{"id":402215,"date":"2019-04-06T08:36:36","date_gmt":"2019-04-06T06:36:36","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402215"},"modified":"2019-03-17T12:42:36","modified_gmt":"2019-03-17T11:42:36","slug":"san-vicente-collet-11","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-11\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 11"},"content":{"rendered":"<p>Con respecto a las charlas, que son la parte esencial de estos ejercicios, se daban dos al d\u00eda; una sobre las cualidades y virtudes necesarias a un ministro de JC que quiere salvarse y salvar a sus hermanos; la otra sobre los principales puntos de la Teolog\u00eda moral.<\/p>\n<p>En las charlas, que trataban de las virtudes propias del santo Ministerio, se hablaba de la Oraci\u00f3n mental, sin la cual un Sacerdote no puede mantenerse en la piedad; de la vocaci\u00f3n al estado Eclesi\u00e1stico, del esp\u00edritu Sacerdotal, de las \u00d3rdenes en general y en particular, de las disposiciones en se ha de estar para recibirlas bien, de la ciencia necesaria para bien desempe\u00f1ar las funciones, y en fin de la vida santa y laboriosa que deben llevar aquellos que est\u00e1n encargados de cultivar la vi\u00f1a del Padre de familia.<\/p>\n<p>En las charlas que ten\u00edan por objeto la Teolog\u00eda moral, se hablaba de las censuras, de las irregularidades, del Sacramento de la Penitencia, de las disposiciones necesarias, sea para los que se acercan a \u00e9l, sea para los que est\u00e1n encargados de administrarlo; de las Leyes divinas\u00a0 y humanas, de los pecados, de sus circunstancias, de sus efectos y de sus remedios; de las virtudes Teologales, de los Mandamientos de Dios, de los Sacramentos, del S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles. Como no era posible tratar extensamente tantas materias en tan escaso tiempo, se esforzaban al menos en hacer un resumen que pudiera recordar a los j\u00f3venes Eclesi\u00e1sticos lo que hab\u00edan estudiado con m\u00e1s detenci\u00f3n, y darles un tinte de lo que no sab\u00edan todav\u00eda. Para inculc\u00e1rselo m\u00e1s y m\u00e1s, despu\u00e9s de cada conferencia se reun\u00edan los Ordenandos. Se los distribu\u00eda por equipos compuestos cada uno de doce a quince personas. Se colocaba juntos a los que ten\u00edan\u00a0 poco m\u00e1s o menos igual capacidad. En cada una de estas peque\u00f1as Academias presid\u00eda un Sacerdote de la Misi\u00f3n, quien conversaba con estos Se\u00f1ores sobre lo m\u00e1s importante y m\u00e1s necesario que se hab\u00eda dicho. A Vicente no le gustaban las ideas abstractas y generales; quer\u00eda detalles y en esos detalles mucha sencillez: estaba persuadido de que, con tal que se siguiera bien este m\u00e9todo, los Ordenandos se quedar\u00edan con casi todo lo que se les hab\u00eda dicho.<\/p>\n<p>Sobre todo el santo Sacerdote no pod\u00eda sufrir esas charlas pomposas, que no parecen destinadas sino a encantar los o\u00eddos. Todo discurso que no se dirig\u00eda m\u00e1s que a merecer aplausos a su autor era, seg\u00fan \u00e9l, un discurso no solamente in\u00fatil, sino pernicioso. <em>Nuestros Ordenandos<\/em>, escrib\u00eda \u00e9l en 1656<em>, se han retirado, gracias a Dios, bien satisfechos. Despu\u00e9s de habernos edificado grandemente. Mons Obispo de Sarlat les ha dado la charla de la tarde muy bien: y al mirar de cerca la causa de un \u00e9xito tan feliz, se ha visto que era debido a su humildad, que le ha llevado a seguir palabra por palabra la antigua sencillez de los que comenzaron estos ejercicios. Otros, al servirse de palabras nuevas y de pensamientos nuevos, han cre\u00eddo hacer maravillas; pero al predicar a la moda lo han estropeado todo. Quiera Nuestro Se\u00f1or comunicarnos su sencillez<\/em>. Veremos en otra parte, al hablar de las virtudes del Santo, que la sencillez en todo g\u00e9nero fue una de sus preferidas. S\u00f3lo destacaremos aqu\u00ed que \u00e9l qued\u00f3 tan impresionado por la del sr de Sarlat, que al salir de una de sus conferencias, le dijo felicit\u00e1ndole: <em>Monse\u00f1or hoy me hab\u00e9is convertido; hab\u00e9is hablado tan buenamente y tan sencillamente que me he enternecido, y no he podido por menos que alabar y bendecir a Dios por ello. <\/em>\u00a1Ah, Se\u00f1or, respondi\u00f3 el Prelado, debo confesaros con la misma sencillez que no habr\u00eda podido servirme de un estilo m\u00e1s pulido, y m\u00e1s elevado: pero habr\u00eda ofendido a Dios si lo hubiera hecho.<\/p>\n<p>Aunque unos ejercicios tan cortos, tan \u00e1ridos, y con los que nuestro Santo no se contentaba, porque no era due\u00f1o de continuarlos por m\u00e1s tiempo, no debieran tener m\u00e1s que un \u00e9xito bastante mediocre, Dios les dio no obstante una bendici\u00f3n que se debe tener como el fruto de las oraciones y de los gemidos de su Siervo. Para juzgarlo sin prevenci\u00f3n, bastar\u00e1 con comparar una Di\u00f3cesis con \u00e9l mismo, y considerarlo antes y despu\u00e9s del tiempo, en que los ejercicios, de que hablamos, fueron introducidos. Antes de que estuvieran en uso, el desorden del Clero era tan general que ya era proverbial, como he notado al comienzo de esta Historia. Aquellos Eclesi\u00e1sticos a quienes el contagio no hab\u00eda alcanzado y los m\u00e1s virtuosos Prelados, escrib\u00edan sobre ello todos los d\u00edas a Vicente de Pa\u00fal, y ellos no lograban explicarse que en los t\u00e9rminos del <em>dolor m\u00e1s amargo. En esta Di\u00f3cesis, <\/em>le dec\u00eda un Can\u00f3nigo de la Iglesia Catedral, hombre respetable por su nacimiento y su piedad; <em>en esta Di\u00f3cesis el Clero est\u00e1 sin disciplina, el pueblo sin temor, los sacerdotes sin devoci\u00f3n y sin caridad, los p\u00falpitos sin Predicadores, la ciencia sin honor, el vicio sin castigo. La virtud es perseguida, la autoridad de la Iglesia odiada o despreciada, el inter\u00e9s particular es el peso ordinario del Santuario, los m\u00e1s escandalosos son aqu\u00ed los m\u00e1s poderosos; la carne y la sangre han suplantado al Evangelio y al Esp\u00edritu de J.C.