{"id":402393,"date":"2019-07-16T08:18:25","date_gmt":"2019-07-16T06:18:25","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402393"},"modified":"2019-06-07T12:19:31","modified_gmt":"2019-06-07T10:19:31","slug":"luisa-de-marillac-xviii-daydi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-xviii-daydi\/","title":{"rendered":"Luisa de Marillac (XVIII) (Daydi)"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a1Roma locuta est:<\/strong><\/p>\n<p>EL GRAN D\u00cdA DE GLORIA. &#8211; ASPECTO DE LA BAS\u00cdLICA DE SAN PEDRO, LA CONCURRENCIA EN LAS TRIBUNAS &#8211; LA REPRESENTACI\u00d3N DE LOS MILAGROS. &#8211; LA CEREMONIA RELIGIOSA. &#8211; MO\u00adMENTO EMOCIONANTE. &#8211; LA FUNCI\u00d3N DE LA TARDE &#8211; VISITA DEL PADRE SANTO A LA BIENAVENTURADA LUISA DE MARILLAC.- LA OFRENDA. &#8211; EL BREVE APOST\u00d3LICO<\/p>\n<p>D\u00eda de gloria fue para la familia de san Vicente de Pa\u00fal el 9 de mayo de 192o. En este memorable d\u00eda la Iglesia coloc\u00f3 en las sienes de la Fundadora de las Hijas de la Caridad la corona inmortal cle los bienaventurados; honor insigne, que, encum\u00adbrando a la Madre, difunde lustre y esplendor sobre todas sus Hijas, sobre toda su familia espiritual, extendida hoy por todos los \u00e1mbitos de la tierra.<\/p>\n<p>La Patriarcal Bas\u00edlica de San Pedro ostentaba sus m\u00e1s ricas galas. En el \u00e1bside multitud de ara\u00f1as de luz el\u00e9ctrica, sim\u00e9tricamente distribuidas alrededor del cuadro llamado de la <em>Gloria., <\/em>en el fondo del cual deb\u00eda aparecer la imagen de la nueva <em>Beata, <\/em>iluminaba esplendentemente la espaciosa nave, produciendo todo su conjunto grat\u00edsimo e inusitado efecto en el alma de los espectadores.<\/p>\n<p>En las tribunas, situadas alrededor de la <em>Confesi\u00f3n, <\/em>en el crucero, al uno y otro lado del \u00e1bside, se ve\u00eda a los Caballe\u00adros de Malta, al cuerpo diplom\u00e1tico, a la hermana de Su San\u00adtidad, Excma. se\u00f1ora Marquesa Julia de la Chiesa, Condesa viuda de P\u00e9rsico, al hijo de \u00e9sta, Conde Carlos, con su esposa la Marquesa Mar\u00eda Gavotti y su hija la Condesa Sof\u00eda con su esposo el coronel Sebasti\u00e1n Venier. Ve\u00edanse igualmente en las tribunas a los Patricios y nobleza romana y la nutrid\u00edsima re\u00adpresentaci\u00f3n de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y de las Hijas de la Caridad, presidida por el M. H. Padre Verdier, Superior General, y la M. H. Madre Maurice, Superiora General.<\/p>\n<p>Las grandes pilastras de la inmensa Bas\u00edlica ostentaban sus elegantes y preciosas colgaduras de antiguo damasco rojo fran\u00adjeado de oro, realzadas por espl\u00e9ndida y profusa iluminaci\u00f3n el\u00e9ctrica. En el crucero, en los lados de Santa Elena y de la Ver\u00f3nica, pend\u00edan dos grandes lienzas representando dos de los milagros aprobados en el proceso de la beatificaci\u00f3n: uno acaecido el 19 de marzo de 1894, el cual consisti\u00f3 en la cura\u00adci\u00f3n repentina y perfecta de Jos\u00e9 Hedcut de una otitis puru\u00adlenta con perforaci\u00f3n del t\u00edmpano, y el otro realizado el 28 de febrero de 1911 en la joven Rosa Curlo, consistente en la cu\u00adraci\u00f3n repentina y perfecta de una \u00falcera fistulosa cr\u00f3nica. En el p\u00f3rtico interior de la entrada principal de la Bas\u00edlica se destacaba otro gran lienzo, en el que se representaba el ter\u00adcer milagro obrado por intercesi\u00f3n de la B. Luisa de Marillac el 15 de marzo de 1905 en Sor Mar\u00eda Ferrer y Nin, Hija de la Caridad, perteneciente a la provincia de Madrid, el cual consisti\u00f3 en la curaci\u00f3n repentina y radical de una mielitis compresiva postraum\u00e1tica. Otra bell\u00edsima tela, que colgaba del balc\u00f3n central de la fachada de la insigne Bas\u00edlica que da a la gran plaza de San Pedro, representaba a la B. Luisa de Marillac en la gloria. Todas estas obras pict\u00f3ricas son del conocido y reputado profesor Caroselli.