{"id":402231,"date":"2019-04-24T08:41:23","date_gmt":"2019-04-24T06:41:23","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402231"},"modified":"2019-03-17T12:58:50","modified_gmt":"2019-03-17T11:58:50","slug":"san-vicente-collet-20","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-20\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 20"},"content":{"rendered":"<p>Como la Lorena, aunque siempre en guerra con Francia, comenz\u00f3 a respirar por poco que fuera por el a\u00f1o 1643, y sus habitantes trabajadores por naturaleza, menos hostigados por los Soldados, a quienes el Marqu\u00e9s de la Fert\u00e9-Senneterre hac\u00eda observar una exacta disciplina, tuvieron al menos la ventaja de cultivar una parte de sus tierras, y por fin no quedaba ya m\u00e1s que un reducido n\u00famero de pobres en esta Provincia, Vicente llam\u00f3 a la mayor parte de los Misioneros que hab\u00eda enviado all\u00ed. No obstante mand\u00f3 todav\u00eda continuar por cinco o seis a\u00f1os, a favor de los m\u00e1s pobres, las limosnas que les repart\u00eda desde hac\u00eda tantos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Hizo distribuir otras nuevas\u00a0 en casi todas las dem\u00e1s Ciudades de Lorena, y sobre todo en las de Ch\u00e2teau-Salins, de Mircourt, de Ch\u00e2tel-sur-Moselle, de Stenai, y de Ramberviller. Por este medio asisti\u00f3 no s\u00f3lo a un gran n\u00famero de pobres vergonzosos, de Burgueses arruinados, de familias nobles, quienes sin poder hacer valer a sus propiedades, se encontraban siempre en un estado muy angustioso; pero hizo tambi\u00e9n subsistir a todas las Comunidades de uno y otro sexo, que se hallaban necesitadas, haci\u00e9ndoles repartir por barrio hasta tres, cuatro, cinco y seiscientas libras, seg\u00fan el n\u00famero y la pobreza, sin hablar de una de una gran cantidad de Piezas de Tela que se proporcionaban al entrar en estos diferentes Monasterios, con el fin de que se hicieran ellos mismos h\u00e1bitos a su modo. Todas estas Casas estaban libres de dar un <em>Recibo<\/em> a quien les se\u00f1alaba Vicente, y de quien esperaban el regreso con alguna impaciencia. Estos socorros duraban todav\u00eda, cuando, por orden de la Reina Regente y bajo la direcci\u00f3n del Siervo de Dios, uno de sus Misioneros llev\u00f3 cantidades considerables a varias Ciudades del Artois y de las Regiones vecinas, de las que se hab\u00eda apoderado el Ej\u00e9rcito del Rey; como Arras, Bapaume, H\u00e9din, Landr\u00e9cies y Gravelines. Estas \u00faltimas limosnas, como las de la Lorena, consist\u00edan en parte en h\u00e1bitos, en parte en dinero. El que las distribu\u00eda iba de una Parroquia a otra. Los P\u00e1rrocos de los Lugares, u otros Eclesi\u00e1sticos, a quienes pasaban la comisi\u00f3n, le acompa\u00f1aban de familia en familia. As\u00ed evitaba la sorpresa, o al menos no se dejaba enga\u00f1a m\u00e1s que seg\u00fan las reglas de la prudencia.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil hacer un c\u00e1lculo bien exacto de todas las sumas que nuestro Santo hizo circular por la Lorena y por el Barrois. Quien las llevaba, es decir el hombre del mundo m\u00e1s en condiciones de fijar su valor Las hace subir <em>a un mill\u00f3n seiscientas mil libras: <\/em>suma con la que se hac\u00eda entonces lo que no se har\u00eda tal vez hoy con tres millones, y que aunque muy considerable en s\u00ed misma, lo era m\u00e1s todav\u00eda en un momento en que la miseria era extrema y en que los m\u00e1s ricos viv\u00edan con estrecheces. Esto s\u00f3lo fue una parte no obstante de lo que Vicente hizo a favor de estos dos Ducados. Envi\u00f3 all\u00ed adem\u00e1s en diversas ocasiones unas catorce mil varas de Pa\u00f1os de todos los colores y especies que, como ya hemos dicho, fueron empleadas en cubrir a la Nobleza, la Burgues\u00eda, las Personas consagradas al servicio de Dios, con frecuencia a familias enteras, que no ten\u00edan m\u00e1s que ropas deshechas, y como todo esto no era suficiente todav\u00eda, la Reina impresionada por el cuadro descrito por el santo Sacerdote sobre la desnudez y las miserias de aquel pueblo afligido, les envi\u00f3 todas sus tapicer\u00edas y los lechos de duelo despu\u00e9s de la muerte de Luis XIII. La Duquesa de Aiguillon sigui\u00f3 este grande y generoso ejemplo.<\/p>\n<p>Si unimos a este prodigioso gasto el que hubo que hacer, bien para dar a las Iglesias despojadas de los lienzos y de los Ornamentos, bien para conducir a Par\u00eds a las J\u00f3venes de quienes hemos hablado, bien para mantener all\u00ed a aquellos del pueblo que llegaban por sus propios medios, bien finalmente para sostener durante varios a\u00f1os a tantas familias respetables, que se hallaban en el estado m\u00e1s lamentable del mundo: los mismos enemigos de un Santo, que no los deber\u00eda tener, se ver\u00e1n obligados a convenir que lo que hizo a favor de los Loreneses es algo milagroso, y que no se puede desconocer en ello la m\u00e1s viva, la m\u00e1s generosa y la m\u00e1s persuasiva caridad.<\/p>\n<p>No debo omitir aqu\u00ed una circunstancia, que fue por entonces y que debe serlo todav\u00eda hoy considerada como una prueba sensible de la protecci\u00f3n de Dios. Hab\u00eda en aquella \u00e9poca de miserias, de muertes y de carnicer\u00edas, un peligro infinito de viajar a Lorena. Todo estaba infestado de soldados, de ladrones, de bandidos, que recorr\u00edan el campo y desvalijaban a los campesinos sin misericordia, como sin escr\u00fapulo. Los Croatas\u00a0 o Cravates, especie merodeadores, que en su mayor parte eran Loreneses, acantonados en algunas Fortalezas, sal\u00edan de ellas como los rel\u00e1mpagos de la nube y cayendo r\u00e1pidamente sobre cualquiera que se les presentaba, pillaban, mataban y masacraban\u00a0 todo sin distinguir al amigo de quien no lo era. Fue un Hermano de la Misi\u00f3n diputado por S. Vicente para llevar las limosnas de Par\u00eds, a trav\u00e9s de tantos peligros quien hizo, sin ning\u00fan accidente, hasta cincuenta y cuatro viajes. No llevaba nunca menos de veinte mil libras, y llev\u00f3 con frecuencia hasta diez u once mil escudos en oro: sin embargo nunca le robaron. Es verdad que era precavido, vivo e inteligente, pero m\u00e1s de una vez experiment\u00f3 que el Dios de Vicente de Pa\u00fal estaba con \u00e9l, y que le guardaba en todos sus caminos.