{"id":402247,"date":"2019-04-30T08:01:28","date_gmt":"2019-04-30T06:01:28","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402247"},"modified":"2019-03-17T13:02:38","modified_gmt":"2019-03-17T12:02:38","slug":"san-vicente-collet-23","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-23\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 23"},"content":{"rendered":"<p>De esta forma es como cortaba Vicente, en cuanto le era posible, todo g\u00e9nero de ambici\u00f3n, incluso de aquella que, adornada con los colores del bien, seduce a veces a hombres llenos de virtudes y de luces. A pesar de ello, nunca un hombre ha tenido m\u00e1s consideraci\u00f3n por el verdadero m\u00e9rito; ni nunca pes\u00f3 como \u00e9l la naturaleza, el grado y todas sus circunstancias. Sobre este principio recurrieron siempre bastantes a \u00e9l por un gran n\u00famero de Beneficios inferiores, que dependen de Su Majestad, \u00e9l prefer\u00eda antes que los extranjeros a los Eclesi\u00e1sticos de la Casa del Rey y de la Reina, incluso a los que siendo Capellanes con las tropas, hab\u00edan cumplido siempre con su deber. La regularidad con la que hab\u00edan vivido, bien en la Corte, bien en el Ej\u00e9rcito, es decir en los lugares en que se respira un aire muy corrompido, entraba para \u00e9l en cuenta y le animaba en justas recompensas. Pero ya que todos no eran virtuosos por igual, que aquellos mismos a quienes por otra parte no se les pod\u00eda reprochar nada, poco contentos con lo que ten\u00edan ya, aunque muy suficiente, persegu\u00edan a veces o nuevas Pensiones, o nuevos Beneficios;\u00a0 y que aquellos que ten\u00edan m\u00e1s apoyo y\u00a0 menos virtud, estaban cargados de bienes, mientras que los que ten\u00edan m\u00e1s piedad y menos favores, se quedaban a un lado, el santo Sacerdote hizo los \u00faltimos esfuerzos por detener este desorden. Ten\u00eda una lista exacta de todos los Limosneros, Confesores, Capellanes, Cl\u00e9rigos, Chantres, y otros Oficiales Eclesi\u00e1sticos de la Casa, Capilla y M\u00fasica\u00a0 de Sus Majestades. En ella hab\u00eda se\u00f1alado lo que cada uno pose\u00eda ya; y como no hab\u00eda nadie cuyo fuerte y d\u00e9bil no conociera y que, a juicio del sr le Tellier, ninguno sab\u00eda mejor apreciar y retribuir el car\u00e1cter de otro, ten\u00eda cuidado de proponer a los que merec\u00edan serlo, de excluir a los que hab\u00eda que excluir, y de obrar de manera que la abundancia de unos no da\u00f1ara a la indigencia de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Cuando los Patronos son Mineros en <strong>N<\/strong>ormand\u00eda, el Rey, por raz\u00f3n de la Guardia Noble, que le pertenece, tiene derecho de proveer a aquellas Parroquias de esta Provincia, que est\u00e1n en Patronato Laico, por eso Vicente se manten\u00eda fuerte, para no verse sorprendido por los que llegaban a pedir estos Beneficios, cuando estaban vacantes por dimisi\u00f3n, o por muerte. Inclinaba al Consejo a no d\u00e1rselos m\u00e1s que a los m\u00e1s capaces. Dec\u00eda con raz\u00f3n, y esta raz\u00f3n debe hacer temblar a los Patronos y a los Coladores que aquellos, a quienes pertenece nombrar a los Beneficios con cargo de almas, son responsables ante Dios no s\u00f3lo de todos los males que hace un mal Pastor, sino tambi\u00e9n de todos los bienes que no hace quien, a\u00fan siendo digno en s\u00ed mismo, es con todo menos digno que aquel .a quien se le ha preferido.<\/p>\n<p>El Santo tuvo todav\u00eda otros abusos que combatir, y no lo pudo hacer sin atraerse muchos enemigos. Hab\u00eda en su tiempo varios Gentileshombres que, habiendo quedado lisiados en la guerra, ped\u00edan con mucha vivacidad, a t\u00edtulo de recompensa por los servicios que hab\u00edan rendido al Estado, Pensiones sobre Beneficios. Vicente hablaba espont\u00e1neamente en su favor a la Reina y al Cardenal Mazarino, pero no pod\u00eda permitir que se les dieran Pensiones Eclesi\u00e1sticas. Manifest\u00f3 siempre con mucha firmeza que no estaban hechas\u00a0 m\u00e1s que para los que tienen las cualidades prescritas por los santos C\u00e1nones; y que hombres que no hab\u00edan vivido nunca y que, seg\u00fan las apariencias, no pod\u00edan determinarse a vivir eclesi\u00e1sticamente, deb\u00edan ser excluidos de la posesi\u00f3n de estos bienes que, seg\u00fan los Padres, son el patrimonio de los pobres y el precio del rescate de los pecados.<\/p>\n<p>Estas m\u00e1ximas que, piensen lo que quieran mucha gente, son las \u00fanicas que se deben seguir en la pr\u00e1ctica, llevaron al santo Sacerdote a vigilar sobre lo temporal de los Beneficios del Reino. Un n\u00famero de gentes de condici\u00f3n, que pose\u00edan ricas Abad\u00edas, se contentaban con percibir las rentas, y dejaban que se arruinasen los Edificios, incluso las Iglesias. Vicente, para advertirles con toda seriedad que estas clases de bienes no son de ellos, que ellos no son m\u00e1s que dispensadores y que deben tener un cuidado muy especial de ellos, se quejaba de ello al Consejo, y lo hizo con tal eficacia, que se escribi\u00f3 de parte del Rey a todos los Procuradores Generales de los Parlamentos para que tomaran Parte contra estos injustos Beneficiarios, y les obligaran por el embargo de sus bienes temporales a las reparaciones necesarias.<\/p>\n<p>Se ve f\u00e1cilmente que un hombre tan celoso, tan vigilante estaba muy en guardia contra la simon\u00eda y la confidencia, vicios infames que, si bien cargados de anatemas en todos los tiempos, son por desgracia demasiado comunes. En el momento que observaba alg\u00fan rastro, advert\u00eda con caridad a los que, por ignorancia u otra causa, intentaban este indigno tr\u00e1fico; y por poco que persistieran, encontraban en \u00e9l a un Juez inflexible, y de quien no hab\u00eda ya nada que esperar. Pero como el horror que la simon\u00eda tiene de por s\u00ed la impide ir con la cabeza levantada, y dif\u00edcilmente triunfar\u00eda, a no ser que est\u00e9 apoyada en el artificio y en la duplicidad, Vicente examinaba todo cuanto se refer\u00eda a las Permutas, las Renuncias, y dem\u00e1s Tratados, en los que se desliza con gran facilidad, que era raro enga\u00f1arle. Su natural infinitamente alejado de todo lo que se llama precipitaci\u00f3n, le llevaba a discutir con cuidado todos los asuntos en los que no ve\u00eda muy claro; y no conced\u00eda nada sin aclaraciones capaces de tranquilizarle. Cuando las Pensiones eran excesivas o demasiado onerosas en los Beneficios, sobre los que se impon\u00edan, quer\u00eda que se redujeran. Sobre todo no pod\u00eda tolerar que algunos las multiplicaran contra la raz\u00f3n y la equidad.