<\/p>\n<p>A las diez de la ma\u00f1ana en punto comenz\u00f3 la sagrada cere\u00admonia entrando procesionalmente en la Bas\u00edlica y ocupando sus puestos respectivos los Emmos. se\u00f1ores Cardenales, el Ca\u00adp\u00edtulo Vaticano y gran n\u00famero de Arzobispos y Obispos, cuyos nombres ser\u00eda demasiado prolijo dar a conocer en esta breve relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed que toda la lucida comitiva del Sacro Colegio de Carde\u00adnales, Cap\u00edtulo Vaticano y Prelados hubieron tomado asiento en sus respectivos lugares, cantada <em>&#8216;Nona, <\/em>habiendo oficiado de preste el Emmo. se\u00f1or Cardenal Merry del Val, Arcipreste de la Bas\u00edlica, se ley\u00f3 el Breve Apost\u00f3lico, por el cual Su San\u00adtidad, el Papa Benedicto XV, despu\u00e9s del cumplido elogio que hace de Luisa de Marillac y de las Hijas de la Caridad, la declara digna del honor de los altares e inscrita, por consi\u00adguiente, en el n\u00famero de los Bienaventurados.<\/p>\n<p>Terminada la lectura del Breve, todos los concurrentes se pusieron (le pie, y en aquel mismo instante se descorri\u00f3 el velo que cubr\u00eda el cuadro de la Bienaventurada Luisa de Marillac, el cual exhib\u00eda su simp\u00e1tica imagen a las miradas de los cir\u00adcunstantes en actitud de elevarse a la esplendente mansi\u00f3n de la gloria, anunci\u00e1ndose a la vez al pueblo romano tan fausto acontecimiento con repique general de campanas, mientras el Rdmo. Monse\u00f1or Rafael Virili, Arzobispo de Tolemaida, Postulador de la Causa, entonaba solemnemente el <em>Te Deum, <\/em>al que, alternando con el coro, respondi\u00f3 la compacta muchedum\u00adbre de m\u00e1s de veintinco mil personas que ocupaban las espa\u00adciosas naves de San Pedro.<\/p>\n<p>Momento emocionante fue aquel en el que, no pudiendo contener las l\u00e1grimas, ca\u00edan de rodillas y elevaban al cielo la primera plegaria p\u00fablica en honor de la B. Luisa de Marillac m\u00e1s (le mil Hijas de la Caridad y ras de ciento cincuenta Mi\u00adsioneros, solicitando para s\u00ed y para la doble familia vicenciana su intercesi\u00f3n valiosa cerca de Dios en el memorable d\u00eda de su glorificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Concluido el <em>Te Deunt <\/em>con la oraci\u00f3n propia de la B. Luisa, Monse\u00f1or Virili se revisti\u00f3 los ornamentos pontificales y cele\u00adbr\u00f3 la primera isa solemne de la nueva Bienaventurada.<\/p>\n<p>La parte musical fue magistralmente desempe\u00f1ada por la capilla <em>Julia, <\/em>bajo la direcci\u00f3n del maestro Comendador Boezi.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n de la ma\u00f1ana termin\u00f3 al medio d\u00eda. S\u00f3lo fal\u00adtaba la visita del Padre Santo, la que se efectu\u00f3 por&#8217; la tarde.<\/p>\n<p>Para la visita de Su Santidad a la nueva Beata, acudi\u00f3 a la Bas\u00edlica de San Pedro much\u00edsima m\u00e1s gente que por la ma\u00ad\u00f1ana. El servicio interior del templo era dirigido por los Ca\u00admareros de capa y espada, los Camareros secretos y de honor. El servicio militar lo hac\u00edan la Guardia Suiza, la Guardia pa\u00adlatina y la gendarmer\u00eda del Palacio Apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>A las cinco y treinta minutos, los clarines de la gendarme\u00adr\u00eda anunciaron la llegada del Sumo Pont\u00edfice y en seguida las trompetas de plata, desde la tribuna superior del cancel, eje\u00adcutaron la <em>Marcha de los sil-varios<sub>.