianos. En las <em>Confe\u00adsiones <\/em>ver\u00e1 su \u00e9xodo hacia Dios, que lo dirige a la libertad, a pesar de su resistencia. La Escritura, espe\u00adcialmente Pablo, lo descubre pecador, pecadora a la Iglesia peregrina, y sumergido en pecado el mundo pa\u00adgano del que ha formado parte.<\/p>\n<p>Como todos los d\u00edas pecamos, todos los d\u00edas hemos de pedir perd\u00f3n. Si no desaguamos nuestra sentina, puede perecer la nave. Que nadie piense, pues, que los obispos somos pecadores, no porque el Bautismo no haya perdonado todo, sino porque diariamente ne\u00adcesitamos del perd\u00f3n. Adem\u00e1s, los Ap\u00f3stoles no reci\u00adtaban el padrenuestro para los otros, sino para s\u00ed mis\u00admos. Nadie, en consecuencia, est\u00e1 dispensado de recitar la oraci\u00f3n del perd\u00f3n en esta vida: Catec\u00famenos, prelados y pueblo, por la sencilla raz\u00f3n de que, a\u00fan reconociendo el dominio y sumisi\u00f3n de las almas justas a Dios, todav\u00eda no se dominan las pasiones, y mientras se lucha no hay paz perfecta. He ah\u00ed la ra\u00adz\u00f3n de esta oraci\u00f3n y la petici\u00f3n de perd\u00f3n, porque somos pecadores, no para seguir pecando porque se recita. La misma Iglesia peregrina, formada por los que diariamente piden perd\u00f3n, necesita orar para pe\u00addir perd\u00f3n. El perd\u00f3n es el agua que lava las manchas del cuerpo de la Iglesia, y Jes\u00fas quien estira sus arru\u00adgas en el tendal de la Cruz. Por otra parte, y pensan\u00addo en Pelagio, el que no tiene arrugas, \u00bfqu\u00e9 hace en esta Iglesia que pide perd\u00f3n todos los d\u00edas? El no confesar las culpas no significa no tenerlas, sino impedir la remisi\u00f3n.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong> La intervenci\u00f3n del m\u00e9dico divino<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>En la noche del pecado es donde Cristo hace su apari\u00adci\u00f3n para eliminar nuestras arrugas por medio de sus medicinas, y salvar al pueblo de sus pecados. Jes\u00fas, y nadie m\u00e1s que \u00e9l, puede poner orden en nuestro desconcierto, buscando lo perdido, absolviendo al necesitado, y dando su vida por los dem\u00e1s. La potes\u00adtad de perdonar la concede a su Iglesia, juntamente con la obligaci\u00f3n de anunciar el Evangelio del perd\u00f3n. Por eso, toda la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica transcurre en estos t\u00e9rminos: Cristo muri\u00f3 por los pecados; arrepent\u00edos, porque Jesucristo ha venido para salvar a los pecadores. En consecuencia, el arrepentimiento y la reconciliaci\u00f3n obran la regeneraci\u00f3n, la nueva criatura. Cierto que la humanidad puede decir: \u00abYo ca\u00ed en cama antes que el m\u00e9dico se acercara a m\u00ed\u00bb. Sin duda, responde Agust\u00edn, que Jes\u00fas vino despu\u00e9s de nuestra ca\u00edda, pero fue as\u00ed porque nosotros ca\u00edmos primero.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong> El examen de conciencia como pacto con Dios<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Quien desee relacionarse profundamente con Dios o te\u00adner, al menos, buenas relaciones con \u00e9l no puede pres\u00adcindir del examen de conciencia. Si no podemos ser sa\u00adbios ni santos mientras no nos adecuamos a la realidad; si el realismo de buena clase es tan necesario para la vida, ded\u00facese que es igualmente necesario para cami\u00adnar por nosotros mismos y examinar las relaciones con Dios y con los dem\u00e1s. La oraci\u00f3n del padrenuestro nos manda escudri\u00f1ar cada d\u00eda nuestra conciencia y pedir perd\u00f3n para no caer en lo profundo. El examen de con\u00adciencia ense\u00f1a que el plomo aplasta y que la mucha are\u00adna aplasta igualmente, si descuidamos la vigilancia. El examen de conciencia no se hace con fines masoqu\u00edsticos ni fariseos, pero tampoco para vivir avergonzados ante Dios. Los cristianos, dice Agust\u00edn, fueron causa de bur\u00adla en alg\u00fan tiempo, pero hoy son muchos los que no se averg\u00fcenzan de golpearse el pecho, ya que s\u00f3lo los en\u00adgre\u00eddos caer\u00e1n en el combate.