{"id":402395,"date":"2019-07-18T08:19:45","date_gmt":"2019-07-18T06:19:45","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402395"},"modified":"2019-06-07T12:21:03","modified_gmt":"2019-06-07T10:21:03","slug":"luisa-de-marillac-y-19-daydi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-y-19-daydi\/","title":{"rendered":"Luisa de Marillac (y 19) (Daydi)"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a1Gloria a la Madre y a las Hijas!<\/strong><\/p>\n<p>CUATRO NUEVAS M\u00c1RTIRES. \u2014 LA B. MAGDALENA FONTAINE. \u2014LA B. MAR\u00cdA LANEL. \u2014 LA B. TERESA FANTOU. \u2014 LA B. JUANA GERARD. \u2014 CAR\u00c1CTER ANTICRISTIANO DE LA REVOLUCI\u00d3N FRAN\u00adCESA. \u2014 SITUACI\u00d3N DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD. \u2014 JOS\u00c9 LE-B\u00d3N EN ARR\u00c1S. \u2014 LAICISACI\u00d3N DE LA CASA DE CARIDAD. \u2014PRISI\u00d3N DE LAS HERMANAS. \u2014 JOS\u00c9 LEB\u00d3N EN CAMBRAI.\u2014CONDUCCI\u00d3N DE LAS HERMANAS A CAMBIZAI . PALABRAS PROF\u00c9TI\u00adCAS DE SOR FONTAINE. \u2014 COMIENZA A REALIZARSE LA PROFEC\u00cdA. \u2014 LAS HERMANAS ANTE EL TRIBUNAL DE SANGRE. \u2014 AL CADALSO CANTANDO. \u2014 ULTIMAS PALABRAS DE SOR FONTAINE. \u2014 EJECU\u00adCI\u00d3N DE LAS HERMANAS. \u2014 CUMPLIMIENTO DE LA PROFEC\u00cdA.<\/p>\n<p>El 26 de junio de 1794, a las diez de la ma\u00f1ana, cuatro muje\u00adres sub\u00edan a un estrado levantado en la gran plaza de Cambrai, en el que se hallaba instalada la l\u00fagubre guillotina que tantas vidas hab\u00eda segado durante la \u00e9poca justamente llamada del <em>Terror. <\/em>Minutos despu\u00e9s, sus cabezas rodaban al funesto canasto a donde hab\u00edan ido a parar las de tantas otras v\u00edctimas del furor revolucionario.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9nes eran estas v\u00edctimas? Eran cuatro Hijas de la Ca\u00adridad de san Vicente de Paul: Sor Magdalena Fontaine, supe\u00adriora de la Casa de Caridad de Arr\u00e1s y sus tres compa\u00f1eras Sor Mar\u00eda Lanel, Sor Teresa Fantou y Sor Juana G\u00e9rard.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l era el crimen que hab\u00edan cometido? La Iglesia, cuyo magisterio es infalible en estas materias, acaba de dar la con\u00adtestaci\u00f3n a esta pregunta elevando al honor de los altares a estas cuatro Hijas de la Caridad, pocos d\u00edas despu\u00e9s que la Bienaventurada Luisa de Marillac ha sido declarada digna del\u00a0 culto p\u00fablico, envolviendo as\u00ed en una misma aureola de gloria a la Madre y a las Hijas.<\/p>\n<p>V\u00edrgenes consagradas a Dios, emplearon su vida en el ejer\u00adcicio de la caridad, socorriendo a los pobres, asistiendo a los enfermos, amparando a los hu\u00e9rfanos; en una palabra: pasaron por la tierra haciendo el bien y, antes que ser infieles a su fe y a su sublime vocaci\u00f3n, prefieren morir en un glorioso martirio, sacrificadas por fan\u00e1ticos sectarios que se dan a s\u00ed mismos el t\u00edtulo de ap\u00f3stoles y defensores de la libertad.<\/p>\n<p><em>La B. Magdalena Fontaine <\/em>naci\u00f3 en Etrepagny, departa\u00admento del Eure, Francia, el 22 de abril de 1723, siendo sus padres Roberto Fontaine, laborioso y honrado industrial, y Ca\u00adtalina Cercelot. A los veinticinco a\u00f1os de edad entr\u00f3 en la comu\u00adnidad de las Hijas de la Caridad, comenzando su seminario en la Casa madre el d\u00eda 9 de julio de 1748. A los pocos meses visti\u00f3 el santo h\u00e1bito y fue enviada a Rebais, al hospital de San Roque y Santa Mar\u00eda, en cuya casa hizo los santos votos y en la que permaneci\u00f3 diez y nueve a\u00f1os, siendo de all\u00ed enviada como supe\u00adriora de la importante Casa de Caridad de Arr\u00e1s, fundada por el mismo san Vicente y la B. Luisa de Marillac, cuya direcci\u00f3n tuvo durante veinticinco a\u00f1os.