{"id":401947,"date":"2018-10-31T08:34:07","date_gmt":"2018-10-31T07:34:07","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=401947"},"modified":"2018-10-05T11:35:56","modified_gmt":"2018-10-05T09:35:56","slug":"santa-luisa-la-madurez-en-cristo-jesus-1633-1660-iii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/santa-luisa-la-madurez-en-cristo-jesus-1633-1660-iii\/","title":{"rendered":"SANTA LUISA LA MADUREZ EN CRISTO JES\u00daS (1633-1660) (III)"},"content":{"rendered":"<ol start=\"3\">\n<li><strong> El legado de la Se\u00f1orita Le Gras (1657-1660)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Poco antes de consumir el per\u00edodo anterior, Luisa asiste al matrimonio de su hijo Miguel con Gabriela Le Clerc (18 de enero de 1650). S\u00f3lo le queda ultimar algunos detalles del testamento y despedirse de todos. Ha logrado sobrevivir, despu\u00e9s de la larga enfermedad, hasta el 15 de marzo de 1660. El \u00faltimo tramo de la carrera lo co\u00adrona en la cima de la monta\u00f1a (1657-1660). Este corto recorrido representa, en s\u00edntesis maravillosa, el conjunto de sus opciones espirituales y apost\u00f3licas, fruto de un relanzamiento continuo a Dios, due\u00f1o de la vida y de la muerte; significa la paz y el gozo que concede el Esp\u00edritu a los que le obedecen; testimonia el premio que otorga Jes\u00fas a los que practican la caridad en su nombre. Es el legado de Luisa a toda la humanidad, especialmente a los que sufren por \u00abel hambre y sed de justicia\u00bb, a los que buscan incansablemente la voluntad de Dios y esperan con paciencia la hora de la Providencia.<\/p>\n<p><em>\u00abMi oraci\u00f3n ha sido m\u00e1s de contemplaci\u00f3n que de razonamiento\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Los ejercicios practicados en 1657 inician la \u00faltima marcha de Luisa hasta la meta final. Las meditaciones de cada jornada se centran en el Esp\u00edritu Santo. La Se\u00f1orita se sumerge en el oc\u00e9ano de la inmensidad de Dios, con el atractivo de la humanidad de Cristo. Contempla m\u00e1s que razona los designios de Dios al crear al hombre a su \u00abimagen y semejanza\u00bb. Repasa los motivos de fe que obligan a negociar los dones infusos en el bautismo por el Esp\u00edritu y ordena los medios que preparan la venida del Esp\u00edritu Santo: el desprendimiento de todas las cria\u00adturas, la remoci\u00f3n de obst\u00e1culos al \u00abpuro amor\u00bb y a la caridad efectiva:<\/p>\n<p>\u00abEs lo que nuestro Se\u00f1or quer\u00eda decir a sus ap\u00f3stoles cuando les anunciaba que despu\u00e9s de la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo, ellos tambi\u00e9n dar\u00edan testimonio de \u00c9l. Y esto es lo que tienen que hacer todos los cristianos&#8230; \u00a1Qu\u00e9 felices son las personas que por disposici\u00f3n de la divina Providencia tienen el deber de continuar en todas las pr\u00e1c\u00adticas m\u00e1s sencillas de su vida el ejercicio de la caridad!\u00bb.<\/p>\n<p>No sabemos qu\u00e9 clase de oraci\u00f3n prevalece de ordi\u00adnario en Luisa. Ella afirma repetidas veces que se mueve en el \u00e1rea de la contemplaci\u00f3n. Lo m\u00e1s com\u00fan entre los cristianos es la oraci\u00f3n vocal o mental, y s\u00f3lo a ratos la contemplaci\u00f3n. Pero Luisa puede ser una excepci\u00f3n entre los orantes, al menos en el \u00faltimo estadio de su carrera.