{"id":402229,"date":"2019-04-22T08:40:04","date_gmt":"2019-04-22T06:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402229"},"modified":"2019-03-17T12:57:39","modified_gmt":"2019-03-17T11:57:39","slug":"san-vicente-collet-19","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-19\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 19"},"content":{"rendered":"<p>Se sigui\u00f3 en Pont-\u00e0-Mousson el m\u00e9todo que se hab\u00eda seguido en las dem\u00e1s ciudades de Lorena; es decir que, para aprovecharse de los buenos sentimientos que la gratitud inspiraba a este pueblo afligido, se comenz\u00f3 all\u00ed una misi\u00f3n. Tuvo todo el \u00e9xito que deb\u00eda tener en coyunturas tan favorables: las Confesiones fueron frecuentes, comulgaron con gran piedad; todos alabaron a Dios porque en tiempo de la c\u00f3lera, hac\u00eda resplandecer su misericordia tan visiblemente. Por lo dem\u00e1s, estas clases de misiones no fueron el \u00fanico bien espiritual que procur\u00f3 Vicente a los habitantes de estos dos Ducados. Como un gran n\u00famero de Parroquias se encontraban sin Pastores y los ni\u00f1os se hallaban en peligro de morir y mor\u00edan\u00a0 incluso con mucha frecuencia sin recibir el Bautismo, el Siervo de Dios, cuya caridad prove\u00eda a todo, y que por otra parte no ten\u00eda bastante gente para poner remedio a un mal tan grande, hizo buscar a dos Sacerdotes extranjeros quienes bajo una retribuci\u00f3n conveniente se encargaron de recorrer la Di\u00f3cesis de Toul, de bautizar a todos los que no lo hab\u00edan sido y ense\u00f1ar a las personas m\u00e1s prudentes de cada cant\u00f3n el modo de administrar este Sacramento a los ni\u00f1os que nacer\u00edan en adelante.<\/p>\n<p>Tantos y tan importantes servicios hicieron el nombre de Vicente tan c\u00e9lebre en la Lorena, que repercuti\u00f3 por todos los lados. Le llenaban de bendiciones. Los particulares, los P\u00e1rrocos, los Magistrados, todos le declaraban a porf\u00eda su m\u00e1s humilde agradecimiento. Pero todos le suplicaban al mismo tiempo que continuara. Ya lo hemos visto en la Carta de Metz, y lo vamos a ver otra vez en la que le escribieron en diciembre los Oficiales de la Polic\u00eda de la Ciudad de Pont-\u00e0-Mousson que le dec\u00edan:<\/p>\n<p><em>Se\u00f1or, el miedo de vernos en poco tiempo privados de las caridades que ha tenido a bien repartir a nuestros pobres, hace que recurramos a vos con el fin de procurarles, si os place, con el mismo celo que hasta ahora, los mismos socorros, ya que la necesidad est\u00e1 en el mismo grado de siempre. Hace dos a\u00f1os que no ha habido cosecha: las tropas han hecho comerse nuestros trigos verdes, las guarniciones continuas no nos han dejado m\u00e1s que cosas por compasi\u00f3n. Los que eran acomodados est\u00e1n reducidos a la mendicidad. Estos son los motivos tan poderosos como verdaderos para animar la ternura de vuestro coraz\u00f3n, ya lleno de amor y de piedad, para continuar sus benignas influencias sobre quinientos pobres que morir\u00e1n en pocas horas, si por desgracia viniera a faltarles esta dulzura. Suplicamos a vuestra bondad que no permita estos extremos, sino que nos d\u00e9 las migajas que las otras Ciudades tienen de superfluo. No s\u00f3lo har\u00e9is la caridad a nuestros pobres sino que los sacar\u00e9is de las garras de la muerte, y quedaremos obligados de verdad, etc.<\/em><\/p>\n<p>Las noticias, que dio a Vicente uno de sus Sacerdotes, a quien hab\u00eda enviado solo a S. Mihiel, le anunciaron una miseria semejante a la que asolaba Pont-\u00e0-Mousson. La primera carta que recibi\u00f3 de \u00e9l hacia el mes de febrero, dec\u00eda en sustancia, que hab\u00eda hallado una cantidad tan grande de pobres, que no pod\u00eda darles a todos; que de estos pobres <em>m\u00e1s de trescientos se hallaban en una gran necesidad, y m\u00e1s de otros trescientos en extrema necesidad; q<\/em>ue hab\u00eda m\u00e1s de un centenar, cuya piel estaba tan retirada, tan espantosa, tan disecada, que no se les pod\u00eda miran sin horror; que en general, las cosas eran tan espantosas como nunca se hab\u00edan visto; que no viv\u00edan m\u00e1s que de ciertas ra\u00edces, que iban a buscar al campo; que hab\u00eda varias j\u00f3venes que se mor\u00edan de hambre; y que se tem\u00eda que la desesperaci\u00f3n les hiciera caer en una miseria mayor que la que les era com\u00fan con el resto de la Provincia.<\/p>\n<p>Este mismo Sacerdote a\u00f1ad\u00eda en una segunda carta\u00a0 que en la \u00faltima distribuci\u00f3n de pan que hab\u00eda hecho, se hab\u00eda encontrado a mil ciento treinta y tres pobres sin contar a los enfermos que eran en gran n\u00famero, y a quienes se daba el alimento y los remedios convenientes a sus males; que una caridad tan bien colocada enternec\u00eda no s\u00f3lo a los que eran objeto de ella, sino a los mismos ricos, que lloraban de ternura; que los Oficiales de Justicia publicaban en voz alta que, sin este socorro, se hab\u00eda terminado la vida de una parte de estos desgraciados; que un Suizo, Luterano de Religi\u00f3n, se hab\u00eda sentido impresionado, que hab\u00eda abjurado de su herej\u00eda, y que habiendo recibido los Sacramentos, hab\u00eda muerto de manera edificante; que finalmente el pueblo no cesaba de pedir a Dios por ellos, por la caridad de quienes \u00e9l respiraba todav\u00eda. <em>No creo, <\/em>a\u00f1ad\u00eda este Misionero, <em>que personas, por quienes se ofrece a Dios tantas y tan fervientes oraciones puedan\u00a0 perecer.