{"id":402225,"date":"2019-04-18T08:37:10","date_gmt":"2019-04-18T06:37:10","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402225"},"modified":"2019-03-17T12:56:14","modified_gmt":"2019-03-17T11:56:14","slug":"san-vicente-collet-17","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-17\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 17"},"content":{"rendered":"<p>No obstante como un gran n\u00famero de personas de una probidad distinguida, y sobre todo el Superior General del Oratorio, con varios Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n, se quejaban cada vez m\u00e1s de las malas opiniones de S. Cyran, Vicente quien, al precio que fuera, hab\u00eda querido resguardarle del precipicio, que se abr\u00eda a s\u00ed mismo, resolvi\u00f3 intentarlo otra vez. Se fue un d\u00eda a verle a su casa, como quien va de visita. Trat\u00f3 de disponerle a recibir favorablemente los consejos, que ten\u00eda que darle. Le habl\u00f3 luego de la obligaci\u00f3n en que estaba de someter su juicio al de la Iglesia, y de tener m\u00e1s respeto hacia el santo Concilio de Trento del que hab\u00eda tenido. Le hizo ver en particular que algunas de las proposiciones, que hab\u00eda mantenido en su presencia, eran contrarias a la Doctrina de la Iglesia; le expuso que se perd\u00eda caminando por un laberinto de errores; y sobre todo que se hab\u00eda equivocado totalmente al querer comprometerle a \u00e9l y a toda su Congregaci\u00f3n. El Santo se anim\u00f3 en el curso de esta conversaci\u00f3n, habl\u00f3 con tanta fuerza y solidez, que el Abate se qued\u00f3 sin palabra sin saber qu\u00e9 responder.<\/p>\n<p>Y no por eso baj\u00f3 el tono, y se lo dio a conocer un mes despu\u00e9s; ya que habiendo ido al Poitou, escribi\u00f3 sobre ello una larga Carta al Siervo de Dios, que es la misma de la que hemos hablado al comienzo de este Art\u00edculo. Como est\u00e1 mal escrita, y adem\u00e1s m\u00e1s fastidiosa, que por otro lado ya ha sido impresa varias veces\u00a0 con Notas, me contentar\u00e9 con su An\u00e1lisis.<\/p>\n<ol>\n<li>Cyran protesta en primer lugar, que no <em>siente de ninguna manera cargado el coraz\u00f3n <\/em>por las cuatro cosas que Vicente le reproch\u00f3 en su \u00faltima visita; liego entrando en materia sostiene que aquellas de sus opiniones, que se consideran como errores, <em>son verdades Cat\u00f3licas; que no pasan por mentiras o falsedades m\u00e1s que entre los que prefieren el fulgor y el resplandor a la luz y a la verdad; <\/em>que no hay ninguno de los Obispo que frecuentan la Casa de S. L\u00e1zaro, a quienes no les haga autorizar cuando le plazca hablarles a placer; que se los har\u00e1 ver en los Libros santos; que Vicente le ha hecho estos reproches, <em>menos porque le juzgara culpable que para excusarse de haberle abandonado como a un criminal en el tiempo de la persecuci\u00f3n; que \u00e9l ha soportado sin embargo con facilidad todo de parte de un hombre, quien desde hace mucho le honraba con su amistad; y quien estaba en Par\u00eds creyendo que era un hombre de bien. Tan s\u00f3lo, <\/em>a\u00f1ade \u00e9l, <em>me ha quedado esta admiraci\u00f3n en el alma, que vos, que hac\u00e9is profesi\u00f3n de ser tan dulce y tan comedido en todo y en todas partes, hay\u00e1is justificado un levantamiento que se ha hecho contra m\u00ed mediante una triple c\u00e1bala e intereses bastante sabidos de decirme cosas, que no os habr\u00edais atrevido a pensar antes\u2026 A\u00f1adiendo eso tambi\u00e9n a los excesos de los dem\u00e1s, a quienes vos hab\u00e9is comprometido a venir a dec\u00edrmelo a m\u00ed y en mi propia Casa, lo que ninguno m\u00e1s se hab\u00eda atrevido a hacer.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>La <em>triple c\u00e1bala<\/em>, de la que se queja aqu\u00ed el sr de S. Cyran, era, como \u00e9l mismo se explic\u00f3<em>, la del Abate de\u00a0 Pri\u00e8res, la del Obispo de Langres y de Madme de Pontquarr\u00e9 y la de los<\/em> <em>Padres Jesuitas y del Oratorio.<\/em><\/p>\n<p>El Abate acaba confesando a nuestro Santo la buena voluntad que ha tenido de servir a su Congregaci\u00f3n tanto en <em>lo espiritual como en lo temporal; <\/em>\u00a0y para probarle que, d\u00edgase lo que se quiera, <em>est\u00e1 poco conforme con su sentido, y\u00a0 dispuesto a bajar con sus amigos, <\/em>le asegura que ha sostenido sus intereses <em>contra el juicio de su conciencia, que no se lo permit\u00eda. <\/em>Si estas \u00faltimas palabras y algunas m\u00e1s de las que las preceden necesitan aclaraci\u00f3n, S. Cyran no tardar\u00e1 en d\u00e1rnosla.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente fue detenido por orden del Rey, y llevado a Vincennes. Los Arqueros que fueron enviados a su casa para apoderarse de sus Papeles y a quienes a pesar de ello se les escaparon muchos, encontraron una Copia de la Carta, de la que hablamos. El sr Lancelot, que fue m\u00e1s tarde Obispo de Chartres, se la present\u00f3 a S. Cyran en el Interrogatorio, que le hizo pasar por orden de la Corte.<\/p>\n<p>Este Interrogatorio se ha entregado al P\u00fablico hace poco, por un Disc\u00edpulo, que ha prestado un menguado servicio a su Maestro. Se puede decir en efecto que el Abate S. Cyran fue sometido con ello a la m\u00e1s humillante confusi\u00f3n. Es un hombre que se ahoga, y que se agarra a donde puede. Convencido de haber violado el juramento, que hizo sobre sus santas \u00d3rdenes de decir la verdad, se excusa diciendo a sangre fr\u00eda, <em>que est\u00e1 compuesto de contrariedades, y que la figura, que llaman Catacresis, es decir abuso de las palabras, le es<\/em> <em>muy familiar. <\/em>Interpelado a decir c\u00f3mo pudo servir al sr Vicente contra el juicio de la conciencia, se mantiene firme sobre un paso tan resbaladizo, responde que lo ha hecho dispensatoriamente, como habla S. Bernardo en caso semejante. Interrogado sobre los cuatro errores, que el mismo Sacerdote ha ido a reprocharle a su casa, reduce el principal de todos a este Dogma de nuestra Fe, que la Penitencia diferida hasta la muerte, no est\u00e1 bien asegurada. As\u00ed es como se defiende S. Cyran: era dar toda la mayor ampliaci\u00f3n a la Catacresis.