{"id":402381,"date":"2019-07-04T08:58:08","date_gmt":"2019-07-04T06:58:08","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402381"},"modified":"2019-06-07T09:59:10","modified_gmt":"2019-06-07T07:59:10","slug":"luisa-de-marillac-14-daydi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-14-daydi\/","title":{"rendered":"Luisa de Marillac (14) (Daydi)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Sus grandes virtudes<\/strong><\/p>\n<p>RAZ\u00d3N DE LA CONFERENCIA NECROL\u00d3GICA DE LA B. LUISA DE MARILLAC, LA GLORIA DE DIOS Y LA IMITACI\u00d3N DE SUS VIRTUDES. SU UNI\u00d3N CONSTANTE CON DIOS. \u2014 SU AMOR A LOS POBRES, A LAS HERMANAS, ESPECIALMENTE A LAS ENFERMAS. \u2014 HUMILDAD. \u2014 PRUDENCIA. \u2014 RECOMENDACI\u00d3N DE SAN VICENTE DE PA\u00daL. \u2014 POBREZA. \u2014 ESP\u00cdRITU INTERIOR. \u2014 SAN VICENTE INCULCA LA NECESIDAD DE LA VIDA INTERIOR. \u2014 EJEMPLO DE LAS HER\u00adMANAS DE POLONIA. \u2014 RESPETO DE LA B. MADRE HACIA LAS HERMANAS. &#8212; DULZURA, TOLERANCIA Y PACIENCIA. \u2014 SUMISI\u00d3N Y CONFIANZA EN LA DIVINA PROVIDENCIA.<\/p>\n<p>Aun cuando en el curso de esta historia hemos tenido oca\u00adsi\u00f3n de hacer resaltar las grandes y hermosas virtudes de la B. Luisa de Marillac, no creernos por dem\u00e1s presentarlas reunidas en un solo cap\u00edtulo que las abarque todas.<\/p>\n<p>Para conseguir este objeto, nada nos ha parecido m\u00e1s a prop\u00f3sito que transcribir aqu\u00ed la conferencia necrol\u00f3gica de la bienaventurada Madre, presidida por san Vicente de Pa\u00fal, en la que sus propias Hijas, testigos de su piadosa vida, nos las presentan en toda su luz, con aquel car\u00e1cter de sinceridad y candorosa sencillez que les es tan peculiar. Recojamos con amor y respeto todo cuanto se dijo en aquella conferencia los d\u00edas 3 y 24 de julio de 1660.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed esta tierna y hermosa p\u00e1gina, tomada de las notas de las primeras Hijas de la Caridad que a ella asistieron.<\/p>\n<p>Habiendo llegado, dicen, nuestro muy honorable Padre al lugar de la conferencia, despu\u00e9s de haber invocado, como sol\u00eda, la asistencia del Esp\u00edritu Santo, nos habl\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00abMis amadas Hermanas: doy gracias a Dios de haberme conservado a\u00fan hasta este instante en que tengo el consuelo de veros reunidas todas juntas. Pod\u00e9is muy bien creer que he deseado en extremo haberlo podido verificar durante la grave enfermedad de la buena se\u00f1ora Legr\u00e1s; pero yo sufr\u00eda tambi\u00e9n una penosa enfermedad, que me ha debilitado bastante. Tal ha sido la voluntad de Dios y creo que si lo ha permitido, ha sido para la mayor perfecci\u00f3n de la persona de quien vamos a ha\u00adblar&#8230; Vamos, pues, a tratar de la se\u00f1ora Legr\u00e1s, de sus vir\u00adtudes, de aqu\u00e9llas, sobre todo, que m\u00e1s os propon\u00e9is imitar; porque deb\u00e9is seguir sus ejemplos, si dese\u00e1is ser buenas Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Esta conferencia se dividir\u00e1 en tres puntos, como es cos\u00adtumbre. Ser\u00e1 el primero los motivos y razones que tienen las Hijas de la Caridad para proponerse imitar las virtudes de aquellas Hermanas que han ido ya a Dios y muy particular\u00admente las de su muy amada. Madre, la se\u00f1ora Legr\u00e1s. El se\u00adgundo, las virtudes que han notado en ella. El tercero, cu\u00e1les son las que m\u00e1s vivamente les han impresionado y que se pro\u00adponen imitar con la gracia de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>La