<\/em><\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n de todas estas cartas era siempre la misma y no acababan casi nunca sin vivas peticiones de un nuevo socorro. Como esta Regi\u00f3n desolada no ten\u00eda recursos sino el de la caridad de Vicente de Pa\u00fal y el santo Hombre no pod\u00eda sino con grandes dificultades acudir a necesidades tan multiplicadas, dos o tres d\u00edas de dilaci\u00f3n bastaban para llevar la consternaci\u00f3n. As\u00ed el Siervo de Dios habiendo enviado a uno de los Sacerdotes mas acianos de la Compa\u00f1\u00eda, para visitar en sus departamentos a todos\u00a0 los Misioneros que trabajaban en Lorena, con orden de darle una cuenta exacta del empleo de las limosnas, el orden que se observaba en las instrucciones, y en fin las de las ciudades que m\u00e1s sufr\u00edan: este Visitante le habl\u00f3 de los habitantes de S. Mihiel, en t\u00e9rminos capaces de llevarlo a nuevos esfuerzos.<\/p>\n<p>Le expuso, que la Nobleza sufr\u00eda incluso m\u00e1s que el propio pueblo; que \u00e9ste ped\u00eda pan sin cumplidos; que hab\u00eda por el contrario poca gente de clase, que se atrevieran a dar este paso humillante; que conoc\u00eda quienes se hab\u00edan muerto antes que descubrir su extrema necesidad; que hab\u00eda hablado \u00e9l mismo con personas calificadas, que no pod\u00edan, sin derramar l\u00e1grimas, ver que se entreviera su miseria, ni para socorrerla siquiera; que una Se\u00f1orita, obligada por el hambre, hab\u00eda buscado varias veces la ocasi\u00f3n de perder su honor para no perder la vida y que, por la misericordia de Dios, la hab\u00edan sacado de este peligro. A\u00f1ad\u00eda \u00e9l que no mor\u00eda ning\u00fan caballo en la ciudad, fuese de la enfermedad que fuese, que no lo recogieran enseguida para comerlo; que una viuda, que no ten\u00eda ya nada, ni para ella ni para sus tres hijos, estaba a punto de comerse una culebra, cuando el Misionero que estaba encargado de hacer todo cuanto pudiera para la subsistencia de S. Mihiel, se hab\u00eda presentado all\u00ed para calmar el hombre que la devoraba; que los Sacerdotes de la Regi\u00f3n que llevaban todos una vida ejemplar, no ten\u00edan ni pan ni provisiones, hasta que un P\u00e1rroco de la vecindad se hab\u00eda visto reducido, para ganarse la vida, a uncirse con los Parroquianos, para tirar del arado. <em>No hace falta ir, <\/em>dec\u00eda este visitante, <em>donde los Turcos para ver a Sacerdotes condenados a labrar la tierra: se condenan ellos mismos a nuestras puertas, o mejor dicho, se ven obligados por la necesidad.<\/em><\/p>\n<p>Acababa declarando que no pod\u00eda concebir c\u00f3mo su Cohermano, con el poco dinero que recib\u00eda de Par\u00eds, hab\u00eda podido hasta entonces hacer tantas limosnas en general y en particular; que, aunque quedaran a\u00fan tantas necesidades, no se habr\u00eda podido nunca, sin una bendici\u00f3n particular de Dios, hacer todo lo que se hab\u00eda hecho a favor de los pobres; que hab\u00eda reconocido esa especie de Milagro de multiplicaci\u00f3n por los otros cantones que hab\u00eda recorrido;\u00a0 que estaban en duda con el celo, la sabidur\u00eda y la piedad de los Sacerdotes que hab\u00edan venido a Lorena; que en articular el que trabajaba en S. Mihiel estaba lleno de caridad y de ardor; que sab\u00eda sufrir el hambre, como aquellos con quienes viv\u00eda; que hab\u00eda ca\u00eddo enfermo tanto por la falta de alimento como por la multitud de las Confesiones generales que hab\u00eda o\u00edd; que era respetado universalmente, y que hab\u00eda en la ciudad personas que se ten\u00edan por dichosas por haberle hablado una sola vez; que en el penoso trabajo, del que se sent\u00eda abrumado, ten\u00eda el consuelo de hallar a un pueblo d\u00f3cil, piadoso, a quien Dios daba en abundancia el esp\u00edritu de paciencia, y que un su pobreza estaba tan \u00e1vido de los bienes espirituales que, aunque la ciudad fuera peque\u00f1a, y la mayor parte de las grandes casas desiertas, se ve\u00edan en sus Catecismos hasta dos mil personas, para tener el consuelo de o\u00edrle.<\/p>\n<p>Estas cartas y otras m\u00e1s parecidas llevaron a Vicente a continuar socorriendo a S. Mihiel; y, aunque el nombre mismo de esta ciudad fuera odioso a Francia , porque algunos a\u00f1os antes -hacia finales de 1635-, un ca\u00f1onazo lanzado desde sus murallas, hab\u00eda destrozado una parte de la Carroza, en la que estaba el Rey, no obstante el santo Sacerdote actu\u00f3 con tanta fuerza, bien ante el propio Rey, a quien comprometi\u00f3 a disminuir la Guarnici\u00f3n, bien ante las personas\u00a0 caritativas para que esta ciudad estuviera siempre comprendida en la distribuci\u00f3n de las limosnas que procuraba a la Lorena.