{"id":402222,"date":"2019-04-16T18:36:33","date_gmt":"2019-04-16T16:36:33","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402222"},"modified":"2019-03-17T12:55:24","modified_gmt":"2019-03-17T11:55:24","slug":"san-vicente-collet-16-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-16-2\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 16"},"content":{"rendered":"<p>Antes de entrar en este nuevo campo, dejar para siempre la materia de los Retiros, se me permitir\u00e1 decir en dos palabras, que lo que Vicente de Pa\u00fal tem\u00eda tanto, no sucedi\u00f3; que hoy, como durante su vida, se recibe cada Semana y muy gratuitamente un buen n\u00famero de Ejercitantes; que las desgracias de los \u00faltimos tiempos tan funestas a una parte del Reino, y en particular a la Casa de S. L\u00e1zaro \u2013a\u00f1os 1634 y 1635-, en nada han perturbado la pr\u00e1ctica de esta buena obra; que estos Se\u00f1ores son los primeros, y los mejor servidos; que se encuentran alojados mucho m\u00e1s c\u00f3modamente de lo que lo estaban en la \u00e9poca de nuestro Santo; que el sr Alm\u00e9ras su digno Sucesor, cuando quiso levantar un nuevo Edificio sobre las ruinas del antiguo, que se ca\u00eda por todas partes, comenz\u00f3 por hacerles construir un grande y vasto Cuerpo de Viviendas, que contiene 75 Habitaciones; y que al fin, cuando este gran n\u00famero de habitaciones no les fuera suficiente, (pues hemos visto m\u00e1s de una vez hasta cerca de ciento veinte) los Misioneros, para dejarles sitio, acampan donde pueden; y no tienen en nada lo que tienen que pasar, mientras estos Se\u00f1ores no lo pasen mal. Pero con esto hay m\u00e1s de lo necesario sobre un dato, del que todo Par\u00eds es testigo. Volvamos al curso de nuestra Historia. El sector que vamos a comenzar es uno de los m\u00e1s hermosos de la vida del Siervo de Dios; y ser\u00eda m\u00e1s que suficiente para merecerle los mayores elogios, si vivi\u00e9ramos en un siglo, en que la gratitud se mereciera por las obras buenas.<\/p>\n<p>Hac\u00eda unos diecisiete a\u00f1os que Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda fundado las Cofrad\u00edas de la Caridad a favor de los pobres enfermos. Esta Asociaci\u00f3n de misericordia pas\u00f3, como lo hemos dicho ya, del campo a las ciudades; y se vio a un buen n\u00famero de mujeres de condici\u00f3n que quisieron unirse a ellas. Pero lo que hizo m\u00e1s brillantes a estas Cofrad\u00edas contribuy\u00f3 poco a poco a hacerlas menos \u00fatiles. Las primeras Damas que se hab\u00edan incorporado, lo hab\u00edan hecho por elecci\u00f3n, y serv\u00edan a los pobres en persona. Esto no fue as\u00ed del todo con las que las reemplazaron; algunas entraron porque era la moda; otras actuaron, a la verdad, por motivos m\u00e1s puros; pero la oposici\u00f3n de sus maridos que tem\u00edan el aire infectado y la enfermedad, no les permiti\u00f3 la libertad que necesitaban. Unas y otras acudieron a sus criadas, y como la mayor parte eran con frecuencia almas sobornables, que no ten\u00edan ni afecto ni habilidad, se ve\u00eda con el paso del tiempo perecer una fundaci\u00f3n, que pide mucho\u00a0 de ambas cosas.<\/p>\n<p>Para remediar este desorden, se pens\u00f3 que era necesario tener Sirvientas que, ocupadas exclusivamente en el cuidado de los pobres enfermos, les distribuyesen cada d\u00eda el alimento y los remedios seg\u00fan la exigencia de sus enfermedades. Este proyecto estaba bien claro; pero para realizarlo, hab\u00eda que, ante todo, hallar personas que quisieran prestarse a ello; tambi\u00e9n se necesitaba, despu\u00e9s de hallarlas, formarlas y prepararlas para un empleo que, sin discusi\u00f3n, pide mucha capacidad y virtud, y m\u00e1s virtud que capacidad. Estas dos cosas no eran f\u00e1ciles, y la segunda lo era todav\u00eda menos que la primera.<\/p>\n<p>No de dej\u00f3 de consultar al S. Sacerdote sobre un asunto que era de su competencia \u00fanicamente por tener que ver con los pobres \u2013en 1630-. Pens\u00f3 en ello delante de Dios, seg\u00fan su costumbre; y despu\u00e9s de reconocer que lo que se le propon\u00eda era necesario por lo menos en las ciudades, crey\u00f3 que \u00e9l podr\u00eda encontrar en los campos una parte de aquello que necesitaba. Se acord\u00f3 que en el curso de sus misiones, se hab\u00eda encontrado con buenas j\u00f3venes, quienes sin tener atractivo para el matrimonio ni suficientes bienes para entrar en Religi\u00f3n, podr\u00edan darse el gusto de consagrarse por el amor de Dios al servicio de los pobres enfermos. La Providencia que favoreci\u00f3 siempre a Vicente, porque descan\u00f3 siempre sobre ella, le sirvi\u00f3 en esta ocasi\u00f3n, como le hab\u00eda servido en tantas otras. Desde las primeras misiones que se dieron alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, se encontr\u00f3 a dos j\u00f3venes, llenas de buena voluntad, de las cuales una fue colocada en la Parroquia de S. Salvador, la otra en la de S. Benito. Algunas m\u00e1s se presentaron todav\u00eda posteriormente: unas fueron puestas en S. Nicol\u00e1s del Chardonnet, las otras distribuidas en diferentes Parroquias.<\/p>\n<p>Pero se ha de confesar que no resultaba todav\u00eda de todo eso m\u00e1s que un trabajo en bruto, y muy imperfecto. Estas j\u00f3venes reunidas de diferentes lugares no ten\u00edan entre s\u00ed ni relaci\u00f3n ni correspondencia: Vicente y la Se\u00f1orita le Gras no pod\u00edan darles m\u00e1s que consejos pasajeros, que a veces se les olvidaban muy pronto: con lo que se ve\u00eda bastante a menudo que sus trabajos no eran satisfactorios; y como despu\u00e9s de desplazarlas, no se ten\u00eda a otras para sustituirlas, los pobres volv\u00edan a caer en sus primeras necesidades; fue entonces cuando se sinti\u00f3 mejor que nunca que, para lograrlo, hab\u00eda que tener un n\u00famero suficiente de j\u00f3venes, y comenzar por instruirlas(?) en el servicio de los pobres, y m\u00e1s a\u00fan en los ejercicios de la vida espiritual, sin los cuales era f\u00e1cil de ver que no podr\u00edan mantenerse mucho tiempo en un estado muy laborioso, y en el que se necesita d\u00eda y noche combatir y superar todas las repugnancias de la naturaleza.