{"id":402203,"date":"2019-03-25T08:29:34","date_gmt":"2019-03-25T07:29:34","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=402203"},"modified":"2019-03-16T17:30:46","modified_gmt":"2019-03-16T16:30:46","slug":"san-vicente-collet-5","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-collet-5\/","title":{"rendered":"San Vicente (Collet) 5"},"content":{"rendered":"<p>El Renegado dio all\u00ed se\u00f1ales de la m\u00e1s sincera conversi\u00f3n, y fue reconciliado en p\u00fablico por el Vicelegado Pierre Montorio. Este Prelado que estaba esperando las \u00f3rdenes de su Santidad para dirigirse a Roma, entretuvo a su lado hasta su partida a Vicente y a su antiguo Patr\u00f3n: a \u00e9ste porque quer\u00eda que lo recibieran en el Hospital de S. Juan de Dios, donde hab\u00eda hecho voto de entrar para hacer penitencia, y a Vicente porque ya sent\u00eda por \u00e9l una estima singular, y porque quer\u00eda demostrarle se\u00f1ales de ello; partieron alg\u00fan tiempo despu\u00e9s para esta Capital del Mundo Cristiano. Pero antes de iniciar el segundo viaje no podemos dispensarnos de dar a conocer c\u00f3mo se conoci\u00f3 al primero. Si la historia de la cautividad de Vicente de Pa\u00fal tiene algo que llame la curiosidad, la historia, si puedo expresarme as\u00ed, del modo como se ha descubierto esta triste y gloriosa esclavitud, es muy capaz de aumentar la piedad, y nosotros no podr\u00edamos suprimir este importante fragmento sin robar a nuestro Santo una parte de su gloria, y quitarnos a nosotros mismos el consuelo de dar a conocer hasta d\u00f3nde\u00a0 ha llevado la humildad, y c\u00f3mo se sobrepon\u00eda a s\u00ed mismo en una edad m\u00e1s madura, \u00e9l a quien vemos ya tan grande desde el comienzo de su carrera.<\/p>\n<p>Antes de que Vicente partiera de Avi\u00f1\u00f3n para Roma, escribi\u00f3 \u2013el 24 de julio de 1607- al sr de Comet el joven, hermano de aquel c\u00e9lebre Abogado que tanto hab\u00eda querido a nuestro Santo desde su infancia y que hab\u00eda muerto alg\u00fan tiempo antes. Le ped\u00eda que le enviara las Cartas de \u00f3rdenes y de grados; y como una ausencia tan larga como la suya hab\u00eda sembrado la alarma entre todos los que le conoc\u00edan, le hizo relaci\u00f3n detallada de todas sus aventuras y de su esclavitud, tal y como lo hemos hecho nosotros. Su Carta fue \u2013en 1658- m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s hallada entre otros papeles m\u00e1s por un gentilhombre de Acqs, que era sobrino del sr S. Martin. Este Gentilhombre que conoc\u00eda los estrechos lazos de su t\u00edo con Vicente, se la entreg\u00f3 en la mano. El sr de S. Martin envi\u00f3 una copia a su antiguo amigo, persuadido de que seg\u00fan el m\u00e9todo de los que est\u00e1n en una edad avanzada se rejuvenecer\u00e1n al leer sus antiguas aventuras.<\/p>\n<p>Aunque el sr S. Martin tuviera una alta idea de la virtud de Vicente, no conoc\u00eda toda su extensi\u00f3n. Hac\u00eda m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os que este gran Siervo de Dios no hallaba consuelo sino en el desprecio de s\u00ed mismo, la observancia rigurosa de la m\u00e1s profunda humildad. Exacto hasta resultar importuno en publicar y exagerar sus menores defectos, s\u00f3lo ve\u00eda las propias miserias, descubr\u00eda manchas en acciones donde los dem\u00e1s no ve\u00edan m\u00e1s que virtudes. Todo cuanto le tra\u00eda el recuerdo de sus trabajos para procurar la gloria de Dios, le resultaba insoportable. Por ello una vez que recibi\u00f3 la copia de su antigua Carta, la arroj\u00f3 al fuego, y enseguida escribi\u00f3 al sr S. Martin para suplicarle que le enviara el original. Este buen Can\u00f3nigo abri\u00f3 los ojos y no se dio prisas en consentir a los deseos de su amigo. Vicente reiter\u00f3 sus instancias, y seis meses antes de morir, hizo una nueva tentativa, pero tan viva y urgente que hubiera sido dif\u00edcil resistirla, si Dios que busca la gloria de sus Santos en la medida que trabajan en obscurecerse, no hubiera trastornado sus medidas. <em>Os conjuro, <\/em>dec\u00eda el Santo en su Carta, <em>por todas las gracias que Dios ha tenido a bien otorgaros, que me conced\u00e1is la de enviarme esta miserable Carta que hace menci\u00f3n de Turqu\u00eda. Hablo de la que el sr Dages ha encontrado entre los papeles de\u00a0 su se\u00f1or padre. Os ruego otra vez por las entra\u00f1as de J.C. Nuestro Se\u00f1or que me hag\u00e1is lo antes posible la gracia que os pido.<\/em><\/p>\n<p>Quien escrib\u00eda por Vicente y que conoc\u00eda perfectamente sus pasos, sinti\u00f3 en primer lugar que una carta que este Santo Hombre volv\u00eda a reclamar con tanto ardor, no pod\u00eda serle desfavorable; sab\u00eda que en ese caso bien lejos de suprimirla, habr\u00eda hecho lo posible por difundirla. Pens\u00f3 pues con mucha raz\u00f3n que conten\u00eda algo que redundaba en su gloria, y que no ped\u00eda el original m\u00e1s que para quemarlo como lo hab\u00eda hecho con la copia, para que nadie lo conociera. Por eso mand\u00f3 deslizar un billete en la carta misma de nuestro Santo y pidi\u00f3 al sr de S. Martin que dirigiera esta primera carta que Vicente le reclamaba a alg\u00fan otro que no fuera \u00e9l, si no quer\u00eda que se perdiera. El sr de S. Martin, que sab\u00eda que se desobedece inocentemente a sus amigos cuando se les desobedece s\u00f3lo para manifestar las gracias y las misericordias de Dios para\u00a0 ellos, sigui\u00f3 exactamente este consejo. Envi\u00f3 esta carta tan deseada al Superior del Seminario establecido en el Colegio de los Bons-Enfants. \u00c9ste tuvo buen cuidado de no advertir a Vicente, quien en efecto nunca supo nada. Sin este piadoso artificio, o ignorar\u00edamos por completo o no sabr\u00edamos m\u00e1s que de una manera muy vaga y muy confusa la esclavitud de Vicente de Pa\u00fal, la constancia invencible de que hizo gala y el modo c\u00f3mo se vio libre.