<\/p>\n<p>El examen de conciencia no debe constituir trauma alguno para el cristiano, pues sabe muy bien que la petici\u00f3n del perd\u00f3n cura las heridas, a condici\u00f3n de hacer con obras lo que pedimos con palabras.<\/p>\n<p>La orientaci\u00f3n hacia el afuera de nosotros esquiva toda egolatr\u00eda y falsa autojustificaci\u00f3n ante Dios, pues as\u00ed como la palabra no es plena mientras no la fajamos en sonidos, tampoco el perd\u00f3n es aut\u00e9ntico mien\u00adtras no perdonamos con obras.<\/p>\n<p>El examen de conciencia es, pues, una mirada al in\u00adterior del nosotros. Al mismo tiempo que nos reencon\u00adtramos en el interior, nos encontramos con la mirada de Dios que ojea en lo m\u00e1s secreto. Su mirada provo\u00adca el beneficio de las l\u00e1grimas. Al igual que Pedro, se\u00adguimos pecando mientras no nos mira el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En este encuentro, pedimos a Dios perd\u00f3n de los pecados y su asistencia para no caer en el futuro, pues aunque la fe cristiana nos asegura que el bautismo borr\u00f3 el pecado de origen, tambi\u00e9n nos asegura que el hombre qued\u00f3 herido, por m\u00e1s que nuestra flaqueza no puede da\u00f1arnos mientras no consintamos en el movimiento desordenado<sup>38<\/sup>. Debido a esta flaqueza, el creyente sabe muy bien que los pecados no cometidos ya son un perd\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>El examen de conciencia retorna al creyente a su ver\u00addadero ser, dentro del misterio de la salvaci\u00f3n. Nos devuelve la conciencia de naturaleza ca\u00edda y elevada, al tiempo que nos capacita para ver que dicha eleva\u00adci\u00f3n es imposible sin la asistencia de Dios y la vigilan\u00adcia por nuestra parte.<\/p>\n<p>El examen de conciencia y la petici\u00f3n de perd\u00f3n en\u00adcierran la idea de pacto. Decimos a Dios que nos per\u00addone como nosotros perdonamos. Ponemos nuestro perd\u00f3n como testigo delante de Dios para obtener el nuestro. San Agust\u00edn concede importancia extraordina\u00adria a esta petici\u00f3n porque en ninguna otra oramos a Dios en t\u00e9rminos de pacto\u00bb. Si el hombre agustiniano aparece un tanto aplastado ante Dios, la comprensi\u00f3n del perd\u00f3nanos en t\u00e9rminos de pacto lo sit\u00faa en su lugar verdadero. No igual a Dios, ni mucho menos, pero relacionado con \u00e9l por el pacto del perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Para que este pacto funcione, hemos de recordar el bautismo, sacramento por el que Dios nos ha perdo\u00adnado todo, en orden a emplear la misma medida con el hermano.<\/p>\n<p>Finalmente, siempre que oremos esta petici\u00f3n, la he\u00admos de hacer con una gran sinceridad, pues, de lo con\u00adtrario, el padrenuestro se volver\u00e1 contra nosotros. \u00bfAd\u00f3nde ir\u00e1s si mientes en las preces? Al emperador y al juez se puede enga\u00f1ar, pero no a Dios. Por eso, al celebrar la eucarist\u00eda hemos de pensar en c\u00f3mo he\u00admos perdonado, porque a Dios se puede mentir, pero no enga\u00f1ar. \u00c9l nos conoce por dentro y nos condena o corona. En consecuencia: \u00abNo hay por d\u00f3nde saltarse este versillo si no se cumple al dedillo. No borres nada para que no seas borrado t\u00fa. Perdona y da. Apunta\u00adlad la vida temporal del pobre, sostened su vida ac\u00adtual, y por esta peque\u00f1a semilla terrena recoger\u00e9is la mies de la vida eterna\u00bb.