{"id":403151,"date":"2020-11-11T08:15:00","date_gmt":"2020-11-11T07:15:00","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403151"},"modified":"2020-11-04T10:16:15","modified_gmt":"2020-11-04T09:16:15","slug":"doctrina-social-de-la-iglesia-ii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/doctrina-social-de-la-iglesia-ii\/","title":{"rendered":"Doctrina Social de la Iglesia (II)"},"content":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO II: DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA<\/p>\n<p>Toda la ense\u00f1anza social de la Iglesia tiene como base y fundamento la dignidad de la persona humana. Como dijo Juan XXIII, <em>de este transcendental principio&#8230; la Iglesia ha deducido, principalmente en este siglo, una luminosa doctri\u00adna social <\/em>(MM.220)<\/p>\n<p>Esta idea se apoya en una doble consideraci\u00f3n: el orden natural expresado en el mismo ser del hombre en cuanto tal, y en el orden de la revelaci\u00f3n de Dios, contenido en la Sagrada Escritura. Es decir, en la antropolog\u00eda y en la teolo\u00adg\u00eda.<\/p>\n<p><em>Aspectos antropol\u00f3gicos.<\/em><\/p>\n<p>La ciencia sobre el hombre que profesa la Iglesia arranca de la filosof\u00eda griega, pero ha evolucionado a lo largo de los siglos y se ha perfeccionado con las aportaciones de la filoso\u00adf\u00eda, la psicolog\u00eda, la sociolog\u00eda y otras ciencias humanas.<\/p>\n<ol>\n<li><em> El hombre, compendio del universo.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>La Iglesia afirma que el hombre es un ser que compendia toda la naturaleza creada: material, vegetal y animal. El ser humano est\u00e1 formado por elementos materiales (\u00e1tomos y mol\u00e9culas), por elementos vegetativos (nace, crece, se ali\u00admenta, se reproduce&#8230;), por elementos de la vida animal (sien\u00adte, se mueve localmente, reacciona ante est\u00edmulos&#8230;). Pero todos estos aspectos son superados por su capacidad racional, por su facultad de manifestar sus pensamientos mediante la palabra y por su continuo perfeccionamiento humano, cultu\u00adral, cient\u00edfico y t\u00e9cnico.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos generales, afirm\u00f3 P\u00edo XI: <em>Todo hombre es persona, con dotes de cuerpo y esp\u00edritu, un verdadero micro\u00adcosmos, como dec\u00edan los antiguos, que supera de forma extraordinaria a todo el mundo inanimado\u00bb <\/em>(DR. 27).<\/p>\n<p>Esta doctrina fue recogida por el Concilio Vaticano II al decir que <em>en la unidad de cuerpo y alma, el hombre, por su condici\u00f3n misma corporal, es una s\u00edntesis del universo mate\u00adrial, el cual alcanza, por medio del hombre, su m\u00e1s alta cima <\/em>(GS.24 ) <em>y, <\/em>por eso, <em>no se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el universo material al considerarse no como una part\u00edcula de la naturaleza o como un elemento an\u00f3nimo de la sociedad <\/em>(GS.14).<\/p>\n<p><em>Inteligencia y progreso<\/em><\/p>\n<p>La inteligencia y la capacidad para el progreso son cuali\u00addades \u00fanicas en el hombre y, como record\u00f3 Le\u00f3n XIII, <em>lo que hace que el hombre sea lo que es, es la raz\u00f3n o inteligencia, pues es el \u00fanico animal dotado de raz\u00f3n <\/em>(RN.4).<\/p>\n<p>Pero adem\u00e1s, como afirma Juan XXIII, <em>el progreso cien\u00adt\u00edfico y los adelantos t\u00e9cnicos ense\u00f1an claramente que en los seres vivos y en las fuerzas naturales impera un orden mara\u00advilloso y que, al mismo tiempo, el hombre posee una intr\u00ednse\u00adca dignidad, por virtud de la cual puede descubrir ese orden y forjar los instrumentos adecuados para adue\u00f1arse de esas mismas fuerzas y ponerlas a su servicio <\/em>(PT.2). <em>Esto demues\u00adtra que el hombre, por virtud de su inteligencia es superior al universo material <\/em>(GS.15).<\/p>\n<p><em>El trabajo.