<\/p>\n<p>Esta precauci\u00f3n del Santo por sustraer al p\u00fablico el conocimiento de un suceso tan extraordinario debe pasar por la prueba m\u00e1s completa del eminente grado en el que pose\u00eda la vigilancia Cristiana, y el talento en moderar su lengua. Mil veces habl\u00f3, escribi\u00f3 y conferenci\u00f3 sobre los asuntos y la triste situaci\u00f3n de los Cristianos cautivos en Berber\u00eda: no descuid\u00f3 nada para procurarles todos los auxilios que depend\u00edan de \u00e9l,\u00a0 logrando que fueran a ayudarlos\u00a0 todos los que estaban en situaci\u00f3n de hacerlo, y denunciando con toda la energ\u00eda de su celo la espantosa situaci\u00f3n en la que se encuentran esos miembros afligidos de J.C. En esta clase de ocasiones parece imposible no a\u00f1adir que no se adelanta m\u00e1s que lo que se ha experimentado por s\u00ed mismo. La historia de nuestras propias desgracias se repite siempre, cuando describimos desgracias parecidas. Un discurso fundado en su propia experiencia llega a tener algo m\u00e1s vivo y m\u00e1s conmovedor. Adem\u00e1s, Vicente habr\u00eda podido dar a su relato ese aire de piedad del que es tan susceptible. Pero todos estos motivos no pudieron llevarle a romper el silencio, y en el proceso verbal de su Beatificaci\u00f3n no se halla m\u00e1s que un solo testigo que le haya o\u00eddo hablar de su cautiverio.<\/p>\n<p>Es incluso moralmente seguro que no le hab\u00eda o\u00eddo hablar de ello m\u00e1s que en un tiempo en que la memoria era a\u00fan reciente, ya que el sr Daulier Secretario del Rey, que sab\u00eda adem\u00e1s toda esta historia, depuso jur\u00eddicamente que \u00e9l hab\u00eda puesto con toda intenci\u00f3n varias veces a Vicente en situaci\u00f3n, habl\u00e1ndole o de T\u00fanez o de los que est\u00e1n como esclavos, sin poder sacarle una palabra en relaci\u00f3n con su cautividad, o que pudiera incluso dar a entender\u00a0 que esta Pa\u00eds no le era desconocido. \u00c9l le conoc\u00eda sin embargo bastante bien, y no se puede dudar que el conocimiento que ten\u00eda no haya sido el principio del celo con que se esforz\u00f3 a los desafortunados a quienes hab\u00eda visto sufrir bajo el peso de sus cadenas, abrumados por un trabajo que sobrepasa sus fuerzas, expuestos a los m\u00e1s crueles ultrajes y, lo que es mucho peor, al peligro continuo de perder la Fe, desprovistos de todo consuelo y reducidos a llorar durante la noche el exceso de su desgracia, porque ser\u00eda un crimen llorarla delante de los que son su \u00fanica causa.<\/p>\n<p>Pero es hora de retomar el hilo de nuestra historia y volver a nuestro Santo, que hemos dejado en Roma. Se esforz\u00f3 en santificar cada momento que deb\u00eda pasar en esta ciudad c\u00e9lebre, que despu\u00e9s de ser por tanto tiempo el centro de la infidelidad y del error, es hoy el centro de la Fe y de la unidad. Mortific\u00f3 su curiosidad natural, que no fue llamada ni por estos monumentos soberbios, que una largo sucesi\u00f3n de siglos y el furor de los b\u00e1rbaros parecen haber respetado ni por esos restos fastuosos, cuyas ruinas anuncian todav\u00eda la magnificencia de la antigua Roma. Pero en recompensa concedi\u00f3 a la piedad todo cuanto pod\u00eda mantenerla y aumentarla. Visit\u00f3 las Iglesias, las Catacumbas, y todos los dem\u00e1s lugares que son m\u00e1s particularmente el objeto de la veneraci\u00f3n de los Fieles. \u00c9l confesaba treinta a\u00f1os despu\u00e9s en una carta que escribi\u00f3 a un Sacerdote de su Congregaci\u00f3n, que resid\u00eda en Roma, <em>que se sinti\u00f3 sobre manera consolado, <\/em>son sus propias palabras, <em>al verse en esta Ciudad maestra de la Cristiandad, donde se halla el Jefe de la Iglesia militante, donde est\u00e1n los cuerpos de S. Pedro y de S. Pablo y de tantos otros M\u00e1rtires y de Santos ilustres, quienes en otro tiempo vertieron su sangre y emplearon su vida por J. C. y que se ten\u00eda por afortunado de caminar por la tierra que tantos grandes santos hab\u00edan hollado, y que este consuelo le hab\u00eda enternecido hasta las l\u00e1grimas.<\/em><\/p>\n<p>Por dulces que fuesen estas santas ocupaciones para un coraz\u00f3n cuya piedad era tan tierna, Vicente no se limit\u00f3 a ello. Su pasi\u00f3n por el estudio, que hab\u00eda suspendido su cautiverio, se despert\u00f3, y como despu\u00e9s de cumplir lo que deb\u00eda a la Religi\u00f3n y al distraimiento, le quedaba a\u00fan bastante tiempo libre, volvi\u00f3 a tratar de cultivar su esp\u00edritu y a ampliar sus conocimientos. El Vicelegado le alojaba,\u00a0 le daba su mesa y prove\u00eda a su mantenimiento. Le admiraba cada vez m\u00e1s a medida que le conoc\u00eda mejor, hablaba de \u00e9l con elogios a todos aquellos a quienes encontraba, y fue eso mismo lo que se lo hizo perder m\u00e1s de lo que hubiera querido. Hab\u00eda por entonces en Roma varios ministros Franceses encargados ante el Papa \u2013Paulo V- de los asuntos del Rey. Los principales eran el Marqu\u00e9s de Br\u00e9ves, el mismo que dos a\u00f1os antes hab\u00eda pensado sin saberlo terminar la esclavitud de Vicente de Pa\u00fal; Denis de Marquemot Auditor de Rota, Charles de Gonzague Duque de N\u00e9vers, enviado para la Embajada de <em>Ob\u00e9dience. <\/em>Algunos de ellos o tal vez todos a la vez quisieron ver a un hombre de quien el Vicelegado dec\u00eda tantas cosas buenas. Apareci\u00f3, le entrevistaron varias veces, le sondearon, y agrad\u00f3; creyeron poderse abrir a \u00e9l, y le encargaron de una expedici\u00f3n importante, que exig\u00eda secreto y prudencias, y un hombre, que estando perfectamente instruido pudiera hablar de ello con el Rey, todas las veces que este Pr\u00edncipe lo tuviera a bien.