{"id":402277,"date":"2019-05-04T08:06:31","date_gmt":"2019-05-04T06:06:31","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402277"},"modified":"2019-04-27T18:08:08","modified_gmt":"2019-04-27T16:08:08","slug":"san-vicente-collet-25","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-25\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 25"},"content":{"rendered":"<p>Para decir todav\u00eda una palabra a prop\u00f3sito de S. M\u00e9en, a\u00f1adir\u00e9 que el asunto caus\u00f3 una emoci\u00f3n pasajera en los esp\u00edritus, sin alterar la caridad que debe unir los corazones. Cada partido nos proporciona pruebas tan consoladoras, que son raras hoy en d\u00eda. En el momento mismo de la crisis, Vicente escrib\u00eda a uno de los suyos \u2013al sr Portail-, el 25 de agosto de 1661, estas palabras notables: <em>Hasta ahora he prestado a la Congregaci\u00f3n de los Religiosos reformados todos los servicios que he podido prestarles y, por la gracia de Dios, cuento con poder continuar hasta el fin. <\/em>Y continu\u00f3 efectivamente, y mediante un uso del cr\u00e9dito que ten\u00eda en la Corte, hizo ver en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n que sus palabras no eran un cumplido vano. Por otro lado, Dom Gr\u00e9goire Tariffe no se cansaba de publicar las virtudes del santo Sacerdote; y as\u00ed fue de alguna manera que para entrar en las miras de este gran Religioso, su piadosa y sabia Congregaci\u00f3n fue una de las primeras en solicitar del Soberano Pont\u00edfice la Beatificaci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal. No es la \u00fanica vez que los Hijos de S. Benito han dado al Fundador de la Misi\u00f3n pruebas decisivas de estima y de respeto.<\/p>\n<p>El Santo se los erig\u00eda a s\u00ed mismo m\u00e1s duraderos, que los que est\u00e1n grabados en el m\u00e1rmol o en el bronce. Cien veces hab\u00eda recomendado a sus Casas el desprendimiento de los bienes de la tierra; les ense\u00f1\u00f3 en aquel mismo tiempo hasta d\u00f3nde deb\u00eda llegar este desprendimiento.<\/p>\n<p>Un particular, que hab\u00eda dado un fondo de cuatro mil libras para las Misiones, cay\u00f3 en la necesidad. Cuando Vicente fue informado, le escribi\u00f3 para recuperara la renta, a\u00f1adiendo que si no era suficiente, iba a hacerle la retrocesi\u00f3n del capital; y para hacerle decir su pensamiento con m\u00e1s libertad \u2013carta del 28 de agosto de 1646-, le explic\u00f3 que no era la primera vez que hab\u00eda obrado as\u00ed, y que hab\u00eda mandado entregar al P\u00e1rroco de Vernon el fondo de seiscientas libras de renta que los suyos hab\u00edan recibido de \u00e9l. El Santo ha marchado siempre por el mismo camino. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, habiendo sabido que uno de los Bienhechores de su Congregaci\u00f3n, que se dec\u00eda que andaba algo mal en sus negocios, no ech\u00f3 en cara su propia liberalidad: <em>Os suplico<\/em>, le dijo Vicente<em>, que us\u00e9is del bien de nuestra Compa\u00f1\u00eda como del vuestro. Estamos preparados a vender para vos todo lo que tenemos, y hasta nuestros C\u00e1lices. No haremos en esto m\u00e1s que lo que ordenan los santos C\u00e1nones, que es dar a nuestro Fundador en su necesidad lo que \u00e9l nos ha dado en su abundancia. Y esto que os digo, Se\u00f1or, no os lo digo por ceremonia, sino delante de Dios y como lo siento en el fondo de mi coraz\u00f3n. <\/em><\/p>\n<p>A estos dos rasgos de un verdadero y perfecto desinter\u00e9s, a\u00f1adir\u00e9 un tercero que los pasa por mucho; y es que un n\u00famero de Damas de la primera distinci\u00f3n, habiendo ofrecido a este santo Sacerdote la suma de seiscientas mil libras para construir una nueva Iglesia, \u00e9l no quiso recibirla: aleg\u00f3 como raz\u00f3n que los pobres comenzaban a sufrir y que los primeros templos que pide Jesucristo son los de la caridad y de la misericordia.<\/p>\n<p>Fue por entonces cuando el santo Hombre se determin\u00f3 a hacer nuevos esfuerzos para enviar a algunos de sus Sacerdotes a \u00c1frica y a Asia. Sal\u00e9 ciudad del Reino de Fez, menos famosa por su Mezquita que de mil cuatrocientos pies de longitud que por la crueldad y el n\u00famero de sus Corsarios, fue el primer objeto de sus cuidados. Crey\u00f3 que un Misionero celoso podr\u00eda hacer all\u00ed los mismos bienes que sus Hermanos hac\u00edan en Argelia y en T\u00fanez; y que, como ellos, ense\u00f1ar\u00eda a los esclavos a santificarse por la Fe y por los sufrimientos. El que hab\u00eda se\u00f1alado Vicente recibi\u00f3 la orden de de ver en Marsella al C\u00f3nsul de Francia, que estaba preparado a hacerse a la vela para Sal\u00e9. Pero habi\u00e9ndose adelantado un Religioso y apoderado de esta Misi\u00f3n, el santo que tem\u00eda el mal entendimiento tan peligroso en los asuntos de Dios como en los proyectos pol\u00edticos, crey\u00f3 un deber escribir sobre ello al C\u00f3nsul \u2013c arta del 5 de octubre-. Despu\u00e9s de agradecerle el honor que hace a la Congregaci\u00f3n