<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong> Efecto reconciliador de la limosna<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El texto citado nos introduce en el efecto reconciliador de la limosna, que no tiene nada de anestesiante, sino que sirve de pre\u00e1mbulo para obtener el perd\u00f3n de Dios. Con este planteamiento, Agust\u00edn sale al paso de los que afirman que la limosna resarce todos los pecados por grandes que sean. La limosna intercede por nosotros ante Dios, pero carece de fuerza para perdonarnos aquellos pecados que nos impiden recibir la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando Agust\u00edn habla del perd\u00f3n de las deudas, entiende, principalmente, la deuda del pecado, pero sin olvidar por eso las deudas econ\u00f3micas.<\/p>\n<p>En este asunto, en el que anda de por medio la ban\u00adca, y en el que Agust\u00edn despliega su pizca de humor, aconseja que perdonemos sin recurrir al pleito, pues el que no paga las deudas econ\u00f3micas puede que se apo\u00adye en la carencia de dinero o en la avaricia. En el pri\u00admer caso, se carece de bienes, y se ha de ser sumamente comprensivos y liberales. En el segundo, se ca\u00adrece de voluntad, y tambi\u00e9n hay que proceder cristianamente. Ahora bien, en caso de avaricia, y aqu\u00ed entra el humor realista de Agust\u00edn, si buenamente se le puede sacar el dinero al avaro, es al deudor al que se le hace una obra de caridad, pues no carece de bie\u00adnes para la restituci\u00f3n.<\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li><strong> Autocr\u00edtica de s\u00ed mismo<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La conciencia de pecado, experiencia del perd\u00f3n y vi\u00advencia de la gracia hacen que Agust\u00edn repase en su examen de conciencia: su persona, amistades y enemis\u00adtades, su condici\u00f3n de te\u00f3logo, as\u00ed como su faceta de educador de la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>Como intelectual que es, Agust\u00edn ama la ciencia, pero a\u00fan aprecia m\u00e1s el conocimiento de s\u00ed mismo. Es obispo, pero sabe muy bien que \u00abLa ciza\u00f1a se en\u00adzarza en las sillas episcopales. \u00a1Ojal\u00e1 no sea yo ciza\u00ad\u00f1a!\u00bb. Preside la mesa de la Palabra: \u00abPero espiritualmente estoy debajo de vuestros pies, precisamente por la conciencia de responsabilidad. Corrige los defec\u00adtos de sus parroquianos, pero \u00abNos no nos tenemos por tan sanos que no tengamos que golpear nuestro pecho\u00bb. Por su condici\u00f3n de anciano, sabe que debie\u00adra ser un modelo de identidad, pero su experiencia le dice que \u00abaunque envejecido en la pelea de las pasio\u00adnes, que nadie piense que han cesado de turbar la quie\u00adta senectud\u00bb. Como investigador cristiano y exposi\u00adtor de la verdad, he aqu\u00ed su regla de oro: \u00abTodo lo que hallares verdadero, cons\u00e9rvalo y atrib\u00fayelo a la Iglesia cat\u00f3lica; lo falso des\u00e9chalo, y perd\u00f3name a m\u00ed, que soy hombre; lo dudoso adm\u00edtelo hasta que la ra\u00adz\u00f3n te aconseje o la autoridad te obligue a rechazarlo o retenerlo como verdad o como cosa que siempre se debe creer. Atiende, pues, a los razonamientos, que vie\u00adnen con diligencia o piedad, seg\u00fan te sea posible; pues a tales ayuda Dios\u00bb.