<\/sub>, <\/em>mientras el Vicario de Je\u00adsucristo, Su Santidad Benedicto XV, revestido de muceta y estola, recorr\u00eda, llevado en la <em>Silla Gestatoria, <\/em>la espaciosa nave central, bendiciendo sonriente a la api\u00f1ada multitud que se ha\u00adllaba en el templo, la cual seguramente no bajar\u00eda de treinta y cinco mil personas. Rodeaban al Soberano Pont\u00edfice su Corte noble y sus familiares, formaba su escolta la Guardia noble y acompa\u00f1\u00e1banle unos cuarenta Cardenales, revestidos de p\u00far\u00adpura.<\/p>\n<p>Al llegar al altar, que se hab\u00eda colocado junto a la C\u00e1tedra, baj\u00f3 Benedicto XV de la <em>Silla Gestatoria, <\/em>pasando a arrodi\u00adllarse en el faldistorio, mientras uno de los capellanes expo\u00adn\u00eda el Sant\u00edsimo Sacramento e, incensada la sagrada Hostia, regres\u00f3 Su Santidad al faldistorio, cantando la capilla Julia el himno de la B. Luisa, seguido de su vers\u00edculo y oraci\u00f3n. Cant\u00f3se a continuaci\u00f3n el <em>Tantum Ergo <\/em>durante el cual el Padre Santo, arrodillado en el centro del altar, incens\u00f3 al San\u00adt\u00edsimo <em>y <\/em>se termin\u00f3 con la bendici\u00f3n del Divin\u00edsimo, dada por el Rdmo. Monse\u00f1or Rafael Virili, Arzobispo de Tolemaida, Postulador de la Causa de la B. Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>Inmediatamente despu\u00e9s de la bendici\u00f3n, el M. H. Padre Francisco Verdier, Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y la M. H. Madre Maurice, Superiora General de las Hijas de la Caridad, se acercaron al Sumo Pont\u00edfice y le obsequiaron el rico relicario de oro y bronce dorado y plateado, que conten\u00eda un hueso de la B. Luisa de Marillac, juntamente con el tradicional <em>bouquet <\/em>de flores artificiales, con la estampa <em>y <\/em>un ejemplar, elegantemente encuadernado, de la vida de la Beata.<\/p>\n<p>Agradeci\u00f3 Su Santidad el presente y, despu\u00e9s de haberles dado la bendici\u00f3n, regres\u00f3 al Palacio Vaticano en la misma forma en que hab\u00eda entrado, bendiciendo al p\u00fablico y, en par\u00adticular, las tribunas donde se hallaban las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Eran las siete de la tarde cuando termin\u00f3 tan hermosa cere\u00admonia.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed la traducci\u00f3n del Breve de Beatificaci\u00f3n de Luisa de Marillac:<\/p>\n<p>BREVE DE BEATIFICACI\u00d3N<\/p>\n<p>BENEDICTO PAPA XV<\/p>\n<p><strong>Para perpetua memoria<\/strong><\/p>\n<p>Entre las familias religiosas que ha sido del agrado de Dios excitar en el largo transcurso de los siglos, no s\u00f3lo para defensa y ornato de su Iglesia, sino tambi\u00e9n para edificaci\u00f3n y uti\u00adlidad de la sociedad humana, ocupa ciertamente principal lugar la celeb\u00e9rrima Compa\u00f1\u00eda, de doncellas, a quienes la Caridad ha dado su nombre. As\u00ed es, en efecto, cu\u00e9ntanse hasta treinta y siete mil las hermanas que forman esta Congregaci\u00f3n, las cuales, difundidas por todo el orbe cat\u00f3lico, imparten los consuelos de la caridad cristiana en los colegios, en los hospicios, en las inclusas, en los hospitales, en las c\u00e1rceles y aun entre los com\u00adbatientes en los mismos campos de batalla, siendo justamente objeto de admiraci\u00f3n para todos. Lo acontecido con algunos otros institutos de mujeres religiosas, esto es, con las Benedic\u00adtinas, las Clarisas y las monjas de la Visitaci\u00f3n, los cuales, a m\u00e1s de sus fundadores Benito, Francisco de As\u00eds y Francisco de Sales, tienen la gloria de contar como sus respectivas cofundadoras a Escol\u00e1stica, a Clara y a Juana de Chantal, ocurre igualmente lo mismo en la formaci\u00f3n de esta fructuosa Com\u00adpa\u00f1\u00eda, siendo tambi\u00e9n dos sus instituidores.