de poner los ojos sobre ella para emplearla en el servicio de Dios y en la asistencia a los esclavos de Berber\u00eda, le manifiesta, que \u00e9l y los suyos tienen por m\u00e1xima ceder a los dem\u00e1s las buenas obras que se presentan por hacer; que est\u00e1 persuadido de que ellos desempe\u00f1ar\u00e1n mucho mejor el trabajo de lo podr\u00edan hacerlo los Sacerdotes; y que si por desgracia estos Obreros cuyos empleos ser\u00edan tan lim\u00edtrofes, llegaran a tener alguna reyerta no dejar\u00edan de escandalizar a los Cristianos y a los Infieles. Estas razones, cuya solidez demuestra bien una experiencia funesta, suspendieron la partida del que estaba destinado para ese Pa\u00eds b\u00e1rbaro; y este plan, que se desvaneci\u00f3 poco a poco,\u00a0 no dej\u00f3 a Vicente m\u00e1s que el consuelo de hacer\u00a0 lo que pod\u00eda hacer razonablemente para ejecutarlo..<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 pues todas sus miradas hacia Asia. Se trataba de enviar a Babilonia un Coadjutor, que compartiera con el Obispo de aquel lugar las fatigas del Ministerio. La Congregaci\u00f3n de la Propaganda apremiaba al Santo para que entregara a un hombre formado por su mano, o que fuera de su gusto y de su elecci\u00f3n. El Nuncio se lo ped\u00eda con insistencia. La caridad de Jesucristo y el deseo de extender su Imperio le urg\u00edan todav\u00eda m\u00e1s que los mismos hombres. Como se trataba de una dignidad Eclesi\u00e1stica, y hubiera deseado que no recayera sobre ninguno de los suyos, puso los ojos en Hip\u00f3lito Ferrer, cuyo celo y virtud \u00e9l conoc\u00eda: pero el Arzobispo de Par\u00eds no quiso sacrificar a un hombre que le serv\u00eda muy \u00fatilmente: le hizo P\u00e1rroco de la Parroquia de S. Nicolas de Chardonnet; y Vicente despu\u00e9s de buscar in\u00fatilmente entre los Sacerdotes de la Conferencia del Martes a alguien que acudiera y quisiera prestarse a una obra tan buena, fue obligado a volverse a su Congregaci\u00f3n para encontrar a un Sujeto capaz de responder a los designios de la Sede Apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Jean d\u2019Horgni, que era uno de sus siete primeros compa\u00f1eros y que por entonces desempe\u00f1aba en Roma la funci\u00f3n de Superior, no aprobaba el proyecto de la Misi\u00f3n de Asia, se esforz\u00f3 en quitarle las ganas al Siervo de Dios; tras muchos razonamientos basados \u00fanicamente en\u00a0 los gastos y dificultades de la empresa, eran otros tanto motivos capaces de animar cada vez m\u00e1s al santo Sacerdote; le atac\u00f3 por el lado de la humildad y le expuso que al abrir la puerta a las Prelaturas, \u00e9l la abrir\u00eda al mismo tiempo a las murmuraciones, a la envidia y a la ambici\u00f3n. Aunque Vicente estimara al sr d\u2019Horgni, no se dej\u00f3 enga\u00f1ar. Le sigui\u00f3 diciendo que, despu\u00e9s de hacer todo cuanto depend\u00eda de \u00e9l, para procurar a un externo la dignidad de que se trataba, no ten\u00edas nada que reprocharse; que le entrar\u00edan escr\u00fapulos por no obedecer a la voz del Soberano Pont\u00edfice; que el poder que Dios ha dado a su Iglesia de enviar por toda la tierra a Obreros Apost\u00f3licos reside en \u00e9l de manera particular; que un obispado situado en una tierra extranjera, alejado del trato de todos nuestros amigos, peligroso por raz\u00f3n del viaje, m\u00e1s peligroso todav\u00eda por raz\u00f3n de la residencia no pod\u00eda tentar m\u00e1s que a hombres Apost\u00f3licos; que \u00e9l contaba que aquel que escogiera vivir\u00eda como han vivido los primeros obispos; que era el \u00fanico medio de dar fruto; que el fasto y la pompa no convienen a los Disc\u00edpulos de un Dios, que comienza por hacer renunciar a ello a los que abrazan su Ley; y que los fieles, al comparar el estado humillado del Maestro con el exterior brillante de los que ocupan su lugar, suelen escandalizarse.<\/p>\n<p>A los motivos sacados de la obediencia debida al Vicario de Jesucristo, y de la necesidad particular que Babilonia y sus cercan\u00edas ten\u00edan de buenos Obreros, Vicente a\u00f1ade otro, que repite al menos tres veces en diferentes cartas, que escribi\u00f3 entonces -31 de agosto de 1646, del 8 de marzo y 2 de mayo de 1647-. Confiesa pues, que una inclinaci\u00f3n secreta le arrastra a contribuir con todas sus fuerzas a la Propagaci\u00f3n de a Fe en las Tierras infieles; que un hombre, que ama a la Iglesia, debe tratar de compensarla por las p\u00e9rdidas que ha sufrido por las \u00faltimas herej\u00edas; que una parte de Alemania, \u00a0Noruega, Dinamarca, Suecia, y un gran n\u00famero de otros Reinos se han rebelado contra ella desde hace al menos un siglo; que una deserci\u00f3n casi parecida parece amenazar a Francia; que la corrupci\u00f3n de las costumbres, el desprecio por los Misterios de la Religi\u00f3n, los errores que pululan cada d\u00eda, que crecen, que causan grandes estragos en ella, le hacen temer que Dios le quite la Fe, para d\u00e1rsela a los que no la tienen, y que