<\/p>\n<p>La Se\u00f1orita le Gras, a quien consum\u00eda su amor por los pobres, no ped\u00eda otra cosa que entregarse por completo a formar personas capaces de socorrerlos. Deseaba ardientemente que le fuera permitido consagrarse a ello con un voto irrevocable: pero como en los asuntos de alguna importancia, ella no daba nunca un paso sin consultar a su Director, y que su Director mismo no daba uno solo sin consultar a Dios, ella se vio obligada a moderar su celo durante cerca de dos a\u00f1os. Durante ese tiempo, que debi\u00f3 parecer largo a la piadosa Viuda, el santo Sacerdote acudi\u00f3 a Dios en la oraci\u00f3n; le suplic\u00f3 que manifestara sus designios y que no permitiera que un pecador, tal como \u00e9l\u00a0 cre\u00eda serlo, tuviera la desgracia de echar a perder nada de la obra de la Providencia. Escribi\u00f3 varias veces a su Penitenta para que no se precipitara en nada; que honrara con la paz y la sumisi\u00f3n de su coraz\u00f3n, la sumisi\u00f3n y la paz de del coraz\u00f3n de Jesucristo; que se dirigiera frecuentemente a \u00e9l en la oraci\u00f3n, para conocer su santa voluntad, y estar bien persuadida de que si ella pon\u00eda su confianza solamente en \u00e9l, la esperanza\u00a0 que ella ten\u00eda no quedar\u00eda defraudada.<\/p>\n<p>Estas \u00faltimas palabras, que el Siervo de Dios repiti\u00f3 varias veces, se verificaron al fin. Varias j\u00f3venes que parec\u00edan dispuestas a las m\u00e1s duras funciones de la caridad, se presentaron a \u00e9l. Eligi\u00f3 a tres o cuatro, que juzg\u00f3 las m\u00e1s id\u00f3neas para trabajar bien; las coloc\u00f3, hacia finales del a\u00f1o 1633, en las manos de la Se\u00f1orita le Gras, quien las recibi\u00f3, las hosped\u00f3, y las prepar\u00f3 en su Casa; donde no descuid\u00f3 nada de lo que pod\u00eda contribuir a hacerlas capaces de lo que se esperaba de ellas. Se vieron entonces los grandes talentos que Dios hab\u00eda dado a su Sirvienta para esta fuerte educaci\u00f3n. Estas primeras j\u00f3venes a quienes las necesidades urgentes de los pobres no les dejaron esperar m\u00e1s tiempo fueron el ejemplo de todas las Parroquias a donde las enviaron. Su modestia, su dulzura, su disposici\u00f3n para aliviar a los enfermos, y la santidad de su vida encantaron a quienes fueron sus espectadores. Tan buenos ejemplos llamaron la atenci\u00f3n, y pronto despu\u00e9s movieron a otras m\u00e1s\u00a0 de su misma edad y del mismo sexo que vinieron a ofrecerse, como ellas, en humilde servicio a Jesucristo en la persona de los pobres.<\/p>\n<p>Esos fueron los comienzos de esta Compa\u00f1\u00eda de V\u00edrgenes que, con el nombre de Hijas de la Caridad, tiene hoy hasta treinta y cuatro casas s\u00f3lo en la Ciudad de Par\u00eds. Tan peque\u00f1a en su nacimiento, como la mostaza, cuando todav\u00eda es semilla, se ha convertido, como ella, en un gran \u00c1rbol. Sus ra\u00edces alimentadas, menos con la sustancia de la tierra que con el roc\u00edo del Cielo, se han extendido por todas las partes de Francia, por la Lorena, incluso hasta Polonia: Y veremos bien pronto al hu\u00e9rfano abandonado, a la viuda desolada, al soldado cubierto de sangre y de heridas, a los pobres vergonzantes, a los enfermos de yoda clase, respirar a la sombra de sus ramas saludables, y encontrar all\u00ed el alimento, la salud y la vida.<\/p>\n<p>Vicente y su piadosa Colaboradora no hab\u00edan esperado ni previsto progresos tan r\u00e1pidos y tan dilatados. Pero cuando vieron que Dios, contento de alguna forma con haber esbozado su obra, quer\u00eda confi\u00e1rsela a sus cuidados, para darle la \u00faltima mano, se esforzaron uno y otra en perfeccionarla con el socorro de la gracia y en sacar de este precioso talento todo lo que les fuera posible. Su intenci\u00f3n no hab\u00eda sido en un principio otra que ayudar en las Parroquias a aquellos enfermos que estaban desprovistos de los auxilios necesarios, sea porque no hab\u00eda Hospitales, a los que trasladarlos, sea porque no habr\u00edan podido entrar sin da\u00f1ar mucho sus peque\u00f1os asuntos. Los designios de Dios al\u00a0 manifestarse m\u00e1s claramente con el tiempo, hicieron que el santo Fundador las juzgara id\u00f3neas para otros empleos, que no son menos importantes, y que todos se dirigen al auxilio de los pobres. As\u00ed las encarg\u00f3 poco a poco de la educaci\u00f3n de los Ni\u00f1os abandonados; de la instrucci\u00f3n de los j\u00f3venes que, por falta de medios, carec\u00edan de ella; del cuidado de un gran n\u00famero de Hospitales,\u00a0 y hasta de los criminales condenados a las Galeras. Como estas diversas ocupaciones hacen de alguna forma de una sola Compa\u00f1\u00eda varias Comunidades, el santo Sacerdote les prescribi\u00f3 Reglas generales y particulares para dirigir y sostener el Cuerpo entero, y las diferentes partes que lo componen. Sigui\u00f3 en relaci\u00f3n a las Hijas de la Caridad la m\u00e1xima que hab\u00eda seguido con los de la Congregaci\u00f3n; es decir que hubo muchas cosas que no propuso m\u00e1s que a modo de ensayo, y que no public\u00f3 definitivamente m\u00e1s que aquellas que, tras una larga pr\u00e1ctica y mucha experiencia, le parecieron que se deb\u00edan publicar. Tambi\u00e9n se est\u00e1 de acuerdo en que las Constituciones que redact\u00f3 para estas piadosas Hijas son una Obra maestra de prudencia y de sabidur\u00eda. Tan s\u00f3lo daremos un Compendio, ya que un detalle m\u00e1s largo nos llevar\u00eda demasiado lejos.