{"id":402213,"date":"2019-04-04T08:35:21","date_gmt":"2019-04-04T06:35:21","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402213"},"modified":"2019-03-17T12:41:16","modified_gmt":"2019-03-17T11:41:16","slug":"san-vicente-collet-10","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-10\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 10"},"content":{"rendered":"<p>Por ocupado que estuviera entonces en la salvaci\u00f3n de los pobres del campo, no se olvidaba de los forzados de las Galeras. Cuando tuvo tiempo de respirar, prepar\u00f3 el viaje a Marsella. Su intenci\u00f3n era examinar si le fuera posible hacer por los del extremo del Reino lo que hab\u00eda hecho ya en la Capital. Para expresar la dificultad de su empresa, basta con decir que ten\u00eda que tratar con Galeotes, de los que muchos lo eran hac\u00eda tiempo. Esta sola palabra presenta con bastante frecuencia la idea de una multitud de criminales, que s\u00f3lo detestan de su crimen el castigo impuesto; a quienes el exceso del castigo hace indolentes y furiosos, que creen vengarse con sus blasfemias contra Dios por los malos tratos que reciben por parte de los hombres; a quienes se va ver sufrir menos por esp\u00edritu de compasi\u00f3n que por curiosidad; a quienes nadie compadece, porque siguen mereciendo, en cuanto de ellos depende, todo lo que aguantan; por fin quienes, parecidos de alguna manera a esos \u00e1ngeles de las tinieblas, a los que Dios castiga con tanto rigor, cambian de lugar y de clima, sin cambiar nunca de situaci\u00f3n, porque llevan a todas partes su c\u00e1rcel, sus cadenas y sus malas disposiciones.<\/p>\n<p>Parece por lo que vamos a decir que Vicente no quer\u00eda darse a conocer al llegar a Marsella. De esa forma no solamente evitaba los honores que lleva consigo la dignidad de Capell\u00e1n General, sino que escog\u00eda una vez m\u00e1s el medio m\u00e1s seguro de entrar en contacto con la situaci\u00f3n. Por eso ten\u00eda sus razones para guardar el inc\u00f3gnito<em>, <\/em>y tal vez la Providencia ten\u00eda las suyas. En efecto, personas dignas de fe han declarado que yendo el santo Sacerdote de ac\u00e1 para all\u00e1 por las Galeras con el fin de ver c\u00f3mo andaban las cosas, se dio cuenta de un forzado, que agobiado m\u00e1s que los dem\u00e1s por la desgracia de su condici\u00f3n, la toleraba tambi\u00e9n con m\u00e1s impaciencia, y que sobre todo estaba inconsolable porque su ausencia reduc\u00eda a su mujer y a sus hijos a la extrema miseria. Vicente se asust\u00f3 por el peligro al que estaba expuesto un hombre que sucumb\u00eda bajo el peso de su desgracia y que era quiz\u00e1s m\u00e1s desdichado que culpable. Examin\u00f3 durante algunos instantes c\u00f3mo podr\u00eda arregl\u00e1rselas para dulcificar la tristeza de su suerte. Su imaginaci\u00f3n, siempre fecunda en expedientes, no le dio ninguno que le contentara. Entonces presa y como en alas de un movimiento de la caridad m\u00e1s ardiente, suplic\u00f3 al Oficial que vigilaba aquel cant\u00f3n que le dejara ocupar el lugar de aquel forzado. Dios permiti\u00f3 que el cambio fuera aceptado, y Vicente fue cargado con la misma cadena, que llevaba el que iba a ser libre. Se a\u00f1ade, y la buena fe me obliga a advertirlo que esta circunstancia no est\u00e1 apoyada m\u00e1s que por el testimonio de un solo hombre; se a\u00f1ade, digo, que el Santo, quien al parecer hab\u00eda tomado sus medidas, para no ser conocido, no lo fue efectivamente hasta unas semanas despu\u00e9s, y que no lo hubiera sido tan pronto, si la Condesa de Joigni, extra\u00f1ada de no recibir noticias suyas, no hubiera ordenado hacer pesquisas, a las que era dif\u00edcil escapar. Le descubrieron al fin, y se convino en que desde el tiempo de S. Paulino, que se vendi\u00f3 a s\u00ed mismo para rescatar al hijo de una viuda, no se hab\u00eda visto quiz\u00e1s un ejemplo de una caridad tan sorprendente y heroica.<\/p>\n<p>S\u00e9 que hay muchos igualmente llenos de luces y de respeto por la memoria de S. Vicente, que dan este hecho por imposible; y que les cuesta trabajo permitir que se haga entrar en una vida que encierra suficientes maravillas incontrastables, sin que se mezclen otras sospechosas. Pero si les dejamos la libertad de pensar lo que les guste, deben, me parece a m\u00ed, dejarnos la de emitir un juicio diferente del suyo. Una cr\u00edtica sin l\u00edmites no es menos un defecto, que una credulidad excesiva. Adem\u00e1s, qu\u00e9 pensar de una cr\u00edtica, que bien evaluada, se acaba con decir: eso no es, porque yo no puedo concebir que lo sea. \u00bfAcaso es con razonamientos de esta naturaleza como se combaten hechos, que est\u00e1n suficientemente probados? El sr Baillet sobre este principio niega la esclavitud de S. Paulino, contra la autoridad expresa de S. Gregorio, que lo ha contado. A pesar de ello, habr\u00e1 siempre gente, que creer\u00e1n a S. Gregorio antes que al sr Baillet. En general, y es una reflexi\u00f3n hecha por un o de los hombres m\u00e1s sabios de Europa, con ocasi\u00f3n del hecho mismo que examinamos, es cierto que cuando quiere Dios hacer brillar la virtud de sus Santos, sabe bien encontrar los medios de lograrlo. No conviene pues comenzar por negar lo que choca a nuestra imaginaci\u00f3n, sino por examinar si est\u00e1 bien apoyado. Pues la acci\u00f3n extraordinaria de la que hablamos era tan conocida en toda la Ciudad de Marsella que el Superior de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n, que fueron fundados all\u00ed m\u00e1s de veinte a\u00f1os despu\u00e9s \u2013en 1643 atestigua haberla conocido all\u00ed por varias personas. Yo la encuentro tambi\u00e9n afirmada en un antiguo Manuscrito, por el se\u00f1or Dominique Beyrie pariente de nuestro Santo, el cual hall\u00e1ndose en Provenza algunos a\u00f1os despu\u00e9s de salir Vicente de all\u00ed, fue informado de esto por un Eclesi\u00e1stico, que le habl\u00f3 tambi\u00e9n de la esclavitud del Servidor de Dios en Berber\u00eda. Finalmente, el sr Abelly nos dice que uno de los Sacerdotes de Vicente de Pa\u00fal, habi\u00e9ndole preguntado una vez si era verdad que se hubiera puesto en otro tiempo en el lugar de un forzado, y si la hinchaz\u00f3n de sus pies ven\u00eda de la cadena con que le hab\u00edan cargado, el Siervo de Dios <em>desvi\u00f3 esta conversaci\u00f3n sonriendo, sin ninguna respuesta a su pregunta. <\/em>Este silencio solo parecer\u00e1 una contestaci\u00f3n a quien piense con seriedad hasta qu\u00e9 punto llevaba nuestro Santo la humildad, y qu\u00e9 lejos estaba de permitir que se le atribuyera el honor de lo que no hab\u00eda hecho, \u00e9l que apartaba con todas las precauciones del mundo el recuerdo y la idea de lo que no hab\u00eda podido evitar a los ojos de los hombres. Ruego al Lector que me perdone esta digresi\u00f3n: le har\u00e1 sentir al menos que no dar\u00e9 por absolutamente cierto lo que me parezca envuelto en dificultades.