{"id":401927,"date":"2018-10-13T08:12:26","date_gmt":"2018-10-13T06:12:26","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=401927"},"modified":"2018-10-03T17:14:58","modified_gmt":"2018-10-03T15:14:58","slug":"401927-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/401927-2\/","title":{"rendered":"SANTA LUISA UNA LUZ BRILLA EN LAS TINIEBLAS (1613-1633) (1)"},"content":{"rendered":"<p>La segunda etapa del recorrido espiritual de la Se\u00f1orita Le Gras comprende veinte a\u00f1os justos, desde la fecha del matrimonio hasta la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad (1613-1633). Comienza la etapa por el camino llano de felicidad, la sigue por sendas tortuo\u00adsas de incertidumbre y la culmina en la monta\u00f1a nimbada de claridad. La traves\u00eda se desarrolla en tres per\u00edodos. El primero lo cubren espesas tinieblas disipadas por la luz de pentecost\u00e9s (1613-1623). El segundo se desarrolla entre el dolor por la muerte del marido y el gozo de la caridad practicada con los pobres (1623-1629). En el tercero ve coronados sus esfuerzos con la fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, mientras alcanza en las giras apost\u00f3licas experiencias m\u00edsticas imborrables (1629\u00ad1633).<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Un gozo fugaz en la vida de matrimonio (1613-1623)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Alrededor de cinco a\u00f1os dura la felicidad plena del matrimonio Le Gras (1613-1618). Al cabo de este tiem\u00adpo surgen las pruebas y desgracias. Ninguno de los dos sospecha que la situaci\u00f3n de dicha puede cambiar en breve. Ellos permanecen unidos por el amor. Pero la muerte precipitada de Antonio, postrado por la enferme\u00addad, hiere vivamente la sensibilidad de su esposa, que cae en profundo abatimiento interior.<\/p>\n<p>El consuelo del Esp\u00edritu no tarda en llegar al coraz\u00f3n de la Se\u00f1orita (1619-1623).<\/p>\n<p><em>\u00abSant\u00edsima Virgen, d\u00edgnate tomar a mi hijo y a m\u00ed bajo tu protecci\u00f3n\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El estado natural matrimonial no interfiere la vida espi\u00adritual que llev\u00f3 Luisa durante su doncellez. No tiene nada que corregir de la juventud pasada en la inocencia y generosidad con Dios. En la medida de sus posibilida\u00addes, recortadas por las obligaciones dom\u00e9sticas, sigue visitando enfermos y ayud\u00e1ndoles lo que puede.<\/p>\n<p>A los nueve meses de la boda, tiene el primero y \u00fanico hijo, Miguel Antonio (19 de octubre de 1613). La presencia de este reto\u00f1o colma de alegr\u00eda a sus padres. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pod\u00edan desear? No les faltaban medios econ\u00f3\u00admicos suficientes ni ascendencia social. Y para colmo de bienes, \u00a1la bendici\u00f3n de un hijo!<\/p>\n<p>Nos hubiera gustado disponer de un escrito aut\u00e9ntico de la \u00e9poca para traducir fielmente los sentimientos maternos de la Se\u00f1orita; pero tenemos que deducirlos de otro posterior, perteneciente al tiempo de viudez. Es de suponer que, dada la sensibilidad y piedad de la madre, ofreciera al Se\u00f1or y a Mar\u00eda el fruto de sus entra\u00f1as, como lo sugiere la siguiente oblaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abSant\u00edsima Virgen, d\u00edgnate tomar a mi hijo <em>y <\/em>a m\u00ed bajo tu protecci\u00f3n y ten como grata la elecci\u00f3n que de esa protecci\u00f3n hago para servirme de gu\u00eda; recibe mis votos y s\u00faplicas, junto con mi coraz\u00f3n que te entrego por entero, para glorificar a Dios por la elecci\u00f3n que su Bondad hizo de ti para ser Madre de su Hijo\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>La Virgen Mar\u00eda es elegida como modelo de madre humilde y hacendosa. La maternidad divina encaja per\u00adfectamente en el cuadro de resonancias de la Se\u00f1orita, que se recrea con la memoria del embarazo de Mar\u00eda por obra del Esp\u00edritu Santo. Los t\u00edtulos de Virgen Madre, Virgen Inmaculada, Virgen Esposa, recuerdan a Luisa c\u00f3mo ha de vivir ella su dignidad de madre cristiana.