<\/p>\n<p>El primero de \u00e9stos fue un var\u00f3n de insigne santidad, de cuyo nombre no puede hacerse digno elogio, Vicente de Pa\u00fal; el segundo, fue una disc\u00edpula suya e hija espiritual, compa\u00f1era en sus obras y auxiliar en sus trabajos, la venerable Sierva de Dios Luisa de Marillac, viuda Legr\u00e1s. Nacida en Par\u00eds el 12 de agosto del a\u00f1o 1591, de piadosos y nobles padres, Luis de Marillac <em>y <\/em>Margarita Le Cam\u00fas, cultiv\u00f3 con gran esmero su inte\u00adligencia con el estudio de las bellas artes y de la filosof\u00eda, pero aplic\u00f3se con mayor diligencia a la formaci\u00f3n de su esp\u00edritu en la s\u00f3lida piedad y en la honestidad de vida, guarda de todas las virtudes. Aunque por raz\u00f3n de su hermosura e ilustre naci\u00admiento tuviese la joven doncella franca entrada en la Corte, con todo, abst\u00favose de los placeres del mundo corrompido de tal suerte, que hab\u00eda formado el prop\u00f3sito de consagrarse a Dios en el monasterio de las Capuchinas.<\/p>\n<p>Otros eran, sin embargo, los designios que Dios hab\u00eda con\u00adcebido de antemano acerca de su Sierva; porque hu\u00e9rfana de padre, someti\u00e9ndose al consejo y dictamen de su confesor, en el a\u00f1o de 1613 contrajo matrimonio con Antonio Legr\u00e1s, va\u00adr\u00f3n noble, del cual tuvo solamente un hijo, Miguel Antonio, a quien form\u00f3 muy diligentemente en las buenas costumbres. En su matrimonio, que dur\u00f3 m\u00e1s de doce a\u00f1os, cond\u00fajose perfect\u00edsimamente y con exquisita prudencia, y sus dom\u00e9sticos pu\u00addieron reconocer en ella las excelentes cualidades de una ver\u00addadera madre de familia. Habiendo Antonio contra\u00eddo de im\u00adproviso una larga y grave enfermedad, sentada la afabil\u00edsima esposa junto al lecho, sobrellev\u00f3 pacientemente las reprensio\u00adnes y los malos tratos del malhumorado e iracundo esposo: la paciencia triunf\u00f3 de la obstinaci\u00f3n y con su piedad obtuvo que su marido acabase de modo cristiano y muy tranquilamente sus d\u00edas.<\/p>\n<p>Desligada del v\u00ednculo matrimonial y alcanzada de nuevo la libertad, la venerable Sierva de Dios pronunci\u00f3 el voto de viu\u00addez y consagr\u00f3se enteramente a. procurar el alivio de las cala\u00admidades de los pobres, que era a lo que siempre hab\u00eda anhelado con todo el ardor de su coraz\u00f3n; y p\u00fasose espont\u00e1neamente bajo la direcci\u00f3n de san Vicente, quien por aquel entonces co\u00adsechaba abundant\u00edsima mies de caridad. Este var\u00f3n apost\u00f3li\u00adco, a fin de remediar toda necesidad, socorrer toda indigencia, atender compasivamente a toda miseria, hab\u00eda fundado las co\u00adnocid\u00edsimas Cofrad\u00edas de Caridad, las cuales, multiplicadas r\u00e1pidamente en y fuera de Par\u00eds, suministraban oportunos re\u00admedios para todos los males. La Sierva de Dios fue como el esp\u00edritu vivificador de estas asociaciones, la cual, siguiendo las ense\u00f1anzas y ejemplos del maestro, dese\u00f3 tan ardientemente imitarle en las virtudes, que lleg\u00f3 no s\u00f3lo a ser su auxiliar, sino que consigui\u00f3 casi igualarle en soportar las fatigas y trabajos. Ni la aspereza de los caminos, ni la inclemencia de las esta\u00adciones, ni el hambre, ni la sed, ni lo delicado de su salud pudie\u00adron jam\u00e1s hacer desistir a la Sierva de Dios del ejercicio cons\u00adtante de las obras de caridad.