<\/p>\n<p>Los Lugarteniente, Preboste, Consejo, y Gobernador\u00a0 de Sainte-Mihiel se lo agradecieron tres a\u00f1os despu\u00e9s en una carta com\u00fan, cuyos t\u00e9rminos son: T<em>odas las Corporaciones y todos los miembros en particular de esta Ciudad os dan un mill\u00f3n de gracias por los trabajos y los cuidados que os\u00a0 hab\u00e9is dignado tomar para su alivio, tanto mediante la distribuci\u00f3n de las limosnas y de las asistencias a los pobres enfermos y necesitados, como por la descarga de una parte del peso de nuestra Guarnici\u00f3n, suplic\u00e1ndoos humildemente que continu\u00e9is vuestra protecci\u00f3n y vuestras limosnas de las que esta pobre y desolada Ciudad tiene tanta necesidad como nunca; siendo muy verdad que por este medio una infinidad de personas viven hoy, que no estar\u00edan sin ello: si se llega a reducirles o a quitarles del todo, por necesidad una gran parte de los habitantes se mueran\u00a0 de hambre, o se marchen a buscarse la vida en otra parte. Sin hablar de las distribuciones que hab\u00e9is mandado hacer en los Conventos, por medio de las cuales han sobrevivido, y de la asistencia que tantas\u00a0 persona m\u00e1s vergonzantes, incluso de calidad, han recibido de vuestros Sacerdotes, en sus enfermedades y necesidades. No podemos alabar lo suficiente los grandes cuidados y el trabajo que se han tomado ni pediros con bastante insistencia la continuaci\u00f3n de los mismos socorros para tantos enfermos y necesitados. Aparte de la gloria y del m\u00e9rito que tendr\u00e9is delante de Dios, etc.<\/em><\/p>\n<p>Como una inducci\u00f3n m\u00e1s larga acabar\u00eda por aburrir, no hablaremos de los socorros que los Sacerdotes de Vicente de Pa\u00fal llevaron de su parte a un gran n\u00famero de ciudades, de burgos y pueblos de la misma Provincia. Lo que hemos dicho es suficiente para dar a conocer que nunca hombre alguno mereci\u00f3 m\u00e1s el nombre de Padre de los pobres, y que la Lorena debe de edad en edad transmitir hasta sus \u00faltimos hijos que la mayor parte de ellos le deben la vida, porque \u00e9l se la salv\u00f3 a sus padres. Esto es lo que agradecieron todos los Magistrados a quienes acabamos de o\u00edr, es tambi\u00e9n lo que reconoci\u00f3 la Polic\u00eda de Lun\u00e9ville, cuyos Oficiales escribieron a nuestro Santo una carta de gratitud que ser\u00e1 la \u00faltima que transcribiremos, es \u00e9sta.<\/p>\n<p><em>Se\u00f1or, hace varios a\u00f1os que esta pobre Ciudad fue afligida por la peste, la guerra y el hambre que la redujeron a unos extremos en los que se encuentra todav\u00eda; en lugar de consuelo no hemos recibido m\u00e1s que rigores por parte de nuestros Acreedores y crueldades por parte de los Soldados, que nos han quitado por la fuerza el poco pan que ten\u00edamos, de manera que parec\u00eda que el Cielo no ten\u00eda ya m\u00e1s que rigor con nosotros, cuando uno de vuestros Hijos en nuestro Se\u00f1or, habiendo llegado aqu\u00ed cargado de limosnas, templ\u00f3 mucho el exceso de nuestros males, y reaviv\u00f3 nuestra esperanza en la misericordia\u00a0 del buen Dios. Como nuestros pecados han provocado la c\u00f3lera, besamos humildemente\u00a0 la mano que los castiga y recibimos tambi\u00e9n los efectos de su divina dulzura con sentimientos de gratitud extraordinaria. Bendecimos a los instrumentos de su infinita clemencia, tanto a los que nos ayudan con sus caridades tan oportunas, como a los que nos las procuran y distribuyen; y a vos particularmente, Se\u00f1or, a quien nosotros creemos que es, despu\u00e9s de Dios, el principal Autor de un bien tan grande.<\/em><\/p>\n<p><em>Digamos que se aplica a este pobre lugar, en el que los Principales se ven reducidos a la nada, es lo que el Misionero que hab\u00e9is enviado os lo deducir\u00e1 con menos inter\u00e9s que nosotros. \u00c9l ha visto nuestra desolaci\u00f3n y vos ver\u00e9is delante de Dios la obligaci\u00f3n eterna que os\u00a0 tenemos por habernos socorrido en nuestro estado, etc.<\/em><\/p>\n<p>Lo que hac\u00edan los Magistrados por sus Ciudadanos, los Superiores de Comunidades lo hac\u00edan por sus Religiosos. Tenemos tambi\u00e9n una Carta del P. F\u00e9licien Vicario Provincial de los Capuchinos de Lorena, en la que agradece a S. Vicente en nombre de los Hermanos, casi a la manera que S. Pablo agradec\u00eda a Filem\u00f3n porque hab\u00eda socorrido en su extrema necesidad a los siervos de Dios: <em>Quia viscera Sanctorum requieverunt per te.<\/em><\/p>\n<p>En el fondo, fueran los que fueran los sentimientos de gratitud\u00a0 que tuvieran las Comunidades de Lorena por \u00e9l, era dif\u00edcil que fueran proporcionados a los beneficios. Noche y d\u00eda el santo hombre se preocupaba de sus miserias, y de los medios de proveer a ellas. Sus gritos parecidos a los de un enfermo que expira golpeaban sin cesar sus o\u00eddos y su coraz\u00f3n. Las ve\u00eda todas en la cruel situaci\u00f3n que ten\u00eda su Patria en las Banderas del Duque de Veymar. Las lamenta en todas sus cartas, pero no se contenta con lamentarlas. Aqu\u00ed hace llegar dos sumas de dinero a las Religiosas de la Visitaci\u00f3n de Nancy, que se ve\u00edan casi reducidas a llorar en secreto: all\u00e1 proporciona muebles a las Anunciatas de Vaucouleurs, que expulsadas de su Monasterio, no hab\u00edan encontrado, al regresar, m\u00e1s que paredes. Bien env\u00eda h\u00e1bitos y mantas a las Carmelitas ya del Neuf-Ch\u00e2teau como de Pont-\u00e0-Mousson, donde se conserva a\u00fan una en recuerdo de su caridad. Bien en un empleo de setecientas libras destinadas a Misas por el Cardenal de Richelieu, quiere que los Franciscanos de Vic sean los mejor repartidos, porque sufren m\u00e1s. A menudo y muy frecuentemente act\u00faa a la vez por todas las \u00d3rdenes Religiosas, ya exponi\u00e9ndoles a todos juntos a la compasi\u00f3n de los que pod\u00edan socorrerlos, ya alcanz\u00e1ndoles un Decreto del Consejo de Estado del Rey, que los garantiza de las tasas que se quer\u00edan levantar sobre ellos: Decreto del que no quiso que sus Sacerdotes de Toul se aprovecharan; y ello con esta m\u00e1xima tan digna de un gran Santo, Que <em>si los Misioneros son fieles a los deberes de su vocaci\u00f3n, no les faltar\u00e1n bienes, y que si no lo son los tendr\u00e1n de sobra.