este don precioso se le escape al fin en menos tiempo del que ha pasado desde que nuestros vecinos la perdieron. <em>En cuanto a m\u00ed, <\/em>a\u00f1ade el Santo -8 de marzo<em>, yo s\u00e9 que esta idea me preocupa hace mucho: pero aunque Dios no tuviera ese designio, nosotros deber\u00edamos siempre contribuir a la propagaci\u00f3n del Evangelio<\/em> <em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Sentimientos tan dignos de un Ministro de la Iglesia no pudieron ser sino muy agradables a quien por su gracia los hab\u00eda inspirado. La preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n fue quiz\u00e1s todo lo que exig\u00eda de Vicente. El viaje de Persia fracas\u00f3, se dice, como el de Sal\u00e9; y nuestro Santo, que estuvo siempre listo para todo acontecimiento, se consol\u00f3 de ello con la esperanza de hacer en otra parte lo que hab\u00eda resuelto hacer en estos Pa\u00edses b\u00e1rbaros.<\/p>\n<p>Las nuevas opiniones, de las que el Siervo de Dios acaba de quejarse tan amargamente, se hallaban encerradas en parte en el Libro de Jansenius, quien comenzaba ya a hacer mucho ruido, y de quien hablaremos m\u00e1s adelante, y en parte en las Obras de sus Defensores. Se examinaba entonces en Roma una Proposici\u00f3n, que parec\u00ed poner entre S. Pedro y S. Pablo una igualdad perfecta, haciendo de estos dos Ap\u00f3stoles dos Jefes de la Iglesia, que se reduc\u00edan a uno. El Abate de Barcos sobrino de\u00a0 Saint-Cyran la hab\u00eda insertado en el Prefacio del Libro de la frecuente Comuni\u00f3n. <em>No cab\u00eda all\u00ed en absoluto, <\/em>como lo ha se\u00f1alado el Doctor Dupin. Pero el Autor hab\u00eda cre\u00eddo al parecer que esta clase de diferencias se perdonar\u00edan a favor de la buena intenci\u00f3n. Se equivoc\u00f3: su Proposici\u00f3n fue sancionada en Roma, y Vicente \u2013Carta del 4 de octubre de 1646-, a quien estas desavenencias nacientes aflig\u00edan sensiblemente, contribuy\u00f3 a esta censura, como diremos m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Tres o cuatro meses antes, Inocencio X proporcion\u00f3 al santo Sacerdote una ocasi\u00f3n de se\u00f1alar su celo por la Fe y de hacer el bien en Hibernia, que no hab\u00eda podido hacer en Oriente. Este gran Papa le hizo saber que la Religi\u00f3n, violentamente atacada por los Anglicanos, corr\u00eda peligro de ser totalmente aniquilada en Irlanda; que los Cat\u00f3licos que ten\u00edan muy pocos Pastores viv\u00edan en una profunda ignorancia de nuestras santas verdades; que de todos los discurso que o\u00edan no hab\u00eda casi ninguno que no se dirigiera a sumergirlos en el error; y que al fin, para detenerlos al borde de una pendiente tan r\u00e1pida, lo m\u00e1s acertado era darles Misiones, que al esclarecer el esp\u00edritu, reformar el coraz\u00f3n, no dejar\u00edan de producir disposiciones directamente opuestas a la herej\u00eda.<\/p>\n<p>Vicente obedeci\u00f3 sin dilaci\u00f3n a la voz del Vicario de Jesucristo; y como \u00e9l vio que la mies que se le propon\u00eda era espinosa en extremo, escogi\u00f3 de su Congregaci\u00f3n a ocho Operarios, capaces de hacer la cosecha a expensas mismo de su vida. Cinco de estos virtuosos Sacerdotes, educados en la Gran Breta\u00f1a, conoc\u00edan perfectamente las costumbres y la lengua; los otros, con un poco de trabajo pod\u00edan estar en condiciones de ser entendidos del pueblo. Todos se prepararon a salir, y se postraron a los pies del Santo para pedirle su bendici\u00f3n. Vicente pidi\u00f3 al Dios de las misericordias que se sirviese bendecirlos \u00e9l\u00a0 mismo. \u201c<em>Permaneced unidos, les dijo, y Dios os bendecir\u00e1, pero estad unidos por la caridad del Hijo de Dios; toda uni\u00f3n que no est\u00e1 cimentada en la Sangre de este divino Salvador no puede subsistir. En Jesucristo pues, por Jesucristo y para Jesucristo, deb\u00e9is estar unidos unos con otros. El Esp\u00edritu de este Dios-hombre es un esp\u00edritu de uni\u00f3n y de paz. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edais atraer las almas a su servicio, si no estuvieseis unidos entre vosotros y con \u00e9l mismo? No teng\u00e1is pues sino un mismo sentimiento y una misma voluntad. Si los caballos, uncidos al arado para roturar el campo, tiraran unos de un lado y otros del otro lo romper\u00edan todo. Dios os llama para trabajar en su vi\u00f1a, id pues; pero id no teniendo sino un mismo coraz\u00f3n y una misma intenci\u00f3n, y de esta forma lograr\u00e9is fruto<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Les indic\u00f3 a continuaci\u00f3n el modo como deb\u00edan comportarse en el viaje y cuando llegaran a los lugares. Les exhort\u00f3 ante todo a ser testigos de gran respeto al Soberano Pont\u00edfice en un pa\u00eds, en el que muchos del Clero fallaban en esto y no daban buen ejemplo a los dem\u00e1s Cat\u00f3licos. Finalmente, les prescribi\u00f3 los detalles de los medios m\u00e1s id\u00f3neos para triunfar en esta importante Misi\u00f3n. Ellos reconocieron en la pr\u00e1ctica, y confesaron a su regreso que deb\u00edan, despu\u00e9s de a Dios, el fruto de su trabajo a los consejos saludables que esta sabio y juicioso Superior les hab\u00eda dado.