{"id":402218,"date":"2019-04-08T08:12:44","date_gmt":"2019-04-08T06:12:44","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402218"},"modified":"2019-03-17T12:43:43","modified_gmt":"2019-03-17T11:43:43","slug":"san-vicente-collet-13","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-13\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 12"},"content":{"rendered":"<p><em>Libro tercero<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>Sumario<\/strong><\/p>\n<p><em>-Antig\u00fcedades y revoluciones\u00a0 de la Casa de S. L\u00e1zaro. Estaba administrada en tiempos de Vicente de Pa\u00fal por unos Can\u00f3nigos Regulares.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0-Altercados ocurridos entre ellos y el sr le Bon su Prior. \u00c9ste ofrece su Casa a nuestro Santo, quien la rechaza.<\/em><\/p>\n<p><em>-Rasgos notables de su humildad. Nuevas instancias para la donaci\u00f3n de la casa de S. L\u00e1zaro. Vicente se ve forzado a ceder.<\/em><\/p>\n<p><em>-Toma posesi\u00f3n de esta Casa. Proceso con los se\u00f1ores de S. Victor; quedan desestimados por Decreto. Bienes que recaen en el p\u00fablico de este nuevo establecimiento.<\/em><\/p>\n<p><em>-Cuidado de los Galeotes. Hospital en Marsella para los forzados. Patente del Capell\u00e1n-Real otorgada al Santo. Comienzo de las Conferencias Eclesi\u00e1sticas. Con qu\u00e9 ocasi\u00f3n. <\/em><\/p>\n<p><em>-Primera Asamblea: discurso de S. Vicente.<\/em><\/p>\n<p><em>-Orden de estas conferencias. Los se\u00f1ores de Pavillon, de Perrochel, Godeau, Olier son los primeros en entr. Las Conferencias se hacen muy c\u00e9lebres.<\/em><\/p>\n<p><em>-Bienes que producen en la Iglesia.<\/em><\/p>\n<p><em>-Misiones dadas por los de la Conferencia, en el Hotel-Dieu, en un burgo muy desordenado, y sobre todo en el barrio de S. Germain.<\/em><\/p>\n<p><em>-Ocasi\u00f3n de esta \u00faltima Misi\u00f3n; trabajo que le cost\u00f3 al santo emprenderla; medios de que \u00e9l quiso que se sirvieran para lograrlo.<\/em><\/p>\n<p><em>-Otros bienes que nacen de la misma Asociaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>-Olier las organiza parecidas en Auvernia.<\/em><\/p>\n<p><em>-Noyon, Angulema, Angers hacen conferencias sobre el modelo de la de S. L\u00e1zaro.<\/em><\/p>\n<p><em>-Carta del sr Godeau. Fundaci\u00f3n de los Retiros espirituales.<\/em><\/p>\n<p><em>-Medidas que tom\u00f3 el Santo para salir adelante. Estilo y temas de las charlas que all\u00ed se dan. Aviso sobre las resoluciones que se toman en el Retiro.<\/em><\/p>\n<p><em>-Buenos efectos de estos ejercicios. Pecadores desesperados se santifican en ellos.<\/em><\/p>\n<p><em>-El gusto por los ejercicios pasa a las Provincias. Prodigioso cambio de algunos Eclesi\u00e1sticos, tanto en Francia, como en G\u00e9nova.<\/em><\/p>\n<p><em>-Retiro del cardenal Durazzo.<\/em><\/p>\n<p><em>-Instituci\u00f3n de las Hijas de la Caridad. D\u00e9biles\u00a0 principios\u00a0 de esta Compa\u00f1\u00eda. S. Vicente les da Reglas llenas de sabidur\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>-Ocupaciones y ejercicios de piedad de estas Hijas. Aprobaci\u00f3n del sr de Gondi.<\/em><\/p>\n<p><em>-Cartas patentes del Rey. Protecci\u00f3n singular de Dios sobre una hermana de la Caridad<\/em><\/p>\n<p><em>-Instituci\u00f3n de una compa\u00f1\u00eda de Damas a favor de los enfermos del Hospital General.<\/em><\/p>\n<p><em>-Reglas de esta Asamblea; bienes que produce; caridad de la Presidenta Goussault.<\/em><\/p>\n<p><em>-Gastos que hace la Asamblea de las Damas.<\/em><\/p>\n<p><em>-Vicente establece Seminarios seg\u00fan el plan del Concilio de Trento.<\/em><\/p>\n<p><em>-Misiones en la Di\u00f3cesis de Montauban, y en las C\u00e9v\u00e9nes.<\/em><\/p>\n<p><em>-El Santo no deja a uno de los suyos que d\u00e9 una Versi\u00f3n del Texto Siriaco.<\/em><\/p>\n<p><em>-Bonito discurso en esta ocasi\u00f3n. \u00c9xito de la Misi\u00f3n de las C\u00e9v\u00e9nes.<\/em><\/p>\n<p><em>-Misiones en el Ej\u00e9rcito. Reglamento para los que trabajan all\u00ed. Doble \u00e9xito de esta Misi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>-Servicios prestados a la Orden de Malta.<\/em><\/p>\n<p><em>-Retrato del sr Sillery. Vicente pasa unos d\u00edas en el Temple. No se siguen sus consejos, y se fracasa.<\/em><\/p>\n<p><em>-El Gran-Maestre de Malta escribe al Santo. Altercados de \u00e9ste con el sr de S.-Cyran. Elogio de este Abate compuesto por s\u00ed mismo. Comienza a soltar sus errores.<\/em><\/p>\n<p><em>-Su desprecio por el Concilio de Trento; sus pretendidas luces sobre la Sagrada Escritura, sus ideas sobre le Iglesia. Se encoleriza contra S. Vicente. \u00c9ste quiere realizar un nuevo esfuerzo sobre el esp\u00edritu del Abate. Famosa Carta del \u00faltimo. <\/em><\/p>\n<p><em>&#8211;Interrogatorio de S. Cyran; \u00e9l se cubre de ignominia.<\/em><\/p>\n<p><em>-Testimonio de Vicente de Pa\u00fal en favor de S. Cyran, fabricado a placer.<\/em><\/p>\n<p><em>-Milagro operado entre las Hijas de la Visitaci\u00f3n. Gran parte de S. Vicente en ello.<\/em><\/p>\n<p><em>-Su Congregaci\u00f3n establecida en Richelieu.<\/em><\/p>\n<p><em>-Erecci\u00f3n de un Seminario interno. Estudios de los j\u00f3venes Misioneros-<\/em><\/p>\n<p><em>-Aventura de Jacques de la Fosse. <\/em><em>Ternura infinita del Santo por sus Hijos. <\/em><\/p>\n<p><em>-Misi\u00f3n en S. Germain-en-Laie en presencia de toda la Corte.<\/em><\/p>\n<p><em>-Atenci\u00f3n y aviso del Cardenal de Richelieu. Visita del sr de Qu\u00e9riolet. Luis le Breton enviado a Roma. Elogio de los Misioneros de Italia.