{"id":402209,"date":"2019-03-31T08:33:16","date_gmt":"2019-03-31T06:33:16","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402209"},"modified":"2019-03-16T17:34:01","modified_gmt":"2019-03-16T16:34:01","slug":"san-vicente-collet-8","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-8\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 8"},"content":{"rendered":"<p>La respuesta que dio Vicente a la Generala de las Galeras la afligi\u00f3; pero no por eso se desanim\u00f3. As\u00ed que sigui\u00f3 poniendo en juego todos los resortes que pudo imaginar para doblegar su esp\u00edritu, y hacerle entrar en otros sentimientos. Como el m\u00e9rito de nuestro Santo era conocido por todos, por la casa de Gondi y por los que la frecuentaban, todo el mundo tuvo a gala prestarse a los deseos de la Condesa. Sal\u00edan cada d\u00eda de Par\u00eds y alrededores una nube de cartas\u00a0 para Ch\u00e2tillon; se ven todav\u00eda hoy un gran n\u00famero de doctores, Religiosos, personas respetables por su nacimiento y por su piedad, hijos del sr de Gondi, el Cardenal de Rets Obispo de Par\u00eds, su hermano, sin hablar de las de los Oficiales principales de la casa, que hab\u00edan conocido mucho a Vicente como para no echarle de menos. El P. de B\u00e9rulle escribi\u00f3 tambi\u00e9n, como se lo hab\u00eda prometido a la Generala, pero lo hizo de una manera conforme a la alta sabidur\u00eda y a la eminente piedad de que hac\u00eda profesi\u00f3n. Se content\u00f3 con exponer a su amigo la pasi\u00f3n extrema que el sr de Gondi sent\u00eda por su regreso y el terrible golpe que supon\u00eda para la Condesa su ausencia. Por lo dem\u00e1s, \u00e9l no inclin\u00f3 la balanza hacia ning\u00fan lado, y persuadido de que Vicente era m\u00e1s capaz que nadie de resolver, y seguir los designios de Dios sobre \u00e9l, crey\u00f3 no poder hacer otra cosa que establecerle juez en su propia causa y dejar a su prudencia y penetraci\u00f3n el cuidado de examinar si la voluntad de Dios le era suficientemente conocida. Estas nuevas tentativas no corrieron mejor suerte que las que se hab\u00edan puesto en juego hasta entonces. La Generala no sab\u00eda ya casi qu\u00e9 partido tomar, cuando se enter\u00f3 de una negociaci\u00f3n que le result\u00f3 bien; de ello hablaremos m\u00e1s adelante; es tiempo ya de detallar una parte de las cosas que hizo Vicente en Chatillon. Este relato, aunque abreviado, justificar\u00e1 a la vez la direcci\u00f3n de Dios y la de su Siervo, y demostrar\u00e1 de la manera m\u00e1s evidente que fue una Providencia especial la que llev\u00f3 a Vicente a Bresse y que su presencia era all\u00ed m\u00e1s necesaria que en cualquier otra parte.<\/p>\n<p>El retrato que le hab\u00edan hecho de esa regi\u00f3n no pod\u00eda ser m\u00e1s parecido. No quiera Dios que exageremos el mal al querer honrar a aquel de quien se sirvi\u00f3 Dios para detener su curso; nosotros lo disminuiremos por el contrario, y no le daremos aqu\u00ed m\u00e1s que un extracto moderado del Proceso Verbal hecho en Chatillon y firmado por los principales habitantes del lugar. Han sido ellos mismos quienes nos han informado que, cuando Vicente entr\u00f3 en esta ciudad, todo en ella se encontraba en un estado lastimoso. Cada uno daba esc\u00e1ndalo a su manera. Varias familias y sobre todo las m\u00e1s importantes, se sent\u00eda pertenecer a la vecindad de Ginebra, y estaban infectas de las nuevas herej\u00edas. Aquellos habitantes que se hab\u00edan mantenido en la pureza de la Fe, la desment\u00edan en su mayor parte por la corrupci\u00f3n de sus costumbres. Seis viejos Eclesi\u00e1sticos, que compon\u00edan todo el Clero de Chatillon, en lugar de oponerse al torrente del desorden, le hac\u00edan m\u00e1s r\u00e1pido y contagioso con su mal ejemplo. Viv\u00edan todos <em>en un gran libertinaje<\/em>, y no pensaban siquiera en salvar las apariencias. Ese era todo el recurso de dos mil habitantes; porque no hab\u00eda entonces ninguna Comunidad Religiosa en Chatillon.<\/p>\n<p>Desde que Vicente lleg\u00f3, se dedic\u00f3 a conocer el estado de su reba\u00f1o. Lo que descubri\u00f3 por sus propios ojos y por el informe de algunas personas que se hab\u00edan mantenido en la piedad, le impresion\u00f3 y le horroriz\u00f3. Como su celo era ilustrado, acert\u00f3 al pensar que no podr\u00eda hacer nada s\u00f3lido, si no fuera con fuertes ayudas. Regres\u00f3 pues a Lyon en busca de algunos Eclesi\u00e1sticos propios para cooperar en sus planes piadosos y dispuestos a desbrozar con \u00e9l una vi\u00f1a, que desde hac\u00eda tantos a\u00f1os era v\u00edctima de un jabal\u00ed furioso, y de las bestias m\u00e1s feroces.<\/p>\n<p>pLa Providencia no le abandon\u00f3. Si no tuvo suficiente gente para encontrar, como el Padre de familia, un gran n\u00famero de operarios, que no pidieran m\u00e1s que ser empleados, encontr\u00f3 al menos a uno que pod\u00eda ocupar el lugar de varios. Se llamaba Luis Girard; era Doctor en teolog\u00eda; sus m\u00e9ritos y virtud eran estimados en la Bresse de donde era originario; y quiz\u00e1s hubiese ocupado desde hac\u00eda tiempo un lugar distinguido, si el Pa\u00eds que da el nacimiento no fuera aquel en que es m\u00e1s dif\u00edcil ser Profeta. Este digno Sacerdote no decepcion\u00f3 a Vicente. Trabajaron los dos desde primeros de agosto con un celo infatigable, y con este afortunado concierto, sin el cual los mejores Obreros no lo conseguir\u00e1n nunca. Vicente sigui\u00f3 en Chatillon el m\u00e9todo, que unos a\u00f1os antes le hab\u00eda resultado bien en Clichy. Comenz\u00f3 por arreglar la Casa donde se alojaba. Se levantaban a las cinco, se hac\u00eda oraci\u00f3n a continuaci\u00f3n;\u00a0 el Oficio y la santa Misa se dec\u00edan a una hora fijada, y no se separaban sin necesidad. Nuestros dos Sacerdotes se hac\u00edan ellos mismos sus habitaciones. No hab\u00eda ni chica ni mujer para servir en la casa, Vicente no lo quiso permitir, y la cu\u00f1ada de su Hu\u00e9sped, a fin de no turbar el buen orden, tuvo la generosidad de acomodarse a \u00e9l la primera.