{"id":403155,"date":"2020-11-15T08:18:09","date_gmt":"2020-11-15T07:18:09","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403155"},"modified":"2020-11-04T10:19:40","modified_gmt":"2020-11-04T09:19:40","slug":"doctrina-social-de-la-iglesia-iv","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/doctrina-social-de-la-iglesia-iv\/","title":{"rendered":"Doctrina Social de la Iglesia (IV)"},"content":{"rendered":"<p>IGUALDAD DE TODOS LOS HOMBRES<\/p>\n<p>La igualdad social es una manifestaci\u00f3n de la justicia y de la libertad, y expresa al mismo tiempo que orienta la configu\u00adraci\u00f3n social del mundo actual. Son formas que manifiestan la dignidad del hombre (0A.22).<\/p>\n<p>Sin embargo, hay que evitar los extremos.<\/p>\n<p>&#8211; El <em>igualitarismo o <\/em>igualdad absoluta de todos los hom\u00adbres y en todos los aspectos. Esto es volver al viejo <em>Mito de Procusto. <\/em>Alguien ha afirmado que <em>la pasi\u00f3n por la igual\u00addad es la idealizaci\u00f3n de la envidia. <\/em>La pretendida igualdad de todos en <em>una sola clase no propietaria <\/em>no conduce a la ver\u00addadera igualdad, sino que destruye la capacidad creadora del individuo y lleva a una nivelaci\u00f3n descendente que produce pasividad, dependencia y sumisi\u00f3n (SRS.15,2). Sin embargo, la igualdad en la dignidad esencial de la persona y en los dere\u00adchos fundamentales derivados de ella, es posible y deseable.<\/p>\n<p>&#8211; Pero no es menos absurda la justificaci\u00f3n de las des\u00adigualdades econ\u00f3micas como signo <em>de predestinaci\u00f3n. <\/em>Este racionalismo falsamente religioso es, seg\u00fan Max Weber, un subproducto de la psicolog\u00eda protestante y de la \u00e9tica calvi\u00adnista.<\/p>\n<p>Ciertamente, si el \u00e9xito econ\u00f3mico y la riqueza son efec\u00adto de actuaciones injustas no pueden ser garant\u00eda de una espe\u00adcial elecci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Acerca de las razones teol\u00f3gicas que explican la radical igualdad de todos los hombres tiene el Catecismo unas impor\u00adtantes reflexiones (nn. 1934.1935), Tambi\u00e9n afirma el Catecismo el hecho de las desigualdades como hecho eviden\u00adte (n.1936) aunque rechaza las desigualdades escandalosas que afectan a millones de hombres y mujeres y que est\u00e1n en contradicci\u00f3n con el evangelio (n. 19-38).<\/p>\n<p><em>Los hechos<\/em><\/p>\n<p>Sin embargo, la desigualdad social es un hecho evidente; Lo malo es que existen situaciones de desigualdad <em>cuya injus\u00adticia clama al cielo <\/em>(PP.30). Y no solo entre unas personas y otras, sino tambi\u00e9n entre los diversos sectores econ\u00f3micos en un mismo pa\u00eds y entre los diversos pueblos de la tierra (cfr. QA.59; MM.48; SRS.13.14.33).<\/p>\n<p>De todas formas, sin llegar a esos extremos, hay muchos cristianos, como recordaba Pablo VI, que no dan ninguna importancia a las excesivas diferencias econ\u00f3micas y sociales entre las personas. Estas actitudes no son conformes a la doc\u00adtrina de la Iglesia.<\/p>\n<p>El hecho de ciertas diferencias entre los hombres es natu\u00adral, pues como afirma Le\u00f3n XIII, <em>debe ser aceptada la condi\u00adci\u00f3n humana; no se puede igualar en la sociedad civil lo alto con lo bajo&#8230; Hay, por naturaleza, entre los hombres muchas y grandes diferencias, no son iguales los talentos de todos, ni la habilidad, ni la salud, ni las fuerzas, y de la inevi\u00adtable diferencia de estas cosas brota espont\u00e1neamente la dife\u00adrencia de fortunas <\/em>(RN.13).