<\/em><\/p>\n<p>Este dominio sobre la naturaleza y el perfeccionamiento t\u00e9cnico que es posible por la inteligencia, lo hace el hombre efectivo mediante su trabajo (cfr. LE.1). Por eso se debe entender, como ense\u00f1a Juan Pablo II, <em>que el trabajo constituye una dimensi\u00f3n fundamental de la existencia del hombre <\/em>(LE.4), el cual est\u00e1 destinado y llamado al trabajo, <em>por lo que el trabajo est\u00e1 en funci\u00f3n del hombre y no el hombre en fun\u00adci\u00f3n del trabajo <\/em>(cfr. LE.6,6). <em>Por esto el trabajo es un bien para el hombre, pues no solo transforma la naturaleza y la adapta a sus necesidades, sino que se realiza a s\u00ed mismo y en cierto modo se hace m\u00e1s hombre <\/em>(LE.9,3).<\/p>\n<p>Acerca de los cambios profundos y acelerados que el hombre ha realizado con su inteligencia, su dinamismo inte\u00adrior y su trabajo, el Concilio Vaticano II hizo una larga e importante reflexi\u00f3n (GS.4-7).<\/p>\n<p><em>Unidad de la persona<\/em><\/p>\n<p>Al hablar de la persona humana no se puede hacer como si fuese una yuxtaposici\u00f3n, m\u00e1s o menos ordenada, de muchos elementos (f\u00edsicos, qu\u00edmicos, biol\u00f3gicos, racionales). La persona es mucho m\u00e1s que una simple suma de elementos: es unidad, es integraci\u00f3n de todos esos elementos en una superior <em>unidad psicosom\u00e1tica.<\/em><\/p>\n<p>P\u00edo XII profundiz\u00f3 en la reflexi\u00f3n sobre el hombre y afir\u00adm\u00f3 que \u00e9ste <em>es una unidad y un todo ordenado, una especie de estado cuya ley fundamental, determinada por el fin del todo, subordina a este mismo fin la actividad de las partes seg\u00fan el verdadero orden de su valor y de su funci\u00f3n. En otra ocasi\u00f3n dijo que el individuo, en cuanto unidad total indivisi\u00adble, constituye el centro \u00fanico y universal de ser y de acci\u00f3n, un yo que se posee y dispone de s\u00ed mismo.<\/em><\/p>\n<p>Pablo VI, al exponer la relaci\u00f3n entre la persona y el des\u00adarrollo, entiende que \u00e9ste debe estar en funci\u00f3n de la persona, pues es el ser y no el tener lo que determina la perfecci\u00f3n de la persona humana y \u00e9sta debe adaptarse a una escala de valo\u00adres morales (PP.18-21).<\/p>\n<p>Juan Pablo II tambi\u00e9n ha considerado este aspecto y, aun\u00adque reconoce que <em>el desarrollo tiene una necesaria dimensi\u00f3n econ\u00f3mica, sin embargo no se agota con esta dimensi\u00f3n <\/em>(SRS.28), sino que debe tener en cuenta la altura de la aut\u00e9n\u00adtica vocaci\u00f3n humana <em>a ser m\u00e1s <\/em>(SRS.28-29).<\/p>\n<p><em>Libertad y conciencia<\/em><\/p>\n<p>El hombre tiene otras cualidades que realzan de modo admirable su especial dignidad. Goza de libertad y libre albe\u00addr\u00edo (PT.9; GS.17). Adem\u00e1s, no solo tiene <em>conciencia psico\u00adl\u00f3gica, <\/em>por la que se da cuenta y es consciente de los actos que realiza, sino que tambi\u00e9n tiene <em>conciencia moral <\/em>por la que es capaz de escuchar en su interior una voz que le indica su deber de amar y practicar el bien y de buscar la verdad y, en general, le capacita para ordenar una jerarqu\u00eda de valores en torno a la cual organizar su vida y su actividad (GS.16).<\/p>\n<p><em>Sociabilidad<\/em><\/p>\n<p>El hombre no es un ser <em>cerrado sobre s\u00ed mismo, es socia\u00adble por su propia naturaleza <\/em>(PT.31, GS.24), por eso habla, se comunica con otras personas y se une a ellas para el tra\u00adbajo o la convivencia. Precisamente <em>una de las notas carac\u00adter\u00edsticas de nuestra \u00e9poca es el incremento de las relacio\u00adnes sociales, o sea, la progresiva multiplicaci\u00f3n de las relaciones de convivencia, con la formaci\u00f3n consiguiente de mucha formas de vida asociada <\/em>(MM.59).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La manifestaci\u00f3n primaria de este sociabilidad, su estruc\u00adtura fundamental, es la familia (CA.39), donde se aprende la convivencia en el amor (GS.48).<\/p>\n<p>Las personas, las familias y, en general, los pueblos orga\u00adnizan y regulan la convivencia pac\u00edfica mediante instituciones que se llaman pol\u00edticas: el Estado es la suprema instituci\u00f3n pol\u00edtica cuya finalidad esencial es buscar el bien com\u00fan y tutelar los derechos y libertades de los ciudadanos (PT.54 ; CA.11,b).