<\/p>\n<p>El nuevo Pastor visitaba con regularidad dos veces a la semana a una parte de su reba\u00f1o. El resto del tiempo se repart\u00eda entre el estudio y el Confesionario. El deseo de hacerse por igual \u00fatil a los peque\u00f1os y a los grandes le llev\u00f3 a hacer un estudio particular de la especie de Patois, que est\u00e1 en uso entre la gente del pueblo. Se lo aprendi\u00f3 en poco tiempo, y se serv\u00eda de \u00e9l para dar los Catecismos. Hizo que se celebrara el Oficio con la mayor decencia posible. Desterr\u00f3 los bailes y los excesos escandalosos, que deshonraban las Fiestas, y sobre todo la de la Ascensi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or; para incrementar un poco la renta de su Beneficio, fund\u00f3 dos Misas a perpetuidad, una para el d\u00eda de S. Vicente, la otra para el de S. Pablo<\/p>\n<p>Como el mal ejemplo de un solo Eclesi\u00e1stico causa con frecuencia m\u00e1s males que bienes puede hacer la conducta edificante de muchos otros, que viven en la regularidad, Vicente no descuid\u00f3 nada para reformar a los Sacerdotes de su Parroquia. Cort\u00f3 los vicios para establecer con mayor seguridad la virtud; hizo que cuantos ten\u00edan en sus casas a personas sospechosas las desterraran de ellas para siempre. Les persuadi\u00f3 a no entrar m\u00e1s ni en los tabernas, ni en los juegos p\u00fablicos. Suprimi\u00f3 abusos que, por ser antiguos, no eran menos rid\u00edculos, y tan rid\u00edculos que la gravedad de la historia no nos permite referir. Aboli\u00f3 la mala costumbre de exigir y de recibir dinero por la administraci\u00f3n del Sacramento de la Penitencia. Siempre se contentaba con las retribuciones que le daban, y no trat\u00f3 de defender <em>sus derechos<\/em>. Prohibi\u00f3 que se continuara confesando a los ni\u00f1os, como se hab\u00eda hecho hasta entonces, es decir reuni\u00e9ndoles en Capillas, donde se les obligaba a acusarse en voz alta unos delante se los otros. Hizo ver los inconvenientes de esta conducta, que por supuesto no est\u00e1 de acuerdo ni con la libertad del Penitente ni con el secreto inviolable de la Confesi\u00f3n. El Santo Hombre no se content\u00f3 con recortar todos estos abusos, se esforz\u00f3 por hacer reinar el orden y la justicia en el mismo lugar, donde el desorden y la confusi\u00f3n hab\u00edan reinado durante tanto tiempo. Comprometi\u00f3 a todos sus Sacerdotes a vivir en Comunidad y a dar m\u00e1s tiempo a la piedad y al trabajo de lo que daba antes a la ociosidad y a la bagatela. Manejaba\u00a0 los esp\u00edritus y los corazones con tanta fuerza, direcci\u00f3n y rectitud, que todo le sali\u00f3 bien. Toda la ciudad se sorprendi\u00f3 y edific\u00f3 por un cambio tan pronto y tan perfecto, y los m\u00e1s sabios pensaron que un hombre, a quien la reforma de un Clero como el suyo hab\u00eda costado tan poco ser\u00eda bastante afortunado si ganaba para Dios a su Parroquia entera.<\/p>\n<p>El acontecimiento verific\u00f3 la conjetura. Despu\u00e9s de los arreglos de que acabamos de hablar, Vicente comenz\u00f3 a trabajar con su celo ordinario en la instrucci\u00f3n del pueblo y en la conversi\u00f3n de los pecadores. Habl\u00f3 con m\u00e1s fuerza y unci\u00f3n que nunca. Dio cabida en sus discursos a lo que la Escritura tiene de m\u00e1s propio para suscitar el temor a los Juicios de Dios y el dolor de haberle ofendido. Abri\u00f3 a los ojos de sus oyentes ese estanque de fuego y azufre en el que se precipitan los imp\u00edos en vida. Detall\u00f3 estas penas eternas que son la funesta recompensa de los falsos placeres que embriagan a los hijos del siglo. Present\u00f3 la dicha y la paz de que gozan los siervos de Dios; la escasa proporci\u00f3n que existe entre sus combates y la corona que les espera; la facilidad de ganar este Reino, cuya conquista han logrado tantos otros, que eran tan d\u00e9biles como nosotros.<\/p>\n<p>Para no destruir por el ejemplo lo que edificaba con la palabra, ten\u00eda siempre ante los ojos esta gran verdad, que un Sacerdote, y m\u00e1s todav\u00eda un Pastor, est\u00e1 obligado a juntar las obras con la luz, y que toda su conducta exterior debe llevar a los que deben ser sus testigos a glorificar a Dios. Sobre este principio en Chatillon, como en todas partes, no se ve\u00eda nada en su persona que no inspirara la piedad y que no fuera una lecci\u00f3n continua de virtud. Visitaba con regularidad a los enfermos y consolaba a los pobres, se hac\u00eda pobre \u00e9l mismo a fuerza de aliviarlos: inspiraba a los ni\u00f1os tambi\u00e9n los sentimientos de celo y de afecto que hab\u00eda tenido desde su tierna juventud para estos miembros sufridores de JC y uno de ellos ha declarado que apenas pasaba un d\u00eda sin darle alguna lecci\u00f3n sobre la limosna. Por lo dem\u00e1s, estaba vestido\u00a0 muy sencillamente; llevaba siempre h\u00e1bito largo y el cabello muy corto, bien lejos siempre de todas esas costumbres profanas, a las que los malos Eclesi\u00e1sticos dan el nombre de modas, y los santos C\u00e1nones el de mundanalidades, s\u00e9 que todos estos hecho se presuponen f\u00e1cilmente en un hombre como Vicente de Pa\u00fal; tambi\u00e9n debo confesar de buena fe que no los he relatado sino por hallarse en los testimonios prestados por el Bar\u00f3n de Chastenai, y que no resulta dif\u00edcil concluir por ellos que, a pesar de lo que piensen muchos, los seglares prestan atenci\u00f3n a todos los momentos de los Sacerdotes, y que tienen como importantes muchas cosas que nosotros tratamos con demasiada facilidad de minucias.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tantas precauciones era dif\u00edcil que Vicente no tuviera \u00e9xito. Pero, por poco que fuera el \u00e9xito que pudiera alcanzar de la misericordia de Dios, se ve claro que las bendiciones de las que era seguido su trabajo sobre pasaron sus esperanzas. El Esp\u00edritu, que hablaba por su boca, renov\u00f3 en poco tiempo la faz de la Parroquia. Cuatro meses hab\u00edan transcurrido cuando ya no se encontraba a Chatillon en el Chatillon mismo, tanto hab\u00eda cambiado en ella. Los grandes pecadores se presentaban en masa en el Tribunal de la Penitencia, y como el Santo no desped\u00eda nunca a nadie, con frecuencia se ve\u00edan obligados\u00a0 a ir a retirarle del Confesionario, en el que muy ocupado por la necesidad espiritual de sus hermanos, se olvidaba de las m\u00e1s urgentes necesidades de la naturaleza. Entre las conversiones que Dios oper\u00f3 por medio de su ministerio son dignas de\u00a0 notar las de dos j\u00f3venes de condici\u00f3n que, llenas del esp\u00edritu y de las m\u00e1ximas del siglo, no hab\u00edan hecho hasta entonces sino bastante mal uso de los atractivos de su sexo, y de las ventajas de la fortuna. Sus costumbres se resent\u00edan de la corrupci\u00f3n del gran mundo, en el que se hab\u00edan criado. Esclavas del lujo y de las modas, ignoraban esos justos l\u00edmites que prescribe S. Pablo a los que han abrazado el Evangelio. Sus preocupaciones m\u00e1s ordinarias eran los bailes, los festines y los juegos. Desde el primer discurso que el S. Sacerdote hizo en p\u00fablico, tuvieron una alta idea de sus m\u00e9ritos. Su estilo todo de fuego las movi\u00f3, y quedaron en ir a visitarle. All\u00ed las esperaba la gracia. Vicente, que advirti\u00f3 la confusi\u00f3n que hab\u00eda hecho nacer