<\/p>\n<p><em>La B. Mar\u00eda Lanel, <\/em>hija de Miguel Lanel y de Margarita Hedin, naci\u00f3 en la peque\u00f1a ciudad de Eu, el 24 de agosto de 1745. Antes de la Revoluci\u00f3n, hab\u00eda en Francia dos seminarios para la formaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, el principal en Par\u00eds, en el arrabal de San Dionisio, y otro menos importante en la ciudad de Eu, fundado en 168o por Mar\u00eda Luisa de Orleans; as\u00ed es que la joven Lanel no tuvo que dejar su pa\u00eds natal para la primera prueba, ni para el seminario, al que ingres\u00f3 el io de abril de 1764, a los diez y nueve a\u00f1os de edad. En el mes de diciembre de aquel mismo a\u00f1o tom\u00f3 el santo h\u00e1bito, despu\u00e9s de ocho meses de seminario y fue enviada provisionalmente a Senlis, sin duda para reemplazar alguna Hermana enferma. En febrero de 1765 fue colocada definitivamente en la casa de Cambrai, donde termin\u00f3 su formaci\u00f3n e hizo sus primeros votos, pasando de all\u00ed a Arr\u00e1s, en donde encontr\u00f3 a su superiora Sor Magdalena Fontaine, de la que no deb\u00eda separarse jam\u00e1s y con la que hab\u00eda de subir al cadalso para dar juntas su vida por amor a Jesucristo y a su santa vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>La B. Teresa Fantou <\/em>naci\u00f3 en Miniac-Morv\u00e1n, Breta\u00f1a, el 29 de julio de 1747, siendo sus padres Luis Fantou y Mar\u00eda Robidon. A los veinticuatro a\u00f1os de edad dej\u00f3 el mundo para consagrarse a Dios y al servicio de los pobres en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, siendo recibida en el seminario de Par\u00eds el 29 de julio de 1771, seminario que, seg\u00fan parece, se prolong\u00f3 cerca de doce meses. Al salir del seminario, fue desti\u00adnada, sucesivamente, a las casas de Ham, Chaumy y Cambrai, de donde pas\u00f3 a la Casa de Caridad de Arr\u00e1s, cuando \u00e9sta se hallaba en plena prosperidad bajo la prudente direcci\u00f3n de Sor Fontaine.<\/p>\n<p>No teniendo las fechas precisas de esos cambios, nada pode\u00admos decir sobre los oficios desempe\u00f1ados por esta Hermana, ni sobre los motivos que tuvieron los Superiores para estos suce\u00adsivos traslados. Sabemos s\u00f3lo que Sor Teresa Fantou pose\u00eda un esp\u00edritu fino y delicado, conservando gran serenidad en las circunstancias dif\u00edciles, como se ve en el famoso interrogatorio a que fueron sometidas las Hermanas por el tribunal revolu\u00adcionario del distrito de Arr\u00e1s. La actitud decidida de esta buena Hermana y sus palabras ingenuas y sencillas est\u00e1n impregnadas del m\u00e1s grande esp\u00edritu de fe y de piedad; mas, por lo que hace al primer per\u00edodo de su vida, se desliza todo entero en el m\u00e1s grande silencio entre las obras de su vocaci\u00f3n, pasando comple\u00adtamente inadvertida.<\/p>\n<p><em>La B. Juana G\u00e9rard.\u2014 <\/em>En el rico valle del Mosa y a unos treinta kil\u00f3metros de Verd\u00fan se alza sonriente el pintoresco pueblo de Cumi\u00e9res, patria de nuestra bienaventurada M\u00e1rtir. Hija de Nicol\u00e1s G\u00e9rard, acomodado agricultor y de Ana Bre-da, naci\u00f3 la B. Juana el d\u00eda 23 de octubre de 1752. A los doce a\u00f1os hizo su primera Comuni\u00f3n con tan buena preparaci\u00f3n y con tal fervor que, aquel primer contacto de su alma con el buen Jes\u00fas hizo germinar en ella la generosa resoluci\u00f3n de consagrarse a Dios para siempre. Su extraordinaria hermosura, sus cualidades f\u00edsicas, su candor y sencillez verdaderamente notables, unidas a su juicio pr\u00e1ctico y a una piedad franca y de bue\u00adna ley, la hac\u00edan sobresalir entre todas las j\u00f3venes de su edad.