{"id":402383,"date":"2019-07-06T08:59:18","date_gmt":"2019-07-06T06:59:18","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402383"},"modified":"2019-06-07T10:00:33","modified_gmt":"2019-06-07T08:00:33","slug":"luisa-de-marillac-15a-daydi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-15a-daydi\/","title":{"rendered":"Luisa de Marillac (15a) (Daydi)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Primeras flores del jard\u00edn de !a caridad<\/strong><\/p>\n<p>SOR. MARGARITA NASEAU. \u2014 SOR MARGARITA CHETIF. \u2014 SOR MATHURINA GUERIN.\u2014SOR B\u00c1RBARA ANGIBOUST.\u2014SOR JUANA DALLEMAGNE. &#8212; SOR \u00a0JULIANA LORET. &#8212; SOR ANA DE G\u00c9NOVA.<\/p>\n<p>SOR MAR\u00cdA LULLEN. \u2014 SOR MARGARITA BOSSU. \u2014 SOR CECI\u00adLIA\u00a0 DELAITRE. \u2014 SOR MARTA DELTEUIL. \u2014 SOR B\u00c1RBARA BAI I\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014 SOR ANDREA. \u2014 SOR\u00a0 MARGARITA MOREAU. \u2014 UN RAMILLETE DE FLORES.<\/p>\n<p>As\u00ed como, merced a los asiduos e inteligentes cuidados de un buen jardinero, las plantas bien cultivadas se cubren de hermo\u00adsas y fragantes flores; as\u00ed, gracias a los amorosos <em>y <\/em>sol\u00edcitos cui\u00addados, no menos que a la sabia direcci\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal y de la B. Luisa de Marillac, se debe el que aquel primer plan ni el del Instituto de las Hijas de la Caridad se convirtiera muy pronto en delicioso jard\u00edn de cristianas virtudes, en donde brotaron desde el primer momento, con extraordinaria exuberancia, las m\u00e1s bellas flores de piedad, encanto<sup>&#8211;<\/sup> del Rey de los edificaci\u00f3n de la tierra.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tres siglos no se ha desvanecido aun el suave aroma de estas modestas flores, ellas siguen exhalando sus agradables perfumes, y nosotros, reuniendo en este cap\u00edtulo algunas de ellas, formaremos un hermoso ramillete, que aspira\u00adremos con fruici\u00f3n para arraigar m\u00e1s y m\u00e1s en nuestros cora\u00adzones el acendrado amor que profesamos a la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>SOR MARGARITA NASEAU<\/p>\n<p>Al hablar en el curso de esta historia del origen de la Comu\u00adnidad de las Hijas de la Caridad, hemos dicho algo acerca de esta joven, la primera que san Vicente de Pa\u00fal puso en manos de la B. Luisa de Marillac, para formarla en el servicio de los pobres y a la que el mismo Santo llama, en una de sus conferencias, la primera Hija de la Caridad.<\/p>\n<p>Naci\u00f3 Sor Margarita Naseau en Soresnes, pueblo que se hallaba situado cerca de Nanterre, manifestando en todo tiempo s\u00f3lida piedad y energ\u00eda poco com\u00fan para el bien.<\/p>\n<p>Pobre pastorcilla, sent\u00eda en su inocente y puro coraz\u00f3n gran deseo de hacer el bien a sus semejantes, instruy\u00e9ndolos en las pr\u00e1cticas de la vida cristiana. Para mejor realizar sus piado\u00adsos proyectos, aprendi\u00f3 sola a leer, venciendo mil obst\u00e1culos. Al efecto, compr\u00f3 una cartilla y empez\u00f3 a aprender las letras del alfabeto, preguntando al se\u00f1or Cura o a su Vicario el nombre de las primeras letras. Despu\u00e9s, siguiendo el mismo m\u00e9todo, aprendi\u00f3 las otras; luego empez\u00f3 a formar s\u00edlabas y palabras, empleando en este estudio todo el tiempo que la dejaban libre sus ocupaciones; y, cuando ve\u00eda a alguna persona que le pare\u00adc\u00eda instruida, se dirig\u00eda a ella y con gran candor y sencillez admi\u00adrables, le preguntaba : C\u00f3mo se pronuncia esta palabra?