<\/p>\n<p>Pero Miguel Antonio daba pruebas evidentes de ser un ni\u00f1o enfermizo y voluble seg\u00fan crec\u00eda en edad y en estatura. El que comenz\u00f3 siendo la alegr\u00eda de la madre, se tom\u00f3 pronto en fuente de l\u00e1grimas <em>y <\/em>preocupaciones. No por eso dej\u00f3 ella de amarle profundamente, corriendo solidaria con la suerte de su hijo. El afecto y ternura de Luisa, aunque purificados por el fuego del amor, son no\u00adtas que caracterizan su personalidad humana y cristiana.<\/p>\n<p><em>La caridad de Antonio Le Gras<\/em><\/p>\n<p>El paso de 1618 a 1623 es determinante para interpretar los hechos que provocan la \u00abnoche oscura\u00bb de la Se\u00f1orita. Las tinieblas no la envolvieron de repente. Existe una concatenaci\u00f3n de causas que originaron su ca\u00edda de \u00e1ni\u00admo. La descripci\u00f3n de la prueba podr\u00eda parecemos inven\u00adci\u00f3n suya si otros m\u00edsticos no nos confirmaran en la mis\u00adma realidad purificadora, obrada en el silencio de Dios.<\/p>\n<p>La felicidad matrimonial se trueca en angustia cuan\u00addo ella cae enferma. Nunca hab\u00eda presumido de buena salud, pero se confirma su debilidad f\u00edsica. Yace tambi\u00e9n enfermo su marido, que se agrava por d\u00edas. La familia Le Gras presenta un cuadro desolador a partir de 1618.<\/p>\n<p>A esta desgracia hay que a\u00f1adir la desaparici\u00f3n de Octavio D&#8217;Attichy, en 1614, y la de su esposa Valence en 1617. Este mismo a\u00f1o muere asesinado Concini, y Mar\u00eda de M\u00e9dicis es exiliada a Blois. El cambio pol\u00edtico de la naci\u00f3n afecta a la econom\u00eda de la familia Le Gras, sobrecargada con el cuidado de los siete hijos que dejan los Attichy, cuatro de ellos menores de edad. La caridad de Antonio no regatea sacrificios y cari\u00f1o con los hu\u00e9r\u00adfanos, preocup\u00e1ndose m\u00e1s del cuidado de sus sobrinos que de s\u00ed mismo. Al menos \u00e9sta es la convicci\u00f3n que abriga su esposa, que hacia 1643 desvela el secreto a Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p>\u00abEn lo que \u00fanicamente reconoc\u00eda haber faltado a mis deberes de buena madre para con mi hijo, era en no haberle infollnado (al P. D&#8217;Attichy) de que mi difunto marido lo hab\u00eda consumido todo, su tiempo y su vida, en cuidar de los asuntos de su casa, descuidando por completo los suyos propios\u00bb <sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>En medio de la desolaci\u00f3n familiar no falt\u00f3 el con\u00adsuelo de los amigos verdaderos. El obispo de Ginebra, Francisco de Sales, enterado de la enfermedad de Luisa y de Antonio, se apresura a hacerles alguna visita. La presencia del prelado suaviz\u00f3 la pena de los esposos, que no olvidar\u00e1n jam\u00e1s tanta delicadeza, sobre todo Luisa. Es incalculable la influencia espiritual de Francisco de Sales en nuestra humanista del esp\u00edritu. M\u00e1s que ning\u00fan autor, el obispo de Ginebra ejerce en el pensamiento y en la oraci\u00f3n luisianos una preponderancia incomparable, como pronto se ver\u00e1 a trav\u00e9s de los textos citados.<\/p>\n<p><em>\u00abCa\u00ed en un gran abatimiento de esp\u00edritu\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El a\u00f1o 1623 es clave en la vida de la se\u00f1orita; se\u00f1ala un hito en su itinerario espiritual, un punto de referencia para valorar su progreso incesante en la vocaci\u00f3n cristia\u00adna. Es el a\u00f1o de la confusi\u00f3n interior seguida de la luz de pentecost\u00e9s, el a\u00f1o de la amarga tentaci\u00f3n superada por la gracia del Esp\u00edritu, el a\u00f1o de la gran revelaci\u00f3n m\u00edstica del mundo.