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los que m\u00e1s han estudiado la Historia de Par\u00eds est\u00e1n de acuerdo en que la Casa de S. L\u00e1zaro es muy antigua, y en que debe su fundaci\u00f3n\u00a0 a la piedad de nuestros Reyes: pero es imposible fijar bien su \u00e9poca; porque habi\u00e9ndose apoderado de ella los Anglos bajo el Reino de Carlos VI, quemaron casi todos sus T\u00edtulos. El sr de la Mare, en su excelente Tratado de la Polic\u00eda, dice que, bajo Childeberto, S. L\u00e1zaro llevaba el nombre de la Parroquia en la que est\u00e1 hoy. Du Breul se contenta con colocarle en el mismo lugar, en que estaba en otro tiempo el Monasterio de S. Lorenzo, del que, seg\u00fan Gregorio de Tours, S. Domnole fue Abate antes de ser Obispo de Mans. Sea como fuere, es preciso que esta Casa haya sido importante desde los primeros tiempos, ya que, como lo escribe un Autor moderno, <em>los Reyes <\/em>de Francia <em>hac\u00edan de ella su residencia durante algunas semanas, bien para recibir el juramento de fidelidad y las sumisiones de todas las \u00d3rdenes, que componen la Ciudad, bien para disponerse a su primera entrada, que era de ordinario muy magn\u00edfica. <\/em>Al correr de los a\u00f1os, S. L\u00e1zaro fue el domicilio de los que eran atacados de la lepra, enfermedad terrible, y tan com\u00fan hasta el siglo doce, que en la Cristiandad hubo,\u00a0 seg\u00fan Mathieu Paris, hasta diecinueve mil Hospitales para los infectados de ella. La Leproser\u00eda de S. L\u00e1zaro ten\u00eda algo singular en su constituci\u00f3n. No se recib\u00eda m\u00e1s que a Burgueses salidos de un leg\u00edtimo matrimonio, y nacidos entre las cuatro principales puertas de Par\u00eds. Esta Regla no permit\u00eda excepci\u00f3n m\u00e1s que a favor de los Panaderos que, por raz\u00f3n del fuego, estando m\u00e1s sometidos a la lepra, eran admitidos en S. L\u00e1zaro de cualquier cant\u00f3n del Reino que fuesen. Nadie era recibido all\u00ed sin hacer de antemano voto de obediencia a quien estaba a cargo de la direcci\u00f3n de la Casa. Los enfermos de uno y otro sexo llevaban ropas uniformadas; se los llamaba Hermanos y Hermanas, y despu\u00e9s de su muerte todos sus bienes muebles e inmuebles pertenec\u00edan en propiedad a la Casa.<\/p>\n<p>Mucha gente ha cre\u00eddo que S. L\u00e1zaro era un Priorato, y el sr Abelly habla de \u00e9l de una manera favorable a esta idea: pero nada m\u00e1s contrario a la verdadera idea. Es verdad que Foulques de Chanac Obispo de Par\u00eds, al reformar los abusos que se hab\u00edan deslizado en esta casa, desde que no era administrada por Regulares, quiere que, de acuerdo con la\u00a0 antigua usanza, aquel a quien entregue la direcci\u00f3n, sea nombrado Prior, y que lleve en adelante un h\u00e1bito Religioso, absolutamente parecido al del Director del Hospital de Santa Catalina: pero le obliga al mismo tiempo a rendirle cuentas cada a\u00f1o, y se reserva expresamente el derecho de deponerle en caso de negligencia y de infidelidad.<\/p>\n<p>Sus Sucesores han obrado de la misma manera; incluso han ido m\u00e1s lejos, y todas las Provisiones, otorgadas desde 1505 hasta 1611, se\u00f1alan expresamente que el cargo de Prior, tomado en el sentido que acabamos de darle seg\u00fan Foulques, no es m\u00e1s que una comisi\u00f3n amovible, cuya plena y absoluta disposici\u00f3n pertenece al Obispo de Par\u00eds. As\u00ed, y\u00a0 por principio, que estos caracteres son incompatibles con\u00a0 la naturaleza de un Priorato-Beneficio, est\u00e1 claro que S. L\u00e1zaro no fue uno de ellos; y que la denominaci\u00f3n de Prior no significaba otra cosa que lo que significa todav\u00eda en varios de aquellos que est\u00e1n a la cabeza de las Comunidades. He cre\u00eddo deber al Lector esta observaci\u00f3n preliminar, porque ha servido para destruir una objeci\u00f3n del Promotor de la Fe: objeci\u00f3n por lo dem\u00e1s no bien fundada, ya que Vicente, por el respeto que tuvo siempre hacia la Santa Sede, hab\u00eda tomado con respecto a Roma medidas, que hac\u00edan su direcci\u00f3n can\u00f3nica en todos los aspectos, y por medio de las cuales no se le pod\u00eda objetar la m\u00e1xima, <em>Regularia Regularibus.<\/em><\/p>\n<p>A pesar de las revoluciones que, despu\u00e9s de llevar a las Comunidades hasta un cierto punto, las degradan insensiblemente, la casa de S. L\u00e1zaro era en tiempos de nuestro Santo una de las m\u00e1s importantes de Par\u00eds, tanto por su terreno que se extiende a lo lejos en el campo, como porque era Se\u00f1orial, y ten\u00eda derecho de alta, media y baja Justicia. Ocho Can\u00f3nigos Regulares la ocupaban. Adri\u00e1n le Bon su Superior tuvo con ellos uno de esos altercados que, si bien necesarios en ciertas circunstancias, no son por ello menos desagradables. Fue\u00a0 a causa de deshacerse de su direcci\u00f3n, cuando algunos de sus amigos le persuadieron de que entrara en conferencia con sus Religiosos, en presencia de cuatro Doctores, con quienes se pactar\u00eda de una parte y de la otra. La Asamblea se celebr\u00f3 en casa de un hombre de m\u00e9ritos. El sr le Bon aleg\u00f3 sus quejas: el Superior, que hablaba en nombre de sus Cohermanos, aport\u00f3 sus respuestas. Despu\u00e9s de las disputas que son de rigor en estas clases de coyunturas, se convino que elaborar\u00eda un Reglamento, y que cada uno estar\u00eda obligado a conformarse a \u00e9l.<\/p>\n<p>Es c\u00f3modo dar Reglas; pero todav\u00eda m\u00e1s no seguirlas. Por mucha cabeza que tenga un Superior, si no tiene autoridad, sus proyectos m\u00e1s santos fracasar\u00e1n casi siempre. El sr le Bon se vio pronto tan cansado del cargo como lo estaba antes de la negociaci\u00f3n, de que acabo de hablar; no pens\u00f3 ya m\u00e1s que en salir de un lugar en el que, con las mejores intenciones del mundo, sufr\u00eda y hac\u00eda sufrir a los dem\u00e1s. Pero, como quer\u00eda el bien, y por aquel tiempo mismo oy\u00f3 hablar del que hac\u00eda Vicente de Pa\u00fal en las misiones, y en todas partes, crey\u00f3 que, si pudiera colocarle en la casa de S. L\u00e1zaro, har\u00eda un buen servicio a la Iglesia, y tendr\u00eda parte en las buenas obras, de las que se enter\u00f3 que este santo Sacerdote se ocupaba \u00fanicamente. Se abri\u00f3 al sr Lestocq, P\u00e1rroco de S. Lorenzo, su vecino y su amigo.