<\/p>\n<p>De hecho, en los ejercicios de 1657, al comentar la ora\u00adci\u00f3n del tercer d\u00eda, escribe:<\/p>\n<p>\u00abMi oraci\u00f3n ha sido m\u00e1s de contemplaci\u00f3n que de razonamiento, con gran atractivo por la humanidad santa de nuestro Se\u00f1or y el deseo de honrarle e imitarle lo m\u00e1s que pudiera en la persona de los pobres y de todos mis pr\u00f3jimos, ya que en alguna lectura he aprendido que nos hab\u00eda ense\u00f1ado la caridad para suplir la impotencia en que estamos de rendir ning\u00fan servicio a su persona, y eso ha penetrado en mi coraz\u00f3n de manera especial y muy \u00edntima\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa no sabe explicar \u00abla invenci\u00f3n de amor\u00bb que Dios ha puesto en su coraz\u00f3n, aunque est\u00e1 segura de que procede del Esp\u00edritu. En cualquier caso, la oraci\u00f3n provocada por el amor le concede sentirse amada de Dios y querer al Se\u00f1or y a los pobres.<\/p>\n<p>La autenticidad de su m\u00edstica radica ahora en \u00abel atractivo por la humanidad de nuestro Se\u00f1or\u00bb y en el amor con que realiza la caridad en los trabajos cotidianos de poco o ning\u00fan relieve. El salto al Dios transcendente lo da sin llamar la atenci\u00f3n de nadie. \u00a1Qu\u00e9 diferente es su comportamiento frente al de la difunta Mme Acarie (1566-1618), envuelta en conceptos abstractos, y al de la futura m\u00edstica Mme Guyon (1648-1717), tachada de quietismo! Luisa se diferencia de las anteriores por el modo de practicar el puro amor encarnado en Cristo, \u00aben quien reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente\u00bb (Col 2,9). El fiel de la santidad de la Se\u00f1orita adquiere su centro en la docilidad al Esp\u00edritu de Jes\u00fas y en la pr\u00e1ctica de la caridad con los pobres al mismo tiempo.<\/p>\n<p>El paso ligero que hemos llevado nos ha prohibido detenernos en explicaciones de posibles influencias do\u00adminicanas, franciscanas-capuchinas, berullianas, abstrac\u00adtas o devotas, salesianas o vicencianas, que, por otra parte, hubieran oscurecido la originalidad de la experien\u00adcia luisiana. El \u00faltimo pensamiento sobre la imposibili\u00addad del hombre para amar a Dios si \u00c9l no se adelanta a amarnos, lo ha le\u00eddo en el <em>Tratado del amor de Dios, <\/em>L.II, c.IX; se lo ha ofizio adem\u00e1s muchas veces a Vicente de Pa\u00fal, que tambi\u00e9n se inspira en Francisco de Sales.<\/p>\n<p><em>La pr\u00e1ctica del puro amor<\/em><\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n de Luisa es el amor: amar a Dios y al pr\u00f3jimo indisolublemente. De joven escogi\u00f3 el amor \u00abpor ley perpetua\u00bb. De mayor se reafirma en la misma pasi\u00f3n; pero m\u00e1s desinteresada, m\u00e1s limpia de afectos humanos, m\u00e1s liberada de ataduras. En la pr\u00e1ctica del \u00abpuro amor\u00bb busca la gloria de Dios y la extensi\u00f3n del reino, respon\u00addiendo a la m\u00edstica del bautismo<sup>33<\/sup>.<\/p>\n<p>Su escrito sobre \u00abla pr\u00e1ctica del puro amor\u00bb refleja su experiencia m\u00edstica, compendio de una vida centrada en el seguimiento de Jes\u00fas. El texto de san Juan 12,32, \u00abcuando me levanten de la tierra, atraer\u00e9 a todos hacia m\u00ed\u00bb, cautiva su coraz\u00f3n y lo sume en gozo. Ning\u00fan comentario mejor logrado al lema de la Compa\u00f1\u00eda que \u00e9ste sobre el puro amor.