en sus conciencias, les habl\u00f3 con tanta fuerza y tanta unci\u00f3n, que tomaron una decisi\u00f3n al instante, y sin preocuparse por lo que podr\u00eda decir el mundo, formaron la resoluci\u00f3n de renunciar a sus diversiones, y consagrarse sin reserva al servicio de J.C. y de los pobres que son sus miembros. Lo emprendieron y lo ejecutaron con una facilidad que las sorprendi\u00f3 a ellas mismas, y su celo las hizo dignas de ser las primeras piedras del edificio espiritual que el santo Hombre levant\u00f3 tiempo despu\u00e9s a favor de los enfermos y que, con el nombre de Cofrad\u00eda de la Caridad, ha servido de modelo a una infinidad de otros, como diremos m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>La separaci\u00f3n del Pastor, quien falt\u00f3 a estas generosas mujeres antes de lo que esperaban, no disminuy\u00f3 en absoluto su fervor, y se presentaron luego molestas conjeturas, que hicieron brillar toda su virtud. Poco tiempo despu\u00e9s del regreso de Vicente de Pa\u00fal a Par\u00eds, la ciudad de Chatillon fue visitada por Dios con un hambre extraordinaria. El hambre y la muerte anunciaban ya sus estragos; y todo hac\u00eda temer por los pobres. Pero el esp\u00edritu de firmeza y de vigilancia, que las alumnas de nuestro Santo hab\u00edan recibido en sus lecciones, vino en ayuda de la miseria y de la indigencia. El sr Beynier se asoci\u00f3 a las dos Damas de quienes hablamos. Alquilaron con \u00e9l un granero com\u00fan, colocaron all\u00ed una parte de sus haberes, le a\u00f1adieron lo que pudieron recoger en una colecta general, que hicieron en la ciudad y lugares vecinos, que estaban en disposici\u00f3n de contribuir, y sin desanimarse ni por el trabajo, ni por los gastos, lo distribuyeron ellas mismas a los que no ten\u00edan nada.<\/p>\n<p>La plaga m\u00e1s temible que el hambre vino despu\u00e9s. La peste asol\u00f3 a Chatillon. El miedo a un mal tan contagioso y tan terrible, espant\u00f3 a los hombres m\u00e1s valientes. El sexo m\u00e1s d\u00e9bil y m\u00e1s t\u00edmido, pareci\u00f3 no arredrarlas. Que uno es fuerte cuando se siente animado de la caridad de JC. Estas mismas Se\u00f1oras, que habr\u00edan podido ponerse al abrigo de la tormenta en sus casas de campo, no quisieron abandonar a los pobres y a los enfermos. La confusi\u00f3n y las alarmas p\u00fablicas no les quitaron nada de la presencia de esp\u00edritu tan necesaria, pero tsan rara en estas tristes ocasiones. Sin querer tentar a Dios, pusieron en \u00e9l su confianza. Hicieron levantar caba\u00f1as cerca de la ciudad, y se alojaron en ellas. All\u00ed se preparaban v\u00edveres para los pobres y los remedios para quienes hab\u00eda atacado el mal: manos fieles se encargaban de llev\u00e1rselos a los necesitados. La ciudad de Chatillon se enterneci\u00f3 con el espect\u00e1culo que le daban dos personas tan distinguidas en la Bresse, y casi se les saltaban las l\u00e1grimas cuando las ve\u00edan pasar los d\u00edas y las noches a las chozas, donde expuestas al aire corrompido lograban esquivar las incomodidades de estos reductos miserables. El fin del mal no fue el t\u00e9rmino de su caridad. Las instrucciones que nuestro Santo les hab\u00eda dado, estuvieron siempre presentes, y como todo cuanto hab\u00edan hecho hasta entonces no bastaba a la dimensi\u00f3n de su celo, contribuyeron a la fundaci\u00f3n de los PP. Capuchinos en la Ciudad de Chatillon, para multiplicar por medio de estos santos Religiosos el bien que no pod\u00edan hacer por s\u00ed mismas.<\/p>\n<p>La conversi\u00f3n de estas dos Damas dio en toda la Regi\u00f3n mucho cr\u00e9dito al S. Sacerdote; pero no la hubo m\u00e1s resonante, ni m\u00e1s capaz de honrar sus trabajos que la del Conde de Rougemont. Era un Se\u00f1or de Saboya retirado en Francia, cuando Enrique IV uni\u00f3 la Bresse a su Reino. Hab\u00eda pasado toda su vida en la Corte, y de ella hab\u00eda tomado como sucede m\u00e1s que de ordinario a los que la frecuentan, los sentimientos y las m\u00e1ximas. Como los duelos eran por entonces la pasi\u00f3n dominante de la gente de clase y el medio m\u00e1s corriente de adquirirse esta falsa reputaci\u00f3n de la que son tan celosos, el Conde de Rougemont que amaba la gloria y que no sab\u00eda ni perdonar ni disimular una injuria, era uno de los m\u00e1s grandes duelistas de su siglo. Siempre se encontraba listo para echar mano a la espada, bien para vengar a aquellos de sus amigos que le ped\u00edan auxilio, bien para terminar sus querellas personales. Como era grande, flexible y vigoroso, siempre llevaba ventaja. Apenas se creer\u00eda, dec\u00eda nuestro Santo hablando de \u00e9l, a cu\u00e1ntos hab\u00eda maltratado, herido y causado la muerte, se hab\u00eda convertido en el terror de la Regi\u00f3n; y aquel que no andaba recto con \u00e9l, estaba seguro <em>de quedar despachado\u00a0 enseguida. <\/em>Una vez difundida la reputaci\u00f3n de Vicente por toda la Bresse, el Conde quiso conocer en persona a un hombre, de quien o\u00eda tantas cosas extraordinarias. Se fue a verle varias veces en Chatillon. Le habl\u00f3 a menudo de los asuntos de su salvaci\u00f3n y de su conciencia, y \u00e9l se abri\u00f3 sin esfuerzo, incluso en la conversaci\u00f3n, sobre los excesos, de los que hasta entonces se hab\u00eda gloriado, y que por otro lado no eran ignorados de nadie. La palabra del Siervo de Dios fue para \u00e9l como esa reja de doble filo de que habla la Escritura; entr\u00f3, penetr\u00f3 hasta los \u00faltimos pliegues de su alma, hasta las junturas y m\u00e9dulas. Este hombre que hab\u00eda hecho temblar a tantos comenz\u00f3 a temer \u00e9l mismo. Su conciencia le produjo horror, y para calmarla lo antes posible tom\u00f3 el partido de someterse a la direcci\u00f3n del Santo, y de entregarse a \u00e9l sin medida ni reserva. Su retorno a Dios fue tan completo como r\u00e1pido; no pas\u00f3 apenas por esos grados de debilidad y de imperfecci\u00f3n, que con mucha frecuencia se encuentran en la conversi\u00f3n de la mayor parte de los penitentes; y a Vicente le cost\u00f3 m\u00e1s moderar su fervor que a los dem\u00e1s Directores les cuesta de ordinario inspir\u00e1rselo a los que les falta. Toda la Provincia se sorprendi\u00f3 al ver a un hombre vengativo, sensible hasta el exceso, y que no conoc\u00eda otras leyes que las del bienestar del siglo, abrazar en menos de quince d\u00edas los m\u00e1s rigurosos ejercicios de una vida perfectamente Cristiana. Comenz\u00f3 por vender su Tierra de Rougemont; y\u00a0 de los m\u00e1s treinta mil escudos que sac\u00f3, no hubo ni siquiera un \u00f3bolo que no lo empleara, sea en fundar Monasterios, sea en aliviar a los que se hallaban en la indigencia. El Castillo de Chandes, donde resid\u00eda de ordinario, era como un Hospicio com\u00fan para los Religiosos, y una especie de hospital para todos los pobres: sanos y enfermos eran tratados en \u00e9l con toda la atenci\u00f3n, toda la caridad posible. Nada les faltaba, ni para las necesidades del cuerpo, ni para las del alma; porque el Conde manten\u00eda a Eclesi\u00e1sticos que no ten\u00edan otra ocupaci\u00f3n que la de consolarlos, prestarles todo los servicios de los que eran capaces, y \u00e9l animaba con su ejemplo a aquellos de su gente a quienes hab\u00eda encargado de esta buena obra; no les dejaba hacer m\u00e1s que lo que \u00e9l no pod\u00eda\u00a0 hacer \u00e9l mismo. No hab\u00eda en toda la extensi\u00f3n de sus Tierra ning\u00fan pobre enfermo que \u00e9l no visitara y sirviera en persona; y cuando se ve\u00eda obligado a ausentarse, lo que era bastante raro, les hac\u00eda visitar y servir por sus criados.