<\/p>\n<p>Vicente parti\u00f3 pues de Roma y se hall\u00f3 en Francia a principios del a\u00f1o 1609. Tuvo el honor de conversar con el Rey todo el tiempo necesario para el asunto al que le hab\u00edan enviado. Este gran Pr\u00edncipe, que sab\u00eda juzgar bien de las cualidades del esp\u00edritu y del coraz\u00f3n, qued\u00f3 muy satisfecho de las que descubri\u00f3 en \u00e9l, y nadie puso en duda que por poco atento que estuviera a la Corte, no se ver\u00eda pronto recompensado. Pero Vicente ten\u00eda sentimientos m\u00e1s nobles y desinteresados, y profiri\u00f3 vivir pobre entre los brazos de la Providencia que exponerse al aire contagioso de la corte para hacerse rico. As\u00ed los que han cre\u00eddo que fue nombrado a la Abad\u00eda de S. L\u00e9onard de Chaulme por Enrique IV\u00a0 se equivocaron. Fue Luis XIII quien le nombr\u00f3 a la dimisi\u00f3n de Paul Hurault de l\u2019H\u00f4pital, Arzobispo de Aix.<\/p>\n<p>El santo Hombre se retir\u00f3 pues despu\u00e9s de desempe\u00f1ar su comisi\u00f3n, y cerrando los ojos a las primeras luces de la fortuna, esper\u00f3 en paz que Dios le manifestara sus designios. Comenz\u00f3 no obstante por cumplir esa vocaci\u00f3n com\u00fan a todos los cristianos, que consiste parcialmente en prestar al pr\u00f3jimo todos los servicios que se puedan. Tom\u00f3 un alojamiento en el Faubourg de S. Germain, bastante cerca del Hospital de la Caridad que se hab\u00eda establecido all\u00ed ocho a\u00f1os antes. All\u00ed iba con exactitud a visitar a los enfermos, les hac\u00eda exhortaciones conmovedoras, y les serv\u00eda como a sus hermanos con toda la solicitud posible. Esta caridad, a la que no se estaba muy acostumbrados en su tiempo sirvi\u00f3 en adelante de regla y de modelo a mucha gente, y sobre todo al c\u00e9lebre sr Bernard apodado el pobre Sacerdote, que en este g\u00e9nero y casi en todo otro ha hecho prodigios hasta el \u00faltimo momento de su vida.<\/p>\n<p>Uno de los primeros conocimientos que Vicente de Pa\u00fal hizo en Par\u00eds fue el del sr de B\u00e9rulle. Hac\u00eda ya mucho tiempo que este gran hombre pasaba por un modelo de la perfecci\u00f3n sacerdotal. Su celo por la gloria de Dios, su experiencia en la direcci\u00f3n de las almas, su oposici\u00f3n a todo lo que llevaba el car\u00e1cter de la novedad, sus \u00e9xitos en la conversi\u00f3n de los Herejes le atribu\u00edan en todos los lugares el buen olor de Jesucristo. Vicente pens\u00f3 que el trato de un hombre tan acabado no pod\u00eda sino serle de gran provecho. Le visit\u00f3 y estim\u00f3 tanto como merec\u00eda serlo, y se dirigi\u00f3 por sus consejos. El sr de B\u00e9rulle conoci\u00f3 muy pronto todo el valor de este nuevo amigo. La caridad form\u00f3 entre estos dos santos Sacerdotes nudos que no se rompieron nunca. Eran poco m\u00e1s o menos de la misma edad, las inclinaciones eran las mismas, y no ten\u00edan otra meta que su propia santificaci\u00f3n y la del pr\u00f3jimo, cada uno de ellos hab\u00eda pasado ya por el fuego de la tribulaci\u00f3n: por eso estaban los dos en el estado de sostenerse y afirmarse mutuamente. Vicente fue el primero a partir de este precioso conocimiento que tuvo necesidad de consuelo. No hac\u00eda un a\u00f1o que estaba en Par\u00eds cuando su paciencia fue puesta a una prueba capaz de hacerle echar de menos las cadenas que hab\u00eda llevado en T\u00fanez.<\/p>\n<p>Estaba alojado con un Juez de un peque\u00f1o lugar llamado <em>Sore<\/em>, situado en las Landas, y en el distrito del Parlamento de Burdeos. Como Vicente era del mismo cant\u00f3n, actuaban uno y otro con la mayor libertad, y alquilaron una habitaci\u00f3n com\u00fan. Habi\u00e9ndose levantado temprano el Juez de Sore, se fue a la ciudad por ciertos asuntos y se olvid\u00f3 de cerrar un Armario donde hab\u00eda dejado el dinero. Vicente, que se encontraba algo indispuesto, se qued\u00f3 en la cama esperando una medicina que deb\u00edan traerle. El mozo del Farmac\u00e9utico habiendo llegado alg\u00fan rato despu\u00e9s para d\u00e1rsela y buscando un vaso en el armario del Juez que vio abierto, encontr\u00f3 este dinero, se apoder\u00f3 de \u00e9l con toda habilidad, u se lo llev\u00f3 con toda la tranquilidad del mundo. La suma era de cuatrocientos escudos.<\/p>\n<p>El Juez a su regreso, se qued\u00f3 muy sorprendido, y m\u00e1s afligido a\u00fan al no encontrar ya su bolsa. Se la pidi\u00f3 con dolor, y muy pronto con enfado a Vicente de Pa\u00fal. \u00c9ste que no hab\u00eda visto nada de lo que hab\u00eda pasado y quien le habr\u00eda costado mucho creer el mal que habr\u00eda visto, muy lejos de sospechar aquello de lo que no hab\u00eda sido testigo, respondi\u00f3 que \u00e9l no lo hab\u00eda tomado ni visto tomar. Lo cual fue suficiente para que el Juez redoblara su mal humor. Estall\u00f3 sin miramientos; el estado pobre de Vicente, su silencio mismo y la paciencia pareci\u00e9ndole pruebas suficientes. Comenz\u00f3 por echarle de su compa\u00f1\u00eda, y este trato indigno no fue m\u00e1s que el preludio de una venganza m\u00e1s completa. Tom\u00f3 todas las medidas\u00a0 posibles para conocer a aquellos con quienes Vicente ten\u00eda relaci\u00f3n. Se traslad\u00f3 a sus casas, y all\u00ed pint\u00f3 al santo Var\u00f3n con los m\u00e1s negros colores. Oy\u00e9ndole, Vicente no era menos que un hip\u00f3crita y un ladr\u00f3n. Como la abundancia del coraz\u00f3n de este Juez era grande, su boca hablaba sin cesar, y no se agotaba nunca, cuando se trataba de lanzar invectivas contra el pretendido perverso que le hab\u00eda robado su dinero. Un d\u00eda, entre otros, fue a buscarlo en la casa del sr de B\u00e9rulle donde estaba con otras personas de honor y de piedad, y all\u00ed renov\u00f3 sus quejas en los t\u00e9rminos m\u00e1s ofensivos. Se dice incluso que llev\u00f3 el exceso y el esc\u00e1ndalo hasta hacerle presentar un Monitorio. Este hecho, si fuera verdad probar\u00eda de por s\u00ed que en este asunto se conculcaron\u00a0 las Leyes divinas y las Leyes humanas. Sea como fuere, el Siervo de Dios no perdi\u00f3 la paz del coraz\u00f3n. La calumnia, que a juicio del Esp\u00edritu Santo, conturba al hombre sabio y debilita su valor y firmeza, no produjo en Vicente de Pa\u00fal estos tristes efectos. Puso su confianza en Dios y se content\u00f3 con decir que quien le deb\u00eda juzgar un d\u00eda conoc\u00eda la verdad, y en el curso de este asunto que dur\u00f3 mucho tiempo y caus\u00f3 un revuelo espantoso, \u00e9l se domin\u00f3 tanto y conserv\u00f3 una igualdad de esp\u00edritu tan completa que no hubo lugar a enga\u00f1os sobre \u00e9l, a no ser los que quisieron dejarse enga\u00f1ar. Los prudentes y todos los que le siguieron de cerca quedaron tan edificados con su moderaci\u00f3n y su humildad que no s\u00f3lo no dudaron de su inocencia, sino que estimaron m\u00e1s que nunca su virtud y el talento singular que ten\u00eda de tener su alma en la calma y la paciencia.