{"id":401126,"date":"2017-09-05T08:22:56","date_gmt":"2017-09-05T06:22:56","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=401126"},"modified":"2017-07-30T17:25:29","modified_gmt":"2017-07-30T15:25:29","slug":"la-comunidad-vicenciana-realidad-viva-fe","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-comunidad-vicenciana-realidad-viva-fe\/","title":{"rendered":"La comunidad vicenciana, realidad viva de fe"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-399823 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/cristo-hijas-caridad-300x158.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" \/><\/p>\n<p>Toda comunidad cristiana es y debe ser, por definici\u00f3n, \u00abrea\u00adlidad viva de fe\u00bb. Ahora bien, sabemos que el carisma de los I iniciadores es la forma especial en la que ellos se sintieron in\u00adterpelados por Jesucristo para vivir de El, imitarle y proseguir su misi\u00f3n, bajo el impulso de su esp\u00edritu y en medio del pueblo de Dios. En el concepto de san Vicente, la llamada para ir a llevar la buena noticia a los pobres y para servirles corporal y espiritualmente, con una caridad sencilla y humilde, va unida con la llamada a \u00abagruparse\u00bb fraternalmente con ese mismo es\u00adp\u00edritu evang\u00e9lico de sencillez, humildad y caridad.<\/p>\n<p>No es menos evidente que, dentro de este contexto, la noci\u00f3n de \u00abcomunidad\u00bb, en la medida en que se quiere y se puede aplicarla a las diversas fundaciones de san Vicente y, con mayor raz\u00f3n, a las que se glor\u00edan de su patrocinio y de su inspiraci\u00f3n, es una noci\u00f3n \u00abanal\u00f3gica\u00bb. Esas \u00abcomunidades\u00bb se encuentran en lo \u00abesencial\u00bb que acabo de recordar. Y precisamente en eso y en la medida en que lo vivan\u2014 ser\u00e1n \u00abrealidades vivas de fe\u00bb. Pero esas comunidades viven tal realidad de manera diferente y, si me es permitido expresarme as\u00ed, con tonalidades o matices diversos. En efecto, se trata, de una parte, de los sacerdotes de la misi\u00f3n o de otros sacerdotes que, por determinadas razones, se consideran bajo la tutela de san Vicente de Pa\u00fal; de otra parte, de las Hijas de la Caridad o de otros institutos que, tambi\u00e9n ellos, se consideran vicencianos \u2014y son muchos\u2014; o bien de movi\u00admientos o grupos de laicos, desde las \u00abDamas de la Caridad\u00bb, fundadas directamente por san Vicente y que hoy ostentan di\u00adferentes nombres, seg\u00fan los pa\u00edses, dentro de la Asociaci\u00f3n Internacional de Caridad, y tantas otras Asociaciones de fieles, de las que la principal es la Sociedad de san Vicente de Pa\u00fal, fundada por Federico Ozanam, en el siglo pasado. Todas esas personas \u00abse dan a Dios\u00bb, empleando una expresi\u00f3n muy vicenciana, con un acento diferente, seg\u00fan el compromiso a que se obligan. B\u00e1stenos con recordar c\u00f3mo nacieron las Hijas de la Caridad. Unas y otras quieren servir a los pobres corporal y espiritualmente y servirlos \u00abjuntas\u00bb, en humildad, sencillez y caridad. Pero las Hijas de la caridad se dan totalmente a Dios para ese fin, ya que habr\u00e1n de vivirlo con un car\u00e1cter de radicalidad, de absoluto, llegando a abrazar para mejor lograrlo la pr\u00e1ctica de los Consejos Evang\u00e9licos de castidad, pobreza y obediencia, seg\u00fan su estado de vida, y confirmando con votos anuales ese don total dentro de lo que tiene de espec\u00edfico.<\/p>\n<p>En una palabra, el \u00abestado de caridad\u00bb \u2014empleando una vez m\u00e1s un t\u00e9rmino vicenciano\u2014 se inscribe en diversos \u00abestados de vida\u00bb, cuyas exigencias son m\u00e1s o menos fuertes, especialmente a nivel del \u00abestar juntos\u00bb. Por eso quiz\u00e1 es m\u00e1s de admirar que ese \u00abestar juntos\u00bb para atender a los pobres en nombre de Je\u00adsucristo, forme siempre parte del \u00abprograma\u00bb. Es precisamente lo que me escrib\u00eda el P. Maside cuando me propuso esta con\u00adferencia, aunque me ped\u00eda que insistiera de manera especial en la vida fraterna en comunidad de las Hijas de la Caridad, sin duda porque ella es el tipo m\u00e1s acabado de \u00abcomunidad vicenciana como realidad viva de fe\u00bb, y que, adem\u00e1s, a partir de ella podemos discernir mejor el esp\u00edritu que debe animar a todos los que consideran a san Vicente (eventualmente tambi\u00e9n a santa Luisa) como su Patrono. Igualmente podremos discernir los ras\u00adgos esenciales en que se plasma el \u00abestar juntos para la Misi\u00f3n\u00bb, seg\u00fan el pensamiento de los fundadores, dentro del respeto debido a las diferencias y seg\u00fan la ley de la analog\u00eda.