<\/p>\n<p>Este piadoso y sabio Doctor conoc\u00eda muy particularmente al Fundador de la Misi\u00f3n; hab\u00eda trabajado con \u00e9l en los Pueblos: hab\u00eda visto por s\u00ed mismo las necesidades de los pueblos y los auxilios ya espirituales, ya temporales que Vicente les procuraba. Por ello tuvo buen cuidado de confirmar al Prior de S. L\u00e1zaro en su resoluci\u00f3n. le repiti\u00f3 m\u00e1s de una vez que la idea de ceder su casa a los Misioneros proced\u00eda del Esp\u00edritu Santo, y que no pod\u00eda hacer otra cosa mejor que llevar a cabo su plan; le cont\u00f3 mil cosas favorable sobre Vicente, y sus Sacerdotes, quienes eran hombres suscitados por Dios para la salvaci\u00f3n de los pobres del campo, que ten\u00edan una prodigiosa necesidad; que se entregaban con tanto celo como \u00e9xito a instruirlos; que les hac\u00edan reparar los defectos que la ignorancia, o una falsa verg\u00fcenza hab\u00edan hecho en sus Confesiones precedentes; que no le contaba nada que no hubiera visto con sus propios ojos, y conocido por propia experiencia. Por lo dem\u00e1s, a\u00f1adi\u00f3 \u00e9l, encontrar\u00e9is a la cabeza de estos dignos Obreros a un hombre seg\u00fan el coraz\u00f3n de Dios, y no ser\u00e1 posible que os equivoqu\u00e9is.<\/p>\n<p>Un discurso tan favorable hubiera determinado a un hombre menos dispuesto, de lo que estaba el sr le Bon. Los dos amigos partieron al momento. El Prior de S. L\u00e1zaro se apresur\u00f3 a entrar en materia: dijo a Vicente en pocas palabras que le hab\u00edan hecho un relato muy impresionante de su Congregaci\u00f3n, y de sus caritativos trabajos; que se sentir\u00eda feliz, si pudiera contribuir a ello, y que le ceder\u00eda con gusto su casa y todos sus bienes para concurrir en una obra tan santa y tan saludable<\/p>\n<p>Una propuesta tan ventajosa, y sobre la que otros no se lo habr\u00edan pensado, sorprendi\u00f3 al siervo de Dios. Es decir demasiado poco, le asust\u00f3; y, aunque fuera due\u00f1o de s\u00ed mismo en extremo, su turbaci\u00f3n fue tan sensible que produjo en \u00e9l un temblor, del que se dio cuenta el Prior de S. L\u00e1zaro. Le pregunt\u00f3 por qu\u00e9, ya que \u00e9l no lo adivinaba del todo. Vicente le respondi\u00f3 con mucha modestia que a la verdad su propuesta le hab\u00eda espantado, y que estaba tan por encima de \u00e9l y de los Sacerdotes de su Compa\u00f1\u00eda que sentir\u00eda escr\u00fapulos con s\u00f3lo pensarlo. Nosotros somos, a\u00f1adi\u00f3 \u00e9l, nosotros somos unos pobres Sacerdotes, vivimos en la sencillez, no tenemos otro plan que el de servir a la pobre gente del campo: nos sentimos muy obligados, Se\u00f1or, por vuestra buena voluntad, y se lo agradecemos muy humildemente.<\/p>\n<p>Continu\u00f3 explic\u00e1ndose sobre este punto de una forma tan positiva, combati\u00f3 con tanta fuerza todo lo m\u00e1s urgente que se le pudo decir, que el Prior perdi\u00f3 en un principio toda esperanza de hacerle cambiar de idea. Sin embargo la dulzura del santo Hombre, la piedad y los encantos de su conversaci\u00f3n llegaron tan fuertes al coraz\u00f3n del sr le Bon que el deseo de realizar su plan se redobl\u00f3 a medida de los obst\u00e1culos que encontraba en \u00e9l. Esto es lo que le impuls\u00f3, cuando estuvo a punto de dejar a Vicente de Pa\u00fal, a decirle que la oferta que le hac\u00eda merec\u00eda bien que pusiera en ello su atenci\u00f3n, y que le daba seis meses para pensarlo.<\/p>\n<p>Fue muy probablemente durante este intervalo cuando nuestro Santo dio dos pruebas tan se\u00f1aladas de humildad que fue f\u00e1cil concluir que la estima de los hombres no alteraba en \u00e9l esta importante virtud. El Arzobispo de Par\u00eds que la consultaba con mucho gusto, y que se descargaba con \u00e9l de muchas cosas, habiendo querido que se encontrase en una gran Asamblea, que se tuvo en el Arzobispado, le hizo una reprimenda bastante seca, con motivo de no s\u00e9 qu\u00e9 comisi\u00f3n, de la que crey\u00f3 que no se hab\u00eda ocupado. Vicente, a ejemplo del Rey Profeta, no dijo una palabra para justificarse; y aunque tuviera entonces m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os, se puso de rodillas, como un joven Novicio ante su Maestro; pidi\u00f3 perd\u00f3n por una falta, de la que no era culpable. Esta conducta edific\u00f3 mucho; pero hubo mayor impresi\u00f3n, cuando se supo que hab\u00eda obrado bien y muy bien haciendo todo cuanto se le hab\u00eda encargado. Andr\u00e9 Duval, aquel famoso Doctor, quien mantuvo siempre tan \u00edntimas relaciones con nuestro Santo, no pudo menos de exclamar a la cara de toda la Asamblea, que era dif\u00edcil encontrar en cualquier otro m\u00e1s virtud que en el sr Vicente.<\/p>\n<p>La segunda ocasi\u00f3n en que el santo Sacerdote hizo brillar su humildad por esta misma \u00e9poca, se le present\u00f3 por uno de sus sobrinos, quien desde Provincias acudi\u00f3 a Par\u00eds con la esperanza de que un t\u00edo que hac\u00eda tantos bienes a un gran n\u00famero de extra\u00f1os, har\u00eda cualquier cosa de m\u00e1s por un hombre que ten\u00eda la ventaja de pertenecerle. El Siervo de Dios estaba en su habitaci\u00f3n, cuando el portero le anunci\u00f3 que hab\u00eda abajo un campesino, que se dec\u00eda su sobrino y que ped\u00eda hablarle. La naturaleza sufri\u00f3 un poco en este primer momento. Los santos tienen que combatir en tanto son hombres, y son hombres hasta el \u00faltimo suspiro. Vicente rog\u00f3 a uno de los suyos que fuera a recibir a este pariente; pero de pronto se sobrepuso: baj\u00f3, se fue hasta la calle, donde se hab\u00eda quedado su sobrino; le abraz\u00f3 tiernamente, y le tom\u00f3 de la mano, y habi\u00e9ndole llevado al Patio, mand\u00f3 llamar a todos los sacerdotes de la Compa\u00f1\u00eda, y les dijo que aqu\u00e9l era el hombre m\u00e1s honrado de su familia. Y fue m\u00e1s lejos todav\u00eda, quiso presentar \u00e9l mismo a este pobre pariente a todas las personas de condici\u00f3n que vinieron a visitarle.