<\/p>\n<p>Aquel de entre todos que m\u00e1s le admir\u00f3, si bien un tanto demasiado tarde fue el mismo Juez que le hab\u00eda tratado tan cruelmente. El ladr\u00f3n que era como \u00e9l de la parte de Burdeos, volviendo a esta ciudad, fue detenido y puesto en prisi\u00f3n por alg\u00fan nuevo crimen, verdadero o falso del que fue acusado. Conoc\u00eda perfectamente al juez de Sore, y el Juez a \u00e9l. Sab\u00eda tambi\u00e9n que la bolsa que cogi\u00f3 le pertenec\u00eda. Presa de los remordimientos de conciencia, que de ordinario se hace o\u00edr mejor en el tiempo de la tribulaci\u00f3n que en cualquier otro, le envi\u00f3 a pedir que fuera a verle a la prisi\u00f3n y, bien porque no pens\u00f3 en la consecuencias del paso que quer\u00eda dar, bien porque creyera no tener nada que temer al dar el paso, le declar\u00f3 que era \u00e9l mismo quien hab\u00eda cometido el robo, del que hab\u00eda acusado a Vicente, y le prometi\u00f3 una pronta y entera restituci\u00f3n. El Juez de Sore sinti\u00f3 entonces toda la indignidad de su conducta y la injusticia de las persecuciones que hab\u00eda realizado seis a\u00f1os atr\u00e1s contra Vicente de Pa\u00fal. La alegr\u00eda de verse a punto de recobrar su dinero le impresion\u00f3 menos que el dolor de haber ennegrecido la reputaci\u00f3n de uno de los m\u00e1s virtuosos Eclesi\u00e1sticos que hubiera conocido nunca. Opon\u00eda sin cesar la paciencia de este santo Var\u00f3n a sus propios excesos, su moderaci\u00f3n a sus Arrebatos, su dulzura constante a sus invectivas continuas, y estaba inconsolable. Para aliviar su pena, se la comunic\u00f3 a quien hab\u00eda sido la ocasi\u00f3n. Escribi\u00f3 a Vicente una gran carta para pedirle perd\u00f3n, <em>le suplic\u00f3 que le diera este perd\u00f3n por escrito, y protest\u00f3 que si no lo hac\u00eda, ir\u00eda en persona a<\/em> <em>Par\u00eds a echarse a sus pies, y ped\u00edrselo con la soga al cuello. <\/em>Son sus propias expresiones las que he cre\u00eddo deber conservar. El Santo Sacerdote le ahorr\u00f3 los gastos y las molestias del viaje; le hab\u00eda perdonado desde el momento mismo que era perseguido con todas las de la ley, \u00bfhabr\u00eda podido no perdonarle, cuando le vio dar pruebas tan positivas de dolor y de arrepentimiento?<\/p>\n<p>El buen uso que hizo Vicente de la sucia e injuriosa acusaci\u00f3n del Juez de Sore \u2013a\u00f1o de 1610- no le impidi\u00f3 reconocer que el trato con los seculares es peligroso para un Ministro del Hijo de Dios, y que no puede apenas vivir con ellos sin salir perdiendo. Esto es lo que le determino a buscar un lugar de retiro donde poder trabajar mejor por su salvaci\u00f3n y disponerse a trabajar por la de los dem\u00e1s. Mientras se hallaba ocupado en este plan, se present\u00f3 a su virtud una nueva ocasi\u00f3n, que aunque en una especie bien diferente de la que acabamos de relatar, no hizo brillar menos\u00a0 el ardor de su fe y de su caridad. Para mejor conocerla se han de tomar las cosas algo antes y referir ciertos hechos que colocaremos aqu\u00ed con mayor comodidad que en otra parte.<\/p>\n<p>Cuando Vicente lleg\u00f3 a Par\u00eds, tom\u00f3 todas las medidas posibles para seguir en el desprecio y la oscuridad. Hasta entonces se le hab\u00eda llamado sr de Pa\u00fal; era su nombre de familia, y hubiera podido sin orgullo continuar llev\u00e1ndolo, pero el temor que tuvo de pasar por un hombre de condici\u00f3n se lo hizo quitar. Humilde delante de Dios y delante de los hombres como un criado lo es en la casa de su amo no tom\u00f3 otro nombre que el de su Bautismo y se hizo llamar sr Vicente, y apenas ha existido otro nombre con el cual haya sido conocido durante su vida. Pasaba en Toulouse por uno de aquellos que eran capaces de dar honor a la Universidad, y era el \u00fanico en no reconocer\u00a0 sus propios talentos; se esforz\u00f3 en Par\u00eds en hacer pensar a los dem\u00e1s por su cuenta lo que pensaba de s\u00ed mismo; s\u00f3lo habl\u00f3 de s\u00ed como\u00a0 de un pobre escolar, que sab\u00eda apenas los elementos de la Gram\u00e1tica. En fin, ten\u00eda ya mucha virtud y sin embargo nada temi\u00f3 tanto como pasar por un hombre virtuoso.<\/p>\n<p>Esta nueva manera de presentarse ante el mundo no impidi\u00f3 a los que le examinaron de m\u00e1s cerca hacerle perfecta justicia. No fueron tan s\u00f3lo Eclesi\u00e1sticos quienes atravesaron la nube en la que trataba de envolverse, seculares reconocieron tambi\u00e9n los artificios de su humildad, y le estimaron m\u00e1s porque quer\u00eda ser menos estimado. Du Fresne Secretario de la Reina Margarita fue de este n\u00famero. Conoci\u00f3 todo lo que val\u00eda, y es \u00e9l quien ha dado este testimonio, <em>desde aquel tiempo el sr Vicente parec\u00eda muy humilde, caritativo y prudente, que hac\u00eda el bien a todos; que no estaba serv\u00eda de carga a nadie, que era circunspecto en sus palabras, que escuchaba con paciencia a los dem\u00e1s, sin interrumpirlos nunca; y que desde entonces iba cuidadosamente a visitar, servir y exhortar a loa pobres enfermos de la Caridad.