<\/p>\n<p>A veces se un\u00eda a un convoy; este convoy era atacado, golpeado, secuestrado, y Mathieu, es el nombre del hermano, encontraba el medio de escapar. En otras ocasiones, se asociaba con viajeros, los abandonaba un instante por una orden de la Providencia, y en ese instante mismo eran despojados por ladrones, que ni siquiera le hab\u00edan visto. Pas\u00f3 con frecuencia por bosques llenos de soldados a la desbandada o de gente que no val\u00edan mucho m\u00e1s; nada m\u00e1s descubrirlos, escond\u00eda detr\u00e1s de un matorral, o incluso en el barro, el dinero que llevaba de ordinario en un saquito desgarrado a la manera de los pordioseros, y de all\u00ed se iba derecho hacia ellos, como un hombre que no ten\u00eda nada que temer; en algunas ocasiones le cachearon, en otras le dejaron pasar sin decir palabra, en pocas lo maltrataron. Continuaba su camino por alg\u00fan tiempo, y una vez que hab\u00edan pasado el primer puesto, volv\u00eda sobre sus pasos y recog\u00eda el dinero.<\/p>\n<p>Se encontr\u00f3 una tarde con algunos de esta buena gente, que en Par\u00eds se llaman timadores; se lo llevaron a un bosque para meterle miedo; y despu\u00e9s de registrar in\u00fatilmente los pliegues y repliegues de sus ropas, le preguntaron si no pagar\u00eda cincuenta doblones por su rescate. \u201cSoy un pobre hombre, les respondi\u00f3, y aun cuando tuviera cincuenta vidas, no tendr\u00eda para comprarlas ni una perra gorda\u201d. No s\u00e9 si se sintieron tentados o no a darle limosna, pero por lo menos le dejaron marcharse, que es lo que les ped\u00eda. Cargado un d\u00eda con treinta y cuatro mil libras, se vio de golpe y porrazo asaltado por un hombre de a caballo quien, pistola en mano, le mand\u00f3 caminar por delante para cachearle aparte. Mathieu, que le observaba de vez en cuando, al verle volver la cabeza dej\u00f3 caer la bolsa. Cien pasos despu\u00e9s se puso a hacer al caballero grandes reverencias, que <em>impresas fuertemente en una tierra de labranza, <\/em>pudieran servirle para recuperar su tesoro. Lo recuper\u00f3 efectivamente despu\u00e9s de soportar al borde de un precipicio una visita rigurosa, donde no perdi\u00f3 m\u00e1s que una navaja, porque no ten\u00eda otra cosa que perder.<\/p>\n<p>Otra vez, y es quiz\u00e1s despu\u00e9s del que acabamos de narrar el mayor l\u00edo en que se haya encontrado nunca, descubri\u00f3 a unos Croatas en un campo grande y amplio. Donde consiguientemente pod\u00eda ser descubierto con facilidad. Hab\u00eda que tomar una decisi\u00f3n inmediatamente; un minuto de espera pod\u00eda echarlo todo a perder. Se deshace r\u00e1pidamente de su saquito, lo cubre con unas hierbas que hab\u00eda por all\u00ed a mano; deja a los cuatro o cinco pasos un peque\u00f1o bast\u00f3n para muestra, y se cuela en medio de ellos. Vuelve alg\u00fan tiempo despu\u00e9s; busca a derecha y a izquierda durante parte de la noche, ruega a Dios de todo coraz\u00f3n y encuentra por fin al despuntar el alba lo que durante tanto tiempo y tan in\u00fatilmente hab\u00eda buscado<\/p>\n<p>Como se le fue conociendo poco a poco en toda la Lorena por el que tra\u00eda las limosnas le resultaba a la postre muy dif\u00edcil ocultar su camino. Pero Dios puso de su parte a aquellos mismos de quienes lo tem\u00eda todo, o hizo in\u00fatiles los lazos que le tendieron. Un Capit\u00e1n emboscado cerca de S. Mihiel le dio a conocer a sus soldados, sin mala intenci\u00f3n: pero viendo que quer\u00edan caer sobre \u00e9l, empu\u00f1\u00f3 su pistola y declar\u00f3 con tono firme que romper\u00eda la cabeza <em>a quien estuviera tan rabioso, <\/em>fue su palabra, como para hacer ning\u00fan da\u00f1o a un hombre que hac\u00eda tanto bien. Unos Corbatas que supieron que se encontraba en Nomeny con mucho dinero, salieron en su busca en todas direcciones para no dejarle escapar. Al salir del Castillo, donde consigui\u00f3, a fuerza de pedirlo, que le abrieran una puerta falsa, enfil\u00f3, antes del amanecer, un sendero apartado, por el que no se encontr\u00f3 con nadie. Los merodeadores le cre\u00edan todav\u00eda en Nomeny, cuando \u00e9l ya estaba en Pont-\u00e0-Mousson. Apenas pudieron cre\u00e9rselo a los que les dec\u00edan que se hab\u00eda marchado. Juraron, blasfemaron, dijeron que <em>era preciso pues que Dios o el diablo se lo hubiera llevado por encima del bosque. <\/em>Sus imprecaciones no sirvieron m\u00e1s que para dar a entender, <em>que uno est\u00e1 a buen recaudo cuando le guarda Dios mismo.<\/em> El p\u00fablico estuvo por fin tan persuadido de que hab\u00eda en ello algo maravilloso, que uno se cre\u00eda menos expuesto cuando se viajaba con este buen Hermano. La Condesa de Montgomery, a quien los Pasaportes del Rey de Francia, del Rey de Espa\u00f1a y del Duque de Lorena no hab\u00edan garantizado contra el pillaje, no se atrev\u00eda a ir de Metz a Verdun, por miedo a un nuevo accidente. Habi\u00e9ndose enterado de que el Hermano iba a hacer el mismo viaje, le suplic\u00f3 que montara en su Carroza, persuadida, dec\u00eda ella, de que su compa\u00f1\u00eda le servir\u00eda m\u00e1s que todos los Pasaportes del mundo. Su confianza no fue en vano; lleg\u00f3 a Verdun sin encontrase ni con ladrones ni con soldados.