{"id":402220,"date":"2019-04-10T08:13:55","date_gmt":"2019-04-10T06:13:55","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402220"},"modified":"2019-03-17T12:45:42","modified_gmt":"2019-03-17T11:45:42","slug":"san-vicente-collet-14","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-14\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 13"},"content":{"rendered":"<p>Este consejo, en el que la prudencia humana, y quiz\u00e1s un poco de amor propio, entraban por algo, no pod\u00eda agradar a un hombre que, como el gran Ap\u00f3stol, hubiera cre\u00eddo anular la fuerza de la Cruz, apoy\u00e1ndose en medios puramente naturales. \u00c9l les respondi\u00f3 pues, que estaba persuadido de que el m\u00e9todo, con el que les hab\u00eda ido tan bien en las dem\u00e1s Misiones, era el mismo del que se deb\u00edan servir en la Misi\u00f3n que iban a comenzar; aue el esp\u00edritu del mundo, que triunfaba en aquel barrio de Par\u00eds, cuya conversi\u00f3n iban a emprender, no ser\u00eda nunca superado con m\u00e1s \u00e9xito que cuando se le atacara con el Esp\u00edritu de JC que es un Esp\u00edritu de sencillez; que, para entrar en los sentimientos de este divino Salvador, deb\u00edan buscar, como \u00e9l, no su propia gloria sino la de su Padre: que conven\u00eda que a su ejemplo estuvieran preparados a sufrir el desprecio, y a soportar las contradicciones y las persecuciones; que al hablar el lenguaje, que hab\u00eda empleado el Hijo de Dios, estar\u00edan por lo menos seguros, que no ser\u00edan ellos quienes hablaba, sino JC quien hablaba por ellos; y que una disposici\u00f3n tan justa y tan santa los pondr\u00eda en situaci\u00f3n de servir de instrumentos a esta misericordia, que tocas los corazones m\u00e1s endurecidos, y que convierte a los esp\u00edritus m\u00e1s rebeldes.<\/p>\n<p>Estos consejos fueron recibidos como si un \u00c1ngel se los hubiera dado. As\u00ed, sin deliberar m\u00e1s, estos Se\u00f1ores comenzaron su misi\u00f3n con los sentimientos de una sumisi\u00f3n perfecta a todas las voluntades del Se\u00f1or, y de una entera confianza en su bondad. No tardaron en reconocer que la gracia trabajaba con ellos. La sencillez y el estilo familiar de sus discursos por los que hab\u00edan temido fracasar fue precisamente el que multiplic\u00f3 el concurso. Este aire Apost\u00f3lico movi\u00f3 a una buena parte de su Auditorio. Ellos mismos se sintieron sorprendidos y transportados. Ve\u00edan todos los d\u00edas y casi en cada momento, pecadores inveterados, usureros endurecidos, mujeres sin frente ni pudor, libertinos que hab\u00edan envejecido en el m\u00e1s infame desorden, y finalmente hombres hasta entonces sin humanidad, sin probidad, sin Religi\u00f3n, sin Fe y sin Dios que, con los ojos ba\u00f1ados en l\u00e1grimas y el coraz\u00f3n atravesado de dolor, ven\u00edan a arrojarse a sus pies, y ped\u00edan a grandes gritos misericordia. El dedo de Dios manifestaba tan bien su propia operaci\u00f3n que era imposible desconocerla. Tuvieron lugar conversiones tan admirables que ten\u00edan algo de milagroso. La injusticia, el odio, la codicia, las pasiones m\u00e1s dif\u00edciles de vencer, rindieron las armas. En una palabra, la bendici\u00f3n de Dios fue tan abundante y tan eficaz que si se quisiera referir al detalle las reconciliaciones, las restituciones y todos los dem\u00e1s bienes que se hicieron en el curso de esta misi\u00f3n, habr\u00eda materia suficiente para un Volumen: son los t\u00e9rminos del Autor contempor\u00e1neo, el primero que nos ha dado la Vida de nuestro santo Padre.<\/p>\n<p>A\u00f1ade, y nada es m\u00e1s propio para confirmar su relato; a\u00f1ade que un burgu\u00e9s de Par\u00eds, que hab\u00eda seguido todos los ejercicios de la misi\u00f3n y que hab\u00eda sido testigo de los grandes bienes que hab\u00eda producido, se sinti\u00f3 tan impresionado que, habiendo ido a ver a estos dignos Eclesi\u00e1sticos en la misi\u00f3n, donde com\u00edan, dijo a los principales de ellos que ten\u00eda de siete a ocho mil libras de renta; que pod\u00eda disponer de ellas sin causar perjuicio a nadie, una vez que Dios hab\u00eda llamado a s\u00ed a su mujer e hijos; que ven\u00eda pues a ofrecerles sus bienes y su persona ; y que se compromet\u00eda\u00a0 a servirles todo el resto de su vida, mientras que ellos se comprometieran a permanecer siempre juntos y a continuar en otras partes el trabajo que hab\u00edan hecho en el Arrabal de S. Germain: \u201c<em>Ya que estoy bien seguro, a\u00f1adi\u00f3, de que no puedo prestar a Dios un servicio, que le sea m\u00e1s agradable, ni procurar un bien mayor a la Iglesia, y por consiguiente ni emplear mejor mi persona y mis bienes<\/em>\u201d. Estos Se\u00f1ores se lo agradecieron con gran afecto: le hicieron ver que no pod\u00edan aceptar sus ofertas ya que les era imposible obligarse del modo que \u00e9l se lo propon\u00eda. Le dijeron sin embargo, para consolarle un poco, que ellos hab\u00edan resuelto pasar el resto de sus d\u00edas en ocupaciones poco m\u00e1s o menos parecidas a \u00e9sta, de la que \u00e9l hab\u00eda\u00a0 recibido tanta edificaci\u00f3n; y que Dios, que sabe poner precio a la preparaci\u00f3n\u00a0 del coraz\u00f3n, tendr\u00eda en mucho su buena voluntad.<\/p>\n<p>Tal fue el \u00e9xito de esta misi\u00f3n. El sr Bossuet atribu\u00eda a las oraciones de Vicente de Pa\u00fal el \u00e9xito prodigioso de las que dieron sus Hijos en la Di\u00f3cesis de Metz, en el tiempo que \u00e9l era Gran Arcediano. Al lector pertenece juzgar si los bienes, que \u00e9sta produjo, fueron menos el efecto de los gemidos y de las l\u00e1grimas del santo Sacerdote que del celo que necesit\u00f3 para emprenderla. Fue sin embargo con gran consuelo cuando el Servidor de Dios vio al a\u00f1o siguiente que hab\u00eda trabajado por uno de sus m\u00e1s \u00edntimos amigos, quiero decir por el sr Abate Olier quien, despu\u00e9s de negarse varias veces al Episcopado, no acept\u00f3 la Parroquia de S. Sulpicio \u2013en 1642- sino para hacer poco a poco en todas las partes de esta inmensa Parroquia lo que la misi\u00f3n, con todo lo fecunda que hab\u00eda sido, apenas hab\u00eda podido hacer en una sola.