<\/p>\n<p>Mas, conocedora de todas las miserias humanas por el doble estado del matrimonio y de la viudez, a fin de que las Cofra\u00add\u00edas de la Caridad llenaran m\u00e1s cumplidamente el objeto a que tend\u00edan, comenz\u00f3 a pensar en la fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n religiosa de doncellas y mujeres, las cuales, desligadas de los lazos naturales de familia, pero libres de las leyes de clausura, sometidas, sin embargo, a ciertas reglas, viviesen en medio de las mismas miserias, a cuyo socorro fuesen llamadas. La vene\u00adrable Sierva de Dios expuso su pensamiento a san Vicente, quien, sorprendido por la novedad de tal idea, pues en aquel tiempo, cuantas monjas hab\u00eda, deb\u00edan, por ley expresa del Con\u00adcilio Tridentino, permanecer encerradas dentro de los muros de los conventos, y ni siquiera se conceb\u00eda una orden de muje\u00adres que pudiesen ir de una a otra parte fuera de los claustros, estuvo por mucho tiempo indeciso, implorando con gran fer\u00advor las luces del cielo para aquel caso\u00ab<\/p>\n<p>Empero, as\u00ed que el Santo var\u00f3n pudo darse perfecta cuenta de la oportunidad de la fundaci\u00f3n propuesta y hubo previsto en la presencia divina los abundant\u00edsimos frutos que con el tiempo hab\u00eda de producir, orden\u00f3 con sumo agrado a Luisa que preparase los cimientos y trazase las reglas de esta nueva Com\u00adpa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Con qu\u00e9 prudencia dictara estas reglas, con qu\u00e9 diligencia se dedicara la venerable Sierva de Dios al incremento de esta naciente Congregaci\u00f3n, puede f\u00e1\u00adcilmente comprobarse por la admirable difusi\u00f3n del mismo ins\u00adtituto. Dispuso con exquisito tacto y amor que las Hijas de la Caridad se mostrasen verdaderas sirvientas de los pobres y estuviesen prontas a prestarles toda clase de servicios. Cuid\u00f3 convenientemente de que tanto en casa, corno en los hospita\u00adles asistiesen a los enfermos, alimentasen a los ni\u00f1os abando\u00adnados o hu\u00e9rfanos de padre y madre, cuidasen del sostenimien\u00adto de los ancianos desvalidos, consolasen a los presos encerra\u00addos en las c\u00e1rceles p\u00fablicas. Quiso, por fin, que estas mansas no menos que generosas doncellas no se intimidasen ante nin\u00adg\u00fan trabajo ni peligro, sino que, urgidas por la caridad de Cristo, estuviesen prontas a dar su vida, a que no las arredra\u00adsen ni los malos tratos de los condenados a las galeras, ni el contagio de las enfermedades, ni las heridas causadas por las balas de los combatientes.<\/p>\n<p>Hacia fines de 1638 de la era cristiana se concedi\u00f3 a la ve\u00adnerable Sierva de Dios emitir los votos de pobreza, castidad y obediencia, los que renov\u00f3 juntamente con las cuatro prime\u00adras hermanas el d\u00eda de la Anunciaci\u00f3n de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda Madre de Dios del a\u00f1o 1642. Emple\u00f3 el resto de sus d\u00edas en cimentar y desarrollar la familia religiosa que hab\u00eda instituido. Abri\u00e9ronse inmediatamente nuevas casas, present\u00e1ronse nuevas fundaciones y, viviendo todav\u00eda la legisla\u00addora madre Luisa, penetraron las Hijas de la Caridad no s\u00f3lo en todas las provincias de Francia, sino tambi\u00e9n en Polonia. Aunque se viese combatida de molestas enfermedades, gobern\u00f3 con actividad la Congregaci\u00f3n hasta el postrer momento de su vida, jam\u00e1s omiti\u00f3 los ejercicios de costumbre e inform\u00f3 de palabra y con el ejemplo a sus disc\u00edpulas en la pr\u00e1ctica de la piedad.