<\/p>\n<p><em>La persona superior al Estado<\/em><\/p>\n<p>Para la Iglesia es evidente que el hombre, en cuanto racio\u00adnal y sociable, es quien crea el Estado, organiza sus institu\u00adciones, legitima su autoridad y el ejercicio de la misma, y regula la convivencia mediante normas jur\u00eddicas que deben orientarse por principios morales o \u00e9ticos (PT.52). Pio XII ense\u00f1\u00f3 que <em>es necesario que el orden jur\u00eddico se sienta de nuevo ligado al orden moral, sin permitirse traspasar los l\u00edmites de \u00e9ste.<\/em><\/p>\n<p>Ya P\u00edo XI afirm\u00f3 que <em>el Estado es para el hombre y no el hombre para el Estado, pues solo el hombre y no la sociedad civil est\u00e1 dotado de raz\u00f3n y voluntad libren.\u00a0 <\/em>Porque <em>el hom\u00adbre como persona tiene derechos recibidos de Dios, que han de ser defendidos contra cualquier ataque de la comunidad que pretenda negarlos, abolirlos o impedir su ejercicio. Porque el Estado, como tutor del derecho tiene su origen pr\u00f3\u00adximo y su fin en el hombre completo, en la persona humana, imagen de Dios.<\/em><\/p>\n<p><em>Aspectos teol\u00f3gicos.<\/em><\/p>\n<p>Para la Iglesia, la revelaci\u00f3n es la confirmaci\u00f3n m\u00e1s plena de los conceptos naturales y del pensamiento racional que explican la dignidad humana. La fe ilumina esa realidad con una perspectiva sobrenatural que realza todos esos valores y a\u00f1ade otros nuevos.<\/p>\n<p>As\u00ed lo afirma Juan Pablo II al decir que <em>la Iglesia conoce el sentido del hombre gracias a la revelaci\u00f3n divina. Por eso la antropolog\u00eda cristiana es un cap\u00edtulo de la teolog\u00eda y por esta misma raz\u00f3n la doctrina social de la Iglesia pertenece al campo de la teolog\u00eda. La dimensi\u00f3n teol\u00f3gica se hace nece\u00adsaria para interpretar y resolver los actuales problemas de la convivencia humana <\/em>(CA. 55).<\/p>\n<ol>\n<li><em> El hombre, imagen de Dios.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>La raz\u00f3n \u00faltima de la dignidad de la persona humana es que ha sido creada por Dios a su imagen y semejanza (Gen.1,26). Esta imagen se manifiesta de dos formas: <em>natural, <\/em>por la capacidad de pensar y amar, por la libertad y por la facultad de convivir con otras personas; <em>sobrenatural, <\/em>por la gracia, que hace a la persona part\u00edcipe de la naturaleza divina (2 Ped.1,4).<\/p>\n<p>El Papa Le\u00f3n XIII record\u00f3 que <em>el hombre lleva impresa la imagen y semejanza de Dios <\/em>(RN.30). <em>Juan <\/em>XXIII repiti\u00f3 la misma idea al afirmar <em>la dignidad del hombre como ser creado por Dios y dotado de alma hecha a imagen divina <\/em>(MM.249) Y en otra enc\u00edclica explic\u00f3 que <em>Dios cre\u00f3 al hom\u00adbre a su imagen y semejanza, le dot\u00f3 de inteligencia y liber\u00adtad y le constituy\u00f3 se\u00f1or del universo <\/em>(PT.3).<\/p>\n<p>Juan Pablo II tambi\u00e9n ense\u00f1a que <em>hay que tener presente que lo que constituye la trama de toda la doctrina social de la <\/em><em>Iglesia es la correcta concepci\u00f3n de la persona humana y su valor \u00fanico, porque el hombre en la tierra es la sola creatura que Dios ha querido por s\u00ed misma. En \u00e9l ha impreso su ima\u00adgen y semejanza confiri\u00e9ndole una dignidad incomparable <\/em>(CA.11).<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II ha recogido toda esta ense\u00f1anza sobre el hombre. Afirma que la Biblia nos ense\u00f1a que el hom\u00adbre ha sido creado a imagen de Dios, con capacidad para cono\u00adcer y amar a su Creador y que por Dios ha sido constituido se\u00f1or de la creaci\u00f3n visible para gobernarla y usarla, glorifi\u00adcando a Dios (GS.12,3).