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad deben, ante todas las cosas, tener por principio, que Dios las ha reunido para honrar a Jesucristo Nuestro Se\u00f1or como la fuente y el modelo de toda caridad, prest\u00e1ndole en la persona de los pobres ancianos, ni\u00f1os, enfermos, presos, y otros parecidos, todos los servicios, tanto corporales como espirituales, que puedan prestarles; que, para corresponder a una vocaci\u00f3n tan santa, deben trabajar con una atenci\u00f3n continua en su propia perfecci\u00f3n, y juntar los ejercicios interiores de la vida espiritual a los empleos exteriores de la caridad Cristiana; que, aunque no sean ni puedan ser Religiosas, porque el Estado de Religi\u00f3n no es compatible con su trabajo, deben sin embargo llevar una vida tan perfecta como la de las m\u00e1s santas Religiosas en sus Monasterios; que esto es tanto m\u00e1s verdad cuanto que ellas est\u00e1n mucho m\u00e1s expuestas en el exterior de lo que lo est\u00e1n personas, a quienes su estado pone al abrigo del trato y de los peligros del mundo; Que en cuanto a ellas\u00a0 <em>no tienen de ordinario por Monasterios m\u00e1s que las Casas de los pobres; por Celda una habitaci\u00f3n de alquiler; por Capilla la Iglesia de su Parroquia; por Claustro las calles de la Ciudad, o las Salas de los Hospitales; por Clausura la obediencia; por Reja el temor de Dios; por Velo una santa y exacta modestia.<\/em><\/p>\n<p>De ah\u00ed, contin\u00faa el santo Fundador, resulta que necesitan mucha vigilancia; que deben en todo lugar, a donde sus funciones las llamen, comportarse con un recogimiento y una atenci\u00f3n a Dios que no ceda en nada al fervor de los Claustros m\u00e1s regulares; que, como la pureza, virtud dif\u00edcil y de una amplitud infinita, les es indispensablemente necesaria, y que en este g\u00e9nero toda sospecha, por ligera, por injusta que fuera, ser\u00eda mayor mal a su Compa\u00f1\u00eda que todos los dem\u00e1s cr\u00edmenes que les fueran falsamente imputados, ellas deben apartar con las m\u00e1s severas precauciones, todo cuanto pudiera herir los ojos de Dios y los del pr\u00f3jimo; que es necesario en consecuencia que tengan unas para con otras aquella clase de respeto que excluye la familiaridad; que en sus recreos como en otras partes, se abstengan de las ligerezas pueriles, de los gestos o palabras inconvenientes, de los juegos capaces de llevar a algo menos honesto; que su vigilancia sobre s\u00ed mismas debe redoblarse cuando la caridad las obligue a extenderse por el mundo y tratar con las personas de un sexo diferente, a cuidar a los enfermos, y tambi\u00e9n a los moribundos; que antes de salir de la Casa, deben prosternarse a los pies del Hijo de Dios, suplicarle que sostenga su debilidad, darle gracias a su regreso porque no ha permitido que sus ojos se detuvieran en la vanidad.<\/p>\n<p>Dig\u00e1moslo de paso: \u00a1Cu\u00e1ntas faltas evitadas, cuantos esc\u00e1ndalos ahorrados a la Religi\u00f3n, si las V\u00edrgenes Cristianas se condujeran el mundo por m\u00e1ximas tan juiciosas y tan puras! Sin embargo el santo Hombre no se detuvo ah\u00ed. Yodo lo aterra, cuando se trata de la inocencia y de la reputaci\u00f3n de sus Hijas. Llega hasta prohibirles que no vean nunca a su Director fuera del Tribunal de la Penitencia, a no ser quiz\u00e1s en caso de una enfermedad seria; aun as\u00ed conviene que entonces vayan acompa\u00f1adas o de una de sus Hermanas o de una vecina suya. La ociosidad madre de todos los vicios y m\u00e1s de la impureza que de ning\u00fan otro, les est\u00e1 estrechamente prohibida: pero se tiene por ociosidad entre ellas muchas cosas que, aunque capaces de contribuir al honor de Dios, como ser\u00eda el cuidado de adornar la Iglesia, o de lavar los pa\u00f1os que sirven en el santo altar, podr\u00edan apartarlas del fin, al que est\u00e1n dedicadas y mezclarlas en cantidad de entrevistas, que son por lo menos in\u00fatiles.<\/p>\n<p>Como nada hay tan propio para sostener la virtud como la mortificaci\u00f3n de este cuerpo de pecado, que nos sigue a todas partes, y una fidelidad inviolable a todos los ejercicio de una verdadera y s\u00f3lida piedad, ellas tienen, en relaci\u00f3n a lo uno y a lo otro, Reglamentos que no dejan nada que desear, y que exigen mucho pareciendo exigir bastante poco. No se les prescribe ni el uso del cilicio ni las dem\u00e1s severidades del Claustro. Su gran penitencia debe ser la vida en com\u00fan. Levantarse exactamente en Invierno y en Verano a las cuatro de la ma\u00f1ana; hacer dos veces al d\u00eda la oraci\u00f3n mental; vivir muy frugalmente; no beber nunca m\u00e1s que agua, a no ser quiz\u00e1s en caso de enfermedad; prestar a los enfermos los servicios m\u00e1s repugnantes; velarlos por turno durante las noches enteras; no contar por nada la infecci\u00f3n de los Hospitales, ni el aire emponzo\u00f1ado que se respira en ellos, ni los horrores de la muerte y de los moribundos: ese es el g\u00e9nero de mortificaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad; y si parece suficiente para hombres fuertes es m\u00e1s que suficiente para personas naturalmente d\u00e9biles.<\/p>\n<p>En cuanto a sus ejercicios de piedad, los hay que son de Regla com\u00fan; hay otros sobre los que deben hablar a su Confesor. \u00c9stos se refieren a la frecuentaci\u00f3n de los Sacramentos, a los que deben, mientras puedan hacerlo, acercarse los domingos y las Fiestas: aqu\u00e9llos consisten en o\u00edr a diario la santa Misa; en recitar devotamente el Rosario; ocuparse en ya en lecturas, ya en conversaciones de piedad; y sobre todo en hacer por la ma\u00f1ana tres cuartos de hora de meditaci\u00f3n, y media hora despu\u00e9s de cenar. Estos ejercicios no obstante est\u00e1n subordinados a los ejercicios de la caridad, que deben al pr\u00f3jimo. Al primer grito del pobre, deben volar en su auxilio. Mas a fin de que Dios no salga perdiendo, conviene que se ocupen de \u00e9l durante su paseo, y recojan hasta en las Plazas p\u00fablicas los frutos de justicia y de paz, que la Providencia no les deja entonces recoger en el silencio y el retiro.