<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n que tuvo el Siervo de Dios en rechazar del Santuario a los que no eran dignos de entrar en \u00e9l o que quer\u00edan colocarse en ellos por medios simon\u00edacos, le expuso a las bromas m\u00e1s amargas y a las calumnias m\u00e1s negras. Trataron de enemistarle con la Reina, el Ministro, y con toda clase de gentes de bien que hab\u00eda en el Reino. Como los malos Eclesi\u00e1sticos son capaces de emprenderlo todo, se hall\u00f3 a uno que se atrevi\u00f3 a difundir por Par\u00eds, y hasta en casa de una persona de la primera distinci\u00f3n, que este hombre, tan enemigo, al parecer, de la simon\u00eda, se serv\u00eda bastante bien de ella en la pr\u00e1ctica, y que hab\u00eda procurado a alguien un Beneficio, mediante una Biblioteca y una suma de dinero. Esta noticia era primeramente de o\u00eddas y con todas las precauciones, que acompa\u00f1an a la calumnia; poco a poco se hizo p\u00fablica.<\/p>\n<p>Uno de los amigos de Vicente se lo dijo. Por acostumbrado que estuviera\u00a0 el santo Sacerdote a sufrir, una imputaci\u00f3n tan negra le conmovi\u00f3 un poco; y en primer t\u00e9rmino comenz\u00f3 una Carta para justificarse, pero apenas hab\u00eda escrito dos l\u00edneas cuando se reproch\u00f3 su sensibilidad y, lleno del esp\u00edritu de S. Francisco de Sales, que se hab\u00eda visto deshonrado p\u00fablicamente de una manera todav\u00eda m\u00e1s infamante, exclam\u00f3 habl\u00e1ndose a s\u00ed mismo: <em>\u00a1Desdichado! \u00bfen qu\u00e9 est\u00e1s pensando? \u00a1Que! \u00bft\u00fa quieres justificarte? Y t\u00fa acabas de o\u00edr que un Cristiano falsamente acusado en T\u00fanez, ha pasado tres d\u00edas de tormentos, ha muerto al fin sin proferir una palabra de queja, aunque fuera inocente del crimen, del que le hab\u00edan acusado:\u00a1 y t\u00fa quieres excusarte! No, no ser\u00e1 as\u00ed. <\/em>Dios se encarg\u00f3 de la apolog\u00eda de su Siervo: los que se hab\u00edan visto tentados\u00a0 a poner en dudas su virtud, dejaron muy pronto sus sospechas, y la pronta muerte de quien le hab\u00eda ultrajado tan vivamente, fue tenida por mucha gente como un golpe de la manos de Dios y un castigo por su injusticia.<\/p>\n<p>Era tanto m\u00e1s clamorosa como conocido era en todas partes el desinter\u00e9s del santo Sacerdote. Sin traer a cuento aqu\u00ed aquellas inmensas limosnas, que agotaron con frecuencia su Casa, y en las que se encontrado una especie de exceso, Vicente dio a conocer en el tiempo de que hablamos que muy lejos de abusar del cr\u00e9dito que ten\u00eda en la Corte para procurarse bienes que no le pertenec\u00edan, ni siquiera hubiera querido entrar a ese precio en la posesi\u00f3n de los que eran suyos.<\/p>\n<p>Uno de los principales Magistrados del Reino, hombre poderoso y acreditado, se mov\u00eda mucho para procurar una Abad\u00eda a uno de sus hijos, que no la merec\u00eda. Tem\u00eda y ten\u00eda raz\u00f3n para temer, que Vicente se opusiera a su proyecto. Se esforz\u00f3 pues por ganarse al hombre de Dios. Para conseguirlo, mand\u00f3 a pedirle por medio de uno de sus Sacerdotes que favoreciera su proyecto; a\u00f1adiendo que, sin que nadie de la Congregaci\u00f3n se mezclara, har\u00eda entrar a la casa de S. L\u00e1zaro en posesi\u00f3n de muchos derechos y bienes que se le hab\u00edan incautado; que conoc\u00eda muy bien el modo de recobrarlos; que no deb\u00eda dejar de servirse de sus favores y de la ocasi\u00f3n que se presentaba, para colocar a su compa\u00f1\u00eda; que por lo dem\u00e1s no deber\u00eda tener escr\u00fapulos por ello, ya que otras Comunidades que le nombr\u00f3, usaban de ello tambi\u00e9n. A todo aquel bello discurso Vicente no dio otra respuesta que la siguiente: <em>Por todos los bienes de la tierra, no har\u00eda yo nada contra Dios, ni contra mi conciencia. La Compa\u00f1\u00eda no perecer\u00e1 por la pobreza. Temo m\u00e1s bien que si le falta la pobreza, llegue a perecer.<\/em> Si estas palabras son una Profec\u00eda, la Congregaci\u00f3n est\u00e1 todav\u00eda lejos de perderse.<\/p>\n<p>A pesar de las contradicciones, por las que el santo hombre tuvo que pasar no dej\u00f3 de tributar grandes servicios a la Iglesia de Francia. Para hablar de esto con alg\u00fan orden, las distribuiremos en diferentes clases.<\/p>\n<p>El Episcopado ocupar\u00e1, como es debido, el primer rango. Se ha podido ver hasta ahora que Vicente ten\u00eda un respeto sin l\u00edmites para los Pont\u00edfices de la Iglesia de Dios. Nada le resultaba imposible cuando se trataba de obedecer a un Obispo; y aunque los Prelados con los que se ve\u00eda obligado a tratar, no estuvieran siempre sin defectos, estaba tan acostumbrado a honrar en sus personas el poder y la majestad de aquel cuyo lugar ocupan que no ve\u00eda m\u00e1s que lo que pod\u00eda hacerles respetables a sus ojos. Se echaba a sus pies cuando se presentaba a ellos, y hab\u00eda que hacerle violencia para levantarle. Su celo por sus intereses se manifest\u00f3 m\u00e1s sensiblemente cuando estuvo en el Consejo de conciencia. No necesitaba ni de s\u00faplicas ni de ruegos para presentarse a servirles. Mostraba m\u00e1s actividad por sus asuntos de la que ten\u00eda para los suyos propios: usaba de alguna manera su cr\u00e9dito, a fuerza de emplearle para ellos. No se cansaba de recomendarlos a la Reina, al Cardenal Ministro, al sr Canciller y a aquellos Magistrados que ten\u00edan m\u00e1s autoridad.