primera Hermana a quien el se\u00f1or Vicente dirigi\u00f3 la pregunta, no pudo hablar; el dolor y las l\u00e1grimas sofocaron su voz. No pudo, en aquel momento, recordar a su buena Madre, sin pensar que la hab\u00eda perdido. Recobr\u00f3se y volvi\u00f3 en s\u00ed poco despu\u00e9s, como diremos m\u00e1s abajo. Fu\u00e9 preciso preguntar a otra, y \u00e9sta respondi\u00f3: La primera raz\u00f3n que me ha parecido deber m\u00e1s empe\u00f1arnos en considerar las virtudes de nuestra muy honorable Madre, es para dar por ellas gracias a Dios; la segunda es para animarnos a imitarlas, y si as\u00ed no lo hacemos, ser\u00e1 esto para nosotras gran motivo de confusi\u00f3n delante de Dios, porque nos la hab\u00eda dado como modelo que deb\u00edamos seguir.<\/p>\n<p>En cuanto a las virtudes que he visto resplandecer m\u00e1s en ella, digo, en primer lugar, que su esp\u00edritu estaba siempre ele\u00advado a Dios, mayormente en sus penas y en sus enfermeda\u00addes; en todas las cosas no miraba ni se propon\u00eda m\u00e1s que su santa voluntad. Nunca se quejaba de sus males; al contrario, su esp\u00edritu parec\u00eda hallarse en ellos tranquilo y contento.<\/p>\n<p>En segundo lugar, ten\u00eda gran afici\u00f3n a los pobres, hallando particular satisfacci\u00f3n en servirles. Yo la he visto acoger a los que sal\u00edan de las c\u00e1rceles, les lavaba los pies, los aseaba y ves\u00adt\u00eda con los vestidos de su se\u00f1or hijo.<\/p>\n<p>En tercer lugar<sub>;<\/sub> pose\u00eda en grado sumo la caridad para con las Hermanas enfermas ; iba con frecuencia a visitarlas en la enfermer\u00eda, teniendo mucho gusto en prestarles alg\u00fan peque\u00f1o servicio; pero, sobre todo, pon\u00eda gran cuidado en asistirlas en la muerte, y, si \u00e9sta acaec\u00eda de noche, se levantaba de la cama, a menos de hallarse muy enferma. Cuando sus enfermedades no le permit\u00edan ir en persona, enviaba a la Hermana Asistenta a verlas de su parte, para saludarlas y llevarles algunas pala\u00adbras de consuelo. A las que enfermaban de peligro en las dis\u00adtintas parroquias de Par\u00eds, iba tambi\u00e9n a verlas. Su ternura para sus queridas Hermanas era tal, que era necesario tomar algunas precauciones para anunciarle que Dios hab\u00eda dispuesto de alguna de ellas; pues se impresionaba tanto que, en muchas ocasiones no le era posible contener las l\u00e1grimas. Con un cora\u00adz\u00f3n como el suyo no hay que sorprenderse de que tuviera para su se\u00f1or hijo y para toda su familia los sentimientos que pres\u00adcriben a la vez la naturaleza y la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>En fin, llevaba la humildad tan lejos como es posible llevar\u00adla; era la primera en acusarse y pedir perd\u00f3n a todas las Her\u00admanas. Yo la he visto postrarse en tierra, donde hubiera que\u00adrido que todas la pisasen, lavaba la vajilla y hubiera hecho los oficios m\u00e1s bajos y penosos de la casa, si sus fuerzas se lo hubieran permitido. Alguna vez serv\u00eda en el refectorio y all\u00ed ped\u00eda perd\u00f3n de sus faltas y hac\u00eda actos de penitencia, como extender los brazos en cruz y postrarse en tierra.<\/p>\n<p>Habiendo terminado de hablar, el se\u00f1or Vicente pidi\u00f3 a otra Hermana dijera lo que hab\u00eda notado de particular, a lo que contest\u00f3, diciendo: Padre m\u00edo, ten\u00eda la se\u00f1ora consumada prudencia en todas las cosas. Parec\u00eda conocer todos nuestros defectos, pues nos los dec\u00eda antes que le hubi\u00e9semos hablado; pero usaba de gran prudencia en sus avisos. Nos recomendaba mucho que no busc\u00e1semos en nuestras acciones nuestro propio inter\u00e9s, sino s\u00f3lo la gloria de Dios. Era tambi\u00e9n muy interior.