<\/p>\n<p>Cuando las Conferencias Eclesi\u00e1sticas de S. L\u00e1zaro, no hubieran hecho otros bienes que aquellos de los que hemos hablado hasta ahora, merecer\u00edan el elogio y los sufragios de la posteridad. Pero Dios ha obtenido su gloria por el modo como ellas se extendieron por Francia, y m\u00e1s all\u00e1 de los montes. Por lo general la multiplicaci\u00f3n y la duraci\u00f3n han sido los caracteres a los que Dios ha asignado casi todas las buenas obras que Vicente de Pa\u00fal emprendi\u00f3. Las Conferencias del Martes subsisten todav\u00eda con edificaci\u00f3n;\u00a0 y desde el mismo tiempo del santo Hombre se establecieron en un gran n\u00famero de Di\u00f3cesis. Siendo lo propio de la caridad tener una santa relaci\u00f3n con ella misma y comunicarse a los que la quieren recibir, los Eclesi\u00e1sticos de la Conferencia, que llevaban a todas partes con ellos esta preciosa virtud, no pensaban, fuera cual fuera el lugar en el que se trabajaran, m\u00e1s que en hacer a los dem\u00e1s part\u00edcipes del Esp\u00edritu, que Dios hab\u00eda difundido en ellos por mediaci\u00f3n de su Siervo. Estos Se\u00f1ores, que de vez en cuando se ve\u00edan obligados a dejar Par\u00eds, para trabajar bien en las misiones bien en los oficios, de los que la Providencia los encargaba, bien en sus asuntos particulares, ten\u00edan cuidado, como ya lo hemos insinuado, de implicar a los Eclesi\u00e1sticos de los diferentes lugares en reunirse de vez en cuando, con el permiso de sus Obispos, para tratar entre ellos de las virtudes de su estado.<\/p>\n<p>Jacques Olier, que \u00e9l solo honra tanto a Vicente de Pa\u00fal como otros muchos juntos, fue el primero en establecer en la Auvergne Asambleas parecidas a las de Par\u00eds. Como era Abate de Pebrac y se cre\u00eda obligado en conciencia a hacer toda clase de bienes a los que sembraban y recog\u00edan por \u00e9l, suplic\u00f3 a nuestro santo Sacerdote \u2013en 1636- que le diera a algunos de sus Misioneros para trabajar con \u00e9l en las tierras que depend\u00edan de su Abad\u00eda; a ellos a\u00f1adi\u00f3 otros Eclesi\u00e1sticos m\u00e1s de la Conferencia; y con este grupo de Hombres Apost\u00f3licos llev\u00f3 la luz y la caridad a casi todos los barrios de la Auvergne y del V\u00e9lai. Pero como la direcci\u00f3n que ten\u00eda nuestro Santo era su gran modelo y estaba persuadido de que no pod\u00eda, al copiarle, sino hacerse muy agradable a Dios, quiso unir, como \u00e9l, la instrucci\u00f3n del Clero a la instrucci\u00f3n de los pueblos. Por ello propuso a los Can\u00f3nigos de la Iglesia Catedral del Pui, formar entre ellos una Asamblea de Eclesi\u00e1sticos parecida\u00a0 ala que Vicente hab\u00eda formado. <em>La bendici\u00f3n que, <\/em>como lo dice en aquel tiempo nuestro santo Sacerdote, <em>segu\u00eda al sr Olier a todas las partes donde iba, <\/em>no le abandon\u00f3 en esta ocasi\u00f3n. Todo el mundo se complac\u00eda en entrar en sus planes. Es verdad que Can\u00f3nigos, cuya primera y m\u00e1s esencial obligaci\u00f3n es cantar las alabanzas de Dios en horas se\u00f1aladas, no pudiendo seguir en todas sus partes el Reglamento, que hab\u00eda sido propuesto en Par\u00eds para los Eclesi\u00e1sticos libres, el sr Olier tuvo cuidado de ajustarlo a su estado y a sus ejercicios particulares. Pero como estaban persuadidos en Pui, como en todas partes, de que la Asamblea de S. L\u00e1zaro, que Vicente de Pa\u00fal dirig\u00eda por s\u00ed mismo, deb\u00eda ser el centro y la regla de todas las dem\u00e1s, estos Se\u00f1ores se dirigieron a ella: suplicaron a los que la compon\u00edan que los consideraran como a una parte de ellos mismos y los asociaran en esta calidad a sus oraciones y a sus Sacrificios; que examinaran los art\u00edculos de su Reglamento, en los que hab\u00edan cre\u00eddo deber alejarse un poco de ellos, y que cambiaran de \u00e9l todo lo que encontraran defectuoso .<\/p>\n<p>Esta Carta del Cap\u00edtulo de Pui fue seguida posteriormente de otra todav\u00eda m\u00e1s consoladora. El sr Olier que la escribi\u00f3 daba en ella cuenta a la Asamblea de Par\u00eds de los grandes bienes que comenzaba a producir en la Auvergne la que acababa de fundar. La Carta de este virtuoso Sacerdote \u2013el 9 de octubre de 1639- honra tanto a los Eclesi\u00e1sticos de estas dos Conferencias que he querido un deber insertar aqu\u00ed lo que el sr Obispo de Rodez nos ha conservado. <em>Vosotros hab\u00e9is sido, <\/em>dec\u00eda Olier a los Eclesi\u00e1sticos de la Asamblea de S. L\u00e1zaro, <em>hab\u00e9is sido establecidos por Nuestro Se\u00f1or en la <\/em>Capital del Reino, <em>para iluminar a todos los Eclesi\u00e1sticos de Francia. Deb\u00e9is sentiros particularmente animados por el provecho espiritual y los grandes frutos que produce en la Ciudad de Pui la <\/em>nueva <em>Compa\u00f1\u00eda de los srs Eclesi\u00e1sticos, que han participado afortunadamente de vuestro Esp\u00edritu. Ellos dan ejemplos de virtud, que encantan a toda la Provincia. Los Catecismos los dan ellos en varios lugares de la ciudad. La visita de las C\u00e1rceles y de los Hospitales es frecuente entre ellos: y en el presente se disponen a ir a dar Misiones en todos los lugares que dependen del Cap\u00edtulo. Me quedo confundido al ver su celo y porque desean que vaya a hacer la apertura de su Misi\u00f3n, siendo tan poco capaz.<\/em><\/p>\n<p>Lo que el sr Olier hab\u00eda hecho en Pui fue emprendido y ejecutado en un gran n\u00famero de Ciudades de Francia y de Italia. Los Can\u00f3nigos de la Iglesia de Noyon \u2013en 1617-, los Eclesi\u00e1sticos de Pontoise \u2013en 1642-, de Angulema \u2013 en 1644-, de Angers, de Burdeos y de otros varios lugares, se propusieron la Asamblea de S. L\u00e1zaro por modelo. Estas nuevas Colonias ve\u00edan a Vicente de Pa\u00fal como Fundador\u00b8 y \u00e9l recib\u00eda cartas de ellos tan tiernas como respetuosas. El miedo a recaer en la repetici\u00f3n nos obliga a suprimirlas. Nos contentaremos con traer a cuento una del c\u00e9lebre Antonio Godeau, que era por entonces Obispo de Gr\u00e2ce; la escribi\u00f3 un poco antes de partir para su Di\u00f3cesis; es suficiente para darnos una idea justa de la estima que se hab\u00edan formado de esta famosa Conferencia los m\u00e1s sabios Prelados del Reino. Despu\u00e9s de manifestar a la Asamblea que una multitud de asuntos le ha impedido despedirse de ellos, el sr Godeau contin\u00faa en estos t\u00e9rminos: <em>Tengan a bien, por favor<\/em>, <em>Se\u00f1ores, que les suplique por esta Carta que se acuerden de m\u00ed en sus Sacrificios; y cr\u00e9anme que tengo por una bendici\u00f3n singular haber sido recibido entre ustedes. El recuerdo de los buenos ejemplos que ah\u00ed he visto y de las cosas excelentes que he escuchado volver\u00e1 a\u00a0 encender mi celo cuando se apague, y ustedes ser\u00e1n los modelos sobre los cuales yo tratar\u00e9 de formar a buenos Sacerdotes. Contin\u00faen pues sus santos Ejercicios en el mismo Esp\u00edritu y respondan fielmente a los designios de Jesucristo sobre ustedes, quien quiere sin duda renovar por medio de ustedes la gracia del Sacerdocio en su Iglesia.