<\/p>\n<p>Sin embargo, el Papa condena todo aquello que sirve para aumentar y agravar estas diferencias. <em>Han de evitar cuidadosa\u00admente los ricos perjudicar en lo m\u00e1s m\u00ednimo los intereses de los proletarios, ni con la violencia, ni con enga\u00f1os, ni con artilu\u00adgios usurarios <\/em>(RN. 14).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Juan XXIII reconoce que <em>la experiencia ense\u00f1a que son muchas y muy grandes las diferencias entre los hom\u00adbres, en ciencia, en virtud, inteligencia y bienes materiales. Sin embargo, este hecho no puede justificar nunca el prop\u00f3\u00adsito de servirse de la superioridad propia para someter de cualquier modo a los dem\u00e1s. Todo lo contrario, esta supe\u00adrioridad implica una obligaci\u00f3n social m\u00e1s grave para ayu\u00addar a los dem\u00e1s a que logren, con el esfuerzo com\u00fan, la per\u00adfecci\u00f3n propia. Y de modo semejante sucede entre las diver\u00adsas naciones <\/em>(PT.87-88).<\/p>\n<p><em>Consecuencias<\/em><\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s grave en este asunto es que <em>el incremento eco\u00adn\u00f3mico y social&#8230; ha acentuado cada d\u00eda m\u00e1s los evidentes desequilibrios que existen, primero entre la agricultura, la industria y los servicios generales; luego entre las zonas de diversa prosperidad econ\u00f3mica en el interior de cada pa\u00eds; <\/em>y, <em>por \u00faltimo, entre los pa\u00edses de distinto desarrollo econ\u00f3mi\u00adco en el plano mundial <\/em>(MM.48).<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n tiene una manifestaci\u00f3n bien clara y es que <em>innumerables trabajadores de muchas naciones y de conti\u00adnentes enteros a los que se remunera con un salario tan bajo que quedan sometidos, ellos y sus familias, a condiciones de vida totalmente infrahumanas, y frente a la extrema pobreza de la mayor\u00eda, la abundancia y el lujo desenfrenado de unos pocos contrasta de manera abierta e insolente con la situa\u00adci\u00f3n de los necesitados <\/em>(MM.68-69).<\/p>\n<p>Y lo mismo ocurre en el plano internacional, <em>hay muchas naciones que tienen abundancia de bienes de consumo y existen otras, en cambio, en las cuales grandes masas de pobla\u00adci\u00f3n luchan contra la miseria y el hambre <\/em>(MM. 161).<\/p>\n<p>El Papa Juan Pablo II tambi\u00e9n ha constatado este fen\u00f3me\u00adno; <em>Dejando a un lado el an\u00e1lisis de cifras estad\u00edsticas, es suficiente mirar la realidad de una multitud ingente de hom\u00adbres <\/em>y <em>mujeres, ni\u00f1os, adultos y ancianos, de personas huma\u00adnas concretas e irrepetibles, que sufren el peso intolerable de la miseria <\/em>(SRS.13).<\/p>\n<p><em>El mito de la revoluci\u00f3n violenta.<\/em><\/p>\n<p>Pablo VI advirti\u00f3 que ante situaciones tan injustas es grande la tentaci\u00f3n de rechazar con la violencia tan graves injurias contra la dignidad de las personas (Cfr.PP. 30).<\/p>\n<p>La Iglesia admite que es necesario corregir esta situaci\u00f3n de injusticia y edificar una sociedad en que reine la justicia, pero no puede aceptar la violencia y menos la fuerza de las armas y las muertes injustas de muchos inocentes como cami\u00adno adecuado para solucionar los problemas. La violencia no es cristiana ni evang\u00e9lica y los cambios violentos son enga\u00ad\u00f1osos, ineficaces y contrarios a la dignidad de los pueblos (Cfr. EN. 36-37 ; SRS.24).