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n de la Se\u00f1orita se ha convertido en un acerico acribillado de dolores. La prueba llega a su culmen en los d\u00edas que median entre la ascensi\u00f3n y pente\u00adcost\u00e9s, del 25 de mayo al 4 de junio. Entonces experi\u00admenta la crisis o purificaci\u00f3n m\u00e1s abrasadora. Ella misma nos desvela las causas que la hacen caer \u00aben un gran abatimiento de esp\u00edritu\u00bb y en una \u00abaflicci\u00f3n incre\u00edble\u00bb&#8216;. As\u00ed nos lo cuenta con puntos y se\u00f1ales.<\/p>\n<p>\u00abEl d\u00eda de santo Tom\u00e1s, a lo largo de todo el d\u00eda tuve grandes decaimientos de esp\u00edritu por los sentimientos de la propia abyecci\u00f3n, que me hacen aparecer como una cloaca de orgullo y fuente de amor propio;<\/p>\n<p>de desamparo, anonadamiento de mi miseria, aban\u00addono de Dios merecido poi<sup>&#8211;<\/sup> mis infidelidades;<\/p>\n<p>con una opresi\u00f3n de coraz\u00f3n tan grande, que en los momentos m\u00e1s violentos, me hac\u00eda sufrir en el cuerpo;<\/p>\n<p>y, a veces, vi\u00e9ndome en la estima de las que han equivocado su (camino), llegaba a creerme por esta cau\u00adsa en estado de no merecer que se cumpliese en m\u00ed la santa voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Aceptando esta disposici\u00f3n, sent\u00ed un poco m\u00e1s de tranquilidad, habiendo tomado como tema de la orienta\u00adci\u00f3n: \u00abLa paz de Dios que supera todo conocimiento\u00bb (Flp 4,7).<\/p>\n<p>Desde hace cinco a\u00f1os viene padeciendo el mismo mal, que se agranda cada vez que le ronda el pensamien\u00adto de su supuesta infidelidad a Dios. El dolor es tan intenso que repercute en su salud f\u00edsica. El silencio de Dios se hace en ella ensordecedor detr\u00e1s de la palabra. No abandona la oraci\u00f3n; cuanto m\u00e1s arrecia la tempes\u00adtad, m\u00e1s se sumerge la barquilla de su fe, suspirando por la paz de Dios.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos de hoy, sabemos que la Se\u00f1orita padece un sentimiento agudo de culpabilidad, acompa\u00f1ado de escr\u00fapulos horrorosos, de inseguridad total, de abandono de Dios y de los hombres, de infravaloraci\u00f3n de s\u00ed mis\u00adma. Propicia ese estado su propia psicolog\u00eda, inclinada al interiorismo y encerramiento de las potencias, al estudio puntilloso de su conciencia, a la contemplaci\u00f3n del Es\u00adp\u00edritu inmanente en la historia.<\/p>\n<p>Sin duda la doctrina agustiniana sobre la debilidad de la naturaleza humana herida por el pecado original con\u00adtribuye a crear la carga de pesimismo que pesa sobre ella como una roca aplastante. Dado su temperamento y for\u00admaci\u00f3n inicial, no extra\u00f1a que diga de s\u00ed misma que es como \u00abuna cloaca de orgullo y una fuente de amor pro\u00adpio\u00bb, f\u00f3rmula por lo dem\u00e1s que se repite incansablemente en los autores contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>En esta situaci\u00f3n de hundimiento, de poco o nada le sirven los consejos de su t\u00edo Miguel de Marillac, sim\u00adpatizante del c\u00edrculo Acarie, amigo de B\u00e9rulle y del P. Honorato de Champigny. Miguel de Marillac disfruta ante Luisa de cierta aureola de ciencia y virtud, raz\u00f3n por la que ella acude a \u00e9l en demanda de consejo. Las res\u00adpuestas del t\u00edo la conducen por las sendas del anonada\u00admiento y despojo de todo lo creado. Miguel se muestra fr\u00edo e intransigente con su sobrina. Y, aunque es \u00abun gran siervo de Dios y un hombre de mucha oraci\u00f3n\u00bb, no acierta a consolar ni a curar la herida sangrante de la Se\u00f1orita.Juan Pedro Le Camus, obispo de Belley, es su direc\u00adtor en el tiempo de la prueba. Camus orienta a su diri\u00adgida, entre los a\u00f1os 1618-1624, por las v\u00edas de la paz interior, de la alegr\u00eda, de la confianza y de la conformi\u00addad con la voluntad de Dios. Si no consigue tranquilizar\u00adla del todo, evita al menos que la angustia estrangule a su hija espiritual. Procura sosegarla y corregir su \u00abexce\u00adsiva vehemencia\u00bb por la santidad. En 1623 obtiene per\u00admiso para que la familia Le Gras pueda leer la Biblia en franc\u00e9s seg\u00fan la traducci\u00f3n de los doctores de Lovaina. En las cartas que se conservan del obispo, insiste m\u00e1s en los aspectos asc\u00e9ticos que en los m\u00edsticos, aunque \u00e9l propende hacia la m\u00edstica renano-flamenca, bien que matizada por el humanismo devoto de Francisco de Sa\u00adles, de quien se declara disc\u00edpulo. A pesar de todos los esfuerzos por imprimir en Luisa cierto optimismo pr\u00e1c\u00adtico, no obtiene de ella efectos notorios. La paciencia est\u00e1 persuadida de que la curaci\u00f3n, si viene, la consegui\u00adr\u00e1 por intercesi\u00f3n del difunto Francisco de Sales.