<\/em><\/p>\n<p>Du Fresne no se limit\u00f3 a una amistad est\u00e9ril, hizo cuanto pudo por Vicente, y todo parece que fue \u00e9l quien le dio a conocer a la Reina Margarita. Esta Princesa que fue la \u00faltima de la rama de los Valois, hab\u00eda tenido durante varios a\u00f1os una reputaci\u00f3n m\u00e1s equ\u00edvoca: pero hab\u00eda emprendido al disolverse su matrimonio el partido de la devoci\u00f3n: viv\u00eda con m\u00e1s dulzura y regularidad de lo que lo hab\u00eda hecho anteriormente, y parec\u00eda querer sinceramente recuperar mediante un gran n\u00famero s obras buenas, y sobre todo limosnas considerables, esos a\u00f1os de licencia y extrav\u00edo, que tienen que ver en la juventud, pero que impresionan, a pesar de que se tengan, a medida que se avanza hacia la eternidad. La manera favorable con que le hablaron de Vicente le hizo querer verle; y mand\u00f3 que lo admitieran en su Casa como su Capell\u00e1n ordinario.<\/p>\n<p>Fue en el curso de este nuevo empleo cuando Vicente dio a conocer la extensi\u00f3n de su fe y de su amor al pr\u00f3jimo. El suceso tiene algo tan extraordinario que yo lo habr\u00eda suprimido si no estuviera apoyado en pruebas que no admiten ni excepci\u00f3n ni r\u00e9plica.<\/p>\n<p>Hab\u00eda en la Corte de esta Princesa un c\u00e9lebre Doctor que habiendo sido por mucho tiempo Te\u00f3logo, hab\u00eda defendido la Fe contra los herejes con mucho celo y \u00e9xito. La Reina Margarita que gustaba de las conversaciones sabias, le hab\u00eda llamado a su lado para disfrutar de vez en cuando de sus charlas. El descanso de que gozaba en este cambio de estado le fue m\u00e1s funesto que el trabajo excesivo que hasta entonces le hab\u00eda abrumado. Una nube oscura, espesas tinieblas surgieron en su mente. Su fe hasta entonces tan luminosa y firme se quebrant\u00f3 poco a poco. Su coraz\u00f3n se vio pronto enfrentado a todos los s\u00edntomas de la infidelidad. La tentaci\u00f3n crec\u00eda por los mismos medios de los que los dem\u00e1s se sirven para calmarla. El nombre de JC tan propio para animar la confianza, era para \u00e9l un asunto de pena. No pensaba en \u00e9l m\u00e1s que con movimientos de furor y de blasfemia que casi no pod\u00eda detener. Una situaci\u00f3n tan violenta acab\u00f3 pronto en desesperaci\u00f3n. El infortunado Doctor pens\u00f3 m\u00e1s de una vez arrojarse por las ventanas para poner fin a un desgarramiento tan vivo y continuo. Se vieron obligados a prohibirle decir la Misa, decir el Oficio, y hasta hacer ninguna oraci\u00f3n vocal. En efecto, una vez que comenzaba a recitar tan s\u00f3lo la Oraci\u00f3n Dominical, el infierno y todos sus espectros se representaban de una forma tan sorprendente a su imaginaci\u00f3n que no se conoc\u00eda ya a s\u00ed mismo. Lo inoportuno de sus tentaciones le agotaba, y el desprecio que se esforzaba a veces por hacer de ellas le entregaba a las alarmas m\u00e1s mortales. Sus amigos, entre los cuales estaba Vicente de Pa\u00fal, le rogaron que se contentara en el acceso de su mal con volver la mano o el dedo hacia alguna iglesia con una intenci\u00f3n general de expresar con este movimiento que no ten\u00eda otra creencia que la de la Iglesia universal. Este expediente le result\u00f3 tan in\u00fatil como los usados anteriormente. Al final la naturaleza sucumbi\u00f3. La confusi\u00f3n del alma produjo el hundimiento del cuerpo. El Te\u00f3logo cay\u00f3 enfermo. Cuanto m\u00e1s disminu\u00edan las fuerzas por un lado m\u00e1s redoblaba la tentaci\u00f3n por el otro. El esp\u00edritu maligno le asalt\u00f3 con m\u00e1s furia que hasta entonces, y no dej\u00f3 nada para inspirarle este odio implacable que siente hacia el Hijo de Dios. Vicente se sinti\u00f3 impresionado al ver a su amigo en un estado tan lastimoso y temi\u00f3 que sucumbiera al fin bajo golpes tan repetidos, que sus labios se abriesen a la blasfemia y su coraz\u00f3n a la irreligi\u00f3n. Para inclinar la misericordia de Dios que castigaba con tanto rigor la ociosidad a la que este Doctor se hab\u00eda inclinado en demas\u00eda, se puso en oraci\u00f3n, suplic\u00f3 insistentemente a quien calma cuando quiere las olas m\u00e1s irritadas que concediera la paz a un hombre que la hab\u00eda servido tanto tiempo, e imitando de alguna forma la caridad de JC que tom\u00f3 sobre s\u00ed nuestras debilidades para curarnos de ellas y se ofreci\u00f3 a Dios en esp\u00edritu de v\u00edctima, y carg\u00f3 para compensar su injusticia con llevar sobre s\u00ed o el mismo g\u00e9nero de prueba o bien otra pena con la que Dios quisiera afligirle.<\/p>\n<p>Una oraci\u00f3n tan animada y que se parec\u00eda bastante al deseo que ten\u00eda S. Pablo de ser anatema por sus hermanos fue escuchada, pero lo fue en toda su extensi\u00f3n. El enfermo se vio completamente libre de su tentaci\u00f3n -1610-. Una paz profunda sigui\u00f3 a la tempestad. Las dificultades que oscurec\u00edan su fe se disiparon. Comenz\u00f3 a ver los Misterios de la Religi\u00f3n de una manera tan clara y consecuente que le parec\u00eda tocarlos con el dedo. Sus sentimientos de respeto y de ternura para con JC fueron m\u00e1s vivos que nunca, y hasta la muerte bendijo a Dios porque le hab\u00eda proporcionado el consuelo en la amargura de su conducta pasada, o m\u00e1s bien porque le permit\u00eda gustar una calma cuya dulzura le llevaba infinitamente por encima de la violencia de las agitaciones que la hab\u00edan precedido.<\/p>\n<p>Pero como la lepra de Naam\u00e1n pas\u00f3 a Giezi la tentaci\u00f3n del Te\u00f3logo pas\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal; con esta diferencia, que el siervo de Eliseo fue castigado, porque era criminal, en cambio Vicente fue afligido, precisamente porque su caridad le hab\u00eda llevado a pedir serlo. Las primeras impresiones de un mal que no se siente nunca mejor que cuando uno est\u00e1\u00a0 atacado personalmente, le asombraron: pero no le abatieron. Emple\u00f3 para librarse de ellas\u00a0 oraciones y mortificaciones. Verdad que le sirvieron para soportarlo con mucha paciencia y resignaci\u00f3n. Pero no le detuvieron. El nuevo Job parec\u00eda abandonado\u00a0 a toda la impetuosidad del demonio, pero no perdi\u00f3 su valor y espero siempre que dios tendr\u00eda piedad de \u00e9l.