<\/p>\n<p>A estas palabras, nuestro honorable Padre a\u00f1adi\u00f3 las si\u00adguientes reflexiones: \u00abHermanas m\u00edas, se nos acaba de indi\u00adcar una virtud de vuestra digna Madre muy esencial. Cierta\u00admente, yo creo no haber tratado nunca con persona alguna de mayor prudencia que ella. La pose\u00eda en el m\u00e1s alto grado, y deseo con todo mi coraz\u00f3n que la Compa\u00f1\u00eda tenga esta virtud que le es tan necesaria. Consiste en ver c\u00f3mo debemos por\u00adtarnos en todas las cosas y principalmente en examinar bien los medios, el tiempo y el lugar en que debemos hacer las adver\u00adtencias, que tenemos obligaci\u00f3n de hacer. Quiera Dios, Her\u00admanas m\u00edas, claros esta virtud, tal como \u00c9l sabe que la necesi\u00adt\u00e1is, pues no os basta una prudencia cualquiera. Ten\u00e9is que tratar con personas de condici\u00f3n y con los pobres; importa, pues, saber manejaros correctamente en tan distintas circuns\u00adtancias. Y \u00bfqui\u00e9n har\u00e1 esto? la prudencia. Hay una prudencia falsa, que no atiende al tiempo ni al lugar, que en todo obra inconsideradamente.<\/p>\n<p>Es muy dif\u00edcil no incurrir en esta falta. Oh, Dios m\u00edo, ape\u00adnas hay religi\u00f3n que no haya ca\u00eddo en ella, no obstante ser cosa muy peligrosa, y bien sab\u00e9is que entre vosotras algunas han perdido su vocaci\u00f3n por esta causa. Si se cometen impruden\u00adcias en vuestra Compa\u00f1\u00eda, se hablar\u00e1 mal de ella, de un lado; mientras que por el otro se hablar\u00e1 bien. En Narbona se hacen los m\u00e1s grandes elogios de vuestras Hermanas, porque son de modestia y circunspecci\u00f3n admirables y quiz\u00e1s en otra parte se diga: \u00a1He ah\u00ed unas mujeres sin prudencia, que no reflexio\u00adnan lo que hacen!<\/p>\n<p>Prudencia, pues, mis muy amadas Hermanas, prudencia en todas partes, con ella gozar\u00e9is por doquiera de tranquilidad y sin ella no tendr\u00e9is m\u00e1s que confusi\u00f3n y desorden. Para obte\u00adnerla conviene pedirla mucho a Dios y \u00bfqui\u00e9n os ayudar\u00e1 a adquirirla? Vuestra Madre que est\u00e1 en el cielo; pues no es menor su caridad para con vosotras, ahora en aquella mansi\u00f3n bienaventurada, que la que ten\u00eda sobre la tierra; m\u00e1s aun, la tiene mayor m\u00e1s perfecta. Dirig\u00edos, pues, a ella, porque aunque no se debe honrar con culto p\u00fablico a los difuntos que no est\u00e1n canonizados, podemos invocarlos en particular.\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de estas palabras, pidi\u00f3 el se\u00f1or Vicente a otra Hermana dijera lo que hab\u00eda notado en la piadosa difunta. Padre m\u00edo, dijo, he conocido que deseaba mucho que la Com\u00adpa\u00f1\u00eda se conservara en el esp\u00edritu de humildad y de pobreza; nosotras, sol\u00eda decir, somos las siervas de los pobres, por con\u00adsiguiente, debemos ser m\u00e1s pobres que ellos.