<\/p>\n<p>No hab\u00edan salido todav\u00eda de Francia, cuando comenzaron a extender el fuego, con el que los hab\u00eda abrasado el santo. Obligados a esperar en Nantes, m\u00e1s de lo esperado, la ocasi\u00f3n de embarcarse, se esparcieron por aqu\u00ed y por all\u00e1; y con los permisos necesarios, instruyeron a los pobres, sirvieron y consolaron a los enfermos en los Hospitales; dieron conferencias espirituales a las Damas de la Caridad de las Parroquias, y les ense\u00f1aron el modo de visitar y de asistir a los enfermos en el esp\u00edritu de caridad y de compasi\u00f3n, del que nos ha dejado ejemplo el Hijo de Dios.<\/p>\n<p>De Nantes se dirigieron a S. Nazaire, donde deb\u00eda tener lugar el embarque: all\u00ed se encontraron con un gran n\u00famero de personas, que iban a hacer el viaje con ellos. El barco holand\u00e9s que los hab\u00eda de llevar, no encontr\u00e1ndose a\u00fan listo para hacerse a la vela, dieron una especie de Misi\u00f3n a aquellos de los pasajeros que quisieron aprovecharse de la ocasi\u00f3n. Un gentilhombre Ingl\u00e9s y Hereje tuvo la curiosidad de escucharlos. No pudo resistir contra el Esp\u00edritu santo que hablaba por su boca. Se le abrieron los ojos: volvi\u00f3 a aquella misma Iglesia, de la que sus Padres se hab\u00edan separado tan desdichadamente. Todo daba a entender que Dios ten\u00eda sobre \u00e9l designios de salvaci\u00f3n. Tres d\u00edas despu\u00e9s, no s\u00e9 por qu\u00e9 casualidad, fue herido de muerte; y viendo que no pod\u00eda eludirla, no cesaba de agradecerle a aqu\u00e9l que por su gracia le hab\u00eda hecho pasar de las tinieblas al sendero de la luz y de la paz. Su boca no ten\u00eda expresiones para demostrar lo suficiente su gratitud. Daba cuenta de manera tan viva del dolor y del pesar por sus pasados extrav\u00edos, que todos los que le oyeron hablar no pudieron contener las l\u00e1grimas y quedaron muy edificados por sus disposiciones.<\/p>\n<p>Nuestros Misioneros partieron por fin, y antes de llegar a Limerik, esquivaron por mar y por tierra tempestades y asaltos tan violentos que fueron de milagro arrancados a las puertas de muerte. Hablaremos en otro lado de las victorias que lograron sobre el enemigo de la salvaci\u00f3n, y de los medios que emple\u00f3 \u00e9ste para vengarse.<\/p>\n<p>Mientras que los Sacerdotes de Vicente de Pa\u00fal estaban tan santamente ocupados, se le present\u00f3 una ocasi\u00f3n de asociarse a una parte de sus trabajos. Ana de Austria, habiendo llevado el Rey a su hijo a Compi\u00e8gne, y de Compi\u00e8gne a Amiens, para tranquilizar la Provincia, y alentar a sus tropas, a las que diferentes fracasos hab\u00edan intimidado; el Santo se aprovech\u00f3 de la ausencia de Sus Majestades para reanudar en el campo sus funciones Apost\u00f3licas. Dio la misi\u00f3n en Mo\u00fci en la Di\u00f3cesis de Beauvais; y a petici\u00f3n de la Se\u00f1ora Princesa\u00a0 de Conti, estableci\u00f3 all\u00ed la Cofrad\u00eda de la Caridad que, seg\u00fan un escritor muy moderno, es todav\u00eda una de las m\u00e1s florecientes del Reino. Fuera el que fuera el gusto que tuvo por este g\u00e9nero de trabajo, no pudo continuarlo por mucho tiempo; tanta gente lo necesitaban en Par\u00eds, que se le echaba de menos enseguida.<\/p>\n<p>Sus luces y su protecci\u00f3n eran entonces necesarias a la Comunidad de las Hijas de la Providencia, de las que era Superior. Tan s\u00f3lo hac\u00eda cuatro a\u00f1os que hab\u00eda sido nombrado por Marie de Lumague, Viuda de Fran\u00e7ois Pollation, Consejero del Rey, y su Residente en Raguse. Esta piadosa Mujer, educada hac\u00eda varios a\u00f1os en la Escuela de Vicente de Pa\u00fal, en la que hab\u00eda aprendido a practicar las m\u00e1s s\u00f3lidas virtudes del Cristianismo, y sobre todo la confianza en Dios y el celo de la salvaci\u00f3n de su pr\u00f3jimo. Con estas felices disposiciones, aunque no tuviera otro fondo que de la Providencia, se propuso dar asilo a las j\u00f3venes de su sexo, a quienes la belleza, la indigencia, el abandono o la mala conducta de sus padres, pueden ser una ocasi\u00f3n de perderse, delante de Dios y delante de los hombres. Francisco de Gondi Arzobispo de Par\u00eds quiso saber lo que pensaba nuestro Santo de esta nueva Fundaci\u00f3n, antes de dar su \u00faltima Aprobaci\u00f3n. Por orden suya Vicente les hizo dos visitas regulares, a fin de reconocer los talentos y la vocaci\u00f3n de las que se presentaban a concurrir a la formaci\u00f3n de esta Sociedad naciente. De treinta J\u00f3venes, que hab\u00eda entonces, eligi\u00f3 a siete, que le parecieron m\u00e1s aptas para servir de bases a todo el Edificio. Les dio consejos dignos de su alta sabidur\u00eda, de su gran experiencia; y difundi\u00f3 en sus corazones<\/p>\n<p>Chispas vivas del fuego que le consum\u00eda.