<\/p>\n<p>Cuando regres\u00f3 a Par\u00eds, la Reina, que hab\u00eda estado informada de su viaje, quiso verle varias veces. Oy\u00f3, con un placer infinito,\u00a0 el relato de las estratagemas de que se serv\u00eda, y que alteraba seg\u00fan el caso, cuando las primeras estaban ya gastadas. Pero \u00e9l, \u00e9l estaba bien persuadido, y lo repet\u00eda con frecuencia, que una protecci\u00f3n tan visible era un efecto de la Fe y de las oraciones del santo Hombre que le enviaba. Debido a estas mismas oraciones, los Sacerdotes que hac\u00edan la distribuci\u00f3n de las limosnas atribuyeron m\u00e1s de una vez la multiplicaci\u00f3n que, como lo creyeron entonces, se realizaba entre sus manos, y sin la cual no lograban entender c\u00f3mo con sumas que, cuando se divid\u00edan en veinte o treinta partes se hac\u00edan muy peque\u00f1as, pod\u00edan socorrer a tantos pobres y remediar tantas necesidades diferentes.<\/p>\n<p>No pienso que sea necesario detener por m\u00e1s tiempo al Lector, pata darle a conocer los bienes inmensos que realizaron en la Lorena las limosnas y los Misioneros que envi\u00f3 all\u00ed. Resulta de lo que hemos dicho y todo el mundo lo ve al primer vistazo, que por medio de ello se han salvado un n\u00famero casi infinito de enfermos y de personas agonizantes, a quienes el hambre, el fr\u00eda, la desnudez y una cantidad de miserias consum\u00edan poco a poco; Que se ha preservado de un triste y vergonzoso naufragio a cantidad de j\u00f3venes, incluso de nacimiento distinguido, a las que la necesidad iba a reducir a extra\u00f1os extremos; Que se ha dado a varias Comunidades Religiosas el medio de conservar su clausura, sus votos y sus Reglas, de continuar cantando en sus propias Casas la justicia y la misericordia de Dios, y de no experimentar lo peligroso que es el aire del mundo a V\u00edrgenes, que la miseria obliga a errar de ciudad en ciudad para mendigar su subsistencia. No hablo aqu\u00ed de tantos servicios espirituales que se presentaron a los moribundos ni de tantas instrucciones, por las que se ense\u00f1\u00f3 a los pueblos a santificar sus sufrimientos y a adorar todas las voluntades de Dios y a expiar mediante una vida perfectamente Cristiana los pecados que hab\u00edan excitado su c\u00f3lera: esa era, como lo hemos observado tantas veces, la principal intenci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, y sus Hijos no pod\u00edan pasarla por alto, ellos cuyo primer objeto es la conversi\u00f3n de los pecadores. Dedic\u00e1ndose a ello en Lorena, no hac\u00edan otra cosa que lo que hab\u00edan hecho tantas veces y segu\u00edan haci\u00e9ndolo a\u00fan sus Cohermanos en sus distintas Misiones.<\/p>\n<p>Conviene advertir que las dificultades en que coloc\u00f3 a nuestro Santo el deplorable estado de la Lorena, no le hicieron interrumpir el curso de los servicios espirituales, que se hab\u00eda encargado de prestar a los Pobres del Campo. Sus Sacerdotes, durante los tres primeros a\u00f1os, en los que este apartado ocup\u00f3\u00a0 m\u00e1s dieron m\u00e1s de setenta Misiones en diversas Di\u00f3cesis. La Congregaci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, que no estaba compuesta m\u00e1s que de Hombres Apost\u00f3licos, trabajadores, y que con frecuencia no se cuidaban lo suficiente, hac\u00eda m\u00e1s con cincuenta Sacerdotes, de lo que ella y cualquiera otra habr\u00edan podido hacer con un n\u00famero m\u00e1s alto de aquellos hombres vagos, indolentes, siempre fatigados, y cuya\u00a0 <em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Filosof\u00eda consiste en creer que deben conservarse, porque los grandes Asuntos no son comunes. Adem\u00e1s, Dios multiplicaba los Hijos de su Siervo, y el Seminario que hab\u00eda fundado le proporcionaba cada a\u00f1o no s\u00f3lo con qu\u00e9 reemplazar a los que se mor\u00edan, sino tambi\u00e9n con qu\u00e9 acceder de vez en cuando a los deseos de los que le ped\u00edan Sacerdotes.<\/p>\n<p>Los envi\u00f3 desde comienzos de ese mismo a\u00f1o a Annecy, residencia ordinaria de los Obispos de Ginebra desde que los habitantes de esta \u00faltima Ciudad se sacudieron el yugo de la Iglesia Romana, para abrazar la pretendida Reforma de Calvino. El Se\u00f1or Juste Gu\u00e9rin, la ilustre Madame de Chantal y los Se\u00f1ores de Sillery y Cordon, los dos Comendadores de la Orden de Malta, fueron los primeros Promotores de este Establecimiento. Esta buena obra fue una de las \u00faltimas acciones del sr de Sillery. Su muerte respondi\u00f3 a la hermosa y santa vida que hab\u00eda llevado. <em>Sr ha ido al Cielo, <\/em>dice Vicente en una de sus Cartas, <em>como un monarca que va a tomar posesi\u00f3n de su Reino, con una fuerza, una confianza, una paz y una dulzura dif\u00edciles de explicar. <\/em>En este sentido, a\u00f1ade el santo Sacerdote, como yo hablaba de ello estos d\u00edas pasados a su Eminencia el sr Cardenal de Richelieu; y yo le aseguraba con raz\u00f3n, que desde hace ocho o diez a\u00f1os que ten\u00eda el honor de tratarle, no hab\u00eda advertido en \u00e9l ni pensamiento, ni palabra, ni ninguna acci\u00f3n que no se dirigiera hacia Dios, y que su pureza iba m\u00e1s all\u00e1 de todo lo que se pueda decir.<\/p>\n<p>El piadoso Obispo de Annecy, que no pensaba en otra cosa que conservar en su Di\u00f3cesis los grandes bienes que S. Francisco de Sales hab\u00eda hecho, juzg\u00f3 prudente que el mejor medio de lograrlo era trabajar en formar a buenos Eclesi\u00e1sticos, mientras que se trabajar en santificar a los pueblos. Se propuso sacar estas dos clases de socorro de los Sacerdotes de Vicente de Pa\u00fal y reunir en la misma Casa a hombres llenos del esp\u00edritu de Dios, que fueran id\u00f3neos para estos dos empleos. El art\u00edculo que concern\u00eda a los pueblos no tuvo dificultades: no era cuesti\u00f3n m\u00e1s que de dar misiones; se dieron en Annecy y en las Parroquias del campo. En el asunto que se refer\u00eda a la formaci\u00f3n de los Sacerdotes y por lo mismo a la erecci\u00f3n de un Seminario le ocup\u00f3 m\u00e1s.