<\/p>\n<p>De acuerdo con esta regla de oro, Agust\u00edn no tiene inconveniente en preguntar a Jer\u00f3nimo, por ejemplo, cualquier cosa que ignora o no sabe solucionar por s\u00ed mismo, sobre todo en el campo de la Escritura. La co\u00adrrespondencia entre estos dos grandes de la santidad y de la ciencia de aquellos tiempos no s\u00f3lo es instruc\u00adtiva, sino incluso pintoresca. El estilo literario de Agust\u00edn es sobrio, lapidario. El de Jer\u00f3nimo es m\u00e1s rico, elegante y tempestuoso. Agust\u00edn es m\u00e1s sereno y cl\u00e1sico en la recta inteligencia del concepto \u00abcl\u00e1sico\u00bb. Humanamente hablando, Jer\u00f3nimo tiene mejor prepa\u00adraci\u00f3n intelectual que Agust\u00edn. Adem\u00e1s de escriturista, domina a perfecci\u00f3n varios idiomas. Jer\u00f3nimo es un hombre que se impone por sus muchos valores, pero, sobre todo, por su temperamento volc\u00e1nico. Yo dir\u00eda, despu\u00e9s de haber le\u00eddo su correspondencia con Agust\u00edn, as\u00ed como con otros personajes de su tiempo, que Jer\u00f3nimo no lleg\u00f3 a domesticar el delf\u00edn de su co\u00adraz\u00f3n. Sus invectivas son fieras. Agust\u00edn tuvo que so\u00adportarlas con una paciencia diplom\u00e1tica y cristiana, no exenta de astucia. Agust\u00edn, ese Agust\u00edn que, por un malentendido laudatorio, nos ha sido pintado como un le\u00f3n cazaherejes, resulta un corderillo frente al le\u00f3n de Bel\u00e9n, quien no respet\u00f3 ni los huesos de cuantos catalog\u00f3 de herejes, sobre todo a Or\u00edgenes y sus segui\u00addores. En lo que ambos resultan hermanos gemelos es en el coraz\u00f3n. Pero aun en esto existe una notoria di\u00adferencia. Agust\u00edn ha logrado domesticar su coraz\u00f3n para amar sin herir. Jer\u00f3nimo, por el contrario, se ha retirado a la soledad para domesticarse y estudiar. Lo segundo lo consigue hasta el punto de perder la vista. \u00bfDomestic\u00f3 su coraz\u00f3n? Los exabruptos epistolares afir\u00adman lo contrario.<\/p>\n<ol start=\"7\">\n<li><strong> Honradez intelectual<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Despu\u00e9s del careo entre esos dos gigantes, no para enfrentarlos, sino para amarlos, digamos algo de la honradez intelectual de Agust\u00edn.<\/p>\n<p>El Dios Uno y Trino constituye el gran misterio del cristianismo y Agust\u00edn ha tenido el coraje de escribir un profundo y precioso libro. Sin embargo, reconoce que si alguien no lo juzga atinado, que pruebe su sen\u00adtencia e impugne la suya, si puede. Si se lo notifican en vida, le dar\u00e1n una gran alegr\u00eda. Si no se lo pueden comunicar personalmente, siempre estar\u00e1 agradecido en nombre de aquellos a quienes se les haya hecho ver los errores de Agust\u00edn. Como fino intelectual, a\u00f1ade que seguir\u00e1 investigando cuanto pueda. Si est\u00e1 en el error, Dios se lo dar\u00e1 a conocer bien por secretas amo\u00adnestaciones, ya por medio de su palabra revelada, ya por medio de coloquios con sus hermanos de comuni\u00addad. Pero que si alguien no entiende lo que \u00e9l ha ex\u00adpuesto con tanta agudeza e ingenio, que estudie m\u00e1s y que no lo ultraje con lamentos.<\/p>\n<p>Como intelectual creyente para cristianos, se com\u00adplace en la exposici\u00f3n de sus investigaciones, sin mie\u00addo a los insultos de sus enemigos, pues est\u00e1 decidido a adoctrinar a los amigos que yerran. Por eso, ruega a su lectorado que le escuche con paciencia, pues quiere ense\u00f1ar. En este momento, como en otros muchos, Agust\u00edn abre su coraz\u00f3n, debido, sin duda, a los sin\u00adsabores que le causa la cr\u00edtica, y se deja decir que m\u00e1s le hubiera gustado pasarse la vida leyendo que escri-biendo. De todos modos, y aqu\u00ed suelta otra limita\u00adci\u00f3n, que no fue tan grande, a pesar de que no domi\u00adna el griego\u00bb, se ha propuesto la meta de que sus obras sean, ante todo, provechosas para \u00e9l, as\u00ed como para doctos e indoctos.