<\/p>\n<p>Una victoria tan completa sobre el demonio del orgullo no le pareci\u00f3 suficiente; en los primeros ejercicios que hizo con los suyos, se acus\u00f3 en p\u00fablico de haber tenido alguna verg\u00fcenza en la llegada de su sobrino, y de haberle querido hacer subir en secreto a su habitaci\u00f3n, porque era campesino, y mal vestido. Es aquel mismo sr S. Martin Can\u00f3nigo de Acqs, de quien ya hemos hablado en otra parte, quien nos ha conservado este rasgo tan glorioso en nuestro Santo. Se quedaba por entonces en el Colegio de los Bons-Enfants. Se encontraba all\u00ed en el momento mismo que pas\u00f3 todo esto, \u00e9l fue testigo y se le puede creer. Por lo dem\u00e1s, este pobre joven, que al llegar a Par\u00eds, hab\u00eda cre\u00eddo su fortuna hecha, se enga\u00f1\u00f3 mucho en sus esperanzas: el santo sacerdote hab\u00eda hecho un pacto con su propio coraz\u00f3n; le manten\u00eda en guardia contra las ilusiones de la carne y de la sangre; estaba siempre muy persuadido de que sus parientes ser\u00edan bastante ricos mientras pudieran vivir de su trabajo. Se mantuvo en este principio, y no se apart\u00f3 de \u00e9l nunca. As\u00ed despidi\u00f3 a su sobrino a pie como hab\u00eda llegado sin darle m\u00e1s que diez escudos para el viaje: adem\u00e1s se los pidi\u00f3 como limosna a la Marquesa de Maignelais; y fue la \u00fanica vez que pidi\u00f3 ayuda para los de la familia.<\/p>\n<p>Si estos actos de virtud llegaron al conocimiento del prior de S. L\u00e1zaro, no pudieron sino inspirarle un nuevo deseo de consumar el asunto que hab\u00eda comenzado. Sea como fuere, este buen Religioso no dej\u00f3 de dirigirse, al cabo del t\u00e9rmino que hab\u00eda se\u00f1alado, al Colegio de los Bons-Enfants, de redoblar sus insistencias, y de pedir como una gracia a Vicente de Pa\u00fal que se dignara aceptar su c asa. Le dijo que Dios le inspiraba cada vez m\u00e1s que se la entregara en mano; que ten\u00eda la satisfacci\u00f3n de sus Religiosos; que ya no se esperaba m\u00e1s que la suya, y que, por poco que la manifestara era cosa hecha. El sr de Lestocq, que acompa\u00f1\u00f3 al Prior en este segundo viaje, como lo hab\u00eda hecho en el primero, habl\u00f3 al menos tan fuerte como \u00e9l, y suplic\u00f3 al santo Hombre que no se perdiera una ocasi\u00f3n tan hermosa de poder rendir a la Iglesia nuevos servicios. El Siervo de Dios se mantuvo firme, y sigui\u00f3 inquebrantable; explic\u00f3 a estos Se\u00f1ores que un establecimiento de tan gran importancia no dejar\u00eda de dar qu\u00e9 hablar; que no le gustaba la fama; que no ten\u00eda con \u00e9l m\u00e1s que un peque\u00f1o n\u00famero de Sacerdotes, que apenas acababan de nacer, y que nada tem\u00eda m\u00e1s que hablaran de \u00e9l<\/p>\n<p>La hora de comer que sigui\u00f3 suspendi\u00f3 esta discusi\u00f3n. El sr le Bon dijo a nuestro Santo que quer\u00eda comer con \u00e9l y su Comunidad. El orden que se guardaba durante la mesa, el silencio, la buena lectura, la modestia, la frugalidad, agradaron de tal manera a este digno Prior que no hablaba de ello sino con admiraci\u00f3n. Concibi\u00f3 para todos los Sacerdotes de la nueva Congregaci\u00f3n casi tanta estima como la que sent\u00eda por su Fundador. Los tuvo a todos como hombres de Dios; y m\u00e1s afianzado que nunca en su primer plan, rog\u00f3 al sr de Lestocq que continuara con sus intentos y no dejara piedra sin mover con el santo Sacerdote, hasta que le hubiera forzado a consentir en una propuesta, que era muy razonable.<\/p>\n<p>El sr le Bon no pod\u00eda recomendar este gran asunto a un hombre m\u00e1s ardoroso en urgir su ejecuci\u00f3n, y m\u00e1s capaz de lograrlo. El P\u00e1rroco de S. Lorenzo era un amigo particular de Vicente de Pa\u00fal; y \u00e9l mismo dijo que se lo hubiera cargado al hombro para transportarle a la casa de S. L\u00e1zaro. Le hizo m\u00e1s de veinte visitas en seis meses; y se sirvi\u00f3 de todos los motivos, que la raz\u00f3n y la piedad pudieron sugerirle; lleg\u00f3 hasta decirle que resist\u00eda al Esp\u00edritu Santo y que los bienes, de los que una negativa tan tenaz privar\u00eda a la Iglesia podr\u00edan muy bien ser un d\u00eda materia de su juicio. Todo result\u00f3 in\u00fatil. La humildad y la abyecci\u00f3n eran las virtudes favoritas del Siervo de Dios: todo lo que pod\u00eda darle prestigio, y sacarle de apuros, en que la Providencia parec\u00eda haberle colocado con sus propias manos, le parec\u00eda sospechoso y lleno de peligros.<\/p>\n<p>El sr de Lastocq, en una Relaci\u00f3n sobre el modo como se hizo esta gran fundaci\u00f3n, confiesa que no encuentra palabras capaces de expresar el ardor con el que persegu\u00eda a Vicente de Pa\u00fal. Para dar una idea, recurre a figuras que eran m\u00e1s del gusto de su siglo de lo que lo ser\u00edan del nuestro; y no encuentra dificultades en decir que le cost\u00f3 menos a Jacob obtener\u00a0 a Raquel, y a la Cananea hacerse favorables a los Ap\u00f3stoles, que lo que le cost\u00f3 a \u00e9l doblegar el coraz\u00f3n del Hombre de Dios. Al cabo de un a\u00f1o, el sr le Bon y \u00e9l no hab\u00edan dado un paso m\u00e1s que el primer d\u00eda; insistencias redobladas m\u00e1s de treinta veces, lejos de vencer su repugnancia,\u00a0 ni siquiera hab\u00edan logrado que fuera a ver la Casa que se le ofrec\u00eda. Es que tem\u00eda que su coraz\u00f3n se dejara enga\u00f1ar por sus ojos, y que la situaci\u00f3n y los bienes de este nuevo establecimiento le pareciesen una raz\u00f3n para aceptarlo.<\/p>\n<p>Por fin, el Prior de S. L\u00e1zaro, molesto por que nada le sal\u00eda bien, y porque las cosas segu\u00edan igual, dijo un d\u00eda a Vicente, con cierta emoci\u00f3n. <em>Sois, Se\u00f1or, un hombre bien extra\u00f1o. No hay nadie de los que desean vuestro bien que no os aconseje recibir el que yo os ofrezco. En asuntos de esta naturaleza, es prudente no referirse a s\u00ed mismo \u00fanicamente. Decidme de qui\u00e9n tom\u00e1is consejo. \u00bfQu\u00e9 amigo ten\u00e9is cuyas impresiones segu\u00eds de tan\u00a0 buen grado, y en quien teng\u00e1is m\u00e1s confianza? Yo me remitir\u00e9 a \u00e9l: si piensa como yo, os dejar\u00e9is llevar; si piensa como vos, yo cesar\u00e9 en mis insistencias, y no os cansar\u00e9 m\u00e1s<\/em>. Vicente que no tuvo nada que replicar a una propuesta tan justa, indic\u00f3 al sr Duval como a uno de aquellos en cuyos sentimientos confiaba con agrado. Este piadoso y sabio Doctor era, desde la muerte del sr de B\u00e9rulle, Director de nuestro Santo; y pareci\u00f3 bien que en esta ocasi\u00f3n Vicente no hiciese nada importante sin consultarle.