<\/p>\n<p>Se esforzaba ante todo por desterrar del Episcopado todo lo que pod\u00eda perturbar la paz. La Di\u00f3cesis de S. Pablo de Leon en Breta\u00f1a dio mucho ejercicio a su celo. Ren\u00e9 de Rieux, que era su Obispo, acusado de haber favorecido la evasi\u00f3n de Mar\u00eda de M\u00e9dicis, Madre de Luis XIII, y de haber pasado en Flandes un tiempo considerable, sin el consentimiento del Rey, fue depuesto \u2013el 31 de Mayo de 1635- por cuatro Obispos, a quienes la S. Sede hab\u00eda encomendado el examen de este asunto mayor. Robert Cupif ocup\u00f3 su lugar \u2013en 1639-. Pero habiendo sido repuesto\u00a0 en 1645, a petici\u00f3n de la Asamblea general del Clero, que se celebraba en Par\u00eds, el sr Cupif quien hab\u00eda realizado buenas cosas en esta Di\u00f3cesis, que hab\u00eda\u00a0 sido nombrado por el concurso de los dos Poderes, y que por otra parte no hab\u00eda sido ni depuesto, ni suspendido, crey\u00f3 y se esforz\u00f3 por probarlo, que la sentencia que restablec\u00eda a su Competidor, no pod\u00eda perjudicar a sus derechos, y que as\u00ed el sr de Rieux no pod\u00eda sacar ventaja, m\u00e1s que en caso de que le sobreviviera. El Consejo de Estado del Rey dio un Decreto favorable a las pretensiones del sr Cupif. Pero esto no sirvi\u00f3 en un tiempo de revuelta y de agitaci\u00f3n m\u00e1s que para agriar m\u00e1s los esp\u00edritus. El sr de Rieux continu\u00f3 sosteniendo que no se le hac\u00eda justicia, y una buena parte del Clero, que hab\u00eda hecho cesar por nuevos Comisarios de la Santa Sede la sentencia dictada contra \u00e9l, debi\u00f3 naturalmente entrar en sus sentimientos. Como los Factums y otras Memorias parecidas, a\u00fan en el caso de ser necesarias, no edifican siempre, Vicente sufr\u00eda mucho por esta divisi\u00f3n. No omiti\u00f3 nada de lo que crey\u00f3 que pod\u00eda contribuir a suavizarla. Al fin hizo ver tan claramente al Consejo qu\u00e9 importancia ten\u00eda detener este esc\u00e1ndalo, que habiendo sido nombrado por el Rey el sr Cupif al Obispado de D\u00f4le, que acept\u00f3, el sr de Rieux se qued\u00f3 Poseedor solo y pac\u00edfico de la Sede de Leon, a la que volvi\u00f3 en 1648, con el aplauso de toda la Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>El santo Sacerdote contribuy\u00f3 tambi\u00e9n mucho al traslado de la Sede Episcopal de Maillezais a la ciudad de la Rochelle. Luis XIII ya hab\u00eda pensado en ello cuando la hizo volver a su obediencia. Hab\u00eda cre\u00eddo con raz\u00f3n que exist\u00eda grandeza en hacer triunfar la Religi\u00f3n, la Fe y la piedad en una ciudad, que hab\u00eda servido por tanto tiempo de baluarte de la herej\u00eda, de asilo al libertinaje, de refugio a los enemigos del Estado, que raramente son los amigos de Dios. Le ejecuci\u00f3n de este plan estaba reservado a la Regencia de Ana de Austria, y a los consejos de Vicente de Pa\u00fal. \u00c9l manifest\u00f3 a la Reina y a su Ministro que un obispo esclarecido, piadoso, edificante, no pod\u00eda dejar de producir grandes bienes en la Rochelle.y de disminuir all\u00ed el curso del error. Se tomaron a tiempo medidas necesarias pata evitar todo lo que hubiera podido causar confusi\u00f3n. Henri de B\u00e9thune Obispo de Maillezais, fue nombrado \u2013 el 20 de noviembre de 1648- para el Arzobispado de Burdeos. Jacques Raoul Obispo de Saintes, de la que depend\u00eda entonces la Rochelle, fue transferido all\u00ed \u2013en 1648-, despu\u00e9s de pasar unos quince meses en Maillezais. Le cost\u00f3 para restablecer el orden y a disciplina en un lugar donde no los hab\u00eda desde hac\u00eda mucho tiempo: pero Dios bendijo sus trabajos y el \u00e9xito respondi\u00f3 a las esperanzas, que hab\u00eda concebido el Siervo de Dios. A fin de evitar las protestas, que hubieran podido surgir entre los obispos de la Rochelle y los de Saintes, cuya Di\u00f3cesis era desmembrada por la creaci\u00f3n de este nuevo Obispado, Vicente hizo que se nombrara para ella a Lo\u00fcis de Bassompierre, que amaba la paz y la justicia. Estos dos Prelados se pusieron en contacto en Maillezais, y mediante una Transacci\u00f3n, homologada en el Parlamento, ahogaron toda semilla de disensi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Santo que quer\u00eda tiernamente a la Iglesia\u00a0 se esforzaba sobre todo en \u00a0prestar servicio a aquellos Obispos, cuyo Ministerio estaba estorbado por la herej\u00eda. Quer\u00eda que se le fuera disputando el terreno pie a pie, y que no se le permitiera nunca dar un paso m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites, que le hab\u00edan sido fijados por los Edictos. De esta manera, cuando los Protestantes quer\u00edan reunirse, y hacer sus Pr\u00e9dicas en lugares donde esta clase de ejercicios les estaban prohibidos, el santo Sacerdote, apenas era informado, recurr\u00eda a la autoridad del Rey y a la del sr Canciller, para detener estas peligrosas innovaciones.<\/p>\n<p>Reinaba por entonces otro abuso, que era m\u00e1s dif\u00edcil todav\u00eda de combatir que el precedente. Un n\u00famero de Hugonotes, ricos y poderosos, para acreditar el Partido en diferentes ciudades del Reino, compraban Cargos en ellas dos o tres veces su valor real. Hac\u00eda falta, para tomar posesi\u00f3n de estos empleos, de lo que la Ley los consideraba inh\u00e1biles, a\u00f1adir nuevos gastos a los primeros, pero el error que, cuando se trata de llegar a sus fines, cuenta por nada el dinero, encontraba en todo aquello recursos que no se agotaban. S\u00faplicas, intrigas, protecci\u00f3n de los del mismo Partido, que serv\u00edan al Estado, todo se pon\u00eda en pr\u00e1ctica: pero nada se lograba, cuando el Santo era informado a tiempo. Hac\u00eda valer por su parte el grito de los Obispos, la disposici\u00f3n de las Ordenanzas, los \u00faltimos sentimientos de Luis XIII. En fin,\u00a0 que hablaba con tanta firmeza, que la Regente negaba su consentimiento a todos los que no deb\u00edan obtenerlo. Vicente lleg\u00f3 m\u00e1s lejos