<\/p>\n<p>Todo parce dar a entender que fue \u00e9l quien cuatro a\u00f1os despu\u00e9s llev\u00f3 a Ana de Austria \u2013en 1651- a darles el Hospital <em>de la Salud, <\/em>situado en el Barrio de S. Marcel, que es todav\u00eda hoy el lugar de su residencia. Es contiguo al magn\u00edfico Monasterio Val-de-Grace, donde esta Princesa pasaba de ordinario las principales Fiestas del a\u00f1o; y por ello lo prefiri\u00f3 a otro: porque como ella misma lo dijo en el Contrato de Donaci\u00f3n, quer\u00eda tener a la vista esta Fundaci\u00f3n, de la que esperaba grandes frutos. Los acontecimientos han justificado la\u00a0 espera de esta Reina tan digna de serlo. La casa de la Providencia ha sido siempre, y lo es todav\u00eda hoy el buen olor de Jesucristo. El esp\u00edritu de Vicente, que ha sido su primer Superior, se ha perpetuado en ella. Su memoria es tan cara y respetada. Se tiene como honor y deber all\u00ed imitar sus virtudes; y, aunque la gratitud no sea la virtud del siglo, se publica con agrado que las Hijas de la Providencia no deben menos al santo Sacerdote que as u virtuosa Fundadora.<\/p>\n<p>Para volver con menos frecuencia a las Comunidades de esta naturaleza que han tenido la mayor parte en el cr\u00e9dito y en las buenas obras del hombre de Dios, diremos aqu\u00ed una palabra de otras dos o tres que le deben mucho, pero ser\u00e1 sin tener demasiado en cuenta el orden de los tiempos.<\/p>\n<p>Aparte de\u00a0 -1650 y1652-\u00a0 las de la Uni\u00f3n Cristiana, y de la Propagaci\u00f3n de la Fe, que reuni\u00f3 en un solo Cuerpo, se movi\u00f3 mucho por la casa de las Hijas Hu\u00e9rfanas, establecida hacia el Pr\u00e9-au-Clerc por la Se\u00f1orita de Lestang. \u00c9l la socorri\u00f3 en las mayores necesidades, se encontr\u00f3 varias veces en Asambleas que se tuvieron para ponerles remedio; por fin la puso bajo la direcci\u00f3n espiritual de un Sacerdote de la Conferencia \u2013el sr Gambart-, que desde hac\u00eda veinte a\u00f1os dirig\u00eda con mucho \u00e9xito a las Hijas de la Visitaci\u00f3n en el Barrio de S. Jacques.<\/p>\n<p>Para formar a la Fundadora en el gobierno, la invit\u00f3 a ver a la Se\u00f1orita le Gras, que pose\u00ed en alto grado el raro talento de guiar bien. Se celebr\u00f3 en su presencia un Consejo para ense\u00f1arle el modo como deb\u00eda portarse. Vicente, despu\u00e9s de proponer el asunto, que deb\u00eda ser el objeto de la deliberaci\u00f3n, reclam\u00f3 los pareceres de la Superiora y de las Asistentas; hizo valer las dificultades y las respuestas, tomando al final una decisi\u00f3n. Advirti\u00f3 despu\u00e9s a la Se\u00f1orita de Lestang que escogiera en su Casa, compuesta entonces de doscientas J\u00f3venes, a tres o cuatro de las m\u00e1s inteligentes; que compartiera con ellas el peso de los asuntos; que las reuniera de vez en cuando; que tomara sus consejos y los del Director de la Casa, y sobre todo que tuviera como una tentaci\u00f3n el deseo de hacerlo todo por s\u00ed misma. Parece que hasta entonces hab\u00eda pecado un poco en esto.<\/p>\n<p>Vicente tuvo tambi\u00e9n parte en la fundaci\u00f3n de las Hijas de Santa Genoveva. Tres Se\u00f1oritas que sent\u00edan cierto atractivo por reunirse en Cuerpo de Comunidad, y asociarse a las personas de su sexo, que pensaran como ellas mismas pensaban, creyeron, a fin de evitar un paso en falso, no deber hacer nada sin escuchar el parecer del Siervo de Dios, a quien ellas ten\u00edan como <em>un Santo y un hombre lleno de luces y de prudencia. <\/em>Las anim\u00f3 a que comenzaran por consultar a Dios, y les pidi\u00f3 ocho d\u00edas para pensar en este asunto. Al cabo de este tiempo volvieron a \u00e9l, decididas a remitirse a su decisi\u00f3n. Vicente les dijo con un tono seguro y firme, que Dios quer\u00eda servirse de ellas para dar una nueva Compa\u00f1\u00eda a su Iglesia; que Nuestro Se\u00f1or sacar\u00eda de ella su gloria y que de ello corresponder\u00eda al pr\u00f3jimo mucho fruto y ventajas. El tiempo ha puesto en claro que Dios hablaba por la boca de su Siervo. Estas j\u00f3venes que despu\u00e9s se reunieron con las de la Se\u00f1ora de Miramion han hecho con ellas un intercambio de virtudes: al entrar en sus bienes espirituales, ellas les han comunicado los que pose\u00edan anteriormente.<\/p>\n<p>Pero existen pocos Establecimientos que deban m\u00e1s a nuestro Santo, como el de las Hijas de la Cruz. La insolencia de un Maestro, que se hab\u00eda atrevido a atentar contra el honor de una de sus Escolares, habiendo demostrado que unas j\u00f3venes nunca est\u00e1n m\u00e1s seguras que en las manos de las personas de su sexo, se pens\u00f3 en reunir a algunas de ellas, que tuvieran suficiente virtud y buena voluntad para emprender esta buena obra. Se presentaron cuatro en Roie de Picard\u00eda, donde hab\u00eda ocurrido el esc\u00e1ndalo. Pero habi\u00e9ndoles obligado la guerra y sus propios asuntos a retirarse a Par\u00eds, Marie l\u2019Huillier de Villeneuve las recibi\u00f3 con bondad, haciendo de su celo y de sus talentos un ensayo, que la anim\u00f3 a interesarse en el \u00e9xito de un plan tan bueno. Antes de comprometerse, consult\u00f3 con varios\u00a0 grandes Siervos de Dios. Vicente, cuya virtud ella respetaba, y cuya experiencia conoc\u00edas, fue uno de los consultados en primer lugar. El Santo la anim\u00f3, le dio sabios consejos, la ense\u00f1\u00f3 a formar a J\u00f3venes, y a ponerlas en condiciones de poder formar a otras en lo sucesivo. . el Arzobispo de Par\u00eds aprob\u00f3 sus Constituciones. El Rey les dio Cartas Patentes, y ellas adoptaron el nombre de Hijas de la Cruz, a causa de los azares y de las contradicciones que hab\u00edan superado hasta entonces.