<\/p>\n<p>No es este el momento para hablar de los conoci\u00admientos que Agust\u00edn tuvo del griego. De todos mo\u00addos, lo estudia, como segundo idioma, desde ni\u00f1o, aun\u00adque sin gusto, por aquello de que un idioma vivo no se debe aprender de un modo fosilizado. Seguro que no lo domina como el lat\u00edn, pero de esto no se conclu\u00adye que lo ignorara. La cr\u00edtica le atribuye la traducci\u00f3n de los Salmos, del griego al lat\u00edn, texto que utiliza para los comentarios que hace en las <em>Enarraciones. <\/em>El lector de la obra de Agust\u00edn sabe muy bien que podr\u00eda ha\u00adcerse un buen ensayo con la resonancia del griego en las obras del catequista de Hipona.<\/p>\n<p>Agust\u00edn, como puede comprender el lector, est\u00e1 dia\u00adlogando con Jer\u00f3nimo. De ah\u00ed que, no sin guasa, le diga: Si \u00abme env\u00edas disc\u00edpulos para que les ense\u00f1e lo que yo no aprend\u00ed, ens\u00e9\u00f1ame lo que les he de decir\u00bb, pues, aunque viejo, nunca es tarde para aprender. Cier\u00adto que al anciano le va mejor ense\u00f1ar, pero, mejor que ignorar, le conviene aprender lo que ha de ense\u00f1ar, por encima de descuidos estil\u00edsticos\u00bb.<\/p>\n<p>Agust\u00edn anhela para sus obras un \u00abpiadoso\u00bb y \u00abcr\u00edtico imparcial\u00bb, antes que lectores \u00abincondicionales\u00bb, pero tampoco desea \u00abcr\u00edticos pagados de s\u00ed mismos\u00bb.<\/p>\n<p>Respecto a la verdad, si se halla en sus tratados, sabe que no es patrimonio suyo, sino del lector y de \u00e9l, ya que el lector la hace suya en la medida en que la comprende. M\u00e1s a\u00fan. Si el lector descubre alg\u00fan error, de Agust\u00edn es, pero, al evitarlo, el lector hace que no sea ni suyo ni de Agust\u00edn<sup>70<\/sup>. En fin, que no quie\u00adre que sus libros sean le\u00eddos como si fueran las Escri-turas<sup>71<\/sup>, pero s\u00ed a la luz de ellas, sin \u00abanimosidad\u00bb y con recta raz\u00f3n.<\/p>\n<ol start=\"8\">\n<li><strong> El sabio cristiano<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>De su trato con Dios, Agust\u00edn ha aprendido otra cien\u00adcia superior a la libresca, y no desea sino despojarse de la torpeza que le impide ser sabio de verdad. Inte\u00adlectual y afectivamente, ha gustado del m\u00e1s all\u00e1, pero sabe que es un peregrino y que, por tanto, debe disci\u00adplinar la vehemencia por llegar a la otra orilla: \u00abEl que, movido por el fervor del Esp\u00edritu Santo, despert\u00f3 ya en el Se\u00f1or, y en su amor conoce la propia vileza, y, suspirando por la proximidad de Dios, experimenta su impotencia, e iluminado por el esplendor divino entra en s\u00ed y se encuentra a s\u00ed mismo, este estar\u00e1 cierto de que su indigencia no puede atemperarse a la pureza de Dios. Por eso le son dulces las l\u00e1grimas y ruega al Se\u00f1or que se apiade una y otra vez de \u00e9l, hasta despo\u00adjarse de la miseria total; e implora y suplica con plena confianza, recibido ya el don gratuito de salud de ma\u00adnos del \u00fanico salvador e iluminador del hombre. Al que contrito ora as\u00ed, no le infla la ciencia, porque edi\u00adfica el amor. Antepone la ciencia a la ciencia; prefiere sondear su propia vileza a conocer las murallas del mundo, los cimientos de la tierra y la excelsitud de los cielos. Con la ciencia crece el dolor, nostalgia de su peregrinaci\u00f3n, y aumentan los anhelos por arribar a la patria feliz de su Dios y hacedor\u00bb.