<\/p>\n<p>Vicente dio al alivio y consuelo de los forzados casi todo el tiempo que pas\u00f3 en Marsella; y conviene confesar que ten\u00edan una extrema necesidad de sus cuidados y de su actividad. Se encontraba uno, al entrar en estas prisiones flotantes, con una parte de lo que puede servir para formar la idea del infierno. Se ve\u00edan montones de desafortunados que sufr\u00edan como desesperados, que pronunciaban el nombre de Dios como lo pronuncian los demonios, es decir para deshonrarle con sus blasfemias y sus imprecaciones; que redoblaban sus suplicios maldiciendo la mano de Dios, que los golpeaba; y que estaban m\u00e1s abrumados por el peso de sus pecados de lo que lo estaban bajo el peso de sus cadenas. A la vista de este espect\u00e1culo, que deber\u00eda impresionar a aquellos mismos a quienes no sorprende, el santo hombre se sinti\u00f3 conmovido, pero no se limit\u00f3 a una compasi\u00f3n que cuesta poco y que de nada sirve a los que son su objeto. Traz\u00f3 grandes planes y a la hora de poder ejecutarlos hizo sin demora todo cuanto depend\u00eda de \u00e9l. Iba de fila en fila como un buen padre que siente de rechazo\u00a0 todo lo que sufren hijos tan tiernamente queridos. Escuchaba sus quejas con mucha paciencia, se compadec\u00eda de sus penas, lloraba con los que lloraban, besaba sus cadenas y las regaba con sus l\u00e1grimas, un\u00eda en cuanto pod\u00eda la limosna a las palabras, y por ah\u00ed se abr\u00eda un camino a sus corazones. Habl\u00f3 tambi\u00e9n a los Oficiales y a los C\u00f3mitres, y les comprometi\u00f3 a tratar con miramientos a hombres que sufr\u00edan ya bastante. Sus cuidados no fueron in\u00fatiles. Se vio m\u00e1s humanidad por una parte y m\u00e1s docilidad por la otra: el esp\u00edritu de paz comenz\u00f3 a dominar, las murmuraciones se fueron apagando, los Capellanes ordinarios pudieron hablar de Dios, sin ser interrumpidos, y comprendieron que forzados eran susceptibles de virtud.<\/p>\n<p>Vicente estaba demasiado contento con este primer ensayo, para no llevar m\u00e1s lejos sus conquistas; pero la salida del conde de Joigni y el movimiento continuo de las Galeras, que en aquellos tiempos de confusi\u00f3n no ten\u00edan lugar fijo de permanencia, le obligaron a regresar a Par\u00eds. Caminaba a marchas forzadas, cuando un asunto de caridad le detuvo. A su paso por la ciudad de M\u00e2con, se encontr\u00f3 con una multitud tan grande de pobres, y de pobres que parec\u00edan abandonados, que le sorprendi\u00f3 mucho. Ten\u00eda la costumbre de preguntar sobre los Misterios de la Fe a aquellos a quienes daba limosna y de instruirlos, mientras se lo permit\u00edan sus asuntos. Era su m\u00e9todo ordinario, y le segu\u00eda en las Ciudades como en los campos. Habi\u00e9ndole rodeado una multitud de mendigos, reconoci\u00f3 al punto que ignoraban los primeros principios de la Religi\u00f3n. Se enter\u00f3 por los habitantes que aquellos desdichados dignos doblemente de l\u00e1stima viv\u00edan en una especie de endurecimiento y de insensibilidad, en cuanto a su salvaci\u00f3n; que no o\u00edan casi nunca la Misa; que no sab\u00edan qu\u00e9 era acercarse a los Sacramentos, ni siquiera al de la Penitencia, y que se pasaban la vida en un completo olvido de Dios, en una ignorancia total de las cosas de la salvaci\u00f3n, en un libertinaje, en vicios y des\u00f3rdenes, que daban horror. No se necesitaba tanto para tocar un coraz\u00f3n como el suyo. A ejemplo del buen Samaritano, mir\u00f3 a este gran n\u00famero de miserables como a otros tantos que hab\u00edan sido despojados y peligrosamente heridos por los enemigos de su salvaci\u00f3n; resolvi\u00f3 vendarles las heridas y socorrerlos. La tarea era de las m\u00e1s dif\u00edciles. Hab\u00eda que poner orden entre gente que no lo quer\u00eda, establecer una disciplina exacta entre hombres, a quienes hac\u00eda indolentes su multitud, y tomar medidas tan seguras, que alejaran el menor asomo de sedici\u00f3n. As\u00ed aquellos a quienes se anunci\u00f3 este proyecto le tuvieron como una bella quimera. Los menos inteligentes lo trataron de tonter\u00eda, los m\u00e1s moderados creyeron ver en \u00e9l mucha temeridad, y nada m\u00e1s. <em>Todos se mofaban de m\u00ed, <\/em>dice el mismo Vicente, en una de sus Cartas \u2013de 1634\u00a0 a la srta Le Gras- <em>me se\u00f1alaban con el dedo, cuando iba por las calles, y nadie se cre\u00eda que pudiera lograrlo. <\/em>No pas\u00f3 mucho tiempo en desenga\u00f1arse, y se reconoci\u00f3 que un hombre, que tiene cabeza y que no se deja asustar por el ruido, llega a conseguir muchas cosas.<\/p>\n<p>El santo hombre, de acuerdo con los Magistrados\u00a0 y del Obispo, quien salido de los hijos de S. Francisco de Paula, estaba lleno de la caridad de la que toda la Orden hace profesi\u00f3n, el Santo, digo, hizo un reglamento, seg\u00fan el cual, todos aquellos mendigos quedaban repartidos en varias clases. Estableci\u00f3 luego, con el nombre de Cofrad\u00eda de S. Carlos Borromeo, dos Asociaciones, una de hombres para los hombres, la otra de mujeres para las personas de su sexo. En esta doble Cofrad\u00eda todos ten\u00edan su trabajo. Unos cuidaban de los enfermos, los otros de los que no lo estaban; \u00e9stos estaban encargados de los pobres de la ciudad; aquellos lo estaban de los extranjeros. La ejecuci\u00f3n de este plan natural y sabio por igual, cambi\u00f3 en muy pocos d\u00eda la cara de la ciudad. Los ciudadanos estuvieron seguros; los fieles no fueron ya interrumpidos en las Iglesias, los mendigos reunidos en horas reglamentarias en lugares en los que se les distribu\u00edan ropas y alimentos, fueron instruidos y dispuestos a una vida Cristiana. Dejemos hacer el detalle de una parte de estos bienes al P. Des-Moulins Sacerdotes de los Padres del Oratorio de M\u00e2con; \u00e9l fue testigo ocular y y gran admirador de la industriosa caridad de nuestro santo Sacerdote. Estos son sus propios t\u00e9rminos.