<\/p>\n<p>A pesar del deseo que tengo de abreviar, no puedo, en una Fundaci\u00f3n que tiene a los pobres y sobre todo a los enfermos por objeto, dispensarme de decir una palabra de los servicios, que Vicente ha querido que sus Hijas les prestaran. Las Reglas que les dio sobre esto, llevan, como las precedentes, toda la huella de una caridad igualmente tierna y luminosa. Por todo el celo que deban tener por procurar a los enfermos la salud del cuerpo, deben todav\u00eda m\u00e1s interesarse por la salvaci\u00f3n de sus almas. Como el viaje de la eternidad no se hace m\u00e1s que una vez, el punto capital es hacerlo bien, que para hacerlo bien, hacen falta grandes disposiciones, ellas deben, para llenar el esp\u00edritu y el coraz\u00f3n de estos queridos enfermos, aprovecharse de los momentos que les quedan. En primer lugar conviene que se esfuercen en penetrar su carne de este temor saludable, que es el comienzo de la sabidur\u00eda; que ellas les inspiren un santo horror por sus pecados; que, si hay todav\u00eda tiempo, los dispongan de una manera viva, pero general, a una Confesi\u00f3n exacta de todas sus miserias; que si el tiempo apremia los animen a tener un dolor sincero de sus des\u00f3rdenes pasados y una firme resoluci\u00f3n de morir antes que volver a caer m\u00e1s en ellos.<\/p>\n<p>Para no cansar a personas a quienes sus propios sufrimientos agotan ya mucho, se encarece a las Hijas de la Caridad que les hablen poco cada vez, de volver de vez en cuando a la carga, de llevarles ya a hacer Actos de Fe, de esperanza y de Caridad; ya a perdonar o a pedir perd\u00f3n a sus enemigos; ya a ponerse sin reserva en las manos de Dios, y a recibir con una perfecta sumisi\u00f3n el juicio de vida o de muerte que le agrade pronunciar.<\/p>\n<p>Esta atenci\u00f3n a la salvaci\u00f3n eterna de los enfermos debe redoblarse, cuando se acercan los \u00faltimos momentos; entonces deben encomendarlos a Dios e inspirarles aquellos tiernos sentimientos, que son tan propios para unirlos a Jesucristo. Que si por el contrario recobran la salud, se los debe animar a hacer un buen uso\u00a0 de su enfermedad y de su recuperaci\u00f3n; hacerles ver que Dios no ha afligido al cuerpo sino para curar el alma; que tiene raz\u00f3n de exigir que consagren a su servicio, d\u00edas que ha dado por pura misericordia; que ahora es cuando el Cielo y la tierra van a ver si hab\u00eda sinceridad en las promesas, que han repetido tantas veces, de no ofenderle m\u00e1s; que adem\u00e1s, les costar\u00e1 menos de lo que creen vivir en la santidad y en la justicia; que todo ir\u00e1 bien, si son exactos en pedir a Dios noche y d\u00eda, acercarse varias veces al a\u00f1o a la Penitencia y a la Eucarist\u00eda, para evitar las ocasiones que hasta entonces han sido funestas a su inocencia. Esto es una especie de plan de una conducta que las Hijas de la Caridad deben tener en cuenta con respecto a los pobres enfermos; arreglarse como puedan para que los servicios espirituales, que ellas les prestan, no perjudiquen en nada al cuidado que deben tener de su salud,\u00a0 y que desempe\u00f1en estas dos funciones con mucha m\u00e1s sencillez y humildad.<\/p>\n<p>Estos Reglamentos y otros m\u00e1s parecidos despu\u00e9s de ser llevados a la pr\u00e1ctica durante casi 20 a\u00f1os, fueron aprobados por Jean-Fran\u00e7ois-Paul de Gondi, Cardenal de Retz, Arzobispo de Par\u00eds. Este prelado, en las Cartas de Erecci\u00f3n, rindi\u00f3 al Padre y a las Hijas la justicia que les era debida. Puso a la nueva Compa\u00f1\u00eda bajo la obediencia de Vicente de Pa\u00fal y de sus Sucesores los Superiores Generales de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. El Rey confirm\u00f3 la misma Fundaci\u00f3n por sus Cartas Patentes, que son un monumento eterno de la piedad y de la estima que ya por todas partes se levantaba\u00a0 a esta virtuosa Comunidad. Este gran Pr\u00edncipe declara en ellas que su intenci\u00f3n es <em>de favorecer, y apoyar todas las buenas obras que son para la gloria de Dios; <\/em>que ha reconocido que la Compa\u00f1\u00eda de las hijas de la Caridad es de este g\u00e9nero; q<em>ue sus comienzos se han visto llenos de bendiciones y sus progresos abundantes en caridad; <\/em>que en consecuencia <em>las coloca bajo la salvaguarda y protecci\u00f3n especial, con todos los bienes y fondos que les son y ser\u00e1n en lo futuro otorgados; que les confirma el bien que el Rey su Padre les dio sobre su Dominio, y que en fin les permite establecerse en todos los Lugares de su Reino, a los que sean llamadas para el servicio de los pobres, o de los Hospitales. <\/em>Estas Cartas Patentes fueron verificadas y registradas en el parlamento de Par\u00eds el 16 de diciembre del a\u00f1o siguiente (1668): y ocho a\u00f1os despu\u00e9s la misma Comunidad fue confirmada por el Cardenal Luis de Vand\u00f4me Legado <em>a latere <\/em>de la Santa Sede Apost\u00f3lica, y del Papa Clemente IX.<\/p>\n<p>La caridad, que Luis XIV admiraba en estas santas Hijas, mereci\u00f3 pronto los mayores elogios, no por raz\u00f3n de sus funciones, que han sido siempre las mismas, sino por raz\u00f3n de las personas que las cumplieron. Vicente hab\u00eda cre\u00eddo en un principio que no hab\u00eda apenas m\u00e1s que j\u00f3venes de baja condici\u00f3n que pudieran resolverse a dar por s\u00ed mismas a toda clase de enfermedades los servicios m\u00e1s bajos y m\u00e1s repugnantes; parec\u00eda incluso pensar que Dios bendecir\u00eda m\u00e1s en particular a pobres que sirvieran a otros pobres. El ejemplo de la infatigable Se\u00f1orita le Gras era en su esp\u00edritu uno de esos fen\u00f3menos que no aparecen sino raramente; y la costaba trabajo creer que se pudiera encontrar en cierto mundo una virtud y una actividad parecidas a la suya. As\u00ed durante un buen n\u00famero de a\u00f1os no se recibi\u00f3 entre las Hijas de la Caridad m\u00e1s que a personas de un nacimiento bastante mediocre y acostumbradas desde la infancia a los m\u00e1s penosos trabajos de las Ciudades y de los campos. Pero unas j\u00f3venes de familia y otras de condici\u00f3n, habiendo hecho, por s\u00ed mismas o por sus amigos, reiteradas instancias para compartir con las primeras la abyecci\u00f3n y el m\u00e9rito de sus trabajos, se crey\u00f3 que habr\u00eda injusticia en cerrarles una puerta que Dios mismo parec\u00eda abrirles. Se resolvi\u00f3 pues hacer una prueba, y \u00e9sta fue acertada del todo. Se vio entonces y se sigue viendo hoy a j\u00f3venes criadas en la delicadeza, vestidas con preciosas ropas, m\u00e1s acostumbradas a mandar que a obedecer, renunciar a todas las comodidades de la vida para abrazar un Estado, en el que la naturaleza tiene mucho que sufrir; honrar como a sus amos a desdichados de toda clase, que no habr\u00edan sido admitidos a servirlas en el mundo; y llevar con m\u00e1s alegr\u00eda un h\u00e1bito vil y grosero de la que las j\u00f3venes del siglo sienten llevando sus aderezos casi siempre mundanos, y con frecuencia escandalosos.