<\/p>\n<ol>\n<li>JUNTOS PARA Y EN LA MISION CERCA DE LOS POBRES<\/li>\n<\/ol>\n<p>Precisamente ese \u00abestar juntos para y en la Misi\u00f3n cerca de los pobres\u00bb es lo que hace \u2014y debe hacer\u2014 de nuestras \u00abcomunidades\u00bb vicencianas, cada una seg\u00fan su estilo, pero dentro de un esp\u00edritu similar, \u00abuna realidad viva de fe\u00bb. Cristo es el \u00abMisionero del Padre\u00bb \u2014as\u00ed gustaba de evocarle san Vicente\u2014, y toda verdadera misi\u00f3n tiene que hacer referencia a la suya: con El y en pos de El, nos env\u00eda a cada uno, en particular y juntos, a llevar la buena noticia a los pobres. Para los fundadores, esto es<\/p>\n<ol>\n<li>A) <em>Una \u00abexperiencia\u00bb y una \u00abm\u00edstica\u00bb<\/em><\/li>\n<li><em> El fruto de una experiencia<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>Es sabido que, hist\u00f3ricamente, la Misi\u00f3n com\u00fan fue la que engendr\u00f3 la vida <em>coman_ <\/em>Es algo que no debemos perder de vista, sobre todo cuando queremos renovar en profundidad nuestra vida comunitaria. Desde la fundaci\u00f3n de la primera Cofrad\u00eda de la Caridad, en Chatillon, se invit\u00f3 a aquellas se\u00f1oras a que se agruparan para asistir corporal y espiritualmente a los pobres enfermos de aquella regi\u00f3n. Y la raz\u00f3n era para que <em>\u00abel buen Jes\u00fas sostenga este orden y colme de sus bendiciones divinas a los que en \u00e9l trabajan, porque El mismo ha dicho que en el d\u00eda del juicio escuchar\u00e1n estas suaves palabras: \u00abVenid, benditos de mi Padre, recibid el Reino que ha sido preparado para vo\u00adsotros desde el comienzo del mundo\u00bb\u00bb. <\/em>Queda claro que la or\u00adganizaci\u00f3n no es s\u00f3lo t\u00e9cnica sino que tiende a que se cumpla mejor el designio de Dios sobre nosotros. Lo mismo ocurrir\u00e1 con los sacerdotes de la Misi\u00f3n, que ir\u00e1n juntos de aldea en aldea, <em>y <\/em>con las Hijas de la Caridad quienes, el 29 de noviembre de 1633, se reunir\u00e1n en torno a Luisa de Marillac para vivir su ideal en comunidad fraterna.<\/p>\n<p>Como consecuencia de esto, hoy vemos, a lo largo de las Constituciones, c\u00f3mo <em>ese hilo conductor de la \u00abcomunidad para el servicio o para la misi\u00f3n\u00bb aparece sin cesar a modo de orien\u00adtaci\u00f3n unificadora en la fe y el amor. <\/em>La misma idea de fondo, aunque expresada de diversa manera, la encontramos en los re\u00adglamentos actuales, lo mismo que en los de ayer, de las distintas asociaciones vicencianas. Se nos dice que es una se\u00f1al distinta, un apoyo esencial, una parte integrante de nuestra vocaci\u00f3n y de nuestra vida misionera. Y ciertamente es una gracia concedida a nuestro tiempo el haber sacado a la luz ese rasgo de nuestra identidad. Entre una representaci\u00f3n demasiado \u00abconventual\u00bb de nuestra vida comunitaria, y una representaci\u00f3n demasiado vaga, estilo \u00abequipo de trabajo\u00bb, o de \u00abcomunidad-comuni\u00f3n\u00bb que halla su fin en s\u00ed misma, resalta y se reafirma la convicci\u00f3n de que es Dios mismo quien nos ha llamado y reunido, que en El estamos congregados, respondiendo a su llamada. Aqu\u00ed la misi\u00f3n con los pobres y para los pobres funciona como polo de atracci\u00f3n que da sentido a todas las cosas, especialmente a nuestra vida fraterna. Por ello es tambi\u00e9n<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><em>Una fuerza<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>Esta fuerza no es otra que la del impulso misionero que nos atrae y nos re\u00fane, y que act\u00faa en dos sentidos: de la misi\u00f3n al grupo, del grupo a la misi\u00f3n, sirviendo de apoyo rec\u00edprocamente, as\u00ed como de fuente rec\u00edproca de vida y energ\u00eda.<\/p>\n<p>En efecto, si no hay unidad entre nosotros, perdemos esa alma com\u00fan que tenemos y perdemos nuestra identidad; caemos en el individualismo y en la yuxtaposici\u00f3n, cosas ambas tan ruinosas para la acci\u00f3n apost\u00f3lica. Por dispersos que nos halle\u00admos, atendiendo a las necesidades de la misi\u00f3n, sabemos que estamos, y as\u00ed nos sentimos, <em>siempre unidos a nuestra comuni\u00addad, <\/em>en cierto modo sostenidos por ella, delegados por ella, con la responsabilidad por nuestra parte de su raz\u00f3n de ser. Si no se puede vivir sin raz\u00f3n para vivir, todav\u00eda menos se puede vivir juntos sin raz\u00f3n para vivir juntos. Y la raz\u00f3n que tenemos nosotros para ello, reside precisamente en el anuncio y la revelaci\u00f3n de Jesucristo a los pobres.<\/p>\n<p>A la inversa, lejos de dejar que nuestro grupo se convierta en ghetto o en \u00abinvernadero c\u00e1lido\u00bb, hacemos de \u00e9l <em>un lugar en el que se pude hacer nuevo acopio de fuerzas, en el que se puede compartir, en un clima fraternal, con miras a la Misi\u00f3n <\/em>y <em>a partir de<\/em><em> ella; <\/em>con miras tambi\u00e9n a ser una presencia m\u00e1s aut\u00e9ntica en el mundo de los pobres, a llevar a \u00e9l una evangelizaci\u00f3n que est\u00e9 verdaderamente dentro de la l\u00ednea de nuestra vocaci\u00f3n. Sin una I nalidad misionera, no se puede dudar de que caer\u00edamos en la desagregaci\u00f3n de nuestras vidas comunitarias, como tambi\u00e9n en la de nuestras vidas personales.