<\/p>\n<p>Hemos de confesar con todo que hubo primera gente honesta, que no tomaron en serio todas las expresiones del Innovador. As\u00ed fue el sr Lescot antes de interrogarle jur\u00eddicamente; y al parecer nuestro Santo se inclin\u00f3 durante bastante tiempo de este lado. No sab\u00eda a qu\u00e9 atribuir los discursos extra\u00f1os que se le escapaban a su amigo, y su extrema caridad se los hizo tomar tal vez en alg\u00fan caso m\u00e1s bien como salidas indiscretas de una cabeza que no sopesa las palabras, que por errores a los que se uniera por sistema y por convicci\u00f3n. El tiempo le desenga\u00f1\u00f3 por completo. \u00c9l mismo oy\u00f3, y escuch\u00f3 de gentes dignas de fe muchas cosas que no se pod\u00edan ni paliar ni suavizar. Adem\u00e1s, el Libro de Jansenio y las malas Proposiciones que se descubrieron en \u00e9l pronto, la parte que S. Cyran hab\u00eda tomado en ello, el juicio que expres\u00f3 desde el tiempo de su prisi\u00f3n, donde \u00e9l lo puso inmediatamente <em>seg\u00fan S. Pablo y S. Agust\u00edn<\/em>, la idea favorable que se esforz\u00f3 en darle cuando sali\u00f3 de Vincennes, repitiendo, unas veces que esta Obra era <em>el Libro de Devoci\u00f3n<\/em> <em>de los \u00faltimos tiempos; <\/em>otras veces que<em> aunque el Rey y el Papa se reunieran para arruinarle, nunca lo conseguir\u00edan. <\/em>La relaci\u00f3n m\u00e1s o menos sensible entre las m\u00e1ximas de S. Cyran y esta multitud de errores de nuevo <em>Agustin, <\/em>a quien se quer\u00eda dar como la Doctrina constante de la antigua Iglesia; el uso que personas, o prevenidas o seducidas, hac\u00edan del nombre y de las palabras de este Abate, a quien daban importancia a fin de contrabalancear el peso y la autoridad de los que prosegu\u00edan la condena del Sistema del Obispo de Ypres: todos estos motivos acabaron por determinar al S. Sacerdote a revelar este misterio, que har\u00eda querido poder enterrar en el silencio, y que \u00e9l quiz\u00e1s no hab\u00eda descubierto a\u00fan m\u00e1s que al Cardenal de Richelieu. Habl\u00f3 de ello en varias ocasiones, como lo certific\u00f3 Ren\u00e9 Alm\u00e9ras su sucesor, hombre a quien la educaci\u00f3n, la probidad, las raras y s\u00f3lidas virtudes que pose\u00eda, no permitieron nunca sospechar: por fin, protest\u00f3 ante el sr Palu, Obispo de Heliopolis que no se <em>vio nunca a hombre tan soberbio ni tan apegado a sus ideas, <\/em>como lo era este Abate.<\/p>\n<p>Querer, despu\u00e9s de esto, persuadir al P\u00fablico, como se ha tratado de hacer \u00faltimamente, de que Vicente de Pa\u00fal declar\u00f3 jur\u00eddicamente que el sr de S. Cyran era <em>uno de los m\u00e1s hombres de bien que se hayan visto nunca; <\/em>hacer jurar a este S. Sacerdote <em>cuya sencillez, <\/em>al decir del sr Barcos mismo<em>, rectitud y otras virtudes <\/em>formaban el car\u00e1cter, que antes y durante quince a\u00f1os tuvo una bastante grande comunicaci\u00f3n con un hombre cuya fe era sospechosa y m\u00e1s que sospechosa a personas muy respetables que, como el sr de Condren y muchos otros, le obligaban al menos a suspender su juicio, es suponer que el Universo est\u00e1 delirando, y que no cuesta m\u00e1s creer una f\u00e1bula que lanzarla.<\/p>\n<p>Los amigos de S. Cyran pusieron en juego todos los recursos imaginables para sacarle de prisi\u00f3n. \u00c9l nunca se abandon\u00f3 a s\u00ed mismo: para atraer al Ministro, a quien cre\u00eda haber ofendido con sus malas opiniones sobre la contrici\u00f3n, lleg\u00f3 hasta ir por segunda vez <em>contra el juicio de su conciencia. <\/em>Por desgracia sus flojeras no condujeron sino a su deshonor. El Cardenal de Richelieu fue inflexible; respondi\u00f3 una y otra vez que si se hubiera a Lutero y a Calvino, cuando comenzaron a dogmatizar, se habr\u00eda ahorrado mucha sangre al Estado, y a la Iglesia muchas l\u00e1grimas. Tras la muerte de este Ministro, S. Cyran fue amnistiado; no goz\u00f3 por mucho tiempo de la libertad; pero continu\u00f3 entre los suyos gozando de su reputaci\u00f3n. Sus Disc\u00edpulos le consideran todav\u00eda hoy como un modelo de caridad y de humildad; y uno de ellos llega hasta asegurarnos que \u00e9l juzgar\u00e1 al mundo con Jesucristo. Este tono Prof\u00e9tico no nos convendr\u00eda: lo mejor que podemos hacer es desear desde el fondo de nuestro coraz\u00f3n que Dios le haya dado misericordia. Si fuera permitido decir todav\u00eda una palabra de lo que le concierne, a\u00f1adir\u00eda que un Obispo al recurrir se equivoc\u00f3, cuando escribi\u00f3 que nuestro Santo asisti\u00f3 a los funerales de S. Cyran. Este dato es tan falso como poco concluyente si fuera verdad.<\/p>\n<p>Las buenas obras, que ocupaban a Vicente de Pa\u00fal en el tiempo que l molesto conflicto que acabamos de describir, no le hicieron olvidar a las Hijas de San Francisco de Sales. Este mismo a\u00f1o hizo la visita al Monasterio \u2013el 18 de noviembre de la Calle Saint-Antoine, y el 16 de abril de1637 al del Arrabal Saint-Jacques-. Hab\u00eda hecho ya varias en cada una de estas dos Misiones, y pod\u00eda ver con satisfacci\u00f3n todo lo que la piedad, la paz y la uni\u00f3n tienen e m\u00e1s dulce y m\u00e1s consolador. Sin embargo encontr\u00f3 una vez un motivo muy capaz de tocar el coraz\u00f3n tan compasivo como el suyo y hacerle admirar las rigurosas pruebas por la que Dios quiere de vez en cuando hacer pasar a sus Elegidos.<\/p>\n<p>Una religiosa de verdadero m\u00e9rito se encontr\u00f3 repentinamente en una tentaci\u00f3n por lo menos tan violenta como lo era la del Doctor a quien nuestro Santo libr\u00f3 cuando era Capell\u00e1n de la Reina Margarita. Esta hermana que hasta entonces hab\u00eda estado llena del amor de Dios, no sinti\u00f3 m\u00e1s que un horror hacia el augusto Sacramento de nuestros Altares y una aversi\u00f3n inflexible hacia todos los ejercicios de la Religi\u00f3n. Cuando la exhortaban a bendecir el nombre del Se\u00f1or, o escuchaba a sus hermanas que le cantaban C\u00e1nticos de alabanzas, el esp\u00edritu de blasfemia se apoderaba de ella y le hac\u00eda estallar en imprecaciones. Dec\u00eda en alta voz que no ten\u00eda otro Dios que al demonio; quer\u00eda, en el acceso de su furor, matarse a s\u00ed misma, para estar, dec\u00eda ella, antes en el infierno y all\u00ed gozar de maldecir y detestar a Dios por toda la eternidad.