<\/em><\/p>\n<p>El bien que Vicente hab\u00eda hecho en el Clero por medio de la instituci\u00f3n de la piadosa y sabia Asamblea, de la que acabamos de hablar, no era suficiente para su celo; \u00e9l quiso hacer algo parecido en las familias mediante la fundaci\u00f3n de los Ejercicios espirituales -1634-. Nadie hab\u00eda intentado hasta entonces en este g\u00e9nero lo que \u00e9l realiz\u00f3; y todo hace pensar que su inmensa caridad tendr\u00e1 en lo sucesivo bien pocos imitadores. Los mayores Santos de los \u00faltimos siglos se hab\u00edan lamentado por la corrupci\u00f3n que reinaba en el rostro del Cristianismo. Estaban persuadidos con el Profeta \u2013Jerem\u00edas-, de que la Tierra no est\u00e1 entregada a una desolaci\u00f3n tan universal sino porque no hay nadie que entre seriamente dentro de s\u00ed. Exhortaban a los fieles a construirse una soledad espiritual, a pesar en ella todas sus acciones en balanza de la verdad y a reflexionar\u00a0 profundamente sobre estos a\u00f1os eternos, que ya llegan a grandes pasos: pero estaba reservado a nuestro Santo darles en este punto importantes facilidades que todav\u00eda no hab\u00edan tenido y quitar a aquellos de entre ellos, cuya fortuna es mediocre, es decir en su mayor parte, los pretextos reales o imaginarios de que tienen por costumbre servirse para velar su negligencia\u00a0 y su insensibilidad.<\/p>\n<p>Para lograrlo, era necesario no s\u00f3lo darles Directores capaces de interesarles con sus discursos y dirigirlos bien en el Tribunal de la Penitencia, pero a\u00fan en este caso ahorrarles los gastos. Por grandes que sean, se los considera en nada cuando se trata de sus placeres; por m\u00f3dicos que puedan ser se los tiene por excesivos, cuando se trata de la salvaci\u00f3n y de la eternidad. Esta idea fue la que llev\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal a compartir su casa, sus muebles y todo lo que pod\u00eda tener con los que quisieron aprovecharse para reconciliarse con Dios. Semejante a aquel Padre de familia, del que habla el Hijo de Dios en el Evangelio, y forzaba de alguna manera a los buenos y a los malos a sentarse a su mesa. Ped\u00eda por todo salario que los que eran ya justos se santificasen m\u00e1s todav\u00eda, y que los que no lo eran se esforzaran lo que pudieran para serlo. El eco de una direcci\u00f3n tan desinteresada y tan generosa se extendi\u00f3 pronto por Par\u00eds, y por las Provincias. En pocos meses la Casa de S. L\u00e1zaro se vio tan frecuentada como no lo hab\u00eda estado desde hac\u00eda un siglo. Vicente la comparaba \u00e9l mismo con el Arca de No\u00e9, en la que toda clase de animales grandes y peque\u00f1os eran bien recibidos por igual. Era en verdad un espect\u00e1culo bastante singular el de ver en el mismo Refectorio a Se\u00f1ores de primera clase, y a gente del m\u00e1s bajo nivel; a Laicos, y a personas entradas en la Clerec\u00eda; a Doctores muy esclarecidos y a pobres campesinos, que apenas ten\u00edan el sentido com\u00fan; a grandes Magistrados y a simples artesanos; a hombres esparcidos por el mundo y a Ermita\u00f1os acostumbrados a vivir en los bosques; a amos y a criados de toda clase; finalmente, a ancianos que ven\u00edan a llorar su pasado y a j\u00f3venes, que recurr\u00edan a Dios para precaverse de los peligros del futuro.<\/p>\n<p>Para sostener una empresa de esta naturaleza, y sacar de ella todo el fruto que era capaz de producir, se necesitaba un gran coraz\u00f3n, y muchas luces. Vicente quien,\u00a0 seg\u00fan la m\u00e1xima de Jesucristo, no comenzaba jam\u00e1s nada sin haber examinado con calma si tendr\u00eda con qu\u00e9 acabarlo, tom\u00f3 medidas que, en el orden de la gracia, tienen un \u00e9xito casi infalible. Pidi\u00f3 a Dios para s\u00ed y para los suyos este Esp\u00edritu de consejo, de unci\u00f3n, de paciencia y de fuerza, que se necesita para sacar de la tumba a los que est\u00e1n enterrados en ella por el pecado. Por lo que hace a los enormes gastos, sin los cuales su proyecto no pod\u00eda llevarse a cabo, como no ten\u00eda mejor partido que tomar que el de acudir \u00fanicamente a Dios, a \u00e9l se atuvo: se ech\u00f3 sin reserva en manos de la Providencia.<\/p>\n<p>Tal fue el plan general que se\u00f1al\u00f3 el santo Sacerdote: para ejecutarlo de una manera \u00fatil a los que hicieran el retiro y hacerlo perdurar de edad en edad hasta sus \u00faltimos Sucesores, se esforz\u00f3 en dar a conocer a unos y a otros el precio de la gracia que Dios les pon\u00eda en sus manos.<\/p>\n<p>Expuso a los Ejercitantes, es el nombre que se da en la aasa de S. L\u00e1zaro a los que hacen los Ejercicios espirituales; les expuso, digo, por s\u00ed mismo o por los de la Congregaci\u00f3n, que el \u00fanico fin del Retiro es el de destruir el reino del pecado; refundir al hombre por completo, aniquilar en su coraz\u00f3n sus apegos viciosos, sus pasiones desordenadas, sus malos h\u00e1bitos, sus defectos, y hasta sus imperfecciones; que el tiempo de estos santos Ejercicios debe emplearse en renovar al hombre interior, en abrirle los ojos a los deberes propios de su estado, a sus obligaciones personales, a las virtudes que le son convenientes bajo este doble punto de vista; Finalmente, en establecer s\u00f3lidamente en una verdadera caridad, que una su coraz\u00f3n a Dios, y todas las potencias de su alma; de forma que pueda, sin perjuicio de la verdad, exclamar con el santo Ap\u00f3stol: <em>No, no soy yo quien vive, sino Jesucristo quien vive en m\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>Como entre los que entran en retiro los hay que han entrado ya en un estado, y otros que deliberan sobre cu\u00e1l van a tomar, el Santo