<\/p>\n<p>Quiere esto decir que ambas realidades van unidas: o se man\u00adtienen juntas o se desmoronan juntas. S\u00f3lo una visi\u00f3n de fe profunda nos permite tener presente su verdadero sentido, res\u00adpondiendo a<\/p>\n<ol>\n<li>B) <em>Una llamada continua<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>Se trata, ni m\u00e1s ni menos, de una llamada a una renovaci\u00f3n, a una conversi\u00f3n incesantes, en funci\u00f3n del fin que nos re\u00fane y de la urgencia que lo caracteriza.<\/p>\n<ol>\n<li><em> Una finalidad<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>No basta, en efecto, estar \u00abjuntos\u00bb. <em>La verdadera vida co\u00admunitaria florece all\u00ed donde la finalidad es \u00abel otro\u00bb, <\/em>en todos los sentidos que esta palabra tiene para nosotros: el Se\u00f1or, los pobres, los miembros de nuestra comunidad misionera. Si es cierto que \u00e9sta se va estructurando poco a poco, a trav\u00e9s de un lento y paciente caminar, tambi\u00e9n lo es que esto no puede lograrse sino en torno a la Misi\u00f3n, con miras a ella, en torno y con miras al servicio de los pobres.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 entonces cuando <em>quedaremos unificados, <\/em>a la vez,<\/p>\n<ul>\n<li>en el sentido de nuestra <em>\u00abunidad de vida\u00bb, <\/em>puesto que todo \u2014y en particular la vida fraterna\u2014 se vivir\u00e1 en torno al eje centralizador de nuestras existencias vicencianas: Cristo en los pobres, los pobres en Cristo;<\/li>\n<li>y en el sentido de la <em>\u00abunidad en la vida\u00bb, <\/em>ya que nuestros esp\u00edritus y nuestros corazones tender\u00e1n juntos hacia el mismo bien, hacia y en el amor del mismo bien: la pro\u00admoci\u00f3n humana y evang\u00e9lica de nuestros hermanos los m\u00e1s desprovistos y carentes de todo, que consideraremos como<\/li>\n<\/ul>\n<ol start=\"2\">\n<li><em>Una urgencia<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00bfQu\u00e9 cosa m\u00e1s urgente puede haber que la buena nueva lle\u00advada a los pobres? \u00abTenemos que correr hacia los pobres como se corre a apagar un fuego\u00bb. La fuente de nuestras relaciones fraternas es, precisamente, esa <em>escucha que prestamos juntos al grito de los pobres. <\/em>La renovaci\u00f3n continua, cuya importancia hemos visto, no consiste tanto en discutir indefinidamente acerca de ella, como en acoger el don de Dios que se manifiesta, por lo que a nosotros se refiere, en el sufrimiento del pobre. \u00abEl pobre pueblo se muere de hambre y se condena\u00bb.<\/p>\n<p>Por otra parte \u00bfno somos todos \u00abunos pobres\u00bb? Tenemos una necesidad radical de Dios, todos necesitarnos unos de otros, in\u00adcluso de los pobres, para adherirnos cada vez m\u00e1s a Jesucristo seg\u00fan nuestra vocaci\u00f3n propia. Bien sabemos la plenitud de sig\u00adnificado que Juan Pablo II ha dado a la palabra \u00absolidaridad\u00bb en su enc\u00edclica sobre la cuesti\u00f3n social. En ese sentido, los pobres nos \u00abengendran\u00bb, incluso como comunidad. Son verdaderamente nuestros \u00abamos y se\u00f1ores\u00bb: en la medida en que esa comunidad, como tal, est\u00e1 un\u00e1nimemente orientada hacia la Misi\u00f3n, llega a ser fuente de relaciones alegres y cordiales, porque, continua\u00admente, ahondamos y concretamos la finalidad com\u00fan que nos re\u00fane.<\/p>\n<p>Eso es lo que expresan nuestros <em>\u00abproyectos comunitarios\u00bb. <\/em>Dichos proyectos pretenden ser, precisamente, la concreci\u00f3n del designio de Dios sobre nosotros y de la manera en que queremos responder juntos a \u00e9l, en fe. Constituyen un v\u00ednculo que une la comunidad en su misi\u00f3n com\u00fan,<\/p>\n<ul>\n<li>haciendo referencia a las llamadas de los pobres y a las formas de servirles que han de ser actitudes prioritarias en determinado contexto humano y eclesial,<\/li>\n<li>haciendo referencia al carisma vocacional,<\/li>\n<li>haciendo referencia a la Pastoral en la que estamos in\u00adsertos en cooperaci\u00f3n con todas las fuerzas vivas de la iglesia local y universal, especialmente con el laicado.<\/li>\n<\/ul>\n<p>A trav\u00e9s de todo esto se expresa, pues, el mundo din\u00e1mico (Ir nuestras relaciones fraternales corno realidad viva de fe. Es\u00adtamos unidos y enraizados en Jesucristo, manantial y modelo de (da caridad y, por lo mismo, de la subsistencia de toda comu\u00adnidad misionera.