<\/p>\n<p>El sr le Bon qued\u00f3 encantado por este desenlace; sospech\u00f3 que no encontrar\u00eda en Sorbona las dificultades que hab\u00eda encontrado en el Colegio de los Bons-Enfants. En efecto, todo le sali\u00f3 bien, tal y como lo deseaba. El sr Duval trat\u00f3 con \u00e9l de las condiciones, bajo las cuales Vicente y los Sacerdotes ser\u00edan recibidos en la casa de S. L\u00e1zaro. Este art\u00edculo, que de ordinario es tan litigioso, no hizo esperar un instante. El Doctor conoc\u00eda el esp\u00edritu de liberalidad y de gratitud del santo Sacerdote; entr\u00f3 perfectamente en sus puntos de vista, y otorg\u00f3 al Prior tal vez m\u00e1s de lo que ped\u00eda.<\/p>\n<p>El asunto parec\u00eda concluido, cuando un incidente que no se esperaba, pareci\u00f3 romperlo todo. El sr le Bon quien, como ya lo hemos se\u00f1alado, era un hombre de bien y de virtud, crey\u00f3 dar un golpe de estado, haciendo alojar a sus Religiosos en el mismo dormitorio, en el que deb\u00eda alojar a los Misioneros. Pens\u00f3 que los hijos de Vicente de Pa\u00fal no lo llevar\u00edan a mal; que por el contrario sus Religiosos sacar\u00edan mucho provecho de ello; que teniendo sin cesar ante los ojos el silencio, la regularidad y la modestia de estos hombres, con los que se hab\u00eda encantado la primera vez que los hab\u00eda visto, ir\u00edan tomando insensiblemente el mismo tren; y que por fin se sentir\u00edan inclinados\u00a0 poco a poco a imitar a los que no habr\u00edan podido dejar de admirar.<\/p>\n<p>Un Superior menos experimentado de lo que no lo era el de la Misi\u00f3n, no habr\u00eda dudado sobre un art\u00edculo, que en un principio parece bastante poco importante, al que incluso se le daban todos los visos del bien. Pero Vicente, que con un vistazo ve\u00eda los principios y las consecuencias, lo juzg\u00f3 de diferente forma. El bien espiritual de su peque\u00f1o reba\u00f1o le pareci\u00f3 preferible a todas las ventajas temporales. El solo temor de exponer el fervor y la regularidad al peligro de estas clases de complacencias, que se tienen con naturalidad con los que comparten su bien con nosotros; este temor, digo, le produjo m\u00e1s impresi\u00f3n de la que la alegr\u00eda de verse en posesi\u00f3n de un establecimiento de importancia habr\u00eda producido en otros. As\u00ed, sin perder tiempo, rog\u00f3 al sr de Lestocq que informara al Prior de S.L\u00e1zaro que los Sacerdotes de la Misi\u00f3n ten\u00edan por regla guardar el silencio desde la Oraci\u00f3n de la Tarde hasta el d\u00eda siguiente despu\u00e9s de comer; que ten\u00edan entonces una hora de conversaci\u00f3n, despu\u00e9s de la cual se volv\u00eda al silencio hasta la tarde; que la cena estaba seguida de otra hora de conversaci\u00f3n, y que despu\u00e9s de \u00e9sta volv\u00eda a comenzar el silencio; que por lo dem\u00e1s este silencio era tan riguroso, que s\u00f3lo se romp\u00eda por cosas necesarias; que en este caso incluso se ten\u00eda cuidado de hablar en voz baja para no interrumpir a nadie; que estas pr\u00e1cticas, las que mucha gente considera como peque\u00f1eces, le parec\u00edan esenciales; y que estaba persuadido de que no se puede atentar contra ellas sin introducir el desorden y la confusi\u00f3n en las Comunidades.<\/p>\n<p>A fin de que no se creyera que exageraba las cosas y que ten\u00eda sobre este punto ideas singulares, hizo comprender que \u00e9l no pensaba m\u00e1s que lo que hab\u00edan hecho antes de \u00e9l los que hab\u00edan acertado en la disciplina regular; \u00e9l repiti\u00f3 aquellas palabras comunes de un santo Hombre, <em>Que se tienen todos los derechos a pensar que una Comunidad que observa exactamente el silencio, es fiel del todo al resto de sus Constituciones; que por el contrario aquellas en que se habla cuanto se quiere, no guardan com\u00fanmente ni regla ni orden. <\/em><\/p>\n<p>De estos principios Vicente conclu\u00eda que era de temer que los Religiosos del sr le Bon que no estaban acostumbrados a una disciplina tan severa, y que veros\u00edmilmente no podr\u00edan hacerse a ella, ense\u00f1aran poco a poco a los Misioneros a relajarse en un punto, que le parec\u00eda de una consecuencia extrema. <em>Preferir\u00eda, <\/em>a\u00f1ad\u00eda el santo Sacerdote, <em>que nos qued\u00e1ramos en nuestra pobreza a que nos apart\u00e1ramos del plan de Dios sobre nosotros.<\/em><\/p>\n<p>Resulta, y es una reflexi\u00f3n que podemos colocar aqu\u00ed, ya que ha sido hecha en todas las ocasiones; resulta de estas \u00faltimas palabras, que aunque la trasgresi\u00f3n del silencio no fuese m\u00e1s que una bagatela en todas las dem\u00e1s partes, no se podr\u00eda considerar como tal ni en S. L\u00e1zaro ni en la congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si el Prior insisti\u00f3 mucho sobre este apartado; pero Vicente se mantuvo tan fuerte, que fue preciso suprimirlo; sin ello, \u00e9l no hubiera aprobado los otros; habr\u00eda preferido mucho m\u00e1s sacrificar las ventajas temporales, que se le presentaban, a prestarse a algo que hubiera podido poner el menor obst\u00e1culo al bien espiritual de su Compa\u00f1\u00eda. As\u00ed que fue su amor al retiro y al recogimiento interior los que le hicieron tan inflexible en este punto. Estaba persuadido de que sus Sacerdotes deb\u00edan tomar tantas precauciones contra la disipaci\u00f3n del esp\u00edritu como expuestos estaban a ella por su estado y por la propia naturaleza de sus empleos. Sent\u00eda que pod\u00edan hacer grandes servicios a la Iglesia; pero todav\u00eda se daba mejor cuenta de que cierto comercio de disipaci\u00f3n no dejar\u00eda de debilitarlos; por este asunto ha dicho m\u00e1s de una vez: <em>Que los verdaderos Misioneros deb\u00edan ser como Cartujos en la casa y como Ap\u00f3stoles afuera<\/em><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n de este Concordato que se firm\u00f3, que se firm\u00f3 el 7 de enero de 1632, Vicente entr\u00f3 en posesi\u00f3n de la casa de S. L\u00e1zaro. Juan Francisco de Gondi primer Arzobispo de Par\u00eds, se tom\u00f3 el trabajo de conducirle all\u00ed, y le hizo el honor de instalarle en ella \u00e9l mismo. Como se ten\u00eda el permiso del Preboste de los Comerciantes, de los Jueces, y de todos a quienes pod\u00eda interesar este asunto, no se crey\u00f3 que pudiera haber dificultad alguna; pero era justo que Vicente, que durante quince meses hab\u00eda agotado casi la paciencia del sr le Bon, viera poner un poco la suya a prueba.