<\/p>\n<p>Ten\u00eda una idea tan alta de la pobreza que, aunque poseyera su bien, menos como Amo\u00a0 que como ec\u00f3nomo encargado de hacerle valer en provecho de los desamparados, quer\u00eda absolutamente renunciar a ello, para conformarse a la conducta de aquel que siendo rico se hizo pobre por nosotros. Vicente necesit\u00f3 de toda su autoridad para impedirle dar este paso; y el Conde necesit\u00f3 de toda su sumisi\u00f3n para ceder a sus consejos.<\/p>\n<p>Es el P. Des-Moulins, del Oratorio, quien nos ha transmitido todos estos datos, y su testimonio no puede ser sospechoso, ya que no ha dicho nada de lo que no haya sido testigo. <em>\u00a1Ah, Padre m\u00edo, <\/em>le dec\u00eda un d\u00eda el Conde de Rougemont, con los ojos ba\u00f1ados en l\u00e1grimas, <em>\u00bfes preciso que yo sea siempre tratado de Se\u00f1or, y que posea tantas cosas?\u00bfPorqu\u00e9 me impone el sr Vicente esta dura necesidad? \u00bfQu\u00e9 no me deja hacer? Os aseguro, <\/em>a\u00f1ad\u00eda, <em>que si me soltara la mano, antes de un mes, no poseer\u00eda ni una pulgada de tierra; y yo no llego a comprender c\u00f3mo un cristiano puede tener nada propio, viendo al Hijo de Dios tan pobre en la Tierra.<\/em><\/p>\n<p>Como la luz de los Justos, por muy viva que sea al principio, crece siempre, y se aumenta hasta formar un d\u00eda perfecto, el conde hac\u00eda cada d\u00eda nuevos progresos. Obtuvo del Arzobispo de Lyon el permiso de tener el Sant\u00edsimo Sacramento en la Capilla, para reanimar\u00a0 m\u00e1s frecuentemente su fe y su amor. All\u00ed, postrado a los pies de su Salvador, repasaba en la amargura de un justo dolor las ignorancias de su juventud, y los excesos de una edad m\u00e1s avanzada; lloraba con l\u00e1grimas de sangre la p\u00e9rdida irreparable de tantas almas que el amor de una falsa gloria le hab\u00eda hecho precipitar en el abismo; y pon\u00eda su boca en el polvo, como el Profeta, para alcanzar un rayo de esperanza. Daba con regularidad al menos tres horas al d\u00eda, y a veces cuatro, a la meditaci\u00f3n. La hac\u00eda siempre con la cabeza descubierta, de rodillas y sin apoyo. La Pasi\u00f3n y los sufrimientos de J.C. eran el gran objeto de sus reflexiones. Su piedad le llev\u00f3 un d\u00eda a saber cu\u00e1ntos golpes hab\u00eda recibido el Hijo de Dios en su flagelaci\u00f3n; se mir\u00f3 a s\u00ed mismo, poniendo la vista en sus antiguos des\u00f3rdenes, como uno de los principales ministros de esta sangrienta ejecuci\u00f3n; y para redimir sus pecados con una limosna, que tuviera alguna relaci\u00f3n con el n\u00famero, dio a la Casa del Oratorio de Lyon tantos como llagas hab\u00eda causado a su divino Salvador.<\/p>\n<p>Vicente, para quien no ten\u00eda ning\u00fan secreto, habiendo ido una vez a visitarle, el Conde le declar\u00f3 que todos sus ejercicios de piedad no ten\u00edan otro fin que el del perfecto desprendimiento de las criaturas. Ya que, a\u00f1ad\u00eda, estoy persuadido de que si no poseo nada en el mundo, ser\u00e9 todo de Dios y por eso examino cuidadosamente si la amistad de un vecino, de un pariente, de un hombre de consideraci\u00f3n, me detiene; o si mis bienes, mis pasiones, la vanidad y el amor a m\u00ed mismo son obst\u00e1culos al progreso que debo hacer en la perfecci\u00f3n; y en el momento que me doy cuenta que algo me aparta de mi soberano bien, acudo a la oraci\u00f3n y, sin dudarlo un momento, rompo, corto, rasgo el lazo funesto, que no podr\u00eda apegarme a la tierra, sin alejarme del Cielo.<\/p>\n<p>Este detalle penetraba a nuestro Santo con el m\u00e1s dulce consuelo; pero lo que a\u00f1adi\u00f3 el Conde no le produjo menos. Le cont\u00f3 pues que yendo de viaje un d\u00eda, y ocup\u00e1ndose de Duios por el camino como siempre, se puso a examinar con una atenci\u00f3n renovada si desde el momento que hab\u00eda formado el plan de renunciara los afectos del siglo hab\u00eda todav\u00eda alguno que no estuviera desterrado de su coraz\u00f3n. Y recorri\u00f3 los asuntos, las alianzas, las ideas de reputaci\u00f3n y de honor, y esa cantidad infinita de distracciones que cautivan al hombre casi sin darse cuenta. En medio de esta discusi\u00f3n que le dur\u00f3 largo tiempo, puso los ojos en su espada; y se pregunt\u00f3 a s\u00ed mismo porqu\u00e9 la llevaba todav\u00eda. Su esp\u00edritu agitado le ofreci\u00f3 razones en pro y en contra. Le hac\u00eda ver que si fuera atacado, estar\u00eda perdido, si no la tuviera; pero tambi\u00e9n le hizo ver que la facilidad de servirse de ella podr\u00eda otra vez serle funesta. Este combate interior le hizo sentir que los Siervos de Dios son siempre hombres por alguna raz\u00f3n; y aquel que ha sacrificado lo que ten\u00eda como m\u00e1s importante se puede apegar a\u00fan a una bagatela. <em>\u00bfQu\u00e9 har\u00e9, oh Dios m\u00edo?, <\/em>exclam\u00f3<em> Un instrumento como \u00e9ste de mi verg\u00fcenza y de mi pecado es capaz todav\u00eda de tenerme encaprichado? No encuentro otra cosa que esta espada que me estorba. <\/em>Se acab\u00f3, no tendr\u00e9 ya m\u00e1s la debilidad de servirme de ella ni de llevarla nunca. A estas palabras, se ape\u00f3 del caballo, rompi\u00f3 contra una piedra esta espada que le hab\u00eda sido tan querida; despu\u00e9s de romperla, continu\u00f3 su camino. Estaba de acuerdo que este sacrificio le hab\u00eda costado mucho; pero confesaba tambi\u00e9n que, despu\u00e9s de hacerlo, experiment\u00f3 una paz, una libertad, un desprendimiento tan completo y tan perfecto que espera ser en adelante todo de Dios, y de \u00e9l solamente.