<\/p>\n<p><em>No he aprendido, <\/em>dice, <em>de nadie el estado de estos pobres, lo he visto con mis propios ojos; ya que cuando la instituci\u00f3n de esta caridad, como se mand\u00f3 que todos los primeros de mes todos los pobres que recib\u00edan la limosna se confesaran; los otros confesores y yo encontr\u00e1bamos a ancianos de sesenta a\u00f1os y m\u00e1s, que nos dec\u00edan que nunca se hab\u00edan confesado: y cuando se les hablaba de Dios, de la Sant\u00edsima Trinidad, de Navidad, Pasi\u00f3n y muerte de JC y adem\u00e1s Misterios, era un lenguaje que no entend\u00edan. Pues por medio de la Cofrad\u00eda se logr\u00f3 remediar este mal, y en poco tiempo se sac\u00f3 a los pobres de sus miserias de cuerpo y de esp\u00edritu. El sr Obispo de M\u00e2con, que era entonces el se\u00f1or Louis Dinet, aprob\u00f3 este plan del sr Vicente. Se\u00f1ores del Cap\u00edtulo de la Catedral y Se\u00f1ores del Cap\u00edtulo de S. Pedro, que son Can\u00f3nigos nobles de cuatro razas, le apoyaron. El sr Chambon De\u00e1n de la Catedral y el sr de Relets Preboste de S. Pedro fueron llamados a ser los Directores, con el sr Fallart Lugarteniente General, siguieron el Reglamente que dio el sr Vicente. <\/em>este Reglamento se\u00f1alaba <em>que se har\u00eda un Cat\u00e1logo de todos los pobres de la Ciudad, que se quisieran apuntar; que a aquellos se dar\u00eda la limosna ciertos d\u00edas; y que si se les hallara mendigando en las Iglesias o por las casas, ser\u00edan castigados con alguna, pena con prohibici\u00f3n de darles nada; que los campesinos ser\u00edan alojados por una noche y despedidos al d\u00eda siguiente con dos sueldos; que los pobres vergonzantes ser\u00edan asistidos en sus enfermedades y provistos de alimentos y de remedios convenientes como en los otros lugares donde estaba establecida la caridad. Este orden comenz\u00f3 sin que hubiese peculio com\u00fan ninguno; pero el sr Vicente supo manejar tan bien a los Grandes y a los peque\u00f1os que todo el mundo se prest\u00f3 a contribuir voluntariamente a una obra tan buena, unos con dinero otros con tierras, o en otros g\u00e9neros seg\u00fan sus posibilidades; de manera que trescientos pobres estaban alojados, alimentados y cuidados razonablemente. El sr Vicente dio la primera limosna y se retir\u00f3.<\/em><\/p>\n<p>Se ha de a\u00f1adir a este relato del P. Des-Moulins que la ejecuci\u00f3n de este proyecto, que en un primer momento hab\u00eda parecido imposible, dio a toda la Ciudad de M\u00e2con tan alta idea de la prudencia, del celo y del valor de S. Vicente que se le consideraba como hombre extraordinario. Los Magistrados\u00a0 y todo lo selecto que hab\u00eda en la Regi\u00f3n le colmaron de honores. Llegaron tan lejos, que el santo Hombre se vio obligado, para sustraerse a las alabanzas y a los aplausos, a salir lo antes posible y sin despedirse. No hubo m\u00e1s que los Sacerdotes del Oratorio, con quienes se aloj\u00f3 durante unas tres semanas, quienes estuvieron informados de su partida: y que en esta ocasi\u00f3n, cuando habiendo entrado en se habitaci\u00f3n, se dieron cuenta que Vicente quitaba el colch\u00f3n de su cama y dorm\u00eda en la paja. Ocultaron esta mortificaci\u00f3n lo mejor que pudieron, pero por mucho cuidado que pusieron en ocultarla, como sus dem\u00e1s virtudes,\u00a0 se ha sabido que la hab\u00eda practicado hasta la muerte, es decir durante m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os.<\/p>\n<p>No puedo omitir aqu\u00ed que el plan de la Cofrad\u00eda, de la que acabamos de hablar, pareci\u00f3 tan hermoso a la Asamblea del Clero, celebrada en Pontoise en 1670 que, por deliberaci\u00f3n del 17 de noviembre, exhort\u00f3 a todos los Obispos del Reino a establecerla en sus Di\u00f3cesis. Esto es lo que no ense\u00f1a el Autor de un Libro intitulado: <em>Remedio universal para los pobres, <\/em>y me equivocar\u00eda si cambiase algo de sus palabras, <em>que el sr Vicente digno fundador de los Misioneros, que ten\u00eda entra\u00f1as de padre para toda clase de pobres, fue el primero que estableci\u00f3 en Francia el a\u00f1o 1623 esta Cofrad\u00eda de S. Carlos en M\u00e4con, y que no habiendo encontrado el mismo celo en otra parte, no pudo fundar all\u00ed m\u00e1s que Cofrad\u00edas de Damas, que no se cuidan m\u00e1s que de los enfermos. <\/em>A\u00f1ade, y nada es m\u00e1s propio para hacernos conocer la importancia y la extensi\u00f3n de la Cofrad\u00eda de M\u00e4con; a\u00f1ade, digo, que no se propon\u00eda nada menos que socorrer <em>a toda clase de necesitados, mendigos, pobres vergonzantes, sanos y enfermos, presos, Herejes convertidos, Religiosos viviendo de limosna; <\/em>y que aparte de eso, trabajaba en impedir los duelos, y en acabar los Procesos y las disensiones. Esto es lo que emprendi\u00f3 Vicente, y lo que llev\u00f3 a cabo en el espacio de menos de un mes.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de terminar los asuntos que le hab\u00edan llamado a Par\u00eds, se traz\u00f3 el plan de dar una gran misi\u00f3n en las Galeras. Era m\u00e1s necesaria que nunca en un tiempo en que Francia estaba casi siempre en lucha, y en que la herej\u00eda, que no es t\u00edmida m\u00e1s que durante el tiempo que necesita para concertar los medios de convertirse en furiosa impunemente, estaba siempre presta a revolucionarse en mar y tierra. Por otro lado, la especie de calma que las victorias de Luis XIII acababan de proporcionarle al Estado, hac\u00edan m\u00e1s c\u00f3modo de llevar a cabo el proyecto del Santo. Sali\u00f3 pues para Burdeos donde el Conde de Joigni\u00a0 hab\u00eda reunido, desde el a\u00f1o precedente, diez Galeras, mientras que el Rey sitiaba la Ciudad de S. Antonin. Una vez llegado, Vicente se fue a saludar al Cardenal de Sourdis, que ocupaba entonces la Sede Arzobispal en la Capital de Guyenne. El Siervo de Dios no pod\u00eda encontrar a un hombre m\u00e1s id\u00f3neo y m\u00e1s dispuesto a secundar sus piadosos planes. El Cardenal era uno de esos Prelados que Dios a sus Iglesia en los d\u00edas de su misericordia. Su piedad esclarecida y ferviente por igual, su celo por el restablecimiento de la Disciplina Eclesi\u00e1stica, sus limosnas y su cardad para con los pobres, le hac\u00edan ser tenido como otro Carlos Borromeo. Por ello no pod\u00eda dejar de aprobar con toda su autoridad a un hombre que estaba revestido de la del Pr\u00edncipe, y cuyo nombre era conocido por todo el Reino. El Santo se escogi\u00f3, entre las diferentes \u00d3rdenes Religiosas de la Ciudad, a veinte de los mejores Operarios Eclesi\u00e1sticos que pudo hallar, y los distribuy\u00f3 de dos en dos en cada Galera. En cuanto a \u00e9l, \u00e9l estaba en todas partes; y se puede decir que si la unci\u00f3n unida a sus palabras penetraba los corazones m\u00e1s endurecidos, su ejemplo animaba a los que trabajaban con \u00e9l, y los sosten\u00eda en medio de las fatigas del Ministerio. Los consuelos del cielo no le faltaron; y, entre otros, tuvo el de ganar para Dios a un mahometano. Este pobre turco, al que Vicente present\u00f3 de regreso a Par\u00eds al General de las Galeras, fue llamado