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed la interrumpi\u00f3 nuestro honorable Padre, diciendo: \u00abTen\u00e9is mucha raz\u00f3n en decir que vuestra amada Madre amaba mucho la pobreza ; para convencerse de ello no hay m\u00e1s que ver c\u00f3mo iba vestida, y no obstante vestir pobr\u00edsimamente, aun le parec\u00eda demasiado bien y me hab\u00eda pedido, en otro tiempo, la permitiera vivir en mayor pobreza. Por lo que respecta a vuestra Compa\u00f1\u00eda, recomendaba siempre que se mantuviera perpetuamente en este esp\u00edritu, y, a la verdad, este es el medio soberano para asegurar su conservaci\u00f3n. La pobreza es una virtud que Nuestro Se\u00f1or practic\u00f3 sobre la tierra y ha que\u00adrido que sus ap\u00f3stoles la practicasen tambi\u00e9n. El Maestro y sus Disc\u00edpulos fueron pobres en su comida y en su porte, y la misma voz que ha dicho: <em>\u00a1Ay de vosotros ricos! <\/em>dijo tambi\u00e9n: <em>Las zorras tienen sus madrigueras y las aves sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza. <\/em>Cuerda\u00admente, pues, vuestra piadosa Madre os ha hecho guardar du\u00adrante veinticinco a\u00f1os exacta pobreza en todo: en vuestros vestidos, en vuestro alimento y en todas vuestras necesidades. \u00a1Qu\u00e9 desgracia si alguna de vosotras fuere relaj\u00e1ndose en este punto! \u00a1Si en vez de contentarse con la frugalidad del refec\u00adtorio, buscase la mesa de las se\u00f1oras&#8230;! \u00a1Ah! si por desgracia sucediese que alguna de vosotras se permitiera decir: \u00abNo se nos trata bien en el alimento, no se puede vivir de esta manera, etc\u00e9tera!\u00bb \u00a1Ah, Hermanas m\u00edas! ser\u00eda preciso gritar <em>\u00a1al lobo! <\/em>mejor ser\u00eda separar este esp\u00edritu, como el esp\u00edritu del demonio, que debe expelerse desde el principio. Conservad, Hermanas m\u00edas, la pobreza y la pobreza os conservar\u00e1; consentid m\u00e1s bien en ir vestidas de harapos, antes que salir de vuestra sen\u00adcillez.<\/p>\n<p>Imprimid, Se\u00f1or, estas m\u00e1ximas en. nuestros corazones, grabadlas tan profundamente en ellos, que, viendo a una Hija de la Caridad, se vea brillar en ella el esp\u00edritu de pobreza <em>y <\/em>que se diga : iBendito sea Dios que le ha dado este esp\u00edritu!\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de estas reflexiones, la Hermana continu\u00f3 dicien\u00addo que hab\u00eda observado en la se\u00f1ora Legr\u00e1s, que manifestaba igualmente su afecto a una de sus Hijas que a otra, y que pro\u00adcuraba contentar a todas.<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed es, repuso el se\u00f1or Vicente, y, aun cuando la efusi\u00f3n de su coraz\u00f3n no se trasluc\u00eda siempre igualmente, yo s\u00e9 muy bien que su amor se extend\u00eda a todas. Padre m\u00edo, a\u00f1adi\u00f3 la Hermana, la se\u00f1ora ten\u00eda gran cui\u00addado por la salvaci\u00f3n de las almas, era muy interior y ten\u00eda siempre su esp\u00edritu ocupado en Dios.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente se detuvo mucho en este \u00faltimo art\u00edculo. Despu\u00e9s de haber establecido que, ser interior es tener el esp\u00ed\u00adritu y el coraz\u00f3n elevado a Dios y estar desprendido de todo afecto del mundo, de parientes, de pa\u00eds, en una palabra, de todas las cosas de la tierra, exhort\u00f3 a las Hermanas a decir con frecuencia: \u00abDestruid, Se\u00f1or, en m\u00ed todo cuanto os des\u00adagrada y haced que en adelante no est\u00e9 yo llena de m\u00ed misma. Haced que, en cada una de mis acciones, no tenga m\u00e1s deseo que el de complaceros.\u00bb<\/p>\n<p>Viniendo despu\u00e9s a hablar de la se\u00f1ora Legr\u00e1s, y habiendo manifestado que los mayores santos no est\u00e1n exentos de alguna sombra de imperfecci\u00f3n, dijo, que los peque\u00f1os movimientos de su genio pronto, que alguna vez se hab\u00edan notado en ella y de los que se humillaba al momento, no eran nada y habr\u00eda costado mucho hallar en esto pecado alguno, pues hay enojos, que corno el de Jesucristo, cuando ech\u00f3 a los vendedores del templo, son muy leg\u00edtimos : <em>Irascimini el nolite peccare, <\/em>dice el Profeta rey.