<\/p>\n<p>La experiencia ense\u00f1a que las revoluciones engendran nuevas injusticias, introducen nuevos desequilibrios y provo\u00adcan nuevas ruinas. No se puede combatir el mal al precio de un mal mayor (PP.31).<\/p>\n<p>Labor de la Iglesia<\/p>\n<p>Ante esta situaci\u00f3n de desigualdad injusta e inhumana, la Iglesia ha denunciado y condenado los hechos y ha propuesto caminos de soluci\u00f3n. Tambi\u00e9n ha prestado su ayuda pr\u00e1ctica, aunque \u00e9sta haya sido como una gota en el oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>Le\u00f3n XIII dijo que <em>vemos claramente que es urgente pro\u00adveer de la manera m\u00e1s oportuna al bien de las gentes de con\u00addici\u00f3n humilde, pues es la mayor\u00eda la que se debate indeco\u00adrosamente en una situaci\u00f3n calamitosa y miserable&#8230; Y un n\u00famero sumamente reducido de opulentos <\/em>y <em>adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios <\/em>(RN.1).<\/p>\n<p>Como v\u00eda para la soluci\u00f3n adecuada de estos problemas, escribi\u00f3 el Papa Le\u00f3n XIII la enc\u00edclica Rerum novarum.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista econ\u00f3mico, el Papa propuso espe\u00adcialmente:<\/p>\n<ul>\n<li>una efectiva y justa intervenci\u00f3n del Estado en la regu\u00adlaci\u00f3n de la actividad econ\u00f3mica y laboral (RN.25)<\/li>\n<li>el derecho de los obreros a formar sus propias asocia\u00adciones para la defensa de sus intereses (RN.25-27)<\/li>\n<li>la modificaci\u00f3n de los contratos de trabajo para con\u00adseguir condiciones de trabajo mas justas (RN.31)<\/li>\n<li>determinaci\u00f3n de un salario suficiente (RN.32)<\/li>\n<\/ul>\n<p>Tambi\u00e9n Pio XI denunci\u00f3 que <em>de un lado, la enorme masa de proletarios, y de otro, los fabulosos recursos de unos pocos sumamente ricos\u2026 constituyen un argumento de que las rique\u00adzas tan copiosamente producidas no se hallan rectamente dis\u00adtribuidas, ni aplicadas con equidad a las diversas clases de hombres <\/em>(QA.. 60).<\/p>\n<p>Y analizando m\u00e1s en profundidad este fen\u00f3meno, a\u00f1ade que se acumula una descomunal y tir\u00e1nica potencia econ\u00f3mica en manos de unos pocos (QA.195), y tal acumulaci\u00f3n de riquezas y de poder origina tres tipos de luchas: se lucha por la hegemon\u00eda econ\u00f3mica, se combate para adue\u00f1arse del poder p\u00fablico, y poder abusar de su influencia y autoridad en los conflictos econ\u00f3micos (QA.108).<\/p>\n<p><em>An\u00e1lisis \u00e9tico: estructuras de pecado<\/em><\/p>\n<p>Acerca de este tema es importante hacer una reflexi\u00f3n sobre el pensamiento del Papa Juan Pablo II tal como lo expo\u00adne en la enc\u00edclica Solicitudo rei socialis.<\/p>\n<p>El Papa comienza su an\u00e1lisis con esta constataci\u00f3n: <em>No se ha producido el desarrollo que se esperaba. Y las razones de este fracaso son de tipo econ\u00f3mico y de tipo pol\u00edtico. Sin embargo estos motivos no explican suficientemente el fraca\u00adso. Es necesario investigar e indagar las causas de orden moral. Porque tanto las decisiones econ\u00f3micas como las pol\u00ed\u00adticas dependen, para la superaci\u00f3n de las dificultades, de decisiones que son esencialmente morales <\/em>(SRS. 35).