Luis en su Bautismo. Estuvo siempre tan agradecido por la gracia que el santo Hombre le hab\u00eda procurado, que le segu\u00eda a todas partes, y le honraba como a su padre. Viv\u00eda a\u00fan cuando fue dada al p\u00fablico la primera Historia del Siervo de Dios; contaba con los m\u00e1s vivos sentimientos de la gratitud Cristiana los servicios que el Santo le hab\u00eda hecho; y dec\u00eda a cuantos quer\u00edan escucharle que era a \u00e9l, despu\u00e9s de a Dios, a quien deb\u00eda su salvaci\u00f3n y su conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta Misi\u00f3n, Vicente, que se hallaba a la puerta de su familia, se decidi\u00f3 por consejo de dos de sus amigos a hacer una visita a sus parientes. Sus planes eran de fortalecerlos en la virtud, de ense\u00f1arles a amar la humildad de su condici\u00f3n, y declararles una vez por todas que, al poder vivir como lo hab\u00edan hecho hasta entonces del trabajo de sus manos, no deb\u00edan esperar nada de \u00e9l. Baj\u00f3 a casa del se\u00f1or Dominique Dusint, P\u00e1rroco de Pouy, su pariente y su amigo. Le edific\u00f3 mucho, lo mismo que al resto de su familia, por su piedad, su prudencia, su templanza y su mortificaci\u00f3n. Renov\u00f3 en la Iglesia Parroquial las promesas de su Bautismo. Se consagr\u00f3 de nuevo al Se\u00f1or en este lugar, donde hab\u00eda recibido las Primicias del Esp\u00edritu Apost\u00f3lico. El d\u00eda de su partida, se fue descalzo en Procesi\u00f3n, desde la Iglesia de Pouy hasta la Capilla de nuestra Se\u00f1ora de Buglose, que dista una legua y media. Sus hermanos, sus hermanas, los dem\u00e1s parientes ricos y pobres, y casi todos los habitantes del lugar asistieron a esta ceremonia. Vicente dijo una Misa solemne en esta Capilla, que era m\u00e1s c\u00e9lebre que nunca, porque hac\u00eda poco que hab\u00edan tra\u00eddo la estatua de la Virgen \u2013en 1620, que un pastor hab\u00eda descubierto milagrosamente en una charca en la que la hab\u00edan enterrado en secreto algunas personas de piedad unos cincuenta a\u00f1os antes, para ocultarla de los insultos y furor de los Calvinistas.<\/p>\n<p>Tras la ceremonia, el Servidor de Dios dio de comer a todos sus parientes, y luego se despidi\u00f3 de ellos; y despu\u00e9s de decirles adi\u00f3s para siempre, les dio la bendici\u00f3n. Una especie de tradici\u00f3n refiere que les recomend\u00f3 con mucha insistencia que no salieran nunca del estado en el que Dios les hab\u00eda hecho nacer y que transmitieran a sus hijos esta importante lecci\u00f3n. Pidi\u00f3 esta misma gracia al Se\u00f1or con toda la fuerza de que era capaz. Hasta entonces parec\u00eda que hab\u00eda sido escuchado. Sus parientes, sobre todo aquellos de parte su madre, no eran tan oscuros que no pudieran ocupar esa clase de empleos que permiten alg\u00fan alivio en el campo y peque\u00f1as ciudades. Hab\u00eda inclusive en su tiempo quienes ejerc\u00edan la profesi\u00f3n de Abogado en el Parlamento de Burdeos. Sin embargo hoy contin\u00faan todos en la condici\u00f3n en que \u00e9l dese\u00f3 que permaneciesen; y se contentan con cultivar la tierra: porque, dicen, el Santo ha dado su maldici\u00f3n a aquellos de su familia que quieran tomar impulso y apartarse de su antigua sencillez.<\/p>\n<p>Aunque, como ya lo he advertido, el santo Sacerdote s\u00f3lo hubiera ido a ver a sus parientes por el consejo de sus amigos, se reproch\u00f3 mucho tiempo este paso, como contrario al esp\u00edritu de desprendimiento y abnegaci\u00f3n, que est\u00e1 con tanta frecuencia recomendado en la Escritura a los Ministros del Evangelio. La confusi\u00f3n y la inquietud que la vista del pobre estado en el que dejaba a una parte de su familia, levant\u00f3 en su coraz\u00f3n, le parecieron una especie de castigo de Dios. Solamente mediante vivas oraciones lleg\u00f3 a calmar esta nueva tempestad. Este es el detalle sacado de una Conferencia que dio un d\u00eda para exhortar a aquellos de su Congregaci\u00f3n a desprenderse general y generosamente de todo lo que ten\u00edan m\u00e1s querido en la tierra.<\/p>\n<p><em>Despu\u00e9s de pasar, <\/em>es Vicente quien habla, <em>ocho o diez d\u00edas con mis parientes<\/em>, <em>inform\u00e1ndoles de los medios para salvarse y alej\u00e1ndolos del deseo de tener bienes, hasta decirles que no esperaran nada de m\u00ed, y que aunque tuviera cofres llenos de oro y plata, no les dar\u00eda nada, porque un Eclesi\u00e1stico que tiene algo se lo debe a Dios y a los pobres: el d\u00eda que me march\u00e9 sent\u00ed tanto dolor al dejar a mis pobres parientes que no hice otra cosa que llorar por todo el camino, y llorar casi sin cesar. A estas l\u00e1grimas sucedi\u00f3 el pensamiento de ayudarlos y colocarlos en un estado mejor: de dar esto a uno, y aquello al otro. Mi esp\u00edritu enternecido les repart\u00eda as\u00ed lo que ten\u00eda, y lo que no ten\u00eda. Yo lo digo para mi confusi\u00f3n, y lo digo porque quiz\u00e1s Dios lo permiti\u00f3 para darme a conocer mejor la importancia del Consejo Evang\u00e9lico del que hablamos. Estuve tres meses en esta pasi\u00f3n importuna de mejorar a mis hermanos y a mis hermanas. Era el peso continuo de mi pobre esp\u00edritu. <\/em>En medio de estas agitaciones, <em>cuando me encontraba un poco libre, rogaba a Dios que tuviera a bien librarme de esta tentaci\u00f3n: y tanto se lo ped\u00ed que por fin se apiad\u00f3 de m\u00ed, y me quit\u00f3 esta ternura hacia mis parientes, etc.<\/em><\/p>\n<p>Pero si este hombre verdaderamente muerto al mundo, no crey\u00f3 deber trabajar por el bien temporal de su familia, aprovech\u00f3 con gozo todas las ocasiones de procurar su adelantamiento espiritual, cuando lo pudo hacer, sin estorbar en nada el orden de su trabajo, y sin causar perjuicio a nadie. Por eso, poco despu\u00e9s de su regreso a Par\u00eds, contrat\u00f3 a algunos Eclesi\u00e1sticos de entre sus amigos para dar una Misi\u00f3n en Pouy, y en las dem\u00e1s Parroquias circunvecinas. \u00c9l mismo comenz\u00f3 pronto una nueva en la Di\u00f3cesis de Chartres; y, a partir de julio del mismo a\u00f1o, habiendo recibido del sr de Estampes, que era su Obispo, todos los poderes necesarios, y asoci\u00e1ndose, seg\u00fan su costumbre, con dignos Operarios llenos como \u00e9l de celo por la salvaci\u00f3n de las almas, evangeliz\u00f3 a los pobres, y acerc\u00f3 al Reino de Dios a los que se hab\u00edan alejado. Los bienes que resultaron de esta \u00faltima Misi\u00f3n dieron al fin nacimiento a una Congregaci\u00f3n de Sacerdotes destinados por oficio a la santificaci\u00f3n del pueblo del campo. Vamos a explicar su nacimiento, el paso de los a\u00f1os desarrollar\u00e1 sus