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si este cambio se hizo durante la vida del santo Fundador; lo que es seguro es que de cualquier condici\u00f3n que hayan sido en su tiempo las Hijas de la Caridad, ten\u00eda hacia ellas un respeto particular. El solo nombre de Sirvientas de los pobres enternec\u00eda a este Padre de todos los afligidos. La protecci\u00f3n, que Dios otorga a los que le sirven en sus miembros, le aseguraba perfectamente contra los peligros a los que ellas est\u00e1n expuestas. Las ha enviado bien a los ej\u00e9rcitos para cuidar de los soldados heridos; bien hasta Polonia atravesando Alemania y una multitud de Pa\u00edses herejes, sin dar a entender que tem\u00eda por ellas, lo que hubiera temido por los dem\u00e1s. Les hab\u00eda ordenado que en sus viajes fueran <em>rocas <\/em>contra todo lo que pudiera anunciarles la trampa del seductor; no dudaba un momento que ellas no lo fuesen, y Dios se lo conced\u00eda a sus oraciones y a sus exhortaciones, alguna vez hasta ha parecido prometerles que la Providencia har\u00eda en su favor milagros, antes que abandonarlas; y la Providencia ha justificado m\u00e1s de una vez sus predicciones.<\/p>\n<p>A este prop\u00f3sito, les habl\u00f3 un d\u00eda de un suceso, del que todo Par\u00eds acababa de ser testigo, y en el que la incredulidad misma tendr\u00eda sus dificultades en no ver el dedo de Dios. Una de estas virtuosas mujeres habiendo ido a una casa del Arrabal de S. Germain, para dar la porci\u00f3n a un pobre enfermo, apenas hubo entrado, cuando todo el Edificio se abri\u00f3 de arriba abajo, y se desplom\u00f3 por completo. De treinta personas, o m\u00e1s, que estaban en el Edificio, no se libr\u00f3 ninguna de quedar sepultada bajo las ruinas,\u00a0 menos un ni\u00f1o que qued\u00f3 herido y la Hermana, de quien hablamos, que sali\u00f3 ilesa. Se encontr\u00f3 durante esta violenta tempestad en un rinc\u00f3n del piso, que no se cay\u00f3, aunque el resto del piso se hundiera todo. All\u00ed se qued\u00f3 inm\u00f3vil con una cesta que llevaba en la mano. Una granizada de piedras gordas, de vigas, de postes, de cofres, de armarios, de mesas que se precipitaron de los pisos superiores, le pasaron casi rozando, pero parecieron respetarla; sali\u00f3 sana e intacta de este mont\u00f3n de escombros, en medio de las aclamaciones de una multitud de gente que el ruido y el estr\u00e9pito hab\u00edan reunido.<\/p>\n<p>Para terminar lo que se refiere a este Instituto, bastar\u00e1 con a\u00f1adir que las Hijas de la Caridad no hacen m\u00e1s que votos simples; que no los hacen por primera vez sino despu\u00e9s de cinco a\u00f1os de prueba; que, para tenerlas en una justa dependencia, y dejarles al mismo tiempo todo el m\u00e9rito de una plena libertad, ellas no los hacen cada vez m\u00e1s que por un a\u00f1o; que al renovarlos el 25 de marzo, d\u00eda en que la Se\u00f1orita le Gras los hizo por primera vez, lo hace con el permiso que les da la Superiora General; que el retraso de este permiso es la penitencia m\u00e1s dura que se les pueda imponer; que, aparte de las tres virtudes que est\u00e1n en uso en las \u00d3rdenes Religiosas, hacen un cuarto voto de servir a los pobres en la Compa\u00f1\u00eda, a la que Dios las ha llamado; y que finalmente la libertad que tienen de salirse no ha servido apenas hasta el presente m\u00e1s que para ligarlas con lazos m\u00e1s consoladores y m\u00e1s inviolables.<\/p>\n<p>El servicio que rindi\u00f3 a los pobres Vicente de Pa\u00fal procur\u00e1ndoles unas Mujeres, que no tienen otro objeto que el de socorrerlos, fue pronto seguido de un Establecimiento nuevo, que procur\u00f3 a estos mismos pobres bienes y ventajas que cuesta mucho idear, y m\u00e1s a\u00fan explicar. A la vuelta de un viaje en el que, por orden del sr Obispo de Beauvais, gir\u00f3 en dos d\u00edas la visita a las Religiosas Ursulinas -26 y 27 de julio de 1634-, con una sabidur\u00eda, cuya prueba subsiste a\u00fan hoy en las Ordenanzas que dej\u00f3 all\u00ed. La sra Presidenta Gouffaut vino a verle y le propuso una buena obra cuya idea la ocupaba hac\u00eda tiempo. Era una mujer de una caridad eminente. Rica y hermosa, se hab\u00eda quedado viuda en la flor de la edad; el mundo le ofrec\u00eda en un segundo matrimonio todo lo que puede halagar a una joven de su condici\u00f3n. Pero la gracia fue m\u00e1s fuerte que la naturaleza. Jesucristo pobre y sufriente en los pobres fue el \u00fanico Esposo que la Presidenta se quiso escoger; y fue a \u00e9l solo a quien se esforz\u00f3 por agradar el resto de sus d\u00edas. No perdi\u00f3 nada en ello y los pobres ganaron mucho.<\/p>\n<p>A los que ve\u00eda con mayor frecuencia era a los enfermos del Hospital General de Par\u00eds (l\u2019H\u00f4tel-Dieu), y fueron ellos el objeto principal de la visita que hizo al santo Sacerdote. Le propuso con mucha fuerza, que este grande y vasto Hospital merec\u00eda una atenci\u00f3n particular; que pasaban por \u00e9l cada a\u00f1o unas veinticinco mil personas de toda edad, de todo sexo, de todo Pa\u00eds y de toda Religi\u00f3n; que por consiguiente se har\u00eda all\u00ed una cosecha infinita para la gloria de Dios, si las cosas marcharan como deb\u00edan marchar; que faltaba mucho para que las cosas fueran como deb\u00edan ser; y que ella sab\u00eda, por haberlo visto, que a los pobres les faltaban muchos auxilios espirituales y temporales.