recomendaba muy en particular que se hiciera ver a los primeros que la finalidad que se deb\u00edan proponer en sus ejercicios es hacerse perfectos Cristianos, cada uno seg\u00fan su vocaci\u00f3n; perfecto escolar si es un Estudiante; perfecto soldado si hace profesi\u00f3n de seguir las armas, perfecto Magistrado si est\u00e1 en la Judicatura; perfecto Eclesi\u00e1stico si es una persona que ha recibido las \u00d3rdenes; perfecto como lo era S. Carlos Borromeo, si como \u00e9l est\u00e1 encargado de la direcci\u00f3n de una Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>En cuanto a los que no se hab\u00edan decidido a\u00fan sobre el partido que ten\u00edan que tomar, Vicente quer\u00eda que se les explicara con claridad qu\u00e9 importancia tiene consultar a Dios antes de abrazar un estado, cuya elecci\u00f3n va unida casi por necesidad al asunto de la salvaci\u00f3n. Deseaba sobre todo que se prestara una atenci\u00f3n muy particular a los que pensaban dejar el mundo: pero exig\u00eda entonces precauciones que iban casi hasta el escr\u00fapulo: y si, por una parte, quer\u00eda que se les advirtiera en general preferir\u00a0 a las Comunidades menos reguladas las que lo estaban m\u00e1s; por otra, no permit\u00eda que se los determinara en particular. Estaba sobre todo prohibido proponer nunca su Congregaci\u00f3n. No se hubiera podido faltar en este punto sin exponerse a una severa reprimenda. La elecci\u00f3n de una casa, fuera secular, como la suya, fuera Religiosa como la mayor parte de las otras, era seg\u00fan \u00e9l un asunto cuya decisi\u00f3n s\u00f3lo pertenec\u00eda a Dios, y sobre la cual los que son consultados deben temer infinitamente responder m\u00e1s bien segu\u00edan las miras de la prudencia humana, que seg\u00fan las m\u00e1ximas del Evangelio.<\/p>\n<p>Y para no omitir nada de lo que pod\u00eda contribuir al \u00e9xito de los Retiros, el Santo exigi\u00f3 dos cosas de aquellos a quienes dio la direcci\u00f3n. La primera que hablasen de una manera s\u00f3lida y atrayente, pero que tuvieran cuidado de mantenerse en guardia contra esta vana elocuencia que S. Pablo ha reprobado con tanta frecuencia, y que Dios no bendice. La segunda, que adoptaran por materias de sus discursos, no asuntos capaces de divertir el esp\u00edritu y de recrear la imaginaci\u00f3n, sino las grandes y capitales verdades de la salvaci\u00f3n; en una palabra, las que un Cristiano no olvida nunca sin corromperse m\u00e1s, y que no puede recordarlas sin ser mejor. As\u00ed el fin, para el que nos ha creado; las gracias y los beneficios que hemos recibido de \u00e9l; las grandes lecciones y los ejemplos que nos ha dado en Jesucristo su Hijo; los recursos que nos ha preparado en los Sacramentos; las disposiciones que son necesarias para acercarse a ellos; el horror al pecado y las consecuencias funestas a las que arrastra despu\u00e9s de la fe; la vanidad del mundo y de sus juicios; las ilusiones de nuestro propio coraz\u00f3n; las tentaciones de la carne; la malicia y los enga\u00f1os de la antigua serpiente; la brevedad de la vida; la incertidumbre del momento de la muerte; los Juicios terribles de Dios; la Eternidad bienaventurada o desgraciada; todas estas verdades y otras parecidas, que son de la misma importancia, eran entonces, y son todav\u00eda hoy, el tema ordinario de los discursos del que dirige el Retiro, y de la meditaci\u00f3n de aquellos que hacen los ejercicios. De este modo se los dispone a examinar cuidadosamente sus conciencias; a hacer o buenas Confesiones generales o, si las han hecho ya y se puede contar con ellas; a suplir con una revisi\u00f3n exacta todo lo que las \u00faltimas podr\u00edan haber tenido de defectuoso; a prescribirse un reglamento de vida, del que no se aparten m\u00e1s que cuando no haya otro remedio; y sobre todo a formar resoluciones firmes, no s\u00f3lo de evitar el mal\u00a0 y las ocasiones que podr\u00edan llevar a \u00e9l, sino tambi\u00e9n de practicar las virtudes y las buenas obras, de las que seamos capaces en la condici\u00f3n, en que Dios nos ha colocado -a\u00f1os 1634 y 1635-.<\/p>\n<p>No debo omitir aqu\u00ed algo que puede servir a las personas que son todav\u00eda nuevas en los ejercicios de la vida espiritual; y es que Vicente valoraba en poco las resoluciones demasiado generales. Las consideraba como puros productos de un esp\u00edritu, que cree ser virtuoso, porque ha meditado con cierto atractivo las bellezas y los encantos de la virtud. Son los t\u00e9rminos en los que escrib\u00eda a la Se\u00f1orita le Gras, con ocasi\u00f3n de una Se\u00f1ora, que hab\u00eda hecho el retiro en su casa, y que la hab\u00eda suplicado que enviara sus resoluciones al santo Sacerdote para saber qu\u00e9 juicio le merec\u00edan. Quiso que se le diera a saber, y a todos los que se hallaran en el mismo caso que, para hacer progresos en la virtud, se han de formar resoluciones particulares y detalladas; prescribirse a s\u00ed mismo la pr\u00e1ctica de ciertos Actos, que producidos en tal o cual ocasi\u00f3n alimentan y perfeccionan la piedad; finalmente, proponerse emplear en tiempo y lugar tales o cuales armas contra el enemigo de la salvaci\u00f3n, para destruir sucesivamente y por partes este cuerpo de pecado que nos rodea. <em>No existen, <\/em>dec\u00eda \u00e9l, <em>m\u00e1s que estas clases de resoluciones que se practican f\u00e1cilmente: como tampoco existe m\u00e1s que una fidelidad perfecta a estas mismas resoluciones\u00a0 que pueda hacer a un hombre s\u00f3lidamente virtuoso: sin esto no lo es muy frecuentemente m\u00e1s que por la imaginaci\u00f3n. <\/em>Tales eran los sentimientos de este sabio y experimentado Director y son tambi\u00e9n los de los m\u00e1s grandes Maestros de la vida espiritual.