progresos<\/p>\n<p>Los frutos que produjeron las primeras Misiones de san Vicente hicieron pensar a la sra de Gondi, quien hab\u00eda sido testigo de ello, que contribuir\u00eda mucho a la gloria de Dios, si pudiera perpetuarlos. Por eso se traz\u00f3 el plan, a partir del a\u00f1o 1617, de dar el fondo de mil seiscientas libras\u00a0 a alguna Comunidad, para comprometerla a dar cada cinco a\u00f1os Misiones en todas sus Tierras. Encarg\u00f3 a su Director que hiciera la propuesta a los que \u00e9l juzgara m\u00e1s id\u00f3neos para llevar a cabo esta santa empresa. Vicente habl\u00f3 de ello al R.P. Charlet, Provincial de los Jesuitas; \u00e9ste se lo escribi\u00f3 a Roma, pero no le permitieron aceptar esta fundaci\u00f3n. Se la propuso tambi\u00e9n a los Sacerdotes del Oratorio, quienes creyeron tambi\u00e9n no deber encargarse de ella. Tampoco tuvo mejor suerte con Superiores de algunas otras comunidades; cada cual se excus\u00f3 con buenas razones: unos alegaron el escaso n\u00famero de sus s\u00fabditos; otros confesaron qua ya ten\u00edan suficientes\u00a0 compromisos, para contraer otros nuevos. La Providencia ten\u00eda sus caminos: no permit\u00eda este rechazo general sino porque quer\u00eda dar a la Iglesia una nueva Compa\u00f1\u00eda de Hombres Apost\u00f3licos, dedicados \u00fanicamente a instruir\u00a0 a los pueblos del campo o a formar en el santo Ministerio a quienes un d\u00eda deb\u00eda confiarse la salvaci\u00f3n de estos mismos pueblos. La Condesa de Joigni, que no se arredraba, esper\u00f3 con paciencia el momento de Dios; y para comenzar\u00a0 a seguir, en cuanto le era posible, la inclinaci\u00f3n interior que la empujaba a esta gran obra, hizo Testamento, por el que daba la suma de mil seiscientas libras para fundar la Misi\u00f3n, de la que hemos hablado. A\u00f1ad\u00eda que esta fundaci\u00f3n se realizar\u00eda seg\u00fan <em>lo juzgara oportuno el sr Vicente; <\/em>es decir para emplear t\u00e9rminos, de los que se serv\u00eda de ordinario este humilde Siervo de Dios, que ella se lo dejaba todo <em>a la disposici\u00f3n de este miserable.<\/em><\/p>\n<p>Hac\u00eda m\u00e1s de siete a\u00f1os que Vicente de Pa\u00fal buscaba a alguien que quisiese aceptar esta Fundaci\u00f3n cuando la Condesa pens\u00f3 en serio dejarla caer sobre su Director. Reflexion\u00f3 que, como casi todos los a\u00f1os hab\u00eda un n\u00famero de Doctores, y de virtuosos Eclesi\u00e1sticos que se un\u00edan a \u00e9l para trabajar en los campos, se podr\u00eda formar as\u00ed una especie de Comunidad perpetua con tal que se les proporcionara una Casa, donde podr\u00edan retirarse y vivir juntos. Se lo cont\u00f3 al Conde de Joigni quien, bien lejos de oponerse a las piadosas intenciones de su esposa, quiso intervenir en ellas y hacerse con ella Fundador del nuevo Instituto. La aprobaci\u00f3n del sr Arzobispo de Par\u00eds era necesaria; pero no dif\u00edcil de obtener. Este Prelado que era hermano del General de las Galeras, se sinti\u00f3 obligado a prestar su apoyo a una Fundaci\u00f3n, que pens\u00f3 ser\u00eda muy ventajosa para su Di\u00f3cesis. No se limit\u00f3 a una simple aprobaci\u00f3n; y no pudiendo por entonces hacer otra cosa mejor, dio a Vicente de Pa\u00fal la direcci\u00f3n de un viejo Colegio, fundado a mediados del siglo trece \u2013en 1248-, bajo el nombre de los Bons-Enfants. Este Colegio al que leg\u00f3 S. Luis -1269- en Testamento sesenta libras de renta, hoy reducidas a diecisiete, ten\u00eda por toda propiedad una Capilla muy pobre, algunos apartamentos en mal estado, y en la vecindad, un n\u00famero de casas que amenazaban ruina. Tal fue la cuna, en la que Dios quiso hacer nacer una Congregaci\u00f3n que, despu\u00e9s de extenderse por una parte de las Provincias del Reino, se multiplic\u00f3 por Italia y Polonia donde,\u00a0 por la misericordia de Dios, es muy querida del Clero y de las Gentes. Fue el primer d\u00eda de marzo cuando Vicente fue nombrado Director de este Colegio; y el seis del mismo mes, Antonio Portail, uno de sus primeros Compa\u00f1eros, tom\u00f3 posesi\u00f3n de \u00e9l en su nombre. Se me olvidaba anotar que el santo Sacerdote se Licenci\u00f3 en Derecho Can\u00f3nico alg\u00fan tiempo antes.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente el General de las Galeras y la Condesa de Joigni su esposa consumaron este gran asunto: el 17 de abril pasaron el Contrato de Fundaci\u00f3n, que fue elaborado en t\u00e9rminos\u00a0 bien dignos de su piedad. Expresa <em>que habi\u00e9ndoles dado Dios hace algunos a\u00f1os el deseo de hacerle honrar tanto en sus Tierras como en los dem\u00e1s lugares, hab\u00edan considerado que, <\/em>mientras que los habitantes de las ciudades est\u00e1n instruidos abundantemente <em>por cantidad de buenos Doctores, y de virtuosos Religiosos, s\u00f3lo queda el pobre pueblo del campo que siga como abandonado; que les hab\u00eda parecido que se pod\u00eda remediar<\/em> un mal tan grande, asociando a algunos Eclesi\u00e1sticos de una doctrina y una capacidad reconocidas, quienes renunciando a trabajar en las ciudades, o sea a poseer Dignidades, Cargos o Beneficios, propios para distraerlos de su principal objeto, se dedicasen <em>por entero y puramente<\/em> a recorrer <em>a expensas de su bolsa com\u00fan<\/em> los Burgos y Pueblos, y a <em>predicar, instruir, exhortar y catequizar a la pobre gente y llevarlos a hacer una Confesi\u00f3n de toda su vida pasada, sin recibir por ello ninguna retribuci\u00f3n de la clase y manera que sea, a fin de distribuir gratuitamente los dones que habr\u00e1n recibido gratuitamente de la mano de Dios. <\/em>Que para alcanzar esta meta, <em>dichos Se\u00f1or y Se\u00f1ora, en agradecimiento por los bienes y las gracias recibidas y que reciban todos los d\u00edas de la Majestad divina; para contribuir al ardiente deseo que tiene de la salvaci\u00f3n de las almas; honrar los Misterios de la Encarnaci\u00f3n, de la Vida y de la Muerte de J.C. Nuestro Se\u00f1or; por el amor de su Sant\u00edsima Madre, y para tratar de alcanzar la gracia de vivir el resto de sus d\u00edas de manera que puedan con su familia llegar a la gloria eterna:\u00a0 han otorgado en forma de limosna la suma de cuarenta mil libras que han puesto en manos de Vicente de Pa\u00fal Sacerdote de la di\u00f3cesis de Acqs, con las cl\u00e1usulas y cargos siguientes:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Que los dichos Se\u00f1or y Se\u00f1ora han puesto y ponen en poder del dicho Se\u00f1or de Pa\u00fal elegir y formar en un a\u00f1o tal n\u00famero de Eclesi\u00e1sticos que la renta de la presente Fundaci\u00f3n pueda soportar, cuya integridad de vida, doctrina, piedad