<\/p>\n<p>Profundicemos ahora este aspecto, bajo el t\u00edtulo de<\/p>\n<ol>\n<li>UNA SOLA ALMA Y UN SOLO ESPIRITU Y empecemos por dirigirnos, con San Vicente,<\/li>\n<li>A) <em>De la sant\u00edsima Trinidad al dinamismo misionero<\/em><\/li>\n<li><em> Referencia a los fundadores<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>Repetidas veces he tenido ocasi\u00f3n de citar y comentar el c\u00e9lebre texto del \u00abConsejo de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad\u00bb del 19 de junio de 1647 (cf. Ecos de la Compa\u00f1\u00eda de julio-agosto 1984, y noviembre y diciembre de 1988). No puedo dejar de insistir brevemente en ello aqu\u00ed, al hablar de la \u00abco\u00admunidad vicenciana como realidad viva de fe\u00bb. En efecto, en estas palabras de san Vicente encontramos el esp\u00edritu que debe animar a esa comunidad. Y si el texto se refiere directamente a las Hijas de la Caridad, podemos y debemos todos sacar provecho de \u00e9l, a partir de las tres ideas clave que expresa a prop\u00f3sito de la sant\u00edsima Trinidad como alma de nuestra vida comunitaria:<\/p>\n<p><em>Una comuni\u00f3n de personas<\/em><\/p>\n<p>La sant\u00edsima Trinidad es el misterio primordial, en s\u00ed misma y en el sentido de que todos los hombres estamos llamados a participar en la perfecta comuni\u00f3n de las personas divinas en su total reciprocidad.<\/p>\n<p>Por nuestra condici\u00f3n de misioneros, tenemos esencialmente que anunciar esta buena noticia e invitar a todos nuestros her\u00admanos a que reciban y vivan en plenitud el bautismo que les introduce en la vida del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu santo. Adem\u00e1s, como vicencianos, no podemos sino proclamar con todas nuestras fuerzas ese designio infinitamente misericordioso de Dios.<\/p>\n<p>Pero san Vicente nos dice: antes de hablar de la Trinidad, mostr\u00e1dsela a vuestros hermanos mediante vuestra caridad y, de manera muy especial, de vuestra caridad entre vosotros, no te\u00adniendo m\u00e1s que un coraz\u00f3n y un alma. El hecho de que nosotros mismos vivimos de esa buena noticia que anunciamos a los po\u00adbres, tendr\u00eda que ser evidente, porque esa vida divina de perfecta comuni\u00f3n, que se nos ofrece en Jesucristo y por su Esp\u00edritu, nos hubiera invadido e irradiara de nuestras comunidades misioneras.<\/p>\n<p><em>Una vida de comunicaci\u00f3n en que todo se comparte <\/em>Escuchemos a san Vicente:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;Y lo mismo que en las Personas de la sant\u00edsima Trinidad las operaciones, aunque sean diversas y se atribuyan a cada una en particular, tienen relaci\u00f3n una con la otra, sin que por atribuir la sabidur\u00eda al Hijo y la bondad al Esp\u00edritu santo se pretenda que el Padre est\u00e9 privado de estos atributos, ni que la tercera Persona carezca del poder del Padre o de la sabidur\u00eda del Hijo, de la misma forma es preciso que entre las Hijas de la Caridad la que est\u00e9 encargada de los pobres tenga relaci\u00f3n con la que cuida de los ni\u00f1os, y la que cuida de los ni\u00f1os con la que atiende a los pobres&#8230;\u00bb (Coste XIII, 633; s. X, 766).<\/p>\n<p>No se puede expresar mejor la comunicaci\u00f3n que tiene que haber entre nosotros \u2014tambi\u00e9n debemos tenerla, por supuesto, con los pobres\u2014, a imagen y para participar en la vida de ese Dios-Trinidad que, en su Hijo, ha querido compartir nuestro destino humano para salvarnos del pecado que es, precisamente, divisi\u00f3n, separaci\u00f3n. Y ya vemos c\u00f3mo san Vicente saca con\u00adsecuencias muy concretas, muy realistas de consideraciones tan elevadas, siempre dentro del \u00e1mbito de una vida entregada a Dios para servir a los pobres en comunidad de vida fraterna.<\/p>\n<p><em>Los frutos del Esp\u00edritu<\/em><\/p>\n<p>Por \u00faltimo san Vicente a\u00f1ade:<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n me gustar\u00e1 que las Hermanas se configurasen en esto con la sant\u00edsima Trinidad, que, como el Padre se entrega total\u00admente al Hijo y el Hijo se entrega totalmente al Padre de donde procede el Esp\u00edritu santo, de la misma manera, ellas sean to\u00adtalmente la una de la otra para producir las obras de caridad que se atribuyen al Esp\u00edritu santo, a fin de parecerse a la sant\u00edsima Trinidad&#8230;\u00bb (Coste XIII, 633; s. X, 766).<\/p>\n<p>Este pasaje es magn\u00edfico y quiz\u00e1 es en \u00e9l donde mejor queda expresado el v\u00ednculo que, a imagen de la sant\u00edsima Trinidad, ve san Vicente entre nuestra uni\u00f3n fraterna y nuestra misi\u00f3n cerca de los pobres. Esta ser\u00e1 el fruto de nuestra uni\u00f3n como el Esp\u00edritu santo, el amor en persona, a quien se atribuyen las obras de caridad, es el fruto de la uni\u00f3n del Padre y del Hijo, la respiraci\u00f3n com\u00fan del Padre y del Hijo.<\/p>\n<p>Santa Luisa hablar\u00e1 en el mismo sentido y repetidamente har\u00e1 alusi\u00f3n a estas palabras de san Vicente:<\/p>\n<p>\u00abSalude en ni nombre a todas nuestras Hermanas \u2014escribe, por ejemplo, a Juana Lepintre, el 1 de junio de 1649\u2014, y d\u00edgales que les recomiendo se acuerden siempre de las ense\u00f1anzas del se\u00f1or Vicente, sobre todo la tolerancia y la cordialidad para honrar la unidad de la divinidad en la diversidad de Personas de la sant\u00edsima Trinidad&#8230;\u00bb (Con<sup>&#8211;<\/sup>. y Esc. c., n.