<\/p>\n<p>Un estado tan humillante y tan peligroso constern\u00f3 a la Comunidad. Se consult\u00f3 a los Obispos, a Religiosos dem\u00e1s personas experimentadas; se recurri\u00f3 a los m\u00e1s h\u00e1biles M\u00e9dicos; se ech\u00f3 mano de los remedios que unos y otros prescribieron; todo fue in\u00fatil. Finalmente, la Superiora de la casa, llena de confianza en la poderosa protecci\u00f3n del Bienaventurado Obispo de Ginebra, aplic\u00f3 a la enferma un pedacito de su Roquete, y algunos d\u00edas despu\u00e9s se cur\u00f3 en un instante. Su esp\u00edritu, que durante cerca de seis a\u00f1os se hab\u00eda visto cruelmente agitado, qued\u00f3 tranquilo. Su cuerpo debilitado recobr\u00f3 las fuerzas. El sue\u00f1o y el apetito, que hab\u00eda perdido, le volvieron enteramente. Su curaci\u00f3n fue tan completa que se encontr\u00f3 en estado de cumplir con bendici\u00f3n los principales cargos de su Monasterio.<\/p>\n<p>Vicente, de quien no he hecho m\u00e1s que copiar las palabras, contin\u00faa este relato diciendo que ve esta curaci\u00f3n como milagrosa; y que lo que le obliga a pronunciar este juicio es que se realiz\u00f3 a consecuencia de la aplicaci\u00f3n del Roquete de S. Francisco de Sales; que hasta entonces todos los remedios humanos no hab\u00edan servido de nada a esta hermana afligida; que su mal aument\u00f3 despu\u00e9s de la aplicaci\u00f3n de la Reliquia; que la operaci\u00f3n se oper\u00f3 en un instante, seg\u00fan la perfecta confianza de la Madre Superiora. Que al fin la Religiosa del milagro qued\u00f3 convencida, sin g\u00e9nero de duda,\u00a0 que Nuestro Se\u00f1or la hab\u00eda librado por los m\u00e9ritos del santo Fundador de la Visitaci\u00f3n. <em>Declaro todo esto<\/em>, concluye Vicente<em>, por haber hablado a la Religiosa durante su gran mal y despu\u00e9s de su curaci\u00f3n y haber visto las particularidades de la Madre Superiora de la Misma Religiosa, pronto despu\u00e9s de la curaci\u00f3n, que sucedi\u00f3 el d\u00eda que yo hac\u00eda la vista en el Monasterio, con autoridad del sr Ilustr\u00edsimo y Reverend\u00edsimo Arzobispo de Par\u00eds.<\/em><\/p>\n<p>El S. Sacerdote no pod\u00eda contar este acontecimiento de una manera m\u00e1s modesta: pero la Historia le debe rendir m\u00e1s justicia de la que \u00e9l ha pensado que se le debe. Conviene pues a\u00f1adir a su relato que habiendo visto en el curso de su visita a esta Religiosa todav\u00eda tan obsesionada y tan y poco due\u00f1a de s\u00ed misma como antes, el dolor y la compasi\u00f3n que sinti\u00f3, le llevaron a intentar enternecer a Dios en su favor; que a este efecto se puso en oraci\u00f3n; que fue precisamente entonces cuando esta hermana qued\u00f3 libre, y libre en un instante. Como si el santo Obispo de Ginebra, a quien se debe considerar siempre que es, despu\u00e9s de Dios, el primer Autor de este milagro, hubiera querido no otorg\u00e1rselo m\u00e1s que a las oraciones de un hombre, cuya virtud hab\u00eda honrado durante su vida, dar a conocer despu\u00e9s de su muerte, que le agradaban los servicios que este mismo hombre le prestaba en la persona de sus Hijas.<\/p>\n<p>En resumen, no s\u00f3lo en esta visita han reconocido las Religiosas de la Visitaci\u00f3n la virtud y la eficacia de las oraciones de Vicente de Pa\u00fal. Ellas han confesado que su presencia fue siempre para ellas una fuente de gracias y de bendiciones; que ten\u00eda sobre todo el raro talento de calmar sus penas; y que muchas de ellas, que estaban luchando con tentaciones muy vivas y muy importunas, se hallaban libres del todo, y a veces incluso en un instante cuando \u00e9l les hab\u00eda hablado.<\/p>\n<p>Las Hijas de S. Francisco de Sales, a las que volveremos m\u00e1s de una vez en el curso de esta Historia, no han sido las \u00fanicas por quienes se interes\u00f3 el Siervo de Dios. Veremos en otra parte lo que hizo por un gran n\u00famero de Comunidades, ya Religiosas ya Seculares: pero conviene decir, antes de llegar all\u00ed, unas palabras sobre lo que hizo ese mismo a\u00f1o para provecho espiritual de su Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por grandes deseos que tuviera el santo Sacerdote por impedir que su Compa\u00f1\u00eda multiplicara sus Fundaciones, se dio perfecta cuenta de que no podr\u00eda resistir mucho frente a las solicitudes de un n\u00famero de personas respetables, que encandiladas por los bienes que hac\u00edan sus Misioneros, se las ped\u00edan con la mayor insistencia. Se hab\u00eda visto ya obligado a enviar a Toul en Lorena, a petici\u00f3n de Charles-Chr\u00e9tien de Gournai Obispo de Scythia, quien\u00a0 por entonces\u2013en 1635- estaba encargado de la administraci\u00f3n de esta vasta Di\u00f3cesis, a cuya direcci\u00f3n fue nombrado posteriormente. Mar\u00eda de Wignerod Duquesa de Siguillon, que siempre honr\u00f3 a Vicente como se honra a los Santos que est\u00e1n a\u00fan en la tierra, las quer\u00eda para las Parroquias de su Ducado. el Cardenal de Richelieu, cuyas peticiones val\u00edan \u00f3rdenes precisas, y cuyas \u00f3rdenes en este campo fueron siempre consideradas como elogios, ya que jam\u00e1s hombre reconoci\u00f3 mejor los verdaderos m\u00e9ritos; este Cardenal, digo, quer\u00eda establecer a los Sacerdotes de la Misi\u00f3n, no s\u00f3lo en la Ciudad de Richelieu -1638-, sino tambi\u00e9n en la Di\u00f3cesis de Lu\u00e7on, de donde hab\u00eda sido Obispo, y desde la cual, extendi\u00e9ndose por los Lugares circunvecinos, pod\u00edan hacer mucho bien, bien devolviendo a los Herejes al seno de la Unidad, ya detenido las consecuencias\u00a0 del enorme esc\u00e1ndalo que la posesi\u00f3n, real o pretendida, de las Ursulinas de Loudun acababa de dar al Poitou, o m\u00e1s bien a Europa entera.<\/p>\n<p>Todas estas Fundaciones, ya hechas o por hacer, colocaban a una Congregaci\u00f3n poco numerosa en un vac\u00edo que poco a poco se vio dif\u00edcil de llenar, si no se hubieran tomado las precauciones necesarias. La mejor y m\u00e1s segura era firmar un Semillero de Eclesi\u00e1sticos que, despu\u00e9s de ser probados y educados durante varios a\u00f1os, estuvieran en condiciones de perpetuar y de multiplicar los grandes bienes que sus Predecesores hab\u00edan comenzado. Fue la decisi\u00f3n que tom\u00f3 el Santo, al establecer un Seminario, en el que se deb\u00eda recibir no s\u00f3lo a Sacerdotes ya formados en las funciones del Ministerio, como se hab\u00eda hecho hasta entonces, sino tambi\u00e9n a los j\u00f3venes menos adelantados. Y que por lo tanto necesitaban ser cultivados por m\u00e1s tiempo.