<\/p>\n<p>Habiendo mandado el Rey expedir sus Cartas Patentes sobre esta donaci\u00f3n, una Comunidad Religiosa, que ten\u00eda cr\u00e9dito y poderosos amigos se opuso al registro y pretendi\u00f3 que la Casa de S. L\u00e1zaro le pertenec\u00eda. Este contratiempo no sirvi\u00f3 sino para hacer resplandecer m\u00e1s la alta virtud de nuestro santo Sacerdote, y sobre todo su desinter\u00e9s y su caridad. No apoy\u00f3 un Proceso, sino porque le aseguraron de todas partes que su derecho era incontestable. Mientras se segu\u00eda la Causa, continu\u00f3 en oraci\u00f3n en la Capilla del Palacio; y rogaba a Dios, no que le hiciera ganar, si deb\u00eda perder, sino conservar en su coraz\u00f3n una perfecta sumisi\u00f3n a las \u00f3rdenes de la Providencia. Se hall\u00f3 siempre en un equilibrio tan grande en este suceso que consider\u00f3 la paz de su coraz\u00f3n como un don singular de la misericordia de Dios. <em>Ser\u00e1, <\/em>dec\u00eda \u00e9l en una carta que escribi\u00f3 por este mismo tiempo a uno de sus amigos, <em>ser\u00e1 del \u00e9xito de este asunto, todo lo que sea del agrado de Nuestro Se\u00f1or, quien sabe de verdad que su bondad me mantuvo en esta ocasi\u00f3n tan indiferente como ante cualquier otro asunto que haya tenido; ay\u00fademe, por favor, a darle gracias por ello.<\/em><\/p>\n<p>Hemos de confesar sin embargo, y Vicente no se lo hab\u00eda podido disimular a algunas personas de confianza que al principio de esta discusi\u00f3n una cosa le preocupaba, en caso de que llegar a sucumbir: el lector buscar\u00eda por largo tiempo antes de poder adivinarlo; ya que lo que aflige a los Santos poco suele afligir a los dem\u00e1s. El sr le Bon hab\u00eda tenido a bien recibir en la casa a tres o cuatro insensatos, cuyos parientes se hab\u00edan deshecho con gusto de ellos. Vicente, a quien pertenec\u00eda en propiedad el cuidado de todos los necesitados, comenz\u00f3 al llegar a S. L\u00e1zaro, por pedir la gracia de que se los confiaran. Ser\u00eda dif\u00edcil expresar con qu\u00e9 caridad mandaba servirlos, y los serv\u00eda \u00e9l mismo. Ten\u00eda para ellos la ternura que una madre tiene por su hijo, cuando el acceso de un frenes\u00ed violento le hace m\u00e1s dif\u00edcil y menos capaz de gratitud. Los m\u00e1s intratables eran aquellos a los que se dedicaba con menos reserva; cuanto m\u00e1s ten\u00eda que sufrir la naturaleza con estos hombres sucios, molestos, con frecuencia incluso peligrosos, m\u00e1s contento estaba \u00e9l , un d\u00eda pues que se daba cuenta a s\u00ed mismo de sus propias disposiciones, y examinaba ante Dios lo que podr\u00eda afligirle, en el caso de que fuera despose\u00eddo: despu\u00e9s de un largo y serio examen, nada le inquiet\u00f3 sino el temor de no estar ya en disposici\u00f3n de dar a estos pobres alienados\u00a0 los servicios que hab\u00eda comenzado a prestarles. La comodidad de una casa Se\u00f1orial, situada a las puertas de Par\u00eds; los bienes que le eran anejos; la facilidad de formar en ella a su Congregaci\u00f3n naciente, todas estas ventajas no le parecieron nada en comparaci\u00f3n con el gozo que sent\u00eda en honrara a JC en sus miembros enfermos, que todo el mundo rechaza, que no encuentran asilo en sus propias casas, y que a menudo son el juguete y el objeto de desprecio de aquellos hombres mercenarios, a quienes el inter\u00e9s acompa\u00f1a a su servicio. \u00a1Qu\u00e9 grande debe de ser a los ojos de los que viven, y piensan seg\u00fan la Fe, cuando se sabe ver como una locura los bienes y los oficios que el mundo estima, y por el contrario se estima como una verdadera sabidur\u00eda a aquellos cuyo solo nombre tiene algo que deshonra y humilla!<\/p>\n<p>Al fin, Dios recompens\u00f3 el desinter\u00e9s y humildad de su Siervo. Un Decreto contradictorio y solemne puso fin a la disputa; y las Cartas Patentes del Rey fueron registradas en el Parlamente el 17 de septiembre de 1632. Los que hab\u00edan cre\u00eddo tener que oponerse no han dejado por eso de estimar menos a Vicente de Pa\u00fal; han confesado, como el resto de Francia, que la casa de S. L\u00e1zaro, al convertirse en el Patrimonio del santo Hombre, se hab\u00eda convertido en el recurso de todos los necesitados y en el asilo de todos cuantos pod\u00edan necesitarlo. La lectura del resto de esta historia no permitir\u00e1 dudar a aquellos menos bien intencionados.<\/p>\n<p>Fueron los criminales condenados a las Galeras los primeros que sintieron el efecto de la caridad que este nuevo establecimiento pon\u00eda al Santo en estado de ejercer con m\u00e1s amplitud. Hemos visto ya lo que hab\u00eda hecho en su favor, en Par\u00eds o en Marsella, le vamos a ver hacer algo realmente importante: ya que cualquier deseo que tengamos de guardar una Cronolog\u00eda exacta, es de verdadera necesidad que contemos muchas cosa por anticipado, y que nos contentemos con las primeras \u00e9pocas de un gran n\u00famero de hechos, que no han podido ocurrir sino en el curso de varios a\u00f1os. Sin eso, no se podr\u00eda evitar la confusi\u00f3n, sobre todo en una Historia en la que uno se siente abrumado por la multitud de los acontecimientos, y en la que cada a\u00f1o, por no decir cada semana o cada d\u00eda, ha visto nacer un n\u00famero sorprendente de gloriosas empresas, que la sabidur\u00eda, el celo y la paciencia de un solo hombre han ejecutado felizmente.<\/p>\n<p>Los Galeotes trasladados por los cuidados de Vicente de Pa\u00fal al barrio de S. Roch, se hallaban all\u00ed lo menos mal que era posible; y el santo Hombre no habr\u00eda pensado\u00a0 en hacerles salir, si esta especie de establecimiento hubiese sido fijo. Pero como ocupaban una casa de alquiler, y se pod\u00eda con diferentes pretextos desalojarlos, Vicente, cuya costumbre era adelantarse a los inconvenientes, que \u00e9l pod\u00eda prever, crey\u00f3 con raz\u00f3n que, para impedir que cayeran en un estado parecido a aquel del que los hab\u00eda sacado, conven\u00eda trasladarlos a otra parte, y procurarles un Hospicio, que fuera de ellos para siempre.