<\/p>\n<p>El 15 de agosto de 1774 su buena madre bajaba al sepulcro, vi\u00e9ndose a la edad de veintid\u00f3s a\u00f1os convertida, en virtud de las circunstancias, en ama de casa y en la madre de sus herma\u00adnos. Felizmente se hallaba preparada para tan delicada misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Solicitada para contraer matrimonio por&#8217; un joven de una de las m\u00e1s distinguidas familias de la comarca, fue imposible reducirla a dar su consentimiento, no obstante las instancias que de todas partes se le hac\u00edan, y para substraerse a toda soli\u00adcitaci\u00f3n y conservar su plena libertad, despu\u00e9s de adiestrar a su hermana Mar\u00eda Ana, que ten\u00eda dos a\u00f1os menos que ella, en el manejo de los asuntos dom\u00e9sticos, dej\u00f3 su casa y fue a hacer su primera prueba como postulante entre las Hijas de la Caridad de Verd\u00fan entrando en el seminario de la Casa madre el 17 de septiembre de 1776.<\/p>\n<p>A los ocho meses de probaci\u00f3n, visti\u00f3 el santo h\u00e1bito, en el mes de abril de 1777 siendo destinada, a la Casa de Caridad de Arr\u00e1s, donde complet\u00f3 su formaci\u00f3n, abandon\u00e1ndose&#8217; con in\u00adfantil docilidad a la juiciosa direcci\u00f3n de Sor Fontaine con la que ten\u00eda que vivir y morir, dando al buen Jes\u00fas la prueba m\u00e1s grande de amor que puede darse en esta vida por medio de un glorioso y generoso martirio.<\/p>\n<p>La inocencia, la piedad y una correspondencia entera y com\u00adpleta a los impulsos de la gracia divina constituyen el car\u00e1cter distintivo de esa hermosa alma que vuela del mundo a la vida de comunidad, de la vida de comunidad al cadalso y del cadalso al cielo.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s los anales de los pueblos han presentado un espec\u00adt\u00e1culo m\u00e1s formidable que el de la Revoluci\u00f3n francesa. Todas las cuestiones del mundo moderno, todas las que se refieren a los destinos del g\u00e9nero humano se aunan con inter\u00e9s inmenso y con terrible prontitud. Aquel drama que s\u00f3lo dur\u00f3 diez a\u00f1os, desde mayo de 1789 con la apertura de los Estados generales,&#8217; hasta noviembre de 1799 con el establecimiento del Consulado, cam\u00adbi\u00f3 la obra de diez siglos.<\/p>\n<p>Pod\u00eda esperarse que las Hijas de la Caridad, que s\u00f3lo se ocupan en obras de beneficencia, nada tendr\u00edan que temer de una revoluci\u00f3n que se hac\u00eda proclamando los principios de li\u00adbertad, igualdad y fraternidad; pero la gran Revoluci\u00f3n era en el fondo la guerra a la religi\u00f3n y todo su programa estaba con\u00addensado en estas palabras de Mirabeau: <em>Ante todo, hay que descristianizar a Francia. <\/em>Por consiguiente, siendo las Hijas de la Caridad una instituci\u00f3n religiosa, por m\u00e1s que se mantuvieran siempre muy ajenas a los partidos en lucha y que su vida estu\u00adviera por completo consagrada al servicio de sus semejantes, los hombres de la Revoluci\u00f3n, fieles a su programa, no deb\u00edan retro\u00adceder ante ning\u00fan exceso para lograr hacer desaparecer toda huella de religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Las primeras leyes revolucionarias no comprend\u00edan, de modo alguno, a la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad; pues el de\u00adcreto de la Constituyente se limitaba a declarar que no reco\u00adnoc\u00eda las \u00f3rdenes religiosas de votos solemnes ; y el cism\u00e1tico juramento constitucional s\u00f3lo se impon\u00eda, en un principio, a los sacerdotes que desempe\u00f1asen alg\u00fan cargo, consider\u00e1ndolos como funcionarios p\u00fablicos.