{"id":402274,"date":"2019-05-02T08:04:16","date_gmt":"2019-05-02T06:04:16","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402274"},"modified":"2019-04-27T18:06:17","modified_gmt":"2019-04-27T16:06:17","slug":"402274-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/402274-2\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 24"},"content":{"rendered":"<p>Luis XIII hab\u00eda perseguido con tanto vigor estos sue\u00f1os, que se los crey\u00f3 disipados para siempre. Pero si el error cuando se siente demasiado d\u00e9bil sabe ocultarse por alg\u00fan tiempo, sabe tambi\u00e9n aprovechar las ocasiones de reproducirse, cuando cree encontrarlo favorable. Las confusiones desdichadas que agitaron el Reino durante la minor\u00eda de Luis XIV, parecieron apropiadas a nuestros Iluminados para restablecer sus negocios: comenzaron por levantar la cabeza en diferentes barrios de Francia, sobre todo en la Di\u00f3cesis de Par\u00eds y en la de Bazas. Los Monasterios de Mujeres fueron de ordinario la primera conquista que intentaron. Sorprendieron tambi\u00e9n a un n\u00famero de personas de toda condici\u00f3n y de todo sexo. Por suerte el mal no hab\u00eda echado a\u00fan ra\u00edces muy profundas cuando el Siervo de Dios fue informado. Mand\u00f3 enviar a las Comunidades, a las que la seducci\u00f3n hab\u00eda atacado, a personas\u00a0 sabias y virtuosas. Que hicieron sentir el peligro de estas falsas m\u00e1ximas. Se vigil\u00f3 de tan cerca de los que eran sospechosos de dogmatizar y se los asust\u00f3 de tal forma que se apresuraron en regresar por segunda vez a sus tinieblas. Parece ser que la Gu\u00eda espiritual de Molinos de los derribos de esta Secta, o que al menos fue dirigido por el mismo esp\u00edritu que hab\u00edan tenido por Maestro los Fan\u00e1ticos de los que acabamos de hablar. No terminar\u00edamos si quisi\u00e9ramos escribir al detalle todos los servicios que Vicente de Pa\u00fal prest\u00f3 a la Iglesia y al Estado durante la Regencia de Ana de Austria. Nos contentaremos pues con decir en general que \u00e9l emprendi\u00f3 toda clase de acciones que pudo. Fue \u00e9l quien, para exterminar la blasfemia, y abolir la pr\u00e1ctica condenable de los duelos, hizo renovar las antiguas Ordenanzas y publicar aquellos hermosos Edictos, por los que Luis XIV comenz\u00f3 su Reinado. Fue \u00e9l quien hizo anular la licencia que hombres sin fe y sin virtud se atribu\u00edan de decir, escribir y mandar imprimir contra la Religi\u00f3n y las buenas costumbres, todo lo que el demonio del libertinaje y de la impiedad les suger\u00eda. Fue \u00e9l quien manifest\u00f3 al Rey que, para atraer la bendici\u00f3n de Dios sobre sus armas, hab\u00eda que reprimir la insolencia de los soldados, que se cuidaban menos de lo sagrado que de lo profano, y que tras asolar los Templos del Se\u00f1or, vejaban tambi\u00e9n de la manera m\u00e1s ultrajante a las personas que le estaban consagradas. Fue \u00e9l quien, no pudiendo abolir la Comedia, a la que el Ministro asist\u00eda sin escr\u00fapulos, hizo al menos prohibir a los Comediantes las Escenas indecentes y escandalosas que hac\u00edan a los espect\u00e1culos doblemente criminales. Finalmente, fue \u00e9l quien, habiendo conocido que los prisioneros de Estado encerrados en la Bastilla no ten\u00edan a nadie que les ense\u00f1ara a santificar sus penas, hizo que la Reina aprobara que un Eclesi\u00e1stico virtuoso de la Conferencia fuera a visitarlos, que introdujera entre ellos el uso de la Oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana y de la tarde, que les hiciera piadosas exhortaciones, y que a la vez que les hac\u00eda entrar en gracia con Dios, los dispon\u00eda a volver a los favores del Rey.<\/p>\n<p>Pero, por m\u00e1s ganas que tengamos de abreviar una materia, que parece habernos detenido demasiado, es preciso no obstante que, para la mayor gloria de Dios, por la misericordia de quien los Santos son todo lo que son, es preciso, digo, advertir al Lector que Vicente, durante los diez a\u00f1os que estuvo trabajando en el Consejo del Rey, sirvi\u00f3 a su Pr\u00edncipe con un desinter\u00e9s y una prudencia, de los que es dif\u00edcil hallar ejemplos.<\/p>\n<p>No pretendemos censurar a los que se apegan a los Soberanos con la esperanza de que tendr\u00e1n en cuenta sus servicios. Si los rebeldes son castigados,\u00a0 es justo que los que se consagran al bien del Estado sean recompensados. Sin embargo estaremos de acuerdo en que hay m\u00e1s nobleza\u00a0 y m\u00e1s grandeza de alma en no trabajar para el Pr\u00edncipe m\u00e1s que por la sola intenci\u00f3n de agradar a Dios. Este hombre generoso, desinteresado que, muy lejos de correr tras el oro, la plata y los honores los pisote\u00f3 siempre; este hombre en fin, a quien busc\u00f3 in\u00fatilmente el Sabio en su tiempo y a quien hubiera prodigado los m\u00e1s hermosos elogios \u2013<em>Qui\u00a0 est hic et laud\u00e1bimus eum-,<\/em> Francia le vio y le admir\u00f3 en la persona de Vicente de Pa\u00fal. Aunque al alcance de tener parte en las gracias que manaban en abundancia de una fuente de la que estaba tan cerca, no se mantuvo nunca por estos motivos, que sostienen a tantos otros. Fue \u00fanicamente el deseo de procurar siempre la gloria de Dios el que le llev\u00f3 a aceptar los empleos, con que se le honr\u00f3, el que le uni\u00f3 inviolablemente a los intereses del Rey en los tiempos m\u00e1s dif\u00edciles y el que le hizo superar las contradicciones, las calumnias, las persecuciones, hasta los peligros, a los que su fidelidad, su justicia y su rectitud le expusieron m\u00e1s de una vez.<\/p>\n<p>Hemos dicho ya que, cuando la Reina al principio de su Regencia le concedi\u00f3 el honor de llamarlo al Consejo de los asuntos Eclesi\u00e1sticos, no consinti\u00f3 en ello sino haciendo violencia a su humildad y a la inclinaci\u00f3n que ten\u00eda de pasar el resto de sus d\u00edas en el retiro y la separaci\u00f3n del mundo. Mientras estuvo en este empleo, habr\u00eda podido servirse de la confianza que se ten\u00eda en \u00e9l para establecer con ventaja a su Compa\u00f1\u00eda. Sus casas eran todas bastante pobres y la mayor parte muy cargadas por la Ley, y se hicieron trabajando gratuitamente en sus principales funciones. El santo Sacerdote, a quien se hab\u00eda confiado la distribuci\u00f3n de un gran n\u00famero de Beneficios, habr\u00eda encontrado con toda facilidad los medios de reunir unos pocos a su Congregaci\u00f3n: no se le ocurri\u00f3 nunca; y si alguna vez ha habido suerte en los Seminarios, cuya direcci\u00f3n llevaban los suyos, no se debi\u00f3 sino a las insistentes s\u00faplicas de los que los pose\u00edan, o que ten\u00edan derecho a conferirlos. Alguna vez incluso les cost\u00f3 m\u00e1s tener su consentimiento de lo que a hombres \u00e1vidos de los bienes de la Iglesia\u00a0 les costaba procur\u00e1rselos. Adem\u00e1s, al aceptarlos, cuando ya no era posible negarse a ellos, su plan no era ni enriquecer a sus casas ni colocar a los suyos c\u00f3modamente, sino en emplear con fidelidad todas las rentas en instruir y en formar a los\u00a0 ser\u00edan llamados al santo Ministerio.