<\/p>\n<p>As\u00ed, con esta constancia, que revela su gran fuerza de vo\u00adluntad, aprendi\u00f3 a leer y entonces se dedic\u00f3 a ense\u00f1ar a las ni\u00f1as del pueblo y aun a mujeres ya grandes. Viendo que la ins\u00adtrucci\u00f3n que daba produc\u00eda buenos resultados, llena de santo celo, empez\u00f3 a recorrer los pueblos, ganando para esta obra otras dos o tres j\u00f3venes que ella hab\u00eda instruido, poniendo a una en un pueblo, a otra en una aldea, y as\u00ed fue propagando su obra, y todo esto sin contar con recursos humanos de ning\u00fan g\u00e9nero, s\u00f3lo confiando en la Providencia divina que, en algunas ocasio\u00adnes, la protegi\u00f3 visiblemente.<\/p>\n<p>Seg\u00fan parece, san Vicente de Pa\u00fal conoci\u00f3 a esta joven en una misi\u00f3n que di\u00f3 en Villepreux, y, prendado de sus bellas disposiciones, la agreg\u00f3 a la Cofrad\u00eda de la Caridad de aquella poblaci\u00f3n. Cuando en 1630 se fund\u00f3 en Par\u00eds la Cofrad\u00eda de la parroquia de San Salvador, a cuya cabeza se hallaba la B. Luisa de Marillac, como la piadosa joven manifestase deseos de con\u00adsagrar su vida al servicio de los pobres enfermos, san Vicente la llam\u00f3 a Par\u00eds, entreg\u00e1ndola a la bienaventurada Fundadora, a fin de que la formase para este caritativo empleo, viniendo a ser por este medio, como dice san Vicente de Pa\u00fal en su confe\u00adrencia de 13 de febrero de 1646, la primera Hija de la Caridad.<\/p>\n<p>Una vez en Par\u00eds, atrajo con su ejemplo a otras j\u00f3venes que ella separ\u00f3 de las vanidades del mundo, haci\u00e9ndoles em\u00adprender una vida de abnegaci\u00f3n y piedad bajo la direcci\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal y de la B. Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>Era tal su desprendimiento y generosidad que daba todo cuanto ten\u00eda, priv\u00e1ndose muchas veces aun de lo necesario para darlo a los pobres. Gracias a su industriosa caridad, hizo seguir los estudios a algunos j\u00f3venes pobres, pero piadosos, los que alimentados, sostenidos y animados por ella llegaron a ser muy buenos sacerdotes.<\/p>\n<p>Grande era su humildad y completa su sumisi\u00f3n, pidiendo siempre consejo a sus Superiores para todo cuanto hac\u00eda. En virtud de su perfecta y ejemplar sumisi\u00f3n a las m\u00e1s peque\u00f1as insinuaciones de sus Superiores, pas\u00f3 en poco tiempo por tres parroquias distintas, con gran sentimiento de los pobres que dejaba.<\/p>\n<p>Su paciencia en servir a \u00e9stos era inalterable; jam\u00e1s se que\u00adjaba ni murmuraba de nadie, y su modestia y amabilidad le ganaban los corazones.<\/p>\n<p>Nada nos dar\u00e1 a conocer mejor su ardiente caridad, que el hecho que le ocasion\u00f3 la muerte. Una pobre muchacha, atacada de la peste, se hallaba completamente abandonada; y, no te\u00adniendo la buena Sor Margarita Naseau otra cama que darle, la puso en su propia cama. Contagiada por la terrible enfer\u00admedad, se despidi\u00f3 con amable sonrisa de la Hermana que es\u00adtaba con ella, y, alegre y sumisa a la divina voluntad, se fue al hospital de San Luis, en donde muri\u00f3 m\u00e1rtir de la caridad a fines de febrero de 1633.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>SOR MARGARITA CHETIF<\/p>\n<p>Naci\u00f3 en Par\u00eds el 8 de septiembre de 1611 y fue de las pri\u00admeras j\u00f3venes que, llevada del amor de Jes\u00fas y de los pobres, entr\u00f3 en la Comunidad de las Hijas de la Caridad el 11 de marzo de 1649, cuando este piadoso Instituto apenas comen\u00adzaba. Formada en la piedad por san Vicente de Pa\u00fal y en el esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n por la B. Luisa de Marillac, se penetr\u00f3 tan profundamente de \u00e9l, que siempre y en todas partes fue motivo de edificaci\u00f3n por sus relevantes virtudes. Su tacto y prudencia la hac\u00edan triunfar de todas las dificultades, mereciendo la confianza de los santos Fundadores, quienes la encomendaban las misiones m\u00e1s dif\u00edciles y delicadas.