\u00b0 289, p. 286).<\/p>\n<p>Con frecuencia encontramos esta misma idea en cartas y meditaciones de la Fundadora, casi siempre referidas al anonadamiento del Hijo de Dios y la prolongaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n en el pobre, y al servicio corporal y espiritual a Jesucristo en la persona de ese pobre, servicio hecho con humildad, sencillez y caridad. Los fundadores nos dan y nos piden<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><em>Una visi\u00f3n clara de nuestro testimonio comunitario y de nuestro \u00abestar juntos para la Misi\u00f3n\u00bb, a partir de lo que acabamos de decir. <\/em>Por ejemplo:<\/li>\n<\/ol>\n<p>En su conferencia a los sacerdotes de la Misi\u00f3n sobre la caridad, san Vicente expone, una vez m\u00e1s, el v\u00ednculo que existe, que debe existir, <em>entre la Misi\u00f3n y el testimonio comunitario:<\/em><\/p>\n<p>\u00ab&#8230;si tenemos la vocaci\u00f3n de ir a encender este fuego divino por toda la tierra, si esto es as\u00ed, \u00a1cu\u00e1nto he de arder yo mismo con este fuego divino! \u00a1C\u00f3mo he de inflamarme en amar a aquellos con quienes vivo, edificando a mis propios hermanos por el ejercicio del amor e impuls\u00e1ndoles a que practiquen los actos que de \u00e9l emanan! En la hora de la muerte, veremos lo mucho que hemos perdido sin remedio, si no todos, al menos los que no tienen ni practican como es debido esta caridad fraterna. \u00bfC\u00f3mo se la daremos a los dem\u00e1s si no la tenemos entre nosotros? Observemos bien si existe, no ya en general, sino cada uno dentro de s\u00ed , y si ha alcanzado el grado que deb\u00eda; pues si no es ardiente, si no nos amamos mutuamente como nos am\u00f3 Jesucristo y no producimos actos semejantes a los suyos, \u00bfc\u00f3mo vamos a esperar que podremos llevar ese amor por todo el mundo?&#8230;\u00bb (Coste XII, 263; s. X114, 554).<\/p>\n<p>En el mundo de la increencia, en el que vivimos hoy y que ha sido objeto de esta Semana Vicenciana, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edamos olvidar que la Misi\u00f3n empieza con la vida comunitaria, que es ya una \u00abmisi\u00f3n en obra\u00bb, manifestaci\u00f3n visible de la comuni\u00f3n a la que Dios nos llama en Jesucristo, por el Esp\u00edritu?&#8230; Tenemos aqu\u00ed una dimensi\u00f3n \u00abprof\u00e9tica\u00bb, en los dos sentidos de la palabra:<\/p>\n<ul>\n<li>Por una parte, la comunidad es signo del mundo futuro que se prepara a trav\u00e9s de todas las peripecias de esta vida terrena.<\/li>\n<li>Por otra, la comunidad es, por el hecho mismo, un men\u00adsaje esencial que nos env\u00eda el Dios amor, un mensaje de su designio sobre nosotros. El ecumenismo de los co\u00adrazones prepara el ecumenismo de los esp\u00edritus. Una co\u00admunidad vicenciana, tanto por su labor entre los pobres, como por su propia vida, tan ligada a esa labor, es es\u00adpecialmente apta para contribuir a la gran causa ecu\u00adm\u00e9nica. Ya hab\u00eda percibido esto san Vicente en sus re\u00adlaciones con los protestantes, y, en nuestros d\u00edas, el Padre Portal, por ejemplo, nos muestra el mismo camino en sus relaciones con Lord Halifax, el Cardenal Mercier&#8230;, etc.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Nunca lo repetiremos bastante: <em>estamos juntos en nombre de Jesucristo, <\/em>en nombre de la Fe en Jesucristo, Evangelizador de los Pobres. La comunidad es, en su g\u00e9nero, un \u00abser vivo\u00bb y participa a la vez en la riqueza y en la fragilidad de todo ser. \u00a1Cu\u00e1ntas tensiones hay que superar para que la vida prevalezca sobre la muerte, para que el dinamismo se imponga a la inercia, para que la uni\u00f3n sea m\u00e1s fuerte que las divisiones y las mez\u00adquindades de toda clase&#8230;! El apoyo s\u00f3lido no puede encontrarse m\u00e1s que en la fe, en una comunidad considerada y vivida como \u00abrealidad de fe\u00bb. Por importantes y necesarios que sean los me\u00addios y los recursos humanos para el compromiso misionero y para la vida comunitaria que constituye su soporte, nuestras Co\u00admunidades deben ser, en verdad y ante todo, una proyecci\u00f3n de la Iglesia en lo concreto de la vida de los hombres. Y as\u00ed como la Iglesia es una, santa, universal y apost\u00f3lica o m\u00e1s exactamente, santa, universal y apost\u00f3lica, porque es \u00abuna\u00bb en raz\u00f3n de la unidad que produce en ella el Esp\u00edritu Santo, lo mismo ocurre con cada una de las c\u00e9lulas de la Iglesia, especialmente cuando esta c\u00e9lula de Iglesia participa en su misi\u00f3n primordial de llevar la buena nueva a los pobres. Podemos hacer nuestras estas pa\u00adlabras de las Constituciones de las Hijas de la Caridad (C., 3, 44).