<\/p>\n<p>Para fortalecerse en la Fe, a medida que era m\u00e1s atacado en ese lado, hizo dos cosas que le ayudaron, y que se podr\u00edan proponer a los que sufren la misma especie de tentaci\u00f3n. Escribi\u00f3 su profesi\u00f3n de Fe y se la aplic\u00f3 al coraz\u00f3n, y haciendo una retractaci\u00f3n de todos los pensamientos de infidelidad, convino con Nuestro Se\u00f1or que todas las veces que tocara el lugar donde hab\u00eda puesto esta confesi\u00f3n de Fe, lo que le suced\u00eda con frecuencia, se pensar\u00eda que la renovaba y por consiguiente renunciaba a la tentaci\u00f3n, aunque no profiriese palabra alguna exterior. Mediante este inocente artificio, hac\u00eda in\u00fatiles los esfuerzos del hombre enemigo; pero supo todav\u00eda hac\u00e9rselos ventajosos; y para ello, se fij\u00f3 una ley de hacer precisamente lo contrario de lo que el esp\u00edritu seductor le suger\u00eda. Se entreg\u00f3 m\u00e1s que nunca a llevar esta vida de Fe que hace el car\u00e1cter del Justo. Dio con nuevo ardor a JC todo el honor que pudo rendirle, y como sab\u00eda perfectamente que este divino Se\u00f1or mira como hecho a s\u00ed mismo lo que se hace a favor de los pobres que son sus miembros los sirvi\u00f3 en los Hospitales con un celo y una diligencia de que la Fe m\u00e1s pac\u00edfica es apenas capaz. Se est\u00e1 muy lejos de consentir\u00a0 en las solicitaciones del esp\u00edritu maligno cuando uno se porta con tanta diligencia hacia todos los objetos de los que nos quiere apartar. As\u00ed la tentaci\u00f3n que Vicente experimentaba no s\u00f3lo no fue nunca la materia de sus Confesiones, sino que fue la fuente de una cantidad de gracias de las que su esp\u00edritu y su coraz\u00f3n estuvieron inundados. Es verdad que la fatigaba sobre manera, y que a pesar de su sumisi\u00f3n a las \u00f3rdenes de Dios, le rogaba sin cesar que mantuviese su debilidad, y apartara la mano que le abrumaba, pero \u00e9l sigui\u00f3 constantemente el m\u00e9todo que se hab\u00eda prescrito, y durante cuatro a\u00f1os que tuvo que gemir bajo el peso de este riguroso ejercicio, no se separ\u00f3 de \u00e9l nunca. Por fin Dios le devolvi\u00f3 la paz, y fue un nuevo esfuerzo de caridad el que se la mereci\u00f3. Un d\u00eda que se hallaba muy ocupado por la violencia de su mal y en los medios de detenerlo para siempre, tom\u00f3 una firme e inviolable decisi\u00f3n de consagrarse toda su vida al servicio de los pobres para honrar m\u00e1s al Hijo de Dios y para seguir de un modo m\u00e1s constante el ejemplo que nos dej\u00f3. Apenas hubo formado este grande y generoso designio cuando la tentaci\u00f3n desapareci\u00f3. Su coraz\u00f3n goz\u00f3 de una dulce y perfecta libertad; su esp\u00edritu no tuvo ya m\u00e1s contradicciones que rechazar, y sobreabund\u00f3 la paz donde hab\u00eda abundado la inquietud. Recibi\u00f3 incluso el don de calmar a los que Dios probaba como le hab\u00eda probado a \u00e9l mismo; y un virtuoso Sacerdote ha declarado que siendo una vez tentado vivamente sobre un art\u00edculo de la Fe, el Santo, a quien descubri\u00f3 su pena le libr\u00f3 de ella por completo, lo que no hab\u00edan podido hacer todos los consejos y explicaciones de varias personas m\u00e1s de gran m\u00e9rito a quienes hab\u00eda consultado con anterioridad. Tan verdad es que todo se convierte en bien para los Santos y Elegidos de Dios.<\/p>\n<p>Para merecer y aumentar\u00a0 los nuevos favores con los que recompensaba su paciencia y su fidelidad, Vicente, muy poco tiempo despu\u00e9s de la tentaci\u00f3n de que hemos hablado, ejecut\u00f3 la resoluci\u00f3n que hab\u00eda tomado ya de vivir en cuanto pudiera hacerlo en el retiro y la soledad. La uni\u00f3n que ten\u00eda con el sr de B\u00e9rulle no le permiti\u00f3 deliberar sobre el partido que deb\u00eda tomar. Este digno Sacerdote de JC estaba entonces muy ocupado en el plan de fundar la Congregaci\u00f3n del Oratorio, y reun\u00eda con selecci\u00f3n\u00a0 a Ministros celosos por la gloria del Hijo de Dios, y dispuestos a honrar particularmente a quien siendo Sacerdote eterno seg\u00fan el orden de Melquisedek es el fundador y la fuente del Sacerdocio de la Ley Nueva. Los primeros Compa\u00f1eros del P. de B\u00e9rulle no pod\u00edan dejar de estimar mucho a un hombre por quien su santo Fundador sent\u00eda una estima tan decidida. Vicente entr\u00f3 pues en su casa, no para ser agregado a su Congregaci\u00f3n, ha declarado m\u00e1s de una vez que no hab\u00edan pensado nunca en ello, sino para separarse del mundo, cuya injusticia hab\u00eda experimentado tan sensiblemente, para estudiar los planes de Dios sobre \u00e9l y disponerse a seguirlos, para nutrir su fervor por el buen ejemplo de aquellos con quienes iba a vivir, y sobre todo para hallar en la persona del P. de B\u00e9rulle a un \u00e1ngel visible que le condujera en todos sus pasos, y que pudiera ayudarle a descubrir lo que Dios quer\u00eda que emprendiera en su servicio. Le abri\u00f3 su coraz\u00f3n con m\u00e1s efusi\u00f3n que nunca, le dio a conocer su tendencia y sus inclinaciones. Este virtuoso Director, que era sin discusi\u00f3n uno de los hombres m\u00e1s prudentes e iluminados de su tiempo, reconoci\u00f3 a la primera que Vicente estaba llamado a grandes cosas. Se llega a decir que le predijo que Dios quer\u00eda servirse de \u00e9l para prestar a su Iglesia un servicio importante, y que para ello formar\u00eda con el tiempo una nueva Congregaci\u00f3n de Sacerdotes que cultivar\u00edan la Vi\u00f1a del Se\u00f1or con fruto y bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>El santo hombre gozaba de las dulzuras de la soledad sin no obstante abandonar sus ocupaciones ordinarias cuando el que dirig\u00eda todos sus pasos le