<\/p>\n<p>En el escrito de esta santa mujer salta a la vista el <em>Tratado del amor de Dios, <\/em>de Francisco de Sales. Aqu\u00ed encuentra su inspiraci\u00f3n, no as\u00ed en otros autores de la \u00e9poca. El comentario de Luisa va dirigido a todas las Hijas de la Caridad, pues tambi\u00e9n ellas han de sentirse atra\u00eddas por Jes\u00fas elevado en la cruz:<\/p>\n<p>\u00abPuesto que Dios al crear el mundo nos ha ense\u00f1ado que la semejanza era algo que depend\u00eda de su amor, conservemos en nosotras su imagen, tratemos de aseme\u00adjamos a \u00c9l por esas dos eminentes perfecciones: la de la pureza, representada por la blancura, y la de la caridad por el color sonrosado de la rosa; nos representan la pureza de Dios en s\u00ed mismo por su gran simplicidad, y la pureza de Dios en todas las gracias que su Bondad ha comunicado de siempre y seguir\u00e1 comunicando a todas sus criaturas con completo desinter\u00e9s suyo\u00bb.<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica del puro amor traduce, con algunas dife\u00adrencias, las ense\u00f1anzas vicencianas sobre la sencillez. Los limpios de coraz\u00f3n buscan agradar a Dios solo con pureza de intenci\u00f3n; no se detienen en la estima o juicios humanos, sino que van derechos a Dios. Tanto el amor de Dios en s\u00ed mismo como el amor de Dios hacia los hombres incitan a los sencillos a reproducir la unidad del misterio trinitario y el ejemplo de Jes\u00fas, revelaci\u00f3n del amor del padre y de la unci\u00f3n del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>El puro amor, don del Esp\u00edritu, es irrenunciable y se experimenta en la oraci\u00f3n, en el trabajo y en la adquisi\u00adci\u00f3n del esp\u00edritu propio de la Compa\u00f1\u00eda, el mismo del que fue revestido Jes\u00fas para permanecer con los hijos de los hombres.<\/p>\n<p>\u00a1Magn\u00edfica lecci\u00f3n \u00e9sta, que sit\u00faa a Luisa de Marillac entre los m\u00edsticos que aventajados por su amor a la hu\u00admanidad de Cristo, y a las Hijas de la Caridad les abre las puertas a la experiencia sabrosa de la caridad de Jesucristo Crucificado!<\/p>\n<p><em>\u00abLes digo a usted lo que a m\u00ed misma me han dicho en tiempos atr\u00e1s\u00bb<\/em><\/p>\n<p>A estas alturas del camino es in\u00fatil buscar dependencias abstractas en Luisa, aunque en sus escritos aparezcan analog\u00edas con otros maestros. En la Se\u00f1orita Le Gras se ha realizado una serie de simbiosis y de s\u00edntesis entre lo viejo y lo nuevo. Con mirada retrospectiva repasa aconte\u00adcimientos personales para proyectar hacia el futuro su experiencia del Esp\u00edritu de Jes\u00fas, del servicio de los po\u00adbres y de las realidades cotidianas. Las personas que re\u00adciben su comunicaci\u00f3n son, entre otras muchas, Vicente de Pa\u00fal, el abad de Vaux, las Hijas de la Caridad y algu\u00adnas se\u00f1oras. Sobre todos proyecta su fe y caridad refleja\u00addas en m\u00faltiples realizaciones apost\u00f3licas y espirituales.<\/p>\n<p>Algunos bi\u00f3grafos de Luisa, impresionados por vie\u00adjas im\u00e1genes, no captan su actual situaci\u00f3n, no descartan antiguos prejuicios sobre ella, a quien ven todav\u00eda aferra\u00adda a sus gustos juveniles. Pero la realidad del presente es distinta, traduce una evoluci\u00f3n y superaci\u00f3n donde la palabra y el gesto proyectan el testimonio del equilibrio evang\u00e9lico. Instruida por el Esp\u00edritu de Jes\u00fas, a todos aconseja simplificar la vida espiritual, no complicarse con excesivos actos de piedad.