y buenas costumbres le sean conocidas, para trabajar en esta buena obra bajo su direcci\u00f3n toda su vida. Lo que dichos Fundadores<\/em> <em>entienden y quieren expresamente, tanto por la confianza que depositan en su direcci\u00f3n como por la experiencia que se ha ganado en las Misiones, y las grandes bendiciones <\/em>\u00a0<em>que Dios ha concedido a sus trabajos<\/em>. <em>No obstante esa Direcci\u00f3n sin embargo, los dichos Se\u00f1or y Se\u00f1ora entienden que dicho se\u00f1or de Pa\u00fal tenga su residencia continua y actual en la\u00a0 casa de ellos, para continuar a ellos y a su familia la asistencia espiritual que les da desde varios a\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p><em>Que los Eclesi\u00e1sticos, que quieran ahora y en lo futuro asociarse a esta santa obra, se entregar\u00e1n por completo al cuidado del pobre pueblo del campo; y a este efecto, se obligar\u00e1n a no predicar ni administrar ning\u00fan Sacramento en las Ciudades, donde haya Arzobispado, Obispado, o Corte superior, a no ser en caso de notable necesidad.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0Que estos mismos Eclesi\u00e1sticos vivir\u00e1n en com\u00fan bajo la obediencia del se\u00f1or de Pa\u00fal, y de sus Superiores en el futuro despu\u00e9s de su muerte, bajo el nombre de Compa\u00f1\u00eda, o de Congregaci\u00f3n de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n; que aquellos que sean admitidos en lo sucesivo estar\u00e1n obligados a tener intenci\u00f3n de servir a Dios en ella del modo que se acaba de proponer, y de observar el Reglamento, que se establecer\u00e1 entre ellos; que cada cinco a\u00f1os estar\u00e1n obligados a ir por todas las tierras de los dichos Se\u00f1or y Se\u00f1ora, para predicar en ellas, confesar, catequizar y hacer todas las buenas obras, de que se acaba de hablar; que adem\u00e1s estar\u00e1n obligados a asistir espiritualmente a los pobres forzados, con el fin de que se aprovechen de sus penas corporales, y que con esto el dicho Se\u00f1or General\u00a0 satisfaga con lo que no se siente de ninguna manera obligado; caridad que entiende ser continuada en lo futuro a perpetuidad a los dichos forzados por los dichos Eclesi\u00e1sticos, por buenas y justas consideraciones; y en fin que los dichos Se\u00f1or y Se\u00f1ora ser\u00e1n conjuntamente Fundadores de la dicha obra, y como tales Ellos y sus Herederos, y Sucesores descendientes de su familia, gozar\u00e1n a perpetuidad de los derechos y prerrogativas concedidas y acordadas a los Patronos por los santos C\u00e1nones, menos del derecho de nombrar para los Cargos, a los que han renunciado.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Este es en sustancia, o mejor en propios t\u00e9rminos, el Contrato de Fundaci\u00f3n de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n. Lo que contiene de m\u00e1s no encierra m\u00e1s que Reglamentos, que estos mismos Sacerdotes deben observar, tanto para el \u00e9xito y buen orden de las Misiones, como para su propia santificaci\u00f3n. De ello no diremos nada aqu\u00ed, porque ya tendremos ocasi\u00f3n de hacerlo en otro lugar. Pero no nos podemos dispensar de hacer observar al lector que dif\u00edcilmente se encontrar\u00eda un Acta que se\u00f1alar\u00eda mejor que \u00e9sta la piedad sincera y el perfecto desinter\u00e9s de estos ilustres Fundadores. En ella se olvidan de sus propios intereses para\u00a0 ocuparse tan s\u00f3lo de los intereses de los pobres. Daban bastante para exigir mucho; sin embargo, para no alejar a los Obreros de su objeto principal, y para dejarles todo el tiempo y toda la libertad de entregarse a las funciones de su Ministerio, no les cargan ni con Servicios, ni con Misas, ni siquiera oraciones, que se les deben aplicar en particular, o durante su vida, o despu\u00e9s de su muerte. La equidad de Vicente de Pa\u00fal, y el agradecimiento de sus Hijos lo han suplido con abundancia: y los restos preciosos de la Casa de Gondi, que se perdi\u00f3 en las de Lesdigui\u00e8res y de Villeroi, ocupar\u00e1n siempre la primera parte en todo el bien, que puedan hacer aquellos de los Misioneros que viven en el Reino y los que trabajen en Pa\u00edses extranjeros.<\/p>\n<p>La Condesa de Joigni vio, con harta satisfacci\u00f3n, la ejecuci\u00f3n de un proyecto que meditaba hac\u00eda tantos a\u00f1os. Al piadoso General de las Galeras no le cupo menor satisfacci\u00f3n. Solamente a Vicente le afligi\u00f3. No\u00a0 pudo sin dolor verse a la cabeza de un n\u00famero de virtuosos Eclesi\u00e1sticos que su humildad le hac\u00eda ver como mucho mejores que \u00e9l: pero hab\u00eda que ceder a la autoridad. El respeto infinito que sent\u00eda hacia los Fundadores, y la obediencia que deb\u00eda al sr Arzobispo de Par\u00eds, vencieron a sus repugnancias. Apenas se le permiti\u00f3 replicar, y se vio forzado a consentir en todo lo que se le exigi\u00f3. En adelante trat\u00f3 de dimitir como Superior, pero sus esfuerzos fueron in\u00fatiles, como diremos despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s de que se firmara este Contrato, el sr de Gondi se fue a Provenza, donde nuevos movimientos por parte rebelde reclamaban su presencia. Vicente le sigui\u00f3 antes de lo esperado para llevarle la noticia m\u00e1s triste que hubiera recibido hasta entonces. La Condesa de Joigni estaba a\u00fan en la flor de su edad, pero era ya un fruto maduro para el Cielo. No hac\u00eda dos meses que el asunto de la Fundaci\u00f3n de la <em>Misi\u00f3n <\/em>se hab\u00eda consumado, cuando ella cay\u00f3 enferma. El mal pareci\u00f3 peligroso tan pronto como se declar\u00f3. La delicada complexi\u00f3n de la piadosa Generala, sus enfermedades precedentes, los movimientos que hab\u00eda emprendido para establecer el Reino de Dios y su justicia en todas sus Tierras hicieron pensar que le costar\u00eda mucho resistir frente a la violencia de la enfermedad que la atacaba. Ella misma lo sinti\u00f3, pero lo sinti\u00f3 como mujer s\u00f3lidamente Cristiana. M\u00e1s fuerte, m\u00e1s atenta, a medida que su cuerpo se debilitaba, ella sac\u00f3 provecho de\u00a0 todos los instantes que le quedaban. Animada por su Director que se hab\u00eda buscado principalmente para estos \u00faltimos momentos, esper\u00f3 con esa fuerte impaciencia, que s\u00f3lo conviene a los Elegidos, el golpe que la deb\u00eda inmolar. No tard\u00f3 mucho; y mientras que su familia, sumida en el dolor, lloraba a gritos la p\u00e9rdida que iba a suponer, la piadosa Generala cerr\u00f3 los ojos a las grandezas del siglo, que nunca la hab\u00edan deslumbrado, para no abrirlos hasta esa Corona inmortal que hab\u00eda sido siempre el centro y t\u00e9rmino de sus deseos.