<\/p>\n<p>Finalmente, a los sesenta y nueve a\u00f1os de su edad, hall\u00e1ndose en febrero de 166o gravemente enferma y conociendo que era inminente su muerte, rog\u00f3 se mandara llamar a su amant\u00edsimo Padre san Vicente. Pero el santo var\u00f3n, que pasaba de los ochenta a\u00f1os y se sent\u00eda agotado por su edad proyecta y por la enfermedad, si\u00e9ndole imposible dar un solo paso, profiri\u00f3 estas palabras que dan claro testimonio de la virtud tanto del Maestro como de la disc\u00edpula: <em>Decid a Luisa: Por lo que a ti respecta, vete t\u00fa ahora; luego te seguir\u00e9 para el cielo. <\/em>Reani\u00admada con el Sagrado Vi\u00e1tico, fortificada con la Extremaun\u00adci\u00f3n, despu\u00e9s que hubo bendecido a sus hijas que, deshechas en l\u00e1grimas, rodeaban su lecho y exhort\u00e1ndolas a observar re\u00adligiosamente las reglas, termin\u00f3 sant\u00edsimamente su vida, dur\u00admi\u00e9ndose en el Se\u00f1or el 15 de marzo (1660).<\/p>\n<p>Cerca de seis meses sobrevivi\u00f3 san Vicente a su esclare\u00adcida hija espiritual. En dos conferencias que \u00e9ste dio antes de la elecci\u00f3n de la nueva Superiora General, celebr\u00f3, como es costumbre entre los Santos, delante de las Hijas de la Cari\u00addad las virtudes que practic\u00f3 en vida la difunta Madre Luisa; sin embargo, crey\u00f3 de su deber, como cristiano, advertirlas cautamente que, cualquiera que fuera la opini\u00f3n que acerca de la Sierva de Dios se pudiera humanamente formar, se abstu\u00advieran de tributarle ning\u00fan culto que pudiera parecer p\u00fablico y eclesi\u00e1stico. Como era de esperarse, conform\u00e1ndose entera\u00admente con los avisos del Santo Padre hasta el presente, port\u00e1ronse como Hijas de la Caridad y por espacio de dos siglos, llevadas del esp\u00edritu de humildad, guardaron y reverenciaron privadamente en sus casas la memoria de la piados\u00edsima fun\u00addadora.<\/p>\n<p>Pero, habiendo crecido perennemente la fama de santidad <em>y <\/em>agreg\u00e1ndose el esplendor de los milagros, abri\u00f3se por la auto\u00adridad Ordinaria de Par\u00eds, en donde la Sierva de Dios hab\u00eda muerto doscientos veinte a\u00f1os antes, el proceso acerca de la fama de su santidad, virtudes y milagros y, en vista de la legi\u00adtimidad de las pruebas aducidas, Nuestro <sup>&#8211;<\/sup>Antecesor, Le\u00f3n XIII, de feliz recordaci\u00f3n, dio el 10 de junio de 1895 el decreto de la Introducci\u00f3n de la Causa. Despu\u00e9s se comenz\u00f3 a tratar de la cuesti\u00f3n de las virtudes practicadas en grado heroico, y, llenados los dem\u00e1s requisitos de derecho, Nuestro Predecesor, P\u00edo Papa X, de piadosa memoria, sancion\u00f3 con decreto solem\u00adne dado el 19 de julio de 1911 que las virtudes de la venerable Sierva de Dios Luisa de Marillac hab\u00edan alcanzado un grado heroico.<\/p>\n<p>Inmediatamente se procedi\u00f3 a estudiar la acci\u00f3n de los mi\u00adlagros que, por intercesi\u00f3n de su Sierva, se contaban como obrados por Dios. Y Nos, por decreto publicado el 9 de marzo del a\u00f1o anterior 1919, declaramos de Nuestra suprema auto\u00adridad que constaban tres milagros obrados por intercesi\u00f3n de la mencionada Sierva de Dios. Como para esto, dada la \u00edndole de las pruebas, en que se apoyaba esta Causa, fuere necesario que se duplicase el n\u00famero de los milagros, para que lo que faltaba al juicio humano se completase con el divino, y corno se hubiese anunciado poco despu\u00e9s que solamente constaban tres milagros, Nos, interpuesta la autoridad Apost\u00f3lica, nos apresurarnos a desvanecer este \u00fanico obst\u00e1culo que estorbaba. As\u00ed, pues, habiendo seguido el ejemplo de Nuestros Predeceso\u00adres, que usaron de igual indulgencia en las Causas de los Fun\u00addadores de Ordenes o Familias religiosas, hemos dispensado de buen grado sobre el cuarto milagro.