<\/p>\n<p>A Juana Lepintre la tranquiliza aconsej\u00e1ndole un modo de llevar la direcci\u00f3n espiritual; le recuerda el ejemplo de la \u00abgran santa Teresa\u00bb, que no siempre tuvo a su lado al hombre deseado de quien poder aconsejarse, y, sin embargo, quedaba, \u00absin afligirse\u00bb, bajo la direc\u00adci\u00f3n del Esp\u00edritu de Dios, ya que:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; donde los hombres nos faltan, Dios se nos comunica con m\u00e1s abundancia, y que es lo mejor para nosotras querer sacrificarle todas las satisfacciones que nos proporcionar\u00eda el comunicar hasta el menor de nuestros pensamientos, lo que ser\u00eda un entretenimiento del esp\u00ed\u00adritu sin ning\u00fan provecho\u00bb.<\/p>\n<p>La experiencia ha ense\u00f1ado a Luisa la necesidad de una buena direcci\u00f3n espiritual, porque \u00abnada hay tan ciego como los ojos para verse a s\u00ed mismos, aunque vean las dem\u00e1s cosas\u00bb; pero cu\u00e1ntas veces hay que acudir, por falta de personas id\u00f3neas, al Esp\u00edritu solo, que gu\u00eda a sus hijos por las sendas de la verdad, de la paz y del verda\u00addero consuelo. Adem\u00e1s, la dependencia del Esp\u00edritu ayu\u00adda a \u00absimplificarnos mediante un completo abandono a la direcci\u00f3n de su divina Providencia\u00bb <sup>37<\/sup>, sobre todo en los ejercicios, que son tiempo de gracia, donde abunda la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, d\u00e1ndose a los que le obedecen.<\/p>\n<p>El \u00faltimo consejo va dirigido a sor Carcireux, depo\u00adsitaria de las mejores ense\u00f1anzas de la Se\u00f1orita Le Gras. Sor Carcireux ard\u00eda en deseos de alcanzar pronto la per\u00adfecci\u00f3n cristiana, pero \u00bfno estar\u00e1 busc\u00e1ndose a s\u00ed misma bajo la apariencia de una tendencia tan justificada? Por eso recibe de su directora esta sabia amonestaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abMucho nos enga\u00f1amos cuando nos creemos capaces de ella, y m\u00e1s todav\u00eda cuando pensamos poder adquirirla con nuestros propios medios y con una mirada o aten\u00adci\u00f3n continua hacia todos los movimientos y disposicio\u00adnes de nuestra alma&#8230;; dar continuo tormento a nuestro esp\u00edritu para escudri\u00f1ar y llevar cuenta de todos nuestros pensamientos, es tarea in\u00fatil, por no decir peligrosa. Le digo a usted lo que a m\u00ed misma me han dicho en tiem\u00adpos atr\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Por el contrario, la santidad consiste en la uni\u00f3n con Dios, y \u00abse opera, con frecuencia en nosotras sin noso\u00adtras, en la forma que s\u00f3lo Dios conoce, y no como nos la queremos imaginar\u00bb <sup>39<\/sup>. De ah\u00ed que tengamos que pedir a Dios la gracia de:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; caminar por las v\u00edas de su santo amor, sencillamen\u00adte, buenamente, sin complicaciones, para que no llegue\u00admos a parecernos a esas personas que, en vez de enri\u00adquecerse, corren a la ruina a fuerza de querer buscar la piedra filosofal\u00bb.<\/p>\n<p>Imagen fiel de Luisa, que recoge la experiencia de muchos a\u00f1os de duro bregar. De todo su conjunto doc\u00adtrinal me quedo con el \u00faltimo consejo, porque contiene la \u00abpiedra filosofal\u00bb que anduvo buscando durante largo tiempo de su vida. Al lado de Jes\u00fas entiende su invita\u00adci\u00f3n: \u00abVenid a m\u00ed todos los que est\u00e1is cargados y ago\u00adbiados, porque os voy a dar respiro\u00bb (Mt 11,29).