<\/p>\n<p>Los impedimentos que se han opuesto al desarrollo se han manifestado en la existencia real de varias formas de imperialismo que ha dividido el mundo en bloques presidi\u00addos por ideolog\u00edas r\u00edgidas. Esto supone la existencia de estructuras de pecado porque es una serie de factores que act\u00faan contra el bien com\u00fan. Pero estos factores no son abs\u00adtractos, sino hechos concretos realizados por personas parti\u00adculares. Y estos hechos brotan del egoismo, de la estrechez de miras, de decisiones econ\u00f3micas imprudentes y de c\u00e1lcu\u00adlos pol\u00edticos err\u00f3neos. Y todas esas actitudes encierran un contenido \u00e9tico y moral de signo negativo. Ah\u00ed est\u00e1 la base y ra\u00edz de lo que se llama \u00abestructuras injustas\u00bb.<\/p>\n<p>Al analizar la realidad social, que es eminentemente humana, hay que superar la cr\u00edtica socio-pol\u00edtica y econ\u00f3mi\u00adca, y llegar al an\u00e1lisis moral. Porque si se prescinde de este aspecto y se olvida al pr\u00f3jimo y a Dios, no solo se ofende a ambos por el hecho mismo de ese olvido, sino que se intro\u00adducen condicionamientos interesados y ego\u00edstas, que van mucho m\u00e1s all\u00e1 de los actos particulares y son causa de situaciones negativas que llegan a afectar, incluso, al des\u00adarrollo de numerosos pueblos.<\/p>\n<p>En el fondo de esta situaci\u00f3n hay dos criterios de acci\u00f3n que tienen un car\u00e1cter negativo: <em>el af\u00e1n \u00fanico de ganancia y la sed de poder. <\/em>Ambas cosas significan la absolutizaci\u00f3n de intereses meramente humanos y la negaci\u00f3n del orden \u00e9tico-social.<\/p>\n<p>Planteado as\u00ed el problema, se aprecia que la ra\u00edz de las diferencias entre los hombres y los grupos no es solo de tipo social, econ\u00f3mico o pol\u00edtico, sino de orden \u00e9tico y, en conse\u00adcuencia, el remedio a este mal debe buscarse en el cambio de actitudes \u00e9ticas. Solo es posible la reforma y transformaci\u00f3n de las estructuras sociales y econ\u00f3micas mediante la previa modificaci\u00f3n de las actitudes de las personas concretas.<\/p>\n<p><em>Soluciones que propone la Iglesia<\/em><\/p>\n<p>Por eso, la soluci\u00f3n que propone el Papa es doble:<\/p>\n<p>1\u00b0. El cambio de actitudes espirituales y humanas que definen las relaciones entre las personas y los pueblos en fun\u00adci\u00f3n de valores superiores, como el derecho de toda persona a una vida digna, el bien com\u00fan, el verdadero concepto de \u00abdes\u00adarrollo personal\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>2\u00b0. La conciencia activa de la solidaridad, <em>que es la determinaci\u00f3n firme y perseverante de emplearse en el bien com\u00fan y que se funda en la firme convicci\u00f3n de que lo que frena el desarrollo es el af\u00e1n de ganancia y la ambici\u00f3n de poder.<\/em><\/p>\n<p><em>Una soluci\u00f3n falsa: la lucha de clases<\/em><\/p>\n<p>El m\u00e9todo marxista para llegar a la igualdad de las clases sociales afirma que es necesario hacer desaparecer una <em>de <\/em>ellas, la capitalista, mediante la lucha de clases. Implica la violencia f\u00edsica y la negaci\u00f3n total de los derechos de la otra parte. Pero ya Le\u00f3n XIII advirti\u00f3 que <em>para solucionar estos males, los socialistas, atizando el odio de los indigentes con\u00adtra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada.. pero esta medida es tan inadecuada que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras <\/em>(RN.2).