<\/em><\/p>\n<p>No fue solamente en su propia regi\u00f3n donde los Loreneses experimentaron la caridad de Vicente de Pa\u00fal; hubo un gran n\u00famero de ellos que la sintieron en Par\u00eds. Se debe saber para entender esto que el Misionero, que por orden del santo Sacerdote hab\u00eda llevado el dinero a Lorena, expuso a Vicente mismo y a las Damas de su Asamblea que hab\u00eda en esta Provincia varias J\u00f3venes, incluso de condici\u00f3n, quienes no teniendo ya ni bienes ni parientes ni ning\u00fan recurso para subsistir se hallaban expuestas a la indolencia y a la brutal libertad del Oficial y del Soldado. Un peligro tan inminente asust\u00f3 al Siervo de Dios. Hizo publicar en la primera Asamblea que har\u00edan venir a Par\u00eds a aquellas de dichas j\u00f3venes que lo quisieran, y que se tomar\u00edan medidas para hacerlas subsistir. Se presentaron m\u00e1s de las esperadas: as\u00ed que hubo que hacer una elecci\u00f3n y esta elecci\u00f3n juiciosa cay\u00f3 en aquellas por quienes hab\u00eda m\u00e1s que temer. El delegado del nuestro Santo lleg\u00f3 a traer en diversos viajes hasta sesenta, a quienes coste\u00f3 el viaje. Habr\u00edan sido m\u00e1s si no se hubiera visto obligado a encargarse de un gran n\u00famero de ni\u00f1os que perec\u00edan. Vicente comparti\u00f3 con la Se\u00f1orita le Gras el cuidado de esta nueva Colonia. La santa Viuda recibi\u00f3 en su casa a las personas de su sexo. Un n\u00famero de mujeres de calidad que vinieron a verlas, pasaron la noticia a las principales familias de Par\u00eds; todas estas j\u00f3venes fueron colocadas poco a poco, y cada una seg\u00fan su condici\u00f3n; unas en calidad de Se\u00f1oritas, las otras, como Doncellas, algunas en empleos inferiores. En cuanto a los j\u00f3venes, de que hemos hablado, el Sacerdote los recibi\u00f3 en S. L\u00e1zaro a la espera de colocarlos en servicio.<\/p>\n<p>Ya no fue necesario por m\u00e1s tiempo invitar a los habitantes de la Lorena a pasar a Francia. La mano de Dios continuaba castigando rudamente a esta Provincia, y aquellos pueblos cuyas tierras no estaban bajo el dominio del Rey, estaban tan abandonados que se los ve\u00eda salir como en caravanas, deslizarse entre los Ej\u00e9rcitos enemigos y arriesgarlo todo para encontrar un asilo, bien en Par\u00eds, bien en otras Ciudades del Reino. Fue esta deserci\u00f3n, la que unida a la mortalidad, despobl\u00f3 tanto a la Lorena, que seg\u00fan referencias de su nuevo Historiador \u2013Calmet- que todo un siglo no ha sido suficiente para reparar sus p\u00e9rdidas.<\/p>\n<p>Esta trasmigraci\u00f3n dur\u00f3 varios a\u00f1os. Los Misioneros ocupados en Toul, en Bar y en los lugares de paso la facilitaban tanto como les era posible, como lo hemos apuntado m\u00e1s arriba: pero Vicente fue aquel de entre todos a quien dio m\u00e1s trabajo. Un gran n\u00famero de estos pobres refugiados ven\u00edan directamente a S. L\u00e1zaro, donde estaban seguros de encontrar a un hombre, en cuya casa todo era uno en Jesucristo, y quien, cuando se trataba de cumplir los deberes de la caridad, ten\u00eda cuidado del extranjero, sin perjuicio del Ciudadano. La gente de bien le enviaba a aquellos que no se atrev\u00edan por s\u00ed mismos a presentarse a \u00e9l. <em>Vuestra caridad es tan grande, <\/em>le escrib\u00eda en 1643 el R. P. Pierre Fournier Rector del Colegio de Nancy, <em>que todo el mundo recurre a ella. Todos os consideran aqu\u00ed como el asilo de los pobres afligidos. Por eso muchos vienen a m\u00ed, a fin de que os los env\u00ede o que por este medio lleguen a sentir los efectos de vuestra bondad. \u00c9stos son dos cuya virtud y calidad animaron con todo derecho vuestro coraz\u00f3n caritativo a ayudarlos.<\/em><\/p>\n<p>Para no desanimarse por una concurrencia que no se acababa nunca, hac\u00eda falta un coraz\u00f3n tan vasto, tan dilatado por la caridad, como lo era el de Vicente de Pa\u00fal: pero la liberalidad, que tantas lecciones no ense\u00f1an sino d\u00e9bilmente a aquellos que estar\u00edan m\u00e1s en condiciones de ejercerla, era como el fondo de su temperamento. Los Loreneses lo experimentaron: reconocieron con gozo que esta Sacerdote, cuyo nombre era tan famoso en su Regi\u00f3n, estaba por encima de su reputaci\u00f3n. El santo Hombre, mientras esperaba que se los pudiera colocar de manera que se ganaran de qu\u00e9 vivir, los hizo alojar en diferentes lugares del vecindario. Les procur\u00f3 pan y ropas; y al darse cuenta que hab\u00eda muchos que, por falta de Pastores, de los que unos se hab\u00edan muerto, los otros hab\u00edan emprendido la huida, no se hab\u00edan acercado hac\u00eda tiempo a los Sacramentos, hizo que les dieran Misiones dos a\u00f1os seguidos por la Pascua en la Parroquia de la Chapelle, peque\u00f1a poblaci\u00f3n no lejos de Par\u00eds, como a media legua. Esta proximidad fue ocasi\u00f3n para muchas personas de condici\u00f3n de acudir all\u00e1. Los Eclesi\u00e1sticos de la Conferencia se distinguieron en ellas por su asiduidad al trabajo, y las Damas de la Asamblea por sus limosnas. As\u00ed fue como Vicente sigui\u00f3 encontrando el medio de proveer a las necesidades del alma y a las necesidades del cuerpo.