<\/p>\n<p>Habiendo, por tanto, sido ya aprobado el juicio sobre las virtudes heroicas y los tres milagros, faltaba solamente se pi\u00addiese a los Padres si pod\u00eda ser contada seguramente la venera\u00adble Sierva de Dios entre los bienaventurados del cielo. Llen\u00f3 este requisito Nuestro Venerable Hermano Vicente Vannutelli, Cardenal de la Santa Iglesia. Romana, Obispo de Ostia y de Palestrina, Decano del Sacro Colegio y Relator de la Causa, en la sesi\u00f3n general celebrada ante Nos en el Palacio Vaticano el d\u00eda 17 del mes de junio del a\u00f1o anterior; y todos, tanto los Cardenales prep\u00f3sitos encargados de la guarda de los Sagra\u00addos Ritos, como los Padres Consultores que se hallaban pre\u00adsentes, respondieron por un\u00e1nime sufragio afirmativamente. Sin embargo, Nos diferimos dar a conocer Nuestro dictamen en asunto de tanta importancia, hasta que pidi\u00e9ramos el auxi\u00adlio al Padre de las luces mediante fervorosas s\u00faplicas.<\/p>\n<p>As\u00ed que lo hubimos hecho con mucho cuidado y diligencia, por fin, en la dominica cuarta despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s, o sea el 6 de julio del mismo a\u00f1o 1919, celebrado antes el santo sacri\u00adficio de la Misa, llamados al Palacio Vaticano Nuestros Vene\u00adrables Hermanos Cardenales de la Santa Iglesia Romana An\u00adtonio Vico, Obispo de Porto y de Santa Rufina, Prefecto de la Congregaci\u00f3n de Sagrados Ritos, y Vicente Vannutelli, Obis\u00adpo de Ostia y de Palestrina, Decano del Sacro Colegio y Re\u00adlator de la Causa, lo mismo que los amados hijos Angel Ma\u00adriani, Promotor General de la Fe, y Alejandro Verde, Secreta\u00adrio de la Congregaci\u00f3n de Sagrados Ritos, y, estando presentes los mismos, decretamos que pod\u00eda procederse seguramente a la solemne Beatificaci\u00f3n de la venerable Sierva de Dios Luisa de Marillac, viuda de Legr\u00e1s, cofundadora de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>A la verdad, consideramos como un efecto del pr\u00f3vido y sabio consejo de Dios, el que en nuestra \u00e9poca, durante la cual estall\u00f3 en Europa la m\u00e1s desastrosa guerra, cuyo insano furor devast\u00f3 cruel\u00edsimamente de modo particular las provincias de Francia, esta hija de la Cat\u00f3lica Francia y ornamento y gloria de aquella muy noble naci\u00f3n, esta ap\u00f3stol de la caridad y del mutuo amor entre los hombres sea elevada a los supremos ho\u00adnores de los altares.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, movidos tambi\u00e9n por las s\u00faplicas ya de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, que tiene por fundador a Vicente de Pa\u00fal, ya de toda la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, de Nuestra Autoridad Apost\u00f3lica, en virtud de las presentes Le\u00adtras, facultamos para que a la venerable Sierva de Dios Luisa de Marillac viuda de Legr\u00e1s se le d\u00e9 para en adelante el nom\u00adbre de Bienaventurada, y sus restos o reliquias se expongan a la p\u00fablica veneraci\u00f3n de los fieles, absteni\u00e9ndose de llevarlas en las rogativas solemnes, y se adornen con resplandores sus im\u00e1genes. Concedemos, adem\u00e1s, de Nuestra misma autoridad se recen de ella cada a\u00f1o el Oficio y la Misa del com\u00fan de no V\u00edrgenes ni M\u00e1rtires con las oraciones propias aprobadas por Nos, conforme a las R\u00fabricas del Misal y Breviario Romanos.