<\/p>\n<p>Es evidente que Le\u00f3n XIII se refer\u00eda al socialismo mar\u00adxista y a los terroristas anarquistas de aquel tiempo que pre\u00adtend\u00edan suprimir la propiedad privada de cualquier forma, como medio para eliminar la clase social de los burgueses.<\/p>\n<p>El mismo Papa explica que <em>el mal capital en la cuesti\u00f3n que estamos tratando, es suponer que una clase social sea espont\u00e1neamente enemiga de la otra, corro si la naturaleza hubiera dispuesto a los ricos y a los pobres para combatirse perpetuamente en continuo duelo <\/em>(RN.14).<\/p>\n<p>Cuando P\u00edo XI public\u00f3 la enc\u00edclica Quadragesimo anno, el socialismo hab\u00eda experimentado una notable evoluci\u00f3n. Si desde el comienzo de la Internacional, el socialismo hab\u00eda permanecido sustancialmente unido, el debate sobre la funci\u00f3n de la democracia y el Estado para edificar el socialismo, y el deba\u00adte sobre la primera guerra mundial llev\u00f3 al socialismo a una rup\u00adtura que, a partir de la revoluci\u00f3n de octubre, se hizo definitiva y radical. Desde 1917, ya no hab\u00eda un socialismo \u00fanico; \u00e9ste se hab\u00eda escindido en dos, el socialismo moderado o democr\u00e1tico y el radical o comunismo.<\/p>\n<p>Esto explica que P\u00edo XI dijera que <em>uno de esos bloques del socialismo&#8230; fue a dar en el comunismo que ense\u00f1a, recu\u00adrriendo a todos los medios, a\u00fan los m\u00e1s violentos, la encarni\u00adzada lucha de clases y la total abolici\u00f3n de la propiedad pri\u00advada. Para lograr estas dos cosas no hay nada que no inten\u00adte, nada que lo detenga, y con el poder en sus manos es inde\u00adcible y hasta monstruoso lo atroz e inhumano que se muestra <\/em>(QA.112).<\/p>\n<p>Pero el concepto cl\u00e1sico marxista de la lucha de clases ha experimentado una notable evoluci\u00f3n en dos aspectos: en lo que se refiere al concepto de lucha y en lo que se refiere al concepto de clase.<\/p>\n<p><em>La conflictividad social<\/em><\/p>\n<p>Acerca del primer aspecto, baste recordar lo escrito por Juan Pablo II. <em>El Papa Le\u00f3n XIII, ciertamente no pretend\u00eda condenar todas y cada una de las formas de conflictividad social; la Iglesia sabe muy bien que, a lo largo de la historia, surgen inevitablemente conflictos de intereses entre los diver\u00adsos grupos sociales y que, frente a ellos, el cristiano, no pocas veces, debe pronunciarse con coherencia y decisi\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, en la enc\u00edclica Laborem exercens se ha reco\u00adnocido claramente el papel positivo del conflicto cuando se configura como lucha por la justicia social. Ya en la QA, se dec\u00eda que cuando la lucha de clases se abstiene de los actos de violencia y de odio rec\u00edprocos se transforma poco a poco en una discusi\u00f3n honesta, fundada en la b\u00fasqueda de la jus\u00adticia. Lo que se condena en la lucha de clases es la idea de un conflicto que no est\u00e9 limitado por consideraciones de car\u00e1cter \u00e9tico o jur\u00eddico, que se niega a respetar la dignidad de la persona del otro y que excluye un acuerdo razonable <\/em>(CA.14).<\/p>\n<p><em>Las nuevas clases sociales<\/em><\/p>\n<p>En cuanto al segundo aspecto, el concepto de clase social ha tomado una nueva dimensi\u00f3n tanto a nivel nacional como a nivel internacional.<\/p>\n<p>1\u00ba <em>A nivel nacional <\/em>han aparecido dos nuevas clases sociales: los inmigrantes y ciertas minor\u00edas de tipo racial o religioso.