a\u00fan ya que, para impedir que se hicieran en lo futuro semejantes tentativas, hizo escribir por parte del Rey a los Intendentes de las Provincias para que tuvieran vigilancia sobre la conducta de los Religionarios y no se les permitiera m\u00e1s que lo que les estaba permitido por la Ley. Algunos de ellos, para desposarse con J\u00f3venes Cat\u00f3licas, fing\u00edan convertirse, pero apenas se hab\u00edan casado, cuando demostraban recuperando su primer tren de vida que no hab\u00eda en ellos ni fe, ni sinceridad: el santo Sacerdote hizo todo lo que pudo para evitar este pernicioso desorden. No s\u00e9 si logr\u00f3 todo el \u00e9xito que hubiera deseado; si no fue as\u00ed, debi\u00f3 consolarse, porque seg\u00fan la m\u00e1xima de S. Bernardo los que est\u00e1n con cargos se ven obligados a trabajar, sin estar obligados a tener \u00e9xito. Por lo dem\u00e1s, los Obispos no fueron los \u00fanicos a quienes el Hombre de Dios prest\u00f3 servicio contra los pretendidos Reformados. Todo Cat\u00f3lico que ten\u00eda Procesos o litigios con ellos pod\u00eda contar con su protecci\u00f3n, con tal que tuviera la justicia de su parte, pues su celo no era ciego, y en \u00e9l la Ley de la equidad era antes que otra cualquiera.<\/p>\n<p>Las Apelaciones, como de abusos, que no han sido introducidas sino para mantener en su vigor la observancia de la Disciplina Eclesi\u00e1stica y la pureza de los santos C\u00e1nones produc\u00edan con frecuencia entonces, por la intriga y la corrupci\u00f3n de los malos Sacerdotes,\u00a0 un efecto muy contrario. Estos hombres entregados al desorden obten\u00edan con enga\u00f1o la Religi\u00f3n de los Cursos seculares para poner nerviosa la autoridad de los Obispos, y hacer in\u00fatiles los Procedimientos contra ellos. Vicente, a quien hablaban sin cesar de los perniciosos efectos de este desorden, gem\u00eda por ello ante Dios y buscaba los medios de detenerlo. En una ocasi\u00f3n tuvo una charla muy larga con el sr de Mol\u00e9, quien de Procurador General hab\u00eda llegado a Primer Presidente del Parlamento de Par\u00eds. Le present\u00f3 las quejas de algunos Prelados, que habiendo intentado castigar a Eclesi\u00e1sticos d\u00edscolos, libertinos, escandalosos, hab\u00eda sido maltratados por los Tribunales seculares y que no ve\u00edan qu\u00e9 partido tomar sino dejar que las cosas marcharan en adelante como pudieran marchar.<\/p>\n<p>Este prudente Magistrado le respondi\u00f3 que era verdad que cuando los Oficiales faltaban en las Formalidades que les estaban prescritas por las Ordenanzas, la Corte no faltaba en corregir sus abusos, pero que cuando ellos observaban bien todas las Reglas, ella no emprend\u00eda nada contra sus Procedimientos; que el Oficial de Par\u00eds, que conoc\u00eda bien su oficio, era buena prueba de ello; que estando los Juicios fuera de alcance, el Parlamento no recib\u00eda Apelaci\u00f3n contra \u00e9l, y que suceder\u00eda lo mismo con los dem\u00e1s, si fueran tambi\u00e9n ilustrados. El santo Sacerdote repiti\u00f3 esta importante lecci\u00f3n a aquellos Obispos que se quejaban a \u00e9l. Les manifest\u00f3 que para parar el golpe que estas clases de Apelaciones supon\u00edan para la Disciplina, hab\u00eda que establecer un buen orden en sus Cursos Eclesi\u00e1sticos y no colocar en ellos m\u00e1s que a Oficiales virtuosos, capaces, sabios en uno y otro Derecho, irreprochables en sus costumbres, igualmente inflexibles y experimentados en la administraci\u00f3n de la Justicia, y atentos hasta el escr\u00fapulo en observar las Formalidades, que est\u00e1n en uso en el Reino.<\/p>\n<p>A este consejo Vicente a\u00f1ad\u00eda a veces otro que da a conocer su dulzura, su apoyo, y su extrema moderaci\u00f3n, con la que hubiera querido que se emplearan las Censuras. Luis Abelly, el mismo que escribi\u00f3 la vida del Siervo de Dios, siendo Oficial de Bayona, le consult\u00f3 de parte del sr Fouquet, que por entonces era Obispo, sobre la conducta que se podr\u00eda tener con un n\u00famero de Religiosos, cuya vida era todo menos edificante, y que a otros defectos a\u00f1ad\u00edan el crimen m\u00e1s enorme que raro, de <em>propiedad.<\/em> Se cre\u00eda reducirlos mejor restringi\u00e9ndoles todos los poderes, prohibi\u00e9ndoles la Colecta y a\u00f1adiendo a esta penas la de la excomuni\u00f3n en caso de contumacia. Sin embargo, antes de llegar a esto, el Obispo y su Oficial creyeron que no har\u00edan nada malo si se enteraban de lo que pensaba Vicente de Pa\u00fal sobre este asunto. Su respuesta, cuyo original fue enviado hace cerca de cuarenta a\u00f1os a Cosme III, Gran Duque de Toscana, contiene algo que me ha parecido tan singular, que he cre\u00eddo deber un Extracto al Lector.<\/p>\n<p>Vicente, despu\u00e9s de felicitar al Obispo de Bayona por el modo como hab\u00eda ordenado su Casa, por el buen ejemplo que daba a su reba\u00f1o, por las grandes limosnas que distribu\u00eda, por el cuidado que ten\u00eda de los prisioneros, por si celo en la conversi\u00f3n de los Herejes, y finalmente porque no permit\u00eda a ninguna mujer alojarse en su casa ni acercarse al Santuario: Vicente, digo,\u00a0 se acerca al fin a las preguntas, que la hab\u00eda propuesto el sr Abelly. Comienza, como siempre, por manifestar su sorpresa porque hayan tenido a bien consultarle, a \u00e9l, dice, <em>que es el hijo de un pobre Labrador, que ha guardado las ovejas, y que todav\u00eda est\u00e1 en la ignorancia, y en el vicio. <\/em>A\u00f1ade que hablar\u00e1 no obstante, como lo hizo en otro tiempo la Burra de Balaam; es decir para obedecer a los que le mandan: a condici\u00f3n no obstante de que, como no se da ninguna importancia a lo que dicen los insensatos, por ser lo que son, ni el sr de Bayona, ni el que le interroga de su parte se aclarar\u00e1n sobre sus sentimientos, m\u00e1s que cuando puedan estar en conformidad con los de ellos, que estimar\u00e1 mucho m\u00e1s que los suyos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este pre\u00e1mbulo tan familiar a un hombre que se consideraba como el \u00faltimo de los hombres, que se encuentra repetido en m\u00e1s de mil cartas suyas, el santo Sacerdote entra en materia. Su consejo es, que en general convendr\u00eda tratar con los Religiosos desreglados, como Jesucristo trat\u00f3 con los pecadores de su tiempo; que un obispo y un Sacerdote, obligados como tales a ser m\u00e1s perfectos que un Religioso considerado puramente como Religioso, deben durante un tiempo considerable actuar s\u00f3lo por la v\u00eda del buen ejemplo, y recordar que el Hijo de Dios no sigui\u00f3 otro camino durante treinta a\u00f1os; que es preciso despu\u00e9s de esto hablar primeramente con caridad y con dulzura, luego con fuerza y firmeza; sin usar no obstante a\u00fan de entredicho, ni de suspenso, ni de excomuni\u00f3n, Censuras terribles que el Salvador del mundo no emple\u00f3 nunca.