\u00a0 Ser\u00e9is, estoy seguro, bastante solicitado por vos mismo para acudir en auxilio de una Di\u00f3cesis tan abandonada. <\/em>\u00a0Quis novit utrum idcirco ad regnum veneris, ut in tali tempore paraveris. <em>La ocasi\u00f3n es digna de vuestra caridad. Tened a bien pensar en ello con seriedad ante Nuestro Se\u00f1or; y acordaos de que la muy humilde petici\u00f3n que os hago viene de uno de vuestros primeros hijos. <\/em><\/p>\n<p><em>Trabajo cuanto puedo, con mis Vicarios generales, <\/em>le dec\u00eda un buen Obispo; <em>pero es con poco \u00e9xito, a causa del grande e inexplicable n\u00famero de Sacerdotes ignorantes y viciosos que componen mi Clero, y a quienes no se puede corregir ni con palabras ni con ejemplos. Siento horror cuando pienso que en mi Di\u00f3cesis hay cerca de siete mil Sacerdotes borrachos o imp\u00fadicos, que suben todos los d\u00edas al Altar, y que no tienen ninguna vocaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Otro Prelado le escrib\u00eda en estos t\u00e9rminos: E<em>xcepto la Teolog\u00eda de mi Iglesia, no conozco a ning\u00fan Sacerdote entre todos los de mi Di\u00f3cesis, que pueda desempe\u00f1ar ning\u00fan cargo Eclesi\u00e1stico. Por ah\u00ed juzgar\u00e9is qu\u00e9 grande es la necesidad, en la que estamos de tener Obreros. Os suplico que me dej\u00e9is a vuestro Misionero para que nos ayude en nuestra Ordenaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Ah\u00ed tenemos mucho m\u00e1s de lo que nos hac\u00eda falta para constatar el deplorable estado en que se encontraba la mayor parte del Clero, cuando Vicente de Pa\u00fal emprendi\u00f3 su reforma y, para realizar su plan, estableci\u00f3 en su casa, y en todos los lugares donde quisieron seguir sus consejos, los ejercicios de los j\u00f3venes Ordenandos. Las cartas de agradecimiento que el santo Hombre recibi\u00f3 de todas las Provincias, a las que hab\u00eda enviado a sus Sacerdotes para conducir estos mismos ejercicios, no atestiguan con menos claridad los grandes bienes que ellos produjeron. Los que estaban a la cabeza de las Di\u00f3cesis de Poitiers, de Angulema, de Reims, de Noyon, de Chartres, de Saintes, etc. le enviaron a porf\u00eda sus testimonios de gratitud. No publicaremos estas cartas, porque, si bien los t\u00e9rminos son diferentes, la sustancia es casi la misma. Todas felicitaban a Vicente por el celo y la capacidad de los obreros formados por sus manos y por la fecundidad que Dios hab\u00eda acompa\u00f1ado a sus palabras. Le enviaban de Angulema y de Richelieu que las ciudades y los campos bendec\u00edan a Dios por un bien tan grande, que los pueblos tocados por la modestia de los Eclesi\u00e1sticos, derramaban l\u00e1grimas de gozo y de ternura; que encantados por el orden, la decencia, la piedad, con la que los nuevos Sacerdotes comenzaban a celebrar los Oficios divinos, cre\u00edan ver no a hombres, sino a \u00c1ngeles descendidos del Cielo. Le escrib\u00edan de Noyon que uno de sus Misioneros hab\u00eda movido de tal manera todos los corazones, que no se pod\u00edan cansar de hablarlo. A\u00f1ad\u00edan, y las cartas del sr Obispo de Saintes dec\u00edan m\u00e1s o menos lo mismo; a\u00f1ad\u00edan que antes que se comenzaran los ejercicios, varios de los que deb\u00edan hacerlos, irritados de que se les impusiera este nuevo yugo, se hab\u00edan propuesto no hacer Confesi\u00f3n general, y sobre todo no hacerla con los Sacerdotes de la Misi\u00f3n: pero que despu\u00e9s de o\u00edr las primeras charlas del retiro, se hab\u00edan conmovido tanto que no s\u00f3lo hab\u00edan cambiado de resoluci\u00f3n, sino que incluso se hab\u00edan humillado en presencia de sus Cohermanos por haberse portado en contra de sus verdaderos intereses. Las cartas de los Obispos de Chartres y de Angulema, acababan por suplicar al Santo que no los abandonase, y que les dejase a estos mismos Obreros, que hab\u00edan comenzado a hacer tanto bien en sus Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>El ruido de un \u00e9xito tan grande, como imprevisto, se difundi\u00f3 pronto por toda Francia. Una santa emulaci\u00f3n anim\u00f3 a los Pont\u00edfices de la Iglesia de Dios; todos se dirig\u00edan al Institutor de la nueva Congregaci\u00f3n, para recibir de \u00e9l los apoyos, que hab\u00eda procurado a sus vecinos. Perro siendo la mies demasiado abundante, un n\u00famero tan peque\u00f1o de personas no pod\u00edan recogerla en tantos lugares diferentes. Varios Obispos se vieron obligados a esperar la hora que el Padre de familia les hab\u00eda reservado, y que \u00e9l solo la tiene en su poder; otros llegaron a enterarse del m\u00e9todo que segu\u00eda Vicente en esta clase de retiros; se acomodaron a \u00e9l y no tardaron en reconocer qu\u00e9 ventajoso era.<\/p>\n<p>Italia fue con el tiempo tan convencida como Francia. A medida que los Hijos de Vicente de Pa\u00fal se establec\u00edan, se cuidaron de introducir, en cuanto el genio y el car\u00e1cter de los pueblos se lo pod\u00edan permitir, las santas pr\u00e1cticas de su Fundador. Una de las Ciudades en la que Dios bendijo de una manera se\u00f1alada los ejercicios de que hablamos fue la de G\u00e9nova. El sr Cardenal Durazzo, Arzobispo de all\u00ed -1645-, habiendo conseguido de nuestro Santo a\u00a0 algunos de sus Sacerdotes, como lo diremos en otro lado, se sirvi\u00f3 de ellos no s\u00f3lo para la instrucci\u00f3n de su pueblo, sino tambi\u00e9n para la reforma de su Clero. Los ejercicios de \u00d3rdenes fueron uno de los primeros servicios, que le rindieron los Misioneros. No eximi\u00f3 a nadie, y fue todo un acierto; desde los primeros d\u00edas, el esp\u00edritu de fervor se adue\u00f1\u00f3 de todos los j\u00f3venes Eclesi\u00e1sticos. Unos derramaban l\u00e1grimas no s\u00f3lo durante el tiempo de la oraci\u00f3n, sino tambi\u00e9n durante las Conferencias que la segu\u00edan; otros publicaban en voz alta la misericordia de Dios, que les descubr\u00eda tan claramente la grandeza del estado que abrazaban, y las cualidades necesarias para santificarse en \u00e9l. Hubo uno que, al despedirse del Superior de la Misi\u00f3n, al final de los ejercicios, le dijo con una voz entrecortada de sollozos, que apenas se le pod\u00eda o\u00edr bien, que ped\u00eda a Dios que le enviara mil muertes antes que permitir que tuviera nunca la desgracia de ofenderle.