<\/p>\n<p>Se dice que los inmigrantes deben integrarse en la socie\u00addad que los recibe. Pero la integraci\u00f3n supone que el grupo social al que llegan los acoja, es decir, los reciba bien, los trate con afecto, los acepte con su cultura y sus modos de ser y, sobre todo, les garantice los derechos y les ayude en el pro\u00adceso de adaptaci\u00f3n a su nueva forma de vida. La integraci\u00f3n no es absorci\u00f3n de los individuos y su cultura, la integraci\u00f3n exige el respeto a las diferencias para que sea posible la con\u00advivencia pac\u00edfica de diversas formas raciales o culturales.<\/p>\n<p>No parece justo considerar al inmigrante solamente bajo el punto de vista econ\u00f3mico; el inmigrante es, por encima de todo, una persona y como tal debe realizarse; y esto requiere que se le reconozcan todos los derechos humanos, sociales, laborales y culturales. De todas formas, tambi\u00e9n hay que reco\u00adnocerles todos los derechos como trabajadores y en este sen\u00adtido los sindicatos deber\u00edan tomar parte activa en la defensa de los inmigrantes para evitar toda forma de discriminaci\u00f3n socio-laboral y denunciar los abusos y formas de cuasi-escla\u00advitud a que se ven sometidas muchas personas.<\/p>\n<p>Acerca de los inmigrantes llamados <em>ilegales, <\/em>conviene recordar que necesitas caret lege, es decir, la necesidad no tiene ley o est\u00e1 por encima de la ley. Y esos inmigrantes ni pueden ni deben ser considerados como delincuentes. Son personas que act\u00faan as\u00ed impulsadas por la necesidad de sub\u00adsistir y es necesario, de justicia, ayudarlos.<\/p>\n<p>Es evidente que se debe regular el flujo migratorio. Pero regular no significa enviar de nuevo a su pa\u00eds de origen. Esto es, m\u00e1s bien, una crueldad inhumana y dar un trato injusto e indigno a una persona sumida en una necesidad extrema. <em>Regular significa otorgar un estatuto jur\u00eddico estable que garantice los derechos fundamentales y asegure la satis\u00adfacci\u00f3n de las necesidades primarias, como la salud, la vivienda y el trabajo.<\/em><\/p>\n<p>La doctrina de la Iglesia a este respecto es clara. Juan XXIII dice que <em>ha de respetarse \u00edntegramente tambi\u00e9n el derecho de cada hombre a conservar o cambiar su residencia dentro de los l\u00edmites geogr\u00e1ficos de su pa\u00eds; m\u00e1s a\u00fan, es nece\u00adsario que le sea l\u00edcito, cuando lo aconsejen justos motivos, a emigrar a otros pa\u00edses y fijar all\u00ed su domicilio <\/em>(PT.25).<\/p>\n<p>Juan Pablo II tambi\u00e9n ha afirmado que <em>el hombre tiene derecho a abandonar su pa\u00eds de origen y buscar mejores con\u00addiciones de vida en otro pa\u00eds <\/em>(LE.2,3).<\/p>\n<p>Los fen\u00f3menos migratorios, dice Juan Pablo II, <em>son un mal necesario y una p\u00e9rdida para el pa\u00eds del que emigran. <\/em>Sin embargo, <em>en muchas ocasiones, son el \u00fanico remedio para conseguir una subsistencia digna mediante el trabajo <\/em>(cfr. LE.23).<\/p>\n<p>Esta presi\u00f3n migratoria afecta especialmente a los pa\u00edses subdesarrollados. Por eso, el Papa Pablo VI afirma que los <em>hombres consideran injustificable <\/em>y <em>rechazan como inadmisi\u00adble la tendencia a mantener o introducir una legislaci\u00f3n que se inspira por sistema en prejuicios racistas; los miembros de la humanidad participan de la misma naturaleza y por consi\u00adguiente de la misma dignidad, de los mismos derechos y de las mismas obligaciones&#8230; Pensamos tambi\u00e9n en la precaria situaci\u00f3n de gran n\u00famero de trabajadores emigrados cuya condici\u00f3n de extranjeros hace tanto m\u00e1s dif\u00edcil toda reivindi\u00adcaci\u00f3n social <\/em>(OA. 16.17).