<\/p>\n<p>Hay quien m\u00e1s de una vez se esforz\u00f3 en corromper su virtud con el cebo del dinero, al que todo obedece. Hemos dicho arriba que un Magistrado le tent\u00f3 prometi\u00e9ndole devolver a la casa de S. L\u00e1zaro a sus antiguos derechos. No es la \u00fanica ocasi\u00f3n que su integridad se vio puesta a prueba. Uno de sus amigos m\u00e1s \u00edntimos vino un d\u00eda a verle, y le ofreci\u00f3 cien mil libras de parte de algunas personas, que deseaban mucho que el Consejo del Rey aceptara ciertas propuestas que le hab\u00edan presentado. Parec\u00edan razonables y no ten\u00edan nada de oneroso para los pueblos. En esto se apoyaba el amigo de Vicente para hacerlas valer: pero aparte de que el santo Sacerdote no habr\u00eda cre\u00eddo poder vender el favor que ten\u00eda en la Corte, hizo ver a su amigo que el sistema que se le ped\u00eda apoyar pod\u00eda lesionar los intereses del Clero: as\u00ed, levantando los ojos al Cielo, s\u00f3lo dio esta repuesta: <em>Dios no lo quiera, antes querr\u00eda morir que decir una sola palabra sobre esto.<\/em><\/p>\n<p>El puesto que ocupaba le pon\u00eda al alcance de ganarse el favor y la amistad de todo lo que el Reino ten\u00eda de m\u00e1s grande y m\u00e1s distinguido. Pero si bien su virtud no ten\u00eda nada de salvaje y estuviera muy lejos de granjearse gloria disgustando a los Poderes del siglo, su regla inviolable era no contentar a nadie m\u00e1s que por orden de Dios. Cuando, sin herir los deberes de su conciencia, pod\u00eda hacer lo que se le ped\u00eda, no era preciso volver dos veces a la carga, se prestaba a todo de la manera m\u00e1s servicial; y en este caso serv\u00eda a un hombre de clase inferior con tanto afecto como a un Mariscal de Francia: pero, si lo que le exig\u00edan era opuesto las verdaderas reglas, no hab\u00eda entonces ni peligros, ni amenazas, ni persecuciones, ni vida, ni muerte que pudieran apartarle de su deber. Dios, que era el \u00fanico a quien quer\u00eda agradar, era tambi\u00e9n el \u00fanico a quien tem\u00eda ofender.<\/p>\n<p>Hablaremos m\u00e1s tarde de la forma indigna como fue tratado en su persona y en la de sus Hijos, por raz\u00f3n del inviolable afecto demostrado a Sus Majestades. Pero esta persecuci\u00f3n igualmente injusta y cruel no nos es necesaria para constatar su desinter\u00e9s. Se ha llegado a saber por los conductos m\u00e1s seguros que le hab\u00eda llevado hasta el extremo, y que en diferentes ocasiones hab\u00eda hecho recaer sobre otros las gracias, que la Reina le destinaba. Era tan respetado de esta augusta Princesa que seg\u00fan confesi\u00f3n de cuantos conoc\u00edan la Corte, no hab\u00eda nada que \u00e9l no pudiera esperar de su buena voluntad. Se difundi\u00f3 el ruido incluso que quer\u00eda pedir para \u00e9l el honor de la P\u00farpura Romana, y algunos de sus amigos se apresuraron a felicitarle: pero el modo como recibi\u00f3 a los primeros dispens\u00f3 a los dem\u00e1s del cumplimiento que hab\u00edan preparado. Un hombre tan perfectamente muerto a s\u00ed mismo estaba m\u00e1s muerto a\u00fan a todas las grandezas de la tierra, y estaba tan alejado de las menores distinciones que la sola idea de las que son m\u00e1s brillantes le desconcertaban. En una palabra, vivir y no ser humillado era para \u00e9l un martirio.<\/p>\n<p>Al desinter\u00e9s m\u00e1s se\u00f1alado uni\u00f3 Vicente una prudencia y una sabidur\u00eda consumada. Yo s\u00e9 que se encuentran hombres bastante poco juiciosos para pretender que un devoto, es su t\u00e9rmino, es poco id\u00f3neo al manejo de los grandes negocios; que hay en \u00e9l m\u00e1s celo que discreci\u00f3n; que todo brillo de bien le deslumbra; y que finalmente, bajo pretexto de correr tras un fantasma de perfecci\u00f3n, compromete con frecuencia al Soberano en empresas perjudiciales al bien de sus Estados. Si este principio fuera verdadero en toda la extensi\u00f3n que se le quiera dar, la situaci\u00f3n de los Reyes ser\u00eda bien lamentable, y no habr\u00eda nada m\u00e1s fastidioso que la necesidad a la que se ver\u00edan reducidos de comenzar por excluir de sus Consejos todo lo que lleve el car\u00e1cter y la imagen de una s\u00f3lida virtud. Pero nuestro Santo ser\u00e1 suficiente de por s\u00ed para demostrar de una m\u00e1xima tan contraria a los intereses de la piedad. Al examinar por orden sus cualidades personales, se ver\u00e1 que pose\u00eda en un grado eminente\u00a0 las que son m\u00e1s necesarias a los Consejeros de los Pr\u00edncipes.<\/p>\n<p>Las disposiciones que son m\u00e1s necesarias para tratar con prudencia los asuntos son, a juicio de los antiguos Romanos, la exenci\u00f3n de las pasiones desarregladas y de los prejuicios, la madurez, la fidelidad en el secreto respecto de las deliberaciones, la sumisi\u00f3n a la autoridad de la raz\u00f3n,\u00a0 de cualquier lado que se presente, y por fin, la firmeza en la ejecuci\u00f3n de los proyectos justos, que se hayan formado una vez. Pues este retrato, tan extenso como es, encaja perfectamente en el de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Como en primer lugar, todos los que le conocieron mejor estuvieron de acuerdo en que, sea gracia, sea fuerza de esp\u00edritu, parec\u00eda estar libre por completo de estas emociones de estos fallos, a los que se ven demasiado sujetos los mayores hombres de bien: o si los experimentaba, su virtud y su sujeci\u00f3n a la voluntad de Dios, le hab\u00edan hecho tan due\u00f1o de s\u00ed mismo, que no se llegaba a descubrir nada, ni en sus gestos, ni en sus palabras, ni siquiera en su rostro. La serenidad de su frente era siempre igual; y no hab\u00eda \u00e9xitos inesperados, ni accidentes, ni afrentas que le alterasen. Hay m\u00e1s, y se ha advertido en un gran n\u00famero de ocasiones, nunca era m\u00e1s moderado, m\u00e1s circunspecto, m\u00e1s presente en s\u00ed mismo, que cuando su paciencia era puesta a las m\u00e1s duras pruebas.