<\/p>\n<p>Una ocupaci\u00f3n de esta importancia ped\u00eda un Director virtuoso, capaz, experimentado, dulce sin blanduras, firme sin dureza, vigilante sin afectaci\u00f3n, id\u00f3neo para humillar sin hacer perder los \u00e1nimos, para dirigir al hombre que titubea sin bajar la regla, para fortalecer a su reba\u00f1o con el ejemplo como con la unci\u00f3n de la palabra, para distinguir lo verdadero, lo s\u00f3lido de lo que no tiene m\u00e1s que las apariencias; y que sobre todo poseyera en alto grado el gran arte del discernimiento de los esp\u00edritus. Vicente hall\u00f3 todas estas cualidades en la persona de Juan de la Salle, uno de los tres primeros Sacerdotes que se hab\u00edan unido a \u00e9l para trabajar en las misiones del campo. Le encarg\u00f3 del cuidado de esta joven y preciosa Milicia, destinada a combatir un d\u00eda por la salvaci\u00f3n de los pueblos. No contento con los consejos que le dio, quiso tambi\u00e9n que se consultara a aquellos que tienen la reputaci\u00f3n de dirigir con mayor \u00e9xito a la juventud en las funciones Apost\u00f3licas. Seg\u00fan este plan envi\u00f3 a uno de sus Sacerdotes al Noviciado de los RR. PP. Jesuitas, con orden de seguir los ejercicios durante alg\u00fan tiempo, y traerse todo lo que pudiera convenir a Sacerdotes Seculares, y llenarles de ese celo que ya ha convertido y santificado al nuevo mundo.<\/p>\n<p>El Siervo de Dios esper\u00f3 siempre que la Providencia, que hab\u00eda hecho nacer\u00a0 a su Congregaci\u00f3n, le dar\u00eda Individuos capaces de de cumplir todos los deberes. Su gran m\u00e1xima era que s\u00f3lo pertenece a Dios escogerse a Ministros, y que las vocaciones que engendra\u00a0 el artificio, y las mantiene una especie de mala fe, deshonran al reba\u00f1o al multiplicarlo.<\/p>\n<p>Para evitar el primero de estos dos defectos, se hace una regla inviolable no decir jam\u00e1s una palabra a quien quiera que sea para determinarle a decidirse por su Instituto; y prohibi\u00f3 a los suyos atraer nunca a nadie. Todo paso en este g\u00e9nero le parec\u00eda un crimen, y lo trat\u00f3 de atentado contra los designios de Dios. No permit\u00eda siquiera que se hiciera inclinar por este lado a los que parec\u00edan tener esa inclinaci\u00f3n. Quer\u00eda que en estas ocasiones, se les dijera que un compromiso de esta naturaleza exige mucha reflexi\u00f3n, que se ha de pensar con madurez y delante de Dios, que para un particular es una bien peque\u00f1a fortuna la de ser Misionero, pero que es un punto capital para el Cuerpo entero no tener sino a los que sean leg\u00edtimamente llamados. <em>Dejemos obrar a Dios, Se\u00f1ores, <\/em>dec\u00eda un d\u00eda en una conferencia que daba a los suyos. <em>Estemos humildemente a la espera y dependencia de las \u00f3rdenes de su Providencia. Por su misericordia, <\/em>a\u00f1adi\u00f3 \u00e9l, <em>se ha usado de ella hasta el presente en la Compa\u00f1\u00eda, y podemos decir que no hay nada en ella que Dios no haya puesto y que nosotros no hemos buscado, ni hombres ni bienes ni Fundaciones.<\/em><\/p>\n<p>Un hombre que ten\u00eda principios tan r\u00edgidos con respecto a los que no se hab\u00edan decidido a\u00fan, estaba bien lejos de permitir que se propusiera su Congregaci\u00f3n a los que se sent\u00edan llamados a otro Estado. Los Religiosos se S. Bruno y los de otras Comunidades que exig\u00edan de sus Postulantes que pasaran algunos d\u00edas en S. L\u00e1zaro para consultar a Dios en el retiro, ten\u00edan raz\u00f3n al contar con su probidad. La acci\u00f3n de desviar a alguien de la Orden a la que era llamado, le habr\u00eda parecido un robo y un sacrilegio: <em>Ser\u00eda tomar lo que Dios no nos ha dado<\/em>, <em>ir contra su voluntad santa y atraer sobre nosotros su c\u00f3lera y su indignaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Incluso dio la impresi\u00f3n a veces de llevar en esta materia la atenci\u00f3n hasta el escr\u00fapulo. Como no hab\u00eda nadie en su tiempo a quien consultar de mejor gana, bien en Par\u00eds bien en Provincias, una multitud de gente se dirig\u00eda a \u00e9l. Le expon\u00edan sus dudas y sus incertidumbres sobre le elecci\u00f3n de un partido, se lo jugaban todo en sus manos, le expon\u00eda que con una sola palabra fijar\u00eda su indeterminaci\u00f3n y considerar\u00edan su decisi\u00f3n como la se\u00f1al m\u00e1s segura de la voluntad de Dios: pero este humilde Sacerdote que tem\u00eda siempre confundirse, casi nunca hizo inclinarse la balanza de un lado m\u00e1s que de otro. Su respuesta m\u00e1s com\u00fan era \u00e9sta: <em>La resoluci\u00f3n de vuestra duda es un asunto que debe arreglarse entre Dios y vos. Continuad pidi\u00e9ndole que os inspire lo que hab\u00e9is de hacer. Pasad, con este prop\u00f3sito, algunos d\u00edas en retiro y creed que la resoluci\u00f3n que tom\u00e9is a la vista de Nuestro Se\u00f1or ser\u00e1 la m\u00e1s agradable a su divina Majestad y la m\u00e1s \u00fatil para vuestro verdadero bien.<\/em><\/p>\n<p>Observaba poco m\u00e1s o menos la misma conducta para con lo que habiendo resuelto ya salir del mundo, recurr\u00edan a \u00e9l para saber si elegir\u00edan tal o cual Comunidad: ya que entonces, si las que se le propon\u00edan, estaban bien ordenadas, ten\u00eda costumbre de responder que s\u00f3lo pertenece a Dios manifestar el camino por el que quiere que se vaya a \u00e9l. Pero si su Congregaci\u00f3n era una de las dos sobre las cuales se deliberaba, no dudaba en decidir contra ella. <em>Oh Se\u00f1or, nosotros somos muy pobre gente, no somos dignos de entrar en comparaci\u00f3n con esta otra santa Compa\u00f1\u00eda, por la que os sent\u00eds atra\u00eddo. Id a ella en nombre de Nuestro Se\u00f1or, estar\u00e9is all\u00ed incomparablemente mejor que con nosotros.<\/em><\/p>\n<p>Fue por todas estas razones por que habiendo un d\u00eda recibido una Carta de uno de sus Sacerdotes para entreg\u00e1rsela a un Eclesi\u00e1stico, quien un\u00eda a una gran virtud mucho talento pata las funciones de la Misi\u00f3n, y que en algunas ocasiones hab\u00eda mostrado inclinaci\u00f3n por este g\u00e9nero de vida, no s\u00f3lo no se la envi\u00f3, sino que se quej\u00f3 a quien la hab\u00eda escrito porque, contra la pr\u00e1ctica constante de la Congregaci\u00f3n, \u00e9l rogaba a alguien que entrara en ella. Le hizo ver que es el Padre de familia quien se escoge los Obreros; y que un misionero presentado por su mano paternal har\u00e1 \u00e9l solo m\u00e1s bien que otros muchos cuya vocaci\u00f3n ser\u00eda menos pura. \u201c<em>A nosotros nos toca, <\/em>continu\u00f3 Vicente<em>, a nosotros nos toca por una parte pedir al Se\u00f1or que env\u00ede a su mies hombres capaces de hacer la cosecha, y por otra esforzarnos en vivir tan bien que con nuestros ejemplos les demos atractivo para trabajar con nosotros, si Dios los llama a ello<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Para