<\/p>\n<p>Un Plan tan bien hecho deb\u00eda naturalmente servir mucho a aquellos para quienes hab\u00eda sido formado; pero como todo depend\u00eda de la ejecuci\u00f3n, y pod\u00eda suceder\u00a0 que, despu\u00e9s de la muerte del Siervo de Dios, y aun durante su vida, los Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n, agobiados de trabajo, y vencidos por los gastos de tantos retiros gratuitos, fueran perdiendo fuerzas y abandonaran al fin la buena obra que hab\u00edan comenzado, el Santo con todo inter\u00e9s de prepararlos contra este g\u00e9nero de tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con este prop\u00f3sito, les repiti\u00f3 varias veces, en diversas Conferencias de piedad, que Dios hab\u00eda tenido a bien hacer de la Casa de S. L\u00e1zaro para la conversi\u00f3n de un n\u00famero infinito de pecadores, era una gracia singular; que no deb\u00edan temer nada tanto hacerse indignos de ello; que en este punto, quiz\u00e1s m\u00e1s que en ninguno otro, la falta de fidelidad y de correspondencia ser\u00eda para ellos el colmo de la desgracia; que merec\u00edan un d\u00eda que Dios les privara de este empleo, era de temer que les privara tambi\u00e9n de todos los dem\u00e1s; que la casa en la que se hab\u00edan reunido serv\u00eda en otros tiempos<\/p>\n<p>Para el retiro de los Leprosos, y que ninguno de los que eran recibidos\u00a0 se curaba; que hoy se recib\u00eda a personas atacadas de una lepra mucho m\u00e1s peligrosa que la del cuerpo, o m\u00e1s bien a personas muertas ya y que, por la misericordia de Dios, un gran n\u00famero recobraban la salud y la vida; que Nuestro Se\u00f1or hac\u00eda en ella a\u00fan cada d\u00eda con los pecadores lo que hab\u00eda hecho con L\u00e1zaro, sac\u00e1ndole de la tumba; que ellos ten\u00edan el honor de ser los instrumentos de que quer\u00eda servirse para esta grande operaci\u00f3n; que un Misionero que rechazara prestarse a un Ministerio tan glorioso, que no lo cumpliera m\u00e1s que con repugnancia, que no sacrificara m\u00e1s que con dolor une media hora de su recreo a la salvaci\u00f3n de un pobre Ejercitante, no ser\u00eda ya m\u00e1s que un cad\u00e1ver de Misionero, y no podr\u00eda estar sino con oprobio ante Dios y ante los hombres. \u00a1Ah! exclam\u00f3 una vez, al acabar un largo discurso sobre esta materia; \u00a1<em>Que motivo de verg\u00fcenza, qu\u00e9 motivo de aflicci\u00f3n, si este lugar, que es ahora como una piscina sanitaria, donde tanta gente llega a lavarse, fuera a convertirse un d\u00eda en una cisterna corrompida por la relajaci\u00f3n y la ociosidad de los que la habiten! Pidamos a Dios, Se\u00f1ores, y Hermanos m\u00edos, que esta desgracia no suceda. Roguemos a la sant\u00edsima Virgen que lo aparte de nosotros con su intercesi\u00f3n y por el deseo que tiene de la conversi\u00f3n de los pecadores. Roguemos al gran <\/em>Amigo del Hijo de Dios<em>, S. L\u00e1zaro, que tenga a bien ser siempre el Protector de esta Casa, y que le consiga la gracia de la perseverancia en el bien que ha comenzado.<\/em><\/p>\n<p>Estas palabras que el fuego de la m\u00e1s ardiente caridad hac\u00eda m\u00e1s vivas todav\u00eda de lo que lo eran de por s\u00ed no son m\u00e1s que un compendio de lo que el santo Sacerdote dijo una infinidad de veces. Es verdad que no se refer\u00eda m\u00e1s a esta materia que a la de las Misiones que son el principal fin de su Instituto. Aprovechaba con avidez todas las ocasiones que se le presentaban para inculcar a sus Hijos la necesidad de recibir con gozo, o m\u00e1s bien con urgencia, a los que el Esp\u00edritu de Dios quiere hablar en soledad. Las miras santas que los atra\u00edan, las dificultades que varios de ellos hab\u00edan vencido para lograrlo, los largos viajes que se hab\u00edan visto obligados a realizar, todo ello era prueba en sus manos. Hac\u00eda valorar tanto el fervor de un Capit\u00e1n que hac\u00eda el retiro para disponerse a tomar al h\u00e1bito de Cartujo, como el ejemplo de algunos Oficiales quienes, para servir al Rey con m\u00e1s tranquilidad, comenzaban por arreglar sus asuntos con Dios; como la conversi\u00f3n de un h\u00e1bil Protestante, a quien los Ejercicios espirituales hab\u00edan robustecido en el buen partido y que comenzaba a escribir con \u00e9xito a favor de la Iglesia Romana; como el valor de tres Eclesi\u00e1sticos, quienes desde el fondo del campo hab\u00edan llegado a S. L\u00e1zaro para renovarse en la vida Cristiana y Sacerdotal; como las emocionantes expresiones de que se hab\u00edan servido los que le hab\u00edan rogado que los admitiera, como la de un Sacerdote que le hab\u00eda dicho al abordarle: <em>Se\u00f1or, vengo a vos desde muy lejos, si no me recib\u00eds, estoy perdido.<\/em><\/p>\n<p>Recordaba tambi\u00e9n de cuando en cuando a los de su Congregaci\u00f3n los buenos efectos del Retiro, que ellos hab\u00edan visto con sus propios ojos; a veces los instru\u00eda sobre lo que no conoc\u00edan. Un d\u00eda les dijo que habiendo ido a Breta\u00f1a, un hombre muy honrado, no bien se hubo enterado de su llegada, cuando acudi\u00f3 a la Casa donde esteba alojado y le dijo, en el arrebato de un perfecto agradecimiento: <em>Oh, Se\u00f1or, os debo, despu\u00e9s de a Dios, mi salvaci\u00f3n: son los ejercicios que hice con vos los que me pusieron la conciencia en reposo. Me hicieron tomar un g\u00e9nero de vida que he conservado siempre desde aquel tiempo y que conservo todav\u00eda con gran paz y satisfacci\u00f3n de mi esp\u00edritu. En verdad, Se\u00f1or, tengo para con vos tales obligaciones, que hablo de ellas en todas partes, y digo en todas las compa\u00f1\u00edas en que me encuentro que, sin el retiro que hice en S. L\u00e1zaro, me habr\u00eda condenado. Os ruego que cre\u00e1is que es una gracia, de la que me acordar\u00e9 toda mi vida.<\/em><\/p>\n<p>Por estos motivos y por otros parecidos animaba Vicente a los suyos a no tener nunca por nada ni el trabajo ni los gastos. Les dio sobre este particular como sobre todos los dem\u00e1s, ejemplos m\u00e1s poderosos que sus palabras. Aument\u00f3 poco a poco el n\u00famero de los que deb\u00edan hacer los Ejercicios espirituales. Cuanto m\u00e1s adelant\u00f3 en edad, m\u00e1s\u00a0 santamente pr\u00f3digo se volvi\u00f3, contra la costumbre de los ancianos.\u00a0 Su caridad no ten\u00eda ya l\u00edmites, y al cabo lleg\u00f3 tan lejos que quiso que se recibieran tantos Ejercitantes como se pudieran recibir. Seg\u00fan las cuentas durante los veinticinco \u00faltimos a\u00f1os, hubo cerca de veinte mil personas que hicieron el retiro en su casa; es decir que se recib\u00edan cerca de ochocientas cada a\u00f1o. Es cierto que hab\u00eda algunos que pagaban sus gatos en todo, o en parte; pero tambi\u00e9n es verdad que la mayor parte no daban nada en absoluto, ya porque la mediocridad de su fortuna no lo permit\u00eda m\u00e1s, ya porque se imaginaban falsamente como algunos se lo siguen imaginando hoy, que los retiros de S. L\u00e1zaro eran de fundaci\u00f3n, y que el modo como se los recibe es menos un deber de caridad que una obligaci\u00f3n de justicia.