dedic\u00f3 a un nuevo trabajo. El sr Bourgoing, P\u00e1rroco de Clichy, pueblecito situado a una legua de Par\u00eds, no bien vio al sr de B\u00e9rulle determinado a poner los fundamentos de su Instituto, cuando resolvi\u00f3 ser uno de sus primeros hijos. Le rog\u00f3 que le diera un sucesor, a quien sin nada que temer para su conciencia pudiera entregar su beneficio. El piadoso Fundador hizo pronto su elecci\u00f3n; conoc\u00eda el celo y la capacidad de Vicente de Pa\u00fal, y se lo propuso y la propuesta fue aceptada: pero parece que por el tiempo que transcurri\u00f3 entre la renuncia y la toma de posesi\u00f3n, que por d\u00f3cil que fuera Vicente a la voz de su Director, \u00e9l no se encarg\u00f3 sino con dificultades de una carga bajo el peso de la cual ten\u00eda miedo de sucumbir. En todas las \u00e9pocas se ha visto a los Eclesi\u00e1sticos m\u00e1s pobres en virtudes y talentos, buscar los Beneficios, mientras que los que tienen todas las se\u00f1ales de una leg\u00edtima vocaci\u00f3n, o se alejan de ellos para siempre o no acceden sin temor.<\/p>\n<p>Vicente dio pronto a entender qu\u00e9 apropiado era para este empleo. Tom\u00f3 todas las medidas posibles para ser del n\u00famero de esos Pastores que Dios da al pueblo en su misericordia. Para cumplir lo que el Esp\u00edritu Santo ordena a los que est\u00e1n encargados de la salvaci\u00f3n de las almas se entreg\u00f3 a conocer a sus ovejas y los diversos de enfermedades de las que pod\u00edan estar atacadas. Les distribu\u00eda un alimento saludable y proporcionado a sus necesidades. Ten\u00eda sin cesar ante los ojos esta verdad terrible: Que su alma deb\u00eda un d\u00eda responder por el alma de aquellos que estaban confiados a sus cuidados. Por eso no\u00a0 descuidaba ninguno de lo deberes que llevaba consigo su Ministerio. Las Predicaciones, los Catecismos, la asiduidad al Tribunal de la penitencia, eran su ocupaci\u00f3n ordinaria: sus proyectos, sus pensamientos, sus acciones no ten\u00edan otro objeto que el bien de la Parroquia. Se ve\u00eda a esta santo sacerdote visitar a los enfermos, consolar a los afligidos, socorrer a los pobres, pacificar las discusiones, apaciguar las enemistades, mantener la paz y la concordia entre las familias, fortalecer a los d\u00e9biles, animar a los buenos, reprender con una santa firmeza a los que no lo eran, y hacerse todo a todos para ganarlos a todos a JC.<\/p>\n<p>El medio m\u00e1s propio y m\u00e1s eficaz de que se serv\u00eda, para hacer fructificar sus discursos,\u00a0 fue el buen ejemplo, y es sin duda el que triunfar\u00e1 siempre en los que est\u00e1n encargados del mismo oficio. Su vida era una predicaci\u00f3n continua. Sus costumbres eran inocentes, y no se ve\u00eda nada en su persona que no recordara la idea de aquel cuyo sacerdocio \u00e9l ejerc\u00eda. Como una extrema regularidad tiene algo de orgulloso y por eso mismo puede impedir parte del bien que se quisiera hacer, Vicente supo templarla con maneras llenas de dulzura y de afabilidad. Pintaba la virtud con colores tan hermosos que parec\u00eda llena de atractivos, y un\u00eda a las cruces de las que el camino del cielo est\u00e1 sembrado todas la unci\u00f3n que puede suavizarlas. Una direcci\u00f3n tan prudente le concili\u00f3 los esp\u00edritus y los corazones. Los pobres que formaban casi todo su reba\u00f1o le quer\u00edan como a su padre; y los burgueses de Par\u00eds, que ten\u00edan casas de campo en su Parroquia le miraban y respetaban como a un Santo. Los P\u00e1rrocos del vecindario concibieron todos gran estima por \u00e9l: ten\u00edan una gran confianza en sus luces, buscaban su trato, le consultaban en sus dudas y sent\u00edan la satisfacci\u00f3n de aprender de \u00e9l el modo de desempe\u00f1ar bien sus funciones, y cumplir con sus deberes.<\/p>\n<p>Estos sentimientos de estima y de respeto que los habitantes de Clichy y de sus alrededores ten\u00edan para nuestro Santo quedan muy bien expresados en una Carta, en la que su Vicario daba cuenta del estado de su Parroquia, de la que hab\u00eda tenido que ausentarse por un asunto indispensable. Venid lo antes posible, Se\u00f1or, le dec\u00eda este buen Sacerdote. <em>Los Se\u00f1ores P\u00e1rrocos vuestros vecinos desean vuestro regreso. Todos los burgueses y los habitantes tambi\u00e9n. Venid pues a mantener a vuestro reba\u00f1o dentro del buen camino en el que le hab\u00e9is puesto; ya que tiene un gran deseo de vuestra presencia. <\/em>Por lo dem\u00e1s, estas palabras no deben ser tenidas como vano cumplimiento, y un Doctor de la Facultad de Par\u00eds, Religioso de una Orden c\u00e9lebre, que predicaba de vez en cuando en la Iglesia de Clichy mientras que Vicente fue p\u00e1rroco, ha tributado, tiempos despu\u00e9s, un testimonio que confirma del todo el que se acaba de presentar, y es tanto m\u00e1s glorioso para nuestro Santo por no ser nada sospechoso. Termina con estas palabras notables: He predicado al pueblo de Clichy mientras estaba all\u00ed el sr Vicente, <em>y confieso que vi a esta buena gente que en su totalidad viv\u00edan como \u00c1ngeles, que a decir verdad yo daba luz al Sol. <\/em>El elogio del reba\u00f1o fue siempre en aquella clase de ocasiones el elogio del celo, de la vigilancia y de la aplicaci\u00f3n del Pastor.