<\/p>\n<p>La capacidad humana para conocer a Dios es el origen del fen\u00f3meno exclusivamente humano, de la religiosidad. El hombre, al contemplar la belleza, armon\u00eda y leyes del univer\u00adso y de las fuerzas naturales llega al conocimiento de Dios como ser supremo que est\u00e1 por encima de todo y lo gobierna todo con su sabidur\u00eda y su poder; y, por eso, le rinde culto y adoraci\u00f3n. El esp\u00edritu y sentido religioso es tan propio del hombre que se da en todos los pueblos de la tierra. La nega\u00adci\u00f3n de Dios y la oposici\u00f3n a la religiosidad son una anoma\u00adl\u00eda del esp\u00edritu, como la enfermedad es una anormalidad del organismo.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><em> El hombre, redimido por Cristo.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>Hay otro aspecto que recuerda Juan XXIII. Si <em>considera\u00admos la dignidad de la persona humana a la luz de las verda\u00addes reveladas por Dios, hemos de valorar necesariamente en mayor grado a\u00fan esa dignidad, porque los hombres han sido redimidos con la sangre de Cristo, hechos hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de su gloria eter\u00adna <\/em>(PT.10).<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><em> La naturaleza humana, asumida por Cristo.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>El Concilio ha profundizado m\u00e1s y ense\u00f1a que <em>en Cristo, la naturaleza humana asumida ha sido elevada tambi\u00e9n en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios, con su encar\u00adnaci\u00f3n, se ha unido en cierto modo con todo hombre. Trabaj\u00f3 con manos de hombre, pens\u00f3 con inteligencia de hombre, obr\u00f3 con voluntad de hombre, am\u00f3 con coraz\u00f3n de hombre. Nacido de la Virgen Maria se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros excepto en el pecado&#8230; Por medio de su Esp\u00edritu se restaura internamente todo el hombre y, asociado al misterio pascual, llegar\u00e1 a la resu\u00adrrecci\u00f3n. Y esto vale no solamente para los cristianos, sino tambi\u00e9n para todos los hombres de buena voluntad en cuyo coraz\u00f3n obra la gracia de modo invisible <\/em>(GS.22).<\/p>\n<p>El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, publicado en 1992, expone con amplitud toda la doctrina acerca de la dignidad del hombre y de la mujer (nn.355-373) y de la persona huma\u00adna (nn.1700-1709).<\/p>\n<p><em>Aspecto sociol\u00f3gico.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li><em> La dignidad humana.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>La dignidad humana es una cualidad de cada persona indi\u00advidual que brota de su propia naturaleza, inteligente, libre, sociable e imagen de Dios, por lo que se le debe un especial respeto, es decir, miramiento, atenci\u00f3n y deferencia, que debe manifestarse concretamente en el trato, tanto de pensamiento y de palabra como de obra. Este respeto deben manifestarlo las personas, las instituciones del Estado y cualquier otro grupo publico oyrivado (Cfr. Catecismo&#8230;, nn.1929-1933).<\/p>\n<p>A esta dignidad esencial, que es igual en todas las perso\u00adnas, se a\u00f1ade muchas veces una dignidad accidental y extr\u00ednseca que adquieren algunas personas, sea por la especial fun\u00adci\u00f3n que desempe\u00f1an en la sociedad, sea por tener algunas cualidades o valores excelentes, tanto en el aspecto moral, como en cualquier otro aspecto (humano, cultural, art\u00edstico, deportivo, etc.). Esta dignidad extr\u00ednseca puede llamarse pres\u00adtigio y es la raz\u00f3n de ciertas diferencias sociales leg\u00edtimas.<\/p>\n<p>La dignidad esencial de la persona es una cualidad tan absoluta y universal que no existe ninguna raz\u00f3n capaz de anularla, ni siquiera de disminuirla. Cualquier tipo de margi\u00adnaci\u00f3n social que implique menosprecio o negaci\u00f3n de la dig\u00adnidad de la persona es una injuria que atenta contra lo m\u00e1s sagrado del individuo, <em>porque el alma lleva grabada la ima\u00adgen y semejanza de Dios que hace iguales a todos los hom\u00adbres, y nada hay que determine diferencias entre ricos y pobres <\/em>(RN.30).