<\/p>\n<p>El Arzobispo de G\u00e9nova, que fue informado del caso, no pudo \u00e9l tampoco retener las l\u00e1grimas, alab\u00f3 con toda la capacidad de su coraz\u00f3n la bondad de Dios, que hab\u00eda bendecido tan visiblemente aquella Ordenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El fruto que estos mismos ejercicios dieron en Roma, no fue menos consolador. Urbano VIII hab\u00eda establecido en Monte-Citorio a los Sacerdotes de la Misi\u00f3n, algunos a\u00f1os antes de su muerte, es decir en 1642. Comenzaron desde el a\u00f1o siguiente a recibir en su Casa a los que se retiraban a ella por su propia iniciativa, para disponerse a las \u00d3rdenes. La mano de Dios estuvo con ellos en esta gran ciudad, como en todos los lugares; se reconoci\u00f3 que no se necesitaban m\u00e1s tres o cuatro Sacerdotes animados del Esp\u00edritu de Dios para santificar a un gran n\u00famero de otros. Sin embargo, sea que el primer fervor de los Romanos amain\u00f3, sea que los padres apartasen a sus hijos de los retiros, que no pod\u00edan por menos que asustar a un buen n\u00famero de ellos, y separarlos de un estado, al que se les hac\u00eda pensar a veces que no eran claramente llamados: el Cardenal Vicario fue vio obligado luego a dar un mandamiento por el que se obligaba a todos los que aspiraban a las \u00d3rdenes sagradas a retirarse en Casa de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n, para prepararse a recibirlas, haciendo los ejercicios que all\u00ed estaban en uso desde hac\u00eda varios a\u00f1os. Alejandro VII, a quien se hab\u00eda informado del modo como ocurr\u00edan las cosas, confirm\u00f3 lo que hab\u00eda hecho el Cardenal-Vicario; de manera que la asiduidad a estos piadosos ejercicios se convirti\u00f3 en una condici\u00f3n necesaria para la recepci\u00f3n de las santas \u00d3rdenes.<\/p>\n<p>Si Vicente recibi\u00f3 consuelo al ver en vida una pr\u00e1ctica tan saludable establecida en la primera ciudad del mundo Cristiano, lo fue todav\u00eda m\u00e1s al ver a sus hijos encargados de un trabajo tan glorioso, sin que hubieran dado el menor paso para lograrlo. En efecto, los Sacerdotes de la Misi\u00f3n hab\u00edan estado tan lejos de solicitar esta importante funci\u00f3n, que el Superior de su casa de Roma ni siquiera pudo descubrir a aquellos que hab\u00edan\u00a0 inducido al Papa a confi\u00e1rsela a \u00e9l antes que a otros. Es lo que le hac\u00eda decir en una Carta, que escribi\u00f3 sobre este asunto a nuestro Santo, que esperaba que aquel que hab\u00eda comenzado esta buena obra se dignara perfeccionarla.<\/p>\n<p>Como consecuencia de las \u00f3rdenes de Su Santidad, todos aquellos que aspiraban a las \u00d3rdenes del mes de diciembre, acudieron a casa de los Misioneros. Todo sucedi\u00f3 en la m\u00e1s exacta regularidad. Se sigui\u00f3 punto por punto el Reglamento que se observaba en Francia. Dos sacerdotes Italianos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n dieron las conferencias de la tarde y de la ma\u00f1ana; y el informe que se dio al Papa fue tan favorable que Su Santidad dio testimonio en un Consistorio, que se tuvo a continuaci\u00f3n, que estaba muy contenta. El\u00a0 Cardenal de Santa Cruz inform\u00f3 de ello al Superior de la Misi\u00f3n de Roma, y \u00e9ste no tard\u00f3 en comunic\u00e1rselo a nuestro Santo.<\/p>\n<p>Como la humildad era en aquellos d\u00edas dichosos la virtud dominante del Padre y de los Hijos, el Superior de Montecitorio atribu\u00eda en su carta una gran parte del \u00e9xito de estos \u00faltimos ejercicios a los srs Abates de Chandenier. Eran sobrinos del Cardenal de la Rochefoucault, y compart\u00edan con \u00e9l el respeto profundo y la veneraci\u00f3n que demostr\u00f3 siempre por nuestro santo Sacerdote. La Providencia que quer\u00eda dar en su persona un gran espect\u00e1culos a los j\u00f3venes Eclesi\u00e1sticos de Roma, permiti\u00f3 no s\u00f3lo que se hallaran en esta ciudad, sino en la casa de los Misioneros, cuando los Ordenandos fueron recibidos. Pose\u00edan uno y otro en un grado eminente todas las virtudes que el Hijo de Dios exige en sus Ministros: pero no pod\u00edan dejar de edificar mucho a los que se hallaban cerca para verlos. No hubo en efecto nadie que no fuera impresionado por su modestia, y se los tuvo con raz\u00f3n como modelos acabados en todo g\u00e9nero. El mayor dec\u00eda todos los d\u00edas la Misa mayor en presencia de los Ordenandos. Realizaba este augusto Ministerio con la gravedad, el recogimiento y la piedad que le eran comunes. Su hermano plenamente convencido de que no hay nada bajo en el servicio de los Altares, hac\u00eda con gusto los oficios de Ac\u00f3lito y de Turiferario. Semejantes ejemplos impresionan y arrastran, \u00a1feliz quien puede darlos!<\/p>\n<p>Vicente, para tener siempre a sus Sacerdotes en vilo, y no dejarles enfriarse, se hac\u00eda dar cuenta del \u00e9xito de cada retiro. Reconoci\u00f3 con harta satisfacci\u00f3n que no se descuidaba nada de lo que pod\u00eda hacerlos salir bien. Pero al parecer no hab\u00eda previsto todos los bienes que pod\u00edan derivarse de ellos. Efectivamente, se habl\u00f3 pronto en todos los barrios de Roma de una manera tan provechosa, que se vio a Prelados y Cardenales asistir a las conferencias. El Papa persuadido cada vez m\u00e1s de que nada era m\u00e1s propio, sea para apartar del Santuario a los que Dios no destinaba a \u00e9l, sea para robustecer las virtudes Eclesi\u00e1sticas en los que eran verdaderamente llamados, se mantuvo firme en no dispensar a nadie de ellos.<\/p>\n<p>El consuelo que estas buenas noticias daban a Vicente de Pa\u00fal se vio enseguida mezclado de alguna inquietud. Esta fue la ocasi\u00f3n: resultar\u00e1 f\u00e1cil concluir que el Santo se alarmaba de que no hubiera fallado en agradar a otros.<\/p>\n<p>El Obispo de Plasencia estaba en Roma en calidad de Embajador extraordinario del Rey de Espa\u00f1a, en el tiempo en que los ejercicios de las \u00d3rdenes fueron autorizados por el Soberano Pont\u00edfice. Un Gentilhombre Espa\u00f1ol, que era de la Di\u00f3cesis de Plasencia, con el prop\u00f3sito de\u00a0 recibir las santas \u00d3rdenes, se present\u00f3, como los dem\u00e1s, para ser admitido a los ejercicios. Pero cuando lleg\u00f3 a comprender por las charlas que all\u00ed se daban de qu\u00e9 clase de cr\u00edmenes se hacen culpables los que se atreven a entrar en el Ministerio, sin ser bien llamados a \u00e9l por Dios, cuando hubo meditado con madurez la amplitud y grandeza de las obligaciones que se contraen al comprometerse en el servicio de la Iglesia, le entr\u00f3 tal miedo, que no pod\u00eda resolverse a ir m\u00e1s lejos; fue con mucho trabajo como los que dirig\u00edan su conciencia, le decidieron a dejarse dirigir.