<\/p>\n<p>Me parece, Monse\u00f1or, contin\u00faa el santo Hombre, que lo que os digo os sorprender\u00e1 un poco: Pero \u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is? Este sentimiento es en m\u00ed el efecto del que tengo con respecto a las verdades que Nuestro Se\u00f1or nos ha ense\u00f1ado de palabra y con el ejemplo. Siempre me he dado cuenta que lo que se hace seg\u00fan esta Regla, resulta perfectamente bien. Haci\u00e9ndolo as\u00ed fue como el Bienaventurado Obispo de Ginebra, y a su ejemplo el difunto sr de Comminges se santificaron y fueron la causa de la santificaci\u00f3n de tantos miles de almas. Me dir\u00e9is sin duda que despreciar\u00e1n al Prelado que act\u00fae de esa manera. Eso ser\u00e1 verdad por un tiempo, y es inclusive necesario, con el fin de que honremos la vida del Hijo de Dios en todos sus estados por nuestras personas, como le honramos por la condici\u00f3n de nuestro Ministerio. Pero tambi\u00e9n es verdad que despu\u00e9s de sufrir por alg\u00fan tiempo, y cuanto agrade a Nuestro Se\u00f1or, nos hace hacer m\u00e1s bien en tres a\u00f1os de lo que har\u00edamos en treinta. Ciertamente, Monse\u00f1or, no pienso que se pueda conseguir de otra forma. Se trazar\u00e1n bonitos Reglamentos, se usar\u00e1 de Censuras, se restringir\u00e1n todos los poderes; pero \u00bfse corregir\u00e1 con ello? Hay pocas probabilidades. Estos medios no extender\u00e1n ni conservar\u00e1n el Imperio de Jesucristo en los corazones. Dios arm\u00f3 en otro tiempo el Cielo y la tierra contra el hombre, \u00bfacaso le convirti\u00f3 as\u00ed? \u00a1Eh! \u00bfEs que no hizo falta que se abajara y humillara delante de \u00e9l para hacerle aceptar su yugo y su direcci\u00f3n? Lo que un Dios no ha hecho con toda su omnipotencia, \u00bfC\u00f3mo lo har\u00e1 in Prelado con la suya? Seg\u00fan estos principios que Monse\u00f1or de Bayona tiene raz\u00f3n en no fulminar la excomuni\u00f3n contra estos Religiosos propietarios, ni siquiera poner impedimentos inmediatamente a los que examin\u00f3 y aprob\u00f3 una vez para predicar los Advientos y las Cuaresmas en las Parroquias del campo, donde no hay estaci\u00f3n designada\u2026que si alguien abusa del Ministerio, vuestra sabia conducta sabr\u00e1 ponerle remedio.<\/p>\n<p>Mal conocer\u00edamos el esp\u00edritu y la conducta de nuestro Santo si concluy\u00e9ramos por la Carta que acaba de a\u00f1adirse, que \u00e9l llevaba la indulgencia m\u00e1s all\u00e1 de sus justos t\u00e9rminos. Sab\u00eda unir cuando hac\u00eda falta la mansedumbre con una sabia severidad; con esta combinaci\u00f3n, al mismo tiempo que rend\u00eda al Episcopado servicios se\u00f1alados, cooperaba como vamos a decir enseguida en la reforma de varias \u00d3rdenes, cuya mala situaci\u00f3n parec\u00eda desesperada y a las que una actividad precipitada no habr\u00eda logrado devolver su integridad primitiva.<\/p>\n<p>Su primer Historiador asegura, y hay raz\u00f3n para asegurarlo, que de todas las Comunidades Religiosas que hay en Francia no existe una a la que no haya prestado servicio, bien al Cuerpo en general, bien a algunos de los Miembros en particular. El Abate de Santa Genoveva y los Can\u00f3nigos Regulares de su Congregaci\u00f3n, reconocen con satisfacci\u00f3n en su Carta a Clemente XI que el sr Cardenal de la Rochefoucaut, encargado por la Santa Sede de establecer en su casa la Reforma, encontr\u00f3 para este gran designio muchos recursos en la persona y los consejos de Vicente de Pa\u00fal. Henri de Briqueville de la Lucerne, despu\u00e9s de escribir al mismo Pont\u00edfice, que Alain Solminihac uno de sus m\u00e1s dignos Predecesores, no hizo nada importante sin escuchar antes los consejos de Vicente de Pa\u00fal, y que fue el santo Sacerdote quien le hizo dar un Coadjutor, capaz de continuar en su Di\u00f3cesis los bienes que hab\u00eda comenzado all\u00ed; a\u00f1ade que fue \u00e9l tambi\u00e9n quien ayud\u00f3 a este santo Obispo a restablecer la antigua Disciplina en los Monasterios de la Di\u00f3cesis de Cahors, y quien le sostuvo en Roma y en Francia en la Reforma de la Orden de Chancelade, de la que era Abate y primer Superior. Henri de la Marche Abate de Grand-mont est\u00e1 de acuerdo en que su Orden le debe mucho, que le ha prestado servicios que no se podr\u00edan desconocer sin ingratitud y que anim\u00f3 a los que se dedicaban a restablecer la Disciplina. Los Abates de Bonfay y de Rang\u00e9val, de la Orden de los Premostratenses, confiesan que el hombre enemigo se opuso con tanta violencia a la Reforma que se quer\u00eda introducir en algunas de sus casas que si este santo Sacerdote no se hubiera empleado en su favor con todo el cr\u00e9dito que ten\u00eda ante el Rey, todo hace pensar que este importante proyecto no habr\u00eda podido prosperar. En efecto, algunas de estas Reformas fueron de tal suerte trasgredidas que a juzgar por los movimientos de diferentes personas para impedirlas, se sentir\u00edan tentaciones de creer que deb\u00edan anular al Estado y a la Religi\u00f3n. Aquellos a quienes desagradaban hicieron actuar hasta los Pr\u00edncipes para hacerlas fracasar. Un n\u00famero de personas de autoridad y nacimiento no hablaban de ellas m\u00e1s que como se habla de un atentado criminal. Era preciso que Vicente, para apoyarlos, hiciera frente a una parte de los Poderes del siglo<em>. Es muy necesario, <\/em>le escrib\u00eda en esta ocasi\u00f3n un Abad Regular que ten\u00eda mucha virtud y que hubiera querido volver a ver florecer la virtud por todas partes<em>; es necesario que Dios os d\u00e9 una fuerza extraordinaria para una Obra tan grande, a vos, digo yo, que defend\u00e9is la causa de Dios contra las Potencias del mundo. No podemos hacer otra cosa que rogar a Dios y recurrir a su Providencia y a vuestro celo: sois, Se\u00f1or, nuestro \u00fanico refugio en la tierra y el \u00fanico apoyo de nuestra Orden desolada.