<\/p>\n<p>As\u00ed muri\u00f3 \u2013en 1625- a sus cuarenta y dos a\u00f1os la ilustre y virtuosa Francisca Margarita de Silly, Condesa de Joigni, Marquesa de las Isles-d\u2019or, Generala de las Galeras de Francia, etc. Las l\u00e1grimas, con las que la gente de bien y los pobres en particular regaron su tumba, ser\u00edan suficientes casi para hacerle las honras. Grande por la dignidad de su origen, y por sus alianzas, que la un\u00edan a las Casas m\u00e1s distinguidas de Europa; fue m\u00e1s grande a\u00fan por su tierna piedad hacia Dios, su compasi\u00f3n por los desdichados, su vigilancia sobre su familia, su celo por la salvaci\u00f3n de todos aquellos a quienes pudo serles \u00fatil, y finalmente por la m\u00e1s perfecta corona de aquellas raras virtudes, que los Grandes del siglo conocen poco, y practican todav\u00eda menos. Su nombre por s\u00ed mismo vivir\u00e1 en nuestras historias: resistir\u00e1 tanto tiempo como los de Luxembourg, de Laval, de Montmorency, de la Rocheguyon, y de tantos H\u00e9roes, de quienes ella descend\u00eda, pero se puede asegurar que ella debe los m\u00e1s hermosos rayos de su gloria al Santo, cuya vida estamos escribiendo. Formada por \u00e9l en la m\u00e1s sublime perfecci\u00f3n, vivir\u00e1 por \u00e9l en todas las Iglesias; sus virtudes, como las de Vicente de Pa\u00fal, quedar\u00e1n trazadas all\u00ed en caracteres eternos; y los Climas m\u00e1s alejados no anunciar\u00e1n nunca el m\u00e9rito y los trabajos de este gran Hombre, sin anunciar a aquella que cooper\u00f3 tan generosamente en sus m\u00e1s gloriosas empresas.<\/p>\n<p>Vicente, despu\u00e9s de tributarle los \u00faltimos deberes, parti\u00f3 al punto para comunicar esta triste noticia al General que estaba todav\u00eda en Provenza. Se port\u00f3 con la precauci\u00f3n de un hombre que sabe que hay que dominar la naturaleza. Dispuso por grados al Conde de Joigni a adorar todas las disposiciones de la Providencia. Le habl\u00f3 en primer lugar de las gracias con que el Cielo le hab\u00eda colmado a \u00e9l y a su familia: a\u00f1adi\u00f3 luego que cuanta m\u00e1s misericordia hab\u00eda demostrado Dios con \u00e9l, m\u00e1s amor y gratitud le deb\u00eda; que el hombre no expresa nunca mejor esta gratitud que cuando sabe conformar su voluntad a la del Se\u00f1or; y que una perfecta sumisi\u00f3n es el sacrificio m\u00e1s agradable a sus ojos. Por fin dej\u00f3 escapar la palabra, y comunic\u00f3 al sr de Gondi la p\u00e9rdida que hab\u00eda sufrido. Despu\u00e9s de dejar a la naturaleza estos primeros movimientos que la virtud no desconoce, se sirvi\u00f3, para suavizar el dolor y la tristeza del General, de todo lo que su alto juicio y la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que le acompa\u00f1aba a todas partes, le pudieron sugerir.<\/p>\n<p>Es corriente, y se ha advertido en una infinidad de ocasiones, que nadie pose\u00eda como \u00e9l el don de consolar a los afligidos; y los que le conocieron m\u00e1s particularmente, han publicado en todo tiempo que el Hijo de Dios le hab\u00eda ense\u00f1ado no s\u00f3lo a evangelizar a los pobres, sino tambi\u00e9n a curar las heridas del coraz\u00f3n m\u00e1s profundas. El Conde de Joigni lo experiment\u00f3 y reconoci\u00f3 por s\u00ed mismo\u00a0 que una sabia sencillez ofrece recursos, que no se hallan en otras partes. La Se\u00f1ora de Gondi lo hab\u00eda experimentado tambi\u00e9n con frecuencia; y en el violento acceso de las penas interiores, con las que Dios ten\u00eda a bien ejercitarla, no encontraba nunca un consuelo m\u00e1s s\u00f3lido que el que le ven\u00eda de parte del santo Sacerdote. De ah\u00ed en parte proced\u00eda la estima singular que ten\u00eda hacia \u00e9l. Dio pruebas sensibles de ello en su Testamento, menos por un Legado que ella le hizo, que al suplicarle, de la manera m\u00e1s impresionante, que no abandonara nunca ni al sr General de las Galeras, ni a sus hijos despu\u00e9s de su muerte. Rogaba tambi\u00e9n al sr de Gondi no s\u00f3lo\u00a0 que retuviera a Vicente en su Casa, sino que tambi\u00e9n ordenaba a sus hijos que no permitieran que saliese de ella jam\u00e1s. Ella les exhortaba a seguir sus santas instrucciones, persuadida de que su docilidad en este punto ser\u00eda para ellos y para su familia una fuente de gracias y de bendiciones; estos son m\u00e1s o menos los t\u00e9rminos de su Testamento.<\/p>\n<p>Dios no lo quiso as\u00ed. Vicente, que no hab\u00eda entrado en casa de la Generala m\u00e1s que porque no hab\u00eda podido defenderse de ella, y que adem\u00e1s sent\u00eda un horror infinito por el gran mundo, suplic\u00f3 al sr de Gondi que aceptara su retirada. Este virtuoso Se\u00f1or se sinti\u00f3 afligido ante esta propuesta: pero como estaba acostumbrado a examinar las cosas delante de Dios, comprendi\u00f3 sin dificultades que la Compa\u00f1\u00eda, que Vicente de Pa\u00fal comenzaba a formar, necesitaba de su presencia; que las cosas no van siempre mejor, sino cuando los que les han dado el primer movimiento contin\u00faan comunic\u00e1ndoselo; y que finalmente la permanencia\u00a0 de este digno Sacerdote en la Casa de Gondi retardar\u00eda al menos la obra de Dios, si es que no la arruinar\u00eda por completo. Es verdad, y ya lo dejamos dicho, que la Casa del General estaba muy en orden: mas por puro que fuera el aire que se respiraba en ella, no por eso dejaba de ser diferente del que se halla en la soledad. El sr de Gondi estaba tan persuadido de ello, que crey\u00f3 un deber alejarse \u00e9l mismo. Y se alej\u00f3 en efecto bastante poco despu\u00e9s de la muerte de su Esposa; y habiendo renunciado a todas las grandezas humanas, entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n del Oratorio, en la que durante m\u00e1s de treinta y cinco a\u00f1os, que vivi\u00f3 en ella, se distingui\u00f3 tanto por su piedad, su mortificaci\u00f3n, y su invencible paciencia, como se hab\u00eda hecho recomendable por su coraje en el siglo, y su celo por el servicio del Rey.<\/p>\n<p>Fue el mismo a\u00f1o de 1625, cuando Vicente de Pa\u00fal se retir\u00f3 al Colegio de los Bons-Enfants. Este asilo fue a sus ojos lo que es un buen puerto a un Piloto, que sale de una mar tan peligrosa en la gran calma como durante la tempestad. Renunci\u00f3 para siempre a los honores, a las dignidades, a las esperanzas del siglo. Se consider\u00f3 como un hombre, que necesita comenzar una vida nueva en JC. Vio o crey\u00f3 ver en la vida que hab\u00eda llevado hasta entonces imperfecciones y defectos, que la agitaci\u00f3n y la clase de agobio en el que se hab\u00eda visto obligado a vivir, desde que se hab\u00eda separado del sr de B\u00e9rulle, no le hab\u00edan permitido examinar; y, para ponerle remedio, hizo una profesi\u00f3n particular de trabajar en su propia perfecci\u00f3n, y en la salvaci\u00f3n de los pueblos, en la m\u00e1s exacta pr\u00e1ctica de las virtudes, que nos ense\u00f1\u00f3 el Hijo de Dios, y de lo que nos ha dejado ejemplo. Como es este el lugar, en el que sus primeros Historiadores nos han trazado su retrato, nosotros lo daremos seg\u00fan ellos, para no apartarnos demasiado del m\u00e9todo que ellos han seguido.