<\/p>\n<p>A esta libertad de esp\u00edritu se un\u00eda una extrema vigilancia contra los prejuicios. Los que no hablan a la ligera y s\u00f3lo proponen su opini\u00f3n despu\u00e9s de haberlo pensado bien, est\u00e1n inclinados a defenderlos con calor. Vicente era firme en sus consejos, pero no se apegaba a ellos con exceso; no los sosten\u00eda con ese aire imperioso, que quiere someterlo todo: bien persuadido que otro pod\u00eda ver lo que \u00e9l no hab\u00eda visto, estaba siempre preparado a ceder. Pero no era siempre por la forma como \u00e9l dec\u00eda, a juicio de las personas que le eran superiores, somet\u00eda su mente a la suya, cuando pod\u00eda hacerlo sin herir su conciencia. Adem\u00e1s, fueran las que fuesen las propuestas que se opon\u00edan a las suyas, no se le escapaban ni quejas ni invectivas: despu\u00e9s de cumplir con su deber, se quedaba en un respetuoso silencio, y dejaba a la Providencia el \u00e9xito y acontecer de los asuntos.<\/p>\n<p>Hemos visto varias veces en el curso de esta historia que era enemigo de la precipitaci\u00f3n. Lo que dice Tito Livio que la celeridad en las deliberaciones hace dar los m\u00e1s falsos pasos, era como natural en su gusto. Por eso no decid\u00eda nada, sobre todo en los asuntos de importancia sino despu\u00e9s de reflexionar sobre ello con madurez. Se tomaba el tiempo necesario para examinar las cosas sobre las que era consultado; pesaba atentamente las razones de una y de la otra parte, profundizaba las circunstancias, preve\u00eda las consecuencias: pero una vez que hab\u00eda tomado partido, era tan pronto en la ejecuci\u00f3n como lento i circunspecto en el examen: y entonces bien porque el evento fuera favorable o no, se quedaba en paz; bien seguro con un antiguo Padre, que el Sabio no debe juzgar de las cosas por el \u00e9xito, sino por la intenci\u00f3n, la justeza y la proporci\u00f3n de los medios; y que un asunto de acuerdo con todas las reglas puede salir mal, mientras que otro arriesgado temerariamente saldr\u00e1 bien.<\/p>\n<p>En cuanto al secreto, por cuya falta vemos todos los d\u00edas fracasar proyectos tan excelentes, el Santo era invulnerable en ese aspecto. Nunca le sucedi\u00f3 decir una sola palabra fuera de lugar, ni sobre lo que hab\u00eda sucedido en el Consejo, ni sobre las resoluciones que se hab\u00edan tomado. Cuando volv\u00eda de la Corte, era tan religioso en guardar el silencio sobre los asuntos de Estado que se hubiera cre\u00eddo que sal\u00eda de la celda de un Cartujo. Pero no era la naturaleza de los grandes asuntos que se tratan en el Gabinete de los Reyes, era su propia virtud la que le hac\u00eda tan circunspecto. Un hombre que no dec\u00eda m\u00e1s que lo que era necesario decir, y que desde hac\u00eda mucho guardaba una inviolable fidelidad a ese gran n\u00famero de personas que ven\u00edan de todas partes a abrirse a \u00e9l, estaba bien lejos de revelar esos misterios que, seg\u00fan el consejo del Esp\u00edritu Santo, deben quedar ocultos en lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n, para no salir nunca. \u2013<em>Sacramentum Regis abscondere bonum est-.<\/em><\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, y no puedo por menos que repetirlo, todas estas buenas cualidades de Vicente de Pa\u00fal nac\u00edan de un solo principio, quiero decir, de su afecto a la Ley de Dios y a las Reglas del Evangelio. De esta fuente tan pura sacaba sus luces; y hay que confesar que la pol\u00edtica que all\u00ed se aprende bien vale otra. Los Ministros de los Pr\u00edncipes no est\u00e1n siempre bien persuadidos de esto: pero los que quieran prestar atenci\u00f3n, reconocer\u00e1n con facilidad que la Escuela de Jesucristo es la \u00fanica que pueda ense\u00f1ar eficazmente a lograr lo que se ha notado siempre en nuestro Santo, pero m\u00e1s que nunca durante el tiempo de que habamos; es decir un acceso favorable ante los Soberanos y un desprendimiento perfecto de todos los intereses del siglo; una prudencia pol\u00edtica y una sencillez Cristiana; una grande actividad en los asuntos exteriores, y una uni\u00f3n muy \u00edntima con Dios; ocasiones tan c\u00f3modas como frecuentes de ganarse amigos a expensas de las buenas Reglas, y una rectitud de coraz\u00f3n, que nada puede alterar; un trato continuo con toda clase de personas bien o mal intencionadas, y una igualdad de esp\u00edritu. Siempre constante, siempre uniforme; finalmente una inteligencia capaz de responder a todos los deseos de su Pr\u00edncipe, y un coraz\u00f3n tan penetrado de su nada, como lleno estaba de piedad y de amor de Dios.<\/p>\n<p>\u00danicamente para extender cada vez m\u00e1s este divino amor, envi\u00f3 ese mismo a\u00f1o Sacerdotes a diferentes Ciudades del Reino. Tres de ellos comenzaron a formar el Seminario de Cahors \u2013el 4 de enero de 1643-, que qued\u00f3 ligado a la Congregaci\u00f3n por el santo Obispo Alain de Solminihac. Los otros se extendieron por diferentes Di\u00f3cesis para dar misiones. Adem\u00e1s de la de Montmartre, en la que trabaj\u00f3 el sr Fouquet Obispo de Bayona, hubo dos, entre las dem\u00e1s, que tuvieron un \u00e9xito particular. La primera \u2013en febrero- se dio en Marsella en las siete Galeras mayores. Se emprendi\u00f3 a ruegos de la Duquesa de Aiguillon, y el <em>fruto sobrepas\u00f3 lo esperado totalmente: <\/em>son los t\u00e9rminos de Jean-Baptiste Gaud Obispo de esta ciudad. La segunda \u2013en mayo- se dio en Sedan, y a pesar de los clamores de los Herejes, de los que estaba llena casi toda la ciudad, tuvo continuaciones felices.<\/p>\n<p>Estas dos Misiones de las que hablaremos posteriormente con m\u00e1s detalles, procuraron a la Congregaci\u00f3n del santo Sacerdote dos nuevas fundaciones. La Se\u00f1ora de Aiguillon se qued\u00f3 tan maravillada por los grandes bienes que se hab\u00edan hecho en las Galeras, y apreci\u00f3 muy bien que, para perpetuarlos en un Cuerpo donde nuevos criminales vienen casi todos los d\u00edas a reunirse a los primeros, se necesitaba una especie de Misi\u00f3n continua, que estableci\u00f3 en Marsella a cuatro Sacerdotes de la Compa\u00f1\u00eda de Vicente de Pa\u00fal. Luis XIV confirm\u00f3 y aument\u00f3 esta Fundaci\u00f3n; y a fin de que el Superior de los Misioneros, que \u2013el 25 de julio- necesita de la ayuda de un gran n\u00famero de Capellanes, tuviera sobre ellos toda la autoridad necesaria, quiso que representando al General de la Congregaci\u00f3n, tuviera, con la anuencia de \u00e9ste, los poderes de Capell\u00e1n Real y pudiera, como \u00e9l, colocar y deponer a los que juzgara oportuno. Aunque la Duquesa no hubiera fundado mas que a cuatro Sacerdotes, Vicente hizo partir a cinco Sacerdotes, bien persuadido de que teniendo en cuenta la amplitud de la obra que emprend\u00edan, les resultar\u00eda dif\u00edcil a\u00fan salir de apuros. No se equivoc\u00f3, y le sucedi\u00f3 al m\u00e1s joven de todos lo que hab\u00eda pasado en Bar-le-Duc \u2013al sr Robiche, a este excelente Misionero, de quien hemos hablado en otra parte, es decir que a la edad de treinta y cinco a\u00f1os muri\u00f3 m\u00e1rtir de su celo y de su caridad. Se le llor\u00f3 tanto m\u00e1s, cuanto que un\u00eda a las m\u00e1s s\u00f3lidas virtudes una salud vigorosa y que no se hab\u00eda visto alterada nunca. Por todas las medidas que se hab\u00edan tomado para celebrarle unos funerales sin ceremonias, toda la ciudad, que no se cansaba de admirar su caridad <em>hacia los m\u00e1s pobres enfermos de las Galeras, <\/em>acudi\u00f3 en masa a ellos, y la participaci\u00f3n fue tan grande que, a pesar del orden que se trat\u00f3 de guardar, fue muy dif\u00edcil enterrarlo.