<\/p>\n<p>Al igual que Pablo, pero m\u00e1s sobrio en la expre\u00adsi\u00f3n, Agust\u00edn sabe que su presencia es necesaria en la comunidad. Por experiencia, lo mismo que el Ap\u00f3stol, conoce lo que ha sido sin Dios. De ah\u00ed que su expe\u00adriencia lo aproxime tanto al coraz\u00f3n de los sin Dios como al de los creyentes, siempre necesitados de una continua reeducaci\u00f3n: \u00abSe\u00f1or y Dios m\u00edo, si sollozo en medio del humano linaje y en el seno de la familia de tu Cristo, entre tus pobres, conc\u00e9deme saciar con tu pan a los hombres que no sienten hambre y sed de justicia, sino que ah\u00edtos abundan. Hartos est\u00e1n de sus ficciones, no de tu verdad, que rechazan y evitan para caer en su vanidad. Yo lo he experimentado; conozco la muchedumbre de f\u00e1bulas que es capaz de alumbrar el coraz\u00f3n del hombre; y \u00bfqu\u00e9 es mi coraz\u00f3n, sino un coraz\u00f3n humano?<\/p>\n<ol start=\"9\">\n<li><strong> Agust\u00edn ante sus amigos y enemigos<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La intervenci\u00f3n del Dios de las misericordias ha en\u00adgendrado un Agust\u00edn nuevo, amable y pac\u00edfico. Si a\u00f1a\u00addo \u00abtranquilo\u00bb, quisiera explicarme bien. Me gusta comparar al padre africano con el <em>Pensador <\/em>de Rodin, todo fuerza y dinamismo, pero reflexivo <em>y <\/em>dominando el amazonas de su pensamiento. Sin duda alguna, el saberse tan perdonado por Dios ha hecho de Agust\u00edn un pobre-rico que se palpa, sobre todo, en su trato con amigos y enemigos.<\/p>\n<p>Los amigos lo aman. Los enemigos lo cubren de in\u00adsultos. Los amigos lo elogian tanto que, a veces, no sabe qu\u00e9 hacer con esos elogios, y, autom\u00e1ticamente, tiende a desmentirlos con cari\u00f1o. No es que le disguste ser amado y elogiado, sino que se ruboriza. Su amigo<\/p>\n<p>Nebridio, por ejemplo, le escribe: \u00abMe gustan tus cartas como mis propios ojos&#8230; env\u00edame cuanto de bueno y santo te venga a las mientes\u00bb. Otro amigo, Severo, lo califica de \u00ababeja de Dios\u00bb y otras lindezas. Descono\u00adcemos la relaci\u00f3n de Agust\u00edn con Severo, pero se siente tan embarazado que no puede menos de replicarle: \u00abQuien siente lo que dice, habla fielmente aunque no diga la verdad. Por el contrario, quien no cree lo que dice, habla infielmente aunque diga la verdad. Ahora bien, yo estoy seguro de que me atribuyes esas cosas que escribiste. Pero, como yo no las reconozco en m\u00ed, pudiste decir de m\u00ed fielmente cosas no verdaderas\u00bb.<\/p>\n<p>Las cartas de Agust\u00edn y de otros escritores eclesi\u00e1s\u00adticos de la antig\u00fcedad son un buen \u00edndice de la cor\u00addialidad existente entre aquellos cristianos. Algunas ve\u00adces nos resultan un poco exageradas, pero se ve que aquellos hombres eran as\u00ed: efusivos, cordiales y natu\u00adrales. De todos modos, es el mismo Agust\u00edn el que cen\u00adsura severamente a los amigos, pues no quiere que el amor los ciegue tanto que lleguen a pensar que el obis\u00adpo de Hipona es poco menos que infalible: \u00abNo me agrada que aquellos a quienes amo me tengan por tal cual no soy. Eso quiere decir que no me aman a m\u00ed, sino a otro bajo mi nombre, si aman no lo que soy, sino lo que no soy\u00bb.