<\/p>\n<p>La dificultad estaba en saber si en el Establecimiento de este Seminario se seguir\u00eda el plan del Concilio de Trento, no admitiendo m\u00e1s que a J\u00f3venes, que preservados por un santo retiro de la corrupci\u00f3n del siglo, se nutriesen temprano de la leche de la virtud y de la ciencia Eclesi\u00e1stica; o si no se admitieran m\u00e1s que a Cl\u00e9rigos de unos veinte a\u00f1os de edad , quienes habiendo comenzado ya a consultar a Dios, y teniendo la madurez necesaria para abrazar un Estado, parec\u00edan dar esperanzas m\u00e1s seguras y cercanas. Juste Gu\u00e9rin consult\u00f3 a nuestro santo Sacerdote en este punto importante. Se sopesaron con cuidado todas las razones en pro y en contra: pero como al explicar estas razones \u00faltimas Vicente, que no quer\u00eda suprimir nada, se vio obligado a decir, que los Seminarios de Provincia, donde m\u00e1s movimientos hab\u00edan tenido lugar, para formar a los Eclesi\u00e1sticos casi desde la infancia, no hab\u00edan salido adelante; que los de Burdeos y de Agen estaban desiertos en la actualidad; que el Arzobispo de Rouen reconoc\u00eda con dolor que en el espacio de m\u00e1s de veinte a\u00f1os, no hab\u00eda sacado seis Sacerdotes de aquel gran n\u00famero de j\u00f3venes que hab\u00eda mandado educar con toda la precauci\u00f3n posible; que la mayor parte volv\u00edan al siglo, sin otra cosa que decir que hab\u00edan tomado el h\u00e1bito Eclesi\u00e1stico a una edad, en la que no eran capaces de reflexi\u00f3n: El Obispo de Annecy qued\u00f3 tan impresionado por estas razones, fundadas en la experiencia que resolvi\u00f3 adoptar el \u00faltimo partido. Vicente, quien se remit\u00eda por completo a \u00e9l, y que hab\u00eda declarado de la manera m\u00e1s positiva que no pretend\u00eda decidir, sino dar motivos que sirvieran de fundamento para la decisi\u00f3n, crey\u00f3 que lo que un Prelado tan prudente, tan ilustrado, tan unido a Dios, hab\u00eda concluido al fin, deb\u00eda ser lo mejor, ya no digo en s\u00ed mismo, sino por raz\u00f3n de los tiempos y de los lugares.<\/p>\n<p>Los Obispos de Francia no emitieron pronto el mismo juicio; y se sabe que en todos, o casi en todos los Seminarios del Reino, no se reciben m\u00e1s que a Cl\u00e9rigos, que ya han cursado la Ret\u00f3rica, la Filosof\u00eda, y con alguna frecuencia algunos a\u00f1os de Teolog\u00eda. Es al parecer por esta raz\u00f3n que un Escritor de Italia dice que el Seminario de Annecy es el primero que se haya fundado al otro lado de los Alpes para las personas un poco avanzadas ya en edad. Sea como sea, (pues me parece que este punto no carece de dificultades) Vicente al a\u00f1o estableci\u00f3 uno sobre la misma base en el Colegio de los Bons-Enfants; pero su respeto por el Concilio de Trento no le permiti\u00f3 destruir el que hab\u00eda formado seg\u00fan el Plan de esta santa Asamblea. Le traslad\u00f3 a una casa al extremo del recinto de S. L\u00e1zaro; y le llam\u00f3 el Seminario de S. Carlos. Los Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n formaban all\u00ed en la virtud y en las bellas Letras a un n\u00famero de j\u00f3venes, que daban pruebas de la inclinaci\u00f3n por el Estado Eclesi\u00e1stico y que despu\u00e9s han desempa\u00f1ado dignamente los primeros empleos: as\u00ed se un\u00edan a los ejercicios de piedad los ejercicios de los Colegios m\u00e1s regulares; y el c\u00e9lebre de la Fosa hizo representar a menudo all\u00ed Tragedias Cristianas, cuyo fuego y elevaci\u00f3n le merecieron siempre los aplausos de todo lo que Par\u00eds ten\u00eda de Entendidos.<\/p>\n<p>Una vez que el Siervo de Dios vio al Obispo de Annecy determinado totalmente a la erecci\u00f3n de un Seminario mayor, pens\u00f3 seriamente en los medios de hacer de \u00e1l una santa y sabia Academia. Tambi\u00e9n lo redijo todo a una piedad s\u00f3lida, a una gran plenitud del Esp\u00edritu Sacerdotal, y a esta especie de Ciencia pr\u00e1ctica, que abraza el Dogma, y m\u00e1s particularmente todav\u00eda la Moral. Quiso que las Conferencias que se deb\u00edan tener dos veces por Semana sobre el Esp\u00edritu y las Virtudes Eclesi\u00e1sticas fuesen emotivas e instructivas; que hubiera tiempos se\u00f1alados para el Canto, las Ceremonias y el modo de administrar los Sacramentos y de hacer las Homil\u00edas y los Catecismos; que las Clases de Teolog\u00eda estuviesen bien preparadas, que las explicaciones fuesen claras y precisas, y que no se dejaran de dar nunca; que se profundizase todo cuanto puede contribuir a la direcci\u00f3n de los pueblos, y que se tuvieran en poco aquellas Cuestiones o Metaf\u00edsicas, o de pura cr\u00edtica, que un buen Pastor puede ignorar, y que un mal Doctor sabe a menudo m\u00e1s que otro.<\/p>\n<p>Estaba persuadido de que los genios m\u00e1s hermosos no son siempre los que forman mejor a la juventud, a menos que no sepan, cosa que les es a veces bastante dif\u00edcil, limitarse, acercarse, proporcionarse a sus alumnos. Escribi\u00f3 un d\u00eda a uno de sus Sacerdotes, que ten\u00eda grandes talentos, una carta que comenzaba con estas palabras, singulares en apariencia, pero bien llenas de sentido y de raz\u00f3n: <em>Os recordamos, Se\u00f1or, y os rogamos que no regent\u00e9is m\u00e1s, porque se\u00e1is muy h\u00e1bil. <\/em>Porque este profesor que ten\u00eda mucha erudici\u00f3n, a fuerza de querer ense\u00f1\u00e1rselo todo a sus Escolares, no les hab\u00eda ense\u00f1ado nada; se reconoci\u00f3, al examinarlos delante del Obispo, que hab\u00edan aprovechado mucho bajo su colega, cuyos talentos eran inferiores.<\/p>\n<p>Tem\u00eda sobre todo que un Director de Seminario se creyera haberlo hecho todo, cuando ya hab\u00eda dado su Clase. Miraba, en verdad, la ciencia como una parte esencial, porque un Sacerdote ignorante es un ciego, que conduce a los dem\u00e1s al precipicio; pero daba la preferencia a la piedad: por eso quer\u00eda que todos los que tienen trabajo en un Seminario trabajaran con sus buenos ejemplos, su asiduidad, su vigilancia continua, y una gran separaci\u00f3n del mundo, en llenar a los j\u00f3venes Eclesi\u00e1sticos de las virtudes de su Estado. <em>Debemos, <\/em>dec\u00eda a los suyos, <em>llevarlos por igual a la ciencia y a la piedad, es lo que Dios pide de nosotros. Ellos necesitan capacidad, pero tienen necesidad de una vida santa y regular: sin ella la otra es in\u00fatil y peligrosa.