<\/p>\n<p>\u00abLa Comunidad local, c\u00e9lula viva de la Iglesia, permite a la Compa\u00f1\u00eda estar presente all\u00ed donde cada Hija de la Caridad, unida a sus Compa\u00f1eras, realiza su vocaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La comuni\u00f3n as\u00ed vivida en la fe desemboca necesariamente en la expansi\u00f3n misionera que forma un todo con ella y le es \u00abconnatural\u00bb como dir\u00edan los te\u00f3logos. Misi\u00f3n y caridad est\u00e1n \u00edntimamente relacionadas y deben por tanto vivirse en unidad dentro de lo que llamamos<\/p>\n<ol>\n<li>A) <em>El esp\u00edritu vicenciano<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>Dec\u00edamos hace un momento que el Esp\u00edritu Santo act\u00faa no solamente en cada uno de nosotros sino tambi\u00e9n en nuestras comunidades como tales, santific\u00e1ndolas, fortific\u00e1ndolas y sobre todo, uni\u00e9ndolas cada vez m\u00e1s con miras a su misi\u00f3n. San Vicente hablaba a este respecto de \u00abvirtudes de corporaci\u00f3n\u00bb: sencillez, humildad y caridad para las Hijas de la Caridad, sencillez, hu\u00admildad, mansedumbre, mortificaci\u00f3n y celo para los sacerdotes de la Misi\u00f3n, disposiciones que deben impregnar toda nuestra existencia para que sea conforme con el designio de Dios sobre nosotros.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo saber si vivimos de este esp\u00edritu? &#8230;<\/p>\n<p>Santa Luisa se\u00f1ala signos, criterios concretos en una carta a las Hermanas de Richelieu en octubre de 1652:<\/p>\n<p>\u00abLa mansedumbre, la cordialidad, la tolerancia han de ser el ejercicio propio de las Hijas de la Caridad, del mismo modo que la humildad, la sencillez, el amor a la humanidad santa de Jesucristo, que es la perfecta caridad, son su esp\u00edritu\u00ab (Corr. y Escr. c. 420, p. 397).<\/p>\n<p>Este pasaje es tanto m\u00e1s importante cuanto que santa Luisa sit\u00faa todo esto dentro del marco de la vocaci\u00f3n de la Hija de la Caridad en lo que tiene de espec\u00edfico.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfAman su g\u00e9nero de vida? \u00bflo juzgan m\u00e1s excelente para us\u00adtedes que todos los monasterios y religiones, puesto que Dios las ha llamado a \u00e9l; se consideran unidas mutuamente por un secreto designio de la Divina Providencia para su santificaci\u00f3n; sostiene el fuerte al d\u00e9bil, alternativamente, pero con cordialidad y afabilidad? \u00bfRecuerdan ustedes con frecuencia la afirmaci\u00f3n que nos hizo nuestro muy Honorable Padre en una conferencia, de que ten\u00edamos un claustro lo mismo que las religiosas, y que a las almas fieles a Dios les era tan dif\u00edcil salir de \u00e9l como a aqu\u00e9llas del suyo, aunque no se trate de piedras sino de la santa obediencia que ha de ser la regla de nuestros deseos y acciones? Suplico a Nuestro Se\u00f1or, cuyo ejemplo ha sido el que nos ha encerrado en ese claustro santo, que nos conceda la gracia de no desviarnos nunca de \u00e9l\u00bb. (Idem.)<\/p>\n<p>Perm\u00edtanme que destaque de una manera particular la palabra cordialidad\u00bb que es muy rica y que est\u00e1 especialmente en consonancia con nuestra vocaci\u00f3n, ya que en el terreno de las relaciones, tanto entre nosotros como con los pobres, expresa el calor que procede del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>I <em>. La cordialidad<\/em><\/p>\n<p>Nada m\u00e1s importante como expresi\u00f3n de la cordialidad que la calidad de los intercambios entre nosotros: en ellos podemos compartir todo lo que tenemos y todo lo que somos desde todo punto de vista. Ya sabemos por experiencia qu\u00e9 riqueza puede representar para una comunidad misionera la puesta en com\u00fan tic nuestras diversidades. Al d\u00eda siguiente del Consejo en el que san Vicente hab\u00eda expresado lo que hemos referido anteriormente sobre la relaci\u00f3n entre la Sant\u00edsima Trinidad y la vida fraterna, santa Luisa, sin duda todav\u00eda muy impresionada, le pregunta si no ser\u00eda conveniente que las Hermanas se tomaran todos los d\u00edas un poco de tiempo para contarse unas a otras lo que hubieran hecho, las dificultades que hubieren encontrado, para planear el mejor modo de obrar con los pobres. Ya conocen ustedes la respuesta de san Vicente:<\/p>\n<p>\u00ab\u2014\u00a1Dios m\u00edo, desde luego!, es necesario esto: gran comuni\u00adcaci\u00f3n de una con otra, dec\u00edrselo todo mutuamente. Nada hay tan necesario. Eso une los corazones y Dios bendice el consejo que as\u00ed se recibe, de forma que los asuntos van entonces mejor. Todos los d\u00edas durante el recreo, pod\u00e9is decir: \u00abHermana, \u00bfqu\u00e9 tal le ha ido? Hoy me ha sucedido esto, \u00bfqu\u00e9 le parece?