<\/p>\n<p>La segunda misi\u00f3n, en la que trabaj\u00f3 el sr. Perrochel fue todav\u00eda m\u00e1s favorable a los pobres Loreneses de lo que hab\u00eda sido la primera. Un laico, llamado Dro\u00fcart, difundi\u00f3 en ella el fuego de la caridad, y a pesar del agotamiento, que produc\u00edan socorros tan largos y tan abundantes, se vieron en la necesidad de dar pan, al menos por alg\u00fan tiempo, a los que hab\u00edan venido a buscarlo de tan lejos. Uno de ellos que era hermano de un Can\u00f3nigo de Verdun, recibi\u00f3 de \u00e9l una carta por la que le dec\u00eda que la miseria le hab\u00eda reducido a dejar el servicio de su Iglesia, en la que no hallaba m\u00e1s que un pan de l\u00e1grimas y de dolor; que se hab\u00eda a puesto a trabajar la tierra para tener de qu\u00e9 vivir, pero que al fin el gran trabajo y el escaso alimento le hab\u00edan debilitado tanto <em>que no pod\u00eda ya hacer nada ni evitar la muerte si no recib\u00eda pronto asistencia. En verdad, <\/em>dec\u00eda para concluir su carta, <em>no s\u00e9 d\u00f3nde hallar este socorro, sino a vuestro lado, querido Hermano, que ten\u00e9is la suerte de ser recibido y favorecido por uno de los m\u00e1s santos y\u00a0 m\u00e1s caritativos Personajes<\/em> <em>de nuestro siglo infortunado. Por medio de vos espero la suerte de parte del sr. Vicente. <\/em>Su esperanza no fue en vano. El Siervo de Dios no abandon\u00f3 a un Sacerdote de Jesucristo, que no ten\u00eda ya m\u00e1s que in soplo de vida, y sin perder un instante, le envi\u00f3 todo lo que necesitaba para salir de tan triste situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue por este tiempo y por un motivo semejante, cuando el santo Hombre se encarg\u00f3 de una Comunidad de Religiosas Benedictinas, que estaban a punto de morirse de hambre. Hab\u00edan venido de Remberviller a S. Mihiel, para establecerse all\u00ed. Un tiempo de carest\u00eda, y de una carest\u00eda que despoblaba los Monasterios m\u00e1s antiguos no era muy apropiado para una Fundaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El de los Hijos de Vicente de Pa\u00fal, que trabajaba en S. Mihiel, se lo comunic\u00f3. El Santo despu\u00e9s de hablarlo con las Damas de su Asamblea, hizo venir a Par\u00eds a estas Religiosas abandonadas. Eran catorce. Las recibieron y les trataron con toda la atenci\u00f3n, que merecen una Mujeres consagradas a Dios. El modo edificante de conducirse, dio a entender que Dios no las pon\u00eda a prueba sino porque eran agradables a sus ojos. Pero al final, les dio en Francia lo que no habr\u00edan encontrado quiz\u00e1s en Lorena.<\/p>\n<p>Unas damas de piedad y entre otras la Condesa de Ch\u00e2teau-vieux y la Marquesa de Baume, que deseaban ardientemente que hubiese un Monasterio, destinado a reparar por una adoraci\u00f3n perpetua los ultrajes hechos a Jesucristo en la Eucarist\u00eda, las creyeron muy oportunas para este plan. Ana de Austria particip\u00f3 con mucho por un voto que hab\u00eda hecho de lograr la paz en su Reino. Esta augusta Reina vino en persona a colocar la Cruz en la puerta de esta Comunidad, y dando a sus s\u00fabditas uno de esos ejemplos de Religi\u00f3n, que impresionan y entusiasman, se postr\u00f3 con una antorcha en la mano a los pies del Hijo de Dios para hacerle una reparaci\u00f3n solemne por las injurias que recibe todos los d\u00edas en el Sacramento de su amor. Es todav\u00eda hoy uno de los primeros deberes de estas mismas Religiosas, una de las cuales debe, d\u00eda y noche, de rodillas en medio del coro, con la cuerda al cuello y al pie de un poste, esforzarse por ablandar la c\u00f3lera de Dios por medio de esta postura humillante, y m\u00e1s todav\u00eda por los gemidos de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Como las desgracias de la Lorena continuaban, y Carlos IV, m\u00e1s \u00e1vido de sitios y de batallas que atento a la tranquilidad de su pueblo no hac\u00eda nada que no amenazara a sus s\u00fabditos con una ruina total, un buen n\u00famero de personas de uno y otro sexo que entreve\u00edan en la extrema desgracia de sus amigos y vecinos la que estaba para caer sobre ellos, tomaron para prevenirla el partido llevarse lo que pudieron de los restos de su bienes y venir a Par\u00eds. Pero despu\u00e9s de gastarse todo el dinero que hab\u00edan sacado de la venta de sus efectos, se encontraron en su mayor parte reducidos a una necesidad tanto m\u00e1s enojosa de lo que pod\u00edan pensar. La verg\u00fcenza de verse en un estado tan distinto del que hab\u00edan vivido hasta entonces, les cerraba la boca, y estaban decididos a sufrirlo todo antes que dar a saber que sufr\u00edan. Una persona de honor y de m\u00e9ritos, habi\u00e9ndose enterado, se lo dijo al santo Sacerdote, y le propuso la idea de que ten\u00eda de buscar los medios para hacerles subsistir. Vicente, quien desde hac\u00eda a\u00f1os pon\u00eda a contribuci\u00f3n su casa y sus mejores amigos de Par\u00eds, se hubiera debido sentir naturalmente muy confuso ante una propuesta parecida: sin embargo la acept\u00f3 no s\u00f3lo con gozo sino tambi\u00e9n con mucha gratitud. <em>Oh Se\u00f1or, <\/em>le dijo a quien acababa de hac\u00e9rsela, <em>oh Se\u00f1or, \u00a1qu\u00e9 feliz me hac\u00e9is! S\u00ed, <\/em>a\u00f1adi\u00f3 con aquella sabia sencillez, que expresa el Esp\u00edritu de Dios, <em>es justo asistir y socorrer a esta pobre Nobleza para honrar a Nuestro Se\u00f1or, que era muy noble y muy pobre a la vez.