<\/p>\n<p>Como sucede a veces que las personas que tienen virtud no piensan siempre lo mismo unos que otros, se vio a algunos entre los Hijos de Vicente de Pa\u00fal que creyeron que hab\u00eda exceso en su caridad, y que se quejaron de \u00e9l a \u00e9l mismo. Un Hermano, que probablemente estaba encargado de atender los gastos, le dijo un d\u00eda que, que con el tren de vida que se llevaba, la casa acabar\u00eda por sucumbir, y que se recib\u00eda a un n\u00famero excesivamente grande de Ejercitantes. El santo Hombre no le dio otra respuesta que \u00e9sta: <em>Hermano m\u00edo, es que quieren salvarse. <\/em>Otro en una conversaci\u00f3n que tuvo con \u00e9l sobre este asunto, crey\u00f3 moverle m\u00e1s dici\u00e9ndole que en esta multitud de personas, que se admit\u00edan cada semana a los ejercicios del Retiro, hab\u00eda muchos que no se aprovechaban: y que otros ven\u00edan m\u00e1s bien en busca del alimento del cuerpo que el del alma. Pero este digno imitador de la caridad de Jesucristo le hizo saber que esta clase de objeciones son todas humanas, y nada tienen de s\u00f3lido. Respondi\u00f3 a la primera que era mucho a los ojos de la Fe y de la Religi\u00f3n que una parte de los Ejercitantes sacara del Retiro el fruto que se debe sacar. Respondi\u00f3 a la segunda que alimentar a un hombre que lo necesita es siempre una limosna muy agradable a Dios, que si, para no ser sorprendidos por el coraz\u00f3n, cuyas miras son menos puras, se lo pusi\u00e9ramos demasiado dif\u00edcil a los que se presentan, se rechazar\u00edan algunos sobre quienes el Esp\u00edritu Santo tiene planes de misericordia, y que finalmente a fuerza de penetrar los motivos que los mov\u00edan a actuar, se ahogar\u00edan, en muchos de los que quieren darse a Dios, las primicias del Esp\u00edritu que los ha llamado a s\u00ed. \u00c9l se explic\u00f3 una vez sobre este art\u00edculo de una manera tan precisa, tan grande, tan Cristiana que se vio bien no s\u00f3lo que su decisi\u00f3n estaba tomada, sino que estaba como arrastrado por una impresi\u00f3n superior. <em>Si tuvi\u00e9ramos, <\/em>dec\u00eda \u00e9l<em>, treinta a\u00f1os de subsistencia, y que recibiendo a los que vinieran a hacer el Retiro,\u00a0 no sobrevivi\u00e9ramos m\u00e1s que quince, no podr\u00edamos por eso dejar de recibirlos. Es verdad que el gasto es grande, pero no puede estar mejor empleado: y si la Casa est\u00e1 comprometida en ello, Dios sabr\u00e1 bien c\u00f3mo hacer para encontrar los medios para sacarla del apuro, como podemos esperar de su Providencia y de su infinita bondad.<\/em><\/p>\n<p>Esos eran los principios del santo Sacerdote sobre un establecimiento, que \u00e9l cre\u00eda capaz de contribuir a la gloria de Dios y a la santificaci\u00f3n del pr\u00f3jimo. Un d\u00eda se lleg\u00f3 a creer que su celo iba por fin a encerrarse dentro de l\u00edmites m\u00e1s estrechos. Se le hab\u00eda explicado de una manera un poco m\u00e1s fuerte que la Misi\u00f3n entraba en la extrema necesidad, y que hab\u00eda que verla perecer o disminuir el n\u00famero de los Ejercitantes. Para no mostrarse r\u00edgido frente a las advertencias que parec\u00edan justas, se encarg\u00f3 \u00e9l mismo de recibir a estos Se\u00f1ores, y escogerlos. Pero cuando se trat\u00f3 de admitir a unos y de rechazar a otros, sus entra\u00f1as se conmovieron, su caridad le presion\u00f3 de una manera tan viva que no pudo rechazar casi a nadie; de esta manera admiti\u00f3 aquel d\u00eda m\u00e1s de los que ten\u00eda por costumbre recibir. Por m\u00e1s que se le dijo lo que se vieron obligados a decirle m\u00e1s de una vez que no hab\u00eda m\u00e1s habitaciones para alojarlos. Es una peque\u00f1ez, replic\u00f3; cuando est\u00e9n todas llenas, no hay m\u00e1s que darles la m\u00eda.<\/p>\n<p>Si le costaba mucho a nuestro Santo sostener una empresa tan onerosa, hay que convenir que, seg\u00fan la expresi\u00f3n del Salvador, fue recompensado con el c\u00e9ntuplo, aun en su vida. Como quiso, cuando su Congregaci\u00f3n comenz\u00f3 a extenderse, que aquellas Casas que tuvieran los medios hicieran en los lugares donde estaban situadas los mismos Ejercicios que hac\u00eda en Par\u00eds la de S. L\u00e1zaro, vio por s\u00ed mismo, o le contaron en declaraciones ciertas que los Retiros espirituales produc\u00edan en todo lugar bienes inexpresables. Recibi\u00f3 sobre este asunto una cantidad prodigiosa de Cartas, que tend\u00edan todas a felicitarle por las bendiciones que Dios daba a su celo. Sacerdotes, Obispos, Cardenales, todos le daban miles de gracias por haber facilitado una pr\u00e1ctica, que d\u00eda a d\u00eda santificaba a los Pastores y a los pueblos.<\/p>\n<p>Le enviaban en confianza a aquellos cuya conversi\u00f3n hab\u00eda sido casi desesperada. El sr Bar\u00f3n de Renty, m\u00e1s ilustre todav\u00eda por su virtud que por su nacimiento, crey\u00f3 no poder hacer otra cosa mejor que enviarle a un P\u00e1rroco, quien desde hac\u00eda tiempo se hallaba sumido en el desorden y llevaba una vida deplorable. El Superior de una Comunidad reformada, bien que todos los miembros no lo estuvieran, le rog\u00f3 por Cartas que ganara para Dios a uno de sus Sacerdotes que, encargado de la direcci\u00f3n de una Parroquia, la hab\u00edan escandalizado en lugar de edificarla. Otro Religioso de una c\u00e9lebre Casa de Par\u00eds le envi\u00f3 a un Paje del Pr\u00edncipe de Tallemont \u2013en 1644- que, educado en la Herej\u00eda Calvinista, hab\u00eda concebido cierto plan de convertirse. Me ha venido a ver, dec\u00eda el Religioso, para ayudarle en esta resoluci\u00f3n; <em>pero no sinti\u00e9ndome bastante fuerte para una obra tan buena, me tomo el atrevimiento de envi\u00e1roslo, como a alguien a quien Dios da gracias muy particulares, y muy grandes para su gloria y para la salvaci\u00f3n de los pecadores y de los desviados. Tened pues la caridad, mi muy honorable Padre en Nuestro Se\u00f1or, de recibirle y de abrazarle como a una oveja descarriada, que busca a d\u00f3nde retirarse\u2026 Pido a Dios que prolongue vuestros d\u00edas y vuestros a\u00f1os para su gloria y para el bien del pr\u00f3jimo por quien trabaj\u00e1is sin cesar. <\/em>Un