<\/em><\/p>\n<p>Como este plan, expresado en pocas palabras, es muy vasto, y los trabajos del Hombre de Dios, unidos a reflexiones profundas, le hab\u00edan adquirido mucha experiencia y grandes luces, ten\u00eda por m\u00e1xima que con el fin de sacar fruto de un Seminario, conviene que los que son recibidos en \u00e9l pasen un tiempo considerable. Ped\u00eda al menos un a\u00f1o antes de admitir a quienquiera que fuese a las \u00d3rdenes sagradas. \u201c<em>Y bueno! <\/em>dec\u00eda con el sr Bourdoise<em>, los oficios m\u00e1s viles exigen una prueba mucho m\u00e1s larga; y se creer\u00e1 que cinco o seis meses son m\u00e1s que suficientes para unos hombres encargados de purificarse de las malas costumbres que han contra\u00eddo: de vaciar su coraz\u00f3n de todo lo que podr\u00eda respirar afecto menos reglado para la criatura; de avanzar en el conocimiento y en el amor del gran Maestro, al servicio del cual quieren consagrarse; de penetrar y ahondar en las m\u00e1ximas Evang\u00e9licas, que nos ha revelado por su Hijo; de establecer s\u00f3lidamente en ellos mismos ese Reino de santidad y de justicia, que no se posee sino cuando se sabe imitar la vida y las virtudes de Jesucristo, y finalmente de llenarse del esp\u00edritu de Oraci\u00f3n y de Meditaci\u00f3n, sin el cual un Sacerdote apenas puede lograr alg\u00fan fruto, ya que<\/em>, dec\u00eda tambi\u00e9n nuestro Santo, <em>lo que la espada es al Soldado, la Oraci\u00f3n lo es para aquellos que se dedican al servicio de los Altares\u201d.<\/em><\/p>\n<p>No cre\u00eda que fuera necesario eximir del Seminario a ninguno de los que pretenden las sagradas \u00d3rdenes; ni siquiera a aquellos que tienen m\u00e1s virtud o capacidad. \u00a1Qu\u00e9 habr\u00eda dicho si hubiera visto dispensar de \u00e9l a los que una especie de nacimiento, o un puesto conseguido por herencia en el Santuario, ocupan el lugar de todo m\u00e9rito!<\/p>\n<p>La raz\u00f3n que daba el Santo de su conducta era que unos Eclesi\u00e1sticos ya virtuosos y capaces no dejar\u00e1n nunca de aumentar en un buen Seminario su ciencia y su virtud; que adem\u00e1s, servir\u00e1n de mucho a los dem\u00e1s, porque los d\u00e9biles se animan con el ejemplo de los m\u00e1s fuertes, y avanzan de buena gana por el camino por el que les ven caminar; y que finalmente, cuando la regla es general, un Obispo, y los que dirigen bajo sus ojos, est\u00e1n a cubierto de muchas importunidades, porque no se les ocurre entonces pedirles excepciones, que no se conceden a nadie y que adem\u00e1s no pueden ser sino perjudiciales a los que las obtienen.<\/p>\n<p>Parece ser que el Santo inspir\u00f3 estos sentimientos al sr Alain de Solminihac Obispo de Cahors: al menos este gran Obispo no dispens\u00f3 nunca a nadie ni de la entrada ni del tiempo del Seminario. Se manten\u00eda firme en no dar el Subdiaconado m\u00e1s que a los que hab\u00edan pasado en \u00e9l un a\u00f1o, y no admit\u00eda al Sacerdocio m\u00e1s que a los que hab\u00edan terminado el resto de su carrera. Con esta sabia conducta lleg\u00f3 a reformar su Di\u00f3cesis y la puso en estado de servir de modelo a otras varias. Vicente propuso m\u00e1s de una vez a los Obispos, que le consultaban, el ejemplo de este santo Prelado y les indujo cuanto le fue posible a\u00a0 imitarle en un punto tan esencial.<\/p>\n<p>Como los Hijos del santo Sacerdote se hubiesen sorprendido al verle multiplicar sus trabajos, y temer que, al repartir sus fuerzas, las Misiones, que parec\u00edan deber ser su grande y principal objeto sufrieran menoscabo, este sabio Superior les dio sobre esta importante materia varias Conferencias, que prueban plenamente que su celo era tan iluminado como extendido.<\/p>\n<p>Explic\u00f3, que la Compa\u00f1\u00eda no ten\u00eda otras funciones que aquellas de las que Dios mismo le hab\u00eda encargado por el Ministerio de los Pastores de su Iglesia; que los designios del Padre de familia se hab\u00edan desarrollado poco a poco; que parec\u00eda por la vida de Jesucristo mismo que esa era la econom\u00eda ordinaria de la Providencia; que esta divino Salvador hab\u00eda comenzado\u00a0 por una vida oscura y privada; que luego hab\u00eda evangelizado a los pobres y que al fin para mantener su obra se escogi\u00f3 Ap\u00f3stoles y Disc\u00edpulos; que no hab\u00eda nadie en la Congregaci\u00f3n que no supiera que quienes hab\u00edan sido sus primeros miembros no se hab\u00edan ocupado en primer lugar m\u00e1s que en su salvaci\u00f3n y en la de los pueblos del campo; que los hab\u00edan destinado a dar los Ejercicios de los Ordenandos en el tiempo que menos lo esperaban; que era la misma autoridad la que los empleaba en la direcci\u00f3n de los Seminarios; que deb\u00edan por lo tanto prometerse con la misericordia de Dios los mismos \u00e9xitos si sab\u00edan estimar la gracia que se les ofrec\u00eda en lo que deber ser estimada.<\/p>\n<p>De estos principios Vicente dedujo, que un Sacerdote de la Misi\u00f3n se equivocar\u00eda si dijera que no pretendi\u00f3 encerrarse en una ciudad para formar a Cl\u00e9rigos, sino para recorrer los Burgos y los Pueblos y convertir a los pecadores; que en verdad la instrucci\u00f3n de los pobres es algo muy importante, pero que la instrucci\u00f3n de los Eclesi\u00e1sticos lo es todav\u00eda m\u00e1s; ya que, si son ignorantes,\u00a0 se sigue por necesidad que los pueblos lo sean tambi\u00e9n; que se ha de trabajar en las Misiones, pero no se han de dejar a un lado los Seminarios; pues una cosa y la otra son casi por igual esenciales al Instituto de la Congregaci\u00f3n, y que \u00e9sta no llegar\u00e1 a dar frutos permanentes en el Ministerio que ejerce con relaci\u00f3n a los simples Fieles, mientras los Pastores, abandonados a s\u00ed mismos, sigan en el desorden y la ignorancia.