<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la Reforma de las casas, de que acabamos de hablar, Vicente apoy\u00f3 y sostuvo las que en las \u00d3rdenes de S. Antonio, de S. Bernardo y de S. Benito. Era amigo particular de Dom Gr\u00e9goire Tariff, primer Superior General de la Congregaci\u00f3n de S. Maur, y este perfecto Religioso le honr\u00f3 siempre como un modelo de piedad y de virtud. El Reformador de Grand-mont\u00a0 -Charles Fremond- y todos cuantos amaban la regularidad hablaban de \u00e9l en los mismos t\u00e9rminos. Se trataba por su parte de justicia y de agradecimiento. Hizo cien veces en su favor lo que nadie habr\u00eda querido emprender. Se dirigi\u00f3 de parte del Rey a aquellos mismos Abades Generales que no ten\u00edan un gusto infinito por la Reforma, a fin de convencerles que vieran con buenos ojos que se estableciera en las Casas que la quer\u00edan recibir. Impidi\u00f3 a Luis XIV que confirmara las elecciones que no se hab\u00edan realizado m\u00e1s que\u00a0 para alejarla. Le prepar\u00f3 la protecci\u00f3n de una Princesa cuyo hijo, siendo a\u00fan muy joven, acababa de ser provisto de una Abad\u00eda, hab\u00eda sido indispuesto contra los Reformadores por un Religioso, que ten\u00eda m\u00e1s cr\u00e9dito que la virtud de \u00e9l: en una palabra, hizo, para restablecer las antiguas Observancias todo lo que ten\u00eda costumbre hacer para conservar en sus propios Hijos el primer esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se puede juzgar por esta base la alegr\u00eda que tuvo de ver a un gran n\u00famero de famosos Monasterios volver en su tiempo a ser lo que hab\u00edan sido en sus m\u00e1s hermosos d\u00edas; el dolor con el que vio a otros sacrificar su conciencia al amor de una falsa y condenable libertad. A pesar de toda su paciencia y moderaci\u00f3n, habl\u00f3 una vez con mucha viveza de cierta Orden, que no ten\u00eda m\u00e1s Religiosos que su nombre. Un hombre de otra Comunidad que estaba descontento con sus Superiores, habi\u00e9ndole consultado sobre el plan que ten\u00eda de pasar a otra Orden desordenada, Vicente le escribi\u00f3 con un estilo que da a entender qu\u00e9 odiosos eran a sus ojos esta clase de traslados. <em>No querr\u00eda, <\/em>dec\u00eda \u00e9<em>l, aconsejar a nadie entrar en la Orden pretendida de N. y se lo aconsejar\u00eda todav\u00eda menos a un Religioso Doctor y Profesor en Teolog\u00eda y gran Predicador como sois vos, porque es un desorden y no una Orden: un Cuerpo que no tiene consistencia ni verdadera Cabeza, donde viven los Miembros sin tener relaci\u00f3n ni dependencia\u2026 En una palabra, no es m\u00e1s que una quimera de Religi\u00f3n, que sirve de retiro a los Religiosos libertinos y d\u00edscolos, que para sacudirse el yugo de la obediencia se enrolan en esta Religi\u00f3n imaginaria y viven en el desorden. Por eso estimo que estas personas\u00a0 no est\u00e1n en seguridad de conciencia, y pido a Nuestro Se\u00f1or que os preserve de una ligereza as\u00ed.<\/em> Esta Carta desenga\u00f1\u00f3 a aquel para quien estaba escrita: abri\u00f3 los ojos, conoci\u00f3 el abismo al que se quer\u00eda precipitar, volvi\u00f3 sobre s\u00ed mismo y tom\u00f3 el partido de santificarse en el Estado al que Dios le hab\u00eda llamado.<\/p>\n<p>Lo que hizo Vicente para poner orden en las casas de los Religiosos, lo izo con m\u00e1s solicitud todav\u00eda para restablecer o conservar una exacta disciplina en los Monasterios de Mujeres. Sab\u00eda con S. Cipriano que cuanto m\u00e1s honor dan a su Iglesia las V\u00edrgenes consagradas a Dios por la regularidad de sus costumbres, m\u00e1s necesitan ser fortalecidas contra su propia fragilidad; \u00e9l no ignoraba que el mal ejemplo que es contagioso en todas partes , lo es todav\u00eda m\u00e1s entre las personas m\u00e1s f\u00e1ciles de cambiar. Raz\u00f3n por la cual se esforz\u00f3 siempre en procurarles Abadesas y Superioras que no debieran su vocaci\u00f3n ni a la sangre, ni a la carne, sino \u00fanicamente a la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Cuando las Abad\u00edas ten\u00edan derecho de elecci\u00f3n, \u00e9l se lo conservaba y se opon\u00eda con vigor a la intriga, y al manejo de ciertas Religiosas, que no pudiendo esperar subir por este camino al primer puesto, quer\u00edan llegar a \u00e9l por el cr\u00e9dito de sus parientes y por la autoridad del Rey. Usaba el mismo camino con respecto a aquellas que, habiendo sido elegidas para tres a\u00f1os, seg\u00fan la costumbre de sus comunidades, solicitaban Patentes de continuaci\u00f3n. Un Prelado que ten\u00eda virtud, y que hab\u00eda hecho elegir a una Religiosa muy buena para la direcci\u00f3n de una Abad\u00eda de su Di\u00f3cesis, entr\u00f3 un d\u00eda en liza con el S. Sacerdote, y quiso probarle de buenas maneras que la perpetuidad de las Superioras es m\u00e1s ventajosa que la de trienios. El Siervo de Dios no negaba que eso no pudiera ser en ciertas ocasiones, pero continu\u00f3 sosteniendo dos cosas que es dif\u00edcil contestarlas. La primera, que la innovaciones que se hacen contra los usos can\u00f3nicamente establecidos en las Comunidades deben siempre ser tenidos como sospechosos. La segunda, que entre las Mujeres, que por naturaleza son menos firmes en el bien y que pueden con mayor facilidad olvidarse en los altos cargos, cuando se ven en ellos una vez colocadas para siempre, las elecciones trienales son por muchas razones m\u00e1s de desear que las perpetuas. Vicente en esta decisi\u00f3n ten\u00eda al menos la ventaja de pensar, como han pensado los m\u00e1s santos y sabios Fundadores de esas clases de Monasterios.