<\/p>\n<p>En el mes de agosto de 1655, Sor Chetif, con otras dos Her\u00admanas, fue designada para ir a Polonia, donde ya se hallaban tres Hijas de la Caridad, llevadas all\u00ed por la reina Luisa Mar\u00eda de Gonzaga. Hab\u00eda ya salido de Par\u00eds con sus Compa\u00f1eras y se hallaba en Rouen para embarcarse, cuando recibi\u00f3 orden de regresar a la Casa madre: pues se supo que en Polonia hab\u00eda estallado la guerra.<\/p>\n<p>En el mes de abril de 1656 se pens\u00f3 mandarla como Supe\u00adriora del hospital de Angers, proyecto que tampoco lleg\u00f3 a rea\u00adlizarse; pues la parroquia, en donde estaba prestando sus servi\u00adcios, exig\u00eda una persona de sus condiciones para llevar las obras a buen t\u00e9rmino. Sin embargo, en el mes de septiembre de aquel mismo a\u00f1o, los Superiores se vieron obligados a sacarla de all\u00ed para enviarla a Arr\u00e1s con otra Hermana, a fin de ocu\u00adparse en el servicio de los pobres de aquella ciudad, que se hallaban en el m\u00e1s lamentable abandono.<\/p>\n<p>Los principios (le aquella obra fueron muy dif\u00edciles; las pri\u00admeras semanas todo fue fatigas y privaciones, no teniendo ni siquiera casa donde vivir, vi\u00e9ndose reducidas a recibir la hospitalidad que de caridad les ofrec\u00edan algunas buenas personas. Con todo, rebosaban alegr\u00eda en medio de su extremada pobreza. al ver que de todas partes acud\u00edan a ellas los pobres enfermos para recibir los caritativos cuidados de las buenas Hermanas, a lo que no estaban acostumbrados.<\/p>\n<p>No obstante sor Sor Chetif persona muy delicada y la gran repugnancia que le causaba la vista de la suciedad y podredumbre de aquellos pobres, se venc\u00eda a s\u00ed misma y los limpiaba y curaba con la m\u00e1s ardiente caridad. \u00abYo la he visto, escrib\u00eda su compa\u00f1era, m\u00e1s de una vez vomitar, curando a una pobre muchacha, cuya pierna estaba tan podrida que hasta hab\u00eda que sacarle los gusanos que la corro\u00edan y, a pesar de lo que sufr\u00eda su naturaleza en este penoso ministerio, siempre quiso desempe\u00ad\u00f1arlo personalmente.<\/p>\n<p>En medio de las grandes dificultades que se presentaron en esta fundaci\u00f3n, lleg\u00f3 un momento en que Sor Chetif dud\u00f3 de su vocaci\u00f3n; pero san Vicente la tranquiliz\u00f3 por medio de una hermosa carta que le escribi\u00f3 el 18 de febrero de 1657, en la que le dec\u00eda que aquello no era m\u00e1s que tentaci\u00f3n del maligno esp\u00edritu, Quien, viendo todo el bien que hac\u00eda, quer\u00eda arran\u00adcarla de los brazos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Ya hemos visto en el curso de esta historia que la B. Luisa de Marillac la hab\u00eda designado para sucederla en el cargo de Superiora General de la Compa\u00f1\u00eda, cargo que desempe\u00f1\u00f3 du\u00adrante seis a\u00f1os, d\u00e1ndose sin reserva al bien y prosperidad de todas las obras, hasta el extremo de agotar casi por completo sus fuerzas Esto no obstante, al cumplir su segundo trienio de Superiora General, no dud\u00f3 en aceptar la direcci\u00f3n del hospi\u00adtal de Angers. Sin poder casi sostenerse, debilitada en extremo por sus v\u00f3mitos de sangre, Sor Chetif era modelo (le actividad y de regularidad, hasta llegar a querer velar por turno, como todas las dem\u00e1s, para aliviar as\u00ed el trabajo de las otras Her\u00admanas.