<\/p>\n<p>No le quedaba al Siervo de Dios otra cosa que dar a conocer a los suyos a qu\u00e9 se comprometen al encargarse de la direcci\u00f3n de los Seminarios. Esto lo hizo de una manera propia para dar de esta santa y terrible ocupaci\u00f3n la idea justa que cada uno debe tener de ella. Les dijo en sustancia, que el car\u00e1cter de los Sacerdotes es una participaci\u00f3n del Sacerdocio del Hijo de Dios; que este primer Sacerdote de la Ley nueva ha dado a sus Ministros el poder de inmolar su propia Carne y hacer de ella el alimento de los Fieles, para que los que la coman vivan eternamente; que a este poder que se refiere a su Cuerpo natural ha unido otro que se extiende a su Cuerpo M\u00edstico, es decir sobre los Fieles, cuyos pecados atan y desatan los Sacerdotes; que un Ministerio tan grande y tan sublime, tan augusto y que es objeto de la admiraci\u00f3n de los \u00c1ngeles, merece muy bien que se sacrifique, para poner a los que deben ser revestidos de \u00e9l, en estado de ejercerlo como se debe; que esta verdad constante en todos los tiempos lo era todav\u00eda m\u00e1s en un siglo desdichado en el que la Iglesia ten\u00eda una gran necesidad de Ministros que fueran seg\u00fan el coraz\u00f3n de Dios y que desterraran este c\u00famulo de vicios, de ignorancias y de esc\u00e1ndalos, de los que est\u00e1 cubierta la Tierra y sobre los que deben verter l\u00e1grimas de sangre los verdaderos Cristianos.<\/p>\n<p>Y a\u00f1adi\u00f3, que un buen Sacerdote era capaz de emprenderlo todo por la gloria de Dios; que pod\u00eda procurar la conversi\u00f3n de los pecadores m\u00e1s endurecidos, restablecer el buen orden y la hermosura de la casa del Se\u00f1or; que, para convencerse de ello, no hab\u00eda m\u00e1s que poner los ojos en el sr Bourdoise, aquel excelente Sacerdote, que hab\u00eda hecho tantas cosas y que har\u00eda otras m\u00e1s para honor de la Iglesia; que la felicidad del Cristianismo depend\u00eda de los Sacerdotes, y que cuando eran lo que deb\u00edan ser, el pueblo los honraba, escuchaba su voz y segu\u00eda sus ejemplos.<\/p>\n<p>A este motivo tan consolador para aquellos Ministros de Jesucristo que viven de una manera digna de \u00e9l y para los que tienen la dicha de contribuir a llenarlos del Esp\u00edritu Eclesi\u00e1stico, Vicente a\u00f1adi\u00f3 otro capaz de hacer temblar a los malos Sacerdotes y a los que encargados de su educaci\u00f3n les faltan luces o celo o la fuerza necesaria para desempe\u00f1arla bien. Dijo y son sus propias palabras; que se dudaba de si todos los des\u00f3rdenes, que se ve\u00edan en el mundo, no deb\u00edan atribuirse a los malos Sacerotes; que de verdad esta proposici\u00f3n ten\u00eda por qu\u00e9 asustar, pero que no deb\u00eda escandalizar a nadie; que hab\u00eda sido discutida hac\u00eda poco exactamente en varias Conferencias, cuyo resultado hab\u00eda sido: que es seguro por lo menos que la Iglesia no tiene enemigos m\u00e1s crueles que los malos Sacerdotes; que son ellos los que dieron nacimiento a las herej\u00edas, los que han acreditado el error, los que han hecho que reine el vicio y la ignorancia; que son la primera fuente de estos torrentes funestos que han devastado la Tierra; que unos han contribuido a ellos por la depravaci\u00f3n de las costumbres, los otros por una indolencia criminal, que les ha impedido hacer frente al mal, como estaban obligados a hacerlo.<\/p>\n<p>Para juzgar de la impresi\u00f3n que estos discursos del Siervo de Dios produjeron en el esp\u00edritu, y m\u00e1s todav\u00eda en el coraz\u00f3n de sus Hijos, relataremos por anticipado los frutos que produjeron en los Seminarios, de cuya direcci\u00f3n se vieron obligados a encargarse. Parece ser que si Vicente mand\u00f3 hacer el recuento, ni fue sino para animar a sus Propios Sacerdotes y a los Extra\u00f1os a consagrarse a esta buena obra, ya que ning\u00fan hombre ha deseado con tanto ardor que todo el mundo profetizara; y \u00e9l se hubiera cre\u00eddo ya reprobado si la envidia que, a juicio de un Padre, quema a veces a los Santos y les persuade de que lo que hacen no es del todo el mayor mal, hubiera penetrado en su coraz\u00f3n. De ah\u00ed estas hermosas palabras que repiti\u00f3 m\u00e1s de una vez: <em>Preferir\u00eda perder cien Fundaciones antes que impedir una sola de otra Comunidad. <\/em>Por lo dem\u00e1s, para no caer en repeticiones, no produciremos m\u00e1s que dos relatos, uno de un excelente Misionero, que estaba al frente de un Seminario de Breta\u00f1a, el otro del que estaba encargado de la direcci\u00f3n del Seminario de Par\u00eds, que era Doctor de Sorbona y uno de los primeros Compa\u00f1eros de nuestro santo Padre.<\/p>\n<p>El \u00faltimo, que se llamaba d\u2019Horgni, hablaba poco m\u00e1s o menos en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<ol>\n<li>Se hace en este Seminario como una Misi\u00f3n perpetua, y se ven en proporci\u00f3n los mismos frutos, que se ven en las Misiones de las Ciudades o de los Campos. Beneficiados y Sacerdotes, que se hab\u00edan sumido en el desorden y en el esc\u00e1ndalo en el lugar de su domicilio, se convierten de buena fe: derraman l\u00e1grimas en sus retiros; desear\u00edan que se les permitiera hacer Confesiones p\u00fablicas; se humillan en todas las ocasiones. Cuando hablan en las Conferencias hacen p\u00fablica confesi\u00f3n de su ignorancia pasada. Felicitan a sus j\u00f3venes Cohermanos por la ventaja que tienen de instruirle en sus obligaciones. Los que ten\u00edan enemistades inveteradas se reconcilian por cartas llenas de humildad. Hacen, bien a la Iglesia, bien a sus dem\u00e1s Acreedores, restituciones considerables. Los santos Padres de los primeros y de los \u00faltimos siglos, cuyos textos se hallan en el derecho Can\u00f3nico, dicen a menudo que los Eclesi\u00e1sticos corrompidos son incorregibles: pero, gracias a la misericordia de Dios, sean quienes hayan sido, parece que se convierten ordinariamente en los Seminarios.<\/li>\n<li>Los hay que, apoyados en la mala costumbre de sus Provincias, han pose\u00eddo durante varios a\u00f1os y con mucho apego Beneficios incompatibles. Se les determina aqu\u00ed a dejar el que no les conviene, y se someten a ello de buena gana.