<\/p>\n<p>Cuando unas Abad\u00edas se quedaban vacantes, de nombramiento Real, se encontraban siempre hombres distinguidos por su nacimiento y a veces por sus servicios, que presentaban vivas solicitudes a favor de las personas que les pertenec\u00edan. El santo Sacerdote hubo de esquivar con frecuencia terribles asaltos por ese lado. Se sent\u00eda a veces obsesionado por una multitud de gente que, acostumbrados a dominar en el mundo, cre\u00edan que era cosa de su honor dominar en el Claustro por medio de sus Hijas: pero este fiel Dispensador, que s\u00f3lo ten\u00eda a Dios a la vista, se olvidaba de todas las consideraciones humanas: as\u00ed bien persuadido que el fervor o la decadencia de las Comunidades de Mujeres vienen de ordinario de las que est\u00e1n a la cabeza de los Monasterios, se mantuvo siempre firme en permitir nombrar como Abadesas m\u00e1s que a las que se sab\u00eda que eran las m\u00e1s capaces, las m\u00e1s experimentadas, las m\u00e1s exactas en todas las observancias regulares.<\/p>\n<p>F\u00e1cil ser\u00e1 imaginarse que esta constancia severa hizo de vez en cuando caer sobre \u00e9l\u00a0 violentas tempestades. Un hombre de clase, hall\u00e1ndose una Abad\u00eda vacante y en ella una Joven que era sobrina de la \u00faltima Abadesa, le vino un d\u00eda a ver en S. L\u00e1zaro, y comenz\u00f3 por quejarse de lo que imped\u00eda que esta Joven no sucediera a la t\u00eda, como \u00e9sta hab\u00eda sucedido a otra t\u00eda. Un Monasterio que su familia estaba en posesi\u00f3n de gobernar durante tantos a\u00f1os, le parec\u00eda como un bien hereditario en su Casa, y era a sus ojos una injusticia que clamaba al cielo quit\u00e1rselo. Ten\u00eda raz\u00f3n en un sentido. La Abad\u00eda de que se trataba, le serv\u00eda desde hac\u00eda mucho de casa de recreo. El marido, la mujer, toda la familia se iban all\u00ed varias veces al a\u00f1o y ten\u00edan sus comilonas y se divert\u00edan a expensas de la Comunidad. Es verdad que la Religiosas sufr\u00edan por ello, y al parecer o superfluo prodigado a los extra\u00f1os proced\u00eda en parte de lo necesario de ellas: pero como se ve\u00edan obligadas a gemir y a murmurar en secreto, no se les prestaba mucha atenci\u00f3n, y las cosas segu\u00edan siempre igual. Por fin la muerte de su Abadesa las puso en libertad; y como ellas se tem\u00edan con raz\u00f3n que si la sobrina ven\u00eda a reemplazar a la t\u00eda, ella seguir\u00eda sus pasos, revolvieron roma con Santiago para tener otra Superiora.<\/p>\n<p>Vicente que sab\u00eda mejor lo que pasaba al otro extremo del Reino que los que ten\u00edan por all\u00ed su residencia ordinaria y que conoc\u00eda las cualidades de la Presidenta, respondi\u00f3 con mucha dulzura y respeto al sr su padre que ella era todav\u00eda demasiado joven, y que se ver\u00eda obligado en conciencia a aconsejar a la Reina que, entre las Religiosas de diferentes Monasterios, para quienes se ped\u00eda esta Abad\u00eda, se dignara escoger a aquella de entre todas que fuera la m\u00e1s id\u00f3nea para gobernarla bien.<\/p>\n<p>Una respuesta tan justa y tan mesurada no hizo sino irritar a aquel Se\u00f1or. La tranquilidad y la paciencia de nuestro Santo encendieron su c\u00f3lera y su resentimiento. Hizo durante m\u00e1s de una hora un ruido espantoso; llen\u00f3 a Vicente de reproches y de injurias y a\u00f1adi\u00f3 a palabras insultantes amenazas, que lo eran m\u00e1s todav\u00eda. El Santo le escuch\u00f3 con una paz profunda, le acompa\u00f1\u00f3 hasta la puerta y se crey\u00f3 dichoso por haber sido saciado de oprobios por la gloria de Dios y de los derechos de la justicia. Habr\u00eda podido en esta ocasi\u00f3n como tantas otras quejarse a la Reina por un trato tan poco merecido y buscarle a \u00e9ste de quien lo hab\u00eda recibido algo m\u00e1s duro que unas palabras: pero conoc\u00eda demasiado el precio e la humillaci\u00f3n y de la paciencia Cristianas. As\u00ed que nunca abri\u00f3 la boca contra sus perseguidores. Rezaba por ellos y les prestaba todos los servicios que pod\u00eda hacerles, sin lesionar los intereses de Dios. As\u00ed es como se vengan los Santos; se hade confesar que esta venganza es tan gloriosa como dif\u00edcil a la naturaleza.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, las contradicciones a las que el santo hombre tuvo que hacer frente no le impidieron marchar constantemente por el camino de la verdad. De manera que cuando algunas Abadesas, so pretexto de edad o de enfermedad, ped\u00edan por Coadjutoras a sus hermanas, a sus sobrinas, u otras parientes, hacia las cuales sent\u00edan\u00a0 demasiado cari\u00f1o, el Siervo de Dios, enemigo declarado de estas ternuras tan humanas, no buscaba m\u00e1s que el bien com\u00fan; y algo que se pudiera decir o hacer, en ese punto era inquebrantable. Su raz\u00f3n era que, cuando las Abad\u00edas se quedan vacantes por fallecimiento, existe la libertad de elegir a mujeres virtuosas y capaces de mantener el buen orden, si ya existe, o de restablecerlo, si no existe: en lugar de que por medio de las Coadjutor\u00edas, una Religiosa que tiene poca virtud, suceda a menudo a otra que no ten\u00eda mucha m\u00e1s.<\/p>\n<p>Cuando una Abadesa renunciaba a su Abad\u00eda, y tra\u00edan a nuestro Santo Certificados de la capacidad y buenas costumbres de aqu\u00e9lla, a favor de la cual la renuncia hab\u00eda reca\u00eddo, no recurr\u00eda absolutamente a estos testimonios, que dictan con demasiada frecuencia el inter\u00e9s, el miedo, el respeto humano. Se tomaba el tiempo que hac\u00eda falta para informarse por v\u00edas seguras y convenientes de los m\u00e9ritos y de los talentos de la persona que era propuesta. Si la elecci\u00f3n era buena, y provechosa para la Abad\u00eda, hac\u00eda que fuera admitida la Religiosa, si era mala, la hac\u00eda rechazar.