<\/p>\n<p>Una de las primeras cosas que hizo este eclesi\u00e1stico al salir de la Ordenaci\u00f3n fue ir a encontrar a su Obispo y hacerle una extensa s\u00edntesis de los ejercicios que se hac\u00edan en Casa de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y del bien que produc\u00edan. Este Prelado hizo rogar al Superior de Monte-Citorio que viniera a conversar con \u00e9l. <em>Es un hombre, <\/em>dec\u00eda este Superior en una Carta que escribi\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal, <em>es un hombre lleno de celo<\/em>, <em>ha dado<\/em> <em>en su Di\u00f3cesis cantidad de Misiones, casi del mismo modo que tenemos nosotros de darlas, si no es que \u00e9l las da m\u00e1s cortas; \u00e9l predica, confiesa, y da el Catecismo en persona. Pero este nuevo invento de trabajar en formar a buenos Eclesi\u00e1sticos le encanta. Quiere venir aqu\u00ed a la Ordenaci\u00f3n pr\u00f3xima y pregunta si, cuando regrese a Espa\u00f1a no podremos darle a alguno de los nuestros, para llevar a cabo all\u00ed lo que hacemos aqu\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>Fueron estas \u00faltimas palabras las que alarmaron al Siervo de Dios. No tem\u00eda otra cosa m\u00e1s que ver a su Congregaci\u00f3n extenderse por medios humanos. Tuvo miedo de que sus Sacerdotes de Roma hubieran insinuado al Obispo de Plasencia que su colocaci\u00f3n en su Di\u00f3cesis podr\u00eda hacer all\u00ed bien. Les advirti\u00f3 seriamente que tuvieran cuidado de dar ning\u00fan paso en este asunto; y no se qued\u00f3 conforme hasta que ellos escribieron que estaban muy lejos, por la gracia de Dios, de buscarse empleo, o de querer<em> promocionarse por s\u00ed mismos; <\/em>\u00a0que no hab\u00edan vuelto al Palacio del Embajador desde la primera visita que le hab\u00edan hecho; y que si les presionaban alguna vez a aceptar alguna nueva fundaci\u00f3n ser\u00edan exactos en remitirlo todo a su decisi\u00f3n. Sin embargo Espa\u00f1a no tard\u00f3 en aprovecharse de los ejercicios de Italia, como Italia se hab\u00eda aprovechado de los que Vicente\u00a0 hab\u00eda comenzado en Francia. El Obispo de Plasencia que quer\u00eda sinceramente el bien de su Clero, se traslad\u00f3 a Monte-Citorio en la primera Ordenaci\u00f3n: para juntar la pr\u00e1ctica con la teor\u00eda, asisti\u00f3 a todos los ejercicios; se form\u00f3 un plan del modo c\u00f3mo se realizaba todo, y se lo envi\u00f3 a su Di\u00f3cesis, con orden de seguirlo punto por punto, a la espera de que los asuntos de los que el Rey su Se\u00f1or le hab\u00eda encargado le permitiesen hacerlo por s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Es la suerte de los mejores y de las m\u00e1s santas empresas estar expuesto a los celos y a la contradicci\u00f3n; sucedi\u00f3 pues alg\u00fan tiempo m\u00e1s tarde que los grandes frutos que produc\u00edan estos ejercicios, y la justicia que se les hac\u00eda en toda la causas de Roma, desataron la emulaci\u00f3n en una Comunidad Religiosa que crey\u00f3 que era de su honor procurarse para s\u00ed la comisi\u00f3n de hacerlos. En general, todo lo que se llama pasi\u00f3n no razona; pero la envidia es quiz\u00e1s de entre todas la que menos razona. Se dir\u00eda que ignora este exterior de beneficencia, bajo el cual la mayor parte de los dem\u00e1s tienen el acierto de envolverse. Para quitar a los Padres de la Misi\u00f3n un trabajo, que no hab\u00edan solicitado, se atrevieron a decir al Papa, y a hacerle decir por otros que encargar \u00a0de una tan honorable comisi\u00f3n a una Casa sola era despreciar a las dem\u00e1s. Lo extra\u00f1o del asunto es que los que empleaban este lenguaje, hab\u00edan comenzado por pedir esta funci\u00f3n para ellos, con exclusi\u00f3n de aquellos mismos que hasta entonces hab\u00edan estado en posesi\u00f3n de realizarla. As\u00ed que no lograron sacar adelante un proyecto que no ten\u00eda por principio m\u00e1s que un despecho presuntuoso. El Cardenal-Vicario rechaz\u00f3 de plano una propuesta tan fuera de lugar; y el Papa, persuadido de que las empresas m\u00e1s duraderas son las que vienen de Dios, mand\u00f3 publicar un nuevo Breve -1662-, por el que aprueba y confirma por propia iniciativa todo cuanto hab\u00eda ordenado anteriormente, obliga, bajo pena de suspensi\u00f3n, no solamente a sus s\u00fabditos de la Ciudad de Roma, sino tambi\u00e9n\u00a0 a los de seis Obispados sus Sufrag\u00e1neos, que quieran ser ordenados en sus Di\u00f3cesis, a asistir durante diez d\u00edas a estos ejercicios, antes de recibir las sagradas \u00d3rdenes; y con el fin de que se conociera bien hasta d\u00f3nde llegaba su decisi\u00f3n, se reserv\u00f3 a s\u00ed mismo, y a sus Sucesores, el poder de dispensar de esta Ley. Se mantuvo tan firme todo el resto de su Pontificado en no dispensar a nadie sino cuando permit\u00eda a alguien recibir las \u00d3rdenes <em>extra tempora, <\/em>exig\u00eda que hiciera un retiro espiritual en Monte-Citorio con los Sacerdotes de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Inocencio XI, a cuyas virtudes la propia herej\u00eda ha hecho justicia, confirm\u00f3 por Cartas circulares lo que hab\u00eda hecho Alejandro VII sobre esta materia. Inocencio XII fue todav\u00eda m\u00e1s lejos que sus Predecesores: pues prohibi\u00f3 que se diera el poder de confesar a los que no lo ten\u00edan a\u00fan o que se les continuara a los que lo ten\u00edan ya, si con anterioridad no hac\u00edan durante ocho d\u00edas los ejercicios espirituales en la casa de los Misioneros. Orden\u00f3 adem\u00e1s que los P\u00e1rrocos seculares de la ciudad de Roma hicieran cada tres a\u00f1os los mismos ejercicios; y que los que compart\u00edan con ellos los trabajos del Ministerio, no pasase ning\u00fan a\u00f1o sin hacerlos. En cuanto a los Eclesi\u00e1sticos que estaban sin empleo o que no ten\u00edan m\u00e1s que Beneficios simples, los exhort\u00f3 a no descuidar la gracia que se les ofrec\u00eda, y a llenarse en un retiro tan \u00fatil para tantos otros del esp\u00edritu de piedad y de renovaci\u00f3n que es necesario a todos los Sacerdotes de JC. De esta forma crecen las obras de Dios y se fortalecen en el seno mismo de las contradicciones.