<\/p>\n<p>Pero concedemos que pueda rezarse este Oficio y celebrarse esta Misa solamente en la Ciudad y Archidi\u00f3cesis de Par\u00eds, lo mismo que en todos los templos y casas religiosas pertenecien\u00adtes en cualquiera parte del mundo a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y a la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, o en aque\u00adllos lugares en que los mismos Misioneros e Hijas de la Cari\u00addad prestan sus servicios, por todos los Fieles que est\u00e1n obli\u00adgados al rezo de los horas can\u00f3nicas, y, por lo que ata\u00f1e a las Misas, por todos los Sacerdotes, tanto seculares como regula\u00adres, que concurran a las iglesias en que se celebre la fiesta, la cual se ha de celebrar todos los a\u00f1os el d\u00eda 15 del mes de marzo. Finalmente, concedemos que se celebre la solemnidad de la Beatificaci\u00f3n de la venerable Sierva de Dios Luisa de Marillac, viuda de Legr\u00e1s, en los antedichos templos de la Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Cari\u00addad y en la Archidi\u00f3cesis de Par\u00eds, con Oficio y Misas de rito doble mayor; lo que ciertamente mandamos se verifique en el d\u00eda que ha de fijar de antemano el Ordinario, dentro del pri\u00admer a\u00f1o despu\u00e9s de haberse celebrado por Nos las mismas solemnidades en la Bas\u00edlica Vaticana.<\/p>\n<p>No obstando las Constituciones y Ordenaciones Apost\u00f3li\u00adcas y Decretos publicados de <em>non culto, <\/em>ni cualesquiera otros en contrario. Queremos, pues, que a las copias y traslados de estas Letras, tambi\u00e9n impresos, con tal de que est\u00e9n subscrip\u00adtos de mano del Secretario de la Congregaci\u00f3n de Sagrados Ritos y resguardados con el sello del Prefecto, se les d\u00e9 ente\u00adramente la misma fe en las disputas aun judiciales, que se dar\u00eda a la significaci\u00f3n de Nuestra voluntad, despu\u00e9s de pre\u00adsentadas estas Letras.<\/p>\n<p>Dado en Roma en San Pedro bajo el Anillo del Pescador, el d\u00eda 9 de mayo de 1920, a\u00f1o sexto de Nuestro Pontificado.<\/p>\n<ol>\n<li>CARD. GASPARRI, Secretario de Estado.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a1Roma locuta est: EL GRAN D\u00cdA DE GLORIA. &#8211; ASPECTO DE LA BAS\u00cdLICA DE SAN PEDRO, LA CONCURRENCIA EN LAS TRIBUNAS &#8211; LA REPRESENTACI\u00d3N DE LOS MILAGROS. &#8211; LA CEREMONIA RELIGIOSA. &#8211; MO\u00adMENTO EMOCIONANTE. &#8211; &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-xviii-daydi\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":399750,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[18],"tags":[],"class_list":["post-402393","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-luisa-de-marillac"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Luisa de Marillac (XVIII) (Daydi) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-xviii-daydi\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Luisa de Marillac (XVIII) (Daydi) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u00a1Roma locuta est: EL GRAN D\u00cdA DE GLORIA. &#8211; ASPECTO DE LA BAS\u00cdLICA DE SAN PEDRO, LA CONCURRENCIA EN LAS TRIBUNAS &#8211; LA REPRESENTACI\u00d3N DE LOS MILAGROS. &#8211; LA CEREMONIA RELIGIOSA. &#8211; MO\u00adMENTO EMOCIONANTE. &#8211; ... 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