<\/p>\n<p>En lo tocante a las Hermanas de Arr\u00e1s ten\u00edan motivos para estar m\u00e1s confiadas, pues, en plena revoluci\u00f3n la autoridad de\u00adpartamental les hab\u00eda dado toda clase de seguridades, como lo vemos por un documento fechado en <em>el Paso de Calais <\/em>el 15 de mayo de 1791, que dec\u00eda as\u00ed : \u00abLas Hermanas de la Caridad, es\u00adtablecidas en varias poblaciones del departamento, no habiendo, dejado de dar pruebas de su abnegaci\u00f3n generosa en favor de los pobres enfermos, se han conquistado la m\u00e1s alta recom\u00adpensa por sus trabajos, mereciendo la estimaci\u00f3n y aprecio de sus conciudadanos. Apoyadas en la expresi\u00f3n de este senti\u00admiento, deben permanecer sin temor de ser molestadas en la tranquilidad de que gozan: al contrario, mientras se mantengan en la esfera simple y activa de sus obras de Caridad cristiana, pueden contar con la protecci\u00f3n que les aseguran las leyes.\u00bb<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n cambi\u00f3 por completo y todas las esperanzas que hab\u00edan podido formarse se desvanecieron, cuando en I.\u00b0 de no\u00adviembre entr\u00f3 en Arr\u00e1s Jos\u00e9 Leb\u00f3n, el nuevo representante del pueblo, en el departamento del <em>Paso de Calais, <\/em>nombrado por la Convenci\u00f3n para este cargo.<\/p>\n<p>La Convenci\u00f3n fue la tercera y la m\u00e1s terrible de las asam\u00adbleas de la Revoluci\u00f3n. Ella fue la que aboli\u00f3 la monarqu\u00eda, la que conden\u00f3 a muerte al desgraciado Luis XVI, ejecutado el 21 de enero de 1793, ella, en fin, la que hizo correr r\u00edos de san\u00adgre inocente tanto en la capital como en las provincias.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Leb\u00f3n, sacerdote ap\u00f3stata, fue uno de los hombres m\u00e1s crueles y sanguinarios de aquella \u00e9poca nefasta. Su amistad con Robespi\u00e9rre le sirvi\u00f3 mucho en su r\u00e1pida y agitada carrera pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>La Casa de Caridad de Arr\u00e1s, hasta entonces respetada, fue inmediatamente objeto de su implacable persecuci\u00f3n. El 14 del mismo mes de noviembre, dos comisarios delegados del Dis\u00adtrito y del Consejo general del Municipio se presentaron a la Casa de Caridad para notificar a las Hermanas que, no habiendo hecho el juramento cism\u00e1tico prescrito por las leyes, se les con\u00adced\u00eda quince d\u00edas de plazo para prestarlo. Las buenas Herma\u00adnas contestaron con entereza y dignidad que no hab\u00edan prestado tal juramento, ni estaban dispuestas a prestarlo, por no permit\u00edrselo su conciencia y que, por lo tanto, el plazo que se les se\u00f1a\u00adlaba estaba de m\u00e1s. Los comisarios levantaron acta de esta re\u00adsoluci\u00f3n de las Hermanas y, practicando un registro minucioso en toda la casa, hicieron el inventario de todos los objetos que en ella encontraron, registro que se repiti\u00f3 dos d\u00edas despu\u00e9s, cuyas actas firmadas por la superiora Sor Magdalena Fontaine se hallan aun hoy d\u00eda originales en los archivos departamentales del <em>Paso de Calais.