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, aunque nos hayamos detenido ya un poco m\u00e1s de la cuenta en esta materia, creemos deber a\u00f1adir que el \u00e9xito con que los Hijos de nuestro san Sacerdote trabajaban en formar en la ciudad de Roma a santos y virtuosos Eclesi\u00e1sticos determin\u00f3 a muchos Prelados a llamarlos a sus Di\u00f3cesis. El Cardenal Barbarigo, quien por entonces era Obispo de B\u00e9rgamo en el Estado de Venecia, fue uno de los primeros que los solicit\u00f3 a dar retiros a sus Ordenandos. Lo hicieron siguiendo su m\u00e9todo ordinario; y consta que este Prelado, que se persuadi\u00f3 en primer lugar de qu\u00e9 importancia eran estos ejercicios, se asoci\u00f3 a sus trabajos. Por lo menos es cierto que habiendo ido a Roma algunos a\u00f1os despu\u00e9s, se encarg\u00f3 voluntariamente de dar \u00e9l mismo una parte de las charlas de la Ordenaci\u00f3n. Su ejemplo fue seguido por algunos m\u00e1s del sagrado Colegio: y se ha visto en Monte-Citorio a un buen n\u00famero de Cardenales, de Obispos, de Prelados, de Generales de \u00d3rdenes, tan impresionados como los Ordenandos mismos por los hermosos discursos del Cardenal Albici, y del Cardenal de Santa Cruz. Este m\u00e9todo de invitar a dar las charlas de la Ordenaci\u00f3n a personas importantes por sus empleos, o por si erudici\u00f3n, era el de Vicente de Pa\u00fal. \u00c9l sab\u00eda que, aunque la palabra de Dios est\u00e9 por s\u00ed misma llena de fuerza y de eficacia, con todo parece tener m\u00e1s energ\u00eda en la boca de aquellos a quienes un gran nombre ha hecho superiores a los dem\u00e1s hombres. Basado en este mismo principio el c\u00e9lebre sr Bossuet, y varios grandes Obispos detr\u00e1s de \u00e9l, han dado m\u00e1s de una vez en S. L\u00e1zaro las charlas de los Ordenandos; es justo que, como su celo los llev\u00f3 a tomar parte en los trabajos del Fundador de la Misi\u00f3n, la Historia les haga compartir con \u00e9l los elogios que su siglo le ha tributado.<\/p>\n<p>La dedicaci\u00f3n, con la que Vicente trabajaba en la reforma del Clero, no le hizo olvidar las necesidades de los pobres, y sobre todo de los del campo. Era por ellos principalmente por quienes se mov\u00eda tanto, y formaba en todas partes a buenos Sacerdotes. Ya que a fin de cuentas estaba persuadido, y ten\u00eda raz\u00f3n para estarlo, de que si los pueblos estaban atendidos por buenos Pastores, los pobres encontrar\u00edan en su caridad recursos a una parte de sus necesidades. Pero como estos recursos estaban a\u00fan lejos, y por otro lado los Sacerdotes mejor intencionados no se encuentran siempre en disposici\u00f3n de ayudar a todos los que necesitar\u00edan serlo, el santo Hombre quer\u00eda poner remedio a los males presentes, al mismo tiempo que tomaba las medidas m\u00e1s justas para alejar los que pod\u00edan presentarse despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Hab\u00eda fundado, seg\u00fan lo hemos visto en otra parte, las Cofrad\u00edas de la Caridad, en los lugares que hab\u00eda podido: como sus ocupaciones no le permitieron mucho tiempo continuar visitando los lugares, donde las hab\u00eda establecido, y los Sacerdotes abrumados bajo el peso de una infinidad de otros trabajos no pod\u00edan trasladarse sino raramente, era de temer que el primer fuego de una Asociaci\u00f3n tan \u00fatil se relajase poco a poco, y los pobres volvieran a caer en el mismo estado, del que tanto trabajo hab\u00eda costado sacarlos. Vicente deseaba pues con ardor que la Providencia suscitara a alguna persona caritativa, que fuera apta para recorrer los campos, para animar a las personas de que estaban compuestas estas Cofrad\u00edas, a mantenerlas en las contratiempos que ten\u00edan que superar, para mantener y hacer nacer entre ellas el esp\u00edritu de misericordia, que hab\u00eda sido el principio de su uni\u00f3n caritativa.<\/p>\n<p>Dios no tard\u00f3 en satisfacer la inquietud de su Siervo. Acababa de entrar en el Colegio de los Bons-Enfants, cuando la ilustre se\u00f1orita le Gras tom\u00f3 -1629-, sin conocerle, una casa que no distaba mucho de la suya. Esta mujer incomparable que, a juicio de cinco grades Obispos, fue regalada a su siglo para convencerle de que ni la debilidad del sexo ni la delicadeza del temperamento ni los compromisos mismos de la sociedad, no constituyen obst\u00e1culos invencibles a la salvaci\u00f3n, hab\u00eda nacido en Par\u00eds de Luis de Marillac se\u00f1or de Ferri\u00e8res y de Margarita de Camus. La belleza de su esp\u00edritu llev\u00f3 a su padre a mandarle estudiar la Filosof\u00eda, y joven todav\u00eda, se mostraba capaz de las ciencias m\u00e1s elevadas. Pero la gracia le dio lecciones, que los mayores Maestros no pueden dar: si la delicadeza de su complexi\u00f3n no le permiti\u00f3 entrar como ella deseaba, en una Orden que practica una penitencia rigurosa, su matrimonio con Antonio le Gras Secretario de la Reina Mar\u00eda de M\u00e9dicis, no le impidi\u00f3 merecer en pocos a\u00f1os el glorioso nombre de Madre tierna y universal de los pobres. Tambi\u00e9n les prestaba todos los servicios de la m\u00e1s humilde y de la m\u00e1s industriosa caridad. Ella los visitaba sin prestar atenci\u00f3n a la naturaleza de sus enfermedades; les presentaba ella misma el alimento que necesitaban; les hac\u00eda las camas con mayor afecto que lo hubiera hecho una criada a sueldo; los consolaba con palabras llenas de ternura, los dispon\u00eda con exhortaciones a recibir los Sacramentos, y los sepultaba despu\u00e9s de su muerte.