\u00bb. Esto hace que la conversaci\u00f3n resulte m\u00e1s grata de lo que se puede creer. Por el contrario, cuando cada uno va a lo suyo, sin decir nada a los dem\u00e1s, es algo que resulta insoportable. Hay en la Compa\u00f1\u00eda una Hermana sirviente que les da a las dem\u00e1s una pena tremenda, por tener ese car\u00e1cter; en cuanto a m\u00ed, tengo la experiencia de que donde tenemos unos pobres hombres de la Misi\u00f3n, si hay un superior que es abierto y se comunica a los otros, todo va bien; por el contrario, cuando hay uno que se encierra en lo suyo y act\u00faa particularmente por su cuenta, esto echa un candado a los corazones y no hay nadie que se atreva a acerc\u00e1rsele. As\u00ed pues, hija m\u00eda, hay que hacerlo as\u00ed, y que no pase nada, ni se haga nada, ni se diga nada, sin que lo sep\u00e1is la una y la otra. Hay que tener ese trato en com\u00fan (esa \u00abmu\u00adtualidad\u00bb)\u00bb (Coste XIII, 641, s. X. 773).<\/p>\n<p>Podemos verdaderamente inspirarnos en este texto en el que se ve bien que la Misi\u00f3n est\u00e1 en el centro, pero en el que se ve tambi\u00e9n toda la confianza que se requiere para \u00abdec\u00edrselo todo mutuamente\u00bb, toda la humildad y sencillez evang\u00e9licas o pobreza de coraz\u00f3n para ayudamos unos a otros a un crecimiento tan pleno como sea posible, en la l\u00ednea de nuestra vocaci\u00f3n, e incluso un verdadero sentido de la ascesis, para enraizar esto en la fe.<\/p>\n<p>Esta cordialidad gozosa se expresa igualmente en el modo como se ejerce el <em>servicio de autoridad. <\/em>En esto tambi\u00e9n es extraordinario ver c\u00f3mo los Fundadores \u2014sobre todo si se los sit\u00faa en su \u00e9poca, lo que permite, por otra parte, comprender mejor otros aspectos de su pensamiento y de su conducta a este respecto\u2014 han \u00abdesmitificado\u00bb de alguna manera la funci\u00f3n del Superior. Este debe ser ante todo un \u00abtestigo\u00bb que arrastre a los dem\u00e1s. Ya sabemos que la apelaci\u00f3n de \u00abHermana Sirviente\u00bb est\u00e1 inspirada en esta idea.<\/p>\n<p>\u00abLa Hermana Sirviente \u2014dice san Vicente\u2014 tiene que acon\u00adsejarse de su hermana: \u00abHermana \u00bfharemos esto? \u00bfiremos all\u00e1?\u00bb Y si la hermana responde: \u00abHermana, me parece que est\u00e1 bien esto\u00bb, hacedlo. Pero me dir\u00e9is, \u00bfla Hermana Sirviente tiene que pedir consejo y ceder ante la otra Hermana? Desde luego, tiene que hacerlo; s\u00ed, es preciso que lo haga; tiene que ceder en todo y ser la m\u00e1s humilde; pero tiene que mantenerse firme, si la Hermana quisiera algo en contra de Dios y de las Reglas. La otra hermana tampoco tiene que hacer nada sin de\u00adc\u00edrselo a la Hermana Sirviente, y respetarla mucho\u00bb (Coste IX, 531; Conf. Esp. n. 903).<\/p>\n<p>Y dentro de ese mismo esp\u00edritu, santa Luisa escribe a sor Cecilia Angiboust, Hermana Sirviente en Angers:<\/p>\n<p>\u00abDe ordinario, en las Compa\u00f1\u00edas, la Hermana Sirviente toma los consejos necesarios y despu\u00e9s se encarga de comunicarlo a sus Hermanas; as\u00ed es como el esp\u00edritu de uni\u00f3n se alimenta en las Comunidades, la confianza se introduce firmemente para gloria de Dios y santificaci\u00f3n de las almas. De no ser as\u00ed, queridas Hermanas, el Reino de Jesucristo no podr\u00eda estar en nosotras; con ello, la paz y su amor se posesionar\u00e1n de nosotras por entero\u00bb (Citado en Directivas Hermanas Sirvientes, p. 14).<\/p>\n<p>\u00abSi es necesario \u2014dir\u00e1 tambi\u00e9n san Vicente\u2014 que haya una Superiora, una Sirviente, \u00a1ah!, debe ser para dar ejemplo de virtud y de humildad a las dem\u00e1s, para ser la primera en ponerse a hacerlo todo, la primera en echarse a los pies de su Hermana, la primera en pedir perd\u00f3n, la primera en dejar su opini\u00f3n para seguir la de la otra&#8230; \u00a1Ah, quiera la bondad de Dios que sea as\u00ed!\u00bb (cf. Directivas, p. 45).<\/p>\n<p>Se ha dicho de los Superiores que deben tener el carisma de la \u00abs\u00edntesis\u00bb, es decir, integrar serenamente a cada miembro de la Comunidad con sus posibilidades y sus aportaciones, dentro del tejido de las relaciones comunitarias, valorar las diferencias en funci\u00f3n de la unidad de vida y de acci\u00f3n, promover el di\u00e1logo a nivel comunitario como tal y a nivel interpersonal. Nadie tiene el monopolio \u2014sobre todo en las realidades tan complejas que vivimos hoy\u2014 de la verdad y de la \u00abbuena respuesta\u00bb. Pero llegar a una verdadera puesta en com\u00fan, salir del propio indi\u00advidualismo no puede ser m\u00e1s que el fruto, en definitiva, de una disposici\u00f3n anclada en la fe, principalmente haciendo que la Comunidad sea:<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><em>Un lugar de perd\u00f3n <\/em>y <em>de reconciliaci\u00f3n<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00bfQui\u00e9n m\u00e1s que los vicencianos deber\u00edan tener <em>convicciones evang\u00e9licas <\/em>a este respecto?