<\/em><\/p>\n<p>El d\u00eda 23 del mismo mes, el Distrito dio un decreto por el que se expulsaba a todas las religiosas de los distintos estableci\u00admientos que no se hab\u00edan sometido a prestar el juramento cons\u00adtitucional. La Casa de Caridad fue laicizada, recibiendo el nom\u00adbre de <em>Casa de la Humanidad. <\/em>Nombr\u00f3se un director y un per\u00adsonal laico ; mas, no crey\u00e9ndose aun bastantes fuertes, por temor al pueblo que ten\u00eda gran respeto y simpat\u00eda por las Hermanas, las Hijas de la Caridad no fueron por entonces expulsadas del establecimiento, sino conservadas en \u00e9l con el t\u00edtulo de <em>Ciuda\u00addanas al servicio de la Casa de la Humanidad.<\/em><\/p>\n<p>Jos\u00e9 Leb\u00f3n, con su tiran\u00eda y sus horribles y numerosas eje\u00adcuciones, lleg\u00f3 a aterrorizar a la poblaci\u00f3n y entonces, sintiendo ya su poder bastante consolidado, pudo satisfacer todo su odio sectario y orden\u00f3 la prisi\u00f3n de las Hijas de la Caridad. El 14 de febrero de 17c)4 fueron conducidas las Hermanas a la <em>Aba\u00adcial, <\/em>de donde fueron trasladadas el to de marzo a la <em>Providen\u00adcia, <\/em>edificios convertidos en c\u00e1rceles.<\/p>\n<p>El 4 de abril de aquel mismo a\u00f1o, despu\u00e9s de siete semanas de prisi\u00f3n, tuvieron que comparecer las Hermanas ante el <em>Co\u00admit\u00e9 de Vigilancia, <\/em>donde fueron sometidas a un rid\u00edculo y odioso interrogatorio, siendo trasladadas al d\u00eda siguiente a la c\u00e1rcel llamada de <em>Baudets.<\/em><\/p>\n<p>Por m\u00e1s que se buscaban pretextos para llegar a condenar a las Hijas de la Caridad, \u00e9stos no se encontraban y el infame Jos\u00e9 Leb\u00f3n, no obstante su deseo de condenar a muerte a las cuatro heroicas Hermanas, no se atrev\u00eda a ejecutarlas, sobre todo en la misma poblaci\u00f3n de Arr\u00e1s, en donde, no obstante tantos desvar\u00edos, el pueblo les conservaba toda su simpat\u00eda; as\u00ed es que esper\u00f3 se presentase ocasi\u00f3n favorable para realizar sus planes sanguinarios.<\/p>\n<p>Esta ocasi\u00f3n no tard\u00f3 en presentarse. A fines de abril recibi\u00f3 Jos\u00e9 Leb\u00f3n una orden del Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica para que se trasladara a Cambrai, donde eran necesarios sus patri\u00f3\u00adticos servicios para robustecer all\u00ed el esp\u00edritu revolucionario. Como la ciudad de Arr\u00e1s quedaba siempre bajo su mal\u00e9fica influencia; comenz\u00f3 por establecer un tribunal especial para juzgar a los conspiradores ordinarios, reserv\u00e1ndose \u00e9l las causas m\u00e1s notables. Tomadas estas disposiciones, se dirigi\u00f3 a Cambrai, a donde lleg\u00f3 el 5 de mayo acompa\u00f1ado del verdugo, el fiscal y los principales miembros del tribunal sanguinario de Arras: en total veinte <em>ciudadanos <\/em>con cuya finalidad pod\u00eda contar.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de su llegada, comenzaron los arrestos en masa, llen\u00e1ndose bien pronto las improvisadas c\u00e1rceles. En la plaza de Armas hizo levantar, junto al <em>altar de la Patria, <\/em>la famosa guillotina, la que comenz\u00f3 a funcionar el d\u00eda 10 de mayo, cayendo en este d\u00eda cinco v\u00edctimas a su filo. Al siguiente d\u00eda, ocho nuevas v\u00edctimas pagaron con su vida y as\u00ed sucesiva\u00admente; de tal modo que en breves d\u00edas, el terror dominaba la ciudad de Cambrai.