Eclesi\u00e1stico de Orl\u00e9ans que hab\u00eda hecho ya un Retiro bajo la mirada del santo Sacerdote, le escribi\u00f3 de la forma m\u00e1s urgente para conseguir un segundo. Su carta acababa con estas palabras: <em>Ciertamente, Se\u00f1or, cuando pienso en los buenos sentimientos que se tienen con vos, me siento como encantado fuera de m\u00ed mismo, y no puedo menos de desear que fuera del agrado de Dios que todos los Sacerdotes hubieran pasado por estos santos Ejercicios: si as\u00ed fuera, no ver\u00edamos todos los malos ejemplos, que varios de ellos dan a los pueblos, con gran esc\u00e1ndalo de la Iglesia. <\/em>Un Sacerdote del Languedoc quien, por consejo de uno de sus amigos, hab\u00eda hecho los mismos Ejercicios, escrib\u00eda a su amigo en unos t\u00e9rminos que son un honor infinito a nuestro Santo y a aquellos de su Casa, con los que hab\u00eda tenido que tratar. Le asegur\u00f3 que no pod\u00eda hallar expresiones ni para manifestar su gratitud ni para decirle la satisfacci\u00f3n con la que hab\u00eda hecho este santo Retiro. Por lo dem\u00e1s, a\u00f1ad\u00eda, <em>no cre\u00e1is que yo os diga esto a modo de cumplido: hablo seg\u00fan los sentimientos que Dios me da. Se acab\u00f3, no sabr\u00eda ya vivir en el mundo, mi resoluci\u00f3n es salir de \u00e9l para entregarme por completo a Dios.<\/em><\/p>\n<p>Por grandes que sean, a juicio de los que conocen el precio de un alma, los bienes de que acabamos de hablar, est\u00e1n sin embargo por debajo de aquellos que los produjeron. El gusto de los Retiros pas\u00f3 de S: L\u00e1zaro a un gran n\u00famero de di\u00f3cesis. Prelados, que no siendo todav\u00eda m\u00e1s que simples particulares, se hab\u00edan santificado, bajo la direcci\u00f3n de Vicente, por los Ejercicios espirituales, se propusieron santificar a sus Sacerdotes por medio de estos mismos Ejercicios. Uno de ellos escrib\u00eda al Siervo de Dios que ten\u00eda actualmente en su Casa Episcopal a treinta Sacerdotes, que hac\u00edan el Retiro con mucho fruto y bendici\u00f3n. Otro, que estaba a la cabeza de un gran Arzobispado, se sirvi\u00f3 de uno de los Hijos de nuestro Santo para cambiar por el mismo medio la faz de su Di\u00f3cesis, que se hallaba muy desordenada. Es verdad que la cost\u00f3 mucho a este Misionero lograrlo. El solo nombre de Retiro asust\u00f3 a los Eclesi\u00e1sticos dados desde hac\u00eda mucho a la disipaci\u00f3n. Unos se quejaron como de una molestia insoportable; otros murmuraron como contra una novedad fuera de lugar; los m\u00e1s moderados se mostraban descontentos; de suerte que de cuarenta, tanto Rectores, como Vicarios, no hubo quiz\u00e1s uno solo que no se hubiera sentido a gusto dispens\u00e1ndose.<\/p>\n<p>Triunf\u00f3 la gracia pronto sobre estas malas disposiciones: en menos de tres d\u00edas disip\u00f3 los nubarrones, que el esp\u00edritu seductor hab\u00eda querido difundir sobre la obra de Dios. Los de mayor edad, es decir los menos f\u00e1ciles de mover, volaban a todos los ejercicios. Se oyeron suspiros, se vieron correr l\u00e1grimas abundantes. Todos vieron con horror aquella serie de d\u00edas pasados en el olvido de Dios, la negligencia de sus deberes, y con frecuencia algo m\u00e1s triste todav\u00eda. Todos hicieron sus confesiones m\u00e1s o menos generales. Ellos vieron con dolor el t\u00e9rmino de sus ejercicios: diez d\u00edas de retiro les parec\u00edan demasiado poco. Sufrieron m\u00e1s cuando fue preciso salir de ellos de lo que hab\u00edan sufrido cuando tuvieron que entrar. Aquellos de sus falsos amigos, que les hab\u00edan querido apartar se quedaron sorprendidos al ver en ellos a hombres que ya no eran los mismos: reconocieron, a pesar suyo, admiraron la obra de la mano del Alt\u00edsimo; y preguntaron cu\u00e1ndo les llegar\u00eda su turno.<\/p>\n<p>Y les lleg\u00f3 alg\u00fan tiempo despu\u00e9s. El Prelado gozoso por un ensayo tan feliz, abri\u00f3 un nuevo Retiro hacia mediados de la Cuaresma. La gracia se hizo sentir todav\u00eda m\u00e1s. Hubo conversiones sonadas. Los esc\u00e1ndalos dados en p\u00fablico fueron reparados por humillaciones p\u00fablicas. El Retiro ya no present\u00f3 bajo colores espantosos. Hubo entre estos Se\u00f1ores quienes por temor a que este auxilio les faltara en adelante, ofrecieron sus bienes para hacerlo permanente. Otros pidieron con insistencia que se les permitiera quedarse por m\u00e1s tiempo en el Seminario. Algunos pensaron renunciar a sus Beneficios. La mayor parte confesaron que no hab\u00edan hecho m\u00e1s que empezar a abrir los ojos: que hasta entonces no hab\u00edan conocido la eminencia de la dignidad del Sacerdocio; que si ellos la hubieran pesado tal como merece serlo, no se habr\u00edan comprometido tan a la ligera; y que iban a realizar todos los esfuerzos para reparar, en cuanto les fuera posible, lo que su vocaci\u00f3n ten\u00eda de defectuoso.<\/p>\n<p>Ni fue solamente en este Reino donde Dios bendijo los Retiros que Vicente daba por s\u00ed mismo o por los suyos. La mano de Dios estuvo con ellos en Italia, como en Francia. El Cardenal Durazzo, que con sus limosnas, su celo, su vigilancia honraba la P\u00farpura Romana, apenas hubo establecido en G\u00e9nova de donde era Arzobispo, a los Sacerdotes de la Misi\u00f3n, cuando quiso probar si har\u00edan tanto bien con sus Eclesi\u00e1sticos como lo hab\u00edan hecho en los campos con los pueblos de su Di\u00f3cesis. Invit\u00f3 pues a aquellos P\u00e1rrocos con quienes hab\u00edan trabajado los Misioneros, a dirigirse todos a la Ciudad Capital. La mayor parte obedecieron con gusto, y Dios recompens\u00f3 su docilidad. \u00a0El Superior de la Misi\u00f3n, en la casa, y bajo cuya direcci\u00f3n hicieron sus Ejercicios, se sinti\u00f3 vivamente impresionado. Su modestia, el silencio austero que guardaban, su humildad profunda, su ingenuidad en dar cuenta de sus Oraciones eran se\u00f1ales sensibles de sus disposiciones interiores.