<\/em><\/p>\n<p>En un asunto tan urgente el retraso era mortal: Vicente se entreg\u00f3 a \u00e9l en primer lugar, y despu\u00e9s de consultar a Dios seg\u00fan su costumbre, tom\u00f3 tres resoluciones: la primera no tocar las limosnas que deb\u00edan llevarse de continuo a Lorena, donde eran necesarias a miles de pobres. La segunda no echar esta nueva carga a la cuenta de las Damas de su Asamblea, que necesitaban ya de toda su virtud para continuar lo que hab\u00edan comenzado con tanta generosidad. La tercera, formar una Asociaci\u00f3n de Se\u00f1ores, que llenos de fe, de caridad, y de sentimientos, tuvieran a honra prestar a gente de clase, como ellos mismos,\u00a0 todos los servicio que hubieran querido recibir de ellos en una situaci\u00f3n parecida.<\/p>\n<p>El Santo reuni\u00f3 a siete u ocho de este de estas caracter\u00edsticas, y les habl\u00f3 sobre este asunto, de una manera tan viva y eficaz, que personas menos dispuestas de lo que lo estaban aquellos Se\u00f1ores, se habr\u00edan sentido conmovidos. Se acord\u00f3 por unanimidad que se reunir\u00edan para sacar de apuros a aquella Nobleza afligida, que se tomar\u00eda cuenta de la situaci\u00f3n de las personas de cada familia, y que se proporcionar\u00eda el socorro al n\u00famero y a la calidad de los que ten\u00edan necesidad. El sr Bar\u00f3n de Renty, a quien Dios hab\u00eda dado a su siglo para hacerle conocer que un hombre de\u00a0 clase puede, sin salir del mundo, unir a los compromisos de su clase la mortificaci\u00f3n del claustro, el reposo de la contemplaci\u00f3n, el celo y la actividad\u00a0 del Apostolado; este santo Hombre, que en pocos a\u00f1os\u00a0 cumpli\u00f3 una larga y gloriosa carrera, fue encargado de ir de explorador. Seg\u00fan su informe, los que compon\u00edan la nueva Asamblea escotaron todos y colaboraron con lo necesario para la subsistencia de un mes. Al cabo de ese tiempo se dirigieron a S. L\u00e1zaro, donde ten\u00edan sus sesiones e hicieron lo mismo para el mes siguiente, y como en aquel siglo tormentoso nuevas necesidades siguieron a las primeras, Vicente supo tan bien mantener de mes en mes mantener su primer fervor, que continu\u00f3 durante cerca de veinte a\u00f1os. Se puede, sin titubear, poner a esta ilustre Asamblea en el n\u00famero de las grandes obras de las que fue Promotor el santo Sacerdote. Encontr\u00f3 en ella recursos extraordinarios para una infinidad de necesidades diferentes; y se sirvi\u00f3 de ella ya para detener des\u00f3rdenes perniciosos, ya para procurar un gran n\u00famero de bienes considerables.<\/p>\n<p>El que se destin\u00f3 a la Nobleza de Lorena dur\u00f3 alrededor de ocho a\u00f1os. Se lo sazon\u00f3 con todas las honestidades que pueden suavizar todas las amarguras que el solo nombre de limosna lleva consigo. Los de la Asamblea no se contentaban con llevar cada mes a aquellos pobres Gentilhombres con qu\u00e9 subsistir, les hac\u00edan de vez en cuando visitas de amistad y de cortes\u00eda; les daban muestras de un verdadero respeto; los consolaban con palabras tiernas y comedidas y les prestaban en sus asuntos todos los servicios que pod\u00edan prestarles. Cuando los disturbios de la Lorena fueron suaviz\u00e1ndose, la mayor parte se volvieron a sus casas. Vicente tuvo cuidado no s\u00f3lo de darles lo necesario para el viaje, sino tambi\u00e9n con qu\u00e9 subsistir por alg\u00fan tiempo, cuando llagaran a su Regi\u00f3n. Con respecto a aquellos, a quienes la p\u00e9rdida total de sus bienes o sus asuntos dom\u00e9sticos, retuvieron m\u00e1s tiempo en Par\u00eds, el santo Sacerdote no dej\u00f3 nunca de ayudarles. Se necesitaba tanto m\u00e1s valor para continuar haci\u00e9ndolo, porque por entonces mismo el Siervo de Dios se vio obligado a socorrer a otros que no ced\u00edan a los primeros ni en nacimiento ni en necesidades.<\/p>\n<p>Inglaterra hecha, eso parece, para ser el Teatro de las revoluciones m\u00e1s sorprendentes, hab\u00eda empu\u00f1ado las armas contra su Rey. Olivier Cromwel, a quien su elocuencia, su valor, su intrepidez, su disimulo profundo, su negra hipocres\u00eda, su humor cruel y vengativo, daban en abundancia todo cuanto contribuye a formar a estos ilustres desalmados, a quienes parecen estar reservados los atentados de primer grado, y que s\u00f3lo ellos pueden llevar los cr\u00edmenes hasta su colmo: Cromwel, digo, bajo pretexto de restablecer la pureza del Evangelio y desterrar un Papismo pretendido, acostumbraba poco a poco al pueblo y a la C\u00e1mara alta del Parlamento a no ver m\u00e1s que a un tirano en la persona de su Pr\u00edncipe leg\u00edtimo; y daba a entender gradualmente al propio Carlos I el vergonzoso cadalso en el que sus propios s\u00fabditos le hicieron decapitar a\u00f1os despu\u00e9s -el 9 de febrero de 1649-, o resulta dif\u00edcil creer que durante estos terribles movimientos los Cat\u00f3licos ten\u00edan que temerlo todo del furor de los facciosos. Esto fue lo que determin\u00f3 a una serie de Se\u00f1ores y de Gentilhombres de Inglaterra y de Escocia a retirarse a Francia, asilo ordinario de la Religi\u00f3n perseguida.