<\/p>\n<p>Todos estos horrores, todo ese mar de sangre inocente no le hizo olvidar las v\u00edctimas que hab\u00eda dejado preparadas en Arras ; el 20 de mayo conden\u00f3 a morir en la guillotina a treinta y dos habitantes del <em>Paso de Ca\u00edais, <\/em>a los que siguieron otros muchos que, transportados <em>de <\/em>Arr\u00e1s a Cambrai, iban a una muerte irremediable.<\/p>\n<p>El 25 ele junio, a las diez de la noche, se abrieron de repente las puertas de la c\u00e1rcel de Baudets y fueron llamadas las cuatro Hijas ele la Caridad. Se hab\u00eda recibido una orden de Cambrai para que aquella misma noche, sin esperar la salida del coche del d\u00eda siguiente, fueran de urgencia trasladadas a aquella ciudad.<\/p>\n<p>Nadie pod\u00eda forjarse ilusiones sobre la suerte de las buenas Hermanas. Aquella precipitada llamada, la orden de ser condu\u00adcidas inmediatamente a Cambrai, todo indicaba bien claramente que, por fin, Jos\u00e9 Leb\u00f3n iba a satisfacer su sed de venganza, su odio sectario, en aquellas cuatro v\u00edctimas del furor revolu\u00adcionario; y como las Hijas de la Caridad hab\u00edan sido en la c\u00e1rcel \u00e1ngeles ele consuelo para todas las que all\u00ed se hallaban detenidas, se desarroll\u00f3 en aquel l\u00f3brego lugar, el cuadro m\u00e1s tierno y doloroso que pueda imaginarse.<\/p>\n<p>Ante tantas l\u00e1grimas y tantas manifestaciones de dolor, la superiora Sor Magdalena Fontaine, se despidi\u00f3 de sus compa\u00ad\u00f1eras de cautiverio, las anim\u00f3 a poner su confianza en Dios y, como inspirada por un esp\u00edritu prof\u00e9tico, termin\u00f3 con estas palabras que repiti\u00f3 varias veces : <em>\u00a1Consol\u00e1os, nosotras seremos las \u00faltimas v\u00edctimas!<\/em><\/p>\n<p>Dada la orden de partida, se pusieron en camino a la una de la ma\u00f1ana y lanzados los caballos a todo correr, pues la orden recibida de Cambrai era urgente, llegaron al poco tiempo a la primera posta en donde encontraron la diligencia ordinaria que hab\u00eda salido por la tarde de Arr\u00e1s y en la que era conducido un grupo de presos que, como ellas, iban a una muerte segura, los que se hallaban sumidos en la m\u00e1s grande desolaci\u00f3n principal\u00admente las se\u00f1oras. Las buenas Hermanas, aprovechando el cam\u00adbio de caballos, se acercaron a aquel grupo de condenados a muerte para animarlos y consolarlos y, al ver la profunda tris\u00adteza de las se\u00f1oras, Sor Magdalena Fontaine repiti\u00f3 por segunda vez sus misteriosas y prof\u00e9ticas palabras, siendo aqu\u00ed aun m\u00e1s expl\u00edcita que en la c\u00e1rcel de Arr\u00e1s : <em>\u00a1No tem\u00e1is, se\u00f1oras; consol\u00e1os, vosotras no perecer\u00e9is! \u00a1Nosotras os precederemos ante el tribunal y seremos las \u00faltimas v\u00edctimas!<\/em><\/p>\n<p>Humanamente, las palabras de la buena Superiora no pare\u00adc\u00eda que pudiesen realizarse, as\u00ed es que aquellas infelices v\u00edctimas s\u00f3lo las recibieron como un buen deseo, como una palabra de aliento y consuelo; pero muy pronto vieron que empezaron a realizarse. El primer convoy sali\u00f3 de la posta, al que poco des\u00adpu\u00e9s deb\u00eda seguir el de las Hermanas; por consiguiente, el pri\u00admero deb\u00eda llegar antes a Cambrai y las personas que en \u00e9l iban deb\u00edan pasar las primeras ante el terrible tribunal de sangre ; pero sucedi\u00f3 que, a poco de haberse puesto en camino, una rueda del primer coche se hizo pedazos y el de las Hermanas lo alcanz\u00f3 y sigui\u00f3 adelante mientras se ve\u00eda modo de arreglar aquel im\u00adprevisto percance. S\u00f3lo entonces, durante las horas que perma\u00adnecieron detenidos en el camino, fue cuando