<\/p>\n<p>A\u00f1adi\u00f3 que, en los treinta y ocho a\u00f1os que conoc\u00eda a esta se\u00f1ora, no hab\u00eda reconocido en ella sino un alma siempre pura, pura en su juventud, en su matrimonio, en su estado de viuda que en sus confesiones lloraba tanto sus m\u00e1s leves faltas, que le costaba trabajo tranquilizarla.<\/p>\n<p>De todas estas reflexiones, nuestro honorable Padre con\u00adcluyo que cada una de las Hermanas deb\u00eda hacer los mayores esfuerzos para ser muy interior, es decir, para no ocuparse m\u00e1s que en Dios y no ver m\u00e1s que a \u00e9l en todas sus acciones. \u00abAs\u00ed, pues, Hermanas m\u00edas, dec\u00eda, cuando os ve\u00e1is tentadas de ceder a alg\u00fan movimiento desarreglado, deb\u00e9is deciros a vos\u00adotras mismas: Yo soy Hija de la Caridad; por consiguiente, Hija de la se\u00f1ora Legr\u00e1s, la que, no obstante la inclinaci\u00f3n de la naturaleza, supo tan bien vencerse y no ocuparse m\u00e1s que en Dios; a su ejemplo quiero yo tambi\u00e9n sobreponerme a m\u00ed misma.\u00bb<\/p>\n<p>Pero como la tibieza pretende algunas veces justificarse y se excusa diciendo que no a todos es dado imitar a esas almas privilegiadas, que Dios las conduce por los caminos de la pre\u00addilecci\u00f3n, el se\u00f1or Vicente, que de todo se aprovechaba para excitarnos a la virtud, hizo ver que, las Hijas de la Caridad pod\u00edan y deb\u00edan seguir las huellas de su Madre en Jesucristo. Una carta que acababa de recibir de Polonia la suministr\u00f3 la prueba de esta importante verdad. Uno de sus sacerdotes, que se hallaba en Varsovia, le escrib\u00eda que la reina hab\u00eda hecho un largo viaje y que, antes de partir, hab\u00eda encargado .a las pobres Hijas de la Caridad que mantuvieran por todas partes el buen orden, en cuanto les fuera posible ; lo que hab\u00edan realizado con tanta prudencia y con tan general aplauso, que esta princesa, a su regreso, hab\u00eda quedado encantada de la relaci\u00f3n que se le hizo y, para manifestarles su satisfacci\u00f3n, se hab\u00eda quedado un d\u00eda entero con ellas, en su casa, con grande alegr\u00eda y muestras del m\u00e1s singular afecto.<\/p>\n<p>\u00abVed, pues, Hermanas m\u00edas, prosigui\u00f3 nuestro muy hono\u00adrable Padre, en qu\u00e9 olor de reputaci\u00f3n coloca vuestra Com\u00adpa\u00f1\u00eda una vida que es verdaderamente interior, verdadera\u00admente de Dios. Quitadle este lustre y se lo quitar\u00e9is todo.<\/p>\n<p>Cu\u00e1nto mal no causa una Hermana que marcha por el camino opuesto! Dar\u00e1 qu\u00e9 decir a toda una ciudad \u00bfqu\u00e9 digo? a toda una provincia; los eclesi\u00e1sticos y hasta los mismos pr\u00edncipes tendr\u00e1n conocimiento de su mala conducta. S\u00ed, Hijas m\u00edas, el mal que hace una sola persona, es capaz de perder a toda una Compa\u00f1\u00eda. Redoblemos, pues, nuestro celo y pidamos ince\u00adsantemente a Dios que toda la Comunidad y cada uno de sus miembros en particular se santifique, y el reba\u00f1o se multipli\u00adcar\u00e1.<\/p>\n<p>De dos otras Hermanas que el se\u00f1or Vicente hizo hablar en seguida, dijo la primera sencillamente que no ten\u00eda m\u00e1s que decir, sino que la santa difunta era un espejo, en el cual la Compa\u00f1\u00eda no ten\u00eda m\u00e1s que fijar la vista, para ser perfecta; yo siempre he reconocido, a\u00f1adi\u00f3, que la se\u00f1ora ten\u00eda con nos\u00adotras tanta paciencia y tan grande caridad, que de ella estaba toda penetrada.