<\/li>\n<\/ol>\n<p>III. Es cosa com\u00fan ver, bien a Sacerdotes ya mayores, bien a Abades, Can\u00f3nigos, P\u00e1rrocos y dem\u00e1s Beneficiados, bien a Consejeros del Parlamento, o Jueces, que hacen con alegr\u00eda el oficio de Portero, de Ac\u00f3lito, de Turiferario, o por inclinaci\u00f3n a estas funciones, o para castigarse por no haberlas desempe\u00f1ado nunca, o para manifestar el pesar que sienten de haberlas tenido antes como poco convenientes a gente de condici\u00f3n.<\/p>\n<ol>\n<li>Lo que produce consuelo es que estos buenos efectos del Seminario no acaban con \u00e9l. P\u00e1rrocos que no hab\u00edan instruido nunca a sus Parroquianos, de vuelta a casa, les reparten el pan de la palabra y cumplen perfectamente con todos sus dem\u00e1s empleos. Algunos de ellos han llegado a declarar al pueblo, hasta en el p\u00falpito, que ellos acababan de conocer su deber y que quer\u00edan comenzar en serio a cumplirle lo mejor posible.<\/li>\n<li>Varios al salir del Seminario dejaron la casa paterna y tomaron otra en el lugar mismo de su nacimiento, con el fin de establecer all\u00ed peque\u00f1as Comunidades Eclesi\u00e1sticas, que santifican al continuar viviendo como viv\u00edan aqu\u00ed, y que multiplican ganando para Jesucristo y su Iglesia a los que pueden asociarse.<\/li>\n<li>Hemos tenido varios Can\u00f3nigos de Iglesias Catedrales o Colegiales, que a su regreso a casa, han sabido poco a poco sin ruido, pero no sin fruto, entablar con sus Cohermanos santas y sabias relaciones, para establecer o sostener la disciplina de su Iglesia; y se sabe con qu\u00e9 celo y prudencia hablan ya en particular, ya en Cap\u00edtulo, de la obligaci\u00f3n que tienen Can\u00f3nigos de mantener el orden y las Reglas Eclesi\u00e1sticas.<\/li>\n<\/ol>\n<p>VII. Existen tambi\u00e9n los que, habiendo comprendido de que importancia son las escuelas de Ni\u00f1os, se pusieron, aunque fueran de nacimiento, a hacerlas por pura caridad. Este santo ejercicio edific\u00f3 mucho: Dios lo ha bendecido y los habitantes de las Ciudades s\u00f3lo lo han visto con admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>VIII. No se puede omitir aqu\u00ed que Dios da la gracia a la mayor parte y casi a todos que han hecho el Seminario, de mantenerse en la piedad y en el ejercicio de sus funciones: los testimonios que se reciben de todas partes son muy favorables.<\/p>\n<p>IX .Pero lo que de alg\u00fan modo resulta m\u00e1s impresionante es la inocencia de vida que se observa en estos Se\u00f1ores durante el tiempo del Seminario. Es tal que a los Confesores les resulta dif\u00edcil de ordinario encontrar en ellos alguna materia de absoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se puede reducir a tres o cuatro puntos principales lo que escrib\u00eda a nuestro santo Sacerdote aqu\u00e9l a quien hab\u00eda confiado el cuidado de un Seminario en Breta\u00f1a. Dice en resumen, que uno de los mayores frutos que haya visto nacer es el celo por la salvaci\u00f3n de las almas; que los que han hecho esta carrera se aplican con gozo a la instrucci\u00f3n de los pueblos; que, como predican de una manera \u00fatil, familiar y conforme al m\u00e9todo, que se les ha ense\u00f1ado en el Seminario, tienen frutos importantes; que se ve con frecuencia en sus Predicaciones a personas que acuden de cinco o seis Parroquias vecinas; que se frecuenta m\u00e1s el Tribunal de la Penitencia; que se re\u00fanen all\u00ed no s\u00f3lo los Domingos y Fiestas, sino tambi\u00e9n los d\u00edas laborables, lo que no suced\u00eda anteriormente; que ha habido Sacerdotes que han dejado Beneficios buenos de cura de almas para ir a catequizar y confesar en las Parroquias m\u00e1s abandonadas; que varios de estos virtuosos Eclesi\u00e1sticos no se contentan con ser \u00fatiles al pueblo, sino que trabajan tambi\u00e9n en hacerse \u00fatiles a sus Cohermanos, que no habi\u00e9ndose formado como se debe toscos en extremo; que los invitan con bondad y los atraen con dulzura a Conferencias espirituales que hacen una vez a la Semana; que, como una sola Parroquia tiene a veces m\u00e1s de cincuenta Sacerdotes, hay siempre varios que van, aunque est\u00e9n con frecuencia a m\u00e1s de una legua; que de este modo han conseguido reformar a un buen n\u00famero de Eclesi\u00e1sticos poco regulares, con buen ejemplo de los simples Fieles, que ven en ellos m\u00e1s recursos, sobre todo en el tiempo de sus enfermedades.<\/p>\n<p>Hemos visto, dice tambi\u00e9n, cantidad de Sacerdotes del Campo, que animados por el buen ejemplo de los que hab\u00edan salido de este Seminario han cambiado de vida hasta edificar a toda la Di\u00f3cesis; y algunos han llegado aqu\u00ed de m\u00e1s de veinticinco leguas, expresamente para realizar un retiro y reforzar las buenas resoluciones\u00a0 que hab\u00edan tomado ya.<\/p>\n<p>A\u00f1ade que, antes de la Fundaci\u00f3n del Seminario, hab\u00eda Di\u00f3cesis enteras, en las que habr\u00eda costado trabajo encontrar a un Eclesi\u00e1stico del campo, que estuviera vestido de negro; que hasta entonces parec\u00edan menos Sacerdotes que r\u00fasticos, y que trabajaban como Laicos despu\u00e9s de decir sus misas: pero que las cosas han cambiado mucho desde la fundaci\u00f3n del Seminario; que la mayor parte van siempre con sotana; que en sus cabellos y todo su exterior no hay nada que ofenda la decencia Eclesi\u00e1stica; y que los menos regulares llevan por lo menos la sotanela.<\/p>\n<p>Acaba diciendo que los Eclesi\u00e1sticos del campo se re\u00fanen la v\u00edspera de las Fiestas para preparar las ceremonias del Oficio y hacerlas con m\u00e1s piedad y edificaci\u00f3n: y que este punto, que les parec\u00eda casi sin sentido antes, les parece ahora tan importante que, cuando les viene alguna dificultad en esta materia, escriben el Seminario para ilustrarse.<\/p>\n<p>Es evidente por muchos lugares de este relato que el buen olor de este primer Seminario de Breta\u00f1a se extendi\u00f3 produciendo impresi\u00f3n hasta las Di\u00f3cesis vecinas.