<\/p>\n<p>El Bar\u00f3n de Renty, siempre ocupado en descubrir a los necesitados, fue el primero que inform\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal de la buena obra que se ofrec\u00eda. Hablaron uno y otro de la Asamblea de los Se\u00f1ores, con todo el celo que inspira una viva y santa caridad. Resolvieron que se har\u00eda por estos Nobles Ingleses lo que se hac\u00edas desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo por la Nobleza de Lorena. El sr de Renty se encarg\u00f3 de la distribuci\u00f3n\u00a0 de una parte de las limosnas. Las llevaba todos los meses a pie, solo por lo com\u00fan, a los barrios m\u00e1s distantes que hab\u00eda escogido \u00e9l mismo para tener m\u00e1s m\u00e9ritos. La muerte que se lo llev\u00f3 en la flor de la juventud, y el mismo a\u00f1o que fue decapitado el Rey de Inglaterra, hizo m\u00e1s dif\u00edcil ciertamente la continuaci\u00f3n de este socorro, pero no lo disminuy\u00f3. Vicente continu\u00f3 con \u00e9l durante casi todo el resto de su vida. Ya que si bien Cromwel, p\u00e9rfido hasta el \u00faltimo suspiro, hubiera muerto -11 de setiembre de 1658- antes que nuestro Santo, el encanto con que hab\u00eda fascinado a los ojos de su Naci\u00f3n, no se rompi\u00f3 tan pronto, necesit\u00f3 m\u00e1s de quince meses para sentir la eterna infamia de que se hab\u00eda cubierto, dejando morir tranquilamente en su lecho al m\u00e1s infame usurpador, que haya existido nunca. As\u00ed fue como poco tiempo antes del fallecimiento del Siervo de Dios, estos ingleses fugitivos pudieron regresar a su Pa\u00eds, y disfrutar de la escasa libertad que tienen los Cat\u00f3licos en un Reino, en el que se permite ser todo lo que se quiera, mientras no sea lo que se debe ser.<\/p>\n<p>Aun cuando el santo Sacerdote no hubiese contribuido a tantos bienes m\u00e1s que con sus consejos, sus exhortaciones y los movimientos continuos que se vio obligado a hacer durante tantos a\u00f1os, no se necesitar\u00eda m\u00e1s para hacer que su memoria fuera preciosa para todos aquellos que conocen el precio y el m\u00e9rito de la caridad.<\/p>\n<p>Ya que a fin de cuentas, se sabe lo que cuesta pedir y pedir sin cesar, aunque no se haga para uno mismo. Pero el Siervo de Dios no se quedaba en las palabras. El <em>Se\u00f1or Vicente,<\/em> dice en propios t\u00e9rminos uno de los primeros Se\u00f1ores de la Asamblea,\u00a0 de la que acabamos de hablar, <em>era siempre el primero en dar. Abr\u00eda el coraz\u00f3n y lo abr\u00eda de tal manera que cuando faltaba algo, lo pon\u00eda de lo suyo y se privaba de lo necesario para acabar el bien\u00a0 comenzado.<\/em><\/p>\n<p>Estos son dos ejemplos de los que este mismo Se\u00f1or nos ha transmitido el primero y el sr Abelly el segundo.<\/p>\n<p>Un d\u00eda que se necesitaban trescientas libras para que la suma que se distribu\u00eda cada mes estuviera completa, el santo Hombre las dio enseguida. Era una cantidad que le hab\u00edan dado para comprarse un caballo, por aquel del que se serv\u00eda era tan viejo y tan malo que varias ocasiones se hab\u00eda ca\u00eddo: pero como las necesidades de los pobres le incumb\u00edan m\u00e1s que las propias, prefiri\u00f3 el riesgo de herirse a no socorrerlos.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n y en una circunstancia muy parecida, se necesitaron veinte doblones. Vicente llamando al Procurador de la casa, lo llev\u00f3 aparte y le pregunt\u00f3 en voz baja cu\u00e1nto dinero ten\u00eda. No tengo, le respondi\u00f3 \u00e9ste,\u00a0 m\u00e1s que lo absolutamente necesario para alimentar ma\u00f1ana a la comunidad que, como ya sab\u00e9is, es hoy muy numerosa. Pero cu\u00e1nto ten\u00e9is, pregunt\u00f3 Vicente: cincuenta escudos, replic\u00f3 el otro, y en toda la casa no encontrar\u00edais un \u00f3bolo m\u00e1s. En nombre de Dios, continu\u00f3 el Santo,\u00a0 vaya a tra\u00e9rmelos. El Procurador se vio obligado a soltar la presa, y Vicente que prefer\u00eda reducirse a pedir prestado para que vivieran los suyos, antes que abandonar a uno solo de aquellos extranjeros, para quienes \u00e9l era el \u00fanico recurso, dej\u00f3 a su casa sin dinero, para no rebajar en nada cuanto les hab\u00eda prometido. Pero la Providencia no abandon\u00f3 a un hombre que descansaba tan plenamente en ella.