los que, habiendo tomado ya una \u00faltima decisi\u00f3n, ven\u00edan a rogarle que los quisiera admitir en se Compa\u00f1\u00eda, no los recib\u00eda sino con cierta circunspecci\u00f3n. Se informaba sobre ellos, cu\u00e1nto hac\u00eda y con qu\u00e9 ocasi\u00f3n hab\u00edan tenido este pensamiento; examinaba sus motivos, sus disposiciones, sus talentos y su Familia; les hac\u00eda ver con una especie de exageraci\u00f3n las dificultades que acompa\u00f1aban al Estado que quer\u00edan abrazar. Les preguntaba si tendr\u00edan suficiente fuerza para dar un eterno adi\u00f3s a sus padres, a sus amigos m\u00e1s tiernos, a su Patria incluso, en caso que se quisiera hacerles pasar a otros Pa\u00edses. Las respuestas m\u00e1s precisas por su parte, respuesta que cuestan con frecuencia bastante poco a una juventud, que no ve las cosas m\u00e1s que de lejos, no eran suficientes para este sabio Fundador. Continuaba prob\u00e1ndolos durante un tiempo considerable: les obligaba a volver varias veces para conocerlos mejor; a menudo, para darles solidez, no les daba m\u00e1s que pocas esperanzas de admitirlos; y por muchas pruebas que hubiera tenido de su disposici\u00f3n y de su perseverancia, no les daba nunca palabra, sin haberles mandado hacer un retiro para consultar la voluntad de Dios. Si despu\u00e9s del serio examen que hac\u00edan de s\u00ed mismos segu\u00edan con sus primeras intenciones, se los presentaba a los Sacerdotes m\u00e1s antiguos de la Congregaci\u00f3n; y con su informe, eran recibidos en el Seminario, del que hablamos, donde, durante dos buenos a\u00f1os bien llenos y bien completos, ten\u00edan y tienen todav\u00eda hoy, todo el tiempo de probarse a s\u00ed mismos y ser probados por los que est\u00e1n a cargo de su direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para evitar el segundo defecto, que forma parte de lo que las Leyes llaman dolo y mala fe, el Santo no imit\u00f3 a quienes no presentando a la juventud m\u00e1s que flores durante el tiempo de su prueba, no le descubrir\u00edan las espinas hasta que ha franqueado el \u00faltimo paso de su carrera. El Plan de su Seminario no tiene nada que pueda abrumar la naturaleza; sino que tiene todo cuanto es necesario para hacer sentir el peso de las obligaciones que son su fin. No se prescriben en \u00e9l ni cilicios, ni sacos, ni disciplinas ni otros ayunos que los que obligan al resto de los Fieles: pero en recompensa, lo que de ordinario cuesta mucho m\u00e1s, una gran separaci\u00f3n del mundo, una vida muy interior, mucha humildad, mortificaci\u00f3n, recogimiento, vigilancia sobre s\u00ed mismo, fidelidad a todos sus deberes y, si fuera posible, un fondo inagotable de esta unci\u00f3n santa, que debe sostener un d\u00eda y consolar a hombres comprometidos por estado en todo lo que el Ministerio tiene de m\u00e1s penoso e ingrato.<\/p>\n<p>\u201c<em>Es preciso<\/em>, dec\u00eda a este prop\u00f3sito nuestro santo Sacerdote<em>, es preciso que un hombre que quiere vivir en Comunidad, se atenga y se determine a vivir\u00a0 como un extra\u00f1o en la tierra, que se haga terreno para Jesucristo, que cambie de costumbres, que mortifique todas sus pasiones, que busque a Dios exclusivamente, que se someta a todos, como el \u00faltimo de todos, que se persuada que ha venido para servir y no para gobernar, para sufrir y no para llevar una vida c\u00f3moda, para trabajar y no para vivir en la ociosidad y en la indolencia. Debe saber que se le prueba como el oro en el crisol, que no se puede perseverar sino humill\u00e1ndose para Dios, y que el verdadero medio para estar all\u00ed contentos es no alimentarse con otra cosa que con el deseo y el pensamiento del Martirio. Despu\u00e9s de todo, <\/em>continuaba \u00e9l<em>, nada hay tan razonable como consumirse por aqu\u00e9l que ha dado tan liberalmente su vida por nosotros. Si el Hijo de Dios nos ha amado hasta dar su alma por la nuestra, \u00bfpor qu\u00e9 no estaremos en la disposici\u00f3n de hacer lo mismo por \u00e9l, si la ocasi\u00f3n se nos presenta? Vemos cada d\u00eda a Mercaderes que, por una mediocre ganancia, atraviesan los mares, y se exponen a una infinidad de peligros. \u00bfTendremos nosotros menos valor que ellos? Las piedras preciosas que van a buscar, \u00bfacaso valen m\u00e1s que las almas, que son el objeto de nuestros sudores, de nuestros trabajos y de nuestras correr\u00edas?\u201d<\/em><\/p>\n<p>Tales eran las lecciones que Vicente de Pa\u00fal daba a sus Ne\u00f3fitos. A este esp\u00edritu de abnegaci\u00f3n y celo quer\u00eda que se refiriesen todos sus ejercicios. Con estas miras como se les acostumbraba entonces, se les acostumbra todav\u00eda hoy a una vida ocupada y laboriosa. Levantarse con puntualidad a las cuatro de la ma\u00f1ana durante los inviernos m\u00e1s rigurosos, dedicarse dos veces al d\u00eda a la meditaci\u00f3n, aprovecharse de la lectura de aquellos libros de piedad que m\u00e1s convienen a j\u00f3venes Eclesi\u00e1sticos, no dejar pasar un d\u00eda no s\u00f3lo sin leer sino tampoco sin aprender algo del nuevo Testamento; purificarse en Confesiones frecuentes; fortalecerse con santas Comuniones; pedirse cuentas al final de cada mes en un peque\u00f1o retiro del progreso que se ha hecho en la virtud, o mejor del que se ha dejado de hacer; examinarse y ahondarse en los dos retiros grandes y serios que dividen el a\u00f1o; instruirse en las virtudes de su Estado, en los fundamentos de la Fe y de las reglas de la disciplina en frecuentes Conferencias sobre la piedad, sobre la escritura, sobre la Doctrina del santo Concilio de Trento. Esta es la principal, o m\u00e1s bien la \u00fanica ocupaci\u00f3n del Seminario interno.<\/p>\n<p>De esta carrera, cuando se ha terminado de una manera satisfecha, se pasa a la de los Estudios, bien de Filosof\u00eda, si todav\u00eda no se ha hecho, bien de Teolog\u00eda si se es capaz de entrar. All\u00ed no se adoptan las ideas de ninguna Escuela\u00a0 en particular. Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles son los preferidos, pero la verdad lo es m\u00e1s que Arist\u00f3teles, y que Plat\u00f3n. La regla de oro es no tener nunca como verdadero lo que la Iglesia condena y de reprobar todo lo que ella juzga digno de proscribirse. Fue la de Vicente de Pa\u00fal, como lo diremos en otro lado, y ser\u00e1 siempre la de sus verdaderos Hijos.