<\/p>\n<p>Vicente sab\u00eda muy bien que no se encontraba en el Hospital General el bonito orden que se ha visto luego y se admira hace tantos a\u00f1os;\u00a0 pero sab\u00eda tambi\u00e9n que existen males que hay que tolerar, y que de este n\u00famero son aquellos que no se pueden parar, sin exponerse a hacerlos mayores. As\u00ed que se content\u00f3 con responder a la Presidenta que no le conven\u00eda meter la hoz en la mies del pr\u00f3jimo; que la casa de la que le hablaban estaba gobernada en lo espiritual y en lo temporal por Directores y Administradores, a quienes ten\u00eda por muy sabios; que no ten\u00eda no car\u00e1cter ni autoridad para impedir los abusos que pod\u00edan hallarse all\u00ed como en todas partes; que hab\u00eda que esperar a que los que estaban encargados del gobierno de esta gran casa aportaran los remedios necesarios. Este discurso era sabio, y en \u00e9l se reconoce f\u00e1cilmente a un esp\u00edritu muy circunspecto y muy precavido: sin embargo, como todo eso no remediaba nada, el celo de la Presidenta no qued\u00f3 satisfecho. Hizo nuevas tentativas; pero recibi\u00f3 siempre respuestas m\u00e1s o menos parecidas; Vicente continu\u00f3 diciendo que este asunto no era de su incumbencia, y que no le conven\u00eda mezclarse en \u00e9l.<\/p>\n<p>Lo que hace el amor del mundo en el coraz\u00f3n de una mujer, que es su v\u00edctima, lo hace el amor de Dios con mayor facilidad en el coraz\u00f3n de esas mujeres virtuosas, que no respiran sino su gloria. La Se\u00f1ora Gouffault no perdi\u00f3 de vista el proyecto que hab\u00eda formado: lo sigui\u00f3 por entero, es decir que persisti\u00f3 en querer que fuera ejecutado y, lo que es m\u00e1s, que Vicente fuese quien lo ejecutara. Toda la dificultad estaba en hac\u00e9rselo comprender; ya que por poco que quisiera encargarse, ella conoc\u00eda demasiado su prudencia y su habilidad, para dudar del \u00e9xito. Con este pensamiento se fue a ver al sr Arzobispo de Par\u00eds; ella le habl\u00f3 de una manera tan expresiva, tan urgente que este Prelado hizo saber al Siervo de Dios que le complacer\u00eda escuchar las propuestas que le hab\u00edan hecho, y establecer una Compa\u00f1\u00eda de Damas, que tuvieran un cuidado particular de los enfermos del H\u00f4tel-Dieu.<\/p>\n<p>El Santo no dud\u00f3 m\u00e1s de la voluntad de Dios, una vez que se le manifest\u00f3 por el \u00f3rgano de su Obispo. Por eso, sin deliberar, rog\u00f3 a unas mujeres de condici\u00f3n y de piedad que se reunieran tal d\u00eda y a tal hora\u00a0 en casa de la presidenta. All\u00ed se encontraron las Damas de Ville-Savin, de Bailleul, del Mecq, de Sainctor y de Pollaillon. El santo Sacerdote abri\u00f3 la Asamblea con un discurso tan en\u00e9rgico, y resalt\u00f3 tanto la necesidad, la importancia, la grandeza de la empresa que les propon\u00eda que todas resolvieron entregarse a ella. Vicente se\u00f1al\u00f3 una nueva Asamblea para el lunes siguiente; Vicente encarg\u00f3 a todos los que hab\u00edan asistido a la primera que invitaran a la segunda a aquellas amigas suyas que juzgaran aptas para prestarse a la buena obra que se quer\u00eda emprender: pero, seg\u00fan su costumbre, tambi\u00e9n les encarg\u00f3 m\u00e1s todav\u00eda que encomendaran este asunto a Dios, y que comulgaran con esta intenci\u00f3n. En este sentido escribi\u00f3 a la Se\u00f1orita le Gras, advirti\u00e9ndole que la necesitar\u00edan y a cuatro de sus Hijas.<\/p>\n<p>Esta segunda Asamblea fue m\u00e1s numerosa que la primera. Se encontraron all\u00ed varias Damas tan distinguidas por su virtud como por el rango que ocupaban. Las m\u00e1s conocidas son Elizabeth d\u2019Aligre Cancillera de Francia, Anne Petau viuda del Se\u00f1or Reanut Se\u00f1or de Traversai y Marie Fouquet. Esta \u00faltima se cre\u00f3 un nombre inmortal por su afecto a Dios, su ternura hacia los pobres, su amor a la oraci\u00f3n: y no se olvidar\u00e1 nunca que en el momento de enterarse de la humillante desgracia de su Hijo -1661-, el Superintendente de las Finanzas, pronunci\u00f3 a los pies de su divino Maestro estas palabras que ser\u00e1n su elogio por todos los siglos: <em>Os doy gracias, mi Dios; siempre os ped\u00ed la salvaci\u00f3n de mi Hijo, este es el camino.<\/em><\/p>\n<p>Se procedi\u00f3 en esta Asamblea a la elecci\u00f3n de tres Oficialas; es decir de una Superiora, de una Asistente y de una Tesorera. La Presidenta Goufault tuvo el honor de ser la primera Superiora de la nueva Compa\u00f1\u00eda, y Vicente fue constituido el Director perpetuo. En pocos a\u00f1os se hizo tan floreciente que contaba con m\u00e1s de doscientas Damas, entre las cuales se han viso con edificaci\u00f3n a Presidentas, Condesas, Marquesas, Duquesas, Princesas incluso, que inclinaban humildemente delante de los pobres una cabeza nacida para llevar la Diadema. Cuanta mejor voluntad testimoniaban mujeres respetables, mejor reconoci\u00f3 Vicente lo importante que era dirigir su celo. Por eso les prescribi\u00f3 unas Reglas, de las que se convino que no apartar\u00edan. Como ten\u00eda una vista admirable, y examinaba sus objetivos en todas sus partes, se dio cuenta que hab\u00eda que, 1\u00ba Hacer el bien, sin dar a entender que se reprochaba a los que estaban encargados por no haberlo hecho. 2\u00ba Hacerlo a la vista de todos aquellos que quisieran presenciarlo. 3\u00ba Por fin, hacerlo a enfermos, m\u00e1s dignos de compadecer por parte del alma que de parte del cuerpo.