<\/p>\n<p>Padre m\u00edo, dijo la segunda, ten\u00eda conmigo una caridad tan grande, que, cuando sospechaba que yo ten\u00eda alguna pena inte\u00adrior, me preven\u00eda con gran dulzura.<\/p>\n<p>La Hermana que hab\u00eda sido interrogada al principio y que no hab\u00eda podido responder, porque el llanto le hab\u00eda cortado la palabra, se puso entonces en pie y dijo: Padre m\u00edo, si ten\u00e9is a bien que hable, procurar\u00e9 hacerlo.<\/p>\n<p>\u00abMe dar\u00e9is mucho gusto, Hija m\u00eda, respondi\u00f3 nuestro muy honorable Padre, sinti\u00e9ndose a su vez tan conmovido que no pudo contener las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber dicho en breves palabras que era justo que las Hijas hablasen de las virtudes de su querida Madre, tanto para glorificar a Dios, cuanto para animarse a seguir sus ejemplos, como es su deber, puesto que de ella quiso Dios valerse para ense\u00f1arles el modo como deb\u00edan conducirse para serle agradables, continu\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n<p>Tocante a las virtudes que esta digna Madre ha practicado, ser\u00eda necesario un libro entero para poderlas describir e inte\u00adligencias superiores a las nuestras para poderlas relatar. Sin embargo, puesto que la obediencia lo exige de m\u00ed, es preciso<sup>,<\/sup> hacerlo, aunque cuando yo habr\u00e9 dicho todo cuanto la memoria haya podido retener, siempre quedar\u00e1 mucho m\u00e1s por decir.<\/p>\n<p>Ten\u00eda una humildad admirable, la que se manifestaba en tantas ocasiones, que es cosa que no se puede explicar. Esto&#8217; era lo que le hac\u00eda tener gran respeto a todas las Hermanas, de suerte que era la primera en saludarlas, las mandaba con ruegos y s\u00faplicas, agradeci\u00e9ndoles tan afectuosamente los servi\u00adcios que le prestaban o las incomodidades propias de ciertos empleos, que alguna vez me quedaba confusa.<\/p>\n<p>Yo la he visto humillarse hasta el punto de pedirme que le advirtiese sus faltas. Mi dificultad estaba en hacerlo, porque no le encontraba ninguna, por m\u00e1s atenci\u00f3n que pusiese, por\u00adque as\u00ed me lo hab\u00eda mandado.<\/p>\n<p>\u00abTen\u00e9is raz\u00f3n, Hermana m\u00eda, repuso el se\u00f1or Vicente, esto es lo que yo os he dicho, habr\u00eda sido bien dif\u00edcil encontrar alguna falta en ella. No quiere decir esto que no las tuviera, pues el justo cae muchas veces al d\u00eda; sino que sus faltas eran tan leves, que eran imperceptibles. Proseguid, hija m\u00eda.<\/p>\n<p>Padre m\u00edo, si acontec\u00eda alguna vez que ciertas Hermanas no recib\u00edan bien las advertencias que les hac\u00eda y parec\u00edan dis\u00adgustadas delante de m\u00ed, me preguntaba si habr\u00eda sido ella causa de esto, si me parec\u00eda que les hab\u00eda hablado con demasiada dureza c de alguna otra manera que no conven\u00eda, y cuando yo le aseguraba lo contrario, excusaba siempre a la que se hab\u00eda mostrado descontenta, lo mismo que a aquellas cuyas faltas le refer\u00edan. Debemos sufrir,<\/p>\n<p>a llamar expresamente para pedirme perd\u00f3n, cuando cre\u00eda haberme disgustado en algo, aunque fuese yo la que hubiese faltado y frecuentemente se me anticipaba, cuando yo debiera haber sido la primera en darle satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>En las conferencias de los viernes, se acusaba siempre con gran humildad. Se atribu\u00eda todas las faltas que se comet\u00edan en la Compa\u00f1\u00eda, corno si Dios no las hubiera permitido sino para castigarla por su flojedad en su servicio.