<\/p>\n<p>A esta Fundaci\u00f3n se uni\u00f3 \u2013setiembre de 1643- la de Sedan. El Duque de Bouillon, que hab\u00eda entrado en la conspiraci\u00f3n del cinco de Marzo \u2013setiembre de 1641-, no bien hubo cedido \u2013setiembre de 1642- a Luis XIII esta Plaza importante, para conservarse la vida, cuando este Religioso Monarca dese\u00f3 que Vicente diera all\u00ed Misiones, para instruir y afirmar a los Cat\u00f3licos, quienes por raz\u00f3n de su trato continuo con los pretendidos Reformados, estaban en peligro de perder la Fe. Se remiti\u00f3 de parte de Su Majestad una suma considerable al santo Sacerdote. Pero habiendo muerto el rey entretanto, la Regente que fue informada de los grandes bienes que la primera misi\u00f3n hab\u00eda logrado en Sedan, quiso que el dinero que sobraba fuera empleado en la Fundaci\u00f3n en esta ciudad de una Colonia de Sacerdotes que trabajaran all\u00ed sin interrupci\u00f3n. Vicente envi\u00f3 a seis, a los que Leonor d\u2019Estampes de Valencay Arzobispo de Reims puso en posesi\u00f3n de la Parroquia. No encontraron all\u00ed m\u00e1s que a mil quinientos Cat\u00f3licos. Las cosas fueron cambiando poco a poco de cara, por sus cuidados, y por los de las otras dos Comunidades \u2013los PP. Jesuitas y los PP. Capuchinos-, que se establecieron all\u00ed a petici\u00f3n del Siervo de Dios. De m\u00e1s de diez mil habitantes que hay en Sedan, no quedan hoy m\u00e1s que una tercera parte que persevere en en el cisma y en la rebeli\u00f3n contra la Iglesia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n fue este mismo a\u00f1o cuando Francisco Mallier Obispo de Troies estableci\u00f3 a los Misioneros en la peque\u00f1a ciudad de Montmirel, a petici\u00f3n de Pedro de Gondi Duque de Retz. Los de la regi\u00f3n vieron con agrado a los ojos de Vicente de Pa\u00fal en un Lugar donde hab\u00edan admirado tantas veces su virtud y su celo Apost\u00f3lico. El tiempo, que lo borra todo, no ha borrado hasta hoy sus primeros sentimientos de respeto y veneraci\u00f3n. Los padres se los han transmitido a sus descendientes, y el brillante Milagro, que Dios realiz\u00f3 all\u00ed hace algunos a\u00f1os por la intercesi\u00f3n de su Siervo, es una prueba que si Montmirel contin\u00faa rindiendo a la memoria del Santo los homenajes m\u00e1s justos, el santo contin\u00faa queriendo y protegiendo a Montmirel.<\/p>\n<p>Si Vicente vio con alguna satisfacci\u00f3n a sus Sacerdotes a punto de servir m\u00e1s c\u00f3modamente a la Iglesia en un buen n\u00famero de Di\u00f3cesis, la tuvo mayor a\u00fan al ver que se multiplicaban sin perder nada de su primer Esp\u00edritu. <em>Nunca, <\/em>dijo en una Carta que escribi\u00f3 por este mismo tiempo al Superior de la Casa de Roma, <em>nunca se ha visto m\u00e1s regularidad, m\u00e1s uni\u00f3n y cordialidad, que la que se ve ahora. Pero<\/em>, a\u00f1ad\u00eda \u00e9l<em>, una gran calma anuncia de ordinario alguna tempestad.<\/em><\/p>\n<p>Su pron\u00f3stico result\u00f3 justo, y su Congregaci\u00f3n se vio en este punto tener, con la muerte de este santo fundador, la mayor p\u00e9rdida que fuera capaz de sufrir. Las ocupaciones dom\u00e9sticas y exteriores, la pena infinita que ten\u00eda al verse en el Consejo, los l\u00edos prodigiosos que le atrajo este empleo, que fue siempre su martirio, la falta de descanso para un hombre ya avanzado en edad y que, levant\u00e1ndose exactamente a las cuatro de la ma\u00f1ana, no estaba acostado a veces hasta medianoche, tantas fatigas agotaron al fin su naturaleza, y la hicieron sucumbir. Su enfermedad hizo temer por \u00e9l desde los primeros\u00a0 momentos. El santo Sacerdote, para disponerse a la muerte que miraba como pr\u00f3xima, comulgaba todos los d\u00edas. El amor de Dios ocupaba todo su coraz\u00f3n; y en un delirio que le dur\u00f3 alg\u00fan tiempo, no se advirti\u00f3 en \u00e9l, como en otro tiempo S. Francisco Javier, m\u00e1s que movimientos plenos de ardor, tiernos suspiros hacia el cielo, deseos inflamables de ver la disoluci\u00f3n de esta casa de barro, que impide al alma reunirse con su adorable Pr\u00edncipe.<\/p>\n<p>Habi\u00e9ndose extendido el ruido de su mal a la ciudad, la gente de bien se alarm\u00f3. Varios quisieron testimoniarle a \u00e9l en persona lo que les preocupaba su situaci\u00f3n. El P, Jean-Baptiste de Saint-jure de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, conocido por un n\u00famero de Obras de piedad se apresur\u00f3 a venir a ver a su querido enfermo que era su \u00edntimo amigo. Tuvo el dolor de encontrarle en un violento transporte; pero en este estado mismo, consigui\u00f3 de \u00e9l lo que le habr\u00eda costado conseguir de muchas personas cuyo esp\u00edritu hubiera estado m\u00e1s libre. Vicente, que no le o\u00eda m\u00e1s de lo que oye un hombre que se halla en lo peor del delirio, le respondi\u00f3 con estas palabras de la Escritura: <em>In spiritu humilitatis et in animo contrito suscipiamur a te, Domine; <\/em>es decir, Dignaos, oh Dios m\u00edo, ponerme y recibirme en los sentimientos de una verdadera humildad, y de un sincero dolor por las faltas que haya tenido la desdicha de cometer. Los Hijos del santo Sacerdote abrumados por la tristeza no sab\u00edan qu\u00e9 partido tomar. Unos se abandonaban a las l\u00e1grimas y a los gemidos; los otros hicieron por \u00e9l un Voto a Nuestra Se\u00f1ora de Chartres: pero nadie dio mejor testimonio de su deseo por el restablecimiento del Hombre de Dios como un joven Sacerdote llamado Antoine Dufour, cuya memoria debe vivir para siempre. \u00c9l mismo estaba enfermo en el mismo tiempo de la enfermedad del Santo. Apenas se enter\u00f3 de que este respetable Anciano estaba en peligro de muerte, pidi\u00f3 a Dios que aceptara su vida en lugar de la de un Hombre, que era m\u00e1s necesario que nunca a la Iglesia, al Estado, y a la Congregaci\u00f3n en particular. Desde entonces Vicente comenz\u00f3 a estar mejor, y el joven Sacerdote a bajar