<\/p>\n<p>El gran Jer\u00f3nimo tampoco le escatima elogios. Mira, le dice: \u00abEres celebrado en todo el mundo. Los cat\u00f3li\u00adcos te veneran como a un nuevo fundador de la fe y, lo que es signo de mayor gloria, todos los herejes te detestan\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo sonar\u00eda en los o\u00eddos de Agust\u00edn eso de \u00abnuevo fundador de la fe\u00bb? Creo que Agust\u00edn no contesta. De todos modos, aquello de las \u00ababejas\u00bb se queda en animalitos de terciopelo frente al elogio de Jer\u00f3nimo. Lo cierto es que, en la misma carta, dice Jer\u00f3nimo que tambi\u00e9n los herejes lo odian a \u00e9l tanto como a Agust\u00edn, lo cual quiere decir, no sin cierta malicia, que el ex\u00e9\u00adgeta condivide con Agust\u00edn eso de \u00abconocido\u00bb, \u00abodia\u00addo\u00bb y cuasi \u00abnuevo fundador de la fe\u00bb, y ahorra a Agust\u00edn la contestaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los enemigos de Agust\u00edn, m\u00e1s que personales, son los enemigos de la Iglesia y, en consecuencia, de su defensor. En las numerosas obras de Agust\u00edn, tan car\u00adgadas de autobiograf\u00eda, s\u00ed que advertimos encuentros con los otros, pero no enemistades personales. Cuan\u00addo el santo advierte que ha podido ofender, se adelan\u00adta y perdona. En carta a Fortunaciano le pide que, en su nombre, visite a un hermano un poco resentido con\u00adtra \u00e9l. Tuvo que corregirle algunos errores dogm\u00e1ticos, como que Dios es corp\u00f3reo y visible, pero esto no le remuerde a Agust\u00edn, sino el tono un tanto \u00e1spero de la correcci\u00f3n\u00bb. Por la carta a Fortunaciano sabemos que rog\u00f3 al hereje que acudiera a su casa para hablar con \u00e9l, pero que no accedi\u00f3. Y si Agust\u00edn no va personal\u00admente al encuentro del hermano ofendido, a su ciu\u00addad, es por no dar un espect\u00e1culo de risa a los extra\u00ad\u00f1os, de dolor a los nuestros y de verg\u00fcenza para nosotros. Conf\u00eda que Fortunaciano desempe\u00f1ar\u00e1 fiel\u00admente la embajada.<\/p>\n<p>Veamos ahora c\u00f3mo se desenvuelve la actitud de Agust\u00edn frente a sus enemigos y los herejes de su tiempo.<\/p>\n<p>En primer lugar, y para curarse en salud, adelanta que quien pide perd\u00f3n ya no es enemigo, pues aun\u00adque esto no equivalga a amarlo, ya es un progreso per\u00addonarlo. Pero Agust\u00edn no se contenta con diplomacias, sino que personaliza el asunto, porque el m\u00e1s fiero enemigo no puede causarnos tanto da\u00f1o como el que nos hacernos a nosotros mismos no am\u00e1ndolo. Saulo fue enemigo de la Iglesia, pero los fieles oraban por \u00e9l y, de enemigo, pas\u00f3 a fiel y gran ap\u00f3stol. Por otra par\u00adte, si el enemigo muere, se cancela la enemistad, pero tambi\u00e9n la posibilidad de haberlo ganado como amigo. En consecuencia, hay que perdonar a los enemi\u00adgos como lo hicieron Jes\u00fas y Esteban, pero sin pen\u00adsar que esta pol\u00edtica s\u00f3lo es posible a los grandes pr\u00f3ceres. \u00bfAcaso son de esta calidad todos cuantos co\u00admulgan el Cuerpo del Se\u00f1or? \u00bfO es que la grey de Cris\u00adto hay que reducirla a los pr\u00f3ceres? \u00bfHabr\u00e1 que dejar la oraci\u00f3n si no se ama al enemigo? De ninguna ma\u00adnera. Hay que orar para alcanzar ese amo\u00bb.<\/p>\n<p>De la misma manera que el padre azota a su hijo, pero no lo odia, as\u00ed ha de examinarse el coraz\u00f3n del enemigo, aunque pida perd\u00f3n ficticiamente, no sea que salga \u00e9l perdonado y nosotros condenados.<\/p>\n<p>Su relaci\u00f3n con los herejes transcurre a dos niveles bien discernidos por el santo: Aquellos que le atacan personalmente, y aquellos que tratan de romper la uni\u00addad de la Iglesia. A los primeros responde con magna\u00adnimidad. Hablen de m\u00ed lo que quieran, que no me eno\u00adjar\u00e9. Saben muchas cosas de m\u00ed, pero m\u00e1s son las que ignoran. No tengo por qu\u00e9 ocultar mi vida pasada, pues alabo a Dios por lo mucho que me ha perdonado. Todo esto porque los herejes no hacen m\u00e1s que vituperar lo que Agust\u00edn hace tiempo que ha condenado en \u00e9l. De todos modos, Agust\u00edn encaja muy bien esos ataques per\u00adsonales, pero ruega a los herejes que no confundan la Iglesia cat\u00f3lica con los l\u00edmites de su persona.