<\/p>\n<p>Siempre que, contra su parecer, se colocaba al frente de los Monasterios, bien abadesas, bien Priores, que no hab\u00edan incorporado bien el esp\u00edritu de la Religi\u00f3n, y que por consiguiente no estaban en disposici\u00f3n de dirigir bien, este santo y celoso Ministro del Se\u00f1or no los abandonaba. Los obligaba a pasar un tiempo en Comunidades fervientes, con el fin de adquirir las virtudes\u00a0 que una Madre debe comunicar a sus Hijas. Con este prop\u00f3sito hizo recibir varias veces en calidad de pensionistas a Abadesas y a Coadjutoras en las casas de la Visitaci\u00f3n, cuya exactitud y regularidad \u00e9l ya conoc\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando hab\u00eda confusi\u00f3n y divisi\u00f3n en los Monasterios de mujeres, empleaba todos los medios imaginables para detener estos incendios que, como lo dice un Ap\u00f3stol, nacen a menudo de una ligera chispa. Hac\u00eda nombrar a personas virtuosas, experimentadas y provistas de la autoridad del Rey, ya para apaciguar las diferencias, ya para establecer la Clausura, ya en fin para detener los dem\u00e1s abusos que se hab\u00edan introducido; y compromet\u00eda a Sus Majestades para que mandaran a los Obispos de los lugares, o a los Superiores de las mismas \u00d3rdenes vigilar la ejecuci\u00f3n de los Reglamentos que se juzgaban a prop\u00f3sito establecer.<\/p>\n<p>La Abad\u00eda de la Perrine, y la de Estival, que ambas est\u00e1n situadas en la Di\u00f3cesis de le Mans fueros testigos de su caridad y su atenci\u00f3n. La \u00faltima, dice el sr Fleuri en su Historia de la Madre de Arbouse, Reformadora del Val de Grace, estaba metida en un gran desorden. Hab\u00eda un partido opuesto a la Abadesa, y ella se quejaba de que estaba fomentado por el Obispo, con quien ella ten\u00eda un Proceso. Vicente inform\u00f3 de ello a la Reina; esta Princesa dio orden a cuatro Religiosas del Val de Gracia de trasladarse all\u00ed y eso con consentimiento del Obispo de le Mans y de la Abadesa de Estival. Se realiz\u00f3 por fin all\u00ed la Reforma necesaria\u00a0 en 1648, y la paz sucedi\u00f3 a las disensiones, que hab\u00edan durado demasiado tiempo. Con respecto a la Abad\u00eda de la Perrine, el Santo envi\u00f3 all\u00ed a la Madre Luisa-Eugenia de Fontaine, que restableci\u00f3 la calma all\u00ed. La Madre Ang\u00e9lica de l\u2019Huillier hizo con sus \u00f3rdenes lo mismo en el Monasterio de la Concepci\u00f3n de la Calle S. Honor\u00e9 de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Hall\u00e1ndose agitada una Abad\u00eda por disensiones intestinas, que la Superiora ordinaria, a pesar de todos sus esfuerzos, no hab\u00eda podido suavizar, Vicente, que era el recurso de quienes no lo ten\u00edan ya, fue encargado de ayudarlas. El santo Sacerdote mand\u00f3 nombrar como Visitador a un Abate de la misma Orden que ten\u00eda mucho celo y prudencia. Este \u00faltimo descubri\u00f3 muy pronto la fuente del mal, pero reconoci\u00f3 al mismo tiempo que, para ponerle remedio, hac\u00eda falta quitar al Confesor de la casa, a quien faltaban estos grandes talentos que llevan a la paz de los esp\u00edritus m\u00e1s encendidos. Vicente, a quien se lo escribi\u00f3, rog\u00f3 a un Eclesi\u00e1stico de piedad y condici\u00f3n, quien por otro lado era muy experimentado en la direcci\u00f3n de las Religiosas, que fuera a pasar unos meses en esta Abad\u00eda, para reunir los corazones tan peligrosamente divididos. As\u00ed lo hizo y Dios bendijo con tanta perfecci\u00f3n su obediencia y sus trabajos, que tuvo en muy poco tiempo el consuelo de devolver la calma a todas las partes de la Comunidad.<\/p>\n<p>El Santo se dedic\u00f3 tambi\u00e9n a apartar de los Monasterios todo lo que llevaba la huella de la novedad. Hablaremos en su lugar del ardor con que combati\u00f3 la Herej\u00eda Jansenista. Pero es bueno advertir aqu\u00ed que, alg\u00fan tiempo despu\u00e9s de ser llamado al Consejo, sofoc\u00f3 un error parecido al de los Iluminados que, hacia finales del siglo precedente, hab\u00eda hecho tanto ruido en Espa\u00f1a. Algunos fan\u00e1ticos hab\u00edan encontrado nuevos medios de salvaci\u00f3n, que la antig\u00fcedad no conoci\u00f3 nunca, y por medio de los cuales pretend\u00edan llegar a la m\u00e1s sublime perfecci\u00f3n. Seg\u00fan ellos, S. Pedro era un buen hombre, que nunca hab\u00eda caminado por las grandes rutas, que elevan y que deifican al alma. S. Pablo no entend\u00eda nada ni de devoci\u00f3n ni de espiritualidad. Ellos eran los \u00fanicos elegidos de Dios en los \u00faltimos tiempos para dar Lecciones sobre esta materia, y hasta para reformar la Iglesia. Por lo dem\u00e1s, no les faltaban pruebas para autorizar su Misi\u00f3n. Ten\u00edan revelaciones en abundancia. Con este socorro se va lejos; al menos, es seguro que la ilusi\u00f3n, el esp\u00edritu de tinieblas, y a veces los dos a la vez, le multiplican todo lo que se quiera.<\/p>\n<p>Trad. M\u00e1ximo Agustin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De esta forma es como cortaba Vicente, en cuanto le era posible, todo g\u00e9nero de ambici\u00f3n, incluso de aquella que, adornada con los colores del bien, seduce a veces a hombres llenos de virtudes y &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-23\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":401146,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-402247","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>San Vicente (Collet) 23 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-23\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente (Collet) 23 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"De esta forma es como cortaba Vicente, en cuanto le era posible, todo g\u00e9nero de ambici\u00f3n, incluso de aquella que, adornada con los colores del bien, seduce a veces a hombres llenos de virtudes y ... 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