<\/p>\n<p>Es lo que se vio de manera sensible con la puesta en marcha de los Catecismos; hab\u00eda algunas de estas Di\u00f3cesis donde no se daba en absoluto. La dedicaci\u00f3n con la que los j\u00f3venes Sacerdotes, que sal\u00edan del Seminario, desarrollaron esta parte esencial de su Ministerio, despert\u00f3 a sus vecinos; y en pocos a\u00f1os no hubo casi ninguna Parroquia, donde no se instruyera con \u00e9xito a la juventud, que hasta entonces hab\u00eda estado criminalmente descuidada.<\/p>\n<p>Estas certezas de la bendici\u00f3n que Dios ten\u00eda a bien derramar sobre los trabajos de los Misioneros fueron confirmadas a su santo Fundador mediante el testimonio de los m\u00e1s santos Obispos de su tiempo. Alain de Solminihac, el hombre del mundo m\u00e1s cuidadoso en materia de alabanzas, y que no ten\u00eda por bueno m\u00e1s que lo que realmente lo era, escribi\u00f3 sobre ello unos a\u00f1os antes de su muerte, al Siervo de Dios en estos t\u00e9rminos: <em>Os encantar\u00eda ver a mi Clero, y bendecir\u00edais a Dios mil veces, si supierais el bien que los vuestros han hecho en mi Seminario, y que se ha difundido por toda la Provincia.<\/em> En este sentido hablaba, y en su nombre, y en el nombre de los dem\u00e1s Obispos, y esto m\u00e1s de 25 a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Vicente de Pa\u00fal, uno de los prelados m\u00e1s dignos que hayan sucedido a S. Francisco de Sales; me estoy refiriendo a Jean d\u2019Arenthon d\u2019Alex. Su pensamiento va incluido en su Testamento. Qu\u00e9 situaci\u00f3n m\u00e1s propia para desterrar todo idea de falsa complacencia, que la de un hombre que se considera preparado para comparecer ante Dios.<\/p>\n<p>La ocasi\u00f3n que se presenta de decir unas palabras de este gran Obispo no deja omitir algo que le honraba mucho, y que de hecho otro tanto a nuestro Santo. D\u2019Arenthon era todav\u00eda joven cuando Vicente le vio por primera vez en S. Magloire: le cobr\u00f3 mucho afecto, y le pidi\u00f3 que viniera a verle de vez en cuando, y en las conversaciones que tuvo con \u00e9l, le dijo a menudo en estos t\u00e9rminos: <em>Dios quiere servirse de vos, hijo m\u00edo, y os aseguro que ser\u00e9is un d\u00eda Sucesor de san Francisco de Sales.<\/em> El Siervo de Dios reiter\u00f3 varias veces esta predicci\u00f3n; y el sr Abate de la P\u00e9rouse, que hab\u00eda venido a verle a S. L\u00e1zaro, como le dijera un d\u00eda que el sr d\u2019Arenthon era su t\u00edo, <em>Vos sois, <\/em>replic\u00f3 al instante<em>, vos sois el sobrino de un hombre, que ser\u00e1 un d\u00eda Obispo de Ginebra.<\/em> Vicente tuvo el consuelo de ver antes de su muerte que no se hab\u00eda equivocado. El sr d\u2019Arenthon fue, despu\u00e9s de no pocas dificultades, nombrado -en 1660- al Obispado de Annecy por Cristina de Francia, quien por entonces era Regente de Saboya: y el sobrino del nuevo Prelado, en visita a nuestro Santo: <em>Ya os lo hab\u00eda dicho, <\/em>exclam\u00f3 Vicente al recibirle<em>, que Dios quer\u00eda que vuestro t\u00edo fuera Obispo de Ginebra. Id, Monse\u00f1or, a santificaros con \u00e9l y fijaos en su familia, como un san Juan en la<\/em> <em>de Nuestro Se\u00f1or, de quien era el pariente y el Ap\u00f3stol.<\/em><\/p>\n<p>Antes de terminar este Art\u00edculo de los Seminarios, debo hacer resaltar que Vicente de Pa\u00fal, no contento con dar a los que estaban en el Seminario establecido en el Colegio de los Bons-Enfants, todos los socorros espirituales, que depend\u00edan de \u00e9l y de los suyos, se encarg\u00f3 tambi\u00e9n de mantener durante los primeros a\u00f1os a un n\u00famero de Eclesi\u00e1sticos que, con mucha buena voluntad, no ten\u00edan medios de pagar su pensi\u00f3n. Solicit\u00f3 para ellos la caridad de las Casas de la Congregaci\u00f3n y las limosnas de algunas personas de piedad, a quienes hab\u00eda dispuesto a emprenderlo todo por el bien de la Iglesia<em>. <\/em>Una liberalidad tan bien colocada produjo una santa emulaci\u00f3n en virtuosos Sacerdotes, que estaban m\u00e1s cerca\u00a0 de conocer cu\u00e1nto vale un buen Eclesi\u00e1stico. El sr Chomel Oficial y Vicario General de la Di\u00f3cesis de S. Flour, envi\u00f3 con este fin, cada a\u00f1o, durante el espacio de diez o doce a\u00f1os, sumas considerables al Seminario de Troie en Champa\u00f1a, y al de Annecy en Saboya. Esta especie de limosna es sin duda una de las mejores que se puedan hacer. Enriquecer el Reba\u00f1o de Jesucristo con un santo Sacerdote es enriquecer a los pobres, de quienes \u00e9l no dejar\u00e1 nunca de ser Padre, y a quienes devolver\u00e1 el c\u00e9ntuplo de lo que \u00e9l mismo habr\u00e1 recibido de la piedad de los Fieles. Vicente estaba tan impresionado por esta idea, y sab\u00eda tan bien\u00a0 lo que vale un digno Ministro de los Altares, que dec\u00eda a veces exclamando<em>: \u00a1Oh, qu\u00e9 gran cosa es un buen Sacerdote! \u00bfQu\u00e9 no puede hacer? Pero \u00bfqu\u00e9 no hace con la gracia<\/em> de Dios?<\/p>\n<p>Tradu. M\u00e1ximo AGustin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como la Lorena, aunque siempre en guerra con Francia, comenz\u00f3 a respirar por poco que fuera por el a\u00f1o 1643, y sus habitantes trabajadores por naturaleza, menos hostigados por los Soldados, a quienes el Marqu\u00e9s &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-20\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":401146,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-402231","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>San Vicente (Collet) 20 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-20\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente (Collet) 20 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Como la Lorena, aunque siempre en guerra con Francia, comenz\u00f3 a respirar por poco que fuera por el a\u00f1o 1643, y sus habitantes trabajadores por naturaleza, menos hostigados por los Soldados, a quienes el Marqu\u00e9s ... 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