<\/p>\n<p>Esta confianza, que no estaba fundada m\u00e1s que en los m\u00e9ritos del Hijo de Dios, no qued\u00f3 confundida. El Conde de Rougemont camin\u00f3 hasta el \u00faltimo momento por el sendero que su Director le hab\u00eda se\u00f1alado. Fue probado hacia el final de sus d\u00edas por una larga y molesta enfermedad; pero su amor y la fidelidad fueron m\u00e1s constantes que sus dolores continuos. Por fin, pronto a partir para la eternidad, pidi\u00f3 con insistencia a los PP. Capuchinos, y recibi\u00f3 con respeto el h\u00e1bito humilde\u00a0 de S. Francisco. Este saco de penitencia le pareci\u00f3 m\u00e1s glorioso que todas las dignidades de que hab\u00eda sido revestido. Nadie dud\u00f3 de que su muerte no fuera preciosa a los ojos del Se\u00f1or, todos le colmaron de bendiciones; pero no se las daban sin hacerlas subir hasta Vicente de Pa\u00fal, a quien el Conde era, despu\u00e9s de Dios, deudor de su conversi\u00f3n, y sin el cual habr\u00eda podido morir como hab\u00eda vivido por tanto tiempo, es decir en el desorden y en la impenitencia.<\/p>\n<p>Vicente no limit\u00f3 su celo a los que S. Pablo llama los dom\u00e9sticos de la Fe, lo extendi\u00f3 a los que las nuevas herej\u00edas hab\u00edan separado de la Iglesia. Uno de los primeros cuya conversi\u00f3n emprendi\u00f3 fue el se\u00f1or Beynier, el mismo con quien se hab\u00eda alojado al llegar a Chatillon. Era un joven a quien sus padres hab\u00edan transmitido sus errores y sus bienes de consideraci\u00f3n, y por consiguiente una gran facilidad de sumergirse en toda clase de des\u00f3rdenes: los gastaba sin tino y llevaba una vida que nada ten\u00eda de edificante. Vicente, a ejemplo del Hijo de Dios, que conversaba con toda facilidad con los publicanos y que se preocupaba m\u00e1s de los enfermos que de los sanos, se insinu\u00f3 poco a poco en su esp\u00edritu. Y le hizo sentir el peligro al que sus malas costumbres y su herej\u00eda expon\u00edan su salvaci\u00f3n eterna. Le separ\u00f3 insensiblemente de la compa\u00f1\u00eda de una multitud de libertinos que le asediaban antes y que con toda facilidad lograban inspirarle los sentimientos de que ellos estaban imbuidos. Por fin le hizo ver de la manera m\u00e1s viva que si el libertinaje est\u00e1 en consonancia\u00a0 con una Religi\u00f3n, que hace a Dios Autor del pecado, no est\u00e1 de acuerdo con la verdadera Religi\u00f3n de JC.<\/p>\n<p>Las palabras del Hombre de Dios movieron finalmente al se\u00f1or Beynier. Pareci\u00f3 m\u00e1s prudente, m\u00e1s moderado, m\u00e1s circunspecto en su conducta. Este cambio inopinado alarm\u00f3 a los Ministros de Chatillon. Ellos no hab\u00edan parecido apurarse porque Beynier continuara viviendo en el libertinaje; pero tuvieron en mucho perderlo. Un hombre rico es un objetivo para los Sectarios; su bien ayuda al partido, y su nombre engrosa la lista. Pusieron toda la carne en el asador para retener a un hombre, que no resultaba sospechoso sino porque se hab\u00eda vuelto prudente. Pero los reproches, los ruegos y las s\u00faplicas fueron in\u00fatiles. Los momentos de Dios hab\u00edan llegado; y el nuevo pros\u00e9lito despu\u00e9s de renunciar a sus des\u00f3rdenes, renunci\u00f3 a su herej\u00eda. Vicente habr\u00eda podido recibir su abjuraci\u00f3n, seg\u00fan el poder que le hab\u00eda dado el sr de Marquemont Arzobispo de Lyon, pero su humildad no se lo permiti\u00f3; cedi\u00f3 este honor a otros. No le import\u00f3 que se creyera entre el P\u00fablico que no ten\u00eda ninguna parte en la doble conversi\u00f3n del se\u00f1or Beynier; aunque Dios no se hubiera servido m\u00e1s que de \u00e9l para realizarla. Es la advertencia que hizo entonces el P. Des-Moulins Superior de los Sacerdotes del Oratorio de Macon.<\/p>\n<p>Si el regreso del sr Beynier a la Iglesia Romana dio mucho honor al celo y a la capacidad de Vicente de Pa\u00fal, la regularidad constante de su conducta no lo hizo menos. Entr\u00f3 con una rapidez sorprendente en la pr\u00e1ctica de las mayores virtudes del Cristianismo. Resolvi\u00f3 guardar el celibato durante toda su vida. Entreg\u00f3 en una semana dos o tres propiedades que nadie le reclamaba; pero cuya adquisici\u00f3n hecha por sus parientes, que quiz\u00e1s no eran muy escrupulosos, le parec\u00eda sospechosa. Fue tan rico para con Dios y para con los pobres que son sus miembros como pr\u00f3digo hab\u00eda sido en gastos superfluos. Auxiliaba con abundancia a todos los miserables que se presentaban a \u00e9l. Su caridad se declar\u00f3 m\u00e1s que nunca en la peste y en el hambre que, unos a\u00f1os despu\u00e9s de la salida de Vicente afligieron a la Ciudad de Chatillon. En una palabra, llev\u00f3 la liberalidad tan lejos que, a fuerza de dar, bien a las Iglesias bien a los pobres, se hizo pobre \u00e9l mismo; el escaso bien que le quedaba cuando Dios lo llam\u00f3 a s\u00ed, no fue empleado, seg\u00fan sus \u00faltimas intenciones, en otra cosa que en obras de piedad y de misericordia. El lector advertir\u00e1 m\u00e1s de una vez en la historia que escribimos que la caridad hacia el pr\u00f3jimo era la virtud favorita de nuestro Santo y que pose\u00eda un talento singular para comunic\u00e1rsela a todos aquellos que ten\u00edan alguna relaci\u00f3n con \u00e9l.<\/p>\n<p>La conversi\u00f3n de Beynier fue seguida de otras m\u00e1s: pero no hubo ninguna que diera tanto que hablar como la de los Se\u00f1ores Garron; porque no hubo otra que fuera m\u00e1s trascendente. Su padre, que hab\u00eda sido Oficial en la Compa\u00f1\u00eda de las Gentes de armas del sr Duque de Montpensier, era uno de los m\u00e1s celosos partidarios de la Religi\u00f3n pretendida reformada. El cambio de Beynier su cu\u00f1ado le hab\u00eda indignado; pero cuando vio que se comenzaba a a desenga\u00f1ar\u00a0 a sus propios hijos, no se contuvo. Puso en pr\u00e1ctica todo lo que la autoridad paterna tiene m\u00e1s capaz de hacer impresi\u00f3n. Amenaz\u00f3 a sus hijos con desheredarlos. Hizo comparecer a Vicente ante la C\u00e1mara del Edicto en Grenoble. Puso en movimiento a sus amigos y a sus Ministros. Todo fue in\u00fatil, ya que no hay fuerza ni poder que prevalezca contra los designios de Dios. Todos sus hijos se convirtieron: uno de ellos hizo su abjuraci\u00f3n en Montpellier en las manos del sr Feno\u00fcillet, que era el Obispo; los otros la hicieron en Chatillon. Al desdichado padre esto le caus\u00f3 la muerte de dolor; pero la propia muerte reanim\u00f3\u00a0 la fe de la familia. El mayor de sus hijos entr\u00f3 en la Orden de los Capuchinos; la hija se hizo Religiosa Ursulina; los otros se quedaron en el siglo y dieron grandes ejemplos de caridad, de desinter\u00e9s, y sobre todo de celo por la gloria de Dios.