<\/p>\n<p>Luisa representa un or\u00e1culo para quien le pide conse\u00adjo, un modelo cercano de fe y de amor, una encarnaci\u00f3n de la sencillez evang\u00e9lica que lleva directamente a Dios, a quien hay que agradar con la pr\u00e1ctica del puro amor. A una se\u00f1ora, al terminar sus ejercicios, le entrega esta nota:<\/p>\n<p>\u00abDios lo \u00fanico que quiere de nosotros es nuestro co\u00adraz\u00f3n; no ha puesto en nuestro poder m\u00e1s que el puro acto de la voluntad y es lo que mira, junto con la acci\u00f3n que de \u00e9l procede. Haga las menos reflexiones que le sea posible y viva con una santa alegr\u00eda al servicio de nuestro soberano Due\u00f1o y Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Esta es la verdadera Luisa de Marillac: coraz\u00f3n para amar y manos para trabajar. Su acci\u00f3n procede del amor a Dios y a los hombres. En el amor y en el trabajo alcanza la plenitud humana y cristiana como mujer y como hija de la Caridad.<\/p>\n<p><em>Testamento espiritual<\/em><\/p>\n<p>Junto al lecho de la Se\u00f1orita, herida de muerte desde finales del mes de febrero de 1660, desfilan las personas m\u00e1s queridas: su hijo Miguel, algunos misioneros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, las damas de la Caridad, colaboradoras suyas en la ayuda a los pobres y, sobre todo, las Hijas de la Caridad residentes en Par\u00eds. S\u00f3lo falt\u00f3 la presencia del Sr. Vicente, aquejado tambi\u00e9n, por las mismas fechas de una enfermedad. A las Hijas de la Caridad les expresa su \u00faltima voluntad:<\/p>\n<p>\u00abMis queridas Hermanas, sigo pidiendo para ustedes a Dios su bendici\u00f3n y le ruego les conceda la gracia de perseverar en su vocaci\u00f3n, para que puedan servirle en la forma que \u00c9l pide de ustedes.<\/p>\n<p>Tengan gran cuidado del servicio de los pobres y sobre todo de vivir juntas en una gran uni\u00f3n y cordialidad, am\u00e1ndose las unas a las otras, para imitar la uni\u00f3n y la vida de nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Pidan mucho a la Sant\u00edsima Virgen que ella sea su \u00fanica Madre\u00bb.<\/p>\n<p>Gobillon recoge este testamento y lo estampa al final de la biograf\u00eda de la Se\u00f1orita Le Gras, a\u00f1adiendo que ella \u00abmor\u00eda con una alta estima de la vocaci\u00f3n, y que, aunque viviera cien a\u00f1os, recomendar\u00eda siempre la misma cosa\u00bb <sup>43<\/sup>. La vocaci\u00f3n que entusiasm\u00f3 a Luisa fue la misma de Jes\u00fas, que vino al mundo para evangelizar a los pobres; la misma de los ap\u00f3stoles fortalecidos por el Esp\u00edritu para dar testimonio de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or; la misma que contempl\u00f3 en Vicente de Pa\u00fal, enviado para curar las dolencias y miserias humanas. La vocaci\u00f3n de Luisa rompe los moldes de la tradici\u00f3n religiosa femenina e institucionaliza un estilo de seguir a Jes\u00fas en el puro amor a Dios y en el servicio de los pobres.