aquellos infelices empezaron a reflexionar sobre las misteriosas palabras de Sor Magdalena Fontaine: <em>nosotras os precederemos <\/em>y <em>seremos las \u00faltimas v\u00edctimas; <\/em>y un rayo de esperanza brill\u00f3 en sus atribuladas almas, y \u00e9sta se acentu\u00f3 m\u00e1s cuando, en la imposibilidad de con\u00adtinuar su camino hacia Cambrai, regresaron a Arr\u00e1s. S\u00f3lo tres d\u00edas despu\u00e9s fueron conducidos a Cambrai; pero era ya dema\u00adsiado tarde, el tribunal de sangre hab\u00eda sido suprimido y, seg\u00fan la predicci\u00f3n de Sor Magdalena Fontaine, se hab\u00edan librado de la muerte.<\/p>\n<p>El lunes, 26 de junio de 1794, a las ocho y media de la ma\u00ad\u00f1ana, entraban las buenas Hermanas en Cambrai. Conducidas a la <em>Casa de detenci\u00f3n <\/em>del tribunal de la calle de la <em>Fuerza, <\/em>no fueron admitidas por ser imposible alojar en aquella peque\u00f1a casa a m\u00e1s de los noventa y cinco presos que ten\u00eda; as\u00ed es que fueron conducidas directamente al tribunal que funcionaba en el antiguo seminario y, mientras llegaba la hora, fueron encerradas con otros acusados en la capilla del establecimiento.<\/p>\n<p>No tard\u00f3 en constituirse por orden de Jos\u00e9 Leb\u00f3n el tribunal de sangre, el cual fue formado m\u00e1s bien por verdugos y ase\u00adsinos, que por jueces encargados de administrar justicia. Los juicios eran p\u00fablicos y, por lo regular, al presentarse en la sala los presuntos reos, el p\u00fablico prorrump\u00eda en gritos de \u00a1viva la Rep\u00fablica! \u00a1abajo los tiranos! dirigi\u00e9ndoles las m\u00e1s soeces in\u00advectivas; m\u00e1s al presentarse las cuatro Hijas de la Caridad con su actitud digna y tranquila, el p\u00fablico las acogi\u00f3 con respetuoso y profundo silencio.<\/p>\n<p>El interrogatorio vers\u00f3 sobre la acusaci\u00f3n hecha por Mury, el director laico de la <em>Casa de la Humanidad <\/em>de Arr\u00e1s, diciendo haber encontrado mucho tiempo despu\u00e9s que las Hermanas hab\u00edan dejado el establecimiento, peri\u00f3dicos y folletos antirre\u00advolucionarios, acusaci\u00f3n a la que las Hermanas se limitaron a negar tener conocimiento del hecho.<\/p>\n<p>Viendo el presidente del tribunal la inanidad de la acusa\u00adci\u00f3n, les ofreci\u00f3 ponerlas en libertad, si prestaban el juramento constitucional, a lo que contestaron con entereza las cuatro Hermanas, una en pos de otra, no serles posible prestar un ju\u00adramento que era contrario a su conciencia.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Basta\u00bb!, exclam\u00f3 entonces el presidente, y las cuatro fue\u00adron condenadas a muerte: 1.\u00b0, corno piadosas antirrevoluciona\u00adrias, y 2.\u00b0, por haber rehusado prestar el juramente constitu\u00adcional, habi\u00e9ndose permitido palabras ofensivas contra los Comisarios del distrito.<\/p>\n<p>El p\u00fablico comprendi\u00f3 que la verdadera causa de su con\u00addenaci\u00f3n era su calidad de v\u00edrgenes consagradas a Dios, su fidelidad a su santa vocaci\u00f3n y, en lugar de los aplausos y voci\u00adferaciones con que era acogida la lectura de las sentencias de muerte, se concentr\u00f3 en un general silencio que mortific\u00f3 a los miembros del tribunal, el que, para terminar de una vez, orden\u00f3 la ejecuci\u00f3n inmediata de la sentencia.