<\/p>\n<p>Llamada a la Casa madre, sigui\u00f3 siendo all\u00ed, los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, lo que hab\u00eda sido siempre, perfecta y edifi\u00adcante Hija de la Caridad; pues, no teniendo m\u00e1s que un soplo de vida, se la ve\u00eda bajar todas las ma\u00f1anas a la Capilla, no que\u00adriendo nunca dejar de asistir a la santa Misa y recibir la sa\u00adgrada comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Nunca se la oy\u00f3 hablar mal de nadie, ni aun cuando las faltas del pr\u00f3jimo fuesen p\u00fablicas, no permitiendo que en su presencia se faltase a la caridad. Su amor a la pobreza era tan grande, que siendo Superiora General se la oy\u00f3 decir que pre\u00adferir\u00eda ver hundirse la casa, antes que verla rica. Su esp\u00edritu de fe y de religi\u00f3n hac\u00edan que mirase con tanto respeto a los ministros del altar, que estando encargada de la sacrist\u00eda, su compa\u00f1era de oficio la vi\u00f3 varias veces besar la tierra por donde pasaban los sacerdotes al volver de celebrar la santa Misa.<\/p>\n<p>Se refiere de Sor Chetif un hecho que tiene algo de prodi\u00adgioso, que sucedi\u00f3 como cuatro a\u00f1os antes de su muerte. Es el caso, que en 1690, habi\u00e9ndose pegado fuego durante la noche en la lavander\u00eda de la Casa madre, tom\u00f3 el fuego tal incremento que amenazaba destruir toda la casa. La buena Sor Chetif, des\u00adpu\u00e9s de haber orado unos instantes en la capilla con algunas otras Hermanas, se dirigi\u00f3 al lugar del incendio, quit\u00f3se el esca\u00adpulario que llevaba y se lo dio a uno de los Padres Recoletos que hab\u00edan acudido a prestar auxilio a las Hermanas, rog\u00e1n\u00addole lo arrojara en medio de las llamas en nombre de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad y de la Virgen Inmaculada.<\/p>\n<p>Inmediatamente empez\u00f3 el fuego a apaciguarse sin comu\u00adnicarse al resto del edificio. Cuando el fuego estuvo completa\u00admente apagado, se encontr\u00f3 el escapulario intacto, sin quema\u00addura alguna, volvi\u00e9ndoselo a poner la piadosa Hermana con grande alegr\u00eda y gratitud, bajando con \u00e9l al sepulcro.<\/p>\n<p>All\u00ed, en su querida Casa madre, termin\u00f3 sus d\u00edas llena de a\u00f1os y de m\u00e9ritos, yendo a recibir la recompensa eterna prome\u00adtida por Nuestro Se\u00f1or a las almas amantes de los pobres, el d\u00eda 9 de enero de 1694, a los ochenta y tres a\u00f1os de edad y cua\u00adrenta y cinco de vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>SOR MATHURINA GUERIN<\/p>\n<p>Sor Mathurina Guerin debe contarse entre las figuras m\u00e1s sobresalientes de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Naci\u00f3 en Breta\u00f1a en el pueblo de Moncontours el 16 de mayo de 1631. Dios la favoreci\u00f3 desde su infancia con excelentes dones de naturaleza y de gracia. A su belleza poco com\u00fan, un\u00eda clara, viva y despejada inteligencia, juicio s\u00f3lido, bien formado, debido a la esmerada educaci\u00f3n que hab\u00eda recibido, dando gran realce a todas estas bellas cualidades, su natural candoroso y su encantadora modestia, que la hac\u00edan due\u00f1a de todos los cora\u00adzones.