<\/p>\n<p>El servicio de los pobres constituye el fin de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda que Luisa ha fundado con Vicente de Pa\u00fal. Su pervivencia depende del grado de fidelidad al designio de Dios. Su vocaci\u00f3n y misi\u00f3n est\u00e1n orientadas al servi\u00adcio de los necesitados. Poco antes de morir escribe, con\u00advencida de la llamada personal y comunitaria al segui\u00admiento de Jes\u00fas evangelizador de los pobres:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 dicha si la Compa\u00f1\u00eda, sin ofensa de Dios, no tuviera que ocuparse m\u00e1s que de los pobres desprovistos de todo! Y por eso la Compa\u00f1\u00eda no debe apartarse del ahorro ni cambiar de manera de vida, con el fin de que si la Providencia le da m\u00e1s de lo necesario, vayan a servir (las Hermanas) a sus expensas a los pobres, espi\u00adritual y corporalmente, sin ruido, con sordina, no impor\u00adta, con tal de que las almas honren eternamente los m\u00e9ritos de la Redenci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>La exhortaci\u00f3n a vivir en uni\u00f3n, cordialidad, afabili\u00addad y tolerancia se convierte, para Luisa, en una sana obsesi\u00f3n. No acierta a despedirse de sus Hermanas sino en el amor de Cristo crucificado, ejemplo vivo de amor en el mundo. In\u00fatilmente podr\u00eda esperarse de las \u00absiervas de los pobres\u00bb un testimonio convincente si no viven el amor mutuo que engendra la uni\u00f3n. \u00a1Cu\u00e1ntas veces ha comprobado que la divisi\u00f3n perjudica la atenci\u00f3n al pobre! Aunque viniera un \u00e1ngel a desment\u00edrselo, no lo creer\u00eda. En cambio, la cordialidad y la tolerancia fomen\u00adtan la ilusi\u00f3n para un mejor servicio.<\/p>\n<p>Finalmente, la recomendaci\u00f3n a acudir a Mar\u00eda como \u00fanica Madre de la Compa\u00f1\u00eda, mil veces se lo tiene repe\u00adtido. Mar\u00eda Inmaculada, abierta al Esp\u00edritu, Madre de Dios y de los hombres y sierva humilde, es la guardiana de la comunidad. La historia atestigua que las Hijas de la Caridad han aprendido la lecci\u00f3n recibida de labios de la fundadora. Todos los d\u00edas se dirigen a la Sant\u00edsima Virgen y la invocan bajo los t\u00edtulos con que Luisa implo\u00adraba la protecci\u00f3n de la Madre de la divina gracia.<\/p>\n<p>El testamento espiritual recogido por las Hermanas asistentes a la muerte de la Se\u00f1orita resume las ense\u00f1an\u00adzas principales que imparti\u00f3 durante todo el tiempo que hizo de superiora, madre, educadora y formadora de las Hijas de la Caridad. El paso del tiempo no ha marchitado la frescura y vigencia de sus instrucciones. Permanece en pie el consejo dado al borde de la muerte a Juana Delacroix, destinada en Ch\u00e1teaudun:<\/p>\n<p>\u00abLe suplico que no deje de darme noticias de ustedes y que me diga, sobre todo, si mientras trabajan en el servicio exterior, su interior se ocupa, por amor de nues\u00adtro Se\u00f1or, en velar sobre s\u00ed mismas para vencer y domi\u00adnar sus pasiones&#8230; Sin esto, sabe usted muy bien que las acciones exteriores, aun cuando sean para el servicio de los pobres, no pueden agradar mucho a Dios ni merecer\u00adnos recompensa, puesto que no van unidas a las de nues\u00adtro Se\u00f1or, que siempre trabaja con la mira puesta en Dios su Padre\u00bb&#8217;.<\/p>\n<p><em>\u00abSpes unica\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El 15 de marzo de 1660, entre las once y doce del medio\u00add\u00eda, Luisa de Marillac entregaba su esp\u00edritu a Dios. Ten\u00eda sesenta y ocho a\u00f1os cumplidos y unos meses. Su muerte \u00abpreciosa\u00bb, como canta la liturgia de los santos, coronaba una vida de fidelidad al designio divino. En su peregrina\u00adci\u00f3n de la fe y de la caridad no hubo curvas ni retrocesos, s\u00f3lo alteraciones emocionales producidas por la propia psicolog\u00eda y por los avatares de la vida, y una tendencia constante hasta llenarse del Esp\u00edritu de Jes\u00fas servidor de los pobres. El p\u00e1rroco de san Lorenzo, que se encontraba junto a la moribunda, exclam\u00f3 vi\u00e9ndola expirar: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 alma tan bella que se lleva consigo la gracia bautismal!