<\/p>\n<p>Se realizaron conversiones que, suponiendo con un padre de la Iglesia que un mal Sacerdote no se convierte casi nunca, debieron ser tenidas como doblemente milagrosas. Se vio sobre todo a un P\u00e1rroco quien, para cargarse de confusi\u00f3n y de oprobio, confes\u00f3 quiz\u00e1s demasiado p\u00fablicamente, que no hab\u00eda entrado en retiro m\u00e1s que por burla; que el inter\u00e9s y la hipocres\u00eda eran los \u00fanicos motivos que le hab\u00edan llevado a actuar; que \u00e9l hab\u00eda dicho de las misiones todo lo malo que hab\u00eda podido imaginar; que no hab\u00eda perdonado a la persona de su Arzobispo, con todo lo respetable que era; que hab\u00eda tenido su Beneficio por simon\u00eda; recibido las \u00d3rdenes bajo el \u00fanico t\u00edtulo de este Beneficio; ejercido sus funciones y administrado los Sacramentos en ese mal estado durante varios a\u00f1os. Este Pastor, hasta entonces tan indigno de serlo, derram\u00f3 l\u00e1grimas amargas, gimi\u00f3 y se humill\u00f3 hasta el centro de la tierra; comenz\u00f3 a dar tanta edificaci\u00f3n como esc\u00e1ndalos hab\u00eda dado. No se encontr\u00f3 ya en \u00e9l aquella higuera m\u00e1s que est\u00e9ril que parec\u00eda maldita para siempre; y aquellos que le compararon consigo mismo, creyeron poder presumir que Dios hab\u00eda obrado con \u00e9l misericordia. Por lo dem\u00e1s, estas clases de Confesiones p\u00fablicas no eran raras en los Retiros de G\u00e9nova. El esp\u00edritu de humildad y de compunci\u00f3n era en ellos tan dominante que costaba trabajo moderar las ocurrencias. Lo que provoc\u00f3 que uno de estos Se\u00f1ores exclamara un d\u00eda: <em>Estamos aqu\u00ed en el valle de Josaphat: <\/em>todos hacen aqu\u00ed la confesi\u00f3n de sus miserias. Dichosos los que mediante esta confusi\u00f3n anticipada pueden ponerse en estado de evitar la del gran d\u00eda del Se\u00f1or!<\/p>\n<p>El Cardenal Durazzo, que apenas cre\u00eda lo que ve\u00edan sus ojos, no pudo contener las l\u00e1grimas y bendijo mil veces al primer Autor de todos estos bienes y a los que le serv\u00edan de instrumentos. Pero no quiso que esta gracia fuera solamente para los Sacerdotes. El deseo de crecer en la perfecci\u00f3n le llev\u00f3 a ponerse en retiro a su vez. Para hacerlo mejor, crey\u00f3 deber tomarse el tiempo, en que los Hijos de Vicente de Pa\u00fal tienen la costumbre de hacerle cada a\u00f1o. Le comenz\u00f3 pues y le continu\u00f3 con diez Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n, que trabajaban en su Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>Si se sinti\u00f3 muy edificado, lo cierto es que los edific\u00f3 mucho. Aunque de complexi\u00f3n delicada, y m\u00e1s debilitado por sus continuos trabajos que por su edad que era de cincuenta y seis a\u00f1os, sigui\u00f3 todos los Ejercicios con una puntualidad rigurosa. Hac\u00eda, como los dem\u00e1s, cuatro horas de oraci\u00f3n al d\u00eda, casi siempre de rodillas, tan inm\u00f3vil como una estatua. El superior de la Casa que conoc\u00eda la debilidad de su temperamento, le hab\u00eda rogado que se levantara, incluso que se sentara de vez en cuando: el piadoso Cardenal lo hizo algunas veces; pero tan humilde como un joven Novicio, no lo hizo sin pedir y obtener el permiso. Cuando a su turno comunicaba los buenos sentimientos que Dios le hab\u00eda dado en la meditaci\u00f3n, lo hac\u00eda con toda la sencillez de un antiguo y fervoroso Misionero. Al primer toque de la campana, lo dejaba todo para dirigirse al lugar del Ejercicio, que anunciaba. No quer\u00eda permitir que se le tratara en la mesa mejor que a la Comunidad. En resumen, su humildad iba tan lejos que cuando al final del Retiro, le rogaron que diera la bendici\u00f3n a los que hab\u00edan tenido la suerte de hacerlo con \u00e9l, cost\u00f3 Dios y ayuda decidirle a ello; queriendo a cualquier precio que fuera recibir \u00e9l mismo la del Superior. Un Obispo tiene todos los derechos del mundo al prescribir a sus Sacerdotes los Ejercicios espirituales, cuando \u00e9l mismo los ha hecho de una manera tan edificante.<\/p>\n<p>A la vista de tantos bienes, de los que Vicente estaba debidamente informado, se mostraba muy firme en no permitir que su casa tocara los Retiros, mientras le fuera posible sostener los gastos. Esto mismo le llev\u00f3 tambi\u00e9n a examinar delante de Dios si pudiera en alguna comunidad de Hijas procurar a las personas del mismo sexo estas mismas ventajas que no pod\u00eda procurarles en las casas de la Compa\u00f1\u00eda. La caridad que lo hace todo f\u00e1cil no tard\u00f3 en darle los medios. No era suficiente para el Padre de los pobres haber fundado una Congregaci\u00f3n de Sacerdotes, casi \u00fanicamente entregados a servirles: la Providencia quer\u00eda tambi\u00e9n que saliera de \u00e9 un numeroso enjambre de V\u00edrgenes, cuyo celo tuviera, a grandes rasgos, un objeto m\u00e1s extenso; y que sin distinci\u00f3n de sexo ni edad hicieran en favor del hu\u00e9rfano y del indigente, a veces incluso de las personas de alta condici\u00f3n, lo que las ocupaciones m\u00e1s importantes del Ministerio Apost\u00f3lico, o las Reglas del bienestar, no le permit\u00edan hacer por s\u00ed mismo. Como la formaci\u00f3n de esta gran Fundaci\u00f3n tiene una relaci\u00f3n esencial con la Historia que escribo, es preciso que se conozca su origen, sus funciones y sus progresos. Lo har\u00e9 con exactitud, pero de una manera abreviada, ya que un detalle m\u00e1s amplio pertenece a la historia de la Se\u00f1orita le Gras, y que se leer\u00e1 con edificaci\u00f3n en la vida de esta ilustre Viuda, publicada hace m\u00e1s de sesenta a\u00f1os por el sr. Gobillon P\u00e1rroco de S. Lorenzo, y Doctor de la Casa y Sociedad de Sorbona.<\/p>\n<p>Trad. M\u00e4ximo AGustin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este consejo, en el que la prudencia humana, y quiz\u00e1s un poco de amor propio, entraban por algo, no pod\u00eda agradar a un hombre que, como el gran Ap\u00f3stol, hubiera cre\u00eddo anular la fuerza de &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-14\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":401146,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-402220","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>San Vicente (Collet) 13 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-14\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente (Collet) 13 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Este consejo, en el que la prudencia humana, y quiz\u00e1s un poco de amor propio, entraban por algo, no pod\u00eda agradar a un hombre que, como el gran Ap\u00f3stol, hubiera cre\u00eddo anular la fuerza de ... 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