<\/p>\n<p>Las vanidades de la tierra y las diversiones del mundo no ten\u00edan para se coraz\u00f3n atractivo alguno, d\u00e1ndose desde su m\u00e1s tierna edad a las pr\u00e1cticas de la piedad cristiana, aspirando a la dicha de dejar el mundo, consagr\u00e1ndose a Dios en la vida reli\u00adgiosa; deseos que encontraron fuerte oposici\u00f3n de parte de sus padres, cuyo amor a su querida hija les hac\u00eda insoportable el pensamiento de perderla, empleando, en consecuencia, todos los medios imaginables para hacer que desistiera de sus piadosos designios.<\/p>\n<p>Cuanto mayores eran los obst\u00e1culos, m\u00e1s firme era su cons\u00adtancia; le cual determin\u00f3 a sus padres a no contrariar su voca\u00adci\u00f3n, d\u00e1ndole, al fin, permiso para entrar en el Convento de las Carmelitas de Rennes.<\/p>\n<p>No era all\u00ed donde Dios la llamaba: as\u00ed es que, cuando todo estaba dispuesto para tomar el h\u00e1bito y empezar su noviciado, una grave enfermedad la hizo desistir de su empe\u00f1o.<\/p>\n<p>Recobrada por completo la salud, crey\u00f3 su padre que lo me\u00adjor ser\u00eda casarla, invit\u00e1ndola a que aceptase alguno de los ven\u00adtajosos partidos que se le presentaban; pero la joven Mathurina que, hab\u00eda ya consagrado su coraz\u00f3n a Dios, rog\u00f3 a su padre no la hiciera ninguna instancia sobre este punto, ale\u00adgando ser aun demasiado joven para pensar en el matrimonio; mas su padre, no atendiendo a sus razones, sigui\u00f3 adelante sus proyectos, llegando hasta a prometerla a un joven y empezando a disponer desde luego las cosas para la realizaci\u00f3n de su pro\u00adyectado enlace.<\/p>\n<p>Consternada la joven Mathurina al ver la invencible resolu\u00adci\u00f3n de su padre y no sabiendo qu\u00e9 partido tomar, se resolvi\u00f3 a cortar por lo sano, y, llamando a su padre, le dijo resuelta\u00admente que jam\u00e1s dar\u00eda su consentimiento; pues hac\u00eda ya mucho tiempo que ten\u00eda hecho voto a Dios de perpetua virginidad y que por nada del mundo faltar\u00eda a su sagrado compromiso.<\/p>\n<p>El padre, que era hombre de fe, al oir estas palabras, dio un gran suspiro, e, inclin\u00e1ndose ante la voluntad de su hija, le prometi\u00f3 que no la molestar\u00eda m\u00e1s en adelante sobre este punto.<\/p>\n<p>En cuanto a la realizaci\u00f3n de sus aspiraciones de entrar en una Comunidad religiosa, quedaban siempre en pie los mismos insuperables obst\u00e1culos. Dios vino, sin embargo, en su auxilio, por medio de una misi\u00f3n que los Hijos de san Vicente de Pa\u00fal dieron en Langourla, lugar en donde por entonces habitaba la familia Guerin.<\/p>\n<p>Asisti\u00f3 la joven Mathurina a los ejercicios de la misi\u00f3n con su acostumbrada y ejemplar piedad; y, despu\u00e9s de confesarse con uno de los misioneros, el se\u00f1or Tibaut, sacerdote de mucha pie\u00addad y experiencia, le abri\u00f3 su coraz\u00f3n y le expuso sus deseos y aspiraciones, haci\u00e9ndole conocer los obst\u00e1culos que ten\u00eda para realizarlos.<\/p>\n<p>El buen misionero examin\u00f3 con mucho cuidado aquella alma que Dios le conduc\u00eda y reconociendo en ella las se\u00f1ales de una verdadera vocaci\u00f3n, le propuso la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, d\u00e1ndosela a conocer, dici\u00e9ndola que en esta Comuni\u00addad tendr\u00eda por modelo a Jesucristo, al que habr\u00eda que imitar en todo, abrazando la pobreza, la humildad y la abnegaci\u00f3n, con\u00adsagrando su vida al servicio de los pobres. Recomend\u00f3le pidiese mucho a Dios le hiciera conocer cu\u00e1l era su voluntad.