<\/p>\n<p>Todo esto es tan claro que la Declaraci\u00f3n de Derechos Humanos de la ONU afirma que el <em>reconocimiento de la dig\u00adnidad inherente a todo miembro de la familia humana y de sus derechos, iguales e inalienables, constituye el fundamento de la libertad, de la justicia y de la paz en el mundo <\/em>(Pre\u00e1mbulo).<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><em> La indignidad.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>Un problema especialmente delicado es el hecho de la indignidad personal. Puede decirse que es una cualidad nega\u00adtiva que afecta al individuo que por sus actitudes o sus com\u00adportamientos sociales pierde el afecto de los dem\u00e1s, es margi\u00adnado socialmente y, a veces, castigado por los jueces de acuerdo con la ley.<\/p>\n<p>Estas personas, a pesar de todo, nunca pierden su dignidad humana esencial y tienen derecho a un trato digno. Todo delincuente debe ser considerado siempre como un ser huma\u00adno, imagen de Dios, aunque esta imagen est\u00e9 deteriorada por actos delictivos o pecaminosos.<\/p>\n<p>Ante una obra art\u00edstica natural da\u00f1ada por el paso del tiempo o por cualquier otra causa, se busca un restaurador que, con su paciente trabajo, haga que la obra da\u00f1ada recobre su primitivo esplendor; es un trabajo largo y costoso pero todo el mundo se alegra al contemplar la obra restaurada. Pues, con mayor raz\u00f3n, hay que hacer que la dignidad de la persona, da\u00f1ada por su mala conducta, sea restaurada y rein\u00adtegrada en la sociedad.<\/p>\n<p>La Iglesia, cuya suprema ley es la salvaci\u00f3n de las almas (can.1752), entiende que las penas que se imponen al delin\u00adcuente son, ante todo, de car\u00e1cter medicinal, es decir, preten\u00adden la correcci\u00f3n y rehabilitaci\u00f3n del delincuente; las penas llamadas expiatorias buscan, adem\u00e1s, la reparaci\u00f3n del da\u00f1o causado (can.1312).<\/p>\n<p>Por eso, las penas o castigos que se imponen deben ser siempre seg\u00fan justicia y <em>en ning\u00fan caso y bajo ning\u00fan pre\u00adtexto pueden imponerse penas degradantes o torturas que no respetan la dignidad de la persona humanal.<\/em><\/p>\n<p>Como acabamos de ver, todo lo referente a la dignidad humana tiene su apoyo y legitimaci\u00f3n en la antropolog\u00eda. <em>Las ciencias humanas y la filosof\u00eda ayudan a interpretar la centralidad del hombre en la sociedad y hace capaz de entender\u00adse mejor a s\u00ed mismo como ser social <\/em>(CA.54).<\/p>\n<p>Pero la base \u00faltima y m\u00e1s fundamental, la m\u00e1s profunda, debe ser necesariamente de orden transcendental y religioso porque solo <em>la fe revela plenamente al hombre su identidad verdadera y precisamente de ella arranca la doctrina social de la Iglesia, la cual, vali\u00e9ndose de todas las aportaciones de la ciencia y de la filosof\u00eda, se propone ayudar al hombre en el camino de la salvaci\u00f3n <\/em>(CA.54).<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><em> Conclusi\u00f3n.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>La historia, especialmente la actual, ha demostrado la imposibilidad de crear, fuera de Dios, un orden nacional o internacional capaz de conseguir o garantizar la paz y seguri\u00addad que deben brotar del estricto respeto a los derechos de las personas y a su dignidad. El orden debe buscarse en la digni\u00addad de la persona y no en la fuerza. Afirma Juan XXIII que la <em>insensatez m\u00e1s caracter\u00edstica de nuestra \u00e9poca consiste en el intento de establecer un orden temporal, s\u00f3lido y provechoso, sin apoyarlo en su fundamento indispensable o, lo que es lo mismo, prescindiendo de Dios <\/em>(MM.2).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Anselmo Salamero<\/p>\n<p>La MIlagrosa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO II: DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA Toda la ense\u00f1anza social de la Iglesia tiene como base y fundamento la dignidad de la persona humana. 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