de una manera tan sensible que muri\u00f3 poco tiempo despu\u00e9s. Era poco m\u00e1s o menos medianoche cuando entreg\u00f3 los \u00faltimos suspiros; en el momento mismo los que velaban en la C\u00e1mara de nuestro Santo, oyeron dar tres golpes en la puerta; fueron a abrir, pero no encontraron a nadie. Vicente, a quien no le hab\u00edan contado todav\u00eda la muerte de Dufour, orden\u00f3 a un Cl\u00e9rigo de la Congregaci\u00f3n recitar a su lado una parte del Oficio de Difuntos y cuando al amanecer se supo lo que hab\u00eda ocurrido, no se dud\u00f3 que hab\u00eda sido informado por v\u00eda sobrenatural. Se le persuadi\u00f3 con facilidad que se sab\u00eda de m\u00e1s de un lugar que los secretos m\u00e1s impenetrables eran a menudo resueltos y descubiertos a sus ojos. Es lo que han asegurado varias personas dignas de fe, cuyos testimonios podremos adem\u00e1s producir. Nos contentaremos por ahora con el de uno de los m\u00e1s antiguos y de los m\u00e1s famosos \u2013sr Martin Husson Abogados del Parlamento de Par\u00eds quien, algunos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Vicente de Pa\u00fal escribi\u00f3 \u2013el 2 de febrero de 1661- a un Hermano de la Congregaci\u00f3n en estos t\u00e9rminos. <em>Se me olvidaba deciros que el Bienaventurado Difunto me predijo cosas secretas y ocultas, que sucedieron dos a\u00f1os despu\u00e9s y que \u00e9l no pod\u00eda entonces prever, sino mediante una ilustraci\u00f3n particular o, mejor dicho, por un esp\u00edritu de Profec\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>Una vez\u00a0 recobrado algo, volvi\u00f3 a comenzar sus ejercicios y sus trabajos con tanto fervor y asiduidad como si no le hubieran llevado a las puertas de la muerte. Uno de sus Misioneros que hac\u00eda en Roma las funciones de Superior, le apremiaba entonces a aceptar una nueva Fundaci\u00f3n en Catalu\u00f1a, que \u00e9l mismo hab\u00eda arreglado con mucho cuidado: pero un Hijo de la Providencia, tal como lo era Vicente de Pa\u00fal, le convenci\u00f3 con sus respuestas que conven\u00eda seguirla y no adelantarse a ella; que la Congregaci\u00f3n recib\u00eda nuevas Casas, cuando no pod\u00eda evitarlo, pero que no daba pasos para buscarlas, y que siempre ser\u00eda verdad decir, <em>que Dios arranca la Vi\u00f1a que no ha plantado.<\/em><\/p>\n<p>El Santo habr\u00eda aceptado con mejor talante la propuesta que Roma le hac\u00eda en ese mismo tiempo de enviar obreros Apost\u00f3licos a Babilonia y a las Indias Orientales. Hab\u00eda mucho que sufrir y, al parecer, grandes bienes que hacer en esos dos pa\u00edses; motivos as\u00ed causaban siempre una gran impresi\u00f3n en su alma: pero la muerte del Papa Urbano VIII que ocurri\u00f3 -29 de julio- mientras tanto, y los compromisos, que Vicente se vio obligado a aceptar, pararon una parte de estos proyectos, y suspendieron la otra. El santo Hombre, a la espera que la voluntad de Dios se manifestara con mayor claridad, parti\u00f3 para Richelieu. La esperanza de realizar all\u00ed un bien, que otros hab\u00edan intentado in\u00fatilmente, fue la \u00fanica raz\u00f3n de este viaje. Ya que es bueno se\u00f1alar que no los hac\u00eda m\u00e1s que por obediencia o por necesidad. \u00c9l mismo dijo que hab\u00eda aprendido del Cardenal de la Rochefoucault, que un Superior debe amar la residencia \u2013carta del 4 de enero de 1645-; que el bien que hace en sus Casas, al visitarlas, no est\u00e1 compensado por la p\u00e9rdida que sufre la suya propia con su ausencia; Y que, mientras se encuentra de camino, una cantidad de asuntos exteriores, que a menudo no permiten retraso, no pueden arreglarse como es debido. As\u00ed los recorridos que se ve\u00eda obligado a hacer de tiempo en tiempo no ten\u00edan para \u00e9l\u00a0 el atractivo que tienen a veces para los dem\u00e1s; y \u00e9l mismo confiesa que mientras estuvo en Richelieu \u2013carta del 5 de octubre de 1644- estaba ocupado de la ma\u00f1ana hasta la noche.<\/p>\n<p>Todav\u00eda no hab\u00eda regresado cuando la Reina le dio orden de enviar a sus Sacerdotes a Fontainebleau para dar una Misi\u00f3n all\u00ed. A pesar de la autoridad de la que mandaba, no la emprendi\u00f3 m\u00e1s que con el permiso no s\u00f3lo del Arzobispo de Sens, sino tambi\u00e9n del P\u00e1rroco del Lugar. Ren\u00e9 Alm\u00e9ras, que sucedi\u00f3 a nuestro Santo en el Cargo de Superior General, se traslad\u00f3 all\u00ed con un buen n\u00famero de celosos Operarios. Las necesidades eran grandes, el \u00e9xito respondi\u00f3.<\/p>\n<p>Ocurri\u00f3 en el curso de esta misi\u00f3n que Vicente acept\u00f3 al fin la direcci\u00f3n perpetua del Seminario de Saintes. Hac\u00eda m\u00e1s de tres a\u00f1os que sus Sacerdotes trabajaban por la salvaci\u00f3n de los pueblos de esta Di\u00f3cesis. Jacques Raoul, que era su Obispo y que hab\u00eda tenido todo el tiempo necesario para conocerlos a fondo, les rog\u00f3 \u2013el Acta de uni\u00f3n es del 27 de setiembre- que se encargaran del cuidado de sus j\u00f3venes Eclesi\u00e1sticos. Vicente no ratific\u00f3 el Acta de Uni\u00f3n hasta dos meses despu\u00e9s, bien porque quisiera que recayera este Seminario en alguna otra Comunidad; bien porque ten\u00eda por entonces gran necesidad de un buen n\u00famero de Sacerdotes para la ejecuci\u00f3n de los grandes designios que meditaba.<\/p>\n<p>En efecto, aparte de la misi\u00f3n de le Mans, para la cual el Preboste de Nuestra Se\u00f1ora de Co\u00ebfford y los Se\u00f1ores sus Cofrades cedieron, con anuencia del Rey, todo lo que depend\u00eda de ellos, el Siervo de Dios, que sab\u00eda por su propia experiencia a qu\u00e9 peligros est\u00e1n expuestos los Esclavos Cristianos de T\u00fanez, de Argel, de Bizerta, y de los dem\u00e1s Cantones de Berber\u00eda, pensaba seriamente en procurarles una ayuda, que \u00e9l no hab\u00eda tenido en el tiempo de su cautividad. Julien Guerin nacido en la Di\u00f3cesis de Ba\u00efeux, hombre que, antes de asociarse a Vicente de Pa\u00fal, hab\u00eda sabido santificarse en la profesi\u00f3n de las Armas fue aquel a quien el Santo, que conoc\u00eda su virtud y su valor, dio el Departamento de T\u00fanez. Hubiera sido dif\u00edcil hacer una elecci\u00f3n mejor. El sr Gu\u00e9rin un\u00eda a una unci\u00f3n capaz de mover los corazones m\u00e1s endurecidos un celo comparable al de los mayores Ap\u00f3stoles. El Obispo de Saintes, en cuya Di\u00f3cesis hab\u00eda trabajado, dec\u00eda bien claramente <em>que no conoc\u00eda a nadie en el mundo en quien la Obra de Dios apareciera con mayor claridad, y que tuviera m\u00e1s gracia en anunciar las verdades del Evangelio. <\/em>Aunque se dec\u00eda de \u00e9l, como de S. Juan Bautista, que viv\u00eda sin beber ni comer, trabajaba con tal continuidad y ardor que se necesitaba una especie de Milagro para conservarle la vida. Hab\u00eda deseado siempre morir entre los cautivos y los b\u00e1rbaros. La sola idea de que pudiera ser un d\u00eda bastante feliz para sufrir lo que sufren los M\u00e1rtires, le transportaba de alegr\u00eda. Como alguien le dijera un d\u00eda, la v\u00edspera de su partida, que iba a ser colgado en Berber\u00eda: es demasiado poco, respondi\u00f3, no quisiera ir si creyera\u00a0 que iba a ser por algo tan barato. Espero que Dios me haga la gracia de\u00a0 ser empalado, o de sufrir alguna cosa peor.