<\/p>\n<p>Pero si este santo hombre quer\u00eda que los suyos se instruyeran a fondo en el Dogma que est\u00e1n obligados a anunciar a los pueblos y en todas las partes de la Moral que les es necesaria para dirigirlos bien; si les permit\u00eda incluso adquirir un buen n\u00famero de conocimientos, sin los que un Sacerdote puede salvarse y salvar a los dem\u00e1s, su humildad, a la que nada escapaba, le hizo tomar medidas extraordinarias para alejar de ellos la ampulosidad y la vanidad, que acompa\u00f1an con frecuencia a los talentos y a la ciencia. Se admira uno al considerar hasta qu\u00e9 punto llevaba la previsi\u00f3n en este particular: no s\u00e9 si alguien lo ha hecho as\u00ed alguna vez. No ha permitido casi nunca que los suyos mandasen imprimir, y el lector puede acordarse de la respuesta que dio a aquel Sacerdote, a quien los Sabios de Roma quer\u00edan comprometer y hacer una Versi\u00f3n del Texto Sir\u00edaco al de la Escritura. Cuando se le encarg\u00f3 de la direcci\u00f3n de los Seminarios, prohibi\u00f3 que ninguno de los suyos dictara en ellos Cuadernos. Prob\u00f3 en un largo escrito, que es muy sensato y muy s\u00f3lido, que es preciso, con anuencia de los Obispos, contentarse con explicar a un Autor impreso, salvo que se haga notar alg\u00fan lugar del que puede haberse apartado de la verdad. Habr\u00eda llevado a mal que los suyos, cuando asist\u00edan a Actos p\u00fablicos en la Universidad y otras partes no se consideraran cono los \u00faltimos en todos los sentidos, y mucho menos que hubiesen querido destacar. No citar\u00e9 m\u00e1s que un ejemplo que merece ser transmitido a \u00a0la posteridad.<\/p>\n<p>Jacques de la Fosse, Orador, Fil\u00f3sofo, Te\u00f3logo, y tan Poeta que Santeuil le considera como su rival, y con frecuencia su Maestro, se le ocurri\u00f3 un d\u00eda ir a una tragedia, que deb\u00eda representarse en un famoso Colegio de Par\u00eds, y ocupar una plaza que estabas destinada a otros. El Rector le mand\u00f3 a decir por medio de un criado que se colocara en otro sitio. La Fosse, a quien los preparativos del Espect\u00e1culo hab\u00edan puesto de buen humor, dijo con buen Lat\u00edn a este criado que no le entend\u00eda que se encontraba muy bien all\u00ed, y que no juzgaba oportuno salir de all\u00ed. El Rector al ser informado por su deputado, le tom\u00f3 por uno de Hibernia y le envi\u00f3 a un joven Regente, quien le hizo los cumplidos en Lat\u00edn que \u00e9l ya hab\u00eda aguantado en Franc\u00e9s. La Fosse, que conoc\u00eda el Griego como Dem\u00f3stenes, le hizo en esta lengua muchos cumplidos que todos iban dirigidos a dar a entender que le costaba desalojar. Este joven Profesor que no ten\u00eda edad para saber tanto, le tom\u00f3 por un hombre llegado recientemente del L\u00edbano, y as\u00ed se lo dijo a quien le hab\u00eda enviado. El Rector cansado de este juego, que le molestaba, le diput\u00f3 al Regente de Ret\u00f3rica: pero la Fosse habl\u00f3 en Hebreo. Entonces fue cuando le reconoci\u00f3 un sabio de la Compa\u00f1\u00eda, y lo coloc\u00f3 con toda la distinci\u00f3n debida a sus m\u00e9ritos.<\/p>\n<p>Como se hallaba satisfecho por esta aventura que le hab\u00eda divertido m\u00e1s que ninguna otra, no bien hubo llegado a S. L\u00e1zaro cuando se la cont\u00f3 a sus amigos con todo el gracejo de que el fuego de su imaginaci\u00f3n la hac\u00eda susceptible. Se lo contaron a Vicente enseguida, y aunque se dio cuenta que hab\u00eda en el proceder de este joven Sacerdote m\u00e1s ocurrencia que mala voluntad, crey\u00f3 sin embargo tener que mortificarle un poco. Despu\u00e9s de hacerle ver que un hombre humilde de verdad, no anda buscando ni los primeros lugares, ni hacer que se hable se \u00e9l en las Asambleas, le dio orden de ir a pedir perd\u00f3n al Rector y a aquellos Regentes a quienes hab\u00eda podido desedificar. Este hombre sabio a quien su nacimiento y sus talentos no envanecieron nunca, obedeci\u00f3 sin replicar: por suerte se las hab\u00eda con gente que sab\u00edan estimar los m\u00e9ritos; y fue recibido con toda suerte de cumplidos, todos estuvieron de acuerdo que sab\u00eda unir mucha virtud con mucha capacidad.<\/p>\n<p>Con esta dedicaci\u00f3n a mantener a sus Sacerdotes en la humildad, el Siervo de Dios ten\u00eda el talento no s\u00f3lo de sostenerlos en el trabajo sino adem\u00e1s de hacerles trabajar de una manera digna de Dios, as\u00ed como lo ordena el Ap\u00f3stol. Es verdad, y ya lo hemos dicho, que no los alababa nunca en su presencia, si razones urgentes y muy raras no le obligaban a actuar de otra manera;\u00a0 sin embargo sab\u00eda cultivar en ellos una santa emulaci\u00f3n, con sus ejemplos y con la unci\u00f3n de sus palabras y con el cuidado que pon\u00eda en hacerles participar de las bendiciones que Dios daba a los trabajos de sus cohermanos. Adem\u00e1s, estaban todos muy justamente persuadidos del afecto que \u00e9l sent\u00eda por ellos. Un Padre quiere menos a sus Hijos de lo que \u00e9l quer\u00eda a sus Misioneros. Sus cartas, de las que hemos le\u00eddo m\u00e1s de seis mil, est\u00e1n dictadas todas por la caridad. Su ternura se hace sentir en ellas hasta en las correcciones: pierden en sus manos ese gusto de amargura, que parece acompa\u00f1arlas.<\/p>\n<p>Era sobre todo en las persecuciones que deb\u00edan pasar o en las enfermedades que los aflig\u00edan, donde sent\u00edan c\u00f3mo \u00e9l era de ellos. No era de esos devotos que, llenos de atenci\u00f3n hacia s\u00ed mismos en el tiempo de sus enfermedades, se contentan con\u00a0 dar para los dem\u00e1s \u00f3rdenes vagas, que ce ocupan bien poco de ejecutar, o nada en absoluto. Vicente examinaba en persona si los suyos eran tratados como lo deben ser hombres, que con frecuencia no sufren m\u00e1s que por verse agotados por el exceso de celo y de trabajo. No se le escapaba nada en este aspecto; y lo repiti\u00f3 m\u00e1s de una vez, que no dudar\u00eda en vender los Vasos sagrados, si fuera necesario para procurar a estos queridos enfermos los socorros que se les deben. Los soldados, que combat\u00edan bajo el famoso Turena, no tem\u00edan ni al fuego ni a los peligros, porque ve\u00edan en \u00e9l a un\u00a0 gran Capit\u00e1n, a un excelente modelo, a un Padre tierno y compasivo: los Sacerdotes que trabajaban bajo Vicente de Pa\u00fal volaban a sus \u00f3rdenes, a los Pa\u00edses m\u00e1s b\u00e1rbaros, a Provincias donde reinaban la peste y la muerte, porque su caridad los segu\u00eda a todas partes, y estaban seguros de hallar all\u00ed o los m\u00e1s tiernos tratos por su parte o una corona incorruptible. Tambi\u00e9n el