<\/p>\n<p><em>Tres caras de una misma tentaci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>La descripci\u00f3n de la \u00abnoche oscura\u00bb luisiana pertenece a un escrito autobiogr\u00e1fico, posterior a la prueba misma. Su lectura nos remonta a un momento crucial de la pa\u00adciente. Se trata de una tentaci\u00f3n tricef\u00e1lica o de tres bocas dispuestas a devorar a su v\u00edctima. En la fecha indicada m\u00e1s arriba, la Se\u00f1orita encumbrada en lo m\u00e1s alto de la monta\u00f1a, queda envuelta de espesas tinieblas. Ella piensa que est\u00e1 hundida en el abismo. No sospecha que se est\u00e1 obrando una purificaci\u00f3n m\u00e1s pasiva que activa. D\u00e9mosle la palabra de nuevo:<\/p>\n<p>\u00abEl d\u00eda siguiente de la ascensi\u00f3n ca\u00ed en un gran abatimiento de esp\u00edritu, por la duda que ten\u00eda de si deb\u00eda dejar a mi marido como lo deseaba insistentemente, para reparar mi primer voto y tener m\u00e1s libertad para servir a Dios y al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Dudaba tambi\u00e9n si el apego que ten\u00eda a mi director no me impedir\u00eda tomar otro, ya que se hab\u00eda ausentado por mucho tiempo y tem\u00eda estar obligada a ello.<\/p>\n<p>Y ten\u00eda tambi\u00e9n gran dolor con la duda de la inmor\u00adtalidad del alma. Lo que me hizo estar desde la ascen\u00adsi\u00f3n a pentecost\u00e9s en una aflicci\u00f3n incre\u00edble\u00bb.<\/p>\n<p>Tanto el contenido como el lenguaje mismo nos su\u00adgieren la presencia de un fen\u00f3meno m\u00edstico experimen\u00adtado por quien sufre la ausencia de Dios. El alejamiento del Se\u00f1or es el temor que la invade ante la duda de haber roto un pacto de amor y de pertenencia total a Dios cuando contrajo matrimonio. El apego a su director Juan Pedro Le Camus, ausente de Par\u00eds para atender la pasto\u00adral de la di\u00f3cesis de Belley, atiza a\u00fan m\u00e1s el fuego que la consume por dentro. S\u00f3lo pensar en un cambio de director \u2014sin \u00e9l no sabr\u00eda dar un paso hacia adelante\u2014acrecienta su inseguridad y preocupaci\u00f3n. Finalmente, la duda sobre la inmortalidad del alma ahoga su esperanza de alcanzar plenamente a Dios. Una por una, cada boca de la tentaci\u00f3n constituye una amenaza terrible; pero las tres juntas paralizan la vida de la enferma. S\u00f3lo una acci\u00f3n de Dios puede devolverle la paz.<\/p>\n<p>La conquista de la paz interior es el anhelo de su vida. Cuando se halla algo sosegada, medita sobre alguna sentencia evang\u00e9lica alusiva a la tranquilidad del alma. Si queda de momento apaciguada, cualquier leve recuer\u00addo de su antigua infidelidad la hunde en el abismo.<\/p>\n<p><em>\u00abEn un instante, mi esp\u00edritu qued\u00f3 iluminado acerca de sus dudas\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Al fin, la noche se hizo d\u00eda en el coraz\u00f3n de la Se\u00f1orita. Una luz esplendorosa disip\u00f3 las tinieblas y brill\u00f3 en el alma. Todo sucedi\u00f3 \u00aben un instante\u00bb, como cuentan de s\u00ed mismos otros m\u00edsticos experimentados. Ella nos lo detalla con profusi\u00f3n de notas:<\/p>\n<p>\u00abEl d\u00eda de pentecost\u00e9s oyendo la santa misa o hacien\u00addo oraci\u00f3n en la iglesia, en un instante, mi esp\u00edritu qued\u00f3 iluminado acerca de sus dudas. Y se me advirti\u00f3 que deb\u00eda permanecer con mi marido, y que llegar\u00eda un tiem\u00adpo en que estar\u00eda en condiciones de hacer voto de pobre\u00adza, de castidad y de obediencia, y que estar\u00eda en una peque\u00f1a comunidad en la que algunas har\u00edan lo mismo. Entend\u00ed que ser\u00eda esto en un lugar dedicado a servir al pr\u00f3jimo; pero no pod\u00eda comprender c\u00f3mo podr\u00eda ser, porque deb\u00eda haber (movimiento de) idas y venidas.