<\/p>\n<p>Cuando Vicente vio a su pueblo en el buen camino, form\u00f3 un plan que parecer\u00eda algo temerario, si estuviera permitido juzgar de los grandes hombres por las reglas comunes. La Iglesia de\u00a0 Clichy se ca\u00eda a pedazos, hab\u00eda muy pocos ornamentos, los parroquianos no eran ricos, no pod\u00edan por consiguiente, sin sufrir mucho, contribuir a una reparaci\u00f3n, que ped\u00eda grandes gastos: y esto es con toda probabilidad lo que hab\u00eda obligado al sr Bourgoing a dejar las cosas casi como estaban cuando las hab\u00eda encontrado. Vicente era pobre tambi\u00e9n, y lo habr\u00eda sido tambi\u00e9n, cuando su Beneficio hubiera sido muy rico, porque ten\u00eda la costumbre de darlo todo a los que ve\u00eda en la indigencia. Estos obst\u00e1culos no le detuvieron; reconstruy\u00f3 la Iglesia entera, y puso los muebles y ornamentos necesarios, la dej\u00f3 en situaci\u00f3n de celebrar los Oficios divinos con ese aspecto de decencia que contribuy\u00f3 a la grandeza del culto y a la edificaci\u00f3n de los pueblos. Lo que hubo de particular es que no les cost\u00f3 nada a sus Parroquianos. Una cantidad de gente de bien que resid\u00eda en Par\u00eds se prestaros a esta buena obra, y se complacieron en secundar\u00a0 las buenas intenciones de un hombre que s\u00f3lo buscaba la gloria de Dios<\/p>\n<p>Para procurarla y aumentarle cada vez m\u00e1s, el Santo hizo todav\u00eda dos cosas. En primer lugar se cuid\u00f3 de establecer la Cofrad\u00eda del Rosario. Estaba persuadido de que el honor que se rinde a la Madre de Dios no puede ser sino muy agradable a su Hijo. Desde su tierna infancia hab\u00eda experimentado la leche de una tierna devoci\u00f3n a la sant\u00edsima Virgen. Cuando estaba todav\u00eda en la casa de su padre visitaba a menudo la Capilla de Nuestra Se\u00f1ora de Buglose, que no est\u00e1 lejos; no hay duda de que la viera con mucho consuelo el concurso de aquel gran n\u00famero de Peregrinos, a quienes atrae de todas las partes de Francia y de Espa\u00f1a la celebridad del lugar. El tiempo sirvi\u00f3 para fortalecer su fervor. Se ha podido ver hasta hoy y se ver\u00e1 tambi\u00e9n en adelante que su confianza en la sant\u00edsima virgen era sin l\u00edmites, y de ah\u00ed podemos deducir de una vez por todas lo que pensaba de estos esp\u00edritus superficiales que tratan de devociones populares las que ellos no tienen el coraje de abrazar; y que renunciar\u00edan tal vez a sus propios sentimientos, si sus sentimientos fueran los del pueblo y los de la multitud.<\/p>\n<p>En segundo lugar lo que hizo Vicente por el bien de la Parroquia fue comprometer a su sucesor en educar a varios j\u00f3venes Cl\u00e9rigos, que formados bien temprano en las funciones propias de su estado, pudieran realizar las ceremonias de la Iglesia de una manera digna de la santidad del lugar y de la majestad de aquel a quien se quiere honrar. Eligi\u00f3 \u00e9l mismo en Par\u00eds y en otras partes a los que crey\u00f3 m\u00e1s capaces para ello. As\u00ed, aunque obligado antes de lo pensado a abandonar el pueblo que le era tan querido, dio a conocer que lo llevaba a todas partes en su coraz\u00f3n, y continu\u00f3 cumpliendo por \u00e9l, en cuanto le fue posible,\u00a0 todos los deberes de un Pastor tan tierno como desinteresado. Vamos a explicar las razones que determinaron a nuestro Santo a volver a Par\u00eds.<\/p>\n<p>Aunque la piedad fuera bastante rara en la Corte durante la minor\u00eda de Luis XIII, hab\u00eda sin embargo personas que, por la regularidad de su conducta, habr\u00edan podido servir de regla y de modelo en los tiempos m\u00e1s felices. Se puede colocar en este n\u00famero a Felipe Manuel de Gondi, Conde de Joigni, General de las Galeras de Francia, y Comendador de las \u00d3rdenes del Rey, salido de la antigua Casa de los Philippi, famosa desde los tiempos de Carlomagno. Este Se\u00f1or se hab\u00eda casado con Margarita de Silly, Dama de Commercy, hija mayor del Conde de la Rochepot, Gobernador de Anjou. Era una de las mujeres m\u00e1s perfectas de su siglo: pero su mayor gloria le ven\u00eda, como la de la hija del Rey, de la hermosura de su alma. Piadosa, compasiva, generosa, atenta al verdadero bien de su familia, no se ocupaba de otra cosa que de honrar a Dios y de hacer que le honraran todos aquellos de cuyos cuidados estaba encargada. Como nada debe interesar m\u00e1s a una madre verdaderamente Cristiana, que la educaci\u00f3n de sus hijos, la Sra de Gondi se hizo de ello su punto capital, y como ella <em>deseaba mucho<\/em> <em>m\u00e1s hacer<\/em> de los que Dios le hab\u00eda dado y le pod\u00eda dar todav\u00eda en lo futuro, <em>Santos en el Cielo que grandes Se\u00f1ores en la tierra, desde el momento que llegaron al estado de ser puestos bajo la direcci\u00f3n de un Preceptor, <\/em>trabaj\u00f3 de acuerdo con su esposo, <em>en procurarles al m\u00e1s santo y virtuoso que fuera posible encontrar. <\/em>Para no equivocarse en una elecci\u00f3n tan importante, se dirigieron uno y otro al R.P. de B\u00e9rulle, <em>y le suplicaron que les diera a alg\u00fan santo Sacerdote de su Congregaci\u00f3n, <\/em>que pudiera formar en la piedad y en la ciencia a tres de sus hijos, que ten\u00edan m\u00e1s que nadie necesidad de una y de la otra, ya que estaban destinados por su nacimiento a poseer las primeras dignidades del Estado y de la Iglesia. Las poseyeron en efecto. El mayor fue Duque de Retz, Par de Francia, y General de las Galeras por renuncia de su padre. El segundo fue como su t\u00edo, y despu\u00e9s de \u00e9l, Arzobispo de Paris, Cardenal de la santa Iglesia, y no hizo sino dar a conocer demasiado la fecundidad y el ardor de su esp\u00edritu en los problemas de Par\u00eds, donde con el nombre del <em>Coadjutor, <\/em>figur\u00f3 mucho m\u00e1s de lo necesario para el estado y para s\u00ed. Con respecto al tercero, no se dio a conocer sino cuando fue necesario, para llorarle mucho. Promet\u00eda infinitamente por las hermosas cualidades de cuerpo y de esp\u00edritu de las que estaba adornado. Pero fue segado a una edad todav\u00eda tierna por este Juicio de misericordia del que habla la Escritura. Apenas ten\u00eda diez u once a\u00f1os, cuando Dios se lo arrebat\u00f3 de la corrupci\u00f3n del siglo para darle en el Cielo una parte m\u00e1s valiosa que la que hubiera hallado en la tierra.<\/p>\n<p>Trad. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Renegado dio all\u00ed se\u00f1ales de la m\u00e1s sincera conversi\u00f3n, y fue reconciliado en p\u00fablico por el Vicelegado Pierre Montorio. 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