<\/p>\n<p>Pero lo que hab\u00edan sufrido no era sino el preludio de las penas que les estaban reservadas. La Se\u00f1ora de Villeneuve, a quien sus largas enfermedades no hab\u00edan permitido fundarlas suficientemente, les falt\u00f3 en momentos muy dif\u00edciles. Se vieron bien pronto abandonadas de aquellos mismos con quienes hab\u00edan cre\u00eddo deber contar m\u00e1s; y las personas que hasta entonces hab\u00edan tomado m\u00e1s parte en los intereses de esta Congregaci\u00f3n, pensaron, o que se la suprimiera, o al menos que se juntara a alguna otra Comunidad. Se celebraron con este prop\u00f3sito varias Asambleas en presencia del Santo; casi todas las voces iban a la supresi\u00f3n, pero algo que se pudiera decir, Vicente, quien de ordinario se determinaba con bastante lentitud, y que en esta clase de asuntos no se opon\u00eda a la multitud, se vio fuertemente inclinado al parecer contrario. Sostuvo y dio a entender que hab\u00eda que poner en uso todos los medios posibles para hacer subsistir a este santo Establecimiento. <em>Es la obra de Dios, <\/em>dijo con sus propias palabras al sr Abelly<em>, y no vamos a destruirla: esta Comunidad no est\u00e1 hoy compuesta m\u00e1s que de cinco J\u00f3venes, pero su n\u00famero se multiplicar\u00e1; el arroyo es d\u00e9bil, pero recibir\u00e1 aguas que le har\u00e1n m\u00e1s caudaloso.<\/em><\/p>\n<p>Estas palabras, dadas las circunstancias en las que fueron pronunciadas, parec\u00edan tan poco veros\u00edmiles que cost\u00f3 mucho creer que no fueran desmentidas por los acontecimientos: y fue la escasa luz que se ve\u00eda en su ejecuci\u00f3n la que les hizo ser tenidas luego por una Profec\u00eda o como el efecto de una ilustraci\u00f3n particular. Sin embargo no tardaron en verificarse. Vicente, quien al apoyar contra todos el Establecimiento de las Hermanas de la Cruz, se consideraba m\u00e1s responsable que nadie, comprometi\u00f3 a la Se\u00f1ora de Traversai a tomar parte en esta buena obra. La santa Viuda se entreg\u00f3 a ella por entero. Super\u00f3 con su paciencia su cr\u00e9dito y la ayuda del Hombre de Dios, los obst\u00e1culos que se le opon\u00edan a cada paso: allan\u00f3 las dificultades, y a fuerza de trabajos y sufrimientos puso a estas Hermanas en estado de servir \u00fatilmente a la Iglesia.<\/p>\n<p>Como un buen y sabio Director entra para mucho en el Edificio espiritual de una Comunidad, Vicente, con permiso y anuencia del Ordinario, puso en ella a un Superior que por sus cuidados y sus luces termin\u00f3 lo que la Se\u00f1ora de Villeneuve no hab\u00eda hecho m\u00e1s que esbozar. El Santo de dio consejos en diferentes ocasiones, que fueron muy \u00fatiles a esta Congregaci\u00f3n tan vacilante y tan accidentada. Por fin, sali\u00f3 a flote: pronto se reconoci\u00f3 que este \u00c1rbol tan batido por los vientos producir\u00eda frutos de justicia y de salvaci\u00f3n. Las Hijas de la Cruz, dice el sr Abelly, contribuyeron y contribuyen a\u00fan cada d\u00eda a la santificaci\u00f3n de un gran n\u00famero de almas. No s\u00f3lo forman en la instrucci\u00f3n a las que quieren tomar parte en sus trabajos, sino que ejercen todav\u00eda con las personas de su sexo, y sobre todo con las m\u00e1s pobres, todas las obras de caridad espiritual, que son de su competencia. Ense\u00f1an las verdades de la Fe a las personas poco instruidas; disponen a las Confesiones generales a las que lo necesitan. En una palabra, entran, como las dem\u00e1s Congregaciones de las que hemos hablado, en aquellas funciones Apost\u00f3licas, que la Ley de Dios no les ha prohibido.<\/p>\n<p>Se deja, despu\u00e9s de esto, al juicio del lector, si el primer historiador de nuestro Santo se equivoc\u00f3 al decir que, aunque Vicente no sea el Fundador de las Hijas de la Cruz, es su Reparador y Conservador; y que sin la mano caritativa que les tendi\u00f3 en unos tiempos en que todo conspiraba contra ellas, su perdici\u00f3n era segura y su ruina inevitable.<\/p>\n<p>Antes de acabar esta materia, me ser\u00e1 permitido a\u00f1adir dos reflexiones que la afectan. La primera \u2013la Hermana Marie Froger-, que me presenta una de las Hijas de la Cruz, es que el Santo, al apoyar su Establecimiento, hac\u00eda\u00a0 de alguna manera mal a las Hijas de la Caridad, ya que habr\u00eda podido hacer recaer sobre \u00e9stas los bienes que procuraba a aqu\u00e9llas. De manera que este hombre, cuyos caminos todos iban marcados con el sello del desinter\u00e9s, sacrificaba su propia obra al ascenso y al bien de una obra ajena: o m\u00e1s bien nada de lo que pertenec\u00eda a Dios era ajeno a los ojos de un hombre, en cuyo coraz\u00f3n la caridad lo reun\u00eda todo.