\u00bb.<\/p>\n<p>La finada hab\u00eda dispuesto en su testamento que una gran cruz de madera con su Crucifijo se alzara en el muro donde deb\u00edan descansar sus restos mortales, y al pie de la cruz esta inscripci\u00f3n: <em>Spes unica<\/em>. Muchas veces hab\u00eda recitado el himno propio de pasi\u00f3n: <em>Vexilla Regis prodeunt, <\/em>cuya estrofa sexta canta a la cruz como \u00fanica esperanza. La cruz hab\u00eda sido su compa\u00f1era inse\u00adparable en el pa\u00eds de la vida. Jes\u00fas crucificado hab\u00eda hechizado su coraz\u00f3n hacia el puro amor. Era justo que la cruz sellara su muerte y la guardara hasta la resurrec\u00adci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00abTen\u00eda una vida interior muy intensa\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Cuando el Sr. Vicente recobr\u00f3 la salud m\u00ednima para salir de casa, acudi\u00f3 a la sala de conferencias de las Hijas de la Caridad para hacer el elogio de las virtudes practica\u00addas por la difunta. Nadie mejor que \u00e9l pod\u00eda dejarnos un retrato fiel de la Se\u00f1orita Le Gras, para quien el Sr. Vicente hab\u00eda sido \u00abla persona m\u00e1s querida en este mundo\u201d. Dijo entonces el orador sensiblemente emo\u00adcionado:<\/p>\n<p>\u00abA veces me pon\u00eda a pensar delante de Dios y me dec\u00eda: \u00abSe\u00f1or, t\u00fa quieres que hablemos de tu sierva, ya que era obra de tus manos\u00bb. Y me preguntaba: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo que has visto durante los treinta y ocho a\u00f1os que la has conocido? \u00bfQu\u00e9 has visto en ella?\u00bb. Se me ocurrie\u00adron algunas peque\u00f1as notas de imperfecci\u00f3n, pero peca\u00addos mortales&#8230; \u00a1eso jam\u00e1s! Le resultaba insoportable el m\u00e1s peque\u00f1o \u00e1tomo de movimientos de la carne. Era un alma pura en todas las cosas, pura en su juventud, pura en su matrimonio, pura en su viudez&#8230; Nunca he visto a nadie acusarse con tanta pureza&#8230;<\/p>\n<p>Bien, ten\u00e9is que pensar que vuestra madre ten\u00eda una vida interior muy intensa para regular su memoria, de forma que s\u00f3lo se serv\u00eda de ella para acordarse de Dios, y de su voluntad para amarlo&#8230;<\/p>\n<p>Ten\u00e9is en el cielo una madre que goza de mucha in\u00adfluencia\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente hab\u00eda pilotado con habilidad la nave de Luisa hasta el puerto de la caridad en medio de fuertes tormentas. No s\u00f3lo evit\u00f3 el naufragio; tambi\u00e9n le conce\u00addi\u00f3 paz y bonanza durante la traves\u00eda por el mar de la vida. Muchas cualidades y virtudes, con algunos defec\u00adtos, destaca de su ilustre colaboradora. Pero comenta sobre todo su exquisita sensibilidad, ternura y capacidad de interiorizaci\u00f3n. Canta la verdad como se la dicta el coraz\u00f3n. Las Hermanas interrogadas durante las charlas confirman el juicio vicenciano.