<\/p>\n<p>Jean-Pierre le Camus Obispo du Beley, este amigo \u00edntimo de S. Francisco de Salles, y que por consiguiente lo era de Vicente de Pa\u00fal, dirig\u00eda a la Se\u00f1orita le Gras: estaba casi tan ocupado en moderar su fervor como en calmar las penas interiores que, durante largo tiempo perturbaron la paz y la tranquilidad de su alma. Pero como la obligaci\u00f3n de residir en su Di\u00f3cesis le imped\u00eda estar al alcance de darle las lecciones que necesitaba, quiso escogerle un Director capaz de mantenerla en el estado en que se hallaba tras la muerte de su marido, y en la confusi\u00f3n continua que le produc\u00eda un temor excesivo de esta clase\u00a0 de faltas que escapan a las almas m\u00e1s inocentes. Vicente de Pa\u00fal fue aquel sobre quien puso los ojos para reemplazarle. Al santo Sacerdote no le gustaban estas direcciones particulares; se le ha visto por la direcci\u00f3n que tuvo con la Se\u00f1ora de Gondi: crey\u00f3 sin embargo deber ceder en esta ocasi\u00f3n a los consejos del Obispo du Beley. Dios pronto dio a conocer que era \u00e9l quien hab\u00eda preparado este asunto, y que quer\u00eda servirse de estos dos grandes corazones para reanimar la caridad de los fieles, y para dar a su Iglesia una nueva Compa\u00f1\u00eda de V\u00edrgenes \u00fanicamente entregadas a las obras de misericordia.<\/p>\n<p>La Se\u00f1orita le Gras repart\u00eda el tiempo entre el ejercicio de la oraci\u00f3n y el de la caridad: daba al alivio de la indigencia todo el tiempo que no entregaba a la meditaci\u00f3n y a los dem\u00e1s deberes parecidos, que se refieren a Dios m\u00e1s inmediatamente que al pr\u00f3jimo. Pero su celo se redobl\u00f3 a la vista de un Director, que no sab\u00eda moderarse\u00a0 cuando se trataba de ser \u00fatil a sus hermanos. A su ejemplo, ella concibi\u00f3 el plan de consagrar su vida al servicio de los pobres, y de cooperar con todas sus fuerzas a la ejecuci\u00f3n de los grandes proyectos que el santo Sacerdote formaba cada d\u00eda a favor de los miserables. Vicente, a quien comunic\u00f3 su resoluci\u00f3n, y que estaba en guardia contra los pasos precipitados, quiso probarla, y la prueba dur\u00f3 casi cuatro a\u00f1os. Le prescribi\u00f3 durante este tiempo consultar a Dios en el retiro, y sacar frecuentemente en la recepci\u00f3n del Cuerpo y de la Sangre de JC el esp\u00edritu de luz y de fuerza que necesitaba.<\/p>\n<p>Este tiempo que, como lo ha escrito el sr Gobillon en su historia de la Se\u00f1orita le Gras, fue para ella una especie de Noviciado, no sirvi\u00f3 sino para afirmarla en su primer plan. La actividad con la que abraz\u00f3, durante este intervalo, todas las ocasiones de caridad, que se le presentaron, hizo por fin que su Director conociera que era tiempo de ponerla a trabajar: y que teniendo todas las virtudes, que S. Pablo pide en las viudas, la caridad no ten\u00eda Ministerio, por dif\u00edcil, por repulsivo que pudiera ser, del que esta mujer no fuera capaz. Le propuso pues en 1629 encargarse de la visita de una parte de los lugares, donde las Asambleas de caridad hab\u00edan sido establecidas; para honrar, tanto como fuera posible, los viajes que la caridad del Hijo de Dios le hab\u00eda hecho emprender, y participar en los trabajos, en las fatigas y en las contradicciones que este divino Salvador hab\u00eda pasado.<\/p>\n<p>La piadosa viuda obedeci\u00f3 a la voz del Santo, como habr\u00eda obedecido a la de Dios mismo. Como los viajes llevan naturalmente a la disipaci\u00f3n y no santifican siempre a quien los hace aun por\u00a0 buenos motivos, el sabio Director tom\u00f3 las medidas tan justas, que las carreras de la Se\u00f1orita le Gras contribuyeron siempre a hacerla m\u00e1s recogida y m\u00e1s fervorosa. En los viajes iba siempre acompa\u00f1ada de algunas Damas de piedad. Los coches m\u00e1s inc\u00f3modos eran preferidos a los otros. Se deb\u00eda vivir y acostarse muy pobremente, para tomar m\u00e1s parte en la miseria de los pobres. Los ejercicios de piedad se hac\u00edan en el campo con la misma\u00a0 regularidad que en la casa. El d\u00eda de la partida se comulgaba, para recibir con la presencia de JC una comunicaci\u00f3n m\u00e1s abundante de su caridad, y una prenda m\u00e1s segura de su protecci\u00f3n. En el curso del viaje, se alzaban con frecuencia los ojos hacia las santas monta\u00f1as para hacer bajar de ellas los auxilios necesarios. Con tales precauciones se camina mucho tiempo sin sufrir menoscabo. As\u00ed, lejos de verse nunca ninguno en la Se\u00f1orita le Gras, se la vio siempre regresar a Par\u00eds m\u00e1s virtuosa de lo que era antes de salir.<\/p>\n<p>Se entreg\u00f3 durante varios a\u00f1os a estos ejercicios de caridad: ella recorri\u00f3 con mucho fruto las Di\u00f3cesis de Soisons, de Par\u00eds, de Beauvais, de Meaux, de Senlis, de Chartres y de Chalons en Champa\u00f1a. Cuando hab\u00eda llegado a un Pueblo, reun\u00eda\u00a0 las mujeres que compon\u00edan la Asociaci\u00f3n de la Caridad; les daba las instrucciones que necesitaban para desempa\u00f1ar bien este empleo; les hac\u00eda sentir su grandeza y su precio ante Dios. Cuando eran demasiado pocas para soportar la carga, multiplicaba su n\u00famero; les ense\u00f1aba con su ejemplo a servir a los enfermos m\u00e1s desesperados; restablec\u00eda con sus limosnas sus peque\u00f1os fondos, que con frecuencia estaban muy agotados; y a fin de ponerlas en situaci\u00f3n de continuar con m\u00e1s comodidad lo que hab\u00edan comenzado tan bien, les distribu\u00eda a sus expensas la ropa y las medicinas necesarias al alivio y a la salud de los pobres.<\/p>\n<p>Cuando su Director ten\u00eda mucho menos cuidado de la reposici\u00f3n de las fuerzas del cuerpo que la salud del alma, la Se\u00f1orita le Gras, precisa en seguir todas sus intenciones, no trabajaba en lo uno sino para llegar a lo otro. De manera que no se limitaba a apaciguar los dolores o el hambre del enfermo y del indigente. Ella plantaba el Reino de Dios en el coraz\u00f3n de las j\u00f3venes de su sexo. Con la venia de los P\u00e1rrocos, sin la cual le estaba prohibido emprender nada, reun\u00eda en alguna casa c\u00f3moda a las j\u00f3venes que no estaban suficientemente instruidas; las catequizaba y les ense\u00f1aba los deberes de la vida Cristiana. Si hab\u00eda una maestra de Escuela, le ense\u00f1aba, casi sin que lo pareciera, a hacer bien su oficio; si no la hab\u00eda, trataba de colocar a una, que tuviera las disposiciones necesarias para este santo empleo; y para educarla comenzaba ella misma a dar las primeras lecciones.