<\/p>\n<p>La segunda reflexi\u00f3n, que honra sobre manera a las Fundaciones, de que acabamos de hablar es que, en general, el santo Sacerdote estaba en guardia contra las nuevas Comunidades. Esto se ve en una carta extensa que escribi\u00f3 ese mismo a\u00f1o -8 de septiembre de 1647- al sr Arzobispo de Par\u00eds, en la que une a un profundo respeto una firmeza verdaderamente sacerdotal. Un hombre que ten\u00eda un Priorato dependiente de la Abad\u00eda de S. Florent-les-Saumur, quer\u00eda hac\u00eda a\u00f1os reunirse con \u00e9l en el seminario de los Bons-Enfants, ya muy recargado por la manutenci\u00f3n de cuarenta Sacerdotes externos, que no pagaban m\u00e1s que siete cuartos al d\u00eda. El sr de Gondi a quien se hizo la propuesta no la acept\u00f3. Dio a entender a los que se la hac\u00edan que estaba descontento de Vicente de Pa\u00fal; que sab\u00eda de buena tinta que era \u00e9l que, en el Consejo del Rey hab\u00eda impedido que cierta Religiosa se estableciera en Lagni; que, si quer\u00eda ser como antes de sus amigos, deb\u00eda cambiar de estilo, y que llevara a la Reina a cambiar de sentimientos.<\/p>\n<p>Fue en esta ocasi\u00f3n cuando el santo Sacerdote escribi\u00f3 al Prelado la carta, de la que acabo de hablar: contiene en sustancia, que es verdad que la Reina, a su regreso de Amiens, le ha hablado de la Fundaci\u00f3n en cuesti\u00f3n; que tambi\u00e9n es verdad que \u00e9l no la ha favorecido; pero que ha tenido fuertes razones para actuar de esa manera; que hace tiempo que se hab\u00eda determinado en el Consejo Eclesi\u00e1stico que no se permitir\u00edan m\u00e1s Fundaciones de Religiosas, que se admit\u00eda que hab\u00eda ya demasiadas; que Su Majestad recib\u00eda a menudo quejas; que muchas se aniquilaban por s\u00ed mismas; que hac\u00eda muy poco se hab\u00edan visto formar y desaparecer a seis o siete de esta clase de Congregaciones; que algunas hab\u00edan dado esc\u00e1ndalos y levantado murmuraciones; finalmente, que no se conoc\u00eda lo suficiente el esp\u00edritu de la Reina cuando se la cre\u00eda capaz de cambiar <em>a la ligera<\/em>; que en cuanto a \u00e9l, \u00e9l no pod\u00eda arrepentirse, ni <em>desdecirse de un parecer, que no hab\u00eda dado sino bajo las miras de Dios.\u00a0 <\/em><\/p>\n<p>La firmeza de estas palabras estaba mitigada por testimonios de gratitud, de sumisi\u00f3n y de respeto, que yo suprimo en este lugar, donde no se trata de constatar los justos miramientos que el santo Sacerdote tuvo siempre con los Pont\u00edfices de la Iglesia de Dios; sino de dar a entender que la apariencia del bien no le seduc\u00eda; y que no daba su Aprobaci\u00f3n a las nuevas Fundaciones de mujeres m\u00e1s que cuando el esp\u00edritu de Dios, la naturaleza y los principios de su Instituto, y m\u00e1s a\u00fan la experiencia, le daban pie a juzgar que no hab\u00eda nada que temer y mucho que esperar.<\/p>\n<p>Fue hacia finales del mismo a\u00f1o cuando los Hijos de Vicente de Pa\u00fal tuvieron una Misi\u00f3n en G\u00e9nova. Se la debieron a la piedad de los Se\u00f1ores Baliano, Raggio, y Juan Crist\u00f3bal Monza los tres Sacerdotes y nobles genoveses, que concurrieron en esta buena obra con el sr Cardenal Durazzo su Arzobispo: pero ellos se la debieron todav\u00eda m\u00e1s a su trabajo y a su celo infatigable. El Cardenal que no ve\u00eda sino con mucho dolor el deplorable estado de su Di\u00f3cesis, ejercitaba desde hac\u00eda dos a\u00f1os a estos dignos Obreros de una manera tan seguida y continua que no les dejaba ni descanso ni tregua. Su vida no era m\u00e1s que un c\u00edrculo perpetuo de Retiros, de Ejercicios de \u00d3rdenes, de misiones agotadoras, que se suced\u00edan unas a otras sin interrupci\u00f3n. Vicente, enemigo como era del descanso y de la inacci\u00f3n, estaba alarmado; tem\u00eda que un trabajo tan vivo, tan cargado, los pusiera pronto fuera de combate. Las oraciones que elev\u00f3 por ellos y los grandes ejemplos del Cardenal los sostuvieron.