<\/p>\n<p>Se me asegur\u00f3 tambi\u00e9n que deb\u00eda permanecer en paz en cuanto a mi director, y que Dios me dar\u00eda otro, que me hizo ver (entonces), seg\u00fan me parece, y yo sent\u00ed re\u00adpugnancia en aceptar; sin embargo, consent\u00ed pareci\u00e9ndo\u00adme que no era todav\u00eda cuando deb\u00eda hacerse este cambio.<\/p>\n<p>Mi tercera pena me fue quitada con la seguridad que sent\u00ed en mi esp\u00edritu de que era Dios quien me ense\u00f1aba todo lo que antecede, y pues Dios exist\u00eda, no deb\u00eda dudar de lo dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno experimentado no puede ser revelado con m\u00e1s sencillez. Desde ahora, el Esp\u00edritu de pentecos\u00adt\u00e9s juega un papel decisivo en la vida cristiana de Luisa. Con raz\u00f3n afirma Calvet que, \u00abentre los santos, Luisa se nos presenta como la que permanece recogida en la ca\u00adpilla del Esp\u00edritu Santo\u00bb. La devoci\u00f3n al Esp\u00edritu modela su psicolog\u00eda espiritual y marca los pasos de su con\u00adfiguraci\u00f3n con Jes\u00fas evangelizador de los pobres.<\/p>\n<p>Que las dudas desaparecieron \u00aben un instante\u00bb obede\u00adce a datos de experiencia comunes entre los m\u00edsticos. Santa Teresa, por ejemplo, dice: \u00abNing\u00fan remedio hay en esta tempestad, sino aguardar a la misericordia de Dios, que a deshora, con una palabra solo suya o una ocasi\u00f3n que acaso sucedi\u00f3 lo quita todo tan de presto que parece no hubo nublado en aquella alma, seg\u00fan queda llena de sol y de mucho m\u00e1s consuelo\u00bb.<\/p>\n<p>La gracia de la luz pudo haberla recibido Luisa en un momento de recogimiento pasivo, en la misa o fuera de la misa, pero relacionado con la eucarist\u00eda. Entonces entendi\u00f3 cu\u00e1l ser\u00eda su vocaci\u00f3n en la Iglesia y en el mundo. Incluso le fue mostrado el instrumento humano que la orientar\u00eda en el futuro: Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>El difunto obispo Francisco de Sales se le mostr\u00f3 como intercesor de la gracia recibida, \u00abpor haber deseado mucho, antes de su muerte (22 de diciembre de 1622), comunicarle esta aflicci\u00f3n y por haber sentido despu\u00e9s gran devoci\u00f3n y recibido por su medio muchos favores\u00bb. Monse\u00f1or de Ginebra hab\u00eda pasado tambi\u00e9n por trance parecido durante su juventud, saliendo purificado de la prueba.<\/p>\n<p>El escrito sobre la luz de pentecost\u00e9s constituye una pieza maestra de producci\u00f3n m\u00edstica. No es el \u00fanico que sale de la pluma de la Se\u00f1orita, pero s\u00ed el primero en revelarnos la capacidad para la oraci\u00f3n extraordinaria. La fiesta de pentecost\u00e9s y el Esp\u00edritu Santo se identifican en la experiencia y ense\u00f1anza luisianas, que, seg\u00fan conven\u00adga, apelar\u00e1n a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu en el nacimiento de la Iglesia o de las peque\u00f1as comunidades e incluso en el desarrollo de la vida espiritual de los hijos de Dios. El mismo Esp\u00edritu Santo manifestado en pentecost\u00e9s activa en Luisa la pasi\u00f3n por el esp\u00edritu de Jes\u00fas humilde, sen\u00adcillo y caritativo, y por el servicio de los pobres.<\/p>\n<p>ORCAJO, A.: \u00abLa Pasi\u00f3n por el Esp\u00edritu de Jes\u00fas. Luisa de Marillac\u00bb. Ed. Paulinas<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La segunda etapa del recorrido espiritual de la Se\u00f1orita Le Gras comprende veinte a\u00f1os justos, desde la fecha del matrimonio hasta la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad (1613-1633). 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