<\/p>\n<p>El mismo Papa asegura que <em>la misma acogida debe ofre\u00adcerse a los trabajadores inmigrados, que viven muchas veces en condiciones infrahumanas, ahorrando de su salario para sostener a sus familias que se encuentran en la miseria en su pa\u00eds natal <\/em>(PP.69).<\/p>\n<p>Este derecho debe ser reconocido por la legislaci\u00f3n de los diversos pa\u00edses, pues es realmente un derecho natural.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 Pablo VI que <em>con relaci\u00f3n a los trabajadores inmi\u00adgrados es urgente superar una actitud estrictamente naciona\u00adlista, con el fin de crear en su favor una legislaci\u00f3n que reco\u00adnozca el derecho a la emigraci\u00f3n, favorezca su integraci\u00f3n, facilite su formaci\u00f3n profesional y les permita el acceso a un alojamiento decente donde pueda venir, si es posible, su fami\u00adlia <\/em>(0A.17).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el Papa Juan Pablo II dice que <em>en este sector, much\u00edsimo depende de una justa legislaci\u00f3n, en particular cuando se trata de los derechos del hombre dedicado al tra\u00adbajo <\/em>(LE.23).<\/p>\n<p>A pesar de todo esto, vemos como en muchos pa\u00edses se ponen trabas y dificultades legales que recortan este derecho. Y en bastantes ocasiones se realizan actos injustamente agre\u00adsivos, por parte de individuos o agrupaciones, para hacer imposible a los inmigrantes una vida normal de integraci\u00f3n y trabajo.<\/p>\n<p>Acerca de <em>las minor\u00edas \u00e9tnicas y religiosas, <\/em>es conocida de sobra la triste realidad de Ruanda (hutus y tutsis), Sry Lanka (tamiles y cingaleses), Argelia (integristas y musulma\u00adnes), Pakist\u00e1n (musulmanes e hind\u00faes), Balkanes (serbios, croatas, bosnios y albano-kosovares), Turquia (kurdos y tur\u00adcos), Irak (kurdos y chiitas), etc.<\/p>\n<p>Es evidente, como explic\u00f3 Juan XXIII, que <em>todo lo que se haga para reprimir la vitalidad de las minor\u00edas \u00e9tnicas viola gravemente los deberes de la justicia y es mucho m\u00e1s grave si estos criminales atentados van dirigidos al aniquilamiento de una raza <\/em>(PT. 95).<\/p>\n<p>El 9 de diciembre de 1948, la Asamblea General de Naciones Unidas suscribi\u00f3 un Convenio para la proscripci\u00f3n del genocidio. Sin embargo el problema no se ha resuelto. No obstante, en los \u00faltimos a\u00f1os se han creado por el Consejo de Seguridad de la ONU, dos tribunales para juzgar los cr\u00edmenes cometidos en Ruanda y en la antigua Yugoslavia. Y est\u00e1 en tr\u00e1mite la creaci\u00f3n de un Tribunal Penal Internacional.<\/p>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n es cierto que en muchas ocasiones, estos grupos minoritarios <em>propenden a exaltar m\u00e1s de lo debi\u00addo sus caracter\u00edsticas raciales propias, hasta el punto de anteponerlas a los valores comunes propios de todos los hom\u00adbres, como si el bien de la familia humana hubiese de subor\u00addinarse al bien de una estirpe <\/em>(PT.97).