<\/p>\n<p>El servicio importante de Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda hecho a los Se\u00f1ores Garron no se les borr\u00f3 nunca de la mente. Creyeron un deber ordenar su conducta sobre las m\u00e1ximas que les hab\u00eda ense\u00f1ado, y le consultaban en sus dudas. Tenemos a\u00fan una carta, 27 de agosto de 1656, por la que uno de ellos le ped\u00eda, casi cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, su opini\u00f3n sobre un asunto importante. Esta carta da a entender tan bien el respeto que sent\u00edas por nuestro Santo los que le hab\u00edan tratado y el talento que pose\u00eda para formarlos en las m\u00e1s sublimes virtudes, que si bien un tanto anticuada por el estilo, creemos tener el deber de incluirla aqu\u00ed en sus propios t\u00e9rminos. <em>Soy uno de vuestros hijos en J.C. que recurre a vuestra bondad paternal, cuyos efectos sinti\u00f3 en otro tiempo, cuando engendr\u00e1ndole para la Iglesia por la absoluci\u00f3n de la herej\u00eda, que vuestra caridad le dio p\u00fablicamente en la Iglesia de Chatillon-l\u00e8s-Dombes, el a\u00f1o 1617, le ense\u00f1asteis los principios y las m\u00e1s hermosas m\u00e1ximas de la Religi\u00f3n Cat\u00f3lica, Apost\u00f3lica y Romana, en la que por la misericordia de Dios he perseverado y espero continuar el resto de mi vida. Yo soy el peque\u00f1o Jean Garron sobrino del se\u00f1or Beynier de Chatillon, en cuya casa os hospedasteis al llegar aqu\u00ed. Os suplico que me deis el socorro que me es necesario, para evitar que no haga nada contra los designios de Dios. Tengo un hijo \u00fanico quien, al acabar sus Clases, se ha formado el plan de hacerse Jesuita. Es el hijo m\u00e1s aventajado de los bienes de fortuna, que exista en toda esta Provincia. \u00bfQu\u00e9 debo hacer? Mi duda procede de dos cosas, etc. <\/em>Despu\u00e9s de exponer las razones en pro y en contra de este plan, concluye con estas palabras: <em>Temo equivocarme, y he cre\u00eddo que podr\u00edais hacerme la gracia de dar vuestros consejos sobre ello a uno de vuestros hijos que os los suplica humildemente. Os complacer\u00e1 que os diga que en Chatillon la Asociaci\u00f3n de la Caridad de las Siervas de los pobres sigue en vigor. <\/em><\/p>\n<p>No sabemos qu\u00e9 respuesta dio el Santo a esta carta; pero no se puede dudar que le consol\u00f3 mucho en su extrema ancianidad. Por un lado, ve\u00eda en ella a un padre de familia que, lleno del Esp\u00edritu, del que le hab\u00eda animado en otro tiempo, estaba preparado a privarse de un hijo, que era su alegr\u00eda y su consuelo y que no difer\u00eda hacer el sacrificio a Dios m\u00e1s que porque dudaba todav\u00eda si le ser\u00eda agradable. Por otra parte, aprend\u00eda que el Se\u00f1or continuaba bendiciendo las obras de sus anos, y que la primera Fundaci\u00f3n que hab\u00eda hecho en favor de los pobres, subsist\u00edan en toda su dimensi\u00f3n, este \u00faltimo art\u00edculo, que se refer\u00eda a los pobres,\u00a0 a los que Vicente am\u00f3 siempre tan tiernamente, debi\u00f3 sobre todo llegarle al alma; y el ardor con el que multiplic\u00f3 hasta la muerte la Cofrad\u00eda de la Caridad, puede f\u00e1cilmente llevar a pensar con qu\u00e9 placer oy\u00f3 que la que hab\u00eda servido de modelo a todas las dem\u00e1s, no hab\u00eda deca\u00eddo. No podemos dejar de dar a conocer la naturaleza de una Fundaci\u00f3n tan \u00fatil al p\u00fablico. Lo haremos en pocas palabras; pero hemos de comenzar por explicar lo que llev\u00f3 a nuestro Santo a formar su plan, y a ejecutarlo. Se advertir\u00e1 la verdad de lo que dijo tantas veces el Siervo de Dios, que en las diferentes Fundaciones, de las que se le hac\u00eda autor, no hab\u00eda nada suyo; que todo se hac\u00eda sin ning\u00fan plan de su parte, y que nunca hab\u00eda pensado que estos d\u00e9biles comienzos debieran tener los frutos felices que Dios tuvo a bien darles.<\/p>\n<p>Vicente estando un d\u00eda de Fiesta preparado para subir al P\u00falpito para hacer una exhortaci\u00f3n a su pueblo, una de aquellas dos Se\u00f1oras \u2013Sra. de la Chassaigne- de quienes he hablado antes, le detuvo un momento y le rog\u00f3 que encomendara a las caridades de sus Parroquianos a una familia en extrema pobreza, en la que la mayor parte de los ni\u00f1os y criados hab\u00edan ca\u00eddo enfermos en una Granja, alejada una media legua de Chatillon. Lo hizo con aquella unci\u00f3n que le era natural, y que parec\u00eda redoblarse cada vez que se trataba del inter\u00e9s de los que se hallaban en la miseria. Dej\u00f3 claro con mucha fuerza la necesidad de socorrer a los pobres, sobre todo cuando la enfermedad va unida a la indigencia, y que no est\u00e1n en condiciones de valerse por s\u00ed mismo, como no lo estaban los que recomendaba.<\/p>\n<p>Dio tanto peso y eficacia Dios a sus palabras que, despu\u00e9s de la Predicaci\u00f3n, un gran n\u00famero de los que las hab\u00edan escuchado salieron para ir a visitar a aquella pobre gente; nadie fue con las manos vac\u00edas; unos les llevaron pan, otros vino, carne, y otras cosas parecidas. Vicente fue tambi\u00e9n despu\u00e9s de V\u00edsperas con algunos de los habitantes de Chatillon. Como no sab\u00eda que tanta gente hubiese estado all\u00ed antes que \u00e9l, qued\u00f3 sorprendido de encontrase en el camino con una multitud de gentes que volv\u00edan en grupos, y algunos descansaban debajo de los \u00e1rboles, porque el calor era excesivo. Alab\u00f3 su celo pero no lo encontr\u00f3 bastante prudente. <em>Esto es una gran caridad, <\/em>dijo, <em>pero no est\u00e1 bien reglada. Estos obres tendr\u00e1n demasiadas provisiones a la vez, esta misma abundancia har\u00e1 que una parte sea in\u00fatil. Las que no se consuman al momento, se estropear\u00e1n yse\u00a0 echar\u00e1n a perder, y estos pobres desdichados volver\u00e1n muy pronto a su primera necesidad.<\/em><\/p>\n<p>Esta primera reflexi\u00f3n llev\u00f3 a Vicente, que ten\u00eda un esp\u00edritu de organizaci\u00f3n y de sistema, a examinar por qu\u00e9 medio se podr\u00eda socorrer con orden no s\u00f3lo a esta familia afligida, que era entonces el objeto de su celo, sino a todos cuantos en lo sucesivo se encontraran en una necesidad parecida. Y lo trat\u00f3 con algunas mujeres de la Parroquia que pose\u00edan bienes y piedad. Se convino muy pronto en la manera c\u00f3mo se hab\u00eda de proceder. Todas quisieron tomar parte en una obra tan buena; y el Santo, para aprovechar estas felices disposiciones, elabor\u00f3 un Proyecto de Reglamento, que quiso que se probara durante alg\u00fan tiempo antes de ponerle el sello de la Aprobaci\u00f3n de los Superiores Eclesi\u00e1sticos. Vicente ten\u00eda una m\u00e1xima que sigui\u00f3 siempre, cuando no se le forz\u00f3 a abandonarlo, a la que\u00a0 los que se hallaban presentes no podr\u00edan prestar demasiada atenci\u00f3n. Estaba persuadido que un hombre prudente debe ajustar sus