<\/p>\n<p>Estas ideas heroicas continuaron en T\u00fanez. El hombre Apost\u00f3lico con su trabajo logr\u00f3 que su paciencia fuera invencible en las persecuciones y su amor por las cruces, frutos prodigiosos de los que hablaremos en el octavo libro de esta Historia, que hemos destinado a las misiones, y principalmente a las que se dieron en Pa\u00edses extranjeros. Si Dios no le hizo alcanzar la Corona del Martirio, le honr\u00f3 al menos con la que se debe a la m\u00e1s eminente caridad. No hac\u00eda a\u00fan cuatro a\u00f1os que estaba en Berber\u00eda cuando, debido al trato easiduo que mantuvo con los Esclavos afectados de la peste, \u00e9l mismo fue v\u00edctima de ella, y acab\u00f3 as\u00ed una vida santa con una muerte preciosa a los ojos del Se\u00f1or. Por suerte para los Cristianos de \u00c1frica, hab\u00eda obtenido del Day, que es como el Rey de T\u00fanez, desde el a\u00f1o precedente, el permiso de hacer venir de Francia a un segundo Sacerdote, que pudiera ayudarle a recoger una cosecha demasiado abundante para un solo hombre: y Vicente a quien no le costaba trat\u00e1ndose de ayudar a los miserables, hab\u00eda mandado \u2013en 1648 salir al momento a Jean le Vacher Sacerdote de la Di\u00f3cesis de Par\u00eds. Fue este hombre incomparable quien, despu\u00e9s de trabajar durante m\u00e1s de 23 a\u00f1os por la salvaci\u00f3n de los Esclavos, y de los Turcos mismos en T\u00fanez y en Argel, tuvo por fin la suerte de ser puesto en la boca del Ca\u00f1\u00f3n \u2013en 1683- y ser el primer Hijo de Vicente de Pa\u00fal que, en este pa\u00eds infiel y b\u00e1rbaro, haya derramado su sangre por la Fe de Jesucristo. Diremos algo en otra parte, pero hemos de confesar que es debilitar la memoria de estos H\u00e9roes Cristianos si les damos a conocer tan a la ligera. Las vidas de m\u00e1s de veinte de ellos, que quedan manuscritas en los Archivos de S. L\u00e1zaro, no podr\u00edan sino edificar a muchos que tienen piedad y Religi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Siervo de Dios no descuidaba en Francia los ejercicios de caridad que sus Sacerdotes realizaban tan generosamente en una tierra extranjera. La persecuci\u00f3n que los Cat\u00f3licos y sobre todo los Sacerdotes sufr\u00edan en Gran Breta\u00f1a, donde el hip\u00f3crita y perverso Cromwel, con el nombre de Milord Protector, ejerc\u00eda toda la autoridad de los mayores Reyes; esta persecuci\u00f3n, digo, oblig\u00f3 a abandonar su Patria a un n\u00famero de Eclesi\u00e1sticos y a implorar la caridad de Vicente, asilo ordinario de la virtud oprimida. El Santo, despu\u00e9s de remediar las necesidades del cuerpo con las limosnas que les hizo distribuir, se esforz\u00f3 por detener las necesidades espirituales que, aunque menos sensibles, son mucho m\u00e1s peligrosas. Como hab\u00eda en su Congregaci\u00f3n algunos Sacerdotes de los mismos Reinos, les encarg\u00f3 de reunir con frecuencia a estos pobres fugitivos y darles Conferencias Eclesi\u00e1sticas. Este medio iba dirigido a reunirlos y llenarlos poco a poco de las virtudes de su Estado. Pero le divisi\u00f3n que reinaba en su Pa\u00eds, donde el hermanos estaba armado contra su hermano, se interpuso entre ellos. Cada uno tomaba el partido de su Provincia y quer\u00eda justificar la conducta que hab\u00eda observado, o que observaba a\u00fan en la \u00e9poca de los disturbios. Por m\u00e1s que se les manifestaba que no era cuesti\u00f3n de saber si Escocia ten\u00eda raz\u00f3n, o si Irlanda estaba equivocada, no pod\u00edan estar juntos sin disputas. As\u00ed fue necesario romper estas Asambleas. Los hubo entre estos Se\u00f1ores a quienes se persuadi\u00f3 vivir en comunidad, y quienes con el tiempo se determinaron a ello.<\/p>\n<p>Vicente, a quien una obra buena no dejaba nunca de ver la luz para comenzar otra, quiso hacer a favor de un n\u00famero de Sacerdotes del Reino, lo que hab\u00eda emprendido por los Extranjeros. Hab\u00eda visto y advertido por s\u00ed mismo y con mucho dolor que entre esta multitud de Eclesi\u00e1sticos, a quienes el deseo de estudiar, las ganas de hacer fortuna, la necesidad de sus asuntos, la curiosidad misma, y con bastante frecuencia el amor de una libertad peligrosa, atraen a Par\u00eds, hay muchos a los que la mediocridad de su fortuna obliga a residir en tabernas, que por cierto no son lugares de virtud ni de inocencia. Estos Sacerdotes, la mayor parte de los cuales habr\u00edan hecho mejor con no subir al Altar, iban de Iglesia en Iglesia a mendigar sus Misas, o m\u00e1s bien la retribuci\u00f3n que las acompa\u00f1aba. Celebraban sin respeto, sin preparaci\u00f3n, y a menudo sin saber las ceremonias. Los hab\u00eda que ped\u00edan limosnas en p\u00fablico y que, envileci\u00e9ndose a s\u00ed mismos por el modo indecente con que fatigaban la caridad del pr\u00f3jimo, envilec\u00edan\u00a0 por consiguiente el Sacerdocio de Jesucristo. No hab\u00eda m\u00e1s que un partido que tomar para detener este desorden; y este partido era reunir a estos Sacerdotes en Cuerpos de Comunidad, hacerles conocer la grandeza de su vocaci\u00f3n, instruirlos en sus obligaciones, colocarlos poco a poco en disposici\u00f3n de servir en Parroquias, y pedir a sus Obispos que les dieran empleos, una vez que se les hubiera hecho capaces de trabajar con edificaci\u00f3n. Vicente, siempre preparado a hacer el bien, se encarg\u00f3 de emprender \u00e9ste. Y lo hizo con tal desinter\u00e9s que le ha dado tanto honor ante Dios y ante los hombres. Este es el modo c\u00f3mo lo consigui\u00f3.