<\/p>\n<p>A pesar de trato tan correcto, los herejes no cesan de insultarlo. Le echan en cara que anda a la caza de alg\u00fan mot\u00edn para perderlos, y que se aprovecha del favor del Imperio para perseguirlos y vengarse de ellos. A este respecto, es curiosa la correspondencia que man\u00adtiene con Pascencio. Se ha citado con este hereje para mantener un debate p\u00fablico, pero Pascencio no com\u00adparece por el temor de que Agust\u00edn lo calumnie. Con una gran gentileza, Agust\u00edn le remite por escrito la con\u00adfesi\u00f3n de su fe. La respuesta de Pascencio no se hace esperar. Despu\u00e9s de elogiar y ensalzar al obispo de Hipona, le invita a que abjure de su fe cat\u00f3lica y se pase a ellos, porque \u00bfest\u00e1 seguro, vuestra excelencia&#8230; que edifica?.<\/p>\n<p>Es claro que los herejes se sienten acomplejados no tanto por el favor imperial que goza la Iglesia cat\u00f3li\u00adca, cuanto por la agudeza intelectual de su defensor.<\/p>\n<p>A los o\u00eddos de Agust\u00edn ha llegado la noticia de que un pobre cristiano no ha sabido responder a un maniqueo que tambi\u00e9n las moscas son criaturas de Dios. Envalentonado por su sagacidad, el maniqueo ha hecho confesar al cristiano que ni el mismo hombre es hechura de Dios. \u00a1Valiente conquista!, replica Agust\u00edn. As\u00ed como las moscas se utilizan para cazar p\u00e1jaros, el maniqueo ha empleado las moscas del diablo para ca\u00adzar a un pobre cristiano.<\/p>\n<p>Agust\u00edn no se cansa de aconsejar a sus feligreses que cuando no sepan qu\u00e9 responder a un hereje, que se lo remitan a \u00e9l, pero que no pierdan el tiempo dis\u00adputando, porque es mejor orar por ellos y por los fie-les<sup>96<\/sup>. Adem\u00e1s, los herejes celebran los mismos sacra\u00admentos que la Iglesia, aunque no est\u00e9n en comuni\u00f3n con ella. Por otra parte, el problema de los herejes est\u00e1 zanjado por la autoridad de los concilios y por la Sede Apost\u00f3lica: \u00abHermanos m\u00edos, compadeceros de ellos como me compadezco yo. Doquiera que los hall\u00e1reis, no los ocult\u00e9is por un sentimiento de per\u00adversa misericordia; recalco lo dicho: doquiera que los hall\u00e9is, no los ocult\u00e9is. Responded a los contradictores, y a los obstinados traedlos a Nos. Porque ya van man\u00addadas sobre este particular a la Sede Apost\u00f3lica las Actas de los concilios; tambi\u00e9n vinieron de all\u00e1 con\u00adtestadas. El asunto est\u00e1 concluido; plegue a Dios con\u00adcluya pronto el error. Les aconsejamos abrir los ojos; para su instrucci\u00f3n son estas ense\u00f1anzas; roguemos que se conviertan\u00bb.<\/p>\n<p>El nivel de fe y de inteligencia de Agust\u00edn toca el techo cuando aborda el problema de las herej\u00edas. Dios permite tantas herej\u00edas en la Iglesia para que salgamos de la infancia que nos es com\u00fan con los brutos. Las herej\u00edas son un est\u00edmulo para ense\u00f1ar la verdad. En la Iglesia cat\u00f3lica hay muchas personas que duermen y son despertadas por los herejes. De todos modos, las herej\u00edas sirven para agudizar la inteligencia de nues\u00adtra fe.<\/p>\n<p>Luis Nos<\/p>\n<p>San Pablo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden ESTA PETICI\u00d3N del padrenuestro es la m\u00e1s prolija y minuciosamente explicada por Agust\u00edn. 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