ideas a la experiencia; y que hay mil cosas que, aunque muy hermosas en la especulaci\u00f3n, no son ni posibles ni ventajosas en la pr\u00e1ctica asimismo aunque no hizo nunca nada sin consultarlo con Dios y o\u00edr el consejo de las personas m\u00e1s experimentadas, se cuidaba mucho de no dar nada por definitivo hasta despu\u00e9s de una prueba suficiente. Es lo que hizo en relaci\u00f3n con el Reglamento de la nueva Asociaci\u00f3n, a la que se dio desde entonces el nombre de Cofrad\u00eda de la Caridad; y \u00e9l no pidi\u00f3 su Aprobaci\u00f3n hasta que cerca de tres meses de experiencia le hicieron saber que no hab\u00eda nada que arriesgar. Obtuvo f\u00e1cilmente esta Aprobaci\u00f3n; y el Vicario General que la otorg\u00f3 en ausencia del sr de Marquemont hizo justicia al celo y a la sabidur\u00eda del P\u00e1rroco de Chatillon. Vamos a hacer un resumen de este Reglamento, que podr\u00e1 servir de modelo a los que su piedad y el amor a los pobres llevar\u00e1n a hacer otras Fundaciones semejantes para hacerlo con mayor orden, lo dividiremos en diez Art\u00edculos. Aquellos a quienes estas clases de detalles no les gusten, podr\u00e1n ahorrarse su lectura.<\/p>\n<p>1\u00ba. Las personas que se re\u00fanan para auxiliar a los pobres enfermos se propondr\u00e1n a J.C. como modelo. Recordar\u00e1n que este divino Salvador, que es la caridad misma, no recomend\u00f3 nada con mayor insistencia que la pr\u00e1ctica de las obras de misericordia, y que propuso a todos los cristianos con estas palabras: <em>Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.<\/em> Y con aquellas otras: <em>Venid bienamados de mi Padre, poseed el reino que se os ha preparado desde el comienzo del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer, estuve enfermo y me visitasteis.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em>2\u00ba. No se admitir\u00e1 en este empleo de Caridad m\u00e1s que a mujeres y j\u00f3venes cuta virtud y prudencia sean reconocidas. Unas y otras no ser\u00e1n recibidas sino con el consentimiento de las personas de quienes dependan. No tendr\u00e1n otro nombre que el de Siervas de los pobres, y tendr\u00e1n a gloria llevarlo. Para prevenir la confusi\u00f3n que vendr\u00eda por la multitud, no se recibir\u00e1 m\u00e1s que a un cierto n\u00famero. Este n\u00famero fue fijado por Vicente en veinticuatro para la Ciudad de Chatillon.<\/p>\n<p>3\u00ba. Para establecer el orden, y una justa subordinaci\u00f3n entre estas diferentes personas, ellas elegir\u00e1n a los ojos del P\u00e1rroco de la Parroquia a una Superiora y dos Asistentas. La Superiora velar\u00e1 por la observancia del Reglamento. Ella se dedicar\u00e1, en cuanto le sea posible, a hacer que los pobres enfermos sean alimentados y atendidos. No los admitir\u00e1 a\u00a0 las caridades de la Cofrad\u00eda sino cuando sean verdaderamente pobres; los despedir\u00e1 cuando no tenga ya necesidad de auxilios. En todo esto no har\u00e1 nada sin el parecer de las dem\u00e1s Oficialas, a menos que se den casos tan urgentes que no pueda consultarlas; y entonces se ver\u00e1 obligada a dales lo antes posible cuenta de las razones que tuvo de actuar sin su participaci\u00f3n. Cada una de las que compongan la Asamblea respetar\u00e1 y amar\u00e1 con toda sinceridad a la que est\u00e9 presidiendo. La obedecer\u00e1n en todo lo que se refiera al servicio de los pobres; y para hacerlo con mayor facilidad, recordar\u00e1n que el Hijo de Dios fue obediente hasta la muerte y una muerte de Cruz.<\/p>\n<p>4\u00ba. La primera Asistenta, que ser\u00e1 al mismo tiempo la Tesorera,\u00a0 y el principal Consejo de la Superiora, guardar\u00e1 el dinero de la Cofrad\u00eda en un Cofre con dos cerraduras, de las que ella tendr\u00e1 una llave y la Superiora la otra. Podr\u00e1 sin embargo\u00a0 tener en mano un suma poco considerable para poder remediar los gastos imprevistos.<\/p>\n<p>5\u00ba. La segunda Asistenta, cuyos consejos seguir\u00e1 tambi\u00e9n la Superiora, estar\u00e1 encargada de guardar y conservar la ropa y los muebles que est\u00e9n destinados al servicio de los enfermos. Cuando los necesiten se los proporcionar\u00e1, despu\u00e9s de consultar a la Superiora y tendr\u00e1 cuidado de recogerlos despu\u00e9s de la enfermedad.<\/p>\n<p>6\u00ba. Adem\u00e1s de estas tres Oficialas, la Cofrad\u00eda elegir\u00e1 como Procurador a un hombre piadoso y aficionado al bien de los pobres y que pueda hacer su Capital de sus intereses. No se tomar\u00e1 para este empleo sino a un hombre de la Parroquia; Seglar o Eclesi\u00e1stico poco importa, con tal que sea virtuoso y caritativo. Tendr\u00e1 cuidado de escribir el producto de las Colectas que se hagan en la Iglesia o por las Casas; llevar\u00e1 tambi\u00e9n los asuntos que conciernan al fondo de lo temporal, despu\u00e9s de consultado el P\u00e1rroco y las Oficialas de la Cofrad\u00eda. Propondr\u00e1 en las Asambleas lo que juzgue m\u00e1s propio para bien de los pobres, lo que haya hecho o lo que querr\u00eda emprender para su servicio. Si la Cofrad\u00eda tiene una Capilla particular, velar\u00e1 por los Ornamentos, cumplir\u00e1 con las Misas, etc. Ser\u00e1 tenido como miembro de la Asociaci\u00f3n; y en esta calidad tendr\u00e1 parte\u00a0 en las indulgencias, que le ser\u00e1n concedidas, y tendr\u00e1 voz en las deliberaciones mientras ejerza\u00a0 su Oficio.<\/p>\n<p>7\u00ba. Como es muy \u00fatil a una Comunidad que los que la compongan se re\u00fanan de vez en cuando para tratar de lo que puede contribuir al bien y al progreso del Cuerpo en total y de cada uno de sus miembros, <em>las Sirvientas de los pobres <\/em>se reunir\u00e1n todos los terceros Domingos de cada mes. Se consultar\u00e1n y comunicar\u00e1n ese d\u00eda, si es posible escuchar\u00e1n despu\u00e9s de V\u00edsperas una breve Exhortaci\u00f3n que les har\u00e1 el P\u00e1rroco del lugar; se deliberar\u00e1 luego sobre la que pueda interesar a la Cofrad\u00eda. Si se necesita recoger los votos, el P\u00e1rroco ser\u00e1 encargado de hacerlo. Comenzar\u00e1 por las que han sido recibidas las \u00faltimas, y continuar\u00e1 siguiendo el tiempo de la recepci\u00f3n, y subiendo hasta el Procurador, las Asistentes y la Superiora.<\/p>\n<p>8\u00ba. Las Oficiales no podr\u00e1n estar en el cargo m\u00e1s que dos a\u00f1os. Expirado el cual, entregar\u00e1n sus cuentas en presencia del P\u00e1rroco, y de todos los habitantes de la Parroquia, que quieran hallarse all\u00ed. Ser\u00e1 el lunes despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s cuando se proceder\u00e1 a una nueva Elecci\u00f3n. Se continuar\u00e1 al Procurador, a no ser algo obligue a sustituirle por otro. Si alguna persona de la Cofrad\u00eda vive de una manera poco edificante o descuida el cuidado de los pobres, se le advertir\u00e1 con caridad; si no se corrige ser\u00e1 despedida.