<\/p>\n<p>Vicente ten\u00eda entonces la edad de cuarenta y nueve a\u00f1os. Su talla era media, pero bien proporcionada. Ten\u00eda la cabeza grande y algo calvo; la frente espaciosa, los ojos despiertos, la mirada dulce, el porte grave, y un aire de afabilidad, que deb\u00eda menos a la naturaleza que a la virtud. En sus modos y comportamiento reinaba esta especie de sencillez que anuncia la tranquilidad y la rectitud de coraz\u00f3n. Su temperamento era bilioso y sangu\u00edneo; su complexi\u00f3n bastante robusta: la etapa de T\u00fanez le hab\u00eda alterado veros\u00edmilmente, y tras su regreso a Francia\u00a0 fue siempre m\u00e1s sensible de lo esperado a las impresiones del aire, y en consecuencia muy sometido a los ataques de la fiebre.<\/p>\n<p>Ten\u00eda el esp\u00edritu muy despierto, circunspecto, propio a las grandes cosas, y dif\u00edcil de sorprender. Cuando se entregaba en serio a un asunto, discern\u00eda todas sus implicaciones; descubr\u00eda todas sus circunstancias grandes o peque\u00f1as, y percib\u00eda sus inconvenientes y consecuencias. Cuando no pod\u00eda exponer al punto su parecer, se demoraba en darlo hasta sopesar las razones en pro y en contra. Antes de pronunciar un juicio definitivo, consultaba a Dios en la oraci\u00f3n, y hablaba con aquellos a quienes la sabidur\u00eda y la experiencia pon\u00edan en condiciones de darle luces. Este car\u00e1cter absolutamente opuesto a todo lo que se llama precipitaci\u00f3n no le ha dejado nunca dar un paso en falso, y no le ha impedido, son las propias palabras de una persona infinitamente respetable \u2013la Srta. de Lamoignon-, hacer <em>m\u00e1s bien del que han hecho otros veinte Santos. <\/em>Lo que se ha visto hasta ahora, y m\u00e1s a\u00fan lo que se ver\u00e1 en adelante, es una prueba incontestable de esto.<\/p>\n<p>Si por un lado no se apresuraba en los asuntos, por otro no le asustaba el n\u00famero ni las dificultades que encerraban. Los segu\u00eda con una fuerza de esp\u00edritu superior a todos los obst\u00e1culos. Se entregaba a ellos con una sagacidad llena de orden y de claridad; sobrellevaba el peso, el trabajo, la lentitud con una paz y una tranquilidad, de lo que s\u00f3lo las grandes almas son capaces. Cuando se presentaba alguna materia importante que tratar, escuchaba con mucha atenci\u00f3n a los que hablaban, sin interrumpir jam\u00e1s a nadie. Si alguien le cortaba la palabra, se deten\u00eda en el acto; y cuando cesaban de hablar, retomaba el hilo de su discurso con una presencia de \u00e1nimo admirable. Sus razonamientos eran justos, vigorosos, y siempre muy precisos; los expresaba en buenos t\u00e9rminos y con cierta elocuencia natural, propia no s\u00f3lo para desarrollar bien sus pensamientos, sino tambi\u00e9n para impresionar, persuadir, arrastrar a los que le escuchaban, sobre todo cuando se trataba de llevarlos al bien. Cuando hablaba el primero, expon\u00eda las cuestiones m\u00e1s dif\u00edciles con tanta profundidad, y al mismo tiempo con tal orden y claridad, sobre todo en las materias espirituales y Eclesi\u00e1sticas, que sorprend\u00eda a los m\u00e1s expertos. Consumado en el gran arte de prestarse a todos los caracteres, de proporcionarse a todas las mentes, balbuc\u00eda con los ni\u00f1os, y hablaba el lenguaje de la m\u00e1s sublime raz\u00f3n con los perfectos. En las discusiones poco importantes, el hombre mediocre se cre\u00eda a nivel con \u00e9l; en el manejo de los asuntos mayores, los m\u00e1s elegantes genios de su siglo no le encontraron nunca inferior a ellos. Es el testimonio que nos ha dejado de \u00e9l Chr\u00e9tien-Fran\u00e7ois de Lamoignon, Presidente en el Parlamento de Par\u00eds: y \u00a1qu\u00e9 testimonio el de un Magistrado tan capaz de apreciar el m\u00e9rito!<\/p>\n<p>Vicente era enemigo de las v\u00edas oblicuas, y dec\u00eda las cosas como las pensaba: pero su sinceridad no conten\u00eda nada que da\u00f1ara la prudencia. Sab\u00eda callar cuando el silencio era oportuno, o lo suyo ven\u00eda a ser lo mismo, cuando era in\u00fatil hablar. Sobre todo se mostraba muy atento para que no se le escapase nada que se\u00f1alara amargura o, menos estima, respeto y caridad hacia quien fuere.<\/p>\n<p>En general su car\u00e1cter se apartaba de modales singulares, de los cambios y de las novedades. Ten\u00eda por principio que cuando las cosas est\u00e1n bien, no conviene cambiarlas a la ligera, bajo pretexto de mejorarlas. Desconfiaba de todas las propuestas nuevas e ins\u00f3litas, bien que fueran de especulaci\u00f3n, o de pr\u00e1ctica. Se manten\u00eda firme en las costumbres y en los sentimientos comunes, principalmente en materia de Religi\u00f3n. Dec\u00eda a este respecto <em>que el esp\u00edritu humano est\u00e1 pronto y es mutable; que los esp\u00edritus m\u00e1s vivos y m\u00e1s esclarecidos no son siempre los mejores si no son los m\u00e1s moderados; y que se anda con seguridad, cuando no se aparta uno del camino, por el que la mayor\u00eda de los Sabios ha caminado. <\/em>Estas breves palabras bien valen un Libro.<\/p>\n<p>No se deten\u00eda en la corteza de las cosas; miraba su naturaleza, el fin, las dependencias; y mediante un fondo de buen sentido, que sobresal\u00eda en \u00e9l, sab\u00eda perfectamente separar lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, y lo mejor de lo menos bueno, incluso si se le presentaban bajo la misma forma y las mismas apariencias. De ah\u00ed nac\u00eda en \u00e9l un talento singular para discernir los esp\u00edritus, y una tan grande penetraci\u00f3n para ver las buenas y las malas cualidades de aquellos de quienes estaba obligado a dar cuenta, que el sr le Tellier Canciller de Francia, no hablaba de \u00e9l m\u00e1s que con admiraci\u00f3n, como lo declar\u00f3 el sr Le Pelletier Ministro de Estado, y Presidente honorario del Parlamento.<\/p>\n<p>Trad. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por ocupado que estuviera entonces en la salvaci\u00f3n de los pobres del campo, no se olvidaba de los forzados de las Galeras. Cuando tuvo tiempo de respirar, prepar\u00f3 el viaje a Marsella. 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