santo Hombre les estaba siempre presente. Hemos tenido la dicha de ver a quienes su nombre solo enternec\u00eda m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, y que al hablar de \u00e9l no pod\u00edan contener las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Le dieron, el a\u00f1o despu\u00e9s de ser establecido el Seminario interno, una nueva prueba de su obediencia, en una famosa Misi\u00f3n que les cost\u00f3 mucho. Se dio en S. Germain \u2013en enero y febrero-, donde estaba el Rey y toda la Corte. El Pr\u00edncipe mismo la pidi\u00f3. Vicente hubiera querido de buena gana que la dieran otros. Sus Sacerdotes nacidos para la salvaci\u00f3n de la pobre gente del campo le parec\u00edan poco id\u00f3neos para evangelizar\u00a0 a los Grandes del siglo que con demasiada frecuencia prefieren al Orador que sabe agradar antes que al Hombre de Dios, que toca y convierte. Pero Luis XIII, habiendo hecho el honor a nuestro Santo de hacerle saber que quer\u00eda sus Misioneros, tuvo que pasar por ello. Los comienzos fueron trabajosos. El modo como se combat\u00eda los desnudos escandalosos y la firmeza constante con la que se quer\u00eda, en el Tribunal, obligar a las mujeres mundanas a las reglas de una exacta modestia, dieron mucho que hablar. Hubo quejas fuertes por la pretendida severidad de los Obreros y se las cantaron en todos los aires. Pero estos hombres acostumbrados a andar a su aire, continuaron predicando el Evangelio en toda su pureza, y excluyendo de la participaci\u00f3n\u00a0 de los santos Misterios a estas personas que a veces sin pasi\u00f3n se presentan de una manera como para excitarla en los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>No obstante la calma no tard\u00f3 en seguir a la tempestad. La unci\u00f3n del Esp\u00edritu de Dios toc\u00f3 a quienes hab\u00edan lanzado los gritos m\u00e1s fuertes. Se volvieron tan fervorosas que quisieron ser asociadas a esta Cofrad\u00eda de la Caridad, de la que tanto hemos hablado. Sirvieron a los pobres seg\u00fan su turno, y divididas en cuatro equipos, solicitaron en su favor la piedad de los Fieles y les procuraron grandes auxilios. No hubo apenas nadie de la Casa del Rey que no se esforzara por aprovecharse de la gracia que Dios distribu\u00eda en abundancia. Este Religioso Pr\u00edncipe se sinti\u00f3 impresionado y tuvo a bien decir a uno de estos dignos\u00a0 Ministros de la palabra <em>que se sent\u00eda muy satisfecho de todos los ejercicios de la Misi\u00f3n, que era as\u00ed como hab\u00eda que trabajar, <\/em>cuando se quer\u00eda lograr algo, <em>y que \u00e9l dar\u00eda este testimonio por todas partes. <\/em>Son sus propias expresiones.<\/p>\n<p>El Cardenal de Richelieu, con todo lo trabajador que era, no pudo concebir c\u00f3mo pod\u00edan los Misioneros hacer un trabajo tan largo y tan agotador. Advirti\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal que sus Hijos se cuidaban muy poco, y que como \u00e9l sab\u00eda mejor que nadie que un arco siempre tenso pierde la fuerza, y se queda in\u00fatil, <em>orden\u00f3 <\/em>a nuestro Santo que diera cada Semana un d\u00eda de vacaciones a los que trabajaban en las Misiones. Fue en Richelieu mismo, donde otros Sacerdotes estaban ocupados cuando este Reglamento comenz\u00f3 a ser seguido; y pronto se estableci\u00f3 en todas partes: de manera que debido a la atenci\u00f3n de este gran Ministro, los Misioneros deben todav\u00eda hoy el d\u00eda de descanso todas las semanas.<\/p>\n<p>La Reina se encontraba entonces en los primeros meses de su embarazo, y dio ese mismo a\u00f1o un Delf\u00edn a Francia -5 de septiembre-, despu\u00e9s de 22 a\u00f1os de matrimonio. Para mostrar su gratitud hacia Dios, tuvo grandes y piadosas liberalidades. La estima que ten\u00eda por nuestro Santo no le permiti\u00f3 olvidarse de la casa de S. L\u00e1zaro. Hizo regalo a la Sacrist\u00eda, que era muy pobre, de un ornamento de tela de plata. Se lo crey\u00f3 llegado a tiempo para las Fiestas de Navidad. Vicente deb\u00eda oficiar en esta Solemnidad: pero su humildad no le permiti\u00f3 vestirse el primero con unos ornamentos tan ricos y pidi\u00f3 unos ordinarios; y por muchas razones que le dieron, no pudieron vencer su repugnancia. Tan verdad es, que todos sintieron una profunda humildad.<\/p>\n<p>Ana de Austria reconoci\u00f3 tan bien, por los efectos de la Misi\u00f3n de S. Germain, todo aquello de que es capaz un celo verdaderamente Apost\u00f3lico, que cuatro a\u00f1os despu\u00e9s pidi\u00f3 una segunda para el mismo lugar. Es cierto que esta piadosa Princesa ten\u00eda principalmente a la vista la salvaci\u00f3n de un gran n\u00famero de artesanos, que trabajaban\u00a0 por entonces en los edificios del Castillo: pero se aprovech\u00f3 toda la Corte. La Reina asist\u00eda todas las tardes con gran aplauso a las predicaciones de uno de los Sacerdotes de Vicente de Pa\u00fal, que ten\u00eda talentos superiores. Otro daba cada d\u00eda en el propio Castillo conferencias de piedad a las Hijas de la Reina. Lo que hubo de particular es que el sr Delf\u00edn que apenas ten\u00eda tres a\u00f1os, tom\u00f3, a su modo, parte en las bendiciones de esta misi\u00f3n. Ana de Austria quiso sin condici\u00f3n alguna que se le diera un poco de Catecismo, y fue un joven Eclesi\u00e1stico de la Congregaci\u00f3n el encargado de este glorioso trabajo.<\/p>\n<p>Fue al parecer este a\u00f1o cuando Vicente de Pa\u00fal tuvo el consuelo de ver al sr de Qu\u00e9riolet (o K\u00e9riolet); este hombre, que de libertino, incluso de ateo, se hab\u00eda convertido en un modelo de penitencia, pero de una penitencia tan terrible, tan proporcionada al exceso de sus des\u00f3rdenes, que no existe en la antig\u00fcedad casi nada que se le pueda anteponer. El sr Bernard, de sobrenombre el pobre Pierre que era, como \u00e9l, una prueba sensible del poder y del imperio de la gracia de Jesucristo, habiendo alojado durante tres d\u00edas a este ilustre Penitente, le acompa\u00f1\u00f3 en algunas visitas que hizo a algunas personas de una virtud eminente. El R. P. de Condren, y Vicente de Pa\u00fal fueron de ese n\u00famero. El sr de Qu\u00e9riolet tuvo con uno y otro conferencias particulares, cuyo detalle no nos han conservado sus Historiadores, pero que sin duda no se dirigieron sino a animarle a la perseverancia. No es la \u00fanica vez que nuestro Santo tuvo el honor de ver a este hombre tan famoso en todos los aspectos. Se ense\u00f1a todav\u00eda al final del Seminario de S. L\u00e1zaro una peque\u00f1a habitaci\u00f3n en la que hizo el retiro. Era a la vista de estos perfectos Cristianos cuando Vicente exclamaba a veces, como lo hizo en aquel mismo tiempo: <em>yo soy el \u00fanico, que soy un miserable pecador, que no hago m\u00e1s que mal sobre la tierra, y que debo desear que Dios tenga a bien retirarme de ella lo m\u00e1s pronto posible, como lo espero de su bondad.