<\/p>\n<p>Este Prelado convertido en uno de ellos se asociaba a sus funciones: entraba en las pr\u00e1cticas de su Instituto, segu\u00eda su Reglamento con fidelidad inviolable. Le trajeron un d\u00eda un presente digno de \u00e9l, \u00e9l lo rechaz\u00f3; y dijo como raz\u00f3n que los Misioneros no reciben ning\u00fan\u00a0 regalo en el curso de sus Ejercicios. Detallaremos en otro lado los frutos sin n\u00famero que hicieron estos Se\u00f1ores en los Estados de la Rep\u00fablica. Basta con anotar aqu\u00ed que nuestro Santo, que estaba muy bien informado, daba a Dios continuamente gracias. As\u00ed lo explica en una Carta que escribi\u00f3 el 12 de septiembre de 1647 al Superior de G\u00e9nova: <em>No pienso nunca en vosotros ni en los que est\u00e1n con vosotros sin sentir mucho consuelo. Dese\u00e1is todos ser enteramente de Dios u Dios os desea a todos para s\u00ed. \u00c9l os ha escogido para rendirle los primeros servicios que exige de nuestra Compa\u00f1\u00eda en el lugar en que os hall\u00e1is: y para ello sin duda os dar\u00e1 las gracias muy particulares, que servir\u00e1n como de fundamento para todas las que otorgar\u00e1 siempre a esta nueva Casa. Siendo esto as\u00ed, \u00bfqu\u00e9 gratitud no deb\u00e9is a su divina Providencia? \u00bfQu\u00e9 confianza no deb\u00e9is sentir en su protecci\u00f3n? Pero \u00bfcu\u00e1l no debe ser vuestra humildad, vuestra uni\u00f3n, vuestra dulzura de unos con otros?\u00a0 <\/em>El Santo se enciende poco a poco; el amor est\u00e1 en su coraz\u00f3n, como un fuego molesto en el seno de la tierra se abre un paso, sale y estalla. Sus hijos, lejos como est\u00e1n de \u00e9l, le llegan al alma, le enternecen, como si estuvieran delante de sus ojos. La caridad se los hace presentes. \u00a1<em>Oh Dios, <\/em>exclama<em>, oh Se\u00f1or m\u00edo, sed el lazo de sus corazones! Haced florecer tantos santos afectos, <\/em>cuyo germen hab\u00e9is colocado en ellos<em>. Dad el incremento a los frutos de sus trabajos, para que los Hijos de vuestra Iglesia puedan nutrirse de ellos. Regad con vuestras bendiciones esta Fundaci\u00f3n, como una nueva planta. Fortaleced y consolad a estos pobres Misioneros en las fatigas de sus trabajos. Y finalmente, Dios m\u00edo, sed vos mismo su recompensa, y por medio de sus oraciones extended sobre m\u00ed vuestra inmensa misericordia.<\/em><\/p>\n<p>No hay consuelo en este mundo que no vaya ba\u00f1ado de amargura. La alegr\u00eda que daban al santo Hombre las buenas noticias que recib\u00eda de G\u00e9nova, de casi todas partes, donde sus Sacerdotes se hab\u00edan establecido, fue mitigada por la p\u00e9rdida de algunos de ellos. Le doli\u00f3 sobre todo la de los srs No\u00fcely y Calon. Este \u00faltimo era de una buena familia de la Ciudad de Aumale y Doctor de Sorbona. Su celo por las Misiones le llev\u00f3 a fundar una para el lugar de su nacimiento, y a formar parte en un Cuerpo que tiene por fin la santificaci\u00f3n de los pueblos. Las Di\u00f3cesis de Par\u00eds, de Ro\u00fcen, de Meaux, de Chartres y de Senlis fueron los principales teatros de su caridad. Sus trabajos, su paciencia y sus mortificaciones, acabaron por consumirle. Muri\u00f3 -1 de agosto de 1647- en Vernon con los RR. PP. Penitentes, que le conoc\u00edan desde hac\u00eda mucho, y le honraban como a un Ap\u00f3stol. Nada impresiona tanto como la extensa Carta que escribieron a nuestro Santo estos dignos hijos de S. Francisco: pero nada tampoco era m\u00e1s capaz de redoblar la aflicci\u00f3n que una p\u00e9rdida\u00a0 tan considerable le deb\u00eda causar.<\/p>\n<p>La del sr No\u00fcelly Sacerdote de la Di\u00f3cesis de Ginebra debi\u00f3 serle todav\u00eda m\u00e1s penosa, ya que era mucho m\u00e1s joven. No hac\u00eda m\u00e1s que un a\u00f1o que trabajaba en Argel cuando sirviendo a los esclavos atacados de la peste, \u00e9l mismo se sinti\u00f3 atacado. La noticia de su enfermedad y la muerte que la sigui\u00f3 muy pronto, afligi\u00f3 hasta a los turcos, que no se afligen f\u00e1cilmente. No hab\u00eda nadie en este Pa\u00eds b\u00e1rbaro que no se conmoviera por el celo que ten\u00eda por el alivio de los pobres, y sobre todo de los enfermos. D\u00eda y noche era suyo. Los m\u00e1s desesperados, aquellos cuyos males inspiraban m\u00e1s horror, eran sus hijos queridos. Al fin \u00e9l fue el m\u00e1rtir de su propia caridad. Siete u ochocientos cristianos de toda raza asistieron a sus funerales. Los moros mismos y los turcos parecieron olvidarse de que era enemigo de su Secta, y se encontraron con los dem\u00e1s all\u00ed. Las l\u00e1grimas que se derramaron en su tumba fueron demasiado universales para no ser sinceras. Este excelente Sacerdote no ten\u00eda a\u00fan treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>Estas p\u00e9rdidas hab\u00edan ido precedidas de algunas otras que debieron afligir todav\u00eda m\u00e1s a Vicente, ya que eran menos en el orden de Dios. No obstante, si bien hubo que llenar estos diferentes vac\u00edos, el santo hombre form\u00f3 en este tiempo y ejecut\u00f3 al a\u00f1o siguiente un\u00a0 proyecto, que ser\u00eda suficiente por s\u00ed solo para demostrar que su caridad se extend\u00eda a todo el Universo y que no exist\u00edan dificultades ni obst\u00e1culos que pudieran retardar su actividad. Es el juicio que ha aducido la S. Sede: estamos persuadidos de que el Lector Cat\u00f3lico no aportar\u00e1 otro.<\/p>\n<p>Trad. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para decir todav\u00eda una palabra a prop\u00f3sito de S. M\u00e9en, a\u00f1adir\u00e9 que el asunto caus\u00f3 una emoci\u00f3n pasajera en los esp\u00edritus, sin alterar la caridad que debe unir los corazones. 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