<\/p>\n<p>Para no errar el golpe, se dirigi\u00f3 al Rey. Le rog\u00f3, y se lo hizo pedir por sus amigos que consintiera que una antigua Torre, que se encuentra entre la puerta de S. Bernardo, y la Ribera, fuera destinada a servir de retiro a estos desdichados. Habl\u00f3 tambi\u00e9n con los Se\u00f1ores Magistrados de la ciudad, y obtuvo por fin lo que deseaba. El cuidado y el cargo de lo espiritual y de lo temporal recayeron casi sobre \u00e9l solo durante varios a\u00f1os.<\/p>\n<p>En cuanto a lo espiritual, dio orden a aquellos de los Sacerdotes, que se alojaban en el Colegio de los Bons-Enfants, para que visitaran con frecuencia a estos forzados, que les dijeran todos los d\u00edas la Misa, los instruyeran, oyeran sus Confesiones, y los consolaran.<\/p>\n<p>Y en lo temporal, la Se\u00f1orita le Gras, siempre despierta cuando se trataba de escuchar y de llevar a la pr\u00e1ctica el lenguaje de la caridad, se prest\u00f3 a ello con la mayor gracia del mundo. Iba con frecuencia a verlos, les prestaba toda clase de servicios, los asist\u00eda con sus propias limosnas. Vicente animaba con el ejemplo de esta piadosa Viuda a personas de virtud y de condici\u00f3n a entrar en esta buena obra y a visitar al Hijo de Dios, que sufre por nuestros cr\u00edmenes en la persona de estos hombres, que sufren por sus propios des\u00f3rdenes. Pero el santo Sacerdote contribuy\u00f3 m\u00e1s que nadie al gasto; y fue precisamente a \u00e9l a quien los Galeotes debieron su mantenimiento y su alimentaci\u00f3n, durante los ocho o diez \u2018primeros a\u00f1os de su nueva residencia. Finalmente, la Providencia les procur\u00f3 una ayuda, que ten\u00eda alguna proporci\u00f3n con sus necesidades. Una persona, que ten\u00eda muchos bienes, les leg\u00f3 al morir seis mil libras de renta, cuyo fondo les deb\u00eda ser asignado por su hija, que era su \u00fanica heredera.<\/p>\n<p>Estas clases de Legados, que a menudo son necesarias en descargo de los difuntos, son tambi\u00e9n m\u00e1s frecuentemente insoportables a los vivos. No se cuenta por nada lo que se adquiere, no se piensa m\u00e1s que en lo que contaba deber adquirir todav\u00eda. El marido de la heredera puso dificultades sin n\u00famero: las solicitudes del santo Sacerdote eran in\u00fatiles; aguantaba desechos y palabras molestas; y no pod\u00eda conseguir ni dinero ni promesas. Otros\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 muchos lo habr\u00edan dejado todo: pero la verdadera caridad es paciente. Vicente volv\u00eda a la carga con tanta tranquilidad, como si hubiera estado seguro de ser bien recibido. Por fin, despu\u00e9s de muchas entrevistas, obtuvo por mediaci\u00f3n del sr de Mol\u00e9, que era entonces Procurador General del Parlamento, que se dar\u00eda un fondo para asegurar esta renta. \u00c9l supo incluso tocar el coraz\u00f3n de esta heredera, bien describi\u00e9ndole el deplorable estado, en que hab\u00eda encontrado a los Galeotes, cuando los visit\u00f3 por primera vez, bien haci\u00e9ndole comprender\u00a0 lo importante que era perpetuar las ayudas que se hab\u00eda comenzado a darles, que esta joven Dama manifest\u00f3 tanto celo por el \u00e9xito de esta fundaci\u00f3n, como ardor hab\u00eda manifestado su marido para evitar su \u00e9xito.<\/p>\n<p>Se dictamin\u00f3 que el Procurador General tendr\u00eda a perpetuidad la administraci\u00f3n temporal de esta especie de Hospital; que las Hijas de la Caridad ser\u00edan destinadas al servicio de los desdichados, que fueran encerrados all\u00ed, y de aquellos sobre todo que cayeran enfermos; que se dar\u00eda cada a\u00f1o a los Sacerdotes de S. Nicol\u00e1s del Chardonnet la suma de trescientas libras a condici\u00f3n de que quedaran obligados a prestarles todos los servicios espirituales, que los Sacerdotes de la Misi\u00f3n hab\u00edan desempe\u00f1ado hasta entonces. Como estos Se\u00f1ores parec\u00edan obligados a ello en vista de que los forzados se hab\u00edan convertido en sus Parroquianos, este \u00faltimo art\u00edculo sufri\u00f3 alguna contradicci\u00f3n: se aprob\u00f3 al fin, a ruegos de Vicente de Pa\u00fal, y de algunas Damas de la Parroquia, que expusieron que una carga tan pesada ped\u00eda bien alguna compensaci\u00f3n. La asiduidad con la que estos virtuosos Eclesi\u00e1sticos han desempe\u00f1ado siempre esta penosa funci\u00f3n, supera en mucho la retribuci\u00f3n que les ha sido asignada. Sin embargo su celo no ha disminuido el que tuvo siempre nuestro Santo por la salvaci\u00f3n de los forzados: se ocup\u00f3 de tiempo en tiempo de hacerles dar misiones, sobre todo, cuando eran en gran n\u00famero, y estaban\u00a0 a punto de ser conducidos a las Galeras; es decir, precisamente en el tiempo en que m\u00e1s necesitan de consuelo, y en el que es m\u00e1s oportuno disponerlos a hacer buen uso de sus penas.<\/p>\n<p>Su ternura por ellos no se limit\u00f3 a los servicios de que acabamos de hablar. Trat\u00f3 de aliviarlos en el lugar mismo donde tienen que sufrir m\u00e1s. Lo que m\u00e1s le hab\u00eda impresionado en el\u00a0 viaje que hizo a Marsella era el triste estado de aquellos de los Galeotes que ca\u00edan enfermos. Quedaban totalmente abandonados. Siempre atados a sus cadenas, comidos de miseria, abrumados de dolores, casi consumidos por la podredumbre y la infecci\u00f3n; estos cad\u00e1veres en vida experimentaban ya los horrores del sepulcro. Vicente no hab\u00eda podido, sin una emoci\u00f3n profunda, ver a hombres, formados a la imagen de Dios, Cristianos rescatados con la Sangre de JC reducidos a morir como animales: pero fue necesario tener paciencia porque los disturbios del Reino no le permit\u00edan actuar.