<\/p>\n<p>El Seminario establecido en el Colegio de los Bons-Enfants, era la \u00fanica de sus Casas, donde podr\u00eda alojar a estos Eclesi\u00e1sticos, mand\u00f3 salir a los j\u00f3venes Cl\u00e9rigos, que se educaban all\u00ed seg\u00fan el Plan del Concilio de Trento, y los traslad\u00f3 a la casa de S. Charles, en la que continuaron form\u00e1ndolos como antes. Dio a los Sacerdotes de quienes hablamos las Habitaciones que estos chicos hab\u00edan ocupado anteriormente; y content\u00e1ndose con los honorarios de sus Misas a cambio del precio de su alimentaci\u00f3n, los hizo instruir en todo lo que deb\u00edan saber por s\u00ed mismos y para los pueblos. Mas para que perdieran menos tiempo y que, los que, despu\u00e9s de arreglar los asuntos de su conciencia, eran juzgados capaces de celebrar no se vieran obligados a ir a buscar su Misas a derecha y a izquierda, se determin\u00f3 con los Se\u00f1ores del Cap\u00edtulo de Nuestra Se\u00f1ora, que ir\u00edan a decirla en la Catedral, y a la hora que les fuera se\u00f1alada. Eran por lo general unos cuarenta, y habr\u00eda habido m\u00e1s, si no hubiera faltado el alojamiento. Es verdad que esta acci\u00f3n de caridad fue muy onerosa para la Congregaci\u00f3n. En t\u00e9rminos tan costosos como lo eran aquellos, la retribuci\u00f3n de una Misa no era suficiente apenas para el alimento de un hombre. Sin embargo se contentaban con menos: y Vicente les entregaba a menudo una parte para su mantenimiento, cuando sus familias no se lo daban. El santo Sacerdote sali\u00f3 bien recompensado por el buen ejemplo que dieron al p\u00fablico estos hombres que hasta entonces no le hab\u00edan edificado. Se volvieron graves, modestos, recogidos; y muchos de ellos de regreso a sus Provincias, realizaron all\u00ed muchas obras buenas.<\/p>\n<p>Ya que hemos vuelto a este Seminario, no nos saldremos demasiado de nuestro prop\u00f3sito al se\u00f1alar que nuestro Santo visitaba de vez en cuando a los Eclesi\u00e1sticos que se formaban all\u00e1 en la virtud. Sus discursos unidos al gran modelo de virtud que llevaba a todas partes consigo, hac\u00edan una especie de impresi\u00f3n en estos corazones j\u00f3venes, a los que la gracia hab\u00eda preparado ya para el bien. Parece que algunos de ellos hasta\u00a0 eran dirigidos por \u00e9l particularmente. Fue \u00e9l quien form\u00f3 a Luis Eudo de Kerlivio en esta piedad grande y s\u00f3lida, que le otorga un rango tan hermoso en las Vidas de los Santos de Dom Gui-Alexis Lobineau -21 de marzo-. Aunque no hubiera cumplido todav\u00eda los veinticuatro a\u00f1os, el Siervo de Dios dec\u00eda de \u00e9l que igualaba ya a los m\u00e1s fervientes Religiosos; que \u00e9l no merec\u00eda dirigirle y que, si viviera mucho tiempo, llegar\u00eda a un grado muy alto de perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Eclesi\u00e1sticos de este car\u00e1cter eran la alegr\u00eda y en consuelo de Vicente de Pa\u00fal. Estaba pronto a hacerlo todo, a sufrirlo todo por ellos: era m\u00e1s sensible a sus intereses de lo que lo era a los suyos propios. Dio por ese mismo tiempo una prueba clara con ocasi\u00f3n de una terrible afrenta que se hizo a Jean-Jacques Olier, su \u00edntimo y antiguo amigo. Este digno Fundador del Seminario de S. Sulpicio era entonces P\u00e1rroco de la Parroquia del mismo nombre. Quien se la hab\u00eda renunciado y le hab\u00eda animado mucho a aceptarla, seducido por personas, a quienes no les gustaba un Pastor tan vigilante como el sr Olier, quiso volver a ella. Los que apoyaban sus pretensiones, hicieron correr la voz que le hab\u00edan enga\u00f1ado, y que el Beneficio que le hab\u00edan dado a cambio, no val\u00eda lo que le hab\u00edan prometido. En ese mismo momento una multitud de sediciosos se armaron con todo lo que les cay\u00f3 en mano. El sr Olier fue expulsado de su propia casa, arrastrado por la mitad de la calle, y perseguido a punta de espada. Un Decreto del Parlamento que le restableci\u00f3 no calm\u00f3 los esp\u00edritus. Desde el mismo d\u00eda su Presbiterio fue sitiado; trataron de forzar las puertas y de escalar las paredes; y a no ser por unas Compa\u00f1\u00edas del Regimiento de la Guardia, que envi\u00f3 la Reina, con toda seguridad que le habr\u00edan quemado vivo en su Presbiterio.<\/p>\n<p>Como la transacci\u00f3n entre el antiguo y el nuevo P\u00e1rroco hab\u00eda tenido lugar como consecuencia de la Misi\u00f3n famosa, que Vicente hab\u00eda dado en el barrio de S. Germain; que el mismo sr Olier era un gran Misionero, y que al hablar bien\u00a0 en su nombre, bien en nombre de los que le eran m\u00e1s afectos, dec\u00eda con frecuencia: <em>El sr Vicente es nuestro Padre y nosotros debemos honrarle como tal; <\/em>se pens\u00f3 en la corte que estos dos grandes Siervos de Dios, no teniendo m\u00e1s que un coraz\u00f3n y un alma, ellos y sus Sacerdotes no formaban m\u00e1s que un solo cuerpo. Por eso, cuando Vicente fue a saludar a la Reina despu\u00e9s de este alboroto, recibi\u00f3 por ello reproches bastante vivos de varias personas de distinci\u00f3n, de los Pr\u00edncipes mismos y de los Ministros de Estado. Es claro como el d\u00eda que pod\u00eda con una sola palabra cerrarles la boca: pero este humilde y perfecto amigo quien, si se hubiera tratado de una cosa que los Cortesanos hubieran tenido como honrosa pata el sr Olier y a sus Sacerdotes, no habr\u00eda dejado de atribuirles toda la gloria, se condujo de diferente manera en una coyuntura en la que tanta gente estaban, aunque mal, aconsejadas contra ellos. Sin decir ni quiera insinuar que hab\u00eda entre las dos Comunidades otros lazos que el de la caridad y de la estima, hizo bien claramente la apolog\u00eda del P\u00e1rroco de S. Sulpicio, como un Padre habr\u00eda hecho la de su Hijo: justific\u00f3 sus pasos, y desenga\u00f1\u00f3 a cuantos quisieron serlo. Esta conducta que le envolv\u00eda en la querella de su amigo y que le expon\u00eda\u00a0 a la misma tormenta, pareci\u00f3 grande y generosa a las personas que sab\u00edan o que supieron despu\u00e9s el fondo de las cosas. Ense\u00f1a a quienes est\u00e1n a favor a ayudar cuando pueden sin lesionar la justicia, los intereses de los que no lo est\u00e1n. La ocasi\u00f3n de servir es preciosa; no se la tiene todos los d\u00edas.<\/p>\n<p>Vicente envi\u00f3 el mes de julio a algunos de sus Sacerdotes a la Di\u00f3cesis de S. Malo. Aquiles de Harlai de Sancy, que era su Obispo los deseaba hac\u00eda ya tiempo y los hab\u00eda pedido con mucha insistencia. Los estableci\u00f3 en S. M\u00e9en, de donde era Abate, y que estando situada en el coraz\u00f3n de su Di\u00f3cesis, era m\u00e1s id\u00f3nea que ning\u00fan otro Lugar para la erecci\u00f3n de un Seminario.