<\/p>\n<p>Empresas tan santas, y que habr\u00edan hecho honor a los Pablos y Fabios, fueron a menudo pasadas; pero fueron con mayor frecuencia y m\u00e1s universalmente aplaudidas. Se han visto ciudades enteras apresurarse a testimoniar su gratitud y su respeto por una mujer tan perfecta, echarle mil bendiciones, no verla marcharse sin dolor, seguirla bien lejos hasta que se volv\u00eda. Dios mismo pareci\u00f3 querer justificar la estima que los hombres hac\u00edan de su Sierva. Un d\u00eda que se marchaba de Beauvais, donde se hab\u00edan fundado\u00a0 dieciocho Cofrad\u00edas de la Caridad, como una multitud de gente desesperada de perderla tan pronto, la segu\u00eda con af\u00e1n, un ni\u00f1o se cay\u00f3 tan cerca de una especie de carrito, que le serv\u00eda de veh\u00edculo ordinario, que una de las ruedas le pas\u00f3 por la mitad del cuerpo. Este triste accidente que hizo lanzar un\u00a0 gran grito a todos los que lo vieron, la impresion\u00f3 sensiblemente. Se recogi\u00f3 un momento, hizo algunas oraciones, y al instante mismo se levant\u00f3 el ni\u00f1o sin ninguna lesi\u00f3n, se puso a caminar con entera libertad. Yo no decido sobre la naturaleza de este suceso: tenga o no algo de prodigioso, la Se\u00f1orita le Gras no por ello tendr\u00e1 menos m\u00e9rito, puesto que a juicio de S. Cris\u00f3stomo, el ejercicio de una caridad que nunca se ha rechazado, vale m\u00e1s que el don de milagros, y que se debe admirar menos a S. Pablo, cuando resucita a los muertos que cuando es d\u00e9bil con los d\u00e9biles, y enfermo con los enfermos. Es pues la caridad de nuestra ilustre Viuda la que debe hacer su elogio y el del santo Sacerdote, que dirig\u00eda todos sus pasos.<\/p>\n<p>Para avisarla contra las m\u00e1s d\u00e9biles impresiones del orgullo, que una estima general habr\u00eda podido suscitar, Vicente le dio por regla de conducta, en los honores que se le hicieran, levantar su coraz\u00f3n a JC saturado de oprobios, unirse a los malos tratos, que el Hombre-Dios sufri\u00f3; no olvidarse de que un coraz\u00f3n verdaderamente humilde no lo es menos en el aplauso que en el desprecio; y que, como la abeja, hace su miel del roc\u00edo que cae sobre el ajenjo lo mismo que de el que cae sobre las rosas.<\/p>\n<p>Como los trabajos continuos de la Se\u00f1orita le Gras hab\u00eda expuesto ya m\u00e1s de una vez su salud, y ni su complexi\u00f3n, que era muy delicada, ni su temperamento, que estaba sometido a muchas enfermedades, le imped\u00edan entregarse a los ejercicios m\u00e1s duros de la caridad, Vicente la avis\u00f3 sobre ello, a lo que un Director que se encontrara en semejantes circunstancias, no puede prestar demasiada atenci\u00f3n. La exhort\u00f3 a cuidarse por el amor de nuestro Se\u00f1or, y de los pobres que son sus miembros; la advirti\u00f3 que tuviera cuidado de querer hacer demasiado, con propias palabras que una de las astucias,\u00a0 de las que se sirve el demonio con m\u00e1s \u00e9xito para enga\u00f1ar a los que aman a Dios es llevarlos a hacer m\u00e1s de lo que pueden, para que se pongan pronto en estado de no hacer lo que hubieran podido; en vez de que, a\u00f1ad\u00eda \u00e9l, el Esp\u00edritu de Dios comprometa con dulzura a hacer razonablemente el bien que se puede hacer, para que se haga con perseverancia.<\/p>\n<p>Sin embargo como las personas que son totalmente de Dios cuentan por nada lo que hacen en su servicio, el santo Sacerdote se vio obligado m\u00e1s de una vez a frenar el celo de su penitenta. Y en efecto, cuando ella estaba de regreso en Par\u00eds, se hubiera dicho, al ver las ganas con que se prodigaba en toda clase de bien, que hab\u00eda pasado el resto del tiempo sin hacer nada; y que quer\u00eda reparar su p\u00e9rdida. Se entregaba sobre todo a inflamar con el buen fuego, del que estaba consumida, las de sus amigos que encontraba susceptibles. Por este medio fue c\u00f3mo habiendo reunido a cinco o seis Damas de su Parroquia, que era la de S. Nicol\u00e1s de Chardonnet, les ense\u00f1\u00f3 a servir a los pobres enfermos. Vicente, a quien consult\u00f3 sobre este plan, como le consultaba sobre todos los dem\u00e1s, le recomend\u00f3 seguir el Reglamento que \u00e9l hab\u00eda elaborado para las Cofrad\u00edas de la Caridad; y a\u00f1adirle los consejos que \u00e9l mismo hab\u00eda a\u00f1adido el a\u00f1o precedente cuando, a petici\u00f3n del P\u00e1rroco de S. Salvador, la hab\u00eda establecido por primera vez en la Capital del Reino.<\/p>\n<p>Mientras que la Se\u00f1orita le Gras cumpl\u00eda tan bien todos los deberes de un tierno y laborioso Cristianismo, Vicente no estaba inactivo. Se hallaba ya a la cabeza de casi todas las obras buenas que se refer\u00edan al bien del pr\u00f3jimo; y pocas importantes se hac\u00edan, en las que no se siguieran sus consejos. \u00c9l llev\u00f3 a cabo una ese mismo a\u00f1o que, sin \u00e9l, habr\u00eda fracasado probablemente. Margarita Claudia de Gondi quien, despu\u00e9s de la muerte del Marqu\u00e9s de Maignelai su marido, asesinado durante los disturbios de la liga, aprovechaba bien la ocasi\u00f3n de se\u00f1alar su piedad, hab\u00eda fundado, en 1618, junto al Temple una Casa de ejercicios, para detener el desorden de las personas de su sexo, que hab\u00edan tenido la desgracia de caer en \u00e9l. Se presentaron en poco tiempo un n\u00famero bastante grande, que parecieron encantadas de encontrar despu\u00e9s del naufragio un puerto tan seguro. Pero se vio desde un principio que a este establecimiento le faltaba una parte esencial; y que no exist\u00eda en esta gran casa nadie que fuera capaz de dirigirla bien. Como las Religiosas de la Visitaci\u00f3n hacen por su condici\u00f3n una profesi\u00f3n particular de caridad y de dulzura, y estas dos virtudes eran las m\u00e1s propias para ganarse el afecto de estas almas penitentes, a quienes nos se pod\u00eda ganar para JC sino con consideraciones infinitas, se propuso a S. Francisco de Sales que tuviera a bien colocar a Hijas suyas a la cabeza de esta nueva Comunidad. El santo Obispo dijo que se podr\u00eda hacer un d\u00eda, pero que el momento no hab\u00eda llegado todav\u00eda. Las cosas se quedaron pues en la Magdalena, en el estado en que estaban, durante cerca de doce a\u00f1os. Pero ya que es dif\u00edcil continuar bien, cuando se ha comenzado mal, se corr\u00eda el riesgo de ver caer por los suelos en poco tiempo una casa tan necesaria y tan preparada para evitar tantos males. Se lo dijeron a Vicente, como en calidad de Superior de las Religiosas de la Visitaci\u00f3n, y m\u00e1s a\u00fan en calidad de hombre, cuya prudencia y luces eran universalmente respetadas; \u00e9l pod\u00eda mejor que nadie disponer de estas santas y virtuosas Hijas: le rogaron que las encargara de la direcci\u00f3n de esta Comunidad. El santo Sacerdote sigui\u00f3 su camino ordinario. Consult\u00f3 a Dios; y despu\u00e9s de consultar con el sr Arzobispo de Par\u00eds, y con la Madre Ang\u00e9lica l\u2019Huillier Superiora de la casa de Santa Mar\u00eda, destin\u00f3 a cuatro Religiosas de la Visitaci\u00f3n a ocupar los primeros cargos del Monasterio de la Magdalena.