<\/p>\n<p>Colocadas en un carro atravesaron las calles de la ciudad, en medio de un pueblo que les manifestaba su general simpat\u00eda, y, a las pobres mujeres que lloraban, al verlas pasar, Sor Magdalena Fontaine las consolaba, diciendo que ellas iban a ser las \u00faltimas v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Una respetable traici\u00f3n asegura que, una vez puestas en el carro que deb\u00eda conducirlas al cadalso, las Hermanas ento\u00adnaron el <em>Ave maris Stella <\/em>y las <em>Letan\u00edas de la Sant\u00edsima Virgen.<\/em><\/p>\n<p>Al llegar a la plaza de Armas, bajaron del carro y, al ver las Hermanas la guillotina, se pusieron de rodillas y ofrecieron sus vidas a Jesucristo, a quien se hab\u00edan consagrado durante su existencia y por quien iban a morir.<\/p>\n<p>La superiora, Sor Magdalena Fontaine, fue la \u00faltima en sufrir la pena capital; mas antes de entregar su vida, quiso una vez m\u00e1s dirigir al pueblo una palabra de consuelo y de espe\u00adranza. Adelant\u00e1ndose hacia \u00e9l, dijo con voz clara y firme: <em>Cris\u00adtianos, escuchadme: nosotras somos las \u00faltimas v\u00edctimas; ma\u00ad\u00f1ana la persecuci\u00f3n habr\u00e1 terminado, el cadalso ser\u00e1 destruido <\/em><em>los altares de Jes\u00fas se levantar\u00e1n gloriosos.<\/em><\/p>\n<p>Su cabeza rod\u00f3 bajo el filo de la guillotina, junt\u00e1ndose con las de sus tres compa\u00f1eras, mientras sus almas virginales su\u00adb\u00edan juntas y gloriosas al cielo.<\/p>\n<p>Eran las diez de la ma\u00f1ana; el pueblo se retir\u00f3 enternecido, profundamente emocionado.<\/p>\n<p>Cuando refirieron a Jos\u00e9 Leb\u00f3n las \u00faltimas palabras de Sor Magdalena Fontaine, \u00e9ste contest\u00f3 con una sonora carcajada.<\/p>\n<p>Aquella misma tarde en la casa del famoso representante del pueblo se notaba un movimiento inusitado; la inquietud se trasluc\u00eda en todos los semblantes r qu\u00e9 pasaba? Noticias alar\u00admantes acababan de llegar de Par\u00eds. Una larga serie de cargos y graves acusaciones se hab\u00edan presentado contra Jos\u00e9 Leb\u00f3n, y la Convenci\u00f3n los hab\u00eda tomado en consideraci\u00f3n. Era preciso ir a justificarse sin p\u00e9rdida de tiempo, y entre tanto juzg\u00f3 pru\u00addente se suspendieran las ejecuciones y dejara de funcionar moment\u00e1neamente el tribunal de sangre.<\/p>\n<p>Acogido con frialdad por la Convenci\u00f3n, Jos\u00e9 Leb\u00f3n recibi\u00f3 orden de dar cuenta de sus actos a la Asamblea, mientras el Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica suprim\u00eda los tribunales revolucio\u00adnarios de Arr\u00e1s y de Cambrai.<\/p>\n<p>Algunos d\u00edas despu\u00e9s, la ca\u00edda de Robespierre obligaba a Jos\u00e9 Leb\u00f3n a buscar en la huida su salvaci\u00f3n. Descubierto y de\u00adtenido el 2 de agdsto de 1794, fue conducido a las presiones de Par\u00eds, de Meaux y de Amiens y, despu\u00e9s de un proceso que dur\u00f3 catorce meses, que fueron para \u00e9l una larga agon\u00eda, el 15 de octubre de 1795, revestido de una t\u00fanica roja, muri\u00f3 en el ca\u00addalso. El pueblo persigui\u00f3 el cad\u00e1ver del infeliz ap\u00f3stata, apedreando sus mortales despojos en la misma fosa, la que qued\u00f3 convertida en un mont\u00f3n de piedras.<\/p>\n<p>Las palabras prof\u00e9ticas de Sor Magdalena Fontaine se ha\u00adb\u00edan realizado.<\/p>\n<p>La Iglesia, con autoridad infalible, despu\u00e9s de haber esta\u00adblecido la autenticidad de su martirio, acaba de glorificar a estas cuatro Hijas de la Caridad, pocos d\u00edas despu\u00e9s de haber ele\u00advado al honor de los altares a su bienaventurada Madre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a1Gloria a la Madre y a las Hijas! 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