<\/p>\n<p>H\u00edzolo as\u00ed la piadosa joven y, reconociendo que Dios la llamaba a este santo estado, se resolvi\u00f3 a abrazarlo. El mismo misionero escribi\u00f3 a los Superiores de Par\u00eds, los que contesta\u00adron que la joven Mathurina Guerin era admitida en la Comuni\u00addad, fij\u00e1ndose el d\u00eda en que, con algunas otras j\u00f3venes que aspi\u00adraban a lo mismo, deb\u00eda emprender el viaje para Par\u00eds.<\/p>\n<p>Momentos de verdadera angustia fueron estos para nuestra joven. Se sent\u00eda fuertemente llamada por Dios hacia la Com\u00adpa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad; por otra parte, no quer\u00eda faltar a la obediencia y respeto debido a sus padres; mas apenas expuso su resoluci\u00f3n, cuando su padre sali\u00f3 de la casa diciendo que no quer\u00eda saber nada de aquel asunto.<\/p>\n<p>En esta perplejidad, acudi\u00f3 la piadosa joven a la Sant\u00edsima Virgen, auxilio de los cristianos, a la que profesaba tierna y filial devoci\u00f3n, yendo a una capilla que le estaba dedicada, para implorar su socorro. La buena Madre del cielo escuch\u00f3 sus ruegos y le inspir\u00f3 que esperara a su padre que hab\u00eda de pasar por la capilla, al regresar a su casa, y que all\u00ed mismo le hablase.<\/p>\n<p>Apenas vio a su padre, se arroj\u00f3 a sus pies y le rog\u00f3 que no se opusiera por m\u00e1s tiempo a la voluntad de Dios y a su pro\u00adpia felicidad; y tales fueron sus instancias, que, al fin, \u00e9ste, profundamente emocionado y con l\u00e1grimas en los ojos, le di\u00f3 el permiso que tanto deseaba. Inmediatamente hizo sus prepa\u00adrativos, abraz\u00f3 a sus padres y hermanos y se puso en camino de Rennes, para tomar all\u00ed la diligencia que la deb\u00eda conducir a Par\u00eds. El buen padre quiso acompa\u00f1arla, siquiera hasta Rennes y fue bastante due\u00f1o de s\u00ed mismo para acomodarla en la diligencia ; pero apenas \u00e9sta arranc\u00f3, cuando todo el cari\u00f1o pa\u00adternal se sublev\u00f3 en \u00e9l, el sentimiento y el dolor lo enloquecie\u00adron y, sin saber lo que hac\u00eda, ech\u00f3 a correr tras el coche llo\u00adrando y gritando : <em>\u00a1hija m\u00eda! \u00a1hija m\u00eda! <\/em>hasta que la diligencia se perdi\u00f3 de vista y, entrando en s\u00ed mismo, aquel pobre padre regres\u00f3 a su casa triste y pesaroso, no encontrando ya en ella a aquella hija que era su encanto, el consuelo y alegr\u00eda de su vida.<\/p>\n<p>Sor Mathurina Guerin entr\u00f3 en el Seminario de la Casa madre de Par\u00eds el 12 de septiembre de 1648, en donde se aplic\u00f3 con especial cuidado a adquirir el esp\u00edritu de la Comunidad, tornando el santo h\u00e1bito el 24 de diciembre del mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>Al salir del Seminario, fue enviada a la parroquia de San Juan, en Greve; pero, habiendo ca\u00eddo all\u00ed enferma, fue de nuevo llamada a la Casa madre. Cuando se hubo restablecido por completo, fue enviada a Liancourt, en donde hac\u00eda poco que las Hermanas hab\u00edan comenzado un peque\u00f1o hospital.<\/p>\n<p>Las virtudes que m\u00e1s brillaban en ella eran su piedad <em>y <\/em>hu\u00admildad, su exactitud, su afable dulzura y su angelical modestia. Hablaba muy poco, pero siempre muy a prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3, hall\u00e1ndose en Liancourt, que las Hermanas se vie\u00adron atrozmente calumniadas y su honor corr\u00eda de boca en boca, sin que ellas se dieran cuenta de lo que pasaba ; pero el d\u00eda de San Jos\u00e9 fueron las Hermanas a confesarse como de ordinario, y el confesor&#8217;, prevenido ya contra ellas por el falso crimen que se les imputaba, las recibi\u00f3 muy mal y sin decirles claramente de lo que se trataba, les dijo: \u00abRetir\u00e1os, sois unas embusteras ; ven\u00eds aqu\u00ed a acusaros de faltas ligeras y call\u00e1is los enormes pecados que comet\u00e9is; buscad otro confesor, yo no puedo daros la absoluci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Las tres (Hermanas se retiraron humildemente y permane\u00adcieron en esta situaci\u00f3n durante cuatro meses, privadas de los Sacramentos, no cumpliendo ni siquiera con el precepto pas\u00adcual.