<\/p>\n<p>Luisa estuvo dotada de extrema sensibilidad. Su psi\u00adcolog\u00eda vibraba ante la grandeza de Dios y la peque\u00f1ez del hombre. Obr\u00f3 siempre con amor y temor; pero se sobrepuso el amor al descubrir la inmensa benignidad de Dios. No soport\u00f3 nunca el pecado, aunque algunas im\u00adperfecciones mancillaron su conciencia. La falta de cari\u00ad\u00f1o en la ni\u00f1ez, la inseguridad y el miedo de tiempos pasados se tradujeron en apego a las personas queridas y en machaconer\u00edas. De estas faltas tuvo que ser corregida a cada paso.<\/p>\n<p>Los rasgos de su sensibilidad ante la belleza queda\u00adron plasmados en mil detalles: obras de pintura y borda\u00addos, afici\u00f3n por la himnolog\u00eda sacra y peque\u00f1os regalos a los bienhechores. Se dir\u00eda que era un tejido hermoso de feminidad.<\/p>\n<p>Su misma receptibilidad al amor y al dolor la hizo impresionable ante todo acontecimiento divino y huma\u00adno, traducido luego en ternura de Dios con los desvali\u00addos. Pudo dar la imagen, alguna vez, de ser \u00e1spera con las Hermanas, explosi\u00f3n sin duda del genio Marillac; pero fue comprensiva y razonable con todos. Su clarivi dencia del futuro le hac\u00eda sufrir interiormente ante lo indeseable, aunque no extra\u00f1a esta reacci\u00f3n, propia de toda persona inteligente.<\/p>\n<p>Luisa goz\u00f3 de una gran capacidad de interiorizaci\u00f3n. La facilidad para concentrarse potenciaba su oraci\u00f3n. Desconocemos todas las virtualidades de su cerebro para hacer la meditaci\u00f3n y sumirse en la contemplaci\u00f3n de Dios transcendente e inmanente en la historia. Tal vuelo oracional provocaba su vocaci\u00f3n m\u00edstica enraizada en el misterio trinitario, en la divinidad y humanidad de Jes\u00fas y en el sacramento del bautismo. Vivi\u00f3 y recomend\u00f3 la vida de oraci\u00f3n centrada en la uni\u00f3n con Dios mediante la pr\u00e1ctica del puro amor. Las oraciones jaculatorias la manten\u00edan bajo la mirada protectora del Alt\u00edsimo.<\/p>\n<p>La Se\u00f1orita Le Gras fue obra de Dios porque no opuso resistencia a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu y se abri\u00f3 a la Ley nueva encarnada en Jesucristo. Su transformaci\u00f3n se debi\u00f3, ante todo, al Esp\u00edritu de Jes\u00fas, que obr\u00f3 la mara\u00advilla de convertir en ella las tinieblas en luz, la debilidad en fortaleza, la inseguridad en firmeza, el abatimiento en paz y el miedo en valent\u00eda. El proceso fue lento y labo\u00adrioso. S\u00f3lo al final de la carrera se advierte este cambio prodigioso. Tal vez su psicolog\u00eda no sea bien compren\u00addida por los que se sienten seguros en la vida, pero tal postura revela un desconocimiento de las potencialidades del esp\u00edritu humano y de la acci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>La transparencia con que obr\u00f3 siempre Luisa fue fruto de su fidelidad en todos los estados de su vida: juventud, matrimonio y viudez, fidelidad al designio divino descu\u00adbierto en cada etapa del recorrido. Gracias a la coheren\u00adcia consigo misma, sin ambiciones humanas, escal\u00f3 las cimas del cristianismo, urgida por la caridad de Jesucris\u00adto crucificado.<\/p>\n<p>ORCAJO, A.: \u00abLa Pasi\u00f3n por el Esp\u00edritu de Jes\u00fas\u00bb. Ed. Paulinas<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El legado de la Se\u00f1orita Le Gras (1657-1660) Poco antes de consumir el per\u00edodo anterior, Luisa asiste al matrimonio de su hijo Miguel con Gabriela Le Clerc (18 de enero de 1650). 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