<\/p>\n<p>Hizo de este plan, como de la mayor parte de los que se refieren a la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo; es decir que no pudo llevarlo a cabo, sino despu\u00e9s de sobrepasar muchos obst\u00e1culos. Vicente los resolvi\u00f3 con su paciencia. Para no hacer nada que se pareciera a precipitaci\u00f3n, o denotara cierto afecto personal, defectos de los que se mantuvo siempre alejado de manera extraordinaria, hizo celebrar Asambleas de Doctores , y de otras personas recomendables por su piedad y experiencia: concert\u00f3 con ellos los medios de dirigir a su perfecci\u00f3n un asunto, que por una parte ata\u00f1\u00eda al descargo y edificaci\u00f3n del p\u00fablico, y por otra a la salvaci\u00f3n de un gran n\u00famero de personas, a las que no era ni posible seguir en el mundo sin perderse, ni santificarse en el retiro si no estaban bien dirigidas. Las dificultades se desvanecieron en las manos de un hombre a quien su gran sentido daba recursos infinitos. Las Hijas de S. Francisco de Sales, a quienes los trabajos de este nuevo empleo hab\u00edan asustado mucho, lo desempe\u00f1aron con su celo y su capacidad ordinarios. Pusieron orden en una casa, donde apenas exist\u00eda. Ellas se ganaron los corazones con su dulzura y su atenci\u00f3n. La caridad las hizo due\u00f1as absolutas: lo es uno siempre \u00fatilmente cuando no lo es sino por un principio tan hermoso; as\u00ed ellas pusieron en tan buen orden a esta numerosa Comunidad que fue origen despu\u00e9s de la de Rouen y de Burdeos. Es verdad que el Santo les sirvi\u00f3 mucho, sea por los sabios consejos que les daba de viva voz, sea por los buenos Consejeros que les procur\u00f3; pero el celo y el trabajo de estas virtuosas Damas no son por ello menos estimables; los hijos no pierden nada de su gloria, por compartirla con su Padre.<\/p>\n<p>El gozo santo,\u00a0 del que el feliz \u00e9xito de tantos asuntos, deb\u00eda llenar un coraz\u00f3n tan sensible a los intereses y a la gloria de Dios, como lo era el de Vicente de Pa\u00fal, fue perturbado por la muerte del sr Cardenal de B\u00e9rulle. Este gran hombre expir\u00f3 \u2013el 21 de octubre de 1629- en el Altar, en los brazos de su bienamado; acab\u00f3, como v\u00edctima, el augusto Sacrificio, que el agotamiento de sus fuerzas no le permiti\u00f3 acabar como Sacerdote. Vicente perd\u00eda en \u00e9l a un amigo y a un Padre; pero lo que m\u00e1s le afect\u00f3 es que la Iglesia perd\u00eda con \u00e9l a un modelo del sacerdocio de Jesucristo. Para compensarla por esta p\u00e9rdida., al menos en parte, abri\u00f3 ese mismo a\u00f1o o el siguiente las puertas de su casa a los Eclesi\u00e1sticos, que quisieran o reconciliarse con Dios, despu\u00e9s separarse de \u00e9l, o reemprender en la soledad fuerzas y luces para mantenerse, y para conducirse en los senderos penosos del Ministerio.<\/p>\n<p>Fueron algunos Doctores de Sorbona, llenos de piedad y de virtud, los que comenzaron a hacer estos ejercicios espirituales bajo la direcci\u00f3n del santo Sacerdote. Su ejemplo fue seguido por muchos m\u00e1s: y \u00e9ste es el origen de estos santos ejercicios que, en la\u00a0 Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, han santificado y santifican a\u00fan todos los d\u00edas a tantas personas. S. Ignacio de Loyola es de alguna forma a quien la Iglesia es deudora de este saludable establecimiento. Vicente, que le honraba con un culto particular, crey\u00f3 no poder hacer otra cosa que seguir su plan y su m\u00e9todo, se conform\u00f3 a \u00e9l lo m\u00e1s exactamente que pudo. La utilidad, que de ello resulta desde hace m\u00e1s de un siglo, puede se todav\u00eda demostrada por ese gran n\u00famero de personas de toda edad y de toda condici\u00f3n que se ven cada d\u00eda romper sus cadenas m\u00e1s dulces y m\u00e1s fuertes,\u00a0 renunciar a sus m\u00e1s criminales inclinaciones, desprenderse da las costumbres m\u00e1s inveteradas, edificar con la pr\u00e1ctica constante de las virtudes Cristianas a los que hab\u00edan escandalizado con una vida desordenada, y costumbres totalmente paganas. Como estos retiros no han hecho nunca m\u00e1s ruido que desde que Vicente de Pa\u00fal tom\u00f3 posesi\u00f3n de la Casa de S.L\u00e1zaro, es conveniente, antes de entrar en un mayor detalle, dar a conocer el modo como se realiz\u00f3 este establecimiento.<\/p>\n<p>Trad.M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con respecto a las charlas, que son la parte esencial de estos ejercicios, se daban dos al d\u00eda; una sobre las cualidades y virtudes necesarias a un ministro de JC que quiere salvarse y salvar &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-11\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":401146,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-402215","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>San Vicente (Collet) 11 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-11\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente (Collet) 11 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Con respecto a las charlas, que son la parte esencial de estos ejercicios, se daban dos al d\u00eda; una sobre las cualidades y virtudes necesarias a un ministro de JC que quiere salvarse y salvar ... 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