<\/p>\n<p>Sor Mathurina, que no comprend\u00eda la raz\u00f3n de lo que estaba pasando ; viendo, por otra parte, que su superiora no hac\u00eda nada para salir de aquel estado, escribi\u00f3 a san Vicente, inform\u00e1ndole de todo. El Santo, con su prudencia habitual, no quiso que las Hermanas abandonasen el lugar hasta que Dios disipase aquella calumnia, exhort\u00e1ndolas entre tanto a sacar buen fruto de ella.<\/p>\n<p>Por su parte, la B. Luisa de Marillac fue a hablar a la Du\u00adquesa de Liancourt, que se encontraba en Par\u00eds, rog\u00e1ndole que procurara remediar este mal.<\/p>\n<p>Apenas llegada la Duquesa a sus tierras de Liancourt, pro\u00adcur\u00f3 informarse con el p\u00e1rroco de la raz\u00f3n por la que hab\u00eda tenido tanto tiempo privadas de los Sacramentos a las tres Hijas de la Caridad. El se\u00f1or cura le dijo que las Hermanas ten\u00edan muy mala reputaci\u00f3n en la poblaci\u00f3n; pues dos j\u00f3venes del lugar, que nombr\u00f3, hab\u00edan asegurado ante \u00e9l y todos los sacerdotes de la parroquia reunidos, que hab\u00edan visto entrar en casa de las Hermanas a dos hombres a altas horas de la noche, y que lo mismo hac\u00edan durante el oficio parroquial y las v\u00edsperas de los domingos y d\u00edas festivos, dando tantas particu\u00adlaridades, que parec\u00eda imposible que no fuera cierto.<\/p>\n<p>La duquesa de Liancourt llam\u00f3 a Sor Mathurina y le mani\u00adfest\u00f3 claramente el crimen que se les imputaba y que las Her\u00admanas ignoraban por completo. Sin inmutarse en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo, contest\u00f3 con tal paciencia y dulzura, que no pudieron menos que edificar&#8217; a la se\u00f1ora Duquesa: \u00abYo pongo toda mi confianza en Dios; de El s\u00f3lo espero mi justificaci\u00f3n; este asunto es m\u00e1s suyo que m\u00edo; mi causa es su causa.\u00bb<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Liancourt comprendi\u00f3 en seguida que se tra\u00adtaba de una atroz calumnia; y el ejemplo de Daniel, confun\u00addiendo a les falsos acusadores de la casta Susana, cruz\u00f3 por su mente como una inspiraci\u00f3n del cielo. Hizo comparecer por separado a los dos j\u00f3venes, procurando que el p\u00e1rroco pudiese oirlo todo desde una pieza cercana. Aquellos j\u00f3venes empezaron por cortarse, por decir incoherencias <em>y <\/em>caer en tales contradiccio\u00adnes, que, al fin, desconcertados, se vieron obligados a confesar ingenuamente sus mentiras y maliciosas calumnias ; oyendo lo cual el pobre p\u00e1rroco, qued\u00f3 confuso por haber dado cr\u00e9dito a la calumnia y haber tratado con tanto rigor e injusticia a aque\u00adllas buenas Hermanas.<\/p>\n<p>Llena de indignaci\u00f3n la Duquesa de Liancourt quiso que se castigara p\u00fablicamente a aquellos miserables calumniadores; pero Sor Mathurina intercedi\u00f3 por ellos pidiendo su gracia de rodillas, no queriendo ni siquiera conocer el nombre de aquellos que tanto da\u00f1o le hab\u00edan causado.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal qued\u00f3 profundamente edificado de la conducta de Sor Mathurina, la que fue llamada a la Casa madre para desempe\u00f1ar el cargo de secretaria y encargada de la for\u00admaci\u00f3n de las j\u00f3venes Hermanitas del Seminario.