<\/p>\n<p>Ninguna Fundaci\u00f3n caus\u00f3 tanto dolor al Siervo de Dios como \u00e9sta. Apenas hubieron entrado sus Misioneros, cuando en virtud de un Decreto del Parlamento de Breta\u00f1a fueron desalojados de all\u00ed. Vicente, que algunos meses antes hab\u00eda escrito a uno de los suyos que <em>era mejor perder que pleitear, <\/em>comenz\u00f3 por hacer lo que un hombre como \u00e9l debe hacer; es decir que quiso retirar a sus Sacerdotes, a quienes necesitaba en otro lugar, pero el Obispo se opuso con todas sus fuerzas. Le expuso que no hab\u00eda hecho nada disconforme con las Cartas Patentes del Rey -del 20 de octubre de 1643-; que no hab\u00eda en la Abad\u00edas de S. M\u00e9en m\u00e1s que dos ancianos Monjes, cuyo consentimiento hab\u00eda obtenido, y que no eran ni quer\u00edan ser reformados; que la Abad\u00eda, constantemente sometida a la Jurisdicci\u00f3n de sus Predecesores y a la suya, no era miembro de ninguna Congregaci\u00f3n y que, independiente de todo otro Cuerpo, nunca hab\u00eda recibido visitas m\u00e1s que por parte de los Obispos. Vicente le dej\u00f3 pues sus Sacerdotes y les dio orden de obedecerle, pero tuvo mucho cuidado de meterse en pleitos, y nunca lo hizo, ni por s\u00ed ni por los suyos.<\/p>\n<p>Para oponer de alg\u00fan modo la fuerza a la fuerza, el sr de S. Malo puso a la Iglesia de S. M\u00e9en en entredicho; prohibi\u00f3 a sus diocesanos, bajo pena de excomuni\u00f3n, poner el pie en ella, mientras estuviera bajo el poder de los que se hab\u00edan apoderado de ella; y llevando al Rey las pruebas que le parec\u00edan justas, consigui\u00f3 un Decreto del Consejo privado, por medio del cual, los que hab\u00edan despedido a los otros, fueron despedidos a su vez. Este remedio, que de por s\u00ed es violento, no hizo sino agravar el mal. El Parlamento consider\u00f3 como obtenido por sorpresa el Decreto, del que acabamos de hablar: dio un Decreto de Aplazamiento personal contra el se\u00f1or de Orgeville, Gran Vicario de S. Malo, que le hab\u00eda hecho ejecutar; y Pedro de Beaumont, uno de los que el Siervo de Dios hab\u00eda enviado a Breta\u00f1a, habiendo entrado por orden de este mismo Gran Vicario en la Casa de S. M\u00e9en, fue conducido a Rennes, y encadenado.<\/p>\n<p>A las primeras noticias de esta conducta, que la Corte consider\u00f3 atentado, el Rey mand\u00f3 partir a un Oficial de la Cadena, con orden de reivindicar al prisionero. Vicente escribi\u00f3 por su parte al Primer Presidente. Le suplic\u00f3 <em>por las entra\u00f1as de Jesucristo que tuviera a bien proteger la inocencia de un buen hombre de bien &#8211;<\/em>8 de septiembre de 1646-<em>; <\/em>y que no hab\u00eda cometido la falta de tomar una habitaci\u00f3n en la Abad\u00eda m\u00e1s que porque no entend\u00eda nada de los Procesos, y hab\u00eda cre\u00eddo obrar bien, <em>siguiendo las \u00f3rdenes de su Obispo y del Rey. <\/em>Parece por otra Carta del Santo \u2013del 12 de setiembre-, que estas reflexiones hab\u00edan sido ya hechas en Rennes y que el se\u00f1or de Beaumnont, despu\u00e9s de cuatro o cinco d\u00edas de detenci\u00f3n hab\u00eda sido despachado. Sea como fuere, los \u00faltimos Procedimientos del Parlamento fueron anulados con mucho esc\u00e1ndalo, y las C\u00e1maras reunidas concluyeron con una nueva declaraci\u00f3n de leves advertencias. Esto es lo m\u00e1s fuerte que encuentro; y la imparcialidad, de la que un Historiador debe, cuando la Religi\u00f3n se lo permite, hacer una profesi\u00f3n constante, me obliga a no disimularlo. Los Se\u00f1ores del Parlamento, despu\u00e9s de admitir que los Sacerdotes de la Misi\u00f3n, de quienes no hablan por otra parte ni mal ni bien, son Seculares por su Estado, contin\u00faan en estos t\u00e9rminos: <em>Vuestra Majestad sabe que, cuando se trata de extinguir la calidad de un Beneficio y de Regular que es hacerle Secular\u2026 un cambio tan importante no se hace, y no se puede hacer sin intermedio y autoridad de quien es el Jefe visible de la Iglesia universal como Vicario de Jesucristo.<\/em><\/p>\n<p>Fue, al parecer, para evitar este inconveniente, cuando bajo Fernando de Neufville Sucesor del Se\u00f1or de Harlai, el Clero de la Di\u00f3cesis que, queriendo un Seminario en S. M\u00e9en, hab\u00eda tomado el partido de su Obispo, se provey\u00f3 en la Corte de Roma. El asunto se examin\u00f3 con toda la lentitud que se acostumbra usar en esta clase de casos. Las partes interesadas, quiero decir, del Agente del Clero de S. Malo, por un lado, y el Procurador General de la Congregaci\u00f3n de S. Maur, del otro, fueron escuchadas. Finalmente, despu\u00e9s de una larga discusi\u00f3n, el Papa dio su Bula. Se\u00f1ala en ella en t\u00e9rminos formales que otorga a las s\u00faplicas insistentes de todo el Clero de la Di\u00f3cesis de S. Malo que reunido en S\u00ednodo se la ha pedido: hable de una manera muy honrosa de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n, de sus trabajos en los Seminarios y de las bendiciones quiere darles.<\/p>\n<p>Como la Sede de S. Malo estaba vacante por el traslado del sr de Neufville al Obispado de Chartres, la Bula de Alejandro VII fue dirigida al Obispo de D\u00f4le. Las formalidades volvieron a empezar, y antes de fulminarla, el oficia dio los informes jur\u00eddicos del procedimiento y de la conducta de los Misioneros. Nunca Sumarios fueron m\u00e1s gloriosos a aquellos a quienes se les tribut\u00f3. El Clero, la Nobleza, los Jueces mismos de los Lugares del vecindario depusieron a favor de los Hijos de Vicente de Pa\u00fal. Todo el mundo dijo, cada uno a su modo, que desde que estaban en M\u00e9en, la cara de la Di\u00f3cesis hab\u00eda cambiado; que los pueblos del campo estaban instruidos, y que los Eclesi\u00e1sticos, no s\u00f3lo de S. Malo sino tambi\u00e9n de Vannes, de D\u00f4le, de S. Brieu y de Rennes, estaban formados en todas las funciones del ministerio. El Rey mand\u00f3 expedir nuevas Cartas Patentes; pero como esto no fue hasta despu\u00e9s de la muerte del Siervo de Dios, el hecho no entra en mi Historia. Yo no he hablado por otra parte con tanta extensi\u00f3n del asunto de S. M\u00e9en, m\u00e1s que debido a que el Promotor de la Fe le puso una objeci\u00f3n, cuando se trabajaba en beatificar al santo Sacerdote. Es, como se ve, tan s\u00f3lida como la que se saca de la Feria de S. Lorenzo, de la que mucha gente, o poco instruidos, o mal intencionados, ensordecen al p\u00fablico. Se enterar\u00e1n cuando les plazca que hac\u00eda m\u00e1s de dos a\u00f1os que Vicente no estaba ya, cuando el Parlamento de Par\u00eds registr\u00f3 las Cartas que permit\u00edan establecerla\u00a0 en pie donde hoy se encuentra: y le agradar\u00eda hacer ver que su erecci\u00f3n no puede causar da\u00f1o a la memoria del sr Alm\u00e9ras, por cuyos cuidados ha sido colocada poco m\u00e1s o menos en el estado en que\u00a0 se encuentra todav\u00eda hoy.<\/p>\n<p>Trad. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis XIII hab\u00eda perseguido con tanto vigor estos sue\u00f1os, que se los crey\u00f3 disipados para siempre. 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