<\/p>\n<p>De aqu\u00ed ha nacido que estos grupos minoritarios se orga\u00adnicen como agrupaciones pretendidamente nacionalistas y recurran a m\u00e9todos violentos para imponer sus criterios y uti\u00adlicen la violencia terrorista como medio de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sobre este fen\u00f3meno ha sido bien claro Juan Pablo II. <em>El fen\u00f3meno del terrorismo, entendido como el prop\u00f3sito de matar y destruir indistintamente hombres y bienes y crear un clima de inseguridad y terror; a menudo incluso con la captu\u00adra de rehenes, nunca es justificable <\/em>(SRS.24). Y este mismo Papa, en su visita a Irlanda dijo: <em>Quiero hoy unir mi voz a la de Pablo VI, mi predecesor; a las voces de vuestros jefes reli\u00adgiosos y a las voces de todos los hombres y mujeres sensatos, para proclamar; con la convicci\u00f3n de mi fe en Cristo y con la conciencia de mi misi\u00f3n, que <strong>la violencia es un mal, <\/strong>que la violencia <strong>es injustificable <\/strong>como soluci\u00f3n de los problemas, que la violencia <strong>es indigna del hombre. <\/strong>La violencia <strong>es una mentira, <\/strong>porque va en contra de la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad. <strong>La violencia destruye lo que pretende edificar: <\/strong>la dignidad, la vida, la libertad del ser humano<\/em><\/p>\n<p><em>2\u00b0) A nivel internacional, <\/em>como afirma Juan Pablo II, la primera constataci\u00f3n negativa que se debe hacer es la persis\u00adtencia y a veces alargamiento del abismo entre las \u00e1reas del llamado Norte desarrollado y el Sur en v\u00edas de desarrollo (SRS.14,21).<\/p>\n<p>Esta divisi\u00f3n del mundo en dos bloques tiene un sentido social y econ\u00f3mico; el mundo de la opulencia, la sociedad de consumo y el mundo de la miseria y el hambre. Pero tiene tambi\u00e9n un sentido pol\u00edtico porque los pa\u00edses del Norte se han repartido los pa\u00edses del Sur en zonas de influencia sobre las que ejercen un verdadero neoimperialismo econ\u00f3mico, ideo\u00adl\u00f3gico y pol\u00edtico (SRS.20).<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n creada es grave pues <em>es inevitable que la con\u00adtraposici\u00f3n ideol\u00f3gica, al desarrollar sistemas y centros antag\u00f3nicos de poder, con sus formas de propaganda y doc\u00adtrina, se convierta en una creciente contraposici\u00f3n militar, dando origen a dos bloques de potencias armadas, cada uno desconfiado y temeroso del prevalecer ajeno <\/em>(SRS.20).<\/p>\n<p>s\u00ed se ha provocado una serie de conflictos revoluciona\u00adrios de tipo b\u00e9lico que han causado enormes ruinas econ\u00f3mi\u00adcas y sociales. El empleo de gran parte de los recursos econ\u00f3\u00admicos en la compra de armas y el sostenimiento de ej\u00e9rcitos ha producido m\u00e1s pobreza de la que trataba de remediar.<\/p>\n<p>Juan Pablo II ha dicho, sobre esto, que <em>si la producci\u00f3n de armas es un grave desorden&#8230; respecto a las verdaderas nece\u00adsidades de los hombres y al uso de los medios para satisfa\u00adcerlas, no lo es menos el comercio de las armas. M\u00e1s a\u00fan: a prop\u00f3sito de esto es preciso a\u00f1adir que el juicio moral es todav\u00eda m\u00e1s severo <\/em>(SRS.24).<\/p>\n<p>Anselmo Salamero<\/p>\n<p>La Milagrosa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>IGUALDAD DE TODOS LOS HOMBRES La igualdad social es una manifestaci\u00f3n de la justicia y de la libertad, y expresa al mismo tiempo que orienta la configu\u00adraci\u00f3n social del mundo actual. 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