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el testimonio de las Hermanas de su tiempo, ten\u00eda don especial para comprender y reproducir el pensamiento de los Fundadores. Como secretaria de la B. Luisa de Marillac, se form\u00f3 no s\u00f3lo en su esp\u00edritu, sino hasta en su estilo. Ella fue la que escribi\u00f3 algunas de las conferencias de san Vicente, seg\u00fan las notas que la bienaventurada Fundadora y ella tomaban jun\u00adtamente.<\/p>\n<p>Habiendo surgido algunas dificultades en el hospital de Angers, la B. Luisa de Marillac, que ante todo miraba el bien gene\u00adral de la Compa\u00f1\u00eda, hizo el sacrificio de desprenderse de Sor Mathurina, que tan \u00fatil le era, mand\u00e1ndola a encargarse de aquel hospital algunos meses antes de su muerte. Los adminis\u00adtradores del hospital de Angers tuvieron ocasi\u00f3n de admirar su entereza, a la vez que su inteligencia y su gran coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>En el mes de mayo de 1660, dos meses despu\u00e9s de la muerte de la bienaventurada Madre, san Vicente envi\u00f3 a Sor Mathurina a Breta\u00f1a, para regentar el nuevo hospital de Belle-Isle, donde trabaj\u00f3 sin descanso y donde brillaron sus virtudes, a tal punto, que el representante del rey en Belle-Isle, el se\u00f1or de Chevigny, edificado de tan hermosos ejemplos de virtud y de abnegaci\u00f3n, no s\u00f3lo se convirti\u00f3 de veras a Dios, emprendiendo una vida pr\u00e1cticamente cristiana, sino que renunci\u00f3 al mundo, in\u00adgresando en la Comunidad de los Padres del Oratorio.<\/p>\n<p>En 1667 fue elegida Superiora General de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, cargo que desempe\u00f1\u00f3 en tres per\u00edodos distintos de seis a\u00f1os cada uno y uno de tres a\u00f1os, que fue el \u00faltimo, habiendo desempe\u00f1ado veinti\u00fan a\u00f1os el importante cargo de Superiora General.<\/p>\n<p>Durante los generalatos de los se\u00f1ores Almer\u00e1s, y Jolly, Sor Mathurina Guerin organiz\u00f3 completamente la Comunidad, con tanta inteligencia y tan admirable tacto, que vino a completar la obra de san Vicente de Pa\u00fal y de la B., Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>En 1685, siendo Superiora General, san Vicente obr\u00f3 en su favor un milagro, que es el tercero de los cuatro aprobados por la Santa Sede, para la beatificaci\u00f3n del santo Fundador.<\/p>\n<p>Hac\u00eda tres a\u00f1os que ven\u00eda sufriendo de una horrible \u00falcera en una pierna, \u00falcera que los m\u00e9dicos llamaban <em>phaged\u00e9nica, <\/em>porque corroe hasta los huesos. Viendo Sor Mathurina los mila\u00adgros que se realizaban en el sepulcro del Siervo de Dios, se anim\u00f3 a pedir a su buen Padre hiciera por su hija uno de los prodigios que hac\u00eda en favor de toda clase de personas. Comenz\u00f3, al efecto, una novena, yendo todos los d\u00edas al sepulcro de su ve\u00adnerado Padre. El \u00faltimo d\u00eda de la novena, su pierna se hall\u00f3 de repente completamente sana, como si jam\u00e1s hubiera tenido mal alguno.<\/p>\n<p>El \u00faltimo d\u00eda de su vida, en el a\u00f1o 1704, no obstante sentirse muy mal, quiso recibir la santa comuni\u00f3n en la capilla con la Comunidad y, al terminar su acci\u00f3n de gracias, aquella bella alma vol\u00f3 al cielo a recibir el premio de sus trabajos y de sus virtudes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primeras flores del jard\u00edn de !a caridad SOR. 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