<\/p>\n<p>9\u00ba. Las necesidades espirituales de los enfermos ser\u00e1n todav\u00eda m\u00e1s el objeto del celo de la Cofrad\u00eda que sus necesidades temporales. Se comenzar\u00e1 pues por las primeras, que son m\u00e1s interesantes que las otras. Por eso se trabajar\u00e1 primero en llevar a los enfermos a hacer una buena Confesi\u00f3n. Se les har\u00e1 ver que nada es m\u00e1s propio para santificar al hombre, que los sentimientos y las aflicciones cuando se los recibe como es debido de la mano de Dios. Para no ver m\u00e1s su coraz\u00f3n, y hacerles m\u00e1s atentos, se les pondr\u00e1 ante los ojos la Imagen del Hijo de Dios atado a la Cruz. Se les ense\u00f1ar\u00e1 a unir sus penas con las del divino Salvador; y se les har\u00e1 ver que si el le\u00f1o verde ha sido tan mal tratado, un le\u00f1o seco y \u00e1rido, que no sirve para nada, merece un tratamiento mucho m\u00e1s riguroso. Cuando se lleve el S. Vi\u00e1tico a alguno que sea cuidado por la Cofrad\u00eda, la que sirva ese d\u00eda, limpiar\u00e1 la Casa del enfermo, y la adornar\u00e1, en cuanto le sea posible para recibir con decencia la visita del Hijo de Dios. La Cofrad\u00eda asistir\u00e1 en corporaci\u00f3n al Entierro de los pobres a quienes haya asistido durante su enfermedad, y mandar\u00e1 decir una misa por el descanso de sus almas.. se rendir\u00e1n, con mayor raz\u00f3n, a aquellas de las Hermanas, de las que Dios disponga, los mismos deberes de caridad.<\/p>\n<p>10\u00ba. Para impedir que una Asociaci\u00f3n, que no est\u00e1 compuesta con demasiada frecuencia m\u00e1s que de personas obligadas a vivir del trabajo de sus manos, cause perjuicio a la casa de aquellas que ser\u00e1n juzgadas dignas de ser admitidas, las Hermanas de la Cofrad\u00eda servir\u00e1n por turno a los enfermos, durante un d\u00eda solamente. Comenzar\u00e1 la Superiora, seguir\u00e1n las Asistentas y despu\u00e9s de ellas cada una de las dem\u00e1s, seg\u00fan el orden de su recepci\u00f3n. Se preparar\u00e1 el alimento de los enfermos, y se les servir\u00e1 con las propias manos. Lo har\u00e1n con ellos, como una madre llena de ternura lo hace con respecto a su hijo \u00fanico. <em>Les dir\u00e1n unas palabritas de nuestro Se\u00f1or, <\/em>y tratar\u00e1n de distraerlos y alegrarles, si parecen demasiado tristes por su mal.<\/p>\n<p>Vicente entra en detalles de lo que se debe dar a los enfermos como alimentaci\u00f3n. Como depende mucho de las circunstancias, no nos detendremos en ello Lo que acabamos de decir es suficiente ara dar una idea de su sabidur\u00eda y amor por los pobres. De esta manera se estableci\u00f3 en Chatillon la Cofrad\u00eda de la Caridad. Ser\u00eda dif\u00edcil, dice un testigo ocular,\u00a0 relatar todos los bienes que produjo, las conversiones de que ha sido el origen, y los auxilios que han recibido de ella los pobres, sobre todo en tiempos del contagio, de lo que ya hemos hablado. Los habitantes de Bourg y de las localidades vecinas, que fueron informadas de las ventajas que de ellas reca\u00edan en el p\u00fablico, las establecieron semejantes en sus lugares. El Hombre de Dios, a quien estos primeros \u00e9xitos hab\u00edan sorprendido y animado, la multiplic\u00f3 durante toda su vida, mientras lo pudo hacer. En pocos a\u00f1os la fund\u00f3 en Villepreux, en Joigni, en Montmirel, y en m\u00e1s de treinta Parroquias dependientes de la Casa de Gondi. De all\u00ed pas\u00f3 a Lorena, a Saboya, a Italia y a tantos otros lugares que no se podr\u00edan contar. Pero al menos se puede concluir, como se ha hecho desde hace mucho, que hay en una gran parte de Europa miles de pobres que deben todav\u00eda hoy a la caridad y a la sabia industria de Vicente de Pa\u00fal los auxilios temporales y espirituales que reciben de la piedad de los fieles.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, como el Santo Sacerdote, por poco celoso que fuera para el consuelo de todos los miserables, sent\u00eda una atracci\u00f3n particular hacia los pobres del campo, que por lo com\u00fan son los m\u00e1s abandonados, no pens\u00f3 en un principio en introducir la nueva Cofrad\u00eda en las Ciudades importantes. Con todo se vio pronto obligado a establecerla en la Capital misma del Reino. Algunas Damas de calidad que ten\u00edan Casas de campo en la Isla de Francia y en las Provincias vecinas, donde el santo hab\u00eda dado Misiones, vieron y admiraron los grandes bienes que proven\u00edan de una Asociaci\u00f3n tan santa: se acordaron al mismo tiempo que, aunque el Hotel-Dieu de Par\u00eds no estuviera cerrado a nadie, hab\u00eda no obstante en esta Ciudad inmensa un gran n\u00famero de Artesanos y de Obreros, a quienes la verg\u00fcenza u otras razones imped\u00edan dejarse llevar all\u00ed, cuando ca\u00edan enfermos, y que esta clase de personas, a quienes les falta de todo, una vez que se hallan sin trabajo, se encontraban tarde o temprano reducidas al estado del mundo m\u00e1s necesitado; sin recursos, ni sustento ni consuelo. Ellas hablaron a los Se\u00f1ores P\u00e1rrocos y les propusieron la Fundaci\u00f3n de la Cofrad\u00eda de la Caridad, como un medio propio para detener un mal sobre el que gem\u00edan\u00a0 ellos mismos hac\u00eda tiempo. Algunos de ellos le hablaron a nuestro Santo; y como estuvieran persuadidos que hab\u00eda una bendici\u00f3n particular unida a todas las obras que pasaban por sus manos, le rogaron que se encargara de la empresa, y a\u00f1adiera a su primer Plan o quitara lo que juzgara conveniente, en atenci\u00f3n a la diversidad de los lugares y de las personas. El S. Hombre lo hizo con aquella actividad que le era natura natural cuando se trataba del inter\u00e9s de los pobres. La primera Parroquia en la que fund\u00f3 la Cofrad\u00eda de la Caridad fue la de S. Salvador. Hizo en ella los mismos bienes que hab\u00eda hecho en todas las otras partes; los que menos aprueban las nuevas Fundaciones no pudieron por menos de estimar \u00e9sta, en lo que ella se merece, y se difundi\u00f3 con tanta rapidez por casi todas las Parroquias de Par\u00eds, que result\u00f3 f\u00e1cil ver que esta obra era del n\u00famero de aquellas que Dios tiene bajo su protecci\u00f3n. He cre\u00eddo relatar todos estos hechos por anticipaci\u00f3n para no caer en repeticiones tan fastidiosas para el Lector como poco favorables al Historiador.<\/p>\n<p>Trad. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La respuesta que dio Vicente a la Generala de las Galeras la afligi\u00f3; pero no por eso se desanim\u00f3. 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