&#8230; Como testigos y mensajeros de la Misericordia de Dios, debemos, ante todo, hacer de nuestras Comunidades espacios donde se experimente esta misericordia. No hemos de cerrar los ojos ante las dificultades que supone el vivir juntos; por el contrario, hemos de ser conscientes, asumirlas y no idealizar demasiado la vida fraterna. Tampoco, con una especie de liberalismo, hemos de tolerar todo, por indiferencia, temor, cansancio y menos a\u00fan hemos de juzgar a nuestros her\u00admanos. Todo esto muestra que no sabemos en qu\u00e9 consiste la misericordia divina que, conociendo perfectamente lo que hay de negativo en cada ser humano, tiene en cuenta los menores g\u00e9rmenes positivos, los menores asomos de bien que hay en \u00e9l y, con una paciencia infinita, no cesa de invitarlo, de ofrecerle la redenci\u00f3n en Jesucristo.<\/p>\n<p>Por otra parte, esto no puede ser, ciertamente, sino el fruto de un caminar lento y progresivo. Es algo que hay que ir cons\u00adtruyendo todos los d\u00edas y que depende esencialmente de nuestra docilidad al Esp\u00edritu Santo quien \u00abedifica\u00bb el cuerpo de Cristo en todos los sentidos de esta palabra: form\u00f3 el cuerpo f\u00edsico de Cristo en el seno de la Virgen Mar\u00eda; forma su cuerpo eucar\u00edstico a partir del pan y del vino, y su cuerpo m\u00edstico \u2014con cada una de sus c\u00e9lulas\u2014 por tanto nuestras Comunidades vicencianas. A nosotros, a cada uno de nosotros nos corresponde contribuir pa\u00adcientemente, humildemente, a esa \u00abedificaci\u00f3n\u00bb, especialmente al partir de nuestras:<\/p>\n<p><em>Revisiones de vida en la fe: <\/em>mirada nueva que dirigimos juntos hacia nuestra vida, en todos sus aspectos, para confrontarla sin cesar con el Evangelio y con nuestro ideal vicenciano y para responder a las llamadas que percibimos. Lo esencial, efecti\u00advamente, de ese \u00abvolver a leer\u00bb nuestra vida fraterna y nuestra vida apost\u00f3lica en su unidad, consiste en caminar en el sentido de una fidelidad cada vez m\u00e1s aut\u00e9ntica a lo que el Se\u00f1or y nuestros hermanos esperan concretamente de nosotros.<\/p>\n<p>Somos conscientes de que esa mirada nueva no es f\u00e1cil. No siempre sabemos mirar los hechos de vida con toda objetividad. Y por esto precisamente hay que insistir en la inspiraci\u00f3n evan\u00adg\u00e9lica y vicenciana y en el deseo sincero de dejarnos transformar por el Esp\u00edritu, personalmente y juntos, con toda sencillez y humildad, sobre todo hoy, en que se apela tanto a la correspon\u00adsabilidad. En cualquier caso, tenemos que aprender a hacer ver\u00addaderamente \u00abrevisiones de vida\u00bb, cualquiera que sea la forma que adopten, volviendo al famoso tr\u00edptico: \u00abver\u00bb, \u00abjuzgar\u00bb, \u00abac-mar\u00bb, que, a su manera, es tan vicenciano dentro de su realismo, en su intenci\u00f3n de eficacia y sobre todo en su deseo de responder a la voluntad de Dios manifestada a trav\u00e9s de las llamadas de los Pobres.<\/p>\n<p>Es decir, como conclusi\u00f3n, que la revisi\u00f3n de vida es, en definitiva, oraci\u00f3n. Nuestras \u00abComunidades\u00bb, como realidades vivas de fe, deben expresarse en la \u00aboraci\u00f3n compartida\u00bb que los Fundadores ense\u00f1aban y recomendaban ya con insistencia, por ejemplo en aquellas repeticiones de oraci\u00f3n de las que San Vicente dec\u00eda, no sin cierto orgullo:<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230; era algo nunca o\u00eddo en la Iglesia de Dios <\/em>y <em>que luego se ha ido introduciendo en varias Comunidades\u00bb <\/em>(Coste XII, 9; s. X113, 328).<\/p>\n<p>Tenemos que dar nueva vitalidad incesantemente a esta ora\u00adci\u00f3n compartida que encuentra hoy un renuevo de actualidad. Por lo que a nosotros se refiere, es una manera de \u00abhacer Iglesia\u00bb y, m\u00e1s concretamente, una Iglesia misionera, una manera de \u00abhacer Comunidad\u00bb y, m\u00e1s en concreto todav\u00eda, una Comunidad misionera seg\u00fan su carisma propio. Nos evangelizamos mutua\u00admente. Ponemos de manifiesto que la Misi\u00f3n no es un asunto individual sino tarea de Iglesia y de Comunidad dentro de la Iglesia. Manifestamos que los Pobres no nos pertenecen y nos ayudamos unos a otros a dejarnos evangelizar por ellos. En esa oraci\u00f3n entramos con todos aquellos que nos est\u00e1n confiados, con todo lo que constituye su vida y la nuestra. Nos entregamos al Se\u00f1or para todo lo que constituye su vida y la nuestra. Nos entregamos al Se\u00f1or para todo lo que El quiere operar en nosotros y a trav\u00e9s de nosotros. Y digo bien \u00abnosotros\u00bb, una vez m\u00e1s, en cada uno y a trav\u00e9s de cada uno individualmente pero tambi\u00e9n, y en cierta manera sobre todo, en nuestras \u00abComunidades\u00bb y a trav\u00e9s de nuestras \u00abComunidades\u00bb vicencianas como \u00abrealidades vivas de Fe y de Amor\u00bb.<\/p>\n<p>Miguel Lloret<\/p>\n<p>CEME<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Toda comunidad cristiana es y debe ser, por definici\u00f3n, \u00abrea\u00adlidad viva de fe\u00bb. 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