<\/p>\n<p>Cuando las cosas parecieron un poco m\u00e1s tranquilas, el santo Sacerdote se dirigi\u00f3 al Cardenal de Richelieu, quien desde el d\u00eda<em> de los Inocentes, <\/em>en que se le hab\u00eda cre\u00eddo perdido sin remedio -11 de noviembre de 1630-, era m\u00e1s poderoso que nunca. Como el cargo de General de las Galeras estaba entonces en la familia, y compart\u00eda con la Duquesa de Aiguillon su sobrina los sentimientos de estima que ella tuvo siempre hacia el Fundador de la Misi\u00f3n, Vicente, con aquellos modos insinuantes, aquellas expresiones pat\u00e9ticas que le eran propias, le expuso el triste o, para ser m\u00e1s justo, el horrible estado en que se mov\u00edan en Marsella los forzados cuando se hallaban enfermos, y la necesidad de fundar all\u00ed un Hospital para ellos. Jean-Baptiste Gault Obispo de Marsella, y el Caballero de Simiane, Gentilhombre Provenzal se distinguieron uno y otro por las m\u00e1s raras virtudes, se unieron a nuestro Santo para solicitar al primer Ministro. El Cardenal, a quien gustaban los proyectos en que se trataba de algo grande, hizo que \u00e9ste le agradara al Rey; y el Hospital fue construido en el mismo lugar donde Felipe de Gondi hab\u00eda echado los cimientos cuando era General de las Galeras, y Vicente estaba con \u00e9l.<\/p>\n<p>Era algo como una casa c\u00f3moda; pero se necesitaban rentas. Parece ser que Luis XIII se las habr\u00eda procurado suficientes si hubiera vivido m\u00e1s tiempo: la gloria le estaba reservada a su augusto Sucesor. Vicente que, como lo diremos en otra parte, fue llamado a sus Consejos por la Reina Regente, determin\u00f3 a sus Majestades a consumar este asunto. Luis XIV que, por sus Cartas Patentes de 1646 y de 1648 asignaba a este Hospital doce mil libras de renta anual sobre las Gabelas de Provenza, y lleg\u00f3 a ser en poco tiempo uno de los m\u00e1s c\u00f3modos del Reino. Hace trescientos a\u00f1os que los enfermos son servidos por otros forzados, sobre los cuales vigilan\u00a0 hombres libres, que son a su vez enfermeros. El intendente de la Provincia, y Comisarios a su cargo llevan la direcci\u00f3n temporal; los Sacerdotes de la Misi\u00f3n est\u00e1n encargados de lo espiritual. Este establecimiento ha sido una fuente de gracias para los Galeotes. Era todav\u00eda imperfecto, cuando el Caballero de Simiane \u2013en 1645- escribi\u00f3 a nuestro Santo que la mano se hac\u00eda sentir no s\u00f3lo en la conversi\u00f3n de los malos Cristianos, sino en la de los Mahometanos mismos, y que \u00e9stos tocados por la caridad que se ten\u00eda con ellos, rend\u00edan homenaje a una Religi\u00f3n, que en JC y por JC no formaba sino un solo pueblo de todos los pueblos del Universo.<\/p>\n<p>Para situar a Vicente y a los suyos m\u00e1s en disposici\u00f3n de continuar el bien que hab\u00edan comenzado a hacer con los Galeotes, el joven Rey le hab\u00eda confirmado ya en el cargo de Capell\u00e1n Real de las Galeras de Francia; y lo hab\u00eda hecho de una manera que resalta la\u00a0 estima que se le ten\u00eda en la Corte. Como esta Acta es importante, nosotros la copiamos entera; es \u00e9sta palabra por palabra.<\/p>\n<p>\u201c<em>Hoy a 16 de enero de 1644 hall\u00e1ndose el Rey en Par\u00eds, sobre lo que el sr Duque de Richelieu General de las Galeras de Francia, ha presentado a Su Majestad que vistos el gran fruto y ventaja que se ha recibido tanto para la gloria de Dios como para la instrucci\u00f3n, edificaci\u00f3n y salvaci\u00f3n de todos aquellos que sirven en dichas Galeras, por la excelente elecci\u00f3n que se ha hecho hasta ahora del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal Superior General de la Congregaci\u00f3n de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n para el cargo de Capell\u00e1n Real de dichas Galeras, del que habr\u00eda sido provisto por Breve del octavo de febrero de 1619, con superioridad sobre todos los dem\u00e1s Capellanes de las susodichas Galeras: y visto tambi\u00e9n que por causa de sus grandes ocupaciones, tanto ante el Rey y la Reina Regente su Madre, que le llaman con frecuencia a su Consejo, como en su cargo de Superior General de dicha Congregaci\u00f3n, es imposible que pueda estar siempre en Marsella para ejercer dicho cargo de Capell\u00e1n Real de dichas Galeras, ser\u00eda necesario darle poder de encomendar en su ausencia al Superior de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n establecidos en Marsella, y afectar este cargo para siempre al Superior General de dicha Congregaci\u00f3n de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n, presente y por venir. Su Majestad teniendo a bien la propuesta de dicho General\u00a0 de las Galeras, y por consejo de la Reina Regente su Madre, ha confirmado a dicho Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal en dicho cargo de Capell\u00e1n Real de dichas Galeras, que no las hallar\u00e1 propias, y colocar a otros en su lugar; como tambi\u00e9n encomendar en su ausencia al Superior de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n de Marsella, para desempe\u00f1ar\u00a0 semejantes funciones, autoridad, sueldos, honores y derechos, y ha afectado para siempre dicho cargo al Capell\u00e1n Real de las Galeras de Francia, con parecido poder de autoridad, al Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n presente y por venir. Queriendo Su Majestad que en esta calidad\u00a0 sea acostado y empleado sobre el estado de sus Galeras, en virtud de las Patentes que le sean expedidas, en consecuencia de \u00e9stas, que Su Majestad ha querido firmar de propia mano, y ser contrafirmado por m\u00ed, Consejero de Estado, y Secretario de sus Poderes. Firmado, LUIS, y m\u00e1s abajo, De Lomenie<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Trad. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Libro tercero \u00a0Sumario -Antig\u00fcedades y revoluciones\u00a0 de la Casa de S. L\u00e1zaro. 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VI. Tercera dificultad","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"01\/05\/2015","format":false,"excerpt":"Tercera dificultad Es Tamarite de Litera, en la provincia de Huesca, un pa\u00eds seco, y s\u00f3lo f\u00e9rtil cuando, por excepci\u00f3n, vienen a\u00f1os lluviosos. All\u00ed naci\u00f3 el \u00ednclito S. Vicente de Pa\u00fal por los a\u00f1os de 1576, de padres humildes y cristianos. 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