<\/p>\n<p>A base de estos principios fue como, sin alejarse de esta sabia sencillez, que fue siempre el alma de su conducta, al entrar en el Hospital General, ir\u00edan en primer lugar a presentarse a las Religiosas, que cuidan a los enfermos; que les rogar\u00edan tener a bien que, para participar de sus m\u00e9ritos, tuvieran el consuelo de servir con ellas; que en caso de que se hallara alguna, que no las mirara con buenos ojos, ellas tendr\u00edan mucho cuidado de no contradecirla, o de querer imponerse; y para terminar ellas honrar\u00edan a todas estas j\u00f3venes, como a sus propias Madres, las Due\u00f1as de la Casa, las Esposas de Jesucristo. Que con respecto a los pobres, les hablar\u00edan con mucha dulzura y humildad; que, para no contristar a estos desdichados, a quienes el lujo de los ricos hace sentir m\u00e1s el peso de sus miserias, no se presentar\u00edan ante ellos m\u00e1s que con vestiduras igualmente sencillas y modestas; y que, para hacerles m\u00e1s atentos a las peque\u00f1as exhortaciones que les deb\u00edan hacer sobre el asunto de la salvaci\u00f3n, les procurar\u00edan todos los peque\u00f1os auxilios, que la casa no les daba. Finalmente, el S. Sacerdote quiso tambi\u00e9n que, a fin de no da\u00f1ar los ojos de cierta clase de gente que les gusta censurar lo que no tienen el valor de imitar, evitaran no s\u00f3lo hacerse las sabias, cuando instruyeran a los enfermos, sino tambi\u00e9n parecer hablar de s\u00ed mismas; y que para ello tuvieran siempre en la mano un Librito, que se mand\u00f3 imprimir a este fin y que encerraba aquellas verdades Cristianas, cuyo conocimiento es m\u00e1s esencial.<\/p>\n<p>Este proyecto fue ejecutado, y dio buenos resultados. Estas Damas, por medio de sus modos amables y respetuosos, se ganaron el coraz\u00f3n de las Religiosas de la casa. Tuvieron plena libertad de recorrer las Salas y las camas para consolar a los pobres, hablarles de Dios, llevarles a hacer buen uso de sus enfermedades, disponerlos a una santa y Cristiana muerte. Comenzaron por desterrar algunos abusos de importancia, que eran efecto de un celo mal entendido. Era costumbre en el Hospital General hacer confesarse a los que eran admitidos en el momento que entraban. Estas Confesiones realizadas a toda prisa por personas, que no estaban ni preparadas ni instruidas no pod\u00edan por menos que estar mal hechas. Con bastante frecuencia incluso eran tambi\u00e9n sacrilegios por otro cap\u00edtulo. Hab\u00eda hombres que, si bien crecidos en la herej\u00eda, se confesaban como los dem\u00e1s, por el miedo a no ser recibidos o ser maltratados. Por otro lado, no se hablaba nunca a los enfermos de hacer Confesiones generales. Despu\u00e9s de esta primera Confesi\u00f3n, que hab\u00edan hecho al entrar, se los dejaba tranquilos hasta la proximidad de la muerte; es decir, hasta que fueran tanto a m\u00e1s incapaces de confesarse bien como la primera vez.<\/p>\n<p>La supresi\u00f3n de estos des\u00f3rdenes fue el primer efecto del celo de la nueva Asamblea. Las Damas, que visitaban a los enfermos, se dedicaron a instruirlos, a ense\u00f1arles la manera de examinar bien sus conciencias, a hacer nacer en sus corazones, con la ayuda de la gracia, estos sentimientos de dolor y de humillaci\u00f3n, que Dios no ha rechazado nunca. Todo ello se hac\u00eda con la m\u00e1s perfecta sencillez de los Hijos de Dios, como lo hab\u00eda recomendado el santo Sacerdote muy expresamente. Estas virtuosas Damas menos prescribir a los dem\u00e1s lo que deb\u00edan hacer, que contarles lo que la misericordia de Se\u00f1or les hab\u00eda mandado hacer a ellas mismas. <em>\u201c\u00bfHace mucho tiempo, querida Hermana, dec\u00edan a una mujer enferma, que no os confes\u00e1is? No tendr\u00edais la devoci\u00f3n la devoci\u00f3n de hacer una Confesi\u00f3n general, si os dijeran c\u00f3mo hay que hacerla. A m\u00ed me han dicho que era importante para mi salvaci\u00f3n hacer una buena antes de morir, ya para reparar los defectos de las Confesiones ordinarias, que quiz\u00e1s yo haya hecho mal; ya para concebir un mayor arrepentimiento de mis pecados, teniendo presentes por un lado los m\u00e1s graves de aquellos que tuve la desdicha de cometer durante toda mi vida, y por otro la misericordia infinita de Dios, que lejos de condenarme al fuego del infierno, cuando lo he merecido, ha escuchado mi penitencia para perdon\u00e1rmelos, y concederme su Para\u00edso, si me convirtiera a \u00e9l de todo coraz\u00f3n. Pues bien, pod\u00e9is tener las mismas razones que yo de hacer esta Confesi\u00f3n general, y de entregaros a Dios para vivir bien el resto de vuestros d\u00edas. Y si quer\u00e9is saber lo que deb\u00e9is hacer para acordaros de vuestros pecados, y luego confesarlos como es debido, me ense\u00f1aron a examinarme como yo os voy a decir, etc. Tambi\u00e9n me ense\u00f1aron a hacer Actos de Fe, de Esperanza, de Amor de Dios, y de un verdadero y sincero dolor de mis pecados de esta manera, etc.<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Este fue el m\u00e9todo que siguieron,\u00a0 por\u00a0 consejo de su sabio Director, las Damas de la Asamblea, en las instrucciones de los enfermos. Logr\u00f3 mucho m\u00e1s de lo esperado; edific\u00f3 a aquellos mismos que no sent\u00edan mucha inclinaci\u00f3n a la edificaci\u00f3n, y la cr\u00edtica m\u00e1s mordaz no encontr\u00f3 en ella nada que pudiera censurar.<\/p>\n<p>Cuando los enfermos estaban bastante instruidos, y parec\u00edan estar suficientemente preparados, estas mismas Damas se cuidaban de procurarles Confesores id\u00f3neos para acabar lo que ellas hab\u00edan comenzado. Se dirigieron en primer lugar a Religiosos; pero habiendo sobrevenido en esta ocasi\u00f3n algunas dificultades, escogieron a dos Sacerdotes Seculares de los cuales uno, que sab\u00eda varias lenguas, pod\u00eda confesar a los Extranjeros, que no hablaban franc\u00e9s. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, habiendo aumentado el n\u00famero de enfermos, las Damas que se vieron abrumadas por la multitud de los que hab\u00eda que instruir, y que de esta forma no pod\u00edan prestar con comodidad los servicios a los hombres que prestaban a las mujeres, tomaron nuevos acuerdos. Convinieron con los Superiores de la Misi\u00f3n, colocar all\u00ed a seis Sacerdotes, que no tendr\u00edan otro oficio que el de instruir a los hombres y escuchar las Confesiones de las personas de uno y otro sexo. Estos Sacerdotes, para realizar mejor una funci\u00f3n tan dura como importante, deb\u00edan comenzar por hacer un Retiro en S. L\u00e1zaro, y renovarlo cada a\u00f1o, a fin de mantener el esp\u00edritu de caridad, que les es necesario. Por lo dem\u00e1s, su condici\u00f3n era buena para el tiempo. La Asamblea de las Damas daba a cada uno de ellos cuarenta escudos al a\u00f1o: ten\u00edan cada d\u00eda en Notre Dame la retribuci\u00f3n por sus Misas; el Hospital General les proporcionaba habitaci\u00f3n y alimentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este Establecimiento, que procuraba a los enfermos y a los moribundos un socorro tan esencial, no impidi\u00f3 que las Damas de la Asamblea continuaran prestando sus servicios espirituales de los que eran capaces. Se imaginaban, como Vicente de Pa\u00fal que era su modelo, no haber llegado nunca a hacer lo suficiente para responder a los designios de Dios. Se piensa enseguida que la Se\u00f1orita le Gras no era la menos ardiente. El Siervo de Dios se vio obligado m\u00e1s de una vez a moderar su celo, y a decirle que el deseo y el pensamiento de llegar m\u00e1s lejos de lo que podemos hacer con los medios que \u00e9l nos da, es un crimen para los Hijos de la Providencia.<\/p>\n<p>Con vistas a dirigir a Damas, cuya conservaci\u00f3n tan necesaria era a los pobres, el santo Sacerdote, dos a\u00f1os despu\u00e9s de la Fundaci\u00f3n de su Compa\u00f1\u00eda, hizo un nuevo Reglamente que las aliviaba mucho, sin perjuicio de los enfermos. Hasta entonces las mismas personas, que los hab\u00edan servido, se tomaban tambi\u00e9n el trabajo de instruirlos y prepararlos para la muerte. Vicente crey\u00f3 que hab\u00eda que compartir estos oficios. Para no hacer nada sin el consentimiento de ellas, se\u00f1al\u00f3 una Asamblea, en la que se hallaran todas. En ella propuso sus razones, que fueron aceptadas. Se dispon\u00eda que en adelante las Damas ser\u00edan distribuidas en dos clases; que unas estar\u00edan encargadas de servir a los pobres, mientras que las otras trabajar\u00edan en instruirlos; que cada tres meses se nombrar\u00edan a catorce para esta doble funci\u00f3n; que dos de este n\u00famero ir\u00edan, cada d\u00eda de la Semana, al Hospital General despu\u00e9s de recibir la bendici\u00f3n de aquel de los Se\u00f1ores Can\u00f3nigos de la Catedral, que fuera entonces su Superior; que en las cuatro t\u00e9mporas del A\u00f1o, se har\u00eda una nueva Elecci\u00f3n; y que las que salieran de cargo, entregar\u00edan a la Asamblea un informe sencillo y fiel des \u00e9xito de sus trabajos, y c\u00f3mo se las hab\u00edan arreglado para llevarlos a buen fin; para que sirviese de regla y diera valor a las que las siguieran.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed hemos hablado s\u00f3lo de los auxilios espirituales que estas virtuosas Damas prestaban a los enfermos; es justo decir unas palabras de los servicios corporales que ellas les han prestado durante la vida de nuestro Santo y que han continuado prest\u00e1ndoles con mayor o menor amplitud, m\u00e1s de sesenta a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte. Se hab\u00edan reglamentado, desde el comienzo, estos servicios por el informe que hab\u00eda hecho la Presidenta Gouffault, sobre el modo como pasaban los enfermos la ma\u00f1ana y la tarde. Conviene o que no se les diera nada durante todo ese tiempo, o que no se les diera m\u00e1s que alimentos demasiado vulgares, y poco proporcionados al estado de disgusto y languidez en que se encuentran casi siempre los enfermos. Una caridad menos tierna que la de esta ilustre viuda, no hubiera llamado mucho la atenci\u00f3n. Cuando no se sufre, no se siente lo que sufren los dem\u00e1s\u00a0 Pero una mujer, a quien la gracia hab\u00eda ense\u00f1ado a mirar a los pobres como a sus propios hijos, estaba muy lejos de sentir de tener sentimientos tan duros, tan poco razonables. Ella hubiera querido verlos tratados en sus enfermedades, como ella era tratada en las suyas. Vicente secund\u00f3 sus buenas intenciones, y este digno Sacerdote, cuyo gran talento fue siempre mover los corazones a favor de los pobres. Comunic\u00f3 gozoso estas buenas y caritativas disposiciones de las Damas tan piadosas como lo eran las de su Asamblea. Se public\u00f3 pues desde la segunda sesi\u00f3n, que se alquilar\u00eda una Casa cerca del Hospital General y que se establecer\u00eda all\u00ed a Hijas de la Caridad, para preparar el desayuno y la colaci\u00f3n de un millar de enfermos; que por la ma\u00f1ana se dar\u00edan hervidos con leche a los que pudieran tomarlos; que por la tarde se les servir\u00eda pan blanco, bizcochos, confituras, helado, incluso cerezas, y racimos seg\u00fan la estaci\u00f3n y el grado de su convalecencia; que durante el invierno se les traer\u00eda cebollas, fruta cocida, asados al az\u00facar; que por fin las Damas que,\u00a0 por turnos, ser\u00edan destinadas a ir al Hospital General, tendr\u00edan a mucha honra presentar con sus propias manos estos peque\u00f1os dulces a los que los necesiten.<\/p>\n<p>Trad. M\u00e1ximo Agustin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antes de entrar en este nuevo campo, dejar para siempre la materia de los Retiros, se me permitir\u00e1 decir en dos palabras, que lo que Vicente de Pa\u00fal tem\u00eda tanto, no sucedi\u00f3; que hoy, como &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-16-2\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":401146,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-402222","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>San Vicente (Collet) 16 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-16-2\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente (Collet) 16 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Antes de entrar en este nuevo campo, dejar para siempre la materia de los Retiros, se me permitir\u00e1 decir en dos palabras, que lo que Vicente de Pa\u00fal tem\u00eda tanto, no sucedi\u00f3; que hoy, como ... 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