<\/em><\/p>\n<p>Sin embargo este hombre, que se consideraba como un Siervo in\u00fatil, estaba tan plenamente y tan santamente ocupado de la ma\u00f1ana a la tarde que su vida no era m\u00e1s que un tejido de buenas obras. Otro cualquiera menos trabajador, menos sostenido por la gracia habr\u00eda sucumbido bajo esta multitud de dificultades. No se puede todav\u00eda hoy pensar c\u00f3mo un hombre bastante enfermo, y que no omiti\u00f3 nunca sus ejercicios de piedad pod\u00eda atender a tantas ocupaciones <em>disparatadas, <\/em>concluir un n\u00famero tan grande de asuntos, que no ten\u00edan ni enlace ni relaci\u00f3n, responder como lo hizo, sin faltar nunca a aquella cantidad prodigiosa de cartas que recib\u00eda de todas partes, y formar con todo cuidado las dos Compa\u00f1\u00edas que hab\u00eda instituido.<\/p>\n<p>Estas ocupaciones de las que daremos una idea m\u00e1s extensa bajo 1656, se ve\u00edan trastornadas por contratiempos: pero el Santo sab\u00eda admirablemente volver al orden y aprovechaba la ocasi\u00f3n de hacer un nuevo bien, sin perder de vista el que llevaba entre manos. Hemos dicho ya que el Arzobispo de Par\u00eds se serv\u00eda de \u00e9l en diferentes coyunturas: a\u00f1adiremos aqu\u00ed que ten\u00eda para este prelado, y para todos los Obispos un respeto tan profundo que la m\u00e1s d\u00e9bil insinuaci\u00f3n por su parte le parec\u00eda una orden, y que sacrificaba hasta los intereses de su Congregaci\u00f3n para obedecerles. Dio de ello este mismo a\u00f1o un ejemplo, que no es ni el \u00fanico ni el m\u00e1s importante de los que dio en este aspecto. Su presencia era necesaria en Richelieu; los arreglos, las atenciones que se necesitan en esta clase de Fundaciones, le llamaban all\u00ed; hab\u00eda prometido a los suyos que ir\u00eda. En la fecha se\u00f1alada para partir, el sr de Gondi le envi\u00f3 <em>un Mandato de visitar una Casa Religiosa, <\/em>que deb\u00eda darle muchos quebraderos de cabeza. El siervo de Dios habr\u00eda querido que se diera este encargo a otro; tal vez insistiendo habr\u00eda llegado a verse dispensado de \u00e9l, pero prefiri\u00f3 la obediencia a todo lo dem\u00e1s, y fue en aquella ocasi\u00f3n cuando, para animar a uno de sus Misioneros a la pr\u00e1ctica de esta gran virtud, le escribi\u00f3 que, si el sr Arzobispo le mandara marchar a los extremos de su Di\u00f3cesis, y quedarse all\u00ed de por vida, \u00e9l creer\u00eda verse obligado a obedecer a su voz, como a la de Jesucristo mismo. A\u00f1adi\u00f3 que sea que este Prelado le prescribiera la soledad, sea que le diera un empleo, le parec\u00eda que uno y otro ser\u00edan para \u00e9l un Para\u00edso anticipado, porque estar\u00eda seguro de cumplir la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>El santo Sacerdote no dej\u00f3 de ir luego a Richelieu. Aquel viaje le result\u00f3 penoso, porque lo hizo en una estaci\u00f3n mala: pero estaba acostumbrado a no tener en nada los trabajos, sobre todo cuando eran efecto de la sumisi\u00f3n que tuvo siempre para sus Superiores. Por otra parte, setenta j\u00f3venes Eclesi\u00e1sticos que encontr\u00f3 en retiro a su regreso y que se dispon\u00edan a la ordenaci\u00f3n de Navidad de una manera de la que se sinti\u00f3 contento, le hicieron olvidar pronto todas sus fatigas.<\/p>\n<p>Algunos a\u00f1os antes hab\u00eda enviado a Roma a uno de sus Sacerdotes \u2013Luis de Breton- que ten\u00eda mucha erudici\u00f3n y piedad; no se necesitaba menos para remplazar al c\u00e9lebre sr du Coudrai. Vicente encarg\u00f3 a este \u00faltimo varios asuntos\u00a0 importantes, que termin\u00f3 muy exitosamente. Como no le ocupaban siempre, el Santo le dio orden de recorrer el campo de Roma, y de anunciar en \u00e9l el Evangelio a los pobres. Lo hizo con tal \u00e9xito que Urbano VIII, que ocupaba entonces la S. Sede, crey\u00f3 que un n\u00famero de Operarios parecidos no podr\u00edan sino hacer mucho bien en el Estado Eclesi\u00e1stico. Se establecieron pues en Roma algunos a\u00f1os despu\u00e9s \u2013en 1642-. La Duquesa de Aiguillon quien, como ya hemos visto, ten\u00eda hacia Vicente de Pa\u00fal sentimientos extraordinarios de estima y de confianza, y cuya caridad iba a buscar al pobre y al indigente hasta en los Pa\u00edses extranjeros, quiso contribuir en el gasto que ped\u00eda esta buena obra: lo hizo de una manera tan liberal y tan grande que se la debe mirar como Fundadora de esta primera casa de Italia. Las m\u00e1ximas y el esp\u00edritu del Siervo de Dios se han mantenido hasta hoy en toda su integridad. All\u00ed se vieron los Carretti, los Imperiali, los Sp\u00ednola, y tantos otros de la m\u00e1s alta cuna, no distinguirse de sus Cohermanos m\u00e1s que por la m\u00e1s exacta pr\u00e1ctica de todas las virtudes. Pero es m\u00e1s seguro para nosotros suprimir las alabanzas que ser\u00edan debidas a los ejemplos que nos dan; ya que nosotros no podr\u00edamos proporcionarlos a sus m\u00e9ritos, sin hacerlos sospechosos. <em>Laudet te alienus, et non os tuum; extraneus et non labia tua.<\/em><\/p>\n<p>Trad. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No obstante como un gran n\u00famero de personas de una probidad distinguida, y sobre todo el Superior General del Oratorio, con varios Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n, se quejaban cada vez m\u00e1s de las malas opiniones &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-17\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":401146,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-402225","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>San Vicente (Collet) 17 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-17\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente (Collet) 17 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"No obstante como un gran n\u00famero de personas de una probidad distinguida, y sobre todo el Superior General del Oratorio, con varios Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n, se quejaban cada vez m\u00e1s de las malas opiniones ... 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