<\/p>\n<p>Ten\u00eda gran caridad, as\u00ed para con los pobres, a los que serv\u00eda con indecible placer, como para con las Hermanas, a las que soportaba y excusaba siempre cuanto era posible. Es verdad que, cuando era preciso, las reprend\u00eda con cierto aire de seve\u00adridad; pero siempre era movida por un principio de caridad.<\/p>\n<p>Sent\u00eda tierna compasi\u00f3n de madre para con las que sufr\u00edan del cuerpo o del esp\u00edritu, soportando por muchos a\u00f1os a algunas Hermanas que, por sus imperfecciones, merec\u00edan haber sido despedidas, esperando siempre para ver si se correg\u00edan; y a cu\u00e1ntas tal vez ha salvado por este medio!<\/p>\n<p>Su amor a la santa pobreza era tan grande, que no se pod\u00eda hacerla consentir en llevar alguna cosa nueva, mientras que para las dem\u00e1s daba con la mejor buena voluntad cuanto nece\u00adsitaban. Jam\u00e1s quiso permitir que se le hiciera una capa de una pieza de sarga que le hab\u00edan dado para esto; la suya era muy usada <em>y <\/em>llena de remiendos de diferentes colores y nunca se pudo conseguir que la dejase. Si alguna vez, sin saberlo ella, se le pon\u00eda algo nuevo, se lo quitaba tan luego como lo adver\u00adt\u00eda. No usaba otras cofias que las que cre\u00eda haber sido compradas de lance.<\/p>\n<p>Una de las cosas que m\u00e1s deseaba era que la Compa\u00f1\u00eda se mantuviese, despu\u00e9s de su muerte, en este esp\u00edritu de pobreza y de frugalidad que juzgaba necesarias para su conservaci\u00f3n. Era un suplicio para ella el que, por sus enfermedades, fuera preciso alguna vez, alimentarla de distinto modo del de sus Hermanas, de lo que se humillaba y ped\u00eda perd\u00f3n, como si la necesidad no quitara toda falta.<\/p>\n<p>Su confianza en la divina Providencia era admirable y exhortaba continuamente a sus Hijas a descansar en su mano bienhechora, que no falta jam\u00e1s a los que en ella conf\u00edan. Su sumisi\u00f3n a todas las disposiciones de Dios correspond\u00eda per\u00adfectamente a esta confianza, y esta sumisi\u00f3n, que nunca se mani\u00adfiesta mejor que en las enfermedades, resplandeci\u00f3 en las muchas que ella padeci\u00f3, principalmente en la que nos ha pri\u00advado de ella, en fa cual sufri\u00f3 los m\u00e1s violentos dolores y la privaci\u00f3n de las personas m\u00e1s queridas en el mundo, y, aunque tan dura prueba no pudo dejar de serle muy sensible, no manifest\u00f3 jam\u00e1s por ello su pena.<\/p>\n<p>Estaba dotada de gran dulzura y todas las Hermanas que se llegaban a ella eran acogidas con tanta amabilidad que les penetraba el alma.<\/p>\n<p>Para juzgar de la discreci\u00f3n de su gobierno, no hay m\u00e1s que fijar la vista en el buen estado en que dej\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda, as\u00ed en lo temporal como en lo espiritual. Pero querer relatar todas sus virtudes, ser\u00eda cosa de nunca acabar.<\/p>\n<p>En fin, el se\u00f1or Vicente termin\u00f3 la conferencia con estas palabras, que le eran familiares, en las que se reconoce su pro\u00adfunda humildad: \u00abRuego a Nuestro Se\u00f1or, aunque indigno y miserable pecador, que os d\u00e9 su santa bendici\u00f3n, por los m\u00e9\u00adritos de la que dio a sus ap\u00f3stoles al separarse de ellos y le suplico que os desprenda de todas las cosas de la tierra y os aficione a las del cielo. <em>Benedictio Dei omnipotentis, etc.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sus grandes virtudes RAZ\u00d3N DE LA CONFERENCIA NECROL\u00d3GICA DE LA B. LUISA DE MARILLAC, LA GLORIA DE DIOS Y LA IMITACI\u00d3N DE SUS VIRTUDES. 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