<\/p>\n<p>Uno de los de la Asamblea, que hab\u00eda escuchado, juzgando la petici\u00f3n la petici\u00f3n del santo Sacerdote por la respuesta, que le dio el Procurador admir\u00f3 la generosa caridad de este gran Siervo de Dios; dio parte de ella al resto de la Compa\u00f1\u00eda, y alguien de los que la compon\u00edan se sinti\u00f3 tan impresionado que, a partir de la ma\u00f1ana del d\u00eda siguiente, envi\u00f3 como limosna a la Casa de S. L\u00e1zaro una bolsa de mil francos. El Procurador qued\u00f3 satisfecho, pero los pobres ganaron con ello m\u00e1s que \u00e9l. El dinero y el lodo eran absolutamente la misma cosa a los ojos de Vicente de Pa\u00fal; y si prefer\u00eda lo uno a lo otro, era tan s\u00f3lo en relaci\u00f3n al bueno y santo uso que se pod\u00eda hacer de \u00e9l. As\u00ed no ten\u00eda en nada\u00a0 los gastos enormes que se ve\u00eda obligado a hacer. Lo que le lleg\u00f3 al alma en el curso de una guerra tan sangrienta, fue la blasfemia, la licencia, el sacrilegio, las profanaciones de las cosas m\u00e1s santas, los asesinatos, las crueldades perpetradas en un mill\u00f3n de personas con frecuencia inocentes, la desolaci\u00f3n de las Provincias, la ruina de un gran n\u00famero de familias, que se hallaban expuestas a todos los cr\u00edmenes, que lleva consigo una excesiva pobreza.<\/p>\n<p>Las largas y serias reflexiones que hizo sobre todos estos males le decidieron a arriesgarse a dar un paso cuyo \u00e9xito era m\u00e1s que dudoso, y que a los Pol\u00edticos del siglo les costar\u00e1 mucho perdonarle. Fue a ver al Cardenal de Richelieu, de quien hemos advertido m\u00e1s de una vez que era reflexivo. Despu\u00e9s de exponerle, con todo el respeto y todos los miramientos posibles, la miseria de los pueblos, las ofensas hechas a Dios, y todos los des\u00f3rdenes, que son la consecuencia ordinaria de una larga y cruel guerra, se arroj\u00f3 a sus pies y le dijo con una voz animada por el dolor y la caridad: <em>Monse\u00f1or, dadnos la paz: tened compasi\u00f3n de nosotros: dad la paz a Francia. <\/em>Un grande y formidable Ministro quiere que todo el mundo, al menos en su presencia, vea que tiene raz\u00f3n: sin embargo el sr de Richelieu no se ofendi\u00f3 por la libertad de nuestro Santo, se sinti\u00f3 incluso impresionado por el modo como le hablaba; le dijo con mucha bondad que trabajaba en serio por la pacificaci\u00f3n de Europa, pero que no depend\u00eda de \u00e9l solamente, y que hab\u00eda dentro y fuera del Reino un gran n\u00famero de personas cuya colaboraci\u00f3n era necesaria para concluirla.<\/p>\n<p>Fue durante el curso de la misma guerra cuando Vicente se encarg\u00f3 de una comisi\u00f3n m\u00e1s aventurada todav\u00eda que la conversaci\u00f3n que acabamos de relatar; porque hac\u00eda escuchar al Cardenal que hab\u00eda algo mejor que hacer que lo que hac\u00eda actualmente. Algunas personas que amaban a la Iglesia y los que sufr\u00edan por ella, vinieron a ver al Siervo de Dios en el tiempo que Inglaterra estaba coaligada contra su Rey, y le rogaron que expusiera al Ministro, que Irlanda sufr\u00eda mucho; que ser\u00eda gloria de un Cardenal, que ten\u00eda toda la confianza de su Ministro, ir en auxilio de un pueblo que no estaba perseguido m\u00e1s que por\u00a0 amor a la Religi\u00f3n de sus Padres; que el Papa le secundar\u00eda y ofrec\u00eda cien mil escudos.<\/p>\n<p>Pareci\u00f3 en esta ocasi\u00f3n delicada y cr\u00edtica, <em>que se camina con seguridad cuando se camina con sencillez. <\/em>El sr de Richelieu respondi\u00f3 al santo Sacerdote con una flema, que perd\u00eda de vez en cuando, Que Luis XIII ten\u00eda demasiados adjuntos para llevar sus armas a Inglaterra; Que los cien mil escudos, que ofrec\u00eda el Papa, no eran nada; Que era toda una m\u00e1quina un Ej\u00e9rcito y que no se mov\u00eda sino con grandes dificultades; Que se necesitaban tantos Bagajes, tantos Ej\u00e9rcitos, tantos Convoyes por todas partes, que millones no ser\u00edan suficientes. Vicente se sinti\u00f3 m\u00e1s afligido que sorprendido por la inutilidad de sus esfuerzos, pero tuvo al menos el consuelo de haber hecho todo lo que depend\u00eda de \u00e9l, para detener el curso del pecado y para procurar el verdadero bien de los Cat\u00f3licos. De este modo Irlanda qued\u00f3 abandonada; el Duque de Lorena demasiado afecto a los Espa\u00f1oles se vio m\u00e1s presionado que nunca; y Felipe IV, que quer\u00eda perder Francia, se perdi\u00f3 \u00e9l mismo en un solo d\u00eda la Corona de Portugal, en una revoluci\u00f3n cuyo final convirti\u00f3 en formidable en todas las Cortes extranjeras al Ministro del Cardenal de Richelieu, quien quiz\u00e1s no hab\u00eda tomado parte alguna en el asunto.<\/p>\n<p>Trad. M\u00e1ximo Agustin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se sigui\u00f3 en Pont-\u00e0-Mousson el m\u00e9todo que se hab\u00eda seguido en las dem\u00e1s ciudades de Lorena; es decir que, para aprovecharse de los buenos sentimientos que la gratitud inspiraba a este pueblo afligido, se comenz\u00f3 &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-19\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":401146,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-402229","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>San Vicente (Collet) 19 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-19\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente (Collet) 19 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Se sigui\u00f3 en Pont-\u00e0-Mousson el m\u00e9todo que se hab\u00eda seguido en las dem\u00e1s ciudades de Lorena; es decir que, para aprovecharse de los buenos sentimientos que la gratitud inspiraba a este pueblo afligido, se comenz\u00f3 ... 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